Revista Elementos

Revista Elementos: Ciencia para tus oídos

Podcast: Submarinos

Mundo Nuestro. Madela es una pintora que no se anda con medias tintas. La revista Elementos ha dedicado su edición 115 para exponerla de cuerpo entero, como ella misma dice que pinta. Nacida en Cholula en 1975, la artista plástica vive en Mérida desde hace un tiempo. No olvida su raíz.



Así se presenta ella misma.

"Lo pinto así como lo escucho, en compases de cuatro cuartos, amplificado y a todo volumen. Hay gente que a la hora de la comida pone música quedita para que acompañe pero no interrumpa la digestión, lo que produzco es justo lo contrario, es esa fiesta a deshoras que inconsideradamente despierta a todos los vecinos de la manzana. Mi obra tiene la solemnidad del perreo y la elegancia de las dragas. Trabajo en los confines de las leyes del glitter y con los colores que destacan de noche. La chispa que da la vida es el subwoofer y toda mi intención es que las vibraciones retumben contra las vísceras. Pinto como bailo, gustosa y comprometiendo todo el cuerpo."



© Madela. Rufina en el cojín azul, tinta/papel artesanal del taller Arte Papel, IAGO, Oaxaca, 32 x 29 cm, 2019.



Revista Elementos

En algunos aspectos la discusión sobre la legalización de la mariguana parece un asunto trivial, en otros no. Desde el punto de vista médico, está ampliamente demostrado el efecto benéfico de los cannabinoides, sus derivados y análogos, en el tratamiento de varios padecimientos incluyendo el control de crisis convulsivas, en algunos pacientes con el síndrome de Lenox-Gastaut, el tratamiento sintomático de la esclerosis múltiple, el control de la náusea y malestar subsecuente a la quimio y radioterapia, y en diversos procesos de dolor crónico. Entonces desde este punto de vista no cabe duda que es imperativa la legalización (más bien la prohibición es un absurdo inexplicable), y los cannabinoides para uso médico deben sujetarse a las mismas normas y controles que cualquier otro medicamento. En este trazado la discusión me parece ociosa. Es un asunto médico que no debiera estar en manos de abogados y políticos. Más complejo es el aspecto relacionado con la legalización de la mariguana para uso recreativo. No cabe duda de que fumar mariguana resulta benéfico y deseable para un grupo importante de la población. El problema es que se ha relacionado el uso de mariguana con brotes psicóticos esquizoides en un porcentaje no despreciable de los usuarios (las estadísticas varían del 3 al 10 %). Este efecto que se ha acentuado en los últimos años es probablemente debido al notable incremento de delta-9-tetrahidrocoannabinol que se ha producido artificialmente por el cultivo de las plantas con mayor efecto psicotrópico. Así, la selección por cultivo ha llevado a plantas de mariguana de tres a cinco veces más potentes que las plantas "naturales". Entonces, como con todas las substancias que consumimos, los efectos secundarios e indeseables dependen de la dosis, si se aumenta la dosis por cada fumada, la probabilidad de padecer efectos indeseables aumenta significativamente. De ahí que se reporte en algunos trabajos principalmente proveniente de los E.U. un incremento notable de la asociación del uso de mariguana con efectos psicotizantes.

Así las cosas, la legalización del uso recreativo no resulta nada trivial, más aún si conocemos la historia del cigarro, en que las empresas productoras de tabaco hibridizaron plantas para maximizar el contenido de nicotina y sus efectos adictivos, todo ello, no con un fin malévolo, sino simplemente en la persecución de incrementar sus ganancias, sin ninguna consideración de tipo ético o humanitario. Seguramente, y en contrario de lo que piensan algunos inocentes, las fuerzas del mercado se impondrán en lo relacionado a la comercialización de la mariguana y, al igual que pasó con el cigarro, buscaran el máximo de ganancias, lo que incluye aumentar el poder adictivo de la mariguana a fin de tener clientes seguros. Imaginar un mundo en que los campesinos comercializan directamente sus productos, tal como se propuso en el Foro sobre Mariguana del Senado, me resulta sumamente difícil. Llego así al dilema, coherente con mi posición libertaria, soy favorable a la legalización total y sin restricciones, pero conozco la calaña de los adictos al dinero. El único camino que parece viable es un gobierno fuerte que se encargue de regular el mercado de forma estricta y que asegure la calidad de las mariguanas que se pudieran distribuir en todo el país, calificando sus características y definiendo que cumplan con ciertos estándares de calidad. Digamos un estatuto similar al que tiene el café, pero con mayor participación del estado en la regulación. Otra opción que se ha planteado es la de control total del mercado por parte del Estado. El problema es cuánto dura la honestidad del gobierno, hoy la apuesta es por un gobierno honesto y que regule mercados y calidades. ¿Y mañana? Nadie sabe. Estos dilemas y otros son los que los autores en este Elementos discuten, desde cómo llegamos a la prohibición, pasando por un sesudo análisis de su regulación, hasta los usos rituales de la mariguana, se recorre el asunto relacionado con la legalización de la mariguana



