Revista Elementos

Mundo Nuestro. Del ya inagotable archivo de la revista Elementos presentamos este texto iluminador sobre la moralidad sexual en el arranque del siglo XIX poblano. Raquel López Estupiñan, doctora en Filología, ha sido profesora en la BUAP desde 1977, y en los últimos años ha sido Profesora Investigadora Titular del Postgrado en Ciencias del Lenguaje del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP.

En el libro 9 de “Varios” del Archivo Histórico del Ayuntamiento de la ciudad de Puebla, encontré unos autos sobre un proceso de adulterio (“yncontinencia adulterina”). Lo que aparentemente no sería más que un documento, redactado desde una fría y objetiva perspectiva oficial, resultó ser una valiosísima mina de datos sobre aspectos de la vida cotidiana de los actores involucrados. Nos dice mucho acerca de la mentalidad poblana a principios del siglo XIX (1803).



Descripción de los documentos y relato de los hechos

En los documentos del libro 9 de “Varios”, el caso al que voy a referirme no está completo: faltan los autos de acusación. No obstante, a partir de lo existente se pueden reconstruir los acontecimientos. 17 de septiembre de 1803. El Gobernador y el Alcalde de la Real Audiencia y Sala del Crimen de Puebla determinaron que, dado que la esposa de don Antonio Clavero (acusado de adulterio con doña Antonia Francisca de los Ríos) había perdonado la ofensa, a condición de que el marido regresara a cumplir con las obligaciones de su estado, el reo podía acogerse al real indulto, y salir de la cárcel. Doña Antonia (igualmente encarcelada) debía ser puesta en casa de su hermano, don Juan Pérez de los Ríos. 11 de octubre de 1803. El escribano, en la cárcel pública, por medio del alcalde hizo comparecer a don Antonio Clavero y lo enteró del despacho antecedente. Le informó asimismo que, para poder abandonar la prisión, debería pagar una multa. El reo se manifestó dispuesto a regresar con su esposa y no volver a ver a su amasia, pero se declaró insolvente para pagar los 24 pesos y 4 reales de la multa.

Explicó además las penas que había pasado en la cárcel, donde había tenido que vender su capa y solo había comido cada 24 horas lo que la caridad les llevaba a los presos. Pidió a las autoridades que se le perdonaran las costas. Ese mismo día se hizo comparecer a doña Antonia de los Ríos y se le notificó el despacho. La mujer manifestó disposición completa para obedecer, pero como su hermano estaba en México, pidió que la depositaran en casa de unas primas hermanas suyas (que vivían en la Calle de San Agustín). Solicitó también que se le dijera a la esposa de don Antonio Clavero que se abstuviera de insultarla. 14 de octubre de 1803. Unos días después se determinó que don Antonio Clavero debería pagar la multa, puesto que había tenido con qué “mantener el vicio”. Se pidió entonces un fiador, para poder ponerlo en libertad. Respecto a doña Antonia, se propuso esperar el regreso de su hermano (quien se hallaba en México), y que si tardase en regresar se buscaría una casa donde depositarla, a satisfacción del tribunal. 17 de octubre de 1803. Una vez informado sobre la determinación del tribunal, don Antonio Clavero propuso como fiador a José Rodríguez, maestro herrero, dueño de una fragua en el puente de Analco. 18 de octubre de 1803. Se presentó para garantizar el pago de la fianza en un término de 15 días el también herrero Pedro Illescas (los documentos no aclaran el motivo del cambio de fiador), y el mismo día fue puesto en libertad don Antonio. Tres semanas más tarde, por no haber regresado don Juan de los Ríos, se presentó el maestro sastre don Pablo Bañuelos para solicitar que se le entregara a doña Antonia Francisca para tenerla en su casa. Las autoridades consintieron a su petición. El caso quedó cerrado el 26 de noviembre de 1803.

Aquí el texto completo en la revista Elementos:



Incontinencia adulterina: Moral sexual en Puebla a principios del Siglo XIX

Mundo Nuestro. Circula ya la edición 103 de la revista Elementos, ilustrada esta vez de lado a lado por la fotógrafa Nin Solís.



