Elementos filtrados por fecha: Mayo 2020
Sábado, 30 Mayo 2020 00:00

Fotografías de Jaime Carmona







Fotografías Cierre Simbólico (autores anónimos)

Publicado en Un paro en la pandemia
Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Vida y milagros

Cuando hace un tiempo leí que uno de los lujos del siglo XXI sería la privacidad no entendí bien los alcances de esa idea. Hoy, cada día sabemos más que para poder gozar de este lujo tendremos que tener mucho cuidado y atención cuando usemos un teléfono celular, una cuenta en internet, o cualquier accesorio que nos lleve a navegar por las redes. Cuando aparecieron los teléfonos celulares, básicamente su función eran los de un teléfono de casa que se movía contigo. No servía más que para llamar y que te llamaran. Poco después empezaste a saber quién te hablaba. En un rato más, ya el teléfono podía ubicar no solo en dónde estás, sino dónde estuviste. En poquísimo tiempo esos aparatos ya traen dentro nuestra vida entera y han ido enviando nuestra información a bases de datos ajenas a nosotros; tu teléfono es un espía inteligentísimo que averigua de ti todo lo posible con tu total complacencia. El avance en las tecnologías ha sido rápido y eficaz y nos ha ido enganchando en sus múltiples usos.

Acepto las condiciones

lustraciones tomadas del libro Acepto las Condiciones: usos y abusos de las tecnologías digitales, Cobo, Cristóbal. Fundación Santillana, 2019.



En un simple chat me llegó un libro fantástico diseñado para ser gratuito: un estudio sobre el nuevo poder de las redes y quienes las operan. Cito el libro para que ustedes puedan buscarlo "Cobo, Cristóbal (2019): Acepto las Condiciones: usos y abusos de las tecnologías digitales, Fundación Santillana". Usted es libre de compartir, copiar, y redistribuir el material en cualquier medio o formato, únicamente dando el crédito de la manera en que lo acabo de hacer. Imprescindible leer este libro acerca del presente y el futuro digital ¿Seremos jugadores o juguetes al servicio de nuestros teléfonos celulares y las compañías que nos dan servicios mientras recopilan toda la información posible acerca de nosotros. ¿Viviremos al servicio de nuestros teléfonos, dedicándoles más tiempo que a nadie, cediéndoles el poder sobre nuestras vidas, nuestro tiempo y nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos, adictos a la información que nos ofrece de manera inmediata? ¿Aceptaremos seguir cediendo nuestros datos, nuestra privacidad, nuestra psique con un solo clic de "Sí, acepto”?

ACEPTO LAS CONDICIONES. Usos y abusos de las tecnologías digitales ...



Casi nadie lee la letra chiquita que aparece cuando adquirimos un plan de teléfono o internet, o cuando una página digital te pone "aviso de privacidad" y luego las palabras "aceptar" o "rechazar". Al dar el sí de manera impulsiva, alimentas las bases de datos de las empresas más poderosas del planeta, Google, Facebook, Amazon, Apple o Microsoft. Cada vez que damos un clic, estamos abriendo la puerta de nuestra mente a quienes tienen el manejo de las redes. El acceso a nuestra vida privada vía estos aparatos ha dejado de ser interesante y divertido para volverse un potencial peligro. Ha pasado de ser una herramienta de inclusión a ser una nueva forma de control, poder y vigilancia. Se acabó la inocencia, perdimos la privacidad y es el fin de la luna de miel digital. ¿Quién observará y regulará a los que nos observan? ¿Por qué estamos renunciando a nuestros derechos de privacidad de manera tan inconsciente? Con 250 búsquedas en Google es posible que la base de datos sepa más de ti que tú mismo. Ni tus seres más cercanos podrían hacer un diagnóstico de quién eres y qué te gusta de una manera tan certera como esas plataformas. Así de fácil se metieron hasta las cocinas de los votantes en Estados Unidos en la elección de 2016 y en el referéndum del Brexit de ese mismo año. Fue fácil que una empresa comprara bases de datos de manera ilegal para saber cómo y con qué información llegar a los votantes e influenciarlos de acuerdo con el pedido de sus clientes. Tu información, tu privacidad, tus gustos, todo lo que tu regalas alegremente cuando das un "clic", vale dinero y alguien está haciendo grandes cosas, buena y malas, con esa información.

Lo que el libro propone es salir de la era de la ingenuidad, afrontar los retos del panorama tecnológico actual y pensar en cómo prepararnos como sociedad para actuar con inteligencia con respecto al nuevo mundo digital.



Desde que leí este libro lúcido y propositivo, he empezado a tratar a mi celular como a un perfecto desconocido al que no puedes meter en tu vida de manera inocente porque puedes terminar siendo su juguete.

Acepto las condiciones - Fundación Santillana

Publicado en Sociedad |#c874a5
Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Mundo Nuestro. Esto afirma uno de los promotores de esta campaña:

"Apoyemos con todo esta campaña, hagamos difusión, seamos solidarios, motivemos a donar mediante nuestras redes de amigos. El Hambre es mas grave que el COVID. Está muy fácil ahí están los datos bancarios para donar."




Equipos médicos: por medio de la Fundación Comunitaria Puebla.

Despensas: por medio de Banco de Alimentos Puebla.

222 2886161



juntosporpuebla.com

Publicado en Sociedad |#c874a5
Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Mundo Nuestro.Este texto de la escritora poblana Ángeles Mastretta fue publicado originalmente en la revista Nexos en la edición de julio de 2001. Lo presentamos en el marco del Día Internacional de la Epilepsia.

“Esa es una enfermedad de genios”, me dijo hace mucho uno de los escasos pero intensos amores imposibles y al mismo tiempo entrañables, con los que he dado en la vida. Tenía casi sesenta años más que yo. Podía haber sido mi abuelo, o un padre tardío, si yo hubiera salido de él. Pero fue mi amigo-amigo, como pocos he tenido, y aún lo lloro de sólo recordarlo. Desde sus ochenta y siete, aquel hombre siempre guapo, me dijo eso de los genios para consolar la zozobra que me daba ir, cuando joven, con un mal que a la fecha, es a mí, como sugiere un poeta excepcional al que tengo el privilegio de haber vuelto mi hermano, lo mismo que es a Miguel Hernández la pena: “Siempre a su dueño fiel, pero importuna”.

—¿De qué color tendría los ojos tu epilepsia? —quiso saber este poeta.



—Grises —dije.

—¿Como los de quién?



—Como los de un diablo perdiéndose entre el paraíso y el olvido.



—¿La muerte tendría sus ojos?

—Ojalá, porque sería una muerte casi sorpresiva, pero me daría tiempo suficiente para dejarle dicho al mundo y a quienes amo en él, cuánto los echaré de menos cuando mi cuerpo se haya mezclado con las raíces de un árbol casi azul de tan verde y amarillo, o las de una bugambilia acariciada por aires que no conoceré jamás.

—¿Da tiempo de decir algo?

—Muchas cosas. Sobre todo si uno supiera que en vez de ir a perderse en un abismo del cual hay un retorno extenuante y una especie de vergüenza triste por haber asustado a los otros con la electricidad que no pudimos contener en nuestro cuerpo o sacar de un modo menos abrupto y perturbador, uno pensara como cuando la muerte avisa, que se está diciendo adiós en esa despedida sin más regreso que las marcas que hayamos podido dejar en la memoria de los demás.

—¿Da tiempo de ver algo, de oír algo?

