La erupción civil

Tres días después del gran sismo, el volcán Popocatépetl, Don Goyo para los lugareños, hizo una discreta erupción y cerró la boca, por el momento. A trece días de que esa tragedia asolara al centro sur mexicano, otra erupción, pero social, aún destella. Arrojó un ánimo civil y solidario que alumbró ciudades y pueblos, zonas de clase media alta y poblaciones precarias. En el corredor de clases medias de la Roma-Condesa afectadas en la ciudad de México surgieron iniciativas civiles que organizaron información y apoyos. El Centro Cultural Horizontal, convocó a “más de un centenar de desarrolladores, diseñadores, economistas, matemáticos, internacionalistas, antropólogos y sicólogos” que crearon una plataforma llamada #Verificado19S que verifica y organiza información para hacer más eficiente la respuesta ciudadana. En el pueblo náhuatl de Hueyapan, trepado en la falda del Popo, el 90% de las casas de sus casi seis mil quinientos habitantes fue derrumbado junto a su palacio municipal e Iglesia. La asamblea popular activó su Guardia Comunitaria quienes organizaron tanto al pueblo como a las ayudas de los brigadistas que empezaron a llegar. Ahí no llegó el Ejército ni la Cruz Roja. En ese abanico tan dispar y abarcador surgió esa fuerza civil que rescató y ordenó la vida cuarteada.

Desastres naturales y sociales



El centro sur mexicano está cruzado por dos grandes fallas, una geológica y otra creada por el orden social dominante. Se asienta sobre cinco placas que en sus acomodos la someten hasta a 40 sismos diarios. Y ahí se anudan algunas de las ciudades triunfadoras de la globalización con miles de pueblos, las riquezas Forbes con las mayores pobrezas de América Latina y del mundo, el individualismo extremo y viejas raíces comunitarias. Su condición frágil y precaria se alimenta por esas dos grandes fallas. Dos masas de fuerza que destejen patrimonios y horizontes de individuos, familias y comunidades. Los grandes negocios mexicanos no consideran su “socio” a la población, a sus propiedades, recursos y habilidades. Optaron por un capitalismo de compadres, de impunidad, de apropiación indebida, de asociación delictuosa con gobernantes y castas políticas. Su historial inmediato acumula actos ilegales para recibir subsidios ante la quiebra de bancos, los desastres carreteros, los engaños inmobiliarios, la apropiación de propiedad comunal y ejidal asentada en materiales mineros, energéticos, acuíferos y de biodiversidad. La población es el rehén para ofrecer los salarios más bajos de la región de América del Norte y de la América del Sur, el acceso al más bajo costo a sus riquezas naturales. Ese orden social impuesto ha creado a una población frágil y vulnerable. Pero el desastre natural liberó, en franca paradoja, el magma ciudadano.

El cuarto de al lado

Con las elecciones presidenciales en la antesala (julio del 2018), surgieron los super ciudadanos “apolíticos”. Primero en febrero de este año, los dirigentes de las grandes corporaciones empresariales avisaron que ante el riesgo de ruptura del Tratado de Libre Comercio con USA creaban Fuerza México, una instancia para abrir puertas a otros mercados. Ya con las negociaciones de ese tratado, se constituyeron en un cogobierno en las pláticas de los Ejecutivos para el caso mexicano. Y se autonombraron “el cuarto de al lado”. El sismo les hizo virar, de afuera hacia adentro, y Fuerza México se convirtió en su manera de capitalizar, literalmente, la fuerza simbólica de la movilización ciudadana. Un fondo privado que llamó a aportar a la población y que intenta sortear su desconfianza hacia la política asegurando manos limpias empresariales y eficiencia oportuna. “Es un tema empresarial” afirmó Manuel Herrera Vega, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) e implica la intervención de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (Cmic), la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi), la Cámara Nacional del Cemento (Canacem), así como otras industrias asociadas. ¿Qué significa un “tema empresarial”? Que la entrega gratuita de tiempo, bienes y saberes que realizó la población civil después de los 40 segundos de terror, ahora, ya en la reconstrucción, se transforma en negocio limpio con super ciudadanos vigilantes. Como nada se los impide, estos socios del capitalismo de compadres se convierten en empresarios éticos que nada deben a los políticos de manos sucias, en supuesta racionalidad de mercado para la asignación de recursos y prioridades, y en un momento climático para crear otra burbuja del negocio inmobiliario que a todos (los asociados) conviene, aunque violen normas y protocolos y el suelo tiemble. Para fortalecer este gobierno ético de la “sociedad civil” los poderes republicanos débiles y desprestigiados empezaron con la aportación de los Senadores, y luego el partido en el gobierno, el PRI, le cedió también sus recursos de este año, a pesar de que existe una bolsa pública, el Fondo de Desastres Naturales de México (Fonden). El cuarto de al lado privatizó la vida pública. ¿Será?



Resultado de imagen para Mariana Fuentes Soto

Mundo Nuestro. Ha vuelto a ocurrir. Nuevamente una joven mujer ha sido asesinada en las calles de Puebla. Mariana Fuentes Soto, de veinte años de edad, estudiante de Derecho en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. El sábado por la noche en una colonia céntrica de nuestra ciudad. La primera versión de las autoridades refiere el crimen como derivado de un asalto. Apenas unos días después del asesinato de Mara Fernanda Castilla. Qué desgracia y qué impotencia sentimos como ciudadanos.

La Institución ha expresado su pesar e indignación:

“Con profundo pesar e indignación, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, condenamos el asesinato de nuestra alumna, Mariana Fuentes Soto (...) Hacemos un llamado a las autoridades competentes, a fin de que se aclare su muerte y apliquen todo el peso de la ley a quien resulte responsable”, se ha dicho en un comunicado en el que también se ofrecieron las condolencias por parte de la comunidad universitaria hacia los familiares de la joven de 20 años, quienes la noche de ayer fueron notificados sobre el deceso de Mariana tras el violento atraco.



Exijamos de las autoridades el cumplimiento de su obligación como responsables de la procuración de justicia.

Escuchar con calma las voces del día siguiente en Chietla. Mirar sus retratos. Tratar de entender las dificultades que se enfrentan en la reconstrucción del mundo rural quebrado por el terremoto del martes 19 de septiembre.

Recorrer sus calles. Reconocer a sus sobrevivientes. Por fortuna todos, algo inexplicable por la magnitud de los destrozos ocurridos en su caserío. “Estamos vivos, lo demás poco importa”.

Encuentro en esa frase el inicio del día después. La reconstrucción que sigue. Y en estas voces la conciencia de que este es un pueblo con una historia larga, que merece contarse.

