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Martes, 31 Marzo 2020 00:00

Ante la pandemia por el COVID-19, diversos medios digitales mexicanos y organizaciones sociales nos unimos bajo la iniciativa #TómateloEnSerioMX

México, como el resto del mundo, enfrenta uno de los desafíos sanitarios, económicos y sociales más importantes de su historia moderna: la pandemia por el nuevo coronavirus COVID-19, de impactos aún desconocidos.

En esta coyuntura, diversos medios digitales mexicanos y organizaciones sociales nos unimos bajo la iniciativa #TómateloEnSerioMX con los siguientes objetivos:

  1. generar y difundir mensajes coordinados y verificados sobre las medidas de aislamiento social, sana distancia, cuidados y protección sanitaria implementadas por el gobierno mexicano ante el incremento de los contagios en nuestro país,
  2. informar de manera puntual sobre los mecanismos de atención a grupos vulnerables en esta coyuntura (adultos mayores, mujeres, migrantes, poblaciones con comorbilidades),
  3. brindar consejos de seguridad digital a nuestros usuarios, para no caer en trampas o delitos cibernéticos en esta emergencia,
  4. compartir mejores prácticas de seguridad sanitaria para nuestros equipos, reporteros y periodistas cubriendo la emergencia asociada al COVID-19.

Los medios y organizaciones que integramos esta coalición tenemos presencia en diversas entidades federativas de México y representamos una extensa pluralidad de voces, líneas editoriales y equipos periodísticos y operativos. Estamos acostumbrados a cuestionar, investigar, verificar y ser críticos con el poder; sin embargo, reconocemos la importancia de informar con responsabilidad y prudencia en la coyuntura en que nos encontramos. La desinformación y los contenidos falsos y tendenciosos son un enemigo más a vencer, como también lo es la inacción y la incertidumbre.



Con las etiquetas #TómateloEnSerioMX y #QuédateEnCasa queremos motivar a la ciudadanía a cumplir las medidas para contener la expansión del COVID-19 en nuestro país y enfrentar unidos esta contingencia.

Este domingo 29 de marzo de 2020 se han contabilizado más de 670 mil casos confirmados en el mundo y más de 32 mil fallecimientos asociados al COVID-19. En México, se han confirmado 848 casos y 16 defunciones.

Es por eso que hoy decimos: #TómateloEnSerioMx

  • La enfermedad por COVID-19 es una amenaza real en México con casos confirmados en todas las entidades del país.
  • Si no se logra detener el incremento acelerado de los contagios, los servicios de salud de nuestro país se verán comprometidos para atender a las personas con complicaciones respiratorias graves en los próximos días y semanas.
  • #QuédateEnCasa es la mejor forma de reducir posibilidades de contagio en esta fase de transmisión comunitaria de la epidemia. Si no realizas actividades esenciales para el desarrollo de la vida pública como la producción y distribución de alimentos, generación y distribución de energía, limpia, seguridad, entre otros rubros, no salgas o hazlo sólo para cuestiones indispensables.
  • #QuédateEnCasa. Si tienes algún síntoma como tos seca, fiebre o dolor de cabeza, o dolor corporal, trata de mantenerte aislado. Por ningún motivo te automediques. Si tienes dificultades para respirar, llama la Unidad de atención epidemiológica y sanitaria al 800 0044800.
  • #QuédateEnCasa es cuidarnos todos y todas de manera responsable. No hagas compras de pánico, no acapares medicamentos ni material sanitario. No difundas información falsa o tendenciosa. Si una información te hace dudar o no conoces la fuente original, no la compartas.
  • #QuédateEnCasa implica cuidar y brindar todas las atenciones para que las personas mayores de 65 años no se vean expuestas a posibles contagios. Organiza maneras solidarias para que no tengan que salir durante las próximas cuatro semanas.
  • #QuédateEnCasa y reparte las tareas de cuidados y de quehacer en el hogar. Si sufres algún tipo de violencia doméstica, puedes llamar a estos números para recibir orientación, apoyo y ayuda en tu entidad federativa.
  • Mantente informado a través de los canales oficiales de la Secretaría de Salud federal y las secretarías de salud de los estados.

Los medios y organizaciones que impulsamos esta iniciativa dejamos de lado cualquier competencia y asumimos nuestra responsabilidad de informar. Por ello, nos hemos puesto de acuerdo para comunicar mensajes en nuestras páginas, redes sociales y grupos de WhatsApp y Telegram. Animamos a más medios y organizaciones a sumarse.

El momento es ahora. #TómateloEnSerioMX



***

¿Cómo prevenir el contagio?

Las recomendaciones principales de la Organización Mundial de la Salud son:

  • Lavar las manos con agua y jabón con frecuencia, o usar gel desinfectante con una base de alcohol de al menos 60%.
  • Evitar tocarse la cara con las manos.
  • Cubrirse al toser o estornudar con la parte interna del brazo.
  • Evitar el contacto con personas infectadas.
  • Mantenerse al menos a un metro y medio de distancia de otras personas en lugares públicos.
  • Desinfectar las superficies con las que se tiene contacto frecuentemente.

Martes, 31 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Alicia Mastretta Yanes, bióloga



Es estos días de cuarentana he estado pensando mucho en las burbujas epistemológicas y las cámaras de resonancia. México es el perfecto ejemplo, y esa será, si seguimos así, la causa de que nuestro país sea terriblemente golpeado por la epidemia del covid19.