—Hay quien ve luces o fantasmas o sueños. Yo no. Yo escucho ruidos como luciérnagas, oigo fantasmas que acarician, siento una música que parece un sueño, que podría ser el envío excepcional de un clarinete imaginado por Mozart o tres acordes de Schubert o un trozo de la voz inaudita de María Callas. Sería un júbilo ese eco si no supiera yo el destino al que me guía. Nunca he conseguido escucharlo y volver a tenerme sin antes haber perdido la conciencia por un tiempo que no sé ni siquiera cuánto puede durar. De ahí que le tema tanto como me agrada. Por eso siempre preferiré escuchar a Mozart con la Filarmónica de Budapest o cualquier otra, a Schubert cantado por María Callas y a María Callas cantando lo que haya querido. Pero esa música viene de adentro y es como es y no como uno quiere. Sin embargo, es hermosa. Te aseguro que si otros pudieran oírla, dirían que es hermosa y hasta algo de compositor se creería que hay en un vericueto de mi cerebro, en las ligas que hacen y dejan de hacer las neuronas encargadas de probarme que nadie manda sobre su cabeza. Menos aún. sobre su corazón.

—Escríbele un poema.

—No sabría cómo. Mirarla puede ser un poema atroz. Para decirla habría que ser Sabines. Yo la siento. Y sólo sé que llegaría a gustarme si un poema de Sabines fuera. Pero no fue un poema. Puede ser un temor, pero también un desafío. Yo he querido verla como un desafío. Así supieron verla quienes me crecieron y quienes han ido viéndola conmigo. Así me ayudaron a buscarme la vida en lugar de temer sus desvaríos.

DE ÁNGELES MASTRETTA: VIVIR CON EPILEPSIA

Cuando murió mi padre, en el naufragio de su escritorio encontré unos papeles que por primera vez le pusieron un nombre a lo que siempre se llamó vagamente “desmayo”. Tal nombre aprendí a decirlo con la certeza que en las noches oscuras nos dice despacio: habrá de amanecer. Haría entonces unos cinco años que habían empezado los “desmayos” y yo no les temía, porque simplemente no sabía lo que eran. Sí me daban tristeza, pero luego aprendí que tristeza dan aunque uno sepa que otros los llaman epilepsia. Y eso es parte del juego todo. Del extraño juego que es vivirla como una dádiva inevitable.

Cuando encontré los papeles, me había mudado a vivir a la ciudad de México. Esta ciudad aún no era el monstruo en que muchos dicen que se ha convertido, pero ya se veía como un monstruo. A mí me apasionaba por eso. Porque uno podía perderse en sus entrañas, recuperarse en sus escondrijos, cantar por sus travesías inhóspitas, dejarse ir entre la gente que caminaba de prisa por calles con nombres tan magníficos como “Niño Perdido”.

No se me ocurrió mejor cosa que irme a buscar a los epilépticos al Hospital General. Los encontré. Me asustaron. Muchos eran ya enfermos terminales y tenían crisis cada cinco minutos; eran, de seguro, personas que fueron abandonadas desde la infancia a su mal como a una cosa del demonio. Se hacía por ellos lo que era posible, que era poco. Cuando le vi la cara al nombre, tuve más reticencias que terror. De cualquier modo en muchos meses no volví a subirme a un Insurgentes-Bellas Artes sin un tubo de “Salvavidas”, esos caramelos de colores que no sé si aún existan pero que me ayudaban a iniciar conversación con mis vecinos de banca o de manos asidas a un tubo, para decirles que podría pasarme algo raro que luego describía tan de espantar como lo vi, pidiéndoles después que no se asustaran, que yo vivía donde vivía y me llamaba como me habían nombrado. Lo único que conseguí entonces fue asustarlos sin que pasara nada nunca.

Luego corrió el tiempo generoso y lleno de un caudal distinto, de amores nobles, delirantes o devastadores, de pasiones nuevas como la vida misma y en menos de un año volví a perder hasta la precaución, ya no se diga los temores. Más tarde encontré para mi paz un médico que no sólo conoce los devaneos del demonio con ojos grises, sino que me ha enseñado a olvidarlos de tal modo que no acostumbro hablar de ellos, que duermo menos de lo que debería y a veces hasta gozo el desorden de unas burbujas como si pudiera ser siempre mío.

¿Qué otros nombres le pondría, que tipo de conocimientos, de intimidad, de frustración, de dicha incluso, me ha dado? Eso, poeta, te lo digo otra tarde. Cuando tengamos tiempo y silencio para oírlo. Tiempo para saber de este ángel siempre fiel, pero importuno.

Publicado en Literatura |#555
Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Mundo Nuestro. LA BUAP ha publicado una guía para enfrentar la nueva etapa de la pandemia, denominada por el gobierno federal la "Nueva Normalidad". Aquí puedes encontrarla:

Publicado en Universidades |#000
Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Revista Sin Permiso. María Julia Bertomeu es miembro del comité de redacción de Sin Permiso y profesora de la Universidad de Buenos Aires. Salvador Bergel es profesor de la Universidad de Buenos Aires.

María Julia Bertomeu - Salvador Bergel

23/05/2020

El pasado 19 de mayo, la OMS publicó un Proyecto de resolución firmado por varios países –entre los que no se encuentra EEUU, aunque sí China y la Unión Europea-, luego de haber examinado el discurso del Director General (A73/3) sobre el curso actual de la pandemia del Covid-19. No es extraño que no esté incluída la firma de los EEUU en el proyecto, entre otras cosas porque hace unos pocos días un directivo de la farmacéutica Sanofi, empresa líder en fabricación de vacunas, dijo públicamente que “Estados Unidos tendría acceso preferencial a su vacuna contra la Covid-19, por haber contribuído económicamente en la búsqueda”. Finalmente la compañía tuvo que rectificar, luego de que el Presidente Macron –no precisamente un socialista ni mucho menos un tercermundista- organizara una reunión con el Presidente de la empresa y se anunciara que Sanofi “comparte el planteamiento de Francia sobre el acceso universal a la vacuna con el objetivo de hacer que la eventual vacuna sea considerada un bien público mundial”. En este momento la Unión Europea y China, entre otros, parecen compartir tal iniciativa.



Entre el articulado del Proyecto de Resolución de la OMS figura de manera explícita la misma idea. El artículo OP6, en efecto, “reconoce la función de la inmunización extensiva contra el Covid-19 como un bien de salud pública mundial…una vez que se disponga de vacunas seguras, de calidad, eficaces, efectivas, accesibles y asequibles”. (A73/CONF/1.REV.1) Sin duda alguna la profusión de adjetivos no es inocente, dada la confusión que crean algunos líderes mundiales incluso en momentos de crisis de sus sistemas de salud. Por otro lado, y si bien en el articulado del Proyecto de Resolución hay inconsistencias peligrosas, lo cierto es que declarar que una vacuna es un bien de salud pública mundial tiene consecuencias muy interesantes y cuasi revolucionarias para el planeta en su conjunto en tiempos de pandemia, pues entraña desconocer los derechos de propiedad intelectual, privilegiando la salud de todos los seres humanos que pueblan nuestra tierra.

El tema no es nuevo y la propia OMS lo había abordado anteriormente, y muy especialmente por parte de Germán Velasquez, el exdirector de medicamentos de la OMS, quien fue uno de los que comenzó un estudio sobre el impacto de los nuevos medicamentos comerciales sobre la salud y sobre el acceso a ellos, especialmente en relación con los derechos de propiedad intelectual y con el acuerdo sobre los mismos ADPIC (El Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio) que mantiene la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Velasquez, actual presidente de la Cátedra Farmamundi y Consejero del Centro para la Salud y Desarrollo del “Centro Sur” de Ginebra, hace años que batalla duramente por considerar a los medicamentos esenciales como un bien público mundial, todo lo cual –nos recuerda- genera una serie de consecuencias e interrogantes.