RELACIONADA:



19S: Retratos del día siguiente en Chietla/Segunda Parte

Teresa

La encuentro con su mantón floreado, en tela de paliacate verde, que la cubre por entero. La abrazo. Su espalda está húmeda en la recámara fresca. Poco le importa. Apenas me ve. Apenas murmura una palabra que el polvo desvanece. Recoge del ropero su ropa en montones que arroja en un costal. Y salva a un niño dios que tiene cien años y que le regaló una tía. Y no halla a cuál de todas sus muñecas de porcelana guardar, ¿dónde?, si todo está revuelto, si su casa se le vino encima, si la vida entera está en el suelo, entre las piedras, como si el polvo grueso que lo cubre todo fuera el tiempo pasado caído en un instante, y nadie habitara en años esta casa que ayer antes de la 1.14 era el territorio pleno de vida de una mujer de 75 años de edad.



“No tengo cabeza –alcanza a decir--. Estoy temblando, y ya me tomé mis pastillas, porque soy hipertensa… Pero es que tengo que recoger, no puedo dejar esto así, pero por dónde empiezo…”

Es Teresa Balbuena, de los Balbuenas de Chietla, hija de Jesús Balbuena Valero y Elvira Sánchez Aguilar, rancheros en tierra de hacendados y acasillados que le hablaron de tú a tú a los zapatistas y que sobrevivieron la guerra y al agrarismo y a los sicarios del gringo Jenkins allá en Atzala y aquí en Chietla. Su hermano Gilberto Valbuena es el Obispo Emérito de Colima --escribe su apellido con V, y bien a bien nadie sabe por qué--, hoy ya retirado en la ciudad de Puebla, y tiene su casa en esta misma calle Porfirio Díaz, enfrente de la de su hermana; y Fidel, el hermano mayor que le escribía a ella de niña las cartas a los reyes y volaba de niño de lado a lado del atrio colgado de la cuerda del campanario como todos los niños que en los años cuarenta crecieron en este pueblo caliente, mi amigo de Radio Matamoros fallecido hace unos años, pionero de la radiodifusión en Izúcar de Matamoros. Son muchos los Balbuenas en Chietla. Doña Tere es una de ellas. La adivino altiva en su vecindario, en sus setenta y cinco años ocultos en el cabello crespo, bien cuidado el tinte, peinado con esmero, como si no tuviera la carga de su casa revuelta por una fuerza insensible a todo historia, a todo recuerdo, a todo aviso de pasado que se expone en las vitrinas con su cristalería, sus porcelanas, sus floreritos.

No. No hay pasado aquí, a pesar del esmero puntilloso de Teresa. Ayer el pasado se vino abajo y dejó a la memoria dislocada entre las piedras. Ya no lo encuentro en la habitación principal que por una puerta estrecha da a la calle. A la derecha el comedor, con su consola y sus vitrinas, con sus ocho sillas con respaldos de terciopelo bordado, con su espejo dorado que expone el desastre como si de una pantalla de televisión se tratara, con sus juegos de tasas en dorado, en plata, en rojo, en floridas vistas de pájaros y campos y filigrana. A la izquierda la sala, el librero, las fotos de sus viejos, de su pueblo. Un retrato sumido en la soledad de una mujer atrapada en el movimiento brutal de la tierra que atasca la puerta y que la deja en un grito segado por el pedrerío que destroza las recámaras interiores. A Teresa vinieron a sacarla los vecinos, cuando tuvieron tiempo de escuchar sus gritos.

Teresa no deja de moverse. Poco caso hace de su sobrino que le brinda sus manos y la de dos peones que esperan en la calle a la indicación de su patrón. Ella busca sus valores, y pasa de una sombrilla a los alhajeros, del niño dios a sus camisones, de la muñeca que deposita con cariño en la mesa a la vista del halcón disecado que extiende sus alas seguido por un angelito que también quiere aprovechar los alerones de yeso para escapar de ese sinsentido, todo atropellado en bolsas de plástico, en costales, en maletas sobrevivientes. Cuánto ha guardado Teresa en sus años convertidos en un minuto en polvo. Cuánto ha quedado en la recámara al fondo, una tercera habitación que los pedregones han destruido con la insolencia intrusa del desvarío de la tierra. Ya no se ve la cama pero el teléfono ha sobrevivido en el buró junto al despatarrado ropero.

Miro todo esto para no pensar en los paredones rotos, en las piedras de río expuestas entre la tierra negra que por decenas de años han sostenido la vida de Teresa Balbuena.

Marco Antonio

El grupo de arquitectos que ha llegado de Cholula para realizar por su cuenta peritajes se reúne en la calle de Morelos, justo a la entrada de la casa de Marco Antonio Vital Ríos, de 38 años de edad, trabajador de la Comisión Federal de Publicidad. Su casa está herida de muerte: el segundo Piso se ha derrumbado en techos y paredes. Los arquitectos discuten la mecánica a seguir. Marco Antonio escucha, pues ya por su casa ha pasado un ingeniero de minas de la empresa Orica que ha declarado inhabitable la casa. La suya es ejemplo fiel de lo que ha ocurrido desde hace décadas en Chietla: las viejas casas de una planta, con techo de morillos de ocotate y teja, han sido intervenidas con la construcción de un segundo piso con planchas de concreto montadas sobre los paredones de adobe, sin castillos amarrados desde el suelo. La casa de Marco Antonio resistió en su planta baja, pero la construcción nueva no resistió el sismo, y la destrucción quebró la estructura entera.

Marco Antonio duerme ya desde ayer en Matamoros, en una casa que ha rentado. Allá ha llevado los muebles que no se afectaron con el sismo. Recorro su casa con él. Su esposa espera afuera. La habitación principal, que da a la calle, ha resistido, pero la siguiente, con la escalera al segundo piso, presenta fracturas en las esquinas y un boquete al fondo. Una reja con candado impide el paso a la planta superior. Marco Antonio la ha puesto, y la explicación la encuentro en que en la práctica la casa está dividida en dos, abajo y arriba, y es la última la que está destrozada.

“Escuché al alcalde decir que no había afectación en Chietla, a ver, usted qué dice. ¿Y a dónde están los de la dirección de Obras del Ayuntamiento? Que vengan a ver cómo están las casas. Aquí nací, aquí he vivido toda mi vida, aquí estaba cuando tembló en el 85. Era yo un niño. Ahora me dicen que hay que demoler, pero yo creo que se puede quitar la planta alta y conservar la casa, ir a un solo perfil, una sola altura…”

Afuera continúan los ingenieros y arquitectos. Ricardo Acosta, el ingeniero zacatecano, le informa al equipo cholulteca que él ha revisado la casa de Marco Antonio, y que su diagnóstico es que no tiene remedio.

