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Domingo, 31 Marzo 2019 00:00

Mundo Nuestro. Reproducimos el discurso completo de Enrique Cárdenas este domingo 31 de marzo por la mañana en el zócalo de la ciudad de Puebla.

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Domingo, 31 Marzo 2019 00:00

Mundo Nuestro. Reproducimos el discurso Miguel Barbosa ante sus seguidores este domingo 31 de marzo en el llamado Recinto Expositor, en los Fuertes de la ciudad de Puebla. El discurso del candidato inicia justo en el minuto 26 en cuenta regresiva.

https://www.facebook.com/LMiguel.Barbosa/videos/473980906473190/

Video del discurso de Miguel Barbosa a partir del minuto -26.



Domingo, 31 Marzo 2019 00:00

Mundo Nuestro. Video editorial

(Composición fotográfica tomada de e-consulta)



Domingo, 31 Marzo 2019 00:00

Soñar es algo que todos los seres humanos hemos hecho alguna vez. Algunos soñamos aventuras en los cielos, otros sueñan con aventuras en el mar. Pocos logramos hacer esos sueños realidad, hay tantos obstáculos en nuestro camino. Sin embargo algunos tienen la fortuna de volver su sueño realidad.

El sueño de Alexa.



Había una vez una pareja, que, como tantas, empezó su vida en común con muchos sueños, individuales y luego compartidos en su vida juntos. Sueños por los cuales han luchado día a día. A diferencia de tantas otras, esta pareja de navegantes cumple ahora uno de sus más grandes sueños; un sueño que no pocos hemos tenido algún día: dar la vuelta al mundo.

El sueño del ALDIVI



Berna Sánchez y Alejandro Irigoyen, junto con sus hijos Alexa, Diego y Vital llevarán, para cuando ustedes estén leyendo este artículo, más de 14 días de haber zarpado del puerto de Acapulco, y más de una semana sin haber tocado ni visto tierra firme.



Al zarpar en el recién bautizado velero ALDIVI (las iniciales de sus hijos ALexa, DIego, VItal), la familia Irigoyen Sánchez ha logrado lo que pocos pueden hacer, soltar amarras. Soltaron las amarras de tantas cosas que hoy en día nos atan a los seres humanos y han decidido vivir una vida en la que no tienen por guía más que el viento y como base el mar.

Dejar atrás tantas cosas, la casa, el colegio, la rutina diaria, la familia, los amigos, suena fácil, y de momento muchos podríamos decir que nos encantaría seguir sus pasos. Sin embargo, los años de planeación que tomó este proyecto, desde buscar los recursos necesarios y la embarcación adecuada, pensar y calcular la ruta, tomar en cuenta el clima, las estaciones, los temporales, los puertos a tocar, son algunos de los detalles técnicos que no se ven desde fuera. También había que considerar la logística para transformar un velero de 50 pies de eslora en el hogar, la escuela y el centro de trabajo de esta familia por los próximos dos años y medio aproximadamente.

Dos años en el mar...

No puedo recordar con exactitud la primera vez que Berna y Ale hablaron de este proyecto, sé que son años ya, por lo menos cuatro o cinco. Desde el inicio ambos estuvieron muy ilusionados y optimistas de poder cumplir este sueño. Fueron llegando los hijos, primero Alexa y luego Diego, y mientras los niños crecían, el sueño crecía también. Diego, ha sido una parte clave de este proyecto. Cuando conoció al Capitán Vital Alzar, a quien me atrevo a llamar la inspiración y mentor de este proyecto y saber que su mamá estaba embarazada, tuvo una certeza y convencimiento impresionantes al decir que el bebé sería niño y se llamaría Vital. Ese es el convencimiento y certeza que Berna y Ale nos han transmitido a familiares y amigos que hemos tenido la fortuna de estar con ellos de una u otra forma desde los inicios del proyecto, durante su cuidadosa planeación, hasta zarpar de Acapulco el 10 de marzo pasado, y apenas el viernes pasado cuando soltaron la última amarra a México en Puerto Vallarta, y que seguimos y seguiremos teniendo a lo largo de esta aventura.

Lo que sí puedo recordar es la experiencia de acompañarlos a Acapulco hace poco más de dos semanas. El martes 5 de marzo saltaron al ojo público al ser entrevistados en cadena nacional. Ya no era nada más un proyecto conocido por algunos poblanos y acapulqueños. Como era de esperar, saltaron voces a favor y voces en contra de este proyecto, críticas negativas y constructivas, un proyecto así tiene muchos ángulos y cristales por los cuales mirarlo, este artículo no es para tratarlos.

Aquí me resta compartir las vivencias de tres días en los que familia y amigos pusimos manos a la obra para ayudar, de una u otra forma a atar todos los cabos sueltos, a empacar y acomodar lo mejor posible lo mucho o poco que tenía que caber en ALDIVI.

Fue Alexa quien me explicó y me enseñó cómo subir a bordo. También será Alexa la que nos irá contando a través de las redes sociales de sus vidas a bordo. Así que, tomando los cables, subiendo una pierna y volando la otra sobre la red, me adentré en un velero con espacios reducidos pero muy bien planeados. A ayudar a acomodar sartenes, cacerolas, guardar detergentes, trapos, toallas y mil cosas más, todo bajo la atenta mirada de mi tía Berna, quien cuidaba con gran cariño que el hogar de sus hijos y nietos fuese perfecto.

Berna y Alejandro.

El sábado en la ceremonia donde la familia fue nombrada Embajadores de Paz, fue Diego quien tomó junto con su papá la bandera en sus manos rodeado de vivas y aplausos de los que pudimos entrar en el recinto.

En ese mismo evento fue Vital Irigoyen quien se robó no sólo el corazón de su tocayo, el Capitán Alzar, sino de todos los presentes con su sonrisa y afecto.

De ahí nos dirigimos al muelle en el que, con gran botella de champagne se bautizó a ALDIVI y brindamos todos por una travesía tranquila y una buena mar.

Y más pronto de lo que imaginamos llegó el domingo, el día de soltar amarras y partir. El muelle y el ALDIVI desde muy temprano eran un hervidero de gente, subíamos y bajábamos, unos ayudando, otros queriendo conocer el velero y alguno que otro curioso que algo escuchó y quería saber si era verdad que una familia entera zarparía ese día.

Los últimos preparativos. Quienes se quedan en tierra echan una última mano.

Aún el plan más perfecto puede ser modificado, y así pasó con la hora estimada de partida. Entre toda la comida y ropa que había aún que acomodar en las entrañas de ALDIVI, en cubierta un grupo liderado por Alejandro Irigoyen, compuesto por sus hermanos, suegro, cuñados, amigos y personal del embarcadero, etc., trabajaban al rayo del sol comprobando que todo estuviese en orden para partir.

La hora fijada pasó y ALDIVI seguía en puerto y la gente subía y bajaba. Entre todo ese ir y venir, un invitado llegó al área de cocina. Con alba blanca y estola con colores de mar el Padre Francisco de Catedral subió a bendecir a ALDIVI y a toda su tripulación. En ese momento en la cocina estábamos un grupo de hormiguitas, mujeres que entre calores y prisas buscábamos la forma de seguir el dicho aquel de “todo cabe en jarrito sabiéndolo acomodar”, y lo logramos, no a la hora prevista, pero todo tiene un porqué. Eran ya poco más de las seis cuando se formó una fila larga en el muelle, una fila de gente que queríamos ver y aplaudir a los Irigoyen Sánchez cuando por fin se soltara la última amarra al muelle.

No faltaron lágrimas, sonrisas, cantos, porras, aplausos, y de ahí, unos cuantos tuvimos la fortuna de subir a lanchas, yates y veleros para acompañar al ALDIVI hasta el final de la bahía.

Los abuelos. La esperanza de que todo saldrá bien...

