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Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Mundo Nuestro. Los acontecimientos de esta semana en Nicaragua llevan a pensar que no habrá una salida negociada entre el régimen de Daniel Ortega y sus opositores.

Este miércoles, al caer la noche se habla ya de cinco muertos y quince heridos.

Leo los encabezados del miércoles por la noche en el diario La Prensa:



Al menos un muerto y una treintena de heridos tras un ataque de la Policía y las turbas orteguistas

Al menos ocho heridos tras ataque de paramilitares en la marcha de las Madres de Abril

El empresariado de Nicaragua pide adelantar elecciones y renovar el poder electoral

Daniel Ortega dice que se queda y que “Nicaragua no es propiedad privada”

Vale entonces la vista de este video en que jóvenes estudiantes nicas hacen un recuento de lo ocurrido y fijan su postura con dos objetivos: justicia y democratización y la salida de Daniel Ortega y sus cómplices del gobierno de Nicaragua.



Y para ello confirman que van a seguir en las calles.



heridos, Madres de Abril

Imagen de la represión a estudiantes en la marcha de este miércoles en Managua. Tomada de La Prensa.

Mundo Nuestro. El ataque fue con mortero. Ocurrió en la madrugada del domingo. "Fuerzas parapoliciales, amparadas en la impunidad que les garantiza el desgobierno actual", ha dicho el rector de la Universidad Centroamericana, el sacerdote jesuita J-A. Idiáquez. Es claro el propósito de amedrentamiento contra la institución. Y es un ejemplo de la gravedad del proceso en Nicaragua.

La denuncia es, por tanto, valiente. Un ejemplo de la resistencia civil contra un régimen que tiene al país centroamericano al borde del abismo de la conflagración.



Aquí el seguimiento que la prensa local ha hecho de este atentado:

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Rvista Sin Permiso.

Todd Gitlin / 17/05/2018

Las conmemoraciones son las tarjetas de felicitación que manda una cultura empapada de sensaciones para reconocer que nosotros, los que vivimos, no nacimos ayer. Así sucede con el reensamblaje mediático de este año en torno a 1968. Lo que resulta difícil de transmitir es la textura de conmoción y pánico que se apoderó del mundo hace medio siglo. Lo que resulta todavía más difícil de captar es que el vencedor principal de 1968 fue la contrarrevolución.

Cuando luchamos por el significado del pasado, estamos luchando por aquello por lo que, hoy, escogemos preocuparnos. De este modo, los aniversarios de 1968 acechan a 2018, pintando escena tras escena de revueltas, horror y crueldad, de un fervor excitado de cosas que se vienen abajo y, en conjunto, de la sensación de una tormenta de apocalipsis que se avecina, incluso de revolución. Inevitablemente, las imágenes “icónicas” de la época presentan escenas de brutalidad, rebelión y tragedia: un general sudvietnamita saltándole los sesos a un prisionero en una calle de Saigón durante la Ofensiva del Tet, el reverendo Andrew Young Jr. y sus colegas en la balconada del Motel Lorraine de Memphis, junto al cuerpo de Martin Luther King Jr., apuntando hacia el lugar del que procedía la bala del asesino, los manifestantes de Columbia ocupando los edificios del campus, arrastrados luego y golpeados hasta sangrar por la policía; los manifestantes de París lanzando de vuelta a la policía los botes de gases lacrimógenos; Robert Kennedy abatido por los disparos de Sirhan Sirhan en el Hotel Ambassador, los tanques soviéticos entrando en Praga, la policía aporreando a los manifestantes de la Convención Nacional Demócrata de Chicago, las activistas del movimiento de liberación de la mujer tirando fajas, rulos y sujetadores (sin quemar) a un cubo de basura en el paseo de Atlántico City delante de la sede del concurso de Miss America; Tommy Smith y John Carlos en el podio de medallistas olímpicos de Ciudad de México, levantando desafiantes el puño enguantado en negro.



Un examen más concienzudo tomaría nota de las colisiones sociales que, por violentamente represivas que fueran, no llegaron a registrarse en Norteamérica con la misma significación sobresaturada. Por ejemplo, los tres estudiantes de Oranienburg, Carolina del Sur, muertos a manos de agentes de policía de carreteras después de que los estudiantes protestaran contra la segregación en una bolera (8 de febrero), los disparos casi fatales contra el dirigente estudiantil radical alemán Rudi Dutschke en Berlin (11 de abril), la paliza de la policía de Chicago a una protesta antibelicista totalmente no violenta (27 de abril).

Por lo que respecta a manifestaciones menos sangrientas, hubo muchas, tan rutinariamente que el New York Times agrupaba las informaciones sobre derechos civiles y contra la guerra en páginas especiales. Tampoco este rosario de calamidades tiene en cuenta imágenes que no vieron la luz del día hasta mucho más tarde, como las fotos en color de la matanza de My Lai (16 de marzo), que no se publicaron hasta finales de 1969, momento para el cual ya había expectación. O imágenes que nunca se materializaron en absoluto, como la matanza de cientos de manifestantes estudiantiles a manos del ejército en Ciudad de México (2 de octubre).

