A Mara Fernanda Castilla la enterraron en Veracruz el domingo. Recorro el lunes con una masa triste las calles de Puebla en su memoria. Resuena la voz estudiantil que repite apenas convencida “justicia para Mara”, pero que grita sin recato “ni una más”.

Mara está muerta. ¿Qué país es el que se reconstruye con esta tragedia?



(Con fotografías de e-consulta y Mundo Nuestro)

Esperanza viene sola a protestar. Y su voz rompe conmigo el silencio de la marcha por Mara Fernanda Castilla Miranda: “¿Por qué, si queremos ir solas, podemos acabar en el fondo de una barranca?”

Esperanza Domínguez camina sola por la Avenida Juárez a la que el Ayuntamiento aporrea por enésima vez en la historia. La falda blanca, larga, la blusa azul, la gorra de beisbolista, y su tristeza. Sola ha venido a protestar, me dice; sus hijas están trabajando. Porque ese es el reclamo que tiene, que las mujeres no puedan caminar solas por la calle un día cualquiera, sin una masa que la guarde de toda premura contra un mundo que las acecha. ¿Pero por qué?, insiste. Por el mal gobierno, por la falta de valores, por la ruptura de las familias. Porque no hay derechos en México, ella misma responde.



“¿Qué es lo que quieren todas estas muchachas que vienen a esta marcha?, me pregunta. Y se responde: “Igualdad. Y el derecho de caminar solas por la calle sin el miedo de que terminarán al fondo de una barranca.”

Dejo a Esperanza a la entrada del Paseo Bravo, sola con sus reflexiones, sola con un reclamo tan largo como la falda blanca que viste y refleja la posibilidad del mundo distinto que su nombre contiene.

Los reporteros y fotógrafos me recuerdan a las moscas. Aquí estoy a mediodía como una de ellas. El zumbido de los drones que grabarán la marcha me lo recuerda. Es el arranque, hay que tener la foto, la exclusiva. Como si fuera posible. Cuento de refilón tal vez unos cincuenta colegas trepados en cámaras y celulares a unas “redes sociales” que supongo escucharán ávidas lo que estas decenas de relatores cuentan en un segundo. Al otro lado de la línea los imagino atados a la consternación de sus jefes de redacción que se jalan los pelos al tanto de lo que sus competidores ya tienen hace un instante en el aire.

Saludos a algunos. Llevo treinta años y decenas de marchas por otros tantos asuntos amargos. ¿En la hora de las responsabilidades sobre la desgracia mexicana habrá oportunidad de sentar en el banquillo a este mar de ruido y palabrerío en el que nos ahogamos “los medios de comunicación”?

Los rectores se posesionan del espacio público. Para bien de todos nosotros. Adelante van los rectores de la Ibero Puebla y la UPAEP, Fernando Fernández Font y Emilio Baños Ardavín. Van en la segunda fila de la vanguardia de la manifestación. Los observo con sus guayaberas blancas, obligados por las circunstancias, poco a poco convertidos en cabeza de un movimiento civil de resistencia contra el colapso del Estado, un movimiento que ni siquiera es consciente de sí mismo, pero que en los discursos que estos dos rectores darán en unos minutos se perfilará con unos cimientos críticos y una fortaleza moral que hace tiempo han desaparecido de la política mexicana. El hecho es simplemente brutal: aquí los partidos políticos no tienen nada que hacer, y su ausencia es el reflejo del fracaso de la democracia en nuestro país.

Y lo resume Fernando Fernández Font en la denuncia de una autoridad cómplice del crimen organizado que en México conocemos como “los narcos”. Y la delinea Emilio Baños Ardavín en los puntos de un plan de seguridad que arranque con la declaratoria de alerta de género que los gobernantes poblanos han escamoteado durante los últimos cuatro años, cuando los asesinatos de mujeres se multiplicaron. Los dos discursos recuperan la plaza pública para la ciudadanía. Esa sí que es una gran noticia.

El Mayor Rodríguez Verdín se acuerda de Maximino. Ya no es un policía joven, pero no es tan viejo para ser testigo directo del mayor de nuestros dictadores poblanos. Pero ha estado en los sótanos de la Secretaría de Gobernación durante largos años, y ahí en las mazmorras en las que se construyeron los Piñas Olayas, los Bartletts, los Melquiades, los Marines y Morenos Valles las paredes trasminan la memoria del poder autoritario. José Ventura Rodríguez Verdín, militar de carrera, ya era jefe policiaco en 1989, cuando como prototipo del macho encabezaba a la fuerza pública que batía a los militantes de la 28 de Octubre. Ahora es el Secretario de Gobernación con el alcalde Luis Bank. Tiene buen aire para ir delante de los marchistas que han partido desde el edificio central de la UPAEP en la 21 Sur con rumbo del zócalo. Todo lo ha dispuesto, no habrá crucero en el que no aparezca una patrulla dirá cuando el rector Baños sale para encabezar el contingente.

“Este crimen es muy lamentable –me dice--, todos sabemos que a las damas no se les puede tocar ni con el pétalo de una rosa. Pero hay mucha gente violenta, y falta mucha educación en el hogar. Imagínate cómo andamos los que tenemos hijas, los que tenemos nietas…”

Lo encuentro más adelante. Tiene todo bajo control. Y tiempo para contestar a una pregunta absurda, pero al fin este jefe militar lleva una vida entera de policía: ¿por qué se producen estos asesinatos? No se queda callado: “Hay que recordar a Maximino, la manera en que resolvía estos asuntos…” Así que la aplicación de la ley fuga, el paredón o la horca simple y llana. ¿La pena de muerte? Esa postura gana en las encuestas, le digo. ¿Tendríamos que volver a los modos de Maximino, resolver esto con una soga al cuello y que alguien que le jale las patas al criminal?

El veterano policía se apresura a dejar de platicar con el reportero.

Las dudas de Stella sobre la versión de la policía. Las he leído en el Face mientras la marcha prepara su salida. Vivimos en México, me digo, y la memoria lleva a que la versión que arroje el Ministerio Público en una conferencia de prensa siempre habrá que ponerla en duda. Stella no es ingenua, y como editora de libros tiene claro que la verdad sobre la realidad puede someterse a los cortes y las velaciones, que puede administrarse en títulos y capítulos, que siempre habrá una autoría a la hora de decir “esto es lo que ha ocurrido”. Ella apunta al común sentir de que a la autoridad no se le puede creer nada así como así.

