Mundo

Mundo

Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Día con día

Los migrantes centroamericanos se agrupan en pequeños contingentes para echarse al camino. Lo hacen en defensa propia. El número y andar juntos los hace menos vulnerables a los enormes riesgos de la marcha: robos, raptos, violaciones, extorsiones, abusos de todo tipo, entre ellos, bochornosamente, de la autoridad.

El gobierno mexicano trata a los migrantes centroamericanos peor que Estados Unidos a los mexicanos. Abundan las confesiones de estos migrantes diciendo temer más a las autoridades de México que a la violencia de los polleros o los piratas del camino. Y más que a la migra.



La caravana que está en marcha ha roto todos los umbrales, tanto por su tamaño como por su enorme visibilidad pública.

Su éxito augura nuevas oleadas. Quizá estemos frente a la nueva modalidad de la migración centroamericana, la menos manejable para las autoridades y, contra todas las apariencias, quizá la más segura para los migrantes mismos.



La gran paradoja internacional de este episodio extraordinario es que solo conviene a quien lo ha denunciado como inaceptable: el presidente Trump.

La caravana, tumultuosa, para muchos ojos amenazante, viene como anillo al dedo para la retórica nativista, antimigratoria, xenófoba y antidemócrata de Trump.



La caravana le permite matar en el discurso varios pájaros de un tiro y, si tiene éxito, reducir las posibilidades del triunfo demócrata en la Casa de Representantes, es decir, dejar el Congreso en manos republicanas.

La caravana es impresionante, pero representa, solo una gota en el flujo de la migración centroamericana.

Durante el último año, según Los Angeles Times, han sido detenidos en promedio 42 mil migrantes centroamericanos cada mes, lo que indica un flujo varias veces superior. Muy superior, desde luego, a los 7 mil de la caravana.

Detrás de la caravana que avanza por México hay un avisillo sobre el posible triunfo republicano en las elecciones de noviembre.

No me gusta en general la metáfora de que el movimiento de una mariposa en el oriente puede provocar una hecatombe en el otro lado del mundo. Pero la caravana tiene algo de eso respecto del futuro político de Estados Unidos, y del nuestro.

(Ilustración de portadilla: Víctor Ruiz. Tomada de la revista Nexos.)

La ilustración de portadilla es de David Peón y se tomó de la revista Nexos.

La migración sigue siendo, en este siglo XXI, un problema que ni los gobiernos ni las sociedades han aprendido a resolver. Sabido es, o debería serlo, que todos somos multirraciales y por lo tanto descendientes de migrantes. Sin embargo, a partir de la Gran Recesión que azotó al mundo hace diez años, los flujos de personas que transitan de un país a otro por razones humanitarias se han convertido, todavía más que en el pasado inmediato, en pieza de cambio, pretexto, o señal de alarma que se utiliza para beneficio político. Pero también es cierto que esto es así porque hay sectores de la sociedad que creen que aquellas personas que llegan a instalarse en su país, su ciudad, su barrio, provenientes de otras latitudes, son extraños que representan un peligro. Se crean prejuicios según los cuales unos tienen fama de ladrones, otros de terroristas y aquellos de mal vivientes. En todo caso, vienen a quitarnos nuestros trabajos, nuestros beneficios, nuestra seguridad.

La caravana de migrantes centroamericanos, principalmente hondureños, que hoy recorren el territorio nacional para dirigirse a Estados Unidos ha puesto en jaque a Peña Nieto y éste no ha sabido atender la emergencia correctamente. Primero optó por la represión, tratando de contener por la fuerza su entrada a territorio nacional, y ahora parece acompañarla bajo amenazas, sin saber bien a bien que hará en los próximos días.

El gobierno mexicano intentó detenerlos, no tanto por razones legales, sino sobre todo para seguir cumpliendo su papel de guardián fronterizo y así impedir su recorrido hacia el norte. De hecho, se han expulsado en los últimos años más centroamericanos de nuestro territorio que del suelo estadounidense según diversas fuentes oficiales. Es una estrategia insostenible que da pie a constantes agresiones e infamias de todo tipo.



