Revista Nexos

Mundo nuestro. La revista Nexos presenta en este mes de septiembre como tema principal el de la realidad trágica del entrañable país de Rómulo Gallegos.

Así lo presenta:

"Venezuela camina hacia la dictadura y la quiebra. Una doble opresión, política y económica, se cierne sobre el antiguo paraíso petrolero. La situación venezolana linda en muchos aspectos con el de una crisis humanitaria. ¿Cómo se gestó este desastre en el corazón de la llamada “revolución socialista del siglo XXI”? ¿Dónde puede desembocar la pesadilla en que se convirtió aquel sueño? A continuación, algunas respuestas."



La gran estafa bolivariana

Joaquín Villalobos

Cono Sur: Paisaje después de la batalla

Cassio Luiselli Fernández

El colapso de Venezuela

Ricardo Hausmann

Érase una vez la revolución

Patricio Fernández

Las democracias latinoamericanas frente a Nicolás Maduro

Rafael Rojas

La destrucción de la democracia venezolana

Hernán Gómez Bruera

Evocación de una Caracas ida

Ibsen Martínez

Mundo Nuestro. Teresa Zerón-Medina Laris, investigadora y fotógrafa, participó con esta colaboración en la edición de agosto de la revista Nexos en el tema Un día en la ciudad de México.

“¿Tiene algún familiar aquí?”, le pregunta el abogado al frente del Módulo de Atención Oportuna a un hombre que aparenta estar desorientado. En la sala de espera predominan las caras largas, los cuchicheos y los cabeceos. La gente cruza la puerta principal y pregunta. Unos están desesperados, precisan de un par de oídos. Otros se quejan gritando “¡maldito gobierno!”. Todos necesitan compañía, sentirse arropados, protegidos. La mayoría están dolidos, desconfiados, han perdido a un ser querido. Una mujer entra pues su hijo borracho la golpeó y sacó de su casa. No tiene a dónde ir y busca levantar una demanda. El abogado le explica puntualmente. Al entender que su hijo puede ir a la cárcel, se arrepiente y parte.

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Agosto 2017

Una visita hecha y derecha a la Basílica de Guadalupe debe incluir la lectura de la suerte con el canario, la compra de gorditas de maíz cacahuazintle y una foto en cualquier punto del recinto.

El canario puede predecir cómo le irá al interesado en el amor, la vida o el trabajo. Envidias y traiciones, personas que juegan con los sentimientos de los demás, sugerencias de números para jugar a la lotería, dolores físicos a causa de estrés o depresión. Oráculos escritos en español. Quien abre y cierra la jaula del ave estira la mano y cobra cuatro pesos por cada papelito, o 49 por el paquete más completo.



Las gorditas de maíz cacahuazintle son redondas y se envuelven en papel de china colorido. Cuenta la historia que este alimento tiene una larga tradición prehispánica que luego pasó a la Colonia. Sin importar el nombre del dios o la diosa, estas gorditas de maíz eran parte esencial de las ofrendas. Hoy siguen cerca de lo divino y cuesta 20 pesos el paquete.

Al pie del cerro del Tepeyac y a un costado del recinto a Cristo Rey hay dos escenarios montados en las columnas de las escaleras que llevan a la Capilla del Cerrito. En uno aparecen el retrato del papa Juan Pablo II, una imagen de la virgen de Guadalupe de casi dos metros de altura, una pared de flores artificiales y un caballo blanco de utilería. En el otro escenario, el fondo es la cascada donde aparece la representación de una de las cinco apariciones de la virgen a Juan Diego, una ofrenda de flores y una pila de sombreros de charro de todos los tamaños.

—Pásele, joven. Tómese la foto con su familia —invita Rodolfo Coronel Ramírez, uno de los fotógrafos que ha ejercido el oficio en este lugar durante más de 60 años.

En 20 minutos dos familias preguntan los precios y aceptan posar en alguno de los escenarios. Dos llaveros con dos fotos cada uno: 50 pesos. Una foto digital grande: 60 pesos.

