Revista Nexos

Mundo Nuestro. Esta crónica de Sergio Mastretta forma parte de la serie Vida y muerte del agua que la revista Nexos publica en su edición de este mes de julio del 2017.



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Se puede ver la cuenca del Atoyac en toda la extensión del valle. El río es múltiple, en él van todos los ríos que bajan del monte. Y los pueblos y las ciudades. Los moles y los coliformes. Y las legumbres y los automóviles. Y los textiles y sus colores. El agua que corre en el vertedero explica nuestra existencia. En el agua del Atoyac corre la historia de la ciudad de Puebla. Pero en México la naturaleza no tiene derechos. El Atoyac es un río clínicamente muerto, como lo prueban las cifras de los análisis bioquímicos. Y en el desgobierno que ronda los esfuerzos de saneamiento está la causa principal de su desgracia.


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¿Cómo entender que el jueves 27 de abril de 2017 inspectores de la Comisión Nacional del Agua en el estado de Puebla clausuraran la fábrica Maritex por las descargas ilegales al río Acotzala, afluente del Atoyac, en la región de San Martín Texmelucan?

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Ilustraciones: Kathia Recio

Mundo Nuestro. Así presenta la revista Nexos en su edición del mes de julio de 2017 el tema central relativo a la realidad del agua en México, realizado en conjunto con la organización civil poblana Dale la Cara al Atoyac, y que incluye textos de Julia Carabaias, Verónica Mastretta, Alejandro de Coss y Sergio Mastretta.

A los mexicanos se les niega su derecho constitucional de acceso al agua y a un medio ambiente sano. Las autoridades escatiman recursos para la infraestructura de reuso que ponga fin al desequilibrio hídrico en que vive gran parte del país. No se hablaría de un futuro catastrófico del agua en México si el gobierno empezara a castigar a quienes contaminan ríos, lagos o mantos acuíferos y se sumaran a los esfuerzos que organizaciones y comunidades han puesto en marcha para cuidar, limpiar y usar su agua.




Agua para principiantes

Julia Carabias


Desgobierno del agua

Verónica Mastretta


La sed histórica de la Ciudad de México

Alejandro De Coss


Las aguas turbias de Chiapas

Sarelly Martínez Mendoza


Atoyac, un río clínicamente muerto

Sergio Mastretta


Verdades del agua

Nexos


¿Qué hacer con el agua subterránea?

Gonzalo Hatch Kuri • José Joel Carrillo Rivera


Un río que enferma

Gabriela Pérez-Castresana


El espejo de agua de Ayoxuxtla

Melanie Gabriel Camacho


Puerto Libre/Nexos

Toda la noche dijo su nombre. Murió al amanecer mientras sus hijos dormían y ella lo perdonaba.

Nunca voy a escribir la novela de mis padres. Tengo muchos principios como éste, pero salto de párrafo en párrafo como quien ve las fotos en desorden que va encontrando en una caja vieja. ¿Por qué tenía que perdonarlo? Por todo y nada. Por morirse. Por dejarla con cinco hijos, a los cuarenta y seis años, bella como una llama, lívida, valiente y orgullosa.

Nadie iba a mantenerla, ni a ella ni a sus hijos. Raros sus padres que creyéndose generosos no se dieron cuenta del tamaño de su indefensión. Ella nunca puso cara de mártir, ni penó a gritos. Ni pidió ayuda. No sé si temería que alguien le reprochara haberse casado con un hombre que no le dejó nada. Ni un centavo partido a la mitad. Quizás la renta del siguiente mes. Porque ellos y sus hijos vivían al día, aunque comieran mejor que en ninguna de las otras casas. Nada creían que les había dejado, porque ni quién pensara en el terreno solitario y remoto que ella salvó de malograrse junto con todo lo que su marido perdió con la guerra de su posguerra en Puebla.



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Hay en la Ciudad de México 2,254 distintas de especies de fauna, entre gusanos, moluscos, insectos, peces, reptiles, aves y mamíferos.

Hay dos especies endémicas de escorpiones, siete especies de moscos y mosquitos, 14 familias de moluscos terrestres y siete de agua dulce, 22 especies de peces, 137 especies de aves que anidan en la ciudad y 213 migratorias, 39 especies de reptiles y 83 de mamíferos.



La especie más peligrosa que habita la cuenca es la más ignorante de la vida animal que la rodea: el homo sapiens, nosotros, los mortíferos e insaciables mutiplicadores de la urbe.

