Acción civil

Déjate hipnotizar por la voz de Flora Pasquet. consu más reciente producción discográfica "Nice n' Easy". Un disco de duetos, íntimo y creativo; acompañada por Alberto Medina y Roberto Sánchez-Picasso en las guitarras, quienes tocarán el repertorio del disco, standards de jazz, canción Francesa y una que otra Bossa.

Así la presentó en diciembre pasado Jazzatlán:



"Nativa de una pequeña isla en el Océano Indico, la Isla de la Reunión, Flora crece rodeada de música tradicional y empieza a componer desde muy joven. En 2009, funda el grupo Nuvoyá y realiza su primer disco de composiciones propias “Bribes de Vie” , inspirado de la bossa-nova, soul, jazz y ritmos de la Isla Reunión. El medio del jazz en el que se inicia Flora en Paris después de su encuentro con La Paris Jazz Big Band,le da otra apertura a su canto y entre su proyecto acústico Nuvoyá y música del mundo, se forma en México el Flora Pasquet Quartet en 2011. Este cuarteto cuento con músicos de renombres en la escena del jazz como Alberto Medina, Pablo Prieto y Juan Pablo Aispuro. De esta colaboración de talentos nace un proyecto pintado de colores y ambientes entre piezas originales, canciones francesa, samba, jazz instrumental y experimental. La cantante francesa propone un repertorio de nu-soul con un toque de jazz y te invita a descubrir su universo a través de composiciones."

Costo: $100





Video promocional de Flora Pasquet en El Mendrugo

https://www.facebook.com/casadelmendrugo/videos/1265290090149520/

Flora Pasquet Cuartet, The shadow of your smile Video en Youtube

https://www.youtube.com/watch?v=Z08mZ76o03A

Empeños de un lector

Carta de una desconocida (Acantilado, 2002)



Cómo sería contar una historia que inicia el día de tu cumpleaños número cuarenta y uno con la llegada de una anónima carta, la cual contiene la historia de la muerte de un hijo y, sin embargo, está dirigida a ti. “¿A quién podría contarle, en esta terrible hora, sino a ti, que fuiste y eres todo para mí? Quizá no pueda hablarte de una forma muy clara, quizá no me entiendas”.

Carta de una desconocida (Acantilado, 2002) es una invitación a la intimidad de una pasión desmedida, marcada por el silencio que una mañana se corrompe por la palabra. Leemos en esta carta una tensa narración, el reflejo de un momento de crisis en la vida de una desconocida, quien decide dirigirse en su lecho de muerte al famoso novelista R. —un personaje que parece ajeno a todo lo que sucede, viviendo al margen de las historia en sus libros—, con una extraña confesión que acompaña el deseo y la idealización hacia una figura enigmática.



Se trata de una narración breve que inicia con un narrador en tercera persona, la cual permite movernos por los pensamientos y sensaciones de los personajes; este narrador con una estrategia de zoom óptico, nos conduce directamente a un tono íntimo, al registro de cercanía que ofrecen algunas cartas, tan impersonal hoy en día:

No quería sentir calor por miedo a dormirme y no oír tus pasos. Tenía calambres en los pies y los brazos me temblaban. Tenía que levantarme continuamente por el frío que hacía en esa horrible oscuridad. Pero esperé, esperé y te esperé como si estuviese esperando mi destino.

En un artículo Juan Villoro señala que pertenecemos a esa generación que ha visto desaparecer las cartas, la escritura privada de ellas es el registro del pasado; la memoria es el recurso del que se valía aquella tradición que ahora parece estar en crisis. La narración de Stefan Sweig está plagada de soledad, la escritura de una carta tiene, indudablemente, el estigma silencioso de un solitario.



La lectura de una carta nos permite la sustitución, la movilidad, parece que se plantea o establece desde un no lugar, “Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final.”

El autor vienés nos coloca al límite entre aquello que hemos deseado toda la vida y la pequeña posibilidad de modificarlo o, al menos, hacerlo visible.

Recordaba vagamente a una niña vecina suya, a una joven, a una mujer que había encontrado en un local nocturno, pero era un recuerdo poco preciso y desdibujado, como una piedra que tiembla en el fondo del agua que corre y cuya forma no acaba de distinguirse.

El tono del pasado está dibujado desde la imprecisión de aquello que parece haber ocurrido en algún momento y solo es visible en el registro de una carta.

Queda abierta la invitación para acercarse a uno de los registros más apasionantes de principios del siglo xx, la lectura de este autor que con maestría nos va seduciendo en el encuentro de aquello que terriblemente reconocemos como un deseo guardado, un deseo silenciosamente depositado en los espacios de la memoria.