Imágenes aparte, ¿cómo fue verdaderamente la experiencia de 1968? La vida pública parecía convertirse en una secuencia de rupturas, conmociones y detonaciones. Los activistas se sentían aturdidos, y luego eufóricos; las autoridades se sentían agitadas, con pánico, hasta desesperadas. El mundo estaba hecho añicos. Lo que eran para algunos indicios de una revolución por llegar, eran para los exponentes de la ley y el orden erupciones de lo intolerable. Fuera lo que fuese que se valoraba, parecía quebradizo, en trance de romperse o roto.

La textura de estas incesantes conmociones resulta en sí misma integral para lo que la gente sintió como “experiencia de 1968”. El puro número, ritmo, volumen e intensidad de las conmociones, transmitidas en todo el mundo a las pantallas de la sala de estar, hacían que el mundo pareciera y se sintiese como algo a punto de hacerse pedazos. Es justo decir que si no te habían desestabilizado no prestabas atención. Una sensación de inacabable urgencia superaba las expectativas de orden, decoro, procedimiento. Conforme la izquierda radical soñaba con desbaratar el Estado, la derecha radical atacaba al orden establecido por mimar a los jóvenes radicales y hacer posible su desorden. La pesadilla de una persona se convertía en la epifanía de otra.

Los “collages” familiares de las colisiones de 1968 evocan las revueltas superficies de los acontecimientos, reproduciendo la rara y desequilibrada sensación de 1968. Pero no llegan a iluminar el significado de los acontecimientos. Si la textura de 1968 fue de caos, por debajo hay una estructura que puede verse hoy —y que hace falta ver — con mayor claridad.



La izquierda fue extremadamente culpable de una identificación errada. Aunque la mayoría de quienes estaban en la izquierda radical se mostraba entusiasta ante la perspectiva de alguna clase de revolución, “un nuevo cielo y una nueva tierra” (en palabras del libro del Apocalipsis), la trama estaba más cerca de lo contrario, de un impulso hacia la regresión que continúa, si bien no en línea recta, hasta la actual emergencia. La era de reformas del New Deal fomentada por la confianza en que el gobierno podía laborar por el bien común se estaba quedando sin fuelle. Habían pasado los años de gloria del movimiento de derechos civiles. La abominable Guerra de Vietnam, que calcinó los ideales norteamericanos, continuaría durante siete años más de muertes indefendibles.

La nueva trama principal era la de una virulenta reacción. Aun cuando el presidente Nixon asumiera un papel sorprendente como reformador medioambiental, la supremacía blanca se reorganizaba. Aterrados por las revueltas de ls campus, los plutócratas incrementaron sus inversiones en laboratorios de ideas del “libre mercado”, programas universitarios, revistas de derechas y otras formas de propaganda. Las turbulencias del petróleo, la inflación y la resurrección industrial japonesa harían pronto estremecerse el predominio norteamericano. Lo que obsesionaba a Norteamérica no era el neblinoso espectro de la revolución sino el espectro de la reacción que se iba solidificando.

Aunque las autoridades culturales quedaran deshonradas, las autoridades políticas revivieron y se atrincheraron. De maneras muy diversas, la contracultura, independientemente de lo domesticada o “cooptada” que estuviera, según la denominación de Herbert Marcuse, se convirtió en cultura. En el curso de pocos años, en el discurso y la imaginación públicas, en la música popular y en las películas, en la televisión (All in the Family, M*A*S*H, The Mary Tyler Moore Show) y en el teatro (Hair, Oh! Calcutta!), se disolvieron los tabúes de la ordinariez y las obscenidades. Gays y feministas dieron un paso adelante, resistieron siempre pero rara vez se contuvieron por mucho tiempo. Posteriormente quedaría, como les gustaba decir a los gauchistas de mayo del 68 en Paris, prohibido prohibir.



En el terreno del poder político, no obstante, pese a todas las reformas sociales posteriores, 1968 tuvo más de final que de principio. Tras les évènements de Francia en mayo llegaron las elecciones parlamentarias de junio, en las que barrió el partido derechista del general De Gaulle llegando al poder en un triunfo aplastante. Tras la Primavera de Praga y la promesa de un “socialismo de rostro humano”, los tanques del Pacto de Varsovia controlado por los soviéticos invadieron Checoslovaquia. En América Latina, la tendencia guerrillera guevarista se vio repelida por todas partes en beneficio de la derecha. En los EE.UU. se oyó el rugido de la “mayoría silenciosa”. Con un dividido Partido Demócrata en ruinas, la estrategia sureña de Richard Nixon convirtió el Partido Lincoln en heredero de la Confederación. A medida que la derecha se consolidaba en torno a una alianza de cristianos evangélicos, racistas reactivos y plutócratas, la izquierda se mostraba incapaz o remisa a la hora de fusionar sus dispares sectores. La izquierda se mostraba torpe para alcanzar el poder político, ni siquiera estaba segura de que fuera su meta.