“Yo creo que nuestro trabajo aquí es el de concientizar del riesgo que corre la gente si permanecen en sus casas.”

Marco Antonio, un hombre recio, de voz serena, no aguanta las lágrimas.

Enrique Amigón

Enrique es un hombre mayor –es un decir, es de mi época, apenas rebasa los sesenta años de edad--, obrero jubilado en el ingenio de Atencingo. Vive en Vicente Guerrero 13. Me dice de entrada que su casa no sufrió daños severos, pero que sus hijos ya decidieron: hay que demolerla. Subo con él al segundo piso. Como la de Marco Antonio Vital, también ha sufrido intervenciones, como dicen los arquitectos. Un segundo piso en desniveles que arrancan de los muros viejos de adobe. Altos como son, elevan la construcción lo suficiente para observar desde una terraza que mira a la calle el centro del pueblo, con la iglesia al fondo. La de Enrique Amigón también ha sobrevivido en la planta baja, pero las paredes de la segunda están quebradas, al igual que las cadenas que armaron para armar la plancha de concreto que cubre las habitaciones.

“Ya uno de mis hijos iba a construir una nueva habitación aquí, pues no tiene donde hacerse su casa --me dice mientras observamos cómo el vecino de enfrente recoge el escombro de una pared de ladrillos que ha caído sobre la azotea de su casa--. Ya le había dicho que sí.”

La familia tiene la opinión dividida. Enrique no quiere demoler. Los hijos no quieren que sus padres sigan viviendo ahí. Y ya decidieron.

“Mi papá ha hecho de todo en la vida –dice uno de sus hijos, ingeniero en alimentos que ha venido desde Huamantla, donde trabaja en una de las plantas de La Morena--, obrero, transportista, músico. Y nos ha dado a todos sus hijos una casa, y somos nueve. Ahora yo le digo, papá, que decidan los expertos, escuchemos lo que tienen que decir, sin apresurarnos. “

Lo escucha Enrique. No ha dejado de ver el sitio que ya tenía dispuesto para que otro de sus hijos plantara una recámara nueva en esa segunda planta tronada por el terremoto.

“Mire usted –me dice--, ahorita es gratis la demolición, ya lo dijo el ingeniero de obras del ayuntamiento, ahorita tumban y limpian y no nos cuesta, ¿pero dentro de tres meses?, ¿con qué dinero vamos a hacer eso si al final hay que derribar todo…? Si no la tumbo ahorita ya no la tumbo nunca. Y mire, ya hicimos mesa redonda con mis hijos, y ya decidimos, que se tumbe.”

Enrique tiene la mirada serena. No veo turbación en sus palabras. Sus últimas para mí lo explican:

“En la vida estamos a la buena de dios, lo que él decida. Él es mi guía…”

Mientras, sus hijos ya decidieron.

Agustina

Cuatro generaciones viven en la casa de Agustina Rufina Mendoza Gómez en la calle de Porfirio Díaz 43. Enfrente de la casa de Teresa Balbuena. Ella es la primera, y ahí está, ya serena al día siguiente, mientras observa a un grupo de voluntarios que acarrean el escombro que le derrumbe de la barda de adobe de la casa vecina ha dejado sobre el solar de su casa.

“Todo se dañó –me dice--… Pero estamos vivas.”

Antes la vi caminar por el centro de la calle Porfirio Díaz del brazo del ingeniero Edgar, un hombre joven, embutido en casco, que lleva el mando de un grupo de voluntarios que recorre las calles para evaluar el estado de las casas afectadas por el sismo. Van como en procesión hacia las oficinas del ayuntamiento en el zócalo, a donde el ingeniero lleva a Agustina con ánimo de que inicie los trámites de reconocimiento de la pérdida de su caso. CURP o IFE, le explica, y fotos de la casa, y las escrituras, y un comprobante domiciliario. Agustina se deja llevar.

Cuando regresa la visito su casa, en el patio al fondo, junto a un tanque de agua que ha resistido el embate de la tierra. No tuvo la misma suerte un cuartito en el que ella guarda sus cosas, pues en las habitaciones del frente de la casa, tres, que resultaron dañadas en paredes y esquinas, viven sus hijas y nietas con sus esposos.

“Dicen que hay que tumbar, señor… ¿Y a dónde voy a poner mis cosas?”

Ella no espera una respuesta de mí.

“Yo soy de Ocotlán de Morelos, en Oaxaca, pero me trajeron a Chietla a los cuatro años, y desde entonces no he salido de aquí. Aquí fallecieron mis padres, aquí murió mi marido y a mi hijo aquí lo enterré, señor, era maestro, murió en un accidente lejos, señor, por la sierra norte, se fue a un barranco… ¿Cómo me voy a ir de aquí?”

Recorro su casa. En un rincón hay un arreglo de santas y vírgenes. Josefa Pinzón Pérez, nieta de Agustina, me explica que su abuelita es mayordoma de la Virgen del Perpetuo Socorro, y lo es desde hace veintisiete años, y todos esos años lleva cada 27 de junio de regalar pan bendito a la gente, hasta 500 panes manda hacer. Josefa señala entonces un retrato: es Agustina en sus quince años, y otra más, ya mujer soltera. La retrato con ella.

A la media tarde Ana, hija de Agustina y madre de Josefa, aguarda su turno en la oficina del registro civil en la presidencia municipal de Chietla. Abraza los papeles de la casa de Agustina.

“Estamos vivas, lo demás poco importa.”

Mundo Nuestro. Este domingo los acontecimientos recientes en Cataluña tocarán el punto extremo.

El Estado español ha batido todo propósito organizador del referéndum con el que los catalanes deciden su futuro. Un asunto complejo que dificilmente entendemos en México, agobiados por nuestras preocupaciones y miserias. Y terremoto de por medio. Pero los sucesos del mundo, y en particular lo que ocurre en España, determinan en buena medida nuestro propia realidad, Presentamos este Manifiesto propuesto por el equipo que edita la revista Sin Permiso en el marco del proceso de próximo domingo.

RELACIONADA: Convocado el referéndum en Catalunya. 11-S/1-O: 20 días en que todo es posible



La situación en Catalunya nos interesa y nos afecta a todas y a todos. Para el próximo 1 de octubre está anunciado un referéndum en Catalunya para ejercer un derecho legítimo, un derecho reconocido por las Naciones Unidas, que se acepta para muchos pueblos del mundo y que, sin embargo, se le niega al pueblo catalán y a los pueblos sometidos al Estado español.