Foto de Nin Solís en la revista Elementos 103.

El viernes 15 de abril de 2016 los focos rojos de las ambulancias se encendieron en Costa Salguero, centro comercial situado en el barrio de Palermo, a orillas del Río de la Plata, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Se abrían paso para llegar hasta donde yacía una decena de muchachos veinteañeros intoxicados con drogas de composición desconocida. A dos de ellos los servicios médicos los hallaron sin vida, otros tres fallecieron rumbo al hospital.

En la noticia firmada por Emilia Vexler para El Clarín se ofrecen los detalles de esa fiesta electrónica que terminó de la peor manera, a diferencia del común de las fiestas rave en donde centenares de jóvenes se internan en la noche, en sitios llamados Time Warp o Mandarine Park, para desfogar con entusiasmo artificial cuatro o cinco horas de zangoloteo emocional ayudados por drogas de diseño químico con nombres como Supermán, Dove, Bob Esponja, Lamborghini y Corazón.

Supermán, la anfetamina de moda, tenía ese viernes al menos tres presentaciones diferenciadas por su color: azules, anaranjadas y rosas, estas últimas al parecer causantes de la tragedia. La crónica menciona la insistencia inusual con la que eran ofertadas las pastas sintéticas: “Chicos, ¿quieren pastis?”; “¿vos qué querés?”, como dirían allá. Cada pastilla tenía un costo variable de 150 a 200 pesos argentinos (de 180 a 240 pesos mexicanos) y no es que se obligara a nadie a comprarlas, sino que los organizadores de estas fiestas del circuito de la música electrónica, que son casi un experimento social, saben que siete de cada diez asistentes consumirán alguna de ellas y que la mayor parte de las veces no tiene consecuencias funestas. En países como los nuestros el destino depende de tantas cosas, pues las autoridades por lo general hacen mutis y se conforman con “permitir a los jóvenes” sus devaneos, sin intentar disuadir o investigar y mucho menos asegurar que las anfetaminas estén por lo menos bien hechas. “En Europa en estas fiestas ponen ‘puestos de calidad’. Vas con la pastilla y te dicen qué tiene. Químicos controlan lo que tomás”, le dijo un fiscal a la periodista argentina. Aunque, como ocurre por acá, en Buenos Aires, a cuatro días de los hechos, no había ningún dealer identificado ni parecía haber más consecuencias que cinco funerales y otros cinco dramas familiares de los chicos hospitalizados “con compromiso renal y hepático”.



Foto de Nin Solís en Elementos 103

Aquí la liga para seguir leyendo en la Revista elementos

La BUAP va al espacio. Así lo dio a conocer la revista Elementos de la universidad en su portal de internet:

Bajo la tutela del doctor Enrique Soto Eguíbar, por cierto director de Elementos, científicos del Instituto de Fisiología de la Universidad Autónoma de Puebla construyen un casco que tiene como objetivo devolver la sensación de atracción gravitatoria en los astronautas. En un entorno de gravedad cero las condiciones físicas se ven afectadas en la estabilidad y en la orientación espacial. El equipo de científicos poblanos trabaja en un dispositivo para contrarrestar estos efectos.



Aquí la nota publicada por CONACYT:

Ciudad de México. 15 de junio de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Las condiciones físicas a que se somete un ser humano al exponerse a condiciones de microgravedad cuando viaja al espacio tienen un gran impacto en el comportamiento del organismo; por ejemplo, en la estabilidad y orientación espacial, aspectos muy relevantes que se consideran en el área espacial y aeronáutica, que es el tema de estudio de un grupo de investigación en Puebla que plantea una solución para estos efectos.

Se trata de un casco con dispositivos electrónicos diseñado por estudiantes e investigadores del Instituto de Fisiología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), liderados por el doctor Enrique Soto Eguibar, cuyo objetivo es devolver la sensación de atracción gravitatoria en los astronautas por un sistema basado en microsensores ubicados en la parte frontal del casco y un microcontrolador que opera el modelo matemático de la función vestibular.