Una persona está en una “burbuja epistemológica” cuando sólo esta expuesta a las opiniones y noticias de gente que piensa de determinada manera. Esto evidentemente influye cómo pensamos y nuestra percepción de la realidad. Las redes sociales ayudan bastante a que nos metamos en burbujas, porque seguimos a gente que coincide con nuestra forma de pensar, e incluso bloqueamos a quienes no. Además, los algoritmos de facebook, twitter, youtube y hasta la búsqueda más cotidiana en google, favorecen resultados conforme a nuestras preferencias. Así, nuestro cerebro está continuamente sobrealimentado con información que nos confirma lo que nos gusta oír.





Ahora vamos a las cámaras de resonancia, o de eco pues. En ellas, podemos estar expuestas a información externa, que difiere de nuestra forma de pensar. Pero las fuentes de dicha información, sean una persona o una institución, han sido sistemática y tajantemente desacreditadas. Es decir, tacharemos a la información externa de falsa y difícilmente evidencia de lo contrario nos hará cambiar de opinión. Esto siempre ha existido en la historia de la humanidad. Los cultos de cierta forma son una cámara de resonancia. Otros ejemplos incluyen a quienes niegan el cambio climático. Pero también cosas mucha más cotidianas como posturas radicalmente opuestas entorno a las vacunas, o a la efectividad de tales o cuales formas de alimentación. Y por supuesto la política.

En las cámaras de resonancia de nuevo las redes sociales juegan un papel interesante: estamos expuestos a muchísima más información (o des-información) que podemos difundir masivamente a la velocidad de nuestros dedos en la pantalla de celular. Aquí, observo yo, entra otro fenómeno al juego. Las cámaras de resonancia pueden construirse porque a alguien le interesa que así sea. Pero las cámaras de resonancia también pueden crearse –y amplificarse- “sin querer”. Sin que nadie jale los hilos, o más bien, si todxs jalamos los hilos inconscientemente.

Me explico: en las redes sociales tendemos a difundir aquello con lo que estamos drásticamente a favor, y a descalificar agresivamente aquello con lo que estamos drásticamente en contra, pero no comentamos ni compartimos lo “intermedio”. Por eso, creo yo, varios medios de comunicación y personas en general buscan publicar notas con titulares que nos hagan aplaudir o por el contrario gritar ¡qué barbaridad!, dependiendo en qué lado de la disputa estemos. Porque esas notas/tuits/videos son los que se viralizan.

Querer que se haga viral algo, ya sea porque de eso depende tu presupuesto si eres un medio de comunicación, o simplemente porque tienes la tan común adicción a los likes, hace que sea muy sencillo citar a medias, sacar de contexto o exagerar lo que dijo un político. La mayoría de tus seguidores no vamos a revisar el video original. Y quien sí lo haga, y salga a decirnos que lo mal citaron, o no le haremos caso, o no le daremos importancia. Compartimos tu nota/post/tuit porque sabemos que ese político es capaz de decir eso. Qué importa si esta vez lo mal citaron, en esta otra ocasión sí dijo tal cosa peor, nos decimos. Nos gustó leer evidencia que descalifica a quien de a por sí ya descalificamos, porque confirma que tenemos razón. Y tener razón se siente bien.

A quien ya hemos descalificado, consiente o inconscientemente, no le vamos a escuchar, no vamos a dar click en el video para enterarnos qué dijo en los otros 40 minutos de conferencia sobre el covid19. Y si, por fin, dijo algo sensato: vamos instintivamente a buscar cómo descalificarle también. No importa que la noticia sea de una semana atrás, y su comportamiento hoy sea distinto. No le creemos, no le queremos, punto.

“No señalar cuando un político se equivoca lleva a dictaduras y cultos a la personalidad” estás pensando. Y sí. No digo que dejemos de señalar errores. En un momento normal te diría que no hay que dejar que se les vaya una, que no pueden andar por el mundo diciendo tanta sandez cuando tienen un país en sus manos.

El problema es que no estamos en un momento normal. Estamos ante una emergencia donde la vida de mucha gente está en riesgo y la economía también. Cada tuit, cada video de whats que reenviamos a nuestros contactos tiene un papel en cómo avance o no la pandemia. Porque cada cosa que compartimos influye en qué información reciben, y creen, quienes están dentro de nuestras burbujas y nuestras cámaras, así sean miles de seguidores o solo nuestra familia. Es un poder enorme ese que tenemos. Y ya saben que conlleva un gran poder.

¿Queremos con ese poder dejar en claro que AMLO no entiende la magnitud del problema? ¿Qué fue un error elegirle? ¿Ayudar a que baje su popularidad y las elecciones siguientes sean otra historia? Es válido. Pero tiene un costo.

Conozco de primera mano gente que no ha visto ni una de las conferencias diarias de las 7 pm de la Secretaría de Salud, dirigidas principalmente por López-Gatell y equipo. Que no sabe que puedes solicitar al IMSS tu incapacidad tan solo diciendo que tienes los síntomas por un cuestionario por internet. Que el Gobierno de la CDMX repartirá kits médicos a domicilio para personas contagiadas con covid19. Que no conoce las decisiones con las que México trata de balancear una pandemia del calibre del covid19 en un país con tanta pobreza como México.

Podemos no estar de acuerdo en esas decisiones. Podemos discutirlas. Pero no podemos decir que no existen. Es querer no enterarse. ¿Por qué alguien querría no enterarse? Pregunto. Y me responden: “no creo nada de lo que diga ese señor”, “no veo para qué escucharlos, todo lo que digan es una estupidez”, “ Lopez-Gatell es un charlatán”, “nada de lo que venga de ese gobierno podrá ayudarnos”, “están ocultado la verdad, ya hay muchos más muertos”. Esto es alarmante, porque una sociedad dividida, desinformada y que no confía ni tantito en las autoridades es un caldo de cultivo para que prosperen el covid19, el pánico, el desorden público, los saqueos y la crisis económica.