La propia OMS definió a los medicamentos esenciales como aquellos “considerados de la máxima importancia y, por tanto, básicos, indisponibles y necesarios”. Y eso, nos dice Velasquez, plantea varios interrogantes: i) si es posible que un bien público a escala mundial sea patentable o, lo que es lo mismo, que exista un monopolio de algunos en detrimento de millones de personas, ii) si debería estar permitido obstaculizar el acceso durante un período de veinte años al objeto “medicamentos”, iii) de qué manera se debería reorientar a la industria farmacéutica hacia objetivos compatibles con la mejora de la salud y la calidad de vida, y no sólo ligados a la expansión económica y la ganancia.

Es evidente que la industria farmacéutica ejerce una actividad lucrativa en el ámbito de la salud mundial, y que la salud ha sido reconocida como un derecho por distintos organismos y normativas de carácter nacional e internacional. A simple vista, entonces, sería necesario indagar en qué medida la finalidad lucrativa termina anulando al objeto y al derecho que la garantiza, la salud pública mundial. ( Lopez Guzmán, 2007)



Pues bien, la experiencia nos dice que la industria farmacéutica no solo utiliza los privilegios que le brinda la legislación patentaria, sino que abusa de ellos. Las patentes consagran derechos cuyo usufructo es incompatible con la protección de la salud pública, permiten el ejercicio de monopolios que obstruyen el acceso a los productos patentados a grandes masas de la población mundial y se presta a abusos inaceptables. Pareciera que, como bien lo ha dicho Drahos, los EEUU y sus activistas de la propiedad intelectual se han embarcado en un “viaje sin retorno”, que de manera sistemática asigna niveles de protección de la propiedad intelectual cada vez más altos.

Sostener, como lo hacen hoy países y comunidades intrnacionales, que los medicamentos son un “bien público universal” implica consecuencias relevantes en el campo de la salud pública. En primer lugar, excluye la posibilidad de que sean patentados y que los patentadores tengan los privilegios; en segundo supone un derecho de acceso a medicamentos esenciales a todos los países y poblaciones en condiciones igualitarias y en tercero, pone el acento en la protección de la salud pública por encima y más allá de cualquier derecho privado patrimonial.

Recordemos que las patentes de invención en el campo farmacéutico consagran derechos patrimoniales claramente incompatibles con el derecho universal a la salud y en cierta medida tambien a la vida. Por eso es absurdo pretender hacer competir el derecho humano a la salud con los supuestos derechos patrimoniales de protección de creaciones intelectuales.



Hay una articulado del borrador de Declaración de OMS, sin embargo, que resulta incompatible con el artículo OP6, como acostumbra a ocurrir con algunos documentos internacionales. En OP8.2, el documento hace un llamamiento a las organizaciones internacionales y a otras partes interesadas para que: “colaboren a todos los niveles para desarrollar y someter a prueba medios diagnósticos, tratamientos, medicamentos y vacunas seguros, eficaces, asequibles y de calidad para responder a la Covid-19, asi como para ampliar su producción, en particular mediante los mecanismos existentes para la mancomunación voluntaria y la autorización de licencias de patentes para facilitar el acceso oportuno, equitativo y asequible a tales productos, de forma compatible con las disposiciones de los tratados internacionales, en particular las del Acuerdo sobre los ADPIC y las flexibilidades reconocidas en la Declaración de Doha relativa al Acuerdo sobre ADPIC y la Salud Pública.”

Este artículo de la declaración – nuevamente con una floresta de bonitos adjetivos- es, por cierto, incompatible con lo que hemos dicho antes. Por lo general se intenta encontrar en la Declaración de Doha una base para la protección de la salud pública mundial. Pero no cabe llamarse a engaño pues se trata de un acuerdo impulsado por la BigPharma en el mismo momento en que arrasaba con los derechos de los países en vías de desarrollo que se opinían a aceptar patentes sobre productos farmacéuticos. De tal acuerdo no cabe esperar nada positivo. El acuerdo ADPIC refleja y promueve los intereses de las empresas globales que intentan ampliar su control sobre la propiedad intelectual. Estas empresas se sirvieron del gobierno de los EEUU (con el apoyo de la Unión Europea y de Japón) para cooptar en buena medida el proceso de la Organización Mundial del Comercio y asegurarse que las normas de derecho internacional público se ajusten a sus necesidades particulares.

Ahora que algunos países como China y Francia han declarado públicamente que una eventual vacuna debería ser considerada como un bien público mundial, sería importante que la Resolución definitiva de la OMS disipara contradicciones en su redacción. ¿Será posible, esta vez, que un aire fresco acaricie a los pueblos de la tierra que soportan el azote del Covid-19?

Bibliografia

Sábada, I. (2008): Propiedad intelectual, Madrid, Catarata.

Vasquez, G. (2008): “El acceso a los medicamentos en perspectiva global: retos, respuestas y derechos”, en Seuba, H. (2008) Salud pública y patentes farmacéuticas, Barcelona, Bosch

WHO: La resolución definitiva sobre el Covid-19 puede consultarse aquí.

(El artículo se redactó antes de conocer las enmiendas definitivas al borrador de la Resolución, que no han afectado al tema comentado en relación a la patente de una futura vacuna contra el Covid-19)

Es miembro del comite de redacción de Sin Permiso y profesora de la Universidad de Buenos Aires.
Profesor de la Universidad de Buenos Aires.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 19 de mayo 2020
Temática:
Publicado en Revista Sin Permiso
Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Revista Sin Permiso. Manuel Sutherland es economista y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), Caracas. Este texto fue publicado originalmente en Nueva Sociedad, en mayo de 2020.

La incursión de ex-militares y civiles, producto de un contrato entre sectores opositores y una empresa de seguridad con sede en Miami, presupone una absurda tercerización de la acción armada contra el gobierno de Nicolás Maduro en una firma privada. Al mismo tiempo, este tipo de acciones improvisadas no solo son contrarias a una salida pacífica, sino que terminan por fortalecer las políticas más represivas del gobierno venezolano, aun un contexto de permanente descomposición social e institucional del país.

Si yo quisiera ir a Venezuela, no lo haría en secreto (…) no mandaría a un pequeño grupo. No, no. Sería un ejército (...) y eso sería llamado una invasión. Donald Trump



El mes de mayo encontró a Venezuela sumergida en una crisis de enormes dimensiones. Con el salario mínimo en dólares más bajo del planeta (alrededor de cinco dólares mensuales), la pobreza extrema no hace más que crecer. En ese escenario dramático surgieron noticias alarmantes, como la masacre de 47 reclusos en la cárcel de Guanare (que se sumó a un incendio en un penal de Valencia donde murieron 66 personas) y un largo enfrentamiento armado entre bandas delincuenciales con armamento militar, en la zona norte de la extendida barriada popular de Petare. La gasolina otrora casi gratuita ha desaparecido y miles de personas hacen colas de hasta cinco días para llenar un tanque (ahora se contrabandea la gasolina de Colombia hacia Venezuela). Finalmente, un apagón de carácter nacional que afectó a 17 estados por varias horas ha dejado un severo racionamiento eléctrico en muchas partes del país.

