Lo niego todo: la generosidad irrefutable de Joaquín Sabina

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Vida y milagros

La primera vez que vi una imagen de Joaquín Sabina fue en una revista semanal de El País dedicada a diferentes celebridades del arte y la música contemporánea. En la foto, Joaquín aparecía desnudo, excepto por unos calcetines, una corbata y el bombín negro que usa en sus conciertos. Joaquín tenía entonces 52 años y era el año 2000. Su descarada desnudez me acercó a su música, y desde entonces me enamoré de ella y del raro magnetismo de su autor.



En febrero de 2016 El País publicó otra entrevista con Sabina. El periodista Xavi Sancho la ilustró con una foto de la cara de Joaquín, con sus ojos tan negros y vivos escondidos detrás de unos párpados cansados; Joaquín acababa de salir de una operación para corregir un taponamiento de venas que ya le había dado sustos anteriores y que le provoca, entre otras cosas, su desmedida afición a fumar. Y sin embargo dio la entrevista mientras fumaba con avidez uno que otro Ducado. Entre el humo que uno imagina escapan las palabra que suenan como la música que escribe y canta.



De la larga entrevista me robé unos destellos para un artículo hace año y medio; el inteligente entrevistador supo tirar del hilo y el anzuelo que sacan las respuestas que desnudan el alma de Sabina, tan desnuda como estaba él en la provocadora foto de hace 17 años. Xavi Sancho le preguntó entonces cómo se vive la incertidumbre de la salud quebrantada. Y viene al caso recordarlo porque últimamente estuvo enfermo de gravedad otra vez. Sabina contestó entonces:

--Todo lo he vivido en un estado de inconsciencia que roza con la criminalidad hacia uno mismo. Soy poco dado a la tragedia y a pensar en qué va a pasar y cómo quedará mi viuda. Si sé en cambio, que eso de las experiencias raras y sin límites no sirven para nada: no se aprende nada excepto que uno es frágil.

¿Su talento es transversal, puede abarcar otras formas de creación?

--Lo mío es simplemente la dispersión, mis talentos son menguados y soy incapaz de llegar al final de nada.

¿Se sorprende mirando más hacia atrás que hacia adelante?

--Tengo memoria pero carezco de nostalgia. Odio a los nostálgicos.

Odia a los nostálgicos y creo que tiene razón al decir que la nostalgia es una pura y verdadera pérdida de tiempo. Hace bien en odiarla y en decírnoslo. ¿Qué añorar y para qué, si solo nos queda el hoy, quizás mañana? No hay tiempo que perder, aunque creo que para casi todos es imposible liberarnos del todo de un arranque de nostalgia, incluso para él, aunque lo niegue todo.

¿Y qué opinas Joaquín acerca de que hay oportunidades en las crisis, que son oportunidades para reinventarse?

--Las crisis son una puta mierda.

¿Y en cuanto a los amigos?

--Tengo pocos amigos, pero muy intensos. En cuanto a decir la verdad, ni a la mujer ni a los amigos hay que decírselas nunca. Cuando me topo con alguien que te dice " yo voy de cara”, léase yo soy muy franco, no tengo pelos en la lengua, huyo de él como de la peste.

Y otra vez dice la pura verdad este desnudo de cuerpo y alma, mientras lo niega todo, como el nombre de su último concierto. ¿Quién no ama sus vericuetos, sus sótanos y sus escondites interiores, quién no ha mentido a los amigos o al ser amado para conservarlos al lado? ¿Y quién como él vuelve de la mentira una virtud y un acto de verdad invaluable?

Me entero que Sabina no tiene licencia para manejar, no ha visitado nunca un banco y se tilda a sí mismo de "incapaz". No tiene faceboock, ni twitter, ni teléfono celular. Si está leyendo un libro o platicando con alguien, eso está haciendo y ya.

--A mí me gusta hacer lo que estoy haciendo, nada más.

¿Arrepentirse es de cobarde o de valientes?

--Supongo que habría que arrepentirse de cosas, pero como es inútil, más bien saco lecciones....Para escribir canciones las experiencias son necesarias y la memoria fundamental. No la nostalgia, que es un poco babosa.

Este mes de mayo apareció en mi camino el anuncio del próximo concierto de Joaquín, LO NIEGO TODO. Me encantó verlo ahí, como un comunicado de que está sano y de que seguirá dando guerra. Mayo fue pasando y cada día pensaba en darme el tiempo de conseguirme unos boletos, pero el anuncio quedaba en una curva y nunca pude memorizar el número al que había que llamar. Y mayo voló y me agarró el día 24 desposeída de boletos pero con las ganas intocadas de acudir al concierto. Dice Sabina que habría que arrepentirse de cosas, pero dice también que no sirve de nada. Me he portado como toda una discípula suya porque dejé todo a la suerte,- pensé- así que ni derecho tenía a arrepentirme de mi indolencia y me tendría que conformar con oír en el celular el link la canción que da nombre al concierto.