México tiene todo para que auto-saboteemos nuestra reacción al covid19 por andar enfrascándonos en discutir desde cámaras de resonancia opuestas. Un presidente soberbio, provocador y qué no mide las repercusiones de “pequeñas” acciones suyas. Una prensa ávida de viralizar, y en algunos casos hasta diría que de plano incompetente. Una sociedad auto-complacida en confirmar sus preferencias políticas por encima de su propio futuro.

El gobierno mismo ha fomentado estas cámaras de resonancia. Sí. La prensa también. Tú y yo también. Pero en estos momentos de emergencia, lo garantizo, el único beneficiado es el covid19.

No sé si podamos romper la división donde nos hemos metido. Pero creo que sí podemos hacer una tregua. Dejar de difundir masivamente lo que no ayuda a enfrentar el covid19 y enfocarnos en lo que sí. Después volvámonos a recriminarnos todo, si quieren, pero ahorita difundamos lo que sí importa, lo que sí construye. Leamos artículos objetivos que expresen, sin desacreditaciones, opiniones técnicas que difieren con las del gobierno. Y escuchemos, aunque no nos guste quien lo diga. Si el gobierno comete errores, que los ha cometido y seguirá cometiendo, se los señalamos. Pero asumiéndonos parte del mismo equipo.

Yo he firmado esa tregua antes. No voté por Felipe Calderón. Estuve en desacuerdo con la mayoría de sus decisiones, fui a más de una manifestación en su contra. Pero de él aprendí la importancia del estornudo de etiqueta. Durante el H1N1 escuché lo que él y su equipo tenían que decir. Sus buenas y malas decisiones. Frente al covid19 he decidido hacer la misma tregua con el gobierno de AMLO.

Página de la secretaría de salud sobre el coronavirus https://coronavirus.gob.mx/

#QuédateEnCasa

Martes, 31 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Stella Cuéllar, editora



El tiempo a veces camina ligero y otras como que lo hace con zapatos de cemento, y se vuelve lento, muy lento… Y así han sido estas dos semanas de aislamiento voluntario y solidario, con sus días ligeros y otros pesados, densos.

Son ya dos semanas que no he ido a visitar a mi madre, porque, como debe ser, suspendieron todas las visitas hasta nuevo aviso. Sé que es por su bien, que es un encierro protector, pero no por eso me quedo por completo conforme.

La última vez que la visité, no fui sola, me acompañó Miguel, y eso fue muy bueno, porque me hace la visita más ligera. Preludiaban los tiempos de aislamiento.

Ese día, como nunca antes, la encontramos sentada en una silla de ruedas, amarrada a ella con una venda, y además tenía un brazo lastimado. Los pelos se me pusieron de punta. Fui a hablar con la jefa de enfermeras. Me explicó que como ha estado un poco violenta había forcejeado con una de las enfermeras, mientras la bañaba; me dijo que durante ese forcejeo fue que se lastimó el brazo, que sabía que yo le pediría una explicación, y con mucho gusto me la daba. Me contó que ahora la sentaban ahí, en la silla de ruedas, para evitar que se fuera a su cama, porque siempre quiere estar aislada, dormida; ajena a todo; que no quiere comer bien, ni bañarse, ni lavarse los dientes.

Mientras hablaba con ella Miguel paseó a mi mamá por los pasillos. La llevó a que viera las hermosas rosas amarillas y “su árbol”, el de naranjas que tanto le gusta. Ella le contó algunas cosas inconexas, pero se le notaba feliz. Cuando yo terminé mi charla, la propia jefa de enfermeras la desamarró, para que el resto de la visita estuviera libre, caminando con nosotros, los tres enlazados de los brazos.



Mientras paseábamos vimos a una señora con un golpazo en la cara. Tenía los ojos morados, hinchados aún, sobre todo uno. Pregunté qué le había sucedido y me dijeron que se les cayó… Era el último día que podía visitar a mi mamá, y no me gustó nada lo que vi. Para variar, salí con el corazón estrujado.

Quizá por lo sucedido en el asilo, hace unas noches soñé que la maltrataban, que la golpeaban, y desperté aterrada. Marqué a la casa de reposo y la pusieron al teléfono.

--Hola, ma, ¿cómo estás?



--¿Quién eres?, ¿Stella?, ¿qué Stella?

Hablamos de la comida, de su “clase de gimnasia”. Me contó que ya regresó a las clases de antes, porque le gustan más, y porque le quedan muy cerca de su casa; me platicó que se va en su coche y que a veces pasa a ver a su mamá. No sabe por qué su tía Belén ha dejado que se instalen ahí, en la casa familiar, tantos enfermos y tanta gente que se ve que no están nada bien. Me dice que aunque la familia siempre ha sido solidaria, esto ya es un extremo…

Nos despedimos. Nunca supo con quien habló, pero la noté tranquila y eso me ofreció un poco de paz. No la que yo quisiera.

Me desahogué con Miguel, con mi hermano, con mi almohada… Me aferro a la idea de que ese día se sumaron circunstancia funestas, pero que ella está bien, que está mejor que con cualquiera de nosotros, y más aún porque se avecinaban los días de aislamiento.

Pero lo cierto es que mis días hoy no son muy diferentes a los de antes de la contingencia. Me gusta trabajar en casa, en mi entorno, ya sea aquí en Toluca, o en la CDMX. Aquí, en San Pablo, se escuchan todo el día los pájaros. A veces parece que chismorrean y otras en verdad cantan. Desde la ventana del estudio se ven un par de laguitos, y al fondo una montaña que poco a poco pierde árboles. No todo es calma, porque Taco no para de ladrar. Le ladra a Remi, a las chatas, a quien sea que pase por aquí. Porque aquí en San Pablo, Taco hace vida de perro, de perro feliz.