Gritar un último hasta pronto, ver a los tripulantes, emocionados y nerviosos decirnos adiós, y decir adiós a las demás embarcaciones de la comitiva, y después ver al ALDIVI avanzar hacia un sol que se acercaba más y más al agua. Verlo después volverse un pequeño punto en el horizonte.

Al dar la vuelta y volver al muelle con las emociones revueltas, entre alegría, nervios, tranquilidad, incertidumbre y esperanza por buena mar y buen viaje, no había rostro que no se viese afectado de una u otra forma. Entre todos compartíamos anécdotas de los últimos tres días, en parte para no pensar y en parte para no dejar de pensar en ellos, en Alejandro, Berna, Alexa, Diego, Vital, acompañados de Federico, Federica y Federico, que partían rumbo a Puerto Vallarta, escala antes de iniciar el camino hacia las Islas Marquesas en la Polinesia Francesa. Desde el viernes pasado los celulares dejaron de tener señal, pero gracias a la tecnología, podemos ir siguiendo la trayectoria y saber con gran exactitud la ubicación del ALDIVI.

No hay descripción de la foto disponible.

#ALDIVI #ViajeConCausa #VeleroPorLaPaz #IslasMarquesas

El sueño ya se está haciendo realidad, apenas empieza, le falta mucho camino por recorrer, mucho que conocer, aprender, y en algunos meses estará cumplido. Mientras tanto, a nosotros en tierra nos debe quedar mucho que soñar. Esta impresionante aventura es la prueba de que los sueños se pueden hacer realidad, de que no siempre será fácil conseguirlo, pero que si hay alguien junto a nosotros, así como Alejandro tiene a Berna, dispuesto a apoyarnos y acompañarnos, entonces vale la pena seguir soñando.

En lo personal, espero poder alcanzarlos en algún puerto y pasar algunos días con ellos en el mar, vivir en carne propia la experiencia. Mientras logro cumplir este sueño, termino con la oración que Emma HS, sobrina de Berna y Ale pensó. Oración que la familia en tierra firme repetimos todos los días:

QUE DIOS BENDIGA LA VELA,

QUE DIOS BENDIGA LA MAR,

QUE DIOS BENDIGA EL CAMINO

POR EL QUE VAN A PASAR

ALE, BERNA Y ALEXA, DIEGO Y VITAL…

https://cruisersat.net/track/ALDIVI

Pueden seguir a esta familia a través de sus redes sociales:

  1. proyectosoltandoamarras.com.mx;

FaceBook: Soltando Amarras; Instagram: proyectosoltandoamarras

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Lunes, 25 Marzo 2019 00:00

No olvidar las fechar y los avisos: 21 de diciembre de 1994. 18 de marzo del 2019.

Cuidado que vale recordar ahora el nombre de la novela de Malcon Lowry, Bajo el volcán.

Nunca acabaremos en la ciudad de comprender lo que significa vivir junto a esta mole hermosa y mustia que de cuando en cuando estalla en bramidos y toses de cenizas antiguas como la tierra misma. Al pie de su falda, los pueblos viejos, orillados apenas a la modernidad urbana, acostumbrados a los malos modos de su montaña que humea, ahora mismo mucho más asustados que nosotros los que vivimos a 40 kilómetros de distancia. La Magdalena Yancuitlalpan, San Pedro Benito Juárez, Tochimilco. Ellos sí que han aprendido a vivir bajo el volcán. No queda ahora más que mandarle un abrazo a ese mundo campesino del amaranto y el maíz, aquel del corazón templado a golpe de pobreza y desde la reciedumbre incierta de la tierra.



Lunes, 25 Marzo 2019 00:00

Vida y milagros

La casa en la crecí con mis hermanos estaba en el llamado barrio de Santiago, uno de los barrios más viejos de Puebla, aunque nunca alcanzó la categoría de colonia. Era una casa que alquilaban mis papás a una señora llamada Doña Elvira, quien al morir la heredó a su hija, amiga de mi mamá y que puntualmente pasaba a recoger su renta el día primero de cada mes. Mi mamá tenía listo el sobre desde la víspera porque era una mujer amante del orden, cualidad que no heredé. La casa tenía en la entrada una escalerita y un árbol de colorín que la hacían particularmente graciosa; era de dos pisos y con un jardín en la parte de atrás que se veía desde la ventana del comedor. En la parte de arriba estaban los cuartos en donde dormíamos y en medio de ellos, un espacio distribuidor al que daban todas las puertas, formando una armoniosa unidad.