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Mundo Nuestro. La edición de agosto de la revista Nexos presenta en un vistazo de 24 crónicas de nuestra ciudad principal:
¿Cómo es un día en la Ciudad de México, una de las metrópolis de extensión más desorbitante del mundo? Repartimos las horas del día entre un grupo de autores. Les confiamos la misión de observar lo que ocurre en diversos puntos específicos de la urbe. El resultado es un conjunto de imágenes tumultuosas, arbitrarias, fragmentarias, sin respuesta, como la ciudad misma.

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Ilustración: Patricio Betteo


05:00. Estación Pantitlán

Héctor de Mauleón

06:00. Patrullando la ciudad

Teresa Zerón-Medina Laris

07:00. El Zócalo

Kathya Millares

08:00. Central del Norte

Juan Manuel Gómez

08:30. El Rastro de Ferrería

Teresa Zerón-Medina Laris

09:00. En la ventanilla de trámites

Claudia Altamirano

10:00. El canal del desagüe

Teresa Zerón-Medina Laris

10:30. Plaza de Santo Domingo

Héctor de Mauleón

11:00. Pepenadores

Teresa Zerón-Medina Laris

11:30. La hora del mandado

Juan Manuel Gómez

12:00. Foto en la Basílica

Kathya Millares

12:30. Santa Fe

Juan Manuel Gómez

13:00. La hora de la salida

Claudia Altamirano

13:30. Bosque de Chapultepec

Héctor de Mauleón

14:00. La colonia más lejana

Iván Cadín

14:30. Hombres trabajando

Juan Manuel Gómez

15:00. Tepito

Teresa Zerón-Medina Laris

15:30. Parque México

Kathya Millares

16:00. Cantina La Mascota

Guillermo Fadanelli

16:30. La hora de la marcha

Iván Cadín

17:00. Torre del Aeropuerto Internacional

Teresa Zerón-Medina Laris

18:00. El Periférico

Iván Cadín

19:00. El Metrobús

Claudia Altamirano

20:00. Sala de espera

Kathya Millares

21:00. Avenida Zaragoza

Iván Cadín

22:00. El Ministerio Público

Teresa Zerón-Medina Laris

23:00. Centro Histórico

Guillermo Fadanelli

00:00. Reforma

Iván Cadín

01:00. Plaza Garibaldi

Juan Manuel Gómez

02:00. Hospital Balbuena

Héctor de Mauleón

03:00. La hora del after

Teresa Zerón-Medina Laris

04:00. Central de Abasto

Teresa Zerón-Medina Laris

05:00. Rumbo al trabajo

Iván Cadín



Vienen de la oscuridad, con chamarras y mochilas y gorras. Bajan de los camiones pensativos, cabizbajos, concentrados. Se mueven hacia la entrada del Metro con la vista clavada en el piso. Echan vaho por la boca. Es la hora de la prisa.

En los alrededores las calles lucen solitarias, oscuras. No amanece todavía, pero en la Estación Pantitlán la ciudad ha despertado. En la Ciudad de México este es uno de los sitios en donde comienza el día.

Frente a los puestos de tacos de bistec con nopal, a los que alumbra un foco pelón, se agrupan los primeros clientes. Hay humo y vapor bajo los postes del alumbrado. Huele a carne y a alcantarilla, y todo está poblado de gritos. Alguien vocea desayunos de a diez, que “¡no vienen sucios ni caducados!”: dentro de una bolsa de plástico, el vendedor ofrece un plátano, un yogur y un delgado sándwich de jamón.

Más allá se alinean vasos de unicel repletos de café, el precio es de cinco pesos, y donas suaves de chocolate de a tres cincuenta. En puestos de metal pintados de rosa se ofrecen quesadillas, tlacoyos, gorditas, “ricos tacos de carnitas” y “churros calientitos”.



Abundan los puestos de gorras, mochilas, audífonos: artículos indispensables para el metronauta moderno.

