Jueves, 14 Abril 2016 00:00

Los ríos muertos en Huejotzingo, el fracaso gubernamental y la miseria del Atoyac

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Los ríos muertos en Huejotzingo, el fracaso gubernamental y la miseria del Atoyac

Por Sergio Mastretta





¿Sólo así he de irme, como las flores que perecieron?

¿Nada quedará en mi nombre?

(Ayocán Cuetzpaltzin, Rey, Poeta y Señor de Tecamachalco, 1480)





Esta es una historia más de la desventura de nuestros ríos. De niños que dejan de ser campesinos para convertirse en obreros subasalariados del capitalismo (salvaje) global que presumen las trasnacionales en México. De gobiernos miopes y fracasados incapaces de mantener en operación una planta de tratamiento. De los otros ríos, los veneros campesinos también rigurosamente maltratados.

Pero también la de la recuperación posible si la sociedad civil organizada no ceja en convertir la muerte del Atoyac en el más grave de nuestros desarreglos socio-ambientales que tenemos que enfrentar como poblanos.

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Miércoles 13 de abril de 2016, con el sol a todo tren los activistas tocan la puerta de una de las plantas de tratamiento que existen en el municipio de Huejotzingo. Tras la reja el pasto ha ganado terreno a pesar del estío. No se mira nadie adentro.

Por fin aparece un niño de seis añitos:

“Voy a buscar a mi padrino”, les dice a activistas de Dale la Cara al Río, A.C.. Para cuando el hombre aparece ya ellos han comprobado que las dos lagunas de oxidación están abandonadas, que el plástico de las geomenbranas se pudre con diligencia profesionl, que simplemente están fuera de operación desde hace mucho tiempo y que las descargas residuales no pasan por ese proceso construido para tratar las aguas del río Xopanac, afluente del Atoyac en su carrera hacia la ciudad de Puebla.

Vale aquí el testimonio gráfico:

Planta de tratamiento en Santa Ana Xalmimilulco: una de las dos lagunas con la geomembrana en franco deterioro.

El colorido de los canales en Xalmimilulco.

La noticia no es nueva: 17 de las 22 plantas de tratamiento en Puebla no funcionan. La que cuida el padrino del pequeñín es una de ellas. Lo que los inspectores tienen a la vista ilustra una historia triste, de fracaso e insolvencia institucional: la planta de Santa Ana Xalmimilulco fue reinaugurada penas en julio del 2104, luego de seis meses de rehabilitación tras su clausura por PROFEPA en diciembre de 2013.

No le faltó presidum al gobernador Moreno Valle para festejar aquel arranque:

Julio del 2014, Rafael Moreno Valle inaugura la planta de tratamiento que será abandonada inmediatamente.

Y ahí vemos muy paradito al presidente municipal, el mismo que al día siguiente echaría un ojo a sus cuentas y se diría: ¿y de dónde voy a sacar dinero para pagar la cuenta del mantenimiento de las alberquitas).

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Cada quien mira a su río al pasar. De ladito, indiferentes, al descuido, los citadinos lo miramos cuando se cruza alguno de tantos puentes que han roto su ser frontera entre la ciudad de Puebla y los pueblos campesinos de las Cholulas. Tantas veces lo cruzamos que ya no miramos al río ni lo que fue; sometido como está por este trance urbano, lo hemos dejado atrás arrempujado como una calle sin banquetas ni números que identifiquen su existencia, convertido en una avenida más por la que nadie transita, en recorridos sonámbulos que van disolviendo su condición agraria, sin tener la menor idea de su penar silencioso desde los volcanes, cuando el río es muchos ríos que bajan de la lluvia torrencial en la volcana, decididos a tomar por mil escurrideros el valle para ir formando el Atoyac.

Nuestro desgraciado río Atoyac. Desde sus veneros en la montaña alta y por sus afluentes que cortan los campos de cultivo de los pueblos originarios.

Nuestros muchos ríos Atoyac, también perdidos para los ojos campesinos.

