Acción civil

Mundo Nuestro. Ha salido al público la nueva edición de la revista Elementos (104), y esta es la propuesta para sus lectores:



Aventuras marítimas con tesoros, cartas y corsarios
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Liliana María Gómez Montes

3
Insectos contra insectos:
una estrategia para la protección de cultivos
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Refugio Lomeli-Flores y Ricardo Ramirez-Romero

13
Supervisión de salud estructural:
nuevos métodos magnéticos
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J. Jesús Villegas Saucillo, José Javier Díaz Carmona y Agustín Leobardo Herrera May

19
Aportes del enfoque de cuenca al Área Natural Protegida “Cerro de la Tortuga”
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Aura Mónica Pamela Montoya Lara y Diana Elisa Bustos Contreras

25
Gabriela Torres Ruiz
Fotógrafa
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31
La siembra de los pobres
Estrategia para recuperar un cultivo tradicional
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Leonardo Pérez Rosas

35
Historias de la sierra
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Leopoldo Noyola

41
La fiebre del Zika:
una enfermedad emergente y de importancia global
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Fabiola Lilí Sarmiento-Salinas, Erwin J. Pérez-Cortés y Claudia Mancilla-Simbro

49
È
LIbros
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La mayoría de las veces no tenemos idea de dónde y cómo concluirán las historias humanas con las que nos topamos, sobre todo aquellas de vidas residentes en lugares lejanos e intricados como la sinuosa Sierra Madre que atraviesa la mitad de nuestro país; la mayor parte de esas historias quedan pendientes: no supimos lo que pasó con el campesino que recibiría un crédito en la Sierra Norte de Puebla; con la madre de familia que quería más hijos para tener más becas educativas; con las tejedoras amuzgas que intentaban crear una asociación para protegerse de los acaparadores. Este es el caso de una excepción, pues esta vez se me permitió ver la segunda parte de una perturbadora historia que recogí como integrante de un equipo multidisciplinario de investigadores de la marginalidad en la región de la Costa Chica guerrerense1 y, años después, en la región Costa de Hermosillo, Sonora, investigando sobre la educación indígena para la SEP.

Marginalidades La marginación en Guerrero, que fue el pretexto que nos llevó a esa región de la Costa Chica, aunque evidente en los pueblos que circundan la cabecera municipal de Tlacoachistlahuaca, gobernada por amuzgos, como Metlatónoc, resalta con mayor intensidad en otros pueblos del propio municipio que se encuentran detrás de una enorme sierra de polvo y miseria retirados de todo, carentes de lo más elemental. Son los mixtecos de Pueblo Viejo, en el norte municipal, que viven en condiciones claramente distintas a las de los amuzgos, a cinco horas de distancia de su cabecera por un camino de sinuosa terracería que febrero, tacaño en aguas, nos permitió recorrer sin dificultades adicionales. Ellos también se sienten apartados de todo, los mixtecos vecinos son oaxaqueños, la comunicación con los amuzgos no es óptima, por ello insisten en la creación de su propio municipio. La creación de un municipio en la parte norte de Tlacoachistlahuaca, a pesar de ser una trama política que debe ser tratada con discreción, es un tema ineludible que, bien pensado, puede traer beneficios para todos. Están claras las distancias que hay entre las autoridades de la cabecera y los pueblos mixtecos de Pueblo Viejo, por lo que tampoco es difícil pronosticar que no podrían llegar a un buen acuerdo. La separación municipal ya existe en Tlacoachistlahuaca, ayudaría mucho que se hiciera a través de la ley y pudiera dar a esta población la dignidad que les ha sido arrebatada por la marginación y el abandono, que ha terminado redundando en un alcoholismo masivo de los hombres que, desde la mañana que los visitamos, mientras trabajaban en una zanja de drenaje, ya estaban alcoholizados; al despedirnos, seis horas después, todos y cada uno estaban inconscientes sobre la acumulación de tierra de la propia zanja, jaloneados por sus pequeños hijos. Ojalá, al menos, que en este municipio guerrerense los programas de ayuda a la pobreza hicieran algo adicional para mejorar las condiciones de vida (política, moral, cultural) de estos compatriotas mixtecos que habitan la región de Rancho Viejo, pues no siempre son pisos firmes y letrinas lo que necesitan, sino comprensión cultural, que deviene política y legislativa



Puedes seguir leyendo en Revista Elementos No. 104

Otras historias de la Sierra de los Amuzgos



y Mixtecos en Mundo Nuestro:



Mundo Nuestro. Este texto fue publicado por la agrupación Cholula Viva y Digna como resumen de lo acontecido estos días en el entorno de la Pirámide, con una primera reunión con el alcalde de San Andrés Leoncio Paisano desde los acontecimientos de octubre de 2014, y que terminó con el evento colectivo de pintura mural y arte urbano. Las ilustraciones son una muestra de esta importante expresión cultural en el marco de la movilización ciudadana en defensa del territorio.



Cholultecas, el día de ayer nuestros corazones se llenaron de esperanza.

En días pasados, para ser exacto el 13 de septiembre, maquinaria pesada entro a los terrenos que se encuentran frente al hotel villas arqueológicas con la intensión de echar tepetate sobre tierra fértil, arruinando los terrenos (cabe mencionar que esos terrenos ya son del ayuntamiento pero antes eran utilizados para la siembra). Con alerta de campana, redes sociales y la fraternidad que se ha manifestado en nuestra ciudad, varios cholultecas cuestionaron a los trabajadores y pidieron mostraran los permisos; al no llevarlos consigo se les pidió que se retiraran del lugar pacíficamente; la respuesta inmediata fue la de dos camionetas con granaderos, quienes armados intimidaron a los ahí presentes. Peror mediante el dialogo se acordó tener una reunión con Leoncio Paisano el día 19 de septiembre a las 5:00 pm.

En esta reunión,para la que se armó una comisión integrada por las dos Cholulas, aparte del presidente se encontraban tres funcionarios públicos más. Se confirmo por parte de leoncio que el INAH ya los había cuestionado sobre qué obras estaban realizando y si ya contaban con algún estudio de suelo por parte del ayuntamiento.




