Mundo Nuestro. El siguiente texto de la historiadora catalana-mexicana Montserrat Galí Boadella nos permite entender un asunto de fondo que subyace en el conflicto que se vive hoy entre el Estado español y Catalunya, el de la legalidad de un referéndum fundado en el derecho humano de la autodeterminación de los pueblos.

De Montserrat Galí hemos publicado en esta revista el texto

En estas fechas las reivindicaciones políticas y sociales de Catalunya se han hecho visibles ante el mundo. La violencia contra una población pacífica que quería votar el domingo 1 de Octubre ha puesto en evidencia que España, contrariamente a lo que se presume, no ha hecho la transición, no es todavía un país plenamente democrático y mantiene tics autoritarios. El motivo de la brutal agresión a la población, incluyendo ancianos, se debía a que el Estado español, por medio de su Tribunal Constitucional, había declarado “ilegal” el referéndum de autodeterminación convocado por la Generalitat de Catalunya. Veremos este asunto de la “ilegalidad” más adelante.



Reacciones de la prensa internacionl ante los sucesos del 1 de octubre.

La jornada represiva del domingo 1 de Octubre, venía precedida de más de una década de desencuentros graves entre Catalunya y España, que a su vez se originan en desacuerdos de larga duración quizás insalvables. No vamos a detenernos en ellos porque rebasan el ámbito de este ensayo. Más bien vamos a enfocarnos en el referéndum y sus lecciones, porque nos llevan a reflexionar sobre la que para algunos observadores probablemente sea la primera revolución social del siglo XXI.

En las últimas elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, los partidos independentistas ganaron la elección y anunciaron que cumplirían el mandato de los electores, quienes votaron a favor de iniciar el proceso de independencia, que más tarde se decidió refrendar con un referéndum. A partir de aquel momento los partidos dinásticos, como los denomina el Prof. Ramón Cotarelo, declararon que el referéndum era imposible, ilegal y anticonstitucional y se cerraron a cualquier diálogo sobre el tema. El argumento de Rajoy es que la Constitución Española prohíbe la celebración de un referéndum. Algo totalmente falso, ya que como se puede leer en el artículo 92 de dicha constitución los referéndums se celebrarán para asuntos de trascendencia (los hubo para entrar a la OTAN y para entrar a la Unión Europea) pero deben ser autorizados por el Congreso y convocados por el Rey. En resumidas cuentas, hay que llegar a acuerdos, y como dijo Rajoy en cada ocasión: “ni puedo ni quiero”. El Gobierno catalán solicitó el permiso, formalmente, en 18 ocasiones, pero en todas ellas se le negó, sin apelación.

Manifestación el 3 de octubre.

Es comprensible que España se niegue a autorizar un referéndum que busca la independencia de Catalunya. Hay intereses económicos –sin Catalunya la economía española no es solvente- pero también motivos de índole emocional. Para España esto que se llama Catalunya es y ha sido siempre parte de España. Dejando de lado la enorme falsedad de esta afirmación –que ni siquiera vale la pena discutir- resulta evidente que hay problemas graves de convivencia entre estas dos entidades políticas y territoriales. Es, por decirlo de manera llana, un mal matrimonio a la fuerza, puesto que el enlace empezó con el sitio y destrucción de Barcelona en 1714, una fiesta nupcial verdaderamente trágica, seguida de la anulación de la legalidad catalana. A partir de ahí, como en todo mal matrimonio, ha habido momentos de confrontación y momentos de paz o tregua. Pero si una de las partes quiere mantener a la otra y jura y que la quiere y la ama, debe hacer propuestas que convenzan a la parte agraviada que se quiere divorciar. Debe tratar de seducir, ser amable, hacer algún gesto de acercamiento o afecto. No debe amenazar con juicios, cárcel, multas millonarias, penas por sedición y ataques violentos a una población indefensa que sólo quería votar.

Memoria e historia: la prensa franquista celebra la caída de Barcelona.

Para el que no conoce la historia española a fondo es difícil entender la tortuosa relación de España con Catalunya. Atendiendo sólo el siglo XX, daremos algunos ejemplos que descubren las profundas dificultades de convivencia entre españoles y catalanes. Al iniciar la Guerra Civil, ante las demandas políticas catalanas, el presidente Azaña dijo refiriéndose a la “díscola” Cataluña: “Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos. Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar España, prefiero Franco.” Es decir, en este punto no hay izquierda ni derecha, sino un total acuerdo ya que Franco decía lo mismo: “España antes roja que rota”. Actualmente el PSOE y el PP piensan lo mismo. En Catalunya, muy dados a la ironía, esta versión de la historia de España se expresa así: “Lo que más se parece a un español de derechas es un español de izquierdas” (frase del escritor Josep Pla).

Esta visión de la historia de España puede ejemplificarse con otras dos frases célebres. La primera es de Manuel Fraga, ministro de Franco y fundador del PP, quien en 1961 consideraba a Cataluña simple y llanamente tierra de conquista: “Cataluña fue ocupada por Felipe IV (Guerra de 1640); Felipe V (Guerra de Sucesión); fue bombardeada por el General Espartero (1840), y la ocupamos en 1939 (victoria de Franco), y estamos dispuestos a volverla a ocupar tantas veces como sea necesario y para ello estoy dispuesto a coger de nuevo el fusil”. Todavía tenemos versiones más retorcidas obsequiadas por la izquierda de la “transición”: en 1984, Felipe González, en plena lucha contra el terrorismo de ETA consideraba que “El terrorismo en el País Vasco es una cuestión de orden público, pero el verdadero peligro es el hecho diferencial catalán”. El “hecho diferencial”, dicho sea de paso, es el pecado mortal de Catalunya de exigir su reconocimiento como nación.

Con esta frase de Felipe González podemos entrar el tema que nos interesa analizar el día de hoy, y es el nuevo orden internacional que poco a poco se ha ido construyendo a partir del reconocimiento de los Derechos Fundamentales y los Derechos Humanos, nociones que configuran el actual marco jurídico internacional. Un marco jurídico que determina, por ejemplo, que los delitos de lesa humanidad no prescriben. Y si señalamos este delito en particular es porque pone en evidencia que la tan cacareada transición española apenas está en pañales: no se ha castigado a los responsables de los asesinatos de la dictadura franquista (los de los republicanos se pagaron con creces); no se ha abjurado de la dictadura de Franco y por el contrario se mantiene su tumba de manera faraónica en el Valle de los Caídos; se permiten partidos, asociaciones y manifestaciones franquistas y no se han abierto las fosas colectivas con los asesinados durante la Guerra Civil Española. Este déficit de democracia corroe las entrañas de un país que con el referéndum de Cataluña se tambalea.

Una imagen de la represión del 1 de octubre.

Esta falta de democracia se pone en evidencia al descubrir la incompatibilidad de la Constitución Española con el Derecho Internacional actual; y en consecuencia el porqué el domingo 1 de Octubre se confrontaron dos legalidades. La legalidad española trasnochada y la legalidad catalana sustentada en el derecho internacional que defiende su Parlamento. Dos legalidades que a mi modo de ver, después de haber leído numerosos trabajos de juristas, constitucionalistas e internacionalistas de prestigio de numerosos países, se están enfrentando ahora en el problema del referéndum catalán, pero seguirán enfrentándose en lo que viene del siglo XXI en otros países y latitudes. Trataré de presentarlo de manera sencilla:

El derecho a la autodeterminación es un derecho fundamental, y como tal se tiene, no se obtiene ni se recibe. Las personas y las colectividades, sobre todo cuando se pueden definir como un pueblo o nación, tienen derecho a auto - determinarse. Esta noción está plasmada en dos instrumentos legales que España ha firmado y que, de acuerdo con el Derecho Internacional, los países y estados que los han firmado están obligados a respetar y observar. El primer instrumento es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, promulgado en Nueva York el 19 de diciembre de 1966. El rey Juan Carlos, colocado en el trono de España por Francisco Franco, firmó este Pacto en 1977, es decir, un año antes de que se promulgara la Constitución española. El primer artículo de este Pacto dice textualmente: “1. Todos los pueblos tienen el derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo su desarrollo económico, social y cultural.” En el inciso 3 se añade: “Los Estados Partes en el presente Pacto, incluso los que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos o territorios en fideicomiso, promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación, y respetará este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas.” (Se puede consultar en internet).

Movilización estudiantil en defensa de los centros de votación.