Escojo dos de esos tantos ríos que bajan en arroyos broncos para disolverse en los llanos. El Xochiac y el Xopanac, que desde la falda del Iztaccíhuatl en dirección poniente-oriente van a dar a un río Atoyac mojigato y recto que desde Texmelucan avanza hacia la ciudad de Puebla, al norte de la autopista a México, ya herido de muerte por la contaminación que le provocan industrias y agroquímicos. Tres municipios (Domingo Arenas, San Lorenzo Chiautzingo y Huejotzingo), con alrededor de 87 mil habitantes de 108 localidades y pueblos, y uno diminuto, San Pedro Tlaltenango, cercado por el aeropuerto y el territorio de Xoxtla. Todos son resguardos prehispánicos tras sus nombres de santos y héroe zapatista, algunos de ellos ya ciudades certeras, como Huejotzingo (26 mil habitantes ) y Xalmimilulco (16,200). Cuatro municipios y dos ríos, ejemplo probado del fracaso de los gobiernos estatal y municipales en el propósito de limpiar las descargas contaminadas.

De la montaña bajan las aguas por barrancas y arroyos hacia el Atoyac. Foto de Daniel Rivero R.

Dos ríos que entre muchos otros van a dar al Atoyac: el Xochiac y el Xopanac. Uno y otro cortan el valle campesino desde los veneros del Iztaccíhuatl, en dirección oriente y hasta el Atoyac.

Este mapa de la cuenca elaborado para Dale la cara al Atoyac, A.C. documenta los puntos de medición de la calidad del agua: dos de los que marcan “fuertemente contaminada” corresponden a la región de Huejotzingo.

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El miércoles 13 de abril los activistas de Dale la cara al Río Atoyac, AC, plantaron esos ríos en el mapa. Para ellos se construyeron dos de las 17 plantas de tratamiento, una de lodos activados y otra de lagunas de estabilización. A mediodía han terminado el recorrido por las dos plantas municipales que tiene Huejotzingo por el rumbo de Santa Ana Xalmimilulco. Las dos están abandonadas. Más allá, en Xoxtla, que no cuenta con planta alguna, han inspeccionado la descarga municipal en el Atoyac, al otro lado de la autopista, en la carretera que lleva a Santa Águeda y al nuevo fraccionamiento Valquirico. El resultado era el esperado, pero no hay como comprobar lo que salta a la vista: que las plantas no operan, y que las descargas industriales y municipales van directo a los arroyos y canales.

Me doy tiempo para mirar las fotografías, y para pensar en este río nuestro y su cuenca. Por ejemplo, ¿cuántos ríos como el Xochiac y el Xopanac forman el Atoyac? Casi se pueden contar en la gráfica elaborada para Dale la cara al Atoyac, A.C, que presenta esos veneros casi como un corazón, y si lo intento pierdo la cuenta más allá de los cincuenta.

Las rutas gruesas son las del Atoyac a la izquierda, que baja del Izta, y la del Zahuapan, por la que desagua Tlaxcala. Las líneas tenues son los otros ríos, los arroyos y barranquillas con sus nombres antiguos, como las del Xochiac y Xopanac que cruzan los campos de Domingo Arenas, San Lorenzo Xiautzingo, Huejotzingo y San Pedro Tlaltenango.

Son dos ríos campesinos, contaminados por las descargas municipales y las fábricas de autopartes y textiles plantadas en su entorno. Dos nombres desconocidos fuera de las localidades, 109 según INEGI –Tlaltenango cuenta con una sola, la cabecera municipal--, que descargan sus residuos en ellos.

¿Y por qué no funcionan las plantas de tratamiento? Su caso no es el único, voy a lo que informa CONAGUA sobre la capacidad instalada en el país y el tratamiento que se logra: “En el año 2010, las 2,186 plantas en operación en el país trataron 93.6 metros cúbicos por segundo, es decir el 44.76% de los 209.1 metros cúbicos por segundo recolectados en los sistemas de alcantarillado.”

