En el día mundial de la tierra sostengo que de lo mejor de la ciudadanía en Puebla en los tiempos recientes está en la lucha ambientalista contra los proyectos industriales de muerte y por la regeneración de las cuencas hidrológicas, particularmente la del Alto Atoyac.

No hay nada más alejado por el momento de la preocupación electoral en la que están trenzados partidos y dirigentes que en Puebla se disputan el poder político.

Describir la realidad lo mejor posible, comprenderla en su complejidad y contradicciones, contribuir así en la construcción de alternativas. No entiendo de otra manera el periodismo. Y por eso no puedo verlo desligado de la dimensión estratégica que tiene para la sobrevivencia de nuestro planeta y las sociedades que alberga las consecuencias que la acción humana tiene para ella.

Y tengo a la vista procesos sociales como el encabezado por el movimiento popular Tetela hacia el Futuro en el 2012-2014, el Comité de Ordenamiento Territorial integral de Cuetzalan y la organización civil Dale la Cara al Atoyac en la ciudad de Pueble. Son procesos que han involucrado dinámicas de poder guardadas en los nombres Grupo Carso/Carlos Slim, Comisión Federal de Electricidad/Gobierno Federal y autoridades federales, estatales y municipales en el Estado de Puebla.



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Así arranco mi participación en el evento de este domingo realizado en el Mercado Hidalgo por convocatoria de un conjunto de organizaciones sociales vinculadas a la defensa del territorio. Y lo planteo desde mi posición de periodista que entiende que el periodismo tiene sentido si describe bien la realidad, la investiga mejor y contribuye a construir alternativas democráticas construidas colectivamente.



En el evento se reseñan dos procesos recientes exitosos que dan idea de este planteamiento sobre lucha ambiental y construcción de ciudadanía: el cierre del relleno sanitario intermunicipal en Cuetzalan y la clausura del tiradero de residuos industriales impulsado por la cementera Cruz Azul en la localidad de Ballavista, en el municipio de Palmar de Bravo. Difícil de creer, pero son dos buenas noticias.

Así lo documenta Erwin Slim este mismo día:

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“Acta de Cabildo Municipal donde se hace oficial el Cierre Definitivo del basurero a cielo abierto de Cuetzalan, mal llamado relleno sanitario. Por lo que todos los materiales no reciclables (previa separacion) de Cuetzalan será enviados al Relleno Sanitario de Cuyoaco, que cuenta con certificaciones en el manejo de residuos. El reto en Cuetzalan es que la población, así como los grupos, comites, escuelas, organizaciones, prestadores de servicios e instituciones de gobierno, tengamos la responsabilidad de reducir el consumo y separar de la mejor manera los residuos y materiales reciclables. Construiremos desde la población una intensa campaña para este objetivo. Está la propuesta de una composta colectiva que manejen grupos de productores y organizaciones para beneficio de las parcelas. Habrá dos foros (Ciudad de Puebla y Cuetzalan) amplios, de Inclusión de propuestas para el manejo de residuos solidos y saneamiento de Cuetzalan, que convocará Miocup CNPA MN, además de otros grupos y organizaciones. Con el objetivo de crear un modelo integral en el manejo de la basura en el municipio, así como un órgano ciudadano de vigilancia que le dé seguimiento al modelo que sea apoyado por la población, técnicos, académicos y expertos en el tema.”

Lo que se celebra este domingo (#DíaInternacionalDeLaMadreTierra) y que ha dado pie a este evento auspiciado por la organización popular 28 de Octubre provoca reuniones similares en todo el mundo a cargo de centenares de organizaciones civiles, en una inercia que afortunadamente no se ve ya que tenga fin. Un ejemplo, Gabriela Méndez Cota en su En busca del quelite perdido da cuenta de un Fondo Semilla que celebra este día con la memoria de un encuentro en Cuetzalan en el mes de diciembre que se resume en este video con el tema Encuentro Internacional Género, tierras y territorios: sostenibilidad de nuestra vida comunitaria

Movimiento de resistencia y organización de la sociedad civil

¿Qué trama es esta que nos ofrece una creciente movilización desde la sociedad civil?

La historia en Puebla –digo en el evento de la 28 de Octubre, y para entender esta trama que se construye poco a poco desde las luchas de resistencia y defensa del medio ambiente--, obliga a valorar de fondo las derrotas históricas de la tierra nuestra, todas provocadas por una idea de progreso entendido desde el proyecto de desarrollo capitalista que ha llevado a nuestro país a esta situación de catástrofe socio-ambiental en la que vive nuestra sociedad.

Presento un listado breve de lo ocurrido en los últimos cien años y de norte a sur en nuestro estado: el uso industrial energético de los ríos serranos con la construcción de presas hidroeléctricas en Necaxa y Tlatlauquitepec; la cuenca petrolera de Xicontepec en su paso por Puebla, en la región de la Mesa de Metlaltoyuca y Venustiano Carranza, con la amenaza del fracking promovido desde la reforma energética; la cuenca del feldespato en la región de Zacatlán y Ahuacatlán para la industria cerámica; la deforestación histórica de los bosques templados y subtropicales en las sierras Norte y Negra y en las montañas altas Popo, Izta, Malinche y Citláltépetl; los monocultivos cafetalero en la Sierra Norte y azucarero en la región de Matamoros; la degradación total de las cuencas hidrológicas de los ríos Atoyac y Nexapa, en el centro sur del estado; la cuenca agropecuaria capitalista en Tecamachalco y Tehuacán; la urbanización irracional, caótica en su modelo de ciudad, reproducido igual en la zona metropolitana de la ciudad de Puebla, pero también en Tehuacán, Teziutlán y San Martín Texmelucan.

La cuenta puede seguir a detalle. Pero alcanza para entender los movimientos sociales ocurridos en los últimos diez años en el territorio poblano: la lucha contra la instalación de proyectos mineros y energéticos en las montañas y ríos de la Sierra Norte de Puebla y en la Sierra Negra; la resistencia contra la instalación del Gasoducto Morelos a su paso por la Sierra Norte, el Valle de Puebla y la región de Atlixco; la oposición a los rellenos sanitarios e industriales en las zonas rurales de Huejotzingo, Palmar de Bravo y Cuetzalan; y la movilización civil para la regeneración de la cuenca del Alto Atoyac.

Este rueda de prenda organizada para este lunes 23 por Dale la Cara Al Atoyac da muy buena cuenta del alcance que puede llegar a tener la movilización de la sociedad civil vinculada a los movimientos ambientales: una agenda del agua construída desde la acción civil, no desde el gobierno y, ni mucho menos, los partidos políticos.

En todos estos casos se han dado en mayor o menor proporción un conjunto de elementos que explican una compleja dinámica que nos conviene entender: la vinculación entre los movimientos sociales y los grupos organizados de la sociedad civil. En Tetela hacia el Futuro, el COTIC y en Dale la Cara los encontramos: la acción directa que se impulsa desde el rechazo espontáneo del impacto ambiental provocado por los procesos y proyectos ambientales y la contaminación; la investigación socio-ambiental desarrollada por especialistas vinculados al movimiento, la acción legal fundada en la ley y sus instrumentos de defensa ambiental, administrativa y de derechos humanos y plasmada en juicios de amparo y denuncias civiles y penales ante las autoridades correspondientes; la generación de alianzas con grupos organizados externos, centros universitarios de investigación y medios de comunicación; y el desarrollo de perspectivas estratégicas que le den al movimiento de defensa ambiental la dimensión política sin las que se verán sin duda reducido al fracaso.

Estos cinco elementos no se dan fácilmente un proceso de lucha socio-ambiental. Se construyen con mayor o menor éxito. Los encuentro sin duda en los procesos señalados arriba (Tetela hacia el Futuro) COTIC Y Dale la Cara al Atoyac, y que intentamos documentar a fondo en esta revista digital Mundo Nuestro. En ellos se han dado con nitidez la acción directa, la investigación técnico-científica, la defensa legal, la generación de alianzas y la construcción de una visión estratégica.