El Ministro de Asuntos Exteriores de España firmó el pacto en Nueva York el 28 de septiembre de 1976 y Juan Carlos lo ratificó en Madrid el 13 de abril de 1977, por lo que la Constitución Española (1978) debió recoger este compromiso, de obligada observancia. El propio Juan Carlos, al firmar el Pacto acordó: “Apruebo y ratifico todo aquello que se dispone en él, observarlo y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes.” En consecuencia España está obligada a respetar e incluso garantizar el referéndum catalán. Por si esto no fuera suficiente, la propia Constitución Española en el artículo 10.2 dice: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y los acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España.” En consecuencia el Tribunal Constitucional no puede declarar “ilegal” dicho referéndum.

No quiero extenderme más en este punto, sólo recordar que España volvió a ratificar el derecho de los pueblos a la autodeterminación al ingresar a la Unión Europea y firmar la Carta de los Derechos Humanos de la Unión Europea. En consonancia con estos principios, resulta interesante constatar que en ningún cuerpo jurídico español consta que convocar y realizar un referéndum sea ilegal, por lo que las acusaciones a los más de 700 alcaldes catalanes llevados ante el juez por abrir colegios electorales, o la detención de 14 altos funcionarios el pasado 20 de septiembre –sin mediar orden de aprehensión por cierto-, son fruto de la falta de legalidad del gobierno de Mariano Rajoy. Este gobierno ha amenazado llevar a la cárcel por el mismo motivo al presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont. Sobran comentarios.

Las fuerzas nacionales y la requisa de las urnas.

La Generalitat de Catalunya alega, con toda razón, que ella se atiene a leyes y derechos fundamentales custodiadas por los máximos organismos internacionales, que son superiores a cualquier interpretación de un Estado o gobierno. El enfrentamiento entre Catalunya y España no se trata de un “choque de trenes”, como se dijo durante meses, sino de un “choque de legalidades”. Una legalidad superior, porque se basa en los Derechos Humanos, y una legalidad parcial de un Estado que interpreta a su conveniencia los pactos internacionales y el Derecho; porque las leyes deben apegarse a derecho. Las dictaduras también tienen leyes. Como se vio en España: las leyes de Franco restauraron la casa de Borbón, lo que explica el vergonzoso discurso de Felipe VI después del referéndum, un rey que no se debe a su pueblo ni a los Pactos firmados por España sino a la decisión de un dictador, cuyos herederos directos son los actuales gobernantes en Madrid.

El domingo 1 de octubre vimos como se trató de impedir un acto democrático, votar, usando la fuerza y los recursos coercitivos del Estado. Nos faltan todavía muchas cosas por ver, pero de momento hay algunas lecciones a tomar en cuenta. La primera se expone de manera clara en los numerosos videos que circularon por la red y que se pueden seguir viendo en youtube: la existencia de una ciudadanía, con convicción democrática pacifista, cohesionada, consciente de sus derechos, decidida a defenderlos, todo ello con la más absoluta civilidad, sin la menor señal de violencia. Un acto que hace honor a los postulados de Gandhi. En segundo lugar un movimiento transversal, sin la presencia de ningún partido, un acto de la sociedad civil organizada, consciente, en cuya organización jugaron un papel fundamental las redes, a las que el Gobierno español hackeó ilegalmente. Una sociedad en la que a pesar de la insistencia de quienes la quieren desacreditar, el nacionalismo o el populismo no son los motores del movimiento social. En Catalunya hay un proyecto republicano, y éste consiste en construir una sociedad mejor, más justa e igualitaria.

Mariano Rajoy, en un acto de autismo institucional, afirmó en la noche del domingo que en Catalunya no hubo referéndum. Otros, en un ataque de clarividencia, dijeron que el referéndum no tenía garantías. Es bastante obvio, y todo el mundo lo pudo ver, que el referéndum no fue normal ni tuvo las garantías necesarias: la represión española se encargó de que así fuera, clausurando colegios electorales, secuestrando urnas, hackeando internet y agrediendo ciudadanos. A pesar de ello votaron 43% de los electores, el promedio internacional en este tipo de comicios, y el SI a la república obtuvo el 90%. Se alega que la “mayoría silenciosa” no votó. Esta mayoría silenciosa vive en Catalunya pero no se considera catalana, sólo española, y por lo tanto creyó que era un referéndum “ilegal” que no les concernía, o bien personas que nunca votan o que tuvieron miedo a la represión. Pero los catalanes votaron y como dijo Puigdemont, se ganaron el derecho a ser respetados, oídos y atendidos en sus demandas.

La autodeterminación expresada en el voto.

Nos hemos detenido en estos hechos porque son la parte visible y reciente de unproblema de larga duración poco o mal conocido por los mexicanos. Pensamos que al margen de la simpatía o antipatía que se pueda sentir por Catalunya y sus reivindicaciones políticas, el fenómeno en sí permite reflexionar sobre los procesos que buscan ampliar los derechos sociales y las libertades de la ciudadanía. Porque al margen de las particularidades de Catalunya: su historia milenaria, sus luchas sociales y antifranquistas, su posición progresista y solidaria ante los problemas del mundo actual (pobreza, migración), el espíritu cosmopolita de su potente cultura, el carácter trabajador de sus ciudadanos y otros etcéteras, lo que el mundo ha podido ver desde que hace 5 años iniciara el proceso de autodeterminación, es su inquebrantable compromiso con la no violencia, la paz y la democracia. En el mundo académico que estudia los movimientos sociales actuales o entre los pueblos que buscan su independencia, como son Escocia, Euskadi y Quebec, ya se habla del “modelo catalán” como expresión de las nuevas revoluciones sociales del siglo XXI. En numerosas universidades europeas se están realizando tesis sobre un proceso en el que se conjuga la filosofía jurídica del respeto a los derechos humanos como principio legal, con el mundo de la comunicación regido por el derecho a la expresión y la información, un modelo que deberá determinar nuestro futuro social y ético. No por casualidad un personaje como Julian Assange se ha mostrado tan interesado en el proceso que vive Catalunya.

En memoria de Margarita Alcalá Cruz, Doña Magos (|941-2017)

Murió Doña Magos el viernes 6 de octubre a los 76 años de edad. Ya sus ojos no podrán ver las fechas en alguno de los cabezales de los diarios impresos que todas las mañanas muy temprano le llegaban en montones revueltos y sobre los que se sentaba para observar a su hijo Mario y a sus nietos en el armado de las secciones en el arranque de la jornada de los voceadores en el zócalo de la ciudad de Puebla. Ya no la veremos más en su puesto del portal en la esquina de la vieja calle Maximino, la que ella conoció cuando era niña y su familia ya vendía periódicos y revistas para la grilla y el entretenimiento de la ciudadanía.

Murió Doña Magos y se fue sin que los periodistas para los que siempre tuvo una sonrisa le diéramos un periodismo crítico e independiente, creativo y moderno, capaz de contribuir a la construcción de un mejor país.

No se lo dieron los medios impresos, ni las radios y televisoras, ni los medios digitales que los han sucedido, a pesar de mucha gente buena que ha dedicado su vida al relato la vida nuestra.



La generación del periodismo impreso y el monopolio radio-televisivo le dio a Doña Magos fundamentalmente la versión de los grupos de poder de un régimen a los que sus empresas editoras han estado asociados. Medios que no estuvieron a la altura de las necesidades de transformación democrática que la sociedad requería. Medios que, de hecho, fueron instrumento para impedirla. Medios serviles, correos de élite, y poco más. Medios hoy desvanecidos por la inclemencia de la realidad no lectora a la que contribuyeron a expandir al grado extremo de este analfabetismo funcional que distingue a la sociedad mexicana.

La generación del periodismo digital hoy se autodenomina más libre e independiente, pero está lejos de ofrecer los elementos básicos de una comunicación al servicio de sus lectores, escuchas y televidentes: no describe ni investiga a fondo la realidad, no busca entenderla ni mucho menos se propone ofrecer las alternativas que la sociedad organizada construye para transformarla. Y, lejos de encontrar mecanismos sanos de financiación desde sus audiencias, sigue como siempre y en la mayoría de los casos, sometida a las facturas que logre cobrar en las dependencias gubernamentales. Y peor aún, vive ahogada en los mentideros de la columna política, el género que explica –por la extorsión y la sujeción a nuevos y viejos grupos de poder— la sobrevivencia de buena parte de ellos.

Nunca hablé de esto con Doña Magos. Platicaba con ella un minuto o dos, siempre a la carrera, con la misma prisa con la que los transeúntes pasaban sobre las primeras planas de los diarios, sin comprarlos, y que ella meticulosamente ordenaba desde las siete de la mañana a los pies de su rincón de papel en el que transcurría su jornada. ¿Cuántos periodistas habrá visto pasar frente a ella? ¿En cuántos habrá encontrado en los ojos el brillo apasionado por el conocimiento del mundo, las ansias por contarlo?

