Vida y Milagros
No sé a ustedes, pero a mí la vida muchas veces me parece confusa e incomprensible. Me confundo entre lo que es prioritario y lo que es irrelevante y me cuesta trabajo entender de qué se trata y de qué va la vida. No sé si es importante estar pendiente de los destinos de la patria y si vale la pena preocuparse de su rumbo, de si éste tiene un camino relativamente transitable o si vamos dando tumbos hacia un barranco de manera irremediable. En estos días de un año de pronóstico reservado y de ánimos enconados, me inquieta la respuesta a la pregunta de cuál es nuestro papel en el mundo. ¿Realmente en lo individual podemos hacer algo por mejorar nuestro entorno político y social? ¿Vale la pena hacerlo o simplemente debemos encerrarnos en nuestros pequeños mundos a ser observadores pasivos o derrotados ante lo que acontece en nuestro entorno? ¿Qué es importante? ¿Qué vale la pena? ¿Podemos darle un sentido a nuestra vida o todo, de todos modos, es producto de la casualidad?
Una valiosa reflexión de Carl Sagan me ha servido para dimensionar muchas de las cosas que me confunden. Sus palabras no son necesariamente una respuesta específica para mí o para ti, sino una amplia visión de lo que realmente importa, un asidero y un punto de luz en nuestro cerebro para buscar nuestras propias respuestas.Sus palabras nos dan una lucidez parecida a la que se produce cuando nos acostamos en el pasto a ver pasar las nubes en la inmensidad del cielo azul o a mirar la profundidad de una noche estrellada.
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En 1990 , cuando la sonda Voyager 1 se disponía a salir del sistema solar, Carl Sagan estaba ahí observando las imágenes en las pantallas de la NASA. Él les propuso a los científicos y al equipo técnico que por una última vez hicieran girar la nave para tomar la foto más distante posible de nuestro planeta, en ese momento a 6 mil millones de kilómetros. Ahí él vería lo que describió como "el pálido punto azul". De la experiencia de observar así a nuestro planeta escribió el siguiente pequeño texto:
"Desde este punto tan distante la Tierra puede carecer de un interés especial, pero para nosotros es diferente. Consideremos de nuevo ese punto: ¡Es nuestro hogar, eso somos nosotros! En él, todo aquel que quieres, todo aquel que conoces, todo aquel del que hayas oído hablar, todos los seres humanos que han existido, vivieron aquí sus vidas. El conjunto de nuestras alegrías y sufrimientos, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y plebeyo, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, inventor o explorador, cada líder supremo, cada formador de moral, cada político corrupto, cada "super estrella", cada líder supremo, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí, en esa mota de polvo suspendida en un rayo de sol. La tierra es un pequeñísimo escenario en una vasta e inmensa arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores para que en gloria y triunfo pudieran convertirse en los amos momentáneos y soberbios de solo una fracción de un punto; piensa en las infinitas acciones crueles de los habitantes de esa pequeña parte hacia los casi indistinguibles habitantes de cualquier otra parte igual de pequeña. Piensa en la impaciencia por matarse los unos a los otros, en la frecuencia de sus mal entendidos, en lo fervientes que son sus oídos ante determinadas formas de pensar, lo necio de nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia y la falsa ilusión de tener una posición privilegiada en el universo. Todas esas creencias son desafiadas por ese punto de luz pálida, por una mota solitaria que es nuestro planeta, flotando en esta inmensa y envolvente oscuridad cósmica. Piensa en nuestra propia oscuridad. En toda esta inmensa vastedad no hay ningún indicio de que la ayuda vendrá de algún sitio para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora capaz de albergar la vida, y no hay ningún otro sitio, al menos en un futuro cercano, a donde nuestra especie pueda emigrar. ¿Visitar? si, establecerse, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde estamos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia constructora de carácter y humildad. Quizá no haya mejor demostración de la estupidez de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro diminuto mundo. Para mí recalca nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente y de preservar y cuidar el pálido punto azul, el único hogar que tenemos y hemos conocido." (Carl Sagan, Astrónomo, activista y novelista, 1934-1996)
La vida- decía Carl Sagan- es solo una breve mirada a un sorprendente universo. Es triste como nos perdemos de ese momento distraídos por fanatismos, nacionalismos, pleitos políticos, egos desmedidos, creencias religiosa, deseos de acumulación, pero sobre todo, por pequeñeces. Todo pierde importancia cuando miramos hacia arriba, cuando metemos un humilde y personal atisbo de astronomía a nuestra vida cotidiana. Muchas preguntas encuentran respuesta con ese breve movimiento de cabeza hacia arriba, hacia la inmensidad del cielo.

Mundo Nuestro. Las ilustraciones de este texto son del artista visual Nicolás Marín, Mr. Poper, y fueron tomadas de la revista digital LadoB. Dice de su obra este joven artista plástico: “No puedo pasar por alto ni puedo ignorar el amor entre iguales. Es algo con lo que vivo, y finalmente me gusta el amor que se da entre hombres o entre mujeres. Si yo lo pasara por alto, regresamos a lo mismo, dejaría de ser honesto”.

I

En las conversaciones con su nuevo grupo de amigos de la universidad, Alejandro era el que más hablaba y el que parecía haber vivido de todo. Vania y Alejandra, aunque menos, ya tenían sus buenos kilómetros recorridos, sobretodo la última. Sin embargo Alam, Yasmín y él sólo hablaban de fantasías, inventando historias, ya que estaban interesadísimos en los temas y se morían de curiosidad, pero él, que a pesar de que se sabe homosexual desde que tiene uso de razón, nunca había tenido relaciones sexuales de ningún tipo. Yasmín y Alam estaban en una situación poco distinta.



Cuando entró a la preparatoria se encargó de nutrir el prejuicio que sus compañeros crearon de que básicamente era una máquina de coger y para el tercer año ya todos lo reconocían como el hombre más experimentado en el amor y en el sexo. Contados eran los que sabían la verdad: él, Xhuncu Casiviany, fue desde siempre y hasta ese tiempo un chico solitario y callado. Tanto así que durante una temporada de su infancia visitó al psicólogo porque su madre estaba segura de que padecía autismo. Ni autismo ni mudez, sólo la prematura certeza de que hablar sobra cuando las personas no saben escuchar. Los prejuicios y la fama que fabricó para sí en la preparatoria fueron como una segunda oportunidad. Ahí, contrario a los grados escolares anteriores, generó verdaderas amistades y brotó la voz que había guardado con tanto celo.

