La vida que se escucha en los ojos de Salvador Flores.

Mirar el mundo por sus sonidos. Escuchar el caos para percibir el paso del tiempo. Con los ojos cerrados. Entender que desde el principio, todo es ruido.

Caminar en el centro de la ciudad de Puebla. Llevar en el maletín unos CDs de los noventa para los clientes que te han hecho el pedido. Cargar la memoria con la música que identificas entre las mesas de un restorán por los gruñidos de un joven roquero que trabaja la propina.



Salvador no tiene problema en reconocer lo que interpreta el cantante:

Es Zoe, una banda a la que por cierto nunca he escuchado hasta hoy. Pero él la identifica sin chistar, y me dice que ya tiene tiempo esa rola, tal vez de hace unos quince años. Así que Zoé. Salvador ha llegado a vender algún disco suyo.

“Nada más tienen dos canciones –me dice--, bueno, al menos las que pegaron. Esa que canta el muchacho es Soñé.”

El roquero termina la interpretación, y ahora pasa la charola guitarra en mano. Sí, soñé, así se llama la rola, me confirma. Salvador sonríe.

“También la anterior está bonita –sigue--, la de labios rotos.“


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El muchacho intérprete se emociona. Sí, está chida la rola, y el hombre de lentes negros se las sabe todas.

“Toda la música la conozco, todos los géneros, nada más se trata de escucharlas.”

Vende de todo, de pop, de cumbia, de ranchero, de salsa: “Compré muchos discos, cuando salían, compré como cien, y como ya salieron las memorias, pues las copio y las vendo. Y como la gente tiene el celular, pues me las compra.”

Las memorias. No entiendo. Ah, las memorias electrónicas. Y el celular.

Luego me da una demostración:

“Lo desarmo fácil, le quito la batería y… acá está la memoria, mire. Entonces meto mis discos en ella y ya puedo venderlos.”

Los discos, entiendo, vende los discos. A diez pesitos. O chips de teléfonos. El chiste es buscarle de todo.

Ladran los recuerdos

Lo conozco desde hace muchos años. A su papá, Don Goyo, pintor de brocha gorda en el barrio de Santiago hace cincuenta años. A él, cuando jovencito que iba a la radio en los noventa, a la Radiante 105, y participaba con una sección en el programa Revista 105. Y hablaba de temas en los que es un experto: los perros capacitados para guiar a los ciegos, el bastón, las vialidades y la infraestructura para caminar en ellas. Todo eso quedó grabado, me dice, y espera mi respuesta, ¿qué fue de esos audios de la estación en aquellos años noventa? Habría que buscarlos, me dice.

Buscar en sus recuerdos. Eso hacemos ahora.

“Así, así, ¿cuántos años me calcula, señor Mastretta?”

A ver, ¿cincuenta? Me fui de largo. 44. Lo veo más cascarón.

“Es que la vida me ha tratado mal –me dice riendo--, pero me ha dado tiempo de escuchar la música.”

Lo veo en su programa en la radio en 1996. ¿Claro y oscuro se llamaba? Ninguno de los dos lo recuerda bien. Ha pasado el tiempo.

Lo veo en su viaje a Estados Unidos en 1994. Solo. Se fue a Rochester en 1994 en busca de un perro. Regresó con Alex.

“Un tío y mi mamá me fueron a dejar al aeropuerto de México –cuenta--, y allá estuve un mes. Me patrocinó un Club Rotario, estaban en la 27 y la Avenida Juárez, aquel día el presidente era un doctor que se llama Heriberto Gómez, él fue el que me mandó. Yo fui solo a conseguir la visa y el pasaporte, y ya nada más mandé la solicitud a Estados Unidos y me la dieron dos meses después. Y en septiembre de 1994 ya estaba yo volando a Rochester, porque fue en avión. Después de un mes regresé con mi perro. Me dieron capacitación y cuando vieron que ya estábamos adaptados, me mandaron de regreso. Se llamaba Alex, estuvo diez años conmigo. Pero ya no he vuelto a tener un perro, lleva mucha responsabilidad, comida especial, y luego el veterinario, es mucho gasto.”

Salvador ríe. Son muchos recuerdos de Alex. Lo veo en una esquina, a la espera del camión. Prueba de fuego resuelta rápidamente con el civismo reprobado por los choferes.

“No nos dejaban subir a los camiones. Decían que los iba a morder. Ahí me quedaba yo, a la espera del siguiente y el siguiente, hasta que alguno se acomedía. Una vez me subí a un ruta Azteca, y el chofer me cobró el pasaje de Alex, ¿qué te parece?, me cobró lo mismo que a mí. Le dije, ¡cómo cree!, si se va a ir en el suelo, pues aun así tiene que pagar, me dice. La gente se quedó callada. Otro día iba yo a entrar a SAMS a comprar un costal de alimento de perro, y no me lo dejaban pasar, y no entré hasta que llegó el gerente y le expliqué.”

Radio

Pero ya no lo extraña mucho. Salvador se ha independizado.

“Ahorita yo sé dónde estoy. Estamos en los portales, el zócalo está atrás, la 3 Poniente hacia mi izquierda, la Reforma a la derecha, o sea, siempre estoy ubicado, ¿qué le parece? Aquí enfrentito está Telcel, y más para allá estaba el banco Scotiabank, pero ya no, lo pasaron para la 2 Poniente. Así que no extraño mucho a mi perro, desde pequeño me gustó tener iniciativa, ya ve, así llegué a su estación de La Radiante, ahí fui a tocar su puerta pa que diera chance de platicar con la gente.”