Entre gitanos no se leen las manos, se dicen en el gremio.

Ya no está Doña Mago. Se llevó con ella su propia historia. Y su sonrisa para desafiar el día, contra todos los pesares que en letras negras amanecieran con ella.



Yo asumo mi responsabilidad en lo que me toca en la construcción de esta mala trama de prensa que tenemos en Puebla. E intento contribuir con un periodismo que tiene en la crónica y la investigación sus instrumentos para describir, comprender y proponer en el día a día la construcción de una sociedad más justa, democrática, entrañable y divertida.

Se lo debo a Doña Magos.

(La foto de portadilla fue tomada de El Sol de Puebla)

(Las fotografías históricas que acompañan este texto fueron tomadas del libro "Puebla, algunos capítulos de su historia educativa/De la Independencia a la Revolución", de Estela Munguía Escamilla, Ediciones de Educación y Cultura/BUAP, 2010.)



Los edificios históricos no son más que el reflejo del sueño de una época convertido en un espacio específico, para una función determinada, realizada claro está por seres humanos. La arquitectura cobra sentido entonces no sólo por lo que se conoce como estilo o por su grandilocuencia, sino fundamentalmente por la interrelación entre el espacio y el uso que esas personas le han dado o le darán. La función de un edificio es entonces parte fundamental de su carácter histórico.

Por ello resulta fundamental que las escuelas decimonónicas de la ciudad del Puebla dañadas por el sismo, hasta donde sea posible no sean demolidas, sino restauradas y nuevamente habilitadas para su función educativa. Esa es la demanda central de maestros, alumnos y padres de familia de entre otras la Escuela Leona Vicario, La Fragua y la Escuela Héroes de la Reforma. Tan sólo un día después del terremoto, por ejemplo, de manera espontánea, cientos de alumnos irrumpieron la sobriedad del edificio porfiriano de la Escuela Primaria Leona Vicario, para entablar un diálogo con la misma en sus propios muros exteriores, con mensajes como:

“Me has enseñado muchas cosas, amor y a superarme, gracias Leona Vicario”, “La vida es el descubrimiento de lo que somos, de valores que forjaron nuestras vidas y pueblos y naciones que engrandecen con orgullo tu nombre “Leona Vicario”, gracias por todas las generaciones que albergaste” Edith V.V., “Gracias por cada momento que me degaste vivir en tus instalaciones, por todas las generaciones que albergaste, por los mejores amigos que me diste, te llevaré en mi corazón” Tiffany Cortés., “Sigue luchando Leona Vicario, te amamos,” “Love, la escuela Leona Vicario nos ha enseñado que ella es muy importante para todos y que la queremos con todo el corazón, está escuela va a salir adelante porque nos ha enseñado que nos necesita y nosotros a ella, aunque la construyamos de otra manera, aunque sea diferente va a seguir siendo la Leona Vicario.”



De esa declaración de amor y respeto por la escuela, los estudiantes pasan al agradecimiento a los maestros, los gratos momentos ahí vividos, la demanda al gobierno de la reconstrucción.

Dicen:

“Gracias a todos los profesores y hasta a la directora, siempre estarás en mis recuerdos Leona Vicario, mi escuela querida, tan fuertes eran tus muros,” “Gracias gobierno, nos dejaste sin escuela.” “Por favor, queremos más generaciones de seres educados y con educación de calidad y amor,” “Gracias por todas las experiencias vividas, por los buenos maestros y los aprendizajes, gracias a los maestros,” “Fueron los mejores momentos de mi vida,” “Gracias a todos por compartir risas y llantos, todos somos leones.” 2 A, “Cuando subía y bajaba las escaleras ahora serán viejos tiempos.”

Como se deduce de estos escritos compartidos, entonces, la escuela es algo más que un edificio, se trata fundamentalmente de un espacio compartido.

Lo mismo puede decirse del clamor de los padres de familia afuera de la escuela Héroes de la Reforma. Cierran la 11 Sur para exigir el restablecimiento de la escuela, un diagnóstico arquitectónico y la presencia del gobernador. Exigen ser ser atendidos por las autoridades, y estos son sus reclamos: “Nuestra escuela es patrimonio de la UNESCO” “No demolición, queremos restauración,” “Dictamen honesto, ”Desde hace dos años el gobierno nos quiere quitar la escuela,” “No hay ninguna reparación en ningún lado, nomás se toman la foto y se van,” “Queremos a Tony Gali, queremos a Tony Gali.”

AUDIO: PROTESTAN PADRES DE FAMILIA CONTRA LA SEP EN LA HÉROES DE REFORMA

Un clamor, el de la educación pública eficiente que coincide justamente con los motivos que datan desde la república restaurada, por los que se construyeron dichas escuelas.

El pasado hecho presente

Para ello vale la pena aquí asomarnos al pasado que ahora se hace presente. El 15 de julio de 1867 entró Juárez a la ciudad de México, sólo unos meses después integró la Junta de Instrucción Pública para discutir las condiciones de la Ley de Instrucción. La Ley Orgánica se estableció el 2 de diciembre de 1867, exponía que la educación primaria era obligatoria para todos los niños, a partir de la edad de cinco años; a los padres de familia que no cumplieran con esa disposición se les impondría una multa o severas sanciones. También se instituyó educación gratuita para los pobres, que debían pagar los ayuntamientos. Además con la ley no se incluiría enseñanza religiosa en los programas de estudio, con excepción de algunos colegios particulares, que daban catecismo.

A partir de entonces en Puebla se aplicaron las leyes juaristas y se fundaron diferentes instituciones educativas. De inicio el gobernador Ignacio Romero Vargas (1869-76), confió la reforma de la instrucción primaria al educador alemán avecindado en Puebla, Gustavo P. Mahr. En 1870 Puebla contaba ya con mil escuelas, número muy alto para la época, la mayoría en la capital del estado y el distrito de Zacatlán. Pero en lo que se refiere a la educación pública en la ciudad de Puebla sólo funcionaban seis escuelas para niños y seis de niñas: en 1874 las de los niños permanecieron igual y las de niñas pasaron a ser siete.

Por su parte, durante la administración del gobernador Juan C. Bonilla (1877-1880), se estableció en 1877 la conocida como Ley de Instrucción Pública, que decretó la educación primaria pública y gratuita para todos los habitantes del estado. Con anterioridad a dicha Ley las escuelas primarias del estado sólo se habían establecido en haciendas y rancherías. Pero ahora el poder ejecutivo estaba obligado a establecer y sostener escuelas en número suficiente y dotarlas con los útiles necesarios de acuerdo al objeto de la enseñanza. Dicha ley ordenaba que las escuelas de instrucción pública fueran sostenidas por los ayuntamientos, con fondos municipales especiales.

En 1888, gracias a ese impulso, la población escolar fue de 71, 311 alumnos, con 950 escuelas primarias oficiales y 145 particulares, el 9.90% de la población del estado. A su vez, para cumplir con la demanda de maestros, se establecieron las escuelas Normales. En Puebla hubo dos, una para profesoras, inaugurada en 1879, y otra para profesores, establecida en 1880.

Posteriormente, en 1908, la responsabilidad educativa pasó a ser responsabilidad del gobierno del Estado, que se enfrentó con el problema entre otros de la falta de espacios escolares de acuerdo con la educación científica que deseaba impartir. Fue entonces cuando el gobierno consideró necesario crear locales propios. Para ello primero adquirió las casas número 9 y 11 de la calle de las Recogidas Viejas, hoy 5 de mayo 1800 y expropió la número 13. De igual modo cumplió los compromisos previamente adquiridos por el ayuntamiento municipal con los ingenieros Santa Cruz y Oliver, en las casas número 1 de la calle de Quintanilla, hoy avenida 5 poniente 907 y 909, del nombrado Instituto José Manzo, hoy Leona Vicario, formado por una escuela para niños, otra para niñas y una para adultos. Los planteles antes mencionados fueron construidos entre 1905 y 1908, año en que los inauguró el presidente Porfirio Díaz. En la capital poblana, la primera escuela primaria establecida dependiente del gobierno fue la escuela José Lafragua, hoy también afectada por el sismo. En 1908 había en Puebla 32 planteles de instrucción primaria oficial; en 1912 eran 28; en 1913 29 y 34 para 1914. A nivel nacional, entre 1909 y 1910 hubo 901,000 alumnos, contra 227,500 en 1878, con lo que se inició el combate al analfabetismo, que todavía en 1910 era del 78.5% de la población.

