Acción civil

Mundo Nuestro. Este texto fue escrito por los editores de la revista Sin Permiso Daniel Raventós y Gustavo Buster.

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Manifiesto: Decidir es un derecho democrático. Apoyamos el referéndum en Catalunya

La victoria de la autodeterminación de Catalunya y el callejón sin salida del gobierno de Rajoy

Cuarenta y ocho horas después de la jornada del referéndum del 1 de octubre, Catalunya vivió lo que unos llamaron huelga general y otros paro cívico, pero que en cualquier caso movilizó a centenares de miles de personas y en algunas ciudades las concentraciones fueron de una masividad desconocida hasta ahora. El referéndum del 1 de octubre, pase lo que pase en los próximos días y semanas, será recordado, y no sólo en Catalunya, como una de las jornadas más espectaculares de lucha pacífica de la población por el derecho a la autodeterminación, y en contrapartida, también como una de las más contundentes represiones de las fuerzas policiales contra los derechos de reunión, expresión y voto. Incluso en medios políticamente tan moderados como The Economist podía leerse en un reciente editorial: “Si el señor Rajoy pensaba que rompiendo cabezas pondrían fin al secesionismo, no podía estar más equivocado.”

Si bien la participación en el referéndum no llegó al 50%, lo que resulta memorable es que precisamente votaran más de 2 millones de personas en las condiciones de represión que hubo. Hacer especulaciones sobre la gente que hubiera votado en condiciones normales es inútil, pero nadie puede dudar que el número de participantes hubiera sido mucho mayor. Aventurar que todas las personas que no votaron eran contrarias al referéndum no puede ser mantenido con la más mínima plausibilidad. Es más, cuando después de una intensa campaña los partidos contrarios al referéndum han conseguido movilizar en Barcelona a la resucitada “mayoría silenciosa” –con autocares traídos de todo el Reino- las cifras, sin dejar de ser importantes, son las que son: 350.000 personas. La propia “Sociedad Civil Catalana”, la organización instrumental que ha organizado la manifestación habla continuamente de los catalanes contrarios a la autodeterminación como de una minoría “acosada”.



Lo hemos dicho muchas veces en Sin Permiso: un referéndum legal en Catalunya sobre cómo quiere vivir políticamente y cómo quiere relacionarse con los demás Estados sería el final técnico del régimen de 1978. Solamente así puede entenderse la intransigente y violenta oposición del gobierno y partidos dinásticos a la autodeterminación catalana legal y pactada.

La reacción del gobierno Rajoy

A las enormes movilizaciones soberanistas catalanas del 1 y el 3 de octubre, que arrinconaron políticamente al gobierno -hasta el punto de que el grupo parlamentario socialista pidió un pleno para recusar a la vicepresidenta Sainz de Santamaría- Rajoy respondió desvelando la verdadera naturaleza del régimen del 78. Felipe VI intervino como portavoz de los “poderes fácticos” para exigir la inmediata actuación de los poderes públicos contra el Govern de la Generalitat, “inadmisiblemente desleal” por cumplir el mandato del Parlament de Catalunya, y restaurar el pleno funcionamiento de la Constitución de 1978.

Es la cuarta vez en la historia del régimen que esta amenaza se hace patente: en el momento de su constitución, en el 23-F, en el referéndum de la OTAN y ahora tras el 1 de octubre catalán.

No es necesario insistir demasiado sobre lo que comentaristas de distinto signo han dicho sobre el discurso de Felipe VI la misma noche de la gran jornada de movilización del 3 de octubre. Bastaba con saber que el responsable del mensaje constitucional es el propio Rajoy: repitió sus mismos argumentos, que él a su vez reiteró en una entrevista de El País el domingo. Ningún asomo de “conciliación” o algo parecido: ni mención de las casi 900 personas heridas por la Guardia Civil y la Policía Nacional española el 1 de octubre, ni la menor alusión a una cierta conciliación entre las partes, ni diálogo.

En palabras de Javier Pérez Royo escritas poco después del mencionado discurso al referirse a la ausencia absoluta de neutralidad respecto a los partidos políticos: “En su discurso del martes dejó de serlo [neutral]. Y además se notó. Y mucho. Por lo que dijo y por cómo lo dijo. Su lenguaje, también el corporal, fue de una agresividad extraordinaria, con expresiones no solo contundentes sino hirientes.” Su alineamiento con el PP y Ciudadanos, dejó incómodo hasta al otro puntal del régimen del 78, el PSOE. Que fuera, como el mismo constitucionalista aseguraba, un gran error, es algo que aquí no importa. Fue un aviso de cómo entiende y piensa tratar la monarquía la lucha del pueblo catalán por su soberanía. Monarquía que solo puede vivir si el régimen del 78 se mantiene y que es su principal cortocircuito institucional en caso de crisis.

Rajoy respondió al desbordamiento de su gobierno por los acontecimientos, y a las críticas que llovían desde Aznar a Felipe González por no aplicar el artículo 155 y detener a Puigdemont y Junqueras, con una escalada cuya “proporcionalidad” se mide ya en la exigencia de salvar su propia carrera política.

La campaña de prensa del “nacionalismo constitucionalista”

Así puede entenderse también la reacción de la mayor parte de la prensa española después del 1 de octubre y de los acontecimientos que se han ido sucediendo a lo largo de la semana. Resulta muy llamativo el contraste con el tratamiento de los mismos hechos por parte de la prensa extranjera. No puede hablarse de una posición unánime sobre la solución para la cuestión nacional catalana, pero la reacción ante las cargas policiales sí lo ha sido: inadmisible. Los observadores internacionales tampoco han dudado un instante. En el informe preliminar de los observadores internacionales presentes para verificar la limpieza del referéndum del 1 de octubre, puede leerse: “Fue una operación de estilo militar orquestada de forma centralizada y cuidadosamente planificada. Nos dejó anonadados que mandos policiales armados y enmascarados entrasen en los colegios electorales con el objetivo de impedir un proceso democrático pacífico”.

