Mundo Nuestro. Asís Hallab, viajero en este mundo nuestro, y de visita en África. Así se define a sí mismo: "Káliman admirador del viento susurreando en los bosques coníferas de México."

Este breve relato nos abre al misterio del continente que Kapuzinzky bautizó como Ebano.



La primera noche en Kenia ya sobreviví.

En la tarde salí con un amigo de la familia, Marc, y pasé con él por el centro de Kisumu. Carreteras polvorientas con innumerables motocicletas, taxis tuk-tuk, ruido y más gente. No entiendo por qué a pesar del calor los kenianos usan chaquetas e incluso bufandas acá en los trópicos. Hasta cuando están sudando chorros no se quitan la chamarra. En el centro hay un cuadro de edificios de oficinas en el estilo de los años 60, en este divertido diseño de lámpara de lava y tonos marrones anaranjados. En las calles cabras y vacas una y otra vez. Todos se llaman hermano, hermana, mamá o papá. El mercado es un laberinto de callejones estrechos por donde ningún burro pasaría. Pequeños comercios que exhiben y trabajan la mitad delante de la puerta y la otra mitad adentro. Verduras y frutas se venden al lado del sastre y su vecino es un taller y herrería.



Luego, por la tarde, salimos hacia el lago Victoria. Los edificios están hechos de hierro corrugado y arcilla. Parecido a lo que ves en las carreteras rurales de México. La gente vive con sus animales y del comercio de la carretera. En sus orillas se encuentran muchos puestos de comida casera y lavaderos de coches. No sé por qué puedes lavar tu auto en cualquier parte. El lago es enorme y totalmente tranquilo.



En una acacia, que estaba medio inundada, anidan estos pequeños pájaros tejedores amarillos, que hacen sus nidos esféricos en las ramas. Los enjambres de libélulas danzan sobre los nenúfares, tres especies diferentes de garzas vuelan alrededor. Cuando el sol se pone, el lago se pone rojo y se anuncia una tormenta. Tomamos un barco para buscar hipopótamos, pero no había ninguno. Luego pescado fresco en una salsa agridulce de tomate. Finalmente me caí en la cama a las nueve y media y sólo me desperté de nuevo cuando estaba claro que tenía que colgar urgentemente el mosquitero. Completamente pinchado y con el zumbido constante de los mosquitos volando por mis orejas. A las cuatro de la mañana el vecino se despertó con sus tres horas de oración súper ruidosa del viernes musulmán. No es un lugar quieto Kenia.

Ahora estoy en un autobús completamente sobrepoblado para ir a la sabana a las famosas formaciones rocosas.

Un país loco y colorido.

Mundo Nuestro. El legado zapoteca resguardado en el museo de la Casa del Mendrugo ya despierta mucho interés en otros museos. A partid del 26 de octubre se exhibirán temporalmente en el Museo de Arte Popular en la ciudad de México cuatro de los cráneos esgrafiados pertenecientes a la colección Amos por Siempre.

Zapoteca Cráneo Prehispánico

Mundo Nuestro. La de Tuss Fernández es una historia que nos confirma que la cerrazón de las instituciones de justicia en Puebla puede ser quebrada desde la propia ley, con el uso de los recursos legales que la Constitución brinda a las ciudadanas y ciudadanos en México. La suya es una historia que nos prueba la resistencia y valor que se necesitan en México en la lucha por los derechos humanos. La suya es una historia que, contra toda desesperanza, revela que es posible construir un mejor país.



Tuss Fernández.

Yo nací en un pueblito lleno de neblina y sumergido en el bosque de la Sierra Norte de Puebla. O bueno, en realidad no. Nací en en la ciudad de México en el corazón de la Zona Rosa pero me registraron como nacido en Huauchinango porque según mis papás, siempre es mejor ser provinciano. En mi caso, no lo fue.

Si mi papá y mi mamá hubieran sabido todas las frustraciones y humillaciones que pasé 35 años después; la rabia y la tristeza que he sufrido a lo largo de más de 3 años de juicio, estoy seguro que jamás me hubieran registrado como poblano.



