Profética, Casa de la Lectura

Profética, Casa de la Lectura (21)

Porque en Profética el tiempo corre más lento, casi se detiene, como cuando uno se para a la entrada de la casona, frente al tablero de avisos e invitaciones a mil eventos culturales, y mira la vida imaginada, pensada, actuada, cantada, bailada por otros que quieren ser nosotros mismos. En Profética el tiempo deja de ser sólo de uno. Y ya lleva diez años en la construcción del tiempo de todos. Sin mayor alboroto. Diez años de espejo y reflejo del mejor mundo adivinado. El que se descubre y construye cuando abres un libro.



Mundo Nuestro. Profética, Casa de la Lectura ha cumplido en este arranque de julio catorce años de existencia como proyecto cultural en la ciudad de Puebla. Para conmemorar este aniversario presentamos este texto de la historiadora Emma Yanes Rizo que da cuenta de dos personajes que habitaron la casa a principios del siglo XX y que paradójicamente contaban en ella con interesantes bibliotecas: el licenciado Miguel de Sandoval y el historiador José Miguel Sarmiento.

Al comenzar el siglo XX la ciudad de Puebla tiene transformaciones sustanciales, tanto por la reconstrucción de la misma luego de la diversidad de sitios y la destrucción de inmuebles en el siglo XIX, como por el nuevo concepto de modernidad que quiso dejar atrás la época colonial para inscribirse en el afrancesamiento urbano. El régimen de Porfirio Díaz terminó en 1911, con el advenimiento de la Revolución Mexicana. En esa etapa, entre las obras importantes en la ciudad de Puebla, está la inauguración del Mercado la Victoria el 5 de mayo de 1913, cuya arquitectura produjo un cambio en la imagen urbana. Dicho mercado se convirtió al poco tiempo en central de abastos de la ciudad, con lo que contribuyó a la transformación paulatina de su entorno inmediato en el uso del suelo, de habitacional a comercial.[i]



En 1917 se cambia la nomenclatura de las calles por la que se emplea actualmente, así la casa de la Limpia 7 pasó a ser la 3 Sur número 701. Dos años después, Venustiano Carranza promulga la Ley sobre Conservación de Monumentos, Edificios, Templos y Objetos Históricos o Artísticos, en la que prohíbe la destrucción total o parcial de inmuebles históricos, ya fuera de propiedad privada o pública, quedando la Dirección General de Bellas Artes como la institución encargada de su estricta vigilancia. Puesto que ocupará José Miguel Sarmiento, futuro inquilino de la casona.

En la década de los años veinte, en la ciudad de Puebla predominan las casas de dos pisos en el área central y de un piso en la periferia y en los barrios; hay todavía una integración en cuanto a las alturas, existiendo alineamientos en los pretiles, cornisas, altura de las balaustradas y remates de las casas colindantes, pero aún existía cierta uniformidad en las casas, y en el paisaje urbano predominaba todavía la horizontalidad. Sin embargo, también en ese periodo a ciertos edificios se les agregó un piso, con lo que se comenzó a romper el perfil urbano.[ii]

En los años treinta se extiende el impacto del automóvil en la fisonomía urbana. Para satisfacer las necesidades del mismo se requirieron gasolineras, estacionamientos, así como abrir los vanos de las casas con lo que se truncaron las fachadas de los inmuebles coloniales y los patios se convirtieron en garajes.[iii]

Además, en varios de los edificios coloniales desde esa década y prácticamente a lo largo de todo el siglo XX, en la planta baja de los mismos se abrieron enormes vanos para colocar aparadores con el fin de exhibir las mercancías de los comercios, introduciendo las cortinas de metal articuladas como uno de los elementos de la degradación urbana. A partir de los años treintas la ciudad creció, tanto demográficamente como en su mancha urbana, extendiéndose por todos los puntos cardinales al crearse nuevas colonias, que rodeaban tanto a la traza española como a los antiguos barrios indígenas coloniales.

Sin embargo, el inmueble de la Limpia 7 se conservó como casa habitación unifamiliar todavía en esa época y prácticamente hasta los años cuarenta del siglo XX, a pesar de la renta de locales comerciales en la parte baja del edificio seguían sin realizarse cambios sustanciales en su fachada.[iv]



El licenciado Miguel de Sandoval como propietario de la casa de la 3 sur 701 (Profética)

El siete de agosto de 1882, la casa de la hoy Profética pasó a ser propiedad del licenciado Miguel Sandoval, quien vivió en la parte superior de la vivienda hasta 1926. Sus padres fueron el escribano Gregorio Sandoval y Guadalupe Limón. Miguel se casó con la señora Guadalupe Machorro. Tuvo tres hijos: Gonzalo, Alfredo y Josefina, de apellido Sandoval y Machorro.