#quepasoconmaracastilla# porque yo no puede creer la versión que nos ofrecen hoy. Cómo creer que el tipo la mató y se quedó tan campante en Tlaxcala?? Cómo creer que tuvieron que pasar 8 días para que encontraran su cuerpo en Periférico?? Yo creo que la chica solicitó Cabify y se quedó dormida en el carro... el tipo la llevó a su casa y al percatarse de que estaba dormida le tomó fotos (de ahí los flashes que se ven) y las envió a quienes en verdad decidieron el destino de Mara. Esperó la respuesta de sus jefes (por eso estuvo media hora ahí), y una vez con la instrucción, se la llevó a Tlaxcala (tierra de trata de blancas). No creo que la haya llevado a un motel cómo dicen... eso lo tuvieron que armar después. Ante la presión en redes y la social, decidieron (los mismos que están detrás del chofer, sus jefes) desviar la atención del verdadero y gran problema de trata mujeres, con otro no menos grave, pero que tiene punto final: el de un feminicidio más. Y entonces armaron todo... lo del motel, la sábana, la toalla, y la aparición de Mara muerta... Esperan que ahí se detenga todo... porque Mara no les importa y sus intereses quedan a resguardo... ¿Quiénes están en verdad atrás de la trata de mujeres en el corredor Puebla-Tlaxcala? ¿Cómo es que ocho días después todo embona perfectamente? ¿Por qué no huyó el chofer desde el principio, con todo el tiempo del mundo que tuvo para hacerlo? ¿Quién es el dueño del motel? ¿Quién controla esa empresa de taxis "seguros"? En fin, ¿qué pasó en verdad con Mara? Yo no puedo creer su versión... sólo creo en la aversión que esos poderosos nos tienen a todos... creo que no les importamos; que nos ven como basura; que nos consideran idiotas... Mara, porque soy mujer, mamá, hija, amiga, víctima de violación y violencia; porque soy profesionista, porque soy mexicana, porque sin conocerte te quiero y me dueles, no puedo aceptar lo que dicen que te pasó... hay más, mucho más! Mara, no nos quedemos callados; no nos convirtamos en cómplices de quienes te asesinaron y matan en vida y de facto a muchas mujeres más.”

“Mara Castilla no es un caso aislado”, dirá más tarde en el zócalo la estudiante de la UPAEP Diana Galaviz. Yo lo confirmo en el volante que me entrega la madre de Guadalupe Zavaleta Benítez, una mujer de 40 años que salió de su casa el martes 1 de agosto pasado y no se le ha vuelto a ver. Miro las señas particulares que da a conocer la Fiscalía General del Estado: es bajita, 1.50 metros, su tez es apiñonada, sus ojos son claros, el cabello lo lleva teñido en rubio cobrizo y es lacio y largo, su frente es amplia, la nariz es chata, sus labios son delgados. Lleva el registro de desaparición CDI-12564/2017/ZC. El volante consigna escritos a mano dos teléfonos que hasta hoy no han ofrecido auxilio: 2224342786 y 2533780. Y el de la propia policía: 2286281.

Sí, no es el único caso. En esta revista digital Mundo Nuestro publicamos en marzo de 2014 el infierno de algunas familias que han sufrido en sus hijas la violencia de sus novios y sus maridos. Samai Alejandra Márquez Salgado, Olga Nayeli Sosa Carrasco, Paulina Camargo Limón, Myriam Manzola Heras, Alejandra Téllez Pérez, Fernanda Montes, Blanca Estela Solar, Brenda Michel Flores.

Recuerdo las voces dolidas de sus padres

No vivimos tiempos gratos, pero es posible rescatar al Estado desde la sociedad civil

Y la respuesta que entonces diera el gobernador de turno en Puebla:

Puebla no cuenta con el perfil para que se decrete una Alerta de Violencia de Género

Tres años y un gobernador después una multitud vuelve a salir a la calle. Perdidas entre la masa que camina van los familiares de esas muchachas muertas.

Alfredo Naime es el más importante crítico de cine en Puebla. Desde hace uno años encabeza la escuela de cine de la UPAEP, y por mucho tiempo fue director de la escuela de comunicación de la Ibero Puebla, a la que vio inaugurar en 1985. Desde entonces nos conocemos. Los dos hemos sido llaneros, y con su retiro a los 57 años –metió un gol en su último partido-- de seguro tiene el récord entre los futbolistas amateurs que han abandonado las canchas. Los dos tenemos hijas. Hablamos de ellas, de sus planes. Ninguno de los dos alcanzamos aún el título de abuelo. Caminamos por la Juárez y pensamos en Mara. A la una el sol se abate sobre nosotros. Implacable. Caminamos en silencio.

¡Alerta, alerta, alerta feminista! La consigna rompe el estilo monótono de la marcha estudiantil que encabezan los estudiantes de la UPAEP. “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche machismo se tiene que morir…”

Bien dirá la reportera Laura Ruiz que esta marcha es muchas marchas. Y hay que saber descubrirlas. Y si te topas con las muchachas del Colectivo El Taller la tarea será sencilla.

Gabriela Cortés lleva un megáfono que guía el contingente de muchachas que caminan por Reforma casi con disciplina militar. Esto se parece más a la tradición de los ceceaches de los setenta: “A un lado, a un lado, a un lado reformistas… Adelante, adelante, marxistas leninistas”, coreaban entonces en pequeños escuadrones que se desplazaban por Paseo de la Reforma en la ciudad de México tal vez el 2 de octubre de 1978. Y a un lado tenía que hacerme yo y todo aquel que no se arrimara ante el paso férreo de aquellos iluminados. No sé qué vena oculta ha traído esa memoria cuando escucho a estas muchachas decididas gritar su alerta, alerta, alerta feminista, y tiemblen y tiemblen y tiemblen los machistas, que América Latina será feminista...

Pero es otro el trazo. Aquí la memoria perdió la ruta. Estas muchachas realmente están cambiando al país.

Gabriela es actriz y activista de este feminismo combatiente. Y así me lo explica al dar cuenta de su presencia este mediodía en la marcha por Mara.

“Venimos a exigir justicia no solamente por Mara, sino también por las otras 82 mujeres asesinadas, por las más de 200 mujeres desaparecidas. Y creemos que la voz de las madres de estas mujeres tiene que escucharse. Por eso vamos a ir a exigirle al fiscal que no ha hecho su trabajo, que no ha hecho nada para prevenir esta violencia, para prevenir los asesinatos.

Y así describe su lucha antimachista:

“Los hombre no quieren ceder, no quieren ceder esos espacios que las mujeres estamos ganando, no quieren ceder el poder que han tenido durante siglos, ni siquiera los espacios laborales en los que los machos están siendo desplazados por las mujeres. El machismo nos tiene miedo, los machos nos tienen miedo. Y no pedimos más de lo que ellos tienen, queremos los mismos derechos, pero ellos no quieren ceder, creen que les pertenecemos, por eso nos siguen violentando, asesinando…”

Los académicos aprueban los aplausos de la masa. Quedamos justo en medio, ya en la sombra del techado frente al costado de Catedral que da al zócalo. Juan Carlos Canales y Alejandro Guillén comentan los discursos de los dos rectores. Y les aplauden decididos. Los dos han convocado a un foro sobre la seguridad en Puebla. Uno es filósofo, el otro es politólogo, pero llevan semanas con este propósito, y el asesinato de Mara los ha obligado a adelantar el evento para el próximo 27.

Mara era alumna de Alejandro Guillén. Me cuenta de los sentimientos encontrados que su muerte le provocó: de la incertidumbre, la angustia, la desesperación, la impotencia a la rabia, el coraje, el encabronamiento.