Y no fue la primera estación. Antes un locutor de nombre José Luis Ramírez Sánchez le dio la oportunidad en grupo Oro, y como tenía una tarima de sonido local en el mercado de la Cocota, ahí hizo sus prácticas, y por cuatro años estuvo anunciando a los locatarios, y daba la hora.

“Por ejemplo plásticos Aredo, que vendían tasas, platos, cubetas, todo eso lo anunciaba. Orita un ejemplo, ¿así nada más?, sale, decía ‘Plásticos Aredo, abierto de lunes a viernes, de ocho a ocho, aquí en el mercado de la Cocota, en la 16 Norte y 4 Oriente, precios accesibles, pasen a comprar…’ Así más o menos, es que yo a este locutor de radio le pedí la oportunidad de que diera chance de hacer prácticas ahí en radio oro en la avenida Juárez, y me dice a ver, demuéstramelo, vete al mercado de la Cocota y ahí haces prácticas, y sí, llegué solo, y ahí me quedé con él cuatro años.”

Cuatro años en la tarima del mercado. Entraba a las cuatro, las cinco de la mañana, y hasta mediodía, o hasta la noche cuando no aparecía el locutor. A veces comía una torta, una cemita, otras nada. Le siguió la pista al locutor hasta la Fayuca, ahí abrió otro sonido local y ahí estuvo Salvador. Todo eso le sirvió para llegar a la Radiante. Le pidió una oportunidad al productor Polo Noyola, y ahí empezó su programa los sábados por la mañana en Revista 105.

“En el 2005, cuando se acabó el proyecto de la Radiante, Polo me recomendó con el vulcanólogo Alejandro Rivera, él tenía un programa de lunes a viernes en Tribuna Radiofónica, igual, igual con mi tema de los perros, el bastón, las calles y los invidentes, ahí estuve un año, igual con la idea de concientizar a las personas que nos escuchaban.

Radar

La ciudad se camina, se reconoce en sus alcantarillas y sus baldosas rotas, en los letreros tramposos, en las casetas telefónicas malditas. Salvador habla y yo cierro los ojos, por un momento lo escucho venir desde Xochimehuacán. Sale a mediodía, porque él es gente de la tarde, en la mañana se queda en casa, deja que su mujer trajine y él escucha su música. Luego toma el camión, reconoce los tráficos por los tiempos y los parones, por las calles cortas y largas. Sabe cuándo queda atrás el mercado Hidalgo, cuándo el camión ya va por la 7 Norte y da vuelta en la 14 Poniente y cuándo por fin por la 15 Sur cruza Reforma, porque ahí se baja y camina. Lo veo andar con su maletín, con los discos, hacia sus clientes, ya está con uno que le hizo un pedido.

Abro los ojos, ahí sigue Salvador con sus lentes negros. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo camina por esta ciudad sin ojos?

“Cuando ya tienes la idea de andar en la calle nosotros ocupamos el oído, y todo lo calculamos. Sabemos si viene o no el coche, si viene de la izquierda o de la derecha, y si se mueven, ya sé que el semáforo está en verde, todo eso lo tengo calculado.”

Y no se espera a que le ayude la gente, yo no carga silbato, no le gusta, es hacerle menos, no le gusta llamar a la gente.

“Conozco toda la ciudad –dice Salvador--, desde aquí del centro para donde quiera. Caminando hasta el hospital Universitario, a Plaza Dorada, el Paseo Bravo, el hospital de San José.”

El bastón es la extensión sobreviviente de los ojos perdidos. El bastón es la herramienta crítica, el radar implacable para un urbanismo moroso y vil.

“Las líneas en el suelo al principio sirvieron –arranca con la severidad de un profesor de arquitectura que nunca será presidente municipal--, pero como es un trabajo muy mal realizado, las placas se despegan con la lluvia y paso de la gente, así que en lugar de que sea fácil, nos complica, los bastones se traban con el concreto levantado, te tropiezas. No sirven. Tapan el sol con un dedo. Hay muchas cosas en la calle que no tienen por qué estar, pero están ahí, como esos fierros grandes en los que ponen letreros, están para que uno se estrelle con ellos. La ciudad no piensa en uno. Estamos muy olvidados. Aparentemente hay reglamentos, pero no se cumplen, no se llevan a cabo. No vamos lejos, aquí en esta calle de la 16 de Septiembre, usted ha pasado seguro por ahí, la carretera está al nivel de la banqueta, más bien no hay banqueta, no hay escalón, y pa cuando nos damos cuenta ya estamos a media calle, ¿qué le parece?”

Le digo lo que opino: que esa calle la construyó un güey que no piensa en Salvador. Se ríe. Y apunta:

“El problema de fondo, desafortunadamente, es que nosotros no contamos, no tenemos opinión. A lo mejor con esto que se publique alguien se pone la pila. Y si así estamos en el centro, imagínese en las colonias, allá todo es peor.”