El licenciado Sandoval era un hombre acaudalado y culto, tenía en propiedad además de la ya mencionada casa de la Limpia, la casa número 11 de la calle de Astomba, la número 5 de la calle de Tecajete, la 12 de Herreros o La Fragua, la 6 de la calle de Santa Teresa y la 4 de la Portería de Santa Catarina.[v]

Mientras Sandoval vivió en Limpia 7, rentó la parte baja del edificio con accesorias para diversos servicios. En 1904 ejercía ahí el abogado Miguel López Fuentes; entre 1909 y 1914, estaba en la parte baja de la hoy Profética la tienda de Velas Esteáricas y Parafinas de Wenceslao Camacho; en 1914 litigaba en Limpia 7 el abogado Luis Lozano Cardoso; de 1918 a 1925 se establece en ese sitio la Botica y Farmacia Moderna de J. M. Carvajal. Y de 1921 a 1925 se encontraba ahí el local del tenedor de libros y contadores José Solar. [vi]

El 12 de noviembre de 1915, el licenciado Miguel Sandoval ante el notario Severo Sánchez de la Vega, otorgó su testamento. Para entonces dos de sus hijos ya habían muerto. Gonzalo falleció poco antes de que su padre efectuara su testamento, el día 29 de septiembre de 1915. Josefina había contraído nupcias con el Lic. Rafael Martínez Carrillo, con quien tuvo a la niña Josefina Martínez de Becerra, madre posteriormente de los Becerra Martínez. Josefina Carvajal murió el 8 de mayo de 1899. El señor Alfredo Sandoval y Machorro fue el único hijo que sobrevivió a su padre. Sin embargo, Miguel Sandoval instituyó como heredera universal de la casa de la Limpia 7, valuada por entonces en $ 9, 000 pesos, a su nieta Josefina Martínez de Becerra. Josefina recibió en herencia dicha casa el 2 de abril de 1926. Aunque es probable, no sabemos con certeza si para entonces Josefina se fue a vivir a la casa de la Limpia con sus hijos: Elisario, Alfonso, Josefina, Héctor Javier, Mirna Josefa, Matilde, Irma María y Luz Antonieta todos Becerra Martínez.[vii]

La biblioteca de Miguel de Sandoval.

Sandoval, tenía en su domicilio de Limpia 7 (3 Sur 701), su biblioteca particular, donde destacan entre otros un ejemplar de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, así como las Comedias completas de Lope de Vega en 15 volúmenes. Siguiendo el camino de la literatura universal, Sandoval fue lector también de Gil Blas de Santillana, obra de Renato Lasage (1668-1747), primera novela realista de la literatura francesa, cuya acción se desarrolla en un clima de despreocupación donde al final triunfa la bondad innata del protagonista. Tenía también en existencia Las cartas de Lord Chesterfield, texto de referencia en todo lo que ha educación y buenas costumbres se refiere. Sin embargo, lo más interesante de su biblioteca son los libros relacionados con la historia de México. Sandoval resguardaba un ejemplar de la Historia de la conquista de México, de William H. Prescott, traducida al español por vez primera en 1844, con notas de Lucas Alamán. Se trata de una obra importante ya que el tema de la conquista y de la colonia había quedado relegado luego de la independencia, dada la hispanofobia del momento.[viii]

En la primera mitad del siglo XIX estuvo en auge la voluntad de difundir las obras de los ilustrados sobre el pasado antiguo de México, entre las que destacan dos que Sandoval poseía en su biblioteca: Historia de México, de Niceto de Zamacois, escrita en 18 volúmenes y 20 tomos (1874-1882), obra que documenta la historia nacional desde las culturas prehispánicas a mediados del siglo XIX;[ix] y la Historia Antigua de México del escritor poblano Mariano Fernández de Echeverría y Veytia editada por el también escritor Francisco Ortega, egresado del Seminario Palafoxiano. [x]

Miguel Sandoval fue, así, un hombre al tanto de los intereses culturales de su clase.

Los años treinta: José Miguel Sarmiento, inquilino de la casa de la 3 sur 701

José Miguel Sarmiento, inquilino de la casa de la 3 Sur 701. Foto: Puebla y sus alrededores en el Primer Centenario de la Consumación de la Independencia Nacional Mexicana, 1921.

Desde 1917, como ya se comentó, correspondió a José Miguel Sarmiento, ser el responsable de la defensa de los Monumentos Históricos, por parte de la Academia de Bellas Artes. Por lo menos de 1938 a 1940, todavía con ese cargo, Sarmiento rentó la casa de Profética, llamada por él como la casa de San Pedro y San Juan y resguardó ahí su propia biblioteca, a la que nos referiremos más adelante.