Para asumir mi identidad de hombre trans, tuvieron que pasar casi 15 años desde mi llegada a la Angelópolis. Me tomó prácticamente la mitad de mi vida deshacerme de los miedos y las dudas con las que crecí y me educaron dentro de una familia machista, en un pueblo conservador.



Cuando la reforma al Código Civil del -entonces- Distrito Federal se publicó, yo pasaba por una etapa de depresión. Estaba perdido y solo. Trabajaba en una oficina pública rodeado de otras cien personas, pero, era como no estar ahí. Ni mi nombre ni mi género me pertenecían y cada mención, cada documento, cada entrega de uniformes o visita al baño eran para mí, dardos cargados de veneno. Uno tras otro por casi diez horas al día, todos los días.

Quince minutos me tomó reconocerme como quien soy ahora y volver a sentir el aire llenando mis pulmones. Ese fue el tiempo que tardé en llenar un formato con mis datos en el Registro Civil Central de la Ciudad de México, entregar mis documentos y salir del edificio con la felicidad de quien se habita por primera vez en plenitud y con la paz de ocupando cada uno de sus poros.

Poco me duró la calma porque luego llegaron los días de tramitología en mi natal estado de Puebla donde la ley es tan añeja como su catedral. Las dos horas que separan una ciudad de la otra son en realidad como dos siglos pensando en términos jurídicos. Con esto quiero decir que en Puebla el trámite administrativo no existe, sino que hay que recurrir a un juicio de rectificación o como hice yo, hacerlo en DF y solicitar al registro poblano que se apegue a la Constitución (Política de los Estados Unidos Mexicanos) para garantizar TODOS tus derechos humanos, civiles y políticos. Esto no ocurrió.

El oficio de la oficina del registro civil en Huauchinango.

El Registro Civil de Huauchinango se negó a reconocer mi acta y me canalizó al Registro Civil del Estado de Puebla donde sucedieron dos cosas: en dos ocasiones agotaron el plazo legal de respuesta bajo el argumento de solicitar más documentos (probatorios de la nueva identidad) y una vez que los tuvieron, hicieron mal uso de ellos; me boletinaron en el estado para impedir la asociación de mi CURP e intentaron mediante un oficio “criminalizarme” por doble identidad (expresa por mi propia persona). En cada uno de estos pasos, circularon mis documentos por diferentes oficinas, funcionarios. Me exhibieron en cada turno, me humillaron y me amenazaron y por supuesto, me infundieron miedo de ser aprehendido o procesado por estar cometiendo un “delito”, hasta que tuve que recurrir a un juicio de amparo.

Por más de 20 años me he dedicado al periodismo y la comunicación social. Al oficio que adopté porque no es mi profesión, le debo hoy cada paso que he dado en mi transición. Cada persona que conocí desde mi primer día en una redacción y luego en la política, la administración pública y el activismo, ha formado parte de un eslabón que me ha permitido avanzar en el camino. Es un tejido fino de más de dos décadas, pero, no todas las personas trans han tenido la misma suerte. Yo soy un privilegiado.

Hace algunos años trabajé para la Comisión de Derechos Humanos del Ayuntamiento y ahí mismo encontré a la persona que me canalizó con un despacho de abogados que tomó mi caso y promovió, sin cobrarme un solo peso, el juicio en contra de seis autoridades del gobierno del estado.

Después de varios meses de prácticas dilatorias de las autoridades denunciadas, un tribunal estatal me concedió el amparo (Art. 121 fracc. IV, CPEUM) pero el Registro Civil interpuso un recurso de revisión en contra de la sentencia y el caso se turnó entonces a un tribunal colegiado civil que hasta agotar el plazo se declaró incompetente y lo turnó a un tribunal administrativo que hizo lo mismo para enviarlo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación quien resolvió devolvérselo a este último. Dos años después, obtuve una sentencia definitiva a mi favor, la primera en el estado de Puebla para un caso de este tipo. Diez meses después de esta sentencia, el gobierno del estado no ha cumplido el mandato judicial en su totalidad.