Es un jueves cualquiera. Otra crónica gráfica de la destrucción cotidiana de un río.

Es el jueves de ayer en la ciudad de Puebla. En un paraje de tantos cruzado por un arroyo que desde la Malinche va a dar al Atoyac hacia su muerte. El río Barranca Honda. Aquí la descarga es claramente textilera, la que veo desde arriba del puente que lo cruza en la carretera a Fábricas y que pinta con el mejor espíritu alquimista de rojo el río.



La descarga a unos metros del mismo puente.

Son 48 litros por segundo los que caen rojos intensos sobre el cauce del arroyo Barranca Honda, a cinco metros del puente de la carretera a Fábricas, antes de llegar a la vieja textilera Covadonga. Y en un instante el rojo todo lo tiñe. Más tarde averiguaré que la planta textil Acafintex, ubicada un kilómetro arriba por la carretera, es una fábrica especializada en productos teñidos, que de hecho, ese es el punto que la distingue en el competido mercado de la industria textil mexicana. Así los encontraré en Internet:



http://www.acafintex.com/#

“Contamos con la más alta tecnología en el teñido de telas, así como versatilidad para lograr la mejor penetración durante el proceso (…) Podemos teñir con los siguientes colorantes: Indatherenos o a la Cuba, dispersos, reactivos, directos, Naftoles, sulfuros, ácidos…”



No sé si sean ellos los responsables. Pero el río rojo –o amarillo, o verde, o azul o el que le guste al marchante-- está a la vista todos los días. Y la descarga proviene de un drenaje que sale al aire en un caño unos cincuenta metros antes de desfogar sobre el río Barranca Honda. Y la foto del satélite indica que la ruta del drenaje apunta hacia el norte, el rumbo justo en el que se ubica esta fábrica. No sé si sean ellos, pero la existencia de esta descarga –me enteraré por los técnicos del gobierno del estado de Puebla responsables de las estaciones de monitoreo—está registrada por la Comisión Nacional del Agua desde hace varios meses. Y que la descarga es continua y sistemática en su coloración multicolor. Y que, lamentablemente, no ha ocurrido nada.

La mirada abierta desde el satélite. El río Barranca Honda corre de oriente a poniente hasta descargar en el Atoyac. Es una región de fábricas textiles, algunas antiguas como La Covadonta, otras recientes y modernas, como Hilaturas Los Ángeles, al sur inmediato de la confluencia de los ríos, y Acafintex, al norte, a un kilómetro de la descarga.

Aquí la vista corta. En rojo, el punto de la descarga.

El río Barranca Honda visto desde el puente que lo cruza en la carretera a Fábricas.

El río teñido que pasa bajo los dos puentes. A la vista el más viejo, ya en desuso.

El río hacia su desembocadura en el Atoyac, cien metros abajo.

Sirve aquí la mirada amplia, la que permite observar el conjunto de un problema que afecta a más de cuatro millones de personas: aquí, las barrancas y arroyos de la Malinche que descargan sobre la ribera oriente del río Atoyac en su paso por la ciudad de Puebla:

La mirada amplia. Y el reportaje publicado aquí en Mundo Nuestro sobre los ríos que bajan hacia su muerte en La Malinche.

Los ríos de la Malinche: para entender las causas de su muerte

La descarga que encuentro al final del río Barranca Honda es una de las más graves según datos recuperados por los monitoreos realizados por Dale la Cara al Atoyac, A.C. Es una más de las incontables descargas clandestinas de los ríos muertos de la Malinche. Esta cae a menos de cien metros de la confluencia del arroyo Barranca Honda con el río Atoyac. He llegado esta tarde de jueves con los activistas de Dale la cara al río Atoyac, A.C. He seguido con detalle la toma de muestras de los técnicos que desde el 4 de diciembre realizan el monitoreo de la calidad del agua para esta organización civil decidida al rescate del mayor de nuestros ríos, el que explica la existencia misma de la sociedad poblana.

Los técnicos que toman las muestras para el análisis encargado por la Dale la Cara al Atoyac, A.C.: me dirán que el aforo es de 48 litros por segundo y que la temperatura alcanza los 38 grados centígrados.

Y constato con ellos que su muerte decretada con estas descargas es real, cotidiana, apabullante.

Tengo a la vista los datos que veo en una de las pantallas de la estación de monitoreo que el gobierno del estado de Puebla ha construido –nueve en total, desde Texmelucan hasta el sur de la ciudad de Puebla, más allá del Periférico.