Había además un cuarto adicional que tenía varias funciones; en él había dos armarios - libreros que hacían esquina, formando entre ellos un hueco que se volvió el escondite perfecto y el refugio ideal para los momentos de turbulencia familiar o emocional que existen en toda niñez. A ese hueco con un poco de más de dos metros de hondo le llamábamos " el hoyo", y se subía usando los entre paños como escalones. Entrar era fácil, salir no lo era tanto y se requería agilidad de chango para esconderse ahí de manera rápida. Carlos mi hermano y yo teníamos la habilidad para trepar a la velocidad de la luz cuando había emergencias, por ejemplo, que llegara el doctor que traía la vacuna de la polio. Ese cuarto hacía también las veces de costurero, pues ahí estaba la máquina de coser que usaban mi mamá o doña Irene, una costurera de edad difícil de definir para un niño y que iba a la casa dos veces por semana. Doña Irene tenía un cuerpo sin cintura y yo la consideraba para entonces una mujer viejita. Se peinaba de chongo y su suéter siempre estaba lleno de alfileres a un lado de su pecho. Tenía un olor que recuerdo con una precisión asombrosa. Dicen que los olores están ligados de manera corta y directa a la zona del cerebro que guarda las memorias, y quizás por eso nos conectan de manera profunda y sin atajos a situaciones y recuerdos de una manera especialmente vívida. Doña Irene olía a talco, madera y a todos los olores de un almacén de telas: a algodón, a estambres, a satín y a tul. Se sentaba ante la máquina de coser y desde ahí gobernaba ese pequeño cuarto sin hacer mayor ruido, aunque se reía de una manera muy chistosa, como entre dientes, y le encantaba molestarnos con cuentos de miedo o nos entretenía con chismes de su vecindad. Dentro del armario de usos múltiples también había una casita de muñecas, así que nuestras visitas al cuarto de la costura eran frecuentes. Recuerdo a Irene dándome retacitos de las telas sobrantes que se guardaban en un canasto; con ellos me enseñaba a hacerles faldas, vestidos o gorritos a mis muñecas o a mi gata Casiopea. Irene me daba conversación e información cuando yo estaba escondida en el hoyo y no había más adultos alrededor. La verdad es que tenía que echar mano del escondite más de lo que yo hubiera deseado. Por esas épocas falté al colegio varios meses porque tuve fiebre reumática y cada dos semanas llegaba el químico Vergara a sacarme sangre para ver si iba yo mejorando. El químico tenía paciencia de santo, porque hacerme salir del hoyo requería de una cantidad enorme de chantajes o definitivos regaños de parte de mi mamá. Olía yo al químico tres cuadras antes de que su cochecito se parara en la puerta de mi casa. Irene era una buena cómplice. No delataba nuestra presencia en el divertido escondite, lleno de cuentos de vaqueros, La Pequeña Lulú, o La Zorra y el Cuervo. Doña Irene pasaba el día rodeada de hilos de colores, ropa por arreglar, retazos de tela, un huevo de madera de cedro que servía para zurcir calcetines, un gran alfiletero rojo que simulaba un jitomate y una máquina de coser verde marca Edna, con la que sostenía una lucha constante, ya que Edna solía jugarle la mala pasada de "enhebrarse" , si es que esa palabra existe. Una máquina enhebrada es una máquina a la que los hilos se le hicieron bolas en el interior de sus misteriosas entrañas metálicas. Doña Irene sabía desenhebrar la máquina con paciencia admirable. A mí me daba por lidiar con Edna sin supervisión, así que solía hacer la maldad de enhebrarla de tal manera que los hilos enredados en su interior se volvían una maraña solo destructible a base de tiempo, tijeras, punzones y muchísimo desperdicio de hilos ahorcados. Doña Irene siempre dejaba su máquina limpia antes de irse, aceitada, sin hilos enredados, con su aguja ensartada con un hilo blanco montado en un carrete plateado, todo listo para una emergencia. De las manos de mi mamá y de Doña Irene salieron fundas e individuales, nuestros uniformes del colegio, los vestidos de nuestra primera comunión, las composturas de los uniformes de mis hermanos, los manteles de la mesa, o los baberos de cuadros que usábamos hasta antes de cumplir ocho años para no ensuciar los uniformes a la hora de la comida. Nada más placentero que Doña Irene te trepara en un banquito en una tarde lluviosa para tomarte medidas con la vieja cinta métrica que colgaba de su cuello ,o para marcarte la altura de la manga o el dobladillo del uniforme o una falda .Marcaba la prenda que tenías puesta con una barra de tiza blanca y luego iba llenando la prenda de alfileres. Sentir sus manos temblorosas trajinando sobre el cuerpo, ya sea marcando la tela con la tiza o tomándote las medidas era un placer sutil que pocos comprenderán. Era un cosquilleo suave, casi una caricia imperceptible e involuntaria que te hacían cerrar los ojos de gusto. El chiste era permanecer quieta. Ella te iba dando la vuelta mientras hacía su trabajo y nunca me dio más gusto obedecer a alguien -"Irene, tómame medidas"- le decía yo cuando quería atención. Irene fue la que se ofreció un día a enchinarme las pestañas porque las tenía yo muy largas, pero poco rizadas. Descubrí con ella que lo aparentemente feo podía ser mejorado. Con un alfiler de seguridad me las enchinó y desde entonces, la perseguía por las tardes en el costurero para salir de ahí con unas pestañas demasiado rizadas para la forma de mis ojos pero que a mí me parecían una genial y hermosa impostura. También me hacía anchoas en el fleco enredando el pelo con papelitos de china y dos pasadores cruzados. Una hora después, mi fleco lacio era rizado. De vez en cuando las anginas recurrentes me daban unas calenturas espantosas; Doña Irene me dijo que tenía yo "escalofríos". Pensé que era el nombre de una peligrosa e innombrable enfermedad. "¿Como es eso de los escalofríos, Irene?" "son esos temblores que te dan, por eso te suenan los dientes." Me daba un vaso de agua de limón acompañado con una pastillita rosa que ahora sé que era un mejoral infantil, y al rato ya andaba yo libre de la maligna enfermedad, jugando con los trapos, vistiendo a las muñecas o molestando a Irene con que me arreglara un dobladillo con tal de que me subiera al banquito, me llenara de alfileres, y me tomara las medidas. Digamos que nos caíamos mutuamente en gracia. A los niños de la casa nos mantuvieron en una burbuja en la que la muerte no tenía cabida. Particularmente en la familia de mi madre todos vivían como si siempre fueran a ser eternos y jóvenes. Cuando los padres de mi papá se murieron, simplemente nos dijeron que ese día no iríamos al colegio porque los abuelos se habían ido al cielo. No sé si a Doña Irene también se la llevaron para allá, porque un día supe que estaba enferma y luego nunca se le volvió a mencionar. El único muerto con el que tuvimos contacto antes de los diez años fue con un pavo que les regaló a mis papás poco antes de una navidad un amigo al que llamaban el Charro Ausencio. Sus bigotes, su atuendo y su cuerpo eran idénticos a los de un panzón de Corpus. Todos tuvimos que ver con el guajolote porque nos correteaba en el jardín y nos picaba las agujetas. Cuando lo vimos colgado de la escalera de caracol que subía a la azotea con el pescuezo estirado, hubo muchas lágrimas derramadas, mucho llanto infantil. Todo esto lo digo para explicar por qué no supimos que fue de Doña Irene hasta mucho tiempo después, cuando ya no éramos niños. Desapareció de nuestras vidas con una suavidad que solo pudo ser producto de la negación de que la muerte existía en nuestras vidas. La vida siguió en el cuarto de costura, luego tuvo otros usos, pero nunca regreso a él la paz, la boruca, la complicidad y el ambiente especial del costurero cuando en él vivió y trabajo Doña Irene.





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Domingo, 24 Marzo 2019 00:00

El mismo sol inclemente de marzo. La misma calle sin lustre de la 35 Poniente. Y el nuevo escenario de la elección del 2 de junio a cargo del INE. Algo tienen en común el ciudadano sin partido Enrique Cárdenas y el político profesional Miguel Barbosa. A partir de ahí cada uno con sus luces y sus lastres. El ciudadano su reserva moral intacta y su ingenuidad en los menesteres electorales. El político su sagacidad de pícaro sobreviviente y su historial de cambio de barcos sin vergüenza alguna. Cárdenas no sostendrá fácilmente su ser ciudadano y tendrá en los votantes la memoria reciente de partidos títeres en el engranaje estratégico y perverso del difunto Rafael Moreno Valle, con el fraude y la violencia del 1 de julio de por medio. Barbosa encontrará en los electores la creciente conciencia de que con él regresa el antiguo y funesto sistema de acuerdos sin nombre del sistema priista, y la guerra civil que viven los morenistas en Puebla, y el interrogante de si otra vez lo cargará la todavía muy viva ola lopezobradorista.

En el llano cocido del medio día en esa calle anodina, dos peloteras entonces, una el martes 19, clasemediera, de siquitibúns, casi sorda, insuficiente por número y costumbre para apretujar al ciudadano candidato; otra el miércoles 20, popular, de mantas, banda musical, templete, maestro de ceremonia y bochinche que abarca la calle entera, lista para poner en jaque al equipo que acompaña el político de Tehuacán.

Para quien quiera contar esta historia, la diferencia en los modos y dichos no puede ser más que divertida.



Cárdenas

Sol rotundo a punto de la una de la tarde, y las escasas nubes de la mañana van en retirada. Unas cincuenta personas esperan al candidato, y no son suficientes para cerrar la calle frente a las oficinas del INE.

No hay templete ni música ni valla para que pase el ciudadano que, como logro político indiscutible en el escenario poblano, lleva ya el de que los rescoldos que quedaron de los partidos nacionales PAN, PRD Y Movimiento Ciudadano, tras el sunami López Obrador en el 2018, encuentren en él la única posibilidad de salvar el honor el próximo 2 de junio. Lo veo entrar en esta breve pelotera que lo espera y no me guardo el interrogante sobre el alcance que su generosidad tendrá contra la carga del pasado inmediato de tres partidos subyugados por Rafael Moreno Valle y su autoritario proyecto político derruido por un destino implacable el 24 de diciembre.

“Duro, duro, duro”, gritan los panistas. “Cárdenas gobernador, Cárdenas gobernador”, escucha Enrique cuando pasa oculto entre el grupo que abre Gabriel Hinojosa. Ha llegado a tiempo, y con él van los dirigentes nacionales de los tres partidos. Pasan repegados a la pared del edificio, y en la pelotera no alcanzo a ver al académico trasmutado en candidato.





1

La gente de Sumamos no ha traído banderas ni propaganda y no hace alaraca alguna. Reconozco a algunos en la periferia de la bola que ha cercado la entrada del INE en la oficina de la 35 Oriente. Juan Carlos Canales y su pelambre cano sobrepasa las cabezas en el conjunto; Leobardo Espinosa y su traje estricto; Maricarmen Lanzagorta y su libreta de organizadora y su relato sobre los acuerdos ayer con los partidos: diez personas por grupo, pues en el salón no entran más de cuarenta.