Puedes leer el texto completo en:

http://www.conacytprensa.mx/index.php/ciencia/
salud/7913-disenan-casco-mexicano-para-astronauta-y-pilotos

http://www.elfinanciero.com.mx/universidades/
el-casco-mexicano-que-busca-ser-el-mejor-amigo
-de-los-astronautas.html

Mundo Nuestro. Oliver Sacks (1933-2015), neurólogo y escritor británico fue uno de los más reconocidos divulgadores de la ciencia en los últimos años. Uno de sus principales libros --Awakenings (Despertares), de 1973-- fue adaptado al cine en 1990, con Robert de Niro y Robin Williams como actores. En la Revista elementos fue actor principal, con un buen número de reseñas de sus libros y con textos sensacionales, como este, tomado de su Diario de Oaxaca.



¿Por qué llevo diarios? La verdad es que no lo sé. Es posible que el motivo principal sea aclarar mis pensamientos, organizar mis impresiones en una especie de narración o relato, y hacer esto en «tiempo real» y no en retrospectiva, ni tampoco transformando imaginativamente, como sucede en la autobiografía o la novela. Escribo estos diarios sin pensar en la publicación (los diarios que llevé en Canadá y Alabama solo se publicaron, y por azar, como artículos en la revista Antaeus, treinta años después de haberlos escrito). ¿Debería haber embellecido este diario, haberlo elaborado y hecho más sistemático y coherente, como haría con mis diarios de trajinante y con el diario de Micronesia, que tiene la extensión de un libro de buen tamaño? La verdad es que he seguido un procedimiento intermedio, añadiendo algunas cosas (sobre el chocolate, el caucho y lo relativo a Mesoamérica) y haciendo pequeñas excursiones de diversas clases, pero en esencia he mantenido el diario tal como lo escribí. Ni siquiera he intentado darle un título adecuado. En mi cuaderno de apuntes era el diario de Oaxaca, y en Diario de Oaxaca ha quedado.”

La lectura del texto continúa en Revista Elementos: Diario de Oaxaca/Oliver Sacks

Conoce a los escritores de Revista Elementos/Nuestros autores



Mundo Nuestro. En su portal en línea, la revista Elementos ha abierto una ventana que abre al riquísimo mundo de los escritores de la revista en su ya larga trayectoria.

Aquí la abrimos con el perfil y algunos de los textos del académico de la BUAP Marco Arturo Moreno Corral.



Marco Arturo Moreno Corral en Elementos

Enrique Aguirre Carrasco (1915-2000) fue el primer director de la preparatoria Benito Juárez e histórico director de la biblioteca José María Lafragua de la BUAP, así como un prolífico narrador e investigador que colaboró con Elementos desde 1994. Lo recordamos con algunas de sus contribuciones.

El origen de los elementos químicos [PDF]

Desarrollo de la astronomía en la Puebla colonial [PDF]

11 de julio de 1991, un eclipse solar único [PDF]



Textos de química en el México colonial
Parte 1 [PDF]

Textos de química en el México colonial
Parte 2
[PDF]

© Víctor Blanco. Panorámica del Valle de Cholula al amanecer, Puebla, 2009



Montañas de cielo, montañas de la tierra: La gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado

Elementos/BUAP No. 102

Geoffrey McCafferty/Texto

John O'LearyVíctor Blanco/Fotografía



Mundo Nuestro. Cielo y tierra en Cholula. La investigación arqueológica como arma fundamental para la resistencia civil que enfrenta la imposición del poder autoritario que atenta contra patrimonio. La fotografía que recompone este mundo de conflictos en una estética del territorio extraordinaria y bella.

Cuatro miradas: Anamaría Ashwell, Geoffrey McCafferty, John O’Leary y Víctor Blanco.