En ese maremágnum, apareció una extraña noticia entre el 3 y el 4 de mayo: la Policía y el Ejército habían capturado dos pequeñas lanchas con civiles (incluidos dos estadounidenses) y militares desertores que habían llegado, provistos de armas de alto calibre, a combatir al gobierno de Nicolás Maduro. La sorpresiva información llenó de estupor a la oposición democrática que lucha por la paz y por una resolución negociada de la crisis política. La rápida neutralización de las dos embarcaciones le brindó al gobierno una especie de pequeña «Bahía de Cochinos», que explotada por el aparato mediático de las izquierdas bolivarianas, se vendió como una gesta histórica protagonizada por humildes pescadores, pertenecientes a la milicia, que repelieron la invasión y capturaron a los mercenarios.

El ala de la oposición que insiste en la legitimidad de la presidencia de Juan Guaidó, «reconocida por más de 50 países», cayó en el desconcierto. Al inicio dijeron que fue una «olla», un vil montaje de la narcodictadura. Poco después expresaron que la narcotiranía había masacrado a valerosos combatientes por la libertad. Más tarde comentaron que la operación era una charada, pero que defenderían los derechos humanos de personas que estaban equivocadas. Al final dijeron que la supuesta «invasión» había sido diseñada y ejecutada por Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, para inculpar a la oposición.



¿Qué sucedió realmente? ¿Qué consecuencias trae esta nueva aventura paramilitar? Veamos.

Desde el 23 de enero de 2019, día en el que el diputado y presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó se autojuramentó como presidente de la República (encargado) en un mitín popular en la plaza Juan Pablo II, ha habido un crecimiento del discurso belicista del ala más extremista de la oposición, que constantemente es aupada por Donald Trump y por las insinuaciones de que «todas las opciones están sobre la mesa». La vía electoral y la lucha democrática contra el régimen chavista fueron consideradas entonces como colaboracionistas y gallináceas. Había que ir a la acción directa inmediata, el pueblo no aguanta más.

En febrero de 2019, las encuestas decían que Guaidó tenía hasta 80% de aceptación popular. Los gobiernos aliados de Estados Unidos salieron inmediatamente a aplaudirlo y el joven varguense fue portada de diarios y revistas en todo el orbe. El 23 de febrero debía ser una especie de break point: la ayuda humanitaria internacional estacionada en Brasil, y sobre todo Colombia, ingresaría «sí o sí». Cuatro camiones entrarían con equipamiento médico elemental y cajas de comida desde Cúcuta. El plan era que la gente se abalanzara sobre los camiones y el Ejército se uniera a la insurrección popular. Se había contactado a militares de baja gradación para atraerlos a la rebelión. Este desaguisado fue un rotundo fracaso: no se pudo hacer ingresar ni una caja en una frontera donde el contrabando de gandolas de gasolina y alimentos es inmenso.



Cuando se creía que el intento frustrado de asesinar a Maduro con un dron cargado de explosivos, el pasado 4 de agosto de 2018 en la Avenida Bolívar, era la última intentona subversiva, amanecimos el 30 de abril de 2019 con un conato de golpe de Estado protagonizado por Guaidó, que traía la novedad de haber liberado al líder de Voluntad Popular Leopoldo López. El joven «presidente» aseguraba haber tomado, o estar dentro, de la base aérea La Carlota, ubicada en el corazón de Caracas. Rodeado de un pequeño grupo de civiles y militares de baja gradación, Guaidó habló de una insurrección militar, de un alzamiento. Pocas horas después, y sin un solo tiro, la sedición fue aplacada. Varios de los militares se entregaron aduciendo que los habían engañado y otros huyeron a embajadas extranjeras esa misma tarde. Nadie se responsabilizó del bochornoso coup d’état, que terminó ampliamente ridiculizado en redes sociales. En 2018 ya habíamos presenciado la masacre del grupo armado encabezado por Óscar Pérez, ex-comando policial famoso por disparar contra el Tribunal Supremo de Justicia y robar armas de alto calibre en el Fuerte de Paramacay. La subestimación del poder militar y policial del gobierno bolivariano es realmente asombrosa.

En intervenciones militares previas de Estados Unidos en América Latina, incluyendo Bahía de Cochinos, los oficiales de Washington también negaron categóricamente, en un inicio, su participación. Asimismo, en el caso de la operación ilegal para financiar la guerra terrorista de los «contras» en Nicaragua en los años 80, Washington negó su involucramiento hasta que el contratista de la CIA Eugene Hasenfus fue abatido cuando transportaba armas en un avión. El guion siempre será aferrarse a una rígida desmentida, aunque parece imposible pensar que Estados Unidos, más allá de su participación, no supiera del contrato que «legalizaba» la invasión y que se había firmado en Miami (había literalmente un contrato comercial). Hay que recordar que Washington acusó a Maduro de narcoterrorismo y le puso precio a su captura: 15 millones de dólares.

El contrato fue un secreto bien guardado hasta que el mayor general retirado Clíver Alcalá Cordones habló frontalmente de su existencia a finales de marzo de 2020. Esto ocurrió luego de que este militar cercano a Chávez, y uno de los desertores de más alto rango, fuera sorprendido por la policía colombiana con una gran cantidad de armas, y después de que la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) ofreciera 10 millones de dólares por su captura, ya que lo vincula con carteles de droga en Venezuela. Su reacción fue subir un video a las redes sociales donde admitía haber estado armando y entrenando a un comando rebelde de venezolanos en Colombia para tumbar al régimen. En su relato, Alcalá Cordones habló de un contrato firmado por Guaidó y un estadounidense dueño de una empresa de seguridad que había estado entrenando a tropas venezolanas rebeldes en Colombia. Días después, Cabello cuenta que saben de todas esas operaciones subversivas y que conocen al contratista estadounidense, que es nada más y nada menos que Jordan Goudreau.

Goudreau había sido contratado en febrero de 2019 para dar seguridad al concierto de Cúcuta financiado por el millonario británico Richard Branson. La empresa Silvercorp participó como proveedora de seguridad en mítines políticos de Trump. Tan íntima relación le permitió ser recomendado por la Casa Blanca para ofrecer seguridad en el concierto y asesorar a Guaidó en su lucha para derrocar a Maduro. Goudreau es bastante amigo de las redes sociales y saltó al estrellato mediático por la estrafalaria sugerencia de «poner a policías antiterroristas en las escuelas disfrazados de maestros». El mediático contratista también tuvo la delicadeza de amenazar de muerte a la periodista venezolana Érika Ortega, afirmando que a los mercenarios se les paga para matar, aunque ellos podrían hacerlo gratis en un tuit que provocó el cierre de su cuenta.

En una operación en Jamaica a finales de 2019, este veterano de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos ya había incorporado a otros dos ex-boinas verdes y ex-compañeros de equipo, Airan Berry y Luke Denman, los dos estadounidenses actualmente presos por la incursión militar fallida. En esa ocasión, Goudreau los convenció de lo fácil y lucrativa que sería la operación contra Maduro. Es sabido que el contrato firmado al parecer por el propio Guaidó se estaba mostrando a personas en el campamento en Jamaica dirigido por Goudreau como una tentadora oferta laboral. Cuando se le preguntó a Goudreau cuál era su plan, dijo que se proponían lanzar una incursión armada en Venezuela para capturar y/o eliminar a objetivos de alto valor. Es conocido que un veterano combatiente que estaba en proceso de ser reclutado se mostró muy escéptico con la oferta de Goudreau, ya que Silvercorp no tenía ni una sola ametralladora en ese momento, lo cual es normal porque esa empresa (constituida en 2018) provee seguridad en eventos públicos, no realiza operaciones militares. Es bastante verosímil el rumor de que la CIA se había enterado de la operación que Goudreau planeaba en Jamaica y advirtió en numerosas ocasiones a Silvercorp que no lo llevara a cabo porque era un suicidio.