Por esos años estos eran los números:

Para hacernos una idea de lo que se pierde con la inutilización de las plantas, la diferencia entre la capacidad instalada y lo que realmente se trata, es decir, la diferencia entre esos 113 metros y los 86 tratados podría surtir toda la necesidad de agua del Distrito Federal. (cnf. Virginia Lahera Ramón, infraestructura sustentable: las plantas de tratamiento de aguas residuales, UAEM 2010.)

Y si vamos a los números globales de la contaminación medida por los millones de toneladas de DBO (Demanda Bioquímica de Oxígeno) entenderemos la gravedad de la inoperancia de las plantas en Huejotzingo:

Las plantas municipales dejan de tratar 1.35 millones de toneladas de DBO5 al año.

Las plantas industriales dejan de tratar 11.7 millones de toneladas de DBO5 al año.

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La Ciudad Textil, con la ciudad de Huejotzingo a la izquierda y el aeropuerto a la derecha.

Quiero entender la transformación industrial de Huejotzingo. Y su consecuencia sobre la vida campesina y la existencia de los ríos. En su entorno se han instalado en los últimos treinta años dos “polos de desarrollo”, como les gusta decir a los políticos, el aeropuerto de Puebla y la Ciudad Textil. Y no son pocas fábricas. Me doy el tiempo para dar cuenta de ellas, alrededor de treinta:

Primero las textiles, para honrar el nombre del corredor industrial: Portatex (hilados), Espintex (algodón-poliéster), Seamless (algodón-poliéster), Fibras Textiles Neptuno (algodón-poliéster), Tritón Industria (fibras poliéster), Aunde México (tela), Skyrug (Hilos/tapetes), Skyfelt (Fibras), Pecaltex (algodón en paca), Titán Textil (Hilados), Hidra Textil (Algodón), Stone Lav (Textil), Karen Olivier (Confección).

Despues un tutifruti en el que ganan las autopartes: Concours Mold (manufacturas de plástico), Cerillera Atlas (cerillos), Posco Mesdc (lámina en rollo sector automotriz), Grupo Rey Imperial (Sidras), Productos Químicos Industriales de Puebla (Química), Lupini By Ott México (Autopartes/Resina), Servicios Alimenticios Avanzados (Carne de soya), Gota Real (Sidra), Draexlmaier (autopartes), Tae Global Foods (Leche descremada), Ajemex-Big Cola (Refresquera), Galvaflex (Pinturas), ThyssenKrupp Presta de México (Autopartes), Faurecia (Autopartes),Euromotion (Autopartes), Quirort Mextrauma (Prótesis de titanio).

Y DRÄXLMAIER. Un ejemplo del capitalismo mexicano modelado para la exportación de productos manufacturados a partir de los bajos salarios y el control sindical, y que se ha extendido alrededor de los emporios de la industria automotriz. Como nuestra poblana Volkswgen.

DRÄXLMAIER, fabricante de arneses. Antes Alcoa. Antes Siemens. Modelo de la “fractalización” en Volkswagen.

Pienso en la alemana DRÄXLMAIER, con un historial desconocido para el ciudadano común. Ellos producen arneses para los Volkswagen que se fabrican a unos cuantos kilómetros de ahí. De hecho, antes de que las trabajadoras de Siemens se revelaran contra su explotación a fines de los años noventa, tal era la fábrica que, instalada muy cerca de la planta de Puebla, era el modelo de “fractalización” (básicament, fabricar arneses para la línea de producción en tiempo real) más publicitado por los alemanes para ilustrar la mecánica de fabricación de los autos. La historia me la cuenta un anochecer del 2013 que paso por San Pedro Tlaltenango un hombre joven, casado, y que ha sobrevivido los despidos tras las huelgas en Siemens y Alcoa, que derivó en el traslado final a Huejotzingo desde la zona de la planta automotriz, pero ya a cargo de la empresa DRÄXLMAIER. Jorge N. espera el camión que lo lleve a la autopista, donde le espera el transporte a la planta; le echo aventón a Xoxtla, rumbo a su turno de las 11 de la noche.