La revista Elementos, editada por la BUAP, ha dedicado en su número 102 que recién ha salido al público. Presentamos la introducción de un texto monumental del más reconocido arqueólogo en la Pirámide de Cholula, el investigador canadiense Geoffrey McCafferty:

Montañas del Cielo, montañas de la Tierra: la gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado

Relacionada:

45 años de abandono de la Pirámide de Cholula por el INAH: conversación con el arqueólogo Geoffrey McCafferty

Portada de la revista Elementos 102, con fotografía de John O'Leary

Las culturas precolombinas de Mesoamérica practicaban cierta forma de geomancia; los elementos del medio ambiente natural se cargaban de significados sobrenaturales y estos se utilizaban para estructurar el paisaje cultural. Así las cuevas, los manantiales, montañas y otras formaciones naturales se transformaban en “símbolos cosmo-mágicos” (P. Wheatly, 1971) relacionados con creencias mítico-religiosas. Las cuevas y los manantiales servían como puertas al inframundo, mientras que las cimas de las montañas comunicaban con los múltiples niveles del cielo (D. Heyden, 1981). Incorporar estos fenómenos sobrenaturales en el paisaje cultural servía para legitimar la autoridad del grupo dominante, al mismo tiempo que se cosechaba el poder simbólico de lo sobrenatural. La creación de un centro ceremonial que atraía las fuerzas cosmológicas lograba concentrar el poder sobrenatural en ese recinto sagrado convirtiéndolo en un axis mundi, o eje de las dimensiones del mundo, alrededor del cual giraba toda la creación (P. Wheatly, 1971).

En la concepción del mundo mesoamericano que reconocía un quincux, o un universo con cinco direcciones, este eje incluía dimensiones tanto verticales como horizontales que se unían en un centro (J. Carlson, 1981).

Para los aztecas del altiplano a finales del Posclásico esta concepción del universo se ilustraba a través del mítico Coatepec, un portal de enlace entre lo espacial, lo temporal y la distancia sobrenatural (K. Reese-Taylor; R. Koontz, 2001). Susan Gillespie (1989) describe el coatepetl, o cerro serpentino como:

[...] una Torre de Babel azteca cuya base estaba en la tierra y en su cima se conectaba la tierra con el cielo. Enlazaba a las personas sobre la superficie terrestre con los dioses del cielo y más allá [...] Coatepec representa un punto de continuidad entre las esferas terrestres y las celestiales. Finalmente, por el hecho que era un cerro “serpiente” demostraba así también sus cualidades mediadoras; porque las serpientes eran el enlace de las capas verticales del cosmos en toda Mesoamérica.

Los aztecas aterrizaron este concepto mitológico en el mundo real decorando sus pirámides, notablemente el Templo Mayor de Tenochtitlán, con imágenes serpentinas. Coatepec, el cerro sobre el cual el dios patrono Huitzilopochtli nació y donde fue derrotado por las fuerzas cósmicas de la luna (Coyolxauhqui) y las estrellas, era el axis mundi del cosmos azteca.

Sigue en Elementos No. 102

© Víctor Blanco. Atardecer, volcán Popocatépetl, Cholula, Puebla, 2005.

Entrevista al doctor Gerardo Torres del Castillo

Mundo Nuestro. La revista científica de la BUAP Elementos, en su número de enero-marzo del 2016, explora un camino obligado para toda revista de divulgación científica: ponerse verdaderamente del lado del lector profano. Y lo lleva a cabo con esta entrevista que el antropólogo Polo Noyola le hace al físico-matemático Gerardo Torres del Castillo sobre un tema mítico y el pretexto del cumplimiento de sus cien años: la teoría de la relatividad general de Albert Einsten.

Imperdible.



En 1931 Albert Einstein y Charlie Chaplin se reunieron con motivo del estreno de la película Luces de la Ciudad. El breve intercambio de palabras fue captado para la historia: “Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira”, expresó Einstein al cineasta. Chaplin respondió: “Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie le comprende”. ¿Si la ley de la gravedad de Newton puede ser explicada con manzanas por qué la Teoría de la Relatividad General de Einstein resulta tan difícil de comprender? En noviembre de 2015 se cumplieron cien años de la presentación de la Teoría de la Relatividad General en la Sociedad Prusiana de la Ciencia. Habían pasado casi diez años desde que Einstein la concibió pero en el intermedio hubo muchos asuntos que le impidieron presentarla formalmente.