El presidente Trump, por su parte, ha aprovechado este acontecimiento con fines electorales, ante la proximidad de los comicios de noviembre y la posibilidad de perder la mayoría en una o ambas cámaras del Congreso. No ha dudado en calificar a los marchistas de delincuentes, ni de culpar a sus rivales, los demócratas, de ser los verdaderos instigadores y organizadores de la caravana.

Sin embargo, todos los testimonios a la mano, recogidos de la prensa internacional y de las organizaciones humanitarias, coinciden en que estamos frente a una movilización genuina que en unos días logró reunir a miles de personas para enfrentar los malos tratos que reciben en nuestro territorio y debido a las condiciones cada vez más graves que ocurren en sus países: violencia, desempleo, hambre y miedo. Éste es el caso, sin duda y especialmente de Honduras donde existe una situación caótica, bajo un presidente rapaz y extremadamente represivo, impuesto a toda costa por Estados Unidos (recordemos el fraude electoral del año pasado).

De esta manera, la marcha que en estos momentos recorre Chiapas plantea un reto inmediato que sólo podrá resolverse con medidas de largo plazo. El flujo de personas provenientes de esos países va a continuar, pase lo que pase con esta marcha. Por ello, tocará a la administración de López Obrador definir un conjunto de políticas, indispensables para enfrentar distintos problemas.

En primer lugar, el respeto a los derechos humanos. Se tienen que reconocer que las causas de la migración son reales y por lo tanto atendibles. Y por lo tanto encontrar soluciones que de manera ordenada y bajo supervisión de las autoridades locales y de instancias internacionales, pueda proporcionarles oportunidades de estancia, tránsito, trabajo y apoyos básicos para cuidar su salud y su integridad física.

En segundo lugar, la migración forzada de mexicanos y centroamericanos ha sido motivo, desde hace años, de una tensión cada vez más aguda con el gobierno de Estados Unidos. Trátese de demócratas o republicanos, lo cierto es que las deportaciones masivas, la persecución, los malos tratos y el encubrimiento de la explotación laboral han sido permanentes. Es indudable que con Trump el discurso y las amenazas se han endurecido hasta convertirse en un motivo de discordia sin precedentes. Es posible que la situación pudiera cambiar si los próximos comicios en aquel país alteran el dominio absoluto de los republicanos, pero no hay que esperar demasiado. Por ello, se requerirá una posición firme que deje atrás la obediencia casi absoluta y se proponga poner en práctica un nuevo trato con los migrantes que vienen del sur. Ello tendrá que ser así, igualmente, en el caso de nuestros compatriotas que seguirán viajando hacia tierras estadounidenses. Si ello sucede, la confrontación será inevitable y habrá que pensar en un nuevo enfoque diplomático con nuestros vecinos del norte y del sur.



Dentro de México, adoptar una política humanitaria hacia los migrantes tendrá resistencias y costos políticos. No faltarán, desgraciadamente, campañas de odio y racismo. Y de ahí podrían desprenderse hechos de violencia. Pero todo esto se puede prevenir si se actúa con prontitud, con autoridades y agentes honestos y entrenados para atender a una población extremadamente vulnerable y fácil de caer presa, como hasta ahora, de chantajes y abusos. También tendrá que emprender una campaña que fortalezca la solidaridad y la empatía con los migrantes. Seguramente se requerirán recursos públicos, ya muy escasos en el presupuesto del próximo año, pero probablemente de una cuantía manejable si se administran con rectitud y destreza.

Afortunadamente, un gran parte de la sociedad mantendrá una actitud positiva. Procurará, sin duda, mostrar su solidaridad y apoyo. Resistirá la tentación de verlos como invasores no deseados y los recibirán como lo que son: parte de nuestra historia y nuestra cultura mesoamericana.

