Guillermo Ruiz Argüelles: Por una medicina de excelencia comprometida con el bien común Destacado

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Mundo Nuestro. El viernes 8 de septiembre pasado Guillermo Ruiz Argüelles recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. En la historia de esa institución es la primera vez que se otorga a un egresado de la Facultad de Medicina. Aquí lo consignamos por la importancia que para la investigación científica en medicina tiene este reconocimiento al director de la Clínica Ruiz en Puebla, probablemente la institución científica de carácter privado más importante de México.

En su discurso de aceptación del Doctorado el Doctor Ruiz Argüelles subrayó la necesidad de una educación de excelencia para contribuir en la construcción de un mejor país. Aseguró que la práctica y la enseñanza de la medicina no admiten mediocridades, pues el campo de trabajo de los médicos es el ser humano. Por ello se pronunció a favor de la selección de los mejores estudiantes para ingresar a la facultad, pues dijo, “es fácil hacer buenos médicos cuando se trabaja con gente inteligente”. Señaló que le preocupa la poca productividad científica de los médicos mexicanos, el desinterés de muchos y el afán de hacer dinero, la insensibilidad de quienes controlan los servicios privados de salud; así como el que las casas farmacéuticas estén más preocupadas por crear fármacos para prolongar la vida y no para curar.



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Aquí el texto de aceptación del Doctor Guillermo Ruiz Argüelles, Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí:



Por una medicina de excelencia comprometida con el bien común

No es insólito que suela acosarnos el enigma sobre el lugar de residencia del honor. Es decir, sobre en cuál de los méritos del hombre reside el motivo para honrarlo y para distinguirlo. Las respuestas no son fáciles. Desde luego que el saber, el tener, el hacer y el poder son méritos indiscutibles. Pero, ¿son éstos los supremos y determinantes? Yo creo honestamente que no, lo que me permite pasar al segundo punto de mis reflexiones.

A lo largo de 50 años he estado en contacto con la enseñanza de la medicina. Inicialmente como aprendiz de laboratorio de mi padre y más tarde como estudiante de medicina de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Y aquí cito a Isaac NEWTON: “Si hemos podido ver más lejos es porque hemos estado parados sobre hombros de gigantes”. Mi padre, doctor Honoris Causa por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, me introdujo a la medicina como diversión, pasión y estilo de vida; sin duda mi mayor gigante. El paso efímero por la Escuela de Medicina de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla me enseñó la manera de cómo no deben tratarse a los alumnos de nuevo ingreso y cómo no debe de politizarse la enseñanza de la medicina; seis meses y el cañón de una pistola fueron suficientes para concluir mi paso por esa Facultad de Medicina. Huyendo de aquella institución y de la mediocridad médica, el gigante orientador, mi padre, Guillermo RUIZ REYES, nos condujo a mi hermano Alejandro y a mí a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. “Si se van a ir de Puebla, se van a la mejor escuela de Medicina del país”. Y meses después, en esta ciudad, frente al Parque de Morales, el primer día de clases, antes de las siete de la mañana, un personaje de saco bien entallado, pantalón rabón y dicción clara y sonora nos recibió y espetó: “¿Son ustedes los hermanos RUIZ ARGUELLES de Puebla…?” Lo primero que pensé en ese momento fue que cómo era posible que un personaje de aspecto tan distinguido estuviera ya dispuesto a hacernos una novatada. Todo lo contrario; se trataba del mismísimo director de la Facultad de Medicina, quien, habiendo llegado a la escuela esa mañana antes que nosotros, nos extendió una bienvenida cordial y nos hizo pasar a su oficina. Se hizo aparente entonces, otro de los gigantes sobre cuyos hombros nos pudimos parar, el ahora fallecido Dr. José de Jesús MACÍAS MENDOZA. Los contrastes de las recepciones en estas dos escuelas de medicina han horadado mi mente y las experiencias de haber abrevado de su ciencia y de su cultura nos dejó muy claro que, parafraseando a Homero ARIDJIS “… si no cuidamos la ciencia, nos vamos a degradar; si no cuidamos el arte, nos vamos a embrutecer; si no cuidamos nuestra convivencia, nos vamos a aniquilar; si no cuidamos la economía, nos vamos a empobrecer; si no cuidamos nuestras convicciones, nos vamos a traicionar; si no cuidamos nuestra generosidad, nos vamos a envilecer; si no cuidamos nuestras esperanzas, nos vamos a desahuciar; si no cuidamos la justicia, nos vamos a corromper; si no cuidamos nuestro orgullo, nos vamos a humillar; y, si no cuidamos la política, nos vamos a destruir.