Son las escuelas decimonónicas de Puebla, entonces, testigos del establecimiento de la educación laica y gratuita; del inicio de la lucha contra el analfabetismo en un país emergente. Principios que serían retomados por la Constitución de 1917 y los gobiernos post revolucionarios.

Por ello nada más elocuente que las líneas escritas con plumón en el muro resquebrajado del otrora colegio José Manzo, hoy la Leona Vicario, sobre la que de un jalón el gobiernoya había decretado sin más su demolición, y cuyo destino por lo pronto es incierto:

La vida es el descubrimiento de lo que somos, de valores que forjaron nuestras vidas y pueblos y naciones que engrandecen con orgullo tu nombre “Leona Vicario”, gracias por todas las generaciones que albergaste” Edith V.V.

Del absurdo cotidiano

El blog de Ángeles Mastretta en la Revista Nexos

Los conversadores nos descubrimos hasta por teléfono. Yo sé de una mujer que en busca de una clase marcó un número equivocado y dio con una conversación en caída libre que empezó más o menos como sigue:
–¿Es ahí donde dan clases de gimnasia?–le dijo al hombre que levantó el auricular al otro lado de la línea.
–¿Usted quiere tomar clases de gimnasia?–le contestó una voz de animal fino.
–¿Por qué me lo pregunta como si lo dudara?–dijo la mujer.
–Porque cuando uno quiere tomar clases de gimnasia marca el número del lugar donde dan clases de gimnasia.
–¿Entonces no es ahí?
–¿Donde damos clases de gimnasia? No. Pero ¿usted por qué quiere tomar clases de gimnasia?
–Porque me están engordando las caderas.
–¿De verdad?
–Aunque usted no me lo crea.
–¿De dónde saca que yo no se lo creo?
–De que ustedes los hombres nunca nos creen a las mujeres cuando decimos que nos están engordando las caderas.
–Yo a las mujeres les creo todo lo que dicen.
–¿Es usted gay?
–No, pero podría yo ser.
–Se atreve a decirlo. ¿De qué planeta viene?
–Del único que usted y todos los demás tenemos la fortuna y el infortunio de conocer.
–Es bonita la Tierra ¿verdad?
–Menos cuando se vuelve horrible.
–Sí. A veces se vuelve horrible.
–¿A usted lo han asaltado?
–Todavía no. Pero ha de ser cosa de tiempo. Ya ve que últimamente el que no viene de un asalto va a un asalto. No se puede ni hablar de otra cosa.
–Hay quien habla de política–dijo la mujer.
–O de horrores. De lo que ya no habla mucho la gente es de amor. ¿No se ha fijado que hasta las telenovelas están abandonando el amor como tema central?
–No veo telenovelas–presumió la mujer.
–¿No ve telenovelas? ¿Cómo es que le han crecido las caderas?
–Me gusta demasiado lo dulce. Le pongo tres de azúcar al café. Me fascinan los tlacoyos de haba, las papas a la francesa, el pollo empanizado, los gusanos de maguey, la leche sin descremar, los quesos fuertes, el pan del que me pongan enfrente.
–Son una delicia los panes y el azúcar.
–¿Le parece? Dicen que esas cosas nos gustan más a las mujeres ¿Está seguro de que no es gay?
–Nunca hay que estar seguro de eso. Hay ratos en que me comería a besos a un hombre. Aunque siguen siendo más frecuentes las veces en que me comería a besos a una mujer.
–¿Por qué es más fácil?
–Nada es fácil con ustedes las mujeres.
–Vendernos cosas es fácil.
–Viera que no. Se lo digo yo que soy vendedor.
–¿Qué vende usted?
–Departamentos en condominio.
–De verdad. Yo me quisiera comprar uno.
–Tengo uno de ciento veinte mil dólares.
–Por eso le dije: quisiera.
–¿Cuánto tiene usted?
–Nada. Qué importa.
–Importa donde lo dice en ese tono.
–No me hable usted como mi papá.
–Que más quisiera yo que hablarle a una mujer como su papá.
–Pues usted habla como mi papá.
–Y usted habla idéntico a una novia que me quitó el sueño durante todos los años de carrera.
–¿Se casó con ella?
–No.
–¿La extraña?
–Sí.
–Dice una amiga mía que el amor de nuestra vida siempre es con el que no nos casamos. Yo digo que es porque en lugar de pedirle al cielo que nos calláramos se fue a otra parte para no oírnos. Siempre es más agradecible. ¿No cree?
–No sé bien qué creo.
–¿Me cree si le cuento un prodigio? Mi vecino dió con una mujer de la que estuvo enamorado cuando tenía quince años y a la que aún no podía olvidar a los cuarenta.
–Ya sé. Y cuando la vió se preguntó cómo era posible que hubiera estado perdiendo su tiempo en recordar a alguien que estaba así de gorda y arrugada.
–No. Ahí es donde aparece el prodigio. La vio y todo en él la quiso con más fuerzas que nunca.
–Y cada uno fue con su pareja y le dijo: encontré al amor de mi vida y ya me voy.
–No. Tú si que has visto telenovelas. Cada uno se quedó casado con quien estaba casado. Sólo se encuentran cada mes un lugar distinto.
–Eso es como de película francesa.
–Es mejor. Porque aquí hay sol y todo pasa más rápido.
–¿Ni siquiera han tenido el mal gusto de poner un departamento?
–Créeme que ni eso.
–Con razón no vendo condominios. ¿Me hablaste de tú?
–Es que hablas como mi papá.
–¿Cómo hablaba tu papá?
–Así–dijo mi amiga–con la seguridad de que todo lo importante ya estaba dicho. De modo que uno podía hablar sin tregua ni recato de todo lo trivial como si fuera muy importante. Me tengo que ir. Van a venir por mí.
–¿Cuál es tu teléfono?
–Uno que siempre está ocupado.
–¿Lo podrías usar para volver a llamarme?
–No sé qué número marqué.
–El de la gimnasia.
–¿No dijiste que ahí no dan clases de gimnasia?
–Ya no dan, pero dieron. Ahora estoy adatando el lugar para que sea oficina.
–¿Oficina para vender condominios?
–¿Qué quieres que haga? Estudié ingeniería y me gustaba la literatura. He tenido que acabar trabajando en algo más cercano a los sueños que a los cálculos. ¿Tú en qué trabajas?
–Otro día te digo.
–¿Me llamarás?
–Cuando tenga para el condominio.
–Puedo buscarte uno a plazos.
–Quieres decir, de plazos hasta siempre. No me interesa.
–Tonta. No hay como las cosas a largo plazo.
–Adiós.
–Si me llamas mañana te cuento una historia–dijo el hombre con una sonrisa que ella casi pudo ver.
Por supuesto, mi amiga quiso llamar. Ahora, se hablan a diario para contarse cosas entre las cinco y las seis de la tarde. Se conocen mejor uno al otro de los que los conocen sus parejas, sus hijos, sus padres, su fantasía de sí mismos o su espejo.



Jueves, 05 Octubre 2017 00:00

Moscú, 1917: la revolución perdida

Moscú, 1917

Moscú, 1917:la revolución perdida

En octubre de 1917, Rusia entró al túnel de la historia. El asalto al poder de los bolcheviques dejó atrás la tiranía de los zares y abrió la dictadura de los soviets. El eco de aquel terremoto fue inmediato, y dejó sentir su rigor y su furia desde los primeros días en todo el mundo.

Ofrecemos aquí una pequeña historia del asalto bolchevique al cielo y el relato de sus ondas concéntricas, tal como se reflejaron en la prensa de Estados Unidos, México, España, India e Italia.

Moscú: El sonido y la furia

Rodrigo Negrete

La revolución rusa en la prensa mexicana

Carlos Illades

Estados Unidos ante la Revolución de Octubre

Andreu Espasa

España roja

Alejandro Estrella González

La reverberación rusa

Vicent Sanz Rozalén • Steven Forti

Los soviets y Mahatma. India (1917-2017)

Daniel Kent Carrasco

che-guevara

Mundo Nuestro. ¿Habrá una figura más nítida para hablar del materialismo histórico que la imagen de un excusado? Pues esa es una de las preocupaciones del Che Guevara justo en el arranque del la revolución cubana hecha gobierno: ¿qué hacer con la única fábrica que los fabrica en Cuba y que es controlada por mexicanos? Para la memoria de un personaje fundamental en la historia del siglo XX latinoamericano, vale esta versión bien humorada sobre Ernesto Che Guevara cuando se cumplen 50 años de su asesinato en las montañas de Bolivia.