“Estoy encabronado, pero estoy en shock –dice--. Ahora es el momento del duelo, de la resignación, pero viene el tiempo de la acción, este foro es un paso, pero tenemos que ir más allá, tenemos que generar políticas públicas, crear mecanismos de trabajo, como un observatorio contra la delincuencia. Tenemos que cambiar también como investigadores y académicos, tenemos que salir de nuestros castillos para acercarnos a la gente, sensibilizarnos para trabajar por la construcción de una Puebla que deje de ser este lugar inhóspito…”

“Mara es un símbolo –reflexiona el comunicador José Luis Pandal--, su muerte va más allá del dolor de su familia, puede ser la chispa que se necesita para que esto estalle…”

José Luis y yo fuimos compañeros de banca en la primaria del colegio Oriente de los jesuitas en 1961, y desde entonces somos amigos. Nunca se ha guardado para sí sus palabras. “Es una pena que no esté en el templete el rector Alfonzo Esparza”, dice cuando Fernando Fernández Font recuerda que el 4 de octubre del 2016 el rector de la BUAP en su tercer informe exigió a las autoridades que no permitieran una muerta más.

“Van cuatro estudiantes nuestras asesinadas en los últimos cuatro años – recuerdo yo que dijo Alfonzo Esparza Ortiz para referirse al asesinato de Tania Verónica Luna, la joven veracruzana estudiante de sociología en la BUAP asesinada --. Ni una más.”

A la izquierda del templete quedó un contingente de estudiantes de la BUAP. Al final harán un corrillo para escuchar a la mamá de Olga Nayeli Sosa Carrasco, asesinada y descuartizada en el 2013 por su marido. “¿La universidad vive?”, se pregunta un estudiante de Ciencias Políticas que ha hecho el recorrido desde Ciudad Universitaria. Me dice que está decepcionado de no ver una representación de la BUAP en el templete. Y cuestiona a los organizadores que no han permitido que la madre de Olga Nayeli hable en el mitin. “La realidad es que hay compañeras que ya no viven… Pedimos justicia para Olga Nayeli.”

Como José Luis Pandal, yo tampoco entiendo la ausencia de la universidad pública en el templete. Muchos de sus estudiantes y maestros sí están presentes, han marchado desde Ciudad Universitaria. Pero no están sus dirigentes.

¿Por qué siguieron las muertes?, se pregunta el sacerdote jesuita Fernando Fernández, rector de la Ibero Puebla. No deja la pregunta en el aire. “No somos ingenuos –dice--, el problema es difícil. Pero no lo resolveremos si no somos solidarios.” Antes nos ha dicho que la noticia de la muerte de Mara le descompuso el estómago. Y que Mara pudo ser cualquiera de nuestras hijas, de nuestras hermanas. Y que el dolor es enorme y no se quita con los gritos y las marchas, y que no podemos continuar así. Que todo esto ocurre por la connivencia entre las autoridades y los narcos, y hemos heredado el hecho de que por mucho tiempo no se persiguió a los criminales.

Pero ha dicho más: que el asesino de Mara es producto de esta sociedad que en su división, su injusticia, su pobreza nos vuelve a todos responsables.

Los académicos Canales y Guillén le aplauden con el mismo arrebato que la multitud que aclama el jesuita. Confirmo que la solvencia moral todavía puede recuperar las plazas públicas. El mitin entero alcanza con Fernando Fernández su punto culminante. Y todavía identificaré otros dos iguales.

El rezo reflexivo y aplaudido lo propusieron dos estudiantes de la UPAEP. Si ya me lo esperaba no lo imaginé como lo propusieron, la oración como un diálogo y que cada quien que le rece a sus propios dioses. Y llegó después de que desde el templete Diana Galaviz afirmó que “el asesinato de Mara no es un caso aislado, que la exigencia de justicia es categórica y que se debe castigar a los asesinos de tanta gente inocente.” Y después de que un nervioso estudiante de la BUAP dijera con buen tino que debemos todos empezar por ejercitar la justicia en nuestro propio entorno, y de que André, una estudiante de la UDLA afirmara en un discurso de dos frases que teníamos que exigir justicia y paz, y Adriana Castillo hablara por la Anáhuac para vislumbrar un futuro solidario construido por los jóvenes. El rezo incluyó un violinista greñudo y bien afinado y el llamado a la introspección y a entender que la oración no es una huida sino un impulso para trabajar con más fuerza para cambiar las cosas.

“Gracias, señor, por la vida de Mara –cerró Diana Galaviz--. Tu muerte no será en vano.”

Y el rezo se llevó el aplauso más importante de la jornada.

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A Emilio Baños se le quiebra pronto la voz. Poco después de que afirmara que una nación que desprecia a la mujer es una nación que no tiene futuro. Es que ha recordado muy pronto a Mara. “Te abrazamos… donde quiera que estés…”, le ha dicho.

Pero se recupera de inmediato y reaparece como orador de mitin político. Levanta la voz para cuestionar la insensibilidad de las autoridades ante la realidad de los ciudadanos de a pie, porque la inseguridad va en escalada. Luego tiene una frase memorable: debemos reconstruir el país desde los entornos del olvido. Y se refiere al abandono en el que se encuentra el sistema de procuración de justicia, que las acciones del gobierno frente a los asesinatos son claramente insuficientes y que lo que se tenga que hacer por lo pronto pasa por la urgente declaratoria de alerta de género que las autoridades han escamotado en los últimos años. Y debe seguir con un plan de seguridad pública transexenal, con una certera política de comunicación, con más y mejores y bien remunerados policías, con más recursos para los ministerios públicos y magistrados como mecanismo para combatir la impunidad.

Baños remata con algo más inmediato: revisar todas las concesiones de transporte y deslindar las responsabilidades de la empresa Cabify.

Y termina con una perspectiva casi jesuítica: que los estudiantes arrastren a la sociedad para cambiar las condiciones de pobreza que han provocado la situación que sufre México.

Así ganó tantos aplausos como su par Fernando Fernández Font.

Tere, contra su miedo, llámenme, vengan a casa… La encuentro en su Face. Ha ido a la marcha y llegará hasta el edificio de la Fiscalía, a donde las muchachas de El Taller han llevado sus mantas y sus consignas. Ella estudia literatura en la BUAP. Su voz resume mucho de lo que vemos en los carteles que se cuelgan de las estructuras que el ayuntamiento ha dispuesto para los alumbrados patrios en los pasillos de los jardines del zócalo.

“Hace años ya –ha escrito--, el miedo pudo conmigo porque el caso de Mara no ha sido el primero y los últimos años he visto el bombardeo de desaparecidas y muertas en mi Estado. Hace años que nos enteramos con tristeza que para esta sociedad podrida nuestra vida no vale nada. Y sí, el miedo ha podido conmigo al grado que no recuerdo la última vez que estuve sola en la calle de noche. Y es que el miedo aprisiona, te quita la libertad de vivir en los espacios públicos y sentirte segura. Hace años que temo por mis amigas cuando toman un taxi después de una fiesta o reunión. ¿Desde hace cuánto la frase "me avisas cuando llegues a tu casa" se nos ha pegado a la lengua? Porque sí, siempre que me despido de mis amigas nos decimos eso, porque nos valoramos y nos queremos vivas y felices. No sé a ustedes pero a mí el aire violento de Puebla me agobia, me agobia la impunidad, el desprecio por la vida ajena, la falta de empatía. Me uno con todas ustedes: cuando estén por mis lares y no se sientan seguras, llámenme y vengan a casa.

“El evento lo organizó el Consorcio Universitario”, me dice Fernando Fernández Font al final, cuando lo ha dejado libre la parvada de reporteros. Así entiende que no haya estado presente la BUAP, que a la fecha no forma parte de este grupo de instituciones de educación superior que en Puebla se ha organizado para cuestionar con fuerza el comportamiento de las autoridades en los asuntos públicos. “Tampoco estuvo el rector de la UDLA”, subraya.