Las contrarrevoluciones, como sus bêtes noires revolucionarias, sufren reveses y necesitan tiempo para condensarse. La contrarrevolución posterior a 1968 mantuvo el fuerte contra una trinidad de monstruos de susto: revoltosos de piel obscura, mujeres engreídas y una clase arrogante que poseía el conocimiento. En 1968 no se había hecho todavía visible de qué modo tan impresionante el retroceso podría aprovecharse para llegar al poder nacional. “Este país se está yendo tan a la derecha que no lo vamos a reconocer”, afirmó el fiscal general de Nixon, John Mitchell, en 1969. Hablaba antes de tiempo.

Todd Gitlin es profesor de Periodismo y Sociología en la Universidad de Columbia, fue presidente en 1963 y 1964 de Students for a Democratic Society, la más importante de las asociaciones del movimiento estudiantil norteamericano. Es autor de numerosos libros, entre ellos The Whole World is Watching: Mass Media in the Making and Unmaking of the Left (1980), The Sixties: Years of Hope, Days of Rage (1987), The Intellectuals and the Flag (2006), y, muy recientemente, Occupy Nation: The Roots, the Spirit, and the Promise of Occupy Wall Street (2012).

Fuente: The New York Review of Books, 8 de mayo de 2018

Traducción:Lucas Antón

"19 de abril y entonces..."
Esta gente que somos
que marcha, reza y resiste

La imagen puede contener: una o varias personas, personas en el escenario, calzado y exterior




En medio de la rabia y el dolor
por nuestros jóvenes asesinados,
encarcelados y torturados
con las armas del régimen autoritario Ortega-Murillo,
ahí
cuando juntos lloramos a nuestros muertos,
surge
la belleza de tanta gente arrecha.

Entonces
llegan los buses repletos de campesinos defendiendo la tierra y el agua
caen los chayopalos en una fiesta que baila la autonomía
y otra vez,
sí, otra vez
las campesinas
los campesinos, los jóvenes universitarios y los trabajadores
-el pueblo autoconvocado-
son los maestros de vida y lucha.

Entonces
se agitan las voces
los gritos de YA BASTA, YA BASTA....
se agitan los corazones.



Y brotan ríos profundos que son banderas azul y blanco,
llanto y puños alzados
la gente marcha, reza y resiste....

entonces
del fondo del fuego que acabó con el mercado de artesanías
nace un brotecito tierno de esperanza
porque el pueblo nicaragüense no se rinde.
No se rinde: que se rinda tu madre.

Masaya hoy está de pie.
Benjamín Zeledón hoy está de pie.
Sandino hoy está de pie.
Nicaragua entera estamos de pie.



Cecilia Zeledón. bisnieta de BENJAMÍN ZELEDÓN.

Mundo Nuestro. La revista española Sin Permiso publica este fin de semana un texto de la nicaragüense Mónica Baltodano, ex comandanta guerrillera del FSLN. Ella participó de manera destacada durante la etapa insurreccional en la ofensiva final de 1978-1979 contra la dictadura somocista. Fundadora del disidente Movimiento por el Rescate del Sandinismo (MRS), fue diputada en el periodo 2007-2011 en la Asamblea Nacional de Nicaragua. Es, junto a otros dirigentes históricos del sandinismo, una opositora radical al régimen de Ortega-Murillo.

El texto fue publicado originalmente en la revista latinoamericana Nueva Sociedad.

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Nicaragua, la rebelión del pueblo/Mónica Baltodano

El gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrenta un renovado malestar social, con epicentro entre los estudiantes universitarios. Aunque a menudo se lo compare con otros gobiernos bolivarianos, el nicaragüense está lejos de ser un gobierno de izquierda. En estos años en el poder, Ortega no dudó en aliarse con la derecha, antiguos contrarrevolucionarios y el gran empresariado desde una visión paternalista y autoritaria, en el marco de un manejo familiar del Estado que hoy encuentra nuevos obstáculos.



Desde el día 18 de abril, Nicaragua ha estado convulsionada por la represión desatada por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra jóvenes universitarios y la población civil. Al escribir estas líneas llevamos contabilizados más de 46 muertos y cientos de heridos. A ellos se suman centenares de detenidos y unos 15 desaparecidos. La represión se desató con el objetivo de contener las manifestaciones de protestas contra un decreto ejecutivo que incrementaba las aportaciones obrero-patronales al instituto de Seguridad Social (INSS) mientras reducía en 5% los ingresos de los jubilados. No obstante, la reforma fue apenas el cerillo que encendió la pradera que se venía resecando desde hace varios años, lo que explica el alto nivel de movilización alcanzado.

Las razones del cansancio

Es importante recordar que Daniel Ortega fue reelegido según las leyes vigentes en 2011, luego reformó la Constitución y en 2017 inició un tercer mandato acompañado por su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta. Por su forma y su contenido, el gobierno ha ido acumulando molestias y rechazos. Entre las características del orteguismo cabe señalar:



El orteguismo se ha revelado como una verdadera dictadura institucional que se mantiene con fraudes descarados: desde 2008 controla con mano de hierro todos los poderes del Estado –Ejecutivo, Judicial, Electoral, Contraloría y Parlamento–. Todo intento de construir fuerzas de oposición, en particular las que recuperan la tradición sandinista, ha sido aplastado.