José Miguel Sarmiento nace en Cholula el 29 de septiembre de 1876. Fueron sus padres el licenciado Miguel A. Sarmiento y la señora Concepción Fernández de Lara. Sus estudios los hizo en el Seminario Palafoxiano y después en el Colegio del Estado donde continúo la carrera de leyes. Fue profesor por muchos años de Lectura Corriente y Expresiva, Gramática Castellana, Raíces Griegas y Latinas y Literatura. Fue director de la Academia de Bellas Artes, miembro de la Sociedad de Geografía y Estadística y de otras sociedades científicas en el extranjero.[xi]

El 3 de febrero de 1916, la Primera Jefatura del Ejército Constitucionalista nombró a José Miguel Sarmiento, miembro propietario para integral del H. Consejo Municipal de la ciudad de Puebla. El 29 de agosto del mismo año, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del poder ejecutivo de la unión, lo nombra a su vez Inspector Local Honorario y Conservador de Monumentos Artísticos de Puebla, puesto en que lo ratifica Venustiano Carranza ya como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, un año después. En 1917 el gobernador del estado le otorga el cargo de Director de la Academia de Bellas Artes. Es responsable en 1918 de la compilación de flora y fauna para la Colección de Historia Natural del Estado de Puebla. En noviembre de 1919 lo comisionan, junto con Felipe Neri del Castillo y Manuel Rivadeneyra, para “rendir homenaje y respeto a los restos del poeta Amado Nervo” en representación del gobierno. En enero de 1926, el presidente de los Estados Unidos Mexicanos lo designa Conservador del Museo de Puebla y lo reitera en su puesto como Inspector General de Monumentos Artísticos e Históricos, dependiente del Departamento de Bellas Artes.

De su labor en ese cargo, el historiador Carlos Montero destaca su iniciativa para quitar los anuncios comerciales y propaganda política de las casas coloniales del centro; la defensa del atrio y jardín de Santiago en 1918 y en 1922 su propuesta de Reglamento para el Rescate y Conservación de los Monumentos de Puebla.[xii] El anterior Reglamento derivó posteriormente, en 1939, en la Declaratoria de Monumentos Históricos de los siguientes inmuebles eclesiásticos: Iglesia de San José (1936), Convento de Santa Mónica (1936), Iglesia y Convento de Capuchinas (1938), Casa de Ejercicios de La Concordia (1936), Iglesia de la Soledad (1936), Puente del Emperador (1932), Templo de la Compañía (1933), Templo de San Cristóbal (1933), Iglesia de Guadalupe (1933), Catedral (1933), Templo de la Merced (1933), entre otros.[xiii]

Por su parte, correspondió también a José Miguel Sarmiento, rescatar el inmueble de la casa de Victoria 2 o 3 Poniente 302, vivienda del coleccionista José Mariano Bello y Acedo, para convertirlo en Museo en 1938, luego de que falleciera su propietario.[xiv] Gracias a la intervención de Sarmiento el inmueble sede del hoy Museo José Luis Bello y González, que contiene la segunda colección de artes aplicadas más importante del país, fue declarado Monumento Artístico por el gobierno del estado en 1942. [xv]

En lo que respecta a la casa de la calle 3 Sur 701, desconocemos si mientras José Miguel Sarmiento vivió en la misma realizó algún trámite para su declaratoria como Monumento Histórico, aunque nos parece lógico pensar que fue así, o, por lo menos que Sarmiento la haya conservado en buen estado.

La biblioteca de José Miguel Sarmiento en la 3 Sur 701 y la literatura en Puebla en las primeras décadas del siglo XX

Pasemos ahora a comentar la vida en torno a la biblioteca de José Miguel Sarmiento. Éste tenía en la entrada de la biblioteca la divisa heráldica de la familia Sarmiento-Acuña, que usaba como sello en cada uno de sus libros.

Trataba así se hacer un homenaje o seguir el ejemplo del distinguido Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar (Galicia), bibliófilo también, quien llegó a tener una de las más importantes bibliotecas nobiliarias de la España moderna, posteriormente donada al rey Carlos II, hoy parte del fondo de la Biblioteca Real de Madrid. En dicha biblioteca hay entre otros ejemplares una copia manuscrita del siglo XVI de la Historia de las Indias de Bartolomé de las Casas, el Atlas de Oliva y la correspondencia de Pedro de Gasca.[xvi]

Por su parte, la biblioteca de José Miguel Sarmiento, ubicada inicialmente en su domicilio particular en la hoy Profética y actualmente resguardada por la Universidad de las Américas, Puebla, cuenta con una interesante colección donde destacan las obras de los escritores liberales y los modernistas de la época. Entre los primeros sobresalen:

Ignacio Mariscal, con sus Poesías de 1911. Mariscal nació en Oaxaca el 5 de julio de 1829 y murió el 16 de abril de 1910. Fue poeta y periodista, desterrado en su momento de Oaxaca por su oposición liberal a Santa Ana con el triunfo del Plan de Ayutla; posteriormente fue diputado al Congreso Constituyente de 1856 a 1857.[xvii]

José Contreras y Peón, con sus Obras Poéticas de 1889. Nació el 12 de enero 1843 y murió en 1907. Era miembro de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística desde octubre de 1873. Ingreso a la Academia Mexicana el 16 de marzo de 1896. Fue Director del Hospital de Dementes de San Hipólito y se especializó en enfermedades mentales. Además de ensayos científicos en la Gaceta Médica de México de 1879, publicó poesía. Fue amigo y colega de Guillermo Prieto e Ignacio Manuel Altamirano.

Juan de Dios Peza, con Musa de viaje de 1889. Peza nació en la ciudad de México y fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Fue alumno de Ignacio Ramírez el Nigromante y de Ignacio Manuel Altamirano, muy amigo también de Manuel Acuña.

Guillermo Prieto con su Romancero Nacional de 1885. Escritor, novelista, cuentista, ensayista, liberal. Salvó la vida de Benito Juárez en Guadalajara. Es nombrado por Altamirano como: “El poeta mexicano por excelencia”. Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

José Rosas Moreno, con sus Fábulas de 1872. Nació en Lagos, Jalisco. Desde joven se afilió al partido liberal, escritor y educador de temas infantiles. Se le conoce como “el más grande fabulista de América”. Ignacio Manuel Altamirano, Juan de Dios Peza y Francisco Pimentel, tienen importantes ensayos críticos sobre su obra.

Vicente Riva Palacio con sus Páginas en verso de 1885. Liberal, se une a Zaragoza en la lucha contra la invasión francesa. Participa en el sitio de Querétaro de 1867-1875. Novelista, poeta, dramaturgo, historiador.

Ignacio Manuel Altamirano, con la Selección de obras, en el primer centenario de su nacimiento. Se considera a Altamirano el padre la literatura mexicana. Nace en Tuxtla Guerrero, hijo de madre y padre indios. Estudió derecho en el Colegio de San Juan de Letrán. En 1854 se adhirió a la revolución de Ayutla. En 1857 se unió a la guerra de Reforma, en 1859 fue diputado del Congreso de la Unión. En 1863 se une a la lucha contra la invasión francesa y el imperio de Maximiliano. En 1867 se retiró de las armas. Fue maestro y organizador de las “veladas literarias” en su propio domicilio. Funda junto con Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, El Correo de México y posteriormente la revista Renacimiento.[xviii]

Y por último, Luis González Obregón con sus Ensayos históricos y bibliográficos. González Obregón fue alumno de Altamirano. Funda junto con Ángel del Campo, Luis G. Urbina y Ezequiel A. Chávez El Liceo Mexicano, Científico y Literario que subsistió hasta 1894. Publicó entre otros libros Las Calles de México (1922 y 1927) y La vida en México en 1810, editada en 1911. Su biblioteca fue centro de consulta y tertulia y sede de la Academia Mexicana de la Lengua.

Por su parte, en lo que se refiere a los modernistas, destaca en la biblioteca de Sarmiento la obra de Lascas (1901) del poeta Salvador Díaz Mirón.[xix] Hay también en existencia una selección de poemas del presbítero Federico Escobedo, latinista y también considerado precursor del modernismo.

Cuenta a su vez con una colección representativa de la obra de Amado Nervo: Almas que pasan (1906) Los balcones (1920), Ellos (1920), Ensayos (1910), Mis filosofías (1930), Las ideas de Tello Téllez (1921), Juana de Asbaje (1920), En torno a la guerra (1921). Amado Nervo estudió en el seminario de Zamora en Michoacán. Escribió en El Mundo Ilustrado, El Nacional, El Imparcial y en las mejores revistas literarias. Influyó en Gutiérrez Nájera y en el grupo que se congregaba en torno a la Revista Azul y la Revista Moderna. Entre 1898 y 1900 fundó y dirigió la Revista Moderna, sucesora de Azul. Amado Nervo fue muy cercano a Luis G. Urbina, Manuel Gutiérrez Nájera y Rubén Darío. Murió el 24 de mayo de 1919, sus restos yacen en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

La biblioteca de Sarmiento posee también con un ejemplar de Rumores de mi huerto (1908), de María Enriqueta Camarillo, la cual se dio a conocer como cuentista en la Revista Azul y llegó a ser un importante exponente del modernismo. María Enriqueta nació en Coatepec, Veracruz en 1872 y murió en la ciudad de México en 1968. Fue miembro de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz.