En resumen, la caravana de migrantes que hoy nos ocupa hará sonar muchas alarmas. Esperemos que se resuelva correctamente, poniendo en primer lugar los valores humanitarios. Pero habrá en el futuro otras expediciones más pequeñas o más grandes y un flujo de personas imparable que seguirán transitando por nuestro territorio huyendo de la inseguridad y la pobreza.



Étienne Balibar, el filósofo francés, muy conocido hace unas décadas por sus estudios sobre marxismo, ha publicado un breve ensayo traducido al español en El País que propone una revisión del derecho internacional para detener esta catástrofe cotidiana, la criminalización de los migrantes, que se presenta en varios lugares del mundo incluyendo Europa. Sugiere el reconocimiento de un nuevo derecho, el derecho de acogida a todas las personas errantes, como cree que deben ser calificadas. Ello significaría que la libre circulación de personas se convierta en un derecho inalienable que exija a los Estados poner los menores obstáculos posibles. Aplicar el concepto liberal de dejar hacer, dejar pasar, no sólo a las mercancías y a los capitales sino también a los seres humanos. Pero ello deberá ir acompañado de la obligación de los Estados soberanos de garantizar la dignidad y seguridad de las personas. Derecho que debe prevalecer en todo momento incluso frente a leyes y reglamentos de los Estados. Debe entonces quedar establecida la prohibición del rechazo o la expulsión de los migrantes; su maltrato; las listas negras por razones de país de origen, religión o raza. También las operaciones militares que los afecten. Y no debería permitirse tampoco la negociación con terceros países como refugios aparentemente seguros. En síntesis, no tratar a los extranjeros como enemigos pues son en realidad una parte de la población mundial, representativa, por su condición, de todas las desigualdades del mundo. Una propuesta, dice Balibar, para que, al fin, humanidad rime con igualdad. En el fondo, lo que está en cuestión es si las personas van a seguir expulsando de su seno a otras, o si se proponen integrarlas.

Bajo esta óptica, en esta caravana marcha una parte de nosotros mismos. Así hay que tratarla y entenderla.

saulescobar.blogspot.com

En el corto y mediano plazo, pienso que tampoco en el largo, no existe nada que pueda frenar la migración de los centroamericanos de los países del Triángulo del Norte (El Salvador, Honduras y Guatemala) hacia los Estados Unidos.

La condición económica y social de los tres países va a mejorar, en el mejor de los casos, en las próximas tres o cuatro décadas. Los niveles de violencia en esa región son estructurales y revertir la actual situación ahora se ve imposible.



Los políticos y los académicos centroamericanos, también la gente, sabe que las condiciones no van a cambiar y que la migración va a continuar en los actuales niveles e incluso crecer. No hay y no habrá pronto incentivos que la puedan frenar.

En el actual estado de cosas son bienvenidas todas las iniciativas internacionales, se requiere mucho dinero, que puedan colaborar al desarrollo de esa región que, en el tiempo, contribuyan al abatimiento de los niveles de pobreza y de la violencia.

La caravana de migrantes hondureños, que ya ha pasado por Guatemala y pretende cruzar por México hacia Estados Unidos, ha generado una crisis coyuntural y provocado todo tipo de reacciones xenófobas y racistas del presidente Trump, ya metido en la campaña electoral de su país.



El actual gobierno de México, ante la presión de Trump, ha endurecido su posición para intentar evitar que los migrantes hondureños crucen la frontera Sur e inicien su camino hacia el vecino del Norte, pero siempre en el marco de un discurso políticamente correcto.



La realidad centroamericana y la presión de Trump plantean al nuevo gobierno, este ya se va, nuevos problemas y retos que implican definiciones claras y puntuales sobre la política hacia los migrantes centroamericanos en la conciencia de que el flujo migratorio no va a detenerse.

Se calcula que en los últimos años asciende a 400,000 el número anual de los centroamericanos que cruzan por México e intentan ingresar a Estados Unidos y quedarse ahí. Muchos no lo logran, pero otros sí.