El resultado de esta reunión fue la cancelación de más intervenciones en la zona. Presentamos un escrito en el que se pide un estudio de impacto ambiental por parte de la Semarnat, un estudio socieconomico por parte de la Secretaria de Economía y Sedesol y también tener los permisos del Consejo Nacional de Arqueología; el escrito se entregó con la firma de los cholultecas presentes.


Cabe mencionar que el ayuntamiento de voz del presidente Leocio Paisano se comprometió a remover el tepetate.


Nos llenó de felicidad el compromiso de las personas que el día de ayer se dieron cita a pesar de la lluvia y pues valió la pena ya que debemos mantenernos firmes en esta lucha justa en la que debemos hacer uso de nuestra voz como ciudadanos concientes.




También agradecemos la solidaridad de movimientos sociales como el Frente de Pueblos por Defensa de la Tierra y el Agua (Morelos-Puebla-Tlaxcala) ,Miocup, UPVA 28 de octubre, Consejo Democrático Magisterial Poblano y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación Sección Puebla.

Cholula viva y digna

Nos mueve el amor no el miedo.

Toda la vida Héctor Aguilar Camín Penguin Random House/México, 2016


Serrano y Liliana Montoya son novios de juventud. Viven en el mismo barrio. Él huye de ella y ésta, las veces que se rencuentran, le reclama por qué de jóvenes no le propuso matrimonio y le dice que si lo hubiera hecho su vida sería otra. La narración se estructura a partir de entretejer dos historias; la del asesinato que ordena Liliana del hombre que viola a Dorotea, su hermana menor, y la de la relación de ella y Serrano.

A lo largo de su vida, los dos se encuentran una y otra vez en circunstancias distintas. En cada reencuentro ella le vuelve a contar el episodio del asesinato. Entre los dos hay cariño y una atracción que resulta irresistible. Después de años de no saber de ella, la busca, la encuentra y deciden vivir juntos. Ella un día desaparece. Mientras están juntos viven sin más lo que les toca vivir. Lo que tenían que vivir y no vivieron. El autor dice que en el fondo es una historia de amor, como los amores deben ser, es decir, intensos, que dan miedo y que son irresistibles como todos los amores que lo son de verdad.

La otra historia es la del asesinato del Catracho, el supuesto violador física y moral de Dorotea, la hermana menor de Liliana. Ella se lo solicita a la pareja con la que vive, que es un policía. Serrano intrigado investiga sobre el asesinato. En su pesquisa descubre que la hermana de Liliana tiene en realidad una relación con el Catracho y que no ha sido violada. No queda claro si en realidad ha habido el asesinato. El hecho es que Liliana lo vive así.

Tiempo después Serrano se encuentra con Dorotea, la hermana de Liliana. Ella se ha casado con un hombre rico, que nada sabe de su vida anterior. Vive en un mundo de lujo. Ella reflexiona con Serrano, al que conoce desde niña, el porqué es diferente a Liliana, y por qué su vida es distinta. Al final, la hermana menor se hace cargo de su hermana mayor, alcohólica y enferma.

Las historias ocurren en una Ciudad de México que ya no existe. Los bares, restaurantes y hoteles que frecuentan los personajes, que en su tiempo fueron emblemáticos, desaparecieron. En la novela hay una mirada amorosa y nostálgica de la vida bohemia de la ciudad que le toca vivir a Serrano y Liliana, pero que ahora ya no tiene lugar. Ese mundo quedó atrás y ya no volverá.

En la novela se da cuenta de “usos y costumbres” de las policías de esa época. De la relación que se da entre los políticos en el poder y las policías. Los primeros utilizan a los segundos, para mantener en control a la delincuencia. Las ejecuciones extrajudiciales era la norma. De esos cuerpos de seguridad dice el autor “no eran unos hampones que estaban sueltos, como las policías municipales de hoy; sino eran unos hampones que estaban sometidos al poder político”.

En entrevista con Jan Martínez Ahrens, el corresponsal de El País en México (El País, 22.06.16), Aguilar Camín dice que la novela es “un relato de apariencia realista que al final no es más que la suma de versiones. Salvo ciertos hechos duros, nunca tienes la certidumbre de qué pasó con este asesinato, con estas vidas, procede por aproximación. La verdad, al final, no puedes asirla. Como tantas veces pasa en la vida pública de México”.

Y añade “que el dilema de la novela es: ¿se puede salir moralmente impune de un homicidio? ¿Se puede vivir con la culpa de un crimen? Es una pregunta que se extiende a la sociedad mexicana. ¿Se puede salir impune de ese nivel de violencia y barbarie?”. La novela no pretende responder a esto, pero sí mostrar el daño profundo que estos personajes han infligido a sus vidas por haberse situado en una región de excepción donde viven con ese secreto a cuestas, un secreto que incendia, que marca y daña. Es una historia de amor en los extremos”.

A la pregunta directa del periodista de si añora el pasado, Aguilar Camín le responde: “Cada vez que pienso en el pasado lo añoro, pero no tengo una actitud melancólica. La tengo como escritor porque así salen las cosas cuando escribo. Me parece que el efecto más profundo de la literatura, o al menos de las novelas que han marcado mi vida, es esa sensación de haber penetrado un mundo y salir de él lleno de experiencia, de vidas imaginarias que producen melancolía…”. De esta obra dice el autor que “es una novela muy corta, de capítulos muy breves, diseñada para ser leída rápido”. La disfruté.



De la columna Empeños de un lector



Si algo debemos hacer notar, además de la forma, en este primer libro del joven Víctor Carrancá, es su amplia gama imaginativa que nos plantea un espacio narrativo llamado Solón en el que percibimos una realidad, valga el adjetivo, ficticia que nos permite observar ciertos espacios y éstos recuerdan la realidad que pisamos y que, a su vez, mantiene cierto paralelismo con Enogea. Víctor Carrancá presenta enEl espejo del solitario (Ficticia, 2014) una colección de relatos integrados, ya que el novel escritor organizó una serie de textos autosuficientes que, relacionados, constituyen un todo.