Civismo

“La ciudad es agresiva. Lo veo con los choferes, les dices, oye, por favor me bajas en la Reforma y la 15, y ellos no te dicen nada y te bajan en la 5 Poniente. Y siempre prepotentes, hazte para atrás, a gritos, que estorbas, con esos tratos. Y si caminas por la 10, la gente nos empuja, nos codea, nos quita de su carril, y allá va uno rebotando de aquí para allá. O llegas a una tienda y pides algo en el mostrador, y el empleado no contesta, se queda callado, como si no hubiera nadie, como si fuera uno a pedirles limosna, como si no fuera uno a comprar algo; y si contestan te dicen no está el dueño, o si llega otra persona a esa atienden y no respetan que uno haya llegado primero. O qué tal que haces una fila, haz de cuenta un teléfono, y ahí estás, y se mueve y entonces no te avisan, se pasan delante de uno, adiós, te brincan, se pasan uno o dos. Pero la situación está complicada para todos, en todas partes, no nada más para uno que no puede ver. La sociedad está muy alterada, hay mucha violencia, nos agredimos todos contra todos, vivimos enfrentados, y vivimos sólo pensando primero en nosotros, primero en nosotros, lo que le pase al otro nos da igual.”

Salvador se involucra, habla en primera persona. “Yo he tratado de que no ser así, pero veo que así es la mayoría.”

Y de nuevo: ¿qué le parece?

Y él: “Vivimos una época terrible, tenemos que despertar, tenemos que alzar la voz.”

La felicidad

Ahora ya es un monólogo. Yo ya he cerrado los ojos:

“No es fácil ser feliz con este asunto de la vista, se pierden muchas oportunidades de trabajo, de hacer deporte como los demás. Felicidad, felicidad, casi no la conozco, nada más intento pasar la vida, ¿qué le parece? Nada de esto platico con personas como yo, cada quien anda en sus asuntos personales. Empecé a venir al zócalo hace más de veinticinco años, entonces conocí a una amiga justo a la entrada de la escuela Zapata. Ella veía bien, pero hablaba mucho al radio, cuando me daba oportunidad José Luis Ramírez en Radio Oro, ella me escuchó un día y me llamó, y aquí nos citamos, tenía un poco de emoción. Luego le perdí la pista.

“Yo vengo desde Xochimehuacán, porque ya vivo allá con mi familia, ya no estoy en Amalucan, pero es que me junté apenas con una chava, y me llevaron a vivir para allá. Ella es ciega como yo, pero no sale al centro, se queda en el quehacer en casa. La conocí en un curso de costura aquí en la 5 Poniente. Yo tomé la iniciativa, porque uno siempre tiene que ser caballero. Ella tiene 42 años. Ya tengo esa responsabilidad, todo depende de mí. Su familia nos prestó un cuarto en la casa de ella. Ai vamos con sus familiares, nos respetamos, como en todos lados se tiene que portar uno bien, aunque no falte el gandallita, siempre hay alguien en la calle, en el trabajo, en la familia, por eso siempre hay que andar preparado.

“Todo es ruido, todo viene por los sonidos. Los coches, ese ruido siempre va primero, lo escucho, percibo por dónde viene. Si arranca, ya sé que no puedo atravesar. Por ejemplo ahora, guarde silencio diez segundos… Mucha gente, de todas partes las escucho, y atrás de mí, los coches. Caótico, desordenado, como el mundo, descontrolado. Y ahí está uno, dentro del ruido…

“Me dice un día un cuate, un vendedor de no sé qué, me dice tú ya te acostumbraste a andar así, y yo le contesté, ¿tú te acostumbrarías a pegarte con los teléfonos, a caerte en las alcantarillas? Le digo, yo no me he acostumbrado. Acepto mi realidad, pero a pesar del tiempo, de los años, no me acostumbro, ¿cómo te vas a acostumbrar a los golpes? ¿Te has caído por una alcantarilla sin tapa? Y estoy así desde los seis años de edad. No veo, esa es mi realidad, pero a pesar del tiempo, no me acostumbro a los golpes contra los coches, al desprecio de la gente, no, soy muy necio, no me rindo, la gente tiene que hacer conciencia, por eso he tocado puertas, para que la gente haga conciencia. Pero yo no soy débil de carácter, quiero que la gente vea.”

Ahí quedamos los dos. Los ojos cerrados. Afuera el caos. Entender el mundo con los ojos cerrados.

Jueves, 22 Junio 2017 00:00

"Nos veremos en nuestros sueños..."

Nos veremos en nuestros sueños…

La frase la suelta Jaqueline García Octaviano al final de su mensaje. Y la aplauden con ansia sus compañeros graduados de la Preparatoria Zapata.

“Nos veremos en nuestros sueños…”, les dice la graduada a la que le han dado el encargo de guardar en un discurso los ánimos estudiantiles de los últimos tres años. Y ahí estamos en la galería atiborrada sus familiares esperanzados.



Cuántos sueños contenidos en ese aplauso. En el auditorio del Complejo Cultural Universitario de la BUAP el miércoles por la tarde tal vez el de unos trescientos jóvenes que a los dieciocho años se asoman al horizonte largo de sus vidas. Luego el maestro de ceremonias en la entrega de diplomas a la generación 2014-2017 los nombra uno a uno, y los asistentes los vemos subir al foro a recogerlo en un carrusel interminable y con el tiempo suficiente para reflexionar en ese porvenir que están dispuestos a forjar en los años que se les vienen encima.

“¿Quiénes de ustedes presentaron el examen de admisión el sábado pasado?”, les pregunta el rector Alfonso Esparza. Y desde gayola observo que se levantan todas las manos.

Y ahí estamos sus padres cruzando los dedos.