Finalmente, hay en dicha biblioteca un libro escrito por el propio José Miguel Sarmiento: Los domingos del doctor Guzmán.[xx] Se trata de un homenaje a los 25 años de tertulias literarias realizadas en la casa del doctor Daniel Guzmán el cual fue uno de los defensores del centro histórico de Puebla y bisabuelo de quien rescató el inmueble de la 3 Sur 701 en el año 2003. En el libro se relata la vida bohemia de Puebla de finales del porfiriato a los años treinta. Por sus páginas pasan los poetas Eduardo Gómez Haro, Rafael Cabrera y Manuel Rivadeneyra, entre otros. Dichas tertulias, según comenta el historiador Cordero y Torrres: “tomaron tal seriedad que sin estatutos, ceremonias, ni reglas esclavizantes, formaron la Sociedad de la Juventud de Puebla y con su nacimiento lanzaron su órgano periodístico intitulado Primaveral.”[xxi]

Por su parte, en un artículo de 1907, Juan de Dios Peza, el ya mencionado escritor capitalino y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, destaca a la nueva generación de escritores poblanos de la primera década del siglo XX, entre los que incluye a Eduardo Gómez Haro, autor de la obra de teatro Redención en la muerte; a Francisco Neve y sus obras de teatro La llorona, Los rateros, El velo de la desposada y La torre Eiffel; al poeta Felipe N. del Castillo, quien publicó en 1889 una colección de sus poemas con prólogo de Atenedoro Monroy; a Manuel Rivadeneyra y Palacio quien a su juicio: “se distingue por su limpio, florido y elegante estilo, por la delicadeza de sus pensamientos, por la verdad y el colorido de sus concepciones y la claridad de sus estrofas” A su vez, matiza la participación del ya mencionado José Miguel Sarmiento, quien en 1907 publica su libro Toques, se trata de “un joven con buen caudal de conocimientos literarios, con facultades de recitador galano, otro de los poetas líricos que enaltecen el Parnaso de Puebla, un poeta de porvenir”. Asimismo, el artículo hace referencia a varios presbíteros del Seminario Palafoxiano que, desde su punto de vista, se distinguieron en esa época por su labor docente en materia literaria, así como por su producción poética. Menciona al padre Federico Escobedo, “poeta inspiradísimo”, conocedor y traductor “de los más renombrados poetas latinos”, como Horacio, Catulo y Tibulo. Así como a los sacerdotes Rafael Ángel de la Peña y Joaquín D. Casasús, también latinistas que “tantas obras de inmenso mérito y vertidas del idioma del Lacio llevan publicadas.” [xxii]

El grupo de escritores destacados por Meza, corresponden a los que Antonio Esparza Soriano llama la generación del Seminario Palafoxiano, entre los que se encuentran justamente Eduardo y Enrique Gómez Haro, el padre Federico Escobedo, Felipe Neri del Castillo, Rafael Serrano, Francisco Neve y Manuel Rivadeneyra.

Ambas bibliotecas, la de Sandoval y la de Sarmiento, son entonces un particular antecedente del posterior uso que se le daría a la casona de la 3 sur 701, con su biblioteca pública y gratuita que hoy todos disfrutamos.

[i] José Antonio Terán, óp., cit., p. 175.

[ii] José Antonio Terán, óp., cit., p. 176.

[iii] Ídem, p. 180.

[iv]

[v] El Lic. Miguel Sandoval y Limón otorgó testamento en la ciudad de Puebla ante el notario Severo Sánchez de la Vega el 12 de noviembre de 1915. Expediente 29728, tomo 217, libro 5º, ff. 87-114v.

[vi] Idem.

[vii] Idem.

[viii] Testamento de Miguel de Sandoval, ya citado.

[ix] Ídem. Niceto de Zamacois (España 1820-México 1885), fue historiador, novelista y poeta español, asentado en México donde contrae matrimonio. Fue colaborador junto con Hilarión Frías y Soto e Ignacio Ramírez, de la obra Los mexicanos pintados por sí mismos. Colaborador también del periódico El Renacimiento, fundado por Ignacio Manuel Altamirano.

[x] Obra registrada en el testamento ya citado.

[xi] Tomado de los documentos personales en el archivo de la familia Sarmiento.

[xii] Carlos Montero, Arquitectos e Ingenieros Poblanos del siglo XX, BUAP, CONACYT, 2006., pp. 277-279.

[xiii] Edificios Coloniales, Artísticos e Históricos de la República Mexicana que han sido declarados Monumentos. México, INAH, ed., Cultura, 1939.

[xiv] Archivo de Monumentos Históricos del INAH, Puebla, casa 3 Poniente 302.

[xv] Emma Yanes Rizo, Pasión y coleccionismo, El Museo de Arte José Luis Bello y González, INAH, 2006.