“Drexel –así lo pronuncia la gente-- estaba antes en San Lorenzo Almecatla, con el nombre de Alcoa, y antes Siemens, que ha trenzado los arneses para la Volkswagen. Entonces eran una mayoría las mujeres, pero se pusieron bravas y tronaron al sindicato charro y formaron uno independiete. Mejor cerraron Siemes y entraron los gringos de Alcoa. Desde el 2006, más o menos, cundo se cerró Alcoa, trasladaron la planta a la Ciudad Textil. Medio año estuvo cerrada. La mayor parte seguimos en la fábrica rebautizada como Drexel, pero ahora nuevamente bajo el control sindical de la CROC, nada que ver con algo que recuerde la palabra independiente. Unos mil trabajadores. Hay diferencias: antes producíamos 500 arneses por turno, y ahora ya producimos 700. Entra el nuevo trabajador ganando 114 pesos diarios, pero van haciendo exámenes y van subiendo de categoría. La uno 114 pesos, la dos 125, así, el que gana más, le pega a 170. Ahora la mayoría está en 150 pesos diarios, ya con todo, 4,200 pesos mensuales. Los albañiles están arriba de los 250 pesos. Por eso hay tanto descontento. Sí, pero no queda de otra.”

Busco en internet DRÄXLMAIER. Pronto descubro que es una trasnacional con 55 mil empleados y plantas en 60 ciudades de veinte países. Aquí en México tiene plantas también en San Luis Potosí y en Lagos de Moreno. Que es capaz de presumir una entrega para la planta de la BMW en 102 dos horas desde San Luis Potosí.

102 horas para los arneses hasta Carolina del Sur. “customer-specific and exactly in-sequence”

Y luego veo el infaltable campo en los portales de las trasnacionales: “Time to take responsability”. Y las ligas a Menos C02-Más futuro, Responsabilidad con nuestros empleados y Energía renovable en DRÄXLMAIER. Voy al punto de Empleados: presumen una programa de “educación dual” en México.

Y leo después en su sitio referido a Puebla la frase del empleado Raúl Ramírez, de Recursos Humanos:

"Establecida en el 2006, nuestra planta en Puebla se ha convertido en un sitio de producción eficiente y sustentable. Hogar de personal altamente calificada, nos especializamos en el ensamble de arneses. Como ganador de varios premios a la excelencia de proveedores, seguimos marcando la pauta para los proveedores de automóviles en el país".

Pero en Puebla la trasnacional pagaba en el 2013 150 pesos diarios a los campesinos reconvertidos por la globalización en obreros.

Regreso a esa noche del 2013 en el camino hacia Xoxtla desde San Pedro Tlaltenango. Pienso ahora mismo en esta noche de domingo 17 de abril. Las manos de centenares de jóvenes se lían con los arneses, piensan en sus salarios, y no tienen idea de a dónde van las descargas de la empresa. ¿Cumplirá la trasnacional alemana con los mínimos y tendrá una planta de tratamiento? No puedo saberlo por la foto aérea, ¿pero a dónde van a dar sus drenajes?

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Los dos ríos Xochiac y Xopanac se han colgado a los festejos oficiales por la construcción de dos plantas de tratamiento en los tiempos de los gobernadores Melquiades y Marín, que nunca operaron cabalmente y que hoy están en completo abandono, a pesar de que en el 2014 el gobernador de Puebla con sus banderitas para la fotografía inauguró primero en marzo los trabajos de rehabilitación y la puso en marcha meses después.

Clausura de la planta de tratamiento del río Xonapac en diciembre de 2013. La acción del gobierno responde a la clausura de la planta por PROFEPA, tres meses antes, en base al artículo 171 II inciso a) de la Ley general del equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA), la cual señala que “el infractor no hubiere cumplido en los plazos y condiciones impuestos por la autoridad, con las medidas correctivas o de urgente aplicación ordenadas”.