Mi juicio fue gratuito en términos monetarios, sí, pero en términos emocionales, sociales, laborales, económicos, de salud y hasta ciudadanos, el costo ha sido altísimo. Durante tres años mi vida personal ha sido expuesta, han intentado humillarme, criminalizarme, han minado mi tranquilidad, mis lazos afectivos, y han truncado algunos de mis proyectos personales que requerían de la conclusión de ese trámite para poder llevarse a cabo. Hoy, en 31 estados de la República -e incluso en Estados Unidos gracias a la visa- yo soy Tuss Demian, pero en Puebla, el estado en que “nací”, en el que he pasado toda mi vida, en el que me formado y al que he contribuido -en muchas maneras- soy dos personas distintas con distintas propiedades, con distinto número de seguridad social y por lo tanto con distinto historial médico, con registros laborales diferentes y un gran etcétera que no podría -ni quiero- enlistar.

Tres años viviendo en un limbo jurídico peleando por un derecho humano tan básico como lo es el derecho a la identidad.

Aun teniendo el amparo de un tribunal -o dos, en el sentido más estricto- ¿de cuántas cosas me ha privado la idiosincrasia de un grupillo conservador que ostenta el poder?, ¿a cuánto asciende la reparación de los daños que me han provocado?, ¿cómo se miden?, ¿cómo se cuantifican todas estas pérdidas intangibles?

¿De qué sirve entonces seguir las reglas del Estado para tener acceso a la justicia?

Las personas trans, sobre todo las mujeres, sufrimos cotidianamente situaciones de discriminación y exclusión social. ¿Cuántos de nosotros tenemos un trabajo que nos permita pagar los honorarios de un abogado durante tres años además de los gastos propios de un proceso jurídico tan largo? ¿Cuántos de nosotros tenemos el temple, la fortaleza y los recursos para resistir tres años de transfobia institucional? Y, sobre todo: ¿por qué?

Someternos a este tipo de juicios es una forma de violentarnos desde las instituciones que deberían resguardar nuestra integridad en el sentido más amplio. Más allá de las convicciones religiosas personales de quienes ocupan los cargos de poder, ¿qué sentido tiene para el Estado mantenernos en condiciones de marginación?

Un trámite administrativo como en la Ciudad de México podría dignificar --y la dignidad es un derecho humano y constitucional-- la vida de una persona trans en tan sólo 15 minutos. Si los Congresos y autoridades estatales no tienen la voluntad política toca entonces al máximo tribunal del país, la SCJN, garantizar el respeto total de cada uno de nuestros derechos como personas: la auto determinación, el libre desarrollo de la personalidad, la integridad corporal, la libertad, la dignidad, la intimidad, la salud, el empleo, la educación, la participación política-ciudadana, ¡la justicia!..

Y no lo digo yo; lo dicen la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, El Sistema Universal de las Naciones Unidas, el Sistema Interamericano de la Organización de Estados Americanos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, el Pacto de San José y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en su último llamado (enero 2018) a los países de la Convención Americana para “adecuar sus leyes para el reconocimiento de la identidad sexogenérica.

La vida de las personas trans es demasiado corta como para perderla en los tribunales.

Cientos de nosotros morimos esperando algún día ser nombrados; somos los desconocidos a quienes se arrebata la dignidad y se asesina desde los escritorios.

¿Cuándo va a reparar el Estado la deuda histórica que tiene con nuestras poblaciones y nuestro derecho a ser? ¿Cuánto tiempo más esperaremos la justicia que nos permita existir #SinJuiciosNiPrejuicios?

No deberían ser más de 15 minutos.

Tuss Fernández

Hombre trans de espíritu queer y corazón arcoiris. Periodista, comunicador y Guardián Supremo del Rayo Mariconizador. Consejero Ciudadano de Derechos Humanos e Igualdad entre Géneros de Puebla. Me gustan los perros.

Mundo Nuestro. Mirar la llegada de los nuevos gobiernos desde el jolgorio de San Andrés Cholula y la comilona para miles de gentes con la que Karina Pérez Popoca arranca esta nueva etapa en la historia de Puebla.