Veo venir lo que ocurrirá en las próximas semanas: la maquinaria panista, aunque venida a menos sin el dinero morenovallista, difícilmente permitirá que la marca “candidato ciudadano” le robe el espacio, y a Cárdenas sólo le quedará su propio discurso para marcar su raya.

2

Llego a tiempo para ver entrar al edificio a Fernando Morales Martínez, el hijo del exgobernador Melquiades. Encabeza, en acuerdo de Moreno Valle con Dante Delgado, desde noviembre del 2017 en Puebla al partido Movimiento Ciudadano, el partido que desde la ciudad de México le dio a Cárdenas entrada para su registro como candidato. ¿Qué pasará por su altiva cabeza?, pienso mientras lo observo entrar al INE con todo lo que del sistema político priista le ha dejado sus modos y su apellido.

3

Las banderas del PAN saltan cuando José María Iguíniz Cárdenas saca unos cartelitos en contra de lo que considera una imposición en su partido. Los panistas se animan e increpan a Iñiguiz, traidor, le gritan. “Eres un cinicazo, Chema”, le grita alguien en la cara. Alcanzo a preguntarle sobre su carta de renuncia: “Léela –me dice-, en ningún lado habla de renuncia, yo me suspendí del partido, sigo los principios de mi padre”. Ahora mismo no lo recuerdo nunca encrespado con la usurpación del partido por Moreno Valle. Pero ahí está, decidido a meterle ruido a la candidatura de Cárdenas y sin pena de posar con su cartelito en memoria de Rafael y Martha Érika.

3

Eduardo Rivera responde a los reporteros con la única carta que le quedó en la mano: mirar para adelante, dice. Para qué recordarle entonces la contradicción más pura en la historia reciente del panismo poblano: el político de mayor arraigo, el más perseguido por Moreno Valle, le aceptó jugar la carta de la candidatura a la alcaldía poblana el 1 de julio. Ahí quedó en hilachos su carrera política tras el vendaval morenista.

“Los partidos son instrumentos de interés público –me dice--, así que bienvenido Enrique Cárdenas, un hombre decente. Ahora hay que ver para delante, inconformarse ahora en nada abona, ahora lo que se requiere es generosidad, recomponerse desde una agenda ciudadana.”

4

Humberto Aguilar Coronado espera en la sombra de un pórtico al lado del edificio del INE. Lo veo escurrido en su traje blanco a rayas exquisito, ya no el tipo robusto y bullanguero. “Estoy recién operado”, me explica. Y luego relata sus años de exilio, todo lo que duró el morenovallismo, su refugio en el Congreso, su reconversión en empresario financiero. Y su regreso a Puebla, pero no en la arena, su tiempo ahora es el quien mira los toros desde la barrera.” No le acepté al Marko Cortés un espacio en el Comité Ejecutivo Nacional, y fui su jefe de campaña para llegar a la presidencia nacional del partido. Ya no es mi tiempo.”

Ahí mismo, bajo el sol infame, Paco Fraile se acerca para el abrazo a su colega y rival en los últimos treinta años. Por la tarde Paco jurará como Secretario General de un partido sin dinero y sin el mando de la figura que a estos dos hombres se los quitó como quien le quita un dulce a un niño. Los dos personajes me dan el retrato de un PAN que se perdió en la bruma del derroche morenovallista. Paco Fraile y Humberto Aguilar Coronado. El primero fue sometido fácilmente con la amenaza de cárcel tras su paso como delegado del Seguro Social; el segundo se refugió en la ciudad de México con la promesa de no aparecerse por este valle en el que por ocho años imperara “la fuerza del cambio”.

¿Qué le queda al PAN sin Moreno Valle? No tiene ya el cuenco de dinero ni la estructura armada a largo de diez años por el hombre fuerte sin escrúpulos que arrasó con la imagen del partido opositor urbano, clasemediero y pobretón. Se parece más en esta tarde al partido de los ochenta y noventa, maltratado eterno por el despotismo de los gobernadores priistas.

A la derecha, Paco Fraile, al centro, Humberto Aguilar Coronado. La sobrevivencia del PAN poblano, lo que quedó después de la era Moreno Valle.

5

En el 2015 lo nombraron secretario general del consejo municipal del PRD en la ciudad de Puebla. Espera desde la banqueta la escena con la salida del Doctor Cárdenas del edificio del INE. Muchos años en el PRD poblano, es de los que decidió quedarse en la era del partido maniatado por Moreno Valle. Y ahora está optimista:

“No estamos tan tirados a la calle –me dice--, aunque por supuesto ya no tenemos las 38 presidencias municipales que el partido ganó en el 2013, y claro, ni eran nuestras.”

6

El candidato Enrique Cárdenas sale a la calle tras su registro. Los líderes nacionales del PAN, PRD y MC se difuminan de la 35 Oriente. Afronta ahora sí su primera pelotera, aunque no sean muchos los que lo aprieten, ni sean tantos los que vean que los panistas cumplen con el simbolismo del gallo, ni haya templete en el que su figura escueta se levante y tenga que treparse al cofre de un Jetta para que sus votantes lo miren de abajo para arriba. Apenas resalta en el barullo su cabellera blanca y su nariz afilada. Ya carga con el gallo, ya se sube al cofre del Jetta, ya toma el micrófono y se apoya en el hombro de Gabriel Hinojosa. Habla y no se desgañita y recurre a una imagen certera: la de la barca y los remeros.

La imagen puede contener: 14 personas, personas sonriendo, multitud

Enrique Cárdenas y el hombro de Gabriel Hinojosa. A la derecha, abajo también, el rostro adusto de otro sobreviviente del panismo, Miguel Ángel Mantilla.

Escribo ahí mismo en mi libreta: “¿Qué será de este demócrata en un mar ceñudo e ingrato de la política poblana?”

Barbosa

Contemplo el regreso de la maquinaria priista en sus modos y folklores resumidos en un medio día de registro también a pleno sol, y sin remedio. Aquí estoy el jueves 20, justo a la entrada del INE y en el cierre de una valla humana que no alcanza a hacerse entre los apachurrones que se revuelven como una víbora lenta de la mar, admirado por esta capacidad de sobrevivencia de lo que por años se llamó “sistema”, ese que arrancaba y moría y renacía por las ansias de tocar al hombre fuerte en una pelotera.

Primero el candidato que no aparecerá sino hora y media después –y que ya no veré, pues algo se debe de guardar de respeto por la puntualidad--, con la usanza antigua de que la masa está hecha para esperar, para entretenerse con los alaridos del infaltable maestro de ceremonia, y para no escuchar nada por el ruido infernal que produce la tambora, la tuba, los trombones y clarinetes de una banda cholulteca que a todo mundo le da sentido de vida. Está visto que aquí no hay Morena que valga, aunque esas sean las playeras que la gente carga, y esas las siglas que las mantas portan. Hora y media que la masa entiende precisamente porque quiere que regresen los viejos tiempos del desmadre vocinglero de los apachurrones priistas, de la lotería que en México significa jugar a la política.

El gritón

“Estamos aquí por nuestro candidato –dice Arturo Spíndola enfundado en guayabera blanca y templete a media calle y frente al INE--, el próximo gobernador de Puebla…”

Y su voz es lo primero que te encuentra justo a las once y cuarto que llego, una voz engolada para la que no ha pasado el tiempo, que ha estado ahí para los gobernadores y rectores y candidatos del aparato que han necesitado de una voz que entretenga al acarreo hasta el momento en que rompa al viento el alivio del en estos momentos hace su entrada el señor que en turno sea el señalado como el hombre del poder. Hoy tendrá que trabajar en serio, pues el candidato hará esperar a la masa sin más motivo y por la sabiduría que prueba que se tiene el poder de hacer perder el tiempo a todos.