Fernando es optimista: “Antes sólo se escuchaba la voz crítica de la Ibero Puebla –dice--, pero hoy has escuchado la voz clara y fuerte de Emilio Baños Ardavín y la UPAEP. ¿Qué otro sentido puede tener la existencia de la universidad si no es para desarrollar el pensamiento crítico?”

El himno nacional resuena contra los paredones de la Catedral. Pareciera que la masa que lo canta quisiera ser también música y piedra y sobrevivir al paso del tiempo. Aquí estoy yo también cantándolo justo en la estrofa de patria patria tus hijos te juran. Música y piedra.

A veces vale para el reportero el nudo en la garganta.

Lunes, 18 Septiembre 2017 00:00

La impunidad, problema nacional

En México solo el 0.70 % de los delitos que se cometen llegan a la conclusión de un juicio, según el Índice Global de Impunidad (IGI) 2017, realizado por la Universidad de Las Américas Puebla (UDLAP). Es la segunda vez que se da a conocer este estudio, el anterior fue en 2015.

El índice de impunidad mide las fortalezas institucionales relacionadas con la funcionalidad de los sistemas de seguridad, la justicia y la protección de los derechos humanos. Cada uno de estos tramos recibe un puntaje y la suma de ellos da el total.

La investigación contempla 69 naciones de todos los continentes. Los ocho países de “muy alta impunidad” son: Filipinas (75.60 puntos), India (70,94), Camerún (69.39), México (69.21); Perú (69.04), Venezuela (67.24), Brasil (66.72) y Colombia (66.57).

Los ocho países de “muy baja impunidad” son: Croacia (36.01 puntos), Bulgaria (37.19), Eslovenia (37.23), Suecia (39.15);Noruega (40.90), Montenegro(42.13), República Checa (42.83) y Grecia(44.56).

En México se tiene una tasa de 359 policías por 100 mil habitantes que es superior a la media mundial de 319 por 100 mil habitantes. La realidad es que están mal pagados, mal capacitados y tiene malas condiciones de trabajo.

El promedio de los jueces en México es de cuatro por 100 mil habitantes y en América Latina de 16 por 100 habitantes.La diferencia es muy relevante. En el caso de Croacia, que tiene el más bajo índice de impunidad a nivel mundial, tiene 46 jueces por 100 mil habitantes.

La investigación destaca como un problema grave, los altos niveles de violación a los derechos humanos que ocurren en México. Esto, dicen, representa un factor crítico para entender los elevados grados de impunidad que existen en el país.

“El problema de la impunidad en México es funcional y estructural, no nació en el actual gobierno; sin embargo, se observa un aumento crítico en las estadísticas delictivas. Esto podría deteriorar futuras mediciones de la impunidad”, asegura el informe.

La impunidad, sostiene el estudio, se genera a partir de factores como la desigualdad social, la corrupción y un débil sistema de procuración de justicia. El estudio establece una correlación significativa entre el nivel de impunidad y la desigualdad social.

El rector de la UDLAP, Ernesto Derbez,afirma que “la muestra de los 69 países que conforma el IGI revelan que entre mayor impunidad existe, mayor es la desigualdad; o también, podría interpretarse como, entre mayor es la desigualdad, mayor es la impunidad”.

Del estudio se deriva, lo confirman otrasfuentes, que quien comete un delito en México tiene la seguridad, no importa quién sea y cuál es su crimen, de que nunca será llevado a la justicia. Las posibilidades de quedar impune es del 99.30 %.

Vida y milagros

Una tarde en que cambié de planes acabé entrando al cine sin más compañía que mi suéter. Tuve la suerte de encontrar una película inglesa titulada El Rechazo. En los créditos ví que la película estaba dirigida por una mujer, Martha Fiennes, quien basó su guion en la novela del venerado escritor ruso Alexander Pushkin titulada Eugenio Oneguin. La historia fue escrita en verso entre 1824 y 1831 y Pushkin la envió por entregas a los periódicos de la época; se volvió muy popular pues su rima accesible facilitaba memorizar las partes más emocionantes. Imagino a los lectores esperando el siguiente capítulo con la misma avidez y curiosidad con la que ahora esperamos la continuación de una serie.



Había oído la música de la ópera que Thaikovsky compuso inspirado en la obra, pero no conocía la trama, así que la película me atrapó porque gira alrededor del rechazo y el desencuentro amoroso. Dos personas que para el espectador son una pareja evidente no lograrán estar juntos.

Tatiana, una joven de 17 años perteneciente a la nobleza rural rusa, se enamora de Eugenio, un hombre de 27 años que visita la provincia para hacerse cargo de la finca de un tío que también era dueño de una extraordinaria biblioteca. El difunto tío solía prestar libros a Tatiana y ella conocerá y hablará por primera vez con Eugenio cuando lo visita para devolverle los libros. Eugenio es un hombre de mundo, engreído y hastiado de todo, procedente de las élites de Moscú. Tatiana es una joven inteligente y sensible pero ingenua, inexperta y fantasiosa, con demasiada influencia de las novelas francesas que han modelado su educación sentimental. Ella queda cautivada por la personalidad y la conversación de Eugenio, quien también es un apasionado lector. Volverán a verse varias veces con el pretexto de los libros y poco a poco se va trenzando una relación interesantísima pero ambigua, mucho más intensa de lo que Oneguin está dispuesto a aceptar. Aburrido de todos los placeres, porque los ha tenido todos, no es capaz de valorar a esa joven a la que considera una provinciana de poco lustre.

Una noche Tatiana decide escribirle una larga y apasionada carta diciéndole todo lo que siente por él. La carta es preciosa. La madrugada la sorprenderá con los ojos febriles y las manos y el camisón blanco cubiertos de tinta. Ella se atreve a enviar la carta, una acción inusual y audaz para una joven de la Rusia de 1820. Al día siguiente los dos se encontrarán en una fiesta en la casa de Tatiana, pues un amigo cercanísimo de Eugenio es el prometido de la hermana mayor de ella. En esa fiesta, cuando Eugenio se encuentra con Tatiana a solas en el jardín, no hará ninguna alusión a la carta y actuará como si no la hubiera recibido, pero indirectamente le responde y la rechaza con palabras crueles pronunciadas con el tono de superioridad propio de quien se cree por encima de quien lo ama. Como parte de su desvarío se dirigirá al salón e invitará a bailar a la hermana, a quien decide cortejar de manera descarada e impertinente, a tal grado que su amigo lo reta a duelo al amanecer del día siguiente. El orgullo impide a Eugenio disculparse y evitar un duelo absurdo en el que acabará matando a su amigo. Ese mismo día abandona la finca para no volver.



Tatiana se hunde durante meses en un mutismo inexplicable, pues nadie sabe lo sucedido entre ella y Oneguin. Preocupada por su futuro, su madre decide llevarla a Moscú con una influyente tía, famosa por sus habilidades como casamentera. La tía la revisa como quien estudia a una yegua que se pondrá a la venta. Poco después le presentará a un poderosísimo y rico general que quedará rendido ante Tatiana.