Por claro contraste, gran parte de la prensa española, en todo caso la más influyente, ha sido unánime en rebajar, matizar, “poner en contexto”… la brutalidad policial. Hay quien incluso ha llegado a afirmar que la represión estaba justificada ante la desobediencia de leyes. ¡Cómo suenan estas palabras o de parecido tenor en lugares donde ha habido dictaduras, como es el caso de la de Franco! Pero llegar a rebajar o “proporcionar” la represión policial que todo el mundo pudo (y puede) ver en centenares de vídeos, se acerca a la charlatanería.

Son charlatanes en un sentido muy preciso, el que le da Harry Frankfurt en su maravilloso estudio On Bullshit: el charlatán no es necesariamente un mentiroso (que miente sabiendo que miente porque sabe la verdad, pero pretende engañar), simplemente no le interesa si lo que dice o insinúa es verdad o mentira, sólo persigue la impresión. Lo que menos le importa al charlatán es la verdad. Frankfurt asegura que “una actitud displicente hacia la verdad es más o menos endémica entre el colectivo de publicistas y políticos, especies cuyos miembros suelen destacar en la producción de charlatanería, mentiras y cualquier otro tipo de fraudulencia e impostura que puedan imaginarse”.

Puigdemont, las citaciones por sedición y la movilización de la “mayoría silenciosa”

Veinticuatro horas mas tarde, el aludido president de la Generalitat respondió al discurso real: “no así, Majestad”. Y reiteró la existencia de un mandato soberano del Parlament de Catalunya que le obliga democráticamente.

Un día después estaban citados a declarar a Madrid el Major (Mayor) de los Mossos, Josep Lluís Trapero, y los presidentes de las dos principales organizaciones sociales soberanistas, Jordi Sánchez de la ANC y Jordi Cuixart de Òmnium Cultural, investigados por sedición. Su arresto provisional, que exigía una parte importante de la derecha española, hubiera desencadenado una nueva movilización popular masiva en Catalunya durante el fin de semana. Pero el gobierno decidió darse tiempo y espacio para movilizar a su propia base social, en Madrid el sábado y en Barcelona el domingo, y hacer patente a su “mayoría silenciosa”.

Con lo que no contaba es con el éxito de una iniciativa ciudadana, “Parlem, Hablemos”, que a través de las redes sociales convocaron concentraciones ante los ayuntamientos de todo el Reino con banderas blancas exigiendo el diálogo entre los gobiernos de Madrid y Barcelona frente a las amenazas de la escalada represiva.

Pedro Sánchez, sometido a la presión de los “poderes fácticos” de su propio partido -los mismos que impusieron su dimisión en el comité federal del 1 de octubre de 2016 para forzar la abstención del grupo socialista que hizo posible el actual gobierno minoritario de Rajoy-, envió un twitter de apoyo: “Diálogo y convivencia. La calle nos los pide. Estemos a la altura, estamos a tiempo”. Y lo mismo hizo el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias: “La gente es mejor que sus gobernantes. Siento orgullo y esperanza viendo Madrid así”.

La posición de la dirección del PSOE quedó fijada: solo en el caso de una declaración unilateral de independencia apoyaría incondicionalmente a Rajoy. Mientras tanto, PSOE y Podemos coincidían en un espacio común definido por la petición de diálogo y convivencia, respaldado por la mayoría de las declaraciones de gobiernos e instituciones internacionales.

La “huida” empresarial

Desde el jueves, el gobierno Rajoy recurrió a un “poder fáctico” más importante que la “mayoría silenciosa”: la (supuesta) “mano invisible del mercado”. A golpe de llamada de las organizaciones empresariales y los ministerios de Hacienda y Economía, empresarios y financieros catalanes contrarios o muy hostiles al derecho de autodeterminación por no decir a la independencia (Miquel Valls, Juan Rosell, Joaquim Gay de Montellà, Isidre Fainé, Josep Lluís Bonet, Josep Oliu…) comenzaron a anunciar el traslado de las sedes sociales de sus empresas fuera de Catalunya. Poco importó que la decisión exigiera la convocatoria de las juntas de accionistas: el gobierno Rajoy aprobó el viernes un decreto autorizando a los comités de dirección de las empresas a tomar la decisión por si mismas. En una nueva demostración de que con “legalidad” (dudosa) no hace falta democracia (al menos en el espacio social regulado por el derecho mercantil), en Madrid o en Beijing, CaixaBank y su matriz, Banco de Sabadell, Gas Natural, Grupo Agbar, Oryzon, Dogi…desfilaron denunciando la inseguridad jurídica del procés, las consecuencias de la salida de la UE de materializarse la independencia de Catalunya… y su apoyo al gobierno Rajoy.

El impacto mediático ha sido enorme. El económico se puede medir por la subida en bolsa de las acciones de las empresas que deslocalizaban sus sedes sociales. Y el político ha desvelado cual sería la naturaleza social de una República catalana, que no cuenta con el apoyo del entramado del 3% que articulaba el capitalismo de amiguetes del régimen del 78 en la Catalunya autonómica gobernada por Pujol.

La motivación que hay detrás de esta deslocalización, además de otros factores políticos como los explicados, es defender el valor de las acciones y, en el caso de los bancos, que la posible salida de la eurozona por una hipotética independencia efectiva de Catalunya, los deje sin el acceso al recurso del Banco Central Europeo como prestamista de última instancia.

Si algo ha fraccionado el “bloque independentista” ha sido este encuentro con la realidad entre la base social que ha sostenido a CDC y la orientación política del nuevo PDdCAT más allá de la vaporosa “inquietud empresarial por la inseguridad económica”. Si el 1 de octubre importantes sectores del movimiento popular soberanista superaron sus ilusiones sobre la naturaleza del estado con la intervención represiva policial contra las urnas y los votantes; tras la huelga del día 3 y el lock-out patronal que supone los traslados de sedes sociales, la dirección de Junts pel Sí esta descubriendo las limitaciones sociales de su interclasismo soberanista.

El primero en reconocerlo fue Artur Mas en una entrevista en el Financial Times: “Para ser independientes aun hay algunas cosas que no tenemos”. Y lo mismo vino a decir el Conseller Santi Vila, que auguró la tautología de que la declaración unilateral de independencia conllevaría la suspensión del gobierno autonómico, por lo que era necesario más tiempo para el diálogo.