Mundo Nuestro. Hugo Vargas

Hace un siglo todas las drogas eran legales. En el tránsito del XIX al XX lo que se investigaba eran las propiedades de cada una de las sustancias para mejorar la calidad de la vida. Antes de la Primera Guerra Mundial en todo el mundo se podían adquirir las más diversas sustancias con una alta calidad. Hasta principios del siglo XX, en el mundo y en México, el consumo de drogas se veía como un acontecimiento cotidiano, que en el peor de los casos podría considerarse una enfermedad, curable con cierta facilidad, como lo prometían los anuncios que aparecían en la prensa de la época. En la mayoría de las boticas del país, así como en hospitales y dispensarios, se adquirían sin receta ni control clorhidrato de cocaína, de morfina alemana de la casa Merck y francesa, Poulenc Frères. En las ciudades donde se habían asentado los inmigrantes chinos no era difícil conseguir opio. Pérez Montfort asegura que durante el régimen de Madero un grupo de comerciantes chinos ofreció pagar impuestos por un millón de pesos si se le permitía monopolizar la importación de chandoo (el opio para fumar). Sin embargo, ya se dejaban escuchar las voces de alerta y llamadas a la prohibición. En 1904, promovida por Estados Unidos, se llevó a cabo en Shangai, China, una convención sobre el opio, sin resultados concretos. México no asistió. Años después, en 1912, se realizó en La Haya otra convención internacional. En esa ocasión el gobierno de Madero envió un representante a la reunión, que tampoco tuvo mucho éxito debido a la ausencia de Turquía y Austria-Hungría, y porque Inglaterra –dice Escohotado– solo quería hablar de morfina y cocaína, y Alemania protestaba en nombre de sus poderosos laboratorios, alegando que Suiza no estaba presente y aprovecharía las restricciones en su beneficio; Portugal protegía el opio de Macao, y Persia (hoy Irán) sus cultivos ancestrales de amapola; Holanda producía cientos de toneladas de cocaína en Java, y Francia reportaba excelentes ingresos por el consumo de opiáceos en Indochina; Japón, como parte de sus maniobras para invadir China, introducía a ese país morfina, heroína e hipodérmicas; Rusia contaba con una producción de opio nada desdeñable e Italia se retiró de la reunión luego que fue rechazada su propuesta de incluir el tema del cannabis.



PUEDES CONTINUAR LA LECTURA EN REVISTA ELEMENTOS 115

Mundo Nuestro. Ciencia y divulgación. El ejemplo que encontramos en la sección La ciencia en cápsulas de la revista Elementos de la BUAP permite entender la fuerza que puede tener el mensaje que nos entra por los oídos. -el ejercicio de divulgación de la ciencia que se ofrece en el Laboratorio Multimedia de la revista Elementos es, sin duda, un esfuerzo en ese sentido. Presentamos aquí las ligas al catálogo existente en el portal de internet de esta extraordinaria publicación impulsada por la universidad pública de Puebla.


La Ciencia en Cápsulas

El fitoplancton

Cuando un volcán explota



Relámpago de Catatumbo

Las auroras boreales

El lago Salton

La misión Rosetta

El fin del mundo



Ingeniería biológica

Trasplante de cara

Vivir sin cerebelo



Amanecer cósmico

La estrella HR5171-A

La nueva frontera

Planeta moribundo

Arqueología Marina

Cuna Universal

Espacio Extracelular

Riñones espaciales

El más gordo

Es más un spaghetti

Calentamiento ¿cuánto?

Vida en Marte

Burguer madre

Grullas socialistas

Viaje sin retorno

Fertilizar, fertilizar...

Hadrosausio

Miedo ambiental

El médico mexica

Espectacular relevo

La herbolaria mexicana

Lento pero mortal

La increíble milpa

Un político muy antiguo

Las ubicuas neuronas

La herencia neandertal

El dañino monóxido

Milpa mesoamericana

Como me ves te verás

Ponte cuervo

¡Salud!...