No hay libertad de movilización y de expresión. La represión se practica con grupos de choque, o directamente por la policía. Casi todos los medios de comunicación fueron comprados por la familia gobernante.

La corrupción campea sin castigo. El caso más emblemático es el del Presidente del Consejo Supremo Electoral (conocido como Concejo del Fraude), Roberto Rivas, un magnate con jets privados, mansiones y casas en la playa, ademas de propiedades en España y Costa Rica, a quien Estados Unidos le aplico la Ley Global Magnitsky. Frente a esto Ortega en vez de apartarlo del cargo, lo mantiene con privilegios e inmunidad, en una decisión rechazada por muchos orteguistas.

Acoso a las organizaciones. Mujeres, ambientalistas, activistas de derechos humanos formn parte de los presos políticos a los que se les abren causas falsas con acusaciones de delitos comunes, como ocurre con Marvin Vargas, coordinador de los ­Cachorros de Sandino quien ya lleva 8 años preso.

Supresión de facto de las autonomías. Universidades, municipios, regiones autónomas sufren el mismo proceso. Los estudiantes se cansaron de que no se les de libertad de organización pues los rRectores y muchos profesores actúan como comisarios políticos del gobierno.

Secretismo y ensimismamiento del Estado. Ortega y Murillo solamente hablan con sus aliados (el gran capital). Ni siquiera lo hacen con su propia fuerza, que se ve sometida por la humillante condición de la dependencia económica y el miedo. Ni los sandinistas tienen derecho a la palabra. Solo la familia presidencial puede hablar y dar declaraciones.

Entrega del país a intereses extranjeros. El caso más brutal es el de la Ley 840 (Ley para la concesión canalera) para construir el canal interoceánico con capitales chinos, hoy en duda, pero también han ampliado las concesiones mineras, forestales y pesqueras sin ninguna consulta con los afectados.

Concentración de la riqueza y políticas sociales clientelares y asistencialistas. Por encima de los índices de crecimiento macroeconómico, lo que han crecido son las fortunas de los banqueros, con las tasas de utilidad más altas de la región. Nicaragua sigue siendo el país más pobre de la región después de Haití pese a toda la asistencia venezolana recibida estos años.

Malestar acumulado

El malestar de la población se manifestó en incrementos de la abstención electoral. Pero los orígenes de la rebelión pueden encontarse en la resistencia al canal desde hace cuatro años. Para enfrentar la amenaza de despojo se articuló el movimiento campesino más fuerte de los últimos 20 años. Las casi cien marchas fueron reprimidas con un desproporcionado despliegue de fuerzas antimotines para impedir que las marchas consiguieran un alcance nacional. La masacre de La Cruz de Río Grande incrementó la indignación y participación cada 10 de diciembre día de los derechos humanos. Igual que ocurre el día internacional de la mujer para rechazar el incremento de los femicidios y la impunidad de los asesinos. Así, la «digna rabia» venía incrementándose.

En los primeros días de abril de 2018, un voraz incendio en la Reserva Biológica Indio Maíz, movilizó por primera vez a estudiantes de la Universidad Centroamericana, motivados por la displicencia gubernamental. Ya se había denunciado la complicidad del gobierno con los colonos, que invaden las reservas o las tierras indígenas como las del Rio Coco, aterrorizando a las poblaciones para tomar posesión de sus tierras. Hay crímenes denunciados y documentados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El gobierno montó contramarchas (con grupos de choque) y militarizó la zona del incendio, e impidió que periodistas independientes y ONG del Grupo Cocibolca (Fundación del Río y Popol Na), fueran a la zona.

Días después, en un error de cálculo, el gobierno impuso la reforma del sistema de seguridad social, pero ya era público que los fondos del INSS han estado usándose en inversiones riesgosas, y que la institución ha inflado la nómina y los privilegios de algunos funcionarios, lo que ya había generado críticas y malestar.

Primero fueron los estudiantes, quienes con la presencia de algunos jubilados, se movilizaron pacíficamente y enfrentaron una brutal represión, claramente dirigida contra periodistas y algunos liderazgos ya más visibles, como los del movimiento feminista. Grupos de choque armados de tubos, cadenas y chuzos eléctricos, los golpearon mientras les quitaban cámaras y teléfonos celulares. Todo fue filmado y divulgado a través de las redes sociales, pues conjuntamente el gobierno cerró tres canales de TV privados (100% noticias, canal 23, y canal 12) y emisoras locales fueron sacadas del aire. Estos cierres provocaron reacción en nuevos sectores, incluyendo los de la cúpula empresarial organizada en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) que esta vez no habían logrado consenso con el gobierno por la reforma al INSS como ocurría habitualmente en otras temáticas.