La siguiente escena sucede siete años después en otro baile al que asistirá Eugenio, aún soltero, quien se ha dedicado a recorrer Rusia intentando acallar su tedio existencial. Ahí quedará intrigado por la belleza y personalidad de una mujer de rojo a la que admira desde lejos. El anfitrión de la fiesta es el general, quien es primo de Eugenio. A él le preguntará quien es la enigmática mujer de rojo y él le dirá alegre y orgulloso que es su esposa. Al acercarse, Eugenio reconoce en esa mujer a Tatiana, que lo mira con un desprecio helado y fulminante. Él, en cambio, la mirará asombrado. La naturalidad e inteligencia de ella provocarán en Eugenio un hondo arrepentimiento, quien comenzará un asedio hacia la mujer que un día lo adoró.

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Desde ese momento él lo intentará todo para poder hablar con ella a solas. Adivina sus pasos, averigua su vida y su rutina, le envía cartas y se aparece en los lugares que ella frecuenta para verla de lejos o de cerca. En cada encuentro la pasión de él crece al parejo de la mirada de furia y hielo de los ojos de ella. Finalmente él consigue que ella acepte recibirlo en su casa cuando sabe que su primo estará de viaje.

Tatiana lo recibe en una estancia fría donde no habrá lugar para la intimidad porque ella se ha encargado de dejar junto a la puerta de cristal a un sirviente que todo el tiempo pueda verla, aunque no pueda escuchar lo que hablará con Eugenio. Intocada debe de quedar la reputación de su marido al que le es absolutamente leal en sus actos, aunque en algún lugar oculto de su cerebro aún reine Eugenio Oneguin. Los papeles se han invertido. Él ahora es sensible y vulnerable y ella ha aprendido a controlar sus emociones. Con los mismos argumentos y tono condescendiente con los que él la rechazó años atrás, ella lo rechazará sin piedad. Él cree llevar un as bajo la manga: como valiosa prueba de amor le entregará a Tatiana la apasionada carta que ella le escribiera cuando tenía 17 años y que él ha conservado todos esos años. De nada servirá. El rechazo de ella es tajante e irrefutable y se separarán para no volverse a ver nunca.

Martha Fiennes logró transportar la novela al cine de manera conmovedora. La película tiene una banda sonora divina y magistral y una composición novedosa hecha por Magnus Fiennes, quien mezcla su composición con música de la época de Pushkin.

Dos rechazos, dos desencuentros y la imposibilidad de coincidir de dos personas que en otras circunstancias hubieran podido ser felices en el corto o largo rato que dura el amor.

¿Son muy distintos los mecanismos del desencuentro y el rechazo dos siglos después? Si recuerdo esta película ahora es porque creo que no. Lo difícil sigue siendo coincidir.

Mundo Nuestro. Organizado por un grupo de académicos, empresarios y activistas de la sociedad civil, el próximo 27 de septiembre en las instalaciones de la Casa de la Cristiandad en la ciudad de Puebla se llevará a cabo el Primer Foro sobre la Seguridad Pública en Puebla. El siguiente es el programa propuesto para este evento que se propone como una respuesta concreta frente a la realidad de violencia que se vive en nuestro estado.



Mundo Nuestro. "La milpa es un espejo de la diversidad biológica y cultural de México", se afirma en el arranque de la

Para entender la historia larga de México hay que ir a sus milpas. Ahora mismo en septiembre, con los elotes a punto o ya en la ruta de la mazorca. O en los ayocotes y los quelites que se enzarzan en ese enredo de insectos y espinas que tienen atrapadas a las cañas del maíz. Y en el maíz que oculta sus colores azul y rojo y blanco y amarillo. O en el máiz de dientes multicolores, en el juego de adivinanzas que ha volado en el polen y en las alas de las abejas y los frailes que le chupan y le roban el dulce. Pensar en ello mientras se leen los artículos de la revista Oikos (Instituto de Ecología, UNAM, marzo de 2017), y se admiran las suertes de los científicos mexicanos decididos a recupera la trama milenaria del sembradío que explica nuestra civilización. Reproducimos aquí la introducción del texto "La milpa en México", que resume la investigación que lleva adelante un grupo de investigadores asociados al Instituto de Ecología y a CONABIO (Mahelet Lozada-Aranda, Idalia Rojas Barrera, Alicia Mastretta Yanes, Alejandro Ponce-Mendoza, Caroline Burgeff, M. Andrea Orjuela-R. y Oswaldo Oliveros Galindo)

El texto --se explica en la introducción del número de OIKOS-- analiza "los diferentes productos que se van obteniendo de nuestras milpas a lo largo del año, la diversidad de ambientes en los que se desarrollan, y los procesos evolutivos y antropogénicos que actualmente siguen modelando su diversidad vegetal. No descuidan la descripción de los distintos componentes de estos complejos ecosistemas, especialmente de sus polinizadores. El corazón de la milpa son los diferentes tipos, razas y variedades del maíz, y éste ha sido uno de los logros más importantes de los antiguos mexicanos: ¿cómo fue que modificaron al teosinte, un pasto anual que no se parece en nada al maíz actual, y que además no sirve de alimento porque produce semillas duras y pequeñas, convirtiéndolo en el maíz que todos conocemos? El teosinte no sólo es diferente morfológica y alimenticiamente, sino que toda su arquitectura, fenología (ciclo biológico) y adaptación al clima, se ha modificado por la selección artificial que hicieron los antiguos mexicanos. El teosinte ha sido motivo de cuidadosos estudios, y Jonás Aguirre Liguori, alumno de doctorado de nuestro Instituto, nos platica sobre el trabajo que está realizando para entender su biología evolutiva y adaptación. Este será el primer paso para comprender finamente el proceso de domesticación y adaptación del maíz, y será además una herramienta fundamental para conservar mejor nuestros recursos genéticos. Jonás expone los avances e ideas que se han generado recientemente, utilizando modernos estudios genéticos y genómicos que permiten entender el proceso de domesticación del maíz. También menciona algunos resultados sobre la adaptación local en el teosinte, y cómo esta información puede contribuir en el futuro al mejoramiento del maíz cultivado, especialmente frente a escenarios de cambio climático."

La imagen de la portadilla es de Diego Rodrigo Ortega Díaz con imagen de Anat Zelligawski.



Productos de la milpa de Oaxaca. Fotografía: Mahelet Lozada- Revista Oikos, Marzo 2017.

La milpa en México



México es el centro de domesticación y diversificación de muchas plantas que son importantes en todo el mundo. Este proceso se ha desarrollado en diversos sistemas agrícolas tradicionales, y uno de los más conocidos es la milpa, cuyo nombre proviene del náhuatl milpan, compuesto a su vez por los vocablos náhuatl milli que significa “parcela sembrada” y pan “encima de”.

Milpa cercana al Nevado de Toluca, con maíz, frijol ayocote y calabazas. Fotografía: Alicia Mastretta.