Una “sociedad fracturada” y entre la DUI y el “diálogo”

El gobierno del PP, Ciudadanos, los sectores más autoritarios y derechistas del PSOE (una vez más los Guerra, Bono, Leguina, Rodríguez Ibarra…) quieren mano dura contra la movilización catalana que tan en crisis ha puesto al régimen del que son sus principales valedores. Pero la mano dura debe justificarse, aunque lo de menos sea la verdad. La excusa utilizada es la “fractura” de la sociedad catalana cuando en realidad estamos ante la quiebra del consenso constitucional.

Lo utilizó, por ejemplo, Felipe VI en su discurso del día 3 (“hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada”), lo utilizan muchos dirigentes del PP, del PSOE y, claro está, de Ciudadanos. Independientemente de la veracidad de esta afirmación, la pregunta es ¿se puede “coser” mediante la represión esa “fractura” social? Cuando se defiende un referéndum legal y pactado lo que se esta proponiendo es que se construya un nuevo consenso con la participación de todos los ciudadanos, dándoles directamente la palabra. La alternativa es darle derecho de veto a una supuesta minoría, alegando que es una “mayoría silenciosa”, incapaz de ejercer una ciudadanía que delega en las élites gobernantes cuestionadas por la mayoría. La pregunta sigue en pie: con la aplicación, por ejemplo, del artículo 155 (de facto ya aplicado), o con el estado de excepción ¿estaría menos “fracturada” la sociedad catalana? En todo caso, no parece ser la negación violenta del derecho a la autodeterminación lo que puede arreglar esa supuesta “fractura” social.

Finalmente, por motivos e intereses distintos, todos los actores en este drama han trazado la línea roja en la “Declaración Unilateral de Independencia” (DUI) que, de acuerdo con la Ley de transitoriedadaprobada por el Parlament de Catalunya debería proclamarse 48 horas después de comunicados oficialmente los resultados del referéndum. No hay que recordar que tanto el referéndum como la Ley de transitoriedad han sido declarados “inconstitucionales” y vaciados de todo poder jurídico por el Tribunal Constitucional.

¿Qué valor jurídico puede atribuir el gobierno Rajoy a lo que no da ninguno? Se trataría de un acto de rebeldía que le obligaría a detener y juzgar a los firmantes de la declaración por incitación a la ruptura del orden constitucional. Lo que al tratarse de la propia Generalitat y el Parlament le obligaría a intervenirlos.

Ciudadanos ha pedido, acompañado ahora por todos los “poderes fácticos” del régimen del 78, la aplicación preventiva de esa intervención utilizando el artículo 155 de la Constitución. Y la convocatoria de elecciones autonómicas en Catalunya. Pero a diferencia de Albert Rivera, Mariano Rajoy no tiene la seguridad ni de obtener una mayoría alternativa no soberanista en Catalunya ni de poder sobrevivir a la crisis constitucional que se abriría en todo el estado. El problema político catalán ya se ha trasladado a Madrid, amenazando al gobierno minoritario del PP. Pero ahora se proyectaría la “fractura” social al conjunto del Reino, como presagian las manifestaciones de este sábado.

El espacio político antes de esa “línea roja” ha sido ocupado por los llamamientos al “diálogo”, que cada actor también define de manera distinta según sus objetivos tácticos y sus intereses. Rajoy no puede apoyarse en él sin una desmovilización previa del movimiento popular soberanista catalán, porque cualquier “diálogo” supondría un cuestionamiento del régimen del 78. De manera directa con la propuesta de negociar un referéndum legal de Unidos Podemos, y a medio plazo de una reforma constitucional federalista del PSOE encapsulada en la comisión parlamentaria que ha tenido que aceptar Rajoy para cooptar a Pedro Sánchez para sus objetivos tácticos.

En el transcurso de una semana, “ganar tiempo” para el “diálogo” se ha convertido en la pesadilla de la crónica anunciada de una crisis constitucional y política sin precedentes. Puigdemont y su Govern están obligados por sus propias leyes, a menos que el Parlament reconozca al ser informado de los resultados del referéndum que la represión hizo imposible su pleno ejercicio y que, por lo tanto, este está aun pendiente. Y el gobierno Rajoy no podrá obviar la intervención y una nueva escalada represiva si, por el contrario, el Parlament considera que el referéndum, a pesar de la represión (que es su principal activo moral) es plenamente vinculante.

Fuera de este dilema, creemos, está la mayoría del movimiento soberanista popular en Catalunya y la mayoría de la opinión pública que se ha movilizado estos días a favor de una solución “legal” y “democrática”. Esa solución, y esa confluencia de intereses pasa, inevitablemente, por una alternativa de izquierdas en el conjunto del Reino, aunque no es la garantía de nada para la lucha por la autodeterminación catalana. Quizás sea una condición necesaria, pero no suficiente como la historia de la transición es un ejemplo repetido.

En esta tragicomedia, no deja de ser asombroso la parodia de interpretaciones legales retorcidas para satisfacer necesidades formales o tácticas: el PSC consigue retrasar el pleno del Parlament de Catalunya el lunes para proteger a sus diputados de los efectos de una DUI “inconstitucional”. Pero “Catalunya si que es pot” obtiene su convocatoria el martes para que el President informe de la “situación política”.

A estas alturas lo único evidente es que el régimen del 78 se encuentra en un callejón sin salida, que puede prolongar su crisis mediante una lógica táctica en la que se sacrifican objetivos estratégicos con tal de dañar sustancialmente al adversario. Estamos ante una situación tan cambiante que lo que hoy puede ser un argumento bueno para continuar la lucha por la autodeterminación efectiva de Catalunya, mañana puede parecer una opción francamente mala para tal objetivo. Así que lo menos aconsejable es ofrecer líneas de actuación inamovibles.

Editor de Sin Permiso
Editor de Sin Permiso

Fuente:

www.sinpermiso.info, 8-10-17
Moscú, 1917

Moscú, 1917:la revolución perdida

En octubre de 1917, Rusia entró al túnel de la historia. El asalto al poder de los bolcheviques dejó atrás la tiranía de los zares y abrió la dictadura de los soviets. El eco de aquel terremoto fue inmediato, y dejó sentir su rigor y su furia desde los primeros días en todo el mundo.