Para aludir y recordar este hecho enorme abordamos en las páginas que siguen algunos ángulos de nuestra extraña, ciega, en muchos sentidos predatoria convivencia con el mundo animal que sobrevive, invisible y vibrante, en la ciudad.


Brevísima historia

Carlos Galindo Leal


Apuntes obligatorios

Nexos


Las torpes leyes

María Teresa Moreno Manzanilla


Un caso ejemplar

Teresa Zerón-Medina Laris


Repensando los zoológicos

Fernando Gual Sill


Conviviendo con los parásitos

Andrés Cota Hiriart


Acercamiento a los gatos

Héctor Aguilar Camín


El viacrucis de Keiko

Teresa Zerón-Medina Laris • Juan Pablo García Moreno


Veterinario de zoológico

Gerardo López Islas


La ciencia de los muertos

Teresa Zerón-Medina Laris


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Mundo Nuestro. Sergio Mastretta ha escrito este texto para la revista Nexos. Los hechos del 3 y 4 de mayo pasado dan una idea del grado de violencia al que se ha llegado en el estado de Puebla por la acción de las bandas criminales dedicadas al robo de combustible, de la bAse social que el crimen organizado ha logrado generar en decenas de pueblos de la región que cruzan los ductos de PEMEX, y de la errada solución militar que los gobiernos en México quieren darle al conflictivo proceso que se vive en regiones como la de el llamado Triángulo Rojo. A la vista los soldados muertos. En el suelo el cadáver de un hombre sometido al que un soldado ejecuta de un disparo en la cabeza. En los hechos unos gobiernos federal, estatal y municipales fallidos que ahora rasgan sus vestiduras y lanzan a la guerra al ejército. En el horizonte una realidad que hace tiempo nos ha rebasado a todos.

Presentamos el arranque de la crónica sobre esta compleja región del centro del estado de Puebla.



De todo se puede ser en la tierra del huachicol si has nacido en algún pueblo plantado entre Tepeaca y Tecamachalco.

Lavador de cebollines para los horticultores de Palmarito. Asociado de una cooperativa que empaca brócoli para Walmart y su programa “Pequeño Productor Cuentas con Nosotros”. Tal vez obrero de la cementera Cruz Azul en el cerro que pelan frente a Palmarito y Xaltepec. Bracero por contrato en los campos de riego de Canadá, y para eso puedes ser de cualquier pueblo. Madre soltera asalariada empacando huevos en uno de los corralones de Bachoco en Tecamachalco. Productor de maíz si eres de la Colonia Rubén Jaramillo y tienes riego del canal de agua contaminada que viene desde la presa de Valsequillo. Costurera para la maquiladora coreana en Quecholac. Peón en los campos de San Pablo Actipan y ganar 120 pesos más la comida. Cucharero en una obra de Lomas de Angelópolis en Puebla si naciste en San Mateo Parra. O mariachi en San Francisco Mixtla y en tus ratos libres sembrador de frijol. Y si no, tejedor de gabanes en San Simón Coatepec. O productor de colchones de pobre en Tlanepantla. O vendedor de los espejos que producen en Santa Isabel Tepetzala. También chofer de ADO si eres de San Nicolás Zoyapetlayocan, pueblo donde no hay familia que no haya acomodado como chofer a alguno de los suyos. O productor de flores en La Candelaria Purificación. O próspero propietario de una bodega en la Central de Abastos de Huixcolotla, y además tener una en las centrales de Puebla y México. Y qué tal si cantero en Santiago Acatlán, además de artesano fabricante de niños dios y borreguitos y hasta santos reyes de yeso monumentales para los nacimientos. En un descuido, hasta un reluciente obrero oculto entre los robots de los alemanes de Audi en San José Chiapa.

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Ilustración: Víctor Solís


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De todo puedes ser. Esa mezcla de mil empleos en la que se convirtió el mexicano al que ya no tiene sentido llamarle campesino.

O simplemente el halcón de a 12,000 pesos en motoneta y en cualquiera del medio centenar de pueblos que en ratos tiene a sus familias metidas en el huachicol. Porque cualquier día aparece un tipo al que luego bautizarán como “uno de los señores”, que llega, observa, analiza, identifica, compra una casa, invita, paga una deuda, se hace compadre, regala una motocicleta, propone un trabajito, facilita una pistola. Y encuentra una familia en apuros, a un hombre sin chamba y ya tiene 53 años, y la mujer enferma, y tres hijos casados y todavía en casa y con salarios de 120 pesos.

Y ya entiendes el camino que algunos han seguido en estos pueblos. Porqué están en guerra.

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