Voy a San Andrés por dos motivos específicos: reconocer en el movimiento Cholula Viva y Digna lo mejor de la resistencia civil contra el despotismo del grupo de poder que encabeza Rafael Moreno Valle. Los Paisanos y los Huepas han sido sus alfiles en los años del auge de la especulación inmobiliaria en el territorio que hoy se conoco como Angelópolis. Marcan la derrota de una planificación urbana democrática y con perspectiva social. Marcan la ausencia de políticas públicas que tengan en el ordenamiento territorial el propósito estratégico en el que se fundamenta el concepto constitucional de desarrollo social. Ese es el segundo propósito: mirar desde San Andrés la perspectiva profunda de lo local. Desde ahí contemplar la metrópoli. Desde ahí avisorar la posibilidad de una manera distinta de gobernar. La que puede surgir desde los pueblos. Por lo pronto estas dos vistas de una tarde de jolgorio y tormenta en el zócalo restaurante de San Andrés Cholula.



VIDEO: EL JOLGORIO CHOLULTECA



VIDEO: KARINA Y EL FUTURO QUE SE VIENE YA



Mundo Nuestro. Dos activistas mexicanos, y mejor diremos, tehuacaneros, han ido a Canadá a difundir las luchas civiles en defensa del medio ambiente y los derechos humanos en México. Martín Barrios y Omar Esparza. Ambos son entrevistados por Radio Canadá Internacional. Esta es la entrevista.



Este viernes y sábado en Montreal se presentó la conferencia Luchas sindicales y de defensa territorial: perspectivas mexicanas y de solidaridad. Los invitados Martín Barrios, Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, Omar Esparza, Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ) vienen a hablar de la manera en que la sociedad civil mexicana se está organizando alrededor de esos tema. Martín Barrios y Omar Esparza pasaron por los estudios de Radio Canadá Internacional.

Para comenzar, le pedimos a Martín Barrios que nos explicara el contexto de las luchas que llevan en la ciudad de Tehuacán, en el estado de Puebla, donde él vive y que después de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, se convirtió en la capital de la producción de jeans en México. Paralelamente, nos dice, se están desarrollando proyectos mineros en la región de la Sierra Norte, que limita con la región, con impactos en las comunidades indígenas que viven allí y en sus territorios.

En esta liga se puede escuchar la entrevista:



Luchas sindicales y territoriales mexicanas llegan a Canada

El evento Du Mexique au Québec: luttes syndicales et défense du territoire, es presentado por dos organismos quebequenses Lutte Commune y CISO – Centre international de solidarité ouvrière.



Mundo Nuestro. La revuelta cívica en Tonatzintla esta semana tiene dos acontecimientos para recibir al nuevo gobierno que arranca este lunes 14 de octubre. El primero lo anuncia en rueda de prensa el movimiento Todos por Tonantzintla, que acusa al alcalde saliente Leoncio Paisano por la destrucción del patrimonio cultural de Tonantizntla.



No hay texto alternativo automático disponible.

Y luego el domingo por la mañana se plantan ante su templo para denunciar los graves errores técnicos que ocurren en los trabajos de restauración por la empresa contratada por el ayuntamiento y avalada por la autoridad local del INAH. La movilización obliga a los funcionarios del INAH en la ciudad de México a tomar medidas inmediatas: el lunes por la mañana se presentarán los peritos a valorar los cuestionamientos planteados por los pobladores.



La movilización por el templo el domingo 13 de octubre.



El cuestionamiento al delegado del INAH.

EL REGISTRO GRÁFICO DE LOS TRABAJOS CUESTIONADOS POR LOS POBLADORES:

En unas cuantas semanas, las leyes y las instituciones del trabajo mexicanas han sido sacudidas por dos acontecimientos distintos pero relacionados: primero, a fines de septiembre, el Senado de la República aprobó la ratificación del Convenio 98 de la OIT. Y poco después, a principios de octubre, se anunció un acuerdo final entre Canadá, Estados Unidos y México en materia de comercio (el United States-Mexico-Canada Agreement o USMCA, en lugar de TLCAN o NAFTA) que incluye un capítulo laboral y un anexo, ambos muy destacados.
El Convenio sobre el derecho de sindicalización y negociación colectiva data de 1949 y ha sido firmado por 165 países del mundo incluyendo América Latina. La importancia de la decisión senatorial reside en haber vencido, al fin, las resistencias del PRI y del PAN, del llamado sindicalismo oficial (charro o corporativo), y de algunos dirigentes empresariales que se han opuesto por razones estrictamente políticas y convenencieras: defender un modelo sindical corrupto, antidemocrático y servil. Un esquema que sirvió durante muchos años para controlar el descontento obrero y, desde 1982, para imponer topes salariales y otras políticas públicas contrarias a los intereses de los trabajadores.
La nueva composición del órgano legislativo (con mayoría de Morena) sirvió sin duda para apresurar esta decisión pues coincidía con su plataforma electoral y su programa. Pero quizás también porque ya se tenía información de que el capítulo laboral del nuevo acuerdo comercial norteamericano traía un apartado especial sobre asuntos laborales que era plenamente congruente con el Convenio 98.
Hasta ahora, el texto completo del USMCA sólo está disponible en inglés, publicado en el portal de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/united-states-mexico-canada-agreement/united-states-mexico). Aquí solo nos referiremos al capítulo laboral. Se trata de una versión mejorada de su similar pactado en el TPP (Acuerdo Transpacífico). Es más claro en algunos temas pues por ejemplo incluye explícitamente el derecho a huelga como parte de la libertad de asociación; y precisa las obligaciones de los gobiernos para la aplicación de las leyes laborales, incluyendo la inspección laboral.
Más importante aún, contiene varios apartados muy novedosos. Uno de ellos señala que ningún país dejará de atender los casos en que se ejerza violencia contra los trabajadores, relacionada con el ejercicio de sus derechos. Otros puntos destacables se refieren a la protección de los trabajadores migrantes y a la promoción de la igualdad de las mujeres en el lugar de trabajo.
En resumen, el capítulo laboral del Acuerdo busca elevar la protección laboral en los tres países de manera más precisa que otros pactos comerciales similares. Hay todavía algunas lagunas e imprecisiones, y la manera de hacer efectivos estos lineamientos deja todavía mucho que desear.
A todo esto, hay que agregar el anexo 23-A que tiene como título, para no dejar ninguna duda, “La representación de los trabajadores en la negociación colectiva en México”. Se trata de un texto que plantea un combate a fondo a los contratos de protección patronal en nuestro país. Para ello, México se compromete a adoptar una legislación que comprenda, entre otras, las siguientes disposiciones:
Un conjunto de reglas para garantizar el derecho de los trabajadores a organizar, formar y adherirse al sindicato de su preferencia, y prohibir a los empleadores interferir en las actividades sindicales o ejercer coerción por su actividad sindical. Asimismo, que se establezcan órganos imparciales para el registro de las organizaciones gremiales. Igualmente, se deberá implementar un sistema efectivo que verifique que las elecciones de los dirigentes sean llevadas a cabo mediante el voto libre, personal y secreto de los socios.
Las leyes mexicanas deberán también contemplar que el registro de los contratos colectivos cuente con el apoyo mayoritario de los trabajadores mediante el ejercicio del voto personal, libre y secreto. Finalmente, señala que las partes (Estados Unidos y Canadá) esperan que México llevará a cabo estos cambios antes del 1º de enero de 2019, y se advierte que la entrada en vigor del acuerdo comercial puede ser pospuesta hasta que dicha legislación entre en vigor.
Tal profusión y claridad en el texto busca impedir que, en México, se siga aplicando un modelo laboral apoyado en contratos y sindicatos ficticios. Una práctica que, como lo explica un análisis elaborado por el Sindicato de Metalúrgicos de Estados Unidos, y como lo han advertido también aquí en México, desde hace tiempo, las organizaciones sindicales independientes, los abogados democráticos y los especialistas en el tema, ha servido para imponer bajos salarios y malas condiciones de trabajo. Estas políticas, si bien han permitido atraer inversiones extranjeras a la industria manufacturera, particularmente en las últimas tres décadas, en realidad han aportado pocos beneficios para el país y su clase trabajadora.
Así, en esta ocasión, se han reunido diversos protagonistas e intereses: los sindicatos de Estados Unidos y Canadá; los gobiernos de estos países; y la futura administración de AMLO y las organizaciones independientes mexicanas, con el objetivo común de cambiar el modelo laboral vigente. Los primeros sienten que los contratos de protección son una manera deshonesta de quitarles plazas laborales y presionar negativamente los salarios en sus propios países; los segundos, sobre todo Trump, creen que de esta manera protegerán su planta industrial y mejorará su balanza comercial; y los terceros, es decir el próximo gobierno de López Obrador y los legisladores de Morena, confían en que es posible construir un esquema de desarrollo menos dependiente de la exportaciones manufactureras y capaz de mejorar los salarios y las condiciones de vida de los mexicanos.
Hay que advertir que todo lo contenido en el capítulo laboral y su anexo, incluidos en el nuevo acuerdo comercial, no se riñe con las reformas constitucionales de febrero de 2017. Al contrario, se basan en ellas. Pero los representantes sindicales y los gobiernos del norte han creído necesario pactarlos expresamente en el USMCA ante la posibilidad de que esas reformas se reviertan, como en efecto se intentó a lo largo de este año por el PRI y el gobierno de Peña Nieto.
Se trata de una coincidencia un tanto sorprendente que sin embargo puede cambiar profundamente el modelo laboral mexicano. Ahora toca al Poder Legislativo de nuestro país dar el siguiente paso: reformar la Ley Federal del Trabajo para para adoptar nuevos lineamientos que permitan combatir los contratos de protección y abrir la puerta a una democratización de los sindicatos mexicanos. Aun así, después de que esto haya sucedido, vendrá el reto de su puesta en práctica.
La próxima administración tendrá que aplicar las nuevas disposiciones legales y ello significará una labor compleja. Lo será desde el punto de vista técnico y administrativo pues poner en marcha una justicia laboral adscrita al Poder Judicial, eliminando las Juntas de Conciliación y Arbitraje, representa una tarea que exigirá recursos y un proceso de transición difícil, todavía indefinido.
Desde el punto de vista social y político, el cambio enfrentará muchas resistencias tanto de algunos empleadores como de las viejas organizaciones corporativas y, sobre todo, de la mafia que hoy se beneficia de los contratos de protección.
Pero, finalmente, serán los propios trabajadores los que, por primera vez en mucho tiempo, tendrán la posibilidad de decidir. Vientos provenientes del norte y de nuestra propia coyuntura política se han juntado para impulsar un cambio profundo de las instituciones y las leyes laborales. El camino para hacer realidad la democracia sindical y relaciones de trabajo más equilibradas es todavía muy largo, pero se ha abierto una brecha en un momento singular de la historia de México y del mundo.
saulescobar.blogspot.com