¿Qué fue lo que propició en la ciencia europea esta revelación que cuestionaba la inamovible teoría de la gravedad de Newton? Se dice que la Teoría de la Relatividad es uno de los grandes logros de la historia de la humanidad, pero no se acaba de comprender cómo es que cambia para siempre la forma que tenemos de entender el tiempo y el espacio: a simple vista vemos seres humanos en los que nada parece haber cambiado; más aún, perviven fundamentalismos arcaicos y costumbres demasiado antiguas que anteceden a Newton. Y la teoría de la relatividad permanece ajena a todo ello. Nos acercamos a la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP con la intención de desvelar algunas de las grandes lagunas que existen en los simples mortales a propósito de la centenaria teoría. Caímos en blandito cuando uno de los contados especialistas nos concedió una entrevista sin miramientos a un titubeante cuestionario que logré elaborar tras grandes sacrificios mentales. Gerardo Torres del Castillo, egresado de la Escuela de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP, obtuvo su doctorado en física en el Instituto Politécnico Nacional y realizó una estancia posdoctoral en la Universidad de Oxford, becado por el gobierno británico; en 1991 recibió la Medalla Académica otorgada por la Sociedad Mexicana de Física. Su campo es la Física M

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La revista Elementos que la BUAP edita desde 1984 es sin lugar a dudas una de las más importantes publicaciones de divulgación científica en Hispanoamérica, y probablemente la más consistente y calificada en México. Publica ahora su edición número cien. Con este texto, su director histórico, fisiólogo del Instituto de Fisiología de la misma universidad, el Doctor Enrique Soto Eguíbar, da cuenta de las razones de este festejo por la ciencia en México.

ELEMENTOS N.100

En qué es diferente publicar 100 Elementos a 98 o 103? Bueno, realmente en nada y en mucho. Estos números múltiplos exactos de 10 tradicionalmente inducen al festejo y un 10 de 10 no es para menos. Este número revela la persistencia de un acontecimiento: 3 veces algo es poco, 10 veces es usualmente considerado como “algo” y 100 veces es considerado bastante o mucho, aunque no siempre, ya que lamentablemente 100 pesos representan ya muy poco.

Como sea, en el caso de una revista es un buen motivo para festejar, al menos demuestra que hemos sido tenaces, o a lo mejor muy necios, lo que sea, pero no poco. Festejemos pues que la revistaElementos publica su edición número 100 y con ello se suma a un selecto grupo de revistas culturales con el claro don de la persistencia. Este hecho revela, además, que en nuestro medio estamos aprendiendo a crear tradiciones científicas y culturales, que hemos logrado rebasar los sexenios gubernamentales y, en el caso de las instituciones universitarias, los cuatrienios rectorales. Estamos con ello apostando a una nueva forma de tradición, la académica, y creo yo, sentando las bases de lo que a largo plazo puede ser la cultura científica moderna en nuestro medio.

En el desarrollo de Elementos pueden distinguirse dos etapas, una primera de formación en que fue promovida y dirigida por Jesús Mendoza Álvarez (actualmente Subdirector de Radio y Televisión del CONACyT) y que abarca del número 1 al 15, publicados entre el año 1984 y 1990, y una segunda etapa de rescate y consolidación, en que me ha tocado dirigir la revista desde el año 1992 al presente y que abarca desde el número 16 al 100. Dicho esto, es claro que la edad en años de la revista es mayor de lo que aparenta con sus 100 ediciones, lo cual revela que en una primera etapa la revista estuvo sujeta a diversos vaivenes institucionales y no logró sortear indemne los cuatrienios que ya he mencionado. En su segunda etapa, por fortuna, se ha privilegiado la estabilidad sobre otros elementos relacionados con la organización administrativa de la Universidad, lo que nos ha permitido editarla de forma estable y con un perfil definido que ha tenido, y esperamos siga teniendo, cambios graduales que la han mejorado, sin los grandes sobresaltos que implica reinventarla cada sexenio o cuatrienio, como sucede con diversas instituciones del estado y también de las universidades públicas.