Por una educación médica de excelencia

Mi exposición ulterior a los ambientes académicos privilegiados en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador ZUBIRÁN y más tarde en la Escuela de Medicina de la Clínica MAYO me permitieron advertir la importancia de la educación médica de excelencia en la producción de médicos capaces de involucrarse en labores de asistencia, enseñanza e investigación y en consecuencia contribuir a hacer un mejor país. Otras experiencias posteriores en universidades públicas y privadas de mi estado natal me han dejado también huella. Reproduzco aquí unas palabras que yo mismo le escribí al rector de una Universidad privada ubicada en mi ciudad natal, en cuyo consejo estuve involucrado y que, con afán meramente mercantilista, privilegió la admisión de un número elevado de estudiantes de medicina de nuevo ingreso sobre la selección cuidadosa de los mismos:

“La combinación de propiciar el incremento en el número de alumnos admitidos sacrificando un buen proceso de selección, con la elección de directivos y personal docente inexpertos, es francamente peligrosa y, a mi juicio, la responsable, por lo menos en parte, de lo que está ocurriendo. La práctica y la enseñanza de la medicina no admiten mediocridades; la medicina es una profesión para privilegiados. El campo de trabajo de los médicos son los seres humanos y sólo el médico sabio puede hacerlo debidamente. Colaborar con la preparación de médicos mediocres es atentar contra la misma naturaleza humana, es en realidad un delito de “lesa humanidad”. Después de este mensaje, el señor Rector nunca me volvió a dirigir la palabra y más tarde se hizo evidente que sus planes a largo plazo no eran precisamente académicos. Y cito aquí a Eduardo CESARMAN: “Sólo creo en los médicos preparados, estudiosos, responsables, honestos y trabajadores. Los médicos sólo pueden ser de primera. No hay diagnóstico simple ni tratamiento sencillo. Hasta para dar una aspirina se precisa solidez profesional y decencia.

La Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí ha sido y es la evidencia de la capacidad de generar médicos capaces, sobresalientes, preparados, estudiosos, responsables, honestos y trabajadores. Dos de sus egresados ocupan los puestos directivos más importantes del mejor hospital del país, los Dres. José Sifuentes OSORNIO y Miguel Angel MERCADO DIAZ, directores de Medicina y Cirugía, respectivamente, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de Nutrición Salvador ZUBIRÁN. Miguel Angel, compañero de escuela, de casa y hasta compadre, nos honra con su presencia. Y aquí encuentro la ocasión para comentar la conversación que el Dr. Alvaro GOMEZ LEAL, entonces residente de hematología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de Nutrición Salvador ZUBIRÄN y padre de mi mejor amigo y casi hermano David GOMEZ ALMAGUER, mantuvo con el propio Dr. ZUBIRAN: “Mire usted: La verdad es que usted no hace ningún chiste con su hospital: Escoge a los mejores estudiantes de Medicina del país, los mete a su hospital y hace de ellos los mejores médicos especialistas… Yo quisiera ver que seleccionara a los más burros y los hiciera buenos médicos especialistas.” Aseveración dura pero cierta. El Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de Nutrición Salvador ZUBIRÁN ha aceptado a muchos estudiantes de medicina egresados de esta Facultad.

En el año de 1970, cuando ingresé a la Facultad de Medicina de esta Universidad, pagué una cuota de 4000 pesos, que equivalen a 8 pesos actuales, para concluir mi primer año de estudios. Por obra y gracia del Espíritu Santo –como decía mi abuela Atala--, el resto de mi carrera ya no pagué colegiaturas. Más tarde el gobierno del país me pagó para hacerme médico internista y luego médico especialista en hematología. Pude hacerme médico, internista y hematólogo por el equivalente a 8 pesos mexicanos actuales. Así las cosas, cuando me ofrecieron quedarme a trabajar más tiempo en la Clínica MAYO en los Estados Unidos de Norteamérica, varias ideas me agolparon la mente: 1) Que mi país había invertido en mi preparación más dinero y esfuerzo que yo mismo y que mi familia; 2) Que me sentía obligado a retribuir a mi país lo mucho que me había dado; 3) Que con mi preparación, yo era capaz de beneficiar a más personas en México que en otros sitios; 4) Que tal vez podría influir en otras personas para engrandecer a nuestro México; 5) Que me resultaba desagradable la idea de que nuestros hijos crecieran en un país ajeno al mío y 6) Que me gustaban más los tacos de El Tizoncito que los de Taco Bell. Y así decidí volver a México; si no hubiera tomado esta decisión, muy probablemente no estaría aquí entre las personas que realmente me importan.

