Revista Elementos

Revista Elementos 115. Texto de Antonella Fagetti (Maestría en Antropología Sociocultural Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, BUAP) y Jorgelina Reinoso Niche (Estancia postdoctoral CONACyT, Maestría en Antropología Sociocultural Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, BUAP).

En el mundo existen plantas que contienen diversos principios psicoactivos que –desde el punto de vista de la ciencia– producen cambios de la percepción, induciendo estados no ordinarios de conciencia. Desde tiempos remotos, estas percepciones y visiones fuera de lo ordinario han generado –para los pueblos que experimentaron con estas plantas– imágenes mentales que han conformado su visión del mundo. Schultes y Hofmann (1993), en el libro dedicado a Las plantas de los Dioses del Viejo y Nuevo Mundo, afirman: “Se ha postulado que la idea misma de la divinidad haya surgido como resultado de los extraordinarios efectos de estos agentes”, o como sostiene Houston Smith (2001), es probable que la mayoría de las religiones haya surgido de “teofanías químicamente inducidas”. México posee, gracias a su biodiversidad, una gran cantidad de plantas, cactus, y hongos que comparten las mismas características. Quienes conocen sus cualidades desde tiempos anteriores a la conquista española son los pueblos originarios. Para ellos estas especies endémicas, que durante la Colonia fueron satanizadas por los frailes evangelizadores, y después se consideraron “drogas”, son en realidad plantas sagradas. Las llamamos “plantas sagradas” porque tienen una función ritual; eran y son utilizadas en un contexto específico. Para la adivinación: las consumen los especialistas rituales cuando necesitan determinar el origen de una enfermedad o de un problema que aflige a una persona.



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Revista Elementos

Raúl Dorrá, in memoriam

El viernes 13 de septiembre falleció el humanista, novelista, traductor y especialista en semiótica y estudios de la lengua y la literatura Raúl Dorra Zech (San Pedro de Jujuy, Argentina, 5 de septiembre de 1937), dejando como legado una amplia colección de ensayos, artículos y libros en los que no queda lugar a dudas sobre la vastedad de su saber y la profundidad de su pensamiento. Dorra fue profesor en el doctorado en Literatura Hispanoamericana de la BUAP, así como académico en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica de la Facultad de Filosofía y Letras, y en el Centro de Ciencias del Lenguaje del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. Fue, junto con otros académicos de nuestra institución el creador y coordinador del Programa de Semiótica y Estudios de la Significación en nuestra universidad y de la revista indexada Tópicos del Seminario. Entre las distinciones a las que se hizo acreedor por su prolífica actividad académica debemos destacar que fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores, de la Academia Mexicana de Ciencias y miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua; dos veces fue condecorado con la Medalla “Gabino Barreda” de la UNAM, y el 25 de septiembre de 2018 recibió la medalla Francisco Javier Clavijero, máxima distinción que otorga a sus académicos la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En esa ocasión, reconoció ser “antes que nada un escritor, un hombre de letras, que se siente situado en la confluencia de lo inteligible con lo sensible”. Entre sus publicaciones podemos mencionar los títulos siguientes: Aquí en este destierro (1967), Sermón sobre la muerte (1977), Los trabajos y las horas de Damián (1979), La canción de Eleonora (1981), Los extremos del lenguaje en la poesía tradicional española (1981), De la lengua escrita (1982), La literatura puesta en juego (1986), Hablar de literatura (1989), Profeta sin honra (1994), Entre la voz y la letra (1997), La tierra del profeta (1997), Ofelia desvaría (1999), La retórica como arte de la mirada (2002), Con el afán de la página (2003), La casa y el caracol: para una semiótica del cuerpo (2005), La canción de Eleonora (nueva versión, 2002) y Lecturas del calígrafo (2011).

Raúl Dorra fue un intelectual y un humanista, pero sobre todo, fue la encarnación de los mejores valores que representan el espíritu universitario.



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Mundo Nuestro. La revista Elementos, el más importante medio de divulgación científica en Puebla, y sin duda uno de los principales en el país, ha renovado su portal digital. Te invitamos a que lo conozcas y disfrutes en http://www.elementos.buap.mx/

Revista Elementos: Ciencia para tus oídos

Podcast: Submarinos

Mundo Nuestro. Madela es una pintora que no se anda con medias tintas. La revista Elementos ha dedicado su edición 115 para exponerla de cuerpo entero, como ella misma dice que pinta. Nacida en Cholula en 1975, la artista plástica vive en Mérida desde hace un tiempo. No olvida su raíz.



Así se presenta ella misma.

"Lo pinto así como lo escucho, en compases de cuatro cuartos, amplificado y a todo volumen. Hay gente que a la hora de la comida pone música quedita para que acompañe pero no interrumpa la digestión, lo que produzco es justo lo contrario, es esa fiesta a deshoras que inconsideradamente despierta a todos los vecinos de la manzana. Mi obra tiene la solemnidad del perreo y la elegancia de las dragas. Trabajo en los confines de las leyes del glitter y con los colores que destacan de noche. La chispa que da la vida es el subwoofer y toda mi intención es que las vibraciones retumben contra las vísceras. Pinto como bailo, gustosa y comprometiendo todo el cuerpo."



© Madela. Rufina en el cojín azul, tinta/papel artesanal del taller Arte Papel, IAGO, Oaxaca, 32 x 29 cm, 2019.