Por su tradición histórica, su movilización y sus reivindicaciones el pueblo catalán ha demostrado que es una nación y que, por tanto, tiene el derecho a decidir libre y democráticamente su futuro y su relación con los pueblos que hoy conforman el Estado español.

La exigencia del derecho a decidir no va contra nadie. No es contra las clases trabajadoras o territorios que forman parte del Reino de España. Es una seña democrática el respeto y la solidaridad entre los pueblos. Enfrentar a unos pueblos contra otros es la más insolidaria de las políticas.

Las libertades se conquistan y se mantienen ejerciéndolas. El derecho de huelga se conquistó haciendo huelga. El sufragio universal fue una conquista democrática que supuso muchas luchas y enfrentamientos con la legalidad de entonces. Los actuales poderes cambian la legalidad y la Constitución cuando les interesa. Defendemos que el pueblo catalán pueda hacer efectivo su derecho de autodeterminación.

No tenemos ninguna duda de que esa mayoría que quiere decidir preferiría hacerlo de una manera acordada con el gobierno español, pero éste se ha negado en redondo. Dialogar y dar la voz a la ciudadanía es la mejor manera de resolver un problema político.



Existen en nuestro país síntomas alarmantes de degradación democrática, cada vez hay menos mecanismos de control democrático del poder; las elites se enriquecen a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población; la corrupción ha llegado a niveles insoportables; se legisla recortando derechos y ahora se quiere impedir el derecho de un pueblo a decidir sobre su soberanía.

Deseamos la igualdad de todas las naciones y pueblos y que nadie pueda tener privilegios por encima de otros; por eso mismo defendemos el derecho del pueblo catalán a votar en referéndum. La solidaridad y la fraternidad se consiguen tratándose como iguales, ayudándose recíprocamente cuando es necesario.

El movimiento soberanista e independentista catalán es un movimiento pacífico, democrático y republicano con amplio apoyo popular, que nace de la sociedad civil y se traslada a las organizaciones políticas y sociales. Buena parte de este movimiento social demanda cambios que favorezcan a la población más afectada por la crisis. Por eso es un aliado de todos los pueblos de España y de quienes luchan para cambiar las políticas del PP y el gobierno Rajoy.

Nos oponemos y nos opondremos a cualquier tipo de represión judicial o policial que pueda ejercer el gobierno español contra quienes ejerzan sus derechos democráticos y contra las/los representantes e instituciones legítimamente elegidas por el pueblo catalán.

Quienes firmamos este manifiesto, más allá de la opción política de cada uno, nos sentimos comprometidos con el derecho a decidir del pueblo catalán, defendemos la convocatoria del 1 de octubre y apoyamos que exista el máximo de movilización y participación en el referéndum para que sea conocida y respetada la voluntad mayoritaria.

Para ver las versiones en catalán, euskera y galego y las firmas recogidas hasta el momento o sumarse al manifiesto, aquí.

FUENTE: https://www.manifiesto1octubre.org

Mundo Nuestro. Hemos visto centenares. Imágenes frenérticas de la última semana. Pero hay que verlas así, con la mirada comprometida del fotógrafo que sabe que cada una de las escenas cuenta una historia. Y que la mirada en conjunto puede ayudar a conformar una mejor memoria.

¿De dónde venimos? ¿Por qué nos ha pasado esto? ¿Tan frágiles somos frente a una naturaleza que en un minuto derrumba el los cimientos de una vida serena, en tu casa, en tu trabajo, en la creencia de que siempre habrá un mañana?

En ello pienso al observar una a una la reseña gráfica del fotógrafo poblano Daniel Beronda Mastretta. Una a una estremecen. Pero es el conjunto el que nos arroja a ese mediodía del martes 19 para recordarnos sin más: ocurrió, ya no podemos ser los mismos.



Fotografías de Daniel Beronda Mastretta/Cada imagen cuenta una historia

La angustia se siente en Atzala, Puebla una de las comunidades mas afectadas por el sismo del pasado 19 de septiembre​



Viviendas afectadas por el sismo en San Francisco Xochiteopan, Puebla​.

Derrumbe del portal en el zócalo de Chietla, Puebla​.

​Víctimas del temblor del pasado martes 19 de septiembre, algunos perdieron sus casas y otros a seres queridos.

Habitantes de Atlixco, Puebla observan mientras es demolida una casona que quedo seriamente afectada en las primeras calles del centro histórico.

Viviendas afectadas por el sismo en Chietla, Puebla​.

Funeral de los once integrales de la familia que perdió la vida al interior del templo de Atzala, Puebla al celebrar un bautizo el pasado martes 19 de septiembre.

Víctimas del temblor del pasado martes 19 de septiembre, algunos perdieron sus casas y otros a seres queridos

​Iglesia de Atzala, Puebla en la que perdieron la vida 14 personas mientras se celebraba un bautizo al momento del sismo.

En las calles de Chietla, Puebla dos mujeres observan mientras su casa es derribada​.

Viviendas afectadas por el sismo en Chietla, Puebla​.

Un hombre entre las mujeres hacen linea en espera de recibir víveres de parte de brigadistas de apoyo.

Habitantes de Atlixco, Puebla observan mientras es demolida una casona que quedo seriamente afectada en las primeras calles del centro histórico.

En la comunidad de San Lucas Tulcingo, la vieja escuela, la parroquia y gran parte de las casas sufrieron serias afectaciones​.

Atlixco, Puebla fue una de las ciudades mas afectadas.​

​Imágenes religiosas al interior de una casa en Acteopan, Puebla.​

Niños del municipio de Tochimilco, Puebla se forman en espera de recibir juguetes, dulces o ropa que llevan brigadistas de apoyo en las comunidades mas afectadas por el sismo del 19 de septiembre.

Residentes del centro historico de Puebla son evacuados de sus casas. Estos desplazamientos a causa del sismo que dejo dañadas.

​Familiares de víctimas que perdieron la vida durante el terremoto que sacudió al centro de México.

Funeral en Atzala.

Terremoto.

Este viernes reanuda La Casa del Mendrugo sus presentaciones de Música en Vivo con el Club de Jazz :

El trompo, un cuadro de la artista plástica Atenea Castillo, es la base de la portada del disco que da cuenta del proyecto Tezcatl, del contrabajista veracruzano Carlos Zambrano. Acompañado de Francisco Cruz al piano y Renato Domínguez en la batería. la música de Zambrano es puro Jazz contemporáneo ejecutado en formato de trio en un set acústico con una gran identidad en todas las composiciones originales a la música mexicana y con una gran presencia de la riqueza de los más diversos ritmos de nuestro país.