Pero fue hasta la universidad cuando decidió dar el paso que faltaba para salir definitivamente del capullo y las historias de Alejandro fueron como un faro para él. Alejandro contaba que habían sido muchos y muy variados los hombres con los que se había acostado. Desde muchachos de la misma universidad hasta cuarentones casados y con hijos. ¿De dónde sacaba tantos hombres para coger? Que Facebook puede servir para eso fue el primer dato que sacó en claro. Grupos secretos para establecer contacto con el que más te convenga y llevártelo a la cama. El día que se enteró de eso, corrió a su casa para crear una cuenta falsa y meterse a la mayor cantidad de grupos que pudo encontrar. Rápido y sin hablarlo mucho concertó una cita con el muchacho con quien tuvo sexo por primera vez. Su nombre ya no lo recuerda.

Nada sintió. Ni dolor ni placer. Solamente una amarga decepción. Alejandro le había hablado de las maravillas del sexo con tanta seguridad y emoción, que no haber sentido nada lo sorprendió y lo molestó mucho. Quiso pensar que fueron los nervios y la inseguridad de hacerlo con un extraño. Naturalmente no habló del tema con nadie y como siempre, se limitaba a escuchar las historias de sus amigos y se inventaba las propias, pero la experiencia empezaba a remorder su consciencia y a medrar sus ganas.

Una vez, Alejandro habló de unas cabinas de cibercafé que servían como lugar de encuentro sexual. Su curiosidad volvió a encenderse, pero ahora de manera insana. Tratando de ocultar lo más posible su interés, intentó sacar de Alejandro toda la información acerca ese lugar. ¿En dónde? Una casa por la Facultad de Medicina. ¿Sí, pero más o menos por dónde? A unas calles del panteón, con dirección al sur, pero eso no importa, lo que importa es que ahí conocí a un cabrón que me la chupó como nadie lo ha hecho.



II

La visita a las cabinas se le estaba volviendo una adicción. Dejó de hacer muchas cosas por ir y a veces iba desde las ocho de la mañana que abrían hasta las ocho o nueve de la noche. Más de doce horas que, multiplicadas por los siete pesos que al principio costaba la hora y los nueve que llegaron a costar, y sumando lo que gastaba en aguas, refrescos y galletas, hacían de esos días un peligro para su cartera. Pero de las más de cuarenta veces que tocó en ese zaguán, siguió al recepcionista hasta el interior de la casa, dejó sus cosas en los estantes, registró su entrada, tomó su ficha y buscó su cabina, sólo unas cinco tuvo sexo.

La primera vez que asistió al lugar sintió como si estuviera traicionando una dinastía milenaria de pureza y dignidad, un legado familiar. Subió las escaleras al segundo piso, donde estaban las cabinas, cargando con ese peso. En las escaleras se topó con un par de hombres solos, nada atractivos, que tuvo que ignorar con aplomo, ya que en esas circunstancias una mirada que apenas se postergue más de dos segundos te compromete por lo menos a una propuesta. Él no estaba para aceptar ni rechazar a nadie, sólo para pensar en los pecados que estaba cometiendo. Hasta ese momento, la cosa pintaba mal. Sus pulmones se llenaron con el olor de la humanidad en su punto cúspide. Sintió repulsión.

Más de 10 puertas de cada lado en los dos pasillos de la pieza dificultaron el hallazgo de la suya. Antes de dar con ella, vio a algunos hombres rondando los pasillos y a otros con las puertas abiertas, esperando. Apenas la encontró y se encerró con seguro. La cabina era de poco más de un metro cuadrado. Vinieron a su mente los baños públicos portátiles. Había dentro una mesa con una computadora y una silla. Las cabinas estaban separadas con paredes de tablaroca bien empotradas en el suelo y el techo para soportar embestidas de una intensidad considerable. La computadora estaba prendida y en ella había una ventana de chat que intercomunicaba todas las computadoras del lugar. El chat estaba desierto y nunca fue distinto. Se sentó en la silla. Era un mal momento para reflexionar, pero no pudo evitarlo.

Su hermano Alex también es homosexual, pero más bien es una señora mocha y machista que sueña con casarse con un hombre rico que la golpee cuando haga las cosas mal. A diferencia de Casiviany, Alex está convencido de que ser homosexual es como una tarjeta de presentación ante la sociedad. De más jóvenes discutían sobre salir o no salir del clóset. Alex decía que sí, que debían ir preparando a su familia para que los aceptara. Él, por el otro lado, sostenía que no tiene sentido hacerlo, que él es quien es sin importar su orientación sexual y que, en todo caso, su familia se enteraría el día que le presentara a algún novio.

A pesar de esa convicción suya, creció con ideas que en ese momento, sentado ahí escuchando los jadeos aledaños, respirando sexo, lo estaban torturando de manera que comenzaba a sentirse saboteado definitivamente. El templo que era su cuerpo ya había sido profanado anteriormente y estaba por volver a serlo de una manera que se le antojó asquerosa. Y si el templo perdía valor, el alma mucho más, porque lo permitió sin tener el más mínimo derecho de hacerlo. Los azotes estaban ya rasgando su moral cuando tocaron la puerta de su cabina.

Giró en la silla y abrió. Era un tipo algo feo, pero con cuerpo atlético y grande. Entró sin decir nada y se sacó el pito. Él tampoco dijo nada, se quedó sentado y lo metió en su boca. Afuera, el señor de la cabina de enfrente los miraba y se masturbaba. Casiviany prefirió cerrar la puerta, no fuera a pensar que lo estaban invitando. Terminó y el tipo le prestó un klinex que sacó de su bolsa trasera del pantalón, él lo usó para escupirlo todo y cuando quiso buscar el bote de basura encontró que debajo de la mesa estaba lleno de bolas de papel higiénico y condones usados. Se limitó a aventar el klinex junto con la demás basura. Pasado un rato, el tipo le pidió penetrarlo. Él sólo asintió con la cabeza, se volteó y se bajó los pantalones. Escuchó un jalón con la nariz y volteó. Le ofreció una pequeña ampolleta y le indicó cómo debía inhalar los vapores que salían de ella. Se llama Popper, con esto vas a sentir más rico. Él lo intentó, pero inhaló mal y sólo le causó dolor de cabeza. Otra vez no disfrutó del sexo.

Después de un largo rato en silencio, intercambiaron números. El tipo se fue después de invitarlo a su casa sin éxito. La cabina de enfrente estaba vacía ya. Se quedó otro rato sentado en su silla, pensando. Dentro de él, la excitación y la culpa empezaban a trabajar juntas, haciéndolo sentir ruin. Además, comenzaba a sospechar que el sexo nunca iba a complacerlo.

Nicolás Marín Mr Poper. S/T
Acrílico sobre madera
90 x 60 cm
Febrero 2010 (Tomado de LadoB)

III

-Ven, siéntate en la mesa.

Un señor de unos 45 años, menudo y bajito, pero con el rostro apuesto pasó y se sentó en la mesa. Casiviany cerró la puerta de la cabina y se sentó en la silla.

-Hola. Me llamo Ernesto, tengo 17, pero ya voy a cumplir 18.