La existencia de organizaciones civiles como Puebla Verde, Africam, Tiyat Tlali, Tosepan Titananizke, CESDER, Alternativas, Cupreder, Ibero Puebla, etc, explica en buena medida la consecución de victorias concretas.

La ausencia de estos elementos en su conjunto explica también los riesgos que enfrentan en conflictos similares como los que hoy se producen en regiones particulares del estado: la amenaza del fracking en la Sierra Norte, la instalación de la minera canadiense Almaden Minerals en Ixtacamaxtitlán y la construcción de las hidroeléctricas en los ríos Ajajalpan, Zempoala y Apulco en la Sierra Norte y Coyolapa en la Sierra Negra por consorcios mineros como Grupo México y Grupo Ferrominero.

La ausencia de estos elementos ayuda a entender igualmente el aislamiento en el que los movimientos pueden caer. Su falta de visión estratégica puede provocar la caída en posiciones sectarias que lo aíslan más todavía y le impiden construir alianzas vitales.

Yo recupero la vista que hemos dado en Mundo Nuestro sobre la realidad de las montañas poblanas y el acoso que sufren por las corporaciones mexicanas y trasnacionales para la instalacción de proyectos industriales energéticos y mineros. Es una memoria de la tierra desde la resistencia de los grupos organizados en la Sierra Norte de Puebla:

Hidroeléctricas en los ríos de la Sierra

Hidroeléctricas en los ríos de la Sierra

Conflicto minero en Tetela

Conflicto minero en Tetela

Conflicto minero en Zautla

Conflicto minero en Zautla

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán

Este viernes 20 de abril dentro de las actividades del Festival Internacional Jazzatlán se presenta en La Casa del Mendrugo Alex Luna y su Quinteto.

La planta Carmela en el río Atoyac
Mundo Nuestro. Este texto escrito por Jesús Rivero Quijano, industrial poblano cuya familia fue la propietaria de la fábrica San José El Mayorazgo, como la conocían en el siglo XIX, entre 1864 y 1946. Es el relato del proceso de construcción del sistema hidroeléctrico que le dio vida a la fábrica a lo largo de buena parte del siglo XX. Tomado del libro "Memoria y acantilado", lo presentamos nuevamente en Mundo Nuestro para valorar en su profundidad el significado de la destrucción de una fábrica en operación desde el año de 1842, en cuyos terrenos se edificará un conjunto residencial más en esta etapa de la voracidad inmobiliaria que caracteriza a la ciudad de Puebla.

Atoyac 1906-1909

El Ingeniero Carlos Mastretta Magnani llegó a Puebla en 1906, luego de la exitosa construcción de la planta para la Compañía Hidroeléctrica Queretana, contratado por los señores Rivero Quijano, propietarios del complejo textil de Atoyac, para la construcción de un sistema hidráulico para la generación de energía eléctrica con la fuerza de las aguas del río Atoyac. Esta historia quedó registrada por Jesús Rivero Quijano en el libro La revolución industrial y la Industria Textil en México, publicado por la Editorial Porrúa en 1990, del cual presentamos un extracto relativo a la construcción de la llamada “Planta Carmela”. Carlos Mastretta Magnani se establecería así en Puebla, para convertirse finalmente en el apoderado de las empresas de la familia Quijano hasta su retiro en 1945.



Planta Carmelita

Ese mismo año se empezó a construir la presa y la planta que se llamó Carmelita a cinco kilómetros río abajo de la presa (5,600 Mts.) de El Mayorazgo, para aprovechar los 10,000 litros por segundo en una caída de 10.5 metros para producir 430 (Kilo­Volt-Amperes) K.V.A. en cada una de las 2 turbinas que se pidieron al efecto, o sea 860 K.V.A. igual a 1,100 Caballos.

Pero, ¿traería el Río Atoyac regularmente los 20,000 litros por segundo de la concesión?

En un estudio que hizo cuando ya la energía de las plantas no se destinaba exclusivamente para la fábrica El Mayorazgo sino que se extendía a las otras fábricas de la empresa como se explicará después, se dice, a propósito de la irregularidad del caudal del Río Atoyac lo siguiente:

"La falta de reglamentación del río, la protección política a los agraristas quienes, río arriba, cortaban o interceptaban las aguas del río para riegos o enla­mes, la despoblación de los bosques de las faldas de los volcanes y de la sierra donde nacen el río Atoyac y sus afluencias, y, por último, la actividad del volcán Popocatépetl y de la exagerada irregularidad en el fluir de las aguas del río, lo cual hacía con frecuencia saltar nuestros interruptores automáticos en las plantas y fábricas e interrumpían, con grave daño de la producción, nuestros trabajos".



Es evidente que hablaba el industrial dolido por los trastornos y mermas en su producción.

Planta Carmela

Pero volvamos a la planta Carmela que fue la unidad mayor y de la que se esperaba el equilibrio permanente entre la generación de la energía y el consumo en las unidades industriales que continua­ban creciendo.

Se había extendido la red de transmisión llevando el fluido eléctrico; sobre postes de hierro hasta la garita de Puebla en donde, con transformadores y aparta-rayos y mutas, se cambió en línea subterrá­nea con cables altamente protegidos que cruzaron por debajo de las banquetas la ciudad de Puebla de sur a norte, hasta llegar a las fábricas de La Esperan­za (de estampados y acabados) y San Juan de Amandi así como también hasta la planta Balbucar para sincronizar con aquella planta Diesel que actua­ba de reguladora en toda la red eléctrica de la em­presa. Se extendía también al edificio de las oficinas centrales y residencia, calle Independencia 10. Tra­bajo fue este arduo y costoso pero también el único medio de no detener la expansión industrial iniciada y librar a ésta de las irregularidades e intermitencias a que nos condenaban entonces los medios crudos e ineficientes, cuando no primitivos con que contá­bamos para progresar. Algo parecido le pasó a Henry Ford en sus humildes comienzos.

En la planta Carmela se aprovecharon 10,000 litros por segundo con una caída de 18.6 metros que entraban a través de una reja a la boca del túnel de 3 kilómetros de largo en varios tramos, con un claro de 4 metros de ancho por 3 de alto y un tanque final de distribución de 211 metros de largo por 7 de ancho. Con ello se movían 2 turbinas Voigt, tipo Francis, pero fabricadas en Alemania para 5000 litros por segundo cada una; con un rendimiento de 914 H.P. efectivos, 450 revoluciones por minuto, acopla­das a sendos generadores para convertir la fuerza hidráulica en eléctrica, de 845 KVA, 675 KV 60 ciclos con capacidad de 1,000 caballos cada una.



Vista general de la planta hidroeléctrica “La Carmelita”, donde se aprecia la casa

de máquinas adosada a la obra de toma, 1908. AHA, FDAS, Caja 4211, Exp. 56704, f. 126 (Fotografía tomada del texto de Luis Antonio Ibáñez González “Arquitectura del sector eléctrico en el valle de Puebla: las plantas hidroeléctricas Carmelita y Carmela (1906-1912)”


Cómo se hacían las plantas hidráulicas

¡Cuántos problemas para sojuzgar aquel río bronco y mutable para arrancarle los 3,000 caballos de fuerza que traía en su torrente, ¡Cuán escasos los medios para conseguirlo si los comparamos con los que hoy tenemos!.

Para construir la Presa se eligió una gran roca que, labrada cenvenientemente hasta fijar un punto en que corrieran las aristas, constituyó el punto de referencia para toda la obra. En tiempo de secas, pues la obra comenzó el 24 de Noviembre de 1906 para terminar el 10 de Marzo de 1909, se iniciaron las excavaciones en el lecho del Río que previamente había sido virado con un túnel de desviación. ¡Quien hubiera contado con estas palas mecánicas gigan­tescas! En su lugar, cientos de indios de los próxi­mos pueblos de Tlaxcalancingo, Santa Clara, San Baltasar y otros, distribuidos convenientemente, lle­vaban a cabo la obra. Cien de ellos en fila india circulante, tomando cada dos de ellos la parihuela, se la hacían llenar por lo que trabajaban con las palas en el lecho del río y marchaban a descargar de otro lado de la represa. Así hasta que llegaron las prime­ras avenidas que se llevaron la represa, pudimos cimentar con piedras los fundamentos de esa presa que 60 años después se yergue orgullosa detenien­do al río.