Tezcatl Trío - Canción de cuna



Finaliza así el Programa de Música en el Mendrugo del mes de Septiembre dedicado a la fusión de nuestro folclor y el jazz.



El Programa del mes de Octubre, Blue October dedicado al Blues los días viernes es el siguiente :

Viernes 6 de Octubre / FAT MOJO

Viernes 13 de Octubre / BLUE KAT

Viernes 20 de Octubre / BLUES DEALERS

Viernes 27 de Octubre / THE JOCKERS BLUES BAND

Mundo Nuestro. La propuesta tiene una primera gran virtud: involucra a un conjunto de actores fundamentales dentro de la universidad para conseguir el objetivo concreto de 20 casas prototipo.

No sé qué tan lejos llegue este esfuerzo, pero es un proyecto que se suma a los que empiezan a surgir por todos lados: enfrentar la reconstrucción desde las comunidades afectadas y con la conjunción de esfuerzos de la sociedad civil organizada, los gobiernos en todos sus planos, las empresas y organizaciones ligadas a la industria de la construcción.



Así lo explican sus promotores Jaime Ríos y Ricardo Sarabia, quienes forman parte de un grupo que se ha armado desde las áreas de arquitectura, administración, comunicación y ciencias sociales:

La iniciativa OCH8.20 nace en la Facultad de Arquitectura de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) México, y está conformada por un organismo de alumnos, profesores y directivos que tiene como finalidad dar respuesta a los diversos problemas de vivienda para damnificados en zonas marginales resultado de las afectaciones de desastres naturales.

A través de un equipo interdisciplinario de especialistas buscamos mejorar las condiciones de calidad de vida a través de proyectos de reconstrucción o restauración de vivienda de forma sustentable con responsabilidad social para una mejora del hábitat de las poblaciones más necesitadas.



La iniciativa OCH8.20 busca a través de brigadas de especialistas la construcción de vivienda digna para atender a 20 familias damnificadas con una propuesta sustentable que atienda a las necesidades primordiales y que incremente la calidad de vida de los usuarios a través de promover la autonomía e incrementar la eficiencia y productividad energética y el confort en base a un diseño bioclimático utilizando materiales sísmicos y ecológicos de bajo impacto ambiental.

Aquí puedes ver completa la propuesta del grupo que encabeza el Doctor Jaime Ríos desde la Facultad de Arquitectura de la BUAP.

La región de Tochimilco una semana después. Entender lo que ocurre tras un terremoto como el del 19 de septiembre en una comunidad, la de Santa Cruz Cuautemotitla, en la falda sur del volcán Popocatépetl que en la madrugada del miércoles 27 ha deslumbrado al mundo con sus exabruptos. Entender la magnitud del desastre, la capacidad de respuesta que tienen las comunidades rurales, la respuesta organizada desde el gobierno, la importancia de los grupos civiles. Y lo que se viene, la dimensión del esfuerzo de reconstrucción de los pueblos afectados por el terremoto más devastador en la historia moderna de Puebla.

Vale pensarlo desde aquí, desde estos nombres antiguos plantados en la entraña del volcán poblano: La Magdalena Yancuitlalpan. San Antonio Alpanocan. San Antonio Alpanocan. San Francisco Huilango. San Miguel Tecuanipan. Santa Catarina Tepanapa. San Martín Zacatempan. Santiago Tochimizolco. San Lucas Tulcingo.



Empezar por los hechos:

La magnitud del desastre se puede comprender en una comunidad de apenas 1,200 habitantes, la junta auxiliar de Santa Cruz Cuautemotitla, en el extremo poniente del centro sur del estado, pegado a la frontera con Morelos, y a la vista del Popo: 40 viviendas destruidas totalmente, 110 más con daños severos; 20 manantiales segados por los deslaves y el colapso total del sistema de agua potable. Si ve el conjunto de la región de Atlixco afectada, probablemente 3,200 viviendas tronadas, pero las cifras todavía están por confirmarse.



El galerón repleto de bastimentos de la casa parroquial que sirve de resguardo de las toneladas de ayuda que ha llegado al pueblo de Santa Cruz da una idea también de la dimensión a la que llegó la movilización de la sociedad civil mexicana. Y de que los tenderos en los pueblos por unos buenos meses no tendrán mucho que vender.

La precariedad de la instalación de los pueblos, asentados en las laderas de las barrancas que bajan de la montaña. De nuevo el ejemplo es Santa Cruz, asentado a 15 kilómetros en línea recta del cráter del volcán: un buena parte de su caserío descansa en unas lomas empinadas con grados cercanos a los 45 grados. Muchas de las casas sobrevivientes están amenazadas por el riesgo confirmado por los deslaves que trajo el sismo. Y las lluvias intensas. Y el tremor del Popocatépetl que zangolotea al pueblo y que en la mañana de este miércoles 27 duró al menos una hora. Como en el resto del estado –salvo la excepción de Cuetzalan--, no existe para las regiones rurales programas de ordenamiento territorial. El ayuntamiento no cobra prediales, y su responsable de protección civil es eso: un funcionario que no terminó la secundaria.

La dificultad de las instituciones de gobierno para coordinar las acciones ante el desastre. Apenas este jueves 28, nueve días después del terremoto, los funcionarios del gobierno del estado sostendrán una reunión en Tochimilco: SEDATU, SEDESOL y SOAPAP, con este último organismo aplicado directamente en el municipio por orden expresa del gobernador Gali, y promotor de la reunión.

La eficiencia de la acción directa del gobierno cuando se aplica con una dirección correcta. Es el caso de las brigadas que el SOAPAP, de la mano de su propio director Gustavo Gaytán, y que desde el día 20 trabajan el día entero en la rehabilitación del sistema de agua potable colapsado por los derrumbes que cegaron los más de 20 manantiales que surten de agua y por centenares de mangueras a cielo abierto a las comunidades. Los trabajadores del organismo operador de agua en Puebla dan cuenta de su capacidad operativa: saben de pozos y manantiales, de mangueras y sistemas; manejan recursos con un Consejo que decide acciones concretas y mantienen relaciones con empresas contratistas que responden a la demanda de facilitar maquinaria para los trabajos que se necesitan. El resultado es que muy probablemente este viernes 29 queden rehabilitado el sistema de agua potable de esta comunidad. Otro ejemplo fue la rehabilitación de los caminos que desde Tochimilco comunica a las comunidades, con maquinaria de la Secretaría de Infraestructura, que quedaron listos el mismo día 20.