¿Qué pretendemos en esta que he presumido como la mayoría de edad de la revista? Lo fundamental es mejorar su contenido, la profundidad, la inteligencia y el lenguaje con que se abordan los asuntos del conocimiento. Es necesario que nuestros autores amplíen su mirada y problematicen sus asuntos tratando de crear un verdadero diálogo intelectual con los lectores. Muchos de los trabajos que publicamos son todavía más un monólogo que un diálogo dirigido al lector. Este, creo, es un reto general de los científicos y divulgadores, el acento en la internacionalización ha llevado a que los científicos mexicanos abandonemos en gran parte al español como lenguaje. Hay que dar una pelea para sostener a nuestra lengua como parte fundamental en la divulgación del conocimiento científico, más aún si queremos promover la pertinencia social de la ciencia e incentivar el desarrollo de una cultura científica en México y en Latinoamérica.

La ciencia en México es relativamente joven. Si bien se pueden trazar sus antecedentes a los siglos XIX y XX, es realmente a mediados del siglo XX cuando se crean los fundamentos que llevarán a desarrollar instituciones científicas modernas, con personal propio dedicado a la labor de investigación y desarrollo científico. El CONACyT, que fue la primera institución del estado mexicano formalmente destinada a atender el desarrollo de la ciencia en el país, inició sus actividades hace casi 45 años, en 1971. El Sistema Nacional de Investigadores cumple apenas 21 años de vida, lo cual evidencia la juventud de la ciencia en nuestro país. Así pues, con sus 100 números (31 años de publicación),Elementos cumple la mayoría de edad y constituye uno entre los muchos medios que contribuyen a conformar lo que hoy podemos denominar la cultura científica en México, la cual, por su dimensión e impacto social, es sumamente pobre si se la compara con la de países homólogos como Argentina o Brasil. Es por ello que indudablemente debemos celebrar, pero sobre todo promover las condiciones para asegurar el futuro de la revista, que luego de otros tantos números podrá aspirar a inscribirse en el catálogo de la cultura científica latinoamericana, y gracias al desarrollo y crecimiento de la Internet, a la cultura del mundo.

El conjunto de revistas de divulgación que como Elementos contribuyen a la divulgación, difusión y discusión del conocimiento científico académico, es un elemento esencial en el proceso de socialización del mismo y es, entre otros medios de comunicación, esencial para el desarrollo de la cultura científica y en la apropiación pública de la ciencia. Cabe anotar que por su cercanía a la comunidad científica y por la comodidad de los científicos con la escritura de artículos, es que las revistas de ciencia tienen un lugar natural en el pensamiento científico mexicano. Si no me equivoco, la mayoría de revistas de divulgación mexicanas pertenecen a instituciones de educación pública superior, y únicamente conozco a Quo como revista de cultura científica que se edita fuera de una institución pública y está sujeta estrictamente al circuito comercial. Las demás, en su mayoría, y en mayor o menor medida, dependemos aún de fondos públicos para sobrevivir, lo cual indica que no existe una comunidad de interés lo suficientemente grande y con el potencial para “gastar” en la compra de revistas científicas, aunque hay que aclarar que este “esquema de negocios”, hoy, con el desarrollo de Internet, probablemente no tiene sentido, y los editores de revistas científicas tendríamos que imaginar un esquema de circulación que no tiene que ver con la compra de ejemplares impresos, los cuales más bien han pasado, al menos en el caso de Elementos, a representar la menor parte de la edición y están dedicados al consumo local y a la circulación gratuita, esto a pesar de que la revista se distribuye en el cada vez menor y más empobrecido circuito comercial de revistas.