Dos humildes locomóviles que quemaban leña de los alrededores movían las bombas centrífugas que reducían las filtraciones para que la gente pu­diera trabajar convenientemente.

Por fin se logró, en la siguiente temporada de secas, cerrar el río con la cortina de la presa, y cuya parábola, así como toda ella, fue una obra de arte del Ingeniero Italiano Don Carlos Mastretta quién fue director de toda la obra.

Don Carlos, a cuyas órdenes trabajé yo, fue un interesante personaje en el desarrollo de la industria textil en México. La historia de su venida es románti­ca.

Ingeniero militar del ejército italiano llevaba a su cargo una sección de comunicaciones (telégrafos) en la batalla de Adua en que el Rey Menelik de Abisinia derrotó al general Italiano Barattieri en 1897. Quedó su sección corta del cuerpo del ejército y con órdenes de marchar hacia la costa a pedir auxilio a la flota italiana. Diezmada su tropa y por todo alimen­to, el que pudieron obtener sacrificando sus mulos lograron ser rescatados los supervivientes entre los que se hallaba D. Carlos. Al llegar a Italia fue recibido, entre otros por un tío suyo que era director de un periódico italiano. A él le refirió sus andanzas que el tío publicó por lo que exigieron las autoridades mili­tares responsabilidades a Don Carlos por haber revelado a la prensa detalles espantosos del fracaso militar.

Su tío hubo de tomar sobre sí la responsabilidad que le correspondía; pero Don Carlos para no verse envuelto en la campaña política que se desató, vino recomendado a Nueva York en donde le dieron un empleo en la construcción del Ferrocarril Nacional de México con asiento en Querétaro. Allí trabajó en la construcción del puente de Tequisquiapan y des­pués se encargó de la construcción de la planta Hidroeléctrica de Querétaro. De allí, ante el éxito de esa obra por su eficiencia y bajo costo, fue recomen­dado por Schondube y Neugebeuer a Don Manuel Rivero Collada para construir la presa y plantas Car­melita y Carmela con su túnel; terminados los cuales, entró como gerente en las unidades textiles de Ato­yac Textil, S.A. propietaria de las plantas.

El problema más difícil consistía en cerrar el túnel de desviación para que volviendo el río a su cauce se llenase la presa y el agua entrara por las bocato­mas a las turbinas. Una enorme plataforma se impro­visó con vigas de madera y rieles de hierro encima de la boca de entrada del citado túnel; sacos de arena y de cemento atados entre sí se colocaron encima. Se cortaron los amarres de la plataforma y ésta cayó en el canal, las cuadrillas y todos nosotros empezamos a arrojar ramas y piedras y más sacos de arena y cemento. En dos horas subió 3 metros el agua en la presa con una cola en el río que iba creciendo a medida que subía el agua, hasta derra­mar por la corona a la vez que formaba una laguna en la cuenca de unos 7 kilómetros. La presa se bendijo el día De San José 19 de Marzo de 1909 con una gran fiesta a la que concurrieron más de dos­cientos peones de los pueblos próximos, así como los rancheros vecinos y las autoridades y se sacrifi­caron más de cien borregos para la barbacoa que se irrigó por las gargantas con el sabroso neutle de la región, pulques curados y cervezas para los más catrines.

Ocioso es ponderar las dificultades para el trans­porte, en carros especiales con 12 mulas, de aque­llos tubos de dos metros de claro que conectarían las turbinas de la planta Carmela con el tanque de reposo que les abastecería de agua. Y aquellas pesadas y enormes piezas de maquinaria, turbinas, generadores, transformadores (que insistió la casa fabricante que deberíamos llevarlos y ya llenos de aceite) en fin, todo lo que supone esas plantas hi­droeléctricas desarmadas, que cuando las vemos trabajando parece que se levantaron solas.

Todo esto referido a las plantas de la Casa se repitió en todas aquellas cien fábricas que se mon­taron dispersas por la República; unas más cerca del mar y otras como la fábrica de Xía en la sierra de Oaxaca, que tuvo que transportar su maquinaria a lomo de mula; lamentamos no tener a la mano datos semejantes de otras fábricas textiles que pueden ostentar historias similares.

Ya hemos encarecido los problemas que nos producían aquellas violentas y torrenciales avenidas del Río Atoyac que arrastraban las tierras, piedras y árboles, animales y a las veces, gentes de las faldas de los volcanes y de las zonas limítrofes del Río y sus afluentes como el Zahuapan y otros. Impedir que las ramas y otros objetos tapasen las rejas con peligro de que se vecinaran y, ya sin estorbo, entraran en las turbinas, era la tarea de 2 rejeros que, particular­mente en tiempo de agua, les ofrecía bastante traba­jo. En un invierno, el trabajo era menos duro porque el agua era menos sucia. En la fiesta de San Baltasar pidieron permiso los dos rejeros y se fueron a la feria con sus respectivas mujeres, En la noche, y cuando el alcohol había hecho efecto pernicioso en las men­tes de estos pobres hombres, descubrieron llevar a cabo un trágico pacto: se trocarían las mujeres entre sí y el afortunado que recibiera la más joven indem­nizaría al otro con la suma de dos pesos. A la madru­gada llegaron las mujeres a contar esta historia epilogada por la riña entre ambos porque el benefi­ciario se negó a pagar la suma de los dos pesos por lo cual recibió feroz puñalada que no le impidió corresponderla el herido de suerte que la guardia rural encontró uno de los cadáveres a la entrada de una milpa y del otro a la salida. Con esta clase de gente teníamos que habérnoslas.

Pero en 1914, uno de nuestros albañiles se re­montó a la sierra y se unió al Zapatismo que asolaba aquellas regiones. Se llamaba Juan Ubera y nos dejó a su compadre, Atenógenes Sánchez a quien Don Carlos había adiestrado como capataz y el Ingeniero Froilich que nos había prestado la casa Siemens lo instruyó y capacitó para el mantenimiento de la ma­quinaria de la Planta.

La casa Siemens tenía dada una garantía de dos años en la operación de su maquinaria con la condi­ción de que ellos nos proporcionarían durante ese tiempo un ingeniero electricista que vigilara el man­tenimiento.

Vista de las ruinas de la planta La Carmela. Foto tomada del texto de Luis Antonio Ibáñez González “Arquitectura del sector eléctrico en el valle de Puebla: las plantas hidroeléctricas Carmelita y Carmela (1906-1912)” .

Lunes, 16 Abril 2018 00:00

Tropas en la frontera

(Ilustración de portadilla: Oldemar González, tomada de la revista Nexos)

A fines de la semana pasada, el Presidente de Estados Unidos ordenó desplegar la Guardia Nacional en la frontera con México. Trump afirmó que lo hacía para apoyar a las autoridades de inmigración y que esta medida duraría hasta que el Congreso decidiera una ley menos permisiva y se terminara de construir el muro.

De acuerdo con la información oficial (disponible en www.nationalguard.mil), el Secretario de Defensa acató la instrucción presidencial y ordenó el despliegue de hasta 4 mil elementos. De inmediato, 500 guardias fueron movilizados a la ciudad de McAllen, Texas. Las tropas deberán apoyar a la patrulla fronteriza por medio de la aviación, ingeniería, vigilancia, comunicaciones, mantenimiento de vehículos y apoyo logístico y “deberán usar todo su poder para apoyar a los hombres y mujeres que están haciendo cumplir la ley”. El Jefe del Pentágono reiteró que las órdenes del presidente se debieron a “un brote drástico de actividades ilegales en la frontera sur que amenaza nuestra seguridad nacional”.

La amenaza a la que se refirieron el secretario y el presidente apunta a una a Caravana de migrantes centroamericanos que recorre México, formada por unas mil 200 personas, para llamar la atención sobre las graves violaciones a sus derechos humanos que sufren en su trayecto hacia Estados Unidos y en ese país.