Tras el quebranto de las comunidades, cuando las brigadas de remoción de escombros y demolición todavía trabajan, ya se pasa a la etapa de la reconstrucción, que se llevará meses enteros, dos o tres años tal vez, y que con la cifra que se maneja ya de 24 mil casas perdidas en todo el estado se puede comprender la dimensión de la catástrofe que se nos vino encima hace una semana.

1

El SOAPAP toma el control de la región de Tochimilco. Eso es lo que se puede entender en la base de operaciones que ha montado en una esquina del palacio municipal a espaldas del viejo y agrietado convento --sobreviviente del terremoto para fortuna de todos nosotros. Gustavo Gaytán es un abogado queretano con más de treinta años de experiencia en el servicio público. Las mudanzas políticas en Puebla lo trajeron como director jurídico del SOAPAP, y hoy es su director. Llegó con su equipo el 20 de septiembre a Tochimilco, cuando el día después del terremoto confirmaba el colapso de los sistemas de agua potable en varios pueblos del volcán cuando los deslizamientos de la tierra taponaron decenas de manantiales. Pronto el gobernador Gali decidió dejar a ese organismo como responsable de la acción de gobierno en la región. Una semana después Gaytán encabeza lo que parece ser poco a poco la respuesta más organizada del gobierno del estado a la catástrofe. Con recursos del SOAPAP han traído de Puebla centenares de metros de mangueras de todos los calibres y las cuadrillas y la maquinaria trabajan en la rehabilitación de los manantiales. Y ha llegado de Puebla la mitad de los trabajadores del organismo para ese trabajo. Con el acuerdo de los propietarios de las viviendas –firman un documento en el que expresan su consentimiento y autorizan la demolición—las brigadas de voluntarios que han llegado de la ciudad de México han derribado al menos siete casas que un peritaje declaró inhabitable. Y a la vista está la escuela, rota de principio a fin, a la que la maquinaria que llegará este jueves terminará de borrar del mapa.

“Yo no me espero –dice Gaytán--, ahora lo que sigue es la reconstrucción. Un gran número de casas están ubicadas en zonas de alto riesgo de deslave. Tenemos que actuar, pues muchas familias siguen en sus casas. Hay un verdadero peligro. Por eso estamos pensando ya en la alternativa para la construcción de nuevas casas. Y por eso hemos traído a los especialistas de la Facultad de Arquitectura de la BUAP, ellos están elaborando una propuesta que recupere el escombro de las casas destruidas. Vamos a comprar con recursos del organismo, y eso ya lo aprobó el Consejo, una trituradora de escombro y una ladrillera, y estamos en pláticas con la autoridad de Santa Cruz para plantar casas refugio en el terreno plano que pueda aportar la comunidad. Esto es urgente.”

2

Se llega a Santa Cruz por un camino atrapado en la niebla del mediodía. Ni trazos del Popo, mustio como siempre, de él sólo tenemos las imágenes que la gente logró tomar al amanecer. Se cruzan campos de amaranto y milpas en estos rumbos de los 2,800 metros sobre el nivel del mar. Y los barrancos que valle abajo formarán el río Nexapa en su camino al sur. En un quiebre y otro se observan los pedregones de dos, tres, cinco metros que las máquinas han hecho a un lado. De un lado los deslaves, del otro el barro que esta misma mañana ha saltado al camino desde la temblorosa tierra de las laderas.

Santa Cruz es un pueblo de calles empinadas y casas asomadas a los barrancos. En un breve plano está la presidencia y la explanada en la que se ha instalado un comedor que todo el día alimenta al que por ahí se aparezca. En un extremo el templo católico y la casa del cura, ambos quebrados por el sismo. En una calle que sube tres casas derribadas esta mañana y la escuela, que espera su turno para ser demolida el jueves. En otra, muy estrecha y con barandales para auxilio del peatón, se trepa por un encementado con casas derruidas o quebradas cuyos pobladores verán mañana desaparecer entre la bruma que tome el cerro por la tarde.

En el frontal del edificio de la presidencia auxiliar resaltan los números 1952-1963. Once años se tardaron los abuelitos en construirla, dicen los hombres que conversan a la espera de que les sirvan su ración de huevo revuelto en salsa, frijoles y arroz. Ellos son la autoridad aquí, y ven hacer a los brigadistas y confirman que por muchas de sus casas hay ya poco que hacer.

“Son cuarenta las que ya no sirven –me dice Sabás Carranza Carmona, el presidente auxiliar--, y ya contamos 110 más que están muy amoladas, pero que pueden reconstruirse. Ahora lo inmediato es el agua potable. Ya hemos recuperado algunos de los manantiales. Pero al menos veinte de ellos quedaron cegados por la tierra…”

3

De la calle empinada baja por sobre las casas un entramado de mangueras. Imposible contarlas cuando están amarradas y se pelean con los cables de la luz. Pero cuando en un punto se despliegan para buscar la casa a la que cada una alimentará, forman una red que cubre la calle y los techos, brinca de un lado a otro y se pierden en los patios traseros de las casas quebradas. Y vienen de lejos, una por una, y en grupos. Y tienen su historia. Cuentan diez los hombres que han muerto desbarrancados en algún momento de los últimos años, cuando se dejaron de lado las acequias que desde el cerro atravesaban el pueblo y se crearon estos muy particulares sistemas de agua potable. Particulares porque lo son: una manguera por casa, y desde los manantiales, cientos de metros más arriba.

“Esto le costó la vida a mi papá.” Esa frase la escucharán los técnicos del SOPAPAP cuando intenten ofrecer a los vecinos un sistema alternativo, por ejemplo plantar una represa en arroyo cincuenta metros al fondo del barranco, con una bomba y un tanque en cada barrio del que se conecten las mangueras. No, hay que pensarlo mejor. Cada manguera tiene su historia.

4

¿Cuánto costará reconstruir este pueblo? Lo que sea, el doctor Jaime Ríos Maceda, investigador y maestro en la Facultar de Arquitectura de la BUAP, lo piensa por ahora en módulos refugio, de construcción inmediata (tal vez una semana, si logran llevar adelante el proyecto que se proponen), y con una cocina, baño y habitación en quince, veinte y hasta veinticuatro metros cuadrados. Entre 10 mil y 60 mil pesos, según el tamaño, dice. Jaime y su compañero Ricardo Sarabia, estudiante de arquitectura del cuarto semestre y consejero universitario, recorren algunas de las calles del pueblo. Miran con cuidado las grietas en los adobes, los agujeros en los paredones, el colapso de las losas. Las ven aquí, y las imaginan desde sus programas de cómputo en un programa certero de reconstrucción. Y por un momento imaginan a la universidad comprometida en ello.