Tenemos en estos cuentos algunas anécdotas que no dejan de resultar atractivas para el lector, el caso de una posible esterilidad por parte de un padre que tiene un hijo de un francés inexistente o, la no menos curiosa vida de un anciano que extraía intestinos de los cuerpos de los niños para colgarlos en las ramas crujientes de un árbol.

‘Hoy llovió mujer sin piernas’, cuento que narra el inquietante hecho de la caída del cielo de una mujer con caudal de pez. Aquí el mundo de Enogea hace intrusión en Solón a través de los sueños de José el Solitario, hecho del que nos enteramos cuando la doctora Ava Clotilde, le hace una visita en su habitación, del mismo hospital, para preguntarle sobre el extraño ser. La directora, más que intriga, siente envidia por los enormes senos desnudos que tiene la mujer con cola, pero no sabe de qué tipo de organismo se puede tratar por lo que recurre al catedrático, a pesar de que es interno del hospital por sus problemas mentales. A través de la voz de un narrador poco fiable, nos enteramos que el fenómeno sin piernas es una cevereta, criatura de agua dulce como las marsopas, aunque más peligrosa debido a que su canto hipnotiza a los hombres. La cevereta, probablemente cayó en el mundo de Solón debido a que José la soñó, o lo que es más perturbador, existe la posibilidad de que todos se encuentren dentro de un sueño del que no ha despertado.

De la plática con el soñador se deriva una segunda historia, contada en el pie de página para no quitarles tiempo a sus visitantes, ésta surge del sueño de José el Solitario con las ceveretas, y es el protagonista quien la narra. Habla de cuándo en Enogea llovieron ceveretas y los acontecimientos que genera dicho suceso.



En ‘Las mujeres siempre mueren en las historias’ Víctor Carrancá crea una trama que sólo existe en el terreno de la posibilidad, la narración en primera persona plantea un relato desde la metaficción que permite reconocer el recurso de la escritura de textos del género negro.

‘Un veloz comentario en torno a la obra de Josaeph Crinee’ es una interesante puesta en abismo, una reseña crítica a un libro apócrifo que, en un espacio paralelo, podría tratarse del mismo libro que leemos y que a su vez, contiene una crítica aleccionadora sobre la existencia de cuentos que componen el libro.

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Carrancá echa mano del símil para potenciar el significado de sus oraciones: “Sobre la acera, debajo de un poste que vomitaba una luz ambarina como la bilis en la boca del viejo…” o el caso de este que me parece un menos afortunado “Los pobladores de Trilce, asombrados por el suceso, se congregaron a su alrededor como hormigas hambrientas”, lo que sí, es que estos elementos permiten el matiz que, me parece, buscaba el autor para crear ese espacio imaginario que va de la mano del real y producen el sabor onírico y alterno que nos deja el libro. Para contrarrestar esto, en algunos cuentos hay elementos que producen cierta veracidad en la creación del espacio ficticio Enogea, por ejemplo en ‘Un caso llevado ante el Ilustre y Noble Ministerio de Asuntos Artísticos de Relevancia’ que emplea un lenguaje muy estrecho al de acuerdos legales.

Es una sorpresa encontrar en un primer libro el acierto del autor al plasmar el efecto que pensaba al escribir su libro y que éste produciría en el lector. Vale la pena estar pendiente de la producción que apenas comienza de Víctor Carrancá.

Mundo Nuestro. Del ya inagotable archivo de la revista Elementos presentamos este texto iluminador sobre la moralidad sexual en el arranque del siglo XIX poblano. Raquel López Estupiñan, doctora en Filología, ha sido profesora en la BUAP desde 1977, y en los últimos años ha sido Profesora Investigadora Titular del Postgrado en Ciencias del Lenguaje del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP.

En el libro 9 de “Varios” del Archivo Histórico del Ayuntamiento de la ciudad de Puebla, encontré unos autos sobre un proceso de adulterio (“yncontinencia adulterina”). Lo que aparentemente no sería más que un documento, redactado desde una fría y objetiva perspectiva oficial, resultó ser una valiosísima mina de datos sobre aspectos de la vida cotidiana de los actores involucrados. Nos dice mucho acerca de la mentalidad poblana a principios del siglo XIX (1803).



Descripción de los documentos y relato de los hechos

En los documentos del libro 9 de “Varios”, el caso al que voy a referirme no está completo: faltan los autos de acusación. No obstante, a partir de lo existente se pueden reconstruir los acontecimientos. 17 de septiembre de 1803. El Gobernador y el Alcalde de la Real Audiencia y Sala del Crimen de Puebla determinaron que, dado que la esposa de don Antonio Clavero (acusado de adulterio con doña Antonia Francisca de los Ríos) había perdonado la ofensa, a condición de que el marido regresara a cumplir con las obligaciones de su estado, el reo podía acogerse al real indulto, y salir de la cárcel. Doña Antonia (igualmente encarcelada) debía ser puesta en casa de su hermano, don Juan Pérez de los Ríos. 11 de octubre de 1803. El escribano, en la cárcel pública, por medio del alcalde hizo comparecer a don Antonio Clavero y lo enteró del despacho antecedente. Le informó asimismo que, para poder abandonar la prisión, debería pagar una multa. El reo se manifestó dispuesto a regresar con su esposa y no volver a ver a su amasia, pero se declaró insolvente para pagar los 24 pesos y 4 reales de la multa.

