Ríos Montt, tres lecturas sobre un dictador Destacado

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El domingo 1 de abril de 2018 murió el General Efraín Ríos Montt. Apresuradamente y con honores militares fue sepultado. En su panegírico su hija Zury Ríos Sosa dijo que había muerto un líder político, hombre de bien, gran esposo, de gran moralidad y principios. Esta es una lectura íntima, respetable pero discutible.

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Hay otras lecturas acerca de Efraín Ríos Montt. Empiezo por la que le he leído a mis amigos anticomunistas en el espacio de comunicación que compartimos. Para ellos y para todos los que piensan como ellos, Ríos Montt es un hombre a quien los guatemaltecos deben tenerle gran gratitud porque tuvo los arrestos (en realidad usan un vocablo procaz) para frenar a los comunistas que con violencia inaudita mataban a personajes honorables y cometían masacres en los pueblos indígenas. A Ríos Montt Guatemala le debe el ser un país libre. Y es justicia poética que no haya terminado sus días encarcelado. Con sorna y alegría dicen que el general murió en libertad. En realidad murió enfrentando procesos judiciales, los cuales evadió por una alegada demencia senil.



Esta lectura contrasta con la que expresan sectores de izquierda, la comunidad de derechos humanos y lo que parece un lugar común incluso en medios de comunicación conservadores, particularmente fuera de Guatemala: Ríos Montt fue un dictador, cuyo gobierno cometió centenares de masacres y más de la mitad de las ejecuciones y desapariciones forzadas que se observaron durante el Conflicto Armado Interno. Objeto de controversia es si estas indudables atrocidades cometidas en los 17 meses de su gobierno pueden ser calificadas de genocidio. No obstante esto último, un tribunal concluyó como verdad jurídica que el general era responsable del delito de genocidio y lo condenó a 80 años de prisión. Como es sabido, la sentencia rápidamente fue revocada por la Corte de Constitucionalidad quien alegó fallas en el debido proceso.

A esta última lectura del General Ríos Montt que comparto plenamente, agregaría una más. Por un instante, quien hoy es visto “como uno de los militares más sanguinarios de Latinoamérica”, tuvo la oportunidad de convertirse en el líder de un movimiento reformista que de triunfar acaso hubiera evitado el baño de sangre que vivió Guatemala desde fines de los 70 hasta el término del Conflicto Armado Interno. Esto sucedió cuando la Democracia Cristiana, la socialdemocracia y una parte del Movimiento Revolucionario, lo apoyó en su candidatura presidencial en 1974. Pero Ríos Montt no resistió al fraude electoral. Optó por un exilio dorado en España y una militancia en el fundamentalismo religioso. En lugar de convertirse en un militar pundonoroso como lo fuera el general Liber Seregni en Uruguay, se convirtió en el líder de un golpe de Estado en el cual no participó. Encabezó entusiastamente un gobierno que cometió masacres y desapariciones forzadas, que instauró los oprobiosos Tribunales de Fuero Especial que fusilaron a más de una docena de personas en juicios sumarios y quiso perpetuarse en el poder.

Dicen que la historia lo juzgará. Yo pienso que ya lo ha hecho.

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Sobre el autor

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra es profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla desde 1980. Ocupa el cargo de coordinador del Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales  y Humanidades «Alfonso Vélez Pliego» desde el 2008. Sin duda, es uno de los académicos más reconocidos por su especialización en el periodo de la guerra civil guatemalteca (1960-1996). La historia de su familia representa en buena medida la tragedia sufrida por miles de ciudadanos centroamericanos que han luchado por una sociedad democrática, justa e igualitaria.

Carlos Figueroa nació en la ciudad de Guatemala el día 5 de agosto del año 1952. Hijo de Carlos Alberto Figueroa Castro y Edna Albertina Ibarra Escobedo.1 En 1954, junto a su familia, se exilió en México tras el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán. Posteriormente, la familia regresó a Guatemala en 1958, donde permanecería por 12 años. Desde 1970, estudió sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), regresando graduado a su país. En junio de 1980, durante el gobierno del general Fernando Romeo Lucas García, fueron asesinados sus padres, lo que sumado a amenazas de muerte por el Ejército Secreto Anticomunista (ESA) de Guatemala, lo obligaron a fijar su residencia en México. Ingresó como profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Fue militante del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) desde 1973 hasta 1984. Desde 1987, realiza estancias cortas en Guatemala que aprovecha para ofrecer cursos cortos o presentar sus trabajos académicos y artículos periodísticos en la prensa de ese país.

En los últimos tiempos, Carlos Figueroa ha fungido como Secretario de Derechos Humanos y Sociales en el Comité Ejecutivo Estatal del MORENA, el partido político en construcción a partir del movimiento social encabezado por Andrés Manuel López Obrador.