Después me despliegan la idea de su proyecto, nombrado OCH8.20 que se puede encontrar aquíhttps://drive.google.com/file/d/0BwBGGa1kF8ORcjhSUEx2bTFIQm8/view, y que es sin duda una expresión de lo que puede lograr una universidad si se propone responder a sus responsabilidades como centro de producción de conocimiento:

No son los únicos que de la universidad pública han subido hoy hasta este pueblo del volcán. A la salida encontramos una comitiva organizada por el Centro Universitario para la Prevención de Desastres, el CUPREDER. Los del SOAPAP no hana entrado en contacto con ellos. Al menos no el día de hoy. Coordinación. una palabra elemental que tendrá que ganar espacio como lo ha hechco la niebla esta tarde. Universidad, gobierno, grupos civiles, pueblos originarios con sus autoridades y costumbres. tal vez sea posible pensar en una reconstrucción inteligente. Más nos vale.

5

Gustavo Gaytán ha buscado la ayuda donde ha podido. Habilitó con la presidencia municipal el albergue del DIF para alcohólicos anónimos que está en la carretera saliendo de Tochimilco, y ahí duermen sus cuadrillas del SOAPAP y los voluntarios que han llegado de la ciudad de México. Allá encontró la ayuda entre los rescatistas que en estos días han llenado las planas de las redes, casi siempre jóvenes, anónimos. Casi siempre mujeres que pelean a los hombres el mazo y la pala, que meten el hombro y le reclaman a todo aquel que las mire menos por su capacidad de carga. Así me lo cuenta Gustavo, y describe un territorio que yo no había visualizado: el de hermandades que aparecen en las catástrofes, que dejan todo, casa, chamba, amistades y se desvanecen en esa masa abigarrada que mueve los escombros y casi no duerme.

“Son unas chavas y chavos todo terreno –me dice--, se la rajan, y no paran. Este grupo llegó ayer, tuvieron dos días de descanso en los derrumbes de allá, y se jalaron para acá.

Han llegado hasta Santa Cruz, los escucho entre la niebla tumbar una pared a marrazos. Son los brigadistas que le han cambiado una vez más la fachada obtusa y egoísta a México.

6

Carlos Alcaraz Gutiérrez también llegó desde Querétaro. Ocupa un alto cargo en una secretaria de gobierno en ese estado. Pero ha pasado la semana por aquí, igual, inspeccionando casas, cargando un marro.

“Yo decía que mi trabajo era complicado, pero no conocía Puebla –dice--. Hoy en la mañana me sentí en Discovery Channel: había llovido todo el día de ayer y por la noche. Y de repente la explosión, y no entiendes, y sales a la calle y ves al cura salir corriendo de sus casa, y luego el tremor y la tierra que no para de estremecerse. Una hora duró temblando, hasta la gente de aquí estaba admirada, nunca había durado tanto un tremor así.”

7

Una reunión bajo el enlonado que guarda al comedor de los voluntarios, frente al edificio de la presidencia auxiliar. Gustavo Gaytán presenta al Doctor Jaime Ríos a la autoridad auxiliar, y expone en corto la idea de construir estas casas que proyectan los universitarios. Platican del riesgo que corren las familias que todavía duermen en sus casas tronadas, en los patios a los que han sacado sus muebles. Y plantean el problema de los asentamientos asomados al barranco, y las consecuencias de un nuevo deslave. Sí, asiente la autoridad, la gente está consciente de eso. Se necesita un terreno plano, les dice. Los señores le dan vueltas a la idea. No hay muchos aquí en Santa Cruz, enclavado en estos abismos. Miran su plaza. Pues sí, aquí puede ser. Pues piénsenlo.

“Presi –le dice el director del SOAPAP al Sabás Carranza--, necesito que piensen en el tema de la represa en el arroyo, ya le dije, con la bomba podemos abastecer a la comunidad mientras se reparan todos los manantiales…”

No es un tema simple. El agua, el manantial, la conversación toca terrenos que lindan con lo sagrado, y con los usos y las historias. Que si de un lado los católicos, que si del otro los evangélicos. Y que si este atado de mangueras es de tal familia, y aquel de la otra. No es fácil. Recuperar algunos de los manantiales es tarea imposible: están taponados por miles de toneladas de tierra del monte que se vino abajo con el temblor. No hay dinero que alcance para recuperarlos.

“Sí, señor –dice Sabás--, ya mañana tendremos una asamblea, ai lo vamos a proponer, ai vamos a decidir…”

Muy bien, dice el funcionario estatal. Pero resuelvan, le dice.

8

“Todo esto que se ve es para repartir a todos”, me dice uno de los hombres que trabaja en el desmenuce de centenares de cajas y bolsas que se atiborran en el galerón del curato que ha salido bien parado del temblor. Ahí han amontonado lo que el mundo exterior ha llevado hasta Santa Cruz.

“Y ya nos dijo el padre Víctor Hugo Oidor: señores, aquí no hay que católicos y evangélicos, aquí es parejo, para todos y hasta donde alcance. Y nada de partidos.”

Se oye bien eso, me digo. ¿Y los tenderos?

“Ah, esos por un tiempo no tendrán nada que vender…”

A lo mejor refrescos, atina a decir.

9

En Tochimilco a la media tarde. Hemos dejado atrás la niebla y los aguaceros repentinos de Santa Cruz. Atestiguo la conversación entre funcionarios públicos y trato de hacerme una idea del nivel de coordinación existente.

Albertina Calyeca Amelco es la presidenta municipal, y se ve tranquila. Escucha el reporte de Gustavo Gaytán: han tenido que derribar siete casas con el consentimiento de los propietarios. Y el jueves que lleguen las máquinas irán por la escuela. Y señora, muchas casas construidas en terrenos de alto riesgo también tendrán que derribarse… Ella asiente.

Escuchan dos funcionarios de SEDESOL estatal. Javier Pascual Mier y Adrián Huerta Rivera. Luego dicen que ya ellos están haciendo su registro de afectaciones. Y que también ya están por ahí los de SEDATU. Se toma nota de sus recorridos. Entiendo entonces que una semana después estos señores no se han reunido ahí, en campo. Que quienes se reúnen todos los días en Atlixco bajo el mando del secretario Trawitz para la coordinación de los trabajos en los 9 municipios afectados en esta región (son 112 en total) no entran en el detalle de los municipios y las comunidades. Eso apenas va a ocurrir.