Explicó además las penas que había pasado en la cárcel, donde había tenido que vender su capa y solo había comido cada 24 horas lo que la caridad les llevaba a los presos. Pidió a las autoridades que se le perdonaran las costas. Ese mismo día se hizo comparecer a doña Antonia de los Ríos y se le notificó el despacho. La mujer manifestó disposición completa para obedecer, pero como su hermano estaba en México, pidió que la depositaran en casa de unas primas hermanas suyas (que vivían en la Calle de San Agustín). Solicitó también que se le dijera a la esposa de don Antonio Clavero que se abstuviera de insultarla. 14 de octubre de 1803. Unos días después se determinó que don Antonio Clavero debería pagar la multa, puesto que había tenido con qué “mantener el vicio”. Se pidió entonces un fiador, para poder ponerlo en libertad. Respecto a doña Antonia, se propuso esperar el regreso de su hermano (quien se hallaba en México), y que si tardase en regresar se buscaría una casa donde depositarla, a satisfacción del tribunal. 17 de octubre de 1803. Una vez informado sobre la determinación del tribunal, don Antonio Clavero propuso como fiador a José Rodríguez, maestro herrero, dueño de una fragua en el puente de Analco. 18 de octubre de 1803. Se presentó para garantizar el pago de la fianza en un término de 15 días el también herrero Pedro Illescas (los documentos no aclaran el motivo del cambio de fiador), y el mismo día fue puesto en libertad don Antonio. Tres semanas más tarde, por no haber regresado don Juan de los Ríos, se presentó el maestro sastre don Pablo Bañuelos para solicitar que se le entregara a doña Antonia Francisca para tenerla en su casa. Las autoridades consintieron a su petición. El caso quedó cerrado el 26 de noviembre de 1803.

Aquí el texto completo en la revista Elementos:



Incontinencia adulterina: Moral sexual en Puebla a principios del Siglo XIX

Mundo Nuestro. El joven Rubens en México. Un curso ilustrado sobre la presencia en la Nueva España de uno de los más grandes pintores en la historia occidental. Una idea del ianálisis que contendrán las conferencias que impartirá el Dr. Heinrich Pfeiffer S.J en Profética, Casa de Lectura a partir de este viernes 19 de agosto y hasta el 21 de septiembre, es la que se ofrece en esta reseña presentada por sus organizadores:

'La obra oculta del joven Rubens en México'

"El niño Pedro Pablo Rubens y su hermano Felipe tuvieron un ilustre maestro de pintura en Colonia, Alemania: Otto van Veen. Cuando la familia se fue a vivir a Amberes, Bélgica, los hermanos Rubens contaron con las enseñanzas de otros dos insignes maestros en el arte de pintar: Adam Noort y Tobías Verhaegt.

"A veces trabajaron juntos Pedro Pablo y Felipe, pero Pedro Pablo no sólo superó a su hermano, sino a todos sus maestros.
Los hermanos estuvieron en Roma y regresaron a Amberes, donde Pedro Pablo ya como maestro, tuvo su propio taller. Entre 1608 y 1620 aproximadamente, fueron enviadas obras de ese taller a Nueva España.

"El Dr. Heinrich Pfeiffer S.J. ha localizado en diversas colecciones de la República Mexicana varias obras de los hermanos Rubens, al igual que otras de sus maestros pintores Otto van Veen, Adam Noort y Tobías Verhaegt y una excelente pintura de Adam Elsheimer, amigo de Pedro Pablo Rubens."

Este curso nos adentrará en la obra de Pedro Pablo Rubens y será impartido por el Dr. Heinrich Pfeiffer S.J. con la proyección de numerosas ilustraciones.



Mundo Nuestro. Este texto del arqueólogo Bernd Fahmel Bayer, invstigador del Instituto de Investigaciones Antropolóigcas de la UNAM, forma parte de los trabajos que sobre la colección del Museo Casa del Mendrugo Amos por Siempre, El misterio de los Cráneos Zapotecas fueron presentados el 22 de junio del 2016 en el propio museo. Bernd Famhel es uno de los más reconocidos investigadores en la arqueología zapoteca, y con este ensayo nos ayuda a entender la importancia de la colección en la Casa del Mendrugo en el proceso de comprensión de la historia y la cultura del mundo prehispánico en Oaxaca. Y bien dice él, el estudio sobre estos cráneos, caracoles y piezas resguardadas en El Mendrugo apenas empieza.

Para comenzar quisiera expresar el gusto que me da el haber tenido la oportunidad de conocer los materiales albergados en este lugar y poder hablar de una época que no ha recibido mucha atención en la arqueología de Oaxaca. En específico intentaré tejer hilos por donde nadie se ha atrevido hacerlo debido a la falta o el desconocimiento de los materiales que a dicha época corresponden. En este sentido, lo primero que habría que decir es que en la Casa del Mendrugo de esta ciudad de Puebla existe una colección de objetos cuyo origen ha sido ya explicitado por el ingeniero José Ramón Lozano, y que como toda colección de esta clase tiene un poquito de todo. Es cierto que el 95% de los objetos parece formar parte de un solo contexto arqueológico; es decir, un lugar en donde debieron existir varias tumbas y que nadie sabe exactamente en dónde se encuentra. Esa sería, digamos, la colección central, pero además hay piezas que parecen haber sido añadidas después: entre ellas se encuentra una máscara de ónix o tecali que no sé si provenga de Teotihuacan o de Guerrero. Este tipo de máscara se conoce de sitios preclásicos como Monte Negro de Tilantongo, en la Mixteca Alta, o del mismo Templo Mayor de Tenochtitlan. También hay una pieza de pizarra, o algún material parecido, en la que se miran dos personajes muy parecidos a los que John Eric Thompson muestra en su Introducción a la Escritura Jeroglífica Maya (1950), y uno de ellos porta en el brazo glifos de aquella región, lo que es muy extraño para una colección que es básicamente oaxaqueña. Otra pieza presenta un grabado precioso que no se sabe si está realizado sobre madera o un antiguo hueso fosilizado. Muestra elementos que pertenecen a la iconografía veracruzana del Clásico, al igual que el cráneo labrado no.10 en el que se ve a un hombre-pájaro parecido a una figura del Juego de Pelota del Tajín.