En un documento publicado recientemente por el diario The Washington Post, sale a la luz que miembros de la oposición de Venezuela negociaron en octubre un acuerdo con una compañía de seguridad de Florida para derrocar a Maduro. En ese documento aparece la firma de Guaidó, comprometiéndose con Goudreau a acometer una operación militar que capture o elimine a Maduro y a varios de los miembros de su gabinete. Ese era el contrato al que Alcalá Cordones había hecho alusión antes de entregarse a la DEA y que Guaidó había negado. El general desertor afirmó en una entrevista antes de entregarse que el contrato había sido incumplido pese a que las operaciones estaban bastante adelantadas.

Cuando Goudreau llegó el 7 de septiembre a la oficina de Juan José Rendón, alto comisionado presidencial de Guaidó radicado en Miami, el comité de estrategia ya se había reunido con un puñado de empresas de gestión paramilitar que ofrecían los servicios de eliminación o captura de Maduro y su entorno. Algunas querían hasta 5.000 millones de dólares por el trabajo. Goudreau, por el contrario, ofreció un plan con un par de pequeños anticipos y un pago total mucho más económico –212,9 millones de dólares–, considerando que iban a invadir un país de 30 millones de habitantes, con una Fuerza Armada de alrededor de 150.000 combatientes y 916.000 kilómetros cuadrados. El contrato contemplaba el cobro de 75% del contrato después del derrocamiento de Maduro y de la toma de control pleno del país. El dinero restante de la operación crediticia que dejaba el pago central en cómodas cuotas provendría de futuras exportaciones de petróleo bajo un gobierno de Guaidó.

El curioso contrato tiene ocho páginas principales y 42 más de anexos, según varias fuentes relacionadas con el caso, aunque en una entrevista con Patricia Poleo Goudreau asevera que el documento posee más de 70 páginas. El contrato para una invasión a la carta tuvo un testigo formal: el abogado Manuel J. Retureta, un reconocido penalista especializado en la defensa de afamados narcotraficantes latinoamericanos. El litigante que firmó como testigo no ha dicho aún una sola palabra a ningún medio de comunicación.

Rendón admitió abiertamente haber firmado el contrato, pero dijo que Guaidó nunca lo hizo. Rendón confesó que el documento, rubricado en octubre de 2019, «era una exploración para ver la posibilidad de captura y entrega a la justicia de miembros del régimen que tienen orden de captura emitida por tribunales de Estados Unidos». Pero esas esas órdenes de captura fueron emitidas cinco meses después de la firma del contrato, es decir, en marzo de 2020.

El contrato promete un adelanto primario a Silvercorp de 1,5 millones de dólares. Luego el texto contempla un anticipo de 50 millones para servicios como planificación estratégica, adquisición de equipos y «asesoría para la ejecución de proyectos». Resulta llamativo que el contrato afirma que Silvercorp no combate sino que solo asesora. La idea primigenia era que la incursión, sumada a acciones de propaganda armada, desmoralizarían a la Policía y a la Fuerza Armada. Como un castillo de naipes, el gobierno caería rápidamente y ellos podrían secuestrar a personeros solicitados por la DEA y exigir sus respectivas recompensas. Al ver eso, el pueblo saldría a las calles y expulsaría al dictador. Guaidó sería por fin presidente de verdad y el cuento se acabaría.

Como era de esperar, las cosas no salieron bien. El domingo 3 de mayo, horas después de la primera incursión, la periodista Patricia Poleo publicó el acuerdo. Además, en el informe, difundido en la cuenta @FactoresdePoder en Twitter, Goudreau explica que Guaidó mentía al decir que la operación en Macuto era «una farsa del régimen» y que su empresa había diseñado las operaciones. Goudreau habló de la firma de Guaidó y mostró un video donde se puede escuchar el momento en que todos presentes firman el contrato (en Miami) y el «presidente encargado» dice que enviará su firma escaneada, por email, desde Caracas.

Como comentó Goudreau, el costo de de esta misión sería de 212,9 millones de dólares. Esa parte del plan duraría 495 días, porque ellos continuarían como «fuerza de seguridad del gobierno» mientras estabilizaban la situación. Ahí se acuerda pagar mensualmente al contratista, después de la culminación del proyecto, entre un mínimo de 10.860.000 y un máximo de 16.456.000 dólares. De ser exitoso el plan, la empresa recibiría un bono de 10 millones por buen desempeño. En el contrato destacan algunas cláusulas muy llamativas:

- el Comité Estratégico tendrá autoridad para aprobar cualquier ataque y activar el fuego contra objetivos militares y no militares, «infraestructura y objetivos económicos venezolanos», «vías y medios de comunicación»;

- en el anexo B, numeral catorce, punto a, se establece que se podrán usar minas antipersonales en todo el territorio según disposición de la empresa;

- en el anexo L, se establece que Silvercorp no será responsable ante la ley de ningún acto de violencia o destrucción durante la ejecución del contrato. Si demandan a Silvercorp en Estados Unidos, el gobierno de Guaidó deberá pagar todos los gastos de defensa y asumirá la responsabilidad financiera;

- en el anexo N se señala que la cadena de mando de la operación está compuesta de la siguiente manera: comandante en jefe, Juan Guaidó; supervisor del proyecto, Sergio Vergara; jefe de estrategia, Juan José Rendón; comandante en el sitio, por determinar (aunque en el desembarco efectivo fue el capitán Antonio Sequea quien estuvo a cargo; como ex-oficial de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Sequea aparece en videos y fotos protagonizando junto con Guaidó el intento de golpe del 30 de abril);

- en el anexo B, numeral 1, punto c, se explicita: «El personal del Proveedor de Servicios solo tiene capacidad de asesoramiento. No son combatientes»;

- en el anexo D, numeral 4, se ratifica lo anterior de manera taxativa: «El personal del Proveedor de Servicios son solo asesores, no son combatientes. Sin embargo, se les permite defenderse».

Es evidente que el contrato viola todo estamento legal conocido, empezando por la carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Venezuela es signataria de la Convención Internacional de la ONU contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios. La resolución 57/196 de la Asamblea General de la ONU establece que se condena «a todos los Estados que permiten o toleran el reclutamiento (…) de mercenarios con el objetivo de derrocar a los gobiernos de Estados miembros de las Naciones Unidas».

La aparición que Goudreau hizo en televisión fue para dar un rostro a la incursión. Para combatir el rumor opositor que hablaba de una operación de bandera falsa. La intención de el ex-militar estadounidense era denunciar a Guaidó y a sus acólitos por incumplir el contrato. Según Goudreau, él nunca recibió el dinero estipulado en el contrato, ni siquiera los 1,5 millones de anticipo. Por eso se sintió estafado y delató a todos los firmantes y dijo que nunca en su vida vio un nivel de traición y de indiferencia como ante esta situación. Cuando la periodista le preguntó lo evidente: ¿por qué habían llevado adelante la operación aun sin cobrar?, su respuesta fue inverosímil: «Lo hicimos porque estamos comprometidos con la libertad de Venezuela».

Los hechos fueron los siguientes: entre el 3 y el 4 de mayo entraron por la bahía de Macuto y de Chuao un par de peñeros con alrededor de 22 personas. Ahí estaban ex-militares armados, había uniformes, equipos y todos portaban sus documentos de identidad. Entraron por el litoral central a plena luz del día, a pocos kilómetros del mayor puerto del país y de una base naval, en un área densamente poblada. Ingresaron en medio de una rígida cuarentena llena de militares y policías desplegados en las calles, con escasez total de gasolina, con vías desérticas y con las carreteras llenas de puestos de control. No parece haber un momento más absurdo que este para una incursión.