La toma de agua del río Barranca Honda para la estación de monitoreo.

La toma de agua del río Atoyac en la misma estación de monitoreo.

Los indicadores a la vista y en tiempo real: cero oxígeno; conductividad en 1568 puntos.

El interior de la estación y su equipamiento.

La estación de monitoreo operada por el gobierno de Puebla. Se construyeron con recursos federales. Actualmente la Comisión Nacional del Agua mantiene un litigio ante un juzgado por cuestiona su ubicación por el riesgo de que la creciente del Atoyac pueda llevárselas de por medio. Como quiera, ahí están, y siguen en tiempo real el pulso de un río contaminado sin recato por industrias y ayuntamientos.

Es un jueves más en la historia del río Atoyac. Las lluvias hoy no han provocado que una nube densa de tóxicos se diseminen en la rompiente que existe atrás de la fábrica Hilaturas Los Ángeles. La carga de amoniacos y nitratos están a la espera de ser analizados por los técnicos de las plantas de monitoreo. Ahora escurren hacia la ciudad inconciente.

Y uno tras otro de los ciudadanos que los huelan dirán como si nada: “Cómo apesta el río Atoyac.”

Mundo Nuestro. Oliver Sacks (1933-2015), neurólogo y escritor británico fue uno de los más reconocidos divulgadores de la ciencia en los últimos años. Uno de sus principales libros --Awakenings (Despertares), de 1973-- fue adaptado al cine en 1990, con Robert de Niro y Robin Williams como actores. En la Revista elementos fue actor principal, con un buen número de reseñas de sus libros y con textos sensacionales, como este, tomado de su Diario de Oaxaca.



¿Por qué llevo diarios? La verdad es que no lo sé. Es posible que el motivo principal sea aclarar mis pensamientos, organizar mis impresiones en una especie de narración o relato, y hacer esto en «tiempo real» y no en retrospectiva, ni tampoco transformando imaginativamente, como sucede en la autobiografía o la novela. Escribo estos diarios sin pensar en la publicación (los diarios que llevé en Canadá y Alabama solo se publicaron, y por azar, como artículos en la revista Antaeus, treinta años después de haberlos escrito). ¿Debería haber embellecido este diario, haberlo elaborado y hecho más sistemático y coherente, como haría con mis diarios de trajinante y con el diario de Micronesia, que tiene la extensión de un libro de buen tamaño? La verdad es que he seguido un procedimiento intermedio, añadiendo algunas cosas (sobre el chocolate, el caucho y lo relativo a Mesoamérica) y haciendo pequeñas excursiones de diversas clases, pero en esencia he mantenido el diario tal como lo escribí. Ni siquiera he intentado darle un título adecuado. En mi cuaderno de apuntes era el diario de Oaxaca, y en Diario de Oaxaca ha quedado.”

La lectura del texto continúa en Revista Elementos: Diario de Oaxaca/Oliver Sacks

Conoce a los escritores de Revista Elementos/Nuestros autores



FANTASMA (Esteban Herrera Trio, 2015)

La Casa del Mendrugo presenta este viernes a Esteban Herrera trio, con el repertorio de su tercer álbum llamado FANTASMA (2015), que mantiene la línea evolutiva de un sonido instrumental contemporáneo propio iniciada con el álbum ESTRELLA (2013) y continuada con el álbum ORIGEN (2014). Su sonido parte de la tradición jazzística como formación de sus integrantes, pero se separa de la misma en la búsqueda de una voz independiente. ESTEBAN HERRERA TRIO crea una propuesta diferente considerando que la música trascendente parte del presente y se proyecta hacia el futuro sin imitar el pasado. ESTEBAN HERRERA TRIO está conformado por Esteban Herrera quien toca el piano, compone, dirige y produce; Miguel Rodríguez en el bajo eléctrico y Jorge Servín en la batería. Entre los tres se encargan del arreglo y del ensamble musical. El álbum doble FANTASMA fue grabado del 14 al 17 de septiembre de 2015 en el estudio La Casa Del Árbol por Juan Pablo Aispuro; mezclado y masterizado por Dave Darlington en Bass Hit Recordings en Nueva York; imagen e ilustraciones por Esteban Herrera; composiciones por Esteban Herrera; fotografías por Berenice Contreras y Ricardo Hidalgo; producción ejecutiva por Estrella Clavijo, Estrella Herrera y Emilia Ledón; distribución por Fonarte Latino; arreglos por Esteban Herrera, Miguel Rodríguez y Jorge Servín.