En el lavadero de Almoloya que es el chat que tengo con mis cuatro hermanos, apareció un mensaje tardío de Angelitos, que no avisó antes porque la víspera se rompió una mano por tratar de ponerse unos zapatos de agujetas sin sentarse:

- ¿Alguien en Puebla quiere ir al concierto de Sabina?

- ¡Yoooooo!

- Pasa a la taquilla a las 8.15 y pregunta por ti.

En medio de grandes gotas de lluvia mentirosas, porque luego ni llovió, llegué al teatro y pregunté por mí. Es bueno preguntar por uno mismo porque es seguro que uno responderá. Me dieron dos boletotes buenísimos. En la cola estaba un amigo que no es acompañado en su gusto por Sabina por el resto de su familia. No compres, te doy uno. Quedamos, literal, a los pies de Sabina, que entre otras cosas le miente también a su público en eso de que no tiene apegos: adora a sus músicos y es fiel a su público hasta la extenuación. Él mismo ya lo ha dicho, no se aprende nada excepto que uno es frágil, pero él no lo es en su entrega a un público que llenó hasta el último rincón del auditorio y al que consintió saliendo a cantar tres canciones más de las debidas, con criminal inconsciencia hacia sí mismo. Dicen que los poblanos somos sangrones y fríos. Nada de eso fuimos este jueves, pregúntenselo a él, que aunque sabe mentir, no lo negará todo.

Hoy domingo leo de nuevo la entrevista de hace meses:

¿Qué opina de las críticas?

--Mira, yo sí las leo. No tengo capacidad de rencor y leo a los buenos críticos y escritores, aunque hayan hablado mal de mí. La gente que es sabia no tiene autoestima.

¿Qué le cabrea?

--Me cabrea la estupidez, la falta de sentido del humor, el sectarismo....y lo cotidiano molesta, molesta mucho. Y es que a mí me gusta la tertulia....no hay que permitir que el oficio que te da de comer se lleve a tus amigos.

A mí también me gusta la tertulia por las mismas razones, por eso partí al concierto acompañada solo por mi sombrilla, mientras recuerdo de nuevo la primera vez que vi y supe de Joaquín Sabina, no desnudo del todo, ya conté que llevaba calcetines, corbata y su bombín . Esa foto reflejaba al hombre irreverente, profundo y consumado que ha sido y será hasta la sepultura, con todo y su genio. Crecí en un mundo en el que los desnudos masculinos no se podían adquirir en un puesto de periódico, los desnudos masculinos eran de mármol, fríos, aburridos y atléticos como el David de Miguel Ángel, nunca de carne y hueso. Hoy también hay un culto soso a los cuerpos perfectos de los actores de Hollywood, con unos parámetros esclavizantes de belleza que nada tienen que ver con la cálida realidad de los cuerpos que de verdad amamos. Y hoy aún vivimos en un mundo en el que no es común que alguien desnude sus pensamientos con la franqueza e inteligencia de este hombre.

Se apagaron las luces y en medio de un griterío electrizante Sabina salió al escenario con desparpajo y garbo, con orgullo y sencillez, con generosidad irrefutable. Y miré otro tipo de desnudez, la que acepta tajante lo que uno es, la que desnuda el cuerpo y el cerebro de manera tan contundente y sin equívocos.

Qué gusto, regresaste con otro concierto en que lo niegas todo para afirmarlo todo mientras cantas con Mara Barros y tu banda de músicos a los que les brota el talento sin recato ni discordia. Sí, contradícete, niégalo todo, incluso la verdad de ser el generosísimo ser que eres. Por eso tú y tus músicos, tu núcleo duro, siguen juntos después de tantos años. Y te vemos completo: no eres juglar de asfalto, ni rojo de salón, no escondes la pasión, ni la perfumas, ni has quemado tus naves y no pides perdón.

La leyenda del suicida,

y la del bala perdida

la del santo de oro,

si me cuentas mi vida,

lo niego todo...

Incluso la verdad.

Nos has cantado todo y ya te vas. No has defraudado a nadie, mucho menos a ti. Ahí queda tu sombra, dentro de tu fantástico escenario psicodélico. Al público ya le duele la garganta de tanto gritar pero quieren que cantes otra, y otra. Yo ya quiero ponerte en un nicho de niño dios. Oye, pues si no eres de hule. Ya diste todo y aún te tenemos preso con tanto alboroto y tanto aplauso.

¿Ya te vas Joaquinito? ¿A dónde que más valgas que no sea a mi CD, a mis oídos, al ruido, demasiado ruido que hay en tu fiesta y en tu orquesta cuando te voy escuchando mientras cruzo la ciudad solitaria y mojada , poquito antes de la media noche de un jueves a punto de morir....

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Sobre el autor

Verónica Mastretta