Como era de esperarse, antes de llegar a su punto de desembarco, fueron fácilmente divisados por las fuerzas de seguridad venezolanas. Según el gobierno, la lancha se acercó a la costa y sus integrantes abrieron fuego. La versión oficial habla de un combate que duró unos 45 minutos. La embarcación zozobró, con el resultado de ocho fallecidos y solo un par de apresados. Un día después, el 4 de mayo, otros 13 atacantes fueron capturados en Chuao (estado de Aragua) en una rendición sin enfrentamientos. Entre los detenidos destacan los estadounidenses Luke Denman y Airan Berry, empleados de Silvercorp. A la fecha, hay alrededor de 40 apresados y varias órdenes de captura adicionales. Poco a poco, las fuerzas de seguridad han ido arrestando a presuntos guerrilleros asociados a la incursión, que salieron a buscar comida o estaban dando vueltas por la zona.

Horas después, la televisión estatal venezolana, VTV, emitió un video en el que uno de los dos estadounidenses detenidos «confiesa» que el plan era capturar a Maduro y llevarlo a Estados Unidos. Al ser interrogado sobre quién le daba las órdenes a Goudreau, Denman responde: Donald Trump. De manera increíble, declara: «se me contrató para llegar a Caracas, asegurar un aeropuerto y seguir el plan, mi misión era tomar un aeropuerto hasta que pudieran hacer un traslado seguro de Maduro hasta un avión que lo llevara hacia Estados Unidos». Posteriormente, Maduro destacó el arresto de Adolfo Baduel, hijo del ex-ministro de Defensa de Chávez Raúl Baduel, quien actualmente también está en la cárcel. Pocos días más tarde, el Ministerio Público solicitó órdenes de aprehensión contra Rendón, Sergio Vergara y Goudreau por su implicación en el diseño, financiamiento y ejecución de los planes de golpe de Estado. Extrañamente, el fiscal general no mencionó a Guaidó. Esto último hizo enfurecer a la base chavista que pide su encarcelamiento.

La comunidad internacional ha guardado un atronador silencio ante las operaciones paramilitares en Macuto. Los partidos y gobiernos europeos que han apoyado de manera frontal al «gobierno interino» no se han pronunciado. Quienes se consideran demócratas y han empleado grandes recursos del erario público para financiar a los protagonistas de estos hechos no los han condenado. Pareciera que hay muy poca claridad en cuanto a la verdadera situación en Venezuela y muy poco compromiso con el respeto al derecho internacional. En ese escenario de silencio sombrío, la carta de tres senadores demócratas estadounidenses es importante porque es de los pocos pronunciamientos que han llamado de atención a la oposición extremista y a la política belicista de la Casa Blanca. Estos senadores recuerdan que en la ley VERDAD (Venezuela Emergency Relief, Democracy Assistance and Development Act), promulgada por Trump en diciembre pasado, Washington dice que busca «avanzar en una solución negociada y pacífica a la crisis política, económica y humanitaria de Venezuela (…) Los ataques armados, incluso si son realizados por actores independientes, van en contra de esa política (…) incursiones de ese tipo perjudican las perspectivas de una transición pacífica y democrática en Venezuela al insinuar que una intervención armada es una opción viable para resolver la crisis».

Por todo lo anterior, es esencial el papel de agentes de paz internacionales, de negociadores experimentados y de la comunidad internacional en general. Sería extremadamente importante que actuaran para evitar el continuo escalamiento de un conflicto que podría culminar en un escenario catastrófico de guerra civil. El reinicio de las conversaciones en Oslo es fundamental para esta labor. Aunque, eso sí, es imprescindible que la oposición democrática se desmarque del liderazgo belicista que ha manifestado su aversión a los diálogos y que los ha saboteado continuamente. En ese sentido, ha sido funcional a la estrategia del gobierno de usar de manera oportunista estas instancias. La oposición sensata debería pensar en la posibilidad de construir un frente amplio que aglutine a las fuerzas democráticas y constitucionales. Un frente que condene acciones paramilitares y terroristas, y se concentre en la lucha pacífica por la reconstrucción de una República ahogada en una mar de problemas que no paran de crecer.

De no avanzarse en un proceso de negociación que conlleve micro acuerdos humanitarios que conduzcan a un acuerdo político-humanitario a gran escala, el gobierno podría resistir, apelando a distribuciones de alimentos, si bien disminuidas respecto del pasado, manteniendo algunos subsidios e incrementando la fuerza represiva del Estado. El problema es que sin una mejora de la situación económica en el mediano plazo, la economía podría deteriorarse mucho más y una pobreza extendida estructuraría la vida social en los siguientes años.

Economista y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), Caracas.

Fuente:

Nueva Sociedad, mayo 2020
Publicado en Mundo |#c874a5
Miércoles, 20 Mayo 2020 00:00

Hace unos días, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) (www.conveval.org.mx) publicó un interesante estudio titulado La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) en México (mayo 2020) que, en síntesis, advierte que los efectos de la pandemia tendrán un inevitable impacto en la economía, el comercio, el bienestar y las condiciones de vida de la población. Ello se debe principalmente a que “los efectos del desempleo afectarán de manera desproporcionada a los pobres y a los estratos más vulnerables” pues el 70 por ciento del ICTPC (Ingreso Corriente Total per Cápita) de los hogares depende de los ingresos laborales.

El problema es que la mayor parte de las ocupaciones son muy precarias. De esta manera, la parálisis productiva (por la reclusión hogareña) puede llevar no sólo a grandes caídas del PIB sino también a altos niveles de desocupación: pueden desaparecer hasta casi 2 millones de empleos formales e informales que difícilmente se recuperarán, lo que a su vez provocarán un aumento de la pobreza. Los mexicanos en esta condición aumentarían de 61 a 71 millones. Por su parte, la cantidad de extremadamente pobres aumentaría de 21 a 31 millones de personas. Cifras que pueden cambiar de acuerdo con el comportamiento del ritmo económico.

Ante estos escenarios, el Coneval afirma que es necesario diseñar una estrategia para afrontar los efectos de esta emergencia que incluya medidas de mediano y largo plazo, imprescindibles para construir un sistema de protección social que sea capaz de enfrentar eventos críticos como el que ahora padecemos.



El organismo evaluador considera que las previsiones originales del gobierno deben cambiar radicalmente. El crecimiento del PIB previsto antes de la pandemia para 2020; el fortalecimiento del mercado interno como consecuencia del aumento de las transferencias de los programas sociales; los ingresos de las remesas, así como una menor inflación y el aumento del gasto en inversión en infraestructura y sectores estratégicos, son expectativas que tendrán que ser reconsideradas ante la crisis sanitaria y la inminente desaceleración de la economía.

Por lo tanto, afirma, se requieren nuevas medidas no contempladas antes de la pandemia como una pensión universal mínima de retiro e invalidez financiada con impuestos generales. Igualmente, un seguro de desempleo contributivo y una renta básica ciudadana (de cobertura universal) o un piso mínimo solidario (que llegue al menos al 30 por ciento de la población más vulnerable).

Asimismo, aconseja subsidiar parcial o totalmente las cuotas obrero-patronales de la seguridad social a cargo de los empleadores durante los meses de distanciamiento social, e incentivar el empleo temporal mediante programas de gobierno

En el caso de los trabajadores informales recomienda aprovechar el programa de Apoyo Financiero a Microempresas Familiares, ampliando su cobertura de un millón a 2 millones de créditos.