Domingo, 14 Octubre 2018 00:00

Porfirio Diaz. Volver a la historia

Día con día

Resultado de imagen para Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo, La ambición (1867-1884)



Porfirio Díaz. Volver a la historia

Empiezo a leer el segundo tomo de la biografía de Carlos Tello Díaz sobre su tatarabuelo, Porfirio Díaz, escollo, enigma y encarnación de toda una época de la historia de México.

Creo, por lo que llevo leído, y por la lectura del primer volumen, que estamos frente a la biografía más ambiciosa, profesional y desafiante que se haya emprendido nunca en nuestro país.

Imposible hablar del último siglo y medio de la historia de México sin que se cruce en el relato Porfirio Díaz.

Imposible pensar la Reforma, la Intervención y el Imperio, las décadas de paz que siguieron y la Revolución mexicana de 1910 sin poner en el centro a Porfirio Díaz, uno de los grandes personajes y a la vez uno de los grandes villanos de nuestra historia.

La sola contradicción entre la importancia del personaje y el veredicto oscuro que pesa sobre su figura, indica el desarreglo de nuestra memoria.

Un personaje central de nuestra historia es a la vez uno de sus centrales villanos. Como Hernán Cortés. Como Agustín de Iturbide. Diría Gil Gamés: Todo es muy raro, necesitamos un psiquiatra(una).

No sé cómo hemos construido los mexicanos una historia nacional en la que los personajes centrales tienden a ser villanos centrales.

Es nuestra especialidad psicoanalítica.

Lo que ha hecho, lo que está haciendo, Carlos Tello Díaz, es todo lo contrario. Es lo que hizo antes José Luis Martínez con Hernán Cortés: devolvernos al personaje real que fue central en nuestra historia.

Volver a la historia, darnos la oportunidad de curarnos de nuestros fantasmas. Restituir a la memoria del país real, el Porfirio Díaz real. Empatar los hechos con los hechos, despejar nuestros fantasmas.