Para México, en los hechos y por ahora, solo hay dos posibilidades: permitir que los migrantes pasen por el territorio y que sea el gobierno de Estados Unidos quien impida su entrada o los deporte, que ha sido el modelo, con algunas variantes, desde los años ochenta.

Y la otra, intentar para satisfacer a Trump, sellar la frontera Sur, en el esfuerzo de que se “cuelen” muy pocos migrantes y así se reduzca de manera dramática el número de los que arriben a la frontera Norte. Ésta sería una nueva estrategia. Hay indicios de que ya inició.

La frontera Sur de México tiene 1,158 kilómetros (965,000 kms con Guatemala y 193,000 kms con Belice). ¿Es posible sellar la frontera? ¿México va a construir un muro con Guatemala y Belice? ¿Se van a destinar los recursos que requiere esa estrategia? El tema no es fácil y con la administración Trump se ha complicado.

Muy pronto el nuevo gobierno va a tener que definir su posición y luego ponerla en práctica. No siempre la mejor política exterior es la interior. Ésta última tiene su propia dinámica y no hay manera de evadirla.

Twitter: @RubenAguilar

Foto tomada de Televisa Noticias.

Mundo Nuestro. Asís Hallab, viajero en este mundo nuestro, y de visita en África. Así se define a sí mismo: "Káliman admirador del viento susurreando en los bosques coníferas de México."

Este breve relato nos abre al misterio del continente que Kapuzinzky bautizó como Ebano.



La primera noche en Kenia ya sobreviví.

En la tarde salí con un amigo de la familia, Marc, y pasé con él por el centro de Kisumu. Carreteras polvorientas con innumerables motocicletas, taxis tuk-tuk, ruido y más gente. No entiendo por qué a pesar del calor los kenianos usan chaquetas e incluso bufandas acá en los trópicos. Hasta cuando están sudando chorros no se quitan la chamarra. En el centro hay un cuadro de edificios de oficinas en el estilo de los años 60, en este divertido diseño de lámpara de lava y tonos marrones anaranjados. En las calles cabras y vacas una y otra vez. Todos se llaman hermano, hermana, mamá o papá. El mercado es un laberinto de callejones estrechos por donde ningún burro pasaría. Pequeños comercios que exhiben y trabajan la mitad delante de la puerta y la otra mitad adentro. Verduras y frutas se venden al lado del sastre y su vecino es un taller y herrería.



Luego, por la tarde, salimos hacia el lago Victoria. Los edificios están hechos de hierro corrugado y arcilla. Parecido a lo que ves en las carreteras rurales de México. La gente vive con sus animales y del comercio de la carretera. En sus orillas se encuentran muchos puestos de comida casera y lavaderos de coches. No sé por qué puedes lavar tu auto en cualquier parte. El lago es enorme y totalmente tranquilo.



En una acacia, que estaba medio inundada, anidan estos pequeños pájaros tejedores amarillos, que hacen sus nidos esféricos en las ramas. Los enjambres de libélulas danzan sobre los nenúfares, tres especies diferentes de garzas vuelan alrededor. Cuando el sol se pone, el lago se pone rojo y se anuncia una tormenta. Tomamos un barco para buscar hipopótamos, pero no había ninguno. Luego pescado fresco en una salsa agridulce de tomate. Finalmente me caí en la cama a las nueve y media y sólo me desperté de nuevo cuando estaba claro que tenía que colgar urgentemente el mosquitero. Completamente pinchado y con el zumbido constante de los mosquitos volando por mis orejas. A las cuatro de la mañana el vecino se despertó con sus tres horas de oración súper ruidosa del viernes musulmán. No es un lugar quieto Kenia.

Ahora estoy en un autobús completamente sobrepoblado para ir a la sabana a las famosas formaciones rocosas.

Un país loco y colorido.