Para apoyar a los hogares propone también subsidios temporales por lo menos durante los meses que dure la emergencia al pago de la energía eléctrica y de los sistemas de agua. Otorgar despensas a las familias de los menores que son beneficiados con la provisión de alimentos en las escuelas, en tanto las clases se encuentran suspendidas. Y cupones para la adquisición de alimentos durante la contingencia sanitaria, como mecanismo para mejorar la seguridad alimentaria de los hogares



Finalmente, el Coneval considera que se deben reforzar los programas existentes anunciados el 23 de abril por el gobierno federal con un nuevo enfoque basado en la pobreza urbana. El costo de este reforzamiento oscilaría entre 294 mil millones de pesos (MMP) y 198 MMP. Es decir, entre 1.21 y 0.82% del PIB. Para financiar estos programas (y eventualmente otros de mayor alcance) considera que es “necesario un estímulo fiscal de un monto suficiente para apoyar los servicios de salud y proteger los ingresos y los empleos”. Y propone una reforma fiscal, la reasignación de recursos que no son prioritarios, y el uso de partidas excepcionales.

En síntesis, el Coneval centra su atención en los daños al empleo urbano (formal e informal, asalariado y por cuenta propia) y sus efectos en el nivel de vida de las familias. Y sostiene que hay que hacer todo lo que se pueda hacer para defenderlos. Hay desde luego otros rubros que deben ampliarse sobre todo en materia de salud y educación, pero lo central, en estos momentos, es defender los trabajos existentes.

El gobierno por su parte, como se ha visto, ha mantenido su programa original pese a la contingencia. No sólo eso. Además, decidió un ajuste al gasto gubernamental. Lo anterior fue ratificado por el presidente en un documento llamado La nueva política económica en los tiempos del coronavirus. Llama la atención que en dicho escrito no se hable de los empleos destruidos por la crisis y se limite a señalar que la creación de nuevas plazas de trabajo dependerá de la industria de la construcción y del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá sin tomar en cuenta otras propuestas y programas, por ejemplo, los que elaboró el Coneval y otras que se han aplicado en diversos países.



Esta desatención no concuerda con la experiencia histórica y lo que se ha aprendido desde la crisis de 1929. Como se sabe, el crack dio lugar a un nuevo pensamiento económico encarnado principalmente en la obra de John M. Keynes. Uno de sus principales biógrafos, Robert Skidelsky, escribió: “En la década de 1930, la Administración de Obras Públicas del presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, financió con recursos públicos la construcción de aeropuertos, carreteras, presas, puentes, escuelas y hospitales. Además, proporcionó directamente empleos a los trabajadores desplazados por las empresas”. Fue Keynes, agrega Skidelsky, quien sentó los fundamentos teóricos para una presencia pública cada vez mayor en las economías de mercado. Argumentó que, en una recesión económica, si el gobierno contrata directamente personas para trabajar, el efecto multiplicador de estos ingresos fomentará también la actividad en el sector privado, y que una política permanente por parte del gobierno para financiar y proteger los empleos atenuaría en gran medida las fluctuaciones del ciclo económico. De esta manera, la política fiscal debería ajustarse a estos objetivos y no al revés, como sucedía anteriormente, cuando se pensaba que el equilibrio debería mantenerse a toda costa.

Skidelsky insiste en que el papel del Estado para crear y fomentar el empleo no ha sido nunca solamente un problema económico, sino principalmente político pues involucra un debate sobre el tamaño del Estado, su papel económico y los recursos que se requieren. Y concluye:

“Naturalmente, los ricos y poderosos generalmente han preferido un Estado limitado que los deja libres para hacer lo que quieran con el dinero y el poder que controlan. Los pobres y excluidos, por el contrario, han recurrido al Estado para protegerlos contra la inseguridad del mercado y las depredaciones de los ricos. Keynes estaba de su lado. Tenía razón al decir que el capitalismo no regulado no garantizaba el pleno empleo ni una distribución equitativa de la riqueza y los ingresos”.

El saber acumulado desde 1929 pareciera darle la razón al Coneval. No sólo se tiene que gastar más (por encima de lo programado y del superávit primario) sino que se requiere proteger, principalmente, el empleo urbano. La diferencia entre una larga y profunda recesión y la posibilidad de suavizar esta curva (como se está haciendo con la epidémica) radica en esta fórmula. Salvar las ocupaciones existentes y fomentar la creación de otras permitirá mejorar la oferta y la demanda. Dejar que se pierdan llevará a un círculo dramático: mayor pobreza y menor crecimiento económico. Una lección que, en estos momentos de emergencia, respaldan el FMI, el Banco Mundial, la UNCTAD-ONU, la CEPAL y todos (o casi) los economistas de diversos centros de estudio.

saulescobar.blogspot.com

(Foto de portadilla tomada de Expansión)

Publicado en Economía
Miércoles, 20 Mayo 2020 00:00

Voces en los días del coronavirus

Susana Tiburcio, activista



¡Por andar en las nubes!

Cómo dice la canción, me caí de la nube en que andaba, y mi despertar fue una cola de cuarenta minutos en el Boulevard Atlixcáyotl. Primero pensé que era un accidente muy fuerte, porque no se veía el inicio de esa cola, y después me di cuenta que era un retén, pero no era un retén para ver si te faltaba verificación, para que soplaras para ver si habías tomado, para ver si llevabas armas, o si tu coche no era robado como acostumbran, no, ¡era un retén para llevarse en grúa a los coches cuya terminación era número par! Hasta ese momento caí en cuenta que era sábado, los sábados no circulan pares, ¡y la placa de mi coche terminaba en 8!

Eso sí puedo decir que muy educados tanto los policías como los de las grúas, después de esperar otros veinte minutos más a que me entregaran comprobantes para que recogiera mi coche en el corralón. un comprobante era de Tránsito y el otro de las grúas Guerrero, pero ¡oh sorpresa!, para poder recoger el coche en el corralón tenías que venir a seguridad pública a la dirección de vialidad estatal para la “liberación” del automóvil, porque eso sí dicen que no hay multa pero te quitan el coche y se lo llevan al corralón y ahí empieza el calvario.

En primer lugar, como era sábado ya era tarde no se podía hacer los trámites de liberación del automóvil, el domingo estaba cerrado, así que sería hasta el lunes cuando podría recuperar mi coche. Aparte de todo tienes que leer muy bien las especificaciones de atrás porque te quitan el coche con toda facilidad pero para que te lo devuelvan tienes que presentar la factura con copia , comprobante domiciliario, identificación oficial con copia y tarjetón con copia o sea la burocracia al cien. Es decir el comprobante e identificación oficial no eran suficientes.



Aparte de todo, me cuestiono si es verdaderamente necesaria esta medida para evitar contagios, ¿por qué el gobernador no se sube a una combi para que vea cómo van?

En las combis, aunque traigan un cubrebocas, puede haber contagio. Me ha tocado ver algunas en la que van como sardinas. Deberían multar a los choferes que suben de más sin dejar lugares de espacio, y deveras crear consciencia en los ciudadanos de no apiñonarse.

¿Por qué parar a una persona que va sola en su coche que no contagia a nadie? En ciudad de México se estableció el no circula para disminuir la contaminación, ¿pero en Puebla?



¿Para prevenir contagios?

El lunes en la 105 Poniente había ya temprano una enorme cola; cuando me di cuenta de que no tenía la factura del coche tuve que ir por ella a mi casa, y cuando regresé a las 10:30 la cola era más grande todavía.