-No me digas eso, mijo, cómo le vamos a hacer si ya me dijiste que no eres mayorcito, cancha reglamentaria pues. Casi estás tan chiquillo como mi hijo.

-¿Cómo, tienes hijos? ¿Ellos saben de esto?

-No, no, hombre, cállate. Ni mi mujer ni ellos deben saber. Como trabajo un taxi ni se las huelen, nunca saben dónde ando. ¿Apoco tu familia sí sabe que bateas chueco?

-No… No tengo papás. Vivo solo.

-No la chingues, perdón. Bueno, por lo menos así no te tienes que andar escondiendo de nadie. No, hombre, si mi familia se enterara...

-¿Nadie sabe que eres puto?

-No.

-Pero no importa, siempre he pensado que uno es quien es sin importar que te gusten los del mismo sexo, ¿no?

-Pues eso sí, pero mírame, escondiéndome a los cuarenta y tantos. Yo amo a mis hijos y quiero mucho a mi vieja, pero como que no más nunca le perdí el gusto a esto.

-¿O sea que sabías que te gustaban los hombres desde antes de casarte?

-Sí, pero nunca se lo dije a nadie. Pensé que con casarme se me iba a quitar. Qué pendejo, ¿no? Ahora tengo que venir aquí. Dejo el carro por el panteón y me vengo caminando para que no haya bronca. Pero, chingados, es la primera vez que entro con uno tan joven como tú y resulta que no más quieres platicar.

-Es que como me dijiste que así no se iba a poder…

-Chingados. No, por más que se vea que eres un cabroncito, mejor no. A ver si te veo después. Ya me voy. Chingados.

El señor salió de la cabina, frustrado y caliente. A Casiviany ya se le había hecho costumbre conversar con todos los que llegaban a su cabina. Podía hacerlo todo el día: observaba a los fulanos que anduvieran por ahí, la mayoría hombres de treinta a sesenta años, aunque también llegó a ver varios pubertos de hasta trece años aproximadamente. Ni a esos ni a los que aparentaban más de cincuenta les prestaba atención, pero sí vio algunas parejitas compuestas por estos y aquellos saliendo de las cabinas muy colorados. Su rango era de veinte a cincuenta, pero los elegía después de estar seguro de que tenían la historia que necesitaba escuchar. Invitaba al que más lo convencía, lo sentaba en la mesa y comenzaba a hablar.

Siempre contaba una historia distinta y siempre escuchó lo que quería escuchar: hombres que tenían problemas con vivir abiertamente su sexualidad. De alguna manera, saber que él estaba en ese lugar nada más para satisfacer sus ganas, su curiosidad y su autosabotaje moral, y no porque necesitara ocultarse, lo hacía sentir superior. Eso justamente era lo que más le gustaba de las cabinas. A diferencia de todos ahí, él tenía opciones menos áridas, pero reafirmarlo se le volvió vicio. Si de por sí generalmente sólo aceptaba dar o recibir sexo oral y raramente ser penetrado, cada vez eran menos las veces que lo hacía.

IV

Era sábado en la tarde. Él estaba en un restaurante con sus amigos de la universidad, celebrando el cumpleaños de Alejandra. Como a las siete de la tarde se fue, dando la excusa de que tenía que ver a su hermano en otro lugar. Alam, por su parte, dijo que tenía una entrevista de trabajo y también se fue.

Llegó como media hora después, tocó la puerta y le abrió un chico diferente al de la última vez, tres días antes. Recordó que los recepcionistas ahí duraban pocos días antes de ser reemplazados. Era un día tranquilo en las cabinas. Sin señores y sin pubertos, pocos jóvenes sentados con sus puertas abiertas y más pocas parejas con puertas cerradas. En vista de esto, prefirió hacer lo que nunca: ir a rondar los pasillos buscando algún tipo guapo o alguien con cara de tener una historia triste. Al doblar en una esquina de los pasillos, vio a un muchacho delgado, bajito y de piel clara, muy bien vestido. Ambos intercambiaron miradas mientras se acortaba la distancia entre ellos. Al estar a pocos centímetros, lo abrazó muy fuerte y los dos comenzaron a llorar. Era Alam.

Nicolás Marín Mr Poper. “Por los amores eternos que duran poco”.
Acrílico sobre madera. 90 x 60 cm.
Enero 2011 (Tomado de LadoB)

V

Por Alam supo varias cosas:

  1. Que había otras cabinas en el centro, frente al museo del Tec de Monterrey.
  2. Que también existe un lugar más refinado en donde va gente que es abiertamente homosexual. Se trata de unos baños de vapor con cuartos privados, mucho más cómodos y limpios que las cabinas, conocido como “Las termas”.
  3. Que hay muchos sitios de encuentro sexual en la ciudad. Por ejemplo, los baños del segundo piso del Paseo San Francisco a ciertas horas, la esquina sur-poniente del Paseo Bravo, cuando anochece, el cine porno El Colonial y el cuarto oscuro del bar Garotos. Además de Grinder, una aplicación para celulares que sirve para establecer contacto virtual con personas cercanas a ti.
  4. Que su amigo estaba seguro de sufrir satiriasis.

El encuentro con Alam de alguna manera le sirvió para romper con la costumbre. Se contaron todo: ambos llevaban muchos meses frecuentando ese lugar, pero por el azar nunca habían coincidido. Alam iba menos que él, porque había formas más baratas de conseguir sexo. A Casiviany no le importaba el dinero y no le importaba el sexo, aunque la curiosidad de saber de los nuevos lugares aumentó su libido. Dejó de ir a esas cabinas.

Días después, aunque sólo por no dejarlo pasar, visitó las cabinas del centro. Entró en la vecindad con el número que le dieron de la calle 4 norte, subió las escaleras hacia la izquierda y vio el letrero con las letras de cibercafé y una diminuta bandera de arcoíris abajo. El recepcionista hablaba demasiado: lo invitó a unirse al grupo de Facebook del lugar, le dio una tarjeta de presentación y guardó en un estante su mochila.

Ni niños, ni ancianos, ni mal olor, ni condones usados en el piso. Todo era muy luminoso debido al gran ventanal de la habitación y muy limpio. Las cabinas, por otra parte, eran aún más pequeñas, lo cual imposibilitó que el muchacho guapísimo que acababa de seducir lo pudiera penetrar.

-Ven, arriba hay un cuarto.

-Vamos.

Subieron unas escaleras en el interior de la casa y entraron a un cuarto con luz tenue en donde estaban tres españoles y dos mexicanos en una orgía. El muchacho lo invitó a unirse, pero él sólo quiso ver. Se dio cuenta de que así disfrutaba más.