Ahora bien, hay que aclarar que el ritual mortuorio zapoteca implicaba reabrir las tumbas varias veces, empujar los restos óseos hacia el fondo y meter al siguiente difunto. Al final podía haber hasta diez osamentas apiladas en los rincones de una tumba, y en medio de ellas el cuerpo del último miembro de un linaje. Por el color rojo y gris adherido a los cráneos de la colección es probable que procedan de distintas tumbas, y que con el paso del tiempo se mezclaran con los objetos ofrendados a cada difunto, cuyo estilo y procedencia son de diversa índole. Así, se observan objetos de tradición zapoteca tardía, xochicalca y cholulteca, aunque en otros se distingue claramente el estilo Mixteca-Puebla. Según Alfonso Caso (1956), el cambio iconográfico que se dio en Oaxaca tras la introducción del estilo códice o Mixteca-Puebla fue promovido por el padre del Señor Ocho Venado, personaje muy famoso que murió alrededor del año 1115. Entonces, si la epigrafía zapoteca, xochicalca y nuiñe empezó a descartarse por el 1080, el surgimiento del estilo de escritura mixteco fecharía entre los años 1080 y 1150. Como en la colección se tienen diez cráneos labrados que podrían pertenecer a un linaje en el cual cada persona vivió aproximadamente cuarenta años, los cuatrocientos años resultantes cubrirían el espacio de tiempo entre la deposición del primer cuerpo por el año 1100 y el último entierro previo al arribo de los españoles. Al llegar los peninsulares a Oaxaca se interrumpieron las tradiciones prehispánicas, y con ello seguramente la costumbre de labrar diseños en los cráneos de los gobernantes. Trescientos años después de abandonarse las tumbas y el culto a los ancestros, los habitantes del lugar debieron descubrir los restos arqueológicos y reescribir su historia, engarzando sus tradiciones con los eventos narrados en la conferencia del ingeniero Lozano.



Esa sería la primera impresión que tuve al visitar el museo, y de acá en adelante debo controlar mis emociones y vocabulario por la enorme cantidad de información novedosa que brinda la colección. Ya hemos oído algunas propuestas para el estudio de los objetos, y se han ofrecido resultados preliminares sobre el análisis osteológico de los cráneos y huesos largos. Ahora enfrentamos el problema de los contextos arqueológicos y la transformación de la iconografía zapoteca en lo que se conoce como estilo Mixteca-Puebla, generalmente asociado con Cholula y los señoríos de Tlaxcala y la Mixteca Alta.

FIGURA 1



Con base en la Figura 1 se puede ver que los zapotecos tardíos empleaban la misma iconografía que los mixtecos de los códices. Hay pequeñas diferencias en las características de los personajes representados debido a que cambia el contexto en el que se encuentran, y mientras algunos parecen estar activos otros ya estarían muertos. Algunos portan una bolsa de copal típica de los sacerdotes y otros no la usan, aunque la forma de cruzar los brazos es común a las dos culturas. ¿Cómo vamos a saber, entonces, si se trata de un personaje mixteco o zapoteco? Aunque en general los arqueólogos trabajan en asuntos que son más afines a las ciencias naturales, muchas veces acuden al arte para resolver sus hipótesis. Sin embargo, como la historia del arte se basa en las premisas de la historiografía europea se adentran en una zona de peligro: es decir, si en el Viejo Mundo la identidad de los pueblos ha sido atada a determinados estilos artísticos, en nuestro entorno se ha asumido que toda imagen parecida a las de los códices oaxaqueños es mixteca. En los años setentas del siglo pasado Lewis Binford trató de resolver este problema en los Estados Unidos al crear una Arqueología científica, en la que se asigna un significado a los materiales según su contexto. Pero dicho método nunca fructificó en México debido a que no congeniaba con el programa de la arqueología oficial, y además muy pocos arqueólogos dominaban el inglés o la epistemología científica. Por lo tanto se siguió trabajando de forma tradicional, aplicando la hermenéutica o interpretación circular sin recurrir a la asignación de nuevos significados que pudieran cuestionar lo que se consideraba “mixteco”. En épocas de Binford un arqueólogo británico muy renombrado señalaba que la interpretación hermenéutica basada en la comparación con lo ya conocido “es una vacilada”, pues sólo repite viejos discursos y no crea nuevos conocimientos. O sea, que según David Clarke el arqueólogo tradicional esconde los objetos recién descubiertos dentro de tradiciones preestablecidas porque no sabe qué hacer con ellos. Desde esa perspectiva hay que dejar en claro que el equipo de Carlos Serrano está realizando análisis osteológicos desde varios frentes para llegar a conclusiones nuevas que posteriormente deberán ser confirmadas por la arqueología y la historia del arte. Lo mismo hizo Alfonso Caso cuando comenzó a trabajar en Monte Albán. En su época no se sabía nada de aquel sitio tan importante, y fue él quien “inventó” Monte Albán porque a todo le asignó un significado desde sus conocimientos, su sensibilidad y su inteligencia. Si alguien dijera que Caso estuvo mal habría que volver a enterrar todo y aceptar que no sabemos nada de aquella gran ciudad. Esa creación de significado es la que ahora enfrenta la colección albergada en el museo de la Casa del Mendrugo, y a la cual dedico las líneas de este trabajo.

Como se dijo antes, el método científico parte de la descripción sin negar el estudio comparativo de los materiales. Si no se empieza por describir y comparar los objetos con la base de datos acumulados no se puede saber en qué momento histórico y contexto nos encontramos. Por lo tanto partiré del catálogo de formas y diseños elaborado por los arqueólogos Diego López y Oswaldo Camarillo para analizar algunas de las imágenes de los cráneos y piedras labradas, y luego propondré quiénes fueron los autores de esas piezas. Sin embargo, primero daré lectura a una cita muy conocida para quienes trabajan con los mixtecos y zapotecos. Al concluir las exploraciones de Monte Albán, Alfonso Caso, Ignacio Bernal y Jorge Acosta editaron un libro que es considerado la biblia sobre Oaxaca. En dicha publicación los autores demuestran que el estilo IIIB-IV, propio del apogeo de la ciudad, no había desaparecido cuando los mixtecos empezaron a establecerse en Monte Albán, donde fabricaron piezas de cerámica y depositaron a sus muertos en tumbas y entierros: “Algunos objetos, que han aparecido en tumbas del final de la [Época] IIIB-IV, se encuentran también en tumbas, entierros y ofrendas de lo que hemos llamado Época V o Mixteca” (Caso, Bernal y Acosta 1967: 447). Dicho traslape es crucial para entender la convergencia de la cultura zapoteca con la mixteca, por lo que hasta los años sesentas se manejó que el sitio fue ocupado hasta el año 1400 aproximadamente. Para entonces debían quedar pocos zapotecos en el lugar mientras que los pobladores mixtecos iban en aumento. A partir de los años setentas, empero, las nuevas teorías de los arqueólogos procesualistas desecharon aquella visión de la historia y vincularon el fin del estado zapoteco con la caída de Teotihuacán. Según sus teorías, Monte Albán ya no habría tenido una razón de ser al caer Teotihuacan y habría sido desocupada. De esta manera crearon un enorme hueco entre los años 800 y 1400 que nadie ha podido cerrar. Claro, faltan muchos elementos dentro del discurso de Caso y Bernal para entender lo que sucedió al final de la ocupación de Monte Albán y lo que pasaba en los valles, o el impacto que tuvieron los toltecas y su relación con los orígenes del estilo Mixteca-Puebla. Pero al abrir un hueco en la secuencia arqueológica, dichos teóricos separaron temporal y espacialmente a las dos culturas, declarando que los zapotecos fueron un pueblo del Clásico y los mixtecos del Postclásico. El Postclásico lo fecharon entre el 800 y el 1500, sin que alguien pueda explicar lo que pasó durante esos setecientos años. Para entender la colección de la Casa del Mendrugo pienso que tenemos que desechar la absurda versión del abandono temprano de Monte Albán y ubicar los objetos en el traslape de las épocas IIIB-IV y V. Sólo así sabremos qué pasó con la tradición cultural zapoteca y cuál fue su relación con la cultura de los señoríos mixtecos históricos. Al final tendremos un panorama mucho más interesante, en el cual los dos pueblos se nutrieron uno del otro para dar sustento a la continuidad cultural en Oaxaca.