Llegamos así al verdadero reto que enfrentan todos los medios impresos del mundo: Internet.Elementos fue una de las primeras revistas mexicanas que movió todo su contenido a la red y, desde el año 2001, cada uno de los números de la revista fue publicado simultáneamente en forma impresa y digital. En el año 2005 digitalizamos todos los números previos de la revista, desde el primero, conformando así un archivo total disponible de forma gratuita y totalmente abierto en Internet. Estos 100 ejemplares conforman un texto de 6400 páginas, 1267 artículos, disponibles libremente para su uso y distribución gratuita. Elementos se adhirió a la iniciativa de “Open Acces” con una licencia “Creative Commons” de tipo CC (compartir, copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato. Adaptar, remezclar, transformar y crear a partir del material para cualquier finalidad, incluso comercial). Se trata de una licencia amplia que permite descargar los contenidos de la revista, modificarlos, redistribuirlos y hasta venderlos. El único requisito es dar crédito a la autoría y a la publicación original en Elementos. Es esta una de las pocas revistas, y en México la única, que ha optado por una licencia total de todo su contenido. La razón obedece a que es producto de una institución pública y por tanto debe estar disponible para el público en general. Todo esto ha determinado que la revista tenga una presencia en diversos países de habla hispana, y en países como los Estados Unidos, donde el español es la segunda lengua. Esto ha llevado también a que autores de otros países publiquen sus trabajos en Elementos, conformando así un genuino proceso de internacionalización. Este último aspecto es relevante y los números indican que Elementos es hoy claramente una revista de corte internacional. Del total de 535 autores, 440 han sido de instituciones nacionales y 95 de extranjeras. Eso significa que el 22% de los autores que publican en Elementos son extranjeros. Eso aunado al hecho de que el 45% de las visitas a nuestro portal de Internet provienen del extranjero, demuestra claramente la internacionalización de la revista (ver gráficas en la numeralia anexa). Por esto estamos en proceso de renovación del portal de la revista para ampliar la visibilidad de sus contenidos y diversificar sus lectores. Si bien la revista como tal se dirige al nivel educativo medio superior y superior, en el portal de la revista hemos decidido ampliar el alcance a otros niveles mediante la incorporación de contenidos multimedia y noticias científico-académicas, dirigiéndonos a lectores con un nivel educativo por debajo del medio y manteniendo el contenido de la revista tal como se ha desarrollado en los últimos 15 años dirigido al nivel medio superior y superior.

No quisiera terminar este texto sin mencionar a todos los que han colaborado en la revistaElementos (espero no omitir a nadie y desde ya ofrezco disculpas si fuera el caso). En su primera etapa ya mencioné a Jesús Mendoza Álvarez que fue director junto con Jorge Barona Díaz. A Marcelo Gauchat, gracias a quien pudimos dar vida a la segunda etapa de Elementos y quien diseñó esencialmente lo que es hoy la revista; fue él quien nos enseñó a pensar una revista. A Emilio Salceda Ruanova, quien se unió al proyecto a partir del número 18 y desde entonces nos ha acompañado en esta labor. A la asistente María del Refugio Álvarez Tlachi. A los diseñadores Jorge González Aragón, quien realizó el diseño de los números 16 y 17, Jorge Lépez Vela (30 al 57), Elizabeth Castro Regla (58 al 73), Miguel Ángel Sánchez Vázquez (74 al 81) y Mirna Guevara Díaz (del 82 en adelante). A Ileana Gómez Torres y a la técnica de mi laboratorio, Lorena Rivera Valerdi, quien se ha encargado de mucho. Evidentemente destacan los que son y han sido miembros del Consejo Editorial: Beatriz Eugenia Baca, María Emilia Beyer, María de la Paz Elizalde, Jesús Mendoza Álvarez, Enrique González Vergara, Francisco Pellicer Graham, Leticia Quintero Cortés, José Emilio Salceda, Raúl Serrano Lizaola, Gerardo Torres del Castillo, y los ya ausentes Cristóbal Tabares Muñoz y Luis Rivera Terrazas. Finalmente no dejo de mencionar al más reciente, pero no menos importante miembro del equipo editorial de la revista, Leopoldo Noyola, quien se encarga junto con Emilio Salceda de la revisión editorial y de generar contenidos para la revista y especialmente para el portal de Internet.