“Mañana –dice Gustavo Gaytán--, aquí nos vemos y conjuntamos la información.”

Nunca será tarde para Santa Cruz.

Jueves, 28 Septiembre 2017 00:00

Sentir el miedo...

Hoy fuimos a Tochimilco y la junta auxiliar Santa Cruz, una de las comunidades más afectadas por el temblor. El paisaje es imponente, y entre cerros y precipicios nos desplazamos de una comunidad a otra. En el fondo, la sombra del volcán lo domina todo.



Vivir en zona de riesgo de erupción del volcán es algo a lo que ya la comunidad se había acostumbrado. El Volcán y sus sainetes ya les hacían los mandados, ya lo tenían muy visto. Hasta que el temblor les partió las calles y las casas en dos y medio pueblo quedó prendido con alfileres. No hubo difuntos pero sí muchos perjudicados. Para empezar los manantiales quedaron segados por el alud de piedras y lodo que desprendió la furia de la tierra, manantiales de los que el pueblo baja el agua con mangueras en un original sistema de agua potable que vuela por el aire y no por el piso, como si fueran cables de luz. Las mangueras están secas desde el día del temblor. Y a los manantiales se les debe tratar con respeto y comedimiento porque son sagrados. Todo lo que tenga que ver con ellos debe de ser acordado por el pueblo. Así que perjudicados por la falta de agua estarán todavía por un rato mientras se alcanzan acuerdos para su intervención.

Luego quedaron, además del susto horrible de ver subir y bajar la tierra como si fuera el fin del mundo, los daños a las casas de piedra y adobe construidas al borde de los desfiladeros. Ni lo principal se salvó: la iglesia, la casa del señor cura, el templo protestante, las casas recién hechas, las vetustas, la presidencia auxiliar y la escuela completita con sus siete módulos. Todo está en veremos ocho días después, excepto la feria del donativo y el regalo que se ha instalado en puntos estratégicos, alrededor de los cuales hay mitote de hormiguero.



En honor a la verdad no hay un solo logotipo de ningún partido. Ni uno, ni quien se atreva. Lo que sí abunda son centros de acopio llenos hasta el tope de comida, despensas, ropa, y muchas ociosidades que llegaron de la ciudad. Al aguerrido y generoso grupo de rescatistas y voluntarios, que han venido a tratar de poner cierto orden en semejante caos, se le ofrece cafecito con gran variedad de galletas: de abanico, de chocolate, de MacMa, de Costco, cafecito con azúcar o con esplenda, café variado que sale de maquinitas de nexpreso.

Dos vidas cruzan el pueblo hoy: el de la rutina del cultivo del campo y su ir y venir de caballos que jalan un arado en medio de los hermosos sembradíos de amaranto, los burros cargados de cañuela para ganado o leña para guisar, las mujeres cargando algún mandado y los niños sin clases jugueteando en grupos, y el trajín del pueblo dedicado a guisar en la placita central del poco terreno que hay en plano, donde bajo una carpa de dos colores hay enormes cacerolas con frijoles, arroz, chile con huevo, nopalitos, muchos guisos surtidos del enorme bodegón del curato lleno hasta reventar de todo lo que llegó de los donativos de las cuatro esquinas del país. Como quitarle un pelo a un gato. La bodega se ve llena como la panza de la cueva de Alí Babá.

Así las cosas, el miedo nos permea a propios y extraños porque el volcán hoy decidió entrar en un tremor constante, que asusta como antes, porque nadie sabe con certeza si es él y sus conocidos caprichos, o si va a volver el temblor para sepultarnos a todos con piedras, lodo, agua y cenizas. Miedo... Nos permea el miedo mientras regresamos bajando los caminos entre los altísimos cerros que se inclinan sobre nosotros.

(Este texto se publica también en el blog de la autora Historias desde el biogalón)

Las y los ciclistas de la Ciudad de México fuimos uno de los grupos que se levantó en las horas críticas tras el sismo del 19 de septiembre del 2017.

Pedaleamos en todos los sentidos, recorrimos frenéticas la ciudad de Chapultepec a Xochimilco. Llevamos y trajimos las mochilas retacadas, frenamos en una ubicación desconocida sólo para verificar si era cierto que se había colapsado un edificio. Éramos cientos ¿miles? de bicicletas con sus ciclistas abordo.

No éramos un hormiguero pisado. Éramos una red de individuos y contingentes que pusimos nuestras piernas y nuestras bicis al servicio de quién necesitaba lleváramos herramientas, comida o medicamento a donde el tráfico estancado y las calles cerradas no lo permitían.

Algunos salimos desde la primera noche. A los primeros centros de acopio que brotaron en las redes sociales en medio de las delegaciones sin luz ni semáforos.

Algunas respondimos a múltiples tuits de "se requieren ciclistas mañana en Estela e la Luz":


Otros rodamos con los grupos ya organizados de @Bicitekas, @AcopioEnBici o nuestro grupo de ciclistas amigos:


A otros nos reclutó @Verificado19s para rodar a donde había duda sobre la información, o seguimos su hashtag para ver dónde se necesitaban nuestras llantas:



Otros acudimos al llamado para hacer rondines de y desde hacia CU:




Las motocicletas se unieron también. Nos complementamos con esas que guardamos cierto recelo secreto. Ellas fueron más rápidas y más lejos, pero ahí donde los puños pedían silencio apagaron sus motores y le cedieron el paso a nuestras ruedas.


Estábamos por todos lados, llegamos a todos lados y los coches nos cuidaron y respetaron.



En biología decimos que la diversidad de especies ayuda a la resiliencia de los ecosistemas, es decir a que regresen a su estado inicial después de una perturbación. Quizá tener una movilidad diversa ayude también a la resiliencia de las ciudades ante desastres que están pensadas solo para automóviles.


La #AyudaEnBici fue posible y efectiva no sólo por las ganas de ayudar desbordadas de la juventud, sino porque en la CDMX algo ha cambiado en la última década: ya hay ciclovías e infraestructura, ya hay mucha gente que rueda al trabajo, o por lo menos que sale los domingos al Muévete en Bici, y que por ende sabe que se puede cruzar la ciudad en dos ruedas y se sabe capaz de pedalear con las alforjas cargadas a tope.
Ojalá que se construya un Museo de la Memoria de los Sismos en México (que no solo en la CDMX). Ojalá que dentro de eso que recordemos esté que la cultura de la bici no es un capricho para ciclistas, sino parte de la resiliencia de la CDMX ante los momentos de crisis.

#FuerzaMéxico
Página 10 de 67