Sábado, 23 Abril 2016 00:00

Montañas de cielo, montañas de la tierra: La gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado Elementos 102

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© Víctor Blanco. Panorámica del Valle de Cholula al amanecer, Puebla, 2009





Montañas de cielo, montañas de la tierra: La gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado

Elementos/BUAP No. 102

Geoffrey McCafferty/Texto

John O'LearyVíctor Blanco/Fotografía





Mundo Nuestro. Cielo y tierra en Cholula. La investigación arqueológica como arma fundamental para la resistencia civil que enfrenta la imposición del poder autoritario que atenta contra patrimonio. La fotografía que recompone este mundo de conflictos en una estética del territorio extraordinaria y bella.

Cuatro miradas: Anamaría Ashwell, Geoffrey McCafferty, John O’Leary y Víctor Blanco.

La revista Elementos, editada por la BUAP, ha dedicado en su número 102 que recién ha salido al público. Presentamos la introducción de un texto monumental del más reconocido arqueólogo en la Pirámide de Cholula, el investigador canadiense Geoffrey McCafferty:

Montañas del Cielo, montañas de la Tierra: la gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado

Relacionada:

45 años de abandono de la Pirámide de Cholula por el INAH: conversación con el arqueólogo Geoffrey McCafferty

Portada de la revista Elementos 102, con fotografía de John O'Leary

Las culturas precolombinas de Mesoamérica practicaban cierta forma de geomancia; los elementos del medio ambiente natural se cargaban de significados sobrenaturales y estos se utilizaban para estructurar el paisaje cultural. Así las cuevas, los manantiales, montañas y otras formaciones naturales se transformaban en “símbolos cosmo-mágicos” (P. Wheatly, 1971) relacionados con creencias mítico-religiosas. Las cuevas y los manantiales servían como puertas al inframundo, mientras que las cimas de las montañas comunicaban con los múltiples niveles del cielo (D. Heyden, 1981). Incorporar estos fenómenos sobrenaturales en el paisaje cultural servía para legitimar la autoridad del grupo dominante, al mismo tiempo que se cosechaba el poder simbólico de lo sobrenatural. La creación de un centro ceremonial que atraía las fuerzas cosmológicas lograba concentrar el poder sobrenatural en ese recinto sagrado convirtiéndolo en un axis mundi, o eje de las dimensiones del mundo, alrededor del cual giraba toda la creación (P. Wheatly, 1971).

En la concepción del mundo mesoamericano que reconocía un quincux, o un universo con cinco direcciones, este eje incluía dimensiones tanto verticales como horizontales que se unían en un centro (J. Carlson, 1981).

Para los aztecas del altiplano a finales del Posclásico esta concepción del universo se ilustraba a través del mítico Coatepec, un portal de enlace entre lo espacial, lo temporal y la distancia sobrenatural (K. Reese-Taylor; R. Koontz, 2001). Susan Gillespie (1989) describe el coatepetl, o cerro serpentino como:

[...] una Torre de Babel azteca cuya base estaba en la tierra y en su cima se conectaba la tierra con el cielo. Enlazaba a las personas sobre la superficie terrestre con los dioses del cielo y más allá [...] Coatepec representa un punto de continuidad entre las esferas terrestres y las celestiales. Finalmente, por el hecho que era un cerro “serpiente” demostraba así también sus cualidades mediadoras; porque las serpientes eran el enlace de las capas verticales del cosmos en toda Mesoamérica.

Los aztecas aterrizaron este concepto mitológico en el mundo real decorando sus pirámides, notablemente el Templo Mayor de Tenochtitlán, con imágenes serpentinas. Coatepec, el cerro sobre el cual el dios patrono Huitzilopochtli nació y donde fue derrotado por las fuerzas cósmicas de la luna (Coyolxauhqui) y las estrellas, era el axis mundi del cosmos azteca.

Sigue en Elementos No. 102

© Víctor Blanco. Atardecer, volcán Popocatépetl, Cholula, Puebla, 2005.

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