Sí, lo sé, soy privilegiada. A diferencia de muchas, demasiadas mujeres, yo no vivo el aislamiento con alguien que me violente; que me agreda. Tampoco tengo niños pequeños a los que tenga que buscar como entretener, o atender. No me desesperan sus correderas y pleitos y risas por toda la casa, no, para nada. Yo vivo el aislamiento en paz, tranquila, haciendo lo que me gusta. Por eso mis días no son muy diferentes a los de antes de la contingencia.

Pero no quiero imaginar cómo han sido estos días y serán los incontables días que faltan para las personas que viven recluidas en instituciones de asistencia, en albergues o en prisiones. Niñas, niños, mujeres, hombres, enfermos, ancianos, migrantes…, que no tienen con quién quejarse, o memoria para registrar los maltratos, si los hubiera.

Para muchos de ellos, los días y horas de visita son la única ventana al mundo exterior; la única posibilidad de hablar de algo distinto al entorno del encierro, al motivo del encierro, sin importar qué fue lo que lo causó, la razón por la que se encuentran así, ahí, recluidos. Lo sé, porque he estado encerrada, recluida, atrapada en una cama durante meses y meses. Por eso sé que esos días y horas de visita se esperan desde el segundo en que termina el que se acaba de experimentar.

Los recluidos, los encerrados, los atrapados, se aferran a esas horas y momentos de contacto con los otros, porque en mucho ayudan a que uno no se sienta totalmente perdido, abandonado, solo. Se me eriza la piel al recordarlo.

Estoy convencida de que para quienes así viven, este nuevo aislamiento se suma al de su día a día, y lo imagino terrible, mucho más duro que el difícil aislamiento voluntario, porque ahora están doblemente aislados. Si llegaran a contagiarse, a enfermar, y su cuerpo no fuera lo suficientemente fuerte y su ánimo sereno o entusiasta, entonces el futuro pinta aterrador.

Pienso también en los muchos que no tienen posibilidad de aislarse y deben salir y arriesgarse porque de eso depende que coman, paguen sus cuentas, lleven el sustento a sus casas. La solidaridad de la palabra no es suficiente para ellos. No es suficiente para nadie.

Entonces, yo soy privilegiada, porque mis días no son hoy muy diferentes a los de antes de la contingencia.

Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Antonio Ramírez Priesca, anticuario e historiador experto en gastronomía poblana



(La fotografía que ilustra este texto probablemente fue tomada a principios de los años 40 del siglo pasado. Es el mostrador de la tienda "El Genio Mercantil", cuyo propietario era Hermilo Ramírez Gaspar, abuelo paterno del autor de este texto. La tienda estaba en la esquina de la 4 Norte y la 6 Oriente, frente a la iglesia de San Cristóbal, justo en la casona que ha albergado durante décadas el famoso restaurante "Nevados Hermilo".)

No hace mucho, en verdad, que en Puebla las cosas eran muy diferentes. Y de ello me acuerdo muy vívidamente ahora que nos toca estar en casa, guardando una reclusión que hacemos más por solidaridad con los nuestros, que por obligación.

Hace menos de 50 años, por ejemplo, no existían siquiera supermercados o centros comerciales. Y viene a colación esto, porque en mi lejana infancia sesentera del siglo pasado, la compra semanal o quincenal de abarrotes y alimentos que no se hacían en los Mercados Municipales – en ese entonces en La Victoria o en El Parral – se hacían precisamente en unas tiendas que hoy, casi no existen. Pero era, sobre todo, el modo en que se realizaban estas compras, que quiero resaltar. Todo se basaba en la confianza. Un valor, ese sí, que está ahora en peligro de extinción en Puebla.

Muy azarosa fue nuestra vida familiar cuando murió mi madre, dejando a seis chamacos entre 2 y 12 años, a cargo de un padre que se dividía entre dos trabajos para sacarlos adelante. A la cabeza, me tocaba realizar una tarea que había visto hacer incontables veces a mi madre y a mi bisabuela, que vivió un buen tiempo con nosotros: elaborar una lista, manuscrita a lápiz sobre papel de cuaderno de La Tarjeta, de la compra que se haría telefónicamente a Don Ernesto, el dueño de La Covadonga. Para esos años en Puebla existían varios comercios dedicados a la venta de abarrotes y ultramarinos en la Ciudad, entre los que figuraban, además, La Sevillana, La Luz y media docena más.

Mucho antes de cumplir los quince años, yo o cualquiera de mis hermanas, llamábamos los viernes a Don Ernesto, y le dictábamos por teléfono – un aparato de baquelita negra, con un auricular que costaba sostener por su peso, la lista de lo requerido: jabón para ropa, detergente, aceite para comer, pasta de dientes, pasta para sopa, papel higiénico, etc. Del otro lado de la bocina, un afable hombre de avanzada edad –o así me lo parecía entonces– tomaba pacientemente el pedido e invariablemente terminaba la conversación diciendo: ‘Allá se lo enviamos’.

Por la tarde del mismo viernes, tocaban el timbre de la casa –donde estábamos los chamacos completamente solos, mi padre estaba a esa hora en su segundo trabajo-- abríamos la puerta y un señor entraba con su bicicleta al patio, llevando una gran caja de cartón en su portabultos. Pasaba a la cocina donde, sobre la mesa, vaciaba el contenido de la caja y al mismo tiempo anunciaba parsimoniosamente cada artículo: ‘pasta para sopa’pasta de dientes’… y yo iba tachando de mi lista de cuaderno cada artículo recibido. Después ‘firmaba’ la nota de remisión y el señor volvía al patio, para irse con su bicicleta. Sabíamos que Don Ernesto mandaba cada mes a cobrar a papá a su trabajo, adjuntando las notas firmadas por nosotros.