Cabe agregar que John Paddock, un arqueólogo norteamericano que hizo mucho por Oaxaca, introdujo la hipótesis de una invasión masiva de grupos mixtecos a los valles centrales tras el abandono de Monte Albán. También señaló que “el único intento conocido de establecer un nuevo estado zapoteco fue la legendaria, y arqueológicamente aún no comprobada centralización en Zaachila” (Paddock 1970: 210). Cincuenta años después de haber sido redactadas esas líneas los objetos depositados en la Casa del Mendrugo demuestran que los zapotecos nunca fueron desplazados de los valles, y que su iconografía se relaciona con los materiales arqueológicos de Zaachila, un sitio bien conocido en donde hay tumbas reales, una larga historia y una población mayoritariamente zapoteca.

FIGURA 2

En la Figura 2 se comparan las ruinas de Monte Albán con una escena del manuscrito conocido como Códice Nuttall. Al respecto hay que aclarar que los códices conocidos hoy en día fueron elaborados durante el Postclásico tardío, y que son copias de otras copias de documentos corregidos y aumentados a través del tiempo. De ahí que no se sepa cómo fueron los primeros códices mixtecos o si eran semejantes a los manuscritos zapotecos del Clásico. Si es cierto que el padre del señor Ocho Venado cambió el estilo de escritura viejo por uno nuevo, lo más probable es que los primeros códices mixtecos mostraran glifos de tipo zapoteco. En los códices que tenemos se encuentran algunos de esos glifos, que por alguna razón nunca fueron eliminados.

Ahora bien, en la iconografía zapoteca es común encontrar todo tipo de saurio con ceja en U y grandes fauces que pueden estar dobladas hacia arriba o para abajo. Tales diferencias no han sido dilucidadas porque se desconoce el significado que tuvieron los íconos en el pasado. Con base en el Vocabulario en Lengua Zapoteca de Juan de Córdova (2012: 239) se sabe que la segunda partícula del topónimo Zaa-chila se refiere a un lagarto de agua o cocodrilo, lo que para José María Bradomin (1955: 230-231) abre muchas posibilidades debido a que el zapoteco es un idioma tonal. Entonces, según el tono con que se pronuncie la palabra chila se puede aludir a la tierra, la luz o a un linaje, y es probable que cada concepto se relacione con una forma particular de las fauces. Desafortunadamente los arqueólogos no saben de lingüística, y tampoco preguntan a los lingüistas sobre asuntos de iconografía, por lo que al final no se llega a un acuerdo sobre el significado de los antiguos signos. Lo que sí se puede afirmar, empero, es que en el cráneo 1 de la colección se mira la cabeza de un saurio (Figura 3), aunque mucho más adornada que la escultura proveniente de Zaachila.

FIGURA 3

Según la Toponimia de Oaxaca, el nombre patronímico de los zapotecos era Didjazá, que significa nación zapoteca o idioma zapoteco (Bradomin: Ibid). En este sentido es curioso que el nombre Didjazá haya sido traducido como pueblo de las nubes y Zaachila como cocodrilo de las nubes, ya que la gente de los valles centrales no le ve un sentido a la vinculación del cocodrilo con las nubes. Esto, quizá, porque desconocen el viejo significado de la palabra o porque en el acervo tonal de hoy no existe una relación entre las nubes y el cocodrilo. Puede ser que lo haya entre la luz y las nubes, aunque para aclarar las cosas hay que indagar un poco más.

FIGURA 4

Hace algunos años nos mostraron en San Dionisio Ocotepec, cerca de Mitla, la piedra ilustrada en la Figura 4, y nos explicaron que la palabra zaa no necesariamente significa nube, como piensan aquellos que se refieren al pueblo de las nubes. Más bien alude a la ductilidad de la manteca, y por ende, al verbo mover con sutileza, a la manera como se mueven o empujan las nubes en el cielo, que es cosa diferente. O sea, que esa delicadeza de la manteca que se está derritiendo, eso es zaa, y no la nube necesariamente. Si en el pasado el significado de dicha palabra fue el mismo, ¿cómo se habría representado mediante una grafía? La respuesta está otra vez en San Dionisio. En la parte baja de la piedra se aprecian tres almenas, y éstas también se denominan zaa (Córdova 2012: 23). Arriba de las almenas se encuentra el lagarto nombrado chila, lo que daría la palabra Zaa-chila – una metáfora que expresa la ductilidad y cortesía de la población afiliada al señorío zapoteco del Postclásico.