Antes, Jaqueline ha hablado del país que se merecen. Y yo lo contrasto con el país que encontramos en las noticias de todos los días. El contraste es abrumador. Ahí están ellos, egresados de la preparatoria mejor calificada en el estado en los últimos años.

Mirarse por ellos en el sueño de un mejor país.


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Jueves, 22 Junio 2017 00:00

Parábola del robo de la sandía

Me robaron la sandía en el súper.

Estaba ahí, en mi carrito, y lo peor del caso es que aún no la pagaba.

¿Por qué lo peor? Porque habiendo un millón de sandías más para elegir, a alguien se le antojó la mía: esa que pedí que cortaran más pequeña porque "sólo es para mí". Cuando volví con el amable señor del área de frutas y le conté lo sucedido me dijo sin más “pruebe esta” (que resultó aún mejor que la anterior, más rojiza, más firme, más dulce y en el tamaño ideal).



Después me dijo con una sonrisa: "Le convino, siempre llega algo mejor.”

Y yo, con lo cursi que soy, pensé que era justo lo que necesitaba escuchar, y lo trasladé al área amorosa. Entonces, ya con la reflexión en mente se las conté al simpático muchacho de la caja y a los señores cerillos --cabe notar que los traía muertos de risa, no porque sea chistosa sino porque seguro no ven gente tan loca a menudo--, y al decirles que era como una metáfora del amor, el chico de la caja me contestó: "Esta sandía está sola, nadie la toma". Como me sacó de balance le pregunté "¿Con esta sandía te refieres a ti?", y me dijo solemnemente "sí". Entonces ya no me quedó más que decirle, como si fuera una verdad irrebatible, que no se preocupara, que de seguro pronto llegaría alguien a llevársela.

Y que seguramente cuando eso pasara alguien más también iba a querer robarse esa sandía.

(Ilustración: SANDÍAS, 1975, RUFINO TAMAYO/Tapiz en lana, punto de alfombra. Museo Tamayo, Ciudad de México.)


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¡Ya se acerca "la fiesta de la música" !

En estos días en que se cuestiona el quehacer artístico en las calles de la ciudad es interesante que la reflexión coincida con la "Fiesta de la Música".

"La Fête de la Musique" se originó en Francia hace 35 años, y el concepto original, el espíritu de la fiesta, era que todos se sintieran libres de salir y llenar calles y plazas con su música sin importar que tan bien o que tan mal la ejecutaran, o si eran profesionales o no. Sólo por el placer de hacerlo.



Cierro los ojos e imagino lo interesante que sería que nuestra ciudad pudiera tomar esa idea y hacerla suya. Claro que todavía no llegamos a ese punto, pero no veo por qué no podría ser en el futuro, tal vez cuando la autoridad pierda el miedo a la expresión ciudadana libre.

Sin embargo, y por lo pronto, este sábado 24 de junio si que la vamos a celebraren nuestra ciudad ¡y en grande!

Es la Alianza Francesa de Puebla --que a su vez celebra su 70 aniversario-- quien se ha encargado de organizarla. El año pasado ya había sido la plaza con mayor número de participantes en nuestro país, solo superada por la de la CDMX, y este año va por más. Con Más de cien propuestas musicales en 17 sedes para disfrutar de la música por toda la ciudad. En esta ocasión y debido a que en Puebla hay un 80% de posibilidades de que llueva un sábado de junio por la tarde, la mayor parte de los eventos se realizarán en recintos cerrados pero estarán abiertos al público y son totalmente gratuitos.


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La idea francesa

Esta celebración, ahora mundial, se originó en Francia en el año de 1982 cuando el ministerio de cultura estuvo a cargo de gente con ideas frescas y revolucionarias:

"La música estará en todas partes y el concierto en ninguna… Una revolución sonora más auténtica que el arte."

Ese era y es el concepto. ¿Pero cómo surgió la idea?

Resulta que al hacer una encuesta para conocer la relación que los franceses tenían con la música, el Ministerio de Cultura se dio cuenta de que había muchísima más gente tocando un instrumento o cantando de la que se imaginaba, y confirmó que las manifestaciones musicales organizadas no involucraban más que a una muy pequeña minoría. Es entonces cuando Jack Lang, Christian Dupavillon y Maurice Fleuret imaginaron una gran manifestación popular que les permitiera a todos los músicos expresarse y darse a conocer. Y es así que nació la Fête de la Musique el 21 de junio de 1982, justo en el solsticio de verano, el día más largo del año en el hemisferio norte.

Una fiesta gratuita, abierta a todo tipo de música y a todo el que quisiera participar sin importar su jerarquía, género o práctica.

En esa primera emisión la organización se hizo a la carrera y casi sin publicidad y no se sabía que aceptación o resultado tendría... El resultado rebasó todas las expectativas. Los músicos se instalaron en todas partes: calles, plazas, quioscos, patios, jardines, estaciones de tren y autobús a lo largo y ancho del país, y la gente deambuló escuchándolos hasta el amanecer.

Era una fiesta a la que todos estaban invitados.

Esta unión de músicos profesionales y amateurs y la atención que se le dio a todo tipo de música, tuvo una respuesta popular espontánea y masiva.

El concepto se extendió a toda Europa en 1985 durante la Fiesta Europea de la Música, y en menos de 10 años ya se hacía en 85 países en los cinco continentes. El año pasado ya más de 120 países en el mundo se unieron a esta fiesta.