Esa represión rápidamente hizo escalar la protesta en las principales ciudades, pero también en pequeños pueblos, incorporando a sectores populares: jubilados, desempleados, trabajadores por cuenta propia, obreros, y principalmente jóvenes humildes de las ciudades. Las marchas en los pueblos más alejados donde no alcanzó a llegar la policía fueron tranquilas. En el pequeño pueblito de Niquinohomo, cuna de Augusto César Sandino, unos mil manifestantes le quitaron la pañoleta rojinegra del oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) al monumento del héroe y le pusieron una pañoleta azul y blanca. Pero en Managua y las principales ciudades la policía lanzó bombas lacrimógenas, balas de goma y de plomo, y utilizó abiertamente escopetas en flagrante acción conjunta con civiles organizados en grupos de choque.

Por primera vez desde 2007, se sumaron estudiantes de las universidades controladas férreamente por el gobierno a través de sus organizaciones como la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN). El movimiento en las universidades Agraria y de Ingeniería después de un par de días fue desarticulado. La policía penetró en sus locales, baleó a los jóvenes mientras huían y capturó a decenas de ellos, repitiendo este procedimiento en los barrios que se solidarizaban con las protestas. Todos los capturados estuvieron desaparecidos y más 15 de ellos han sido entregados muertos. Otros detenidos fueron dejados 4 días después, torturados, semidesnudos, descalzos y rapados, en las carreteras, violando las normas primarias de respeto a sus derechos humanos. En la Universidad Politécnica (UPOLI), enclavada entre barrios populares, la policía no pudo desalojar a los estudiantes: la población levantó barricadas para proteger a centenares de jóvenes que se refugiaron en las aulas y que han mantenido este lugar como un bastión de lucha hasta hoy.

En los lugares más reprimidos el pueblo pasó rápidamente a la construcción de barricadas, mientras expresaba su rabia derribando los mal llamados «árboles de la vida» (inmensas estructuras metálicas que replican formas del cuadro de Gustav Klimt), que ha hecho proliferar Rosario Murillo como símbolo de poder y expresión de abigarradas concepciones esotéricas. Mientras tanto, está comprobado por abundantes testimonios, que el gobierno provocó incendios de oficinas gubernamentales y el saqueo de tiendas y supermercados (hay abundantes testimonios).

¿Conspiración imperialista?

Es de mucha importancia que las fuerzas de izquierda, de centroizquierda, y gente progresista de todas partes entiendan que ni Ortega es Hugo Chávez ni Nicaragua es Venezuela, y no debe hacerse una traslación mecánica del movimiento venezolano contra Maduro a lo que acontece hoy en Nicaragua. Ya el régimen de Ortega ha comenzado a decir que es un «golpe blando», que detrás está la embajada de Estados Unidos, la CIA y la derecha mundial. Pero en Nicaragua, la derecha económica y política gobierna junto a Ortega. Es el Modelo de «alianzas público-privadas» que aplaude la derecha mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y las grandes corporaciones e inversionistas. Actualmente, el 96% del PIB de Nicaragua proviene del sector privado. Es decir este gobierno terminó de aniquilar lo que quedaba de propiedad social, en forma estatal y de cooperativas, y ha dejado al país sin riqueza pública.

Que no se engañe la izquierda mundial con que este gobierno es de izquierda. Ya de eso no queda nada. Por ejemplo, las otrora entrañables relaciones de dos revoluciones (Cuba y Nicaragua) son hoy para el gobierno de Ortega y Murillo relaciones formales entre estados amigos, limitadas a la celebración de efemérides, saludos de cumpleaños y de bajo perfil protocolario.

Aquí la derecha y gobierno son la misma cosa. Ortega y los banqueros conforman la alianza que gobierna Nicaragua por más de una década. Aquí no hay medios «imperialistas» ni grandes cadenas como RCTV, O Globo, porque como dijimos, casi todos son de Ortega y sus socios. Aquí la mayor parte de fondos estadounidenese son especialmente los que recibe el gobierno, por su complicidad con la Agenda de Seguridad de Donald Trump, atropellando y reprimiendo a los inmigrantes. Aquí los dólares están del lado del gobierno y de sus aliados. Quines protestan se está moviendo con sus propios recursos, como ocurrió con el movimiento campesino, que durante cuatro años ha sufragado sus marchas.

Aquí tampoco hay grandes partidos de derecha liderando las movilizaciones. Porque el orteguismo primero pactó con los partidos de derecha tradicionales, que luego se vieron reducidos porque asumieron la representación abierta de los intereses de los sectores adinerados. ¿Para qué partidos de derecha si la derecha está en el poder, si banqueros y empresarios son los que legislan y cogobiernan en el país? Aquí, los empresarios han sido y son los principales socios del gobierno de Ortega. A ellos, los millonarios, no les preocupa que el gobierno se autoproclame de izquierda, socialista o sandinista, siempre y cuando les garantice estabilidad para sus intereses.

¿La lucha sigue?

Después de una semana de marchas manifestaciones ya no se trata de la reforma del INSS. De hecho Ortega derogó el decreto para detener las movilizaciones. Pero con tantos muertos y heridos muchos nicaragüeneses no se conforma con haber parado la reforma. Quieren que se pare la represión, se destituyan a los principales cabezas de la policía, se restablezca el principio constitucional de libre movilización y el derecho a la protesta, se reabran los medios que fueron cerrados, los militares vuelvan a sus cuarteles, y se haga justicia con los muertos y con los mutilados. Por supuesto, hay quienes piensan que siendo el mandato de Ortega producto de un fraude, hay que desconocerlo y que el problema va a continuar mientras no se convoquen a elecciones limpias. De hecho en las manifestaciones ese ha sido el grito más ensordecedor: ¡que se vayan!