Mundo Nuestro. Dos activistas mexicanos, y mejor diremos, tehuacaneros, han ido a Canadá a difundir las luchas civiles en defensa del medio ambiente y los derechos humanos en México. Martín Barrios y Omar Esparza. Ambos son entrevistados por Radio Canadá Internacional. Esta es la entrevista.



Este viernes y sábado en Montreal se presentó la conferencia Luchas sindicales y de defensa territorial: perspectivas mexicanas y de solidaridad. Los invitados Martín Barrios, Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, Omar Esparza, Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ) vienen a hablar de la manera en que la sociedad civil mexicana se está organizando alrededor de esos tema. Martín Barrios y Omar Esparza pasaron por los estudios de Radio Canadá Internacional.

Para comenzar, le pedimos a Martín Barrios que nos explicara el contexto de las luchas que llevan en la ciudad de Tehuacán, en el estado de Puebla, donde él vive y que después de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, se convirtió en la capital de la producción de jeans en México. Paralelamente, nos dice, se están desarrollando proyectos mineros en la región de la Sierra Norte, que limita con la región, con impactos en las comunidades indígenas que viven allí y en sus territorios.

En esta liga se puede escuchar la entrevista:



Luchas sindicales y territoriales mexicanas llegan a Canada

El evento Du Mexique au Québec: luttes syndicales et défense du territoire, es presentado por dos organismos quebequenses Lutte Commune y CISO – Centre international de solidarité ouvrière.



El domingo 23 de marzo de 1980, en la homilía de la misa dominical, Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), arzobispo de San Salvador, se dirige a los integrantes de las Fuerzas Armadas de El Salvador y les dice:

"Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla (…) En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.

Imagen relacionada





Al día siguiente, a las 18.20 del 24 de marzo de 1980, lo asesinan mientras celebra misa en la capilla del Hospital Divina Providencia, en la colonia Miramontes, de la capital salvadoreña. Ya antes había recibido amenazas de muerte y sobrevivido a un intento de asesinato. Romero, a pesar de los continuos ataques de la ultraderecha fascista, apoyada por el gobierno militar, no dejó, era lo que se quería, de denunciar la violación de los derechos humanos y la represión contra el pueblo de parte del gobierno.

En 1990, diez años después de su muerte, se inicia la causa de canonización del arzobispo. A partir de 1997, el proceso es bloqueado porque sectores de la derecha, al interior de la Iglesia, y del propio gobierno salvadoreño acusan a Romero de haber sido un “comunista” y un “desequilibrado”. El papa Juan Pablo II hace caso de esos juicios que se proponían que Romero no fuese reconocido como mártir, porque hacerlo era aceptar la legitimidad de su lucha contra los crímenes del Estado salvadoreño.

En 2012, el papa Benedicto XVI, poco antes de anunciar su renuncia, desbloquea el proceso. En 2015, el papa Francisco autoriza que se reconozca a Romero mártir de la Iglesia, asesinado por “odio a la fe”. Ese mismo se le declara beato en una ceremonia en San Salvador a la que asisten 300,000 personas de 57 países.

A Romero, el próximo domingo 14 de octubre, la Iglesia lo celebra como santo en una ceremonia en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Años atrás ya lo había hecho la Iglesia anglicana que lo reconoce como mártir y santo. Romero es un ejemplo a seguir, más allá de toda dificultad, de congruencia entre lo que se piensa y se hace. Es un ejemplo a seguir en su determinación, más allá de las amenazas, de defender lo que se piensa es justo. Es un ejemplo a seguir en su valentía, más allá de los miedos, al denunciar la injusticia y el crimen.

En la misma ceremonia serán canonizados Pablo VI, el papa al que le toca terminar el Concilio Vaticano II, iniciado por el ahora también santo Juan XXIII; los sacerdotes italianos Francesco Spinelli y Vincenzo Romano; la religiosa alemana Maria Caterina Kasper y la española Nazaria Ignacia March Mesa. Su familia y ella se trasladan de España a México. Ella realizó su trabajo más importante en Bolivia donde pidió ser enterrada.