La Fiesta de la Música tiene además otras implicaciones: abre espacio a las nuevas tendencias musicales, renueva las tradicionales y atrae sonidos de todo el mundo, entra en las prisiones, los hospitales y las escuelas, establece lazos e intercambios entre las ciudades y la periferia, y le da valor al trabajo de individuos y comunidades. Además de favorecer la práctica artística y cultural y lo mejor es que evoluciona constantemente y se va haciendo perenne. La fiesta se hace y se difunde en espacios públicos, con el público y para el público.

Esperamos que en nuestra ciudad la respuesta sea masiva Puedes consultar los programas de las diferentes sedes y armar tu itinerario para escuchar las propuestas de nuestros músicos. Estás invitado! Únete a la fiesta!

http://alianzafrancesapuebla.org/fdlm2017/

AQUÍ PUEDES VER EL PROGRAMA COMPLETO

Mundo Nuestro. La Compañía de Jesús en México exige que se investigue y sancione el espionaje a CentroProdh. Ello ante las revelaciones en el diario neoyorkino The New York Times. El gobierno de Peña Nieto niega las afirmaciones del diario norteamericano. Aquí el texto completo de la postura de la Compañía de Jesús.

La Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús condena el espionaje gubernamental,realizado contra integrantes del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez(Centro Prodh), obra social de nuestra Compañía, tal y como reveló el diario
The New YorkTimes.
Considerando los 29 años de invaluable trabajo del Centro Prodh en defensa de los sectoresmás vulnerables de la sociedad, y ante las evidencias del espionaje en el contexto de ladefensa de casos emblemáticos de violaciones a derechos humanos en este sexenio, comoAyotzinapa, Tlatlaya y Atenco, expresamos nuestro más contundente rechazo a estasacciones de hostigamiento y obstaculización contra nuestras hermanas y hermanos.De la misma manera, la Compañía lamenta profundamente que esta estrategia de vigilanciase extienda hacia periodistas y organizaciones que trabajan contra la corrupción.La labor de las y los defensores de derechos humanos es fundamental para la preservaciónde un Estado democrático de derecho y el bienestar de la sociedad; la labor del CentroProdh ha hecho aportes invaluables en este sentido y para la vida cotidiana de las personasque diariamente sufren violaciones a sus derechos humanos. Es verdaderamentelamentable que las y los defensores deban cuidarse de quien debe garantizar su laborrobándole tiempo a su verdadera vocación: la defensa de las personas más vulnerables dela sociedad.Exigimos que las autoridades garanticen la integridad y seguridad de las y los colaboradoresdel Centro Prodh; que se realice una investigación exhaustiva de este hecho ilegal y que seasegure que la información extraída de manera ilícita no será utilizada indebidamente

Días atrás la Asociación de Internet dio a conocer el XIII Estudio sobre los Hábitos de los Internautas en México, que corresponde al 2017. Del mismo se obtiene la siguiente información.

  1. Son 70 millones los internautas. Abarca al 63% de la población de seis años en adelante. En 2015 eran 65.8 millones y el porcentaje de 57%.
  2. Tiempo de navegación. Los internautas llevan en promedio 7.6 años navegando.
  3. Tiempo de conexión. El tiempo promedio de conexión es de ocho horas que son 47 minutos más que el año anterior. El 50% está conectado las 24 horas del día.
  4. La mayor hora de conexión. Las horas de mayor tráfico son de 9 a 12 pm. La conexión de Internet supera a la televisión (tres horas) y la radio (dos horas cincuenta minutos).
  5. Problemas de acceso. En la población de mayor edad la dificultad más sentida viene de no saber cómo utilizar la herramienta y en los más jóvenes es la carencia de dinero.
  6. Dispositivos de conexión. El 90% lo hace a través del teléfono móvil, el 73% por la computadora portátil, el 52% por las tabletas.
  7. Medio de conexión. El 90% de los internautas tiene una laptop y un smartphone. Disminuye de manera notable el uso de las PC.
  8. Sitio de conexión. Desde casa el 82%, por red WiFi 82% y por los planes de datos 62%.
  9. Redes sociales. La principal es Facebook con 95%, le sigue WhatsApp con 93%, YouTube con 72%, Twitter con 66% e Instagram con 59%.
  10. Usos del Internet. Acceso a redes sociales el 83%, enviar y recibir correos el 78%, enviar y recibir mensajes instantáneos 77% y buscar información el 74%.
  11. Cambio de hábitos. El 70% dice que el Internet le ha cambiado en algo su vida. Ya el 50% de los internautas realizan compras por este medio.
  12. El 60% de los internautas consideran que el Internet los acerca a los procesos democráticos.


Es seguro que en los próximos años estos indicadores van a subir sus porcentajes. Son expresión del nuevo mundo en el que vivimos producto de la Revolución Digital. No hay regreso. La tecnología hay que aprovecharla cada vez más y darle mejor uso.

Mundo Nuestro. Con esta crónica de su viaje al sur americano, abrimos en esta revista la participación del escritor, periodista, antropólogo, guionista, radiodifusor, artista plástico Leopoldo Noyola Rocha con su blog Mitos sin sustancia. Y nos felicitamos por ello. Viaje al sur: se publicará por partes. Aqui el octavo capítulo: El cielo chileno.

El cielo chileno merece una mención especial que no es posible constreñir a un párrafo elogioso. No es que me sorprenda a mí sino que el cielo chileno ha sorprendido al mundo desde hace siglos, pero que con la evolución de la astronomía, espectacular en las últimas décadas, ha supuesto a ese cielo como la ventana terrestre al universo.