El domingo 22, un Ortega rodeado de los dueños de las empresas de Zona Franca compareció para anunciar la apertura de un diálogo. Y convocó como interlocutora a la Conferencia Episcopal y a los empresarios, tratando por todos los medios de desconocer a los verdaderos actores de este formidable movimiento ciudadano. Pero hasta hoy no lo han podido lograr. La Conferencia y el COSEP han adelantado que deben incorporarse en el dialogo a sectores que han estado luchando, en particular campesinos y estudiantes.

Como sabemos, el pueblo de Nicaragua había estado muy desmovilizado frente a las arbitrariedades del gobierno. Pero en estas jornadas de abril, el pueblo, en particular la juventud, pasó en un solo movimiento de una exigencia social a demandas a favor de la democracia y las libertades ciudadanas y políticas en virtud del malestar acumulado de malestar y la represión. La represión provocó tal indignación que se perdió el miedo y rápidamente se redescubrió el poder de los sectores populares movilizados.

Sin embargo, un movimiento de esta naturaleza tiene la debilidad de no contar a lo inmediato con liderazgos visibles. Lo que vimos fue el pueblo sublevado y miles de rostros y figuras. En estas protestas no hay dirigentes de partidos, ni caudillos. Solo estudiantes y pueblo movilizado que elabora sus propias exigencias.

Un ejemplo: el COSEP, en lo que aparece como un distanciamiento del gobierno, planteó como condición para seguir dialogando, que se permitiera organizar una marcha sin represión. La beligerancia de los jóvenes «autoconvocados» convirtió la marcha el 23 de abril, en una verdadera movilización popular. Modificaron la ruta para que la marcha se dirigiera a la UPOLI, centro que se convirtió en el emblema de la resistencia. Así, los manifestantes recorrieron una distancia de 7 kilómetros que formó un inmenso río que se ha calculado en 100.000 personas. Miles de personas caminando cada quien a su ritmo y por sus propios medios. Y simultáneamente se realizaron marchas multitudinarias en otras ciudades, municipios y comunidades.

¿Hay perspectiva de continuidad? Al parecer, las protestas van a seguir. En términos públicos se habla de diálogo. Apenas se hablan de las condiciones para realizarlo. Pero en términos del movimiento popular será urgente organizar, como decía Rubén Darío «los vigores dispersos». Pero casi con seguridad, esa organización no será partidista, menos electorera. Lo que ha pasado en la historia reciente de pactos y componendas ha vuelto escépticos a los nicaragüenses.

El desafío es construir un potente movimiento ciudadano, para demandar cambios en las actuales reglas de la política y en el rumbo del país. La tendencia del gobierno será, según lo ha venido haciendo, escalar la represión. Fuerte, pero selectiva y encubierta. En el descenso, vamos a experimentar la represión dirigida. Por eso va a ser decisiva la solidaridad con quienes que sufran represión, aunque son muchos quienes lo que quieren es organización para sacar del poder a la pareja presidencial a quienes consideran responsable de lo ocurrido.

La política nicaragüense históricamente ha sido mediada por la injerencia, en especial de los norteamericanos. Los políticos históricamente se disputaban el respaldo y la bendición de los gringos. Hoy el desafío es ser capaces de diseñar nuestro propio país sin intervenciones externas.

Pero no todos piensan así. Por eso las distintas expresiones de la izquierda deben dar la pelea junto a la gente, y apostar a que los resultados no sean más de lo mismo: más capitalismo, más entreguismo y extractivismo que acaba con los recursos y depreda la naturaleza. Que Nicaragua no sea el reinado de los capitales extranjeros… que sea para los nicaragüenses. Que seamos capaces de construir una masa crítica que no se conforme solo con que se cambien las caras en el gobierno sino que se abra la posibilidad de un modelo distinto de sociedad.

Los desafíos de la izquierda

En Nicaragua el término «izquierda» está desprestigiado por un Ortega que se autocalifica de izquierda, antiimperialista y revolucionario. Lastimosamente ocurre lo mismo con el término sandinista. En estas jornadas hemos visto jóvenes que han quemado la bandera rojinegra. No porque no reconozcan a Sandino, o la lucha sandinista heroica de los años 60 y 70, sino por un rechazo al actual FSLN.

Para quienes desde nuestra adolescencia estamos luchando bajo los principios, valores y programa del sandinismo de Carlos Fonseca no deja de ser doloroso. Pero tenemos que entender que estos jóvenes identifican esa bandera con el gobierno que abominan. Sería absurdo pensar que por ello son de derecha. Ya hay muchos que entienden que para el orteguismo, el sandinismo terminó siendo solo una bandera electoral vaciada de contenido real de cambios. Hoy la bandera sandinista es patrimonio de la Nación entera, ya que Sandino es uno de los símbolos más importantes de la identidad nicaragüense. Mientras tanto, miles de sandinistas, de distintas generaciones, algunos ya «viejucos« acompañamos desde distintas trincheras estas luchas que vuelven a aportar esperanza. Se ha cumplido el sueño del padre Fernando Cardenal que decía «Yo sueño aquel día en que los jóvenes vuelvan a las calles a hacer Historia».