¿Cuánto costaban las cosas que enviaba? ¿Estaban a precio y calidad competitivas y justas? ¿Quiénes eran esos amables y respetuosos señores que con su bici iban cada semana a casa de unos niños completamente solos a entregarles el mandado? ¿en que se basaba Don Ernesto para recibir una lista de compra telefónica de un preadolescente que semanas después mandaría a cobrar?

Todo se basaba en la mutua confianza. No había nada que dudar o temer, así era Puebla. Y así o parecido, serían los usos y costumbres en nuestras ciudades mexicanas de entonces.

Muchas son las lecciones que yo he obtenido de estos recuerdos, ahora en esta muy cálida e inhóspita primavera poblana del 2020, y la reclusión me ha hecho voltear a ver mis propias vivencias. De alguna manera tenemos que regresar a una sociedad de convivencia de mutua confianza, de respeto a los demás y a las Leyes que rigen y sustentan el Estado de Derecho.



Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Verónica Mastretta, ambientalista, escritora



Vida y milagros

¡Qué largo me ha parecido marzo! Cuántas cosas que creímos inamovibles han cambiado en tres semanas. "¿Y decían que enero era largo?¡ Hoy parece lunes 80 de marzo!". Apenas el día 9 hacía planes para visitar a mi hija en Colombia. Ese día hablé con ella y me dijo que en Bogotá ya nadie podría salir por las noches, y que en unos cuantos días ya no entrarían vuelos del exterior. Mientras hablaba con ella y a nuestro encuentro le salían alas, caminaba despreocupadamente por un parque que visito con frecuencia y en el que algunos nos conocemos bien. Si te encuentras a alguien es normal saludar o platicar un rato, como también lo es sentarte en una banca a contemplar el espejo de agua y a los árboles y las aves que viven ahí.

A principios de marzo las noticias de lo que sucedía en Italia parecían como parte de un mal sueño que no nos sucedería a nosotros. En España empezaba a crecer la tormenta. En 20 días todo ha cambiado también para nosotros. Apenas conocemos a este raro virus que ha venido a hacer evidente cuán valiosa es la normalidad que ha dejado de serlo. En la entrada del parque desde hace dos semanas se colocó un comunicado con las medidas de seguridad sanitaria que deberán cumplir los usuarios mientras el parque permanezca abierto- " No toque el mobiliario”, “No venga si tiene el menor síntoma de gripa", "Guarde un metro y medio de distancia entre los demás". Las normas de distancia parecían fáciles de cumplir porque no somos conscientes de que nos acercamos al conversar, que es fácil dar la mano, o un beso y un abrazo. En estos 80 días de marzo sucedieron cosas que hoy parecen extrañamente lejanas: hace dos semanas que mis nietos de cinco años me visitaron y se quedaron a dormir en mi casa y vimos la televisión hechos bola en el mismo sillón. Dos semanas desde que salimos a caminar y de regreso traía la mano sudada de cada uno entre mis manos. Dos semanas desde que se fueron y solo oigo sus voces por teléfono porque los niños son de riesgo para los abuelos. Hace menos de dos semanas que comí en casa de una prima y nos reímos viendo una película juntas, picoteando del mismo plato una botana. Doce días desde que mi otra hija me dijo que por el trabajo que tiene, en el que obligadamente tiene que tratar con mucha gente, dejaría de verme por tiempo indefinido porque ella es un agente de riesgo. ¿Agente de qué? De riesgo, de contagio. Trece días en que cancelamos la comida en que nos reuniríamos los cinco hermanos. Ocho días en que vi a mi hijo desde el umbral de una puerta que no cruzó. Diez días en que supe que de Colombia no saldrá un vuelo ni entrará ninguno por lo menos hasta el 30 de mayo, si bien nos va. Unas horas desde que me encontré a mi hermano entrando a su casa y solo pudimos platicar de muy lejos, como si el infierno fuera él o fuera yo. Diez días en que regar las plantas es un lujo y un distractor asiático. Siete horas desde que crucé una ciudad extrañamente silenciosa que me recordó la de mi infancia. Seis días en que a la farmacia cercana se entra de uno en uno. Tres horas desde que mi hija llegó a dejar las compras del mercado ya lavadas y desinfectadas y me saludó a diez metros de distancia con una mano extendida como freno a cualquier osadía de mi parte a romper ese cerco. Tres siglos sin ver a mi hermana. Un día y medio desde que el atribulado López Gatell por fin pudo decirnos abiertamente que nos mantengamos lejos, guardados en casa, sin los otros. Todo este marzo nos agarró de sorpresa porque el ruido con el que hemos llenado el mundo nos ayuda a hacernos los idiotas y a actuar como si la vida estuviera llena de certezas. ¿La certeza de poder tocar y acercarnos a los otros no era una gran certeza?



La sana distancia es corta hasta que te topas o recuerdas a alguien con quien no has platicado en muchos días, los niños, tus hijos, tus hermanos, los compañero de trabajo, las amigas, y de nuevo, los niños de tu vida. Nada más natural que cerrar las distancias cuando quieres o estimas a alguien. Nada más difícil en este largo marzo que la sana distancia.



Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Martha Ríos Yanes, Maestra en Administración de Empresas



Estamos viviendo algo inédito. No nos había tocado vivir en una situación como en la que nos encontramos ahora. El mundo, en una gran parte, paralizado. Al contrario de lo que ha proclamado algún político, esto no es cosa de ricos o pobres. El coronavirus nos afecta a todos, ricos, pobres, gordos, flacos, guapos, feos, letrados o analfabetas, creyentes o ateos; a países prósperos o a los que se encuentran luchando por salir adelante. Como dijo el Papa Francisco en su reciente homilía, todos estamos en la misma barca.