“¡Porque sí, señores, este es el tiempo de la reconciliación…! –grita Espíndola--, con el mejor amigo, el mejor candidato, el que recibe a panistas y expriístas que se vienen a sumar con él, con Miguel Barbosa, nuestro candidato!”

Arrturo Espíndola y los templetes de Bartlett, de Melquiades, de Marín...

El Cristiano

Manuel Guzmán tiene 77 años y la ilusión que da el ser un convertido capaz de hablar por los grupos de cristianos. Lo acompaña Víctor Alanís Ballesteros, que tiene un Instituto de Apoyo a la Familia en la colonia Las Hadas. “La esperanza está naciendo en Puebla”, me dice y me pasa su tarjetita y su ánimo de que una nueva camada de personas y de políticas públicas están llegando a Puebla con Andrés Manuel López Obrador. “Todo lo que le han negado al pueblo por años”, remata. Manuel viene de lejos como líder de iglesias cristianas en Puebla. Mañana jueves 21 le hará su homenaje al único santón mexicano que reconoce, Benito Juárez.

“Esto se parece mucho a un evento del PRI, ¿no le parece?”, le digo.

“¿El PRI? – reflexiona--, sí, eso es lo que acostumbramos en México.”

“Vamos, don Manuel –le dice Víctor Alanís--, hay que ir hacia el templete para que lo nombren a usted y sepan que ya anda por aquí.”

Corridos

“Manzanilla está detrás de la mampara –me dice una de las mujeres despedidas por Moreno Valle en la Dirección General de Gobierno--. Él nunca se fue.”

Son muchos los que se resguardan tras la manta que exige la solución a los laudos que el Tribunal de Justicia mantiene congelados. Y la palabra esperanza vuelve a brotar esta mañana entre quienes han llegado a respaldar a Barbosa. Dos audiencias les dio en la campaña hacia el 2018: “Él nos prometió la reinstalación”, afirman.

Y luego una de ellas relata: “Yo estaba hospitalizada por un trombo. Hasta la cama me llegó la noticia de mi despido. Es por el alza del petróleo, dice mi hermana que le dieron como causa. Y fírmele y retírese, le dijeron. Un tipo de apellidos Saavedra Peimbert, ese llegó a corrernos. Yo tenía 32 años de trabajar en la Secretaría de Gobierno.”

La esperanza de la reinstalación...

La Manta

Los hermanos Amaya aguantan la broma que les hago: órale, ustedes estaban con Armenta… Y es que han sobrepuesto el nombre del candidato, pero es obvio que abajo existía otro convocado. No, me dicen, cómo crees que nos equivocamos, es que la manta la hicimos para la contienda del interinato en enero. Nosotros propusimos a nuestro hermano Norberto.

También los Amaya vienen de lejos. Muchos años en el PRD. Y siempre tendrá a la mano una manta y unas siglas para los tiempos nuevos.

Los Amaya, otros sobrevivientes de los años noventa.

La Banda

“Somos la banda Ginebra”, al menos eso escucho que me dice un muchacho que corta el aire con su clarinete. Y vienen de algún pueblo San Francisco algo cholulteca, uniformados con una camiseta del extinto PES. Es el estruendo necesario para no olvidar que la vida es una fiesta de tamborazos y notas incomprensibles, cristalinas y desgarradas, siempre suficientes para no escuchar lo que el mundo quiere decirte con palabras.

La banca

A tres metros de la banda y su huateque, alguien se abraza y se da palmadas. Es un corrillo, el más animado, a mitad de la calle, cuando los que organizan a la masa intentan ya formar con los más entusiastas una valla. En diez segundos confirmo que son una especie de convención de tehuacaneros felices. Alguien se presenta con una mujer a la que llama Sofía Barbosa. Se entromete la banda Ginebra, ¿dijo Sofía?, se me cruza el apellido, segurito escuché Barbosa, y no tengo la menor idea de si la señora será familiar del candidato. Yo pelo más la oreja mientras la mujer parlotea radiante frente a sus amigos de Zinacatepec que la saludan y le sonríen. Claro que sí, escucho, tenemos un amigo que fue compañero de banca de tu hermano…

El Tarot

Ivonne Cruz Blanco se ha logrado plantar justo al final de la valla, a un metro de la entrada del INE que custodia David Méndez. Me sorprende de inmediato: carga en la mano unas películas sobre el Tarot, y si me dejo, ahí mismo puede empezar a echar mis cartas. Y me sorprende más: hasta hace apenas cinco semanas era panista, y con un grupo organizado, la Asociación Unidos por Siempre, y con 22 años de militancia en ese partido. Además, es enfermera y trabaja desde hace veinte años en el Centro de Salud de San Felipe Hueyotlipan.

“Genoveva destruyó al PAN –me explica--, lo entregó al Yunque, acusó al morenovallismo de traidor, y eso no me pareció, a mí con Rafael Moreno Valle me tomaron en cuenta, en las colonias, en las escuelas. Así que yo creo que hay ciclos que se cierran. Voy a extrañar las ideas del PAN, yo vengo de familia panista, mi papá ha sido militante por 38 años, y no le gustó mi renuncia, pero me dijo que respetaba mi decisión. Es que ahora a ellos no les interesa el liderazgo, Genoveva está por sus intereses. Si viviera Martha Érika no lo dudaría, seguiría en el PAN y seguiría con ella. Y no hay contradicción con el hecho de que esté ahora aquí con Barbosa, yo renuncié a mi partido, y por escrito, soy libre, y mi interés es que mejore Puebla.”

Atrás de Ivonne, la voz de Arturo Espíndola que saluda a los trabajadores del sector salud, y la respuesta de la masa: “Barbosa, amigo, Salud está contigo”.

La renuncia de Ivonne al PAN. "Genoveva destruyó a mi partido."

El vocero

David Méndez Márquez ha hecho de vocero de Miguel Barbosa y ahora resguarda la entrada al final de la valla que han logrado armar cuando dicen que ahora sí ya merito está aquí el candidato. Y ha de ser, pues ya pasaron dos o tres diputadas y ya David no deja pasar a cualquiera. Lo recuerdo de regidor por la izquierda en el Ayuntamiento 2011-2014 del panista Eduardo Rivera, de lo más serio y capaz en la historia reciente de los cabildos de la ciudad de Puebla. En los apellidos guarda el linaje de izquierda poblana. Apechugaron los Méndez Márquez en el 2018 que no le dieran a Rosa Márquez la candidatura a la alcaldía poblana. Ni a David una diputación. Para todo hay tiempo si se sabe que para todo hay tiempo.

El Fortachón

José Miguel Jiménez Castillo abre cancha encasquetado en una playera que le descubre casi todo sus brazos y deja ver sus acicalados bíceps. Averiguo que es el esposo de la diputada Mónica Lara, a la que cuida como el mejor de los escoltas y saca maloras del barrio. La memoria a flashazos: matrimonio panista que apostó por Ernesto Cordero, enemigo de Moreno Valle en la contienda por el control del PAN nacional en el 2014, sufrió las consecuencias: José Miguel, hermano de Blanca Jiménez, quien hasta hace una semana intentó ser la candidata del PAN a la gubernatura, fue encarcelado por Moreno Valle por medio de la invención de pruebas y otras marrullerías de Eukid Castañón; Mónica, cercana en un momento a Martha Érika Alonzo, llegó a ser directora del Instituto Poblano de la Mujer en el 2012, y aguantó un año, hasta que en el pleito con Moreno Valle vio que le secuestraron a un hijo.

Cuánto se me viene encima al ver pasar a la diputada hoy por el extinto PES, Mónica Lara y su enjundioso marido. Los dos, exmorenovallistas perseguidos por el despotismo morenovallista en Puebla. Hoy se plantan por Barbosa.