El texto de Leopoldo Noyola Rocha "Los excusados del Che/Entrevista con el Ingeniero Luis Méndez Izquierdo", que presenta la edición 108 de la revista Elementos de la BUAP, ofrece un momento de la vida del Che Guevara justo en la coyuntura del triunfo de la revolución que se hace del poder en aquella noche del fin de año de 1958. Luis Méndez es en ese momento un ingeniero mexicano que ha puesto una fábrica de excusados y azulejos en los últimos meses de la dictadura de Fulgencio Batista. Esta entrevista-crónica nos acerca a la figura mítica del Che Guevara justo por la puerta trasera de la revolución cubana, y no lo hace desde la seriedad del análisis histórico-ideológico que proyecta los sueños de redención de los proletarios de América Latina, sino desde la mirada cálida y jocosa de un mexicano al que le hizo, literalmente, justicia la revolución.



"Cuando me reuní con el comandante Guevara en la fábrica me pareció un muchacho completamente ignorante de lo que era la cosa industrial, fuimos a la parte alta y se le ocurrió preguntarme por un tinaco: ingeniero, ¿y eso qué es? Es un tinaco, para el almacenamiento de agua. Ni idea."

En qué momento la memoria importa, cuándo dejan de ser interesantes los recuerdos para los lectores en la hambrienta dinámica cotidiana de las redes sociales y la expansiva multimedia que comunican lo pensable y lo impensable. Esta entrevista inédita fue realizada en abril de 1999 en la terraza de un enorme jardín de Cuernavaca perteneciente al ingeniero civil Luis Méndez Izquierdo, constructor de decenas de puentes y carreteras mexicanas en los años cuarenta, entre las que destacan las primeras vías modernas y puentes hacia el sureste mexicano. El ingeniero Méndez, en ese momento retirado, era una fuente inagotable de historias y vivencias de un México que, en efecto, ya no existe, pero cuya sustancia revela los detalles que los interesados en la historia y la memoria desconocemos porque no están escritos en ningún lado. En su enorme menú memorioso el ingeniero podía hablar de su familia, pues fue hijo de Federico Méndez Rivas Echenique, un militar porfirista condecorado de cadete por el mismísimo don Porfirio según cuenta la fotografía que Gustavo Casasola incluyó en su Historia gráfica de la Revolución Mexicana, 1 misma persona que diseñó y construyó el edificio obregonista de la Secretaría de Educación Pública de la calle de República de Argentina,2 en la Ciudad de México, y también el mismo al que José Vasconcelos agradece por sus ayudas en su huida postelectoral de 1929, casi con el mismo entusiasmo con el que agradece a su amigo Joaquín Méndez Rivas, poeta, escritor, locutor y primer egresado de la Escuela de Derecho, hermano de Federico y tío del ingeniero. Otras sabrosas historias fueron sus andanzas con Lázaro Cárdenas del Río en obras michoacanas, ya como expresidente; o en la selva tabasqueña o en las interminables historias de ingenieros y peones, de ingenieros y políticos, de ingenieros y clientes singulares, como la historia elegida en esta ocasión. Es interesante también porque tiene que ver con ciertas cosas que han ocurrido recientemente en el mundo, como la muerte de Fidel Castro y la inevitable obsolescencia de su hermano Raúl que más pronto que tarde deberá abandonar el poder, escribiendo un punto y aparte a la revolución cubana. Los hechos que se narran aquí ocurrieron en los meses previos y posteriores a la revolución de ese país, circunstancias agridulces para sus actores que como accionistas de una fábrica de excusados en La Habana defendían sus intereses ante un gobierno empírico y desorientado. Una historia del Che, más que de Fidel, recordada por un hombre común sin otra intención que la de recordar, a pregunta expresa de un curioso.

LA ENTREVISTA COMPLETA EN REVISTA ELEMENTOS



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Miércoles 21 de septiembre. Cae el día en el pueblo. A la hora incierta de la luz en el poniente Chietla sigue sacando escombro de las casas. Las manos de chango y los camiones materialistas trajinan ahí donde las montoneras son tales que impiden todo tránsito. Todavía pasarán días enteros sin que las familias sepan cuál será el destino final de sus casas.

Estos retratos guardan el momento. Al interrogante por el futuro, sin embargo, añaden la memoria. Y por ella a la ruta hacia una historia que merece contarse.



Soledad y Filogonio

Filogonio mira jugar a sus nietos en el jardín, al fondo de una casa grande, sobreviviente del terremoto con todo y sus adobes y sus concretos acumulados en una construcción abigarrada por dentro pero hermosa por fuera, que ahora evalúa un grupo de arquitectos.

La casona de Soledad Anzures Vázquez en la calle de Guerrero 24 es de las más viejas en Chietla. 200 años le calcula su marido Filogonio Jorge Cabrera Campos. Nombres largos los suyos, como los años de este edificio de dos pisos con muros que rebasan el metro en su planta baja. El techo se mira entero, con sus fuertes vigas de mamey, en el mejor estilo de las construcciones en este pueblo. Las grietas se ven en el segundo piso, al que le plantaron una losa enorme que lo cubre por completo, en un ejemplo fiel de las modificaciones que la gente ha hecho en sus casas a lo largo del tiempo.



Filogonio acompaña a las arquitectas Karla González, egresada de la BUAP y empleada de la empresa COADUVE Construcciones, y Diana Ortega, supervisora de obras en el ayuntamiento de San Pedro Cholula, quienes han llegado hoy a Chietla por su cuenta a colaborar en la evaluación de las afectaciones provocadas por el sismo.

“Tenemos que ver qué tan afectado quedó el muro –dice Karla en la azotea, y confirma lo que los arquitectos traen a flor de boca--: cada sistema funciona distinto, y aquí han metido la losa sobre el adobe… Es muy difícil hacer un diagnóstico. Y si usted ve, la humedad en las paredes también ha hecho su parte.”

Qué difícil hacer un diagnóstico. En eso medita Filogonio, pero no lo veo muy preocupado por la plática con las arquitectas, sobre todo si en la planta baja tratas de abarcar con la vista los enormes muros.

“Mire –me dice la señora Soledad mientras arriba las arquitectas y su marido continúan con la evaluación de los daños--, ya vino mi pastor, él es arquitecto, y ya nos dijo, no se preocupen, poco a poco recuperaremos la casa…”

El pastor. Soledad es cristiana. Y por esa ruta me explica su tranquilidad:

“El corazón debe ser de sangre, no de piedra…”

Esa frase me dijo Soledad.

“Esta es una casa de oración, señor. Por eso no tuve ningún temor. Simplemente cubrí a mis nietos y me dije ‘no va a pasar nada’. Esta casa es muy vieja, y aquí vivimos desde 1957, el año en que mi papá la compró. Él era comerciante ambulante, iba por los pueblos con su camioneta, vendía tinas, cubetas, bacinicas, molinos, vajillas, licuadoras. Así se hizo de esta casa. También era cañero, y antes de eso, sembraba jitomate, cebolla, melón, frijol… Pero a últimas de su vida, pura caña, como todas estas tierras. Y aquí murió. A sus 86 años, me dijo, ‘hija, yo vi nacer, te amo…’, y en mis brazos quedó. Nuestra familia viene de lejos, a mi abuelito lo trajeron de España a los siete años de edad, creo que para que no se lo llevaran a la guerra de África, no sé, pero por él aquí estamos.”

Baja Filogonio con las arquitectas. Sus nietos, despreocupados, siguen en el juego.

Las García

Magdalena y María de los Ángeles Cortés García son hijas de Juanita García, y las tres han perdido sus casas en la calle Victoria, a una cuadra del zócalo de Chietla. Juanita y Magdalena son vecinas, sus casas han compartido el muro medianero que este martes se derrumbó por la mitad. María de los Ángeles vive en la esquina, al otro lado de la calle. En la calle han dispuesto sus haberes, a la espera de llevarlos a algún lado, asunto que ahora no tienen resuelto. Y no son sus casas, las tres le rentan a una familia que vive en Guadalajara y que les cobra 1,500 pesos mensuales por vivienda. Desde hace 21 años.

Ahora todo lo resume Magdalena en una frase: “Van a demoler toda esta calle, desde allá, desde las casas grandes que dan al zócalo.”

Y remata María de los Ángeles: “Así es, señor, van a demoler todo lo que es el centro…”

Ahí están reunidas afuera de la casa derruída, las cuatro generaciones de mujeres chietlecas, las García.

