Lunes, 04 Abril 2016 00:00

Cien números de la revista Elementos

Escrito por  Enrique Soto
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La revista Elementos que la BUAP edita desde 1984 es sin lugar a dudas una de las más importantes publicaciones de divulgación científica en Hispanoamérica, y probablemente la más consistente y calificada en México. Publica ahora su edición número cien. Con este texto, su director histórico, fisiólogo del Instituto de Fisiología de la misma universidad, el Doctor Enrique Soto Eguíbar, da cuenta de las razones de este festejo por la ciencia en México.

ELEMENTOS N.100

En qué es diferente publicar 100 Elementos a 98 o 103? Bueno, realmente en nada y en mucho. Estos números múltiplos exactos de 10 tradicionalmente inducen al festejo y un 10 de 10 no es para menos. Este número revela la persistencia de un acontecimiento: 3 veces algo es poco, 10 veces es usualmente considerado como “algo” y 100 veces es considerado bastante o mucho, aunque no siempre, ya que lamentablemente 100 pesos representan ya muy poco.

Como sea, en el caso de una revista es un buen motivo para festejar, al menos demuestra que hemos sido tenaces, o a lo mejor muy necios, lo que sea, pero no poco. Festejemos pues que la revistaElementos publica su edición número 100 y con ello se suma a un selecto grupo de revistas culturales con el claro don de la persistencia. Este hecho revela, además, que en nuestro medio estamos aprendiendo a crear tradiciones científicas y culturales, que hemos logrado rebasar los sexenios gubernamentales y, en el caso de las instituciones universitarias, los cuatrienios rectorales. Estamos con ello apostando a una nueva forma de tradición, la académica, y creo yo, sentando las bases de lo que a largo plazo puede ser la cultura científica moderna en nuestro medio.

En el desarrollo de Elementos pueden distinguirse dos etapas, una primera de formación en que fue promovida y dirigida por Jesús Mendoza Álvarez (actualmente Subdirector de Radio y Televisión del CONACyT) y que abarca del número 1 al 15, publicados entre el año 1984 y 1990, y una segunda etapa de rescate y consolidación, en que me ha tocado dirigir la revista desde el año 1992 al presente y que abarca desde el número 16 al 100. Dicho esto, es claro que la edad en años de la revista es mayor de lo que aparenta con sus 100 ediciones, lo cual revela que en una primera etapa la revista estuvo sujeta a diversos vaivenes institucionales y no logró sortear indemne los cuatrienios que ya he mencionado. En su segunda etapa, por fortuna, se ha privilegiado la estabilidad sobre otros elementos relacionados con la organización administrativa de la Universidad, lo que nos ha permitido editarla de forma estable y con un perfil definido que ha tenido, y esperamos siga teniendo, cambios graduales que la han mejorado, sin los grandes sobresaltos que implica reinventarla cada sexenio o cuatrienio, como sucede con diversas instituciones del estado y también de las universidades públicas.





¿Qué pretendemos en esta que he presumido como la mayoría de edad de la revista? Lo fundamental es mejorar su contenido, la profundidad, la inteligencia y el lenguaje con que se abordan los asuntos del conocimiento. Es necesario que nuestros autores amplíen su mirada y problematicen sus asuntos tratando de crear un verdadero diálogo intelectual con los lectores. Muchos de los trabajos que publicamos son todavía más un monólogo que un diálogo dirigido al lector. Este, creo, es un reto general de los científicos y divulgadores, el acento en la internacionalización ha llevado a que los científicos mexicanos abandonemos en gran parte al español como lenguaje. Hay que dar una pelea para sostener a nuestra lengua como parte fundamental en la divulgación del conocimiento científico, más aún si queremos promover la pertinencia social de la ciencia e incentivar el desarrollo de una cultura científica en México y en Latinoamérica.

La ciencia en México es relativamente joven. Si bien se pueden trazar sus antecedentes a los siglos XIX y XX, es realmente a mediados del siglo XX cuando se crean los fundamentos que llevarán a desarrollar instituciones científicas modernas, con personal propio dedicado a la labor de investigación y desarrollo científico. El CONACyT, que fue la primera institución del estado mexicano formalmente destinada a atender el desarrollo de la ciencia en el país, inició sus actividades hace casi 45 años, en 1971. El Sistema Nacional de Investigadores cumple apenas 21 años de vida, lo cual evidencia la juventud de la ciencia en nuestro país. Así pues, con sus 100 números (31 años de publicación),Elementos cumple la mayoría de edad y constituye uno entre los muchos medios que contribuyen a conformar lo que hoy podemos denominar la cultura científica en México, la cual, por su dimensión e impacto social, es sumamente pobre si se la compara con la de países homólogos como Argentina o Brasil. Es por ello que indudablemente debemos celebrar, pero sobre todo promover las condiciones para asegurar el futuro de la revista, que luego de otros tantos números podrá aspirar a inscribirse en el catálogo de la cultura científica latinoamericana, y gracias al desarrollo y crecimiento de la Internet, a la cultura del mundo.