Pantitlán es una de las puertas de entrada de la ciudad: la más grande y la más conflictiva. Camiones que iluminan su interior con foquitos azules se detienen frente a la estación cada minuto y vomitan carretadas de gente que proviene de Neza, de Chalco, de Chimalhuacán, de La Paz, de San Vicente Chicoloapan. Los pasajeros saltan del estribo un poco adormilados y caminan o trotan hacia la entrada que brilla con una escandalosa luz resplandeciente.

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Ilustración: Patricio Betteo

Mundo Nuestro. Esta crónica de Sergio Mastretta forma parte de la serie Vida y muerte del agua que la revista Nexos publica en su edición de este mes de julio del 2017.



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Se puede ver la cuenca del Atoyac en toda la extensión del valle. El río es múltiple, en él van todos los ríos que bajan del monte. Y los pueblos y las ciudades. Los moles y los coliformes. Y las legumbres y los automóviles. Y los textiles y sus colores. El agua que corre en el vertedero explica nuestra existencia. En el agua del Atoyac corre la historia de la ciudad de Puebla. Pero en México la naturaleza no tiene derechos. El Atoyac es un río clínicamente muerto, como lo prueban las cifras de los análisis bioquímicos. Y en el desgobierno que ronda los esfuerzos de saneamiento está la causa principal de su desgracia.



¿Cómo entender que el jueves 27 de abril de 2017 inspectores de la Comisión Nacional del Agua en el estado de Puebla clausuraran la fábrica Maritex por las descargas ilegales al río Acotzala, afluente del Atoyac, en la región de San Martín Texmelucan?

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Ilustraciones: Kathia Recio

Mundo Nuestro. Así presenta la revista Nexos en su edición del mes de julio de 2017 el tema central relativo a la realidad del agua en México, realizado en conjunto con la organización civil poblana Dale la Cara al Atoyac, y que incluye textos de Julia Carabaias, Verónica Mastretta, Alejandro de Coss y Sergio Mastretta.

A los mexicanos se les niega su derecho constitucional de acceso al agua y a un medio ambiente sano. Las autoridades escatiman recursos para la infraestructura de reuso que ponga fin al desequilibrio hídrico en que vive gran parte del país. No se hablaría de un futuro catastrófico del agua en México si el gobierno empezara a castigar a quienes contaminan ríos, lagos o mantos acuíferos y se sumaran a los esfuerzos que organizaciones y comunidades han puesto en marcha para cuidar, limpiar y usar su agua.




Agua para principiantes

Julia Carabias


Desgobierno del agua

Verónica Mastretta


La sed histórica de la Ciudad de México

Alejandro De Coss


Las aguas turbias de Chiapas

Sarelly Martínez Mendoza


Atoyac, un río clínicamente muerto

Sergio Mastretta


Verdades del agua

Nexos


¿Qué hacer con el agua subterránea?

Gonzalo Hatch Kuri • José Joel Carrillo Rivera


Un río que enferma

Gabriela Pérez-Castresana


El espejo de agua de Ayoxuxtla

Melanie Gabriel Camacho


Puerto Libre/Nexos

Toda la noche dijo su nombre. Murió al amanecer mientras sus hijos dormían y ella lo perdonaba.

Nunca voy a escribir la novela de mis padres. Tengo muchos principios como éste, pero salto de párrafo en párrafo como quien ve las fotos en desorden que va encontrando en una caja vieja. ¿Por qué tenía que perdonarlo? Por todo y nada. Por morirse. Por dejarla con cinco hijos, a los cuarenta y seis años, bella como una llama, lívida, valiente y orgullosa.

Nadie iba a mantenerla, ni a ella ni a sus hijos. Raros sus padres que creyéndose generosos no se dieron cuenta del tamaño de su indefensión. Ella nunca puso cara de mártir, ni penó a gritos. Ni pidió ayuda. No sé si temería que alguien le reprochara haberse casado con un hombre que no le dejó nada. Ni un centavo partido a la mitad. Quizás la renta del siguiente mes. Porque ellos y sus hijos vivían al día, aunque comieran mejor que en ninguna de las otras casas. Nada creían que les había dejado, porque ni quién pensara en el terreno solitario y remoto que ella salvó de malograrse junto con todo lo que su marido perdió con la guerra de su posguerra en Puebla.



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