Atravesamos una situación que compartimos con nuestros hermanos viviendo en otros países del mundo. La tecnología moderna nos permite estar en comunicación cercana con los nuestros que viven en otros lugares. Tengo tres hijos. Mi hija mayor vive y trabaja en un hospital en Seattle, en un piso donde tienen a los enfermos contagiados con este virus. Ahí está en el ojo del huracán. El segundo, vive en Austin y ahora trabaja desde casa en una cuarentena de seis semanas. La menor es profesora en un colegio en Madrid. Lleva semanas sin ver a sus alumnos. Ahí sí la cuarentena es cosa seria. Puedes salir siempre y cuando sea para comprar víveres o ir a la farmacia. No puedes caminar en las calles. De hacerlo te para la policía y te multa.

Estos días que he estado en casa me han servido para reflexionar ampliamente y hacerme tantas preguntas. ¿Qué va a pasar en México cuando los hospitales se encuentren sobrepasados y no haya más lugar para dar cabida a los contagiados que necesitan un respirador? ¿Qué va a pasar con toda la gente que se ve privada de su empleo y por lo tanto no puede llevar el pan diario a casa? ¿Qué va a pasar con todos esos pequeños y medianos negocios? ¿Cómo va a empezar a reactivarse la economía? ¿Cuándo regresaremos a la “normalidad”? ¿Cuánto tiempo más de vivir en esta incertidumbre? ¿Cuándo volveremos a abrazar a nuestros seres queridos? ¿Cuál es la lección que tenemos que aprender de todo esto? ¿Acaso nuestro planeta Tierra quiere decirnos algo?

Muchas incógnitas, y sólo el paso de los días nos irá dando las respuestas. Mientras vivimos en una terrible incertidumbre. Este es un problema de todos y cada uno de nosotros desde nuestra trinchera tenemos que ir dando lo mejor de nosotros mismos para hacer de éste un mundo mejor. Quizás para estos momentos todos nos hemos convencido y sabemos que no somos una isla, que lo que yo que haga o deje de hacer le afecta a mi entorno. Que no podemos seguir viviendo en estas atroces desigualdades económicas. Que no podemos seguir maltratando a nuestro planeta de la forma que lo hemos venido haciendo.

Hace unos días salió una noticia de que se había vuelto a ver un jaguar en la Riviera Maya. De hecho, parece haber entrado en un hotel en Tulúm que se encuentra vacío. También había venido a desovar una tortuga laúd cuyo caparazón mide dos metros y que difícilmente aparece. En Venecia se ha limpiado el agua. Hay mucha menos contaminación. Y me pregunto, ¿estamos oyendo el mensaje que nos está llegando? ¿Nos estamos dando cuenta de que tenemos que encontrar, porque la hay, una forma mucho más amorosa de convivir con la naturaleza?



Así mismo espero estar encontrando más solidaridad entre nosotros. Saber que no hay de otra, que nos tenemos que ayudar y proteger los unos a los otros. Que hay que tender la mano a quien está más necesitado. Que en situaciones tan drásticas como estamos experimentando ahora lo mejor de nosotros puede y debe salir a flote. Estamos aprendiendo a apreciar, aún más de lo que lo hemos hecho hasta hoy, el calor del hogar. Ese abrazo de los nuestros. Apreciar al vecino que también tiene las mismas incógnitas y preocupaciones.

Quisiera tener la respuesta a todo esto que planteo. No la tengo. Lo que espero es que de esto tenemos que salir más humanos, más comprometidos, buscar una vida más simple. Pensar más en nosotros y menos en “yo”.



Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Carlos Mastretta Guzmán, empresario



Voces en tiempos del coronavirus, eso busca Mundo Nuestro.

Sentimientos y pánico aparte, es obligado hacer unos pronósticos:

1.- Para el domingo de resurrección, el próximo 12 de abril, no habrá en México ni 20,000 casos ni 100 muertos.

2- Casos y muertos son inciertos, la quiebra, segura.

3.- La Fe cristiana demostrará su ineficacia.



4. – Si todo tiene un propósito divino, esto demostrará ser un despropósito muy natural.

5- USA acabará entendiendo que los errores se pagan, los electorales, más.

6.- El clima ayuda a los desprevenidos.



7. Nadie fue capaz de saber cuándo esto acabaría.

8.- El daño económico será mucho peor que el problema de salud pública.

9. Los enfermos totales no superarán el 1% de la población mundial.

10. Las personas fallecidas en total por esta calamidad no superarán 3 días de muertes diarias en el mundo.

11. Los muertos en México serán menos que los asesinados en una semana.

Y sí soy optimista.

(Fotografía de portadilla: el autor de estos pronósticos cuando era niño)

Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces e los días del coronavirus

Héctor Sánchez Guzmán, dentista



Ahora sí que la fiebre del Coronavirus está más fuerte que la fiebre de Oro en su mayor apogeo!!

Nadie habla de otra cosa, ninguno pensamos en otra cosa, lo venimos haciendo, prácticamente, desde que empezaron los primeros brotes en China. Yo fui de los que opinó que simplemente era algo pasajero e intrascendente, pero siguió creciendo. Luego cuando llegó a Italia, dije; bueno ahora sí, seguro hasta ahí llega!!

¡Y qué se la devora! Al igual que a España y a Estados Unidos, Y ahí viene... ¡Y ahí viene! ¡Y parece que no llega! Sigo esperando de corazón que no nos pegará tan fuerte, que en México somos chingones y nuestro bendito valemadrismo nos salvará. Y escucho la advertencia de Italianos y Españoles; a nosotros nos pasó lo mismo!!