No es por otra cosa que Chile tiene una infraestructura astronómica única en el mundo, desde ahí se van a descubrir los exoplanetas habitables, se va a descubrir la vida del universo. Chile tiene ya los centros de observación más grandes del planeta, pero en unos años más se hará de ahí la mayor parte de la observación mundial.

En el desierto de Atacama existe una docena de observatorios, el Paranal (VLT), el complejo astronómico más avanzado y activo del planeta; ALMA, el mayor proyecto astronómico del mundo, y La Silla. Cuando se termine de construir el Telescopio Europeo Extremadamente Grande en 2020, se estima que Chile albergará el 70% de la infraestructura astronómica del mundo.


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Por si fuera poco, tuvimos la impagable suerte de ser acompañados en este viaje por un astrónomo aficionado: ni más ni menos que Frank, nuestro anfitrión que, aunque abogado, en algún momento de su vida cursó un competente diplomado de observación astronómica que le ha dado más satisfacciones y admiradores que la abogacía, donde también tiene lo suyo. Como sea, Frank ha sabido sacarle provecho a aquel lejano curso y observar el cielo nocturno con él, copa de vino en mano e ignorancia supina como la mía, fue una gran oportunidad y todo un placer. Gracias Frank.

Desde nuestra primera salida a la cordillera de la costa, al tercer día, Frank nos ilustró sobre la famosa Cruz del Sur, cuatro estrellas con la que los marineros de la antigüedad se orientaban mediante una sencilla cuenta y hallaban la ubicación del polo sur celeste. Hay que contar tres veces la medida del “palo” mayor de la cruz hacia la parte inferior, y en ese punto se ubica el Polo Sur celeste, que en tiempos de GPS no tiene mucha utilidad, pero que fue fundamental para los marineros de la antigüedad. Algo así.

En cada punto de nuestro viaje acudimos a la sabiduría de Frank para que repitiera su numerito estelar (nunca mejor dicho) y volviera a indicarnos la ubicación de la estrella Sirio, la más brillante; las sorprendentes nubes de Magallanes (del tamaño de la Luna); las increíbles pléyades que parecían estar ahí, al alcance de mi mano; la estrella Alfa centauro; el cúmulo Omega Centauro y la nebulosa Eta Carinae. No tengo palabras para expresar mi asombro ante tanta belleza y la suerte inaudita de estar ahí con cielos despejados. Y con Frank, pues sin él hubiera sido solo estupefacción, sin ciencia. Este fue el regalo más sorprendente de nuestro viaje, por inesperado, un recuerdo inolvidable que tendré en cuenta hasta la hora de mi muerte, cuando mis polvos esenciales vuelvan a reunirse con esa maravillosa cosa universal y sea nuevamente parte de ella (hipótesis uno) o pase a formar parte de la acumulación estelar (hipótesis dos).

Explicación de la hipótesis dos: siendo niño Emiliano, el hijo menor de Cris y Frank, le preguntó a su madre.

- - Antes de nacer ¿estaba muerto?

- - No -le respondió Cris-, no existías aún.

- - Ah -reflexionó Emiliano-, entonces estaba muerto.

No sé cómo, pero esta reflexión infantil me explicó una antigua incógnita sobre la existencia. La tuve muy presente bajo el manto universal de los cielos chilenos. Gracias Frank, por tus conocimientos; gracias Cris, por darnos la oportunidad de conocer a Frank y lograr el viejo anhelo, mutuo, de visitar tu extraordinario país, ya que tú conoces el nuestro mejor que muchos mexicanos.

Mundo Nuestro. Con esta crónica de su viaje al sur americano, abrimos en esta revista la participación del escritor, periodista, antropólogo, guionista, radiodifusor, artista plástico Leopoldo Noyola Rocha con su blog Mitos sin sustancia. Y nos felicitamos por ello. Viaje al sur: se publicará por partes. Aqui el séptimo capítulo: Alto Biobío.



Nuestro regreso hacia el centro de Chile por la autopista Panamericana nos condujo bajo la lluvia hasta la ciudad de Osorno, tierra de alemanes con una arquitectura variopinta y las características uniformadoras comunes de nuestras principales ciudades. Una ciudad grande y simplona con una extraña iglesia de aliento gótico modernista (auto sic), donde gracias a un oportuno extravío se nos permitió apreciar algunos barrios muy bonitos y elegantes, con casas y mansiones de arquitectura alemana, según nos dicen, algunas espectaculares. Llegamos a un campin municipal con muy buenas instalaciones y, al día siguiente, temprano, emprendimos nuestra última aventura por el sur chileno en la Reserva Natural Ralco, el origen natural del río Bíobío, en lo que también se conoce como Alto Bíobío.

De Santa Bárbara tomamos 50 km de terracería hacia los altos de Pemehue, también reserva natural. Atravesamos la Hidroeléctrica de El Pangue, un histórico sitio en donde hace relativamente poco jugaron un papel muy importante las hermanas mapuche-pehuenche Berta y Nicolasa Quintreman.