Magdalena y María de los Ángeles viven de vender picaditas y quesadillas en el puesto que plantan en la esquina todas las tardes. Una semana trabaja una, otra semana la otra. Ahora todo está en entredicho. Y a pesar de ello, sonríen y platican con el extraño que les ha sacado plática. Por lo pronto no piensan en lo que será de sus cosas que han sacado a media calle. Piensan en sus hijas: “La escuela, señor, qué van a hacer las autoridades, los baños quedaron destruidos, no podemos mandar ahí a nuestras hijas.”

Luego me dicen: “Si viene mañana a medio día, puede probar nuestras picaditas, nosotras aquí estaremos.”

Migrantes

Juan e Isaac Cortázar Gutiérrez viven en New Jersey desde hace más de veinte años. Su trabajo en una plantación industrial de árboles en el campo les ha servido para construir sus casas en Chietla a la manera moderna. El temblor no les dejó buenas noticias.

Las dos casas se distinguen del conjunto por un hecho simple: no son de adobe. Las dos lucen sus dos plantas en un entorno de casas bajas. Pero las dos tienen dos cosas más en común: no están habitadas y no les ha quedado un muro sano en el segundo piso. Sus cuidadores ya les han mandado a los señores Cortázar una buena reseña fotográfica del estado en que quedaron sus viviendas. Uno de ellos se enterará de que tres de los gallos de pelea del grupo que en diez o doce jaulas vive en el segundo piso de su casa se encuentran entre las únicas tres pérdidas de vida en Chietla.

Recorro la casa de los gallos en la calle de Independencia esquina con J.O, de Domínguez. No hay un muro vivo

Pedro Rodríguez es el cuidador de la otra casa de los migrantes Cortázar, en la calle J. O. de Domínguez. A cambio le han permitido ocupar como oficina de Alcohólicos Anónimos la planta baja de la casa ubicada en la calle de Doña Josefa. Es el grupo “Tres Legados”, me dice mientras me permite ver el estado en el que quedó la casa. En una esquina de la habitación a la entrada están los retratos de los dos norteamericanos fundadores de esta asociación que establece 36 principios, con doce pasos de recuperación, doce tradiciones y doce conceptos de servicio que dan cuerpo al programa. Hoy no habrá reunión, pero para mañana aquí estarán conversando los miembros del grupo que encabeza Pedro desde hace años, cuando decidió de dejar la copa.

A la vuelta de la casa que cuida Pedro, sobre el muro en un costado de la iglesia de San Agustín, han pintado esta consigna:

“La fe es el medio para conocer lo que no vemos.”

Un hombre viejo

No hubo manera de comunicarse con él. A sus oídos sólo llegan murmullos inasibles. Pero él pregunta por un marro. Ha venido al pueblo en busca de un marro. No necesita por lo pronto algo más. No pide que un especialista haga una valoración de su casa. Ha aprovechado para que en la clínica improvisada en una carpa en el zócalo ausculten su pecho y le hagan preguntas que él se encarga de no responder. Luego ha ido al sitio en el que se acumulan víveres y otros enseres, palas, picos y marros, por ejemplo. Él pide un marro. A gritos acaban diciéndole que no pueden dárselo. Él no entiende porqué. Yo tampoco.

Ochoategui

Rocío Burgos Ochoategui es una reconocida psicóloga en la ciudad de Puebla. Su apellido paterno la liga a Chietla y a la casona en la esquina de la calle Morelos y Vicente Guerrero. Ella y su familia han organizado ahí un centro de acopio para distribuir en el pueblo toda la ayuda que en relación con la Volkswagen ha logrado traer desde la ciudad de Puebla. Por fuera la casa no se ve maltrecha. Por dentro los daños son manifiestos. Rocío afirma sin más que la casa entera tendrá que ser demolida.

La casa rompe con lo que he visto en Chietla. La construcción no, pues como la mayoría está fundada en adobe y techos con vigas de madera de mamey. La bóveda catalana ha resistido muy bien. Desde el jardín, frente al ángel en bronce y el árbol de tamarindo uno puede imaginar que la catástrofe no ha caído encima sobre el pueblo.

¿Entera?, le digo. Me lleva entonces a las habitaciones que esta misma mañana han terminado de limpiar de escombro. Los boquetes en los muros. Las grietas abiertas de lado a lado. Los candiles que se vinieron abajo.

No es fácil averiguar quién construyó esta casa. Pero en el pueblo recuerdan que un señor Ochoategui llegó un buen día vendiendo máquinas de coser, y pronto se estableció en Chietla. Familia de comerciantes, entonces. En el pueblo también se acuerdan de las hermanas de aquel hombre, conocidas como las Pepitas, quienes no se quedaron ociosas, pues establecieron una academia de corte y confección. Y una tienda de abarrotes. Y más, una funeraria. Con el tiempo la familia puso un hotel, el San Francisco, que hasta la fecha da servicio.

La de los Ochoategui es una casona de las viejas. Y la familia es de los apellidos rancios en el pueblo. Se reúnen en ella de cuando en cuando, para las festividades. Unos vienen de Puebla, otros de México. Rocío Burgos menciona a un tío suyo magistrado, un hombre que ha hecho mucho para el mantenimiento de la casa.

Pero ahora la palabra demolición se cierne sobre ella.

Dos tierras

Rubén Márquez, de oficio mecánico automotriz, observa el movimiento de un grupo de voluntarios desde la esquina de su casa. A las 3 de la tarde el calor arrecia, y no deja de ser cómica la carrera que traen a esa hora los jóvenes enfundados con palas y picos por la calle de Morelos. No se deciden y van y vienen y no salen de la esquina de Morelos e Iturbide.

“¿Dónde fue el derrumbe?” “Que está atrapado un anciano.” “Que por el rumbo de la clínica del Seguro.” “No, que fue atrás de la Iglesia.”

Por fin arrancan en un solo cuerpo hacia el zócalo, pues se han decidido por el rumor que los dirige hacia la iglesia. El mecánico Rubén y el arquitecto Efrén Meléndez Balbuena opinan que es mejor ir a ver si es cierto el motivo del ajetreo brigadista. Con ellos descubriré que Chietla tiene dos tierras: la barrosa, en la que se planta el pueblo viejo, desde el zócalo por toda la calle Vicente Guerrero que corre de norte a sur y desde la que se desplanta la cuadrícula de calles hacia el poniente, y que concentra la mayoría de la casas quebradas; y la del cerro, que ya contiene al templo y un conjunto de casas construidas sobre un durísimo tepetate y que no han resentido mayormente el sismo.

El templo de San Agustín, el más antiguo, justo por la llegada primera de los misioneros agustinos en el siglo XVI, se puede ver rajado su frente desde la entrada de un callejón sobre la calle Iturbide. Imposible acercarse: está cerrada la puerta de herrería en el arco de acceso. Sólo me queda la frase de Rubén que acompaña a cualquier chietleco cuando se refiere a esa vieja iglesia: “Dicen que hay un túnel que va a dar hasta San Francisco, pero aquí nadie lo ha visto…”

En la calle Victoria que lleva directo al zócalo desde la entrada al pueblo por el rumbo de Atencingo y la carretera federal, la vista es demoledora: los montones de escombro que la gente y los voluntarios sacan a la calle de cada casa. No hay una de la que no broten muchachos con botes y carretillas. Y soldados, también ellos sacan la casta. Nada sacan de la antigua arrocera, cuyos muros de piedra han resistido y permanecen en el abandono de décadas. Tampoco en el cine Carmela, igualmente cerrado y sin que alguien recuerde cuál fue la última película que programó. Hay pasados que ocurrieron hace tiempo en Chietla a los que el sismo ha respetado en su irremediable olvido.

La calle Victoria termina con dos casonas que hacen esquina con el Zócalo. Las dos están quebradas y la amenaza de picota es incuestionable, a pesar de que están en el registro que el INAH tiene de los monumentos históricos. El balcón en esquina de una de ellas es evidencia de su antigüedad. Ahí estaba el hotel Víctoria en la planta alta, y en la baja una de las tiendas de raya en manos de españoles que provocarían la revolución en México.

Dos tierras y dos épocas, me explican Efrén y el mecánico Efrén.

“Aquí hay dos épocas de caciques –me dice Efrén--, esa de los españoles y la que llegó después con el gringo Jenkins con sus caporales. De ahí vienen los apellidos que mandaron después de la expropiación: Austreberto Martínez, Franco Rodríguez y Filiberto Tapia.”