El segundo tomo de esta biografía: Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo. La ambición, 1867-1884 (Random House, Debate, 2018) es algo más que un libro, es la oportunidad de curarse de la mitología nacional.

Pocos, si algunos, tomarán la receta, porque nuestra historia patria está dominada por el reflejo de villanizar, entre otros, a Díaz.

Pero la tarea biográfica que ha emprendido Tello tendría que dar sus frutos en los tiempos largos de la historia, ayudando a curar y completar nuestra memoria con el brebaje insuperable de la realidad.

Porfirio Díaz. El ambicioso



Una virtud de la biografía de Tello sobre Porfirio Díaz (volumen II. La ambición, Debate, 2018) es acercarnos al personaje de carne y hueso en todas sus facetas.



Aquí está el héroe de la guerra, pero también el hombre de familia. El político ambicioso, pero también el amigo desinteresado. El personaje exento de temor ante el peligro, pero también el hombre que se echa a llorar cuando habla en público. El ambicioso incesante que busca el poder, pero también el apacible hombre de campo y de familia, cuidadoso de sus afectos y de su patrimonio.

La suma de todo esto es el político excepcional capaz de leer su tiempo y apropiárselo, al punto de cubrirlo con su nombre y precipitar luego su destrucción.

La apropiación y el despeñadero sucederán en el tercer tomo de Carlos Tello. Lo que sucede en el segundo es la historia de cómo el héroe militar de la reforma y la intervención, visto con recelo y dureza por sus célebres contemporáneos (Juárez y Lerdo), se siente “despechado, muy despechado” por éstos y, luego de una aciaga temporada familiar en que pierde a dos hijos de cuatro meses y dos años, endereza su ambición a buscar la Presidencia que Juárez quiere conservar reeligiéndose, y Lerdo ganar, desplazando por igual a Porfirio y Juárez.

Un rasgo notable del relato, en el estilo imparcial y terso de Tello, es cómo, al paso de sus páginas, los grandes nombres, en particular Juárez, bajan de sus altas estatuas y sus inalcanzables pedestales: dejan de ser héroes de bronce consagrados por la historia y se vuelven solo políticos en busca de poder.

También, y esto es igual de importante, la forma en que se asumen como heraldos de lo que cada quien juzga lo mejor para la República, coincidente siempre, también, con su propia causa.

No hay prestigios preponderantes o méritos indiscutibles en estos años. Todo está en juego otra vez a ras de tierra. La obsesión común a todos los participantes visibles es el rasgo común a su tiempo: la imparable ambición de gobernar y la invencible dificultad de hacerlo.

Porfirio Díaz encontró la solución de cómo gobernar su país ingobernable, la ejerció 25 años y se ahogó luego en ella.

Porfirio Díaz. Rebelión y legitimidad

En su mesa de noche, la noche en que murió, Juárez tenía el libro Cours d’histoire des législations comparées. Entre sus páginas había dejado un papel con un apunte. El apunte decía:

“Cuando la sociedad está amenazada por la guerra, la dictadura o la centralización del poder, es una necesidad, como remedio práctico para salvar las instituciones”.

Vista la historia hacia atrás. Juárez habría tenido que reconocer que Porfirio Díaz fue el “remedio práctico” que él buscaba en los linderos de su agonía. Notable que aquella agonía personal estuviese tan puntualmente trenzada con su agonía por la dificultad política de la República y su dilema terrible: anarquía o dictadura, fragmentación o centralización.

Ironías de la historia: en su momento de mayor legitimidad, después del triunfo contra la Intervención y el Imperio, la República Restaurada (1867-1877) tenía un gobierno débil que todo mundo desafiaba.

La herencia de 10 años de guerras civiles era de una gran violencia dispersa en los caminos. Los pueblos y las comunidades se levantaban contra las leyes liberales que habían legalizado el despojo de sus tierras poseídas en común.

El Congreso bloqueaba una y otra vez al presidente Juárez, cuya impopularidad crecía por semanas. La política hervía de aspirantes a todos los puestos, empezando por la Presidencia de la República, siguiendo por el gabinete, las gubernaturas, las jerarquías de Ejército y las efervescencias del poder local.