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En 1990 el Ministerio de Economía autorizó la construcción de la central hidroeléctrica Pangue, primera etapa de un plan cuyo objetivo final era la construcción de una serie de seis centrales en el río Biobío. De inmediato surgió una fuerte oposición al proyecto. Se criticó la alteración de las formas de vida de siete comunidades mapuche pehuenches que residían en el área de inundación del proyecto y el cambio ecológico que sufriría la cuenca del río Biobío. A principios de noviembre de 1992 más de 300 mujeres y diversos representantes indígenas participaron de un solemne ritual en el Alto Biobío contra la central Pangue. La presión ejercida por los grupos contrarios a la construcción de la central incluso interesó a sectores ecologistas norteamericanos, quienes se sumaron a la causa. El conflicto llegó a los tribunales de justicia donde, finalmente, en 1993, la Corte Suprema acogió la apelación interpuesta por la empresa Pangue, S.A., dejando sin efecto el fallo de la Corte de Apelaciones de Concepción y permitiendo la construcción de la central.

Un conflicto aún más difícil de resolver fue el que se suscitó en 1994 a raíz de la construcción de Ralco, la segunda central hidroeléctrica en el Biobío. Si bien hubo una férrea oposición de ecologistas e indigenistas, muchos pehuenches aceptaron la permuta de tierras ofrecida por ENDESA. No obstante, las hermanas Berta y Nicolasa Quintremán se opusieron tenazmente a salir de sus tierras en recuerdo de sus antepasados y de los derechos ancestrales que poseían sobre las tierras. ENDESA solo pudo solucionar el conflicto con las hermanas Quintremán en el 2003, prácticamente diez años después que CONAMA recibiera los términos de referencia para realizar el Estudio de Impacto Ambiental de la Central Hidroeléctrica Ralco.1

En estas latitudes el clima cambia radicalmente, ahora hay calor, moscos, abejas asesinas y paz sepulcral en un desolado paraje frente al gran río Bíobío. Nuestro campamento (“Territorio pegüense”, en la pluma de la entrada), completamente vacío de turistas, ocupa tierras de Ralco, en El Pangue, dentro de la Reserva Natural Alto Bíobío. Las “abejas asesinas”, llamadas así porque eran salvajes y no pertenecían a ningún panal “civilizado”, no nos dejaban comer en el exterior de los vehículos, se juntaban por decenas en torno a cualquier plato o bocado de comida, pero en realidad ese fue su único crimen en los tres días que duró nuestra estancia. Una breve dosis de un vaso de cerveza Cristal (4.6°) al mediodía, nos provocó una reacción desmesurada. ¡Hic! Luego de dos días, ante las alternativas de retornar a Santiago o internarnos más en la reserva, hacia la frontera argentina, Cris hizo ganar la segunda opción y el tercer día emprendimos un largo trayecto por terracería con destino a la laguna de El Barco, a menos de 50 km de la frontera argentina del paso Copahue.

El trayecto fue un poco fatigoso, bajo un intenso sol y mucho polvo del camino. Parte importante del cansancio correspondía a que era el día 17 de nuestra prolongada aventura en campamentos, con todo lo que ello implica.

En el camino apreciamos antenas de educación satelital en las pequeñas comunidades y la existencia de señal de internet, lo que fue una novedad en nuestro viaje donde privó la incomunicación. Sobresalen los postes de electricidad en la profunda sierra equivalente a un esfuerzo muy importante de la compañía de luz, y desde luego algo que no ajeno a esa “modernidad” como la siembra masiva de pinos radiata y eucaliptos al por mayor, por todos lados.

Por primera vez pude apreciar pobreza verdadera en los caseríos pehuenches montados en las laderas. En la comunidad Ralco Repoy un “Jardín infantil étnico” muy modesto, como el resto de la infraestructura que ampara todas estas rancherías alejadas de todo; hasta en las paradas del bus se aprecia esa baja de calidad, algunas de plano destruidas.

Circulamos entre los volcanes Copahue y Callequí, ambos en ostensible actividad. Y a través de subidas abruptas, paisajes espectaculares del río, sembradíos de alfalfa, quilas -que es un arbusto abundante en montes y cañadas-, casas muy altas de dos aguas con un alto pórtico y una terrorífica deforestación, arribamos, tras dos kilómetros de caminata bajo el sol por las condiciones del camino, a la comunidad pehuenche de El Barco, un parque público con una laguna rectangular que tiene una pequeña isla con un árbol en el centro ¿el barco?

Antes de llegar, por fin, en una cañada con altos cerros coronados de araucarias que conduce el río que lleva a la laguna, un pequeño bosque de araucarias, el icónico árbol sagrado de los mapuches que llega a medir hasta 50 metros y a vivir hasta 2 mil años. Las ramas de la araucaria se van cayendo a medida que crece, de forma que en su vida adulta solo tiene ramas en la parte superior. De sus hojas-escamas se extraen las semillas (pehuén) para comerlas y para preparar el chvid, un licor muy fermentado que no llegué a probar.

Para nuestra sorpresa, El Barco rebosaba de turismo de apariencia regional; familias de chilenos humildes descansando y comiendo, amenizados por enormes equipos de sonido con música popular. Sin ninguna evidencia geológica me atrevo a pensar que El Barco quizás es un enorme cráter colapsado en un tiempo remoto, pues todo el cuerpo de agua está rodeado por una ladera circular. Y al Este del espejo de agua, el volcán Copahue, que comparte su cuerpo con Argentina, en permanente actividad con abundantes fumarolas. Metimos los pies al pequeño río que desembocaba ahí para experimentar el agua más fría que he sentido en mi vida, incapaz de permanecer más de diez segundos con los pies sumergidos.