Trump también ordenó que los indocumentados detenidos no fueran puestos en libertad mientras siguen el proceso de deportación. Para entender esta instrucción debe recordarse que, normalmente, cuando una persona es detenida por la Patrulla Fronteriza se le pone un brazalete para monitorearlo y se le asigna una cita en un juzgado; posteriormente se les deja en la estación de autobuses donde son apoyados por activistas de derechos humanos para llevarlos a algún centro de ayuda cercano donde reciben alimentos y se les proporciona alguna ropa y pañales para sus hijos mientras se define su situación jurídica.

Aunque la Guardia Nacional (National Guard) es una fuerza de reserva constituida por voluntarios, sus miembros están entrenados para cumplir con un objetivo principal: combatir a quien se les ordene. No es la primera vez que se militariza la frontera: en 1997, un joven de 18 años, Ezequiel Hernández, ciudadano estadounidense, fue asesinado injustificadamente a tiros por soldados enviados por Washington. Clinton decidió suspender el programa. Luego, el presidente Bush ordenó el despliegue de 6 mil elementos de la Guardia en 2006 cuando el gobierno mexicano declaró la guerra al crimen organizado. Y hace unos siete años, Obama envió otros mil 200 militares. En 2014, el gobernador Perry, despachó por su cuenta mil guardias texanos cuando se produjo la crisis de los menores centroamericanos

¿Cuál es la diferencia entonces entre la decisión de Trump y las que se tomaron en otros tiempos? Todas han sido repudiables pero el rasgo distintivo está en la retórica y en la diplomacia pues, en esta ocasión el envío de la Guardia fue acompañado de discursos amenazantes y denigratorios contra México y los migrantes. Sin embargo, todo parece indicar que se trata de un truco político montado junto con los medios de comunicación de derecha supremacistas y nacionalistas.

Varias cadenas noticiosas, sobre todo Fox, difundieron días antes de la orden presidencial que “había una multitud tratando de llegar a EU que nadie estaba deteniendo y que entre ellos había criminales y terroristas”. Las Caravana, según ellos, era un “plan organizado y deliberado para atacar la soberanía de los Estados Unidos… “. Se trataba de un relato sensacionalista sin fundamentos veraces y Trump reaccionó de inmediato a esta campaña de histeria.

El objetivo, preparado entre la prensa derechista y el gobierno, era crear un clima de miedo para reavivar la simpatía por el actual inquilino de la Casa Blanca. Además de una medida para ganar apoyo político interno, la decisión tiene otros fines: presionar a México para concluir las negociaciones del TLCAN lo más pronto posible, imponiendo sus condiciones.



Convertir a México y a los migrantes en piezas de una estrategia de terror para obtener ganancias políticas es una acción peligrosa para la vida y los derechos humanos de estos últimos. Se trata de una acción de fuerza brutal para tratar de complacer a su base de apoyo más dura y una nueva versión de la diplomacia del gran garrote contra México.

La reacción interna por parte del presidente Peña y las fuerzas políticas ha sido acertada discursivamente, pero falta saber si lo será en lo de fondo: las negociaciones del TLCAN; la colaboración de las autoridades mexicanas para detener, vigilar y compartir la información de los flujos de centroamericanos y mexicanos que transitan hacia el norte; y el conjunto de acuerdos de colaboración militar y de inteligencia en materia de drogas y supuestas amenazas terroristas. Es la hora y el momento de mostrar firmeza y revisar nuestra relación con la potencia del norte. La agresión debe tener consecuencias diplomáticas.

Según el semanario The Nation, a largo plazo, las decisiones del presidente podrían resultar contraproducentes. Las comunidades de migrantes están aterrorizadas cada vez más por los agentes de ICE (Immigration and Customs Enforcement). Los detienen en el camino a su trabajo o cuando dejan a los niños en la escuela y cada vez más están poniendo atención en los activistas que defienden esta causa. Pero Trump, además de endurecer la persecución, ha cometido el error utilizar prejuicios raciales. Debido a ello, los estadounidenses parecen estar cambiando de opinión. Por 20 años, el Centro Pew ha preguntado si los migrantes “fortalecen al país con su trabajo y su talento” o si son “una carga para el país ocupando empleos y viviendas y aprovechando los beneficios de atención sanitaria”. En 2015, cuando tomó posesión, el 51% dijo que fortalecían al país y 41 por ciento que representaban una carga. Poco más de dos años después, la encuesta encontró que hubo un cambio en la opinión pública: ahora los que tenían una opinión favorable a los migrantes representaban el 65% y los negativos el 26 por ciento.

Trump ha propiciado, sin querer, que los derechos de los indocumentados se conviertan en un asunto central del movimiento progresista. Sus posiciones racistas están creando, según algunos activistas destacados, una alianza horizontal entre grupos afroamericanos como Black Lives Matter y las comunidades de migrantes que vienen del sur. Esto puede tener efectos político-electorales y hacer que el tema sea retomado por una mayoría más amplia que el voto latino que solo representó 9% en la última elección.

Madeleine Albright (secretaria de Estado con Clinton entre 1997 y 2001), acaba de publicar un artículo en el que señala que:

“La retórica de Trump ha consistido en insultar a sus vecinos y aliados. En lugar de desplegar una diplomacia creativa y defender los derechos humanos y las libertades civiles, se ha dedicado a difamar a los migrantes y a los países de los que proceden y exacerbar las divisiones religiosas, sociales y raciales. ¿Qué hacer? Hay que detenerlo antes de que sea demasiado tarde”.

Albright está tratando de decirnos que enfrentar a este mandatario ya no es un asunto que concierne sólo a los estadounidenses, se trata de una causa mundial. El gobierno mexicano debe entender que apoyarlo puede ser una causa perdida y sobre todo una estrategia peligrosa para la paz en la región y en todo el orbe. Podemos ser aliados estratégicos de EU pero no de su administración actual. En consecuencia, la causa de los migrantes, mexicanos y centroamericanos, debe ponerse por encima de todos las demás y orientar las relaciones de nuestro país con Estados Unidos. A este personaje, un aprendiz de dictador y autócrata, y simpatizante de ellos, como dice la señora Albright, se le tiene que responder con la fuerza de la verdad y la defensa de la democracia y los derechos humanos como base de la diplomacia y la cooperación internacional. Ahora, antes de que un nuevo fascismo se consolide en el mundo.

Twitter: #saulescoba

Lunes, 16 Abril 2018 00:00

Refugiarse en los libros

Vida y milagros

¿No se ha aburrido usted de las campañas? Yo ya. Quién sabe que tanto retorcieron la ley que hoy son más invasivas que nunca, insoportables. El país tomado hasta el último rincón: bardas, postes, radio, tele, cientos de espantosos espectaculares, los periódicos, las redes, todo. ¿Tanto para qué? En un videíto que corre por las redes, una especie de Cantinflas norteño a caballo dice: "Mira mi raza, gane quien gane va a seguir siendo la misma chingadera. Estos cuates bien a gusto. Si hasta amigos son. Aunque el PRI dizque le tira a Morena, Morena al PAN y al PRD y el PRD ya no sabe a quién tirarle, vienen siendo lo mismo mi raza, y la gente ahí viendo como pendejos la tele,- mira este güey, creo que este güey si va a mejorar a México, sí, cómo no. No mi raza....al final ellos se sientan a cenar y se arreglan”.

Ay mi raza, creo que este Cantinflas tiene mucho de razón. Y mientras hay que aguantarse las campañas.



Pausa. Hay que poner pausa y buscar un refugio.

El refugio ideal son los libros. Los nobles libros que nos esperan siempre mientras se defienden silenciosos y leales de la invasión del ruido cibernético. Los libros que nos enriquecen en lo cotidiano y nos protegen de la locura de estas particulares elecciones. El viernes me encontré a un amigo escritor, Alberto Ruiz Sánchez, y me regaló su último libro, Los sueños de la serpiente. Como un antídoto a la toxicidad de las campañas cayó también en mis manos un libro de hace veinte años escrito a cuatro manos por Rafael Pérez Gay y Luis Miguel Aguilar, Cargos de conciencia y Nadie puede escribir un libro. Hasta ahorita que escribo, volví a acordarme de las innombrables (así llamaré en estos días a las campañas y a las elecciones). No he sacado la cabeza de mis tres novedades, del refugio de las lecturas que te van marcando y salvando cuando la vida agobia por una u otra cosa.



