Revista Nexos

Puerto Libre/Revista Nexos

Dice mi hermana que ella en los últimos tiempos empieza a sentir rencor por las cosas. Envidia su inalterable sobrevivencia. Seguirán aquí mucho tiempo después de nuestra muerte.

La lírica de sor Juana, mi primer iPad, la cajita en la que guardaba mi abuela sus monedas, las sillas de mi comedor, que fueron las del comedor de la infancia de mi mamá en los años veinte, la pluma de tinta verde con la que firmaba mi papá, la perfecta alacena blanca que nos dejó doña Emma, la máquina de escribir en la que conté mis primeros libros, la talavera. Nada del otro mundo y todo de otros mundos.



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Mundo Nuestro. La revista Nexos ofrece en este mes de septiembre el expediente Nicaragua ahora. Así lo presenta:

El pasado 18 de abril la sociedad nicaragüense se enfrentó por primera vez a la brutal represión que el presidente Daniel Ortega tuvo como única respuesta al clamor del respeto a la democracia. El recuerdo de la revolución sandinista cumple 40 años y los jóvenes que lucharon en aquella época por dejar vacías las manos de Anastasio Somoza, ahora observan con estupor cómo uno de sus compañeros de batalla pisotea la vida y las libertades de una nueva generación. Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Carlos Fernando Chamorro y José Luis Rocha nos entregan relatos personales y sobre la agonía que vive hoy Nicaragua.

Arqueología de Daniel Ortega

Sergio Ramírez

Cuarenta años después

Gioconda Belli

El ADN del autócrata

Carlos F. Chamorro

El juicio de la historia

José Luis Rocha



Puerto Libre/Revista Nexos

Puebla y pena se escriben con la misma primera letra de poder y podredumbre. Pero también con la misma primera letra de pasión y patria. Por eso lastima lo que sucedió en setenta casillas violentadas la tarde de un domingo que parecía destinado sólo a darnos el gusto de votar en paz. Enoja, desconcierta, entristece.

Si tal arbitrariedad no cambió los resultados de la elección quizás no podremos saberlo con números. Es probable que las cantidades no cuenten para cambiar el rumbo. También es cierto que el rumbo no puede ser muy distinto, dado que Puebla sólo muy pocas veces ha sido tocada por la gracia de unos candidatos dignos de ser electos. Casi siempre parece que da igual. Esta vez, otra vez, los candidatos al gobierno del estado no estaban como para defenderlos, pero los ciudadanos sí para asegurarse de que somos un país en el que la democracia —por lo menos la electoral— es cierta y merece nuestro respeto y nuestra celebración.



Como nunca los mexicanos necesitamos creer que algo de lo que hemos construido funciona bien. Y el proceso electoral —desde la dedicación con que buscamos y se nos entregan nuestras credenciales del INE, hasta la generosidad con que millones trabajan en el cuidado de nuestros votos— es muy valioso y necesita nuestros cuidados. Por eso fuimos a votar no sólo en busca de un derecho sino con la certeza de que cumplíamos con un deber.

Años llevamos de andar en vilo, la vida en nuestro país se ha vuelto peligrosa y la ciudad de Puebla no ha sido una excepción. Lo sabe quien pasó diez meses secuestrado, en una celda de un metro por un metro, sin oír una palabra, sin tocar un ser vivo, sin saber sino de sí mismo y de su larga oscuridad sitiada por crueldades. Lo sabe su familia, lo saben sus amigos, lo sabemos todos, incluso quienes no han querido saberlo. Quienes casi nada hicieron para salvarlo. Pero ésa es una pena sin nombre, la del primero de julio es una vergüenza.

Todo el país en calma y Puebla pasando por la desventura de arriesgar la credibilidad. Quizás por eso no hemos querido voltear a verla demasiado. Si todo salió bien, si nadie pone en duda que ganó quien ganó, le guste o le disguste a quien sea, ¿por qué la Puebla de los Ángeles, la Puebla de Zaragoza, tiene que dar la nota de la discordia? ¿Por qué su gobierno no ha sabido controlar, ni siquiera recontar sus daños? ¿Porque fue su gobierno quien los propició? Que demuestre que no fue así. Y que quienes lo acusan demuestren lo contrario. El martes después de la elección algunos militantes de Morena irrumpieron, sin armas, pero con golpes, en territorio panista. Por fortuna las cosas no pasaron a más porque con la certeza de haber ganado en todo el país, con una mayoría desconocida en esta democracia, Andrés Manuel López Obrador dijo que pelearán esa elección en donde se debe.

Puebla nació junto al lecho de un río, con la esperanza de una ciudad renacentista. Hay quienes sobre la memoria de ese espíritu queremos vivirla y rescatarla. Pero no ha sido fácil.