VI

Tiene casi tres años que Casiviany conoció las casetas. Ahora su opinión es diferente. Asegura que disfruta mucho de su sexualidad. Incluso bromea mientras cuenta sobre la angustia que sentía de estar haciendo cosas obscenas y perversas. Sabe que estuvo mal haberse castigado moralmente. Está seguro de que, si volviera a ir, ya no sería con culpa y la pasaría muy bien.

VII

En febrero del 2016, los sitios web de Diario Cambio y Periódico Central reprodujeron una suerte de reportaje que habla sobre unas cabinas de encuentro sexual en la unidad habitacional La Margarita. Casiviany me cuenta que por esas fechas le contaron que clausuraron varias cabinas, no sólo esas, a causa de que un periodista publicó una investigación y se le ocurrió poner fotos de los lugares, aunque de todos modos ya no las frecuentaba. El reportaje no dice nada sobre los menores de edad.

TALLER DE MURAL COMUNITARIO PARTICIPATIVO from MELI XALLI on Vimeo.

Así se creó el maravilloso mural comunitario participativo de Huehuetla, Puebla. Un trabajo hecho por todos y todas para plasmar nuestros pensamientos, sin duda admirable. Lamentablemente tan valiosa obra ya presenta deterioro tal como se muestra en las fotos de la publicación anterior a esta.



El Día Mundial de la Diabetes se celebra — ¿esto se celebra?— el 14 de Noviembre desde 1991. Yo nací en 1996 y fue hasta este año, 2017, que presté atención a la fecha. Podría haber vivido otros diez, veinte o treinta años más sin saber nada al respecto de no ser porque en enero fui diagnosticada con diabetes.

Al ser estudiante de universidad pública, tengo derecho al seguro médico. Hice provecho del servicio de salud desde que supe que lo necesitaba. He leído y visto muchos testimonios acerca del Instituto Mexicano del Seguro Social y eso me hizo llegar con miedo, además de las muchas otras cosas que dan miedo cuando se tiene una enfermedad crónica. Sorprendentemente a mí no me fue tan mal: no me hicieron esperar meses para darme una cita, me programaron análisis muy pronto y me mandaron con los especialistas. Quisiera decir que ser una muchacha joven, pequeña y blanca (¡y diabética! ¡pobrecita!) no me ayudó a conmover a los servidores públicos, pero la verdad es que no lo creo.

Aun así, no me escapé de las deficiencias del sistema. Por ejemplo, las citas de quince minutos en donde el médico dedica noventa por ciento del tiempo a capturar datos en la computadora. “Bueno, pues te voy a recetar insulina, no comas jugos, ni refrescos, ni harinas, ni naranjas, ni mangos, ni piña...” y otra larga lista incierta que me dejó sin opciones para comer. Decidí, al principio, sobrevivir con pollo, verduras y agua simple, y lo de la insulina… acudí a un consultorio privado para que me enseñaran a inyectarme y lo hicieran por mí hasta que agarrara valor.

Me hicieron análisis sanguíneo después de muchos años que algo así no sucedía (cuando era niña sucedía mucho porque también me tocó ser asmática). Otra vez tuve miedo: por las agujas, por el dolor, por el resultado, porque la larga fila estaba repleta de personas de la tercera edad y ahora resulta que yo estaba en su posición.



Por suerte, para la interpretación de mis análisis me asignaron a un médico más competente. Quiso explicarme muchas cosas, pero los quince minutos de consulta no le dejaron hacer mucho. Me dio cita con el dentista, con el oftalmólogo, con nutrición, con trabajo social y me redirigió a “diabetimss”, o sea, un consultorio específicamente para diabéticos (sí, tantos somos), en donde tendría que asistir a pláticas sobre el tema durante doce meses. Se me ocurrió que era una especie de alcohólicos anónimos, pero para diabéticos. Después del año seremos diabéticos rehabilitados.

Los especialistas me dijeron que estoy bien, que no hay daños todavía. La nutrióloga, con obesidad por cierto, me dijo que debía subir de peso, ya que la diabetes me había hecho bajar unos ocho kilos, y entonces me dio una carpeta nutricional con menús completos — ¡con todos los grupos alimenticios! — con la cual aprendí que podía comer de todo, pero en las porciones adecuadas. Gracias a toda esta atención rápida y a internet, pude llegar a los niveles adecuados de glucosa en sangre en poco tiempo.

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Como lo pensé, en diabetimss las pláticas eran para decirnos que habíamos hecho todo mal y que sucede que nos pusimos en riesgo por ser obesos, sedentarios y mal alimentados. Yo sólo era lo último, pero por mi cuenta aprendí que no son las únicas razones para desarrollar la enfermedad. La herencia genética y mi estilo de vida me hicieron diabética: el estrés, los desvelos, la mucha comida, el mucho alcohol. Después puse atención y creo que así es la vida de las personas de mi edad, pero en fin, al que le toca, le toca.

Las primeras consultas tuve muchas expectativas que poco a poco se agotaron. Algunas veces tuve que corregir a la nutrióloga con el conteo de hidratos de carbono o voltear para otro lado cuando la “plática” se basaba en videos de pies diabéticos en carne viva. Aprendí más yo sola, aunque me daba cuenta que mis compañeros diabéticos (del doble de mi edad para arriba) no tenían mucha idea sobre el tema.

Después de unos meses, por ser una paciente controlada (y güera y joven), la nutrióloga me invitó a dar mi testimonio en la clínica el Día Mundial de la Diabetes. Dije que sí, pensé de inmediato que era una gran oportunidad para hablar sobre esto que ahora me parece muy importante, de decirle a todos los diabéticos de la clínica que se puede vivir bien, que no es difícil, que hay que ser constantes y un montón de cosas más.

Preparé mi discurso desde muy adentro, escribí sobre mis síntomas, diagnóstico, tratamiento y cuidados. Escribí acerca de cómo me sentí, la importancia de la familia y los amigos en este tipo de enfermedades, la actividad física, el automonitoreo, el permitirnos estar tristes, pero también hacernos responsables de nuestra salud. En fin, dije todo lo que creí que un diabético, o familiar de diabético o posible diabético debía saber de mi experiencia, que aunque no es mucha, podría ser de ayuda.

El 14 de noviembre llegué al auditorio de la clínica. En la entrada vi las caras conocidas de la doctora, la enfermera y la nutrióloga encargadas del módulo de diabetimss y del evento del Día Mundial de la Diabetes. Estaban programadas pláticas de especialistas acerca de nutrición, sexualidad, salud bucal, activación física, cuidado de los pies y todo tipo de temas dedicados a la diabetes. Cuando entré, las dos primeras filas estaban ocupadas por estudiantes de medicina de una universidad privada quienes se tomaban selfies para comprobar que estaban en el evento, la fila de atrás estaba ocupada por algunas enfermeras de la clínica. Sólo unos cinco o seis asientos eran ocupados por pacientes.