La milpa es un agroecosistema que surgió en Mesoamérica y posteriormente se expandió al resto de México y Sudamérica, se caracteriza por ser un policultivo, en el que además de la siembra de maíz, se asocian otras especies domesticadas como los frijoles, las calabazas, los chiles, los tomates, y otras tantas semi-domesticadas, como los quelites, los cuales crecen dentro del sistema de forma natural y el ser humano los ha manejado y protegido con esta forma de sembrado. La diversidad de cultivos dentro de la milpa depende de cada región, no sólo por el clima, pendiente y suelo, sino por el grupo humano asociado a ella, que de acuerdo a sus necesidades, saberes y tradiciones, le ha impreso un sello distintivo. Es decir, la composición y estructura de las milpas en la península de Yucatán, es diferente a las presentes en la Sierra Tarahumara en Chihuahua o a las del Centro de México. Por lo anterior, se puede decir con seguridad que en México no existe una sola milpa, sino muchas milpas. Durante varios meses al año se producen alimentos en la milpa (Figura 2). Poco tiempo después de ser sembrada, las flores masculinas de la calabaza estarán disponibles para consumir, así como diferentes tipos de quelites, posteriormente están listos los elotes y frijoles tiernos, y finalmente los granos maduros de frijol y maíz. En el sureste mexicano, en ocasiones, cuando se supondría que la milpa se encuentra en descanso, ésta sigue produciendo recursos como tubérculos (camotes, yuca) que son rescatados para complementar la alimentación. Dependiendo de la región, también existen milpas con árboles frutales, como el aguacate, la papaya o la guayaba. Desde la época prehispánica, el uso de la milpa se ha extendido en todo México y Sudamérica, el agroecosistema fue adaptándose a diferentes condiciones ambientales, que van desde el nivel del mar hasta más de 3,000 metros de altitud. Las plantas que se cultivaron se adecuaron a dichas condiciones gracias al trabajo recurrente de los agricultores, que durante años han seleccionado semillas y experimentado con ellas durante cada ciclo. Esta selección se basa no sólo en términos de producción, sino también de crecimiento de la planta, su capacidad de adaptación, el uso que se le da a los diferentes productos, en la preparación de alimentos que las utilizan, su empleo en las festividades, entre otros; es decir, en aquellos atributos que el grupo étnico considera importantes para ellos.

Los agricultores, tanto hombres como mujeres, participan en la dispersión de las semillas a nuevos sitios, pues intercambiar semillas entre distintos grupos humanos es una práctica común. El intercambio puede darse dentro de la misma comunidad a pocos kilómetros, o traspasar grandes regiones, como puede ser el caso de jornaleros campesinos, que viajan de un estado a otro transportando semillas. Muchas especies cultivadas en la milpa tienen parientes silvestres con los que se pueden cruzar, y por ende desarrollar “formas intermedias” derivadas de estas cruzas, con las cuales el agricultor puede continuar seleccionando las características que le son favorables. Esta acción permite que el proceso de domesticación se mantenga vigente aún en nuestros días. Es decir, que la evolución de los cultivos bajo domesticación sigue ocurriendo de manera continua en las milpas de México y Mesoamérica. La riqueza de la milpa va más allá de los recursos que nos ofrecen, pues también son relevantes las interacciones que ocurren entre todos sus componentes. De estas interacciones, por ejemplo, el papel de los insectos benéficos ha sido subestimado y poco estudiado, quizá porque concebimos a los insectos como seres de aspecto poco agraciado y asociados a la destrucción de los alimentos. Sin embargo, estos habitantes o visitantes de la milpa brindan servicios como la polinización y el control de plagas (Figura 3), pues cuando una planta de maíz es atacada por un insecto, ésta es capaz de producir compuestos que se esparcen con el viento y que atraen a los predadores naturales de las plagas. La milpa a su vez, al ser un policultivo, brinda alimento (polen y néctar) y refugio que no siempre están presentes en los sistemas intensivos de siembra (monocultivos). En este contexto, la resistencia a plagas del maíz y demás plantas comestibles, no depende únicamente de mecanismos individuales, sino de las interacciones que ocurren entre los miembros de la milpa. Sin embargo, estos mecanismos son menos eficientes o no ocurren en los monocultivos, y por ende el riesgo de que se establezca un grupo de insectos que se convierta en plaga, es mayor.

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Viernes, 15 Septiembre 2017 00:00

El primer Grito que me tocó dar:

Mundo Nuestro. En este texto --que tomamos del portal Todo Puebla, que lo publicó en septiembre del 2012--, Gabriel Hinojosa rememora un hecho histórico en la política poblana: el primer el Grito de Independencia dado por un alcalde no priista. Fue el 15 de septiembre de 1998. Esta es la crónica escrita por el actor principal de esa jornada.

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¡Viva México fuerte con municipio libre!
No los quiero marear con una historia muy larga, pero algunos antecedentes pueden ayudar a entender mejor la gran simbología que para mí tuvo ese grito desde el balcón principal del hermoso Palacio Municipal de Puebla, aquel 15 de septiembre de 1998.

El domingo 12 de noviembre de 1995 día de las elecciones, mientras estuvieron abiertas las casillas, salí de mi casa solo para votar para no arriesgarme a que me pusieran alguna trampa y con ella tener pretextos de escándalos o pleitos electorales, era el muy esperado fin de una campaña electoral agotadora, las cosas ya estaban ahora en manos de otros que cuidarían la elección. Me tocó ser el candidato del PAN a la alcaldía de la capital, aunque no era panista ni nunca busqué ser candidato. Estoy seguro que me ofrecieron el puesto los altos directivos del PAN porque pensaron que con Bartlett de gobernador sería imposible ganar y yo resultaba un buen perfil para abrir camino, sobre todo porque mis padres fueron de los fundadores del PAN en Puebla y yo tenía cierta imagen de activismo social en el “Foro de Cambio Empresarial” que se oponía al virtual exterminio de muchas empresas en México como consecuencia del Tratado de Libre Comercio firmado durante la presidencia de Carlos Salinas. También cobré cierta notoriedad por haber estado con 60 familiares en San Cristóbal de las Casas en la cena de Año Nuevo precisamente en el zócalo cuando estalla la Rebelión Zapatista en el primer minuto del 1 de enero de 1994, quedamos atrapados en la ciudad de la que no se permitió salida ni acceso por varios días y fuimos testigos vivos de ese episodio y al regresar a Puebla inmediatamente trabajamos en una campaña de banderas blancas para pedir al presidente el cese unilateral al fuego de parte del ejército, pero bueno, ésa es otra historia interesante. Puedo decir un poco en broma y un poco en serio, que llegué a ser candidato del PAN “como el burro que tocó la flauta” aunque espero que ustedes no lo repitan porque se oye feo. Me la ofrecieron y me aventé sin entender cabalmente a dónde me metía, pero eso sí, dispuesto a hacer un buen esfuerzo.

A pesar de que nuestras encuestas nos ponían arriba ese 12 de noviembre, esperábamos un fraude electoral como el que ya había sucedido antes con Ricardo Villa Escalera, quien ganó la elección en 1983 y se la robaron, al igual que otras antes y después, no sería yo el primero, pensé, en tener mayoría de votos ni el primero al que se la robarían. Durante la campaña algún amigo me pidió que hiciera un alto para desarrollar un plan de gobierno y recuerdo haber contestado, “No perdamos tiempo y energía en eso si nunca nos dejarán ganar, concentremos todas las baterías en conseguir votos y después ya veremos”. El caso es que a las 11:00 p.m. de ese día al estar recibiendo y agradeciendo a todos los que cuidaron casillas, una cosa se puso en evidencia: el presidente Zedillo había intervenido para evitar el robo burdo de la elección que ya estaba preparado y los resultados de las actas nos daban el triunfo por un amplio margen. Estoy seguro de que me puse blanco y con cara de susto, tomé conciencia de que sería el alcalde y no estaba preparado, la vida nos da sorpresas.