Yo he andado toda mi vida con su territorio y sus historias como una obsesión, que al mismo tiempo me fascina y traiciona. He imaginado muchas tardes una ciudad que al tiempo abriga y enaltece. Que otras veces atemoriza y espanta.

He contado sin cansarme una ciudad por la que pasan muchos de mis recuerdos más abismales: la intensidad del cielo hace cincuenta años, la interminable conversación de los adultos que nunca hablaban de cosas ingratas delante de los niños, a los que ahora invoco agradecida porque me hicieron el mundo no sólo llevadero sino hermoso. Venían de varias guerras, no querían otra. Menos tan cerca, menos en la Puebla que yo aprendí a bien amar hasta cuando maldigo. Vaya donde yo vaya y duerma donde duerma, como si yo entendiera el tiempo de Einstein, todos los tiempos de esa ciudad me duelen o me enaltecen. En todos he vivido y vivo. Desde 1531 hasta la fecha todo lo que ahí sucede pasa por mí. Por eso ahora tengo tristeza y enojo.

Escribe mi hermana que ella votó en una escuela que está cerca de su casa, en San José Mayorazgo, en la casilla 1187. Y que ahí había dos contiguas. Entre las tres albergaban cuatro mil doscientas boletas. Llegó al lugar pasado el mediodía, la iluminó el sol de un orden casi nunca visto. Me alegré, dice. Es fácil creérselo, porque ella y mi hermano Sergio filmaron la escena para subirla a internet, como quien por fin alcanza lo inaccesible. Mucha gente votando, las mesas de los funcionarios ciudadanos perfectamente organizadas y el ánimo festivo. En diez minutos ella había votado por las seis opciones de ese día: presidente, senadores, gobernador, diputados federales, presidente municipal y diputados locales. También estaba en semejante celebración Daniela su hija. Los tres evocaron a nuestra madre, que pasó la vida esperando días así. Cuando tenía veinte años vio cómo robaron urnas en su barrio, aún estaba reciente la guerra cristera y ni quien quisiera asomarse. Más tarde, cuando tuvo cabeza, tiempo y falta de hijos como para dedicarse al activismo cívico le tocó ver robos en 1975. Peor aún, en 1983 tipos con pistola le quitaron las urnas que cuidaba. Luego la tenemos en una foto, en el tan celebrado año 2000. Ella está en un pueblo vigilando uno de esos misteriosos cubículos hechos de tela sobre el que reina un letrero que dice lo que ahora creemos obvio: el voto es libre y secreto. “¡Qué tiempos increíbles!”, dijeron mis hermanos. “¡Qué distinto de lo que ahora vivimos!”.



Al salir, en la puerta de la escuela ya estaba una casa encuestadora. Sergio que todo pregunta quedó al tanto de las primeras puntuaciones. Como en tantos lugares, Morena arriba, luego el PAN y luego el PRI. A ellos les sorprendió. No a mí, que sí creo en las encuestas.

Llamaron para contarme su jornada y yo me contenté diciéndoles que varios de mis vecinos y yo, una hora después, seguíamos en la calle elogiando la vocación de otro al que ahí encontramos y ahí dejamos, representándonos con una serenidad encomiable.

Luego volví al futbol y la comida. Conté ahí la emoción sorprendida de mis hermanos en Puebla y nos reíamos cuando entró al chat de la familia el mensaje de nuestra sobrina Leonor. En la misma casilla de San José Mayorazgo se había quebrado la paz de la mañana. Ella y su hija temblaron tiradas en el suelo, durante el asalto, no sólo pistola en mano, sino tiros al aire de unos hombres embozados. Eran las cuatro de la tarde. En cuanto lo supo, Sergio corrió con su cámara y en ese mismo momento ensombreció la tarde con las fotos de los destrozos. Las urnas rotas, los votos regados por el suelo. Los votantes huyeron, los funcionarios seguían incrédulos. Había una joven con un rozón de bala. No quiere volver a cuidar una votación. ¿Quién de ellos sí?

“Qué mal fario el de mi familia”, pensé. “Votar en la única casilla del país en la que algo así sucedió”.

Pasó la tarde sólo para demostrarme de qué modo me equivoqué. A las once de la noche, junto con los primeros resultados, la tele dijo que lo mismo pasó en setenta casillas poblanas. El mismo modo, el mismo fin de las urnas y los votos.

Hasta entonces Morena iba arriba en todo. Al día siguiente la candidata a gobernadora iba adelante. Llegaron los números de la sierra, en donde la vocación cívica alcanzó al setenta por ciento de los votantes.