Ofrecemos aquí una pequeña historia del asalto bolchevique al cielo y el relato de sus ondas concéntricas, tal como se reflejaron en la prensa de Estados Unidos, México, España, India e Italia.

Moscú: El sonido y la furia

Rodrigo Negrete

La revolución rusa en la prensa mexicana

Carlos Illades

Estados Unidos ante la Revolución de Octubre

Andreu Espasa

España roja

Alejandro Estrella González

La reverberación rusa

Vicent Sanz Rozalén • Steven Forti

Los soviets y Mahatma. India (1917-2017)

Daniel Kent Carrasco

che-guevara

Mundo Nuestro. ¿Habrá una figura más nítida para hablar del materialismo histórico que la imagen de un excusado? Pues esa es una de las preocupaciones del Che Guevara justo en el arranque del la revolución cubana hecha gobierno: ¿qué hacer con la única fábrica que los fabrica en Cuba y que es controlada por mexicanos? Para la memoria de un personaje fundamental en la historia del siglo XX latinoamericano, vale esta versión bien humorada sobre Ernesto Che Guevara cuando se cumplen 50 años de su asesinato en las montañas de Bolivia.

El texto de Leopoldo Noyola Rocha "Los excusados del Che/Entrevista con el Ingeniero Luis Méndez Izquierdo", que presenta la edición 108 de la revista Elementos de la BUAP, ofrece un momento de la vida del Che Guevara justo en la coyuntura del triunfo de la revolución que se hace del poder en aquella noche del fin de año de 1958. Luis Méndez es en ese momento un ingeniero mexicano que ha puesto una fábrica de excusados y azulejos en los últimos meses de la dictadura de Fulgencio Batista. Esta entrevista-crónica nos acerca a la figura mítica del Che Guevara justo por la puerta trasera de la revolución cubana, y no lo hace desde la seriedad del análisis histórico-ideológico que proyecta los sueños de redención de los proletarios de América Latina, sino desde la mirada cálida y jocosa de un mexicano al que le hizo, literalmente, justicia la revolución.



"Cuando me reuní con el comandante Guevara en la fábrica me pareció un muchacho completamente ignorante de lo que era la cosa industrial, fuimos a la parte alta y se le ocurrió preguntarme por un tinaco: ingeniero, ¿y eso qué es? Es un tinaco, para el almacenamiento de agua. Ni idea."

En qué momento la memoria importa, cuándo dejan de ser interesantes los recuerdos para los lectores en la hambrienta dinámica cotidiana de las redes sociales y la expansiva multimedia que comunican lo pensable y lo impensable. Esta entrevista inédita fue realizada en abril de 1999 en la terraza de un enorme jardín de Cuernavaca perteneciente al ingeniero civil Luis Méndez Izquierdo, constructor de decenas de puentes y carreteras mexicanas en los años cuarenta, entre las que destacan las primeras vías modernas y puentes hacia el sureste mexicano. El ingeniero Méndez, en ese momento retirado, era una fuente inagotable de historias y vivencias de un México que, en efecto, ya no existe, pero cuya sustancia revela los detalles que los interesados en la historia y la memoria desconocemos porque no están escritos en ningún lado. En su enorme menú memorioso el ingeniero podía hablar de su familia, pues fue hijo de Federico Méndez Rivas Echenique, un militar porfirista condecorado de cadete por el mismísimo don Porfirio según cuenta la fotografía que Gustavo Casasola incluyó en su Historia gráfica de la Revolución Mexicana, 1 misma persona que diseñó y construyó el edificio obregonista de la Secretaría de Educación Pública de la calle de República de Argentina,2 en la Ciudad de México, y también el mismo al que José Vasconcelos agradece por sus ayudas en su huida postelectoral de 1929, casi con el mismo entusiasmo con el que agradece a su amigo Joaquín Méndez Rivas, poeta, escritor, locutor y primer egresado de la Escuela de Derecho, hermano de Federico y tío del ingeniero. Otras sabrosas historias fueron sus andanzas con Lázaro Cárdenas del Río en obras michoacanas, ya como expresidente; o en la selva tabasqueña o en las interminables historias de ingenieros y peones, de ingenieros y políticos, de ingenieros y clientes singulares, como la historia elegida en esta ocasión. Es interesante también porque tiene que ver con ciertas cosas que han ocurrido recientemente en el mundo, como la muerte de Fidel Castro y la inevitable obsolescencia de su hermano Raúl que más pronto que tarde deberá abandonar el poder, escribiendo un punto y aparte a la revolución cubana. Los hechos que se narran aquí ocurrieron en los meses previos y posteriores a la revolución de ese país, circunstancias agridulces para sus actores que como accionistas de una fábrica de excusados en La Habana defendían sus intereses ante un gobierno empírico y desorientado. Una historia del Che, más que de Fidel, recordada por un hombre común sin otra intención que la de recordar, a pregunta expresa de un curioso.

LA ENTREVISTA COMPLETA EN REVISTA ELEMENTOS



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© Malú Méndez Lavielle. Cómo nos ven, 2015.

Revista Elementos. Malú Méndez Lavielle es una pintora nacida en la Ciudad de México residente en Puebla hace 30 años. En 1980 realiza una estancia en Barcelona en la que estudia arte, de regreso a México estudia piano y flauta transversa en el Conservatorio de Xalapa, posteriormente hace estudios de pintura en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana, así como en la UVYD de la Ciudad de México en 1986.

Obra en la portadilla © Malú Méndez Lavielle. Centauro, 2016



© Malú Méndez Lavielle. Geisha, 2015.