La casa de Franco Rodríguez, una de tantas de las que tuvo en Chietla, se encuentra entre las quebradas.

El templo de San Francisco se ve entero, aunque se le cayó tan solo la almena del campanario a la izquierda, pero la única torre está intacta y el cuerpo central y la cúpula no registran grietas ni riesgo. Han caído al menos dos de los angelitos que engalanaban los tres arcos del enrejado que circunda el atrio; sólo queda el de la derecha, que no deja de mirar circunspecto la recién estrenada plancha del zócalo remodelado justamente por el contratista Efrén Meléndez Balbuena. La herrería de ese pórtico todavía contiene bien amarrado el 1810 que asegura la memoria arquitectónica del templo.

El rumor del derrumbe y el anciano atrapado ha resultado falso. Y ni idea de a dónde habrá ido el grupo rescatista que vimos tres cuadas atrás. Decidimos valorar la situación de las casas construidas loma arriba, sobre la tierra dura.

Por la calle Cuauhtemoc rodeamos el cerro. Efectivamente, las casas han resistido, igual las antiguas de adobe que las de block y losa de concreto. Y sobre todo ha aguantado el templo de San Francisco, cuyos contrafuertes en arco lograron sostener la cúpula sin quebrante alguno.

“Quién se va a acordar de Chietla? –se pregunta el arquitecto y contratista Efrén cuando bajamos hacia el zócalo por la calle Jiménez, con el templo a la izquierda. Lleva todo el día analizando la incertidumbre de los pobladores con sus casas tronadas. Está convencido que muchas de ellas se pueden recuperar, y que ahora lo que se va a necesitar los más pronto posible son materiales de construcción, como polines, arena, grava, varilla, alambrón.

“Yo te tumbo y te limpio tu casa, eso es lo que propone el Ayuntamiento –dice Rubén, cuya casa ha sido declarada inhabitable por uno de los jóvenes arquitectos voluntarios que la ha inspeccionado--. ¿Y con qué vamos a levantar otra?”

De regreso en el zócalo, entre ajetreo de los voluntarios y la gente que revoletea en las carpas en las que se reparte el auxilio que ha llegado al pueblo, han plantado una palmera nativa. Yo no tenía idea de ello: “Chietla viene de la palabra chichitlán –comenta Efrén--, que quiere decir ‘lugar de la cosa amarga’, y se refiere al sabor del dátil, aquí todavía encuentras mucha palma como esa…”

Tiene sentido esa palmera. Chietla es la tierra caliente de Puebla. Tendrán que pensar en ello todos aquellos que quieran venir a ayudar a reconstruir la Mixteca.

¡Topos reconquistó el del Campeonato Nacional de Fútbol Sala Para Ciegos!

A las 10.30 de la mañana es la cita para ver el partido inaugural del Campeonato Nacional de Fútbol Sala Para Ciegos. Es en la ciudad de Puebla, la sede de los Topos, que ya han sido bicampeones. Hoy quieren recuperar el campeonato contra el equipo que representa a la ciudad de México.

El árbitro suena su silbato y se inician las hostilidades. ¡Voy…! ¡Voy…! ¡Voy…! Ese es el grito que invade el terreno de juego. El balón no corre, cascabelea; su sonido va y viene, pasa por la piernas, rebota en las mentes de los espectadores, acaba en la red.

El balón es un solo grito ilusionado… ¡El fucho para ciegos es un juego que se escucha…!



Los capitalinos arrancan a la defensiva, pero muy pronto les marcan un penal a su favor. 1 a 0 ganan los visitantes. Nervios en la tribuna. Pero el ánimo se relaja con el empate.

Uno tras otro caen los goles de los Topos. El marcador final será de 5 a 1 para los poblanos.

No hay manera de explicar lo que en la cancha se vive: el ambiente, la unión que los Topos tienen. No es el primer partido que veo y sigo sin explicarme cómo lo pueden lograr: parece que ven, corren con seguridad, con fuerza, manejan el balón (que tiene un cascabel interno) con destreza, dan pases de un lado al otro de la cancha con precisión y el compañero lo recibe de igual manera. No hay mayor gozo y emoción individual y como equipo que anotar un gol y celebrarlo corriendo como cualquier jugador.

Y a sus fans la piel se nos eriza.

Al final del partido viene la celebración. Jugadores y público somos uno. Las porras que motivan y dan aliento para esperar el siguiente partido y llevan a pensar lo que este momento representa para todos nosotros.



¡Finalmente los Topos consiguen el Tricampeonato!

Los días pasan y ya se cuentan los del nuevo mes.

Nos cuesta trabajo contemplar la extensión de los daños que provocó el terremoto y nuestra manera de ser sociedad.

Cada historia merece contarse.



RELACIONDA:

19S: Retratos del día siguiente en Chietla/Primera Parte

Selma



Selma atiende a los papeles y a la computadora. Es atenta conmigo, no le importuna que quiera revisar los registros que lleva. Y el día después para ella y sus compañeras se les ha ido en registrar en un formato que les mandó Protección Civil desde Puebla el nombre del propietario de la casa afectada, la dirección y los daños que estén a la vista. Ellas no descansan.

“Aquí no han venido más que los voluntarios…”, consigna. Por ahora, en este miércoles 21 no han aparecido los funcionarios públicos de la ciudad de Puebla.

Yo le doy una vuelta a las oficinas. En un pasillo descubro el pasado burocrático de Chietla: el mosaico de los cincuenta, con los escritorios y anaqueles H Steel, las máquinas Remington, el funcionario bigotón y de chaleco, las Selma de la mitad del siglo XX, cuando Chietla aparecía en el mapa político como territorio absoluto del gringo Jenkins.

En otra foto aparecen tres muchachas, también de los años cincuenta. Tienen la edad de Selma. Se les ve felices en algún festejo ahí en el zócalo, a unos metros de donde ella trabaja sin descanso. Alguna de ellas puede ser la abuelita de esta joven secretaria del registro civil.

Imposible llevar a Selma a ese pasado. En su mente están los registros. En algún momento hará el suyo propio.

Jorge Aguilar Torres

El ingeniero Tomás Jiménez Cerezo, director de Obras del Ayuntamiento de Chietla, le dice sin miramientos a Jorge Aguilar Torres que su casa no tiene remedio. Tumbar y limpiar, pero hasta ahí. Esa es la oferta para las casas de los hermanos Aguilar Torres en la calle de Morelos. El funcionario municipal me ha llevado hasta su casa para explicarme que de ninguna manera demolerán una sola casa sin autorización del propietario.

El panadero de 73 años lo escucha y no se turba. Su casa la construyó su padre en 1960. Y la de su hermano Víctor Manuel, con la que colinda y comparte pared frontal y muro interior, tiene según su cuenta 120 años. Y tantos asi lleva como panadería.

“Demolición, lo demás está en chino”, me dice.

“Saqué cargando a mi mamá –recuerda Jorge el momento del terremoto--, ella todavía me gritaba ‘¡mis sandalias, mis sandalias!’, pero logramos salir a la calle.”

Magdalena Torres tiene 92 años. Hace tiempo que se retiró de la actividad panadera. Pero de ella aprendió su hijo el oficio. Y los nombres de las maravillas que han salido del horno de adobe que el terremoto ha quebrado: nido, beso, caracol, pitaya, elote, tornillo, gallina, gusano, chino, pluma, taco, borracho…

Jorge el panadero ya piensa en el futuro y deja para otro momento la preocupación por la casa. Hemos entrado por la casa de su hermano, a la que e le ha caído medio techo de la habitación frontal. Comparten el patio del fondo, y es posible ver dos hornos en medio de vigas rotas y destrozos. El panadero observa uno de los dos hornos de pan construídos hace años por su abuelo: la base de ladrillo y piedra y la concha de adobe de la que ha brotado el pan que los chietlecos comen desde que se acuerdan. Visto de frente no se ve derruido, pero es visible un boquete en la bóveda. El covertizo que lo cubre, montado sobre los viejos muros de adobe y armado en vigas de mamey, también ha soportado el temblor. ¿Reconstruirlo? No, señor. Ahora a pensar en un horno nuevo, de gas, de los que venden en la 25 Poniente en la ciudad de Puebla. Y lo describe: metálico, firme, sin riesgo de colapso. 90 mil pesos, eso le han dicho que cuesta.