Di mi testimonio y se me salieron unas lágrimas al recordar lo que sentí y lo que siento a veces. Fue casi un ejercicio de valentía, nada más. Al parecer no había muchos derechohabientes interesados en escuchar acerca de la enfermedad, su enfermedad. Escuché algunas de las pláticas y la información era valiosa, lamentablemente, las personas a las que iban dirigidas, no estaban. Me fui cuando un estudiante invitado de Chiapas comenzó a hablar del amor real en las familias de antes (?).

Fue conmovedor, me dijo una enfermera después. A mí también me conmovieron cosas ese día. Me conmueve que nadie escuche, porque sé que actualmente hay 415 millones de personas con diabetes y cada vez somos (seremos) más, que se encuentra entre las primeras causas de muerte en México y que somos el sexto lugar mundial en número de personas con diabetes, que la mitad de las personas con diabetes no son conscientes de su condición, que afecta más a las mujeres, que genera cardiopatías, amputaciones, insuficiencia renal, ceguera cuando la enfermedad no es controlada, que el 70% de los casos pueden prevenirse y que a pesar de todo, se puede vivir bien.

Hay muchos mitos y mucha desinformación sobre la diavetis: que se puede curar con hierbas extrañas, que la insulina te deja ciego, que sólo le da a la gente mayor y obesa (mea culpa), que la única causa es la mala alimentación y el sedentarismo, que su diagnóstico es equivalente a la muerte, entre muchas otras cosas que ahora me parecen absurdas.

Las campañas del gobierno (véase en cruceros las fotografías de niños gordos) no están haciendo mucho para informar, solucionar o aminorar el problema, pero los pacientes diabéticos en México tampoco. Sé que me quedan muchos años de diabética y he de entender que no está en mis manos explicarle a todo mundo lo que he aprendido, pero creo y siento que es parte de mi responsabilidad hablarlo y compartir mi experiencia, porque sé que no todos tienen los privilegios y la información que yo, y que de algo ha de servir.

Levántate temprano. Desayuna. Guarda la botella de agua. Afina tu guitarra y cuélgatela. Sal a la calle. Lo primero es establecer una ruta de acuerdo a tus necesidades. Ubica los puntos importantes. Yo ya tengo la mía: empiezo en el Boulevard Norte, por el antiguo hospital San Alejandro. A las diez de la mañana debo estar en la parada del camión para no perder tiempo y que todo cuaje. Cargo la guitarra, la funda de tela y el agua. Debo tomar la ruta 10 o el Libertad Cuauhtémoc que van hacia la 31 poniente. Suena mucho más planeado de lo que en realidad es, no te espantes. Llego a este lugar porque aquí se detienen los camiones por el alto o para subir pasaje, aparte vienen con gente porque ya pasaron la CAPU. Siento el humo que sacan los camiones, bueno pa’l frío. ¿Lo sientes?

¿Me da chance? Dijo que no. Ni modo. Los choferes a veces no te dejan. Están en su derecho: a veces se sube cada cabrón a cantar que… Bueno, pero ese no es el tema. Para pedir chance cuando no te oyes hay que alzar la guitarra. Así. Ellos ya saben qué pedo. Ahí viene otro. Tienes que subirte rápido, pasar hacia atrás para recargarte y comenzar.

Muy buenos días, vengo a interpretarles unas canciones, esperando sean de su agrado.



Que se quede el infinito sin estrellas

O que pierda el ancho mar su inmensidad

Pero el negro de tus ojos que no muera…

Dos canciones. A veces hay que tocar una más. Son aproximadamente seis minutos y no molestas mucho a la gente.

Bueno, espero que estas canciones hayan sido de su agrado y, si gustan colaborar con una moneda que no afecte a su economía, se los agradeceré mucho. Muchas gracias y hasta la próxima, que tengan buena tarde.



Ese es mi discurso, prefiero no mentir, la verdad. Y ya vas pasando a cada uno de los asientos.

¿Gusta colaborar? Gracias. Gracias. Muchas gracias.

Me caen muy bien los choferes, ¿sabes? Casi siempre son empáticos contigo. ¿Cómo va, eh? Bien, bien. Apenas empecé, pero ahí va. Vientos. Oye, ¿tienes cambio? Si traigo, se los doy. Anota esto: procura que tu pantalón traiga bolsas grandes, nunca sabes cuándo te pescará la suerte. Además, como estoy todo flaco los pantalones se me caen con la morralla. Listo. Gracias, Don, ahí la vemos.

Hay que tratar de bajarse en una parada donde haya gente por dos razones: 1) si no hay semáforos cerca, los camiones se detendrán para subir pasaje. O sea: una oportunidad. Y 2) Siempre es bueno que la gente te escuche, sobre todo en esta chamba.

-¿Qué toca, joven?

- Pues ya ve, de todo. ¿A usted qué le gusta?

- Tssss… pues de todo, la verdad. Los boleros me gustan mucho.

-Perdón, vida de mi vida…

-Perdón, si es que te he faltado…

-Perdón…

-Cariñito amado…

-Ángel adorado…

-Dame tu perdón. Esa es muy buena, eh.

- Sí, muy buena. Ahí viene uno, a ver si me da chance.

- Sale, joven, que le vaya bien.

Muy buenas tardes, vengo a interpretarles unas canciones esperando sean de su agrado.

Vete ya.

Si no encuentras motivos

Para seguir conmigo

¿Para qué continuar?

Hay que saber de música. No ser estudiado, sino lo que se siente escuchar y tocar. Porque si una canción te hace sentir algo seguro lo transmites al tocarla. ¿Que si toco lo que a la gente le gusta? Pues sí, pero me concentro en sentirme mejor, aunque es porque yo no vivo de esto…

Ya casi es la una. Llevamos… setenta pesos. En total hemos tomado como cuatro o cinco camiones, pero ahorita viene lo bueno. Lo chido de una ciudad como Puebla es que siempre hay turistas. ¿Sabes qué les encanta? Probar comida nueva ¿Y qué cosa es lo que más prueban? Cemitas. El Carmen es la mejor para ir a botear. Sí, así se dice: botear. Bueno pues hay al menos dos locales donde se puede tocar.

¿Ya viste? Está lleno. A huevo. Aquí, en medio, para que toda la gente te escuche. Fuerte.

Muy buenas tardes, vengo a interpretarles unas canciones, esperando sean de su agrado.

¿Qué más quieres de mí

Si ya todo te di?

Te di mi cariño

Te di mi confianza

Te de mi calor

-Joven, ¿se sabe El Andariego?

-Claro.

-¿De a cómo la canción?

-De a veinte pesitos.

-Venga, pues.

Yo que fui del amor ave de paso…

Ya no pasamos al otro. ¿Viste al tipo que me saludó? Pues ese iba a tocar al local de al lado. Se llama Arturo. Yo lo conocí cuando empecé a tocar en los camiones, a los catorce años. Yo iba en la secundaria, quería ir al D.F. a ver a Caifanes y en ese entonces recién había dejado un trabajo que tenía en un café internet. Así empezó todo.