Inicio de rehabilitación de la planta de tratamiento en marzo de 2014. Moreno Valle inaugura los trabajos de rehabilitación de la planta de tratamiento en Xalmimiluco, a unos metros del río Xopanac, con los trascabos instalando el tendido plástico de la geomembrana que impedirá que los lodos filtrados por la planta vayan a dar al subsuelo.

Moreno Valle pone en marcha planta de tratamiento en Huejotzingo.

Moreno Valle dijo ese mes de julio del 2014: “La puesta en marcha y estabilización de la planta de tratamiento permitirá el saneamiento de las aguas residuales que serán reutilizadas para el riego de terrenos de cultivo. Tras varios años de haber estado inoperante y con apoyo de la Conagua fue posible echar a andar esta planta de tratamiento, que tuvo una inversión tripartita de 9 millones 675 mil 460 pesos, la cual traerá beneficio a más de 16 mil habitantes y permitirá el saneamiento de la cuenta del alto Atoyac.”

Se puede mirar esta historia del fracaso ecológico gubernamental desde ahí, en esos dos momentos en los que el gobernador agita una banderita secundado por sus funcionarios muy alertas a sus movimientos. El gobernador se irá a agitar banderitas a otras inauguraciones. Nadie estará para recordarle que la historia sólo se entiende si se le mira en movimiento. El agua corre. Los funcionarios se van. Los presupuestos no alcanzan. Los presidentes municipales prefieren pagar a los policías para que algo intenten contra la abundancia de criminales. Dos años después la historia es otra. La documenta el registro fotográfico levantado el miércoles por los activistas de Dale la cara al río Atoyac, A.C., que muestra el estado actual de la geomembrana:

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Al final intento mirar con mejor ánimo lo que sigue para nuestros ríos Atoyac. Recojo algunas de las ideas de la investigadora Virginia Lahera, que resume el fracaso de la política seguida para el tratamiento de las aguas residules:

“En México, las autoridades municipales usualmente no cuentan con el presupuesto necesario para ello, no conocen el abanico de alternativas para hacerlo, o simplemente no les interesa ya que no es una actividad que proporcione brillo político (…) Se puede decir que el tratamiento de las aguas servidas para reúso, reincorporación a los cuerpos de agua superficiales y reinfiltración a los mantos freáticos no es una opción generalizada en nuestro país. Ambientalmente, las plantas de tratamiento que existen tienen un grave impacto ya que utilizan en su mayoría tecnologías contaminantes, altas en uso de energía, que producen desechos tóxicos como resultado de su operación. La política hasta ahora ha sido centralizar el tratamiento que existe en grandes plantas de tecnología complicada, transportar el agua hasta ellas, contratar personal altamente calificado para operarlas y mantenerlas, así como pagar cuentas muy altas por el gasto en energía eléctrica, en insumos químicos y en la disposición de sus residuos.”

O apagarlas, simplemente, como lo ha hecho el alcalde de Huejotzingo, probablemente al día siguiente de que agitara la banderita inaugural al lado del gobernador Moreno Valle.

Pero Virginia abre una línea de exploración para ayudarnos a pensar sobre nuestra miseria ambiental en el Atoyac.

“Una visión alternativa para el tratamiento de agua que sea accesible al bolsillo de los municipios y de los pobladores, y bondadoso con el medio ambiente, debe incluir la descentralización de las plantas de tratamiento, un cambio en el tipo de procesos que se emplean, efectuarse a una escala menor, con un costo menor a mediano y largo plazo, incluir varios tipos de reúso e involucrar a los usuarios.”

Y añadiré: políticos que dejen de agitar banderitas.

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Para pensar en tiempos largos para nuestros desarreglos y mal llevados infortunios, recuerdo estos dos poemas escritos en la pared del humilde salón de acuerdos en el milenario pueblo de San Pedro Tlaltenango. Ahí mismo los recuerdos claros de sus orígenes y la sabiduría alrededor del tiempo y la conciencia de nuestra pequeñez.

Copia del códice de 1527 presente en la cédula real expedida en 1542 como reconocimiento de la fundación del pueblo de San Pedro Tlaltenango, el Lugar entre murallas de tierra.

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Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...