Ha presentado tres exposiciones individuales de su pintura al óleo: Familias, en las Galerías del Palacio Municipal de la ciudad Puebla, en diciembre de 2000; Caras vemos, en la sala de exposiciones de la Secretaría de Finanzas del Estado de Puebla, en enero de 2001 e Indagaciones paralelas, en la galería Casa Nueve de Cholula, Puebla, en diciembre de 2012, donde ya proliferaron sus pinturas digitales. Actualmente sus retratos y pinturas se hallan en colecciones particulares de Australia, Texas, Chile, Francia y Alemania, así como la CDMX, Cuernavaca, Jalapa, Cancún, Chihuahua y Puebla. Su obra pictórica está sustentada en la técnica de óleo sobre papel y sobre lienzo; pero en los últimos años destaca una prolífica producción de pintura digital, como puede apreciarse en esta selección que presenta Elementos, correspondiente a su producción más reciente. Por al menos una década, Malú Méndez Lavielle ha experimentado en la técnica digital empleada en programas como Corel Painter, CorelDRAW, Corel Photo-Paint, Adobe Photoshop, ArtRage, Sketch Pro y ScribblerToo. Al día de hoy, a excepción de CorelDRAW y Corel Photo-Paint, sigue utilizando, a veces de manera mixta, todos esos programas. El principal obstáculo que enfrenta en esta etapa es la novedad que representan a escala mundial estas técnicas computarizadas. “La gente cree que las pinturas las hacen las computadoras –afirma no sin congoja Méndez Lavielle-, como ocurre con la manipulación de fotografías en algunos programas, pero la experiencia artística sobre la tableta o en el monitor es completa la mayoría de las veces; en mis pinturas los dibujos son hechos por mí, la composición de colores también, no hay mucha diferencia entre esto y el papel o la tela, solo que ahora lo haces sobre una superficie de plasma, con un lápiz mudo o directamente con el mouse.” Entre las ventajas de las técnicas digitales está su sencilla transferencia a plataformas y redes sociales que la pintora ha aprovechado con profusión.



Es posible apreciar su obra en:

- www.visosopuestos.blogspot.mx

- www.facebook.com/malu.mendezlavielle

- www.youtube.com/watch?v=R-4HSewq3HE

Selección de la obra de Malú Méndez Lavielle en Revista Elementos.

Este viernes reanuda La Casa del Mendrugo sus presentaciones de Música en Vivo con el Club de Jazz :

El trompo, un cuadro de la artista plástica Atenea Castillo, es la base de la portada del disco que da cuenta del proyecto Tezcatl, del contrabajista veracruzano Carlos Zambrano. Acompañado de Francisco Cruz al piano y Renato Domínguez en la batería. la música de Zambrano es puro Jazz contemporáneo ejecutado en formato de trio en un set acústico con una gran identidad en todas las composiciones originales a la música mexicana y con una gran presencia de la riqueza de los más diversos ritmos de nuestro país.

Tezcatl Trío - Canción de cuna



Finaliza así el Programa de Música en el Mendrugo del mes de Septiembre dedicado a la fusión de nuestro folclor y el jazz.



El Programa del mes de Octubre, Blue October dedicado al Blues los días viernes es el siguiente :

Viernes 6 de Octubre / FAT MOJO

Viernes 13 de Octubre / BLUE KAT

Viernes 20 de Octubre / BLUES DEALERS

Viernes 27 de Octubre / THE JOCKERS BLUES BAND

Mundo Nuestro. La revista española Sin Permiso publica este texto de Daniel Raventós y Miguel Salas sobre la coyuntura de Cataluña y el voto sobre el derecho de los catalanes a la autodeterminción. El hecho mismo ya es histórico. Lo que se decida en ese referéndum, simplemente cambiará la historia de España.

El conocido poema Ara mateix (Ahora mismo) del poeta catalán Miquel Martí i Pol acaba con estas palabras: “tot està per fer i tot és posible” (todo está por hacer y todo es posible). Las decisiones aprobadas en el Parlament de Catalunya el 6 y 7 de septiembre representan, como ha quedado dicho por todo tipo de prensa, la mayor desobediencia institucional que ha sufrido el régimen de la monarquía borbónica. Una monarquía para algunos de cuyos custodios, por utilizar las palabras de una entrevista reciente con Yanis Varoufakis: “el espíritu de Franco sigue vivo”. Esta desobediencia, “crisis de Estado” (en palabras de La Vanguardia, periódico catalán de orden, muy crítico con las decisiones del Parlament y partidario del “diálogo”, solución que acostumbra a barajarse cuando no se tiene ninguna otra) significa que se ha iniciado el camino para responder a una exigencia mayoritaria en Catalunya: votar para ejercer el derecho de autodeterminación. El miércoles 7, el Parlament aprobó por mayoría: 72 votos a favor (Junts pel Sí y la CUP), 0 en contra (PSC, PP y C’s, los partidos viejos y el nuevo del régimen del 78 abandonaron el pleno) y 11 abstenciones (Catalunya Sí Que Es Pot) la ley por la que se convoca un referéndum en Catalunya el próximo 1 de octubre. Al día siguiente, el Parlament aprobó la Llei de Transitorietat que, si ganara el Sí en el referéndum, organizaría el proceso constituyente posterior que daría paso a la proclamación de una república en Catalunya.

Inmediatamente el gobierno del PP ha puesto en marcha directa o indirectamente toda la infantería represiva: el Tribunal Constitucional ha impugnado las decisiones del Parlament; el fiscal general del Estado ha dado instrucciones a todos los cuerpos de seguridad de intervenir ante cualquier preparativo del referéndum; la Guardia Civil ha registrado una imprenta y un periódico en busca de papeletas; se persiguen las páginas web que den apoyo al referéndum; se perseguirá también a los medios de comunicación que publiquen anuncios sobre el referéndum; Rajoy ha amenazado con todos los instrumentos posibles, y más, para impedir el referéndum y hay presiones para suspender a las personas electas que pongan en marcha el referéndum: Mesa del Parlament, consellers de la Generalitat o el mismo President de la Generalitat Puigdemont. Obsérvese que la represión es muy política y selectiva. Mero ejemplo. El Pacto Nacional por el Referéndum, creado en el año 2016, agrupa a muchas entidades catalanas de todo tipo. Su presidente, Joan Ignasi Elena, antiguo diputado socialista, ha sido citado a declarar por los tribunales dentro del habitual ataque contra todo intento de soberanía de Catalunya, pero este aparato judicial no ha citado por ejemplo a los secretarios generales de CCOO y UGT, sindicatos catalanes incluidos en este Pacto Nacional por el Referéndum. En realidad, la “idea” según la cual deberían procesarse y quizás meter en la cárcel a centenares si no a miles de personas, es decir, presos políticos (aunque se disfrace de otras figuras jurídicas como prevaricación, mal uso de fondos públicos o lo que más convenga) no parece que sea lo que más le gustaría ver a la, incluso así, muy conservadora Unión Europea.