El conjunto de revistas de divulgación que como Elementos contribuyen a la divulgación, difusión y discusión del conocimiento científico académico, es un elemento esencial en el proceso de socialización del mismo y es, entre otros medios de comunicación, esencial para el desarrollo de la cultura científica y en la apropiación pública de la ciencia. Cabe anotar que por su cercanía a la comunidad científica y por la comodidad de los científicos con la escritura de artículos, es que las revistas de ciencia tienen un lugar natural en el pensamiento científico mexicano. Si no me equivoco, la mayoría de revistas de divulgación mexicanas pertenecen a instituciones de educación pública superior, y únicamente conozco a Quo como revista de cultura científica que se edita fuera de una institución pública y está sujeta estrictamente al circuito comercial. Las demás, en su mayoría, y en mayor o menor medida, dependemos aún de fondos públicos para sobrevivir, lo cual indica que no existe una comunidad de interés lo suficientemente grande y con el potencial para “gastar” en la compra de revistas científicas, aunque hay que aclarar que este “esquema de negocios”, hoy, con el desarrollo de Internet, probablemente no tiene sentido, y los editores de revistas científicas tendríamos que imaginar un esquema de circulación que no tiene que ver con la compra de ejemplares impresos, los cuales más bien han pasado, al menos en el caso de Elementos, a representar la menor parte de la edición y están dedicados al consumo local y a la circulación gratuita, esto a pesar de que la revista se distribuye en el cada vez menor y más empobrecido circuito comercial de revistas.

Llegamos así al verdadero reto que enfrentan todos los medios impresos del mundo: Internet.Elementos fue una de las primeras revistas mexicanas que movió todo su contenido a la red y, desde el año 2001, cada uno de los números de la revista fue publicado simultáneamente en forma impresa y digital. En el año 2005 digitalizamos todos los números previos de la revista, desde el primero, conformando así un archivo total disponible de forma gratuita y totalmente abierto en Internet. Estos 100 ejemplares conforman un texto de 6400 páginas, 1267 artículos, disponibles libremente para su uso y distribución gratuita. Elementos se adhirió a la iniciativa de “Open Acces” con una licencia “Creative Commons” de tipo CC (compartir, copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato. Adaptar, remezclar, transformar y crear a partir del material para cualquier finalidad, incluso comercial). Se trata de una licencia amplia que permite descargar los contenidos de la revista, modificarlos, redistribuirlos y hasta venderlos. El único requisito es dar crédito a la autoría y a la publicación original en Elementos. Es esta una de las pocas revistas, y en México la única, que ha optado por una licencia total de todo su contenido. La razón obedece a que es producto de una institución pública y por tanto debe estar disponible para el público en general. Todo esto ha determinado que la revista tenga una presencia en diversos países de habla hispana, y en países como los Estados Unidos, donde el español es la segunda lengua. Esto ha llevado también a que autores de otros países publiquen sus trabajos en Elementos, conformando así un genuino proceso de internacionalización. Este último aspecto es relevante y los números indican que Elementos es hoy claramente una revista de corte internacional. Del total de 535 autores, 440 han sido de instituciones nacionales y 95 de extranjeras. Eso significa que el 22% de los autores que publican en Elementos son extranjeros. Eso aunado al hecho de que el 45% de las visitas a nuestro portal de Internet provienen del extranjero, demuestra claramente la internacionalización de la revista (ver gráficas en la numeralia anexa). Por esto estamos en proceso de renovación del portal de la revista para ampliar la visibilidad de sus contenidos y diversificar sus lectores. Si bien la revista como tal se dirige al nivel educativo medio superior y superior, en el portal de la revista hemos decidido ampliar el alcance a otros niveles mediante la incorporación de contenidos multimedia y noticias científico-académicas, dirigiéndonos a lectores con un nivel educativo por debajo del medio y manteniendo el contenido de la revista tal como se ha desarrollado en los últimos 15 años dirigido al nivel medio superior y superior.

No quisiera terminar este texto sin mencionar a todos los que han colaborado en la revistaElementos (espero no omitir a nadie y desde ya ofrezco disculpas si fuera el caso). En su primera etapa ya mencioné a Jesús Mendoza Álvarez que fue director junto con Jorge Barona Díaz. A Marcelo Gauchat, gracias a quien pudimos dar vida a la segunda etapa de Elementos y quien diseñó esencialmente lo que es hoy la revista; fue él quien nos enseñó a pensar una revista. A Emilio Salceda Ruanova, quien se unió al proyecto a partir del número 18 y desde entonces nos ha acompañado en esta labor. A la asistente María del Refugio Álvarez Tlachi. A los diseñadores Jorge González Aragón, quien realizó el diseño de los números 16 y 17, Jorge Lépez Vela (30 al 57), Elizabeth Castro Regla (58 al 73), Miguel Ángel Sánchez Vázquez (74 al 81) y Mirna Guevara Díaz (del 82 en adelante). A Ileana Gómez Torres y a la técnica de mi laboratorio, Lorena Rivera Valerdi, quien se ha encargado de mucho. Evidentemente destacan los que son y han sido miembros del Consejo Editorial: Beatriz Eugenia Baca, María Emilia Beyer, María de la Paz Elizalde, Jesús Mendoza Álvarez, Enrique González Vergara, Francisco Pellicer Graham, Leticia Quintero Cortés, José Emilio Salceda, Raúl Serrano Lizaola, Gerardo Torres del Castillo, y los ya ausentes Cristóbal Tabares Muñoz y Luis Rivera Terrazas. Finalmente no dejo de mencionar al más reciente, pero no menos importante miembro del equipo editorial de la revista, Leopoldo Noyola, quien se encarga junto con Emilio Salceda de la revisión editorial y de generar contenidos para la revista y especialmente para el portal de Internet.





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