Twitter: @RubenAguilar

Vida y milagros

Cuando miramos nuestra vida en retrospectiva, cuántas de las cosas que hicimos nos parecerán que valieron la pena y cuántas hubiéramos querido hacer de otro modo. ¿En qué momentos claves pensamos que debimos tomar un camino distinto? Quien diga que no tiene nada de que arrepentirse creo que no está siendo sincero consigo mismo. Jodorowsky dice que hay que atreverse a ser audaces, a vivir siguiendo los impulsos del corazón y que si te equivocas tendrás al menos la experiencia. Tendrás la experiencia si no se te fue la vida en ello, o muchas veces tendrás la experiencia pero te darás cuenta claramente de que cometiste un gravísimo error. No es fácil vivir con los errores como tampoco es fácil vivir con la palabra "hubiera" resonando en la cabeza.



En estos días en que veo al patético y cínico de Daniel Ortega defendiendo su gobierno y su gestión corrupta apoyado en los discursos de voz falsa y melosa de su abusiva señora y vicepresidenta de Nicaragua, hablando del amor al prójimo para defender su dictadura mientras les echa los tanques y los paramilitares a universitarios parecidos a los muchachos que lucharon hace 39 años a su lado para derrocar a Somoza, no puedo dejar de pensar en Araceli Pérez Darias, mexicana hija de españoles, partícipe activa del movimiento que derrocó a Somoza y asesinada en Nicaragua dos meses antes de la caída de esa dictadura . ¿Qué pensaría Araceli si viviera? ¿Hubiera pensado que había otros caminos para derrocar a Somoza? ¿Se hubiera imaginado que Daniel Ortega sería hoy el enemigo a vencer para cientos de jóvenes universitarios nicaragüenses, como los que ella conoció y apoyó?

Resultado de imagen para mundonuestro.mx emma yanes araceli pérez darias

Araceli Pérez Darias, la guerrillera mexicana asesinada por el ejército somocista el 16 de abril de 1979, en León, Nicaragua.



RELACIONADA:

Mi cuñada, la historiadora Emma Yanes Rizo, escribió un libro sobre la vida y muerte de Araceli, un recuento perfecto que le llevó 20 años construir, basado en investigación dura y recuerdos propios. El libro se llama "Araceli, la libertad de vivir. Nicaragua, 1976-1979". Me impresionó mucho su lectura porque encontré ahí las ilusiones que casi todo joven siente para cambiar o mejorar el mundo, cada quien de la manera en que cree que puede ser útil. Me impresionó la ruptura de Araceli con su ultra conservador padre, un español franquista que migró a México con sus hijos, entre ellos Araceli, a la que no perdonó en vida por irse a luchar a Nicaragua, pero que en cuanto la supo muerta se lanzó a Nicaragua a buscarla. Ahí movió el cielo y la tierra hasta averiguar su final, dar con sus restos y regresarla "a casa". Todo lo que no la comprendió en vida, la aceptó, amó y admiró en su desaparición y muerte.



Mi cuñada Emma conoció a Araceli cuando se volvieron vecinas en unos departamentos en México, a los que Emma llegó a vivir con su familia. Emma tenía 15 años y Araceli iba a cumplir 30. Araceli ya había roto con su familia, era una próspera psicóloga, vivía sola y ya llevaba rato apoyando a los asilados nicaragüenses, alumnos de colegios jesuitas, que desde México preparaban el derribo de la dictadura de Somoza. La casi niña de 15 años, Emma, la futura e inquieta investigadora e historiadora, veía desde su departamento las entradas y salidas de jóvenes al departamento de Araceli e intuía que algo especial se cocinaba ahí. La energía vibrante, los sueños eléctricos de esa juventud madura y audaz que cree y sueña con mejorar el mundo, medio ciegos a los riesgos y a la violencia de la que son capaces los adictos al poder, como entonces Somoza, como hoy Ortega.