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Qué maravilla son los libros. No haría énfasis en particular sobre títulos y autores. Es la lectura en sí la que nos marca, la lectura constante, no de un libro, sino de los distintos libros y las épocas de tu vida en que te llegan.

El primero libro que recuerdo es un libro chiquitito con él nos enseñaban a leer. Al terminarlo ya leía. Un domingo, paseando en coche con mis papás y hermanos leí por primera vez un anuncio luminoso: "Cer-ve-za Co-ro-na". Ese día los aburrí deletreando todo lo que vi al pasar: Lu-cha li-bre, Ci-ne Re-for-ma, pa-na-de-ría, Vo-te por Sa-nen. Cuando aprendes a leer eres otro, y más al comprender lo que lees. El desarrollar esa habilidad es lo importante. Ya tienes un salvavidas.

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Después de aprender a leer me volví una viciosa de la lectura y ella ha sido mi aliada en todas las épocas de mi vida. Crucé la infancia con El Tesoro de la Juventud y todos los cuentos de escritores rusos y daneses bellamente ilustrados que nos regalaron mis papás en una navidad. Me fascinaron todas las historias y los cuentos clásicos, pero también los cuentos de a peso que compraba el domingo. Me marcó el amor eterno de Superman y Luisa Lane. Será porque nunca se casaron. Me marcó que Superman la engañara con la sirena Lory y Superniña. El amor de Superman daba para mucho. No se veía mal que pasara por tantos brazos. Me marcó el vislumbrar que puede no haber un solo amor en tu vida, o tú puedes no ser el único amor en la vida de otro. Me marcó el hecho de que existiera El Club de Tobi en las historietas de La pequeña Lulú y que les impidieran la entrada a las mujeres. Me quedó claro que había que acabar con ese club. Luego descubrí los periódicos que leía mi papá, las tiras cómicas del Excélsior o la columna de sociales de Mimí García Barna en El Sol de Puebla. Ella pasaba de un hecho feliz, una boda o un bautizo, a ponerte a temblar con la frase de "Crespones de luto sobre la familia fulana de tal", para luego soltarte el nombre del muerto motivo de los crespones. ¡Muy emocionante! Me devoraba también la página roja de dicho periódico. La página roja antes venía en la parte escondida de los periódicos y no en primera plana. Se trataba de que no la vieran los niños. En esa página en la que a veces venían envueltos los pellejos que compraba para mi gato cabía todo un mundo desconocido y violento, oculto detrás de la calma de una ciudad aparentemente apacible.

En la adolescencia me atraparon los escritores españoles del siglo XIX que estaban en el librero de mi casa. Pepita Jiménez y Fortunata y Jacinta, dos novelas costumbristas muy largas que, literal, te metían por completo en otro mundo, otra época y en el mundo de los amores imposibles e idiotas.

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Durante la prepa leí la " Rebelión del Atlas" de Ayn Ran, ese que trae el párrafo que me han enviado veinte veces por chat, el que dice que cuando en un país prosperan los que no producen nada, y es dominado por los inútiles y los flojos, ese país está perdido. Después de leerlo te da por fijarte y desconfiar de los que prosperan con rapidez. Leí todos los cuentos cortos que cayeron en mis manos, en particular de escritores rusos y mexicanos. Qué maravilla son los cuentos. Cabe en un cuento el código de un mundo, una emoción compleja o una conducta errática. Después descubrí a Balzac. Mi vida de lectora la divido en antes y después de él.

Estaba olvidando un libro que me salvó de muchos ratos aburridos en la primaria, un libro obligado en el colegio que era una versión que yo llamaría "Lo mejor de la Biblia", titulado Historia Sagrada. Un compendio de lo más divertido e interesante de relatos de amores, traiciones y buenos, malos y pésimos ejemplos, como el de Caín , que mata a su hermano Abel porque le dan celos de la preferencia injusta de Dios hacia él ,o la historia de Dalila que traiciona a Sansón seduciéndolo. Y Judith, que seduce también a Holofernes, enemigo de los judíos, para luego cortarle la cabeza. No entendía entonces lo qué era precisamente "seducir", pero la historia estaba ilustrada de manera que dejaba mucho a la imaginación: Dalila desgreñada, pelo a la cintura, traje de gitana, recostando cariñosamente su cabeza en el pecho de Sansón para sacarle el secreto de que su fuerza estaba en su larga cabellera. Lo "embriagaba", rara palabra, para luego cortarle el pelo y entregarlo a los filisteos para que le sacaran los ojos. Todo era de un maniqueísmo y una misoginia pavorosa. Dios exigía de sus hijos unas pruebas de amor más difíciles de superar que las de un cártel. Ni en la página roja leí tales barbaridades.

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En la Universidad leí El hombre rebelde de Albert Camus, mismo que me borró del panorama la fe ciega que tuve hasta entonces. Camus decía que había que portarse bien con o sin dios por mínima solidaridad con nuestros pares. Aprendí que las religiones las inventa el hombre y nacen del miedo, miedo, supongo yo, a la muerte. Si no hubiera muerte creo que no habría religiones. Liberarme de eso se lo debo a Camus.

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Recuerdo la emoción de la lectura del manuscrito-borrador de Arráncame la vida que escribió mi hermana Ángeles y que me diera a leer, como jugando, para ver qué opinaba yo. Devoré el borrador en un día y una noche. La forma en que tejió todas las historias oídas en las sobremesas de casa de los abuelos alrededor de una mujer entrañable, Catalina, y la forma en que había sabido inventar los huecos de lo que no nos habían querido hablar nuestros mayores, me dejaron conmovida y atónita. Todas nuestras influencias de lectura y de vida estaban ahí: el mundo cerrado y doble de la poblanidad, la tiranía política, la lambisconería ante el poderoso, el abuso de poder, la posibilidad de transgredirlo, de cambiarlo, de rebelarse, y sobre todo la búsqueda incansable de absoluto, de amor y libertad. Pensé que mi madre iba a necesitar las sales cuando viera el libro impreso. Me equivoqué y no fue así. Mi madre entendió que mi hermana había escrito algo realmente excepcional, tan excepcional como lo era mi madre misma. -Mira a tu hermana lo que ha escrito- me dijo- ya ves que siempre ha sido un poco fantasiosa.- Nada como la fantasía,- diría Ángeles y digo yo.

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Aferrarse a los libros es un buen salvavidas para la aventura de vivir. Te van marcando algunas líneas, algunas frases estupendamente bien construidas, una idea que te revoluciona el cerebro o una historia entrañable que a veces ya no sabes ni de quién fue.

No solo los libros pueden iluminarnos, también las ideas constantes en artículos, ensayos y blogs de escritores que nos acompañan generosamente con su trabajo disciplinado y duro de escribir cada día, esos que piensan en voz alta ante nosotros y que por medio de sus letras nos ayudan a entender y a sobrellevar el mundo de mejor manera, incluso a reírnos de él.

Me refugio no solo en los libros que no he leído, sino también en los que invitan a releerlos, que es lo más cercano a regresar a una vieja y querida casa ya solo alcanzable en sueños. Eso me pasó cuando releí Cien años de soledad o los Buddenbrook.

Gran refugio y abrazo es la lectura mientras pasa el temporal, y después, también.

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En combate. La vida de Lombardo Toledano, (Random House, Debate, 2017) de Daniela Spenser.

Mundo Nuestro. Texto leído en la presentación en el edificio de la Aduana Vieja, del ICSYH de la BUAP el pasado 12 de abril.