Ausencia

A los muchachos asesinados.

Cada mañana me parece que volveré a ver a mi muchacho saludándome con las greñas despeinadas, desayunar urgido y salir ateperetado para la universidad porque otra vez le agarró la tarde. Vivía corriendo. Es que no me alcanza el tiempo, me decía. Y lo quedaba viendo sin decirle nada, viéndome en él. Así era yo cuando tenía sus veinte años recién cumplidos. Una noche de estas no volvió, la siguiente tampoco. Desesperada su mama comenzó a llorar, y lo buscamos en la universidad y preguntamos a su novia, a sus amigos. Nadie sabía de él. Y lo seguimos buscando hasta que lo hallamos en la morgue de un hospital. Mi muchacho tenía un balazo en la cabeza y sus greñas ensangrentadas.

La dictadura lo asesinó. Nos pusieron condiciones para entregarnos su cadáver y nos amenazaron si denunciábamos su asesinato. Ayer lo sepultamos. Su mama está ida de este mundo. Llora y ora. Ora y llora. Y lo busca en su cama desarreglada como la dejó, en sus bluyines y camisetas. Sus tenis viejos lo esperan debajo de la cama; sus libros de clases revueltos con sus poemas sobre la mesa; las fotos con su mama el día que se bachilleró, y con su novia viuda y sus hermanos en la pared. Nunca más lo oiremos cantar ni reír. Jamás lo volveremos a ver vivo. Hay un enorme vacío en la casa.



Pero en las calles, miles de muchachos y muchachas como él, avivan el amanecer…

#SOSNicaragua

(Foto de portadilla tomada del diario Clarín)

Puedo escribir los versos más tristes está noche, diría el poeta. O si no cómo aceptar que en el aniversario del atroz asesinato de la internacionalista mexicana Araceli Pérez Darias por las fuerzas somocistas un 16 de abril de 1979, coincida ahora con el día de la imposición por el matrimonio Ortega-Murillo del impuesto unilateral a las jubilaciones y la posterior ola de descontento en Nicaragua que ha dejado alrededor de 63 muertos (según datos de Marcos Carmona, dirigente de la Comisión Permanente de los Derechos Humanos), la mayoría de ellos estudiantes, jóvenes menores de treinta años, cuyo único delito fue pedir justicia en las calles de manera pacífica.

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Araceli: la psicóloga de la Ibero, la tanqueta de guerra y el libro que viajó a las Islas Canarias

No hay que olvidar que además de Araceli fueron varios los mexicanos que se unieron a la lucha armada sandinista, arriesgando desde luego su vida, en busca de un mejor futuro para ese país. En esos años la embajada de México en Nicaragua abrió las puertas a los refugiados una y otra vez, al aborde siempre de un conflicto diplomático. Y fue México el segundo país, luego de Costa Rica, en romper relaciones con el gobierno de Somoza, en mayo de 1979. A partir del triunfo del FSLN en julio de 1979, dada la situación de emergencia económica de Nicaragua por las secuelas de la guerra, fueron miles los mexicanos que sin pago alguno se lanzaron a la reconstrucción nacional. Por ello el asesinato de los jóvenes en las protestas nos duelen como propios, como los cuarenta y tres que nos faltan, como los tres jóvenes cineastas cuya única culpa fue la de su juventud. La amnesia del presidente de Nicaragua, apoyado por su esposa la vicepresidenta Rosario Murillo, que por cierto sólo participó de la revolución desde el exilio, debe revertirse. Nos conciernen tanto el respeto a los derechos humanos en México como en Nicaragua.



Dónde quedó el Frente Sandinista de Liberación Nacional al que se unió a Araceli en busca de la democracia en un país hermano. Dónde el Daniel Ortega liberado en 1974 luego de la toma de la casa de Chema Castillo, que dio origen a una ola de represión sin precedentes del gobierno de Somoza a al pueblo entero. A finales de 1975, los hermanos Ortega, entre otros, regresaron a Nicaragua vía México. Y se formó en nuestro país la primera célula de Solidaridad. Dónde quedó el muchachito delgado y tímido que recuerda Thelma Nava a Daniel Ortega, con el que se inició la etapa de solidaridad de México con Nicaragua. Habrá olvidado Daniel Ortega el apoyo del Sindicato de Electricistas, del STUNAM, del grupo Cleta, entre otros en aquéllos primeros años. O la gaceta sandinista publicada en México a finales de 1976. O la amplia difusión que se dio en nuestro país al documento elaborado por el sacerdote jesuita Fernando Cardenal, partidario de la teología de la liberación, quien sería después ministro de Educación enel gobierno sandinista, para denunciar las atrocidades de la dictadura de Somoza. Hablaba ese documento de los asesinatos a los jóvenes, de campos de concentración, de mujeres violadas, de desapariciones y encarcelamientos, de eliminación de la justicia civil, de represión sindical, de abolición de la libertad de prensa. Y en buena medida gracias a la difusión del documento en México creció la simpatía hacia el FSLN. Después vino el informe enviado a la ONU por la Federación Internacional de Derechos del Hombre y el Movimiento Internacional de Juristas Católicos Pax Romana, confirmando lo dicho por Fernando Cardenal. Hay que releer dicho documento para dimensionar el extremo represivo al que se llegó con la dictadura de Somoza. Si el actual gobierno nicaragüense de Ortega-Murillo no ha llegado a esos extremos, lo sucedido en la última semana lamentablemente apunta hacia esa dirección.