El comunista

Servando Galindo Ríos representa a la más vieja de las izquierdas en Puebla. La vieja izquierda de Atlixco, la del Partido Comunista que fundó la preparatoria de la BUAP en esa ciudad. “Y ahí sigo en la prepa BUAP –me dice--, y con mi misma clase, Economía Social Mexicana.” Y en su respuesta de por qué con Barbosa traza una línea del tiempo de luchas social y crimen.: “Lo conozco desde hace 26 años, es un luchador de la calle, rompió con el PRI en 1994, cuando era secretario general del Ayuntamiento de Tehuacán, y se pasó al PRD con dos mil militantes. Y lo recuerdo cuando llegó a Atlixco con Porfirio Muñoz Ledo, cuando se anuló la elección de 1994, con Alejandro Beristáin, a quien mataron en el 2017, cuando salió a comprar un carro Ibiza y sólo lo volvieron a ver muerto, arrojado en una zanja en la Barranca de los Molinos, justo cuando asesoraba a los 200 presidentes auxiliares que se rebelaron contra Moreno Valle…”

Servando Galindo, desde el Partido Comunista en Atlixco.

El ejidatario

A la vieja usanza, la Unión Nacional de Ejidos Forestales y Agropecuarios agrupa a 32,675 ejidos y a cinco millones de ejidatarios. Así me dice a bote pronto Leobardo Ortiz Fuentes, su dirigente. Lo encuentro también a la entrada, justo donde David Méndez organiza el tinglado del registro de Barbosa. Y así de rápido me cuenta que se fundó el 10 de abril de 1995, en tiempos de Zedillo; que ellos eran del Barzón, pero que los llamó el presidente y mejor formaron la UNEFA porque les prometió anular los créditos con la banca, impagables por la crisis de diciembre de 1994, y que les cumplió; y que más les prometió: la igualdad de género en los órganos colegiados, algo que el Estado cumplió hasta el 2013, y la conformación de órganos democráticos en los ayuntamientos, lo que simplemente no se cumple. Y mientras, la UNEFA ya tiene cien hectáreas en el municipio de Chilchotla donadas por los ejidatarios para fundar la Universidad Nacional Agraria y Forestal de México, la primera del país, con trece carreras y un internado para los hijos de los ejidatarios. Y remata: la UNEFA maneja ya un presupuesto de 615 millones de pesos para este 2019, casi el doble de los 370 millones que manejamos en el 2018.

Todo eso y yo sigo aturdido con la cifra de 5 millones de afiliados.

“Yo no milito en Morena –me dice--. Los ejidos son autónomos, apenas el año pasado por primera vez apoyamos a un candidato, y fue López Obrador. Ahora los políticos están saliendo de sus cuevas. Como Armenta, quien de seguro ahora le va a operar a Jiménez Merino la parte maquiavélica y el mapacheo, con la estructura y el colmillo que tiene desde hace años, pero Melquiades, Ursúa y Beltrones, esos sólo se van a chingar la lana. Pero los ejidatarios no se van a prestar, hemos sido los olvidados del sistema, pero sólo hasta el 2018.

Los ejidatarios organizados en la UNEFA y su líder, Leobardo Ortiz Fuentes.

El Cacique

A las 12.45 decido no esperar más por el candidato. Suficientes voces llevo ya para contar su lotería. De repente, me descubro diciéndole cacique al cacique: encuentro en la banqueta de enfrente al INE, y bajo la sombra de un trueno sobreviviente, a un grupo también muy animado en su refugio de frescura. Entre ellos, Arturo Barbosa Prieto, alcalde de Tehuacán en tiempos de Manuel Bartlett, también viene de lejos. En el corrillo, un hombre mayor al que presentan como petrolero de Texmelucan. En el atarante que traigo, alcanzo a preguntarle si conoce al cacique de la Petroquímica Independencia.

“Yo soy Luis Roberto Castro Lozada”, me dice.

“¡Ah, entonces usted es el cacique!”

A la derecha, Arturo Barbosa Prieto, presidente de Tehuacán en los tiempos de Bartlett. A la izquierda, con el bigotito cano, el hombre de los 46 años al mando petrolero de Texmelucan.

Dicho eso, me sonríe. Ahí lo tengo, líder histórico de la Sección 46 del Sindicato de Trabajadores Petroleros y presidente del Grupo Mayoritario “Frente Liberal Sindicalista”. Eso veo en la tarjetita que me extiende. En ella no leo que viene de los tiempos de su padrino La Quina, y que pudo sobrevivir al colapso del más poderoso cacique petrolero en la era imperial del PRI, y que por 46 años ha sido el hombre fuerte en Texmelucan, al menos hasta que el actual dirigente, Rubén Quintero, hace años su opositor y luego su gemelo como cacique, se hizo del control del sindicato tras la jubilación de propio Luis Castro.

"Oiga don Luis --le pregunto--, ¿y cómo explica el desmadre huachicolero en Texmelucan?"

"No puedo decirle nada de eso --responde sin atropello--, nosotros estamos dentro de la petroquímica. Lo que ocurre en los ductos no tiene nada que ver con nosotros."

Entendido.

El grupo me permite que les tome una foto. Al final les pregunto su opinión sobre el evento, y el hecho con el que más parecido lo encuentro; un tradicional mitin del PRI en el que el candidato sigue sin presentarse una hora y media después de lo dicho.

“Para que cambie eso en México –responde sin dudarlo Arturo Barbosa Prieto--, primero tienes que cambiar al pueblo.”

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Lotería, entonces, me digo.

Ahí los dejo en su pelotera.

Viernes, 22 Marzo 2019 00:00

Día con día

En 1984, el escritor Isaac Bashevis Singer publicó un relato autobiográfico, Love and Exile, que avanza de su primera infancia en Varsovia a su primera aceptación de que estaba perdido en Nueva York, y de que no podría volver al mundo del que lo habían expulsado la guerra y el Holocausto.

Uno de los prodigios del libro es que la primera infancia de Bashevis, lejos de estar poblada de recuerdos de la edad, desborda obsesiones teológicas.



Las obsesiones entran en él por las discusiones de su hermano mayor, Joshua, y su padre, el piadoso rabino Pinjos Ménajem Singer:

“Joshua cuestionaba las intenciones de Dios y mi padre las defendía. Joshua decía que en la guerra de Japón habían matado a decenas de miles de soldados inocentes. Se hundían barcos con todo y tripulación. En muchas ciudades de Rusia había pogromos contra los judíos. ¿Cómo podía Dios ver todo esto y callar? ¿Un Dios así podía llamarse misericordioso? Mi padre se trababa en sus respuestas”.

El mismo Joshua trajo a Isaac la idea no religiosa sino racional de Dios, la del filósofo Baruch Spinoza:

“Spinoza creía que Dios es la naturaleza y la naturaleza es Dios. Todos los hombres, todos los animales, incluso las serpientes y los gusanos eran parte de la esencia divina. Las leyes de la naturaleza eran también leyes de Dios. Dios no premiaba al justo ni castigaba al pecador. Muchos santos morían jóvenes y en amarga pobreza. Algunos malvados se volvían ricos y vivían muchos años. Según este filósofo no había Paraíso ni Infierno”.

El pequeño Isaac sacaba sus propias, desoladas conclusiones:



“Si la naturaleza es tan sabia que vigila todas las estrellas del cielo, todos los animales del bosque, cada ratón, cada gusano, ¿cómo puede no tener compasión? ¿Cómo puede tanta sabiduría ocuparse tan poco del sufrimiento de las criaturas inocentes? Esta pregunta, que empezó a atormentarme a los seis o siete años de edad, me persigue todavía. Todavía no puedo aceptar la brutalidad de la naturaleza, Dios, el Absoluto, o como quiera llamarse a estos altos poderes”.

Su dilema teológico era simple y terrible: Dios es injusto o no existe.