Finalmente se me ocurrió algo que debí haber hecho desde el principio: saqué toda mi parte histriónica, me acerqué al de la entrada y le dije: ¿por qué a mí, que soy de la tercera edad, me están exponiendo?

Peló los ojos, volteó a ver a un compañero y me dejó pasar juntos con otros varios que levantaron la mano y también se dijeron de la tercera edad.

En el inventario que me dieron los de la grúa, venían tres teléfonos, dos de ellos de Nextel compañía que no funciona desde hace años, ninguno contestaba, así que después de preguntar a varios oficiales me enteré de que estaba a un lado del Periférico cerca del Cerezo.

Mi sobrino, con paciencia de Job, me había acompañado en estas vicisitudes, y me llevó. Qué alegría cuando desde el mismo periférico avisté a mi carrito estacionado entre un montón de coches; llegar al corralón no fue nada fácil, puesto que el acceso tenía que ser dos kilómetros adelante en un puente, cruzar hacia el otro lado como si fueras al Cereso y regresar, pasar debajo de otro puente para cruzar otra vez el periférico, seguir por un camino de terracería y, después de preguntar varias veces porque no había ningún letrero, por fin llegamos. Resulta que las grúas ya no eran las Guerrero que aparecían en el membrete del recibo, sino grúas Chanto. Pagué los $1081 pesos y pude pasar a recoger mi querido carrito. ¿De quien será el negocio?

Desde que salí de mi casa en la mañana hasta que regresé pasaron seis horas.

Dicen que es de humanos errar y de sabios reconocer, ¿será nuestro gobernador tan sabio para derogar una ley que no tiene sentido?

Me senté en la sala, me tomé una sangría y pensé en la pandemia, en la forma en que se ha manejado en todo el mundo, me acordé del Hong Kong flu, en el 69, fue una epidemia que llegó también de China a los Estados Unidos. En total fallecieron cien mil personas en ese país y un millón en todo el mundo. Al igual que el virus de Wuhan, era altamente infeccioso y afectó principalmente a los mayores de 65 años con condiciones preexistentes. La población de USA en 1969 era de 200 millones comparada con 328 millones hoy día. Haciendo el ajuste tendrían que fallecer 164,000 personas en esta pandemia para alcanzar al Hong Kong, ningún negocio cerró, los colegios siguieron abiertos, así como los cines y los restaurantes. El famoso concierto de Woodstock de agosto de 1969 se llevó a cabo. Los mercados financieros no colapsaron. El congreso no aprobó ayudas de emergencia y el banco de la reserva federal no tomó ninguna medida. Ningún gobernador obligó al distanciamiento social aun cuando cientos de miles de personas fueron hospitalizadas. Los medios de comunicación cubrieron la pandemia pero no la magnificaron ni fomentaron la histeria actual.

Pienso en nuestro gobierno, en la pobreza estrujante de tantos mexicanos, en aquellos que no están teniendo qué comer porque se quedaron sin trabajo… Pienso en la ignorancia, en la impotencia, pero me acuerdo de que ahora el mindfullness te recomienda estar en el aquí y en el ahora, yo estoy protegida, feliz con mi carrito, sorbiendo mi sangría y solo un poco más pobre tras los 1,081 pesitos que se metieron los de las grúas.

Martes, 19 Mayo 2020 00:00

Mundo Nuestro. Una más de las entregas de las las crónicas de cocina poblana Del fogón a la boca, escritas por el anticuario poblano, experto en arte popular, Antonio Ramírez Priesca. Mirar la ciudad a través de la comida. Saborearla y aprender con ella a conocer la historia que la contiene. Por la historia y por nuestra comida, valorar la extraordinaria ciudad en la que vivimos. Publicadas originalmente en el portal urbanopuebla, las crónicas de Antonio Ramírez Priesca serán reproducidas semanalmente aquí con su autorización.

Del fogón a la boca

Mamá las preparaba mientras nos alistábamos antes de salir a la esquina a esperar el camión que tomábamos para llegar al Colegio y al faltar ella, la bisabuela Valito o Papá después, tomaron su lugar.

La torta compuesta iba desde la sencilla de frijoles con chorizo, de huevo revuelto a la muy elaborada con jamón y queso: todo dependía del tiempo que se tenía para prepararlas, pero sobre todo me imagino, de la previsión diaria para la compra de los avíos.

Las reglas de la infancia en los sesentas del siglo pasado eran sencillas: tus obligaciones incluían estudiar, hacer tareas y atender las enseñanzas de las maestras; tu equipo básico era simple pero muy pesado: una mochila de carnaza con tirantes, para llevarla a los hombros, llena de cuadernos y libros, que cambiabas cada tarde, de acuerdo con las materias que tocaban al día siguiente.

El problema era que la torta, por tanto hurgar por libros, cuadernos y por el estuche de cuero lleno de lápices, gomas y pluma fuente, siempre resbalaba al fondo de la atiborrada mochila.

Durante los primeros años de la primaria, además llevaba conmigo un enorme tintero de vidrio con tapa roscada de metal, que no pocas veces causaba accidentes desastrosos dentro de la mochila.

Sea cual fuere la aventura que a diario experimentaba mi torta dentro de la mochila, no pocas veces apachurrada por el peso de los libros o mojada con tinta azul, a la hora del recreo grande era la heroína máxima de mis ansias: descubrir cual sería el relleno, si le habían puesto alguna rajita de cuaresmeño picosito, si había recibido alguna embarradita de mostaza…porque papá odiaba la mayonesa, así que jamás figuró en la despensa de la casa. Y, sin embargo, mi favorita era la más sencilla: la de mantequilla de rancho espolvoreada con azúcar.

Recuerdo perfectamente que los primeros años extrañaba porqué mis papás nos enviaban a la escuela sin dinero, vaya sin un quinto adicional a lo estrictamente necesario, y que podría habernos dado la libertad de comprarnos en la tiendita del Colegio alguna golosina o una Chaparrita del Naranjo, que tanto nos gustaba.

Tampoco a la salida, cuando abrían las puertas del Colegio y corríamos a tomar el camión de regreso a casa, y donde esta carrera estaba plagada de obstáculos en forma de carritos con paletas heladas y campanitas tintineantes, puestos de papas fritas con picosísimas salsas muy coloradas y toda clase de vendimia propia para los chamacos: yoyos, resorteras, pirinolas, matatenas y demás juguetes infantiles.

¿Y si tengo sed en el recreo, mamá? preguntábamos poniendo cara de intenso sufrimiento ‘Tomas agua de los bebederos, que es agua potable’ contestaba inmutable. ‘La torta compuesta que preparamos en casa, está hecha con lo que tenemos cada día; aquí las preparo para ustedes con cariño’.

Tuvieron que pasar casi cincuenta años, para que reconociera que Mamá evitó que me gustara comer fuera de horario, que aborreciera los refrescos embotellados y que evitara comer antojitos en las calles.

Esto último, sobre todo en las Ferias Populares, no lo cumplo a cabalidad… ¡Charlemos más de Gastronomía Poblana y ‘’a darle, que es Mole de Olla’’! #tipdeldia: Las Tortas compuestas contienen una buena provisión de nutrientes sanos para satisfacer el antojo de los chamacos en las escuelas; evitemos que se aficionen a los llamados alimentos chatarra.

Es muy común encontrar en las tienditas de barrio las ricas Tortas de Agua, para llevarlas a casa y ponerle el relleno al alcance, antes de despacharlos a la escuela.
(Ilustración de portadilla tomada de CONAPRED)
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