En los molotes es más sencillo, pero siempre hay que pedir chance. Hay mucha gente porque están cerca de catedral y en el centro siempre hay turistas. Es con esa señora que despacha. ¿Me da chance? Gracias.

Muy buenas tardes vengo…

A ver. En total, sacamos $170 pesos y son las tres de la tarde. Por hoy, el día ha terminado. Aquí acaba. Si hace falta, te regresas tocando a tu casa o vas a otras fondas, restaurantes o hasta las plazas. Pero hoy fue un buen día y no es necesario. Hay que moverse, tomar agua, cuidarse. Como yo no vivo de esto, ya puedo volver a la casa. Tomo la ruta 3. Cien pesos son para mi madre y el resto es para mí. Cuando llegue, debo ayudarla con el puesto de molotes. También debo hacer la tarea. Y leer. También debo descansar un poco.

Bueno, esto ha sido todo. Y si estas canciones han sido de su agrado…

Murió Don Pedro Palou, terminó el partido para él. Cuántas jugadas se lleva de una ciudad que apenas ya lo contenía. Cuánto siglo veinte nuestro se va tras esa figura imponente pero escuálida que todavía de cuando en cuando llegué a encontrar en las calles el centro de su ciudad de Puebla, resguardado en un abrigo cómplice de su mirada desgarbada y dispuesto a arrebatar desde su vozarrón toda discordia posible. “¿Qué paso llevas, Mastretta?”, retiembla todavía una memoria que no se esconde en recovecos, que se presenta entera para mirarlo ahí en la 5 Oriente, una de sus calles personales, la que expone mejor desde su Casa de la Cultura lo que su vida significa para una ciudad que todavía en los ochentas estaba fincada en el encierro de sus cacicazgos y enconos de lo que los viejos llamaban el “avilacamachismo”.Cada quien se lleva su ciudad cuando la vida termina. Don Pedro la miraba con ojos largos que le ayudaban a entender sus desencuentros y desencantos filtrados a la luz quebrada de las tardes de invierno, como quien asume que las piedras en las que está montada siempre estarán ahí por sobre los avatares breves de sus habitantes. Ciudad y futbol, sus territorios vitales. Historia y juego, fundación y gozo, certidumbre y trazo… Las palabras brotan ligeras ahora que la realidad de su muerte me obliga a pensar en Don Pedro. Pensar en él en esta mañana de enero, luminosa, apenas fría, ir a buscarlo a mis años jóvenes que lo gozaron en el esplendor de su vida...

(Fotografía de portada: Abraham Paredes)



En octubre de 1989 caía el muro de Berlín. Una multitud se dirigió a aquella pared que dividía el este del oeste, el mundo socialista del mundo capitalista, una rémora de la Guerra Fría. Esa multitud primero le abrió fisuras al utilizar herramientas de mano, como un cincel y un martillo; luego llegaron los mazos, que apresuraron la tarea, y finalmente los buldóceres, que abrieron los grandes boquetes. Todos tenemos en nuestra mente imágenes de aquel momento histórico: jóvenes trepados en el muro con cinceles y martillos pequeños, personas de mediana edad ofreciendo vino caliente a quienes cruzaban de un lado al otro de Berlín, ancianos que no podían creerle a sus ojos, que observaban cómo se derribaba un muro que había dividido familias y un país, que había provocado guerras en muchos lugares del mundo.

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¡De 1 en 1, #sumamos todos!


#AngieNavarro



Esa tarea titánica se asemeja a lo que está ocurriendo en Puebla y en otros lugares del país. Un grupo de personas, hartas y deseosas de hacer algo concreto para derribar el muro que representa el monopolio de los partidos para el acceso al poder, se ha levantado para utilizar un avance de la reforma política de 2012: la posibilidad de contender por la vía independiente a un cargo de elección popular. Lo que entonces se vislumbró como una concesión de los partidos a organizaciones civiles y ciudadanos sin partido, hoy es una realidad… con sus claroscuros. Los ciudadanos para quienes estuvo hecha la reforma, aquellos que se encuentran fuera de la estructura y dinámica partidistas, efectivamente tienen la posibilidad de acceder al poder. Ha habido casos de éxito, como el senador independiente Manuel Clouthier, de Sinaloa, o el diputado local Pedro Kumamoto, de Jalisco. Algunos éxitos no calificarían realmente como ciudadanos, pues su origen es claramente partidista, con estructuras de esa naturaleza que siguen una lógica semejante a la de los partidos.

Pero para los ciudadanos que no provenimos de esos orígenes, el éxito es más una excepción a la regla que una posibilidad razonable, ya no de ganar, sino simplemente de poder llegar a la boleta y competir.



Los requisitos para las candidaturas independientes que establece la ley general son elevados si se comparan con lo que ocurre en otros países. Por ejemplo, en el Reino Unido se necesitan solamente 50 firmas para que una persona pueda contender por un escaño en el Parlamento. Emmanuel Macron sólo necesitó 500 firmas para contender por la presidencia de Francia. En Chile, sólo se requiere 0.5 por ciento de los electores para obtener una candidatura independiente, mientas que en México se requiere 1.0 por ciento para la presidencia de la República, 1.0 por ciento para un senador. Y para los gobernadores, diputados locales y presidentes municipales en el país, los porcentajes son variados y van de 1.0 a 3.0 por ciento, según cada ley local.

Ya he comentado ('Competir en Puebla es 10 veces más difícil', EL FINANCIERO, 28 de diciembre de 2017) que en Puebla es mucho más difícil lograr ser candidato independiente que en otros estados de la República. También que el mero proceso de registro fue tortuoso, por decir lo menos. Pero con todo, más de una docena de ciudadanos arropados en SUMAMOS logramos el registro como aspirantes para, ahora sí, conseguir los apoyos ciudadanos (firmas a través de la App del INE) que marca la ley. Ahí las reglas no sólo se refieren a los porcentajes, sino también es esencial el tiempo que se da para obtenerlos. En Puebla se dan 30 días calendario, con 3.0 por ciento de la lista nominal (ojo, es sobre el listado nominal. Un partido, para mantener su registro y los dineros que le otorga el estado durante tres años, necesita también 3.0 por ciento, ¡pero de la votación!). En la Ciudad de México, por ejemplo, se pide 1.0 por ciento de la lista nominal y se dan 120 días. En Puebla, para este año se necesitan 132 mil 652 firmas en un mes; en la CDMX se requieren casi 75 mil en cuatro meses. Así está la asimetría.