Y las elecciones no eran respetables. Todos y cada uno de los aspirantes a puestos públicos sabían qué elecciones eran alquimia del gobierno y que solo podían ganar si se allanaban o le ganaban al alquimista.

Los fantasmas paralelos de la ingobernabilidad y de la ilegitimidad recorren todo el horizonte político de la República Restaurada.

Producen una y otra vez inconformidades, rebeldías, alzamientos. Entre ellos, los dos de Porfirio Díaz: el del fracasado Plan de La Noria, en 1871, y el del victorioso plan de Tuxtepec, en 1876.

Las cosas estaban trenzadas de tal manera que quien quisiera llegar al poder legítimo, debía elegir el camino ilegítimo de la rebelión.

Porfirio Díaz habría de resolver ese dilema en las siguientes décadas, concentrando el poder y estableciendo una especie dictadura, como había escrito Juárez en su última noche.

Porfirio Díaz. La solución

Un buen alegato histórico que hay en el segundo tomo de la biografía de Porfirio Díaz, escrita por Carlos Tello, es que, lo que hoy vemos como épocas separadas, muy distintas entre sí —la luminosa República Restaurada de Juárez y Lerdo (1867-1877) y el oscuro Porfiriato (1878-2010)— tienen más vasos comunicantes de lo que se piensa.

La narrativa minuciosa de Tello exhibe una profunda continuidad de problemas, obsesiones y conductas. Al menos en dos aspectos claves, el Porfiriato fue no solo la continuación de la República Restaurada, sino su solución.

Un aspecto clave de aquellos años era pacificar el país. El otro, hacerlo gobernable. Ambos debían resolverse para imponer el proyecto de modernización liberal: ferrocarriles, privatización de tierras comunales, equilibrio fiscal. Lo que hoy llamaríamos globalización y neoliberalismo.

La obsesión de Juárez y Lerdo fue fortalecer al presidente, quitar peso a los estados y al Congreso, neutralizar a los inconformes, centralizar el poder. Nunca lo lograron. Sus gobiernos recurrieron una y otra vez de los poderes de excepción, típicos de tiempos de guerra. El ejercicio de tales poderes, que para los contemporáneos era una dictadura, tuvo efectos contrarios. Lejos de consolidar los gobiernos de Juárez o Lerdo, exacerbaron las inconformidades, que solían terminar en revueltas.

Juárez quería una reforma del poder que le diera poder al presidente, entre otras cosas, para reelegirse. Murió antes de lograrlo. Lerdo intentó lo mismo, y fracasó también.

Porfirio Díaz enfrentó los mismos problemas de gobernabilidad que Juárez y Lerdo, con los mismos instrumentos débiles, pero fue él quien encontró la fórmula que los otros buscaban: fortalecer el poder central para poder gobernar y modernizar el país.

En algo se parecen los presidentes de la democracia mexicana del siglo XXI a los de la República Restaurada. Nuestros últimos presidentes nunca encontraron la forma de gobernar el país para modernizarlo ni pudieron vencer su violencia.

En la elección de 2018, los electores le dijeron adiós a estos gobiernos frágiles y restituyeron, democráticamente, la figura predemocrática de un presidente fuerte, sin contrapesos.

La pregunta es si ese presidente fuerte fracasará, como Juárez y como Lerdo, ante los encanijados dilemas de su tiempo, o si será la solución, como Porfirio Díaz.

Mundo Nuestro. Dale la Cara al Atoyac ha llevado a juicio a las autoridades municipales, estatales y federales en su reclamo por una politica pública de rescate de la cuenca de principal de nuestros ríos. La organización civil ha logrado convertir la problemática del Aoyac en un asunto estratégico y de obligado debate colectivo. Pero los litigios cuestan dinero, y más cuando lo que se enfrenta es un conjunto de obstáculos burocráticos que esconden la ausencia de voluntad política de actores fundamentales en los gobiernos, particularmente en los que corresponden a municipales y estatales en Puebla y Tlaxcala.

Podemos ayudar a seguir adelante este esfuerzo cívico de obligar por la vía legal a transformar las políticas publicas en torno a la regeneración del río Atoyac.



Justicia para el Río Atoyac from Dale la Cara on Vimeo.



Tomy Espósito Band, espectacular, en el Mendrugo.



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