Hasta aquí algunos conceptos que me pareció prudente transmitirles sobre la enseñanza de la medicina. Y cito aquí a Edward T. CREAGAN, médico de la mundialmente famosa Clínica MAYO: “Todas las personas, independientemente del número de diplomas en las paredes de sus oficinas, de la cantidad de letras después de sus nombres o de los dígitos en sus cheques de pago, tienen sus luchas y sus contratiempos. Una vez que reconozcamos que todos luchamos en contra de los mismos asuntos fundamentales, será un poco más sencillo movernos hacia adelante.

Reconocimiento en Estados Unidos a los científicos David Gómez Almaguer y Guillermo Ruiz Argüelles en febrero pasado/CORTESÍA DE CLÍNICA RUIZ.

Preocupaciones en torno a la medicina en México

Deseo también transmitirles a todos ustedes algunas de mis grandes preocupaciones. Me preocupa la poca productividad científica de los médicos mexicanos; me preocupan el número tan bajo de investigadores mexicanos que trabajan y publican; me preocupa el desinterés científico y pedagógico de muchos colegas; me preocupa el afán desmedido de los médicos por hacer dinero, me preocupan las acciones innecesarias que con frecuencia se emprenden en los tratamientos de los pacientes con el objetivo de obtener recompensas económicas en vez de devolverle la salud a los enfermos; me preocupa la insensibilidad de quienes controlan los servicios privados de salud; me preocupa el costo progresivo de los nuevos medicamentos, inaccesibles a muchos de los mexicanos; me preocupa que, dados los costos actuales de los medicamentos contra el cáncer, la posibilidad de que una familia caiga en bancarrota es tres veces mayor si algún miembro tiene cáncer. Me preocupa, y mucho, que las casas farmacéuticas estén más interesadas en generar fármacos para prolongar supervivencias que para curar; me preocupa el número creciente de enfermedades creadas por la industria con el único afán de administrar medicamentos muchas veces innecesarios a los pacientes; me preocupan los colegas que se involucran en la dicotomía, me preocupa la intromisión desmedida de algunas compañías farmacéuticas en la vida de las sociedades médicas; me preocupa mucho que la preparación y actualización de los llamados “líderes de opinión” esté en manos de las compañías farmacéuticas y no de instituciones académicas; me preocupa que la enseñanza de la medicina se esté convirtiendo en un negocio; me preocupa que muchas Escuelas de Medicina convenzan a sus alumnos que su mejor opción es irse a trabajar fuera del país; me preocupa mucho que los médicos sean estimulados desde muy jóvenes a ganar todo el dinero posible, me preocupa que pocas personas les digan a los jóvenes que también es bueno trabajar por el bien común y me preocupa más que muchos colegas no se preocupen ni se ocupen de estos asuntos.

La profesión del médico

Desde hace más de 40 años he estado involucrado en la medicina y he tenido el privilegio de conocer a médicos humanos, a profesores excepcionales, a científicos sobresalientes, a gente sencilla y noble, a jóvenes estudiantes con una sana ambición de ser. Pero en los últimos años me he visto obligado a andar por las calles con mucho cuidado; hay mucho excremento por todos lados y me he tenido que cambiar de zapatos dos o tres veces. Y cito aquí a Ruy PEREZ TAMAYO: “Una de las pocas ventajas que tiene la tercera edad, como se dice ahora, o la vejez, como se ha dicho siempre y en todas partes, es la repentina adquisición de la licencia, cuando no la obligación, de funcionar como patriarca o viejo sabio, cuando no como oráculo o hasta pitoniso. La he llamado ventaja, pero la verdad es que la inmensa mayoría de las veces es una lata, porque en mi caso (único del que hablo con cierta autoridad), de lo de viejo sabio ya me llegó lo primero, pero lo segundo todavía no…

Los médicos somos descendientes directos de los hechiceros y de los sacerdotes; recurrimos a la racionalidad de la ciencia y a los recursos de la tecnología. Como a los hechiceros, se nos teme porque se nos necesita; se nos odia porque se nos ama; somos objeto de halagos y burlas; nos maldicen y nos llenan de bendiciones. Todo lo relacionado con el médico es ambivalente. Somos muy probablemente la profesión más asediada.