Unos días después y asimilado este triunfo, me dediqué en cuerpo y alma a configurar, con ayuda de muchas personas capaces y generosas, un plan de gobierno. Mi mente estructurada me dijo entonces, como me dice ahora, que toda organización y planes exitosos parten de tener claros los valores fundamentales. Muy fácil dije yo, tomaremos los mejores valores del PAN y seleccioné entre otros: democracia; honestidad, preferencia por los pobres y uno que había sido bandera panista por mucho tiempo y con el que me identifiqué de inmediato, el Municipalismo, que es el que les pido tener en mente para comprender mejor la historia.



Un par de semanas después de la elección busqué una cita con el gobernador Bartlett para tener un primer acercamiento, finalmente me la da y le expreso mi disposición a trabajar juntos y llevar buena relación para el bien de la sociedad, él me contesta con una sinceridad pasmosa que refleja su estado de ánimo ante la pérdida de la capital del estado, “Mira Gabriel, déjame irme de vacaciones a Paris a lamer mis heridas, cuando regrese hablamos”. En eso quedó mi primer intento de establecer una buena relación, habría otros, todos fallidos por una u otra razón y no estoy exento de responsabilidad sobre eso.

El caso es que tomo posesión el 15 de febrero de 1996 y empezamos a hacer lo mejor posible, no hay dinero y la prensa en general nos golpea a diario y por todo, mentira o verdad, ni qué decir de muchos priistas en el gobierno que nunca expuestos a la alternancia, hacían esfuerzos para obstruirnos, algunas veces, me consta, ni siquiera por órdenes del gobernador y solo por creerlo su deber ante el PRI. Cuando me pasan a firmar los primeros oficios, observo que todos incluyen bajo mi firma la leyenda “Sufragio Efectivo, no reelección” que es una especie de mantra priista con el que estoy totalmente en desacuerdo en la parte de la “no reelección” la que me parece una fórmula para el fracaso. Para los priistas primeros era la garantía de que todos tendrían su turno y ningún generalote revolucionario se podría eternizar en el puesto. Pregunto a mis expertos si hay alguna ley que nos obligue a poner esa leyenda, me informan que no, inmediatamente ordeno firmar todo con la siguiente leyenda “México fuerte con municipios libres”. Ya se imaginarán el escándalo y berrinche de esos priistas y sus jilgueros. Para mí, fue el primer cañonazo certero en la batalla municipalista, bandera que levanté con vigor y convicción entonces y nunca he arriado hasta la fecha.

Llega agosto y las relaciones con el gobierno del estado seguían tensas a seis meses ya de que tomamos el gobierno, en eso empiezan a zumbar como abejas rumores y recados de personeros del PRI y del gobernador ¿Qué no van a turnar invitación al Sr. Gobernador para que venga a dar el grito al palacio municipal? Ajá… nunca pensé que le daban tanta importancia, además no estaba yo de humor, más bien dicho nada contento por decirlo suavemente, con el gobernador y sus huestes que hacían lo posible por hacernos colapsar y demostrar a la sociedad que, como dijo Bartlett días después de la elección “el pueblo se había equivocado al elegir a Hinojosa”. A pesar de la presión de mi equipo y asesores que aconsejaban turnar la invitación para mejorar relaciones, yo dije no, no lo invitaremos porque ésta es la sede del gobierno municipal, los gobernadores del pasado se equivocan en su convicción de que los alcaldes son uno más de sus empleados, eso es autoritario y sobre todo humillante para el municipio libre y autónomo. Además el gobernador Bartlett en su afán de tener un balcón que diera al zócalo, ya la había “comprado” al municipio en la anterior administración: el salón de protocolos en la esquina de la 2 Norte y entonces Av. Maximino Ávila Camacho, actualmente Av. Juan de Palafox –nosotros le cambiamos el nombre y ésa es otra buena historia- díganle que dé el grito en su balcón, mandé el informal recado.

No pues para qué quieren, la presión creció y yo como que no escuchaba nada fingiendo demencia. Finalmente, casi llegada la fecha, les digo “si el gobernador está interesado, que me reciba y vamos a negociar el asunto” Así sucedió, me recibe en su casa de gobierno y yo navegando con bandera municipalista le expreso que no veo la razón por la que él deba dar el grito en el Palacio Municipal, que tiene todo el estado y seguramente habrá varios alcaldes priistas que le pondrán a su disposición sus balcones, los dos con caras de jugador de póker, supongo que él mejor que yo, finalmente me hace el ofrecimiento de que en mi tercer año de gobierno, saldrá a dar al grito a otro municipio y yo podré dar el de Puebla, le acepto el trato y dejo claro que deberé estar en el balcón a su derecha en el momento del grito. Al día siguiente le hago llegar la invitación, naturalmente firmada y con la leyenda “México Fuerte con municipios libres”



(Bartlett dando el grito negociado en 1996, a su derecha su esposa Gloria Alvarez, luego yo y a mi derecha mi esposa Liz Brigham)

Ese primer grito en 1996 fue un evento de tregua al que invitamos a otros priistas al palacio, una convivencia austera después de la ceremonia pública con vinos mexicanos nada caros y tequila Jimador, que en ese entonces era bueno y barato, antojitos mexicanos y párenle de contar, era más la belleza de las mujeres que en esa fecha y lugar, deciden vestir con motivos, rebozos, aretes, trenzas y colores que son muy nuestros ¡qué bien se ven¡

(Despues del grito en el patio del palacio municipal con esposas y familia. Se rompia el hielo con un apretón de manos)

Al llegar el 15 de septiembre de 1998, Bartlett cumple su compromiso y se va a Zacapoxtla a dar su grito. Nosotros organizamos libremente el nuestro. Los gritos del quince en nuestra administración se ordenan para que la gente tenga más seguridad, mejores espacios, los ambulantes que anteriormente tomaban el zócalo por asalto con todo tipo de fritangas, son retirados a las calles cercanas y el cambio es muy bien aceptado por los asistentes. Creo que desde entonces hay mejor orden y el grito es más agradable, tanto en la calidad del espectáculo, como en su ambiente familiar. La lluvia casi no falla, pero eso no detiene a miles de personas para las que asistir al zócalo es una tradición importante.

(Momentos antes de dar el grito, recibiendo del ejército la bandera)

(A la derecha de Liz el comandante de la zona militar y Sra. esposa. A mi Izquierda Mario Riestra y Sra.)

Nuestro trabajo y compromiso por dignificar al municipio logró, con la ayuda de muchos otros alcaldes de todos los partidos, que se subieran notablemente los recursos a todos los municipios del país por la vía del llamado ramo 33. Eso derivaría en la tristemente célebre llamada “Ley Bartlett” que en el fondo sólo era una forma de evitar que esos recursos llegaran de la federación al municipio y pretendía que el gobierno del estado manejara ese dinero. Con otros 15 municipios interpusimos una controversia constitucional, que es el juicio para dirimir diferencias entre gobiernos y poderes, juicio que ganamos y es un notable triunfo municipalista y derrota para Bartlett. Al final Bartlett logra su objetivo porque impuso de mi sucesor al priista Mario Marín que era su Secretario de Gobernación, todas sus obstrucciones y ataques al gobierno que encabecé llevaban el objetivo de recuperar para el PRI la capital, pero bueno, ésa también es otra historia que habré de contar un día.