El problema con la memoria es su arbitrariedad. Uno cree que escarba en un pasado dócil para el recuento de imágenes que esperan en un sendero que nunca ocultará la maleza del tiempo. Pero apenas se reconstruye el escenario y dibuja, por ejemplo, la calle de la infancia, se comprueba que los cuerpos que caminan por ella se mueven por su cuenta, perfilan rostros que no se buscan, patean la pelota en un juego en el que no se participa. Entonces el presente vuelve con ese intacto sentimiento de hastío, de gestos informes hechos bola arrojados al espejo de baño, ese cesto de lo que fuimos apenas hace un instante, ayer antes de afeitarte, siempre en el momento de cerrar los ojos al sueño.



Necesitamos entonces la memoria de los otros. Cuando es sistemática, cuando proviene de la investigación y del análisis, es historia. El paso del tiempo adquiere nombres y apellidos. Emociones concretas, decisiones personales, consecuencias. Por ahí nos aproximamos a una explicación de los sucesos del mundo.

Las historias paralelas 1



Regicida, crónica de Sergio Masttretta, escrita en octubre de 1990 para el periódico Cambio en la ciudad de Puebla.

Escribí este párrafo hace más de veinticinco años para contar la historia trágica del teniente del ejército mexicano Antonio Lama Rojas, el magnicida fallido, autor del último atentado de muerte contra un presidente de la república, el lunes 10 de abril de 1944 en uno de los patios de Palacio Nacional. Manuel Ávila Camacho sobrevivió por la fortuna de un chaleco antibalas al plomazo de la 45 reglamentaria disparado a quemarropa al salir del elevador.

Un soldado cristero y un general anticomunista presidente, los dos extremos de un Estado construido a balazos y que encontró en la oratoria flamígera del político e intelectual marxista Vicente Lombardo Toledano los fundamentos para la construcción de la derrota histórica de la clase obrera mexicana.

--Qué traes tú conmigo? –dicen que le preguntó el presidente poblano a su paisano luego de que el teniente educado por los jesuitas en el colegio que tenían en la esquina del paseo Bravo con la 11 Sur se recuperara de un culatazo en la cabeza.

--En este país no hay libertad ni justicia –dicen que le contestó el artillero de Cristo y de la Patria, como se veía a sí mismo Antonio--, no nos dejan a los militares entrar uniformados a las iglesias.

Pero la memoria de los feligreses de la iglesia de la Compañía lo recuerda muchos domingos, a él, el teniente Lama Rojas, fornido, impecable en su uniforme de gala y las botas lustradas con algodón, con la firmeza de carácter marcada en la raya del pantalón, el rostro ovalado, adusto, los ojos de miope, el bigote espeso estrictamente recortado, los estragos de la calvicie prematura, la tez blanca, ruborizada ante la mirada femenina que admira la altivez del soldado y la arrogancia del oficial del Heroico Colegio Militar. Es el teniente y militante católico que desfila por el pasillo central del templo desde el fondo de las bancas percudidas para comulgar al final de la misa de ocho, con su quepís bajo el brazo, con el tranco marcial, solemne y metálico de los protectores clavados en las botas y a la loza fría de la piedra de Santo Tomás. En las solapas de la chaqueta lleva los galones del rango logrado en 1939 por gratitud del general Manuel Ávila Camacho.

No lo verían de nuevo vivo sus familiares. Ni se sabe si algo más le dijo el último general que se sentó en la silla presidencial en la historia moderna de México. Al día siguiente, el martes 11 de abril, un boletín oficial dio cuenta de que Antonio fue herido de muerte cuando intentó escapar de sus vigilantes en el cuartel del Sexto Regimiento de Caballería por el rumbo de Echegaray, en la ciudad de México. El jueves 13 le entregaron el cadáver a su madre, sin dispensa de autopsia.

La suya es una de tantas historias paralelas que me arroja la lectura del libro En combate. La vida de Lombardo Toledano, de la historiadora Daniela Spencer. Si la memoria es arbitraria, la historia, dice en el arranque de su biografía el propio Vicente, es insobornable, pero todavía le dio tiempo al fundador de la CTM en 1936 de que en 1994, en el centenario de su nacimiento, Carlos Salinas de Gortari, acaso el más fiel exponente del sistema presidencial modernizador, autoritario y corrupto que el político teziuteco contribuyera como pocos a construir, le tratara como héroe que le dio patria a México y se llevara sus cenizas a la Rotonda de los Hombres ilustres en el panteón de Dolores.

Mirar a Lombardo

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Vicente Lombardo Toledano y su familia en los años veinte del pasado siglo. Foto tomada del archivo en línea del Centro de Estudios Filosóficos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Lombardo Toledano, el Lenin mexicano, como le llegaron a decir en su momento, que encabezó el ascenso del movimiento obrero a la prominencia política –que nunca más volvería a tener en todo lo largo de ese siglo XX-- del proyecto nacional que construyó el Estado de la Revolución Mexicana con Lázaro Cárdenas, o el más obcecado defensor del régimen que dio marcha atrás con Manuel Ávila Camacho a la posibilidad de desarrollo de una nación concebida desde la lucha de clases.

No califica Daniela Spenser al sujeto de su historia. Lo describe paso a paso y expone desde los hechos que comprueba rigurosamente lo que de él se llegó a decir, pero sus lectores estamos tentados en todo momento a colgarle un apelativo a su personaje: yo, el de un predicador furibundo que cambió de dios para pasar de la fe cristiana al materialismo dialéctico sin una fisura en todo lo largo de su vida, un fanático, entonces, un estalinista probado que mantuvo a raya a los militantes comunistas de su generación, igual Laborde y Campa que el propio José Revueltas o el explosivo Siqueiros. “El más grande marxista de México”, dijo de él en los años cuarenta el novelista autor de El proletariado sin cabeza. “El ideólogo de la dictadura burguesa”, escribiría desde su celda en Lecumberri en 1968 el autor de El luto humano, arrestado por el gobierno diazordacista el mismo día de la muerte de Lombardo. Entre esos extremos está el poblano más importante del siglo XX, al lado de los hermanos Ávila Camacho y el Gringo Jenkins, puntales los cuatro del sistema político que surgió de las guerras civiles que todavía llamamos Revolución Mexicana.

Historias paralelas 2

Cuántas historias paralelas brotan de la lectura de este libro, todas cercanas al espejo de mi memoria: la de mi abuela Mané en la neblina teziuteca, que no se deja que Marcela Lombardo le dispute al que será su marido, mi abuelo Sergio Guzmán, en 1919; la del viejo Guillermo Treviño, líder vallejista en el movimiento ferrocarrilero del 58-59, al que observo alimentar las palomas en el jardín del Carmen una mañana de 1990 mientras me cuenta cómo los agentes federales lo protegían de la furia de Maximino al que acusaba de dictador en un mitin obrero alguna mañana de masas enardecidas en el cardenista año de 1937; la del líder obrero Leobardo Coca, recordado por su nieta Flor Coca Santillana, asesinado por la misma furia de Maximino, el dictador que nos legó el mismo cardenismo que enardeció a las masas obreras; la de Aurelita Corona, la obrera de una fábrica de suéteres que por los años veinte tuviera mi abuelo Carlo Mastretta en un socavón cercano al Paseo de San Francisco, quien sería la esposa imperecedera de Blas Chumacero, el compinche eterno de Fidel Velázquez , el marrullero e inextinguible gángster que le arrebato la CTM a Lombardo Toledano, su creación más estratégica para la consolidación del régimen priista a la fecha sobreviviente en toda la amalgama de partidos políticos que contenderán el próximo julio en México.

Todas ellas pasan en algún momento por el sujeto de la biografía que ha escrito Daniela Spenser. Imposible no mirar con ella ese complejo proceso que llamamos Estado de la Revolución Mexicana.

Es el combate, entonces, de Vicente Lombardo Toledano. Nunca se puso un uniforme. No se distinguió por su vecindad con los dioses. ¿Por qué, entonces, su biografía me lo aproxima tanto al teniente Lama Rojas? Militia es vita, dice el dicho de los jesuitas. Tal vez por ahí encuentre yo la trama de este personaje que la política poblana no ha vuelto a producir en su importancia en el derrotero de la vida nacional.