[xvi] Diego Sarmiento de Acuña, fue un noble distinguido en servicios al rey: mayordomo, consejero de Guerra, hacienda y estado, embajador extraordinario en Alemania, Francia, Inglaterra y Flandes, gobernador y capitán general del reino de Galicia, comendador de Monroyo y de la orden de Calatava; representante de Felipe III (1613-1618) y de Felipe IV (1620-22), cerca de Jacobo I de Inglaterra con quien realizó un importante papel como embajador.

La biblioteca de la Casa del Sol formada en el siglo XVII fue la primera en la entidad de aquellos días, contiene entre 7000 y 8000 volúmenes, y fue ejemplo a seguir en su época de otros bibliófilos como Diego de Arce y Reynoso, Lorenzo Ramírez de Prado.

En su disposición testamentaria (1785) del quinto titular del condado de Gondomar el acopio pasa a “la biblioteca particular de su majestad”.

El perfil del erudito: “entre sus aficiones literarias estaban señaladamente los libros de caballería y la poesía”. Fue cronista de las tres órdenes militares mayores. Mecenas y corresponsal de escritores altos como Alonso de Ercilla. El inventario de su biblioteca de 1623 corrió a cargo de Esteban Eussen.

[xvii] Mariscal además participó en la elaboración de la Carta Magna de 1857, acompañó a Benito Juárez a Veracruz durante la guerra de los tres años. Participó en la redacción de las Leyes de Reforma como consejero jurídico. Intervinó en la aplicación de la Ley de Desamortización de los Bienes del Clero en 1856. En víspera de la intervención francesa es designado ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En 1863, Juárez lo designó Oficial Mayor de la Secretaria de Relaciones Exteriores. Al triunfo de la república es nombrado Presidente del Tribunal de Justicia del Distrito y Territorios Federales y Secretario de Justicia e Instrucción Pública. En 1871 es nombrado Ministro de Relaciones Exteriores. En 1885, Ministro de Relaciones Exteriores durante el Gobierno de Porfirio Díaz. Fue traductor al castellano de Shakespeare, Longrellua, Edgar Allan Poe y lord Byron.

[xviii] En dicha revista escribieron tanto románticos, como neoclásicos y eclécticos, conservadores, liberales, hombres de ciencia, etc. Altamirano fue el puente entre la generación del liberalismo ilustrado, con escritores como Ignacio Ramírez, Francisco Zarco, Guillermo Prieto y Vicente Riva Palacio y la generación de los entonces jóvenes Justo Sierra, Manuel Acuña, Manuel M. Flores, Juan de Dios Peza y Ángel del Campo. Fundó dos periódicos: El Federalista, en 1871, y La Tribuna, en 1875.

[xix] Salvador Díaz Mirón (1853-1928), nació en el puerto de Veracruz. En 1876 es deportado a Nueva York por razones políticas. A su regreso colabora en diversas publicaciones. En 1878 representó a su distrito de Jalancingo, en La Legislatura de Veracruz. En 1884 es diputado del Congreso de la Unión. En 1910 es desaforado y encarcelado por atentar contra la vida de Juan C. Chapital. Al triunfo de la Revolución es puesto en libertad. Durante el gobierno de Victoriano Huerta es director del periódico El Imparcial. Lasca, su principal libro, contiene un total de 30 poemas inéditos. Díaz Mirón está sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

[xx] José Miguel Sarmiento, y Alfonso G. Alarcón, Los domingos del doctor Guzmán. Puebla, Ed. Económica, 1937.

[xxi] Citado por Alejandro Palma, óp., cit., p. 97.

[xxii] Juan de Dios Peza, “El espíritu literario de Puebla”, tenemos copia fotostática del artículo, pero lamentablemente en dicha copia, cuyo original está en el Archivo de la familia Sarmiento, no aparece mencionado el periódico donde se publicó.

Jueves, 27 Abril 2017 00:00

Mayo en Profética: libros y bicicletas

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Los libros y las bicicletas siempre han andado al parejo en Profética, la Casa de la lectura.



A partir de este viernes 28 de abril, BiciPuebla (el sistema de bicis públicas que ya opera en la ciudad de Puebla) instalará un módulo de información y venta de membresías en la casona de la 3 sur 701.

El módulo estará en funciones todo el mes de mayo, de 10 a 17 horas todos los días.

Y Profética te invita con una gran promoción:

A quines compren en Profética su membresía de BiciPuebla se les incluirá un vale por $100.00, válido en la compra de un libro.



Mayo en Profética: libros y bicicletas

Jueves, 17 Noviembre 2016 00:00

Juan villoro sobre Ibargüengoitia en Profética

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Mundo Nuestro. El viernes 18 de noviembre, Juan Villoro regresa a Profética para impartir la conferencia 'El diablo en el espejo: la narrativa de Jorge Ibargüengoitia'.