Debo confesar mi travesura; expuesto el simbolismo que tenía para mí dar el grito, confieso que mandé previamente comprar una bandera mexicana similar a la que en una vitrina con llave se tenía en el Salón de Cabildos, la hice substituir y con ella di el grito desde el balcón, posteriormente repuse la original en su lugar y me llevé la comprada por mí como recuerdo de esta batalla. No tomé bienes del municipio, no se violó ninguna ley, pero ahora ya saben dónde está esa bandera que vieron en el balcón ese día, no le vayan a decir a nadie. FIN

(El grito de 1997 no se incluye en la narración pero estas imágenes corresponden a esa fecha.

Saliendo del salón de Cabildos despues del grito)

(1997 bajando por la escalera del palacio para el brindis en el patio)

(1997 Ya a la luz de unos tequilas, las cosas se ven más claras)

Gabriel Hinojosa Rivero a 15 de septiembre de 2012 V1.2

Mundo Nuestro. El asesinato de la joven Mara Castilla es un hecho que refleja el extremo al que ha llegado la violencia en México y comprueba lo que los ciudadanos vemos todos los días: el colapso de las instituciones del Estado. No es posible hacer como que no pasa nada. No podemos voltear hacia otro lado. Es la hora de la acción civil.

En el siguiente texto, el filósofo poblano Juan Carlos Canales nos invita a sumarnos a la iniciativa de un grupo de empresarios y académicos poblanos para la formación de una red ciudadana en contra de la inseguridad. Y convoca como primer paso a la realización de un foro sobre la inseguridad en Puebla y las respuestas que se pueden encontrar desde la organización civil.

Breviario de lectura, 15 de septiembre, 17.00 Hs.:
Hace unos minutos hablé con Alejandro Guillén, profesor de Mara, para ofrecerle una especie de pésame y reconocer el papel que desempeñó para aclarar la desaparición de la muchacha, igual que lo hizo toda la UPAEP.
- Carajo, Alejandro, ¿qué podemos hacer ?
- No lo sé; estoy en schok. Déjame pensar y hablamos.
- Tenemos hijos. Mañana puede ser cualquiera de ellos.
- Lo sé.
Sin embargo, por iniciativa de Alejandro Guillén y Leobardo Espinosa, desde hace meses un grupo de académicos de distintas universidades y empresarios empezamos a reunirnos para formar una red ciudadana contra la inseguridad en Puebla, misma que culminará su trabajo el próximo 27 de septiembre en El Primer Foro sobre Inseguridad en Puebla, a realizarse en la Casa de la Cristiandad de 9 a 18 Hs.
La invitación está abierta a todo el público siempre y cuando soliciten una invitación a cualquiera de los organizadores. La medida fue tomada en función de prevenir un posible intento de boicotear el evento.
Dicho foro intentará ofrecer un análisis de la situación que vive Puebla en materia de inseguridad y ofrecer algunas alternativas ciudadanas al problema.
Al mismo tiempo, hacemos un llamado a la prensa local y nacional a que nos acompañen el próximo 20, a las 10 horas en la rueda de prensa que se llevará a cabo en El Mesón de la Sacristía( 6 sur 304, Callejón de los Sapos).
Los organizadores del evento consideramos que, junto al papel que realicen las autoridades competentes, es imprescindible la participación ciudadana para coadyuvar en la solución del problema que cada vez afecta a más y más poblanos.

Juan Carlos Canales



Mundo Nuestro. La violencia contra las mujeres en Puebla es de todos los días. Para entenderlo basta con la lectura de la prensa diaria. Uno tras otro los asesinatos, una tras otra la denuncia de desapariciones. Ello ha llevado a un grupo de asociaciones civiles a denunciar la práctica dilatoria y la incapacidad en la procuración de justicia por parte de las instituciones publicas responsables.

Este es el desplegado dado a conocer este lunes por un importante grupo de organizaciones civiles que demandan del Estado su obligación de prevenir, investigar y sancionar la violencia contra las mujeres.



Pobreza y naturaleza en Chalchicomula: 28 de agosto de 1973

Reportaje gráfico de El Sol de Puebla Fotografías de Mateo Flores

Tenía 18 años y nunca había sentido terror. Ni había conocido el dolor profundo por unos muertos que no son los tuyos. Y que en un instante pueden sumar quinientos. Y que veré tendidos horas más tardes, en aquella calle de Chalchicomula envuelta en escombros y llanto. Es el martes 28 de agosto de 1973.



A las cuatro de la mañana llegó. Se presentó en un vaivén que me despertó. “Está temblando”, pensé, y quise bajar de la cama, pero el movimiento cambió y todo, cama, yo, buró, ropero, empezó a rebotar contra el suelo en un conjunto de taconazos sin freno. No hay camino más franco para abrazar al pánico. Tieso, agarrotado, ni el pensamiento se mueve en esa locura. Ni siquiera pensé “voy a morir”.

Siempre había temblado en Puebla. En la casa de la 15 Sur en la que vivió mi familia desde el año en que nací, 1955, una lámpara en el pasillo anunciaba la gravedad del sismo. Nunca le dijimos “sismo”. Sólo decíamos “está temblando”, y hasta esa madrugada la única conciencia que teníamos de las consecuencias materiales de un temblor se expresaba en el ángel caído en la ciudad de México en 1957. El “está temblando” nunca había pasado de ahí. Que la tierra se moviera no producía catástrofes, ni amontonaderos frente a un edificio derruído, ni féretros tendidos a lo largo de una calle entre los escombros de San Andrés Chalchicomula.

Terror en la madrugada. Horror a la media tarde. Tardamos una hora en avanzar hasta el centro del pueblo, como si nadie quisiera llegar, ni las decenas y decenas de camiones con ayuda que ya llega desde todos los rumbos pero por una sola carretera, y que lo hace tan solo para corroborar la razón de tanta víctima a las que el adobe y la pobreza le cayó en la cabeza. Con mis ojos puestos en ese tendedero de muertos contemplo un instante como si viera una película. Hemos venido cinco amigos con ánimo de ayudar en lo que se pueda. No hacemos nada. Ya los cuerpos ocupan la calle a la espera de los ataúdes que vienen por carretera. La mayoría de los techos y paredones que los han matado eran de edificios de una sola planta. Adobe y piedras en un aldeas y pueblos que siempre han estado aquí y cuyos nombre resuenan: Quecholac, Tenango, Santa Úrsula, Felipe Ángeles, Chiconquiac, Tlachichuca, Cuauhtemoc, Soapan, Río Valiente, Soltepec, Mazapiltepec, Tlacotepec, Tecamachalco, Ocotengo, Santa Inés de Borbolla, Tlanalapa, Nopalucan, Guadalupe Victoria, Tepexi, Guadalupe Victoria.

Más de 541 muertos ahí, dirá El Sol de Puebla.

Contemplo. Tengo 18 años. La vida pasa y quita fuera de mí. No hacemos nada, digo, ¿y qué país es este que se derrumba tan fuera de sí.



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