FIGURA 5

Ahora bien, en el relieve de San Dionisio también se reconoce una estrella dentro un círculo con un círculo concéntrico al centro. Nunca supe que significaba esa estrella hasta que la vi en el cráneo no.7 y me maravillé (Figura 5). Al parecer dicha estrella representa la partícula yoo, y ésta forma parte del nombre original de la capital zapoteca, que era Zaachila-yoo. Según Córdova (2012: 200) yoo se refiere a la fortaleza de un edificio, aunque en aquel lugar no existen grandes muros o castillos, por lo que el término debió aplicarse a la fortaleza de la gente que es amable y delicada. Ello nos conduce a la mentalidad y forma de ser de los indígenas, para quienes la cortesía no solo es un imperativo sino el prerrequisito para llevar a cabo una negociación. La ductilidad ofrece a uno ventajas, y son éstas las que requiere el político o gobernante cuando interactúa con sus pares. Por otro lado está la estrella del cráneo no.7, que se encuentra en lo alto y muy cerca de la mollera. Para los pueblos mesoamericanos este punto tenía un significado especial, ya que los “cabellos que cortaban a los cautivos eran los que se encontraban en la coronilla o parte central de la cabeza, sitio donde radicaba el tonalli o fuerza vital que proporcionaba el vigor, el calor y el valor al individuo” (Limón 2001: 224). En otras culturas del mundo se asocia lo alto de la cabeza con el aura o la luz de los santos, y no es nada nuevo que el campo magnético de las personas brota de aquel punto del cuerpo humano. Todo ello me lleva a pensar que la caja craneal era considerada la fortaleza que resguardaba al tonalli, mientras que Zaachila-yoo era la fortaleza de la inteligencia, ductilidad y cortesía zapoteca. Señalan las fuentes documentales que al no ser amable, sensible y cortés con las demás personas era fácil ofender a un amigo, y una vez que éste se tornaba en enemigo empezaba el pleito. Existen varias anécdotas al respecto, entre las cuales destaca la de un señor zapoteco que ofendió a un príncipe mixteco, quien se retiró inmediatamente a sus tierras para iniciar la guerra - actitud que nos conduce ahora al significado de otro signo zapoteco.

FIGURA 6

En la Figura 6 se ve la Estela 6 de Monte Albán y los diseños que se miran en dos de sus caras (Caso 1928: 138-141). Al parecer, éste y otros relieves semejantes tienen que ver con el avance de Monte Albán hacia la región nuiñe, o Mixteca Baja, y Xochicalco, donde al final del Clásico se empezaron a emplear diversos signos de ascendencia zapoteca. En los distintos casos se mira a un personaje con los brazos atados sobre su espalda y la representación de un pescado. Dicho pescado parece relacionarse con la captura o conquista del personaje, aunque nunca se representó la muerte del mismo. En el cráneo 3, cuyo labrado se aprecia en la Figura 7, se ve a un personaje asociado a un pescado, lo que sugiere que la persona en cuestión fue dominada, sojuzgada o humillada, sin que por el momento se pueda decir más al respecto. Lo más importante de todo ello, empero, es que la iconografía de éste y otros cráneos sigue mostrando elementos de la cultura zapoteca IIIB-IV que debió perdurar hasta el año 1100. Para esas fechas habría iniciado en Oaxaca el cambio iconográfico promovido por el padre de Ocho Venado, lo que implica que los cráneos labrados con íconos más antiguos se ubican en aquel momento. Los demás diseños del cráneo 3 también derivan de la iconografía zapoteca clásica, pero se hallan en un proceso de diferenciación estilística que a la larga los condujo a la convergencia con los diseños de estilo mixteco. Como señalaba el arqueólogo Diego López en su ponencia, en este cráneo hay una narrativa que comprende al señor sentado a la derecha, probablemente un sacerdote sacrificador vestido de jaguar con un cuchillo y una flecha en las manos, mientras que el personaje representado a la izquierda, asociado con el pescado, parece adoptar la posición de los bultos mortuorios.

FIGURA 7

Ahora bien, antes de continuar es necesario enfatizar dos cosas. En primera, la continuidad entre la iconografía zapoteca y los elementos de una cultura nueva. Eso nuevo, sin embargo, no tiene que ver directamente con el estilo de los códices postclásicos. Al parecer nos encontramos en un ámbito zapoteco que está por entrar a la época V pero que ha incorporado a su acervo cultural una serie de elementos foráneos, por no decir del Altiplano. La segunda cosa es que en los valles centrales rara vez se representaron cabezas separadas del tronco, aunque Manuel Hermann (2016) menciona que se les empleaba como trofeo o talismanes. No obstante, en Oaxaca no parece haber habido la costumbre de despellejarlas, esculpirlas o enterrarlas junto con caracoles empleados como trompetas. Aunque si se les conocía, el uso de los caracoles parece haber sido más común en Teotihuacán, donde también se trabajaban los huesos humanos en fresco. Al respecto cabe aclarar que Teotihuacán se hizo presente en Oaxaca desde el año 300 aproximadamente, cuando los comerciantes de la gran ciudad quisieron pasar por los valles para llegar al área maya. Durante la época de apogeo de Teotihuacan, o sea, la fase Xolalpan, se adoptaron en Oaxaca varios elementos de la cultura teotihuacana. Luego se colapsó el gobierno de la gran ciudad, y entre los años 600 y 800 empezó la diáspora de sus habitantes hacia todas las regiones de Mesoamérica. En aquel momento parecen haber arribado los primeros emigrantes teotihuacanos a la región nuiñe y a los sitios de tradición IIIB-IV. Posteriormente se detecta la presencia teotihuacana en el valle de Puebla, tanto en Cholula como en Cacaxtla. Para el Postclásico temprano, la tercera oleada de teotihuacanos y/o tolteca-nonoalca-chichimecas controlaban las rutas de comercio entre el Altiplano central y el Sureste. Entre los años 1000 y 1200 estos grupos se habrían asentado en Quauhtinchan, Tepeaca, Tecamachalco y Tehuacan, desde donde entraron a las regiones septentrionales de la Sierra Madre del Sur. En resumen, se sabe que hubo más de ochocientos años de interacción entre el Altiplano central y Oaxaca, y ello explica el porqué en la genética de los cráneos de la colección aparecen rasgos teotihuacanos. De momento no está claro si fueron los hombres quienes viajaban entre las dos regiones, o si fueron las mujeres de la élite teotihuacana quienes se casaban con señores de Oaxaca, y es por ello que urge estudiar más a fondo los restos óseos. Solo entonces se les podrá relacionar con los objetos arqueológicos y llegar a una explicación comprensiva de lo que aconteció en el lugar de donde provienen los materiales.