Escribe Juan Villoro:

"Fue (Ibargüengoitia) el cronista rebelde de una nación avergonzada de su intimidad e incapaz de ver en su Historia otra cosa que próceres de bronce. Para el escritor guanajuatense, los héroes no se forjan en el cumplimiento del deber sino en los avatares de su muy humana condición… Desmitificador de tiempo completo, Ibargüengoitia buscó los vínculos entre la alcoba y el poder, los vapores de la cocina y el Palacio Nacional. Escribió a contrapelo en un país donde los gobiernos emanados de la Revolución definieron la vida pública de 1929 al 2000."


Miércoles, 09 Noviembre 2016 00:00

En busca del señor Jenkins

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Mundo Nuestro. Una frase precisa para ilustrar esta biografía del hombre que mejor explica la historia moderna del poder en Puebla: "Criticado como explotador de obreros, asesino de campesinos y titiritero de políticos, William Jenkins fue el gringo que a los mexicanos más les gustaba odiar."

El libro del historiador británico Andrew Paxman lo presentarán en Profética el 16 de noviembre la historiadora poblana Leticia Gamboa y el periodista Sergio Mastretta, editor de este portal.

Toda la vida Héctor Aguilar Camín Penguin Random House/México, 2016


Serrano y Liliana Montoya son novios de juventud. Viven en el mismo barrio. Él huye de ella y ésta, las veces que se rencuentran, le reclama por qué de jóvenes no le propuso matrimonio y le dice que si lo hubiera hecho su vida sería otra. La narración se estructura a partir de entretejer dos historias; la del asesinato que ordena Liliana del hombre que viola a Dorotea, su hermana menor, y la de la relación de ella y Serrano.

A lo largo de su vida, los dos se encuentran una y otra vez en circunstancias distintas. En cada reencuentro ella le vuelve a contar el episodio del asesinato. Entre los dos hay cariño y una atracción que resulta irresistible. Después de años de no saber de ella, la busca, la encuentra y deciden vivir juntos. Ella un día desaparece. Mientras están juntos viven sin más lo que les toca vivir. Lo que tenían que vivir y no vivieron. El autor dice que en el fondo es una historia de amor, como los amores deben ser, es decir, intensos, que dan miedo y que son irresistibles como todos los amores que lo son de verdad.

La otra historia es la del asesinato del Catracho, el supuesto violador física y moral de Dorotea, la hermana menor de Liliana. Ella se lo solicita a la pareja con la que vive, que es un policía. Serrano intrigado investiga sobre el asesinato. En su pesquisa descubre que la hermana de Liliana tiene en realidad una relación con el Catracho y que no ha sido violada. No queda claro si en realidad ha habido el asesinato. El hecho es que Liliana lo vive así.

Tiempo después Serrano se encuentra con Dorotea, la hermana de Liliana. Ella se ha casado con un hombre rico, que nada sabe de su vida anterior. Vive en un mundo de lujo. Ella reflexiona con Serrano, al que conoce desde niña, el porqué es diferente a Liliana, y por qué su vida es distinta. Al final, la hermana menor se hace cargo de su hermana mayor, alcohólica y enferma.

Las historias ocurren en una Ciudad de México que ya no existe. Los bares, restaurantes y hoteles que frecuentan los personajes, que en su tiempo fueron emblemáticos, desaparecieron. En la novela hay una mirada amorosa y nostálgica de la vida bohemia de la ciudad que le toca vivir a Serrano y Liliana, pero que ahora ya no tiene lugar. Ese mundo quedó atrás y ya no volverá.

En la novela se da cuenta de “usos y costumbres” de las policías de esa época. De la relación que se da entre los políticos en el poder y las policías. Los primeros utilizan a los segundos, para mantener en control a la delincuencia. Las ejecuciones extrajudiciales era la norma. De esos cuerpos de seguridad dice el autor “no eran unos hampones que estaban sueltos, como las policías municipales de hoy; sino eran unos hampones que estaban sometidos al poder político”.

En entrevista con Jan Martínez Ahrens, el corresponsal de El País en México (El País, 22.06.16), Aguilar Camín dice que la novela es “un relato de apariencia realista que al final no es más que la suma de versiones. Salvo ciertos hechos duros, nunca tienes la certidumbre de qué pasó con este asesinato, con estas vidas, procede por aproximación. La verdad, al final, no puedes asirla. Como tantas veces pasa en la vida pública de México”.

Y añade “que el dilema de la novela es: ¿se puede salir moralmente impune de un homicidio? ¿Se puede vivir con la culpa de un crimen? Es una pregunta que se extiende a la sociedad mexicana. ¿Se puede salir impune de ese nivel de violencia y barbarie?”. La novela no pretende responder a esto, pero sí mostrar el daño profundo que estos personajes han infligido a sus vidas por haberse situado en una región de excepción donde viven con ese secreto a cuestas, un secreto que incendia, que marca y daña. Es una historia de amor en los extremos”.