"¿Por qué de leña?, pues porque nos estamos acabando el monte, aquí en Chietla hay no menos de diez hornos. Llegan las camionetas con la leña verde, porque la gente mejor tumba las huertas para meter caña, así que no falta. Verde se mete en el horno y ya que se coció el pancito, y con el puro calor la leña ya está seca al día siguiente. No, señor, tenemos que cambiar al gas, con un horno de nueve charolas tengo..."

Para el panadero Jorge la reconstrucción de su casa empieza por un nuevo horno. Y para ello pide ayuda. ¿Derribarán su casa? Eso no es preocupación por el momento. Ya vendrán los del Fonden a declarar la pérdida total. Ya se verá después qué hace el gobierno para reconstruir.

Crescencio

Crescencio Salgado Ponce y su hija viven puerta contra puerta en la calle de Morelos. Ella ocupa una casa de adobe y ocotate que le heredó su papá. Un terremoto anterior le tumbó enterito el techo de un cuarto, que ahora utiliza de tendedero, pero ha logrado construir una nueva recámara al fondo, a la que ahora se pasarán sus padres, pues su casa por lo pronto es de alto riesgo. Ella es madre soltera de tres niñas, una gemelas de 11 y la mayor de 13, a las que mantiene con un negocito de venta de papayas aquí mismo en Chietla. Va al día, y por eso apenas logró poner la herrería de las ventanas de la recámara que terminó de construir hace unos meses y que resistió muy bien el sismo del martes.

Qué hacer entonces. Dice su padre desde sus 78 años:

“Dios quiera que el gobierno nos ayude, porque esto no es cosa de uno, ni culpamos a dios nuestro señor ni a ninguno se culpa, es cosa de que solamente dios el motivo que sea, pero a nadie se culpa.”

“Aunque sea con los materiales –sigue ella--, porque ahora es al revés, ellos se tienen que pasar para acá. Tumbar es fácil, ¿pero parar?”

“Yo he sido cañero, señor –dice su papá--, estoy jubilado, pero usté sabe que es una miseria lo que nos dan, mil 200 pesos, y eso que mis tierras las sigo trabajando con piones, yo ya no puedo. Y pagan la caña a como ellos los industriales quieren, y nosotros no, tenemos el compromiso de entregarles, y si pasa algo, un siniestro, que se quema la caña, no les importa, nos mochan.”

Crescencio es hijo de cañero. Pero a él también le tocó reparto. Cárdenas le repartió a su papá. A él un gobierno que vino después.

Estudiamos lo ocurrido en su casa, en la acera de enfrente. El techo ya no es de ocotates, sino de losa de concreto. El muro medianero, que soporta la techumbre de su casa y de la casa vecina está agrietado, pero la viga está bien soportada y su cabezal no está dañado.

“Pa que voy a ser mentiroso –me dice--, esta casa la compramos asina, era de un señor don Carranza… Pero ya es una casa muy vieja.”

Pero ya les dijeron que hay que tumbar. Al menos eso le dijeron a su hija.

“No, señor, qué tumbar ni que la fregada…Tumbar es muy fácil, pero construir no es muy esto lo otro. Pero para esto está el gobierno. El dinero no lo a desembolsar el presidente de la república, es dinero de impuestos y etcétera, etcétera… Yo agradezco si me ayudan con material, varilla, cemento, grava, pero tumbar no más así no le hallo ningún chiste. Todo tiene solución, pero ni muy fácilmente.”

Daniel Vargas

El viejo cuidador de vacas Daniel Vargas vive en Independencia 1, a una cuadra de la escuela secundaria que quedó inservible. Su casa de adobe y techo de ocotate y teja resistió, aunque hay cuarteaduras visibles. En el patio le han plantado una tiendita de campaña pues ya declararon inhabitable su casa. Es una sola habitación, la de un hombre solo que ha visto pasar el tiempo como para explicar qué es lo que ha ocurrido en este pueblo antiguo.

“Aquí nací, señor –me dice este hombre risueño de 70 años--. Hijo de un pastor de vacas, a ese oficio me dediqué de niño yo también. Sacábamos al monte cien, ciento cincuenta vacas y chivos a pastar entre los mezquites, cubatas, huizaches y guayacanes…”

Luego, ya en su veintes, Daniel se convirtió en uno más de los cientos de cortadores de caña que dejaron su vida en el corte

Y de eso ha vivido hasta hace no mucho tiempo. En la caña, trabajando por el día. Y ha sido testigo de cómo a los ejidos les dieron en el reparto de tierras montes y selvas y llanos de temporal que no habían sido habilitadas para el cultivo de caña. Y caña fue lo que decidieron sembrar en los últimos cincuenta años, y arrojaron a Chietla al despeñadero del monocultivo. Se perdieron las huertas en su mayoría: ya no se ven fácilmente los mameyes y zapotes, los mangos y ciruelos, mucho menos el café y los ocotates, precisamente el tipo de bambú con el que se construyeron centenares de casas como las del pastor Daniel Vargas.}

Una casa que el sismo no tumbó pero que un vistazo rápido de un joven arquitecto sin conocimiento del adobe y sus menesteres, declaró inahabitable.

Serena

Serena García es la viuda de Joaquín Soriano, un cañero ejidatario que murió en el año 2003 pero que le dejó para vivir un terreno junto a la huerta de Ixpingo y Arrieta asomada el río Nexapa. Y una casa de adobe y ocotate que ya estaba ahí cuando nació su marido en 1951. Ahí ha vivido desde hace tal vez cuarenta años. Su casa quedó severamente afectada por el sismo. Un claro grande en el muro de adobe da cuenta de ello, pero el techo y el muro frontal y los laterales resistieron, igual que la habitación de la casa de junto que su hija utiliza como tendejón al final de la calle Morelos. Son los cuartos de atrás los que se derrumbaron. Por ello Serena se ha pasado con sus cosas a la vivienda de su hija, construida en el patio trasero, bien armada en castillos y losa, que resistió bien al temblor.

Serena le hace honor a su nombre. La encuentro a la sombra de un zapote a la media tarde del día después.

“Pasaron los del ayuntamiento –dice--, ni sé quién, y dijeron que en dos o tres meses venían a reparar, pero que ya lleváramos los papeles a la presidencia.”

Carmela

Hay sismos que duran más que el marcado a la 1.14 del martes 19 y que quebró por la mitad a Chietla. El edificio del cine Carmela sobrevivió el traqueteo de la tierra cuando a su lado se desmoronaban los paredones de adobe. Pero ya lleva años en el olvido. Su cierre tiene que ver con la derrota de la vida rural en México amarrada a los cacicazgos políticos y sindicales que barrió una modernidad que no ha rendido otros frutos. En Chietla ha sobrevivido el Ingenio en Atencingo, a últimas fechas en manos de particulares. Pero ya no existen los líderes sindicales que imponían diputados y presidentes municipales. De los dirigentes cañeros queda la memoria e los panteones. Pocos hablan ya del gringo Jenkins.

Pero en el salón del Cabildo encuentro otra fotografía, una prueba de que hay pasados que no se han ido. Es Austreberto Martínez, uno de los hombres de poder en los tiempos de William Jenkins, el Gringo, como lo recuerdan en Chietla. Austreberto fue el más importante comprador y distribuidor del arroz que se producía en estos campos antes de que todo lo dominara el azúcar. “Uña y mugre de Jenkins”, me dirá después el mecánico Jorge al pasar junto al cine Carmela, llamado así por la señora Carmela Levién, una mujer hija de una familia de libaneses. Su marido inauguró el cine en 1939, un año después de que el Tata Cárdenas expropiara las tierras cañeras y los cerros enmontados en acuerdo con el propio magnate norteamericano. En los campos la guerra civil entre agraristas y ex peones acasillados.

Alguien en Chietla ha puesto el pie de foto a esta fotografía:

Aparece al centro la srita. Ma. De la paz Ceballos, conchita Ochoategui, Alicia Martínez (la del cine Carmela), doña Josefina Mendoza (mamá de Oscar Balbuena), la chinita Camaño (la que hace ricos polvorones y los vende a la entrada del mercado), Gloria la Pipis, doña Ofelia Maicotte (la del portal), Sofía Rodríguez Ibarra (Chofi), Petrita (la del rico pozole y del mole en pasta tan famoso en Chietla), Albina Arnal. En los señores se encuentra don Eloy Marquina, don Miguel Arias, don Enrique Balbuena (cargando a su pequeña hija Irma Balbuena). Esta foto fue tomada en el aniversario den la srita. Paz Ceballos como maestra. En el mes de diciembre de 1948.

En el pueblo, la vida cotidiana y el retrato de un momento que tal vez ahora se haya ido para siempre con la caída de los paredones del caserío de Chietla.

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