Muchas cartas están por jugar en estos 20 días hasta el 1-O, pero podemos anticipar algunas: a) el lunes 11 de septiembre centenares de miles de personas volverán a manifestarse en Barcelona para defender su derecho a votar en un referéndum; b) el gobierno del PP continuará y acrecentará su política represiva, y c) las fuerzas políticas soberanistas democráticas están obligadas a seguir adelante. Queda mucho por hacer, y todo es posible.

Un cambio político

Se expresan muchas y diferentes opiniones políticas sobre lo que está sucediendo en Catalunya, pero hay una que parece incontestable: la movilización en Catalunya que dura muchos años y que es la más importante de Europa ininterrumpidamente, plantea de una manera concreta un cambio político, en sentido republicano, un cambio democrático. Recordemos que la pregunta, en catalán, aranés y castellano, para el referéndum del 1 de octubre es: “¿Quiere que Catalunya sea un estado independiente en forma de república?”.

Se puede considerar que se hubiera podido gestionar el enfrentamiento con la maquinaria del Estado de forma diferente. Se puede desconfiar con todos o una parte de los partidos del Gobierno catalán, y no será necesario recordar lo que nosotros mismos hemos escrito en muchas ocasiones contra las políticas del PDCat. Se puede asegurar que se han cometido errores graves. Se puede ser contrario o partidario de una Catalunya independiente. Se puede considerar que es mejor esperar a una futura república española federal, pero no se puede dar la espalda a esta oportunidad de ejercer un derecho democrático en una situación que no se presenta muchas veces.

Frente a esa posibilidad de cambio político, y nadie puede imaginar que sean fáciles los cambios de envergadura, solo se ofrece represión por parte del Estado. O genialidades como la propuesta del PSOE de formar una Comisión Parlamentaria, que, como es tradicional en la vida parlamentaria, cuando no se sabe qué proponer o decidir se crea una comisión que morirá en el reino de las sombras. Pedro Sánchez se ha alineado sin la menor vacilación con el gobierno del PP en el conflicto catalán: “Este es un momento de defender el Estado de Derecho, la democracia, la Constitución española y la integridad territorial de nuestro país, y aquí está el PSOE”. Aquí está, aquí está. Se puede ser ingenuo, pero se necesitaría tener las facultades cognitivas altamente deterioradas para no entender que la receta es: monarquía borbónica y Constitución. Algo muy atractivo en la actual situación de movilización en Catalunya.



No se trata de una maniobra de la burguesía catalana, como algunos repiten, aunque los hechos (“¡peor para los hechos!”) vayan por otro lado. Una reflexión para los que dicen que la prensa catalana (la española ya se sabe de qué lado está) está a favor del 1-O: los principales periódicos que se imprimen en Catalunya (La Vanguardia y El Periódico) son contrarios. Los periódicos Ara y Punt Diari-Avui y TV3, la televisión pública catalana, están a favor. La práctica totalidad de los otros periódicos y cadenas privadas y públicas de televisión, unas cuantas docenas, en contra. Simplemente hechos.

También han fracasado los cálculos políticos realizados durante estos años. Unos pensaban, especialmente en el PP, que el soufflé se desinflaría y que poco a poco el movimiento iría decayendo. Error. Otros pensaban que el referéndum nunca se convocaría, que el gobierno catalán no se atrevería a este enfrentamiento con el Estado, si bien el papel de la CUP ha tenido mucho mérito en este enfrentamiento (y eran unos cuantos que la daban por muerta o quizás en realidad la querían ver muerta, pero la vida es mucho más compleja. Machado lo decía de forma conocida: “Es propio de aquellos con mentes estrechas, embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”). Error. Otros dicen ahora que el referéndum seguro que no se hará o hace tiempo que dan por fracasado el proceso soberanista e independentista y anuncian un desastre tras otro. Error. El origen de tales errores es el mismo: no tener en cuenta la movilización de sectores muy amplios de la población y no percibir el agotamiento de las políticas que se han aplicado durante estos años, no solo las del PP sino también las de Convergencia i Unió. O, en algunos casos, el error reside en confundir los deseos con la realidad, algo psicológicamente muy conocido.

El President de la Generalitat sigue siendo del partido continuador de la corrupta CiU (PDCat), pero es también quien en el proceso ha perdido más apoyos. Efectivamente, el movimiento tiene un carácter popular y democrático, quiere votar para decidir, quiere una república catalana y medidas sociales para las capas más desfavorecidas. El movimiento tiene un carácter interclasista, como todo movimiento nacional (aunque algunos parece que lo acaban de descubrir ahora y exigen una pureza programática que sólo pueden tener las sectas), pero en el que los sectores más ligados a las clases dominantes han ido perdiendo capacidad de dirección. La Vanguardia, en portada del domingo 10 de septiembre: “Alarma entre el empresariado por el choque catalán”. Las críticas a las políticas del PDCat y a la burguesía catalana son completamente necesarias, pero no para mantener el status quo actual, para que nada cambie y todo siga igual, sino para generar un cambio de hegemonía política de izquierdas. En todo caso, ¿es que si fracasa la lucha por la autodeterminación catalana, el gobierno español va a implantar políticas económicas al servicio de la población? Nadie lo ha dicho explícitamente, ¿entonces, de qué hablamos? En los años 30, el revolucionario marxista Andreu Nin, ya denunciaba a quienes “so pretexto de defender el internacionalismo combaten los movimientos de emancipación nacional”, y añadía: “en realidad hacen el juego de las clases explotadoras de la nación dominante.” Una posición democrática, republicana y revolucionaria necesariamente tiene que partir del reconocimiento, en la práctica no sólo en los papeles, del ejercicio del derecho de autodeterminación, o sea, concretamente, la defensa de que el pueblo catalán pueda votar el 1 de octubre.