A la pregunta directa del periodista de si añora el pasado, Aguilar Camín le responde: “Cada vez que pienso en el pasado lo añoro, pero no tengo una actitud melancólica. La tengo como escritor porque así salen las cosas cuando escribo. Me parece que el efecto más profundo de la literatura, o al menos de las novelas que han marcado mi vida, es esa sensación de haber penetrado un mundo y salir de él lleno de experiencia, de vidas imaginarias que producen melancolía…”. De esta obra dice el autor que “es una novela muy corta, de capítulos muy breves, diseñada para ser leída rápido”. La disfruté.



De la columna Empeños de un lector



Si algo debemos hacer notar, además de la forma, en este primer libro del joven Víctor Carrancá, es su amplia gama imaginativa que nos plantea un espacio narrativo llamado Solón en el que percibimos una realidad, valga el adjetivo, ficticia que nos permite observar ciertos espacios y éstos recuerdan la realidad que pisamos y que, a su vez, mantiene cierto paralelismo con Enogea. Víctor Carrancá presenta enEl espejo del solitario (Ficticia, 2014) una colección de relatos integrados, ya que el novel escritor organizó una serie de textos autosuficientes que, relacionados, constituyen un todo.

Tenemos en estos cuentos algunas anécdotas que no dejan de resultar atractivas para el lector, el caso de una posible esterilidad por parte de un padre que tiene un hijo de un francés inexistente o, la no menos curiosa vida de un anciano que extraía intestinos de los cuerpos de los niños para colgarlos en las ramas crujientes de un árbol.

‘Hoy llovió mujer sin piernas’, cuento que narra el inquietante hecho de la caída del cielo de una mujer con caudal de pez. Aquí el mundo de Enogea hace intrusión en Solón a través de los sueños de José el Solitario, hecho del que nos enteramos cuando la doctora Ava Clotilde, le hace una visita en su habitación, del mismo hospital, para preguntarle sobre el extraño ser. La directora, más que intriga, siente envidia por los enormes senos desnudos que tiene la mujer con cola, pero no sabe de qué tipo de organismo se puede tratar por lo que recurre al catedrático, a pesar de que es interno del hospital por sus problemas mentales. A través de la voz de un narrador poco fiable, nos enteramos que el fenómeno sin piernas es una cevereta, criatura de agua dulce como las marsopas, aunque más peligrosa debido a que su canto hipnotiza a los hombres. La cevereta, probablemente cayó en el mundo de Solón debido a que José la soñó, o lo que es más perturbador, existe la posibilidad de que todos se encuentren dentro de un sueño del que no ha despertado.

De la plática con el soñador se deriva una segunda historia, contada en el pie de página para no quitarles tiempo a sus visitantes, ésta surge del sueño de José el Solitario con las ceveretas, y es el protagonista quien la narra. Habla de cuándo en Enogea llovieron ceveretas y los acontecimientos que genera dicho suceso.



En ‘Las mujeres siempre mueren en las historias’ Víctor Carrancá crea una trama que sólo existe en el terreno de la posibilidad, la narración en primera persona plantea un relato desde la metaficción que permite reconocer el recurso de la escritura de textos del género negro.

‘Un veloz comentario en torno a la obra de Josaeph Crinee’ es una interesante puesta en abismo, una reseña crítica a un libro apócrifo que, en un espacio paralelo, podría tratarse del mismo libro que leemos y que a su vez, contiene una crítica aleccionadora sobre la existencia de cuentos que componen el libro.

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Carrancá echa mano del símil para potenciar el significado de sus oraciones: “Sobre la acera, debajo de un poste que vomitaba una luz ambarina como la bilis en la boca del viejo…” o el caso de este que me parece un menos afortunado “Los pobladores de Trilce, asombrados por el suceso, se congregaron a su alrededor como hormigas hambrientas”, lo que sí, es que estos elementos permiten el matiz que, me parece, buscaba el autor para crear ese espacio imaginario que va de la mano del real y producen el sabor onírico y alterno que nos deja el libro. Para contrarrestar esto, en algunos cuentos hay elementos que producen cierta veracidad en la creación del espacio ficticio Enogea, por ejemplo en ‘Un caso llevado ante el Ilustre y Noble Ministerio de Asuntos Artísticos de Relevancia’ que emplea un lenguaje muy estrecho al de acuerdos legales.

Es una sorpresa encontrar en un primer libro el acierto del autor al plasmar el efecto que pensaba al escribir su libro y que éste produciría en el lector. Vale la pena estar pendiente de la producción que apenas comienza de Víctor Carrancá.

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