Tecamachalco, la preparatoria Enrique Cabrera y la buena vibra

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Fuimos mi hija Paulina y yo a Tecamachalco. Ella presentó su novela "Las aventuras de la Audaz Navegante" en uno de los jardines y bajo una carpa repleta de estudiantes de la Preparatoria Enrique Cabrera de la BUAP. Leyó unos párrafos y elaboró preguntas para los muchachos. Las manos se levantaron y las preguntas se respondieron. Yo tuve tiempo para pensar en la retención de la memoria en estos días aciagos que vivimos en México. Y la capacidad que tenemos para enterarnos de las buenas noticias y el ánimo que encontramos en los medios para reproducirlas.

Toda una aventura.



Toda una experiencia para mí, pues no le había dado el golpe a la importancia de ésta que es una verdadera preparatoria regional: la mayor parte de los jóvenes que ahí estudian viven en alguno de los 17 municipios de los alrededores de Teca, como le dicen por allá a ese pueblo de molinos y pollos y canales y campos maiceros. Y lo de pueblo es un decir, púes en esa ciudad viven una gran parte de los 80 mil habitantes de Tecamachalco. Sí, justo el sitio en el que gobierna un tipo capaz de celebrar su cumpleaños con una comelitona el viernes pasado para más de diez mil personas, pero también muy ufano de amedrentar y agredir a las mujeres regidoras que se le plantan y le cuestionan su validas dotes de mandón a la manera de la Ley de Herodes. Busco en mi archivo lo que sé de este alcalde que en lo grotesco me recuerda a los personajes de Rius: "Ines Saturnino López Ponce, ha sido alcalde dos veces (2008-2011 y 2014-2018). Se le conoce como el “rey” de los escándalos que pasó de despilfarrar al menos un millón de pesos para celebrar que llegó a los 54 años de edad, a enviar a su tesorero, Silas Peralta Morales, a aventarle más de 200 mil pesos en efectivo a la regidora de Industria y Comercio, Ruth Zárate, en plena sesión de Cabildo." Qué ficha. Un tipo respaldado por Moreno Valle y su prianismo, y que de su mano se convirtió como tantos otros presidentes municipales en Puebla en un enriquecido constructor.

Horror de la política en México.



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Pero esa es por ahora otra historia. Como lo es también la imagen de los soldados del ejército que te reciben a la entrada de la ciudad, con mirada de guerra y memoria de que en esta tierra se libra una entera contra el huachicol que ronda por las brechas resecas que vienen de Palmarito Xochiapan y Xaltepec, por el rumbo de la cementera Cruz Azul. Tragedia la de México alumbrada en esta violencia irrefrenable.

No, ahora traigo el ánimo alegre de los preparatorianos que escucharon a Paulina, y antes celebraron una comedia bien seria sobre el amor entre dos muchachas y todas las posibles respuestas que una madre puede darle a su hija que le revela su identidad sexual. "Mi madre no lo sabe" se llama la obra. La obra original es "Cómo decirle que no la amo... pero la quiero", de Grabriel Prieto. Teatro a la Carta es el grupo que la adapta para las prepas --con guión y dirección de Pamela Lezama Campos-- y la monta sin más escenografía que una silla, una mampara y los artilugios que brotan de la bolsa de una de las chicas. Me agrada todo, empezando por la atención absoluta del público, y el tema, que no es propuesto con el interrogante "¿cómo le digo a mi mamá que soy homosexual?", sino "¿cómo le digo a mi mamá que estoy enamorada de una mujer?". Y del interrogante "¿cómo quieres que sean las cosas con ella?" al simplemente "no imagines, piensa" que lleva a las muchachas a dejar en libertad a la madre para que responda como ella crea. Y el final es festivo: una madre abierta, que entiende a su hija y que no la juzga. El público que se ha reído con la trama, aplaude con soltura, como si la vida fuera así de veras, como si los padres nos comportáramos así de comprensivos a diario, como si de verdad la realidad tuviera esa ventura.

Todo esto va de la mano de una entusiasta Berenice Díaz Carcaño, de la Vicerrectoría de Extensión y Diifusión de la Cultura de la BUAP, ella es la responsable de estas presentaciones de libros y dramaturgia dentro del programa CulturizArte. Ella me cuenta que en el papel de la madre está Loelia Ruiz, la directora de Teatro a la Carta, acompañada de sus compañeras jovencísimas Lidia Cid, como la hija, y Guadalupe Quiseuhuatl como Verónica.

Suena bien todo esto, me digo cuando escucho a la psicologa Áurea Chávez Palacios de la DAU-BUAP hablar del programa universitario Jornada de Prevención VEDC/DAU tema Diversidad Sexual. Mientras ella explica los propósitos del programa y afirma la gratuidad del mismo y su apertura a cualquier persona de la comunidad, independientemente de si es estudiante o no, yo apunto en mi libreta: "¿Por qué los medios no subrayan estas historias? ¿Por qué los periodistas no tenemos el ánimo de contarlas en su buena vibra?"

Lo de regional lo descubro de inmediato, cuando antes del arranque de la obra realizo una breve encuesta en el extremo de la carpa y ante alumnos del 1A matutino: Ninguno es de Teca: tres son de Atoyatempan, dos de Acatzingo, dos más de Santa Clara Huitziltepec. Medicina, Física, Arquitectura, Programación, Biiología, Química, eso quieren estudiar, y en la BUAP en Puebla la mayoría, aunque una chava se imagina en Alemania, el químico en Florida, el desarrollador en Tamaulipas.

"¿Qué los hace más felices aquí en la Prepa?", les pregunto. Nadie duda: la amistad, la pertenencia. Dos de los muchachos se abrazan.

¿Y qué les preocupa? Sin duda, la violencia. Y el relato de dos asaltados ayer, cruzando la vía para llegar a la carretera Tepeaca-Tecamachalco, a una cuadra de distancia.

Al final del teatro y la Audaz Navegante encuentro a Juan José Sosa Saucedo, el director de la prepa, en su séptimo año de cargo. Lo he visto repartir entre los muchachos decenas de un libro de cuentos policiacos. Está feliz con su chamba, pero no deja de estar abrumado por los más de 700 jóvenes que año con año no logran formar parte de los 450 alumnos inscritos, pues no hay por ahora otro cupo posible. "Un nuevo edificio es lo que solicitamos --me dice--, para instalar ahí la biblioteca y las aulas de cómputo, de manera que liberemos salones y abramos el cupo para al menos otros ochenta estudiantes."

Otro edificio, aunque no sea inteligente. Sencillo. Simplemente cuatro nuevos salones. La idea me rebota contra los 7 mil millones del sobre-costosísimo Museo Internacional Barroco, por el que acabaremos pagando a los constructores de Peña Nieto más de tres veces esa cantidad en los próximos veinticinco años. Esa es otra historia también ahora que les cuento esto.

Me quedo con esta buena mañana, entonces, para pensar con mejor ánimo la vida nuestra. Para sopesar sueños juveniles y confirmar que la vida tiene sentido a los 17 años y para siempre.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...