Nocturno de la democracia mexicana/Ensayo de Héctor Aguilar Camín en Nexos

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Revista Nexos. La democracia fue la gran promesa del México de principios del siglo XXI. Hoy es una de sus grandes decepciones. ¿Qué pasó? La diosa que iba a curar todos los males dio a luz una creatura irreconocible que produce hoy rechazo y desconfianza en la mayoría de los mexicanos.

En la primavera de 2015, respondiendo a la pregunta de por qué estaban tan indignados los mexicanos, José Antonio Aguilar Rivera sugirió que una razón de fondo era la “desilusión democrática”. Habían puesto grandes esperanzas en que la democracia iba a arreglarlo todo. 15 años después rechinaban los dientes porque la democracia no sólo no había arreglado todo, sino que había empeorado algunas cosas. México padecía una gran “cruda democrática”: por las expectativas defraudadas, por la solución mágica perdida, porque la diosa esperada había dado a luz una “creatura grotesca que hoy parece inaguantable”.



Por los mismos días Jesús Silva-Herzog Márquez escribió que la ingenuidad mayor de la ilusión democrática mexicana había sido “creer que la alfombra electoral podía extenderse en una casa sin piso: desenrollar el tapete de las elecciones sobre el vacío del Estado, la burla de la ley y el paño roto de la comunidad”. La consecuencia era esa “creatura grotesca” cuyos rasgos Silva-Herzog Márquez esbozó de esta manera: “pluralismo sin ley, competencia sin contrapesos, arbitrariedad descentralizada, poderes sin responsabilidad, plutocracia alternante. ¿Qué nombre describe el régimen que padecemos?”.2

Si no hubiera más, bastarían estas reflexiones para declarar roto el tabú de las bondades de la democracia mexicana. Digo tabú porque sobre la democracia mexicana pesa una cierta prohibición de hablar mal, cierto consenso bien pensante del elogio. Es parte de la idealización subsistente de la diosa el hecho de que se saluden rutinariamente sus bendiciones sin mirar sus deformidades. Se pagan sin chistar sus altos costos y se asumen como imperfecciones transicionales lo que pudiera ser no un juego imperfectamente jugado sino en realidad un juego distinto al buscado. Como si queriendo jugar futbol y con las reglas del futbol los mexicanos hubiéramos terminado jugando rugby. ¿Es este el juego democrático que queríamos jugar o estamos en medio de una desviación histórica respecto del juego deseado?

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REVISTA NEXOS: Nocturno de la democracia mexicana

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Sobre el autor

Héctor Aguilar Camín

Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) novelista e historiador, es director de la revista Nexos.