Veo en las fotos de Araceli, en su sonrisa abierta y sus ojos negros y radiantes como de gitana y en su postura confiada, la postura de quien cree en las bondades de su lucha y en la certeza de sus convicciones. Araceli y Emma trabaron una amistad peculiar aunque las separaba la diferencia de edades. Emma andaba de novia con alguien y Araceli le dijo: "No platiques en la calle, vente a platicar a mi casa, puedes estar tranquila y al mismo tiempo segura"- un lindo gesto. La trató como a una hermanita menor. No sé cuánto tiempo fueron amigas, seis meses, un año, no lo recuerdo porque no encuentro el libro y solo estoy relatando de memoria los recuerdos de su lectura y lo que escuché decir a Emma el día que presentó el libro en 2008.

Un día de 1977, Araceli desapareció junto con sus amigos. El departamento quedó vacío, pero no la memoria de Emma, que guardó el recuerdo de esa amiga especial. Quizá por amigos supo de su muerte violenta, pero no mucho más. Diez años después, en 1987, pasó por enfrente de su antigua casa y se bajó a mirar. Ahí, recordando lo que había visto, tomó la decisión de investigar a fondo la historia de su amiga perdida. Muchos habían llorado su muerte a solas, pero nadie se había ocupado en pegar con cuidado los pedacitos de su vida rota. Emma lo hizo sin prisa y tardó 20 años en juntar textos, cartas y entrevistas. Así sabría que cuando dejó de ver a Araceli en 1977 fue porque ya había tomado la decisión de irse a Nicaragua a luchar contra la dictadura de Somoza. Supo que desde 1975 se había unido al Comité Mexicano de Solidaridad con Nicaragua. Que su departamento había sido una especie de casa de seguridad donde se reunían y hospedaban importantes cuadros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, como Germán Pomares y Fernando Cardenal, sacerdote jesuita. Araceli se adentró en Nicaragua en 1977 y solo regresaría a México una vez, en 1978 para despedirse de sus más cercanos. Para ese entonces seguramente ya sabía los peligros de muerte que corría. En 1979 ya era parte del estado mayor del Frente Sandinista y responsable de organizar la insurrección final en la zona occidental de Nicaragua. Dos meses antes de la caída de la dictadura, el 16 de Abril de 1979, en León, Nicaragua, la casa de seguridad en la que se encontraban Araceli y siete compañeros más, fue rodeada por 80 militares de la guardia nacional. A los hombres los ejecutaron de inmediato, las mujeres, Idania y Araceli, fueron llevadas al Fortín de Acosasco donde fueron torturadas y asesinadas. Dos meses después, el 7 de Julio de 1979, cayó Somoza. Los compañeros que la recuerdan dicen que fue un ejemplo de entrega y lealtad. Escribiendo esto me pregunto si Araceli disparó una pistola, si fue capaz de matar en medio de esa guerra.

La toma de León, el 20 de junio de 1979. Al frente de los combatientes sandinistas, la tanqueta "Araceli", en honor a la guerrillera mexicana asesinada por el ejército somocista.

Ignoro si Araceli conocería personalmente a Daniel Ortega. Ignoro si logró adivinar en él lo que vieron algunos de sus compañeros de entonces, a un hombre de mente torcida y manipuladora, ávido de poder, dinero y todo lo que eso puede dar. Las guerras son caldos de cultivo para que florezca lo malo y lo peor ¿Alguno de aquellos muchachos vislumbraría en Daniel Ortega al hombre ambicioso que ha probado ser, al futuro violador de su hijastra de 12 años, Zoila Narváez, hoy asilada en Costa Rica, hija de su actual esposa Rosario Murillo, a la que quiere heredar el poder sobre Nicaragua y a quien ya hizo vicepresidenta? Viendo en un noticiero la cara dura de Ortega y oyendo la voz de su esposa, recordé anoche a Araceli. ¿Valió la pena morirse así, pensé? ¿Fue buena tu elección, fue lo que imaginaste?