Los argumentos contrarios al referéndum

Sin embargo, algunas izquierdas no se rinden e insisten: eso no puede ser un referéndum porque no lo acepta el gobierno español, ni tiene suficientes garantías, ni lo reconocen las instituciones internacionales. Quien lo ha dejado escrito de forma inigualablemente clara es el PCE que al oponerse al referéndum ha dejado escrito para la permanente hemeroteca: “No se cumplen las condiciones necesarias y suficientes para serlo, porque no es legal, no interpela a toda la ciudadanía y porque no tendrá reconocimiento internacional.” Si los grandes cambios políticos y sociales hubieran tenido que esperar a que fueran previamente legales o tuvieran inmediato reconocimiento internacional, ¿se han preguntado los autores de esta frase dónde estaríamos? El sufragio universal, la semana de 40 horas, las vacaciones pagadas, la supresión del servicio militar obligatorio, el aborto… Insistir es ofender a la inteligencia del lector o lectora. Otros, como Alberto Garzón, no han sido mucho más avispados en su oposición al derecho a autodeterminación de Catalunya (programas y declamaciones programáticas al margen): “¿Qué habría de votar una persona no nacionalista o independentista, española o catalana, el 1 de octubre? Sencillamente, no puede. Dicho de otra forma: el marco constituido por los promotores del 1-O hace imposible que la sociedad catalana pueda expresarse en su totalidad.” Pues para perplejidad del dirigente de IU, muchos no nacionalistas ni independentistas lo van a hacer si la maquinaria represiva lo permite. Siempre habrá preparado algún argumento ad hoc para compensar… ¿Y sobre las garantías? Un artículo de Albert Noguera lo ha tratado con una extensión que nos ahorra cualquier comentario adicional.

Se ha dicho y se ha repetido hasta la saciedad: se preferiría un referéndum pactado con el gobierno español y reconocido internacionalmente, como fue el caso de Escocia. Todo el mundo unánimemente de acuerdo. ¿Por qué no ha sido posible? La pregunta es retórica y la respuesta la sabe quien ha seguido el proceso: la responsabilidad es del gobierno de Rajoy y a él es a quien debe pedírseles las responsabilidades. La cuestión decisiva es si se apoya, se esté a favor de una república catalana o no, el derecho a votar y a conocer la voluntad del pueblo.

Los argumentos contrarios de los partidos constitucionalistas de la monarquía española y de algunas izquierdas son básicamente dos:

La soberanía popular reside en la ciudadanía “española”, toda. El derecho a la autodeterminación de Catalunya del resto del Estado no corresponde entonces al pueblo catalán, ya que este no es un sujeto político soberano. Más o menos como decir: en el referéndum de Escocia no son solamente los escoceses los que deberían votar, sino que lo debería hacer todo el Reino Unido (y quizás el conjunto de la Commonwealth) ya que estos últimos son el “sujeto político soberano” para votar sobre la independencia de Escocia. ¿Delirante? Sí, pero lo dicen y repiten en el caso catalán.

El segundo razonamiento: si se le atribuye al pueblo catalán la condición de sujeto político con derecho a decidir, la secesión de Catalunya del Reino de España sería, en cualquier caso, ilegal, ya que estaría en conflicto con la legalidad vigente, en concreto con la Constitución española, que no reconoce el derecho a la autodeterminación de ningún territorio del Estado, y que proclama en el artículo 2 “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Bárbaro.

Como dice un documento reciente de la comisión de derechos humanos del colegio de abogados de Barcelona: “En una sociedad democrática, a diferencia de una dictadura, no es la ley la que determina la voluntad de los ciudadanos, sino que es ésta la que crea y modifica la legalidad.” Y en el mismo documento, se puede leer después de un análisis jurídico y en parte histórico de la creación de 14 nuevos Estados en Europa desde 1900: “la Comisión de Defensa de los Derechos de las Personas del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona considera que es un derecho inalienable de Catalunya, como comunidad nacional, el derecho a la autodeterminación, ya sea dentro del Estado donde está integrada o separándose para constituir un nuevo Estado soberano según lo decida la voluntad mayoritaria, democrática y pacíficamente expresada por sus ciudadanos.”

Movilizarse y votar

Tras los atentados en las Ramblas de Barcelona y en Cambrils la ciudadanía dio un ejemplo de respuesta solidaria. El No tinc por recorrió todo el país y es un mensaje claro ante un problema complejo como el de los atentados yijadistas. No tinc por es también una respuesta a las actuaciones represivas del Estado. Si la única manera que tiene el Estado de evitar el referéndum es la represión resulta evidente que el problema político se agravará y afectará no solamente a la situación en Catalunya sino a la de todo el Reino de España. Un ataque tan flagrante contra los derechos democráticos, por ejemplo, a la libertad de expresión (el Colegio de Periodistas de Catalunya ya ha tenido que protestar por el registro realizado por la Guardia Civil de un diario comarcal en la ciudad Valls, Tarragona), el poder de decisión como se está dando a la judicatura o como se va a exigir a las fuerzas de seguridad, podrá, quizás, debilitar o incluso impedir votar el 1 de octubre, y si es así, se debilitarán los derechos democráticos de toda la población española. Por eso, una salida democrática de la situación catalana interesa al conjunto del territorio del aún Reino de España, a quien no le interesa es al Estado y a las fuerzas económicas y políticas que hoy gobiernan directa o indirectamente.

La lucha por el intento de aportar racionalidad o de apartarse al máximo de ella apelando a la emotividad más visceral es otra de las batallas importantes. Toda la maquinaria del gobierno y de los medios de comunicación proclama que la decisión del Parlament de Catalunya es un ataque a la democracia. Sería para reírse si la cosa no fuera tan seria. Es un insulto que hable de democracia el PSOE que, a iniciativa de Zapatero cuando gobernaba, cambió en una noche la supuestamente intocable Constitución española para pagar antes a los bancos que cubrir las necesidades de la población. Y, que esté dispuesto a modificar la Constitución para que pueda reinar una heredera: ¡una auténtica preocupación y reivindicación populares! No tiene nombre que hable de democracia el partido gobernante del PP que ha ganado elecciones gracias a la corrupción que ha extendido por todo el Reino, o que ha desmantelado buena parte del Estado de bienestar, o que dio 44.000 millones de dinero público a la banca del que ya se reconoce abiertamente que sólo se va a recuperar el 5%. O sí, tiene nombre: impostura.