Biografía e historia

Vicente Lombardo Toledano (1894-1968). Foto tomada del archivo en línea del Centro de Estudios Filosóficos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

Historia para qué, historia desde dónde, historia desde quien. ¿La vida de un individuo puede entenderse fuera de toda determinación social? ¿Podemos abstraer las estructuras sociales y comprenderlas como si fueran ajenas a la vida concreta de las personas? La vieja controversia sobre la biografía como género historiográfico tiene en este libro de Daniela Spenser y en el de Andrew Paxman, En busca del Señor Jenkins. Dinero, poder y gringofobia en México (Debate/CIDE, México, 2016) dos ejemplos valiosísimos para recuperarla en Puebla.

Escribí sobre el libro de Paxman: “En busca de nuestra propia historia, una que deje de mirarnos a retazos y nos contemple enteros, que se atreva a mirar de largo un siglo. Me pregunto si es posible hacerlo a partir de la vida del hombre cuya existencia mejor explica esta oligarquía que ha gobernado a saltos, sí, asaltos, de gobernadores desde hace más de ochenta años en Puebla, pero que no hemos aprendido a ver sino a retazos de una gran pieza de tela ajada que nadie reconoce como propia. (…) Historia, ¿para qué?, podemos preguntarnos. Y ya más certeros: dinero, explotación del trabajo de los otros, creación de capital… ¿para qué, al final de la vida de un hombre? La riqueza no es lo que vistes –dijo el Gringo Jenkins a Jane, la más testaruda de sus cinco hijas--, es lo que tienes dentro de ti, lo que mantienes en tu cabeza… ¿Y qué tenía dentro de sí este hombre, con qué retazos armaba su propia historia? ¿Por dónde empezar la lectura de la vida de un hombre que, querámoslo o no, determinó el destino de una sociedad entera?”

¿Qué historia contamos?, ¿por qué estas dos biografías nos ofrecen mucho más sobre la matria nuestra, diría Luis González, que buena parte de la historiografía centrada en movimientos sociales y procesos estructurales? Pensar la sociedad como un todo permite escribir una historia que quiere ser totalizadora, pero sin olvidad que la vida es una novela. Y que la historia puede narrarse como tal. Quizá porque el ánimo de contar una historia de vida arroja a los historiadores hacia interrogantes que no explican fácilmente perspectivas más rígidas del quehacer historiador. Jenkins y Lombardo, en la narración rigurosa de sus historias personales nos permiten analizar mejor, por ejemplo, la cultura del poder que construyó el Estado mexicano que brotó de las guerras civiles que llamamos revolución mexicana.

Ahí entiendo este esfuerzo de Daniela Spenser en su libro En combate. La biografía en la que el sujeto de su estudio no está disociado de la historia de las estructuras, las instituciones y las fuerzas sociales. En una especie de crónica de viaje, el libro contempla los dos planos en los que discurrió la vida de Lombardo: su encumbramiento como dirigente obrero al encabezar la construcción de la CTM en el momento culminante de la movilización de masas con Lázaro Cárdenas y su cruzada internacional por la construcción de organizaciones obreras en América Latina y Europa que lo convierte en la personalidad mexicana más famosa en el mundo de los años treinta y cuarenta. El libro va y viene en una estructura líneal (del nacimiento de Lombardo hasta su muerte) que va dando saltos entre el proceso mexicano que lo llevó a fundar instituciones laborales (la CTM, la UGOCM), políticas (el propio PNR de Calles y el PRM de Cárdenas, pero también su Partido Popular Socialista en 1949) y educativas (su Universidad Obrera, desde principios de los años veinte), y la dinámica internacional, con el foco prendido en todo el proceso ocurrido en Europa con la Unión Soviética a la que ve como la tierra prometida de la clase obrera mexicana y latinoamericana.

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Lombardo, Miguel Alemán y Fidel Velázquez. Entender con estos tres personajes la derrota de la clase obrera mexicana.

Daniela Spenser

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La historiadora Daniela Spenser, autora de la biografía de Vicente Lombardo Toledano En combate.

No es fácil contar una trama así. La actividad frenética de Lombardo desborda cualquier lectura.

Y lo entiendo más todavía cuando confronta a su Lombardo Toledano con su patria checa a la que llegó su personaje en 1946 para mirar la última de las elecciones democráticas, la que instauró paradójicamente el Estado totalitario que Daniela vivió de niña y adolescente y que motivó el exilio de su familia en 1968. Lombardo no vio en Praga el advenimiento de un Estado totalitario impuesto por Moscú, describe a un “pueblo embriagado por el triunfo, la victoria enorme de la nueva democracia en Checoslovaquia, donde ya no hay patrones y el único patrón es el propio pueblo”. Lombardo, a lo largo de su vida, construyó un discurso montado en una visión de futuro que veló todo atisbo con la realidad concreta. Un montaje para la percepción del mundo en el que el fin último justifica cualquier medio: la CTM en manos de Fidel Velázquez y la derrota histórica del movimiento obrero mexicano, el PRI de Miguel Alemán, los soldados contra los ferrocarrileros vallejistas, la mano extendida de Gustavo Díaz Ordaz a los estudiantes del 68, todo por la tierra prometida del socialismo imaginado por la cabeza de quien fuera llamado el “Lenin mexicano”.

Los comunistas y Lombardo

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Vicente Lombardo Toledano y la izquierda en los años cuarenta. De pie, a la izquierda, José Revueltas.

Lombardo, el marxismo, los comunistas mexicanos y la derrota histórica de la izquierda mexicana, que nunca –tal vez hasta hoy--, estuvo tan cerca del poder desde el discurso de la lucha de clases como motivación final de la política. Lombardo, el movimiento obrero y la derrota de la clase obrera mexicana, que nunca como con Cárdenas llegó a ser tan fundamental para la construcción de un proyecto nacional.

En los dos momentos históricos estuvo presente Lombardo. Contra la caricatura que vemos de él quienes recordamos al satélite PPS en la política electoral hasta 1988, la figura del teziuteco se presenta al menos con una fuerza para los movimientos sociales que no podemos entender fácilmente desde una óptica contemporánea. La izquierda en México como fuerza propia en la creación de un proyecto nacional fue derrotada con el movimiento obrero desmantelado por el Estado priista. Explicar lo ocurrido con ella desde el análisis del personaje Lombardo arroja luces que demos plantar con mucha más intención. Cuánta falta hace investigar mucho más a fondo la historia de los movimientos sociales en México desde sus regiones, desde sus conflictos.

“El cínico –dijo en 1982 el investigador Barry Carr al escribir sobre la mal contada historia de los comunistas mexicanos-- podría argumentar también que la pobreza de la literatura refleja sencillamente la contribución marginal del Partido Comunista Mexicano y de la tradición marxista revolucionaria a la historia mexicana de nuestro siglo. Y sin embargo, a pesar de sus debilidades y errores numerosos y sustanciales, ningún estudioso de la historia moderna de México puede ignorar el papel de la organización comunista en los movimientos obrero y campesino y entre importantes sectores de la intelectualidad.” (Barry Carr, Temas del comunismo mexicano, Nexos, junio de 1982)

Y apuntó entonces al papel en ella de Vicente Lombardo: “Habría también que estudiar el movimiento comunista junto al crecimiento de la CTM y del partido oficial, así como a la emergencia de corrientes formalmente no comunistas como el “marxismo legal” de Lombardo Toledano.”

Historias paralelas 3

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Regresar a otra historia paralela, la que escribí en febrero de 1990 en el paríódico Cambio. La del viejo ferrocarrillero comunista poblano, quien una tarde en el Jardín del Carmen me contara su participación en una de tantas asambleas en la coyuntura de la segunda guerra mundial que las organizaciones obreras realizaban en la Arena México. Dos personajes ligados a Lombardo: Fidel Velázquez y Valentín Campa.