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Lunes, 18 Marzo 2019 00:00

Mundo Nuestro. La Unidad de Investigación Aplicada de MCCI publica en su portal y en la revista Nexos este análisis sobre los alcances de las acciones contra la corrupción que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha llevado a cabo desde el 1 de diciembre en que el presidente de México tomó posesión. El cuestionamiento es contundente: no hay una estrategia integral que permita traducida en hechos concretos que vayan más allá de las declaraciones.



A más de 100 días del inicio de la administración de Andrés Manuel López Obrador, el gobierno de México ha lanzado mensajes de compromiso con la austeridad presupuestal y el combate a la corrupción, pero no ha presentado una estrategia integral ni una política que vaya más allá de declaraciones generales.

AMLO ganó la presidencia con una amplía mayoría, misma que le garantiza gran legitimidad; a poco más de tres meses en el gobierno, su aprobación sigue manteniendo cifras históricas. Este gran capital, sin embargo, no es un cheque en blanco. Las promesas de campaña sobre acabar con la corrupción no parecen tener una estrategia clara. Los recortes presupuestales arbitrarios; las acusaciones mediáticas de corrupción hacia funcionarios de alto nivel y a titulares de órganos autónomos; el cese arbitrario de servidores públicos de niveles medios sin mediar investigaciones; el pacto de impunidad por el cual AMLO declaró que no perseguiría actos de corrupción de gobiernos anteriores, y la ampliación del catálogo de delitos “graves” en el texto constitucional que castigará a los más pobres y no a quienes realmente son responsables de los grandes desvíos de recursos, distan mucho de ser una estrategia robusta contra la corrupción.

En el discurso de sus 100 primeros días, AMLO hizo referencia a la corrupción en 18 ocasiones. Pero desde su toma de protesta lo ha hecho en 790 veces, casi siempre como un recurso narrativo sin propuestas concretas de cómo acabar con ésta. Para poner a prueba algunas de sus declaraciones, en la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) hemos analizado algunos de los dichos del presidente sobre corrupción para saber si se sostienen en los hechos.



Sigue en Revista Nexos

Lunes, 18 Marzo 2019 00:00

Mundo Nuestro. El de Homero Gómez no puede ser un asesintato más en México. Con él muere un poco más el bosque y la biodiversidad de un país bendecido por la naturaleza con un milagro como el de la mariposa Monarca.

Publicado originalmente en nuestra revista en marzo de 2013, esta vista del mundo contenido en las montañas del centro de México que, año tras año y contra todos las acciones que les afectan, albergan a las maravillosas mariposas Monarca. Con la llegada de la primavera ellas inician su vuelo al norte. Nosotros contemplamos el cambio de los colores en el monte. Esperamos la lluvia desde la más profundia seca. Y las vemos partir con nuestras ilusiones.

Y por ellas, lo que queda es luchar con el ánimo de Homero por un mejor país.

Video por Mariana Mastretta. Fotos de Leonor Mastretta, Texto de Sergio Mastretta





Fragilidad de la flor en la mano. La naturaleza tiembla en el aleteo del insecto entumecido. El revuelo naranja en el cielo. La conmoción intacta del bosque milenario. Sol que calienta la vida en racimos de mariposas antiguas en el cerco de los oyameles. Ahí estamos, y por el milagro de las Monarcas casi yertos, los mexicanos ante el interrogante biológico más bello que nos ha tocado en custodia. Y a la vista nuestras respuestas patológicas.



1.- Cinco de la tarde en un paraje de la sierra de Chincua, a diez kilómetros de Angangueo. En el descampado y entre los arbustos la basura de los turistas ecológicos es una imagen llana y rotunda; bolsas de plástico, envases de refrescos, envolturas de papitas, naturaleza simple y patológica arrojada ahí cincuenta minutos después por los testigos del milagro de las mariposas. Todavía cuento unos veinte automóviles en ese estacionamiento abierto por los campesinos. El entonces presidente de la Replública Felipe Calderón todavía dejó inaugurada la zona de visitantes en Chincua. De ladrillo rojo, techos inclinados y de teja, las tiendas y restaurantes de cecina y quesadillas tienen una terraza con una vista impresionante, y se alinean en un grandísimo patio sembrado con gramíneas traídas de un vivero. No parece que vayan a sobrevivir mucho.

Fuente vital de generación de recursos para los campesinos propietarios de los insectos de la fortuna, las Monarcas atraen por igual a los omnipresentes japoneses que a esa mezcla del turista nativo condensada entre el defeño del barrio y el peregrino guadalupano. Las placas de los autos certifican bien a bien el centro de la república. A lo largo de la jornada tal vez aparcaron doscientos vehículos. Como es domingo se cuenta como un buen día, pero hay mejores: tan solo el jueves último de enero los ejidatarios vieron llegar treinta camiones con una multitud de jóvenes, a treinta y cinco pesos la entrada por cabeza. Es difícil que haya en México un proyecto de turismo ecológico tan exitoso como el que se observa. Y en todo este encierro, más allá del boleto, no se encuentro nada que recuerde al gobierno. No hay en el estacionamiento un solo bote de basura.

2.- Emmanuel tiene once años de edad y una miopía fulminante de diez dioptrías que cubren sus ojos color café. Nos acompaña todo el viaje desde el crucero para subir a Angangeo. Describe a su tierra con la sinceridad de su padre, un joven pintor que expone sus cuadros naturales en la misma tienda a pie de carretera en la que vende refrescos y dulces para quienes esperan el camión con rumbo a Zitácuaro. No tiene pena en mostrar el paredón desencajado que esconde una represa antigua que carga las aguas contaminadas de las minas que explotó hasta 25 de abril de 1953 la American Smelting Refining Company, día en el que un desastre en la mina obligó al cierre definitivo de la explotación minera en la región. Emmanuel ya no conoció el ferrocarril que llegaba hasta el pie mismo de la población; tampoco sus ojos mínimos vieron correr desde la boca del cerro por rieles casi de juguete los cochecitos cargados de la piedra mineral hasta el beneficio. Sus ojos sí conocen bien ese olvido de fierros oxidados que dejó para siempre la empresa. Y tal vez tampoco acompañe Emmanuel a los viejos mineros el 11 de julio a recordar que Angangueo, algún tiempo, por más de tres siglos, vivió del metal que sus hombres extraían de las minas. Hoy Emmanuel es uno de tantos, tantísimos niños que piden limosna y que suben turistas hasta el territorio de las Monarca. Guarda tras sus lentes profundos la calidez que su padre retrata en sus paisajes. Y también con la soltura de sus once años revela lo que sus ojos observan de cuando en cuando: que los camiones de los talamontes se llevan por las escurridizas brechas los camiones cargados con la madera en rollo.



El monitoreo de la temporada 2012-2013 hecho por la Conanp, a través de la dirección de la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca, encontró que la superficie ocupada por las colonias en diciembre ha sido la más baja de las últimas dos décadas.
El titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Luis Fueyo Mac Donald, explicó que durante la segunda quincena de diciembre de 2012, el monitoreo registró nueve colonias de hibernación, que ocuparon una superficie de 1.19 hectáreas de bosque. (El Universal, 12 de Marzo del 2012).

3.- En dos días te vuelves experto en mariposas Monarca. Todo se encuentra en la bondad de internet. La Universidad de Michoacán, por ejemplo, reseña los seis principales santuarios de la región: Cacique, Chincua, Rosario, Cerro Huacal y Altamirano en Michoacán; Donato Guerra en el Estado de México. Se encuentran en colonias de hasta veinte millones, siempre en cañadas filtradas por un arroyo y mirando al sur o al este en ese refugio de los oyameles en las montañas del altiplano sobre los 2,700 metros de altitud. Nos enteramos que vuelan desde la región emplazada entre las Rocallosas y los Grandes Lagos, en Norteamérica; emigran por el milagro que les impide controlar su temperatura interna y arrojadas por el letargo invernal; viajan entrado el otoño a razón de 120 kilómetros por día, en jornadas que arrancan a las 9.30 de la mañana y cierran al caer la tarde nueve horas después; duermen en racimos de 600 en las frondas que encuentran en los valles abiertos por los que despliegan el vuelo medio ateridas por el viento del norte; les gustan las corrientes de aire ascendente y son capaces de plegar sus alas y timonear si son muy fuertes, pero igual planean con el naranja extendido y alumbran el cielo día a día hasta alcanzar los cuatro mil kilómetros de su viaje milenario.