Los resultados se discutirán en los tribunales. Así debe ser. Quizás resulten los mismos.

Lo más seguro es que lo sucedido en la ciudad no incida en eso. Pero sí lastimó la buena fe, el ánimo y la confianza. ¿Qué más? Otra vez Puebla y pena se escriben con la misma primera letra.

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, entre otros títulos.

En tres ensayos se revisan las constantes y hallazgos de un amplio estudio sobre la sensibilidad mexicana. El resultado es la distinción de cinco categorías no académicas para perfilar a los mexicanos: Soñadores sin país, Nostálgicos tradicionalistas, Optimistas sobre el futuro, Críticos indolentes y Inconformes autosuficientes.

El mexicano hoy. Igual de liberal, pero más salvaje

Marco Robles • Benjamín Salmón

Luces y sombras del ser mexicano

Guido Lara

México según la Generación App

Claudio Flores Thomas

México. Nuevo retrato de un liberal salvaje

Mundo Nuestro. Tres miradas sobre Siria en la revista Nexos.

Siria y el no futuro/Maruan Soto Antaki



03-siria

Es probable que una de las mayores tragedias del futuro sea su imposibilidad de construirse sin el presente. En árabe, la conjugación de porvenires no existe por sí misma. No se escribe un correré, comeré, jugaré o rezaré. El futuro depende de una estructura compuesta, de un complemento con intencionalidad que se sume al verbo para plantearse hacia adelante. El anhelo, la orden o la idea de que ocurrirá un hecho formulado en tiempo presente, marcará sus posibilidades. El tiempo es eso, posibilidades, salvo en Siria. El futuro, decía, en árabe, es una mera adecuación del presente. La imposibilidad de separarse del momento que se ve por doquier, en simultáneo, en cada pantalla, periódico o emisión informativa; quizá el más documentado del que tengo memoria, condena a algo que el resto del mundo ha solapado durante casi seis años de lo que un día fue la guerra civil siria y hoy es masacre y genocidio.

La pandora de Medio Oriente/ Gilberto Conde



02-oriente

El Medio Oriente vive una situación de caos, desatada en Iraq y Siria, que se está extendiendo aceleradamente a toda la región y a otras partes del mundo. Aunque sus raíces son más profundas, la geopolítica de potencias grandes y medianas hacia Iraq desde 2003 y hacia los movimientos sociales desde 2011 ha tenido una gran parte de responsabilidad en esta evolución.



La región ha sido objeto de muy complejos juegos geopolíticos desde inicios del siglo XX. Su importancia estratégica se confirmó durante la Guerra Fría por su ubicación y recursos fundamentales. En lo que va del siglo XXI la relevancia que le atribuyen las potencias grandes y medianas no deja de aumentar.

El horror sirio de cada día

03-siria

El conflicto en Siria bajo el reflector de medios, de conferencias en Ginebra, de encuentros en París, Nueva York o Moscú, de algunas discusiones académicas a la distancia, suelen centrar, como es requerido, la reflexión en elementos de geopolítica que explican las condiciones que llevaron al fortalecimiento de la dinastía Asad desde los años setenta. Aclaran por qué el poder de Bashar al-Asad se encumbra y no cede ni a la rebelión ni mucho menos a las críticas. Señalan por qué unos países sugieren intervenir, pero no lo hacen (aunque lo hubieran hecho en Libia recientemente), y por qué otros, como Rusia, que expresando un discurso opuesto al desorden generalizado, atacan en unos frentes, esperando atizar otros para su conveniencia, nutren otros (las armas, la compra de combustibles) e ignoran otros más. A la vez, nos hemos tratado de explicar cómo persiste la violencia, la discusión, la llovizna mediática tediosa y cruda; y, sobre todo, cómo, debajo de tantas variantes de la desgracia y el desastre, sobrevive la urgencia que dio origen al conflicto: la demanda de una vida más justa, más plena y más libre, sin un régimen autoritario, con derecho al trabajo, a la movilidad, la educación y la salud. Si sorprende que el régimen, con su fuerza, crueldad y sesgado apoyo o desidia de otras naciones, resista, resulta asombroso que la población siria se mantenga en pie, ideando formas furtivas, secretas y rudimentarias de experimentar esos derechos.

Revista Nexos: La disminución y estabilización de la violencia que se vivió en México desde finales de 2011 hasta 2013 dio un respiro a las autoridades y a los ciudadanos. Todos despertaron del ensueño cuando la madrugada del 26 de septiembre desaparecieron 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. La cloaca se destapó de nuevo y grupos del crimen organizado regresaron a algunos territorios y comenzaron a tener presencia en otros donde nada se sabía de ellos. De este panorama de descomposición se ocupa Eduardo Guerrero en un ensayo que agrupa las causas que han llevado al 2017 a ser el año más violento desde que se lleva registro del número de homicidios en el país. Andrés Lajous y Pablo Picatto buscan en los anales las tendencias históricas del crimen en este país, con el fin de saber qué es lo que estas estadísticas dicen y a la vez ocultan.