Araceli escribiría a su hermano en una carta: "¿Qué es lo que se arriesga en la lucha?: morir, Pero si no estás, te quedas con una vida insatisfecha. ¿Qué es lo que se puede ganar?: todo. Recuperar el mundo y saberse dueño de uno mismo, dejar de sentir la vida como algo extraño, como algo que nos angustia porque no sabemos qué hacer con ella". Leo esta frase recuperada en internet acompañada de nombres de pueblos como Masaya y sus iglesias, nombres que aparecen en la historia de Araceli, pueblos e iglesias atacadas de nuevo pero ahora por los paramilitares de Daniel Ortega, ese hombre que se volvió la calca del dictador que derrocó.

La historia de hoy en Nicaragua debe de estar llena de mujeres como Araceli, de jóvenes llenos de sueños democráticos y de un país mejor, que miran perplejos como Daniel Ortega es hoy el tirano a derrocar. ¿Alguno de ellos será el tirano del mañana?

¿Por qué Emma rescató la historia de Araceli? ¿Es buena la memoria o es bueno el desencanto? Quiero ser optimista y pensar que es bueno saber que hay quien guarda la memoria de los ideales democráticos de quienes derrocaron a Somoza, recordar también que los tiranos no siempre lo fueron y recordar también cómo es que se construyen. Es buena

La memoria de que los gobiernos no pueden hacer y deshacer sin acordarse de que hubo gente que dio su vida porque las cosas fueran distintas, por objetivos concretos de democracia.

¿Valió la pena Araceli? Casi 40 años después estamos de regreso a lo que dejaste en Nicaragua ¿Hay otros caminos para derrotar a los Somozas o a los Ortegas? ¿Solo quedan los caminos violentos, la resistencia inútil que estamos viendo en las frías pantallas de la televisión? ¿Será el único camino sensato la aparentemente aburrida gradualidad?

Mundo Nuestro. El teólogo brasileño Leonardo Boff es una de las más lucidas voces en latinoamérica. Mucho se le debe para comprender el alcance de uno de los pensamientos progresistas más importantes de la vida nuestra, el contemplado en la llamada Teología de la Liberación. Aquí su postura sobre lo que ocurre en Nicaragua y su exigencia explícita al gobierno de Ortega de cesar la matanza.

PRONUNCIAMIENTO DE LEONARDO BOFF SOBRE NICARAGUA


Queridos compañeros y compañeras:

Como Presidente de honor de nuestro Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, Río, me uno al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos que con su Comunicado de apoyo a los Obispos, hace una justa critica al gobierno que está perseguiendo, secuestrando y asesinando sus propios compatriotas. Repito las palabras del Papa Juan Pablo II: no hay guerra santa, ni guerra justa, ni guerra humanitaria, porque toda guerra mata y ofende a Dios. Lo mismo vale para quien comanda semejantes práticas contra su pueblo.



Estoy perplejo por el hecho de que un gobierno que condujo la liberación de Nicaragua pueda imitar las prácticas del antiguo dictador. El poder existe no para imponerse a su pueblo, sino para servirlo en justicia y en paz.

Nicaragua necesita del diálogo, pero antes de todo necesita que las fuerzas represivas cesen de matar, especialmente a jóvenes. Esto es inaceptable. Nicaragua necesita paz y de nuevo paz.

Cito la más bella definición de la paz, consignada en la Carta de la Tierra, que reza:

“La paz es la plenitud que resulta de relaciones correctas consigo mismo, con otras personas, otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte’ (n.16 f). Es decir, la paz no existe en sí misma. La paz es la consecuencia de relaciones correctas en todas las instancias personales y sociales. Esta paz, fruto de tales relaciones, es lo que más deseamos al pueblo, al Gobierno y a toda Nicaragua.

Con la solidaridad del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, Río, y la mía personal, nos sentimos unidos a todos ustedes también en oración delante del Señor, príncipe de la paz.



Leonardo Boff, teólogo y presidente del CDDH de Petrópolis, Río de Janeiro.

Petrópolis 21 de julio de 2018.