Y dejo al final para resaltarlos más, mis agradecimientos a las instituciones y personas que han hecho de mí una persona diferente, preocupación que me ha seguido durante toda la vida y que no me dejará hasta el último de mis días. De las instituciones, la Escuela Granja Legionarios del Campo, el Instituto Militarizado Oriente, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, mi Alma Mater la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, la Universidad Nacional Autónoma de México, el entonces Instituto Nacional de Nutrición y ahora Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de Nutrición Salvador ZUBIRÁN, la MAYO Graduate School of Medicine, todas han dejado una huella imborrable. En ellas tuve la ocasión de conocer a los gigantes quienes generosamente me permitieron pararme en sus hombros: José de Jesús MACÍAS, Benjamín MONCADA, Enrique TORRE, Beatriz VELAZQUEZ, Juan Pablo CASTANEDO, Donato ALARCÓN-SEGOVIA, Ruy PEREZ-TAMAYO, Robert KYLE y otros. Mis abuelos Raymundo y Eleuterio, mis abuelas Mercedes y Atala, mis padres Guillermo y Rosa, mis hermanos Alejandro, Coral y Rosa María, mis hijos Guillermo, Manuel y Rodrigo, mis hijas Danitza, Edurne y Elsa y mis nietos Elsa, Danna, Rodrigo, Triana, Guillermo Santiago y Pilar han sido y son la más valiosa influencia en mi persona. Me es particularmente grato señalar que la institución que ahora me distingue con este reconocimiento, también me concedió el privilegio de conocer a la compañera de mi vida. Hace 47 años, en las aulas de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí conocí a Guadalupe DELGADO AGUIRRE, quien me ha acompañado a lo largo de mi vida, primero como estudiante y luego como profesionista, más tarde como padre y luego como abuelo, y quien con su apoyo constante e incondicional me ha dado la confianza y seguridad para seguir adelante y para involucrarme en proyectos ambiciosos y nuevos estilos de vida. Muchas gracias Lupita.

Guillermo Ruiz Argüelles y Guadalupe Delgado Aguirre.

Parafraseando a Jaime SABINES, diré que “llega un momento en que uno se siente como vacío porque ya ha dicho todo lo que tenía que decir: afirman que cuando los místicos llegan a Dios, se quedan callados. Si el hombre llega a cierto equilibrio, a cierta llenura, ya no tiene urgencia de escribir ni de hablar; tiene que llegar al silencio y en el silencio están Dios o la muerte, o los dos al mismo tiempo para las almas felices”.

Y me parece prudente aquí referirme a la aseveración de Ortega y Gasset de “soy yo y mi circunstancia”, que hace evidente que no todo lo que nos sucede depende de nosotros, que no somos del todo responsables porque también han influido las circunstancias; me enorgullece confesar que yo he sido muy afortunado con las circunstancias que todos ustedes han procurado para mi vida, y que nunca sabré agradecerles de manera suficiente. Y cito aquí a Marcel PROUST: “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” y a Thornton WILDER: “Sólo se puede decir que estamos vivos en esos momentos cuando nuestros corazones están conscientes de nuestros tesoros”.

Muchas gracias a todos quienes hacen florecer mi alma y me hacen sentir vivo. Me encantaría agradecérselos desde el fondo de mi corazón, pero, para todos ustedes, mi corazón no tiene fondo.

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Sobre el autor

Guillermo Ruiz Argüelles

Guillermo Ruiz Argüelles (Ciudad de Puebla, 1950), médico, científico, director de Clínica Ruiz. Miembro numerario de la Academia Nacional de Medicina de México, del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel III), de la Academia Mexicana de Ciencias y de la Comisión de Investigación en Salud de México. 

Ex-presidente de la Asociación de Medicina Interna de México (1989) y de la Agrupación Mexicana para el Estudio de la Hematología (1993-1995). Presidente del Capítulo Mexicano de la Sociedad de ex-alumnos de la Clínica Mayo (2008- ). Miembro del Comité Directivo de la Mayo Alumni Association (2009- ) Secretario General de la Interamerican Division de la International Society of Hematology (1996-2005), Presidente del Consejo de la International Society of Hematology (2005-2009), Presidente de la International Society of Hematology (2010-2012). Miembro del Committe on Educational Affairs (1999-2002) y del ad hoc Committee on International Outreach de la American Society of Hematology (1998-2000). Fellow del American College of Physicians, del Royal College of Physicians and Surgeons of Glasgow, de la American Society of Hematology, y de la Plummer Society. 

Autor de 352 artículos in extenso, de 75 cartas al editor en revistas nacionales e internacionales y de 342 resúmenes en revistas con pares de revisores. Editor de 10 libros y coeditor de 13; autor de 81 capítulos en libros. Editor-Jefe de la Revista de Hematología (México). Miembro del comité editorial de revistas médicas mexicanas (Gaceta Médica de México, Medicina Interna de México, Medicina Universitaria y De Medicinis Expertis) y extranjeras: HemOnc Today (EUA), International Journal of Hematology (Japón), Hematology (ReinoUnido) Biología & Clínica Hematológica (España), Revista de Oncología (España), Revista Brasileira de Hematologia e Hemoterapia (Brasil) y Hematology / Oncology Stem Cell Therapy (Arabia).