La segunda ola de violencia

Eduardo Guerrero Gutiérrez

Tendencias históricas del crimen en México

Andrés Lajous • Pablo Piccato


Ilustración: Patricio Betteo



Diciembre 2017

En un momento en el que la ONU afirma que uno de cuatro adultos en el mundo tendrá problemas de salud mental en algún momento de su vida, la conciencia que aleja complejos y culpas sobre este tipo de trastornos, y los sustituye con explicaciones y tratamientos de corte biológico, se ha ido normalizando. Sin embargo, la psiquiatría, sus métodos y sus alcances están lejos de ser concluyentes. Aún faltan estudios y estadísticas que se centren en aspectos clave de los diagnósticos psiquiátricos: sus causas y sintomatologías, pero también su variación entre culturas, géneros y condicionantes socioeconómicas. No se ha logrado tampoco un discurso unánime sobre salud y enfermedad mental, ni sobre el tipo ideal de los servicios que deben acompañarlas. En esta discusión el caso mexicano parece estar particularmente atrasado.

Este dosier propone iniciar un debate sobre estos temas.

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¿Locos?

Mijal Schmidt repasa las formas de identificar y tratar en el mundo las patologías psicosociales, y se pregunta si efectivamente el mundo sufre y se angustia de la misma manera.

Psiquiátricos

Ana Sofía Rodríguez hace un retrato del estado de las instituciones psiquiátricas en México, de la manera en que se entienden y tratan los padecimientos, a partir del testimonio de usuarios, familiares y profesionales.

Suicidios

Ana María Chávez-Hernández z observa una manifestación alterna: el suicidio en México.

Traumas

Sofía Flores Fuentes analiza el impacto de la violencia en los comportamientos mentales y emocionales de la gente.

Música, medicina y locura

Alejandro García Abreu rescata dos casos de músicos que sobrevivieron a la locura.

El adicto: subjetividad contemporánea

Juan Luis de la Mora



Mundo Nuestro. Hay invenciones que dignifican la vida de la humanidad. Esta, vital y divertida, apenas tiene 200 años, y fue producto de la erupción de un volcán furioso en Indonesia. Como la mariposa que rompe el vuelo y provoca un huracán en el otro lado del mundo.

Esta crónica se refiere a ese desvarío que se contiene en el equilibrio sobre dos ruedas fantásticas. Es de Héctor Abad Faciolince , escritor colombiano (sus obras más recientes son El olvido que seremos y El amanecer de un marido), y la publica este noviembre la revista Nexos.



Es curioso que la rueda haya sido inventada hace más de cuatro mil 500 años y que en cambio la bicicleta esté cumpliendo apenas dos siglos. Se celebran tantos aniversarios tontos y en cambio casi nadie ha celebrado los 200 años de esta máquina mágica, la más económica en términos de gasto energético, velocidad espacio recorrido, y el medio de transporte más ecológico y saludable para un planeta enfermo de fiebre. Pero al mismo tiempo es normal que a nadie se le hubiera ocurrido inventar por tanto tiempo la bicicleta, ya que pocas cosas resultan más contraintuitivas que el milagro del equilibrio sobre dos ruedas.

Apenas 200 años de este vehículo prodigioso. Un supuesto dibujo de Leonardo da Vinci del prototipo de una bicicleta, es un falso demostrado (un charlatán añadió radios, cuadro y manubrio a dos círculos dibujados por Da Vinci en uno de sus cuadernos). Pero ¿por qué diablos a nadie, ni siquiera al genio Leonardo, se le había ocurrido poner dos ruedas en línea, unirlas de algún modo, montarse encima y empujarse con las piernas? Como muchos otros hallazgos del ingenio humano este invento fue fruto de la necesidad. Todo se debió al mal tiempo. Paradójicamente, la bicicleta se inventó para contrarrestar los efectos de un cambio climático repentino, pero opuesto al que hoy estamos sufriendo. Durante varios meses de 1815 ocurrió la erupción más grande de que se tenga noticia. El volcán Tambora, en Indonesia, arrojó tal cantidad de materia que pasó de tener cuatro mil 300 metros de altitud, antes de la explosión, a dos mil 850, después de derramar piedras, lava, fuego, y de arrojar en la atmósfera millones de toneladas de polvo y ceniza.

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