FIGURA 8

En la Figura 8 se ven dos representaciones del Tlaloc teotihuacano sacadas al azar del Internet. Según Esther Pasztory (1974) hubo dos tipos de diseño relacionados con este dios, a los que nombró Tlaloc A y Tlaloc B. A su parecer, uno de ellos estaba asociado con la agricultura y el otro con la guerra. Aunque dicha clasificación haya sido debatida está claro que en esta figura se ve a un Tlaloc del tipo expuesto en el museo de la Casa del Mendrugo. En vista de la interacción centenaria no es raro que Tlaloc aparezca en la Mixteca o en los valles centrales de Oaxaca. Lo interesante es, sin embargo, que en uno de los diseños se mire a Tlaloc surgiendo de un caracol, lo que refuerza la asociación entre los relieves en piedra, los cráneos y los caracoles-trompeta de la colección. En lo personal, como arqueólogo y antropólogo, son las piedras las que más me han llamado la atención, además de que dos personajes representados en ellas se ubican debajo de un diseño conocido como “fauces del cielo”, asociado con la nobleza clásica zapoteca.

FIGURA 9

Entre los poquísimos materiales que tenemos del Postclásico temprano en Oaxaca se encuentran dos tipos de cerámica tolteca, algunos elementos de la Tumba 5 de Suchilquitongo y las pinturas de los palacios de Mitla que representan escenas de la mitología tolteca-nonoalca-chichimeca del sur de Puebla (Fahmel 2014). Como se aprecia en la Figura 9, tanto en aquellas pinturas como en una piedra de Suchilquitongo se observa el glifo del año A/O, cuyo origen parece encontrarse en Teotihuacan y que volvemos a ver en los huesos labrados de la Tumba 7 de Monte Albán. Los huesos largos de la colección también lo presentan, e incluso comparten otros diseños con los de la Tumba 7, sugiriendo nuevamente la continuidad cultural con los materiales postclásicos de Zaachila y Monte Albán. En la piedra de Suchilquitongo se mira, además, una fecha de estilo zapoteco junto a los puntos numerales y el signo A/O, lo que la convierte en una especie de piedra Rosetta oaxaqueña.

FIGURA 10

Finalmente llegamos al estilo de los códices, su parecido con el estilo de las inscripciones zapotecas y su relación con la entrada de los toltecas a Oaxaca. Se sabe que los toltecas anduvieron en toda Mesoamérica, y que las fuentes hablan de todo tipo de toltecas, por lo que el estilo de los objetos de la colección también es muy diverso. En la Figura 10, sin embargo, estamos ante dos escenas que representan situaciones parecidas. Nótese en lo alto de la Lápida 1 del Museo Nacional (Caso 1928: 182) el signo conocido como “fauces del cielo”, y debajo de él dos recuadros con sendas parejas que resuelven asuntos importantes para la historia de su linaje. Del otro lado vemos una negociación semejante y muy común en los códices mixtecos tardíos, donde alguna pareja discute asuntos de su matrimonio, de algún ritual o trato político. La diferencia entre los dos registros históricos es el soporte en el cual fueron manufacturados y la falta de información sobre los linajes zapotecos o su vínculo con los relatos más recientes.

FIGURA 11

La Lápida 2 del Museo Nacional (Caso 1928: 183) que se ve en la Figura 11 merece atención especial, ya que en ella se miran muchos detalles que también se detectan en las piedras de la colección, en los cráneos y en los caracoles-trompeta. No obstante, se trata de una piedra que se apega a los códigos iconográficos zapotecos de finales de la época IIIB-IV. En la parte superior se observan las “fauces del cielo” y debajo a sendas parejas cuya posición corporal es menos rígida. Una señora porta como tocado la cabeza de un animal que se asemeja al de una figura del cráneo 10. De la boca de la señora se desprende una vírgula de la palabra que también aparece en otras estelas zapotecas y en las pinturas teotihuacanas. Mediante la vírgula de la palabra los autores del relieve debieron expresar que también ellos hablaban de manera sutil y delicada, lo que para nosotros es un claro testimonio de la gentileza con que se trataban los antiguos señores de Mesoamérica.

Bibliografía

Bradomín, José María

1955 Toponimia de Oaxaca (Crítica Etimológica). Imprenta Camarena, México.

Caso, Alfonso

1928 Las Estelas Zapotecas. Talleres Gráficos de la Nación, México.

1956 “El calendario mixteco”, en Historia Mexicana, vol. 5, no.4, pp. 481-497.

Caso, Alfonso, Ignacio Bernal y Jorge Acosta

1967 La Cerámica de Monte Albán. Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

Córdova, Juan de

2012 Vocabulario en Lengua Zapoteca (1578), Reimpresión facsimilar. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

Fahmel, Bernd

2014 Las pinturas de los palacios de Mitla, Oaxaca. Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Hermann, Manuel

2016 “Iconografía y simbolismo del bulto de Xipe en los códices mixtecos”, en Reina Ortiz Escamilla (comp.), Mitos y Simbolismos en la Cultura Mixteca, pp. 43-80, Universidad Tecnológica de la Mixteca, Huajuapan de León, Oaxaca.

Limón, Silvia

2001 El fuego sagrado. Simbolismo y ritualidad entre los nahuas según las fuentes documentales. Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

Paddock, John

1970 “Oaxaca in Ancient Mesoamerica”, en John Paddock (ed.), Ancient Oaxaca: Discoveries in Mexican Archaeology and History, segunda edición, pp. 87-240, Stanford University Press, Stanford.

Pasztory, Esther

1974 The Iconography of the Teotihuacan Tlaloc. Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology, no. 15, Dumbarton Oaks – Trustees for Harvard University, Washington D.C.