La mariposa monarca son insectos que pertenece a la orden de los lepidópteros, palabra cuya etimología griega proviene delepis (escama) y pteron (ala), por lo que esta orden se puede definir como insectos con alas escamosas, pertenecientes a la familia Danaide y su nombre científico es Danaus plexippus Linneo.

De gran belleza y colorido, las mariposas monarca son de vital importancia en el ciclo de la vida como agente polinizador y factor de equilibrio ecológico en los bosques que habitan. (SEMARNAT http://mariposamonarca.semarnat.gob.mx/monarca.html)

Nos obligamos a conocer su ciclo: al regresar de México a Norteamérica, las hembras Monarca depositan por millones sus huevecillos en la cara inferior de las hojas tiernas de las plantas del género Asclepia, abundantes en aquellas praderas; siete días después brotan voraces larvas que se alimentan primero del cascarón y después de la hoja que las cobija, felices con su colorido que no disfraza las toxinas que las resguardan de los depredadores; tres semanas después, y tras mudar cinco veces la piel, formarán las poéticas crisálidas, y en quince días más alumbrarán como mariposas; vendrá el verano pleno, la madurez, el apareo y la muerte, pero dejarán también millones de huevecillos que repetirán la tarea hasta la formación de las crisálidas y el nuevo alumbramiento en septiembre. Fuertes y rigurosas, hermosas y por millones regresarán a México en noviembre.

4.- Nos enteramos también que en las montañas michoacanas necesitarán temperaturas por encima de los 16 grados en febrero, para el revuelo del apareo. Muchas no llegarán a tal fecha: apenas hace veinte días murieron incontables por las nevadas y los fríos. En 1996 calcularon por otra nevada, una mortandad superior al diez por ciento. También por esos años calculaban en 500 millones el número de viajeras a tierras mexicanas. Ignoro como lo ha medido, pero el llamado Grupo de los Cien afirmó en ese año que el hábitat utilizado por las Monarcas se redujo en unos años desde 17 hectáreas para el santuario hasta no más de seis. Y por lo tanto el número de mariposas que tapizan el enramado de los oyameles. También afirman que por lo menos debe haber un plantío de cuatrocientos árboles por hectárea. Y ese es el asunto que pelean algunos ejidatarios como en la región del santuario de El Rosario, por el rumbo del pueblo de Ocampo: ahí tenían como reserva especial 996 hectáreas hasta 1996; ellos estimaban que con cien seria suficiente para las mariposas, por lo que el resto podría talarse y abrirse a la agricultura. Ignoro en qué quedó la propuesta del Grupo de los Cien de comprar a los ejidatarios el territorio de hibernación, por lo menos 16 mil hectáreas de la Sierra de Chincua, pero es posible que no lo tengan presente los ejidatarios convertidos en empresarios ecologistas.


Acciones de Conservación por la SEMARNAT

En México, la temporada para la apertura de los Santuarios y visita para la observación de mariposas Monarca, comprende del mes de noviembre de cada año al mes de marzo del año siguiente.

La Monarca concluye su largo viaje migratorio entre finales de octubre y principios de noviembre llegando a sus áreas de hibernación en México, y estableciendo con ello la creencia milenaria entre los pobladores de la región de que cada mariposa representa el alma de sus seres queridos ya difuntos, que vienen a visitarlos.

Con el objeto de conservar este fenómeno migratorio, en 1980 el gobierno mexicano decretó la protección de las colonias de la mariposa monarca. En 1986 se estableció por primera vez un área protegida de 16 mil 110 hectáreas denominada Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. En el 2000 se extendió la superficie total de la Reserva a 56 mil 259 hectáreas.

El zona de la Reserva, la Semarnat, a través de la Profepa, aplica el Programa Cero Tolerancia a la Tala Clandestina en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, que redujo esta actividad ilícita de 243 hectáreas deforestadas en 2007 a 0.4 hectáreas a agosto del 2011; el mismo se reproduce ese mecanismo en otras cinco áreas prioritarias: Pico de Orizaba, Malinche, Izta-Popo, Valle de Bravo y el corredor Biológico Chichinautzin.(SEMARNAT: http://mariposamonarca.semarnat.gob.mx/santuarios.html)

5.- El Rosario es un ejido pequeñ0. Un kilómetro antes de llegar, cuando ya no hay casitas ni bosque, hay una explanada grande, y ahí algún listo almacena mulch (una cubierta elaborada con pedacitos de corteza protectora del suelo de los bosques), y forma una plataforma de dos metros de alto se extiende muy lejos: es otra manera de explotar el bosque.

Otros listos aprovechan la caminata que los turistas tenemos que hacer: son cientos de comerciantes que han colocado sus negocios hechos con tablas a ambos lados de la calle (que no sendero) para subir al santuario. Definitivamente comercial el trayecto de más de un kilómetro en el que la gente curiosea, marchantea artesanías, come zarzamoras con crema y ve bordar trapitos con mariposas a las mujeres campesinas. Todo un jolgorio un trayecto que debería ser en silencio por la proximidad de las mariposas. Entretenido, pero definitivamente escandaloso.

En ningún momento se nos hace saber un código de conducta. Nadie nos dice que hay que respetar los espacios acordonados, ni que solamente hay que pisar los senderos porque podemos trozar los las plantas de los algodoncillos que serán la comida de las larvas, que si alguien tiene ánimo de fiesta mejor vaya a la feria, que hay que guardar silencio. Algo de ese respeto se intuye al sentir que todo está en equilibrio precario, que cualquier cosa podría hacer que este momento no se repita para la maravilla que encontraremos.

6.- Suben de muchos pueblos, algunos más allá de la hora y media de camino. Retengo el nombre del poblado de Pancho Moya. De ahí cabalgan hasta la base campesina del santuario de Chincua decenas de jinetes en caballos sobre todo retintos pero también blancos, azabaches y tordillos. Resuenan apelativos como Chabacano, Baltasar y Gitano. Forman cuadrillas a la espera de los turistas. Cobran 75 pesos la subida más allá de la cima, desde donde caminaremos otra media hora en la densidad del monte y con abismos asomados a los claros del valle mil metros abajo. Las mariposas se mueven año con año, no llegan al mismo lugar, por lo que las distancias varían… Nuestro niño guía nos dice que no es fácil encontrarlas por primera vez, y hay que hacer los senderos…

Los jinetes arrearán turistas hasta por cuatro vueltas por caballo. Si son más de ciento cincuenta calculo ingresos cercanos a los treinta mil pesos por jornada. No sé qué relación de negocio tengan estos muchachos con los ejidatarios del bosque. Pero no paran, van y vienen desde la base hasta la ladera que cae a la cañada de las mariposas. Puedes imaginarlos igual, campesinos antiguos, tal vez con alguna banda revolucionaria o cristera, ocultos en la densidad del bosque, penetrados en sus sombreros y en el frío; los imagino siempre campesinos alzados para la sobrevivencia, un rato en el azadón y el maíz, un rato con la planta y la víscera en los campos de Estados Unidos, braceros siempre, jinetes hoy al servicio de las Monarca.

7.- Al final, el silencio. El bosque cerrado. La luz del sol en los claros. Y el revuelo, un aleteo que no reconoce el tiempo humano. El mundo, por un instante, es eterno.

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