Dormir

Edades

Vivir

Plantas psicotrópicas

Chisme de vaca

Metereología

La argumentación invencible de la lengua en México

La evolución en un cartel



Muchas veces quise poner por escrito mis incomodidades y reparos frente a la teoría evolucionista y siempre me detuve porque conozco poco y seguramente mal esa teoría y por lo tanto mis observaciones bien podrían quedar fuera de lugar o haber sido respondidas mucho antes de que yo las formulase. Mis conocimientos de esa teoría son los de una persona común y provienen de lecturas hechas aquí y allá, o de haber asistido a exposiciones en vivo donde el expositor, casi invariablemente, en algún momento estelar de su alocución y como para ejemplificar de manera contundente los principios del evolucionismo exhibe un cartel en donde se puede ver una secuencia de imágenes que comienza con una criatura simiesca que progresivamente se va irguiendo sobre sus patas traseras mientras crece su cráneo y su mandíbula decrece hasta desembocar en un hombre, por decirlo así, hecho y derecho. Recuerdo que en una oportunidad en que estaba aún fresca la hazaña de los argentinos que habían ganado el campeonato mundial de futbol un expositor –y no un expositor cualquiera sino un peso pesado de la fisiología– exhibió el mentado cartel pero ahora, en el puesto del hombre “hecho y derecho”, había una foto de Diego Armando Maradona.

Siempre sentí que en esa exposición serial había algo equívoco para mí, y profundamente insatisfactorio. Porque todo eso tiende a sugerir que la evolución de la especie humana es, tanto causal como temporalmente, la última en producirse y que el resto de las especies son un logro ya superado y ahora tuvieran un interés y una función secundaria; como si los peces y las lagartijas fueran actores de reparto. La proliferación de especies animales o vegetales es verdaderamente, y hasta sospechosamente, asombrosa por su profusión, pero vistas así las cosas pareciera que la naturaleza hubiese iniciado su proceso evolutivo siguiendo un programa que desemboca en la creación del hombre y solo en él. El hombre, pues, sería la culminación de una larguísima, plural actividad de la naturaleza que ahora, en el final, todavía siguiera produciendo variedades de ranas, de mariposas y hasta de flores silvestres, distraída o quizá olvidada de que ella misma ya había hecho lo que debía hacer, un hombre, el Hombre, y por lo tanto podía ya descansar de sus afanes.

Una vez leí un libro de escasa circulación y cuyo título he olvidado –siempre pensé que con justa razón–, un libro en el que su autor –cuyo nombre también he olvidado– aseguraba que Dios había creado la naturaleza como un laboratorio experimental para perfeccionar las funciones que después integrarían el cuerpo humano. Así, había creado las aves y los peces para perfeccionar la función respiratoria, las víboras para la nutrición, las águilas para la visión, las ratas y los conejos para el olfato, los moluscos para la producción de sustancias untuosas, “y así te sigues” como dijo el yucateco que le daba una clase de inglés a su paisano. Ese libro olvidable –solo recuerdo que su autor era un argentino cordobés, un paisano mío– sin embargo no dejaba de situarse en la línea argumentativa desplegada por el famoso cartel. Al contrario, lo hacía de una manera superlativa. Todo ello nos sugiere que, en última instancia la evolución se explica, se explicaría –tanto en la religión como en la ciencia y tal vez en el sentido común– por el hombre, porque al cabo es el hombre el que le da sentido a la evolución. Desde esta perspectiva, la evolución sin el hombre carecería de sentido. Los líquidos densos y adhesivos que secretan los órganos sexuales no provienen de los moluscos, es cierto, pero los moluscos están ahí –según lo muestra de hecho la actitud del científico– para que el hombre estudie la variedad de sustancias acuosas que lubrican su cuerpo. Por ello, el cartel que muestra esa secuencia de imágenes indicaría la coronación de todo el proceso evolutivo. Por ello también, ese cartel expresa una ideología dispuesta a justificar la naturalidad con que la especie humana ha dispuesto de las otras especies, y a naturalizar el hecho de que siempre hayan sido vistas como proveedoras de sus necesidades. Se trata de una ideología tan tenazmente incorporada que hasta permite imaginar que un pollo puede estar feliz de que un hombre lo lleve a su mesa bien cocido y bien condimentado.



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