Esteban Herrera en el Piano; Miguel Rodríguez en el Bajo y Jorge Servín en la Batería. ESTEBAN HERRERA TRIO presenta su tercer álbum

Una clara idea de la calidad de estos músicos puedes encontrarla en:



Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=cUw-REHNVTM

Itunes: https://itunes.apple.com/mx/album/fantasma/id1062963450



Spotify: https://play.spotify.com/album/2PQvvGCEzRdtFzzXVDif3D?play=true&utm_source=open.spotify.com&utm_medium=open



Mundo Nuestro. Empeños de un lector es el nombre que el joven escritor poblano Pepe Prados publica desde hace unos meses en el portal Lado B y que a partir de esta semana aparecerá en nuestro portal.

Be y Pies (Tumbona ediciones, 2015) título de estructura poco usual que implica ya en sí mismo un avance y ocultamiento en el sentido, al tiempo que se convierte en un punto de inflexión. El primer relato abre con una detallada descripción del proceso que se lleva a cabo en una carnicería, tenemos en apariencia una imagen de la que echa mano Gabriel Wolfson, a partir de un delicado movimiento que permite el avance, un agolpamiento de la frase que sirve, como si de un fino tejido se tratara, para hilvanar con la textura de las palabras mientras se envuelve la imagen en movimientos cíclicos.



La carne suave, manejable. Todo lo que hacen con la carne. Separarla, trocearla, limpiarla, desdoblarla en cien capas. El molino. Los sueños donde uno mete la mano al molino, o a un ventilador.

Be es una historia fragmentada que por su estructura nos va introduciendo de a poco en la historia que se cuenta, pero ¿hay algo que se cuenta? Quizá sí, pero no es lo importante en Wolfson, hay una anécdota que parece que el autor posterga hasta el último momento, nos movemos por las páginas como si de pelar una cebolla se tratara, pero ¿qué es lo que queda al pelar una cebolla?

...¿a qué se dedica?, a nada, no tengo tiempo porque, mire, me dedico a nada, no a la nada, eso sería dedicarse a algo, ¿a qué se dedica usted?, preguntaría alguien, ¿en qué la gira, joven?, habría preguntado alguien de haber hecho la pregunta hace cuarenta años, a nada, arduamente a nada, difícil dedicación esa, a nada, a loque vaya surgiendo, o más bien a nada que vaya surgiendo, me dedico a eso que no surge, ni gira ni se crea ni se transforma...

En esta historia, en apariencia, la ecuación narrativa por todos conocida, no es importante ya que el autor poblano trabaja con digresiones que ocultan la trama; sabemos que algo pasa, que hay una historia que se cuenta tras bambalinas, pero el lector no es partícipe del secreto que lo intriga.

En Pies, nuevamente se nos va descubriendo poco a poco la historia, el lector de los textos de Wolfson debe tener tiempo y pericia, a partir de las microhistorias que van narrando pequeños fracasos o la imposibilidad de la solvencia, se van desenvolviendo en breves engranajes de la trama; vamos descubriendo las identidades de los personajes, Hugo, quien trabaja en un periódico tiene varios encuentros con un personaje anónimo. Los encuentros parecen inútiles aproximaciones a un ser despojado, a un espacio vacío y al cual es difícil otorgarle algo. De cierto modo, esta historia mata toda clase de expectativas.



Los textos que componen el libro son heterodoxos ya que parecen estar narrados por una omnisciencia que es indigna de confianza, casi un oxímoron, una contradicción en los términos; sin embargo, me parece que su uso funciona en este libro, precisamente para conocer o dudar de lo que nos va contando el narrador y de esta forma, avanzar desde la ceguera que nos transmite; al leerlos notamos que hay una apuesta notable en la densidad de su estructura.



Mundo Nuestro. En su portal en línea, la revista Elementos ha abierto una ventana que abre al riquísimo mundo de los escritores de la revista en su ya larga trayectoria.

Aquí la abrimos con el perfil y algunos de los textos del académico de la BUAP Marco Arturo Moreno Corral.



Marco Arturo Moreno Corral en Elementos

Enrique Aguirre Carrasco (1915-2000) fue el primer director de la preparatoria Benito Juárez e histórico director de la biblioteca José María Lafragua de la BUAP, así como un prolífico narrador e investigador que colaboró con Elementos desde 1994. Lo recordamos con algunas de sus contribuciones.

El origen de los elementos químicos [PDF]

Desarrollo de la astronomía en la Puebla colonial [PDF]

11 de julio de 1991, un eclipse solar único [PDF]



Textos de química en el México colonial
Parte 1 [PDF]

Textos de química en el México colonial
Parte 2
[PDF]