Lo que no se quiere ni entender ni aceptar por parte de los partidos del régimen es que el Parlament de Catalunya ha aprobado por mayoría y democráticamente la creación de una nueva legalidad, opuesta a la legalidad actual de la monarquía española, y que esa legalidad catalana quiere ponerla a consideración del pueblo mediante el referéndum del 1 de octubre. Ese es el eje del conflicto. La democracia de la que habla el PP, y el PSOE y C’s, es la de la Constitución que no permite ejercer un derecho democrático como es el de autodeterminación. La democracia del Parlament catalán es la que pone en marcha votar el 1 de octubre y abre la posibilidad de proclamar una república.

Es preciso volver sobre el papel que están jugando algunas izquierdas o parte de ellas. ¿Cómo es que si existe un movimiento republicano de ruptura con la monarquía la posición de esas izquierdas es tan indecisa e indefinida? Se puede entender e incluso aplaudir la desconfianza respecto al PDCat o respecto a determinados dirigentes políticos independentistas, pero cuesta entender que se desconfíe del amplio movimiento popular que recorre Catalunya, cuesta entender cómo se puede pretender ser la mayoría de la sociedad y, en cambio, darles la espalda a esos centenares de miles de personas que este 11-S, como los cinco anteriores, llenarán las calles de Barcelona como ya nadie lo duda. Porque la cuestión, democrática y republicana, no es, en primera instancia, independencia sí o no, sino una apuesta decidida por ejercer el derecho democrático de autodeterminación, de ponerlo en práctica, de defenderlo frente al Estado, de movilizar, de llamar a votar, de comprender que es la posibilidad de un cambio político y social.

La intervención de los representantes de Catalunya Sí Que Es Pot, Joan Coscubiela y Lluís Rabell, en el debate parlamentario en el que se aprobaron las leyes mencionadas no ha mejorado las cosas. Las ha entorpecido. En vez de apoyar la convocatoria del referéndum y enmendar lo que fuera posible para mejorarla, su táctica fue la de poner todas las trabas posibles y situarse en la posición de que no tiene garantías democráticas suficientes, y como el PP tampoco las ofrece, mejor hubiera sido no aprobar la ley sobre el referéndum. O sea, que todo siga igual, retórica al margen. Además, ni siquiera, como se había planteado en el grupo parlamentario, permitieron que hablaran otros representantes de la coalición parlamentaria, favorables a la convocatoria del referéndum y a participar en él.

1-O: el reto de Catalunya al régimen del 78

En la pluralidad de las izquierdas ha ido ganando peso la posición representada por los Comunes, y también Podem de que es imprescindible participar en la movilización que representará el 1 de octubre, de que hay que denunciar la represión del PP, que, más allá de las preferencias por votar Sí o No, lo decisivo es la participación, que es lo que podrá decantar la balanza sobre el reconocimiento efectivo del referéndum. Del 12 al 14 de septiembre las personas registradas en Catalunya en Comú están llamadas a participar en una votación para responder a la pregunta: “¿Catalunya en Comú ha de participar en la movilización del 1 de Octubre?”.

En los próximos 20 días los acontecimientos se irán acumulando. Han empezado los actos y mítines para llamar a votar el día 1 de octubre. Son ya más de 600 los ayuntamientos (de los 949 que tiene Catalunya) que han expresado públicamente su apoyo al 1-O. El de Barcelona lo tiene que decidir. Al consistorio le están lloviendo recordatorios de lo que Ada Colau dijo sobre su inquebrantable “defensa de la desobediencia civil para defender y ejercer la democracia”.

Si el 1-O es un fracaso en Catalunya, porque en condiciones hipotéticamente tranquilas hay un corto porcentaje de votación, si bien es difícil pensar que el gobierno español permita que la gente pueda ejercer este derecho, como dice otro artículo de esta edición de SinPermiso: “sería un golpe, también, a las iniciativas republicanas, democráticas, de impugnación del Régimen de 1978. En Cataluña, en Galicia, en Euskadi y en el conjunto de pueblos y territorios de España. Ante un escenario regresivo de este tipo, el soberanismo republicano y progresista no puede quedarse en casa. Al contrario, más allá de las discrepancias con la hoja de ruta del gobierno actual, las fuerzas de cambio cometerían un grave error si no se levantan contra el PP y sus ataques a las reivindicaciones democráticas de autogobierno. En Cataluña y fuera de ella.” O como escriben Jaume Asens de Barcelona en Comú y Joan Tardà de Esquerra Republicana de Catalunya: “Los pueblos de España tienen que entender que el 1-O es el verdadero desafío al régimen del 78. Lo recordaba recientemente el galleguista Xosé Manuel Beiras. El reto proviene de Cataluña pero quiere ser un estímulo para romper cerraduras en otros lugares. Todas las revueltas catalanas a lo largo de la historia, de hecho, lo han sido. Bajo esta idea de fraternidad, debemos hacernos dignos de la responsabilidad histórica que nos ha tocado vivir y las izquierdas españolas también deben ser conscientes de ella.” Y aún lo expresaba mucho más escuetamente un dirigente del andaluz Sindicato de Obreros del Campo (SOC): “Cuando antes sean ustedes libres, antes lo seremos nosotros.”

Para la manifestación de la Diada Nacional de Catalunya del 11-S están ya inscritas en estos momentos casi 400.000 personas, con nombres y apellidos, y, probablemente, el gobierno está esperando que pase la movilización que se espera para dar otra vuelta de tuerca represiva. Crecerá la movilización contra las medidas represivas y eso obligará a ser más decididos. Hay incertidumbres, no hay respuesta para todo, porque la respuesta está en caminar con quienes se movilizan, organizando y participando en el referéndum. Será la lucha quien decida. Por eso, aún hoy podemos decir que todo es posible.

(Hoy 10 de septiembre los firmantes de este artículo hemos asistido al masivo acto de despedida a Antonio Gil, muerto el día anterior. Antonio Gil fue un legendario y combativo dirigente obrero de SEAT durante muchos años. Luchador también por los derechos de los inmigrantes, contra la guerra y otra multitud de causas justas. Estaba ilusionado en poder votar el próximo 1-O. Sirva como pequeño homenaje la dedicatoria de este artículo.)

Daniel Raventós

es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Su último libro es "Renta Básica contra la incertidumbre" (Ed. RBA, julio 2017).

Miguel Salas

Sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 10-9-17