La realidad del asunto es que aunque sigo creyendo que no nos irá tan mal, que aunque Amlo no da pie con bola, de corazón espero que, al menos en esta única, tenga razón!!

Hasta ahora no ha llegado la ola, o la han podido tapar con "neumonías atípicas". El tsunami vendrá, eso es innegable, pero sería maravilloso que no fuera tan apocalíptico como parece.



Dentro de esta fiebre del Coronavirus, estamos todavía más inundados, por todo tipo de especulaciones acerca del origen y consecuencias que tendrá. Sí, también estoy seguro de que cambiará al mundo como lo conocemos. Que nuestra vida como la conocíamos ha quedado atrás, así como quedó atrás nuestra adolescencia.

Hay también muchísimos remedios, curas y sanaciones para no contagiarse o salir de esto. Al final, todos, TODOS, estamos ante una realidad: No tenemos idea de lo que nos espera!! No tenemos ni la más remota idea de cómo será nuestra vida cotidiana. Ante esto, lo que la mayoría siente es MIEDO!! Bueno, no miedo, pavor; el pánico más espantoso, jajaja.

Como contraparte ha sido impresionante la cantidad de mensajes, memes, videos, escritos, etc., animándonos a estar en el AMOR, ¡a soltar el temor! En verdad es maravilloso ver esta explosión de tanto positivismo y consejos verdaderos. Nunca imaginé que hubiese tantos en el mismo canal.



Sí, yo también soy de los que pensamos que esto es el mayor regalo de la vida, que nos lleva a despertar a una mejor idea, un mejor sentir, una vida más congruente de la que hemos vivido hasta ahora.

Sin embargo, aunque es muy fácil decir; "no temas, nomás pásate al amor". Cuesta trabajo tomar esa postura. Podríamos especular y alegar que sí es así de fácil, pero sería como tratar de razonar con un niño asustado. Lo que termina moviendo al niño es cuando la madre o padre le dice; confía en mí!!

Realmente, ¿qué hace falta para confiar? ¿Saber el resultado de antemano? Claro, sería ideal. Sin embargo lo único seguro es el cambio, y lo que menos nos gusta es cambiar.

Hay una manera que nos ayuda a confiar y es puro sentido común, es tan sencilla que a muchos nos pasa de noche, esta es; sin importar lo que venga, aunque no tengamos ni idea de cómo lo podamos resolver, no será mejor elegir pensar que algo bueno vendrá, que saldremos adelante, que podemos confiar, en lugar de darnos por perdidos de antemano? ¡Claro que SÍ! Pero qué tal, parece que para aprender a confiar, hay que confiar de antemano, Y sí, ese es el truco.

¿Necesitamos una razón para hacerlo? En realidad no. Justamente es lo que creo: la vida nos está ofreciendo, la oportunidad más clara para confiar,

Así que, será el sereno, yo hoy elijo ¡CONFIAR! Confío en la humanidad. Confío en nuestro país. Confío en que todos estamos unidos. Confío en que todos actuamos de manera responsable, se vea cómo se vea. Confío en la vida. Confío en el bien. Suficiente de dudas e incertidumbre, las probé de antemano y se multiplicaron. Al igual como se multiplicará la confianza. Y lo más importante: confío plenamente en todos y cada uno de nosotros.

Ya es hora de dejarle de temer a esta pinche fiebre. ¡Sí, se puede!

Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Francisco Mendiola Galván, arqueólogo



El Mundo, nuestro planeta no es nuestro, nos lo dice a cada segundo que se sucede hasta desaparecer esa imaginaria sensación del tiempo. Se ha detenido, se resetea el sistema planetario al que poco o nada le importamos. Sientan cómo este silencio espectral es la oportunidad de reconectarnos de una manera diferente con él, con nosotros mismos y con el universo. Es el momento de pedir perdón, de reconocer nuestras faltas que han degradado el todo. Reconocerlas para contribuir al reinicio de esa totalidad de la totalidad. No más ambición ni voracidad. No tomar más allá de lo que necesitamos. Hemos abusado a más no poder. La avidez de unos cuantos ha lastimado a cada uno de los seres sintientes de esta Tierra y a sus elementos, pero llegó el momento de replantearnos qué diantres seremos de ahora en adelante en nuestras relaciones internas y externas.

¡Ya basta! Es el grito que nos espeta la Madre Tierra.

Lunes, 30 Marzo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Carlos Figueroa Ibarra, sociólogo

Escribo estas líneas el domingo 28 de marzo, cuando llevamos un mes desde que en México se declaró oficialmente la peste. La peste, esa palabra arcaica para designar a la epidemia hoy convertida en pandemia. Soy de los privilegiados que pueden acatar la indicación gubernamental de quedarse en casa: no soy parte de la economía informal, no formo parte de los que viven al día, de los que si no van a trabajar afuera de su casa no comen. En estos días de guardar, de encierro obligado si uno entiende la dinámica de expansión del Covid-19, hay mucho tiempo para pensar, para recordar. He recordado a Giovanni Boccaccio y a su Decamerón surgido de la peste bubónica (1347-1353), la cual llevó a una villa a las afueras de Florencia a un grupo de siete mujeres y tres hombres, quienes en el espíritu de relajación de las normas se pusieron a relatar historias eróticas y trágicas. También he evocado Muerte en Venecia, la película de Luchino Visconti, que tiene como contexto una epidemia de cólera en Venecia. Me he puesto a leer nuevamente el Rey Lear de Shakespeare para ver en la dramaturgia lo que he constatado en la vida: en la política no hay gratitud, ni amistad. Tampoco enemistad. La política es el reino de los intereses, legítimos o espurios. Todo ello a pesar de que mi trabajo académico no ha cesado, no así el político porque he decidido no ir a las actividades que ha convocado el Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Todavía hace unos días el CEN de Morena había citado a un Consejo Nacional para este domingo 28, una actividad que hubiese congregado a centenares de personas. El CEN ha seguido reuniéndose y yo por prescripción médica he optado por no ir a esas reuniones.