Retornamos de noche a nuestro campamento en Ralco, junto al río, quemados por el sol, exhaustos de camino, de tierra, de hambre. Agotados de nuestras aventuras y admirados de la vitalidad de Cris que hubiera prolongado ese viaje por semanas o meses con tal de no retornar a sus rutinas de Santiago. Pero, es una pena aceptarlo, era la única portadora de ese entusiasmo.

1 Memoria chilena. Biblioteca Nacional de Chile,http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-96731.html

Fotos cortesía de Malú Méndez Lavielle.

He seguido de cerca y con mucho interés está iniciativa de regularización del arte urbano. Sé que hay muchas personas que se oponen a priori, pero yo tengo otro concepto, tal vez por haber trabajado muchos años en vía pública. Conozco de cerca a muchos de los artistas urbanos del centro porque también es mi lugar de trabajo. He visto surgir en épocas recientes a grupos verdaderamente interesantes que han hecho de la calle su escenario. Había un grupo multidisciplinario muy bueno que en la plaza del Carolino hacían un show de clowns con música en vivo y malabarismo en la plaza de la democracia, grupos de jaraneros que hacían fandangos multitudinarios en el Lennon, un muy buen quinteto o sexteto de saxofones. Se dieron espontáneamente, se dio ese salto de la mendicidad con instrumento al arte urbano. Tal vez el único antecedente es el grupo de invidentes que tocan afuera de Woolworth y que llegaron a ser 6 o 7 tocando además de la guitarra bajo y mandolina bastante bien, por cierto.

Estos grupo animaron a otros artistas y surgieron más malabaristas, de escuela, porque en Puebla incluso hay una universidad de arte circense. Y otros más que decidieron experimentar sonidos diferentes como el klezmer, y todo iba bien hasta que el ayuntamiento no supo cómo manejarlo y vía pública empezó a prohibir que tocaran e incluso amenazaban con quitarles los instrumentos.

Eso fue hace tres años aproximadamente. Yo asesoré a algunos de ellos porque, como te dije, he trabajado en la vía pública algunos años. Pero aparentemente el ayuntamiento entendió que estos jóvenes talentosos son un plus para el turismo y los dejó ser. Surgieron además de los cantores urbanos habituales de blues o de rock urbano con composiciones propias, bemberos y huapangueros venidos de la sierra, artistas que tocan tangos, andino, manouche, jazz, o que cantan ópera. O música de cámara. Violines y cellos. Pero de repente a alguien en el ayuntamiento se le ocurre que quiere "organizarlos" sin contar con su opinión. Es algo que no sorprende en esta administración. Creo que es bueno que los reconozcan, que no los persigan como a delincuentes, que les den un permiso que les dé tranquilidad para trabajar. Pero desapruebo una cuota sacada de la imaginación de no sé quién y que debería ser negociada con los afectados. Porque es cierto que el reglamento de ayuntamiento dice que las actividades lucrativas en vía pública deben ser autorizadas y pagar derechos, pero ha habido administraciones en las que las cuotas han sido simbólicas ($4 por ejemplo en la administración de Paredes) y el "casting", que me suena a censura. Después de todo el casting lo hace el público todos los días...



La calle es un excelente escaparate, pero también es peligrosa, te la comes o te comes... si tocas el alma del público también tocas sus bolsillos. Es un escenario tan digno como cualquier otro pero es el artista el que le da la dignidad como los señores de la sonora "callejera" que ya son parte del paisaje y que no dejan de sorprendernos con sus brillantes trajes en todos los colores.

Video tomado del facebook "Poblando ando"


c/6 parrafos

¿Qué haría yo? Porque es fácil criticar pero no todos dan soluciones...

Primero: Yo establecería puntos donde hubiera afluencia pero que no interrumpieran el paso, porque hay lugares considerados por ayuntamiento en su nueva disposición donde no se paran ni las moscas. Yo dejaría como un corredor natural: el barrio del artista, ahí caben auditivamente dos o tres grupos, Parián sobre la 6, atrás del Carolino, Lennon, plaza de la democracia, Sapos, y en domingo alrededor del Zócalo incluyendo Reforma hasta la 3 que está cerrada y la 5 de mayo. Incluyendo el parque de San Luis y la entrada del Mercado de la Victoria.

Segundo: Hay que considerar que los artistas normalmente no trabajan de continuo ni todo el día (porque el arte es cansado), y que se desplazan. No se quedan en el mismo lugar. Entonces este circuito debe ser rotativo. No todos salen todos los días ni todo el día. Hay "eventuales" incluso que vienen de otras partes y que tienen propuestas interesantes. Yo "vendería" el permiso por día en la oficina de turismo. Tal vez un gafete especial, $10 para solista $20 por grupo. Y ya con eso puedes trabajar tranquilo y pagas tus derechos ahí mismo te dan un mapa de los lugares autorizados y ves donde te acomodas. Repito los artistas se mueven.

Para los artistas que salen todos los días o casi todos pondría una cuota por mes (con descuento obviamente) tal vez de $100 por solista y $200 por grupo. Con derecho a salir cuántas veces quieran, sin restricciones.

Ahí cada quien evaluaría si le conviene la tarifa diaria o la mensual. ¡Y ya! Lo del casting sale sobrando, si no la haces no vas a juntar ni lo del permiso. Así de cruel es la calle.

Ya para finalizar. Un exhorto al público. Sean generosos, con su tiempo y con su dinero, ¡pero sobre todo con sus aplausos! Y pues recalco estoy hablando de artistas. No de personas que tocan cinco notas todo el día.

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