Por eso, cuando me han preguntado cómo me siento como aspirante ciudadano a la gubernatura de Puebla ante esta situación, mi respuesta es: “Estoy tratando de romper el muro de Berlín con cincel y martillo”. Afortunadamente ya hay otras personas que también han tomado el cincel y martillo y están contribuyendo a fisurar el muro. Ya algunos traen mazos… Nos falta la maquinaria pesada. De conseguir las firmas y llegar a la boleta, tendremos un buldócer para facilitar la tarea.

No se trata de acabar con los partidos políticos. Se trata de romper su poder monopólico que, como cualquier monopolio, brinda bienes y servicios caros y de mala calidad. Así son los partidos actuales. Resultan costosos para la ciudadanía y la calidad de vida política que nos brindan es pésima. ¡Hasta tienen que pagar para que voten por sus candidatos!

Sábado, 13 Enero 2018 00:00

Arte popular y su abandono en la Sierra

"Akgtum kachikin nima lakgapasa xtakilhukut niokxniku katilkgsputih"

"Un pueblo que conoce su origen nunca morirá".



Desde el año pasado un grupo de jóvenes entusiastas realizaron recorridos por diversos municipios de la sierra norte de Puebla para platicar con pobladores totonacos y conocer la tradición oral y su cultura en general.

Producto de esos encuentros fueron unos maravillosos murales que retratan con singular belleza la cosmovisión de nuestros pueblos, mismos que fueron entregados a los pobladores.

Sin duda, éstos murales son un patrimonio de la comunidad dado que fue un trabajo colectivo y expresan lo que tanto nos identifica. Lamentablemente algunos ya presentan deterioro y están en completo abandono. ¿De quién depende la preservación, cuidado y protección de estas obras de arte? Las fotos corresponden al mural ubicado a un costado del palacio municipal de Huehuetla, Puebla.



La imagen puede contener: 4 personas, personas sonriendo, personas sentadas, personas de pie, sombrero y texto

Está situacion se repite en Caxhuacan donde en partes el significativo mural igual está en proceso de deterioro, véase el brazo de la mujer y los cajetes, estos últimos hacen alusión al significado del pueblo.

(Ilustración de Izak Peón, tomada de Revista Nexos.)

Hay que dejar atrás la idea de una ligereza trágica. Para mí la ligereza no es trágica, lo trágico es lo pesado. Gilles Lipovetsky



Regreso del país de la levedad, el país ligero, ese que hemos dejado de ver por estar obligados a mirarlo entero y desde todos sus abismos. Pensar en el mañana y en el ahorita.

Y transcribo algunas reflexiones en este arranque de año que se ve venir complicado y entretenido.

1



Lo encontré en este viaje reciente al territorio de agua y piedra que llamamos Sureste. Un país que no se fija mucho en los encabezados de los diarios de la ciudad de México, que se ocupa en lo que le sucede cerca, que le hace honor a aquello de la patria chica.

El viaje rompe el encierro de la vida diaria, nos arroja de casa, nos libera en el aire nuevo que respiramos. Tal vez por eso cuesta el regreso, porque el humor que dejamos no se ha disuelto, lo percibimos apenas amanece al día siguiente, cuando se ven venir de nuevo las responsabilidades. Vuelta a la vida real, decimos, al país que nos absorbe con sus broncas y desatinos, a la ciudad inclemente en su tráfico y sus desvaríos.

Recupero la breve experiencia de Palizada, el puerto en un brazo de río del bajo Usumacinta, en un rincón de los humedales que rodean al suroeste la laguna de Términos. Ahí, sobre todos los demás lugares, gana el entorno de un pueblo con historia propia y que en estas modernidades todavía tiene en el río su marcador del tiempo: el vuelo de las aves en el aire ligero frente al malecón. La brisa leve alienta la silenciosa deriva de los cayucos de los vecinos que viven en la rivera opuesta de un río entretenido en el trajín diario de los Martín Pescador, esos charaleros que encuentran en los cables de electricidad que lo cruzan atalayas infalibles, de los patos buzos que se zambullen escrutadores en el verdor del agua, de las garzas que murmuran planes de vuelo en bandadas nerviosas sobre los mangos en flor, de los vulnerables peces en su seno que escapan en pánicos febriles o se pierden tras los picos y cogotes justicieros de las aves. Vida y muerte entre el cielo y el agua. Tal vez sea la conciencia del río la que ayuda los paliceños a entender que la vida pasa, y siempre será breve, que todo es pasajero.

2

Escribo ahora sobre la incapacidad que tenemos en estos tiempos modernos de contemplar la vida breve y ligera, con su felicidad simple y llana. Ya mis preocupaciones de reportero están en este 2018 electoral en un país que lleva tiempo pasmado en un abismo sin fondo. Mal se mira el país desde la ciudad y sus modernidades, gana el peso de la vida diaria en las personas, las amarguras que disputan todo aplomo ante el porvenir. Cuánto encono en la prensa que amarra las navajas de sus patrocinadores, cuánto silencio en las esquinas, cuánto ruido agobia las bocas cerradas de los transeúntes, cuánta impericia ya para decir simplemente buenas tardes.

No es ligero el aire que encuentro en este arranque de año. Será tal vez la profesión de periodista que me tiene siempre con la vista obligada en lo que ocurre más allá de uno, con la preocupación ingenua de contar las tribulaciones en la vida de los otros. Como los médicos, los abogados, los sacerdotes, los periodistas también vivimos de los avatares de las personas. El expediente en el juzgado. La radiografía a contraluz. El pecado a confesar. El hecho que se vuelve encabezado. Qué difícil construir la barrera fría del fármaco que poco a poco desprende al médico del dolor por la muerte de los otros; al abogado de la menudencia ininteligible en el legajo de la sentencia; al cura de la absolutionem de infiernos medida en yo pecador me llevo la indulgencia.

¿Qué indulgencia encuentra el periodista en la foto que ilustra el último asesinato en México?

3

Vida y muerte en Puebla en este arranque de año. Recojo el parte anual de las autoridades de salud, un reparto de diabetes, infartos, cánceres, cirrosis y balazos para entender el mal morir de los poblanos en el 2017.

4

Pienso en los médicos que, sin embargo, no han perdido la empatía, que no se olvidan de que gran parte de su tarea es la de acompañar a los otros hacia una muerte digna.

Pienso en este mal morir que acompaña el destino de tanta gente en México.

Pero también en el buen morir que todavía tienen algunos.

El domingo por la mañana murió la señora Llaguno, madre de nuestro amigo Jaime López Llaguno. En el funeral me contó los últimos momentos de su mamá: la música que quiso escuchar, las aves marías que logró todavía murmurar. La serenidad con la que se fue a sus cien años al lado de sus hijos, con la mirada del médico que espera en el pasillo. Morir así, acompañar al ser amado a morir en paz. Qué fortuna la de Jaime. Qué fortuna la de su madre.