Revista Elementos

En algunos aspectos la discusión sobre la legalización de la mariguana parece un asunto trivial, en otros no. Desde el punto de vista médico, está ampliamente demostrado el efecto benéfico de los cannabinoides, sus derivados y análogos, en el tratamiento de varios padecimientos incluyendo el control de crisis convulsivas, en algunos pacientes con el síndrome de Lenox-Gastaut, el tratamiento sintomático de la esclerosis múltiple, el control de la náusea y malestar subsecuente a la quimio y radioterapia, y en diversos procesos de dolor crónico. Entonces desde este punto de vista no cabe duda que es imperativa la legalización (más bien la prohibición es un absurdo inexplicable), y los cannabinoides para uso médico deben sujetarse a las mismas normas y controles que cualquier otro medicamento. En este trazado la discusión me parece ociosa. Es un asunto médico que no debiera estar en manos de abogados y políticos. Más complejo es el aspecto relacionado con la legalización de la mariguana para uso recreativo. No cabe duda de que fumar mariguana resulta benéfico y deseable para un grupo importante de la población. El problema es que se ha relacionado el uso de mariguana con brotes psicóticos esquizoides en un porcentaje no despreciable de los usuarios (las estadísticas varían del 3 al 10 %). Este efecto que se ha acentuado en los últimos años es probablemente debido al notable incremento de delta-9-tetrahidrocoannabinol que se ha producido artificialmente por el cultivo de las plantas con mayor efecto psicotrópico. Así, la selección por cultivo ha llevado a plantas de mariguana de tres a cinco veces más potentes que las plantas "naturales". Entonces, como con todas las substancias que consumimos, los efectos secundarios e indeseables dependen de la dosis, si se aumenta la dosis por cada fumada, la probabilidad de padecer efectos indeseables aumenta significativamente. De ahí que se reporte en algunos trabajos principalmente proveniente de los E.U. un incremento notable de la asociación del uso de mariguana con efectos psicotizantes.

Así las cosas, la legalización del uso recreativo no resulta nada trivial, más aún si conocemos la historia del cigarro, en que las empresas productoras de tabaco hibridizaron plantas para maximizar el contenido de nicotina y sus efectos adictivos, todo ello, no con un fin malévolo, sino simplemente en la persecución de incrementar sus ganancias, sin ninguna consideración de tipo ético o humanitario. Seguramente, y en contrario de lo que piensan algunos inocentes, las fuerzas del mercado se impondrán en lo relacionado a la comercialización de la mariguana y, al igual que pasó con el cigarro, buscaran el máximo de ganancias, lo que incluye aumentar el poder adictivo de la mariguana a fin de tener clientes seguros. Imaginar un mundo en que los campesinos comercializan directamente sus productos, tal como se propuso en el Foro sobre Mariguana del Senado, me resulta sumamente difícil. Llego así al dilema, coherente con mi posición libertaria, soy favorable a la legalización total y sin restricciones, pero conozco la calaña de los adictos al dinero. El único camino que parece viable es un gobierno fuerte que se encargue de regular el mercado de forma estricta y que asegure la calidad de las mariguanas que se pudieran distribuir en todo el país, calificando sus características y definiendo que cumplan con ciertos estándares de calidad. Digamos un estatuto similar al que tiene el café, pero con mayor participación del estado en la regulación. Otra opción que se ha planteado es la de control total del mercado por parte del Estado. El problema es cuánto dura la honestidad del gobierno, hoy la apuesta es por un gobierno honesto y que regule mercados y calidades. ¿Y mañana? Nadie sabe. Estos dilemas y otros son los que los autores en este Elementos discuten, desde cómo llegamos a la prohibición, pasando por un sesudo análisis de su regulación, hasta los usos rituales de la mariguana, se recorre el asunto relacionado con la legalización de la mariguana



Mundo Nuestro. Hugo Vargas

Hace un siglo todas las drogas eran legales. En el tránsito del XIX al XX lo que se investigaba eran las propiedades de cada una de las sustancias para mejorar la calidad de la vida. Antes de la Primera Guerra Mundial en todo el mundo se podían adquirir las más diversas sustancias con una alta calidad. Hasta principios del siglo XX, en el mundo y en México, el consumo de drogas se veía como un acontecimiento cotidiano, que en el peor de los casos podría considerarse una enfermedad, curable con cierta facilidad, como lo prometían los anuncios que aparecían en la prensa de la época. En la mayoría de las boticas del país, así como en hospitales y dispensarios, se adquirían sin receta ni control clorhidrato de cocaína, de morfina alemana de la casa Merck y francesa, Poulenc Frères. En las ciudades donde se habían asentado los inmigrantes chinos no era difícil conseguir opio. Pérez Montfort asegura que durante el régimen de Madero un grupo de comerciantes chinos ofreció pagar impuestos por un millón de pesos si se le permitía monopolizar la importación de chandoo (el opio para fumar). Sin embargo, ya se dejaban escuchar las voces de alerta y llamadas a la prohibición. En 1904, promovida por Estados Unidos, se llevó a cabo en Shangai, China, una convención sobre el opio, sin resultados concretos. México no asistió. Años después, en 1912, se realizó en La Haya otra convención internacional. En esa ocasión el gobierno de Madero envió un representante a la reunión, que tampoco tuvo mucho éxito debido a la ausencia de Turquía y Austria-Hungría, y porque Inglaterra –dice Escohotado– solo quería hablar de morfina y cocaína, y Alemania protestaba en nombre de sus poderosos laboratorios, alegando que Suiza no estaba presente y aprovecharía las restricciones en su beneficio; Portugal protegía el opio de Macao, y Persia (hoy Irán) sus cultivos ancestrales de amapola; Holanda producía cientos de toneladas de cocaína en Java, y Francia reportaba excelentes ingresos por el consumo de opiáceos en Indochina; Japón, como parte de sus maniobras para invadir China, introducía a ese país morfina, heroína e hipodérmicas; Rusia contaba con una producción de opio nada desdeñable e Italia se retiró de la reunión luego que fue rechazada su propuesta de incluir el tema del cannabis.



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