En 1977, ante las denuncias que hizo llegar a la ONU Fernando Cardenal, el apoyo del pueblo mexicano al FSLN se volvió un asunto básicamente humanitario, que ganó también la simpatía del gobierno, el cual permitió actuar al Comité de Solidaridad con libertad. Así en México, mientras el trabajo de solidaridad abierta crecía, se creó también una red que permitió el paso clandestino por nuestro país de los principales cuadros guerrilleros, entre ellos de Daniel Ortega, y el reclutamiento de mexicanos como Araceli Pérez Darias. Incluso en los meses previos al triunfo de 1979 se formó la Brigada Internacional a la que se incorporaron cientos de mexicanos. Cincuenta mil muertos, la mayoría de ellos jóvenes, fue el saldo de la revolución sandinista, que no pueden simplemente silenciarse.

Ortega, en un diálogo de sordos, sólo parece oír a su consorte, quizás porque lo salvó de ir a juicio luego de la acusación de abuso sexual en su contra que levantó su hijastra. Los mexicanos estamos absortos ante los recientes acontecimientos y no nos queda más que dudar del voto de confianza que alguna vez le otorgamos a Daniel Ortega.

La paz se gana, no se impone. Asesinar a los jóvenes es odiarse así mismo, un suicidio.

Mundo Nuestro. El lunes en Managua la gente salió la calle a exigir la renuncia de Daniel Ortega en un movilización que responde así a la represión a las protestas estudiantiles de la semana pasada que han dejado decenas de muertos.



Los nicaragüenses en Puebla no dejan de pensar en ellos. Han ido el miércoles por la tarde al zócalo. Ahí han recordado de dónde vienen. Y a ellos los han recordado desde sus nombres:

Lo han dicho así:

"Hoy hicimos una pequeña manifestación solidaria con ustedes.



Nos juntamos los nicas de Puebla.

Hicimos pase de lista de los jóvenes asesinados. Presentes en nuestros corazones.

Leímos poesía de Cardenal.



Hablamos de su lucha digna.

Cantamos el himno nacional.

Hicimos un minuto de silencio por los jóvenes asesinados por protestar."

Ya al anochecer ahí en la fuente de San Miguel, en encontrado el refugio en las palabras del mayor de sus poetas vivos, Ernesto Cardenal*, porque en Nicaragua, lo ha dicho apenas Sergio Ramírez, todos son poetas de naciniento:

«Por estos muertos, nuestros muertos...»

Cuando recibís el nombramiento, el premio, el ascenso,
pensá en los que murieron.
Cuando estás en la recepción, en la delegación, en la comisión,
pensá en los que murieron.
Cuando has ganado la votación, y el grupo te felicita,
pensá en los que murieron.
Cuando te aplauden al subir a la tribuna con los dirigentes,
pensá en los que murieron.
Cuando te llegan a encontrar al aeropuerto en la gran ciudad,
pensá en los que murieron.
Cuando te toca a vos el micrófono, te enfoca la televisión,
pensá en los que murieron.
Cuando sos el que da los certificados, las cédulas, el permiso,
pensá en los que murieron.
Cuando llega donde vos la viejita con su problema, el terrenito,
pensá en los que murieron.
Miralos sin camisa, arrastrados,
echando sangre, con capucha, reventados,
refundidos en las pilas, con la picana, el ojo sacado,
degollados, acribillados,
botados al borde de la carretera,
en hoyos que ellos cavaron,
en fosas comunes,
o simplemente sobre la tierra abono de plantas de monte:
Vos los representás a ellos.
Ellos delegaron en vos,
los que murieron.
*Ernesto Cardenal nació en Granada, Nicaragua, en 1925. Sacerdote católico heterodoxo, militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, es el más célebre poeta nicaragüense después de Rubén Darío. Con un marcado registro narrativo, su poesía articula la indagación y el rescate de las raíces aborígenes, de la geografía, la fauna y la historia de su país, con la denuncia de las injusticias sufridas bajo la larga dictadura de la familia Somoza. Después de la guerra popular que derrocó al somocismo, Cardenal fue nombrado Ministro de Cultura. En 1994 renunció al FSLN por discrepancias con su conducción y, junto a otros escritores disidentes, apoya al Movimiento Renovador Sandinista. Estos dos poemas pertenecen a su libro Vuelos de victoria (1984). *Poema incluido en Poesía social y revolucionaria del Siglo XX (Editorial Agora, 2012)