Sigo día a día, las ruedas de prensa del presidente López Obrador y las de la Secretaría de Salud en las que diariamente me entero del aumento de infectados y muertos que la epidemia está ocasionando en México. He visto una proyección matemática que calcula que el 20 de abril tendríamos casi a 200 mil infectados lo que podría implicar entre 2 y 4 mil decesos. La curva no informa los criterios para esas proyecciones y si éstas son calculadas en el supuesto de que no se restringe la movilidad de la gente. Confío en que las medidas restrictivas a la movilidad espacial y a la distancia social que fueron tomadas a tiempo sean acatadas y logren achatar la curva de infecciones para que ésta no colapse la capacidad hospitalaria y médica que tiene el país y que los decesos sean menos. Veo quiénes predominantemente son los que han muerto en el país por el Covid-19: adultos de más de 65 años, obesos, diabéticos, hipertensos, insuficientes renales, fumadores. Y advierto que estoy en tres de estos grupos de vulnerabilidad. La muerte, que ya es una posibilidad mayor a mi edad (el año pasado murieron cinco de mis coetáneos amigos), es ahora una posibilidad con mayores probabilidades.

Y en mi encierro para preservar la vida, he recordado mi existencia en 1979 y 1980 cuando formaba parte de una organización clandestina (el Partido Guatemalteco del Trabajo) y enfrentábamos en lucha desigual a una monstruosa dictadura terrorista y militar. Tenía yo 27 años y a todos los que luchábamos contra esa dictadura, la muerte nos resoplaba en la nuca. Buena parte de mis amigos y compañeros de mi generación no llegaron a cumplir 30 años y unos pocos más fueron asesinados o desaparecidos cuando apenas sobrepasaban esa edad. Y he recordado algunas medidas que tomábamos los resistentes: romper las rutinas de hora y rutas, acendrar la clandestinidad, encerrarse en casas de seguridad o en las de habitación, no salir después de la caída del sol. El repliegue acentuado cuando la maquinaria de la muerte se desplegaba en extensión y profundidad. En aquellos tiempos, el enemigo estaba constituido por las policías y el ejército cuyos elementos actuaban como sicarios disfrazados de civiles. En mi encierro de hoy he recordado los días de encierro de aquel tiempo. Mis atavismos clandestinos se han disparado (como los de mi amigo el comandante guerrillero César Montes, hoy rigurosamente replegado debido al virus y a los que todavía lo quieren matar). Pero hoy, el enemigo a diferencia de los sicarios de la dictadura, es totalmente invisible. No son los asesinos desalmados que te caían en una cita clandestina o una casa de seguridad delatada. Es un enemigo que tiene una dimensión de entre 60 y 140 nanómetros y que por ello solamente puede volar 1.5 metros. Por ello, lo que te puede salvar es la fortaleza de tu sistema inmunológico y como en aquellos años en que el zopilote de la muerte rondaba nuestras cabezas, el repliegue.

La peste ha reforzado mis convicciones. Me declaro católico cultural pero no creo en Dios. Veo con escepticismo respetuoso al presidente de Paraguay convertido en un predicador al hablar en un acto oficial acerca de la epidemia. Me causa urticaria ver a la Policía Nacional Civil de Guatemala montada en vehículos policiacos con Biblia y megáfono en mano invocando a Jesucristo por calles desiertas por la reclusión. No puedo sino ser incrédulo ante llamados a pintar en las casas, cruces rojas para ahuyentar la enfermedad. En cambio el papa Francisco ha terminado de ganar mi corazón con su caminata y misa solitaria en una plaza vaticana vacía y lluviosa. O con una entrevista por Skipe con un periodista español en que se nos aparece profundamente cercano y modesto. La peste ha confirmado mis convicciones anticapitalistas y comunistas. He leído con atención como el filósofo esloveno Slavoj Zizek pronostica que el virus le dará un “golpe mortal al capitalismo (a lo Kill Bill)” mientras que su colega coreano Byung Chul Han dice que “nada de esto sucederá”. El capitalismo salvaje ha desmantelado la salud pública y ha dejado inermes ante el virus aun a los países ricos. La codicia en la ganancia, retrasó las medidas pertinentes para que la curva de infecciones no se disparara como lo demuestra claramente Estados Unidos de América. Hoy la biopolítica capitalista ha pasado de preservar la vida para garantizar la acumulación, a combinarla con la necropolítica que administra la muerte de los que considera desechables. Muchos trabajadores han sido despedidos sin la mínima solidaridad debido a que los establecimientos comerciales o industriales han cerrado total o parcialmente. Y todavía nos falta la pospandemia, cuando la crisis económica se nos venga encima y el shock (Naomi Klein dixit) provoque la mansedumbre necesaria para acentuar la opresión y expoliación de los condenados de la tierra.

Un día más de encierro. Me siento privilegiado. Mientras muchas personas se ven obligadas a salir para trabajar, los diableros de los mercados y centrales de autobuses manifiestan con desesperación, vendedores ambulantes se quedan en la inopia, miles y miles de trabajadores se quedan sin salario, y otros miles de jóvenes salen a los cruceros a desempolvar autos y limpiar parabrisas, heme aquí dándome el lujo de escribir mi testimonio personal de la peste.

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