A mi papá no lo vi morir. Un sábado en la noche de mayo de 1971 le vino la embolia. Lo recuerdo en su cama, todavía consciente de la llegada de un jesuita para la extrema unción, su brazo torpe persignándose, mi conciencia ahora del alivio que pudo encontrar en ese momento final. Pero no fue el final. Pasó tres días en el hospital Latinoamericano del doctor Medos ahí en la 15 Sur. El lunes por la mañana pasó por la habitación el médico Nacho Rivero, su amigo, lo recuerdo levantando la sábana por los pies para descubrir los de mi papá, lo veo sacar el llavero del auto y hacerle cosquillas con la llave en una de sus plantas, y expresar su desaliento ante el silencio de los reflejos del enfermo. Mamá lo vio morir, muy temprano el martes 11. Desde entonces pienso en este buen morir que fue para él la corta estancia inconsciente, el coma del que nunca volvió.

Bien morir, pienso ahora, cuando ya no se encuentra fácilmente la empatía del médico y la sabiduría de morir en casa y con tu gente.

5

Mañana.

Escribe Héctor Aguilar Camín en Nexos al presentar la lectura colectiva México Mañana:

“Mañana, y mañana, y mañana”, dice Macbeth al saber que ha muerto su mujer, luego de afirmar que debió morir más tarde. El mañana avanza hacia nosotros cada día, sigue Macbeth, con su pequeño paso, hasta el último rincón del tiempo. Todos nuestros ayeres, al final, no hacen sino iluminar el camino de los tontos a la muerte. Y los tontos somos todos, que nos hacemos ilusiones sobre las promesas del tiempo. Macbeth pronuncia después los más terribles versos que se hayan escrito sobre el (sin)sentido de la vida:

Life’s but a waIking shadow… It is a tale

Told by an idiot, full of sound and fury,

Signifying nothing.

(“La vida es una sombra que pasa… Un cuento que cuenta un idiota, lleno de blá blá blá, que nada significa”).

6

En e-consulta identifican los municipios poblanos en los que los alcaldes y familiares se han repartido las alcaldías de los últimos años. De padres a hijos, de hermano a hermano, de marido a mujer. Para algo son caciques. No es algo raro entonces que Moreno Valle le quiera pasar la estafeta a su esposa Martha Erika.

Destaco Palmar de Bravo, el territorio supremo de los huachicoleros, un municipio que formalmente cuenta con diez policías que mejor miran para otro lado cuando al atardecer decenas de motonetas mueven a centenares de halcones y trabajadores especializados en el negocio de extracción de combustibles de los ductos que cruzan la región.

El alcalde gasolinero preso desde julio pasado por robo a Pemex, evasión fiscal y lavado de dinero, Pablo Morales Ugalde, es ejemplo de la urdimbre política y empresarial ligada al crimen organizado. Él y sus hermanos tienen gasolineras en Tecamachalco, Palmar de Bravo y Quecholac, Tepeaca, Acatzingo, Tlacotepec de Benito Juárez y Huixcolotla. Hasta ese mes sus gasolineras operaban a todo gas sin que la paraestatal registrara compra alguna de combustible en los últimos dos años. Tuvieron que ocurrir los enfrentamientos mortales entre el ejército y los sicarios del huachicol en Palmarito para que la autoridad federal decidiera ponerle freno a un político regional afiliado al PRI desde joven, pero que cachó en el 2013 el membrete PSI (Partido de Integración Social) armado por Moreno Valle para arropar a los grupos de poder local priista en el estado. Ahora su hermano quiere ser candidato del PRI a la alcaldía de este municipio que en el auge del huachicol presentó una baja de cinco puntos en la pobreza extrema.

7

Carlos, el chofer de Uber que lleva a mi hija a la terminal de camiones, no tiene idea de que desde el lunes 8 un grupo de ciudadanos tiene treinta días para alcanzar la absurda cifra de 127 mil firmas para lograr el registro de la candidatura independiente para Enrique Cárdenas. En su radio escucha canciones pop gringas, así que no atiende a las noticias de la ciudad.

“¿Y a dónde da uno la firma? –pregunta-- Yo tengo decidido votar por López Obrador, pero no más, estoy harto de los partidos políticos.”

El hartazgo se entiende. La desinformación no tanto. ¿Por qué este fracaso tan absoluto del periodismo y los medios?

Encuentro en el Face de Angie Navarro, la joven activista que busca 40 mil firmas para su registro como candidata independiente a la alcaldía de la ciudad de Puebla este video que explica como sumarse a este esfuerzo cívico por romper el secuestro de la política en el que la tienen los partidos políticos controlados por Rafael Moreno Valle.

8

Pesa demasiado la carga de los lastres estructurales que explican esta sociedad nuestra a la hora de imaginar el mañana que vendrá. El ahora es este año electoral que ya corre rumbo a las casillas en proceso que involucra seis boletas electorales y una revoltura de siglas y partidos y unas campañas infernales sometidas por el rigor que aplican los grupos de poder a la hora de trastocar los mínimos para hablar de una contienda democrática. Y la certeza de que las elecciones no modificarán esta manera mexicana de enredarnos y no resolver nada, de realizar diagnósticos certeros para contemplarlos después ajenos por completo de las políticas públicas.

Tal vez por ello mi entusiasmo por SUMAMOS. Encuentro en este esfuerzo civil, prácticamente testimonial contra el despotismo que prevalece en Puebla, esa levedad del río que sabemos contiene el horizonte que imaginamos nuestro.

“En SUMAMOS apostamos por un gobierno, honesto, técnicamente competente –ha dicho Juan Carlos Canales desde su figura desgarbada, prototipo él de lo que justamente no tienen los políticos tradicionales, la bondad irreverente, la inteligencia mordaz, la capacidad de ensueño que puede alcanzar el discurso alternativo--; sí, un gobierno eficaz y eficiente sin que ello signifique la renuncia a los valores fundamentales de la condición humana”.

La vida no corre ligera en el malecón de nuestro 2018.

Jhoe Garay Trío en concierto/Tributo a Thelonious Monk
Viernes 12 | 21 hrs | $100

Jhoe Garay Trío, lidereado por la guitarrista con base en Nueva York del mismo nombre presenta un tributo a Thelonious Monk.

Desde el año 2014 Jhoe ha estudiado con figuras icónicas de la escena del jazz actual como: Peter Bernstein, Lage Lund, Steve Wilson, Mike Holober, Freddie Bryant y Melissa Aldana.

En la edición 2017 de The International Workshop for Jazz and Creative Music organizada por The Banff Centre en Canadá, Garay colaboró con artistas como: Vijay Iyer, Gary Bartz, Tyshawn Sorey, Tia Fuller, Gretchen, entre otros. Garay ha aparecido en foros importantes en varios países.

Actualmente está trabajando en su álbum debut donde explora sus visiones musicales, basado en la tradición y expandiendo las posibilidades armónicas, la música de Garay ofrece un sonido refrescante.



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