El momento obrero en el auge de la movilización de las masas cardenistas

¿No perder la memoria? Tal vez ayuden esa fotografía de siempre, refrescada cada 18 de marzo, neutralizada por la historia oficial priista que imaginó un Estado sin lucha de clases, y despreciadas por un panismo que desde su inicial burbuja ideológica del “bien común” imaginó un Estado sin trabajadores. ¿Qué revela el rostro adusto de Manuel Ávila Camacho junto al expropiador Lázaro Cárdenas? ¿Anunciaba la regresión política encabezada por él como presidente en los años cuarenta, confirmada después por el presidente Alemán Valdez? }

Pero algo ocurrió en 1938. Lázaro Cárdenas, presidente de México, encabezó la expropiación petrolera, y fundó con ella las bases de la construcción del México moderno que conocemos: industrial y urbano, extremo en sus contradicciones y desigualdades, volcado en un éxodo a Estados Unidos equivalente a la tercera parte de su población actual, desbarrancado en su violencia milenaria, incapaz de generar la educación y el empleos que sus millones de jóvenes necesitan, el del Estado del PRI que no se ha ido. Justo el Estado por el que hemos perdido la memoria.

Porque en paralelo al propósito empresarial de participar en el negocio petrolero y en las utilidades que genera (la llamada renta petrolera), el tema laboral va de la mano. Y es, por cierto, el punto más débil de la industria petrolera estatal, su sindicato. El motivo último y que desencadenó la expropiación en 1938 fue el del conflicto social provocado por el rechazo de las compañías extranjeras a la sindicalización. Y lo intentaron justo en el momento de auge del movimiento de masas impulsado por el régimen cardenista. El 27 de diciembre de 1935 se formó el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros. El 29 de enero de 1936, este sindicato se incorporó al Comité de Defensa Proletaria, de la que cual surgió la Confederación de Trabajadores de México (CTM), todavía no controlado por quien sería su eterno dirigente, Fidel Velázquez, y con una gran influencia del Partido Comunista.

Eran los tiempos en los que el movimiento obrero encabezó con su organización el desarrollo de una sociedad urbana e industrial, en el último jalón del proceso de la revolución mexicana. No había llegado la guerra, todavía no gobernaba Manuel Ávila Camacho ni mucho menos Miguel Alemán Valdez.

En el país entero hervía la lucha de clases. Los sindicatos y organizaciones obreras pesaron como nunca en la historia nacional. Aunque no fuera por mucho tiempo, el suficiente para impulsar la expropiación petrolera.

El 20 de julio de 1936, el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros realizó su primera convención, propuso un proyecto de contrato general con todas las compañías y convocó a huelga para exigir su cumplimiento. El presidente Cárdenas busco conciliar con las compañías la firma del contrato pero no dobló la intransigencia de las empresas. El 28 de mayo de 1937 estalló la huelga y en unos cuantos días se acabó la gasolina.

Meses después el gobierno de Cárdenas expropió las compañías petroleras.

Porque fue un conflicto de lucha de clases el que provocó la expropiación. Y fue la lucha de clases la que revirtió ese Estado obrero que imaginaba la izquierda cardenista, la que le dio el carácter revolucionario a la figura de Cárdenas, al que sin embargo no podemos ver sin el rostro adusto de Manuel Ávila Camacho, su antípoda. Entre ellos dos está Vicente Lombardo.

Esa es la memoria que no debemos perder.

Pero por supuesto que la hemos perdido. Y no solo la que viene de lejos, también la más cercana. Y aun cuando recordemos acontecimientos infames, el hecho de que nada ocurra vuelve inútil esa memoria.

La investigación histórica perdida

El libro de Daniela Spenser obliga a abrir las ventanas cerradas hace tiempo en la investigación de los movimientos sociales en México. No hay una historia obrera que dé cuenta de las luchas que se han producido, por ejemplo, en Puebla. Este ICSyH, que ha publicado en los últimos cuatro años 77 excelentes investigaciones solo puede contar a una de ellas como referida a la historia del trabajo, Expresiones del mundo laboral, de María Teresa Ventura Rodríguez. El propio departamento de estudios del movimiento obrero está desaparecido en este instituto. Nada sabemos del movimiento ferrocarrilero en Puebla en la era Vallejo; nada sabemos de la historia del movimiento de los trabajadores de la Volkswagen; ni idea de lo que han sufrido las mujeres obreras que han encabezado la lucha por la libertad sindical en la industria de autopartes o de la confección. Los reto a que me digan el nombre de alguno de sus dirigentes. Ni siquiera hemos contado bien la guerra civil entre obreros cromistas y cetemistas y sus decenas de muertos en el Atlixco de los años cuarenta.

Esa la lectura paralela al libro de Lombardo Toledano tenemos que realizarla: la derrota de la clase obrera mexicana como explicación última del desastre social en el que vivimos en este nuevo siglo.

Hasta hace algunos años, la historiografía en torno a la historia de la coloquialmente llamada talavera poblana ha considerado válidas algunas hipótesis en torno al origen de la talavera en Puebla, de autores como Barber, Leicht y los arqueólogos Lister & Lister y Goggin. Sin menospreciar los aportes de dichos investigadores en torno al tema, luego de un minucioso trabajo de compilación documental para mi tesis doctoral, así como la revisión de los últimos descubrimientos arqueológicos y análisis científico de los materiales encabezados entre otros por Patricia Fournier, José Luis Ruvalcaba y los hallazgos del INAH Puebla de piezas y tiestos en contextos sellados en el área del centro histórico, actualmente podemos llegar a grandes rasgos a las siguientes conclusiones o nuevas hipótesis, sobre cómo y porqué se asentó en Puebla el oficio de la loza estannífera (denominado así porque el esmalte se compone básicamente de estaño y plomo) o talavera, de mediados del siglo XVI a mediados del siglo XVII. La emigración de los primeros loceros a Puebla de los Ángeles Entre los siglos XVI y XVII el principal impulso del arribo a la ciudad de Puebla de algunos loceros europeos, que pertenecían a familias de ceramistas de reconocido prestigio en España y en la hoy Italia, se debe al interés por ampliar su mercado, dado el auge del tráfico comercial de la metrópoli con la Nueva España. A partir de 1620 España pasa por una crisis demográfica y económica. Por su parte, la economía de la Nueva España entra en auge y se consolidan la industria manufacturera, la minería, la agricultura y la ganadería. El arribo de loceros en ese periodo a la Nueva España, y a Puebla en particular, de artesanos peninsulares fue constante y diverso, concentrando la producción de loza en maestros de origen ibérico.

El crecimiento y expansión de Puebla, como ciudad para españoles, requirió de la industria cerámica tanto para la elaboración de cañerías de barro, como de loza corriente (con esmalte de plomo), así como para la sustitución de contenedores de barro para el transporte de productos, tanto locales como foráneos, labor a la que se dedicaron los primeros loceros. Paralelamente, el crecimiento de la propia población española y de sus descendientes forzó la satisfacción de una nueva necesidad social: la loza estannífera para emular la moda de la metrópoli.

La elaboración de la loza estannífera es un proceso complejo que requiere de dos tipos de barro, leña, fundente, plomo, estaño y óxidos diversos para los colores; uso extensivo del agua, hornos de doble cabina y fuerza de trabajo para todos los procesos. Tanto la materia prima como el agua eran de fácil acceso en Puebla debido a su ubicación geográfica. De igual manera, la ciudad contaba en sus cercanías con fuerza de trabajo indí- gena y acceso a los mercados de esclavos.

La loza estannífera poblana era más barata que la plata y la porcelana oriental y que la propia loza de la Península Ibérica; su clientela apreciaba de reemplazarla con la producción local, la de su “carácter propagandístico”, ya que era relativamente sencillo decorar con el esmalte estannífero las iniciales y escudos de los propietarios laicos y de las órdenes religiosas. Muy importante también fue la reproducción de imágenes religiosas en paneles cerámicos, que contribuyeron a la difusión de la devoción católica. Solo más tarde, probablemente ya en el siglo XIX, lo que conocemos hoy como talavera, pasará a ser un artículo de lujo.



Así, de mediados del siglo XVI a mediados del siglo XVII, se produjo en Puebla loza estannífera común, con menos cantidad de estaño; otra más fina, con mayor proporción de estaño y con una mejor calidad en el manejo de los materiales. Con ello los loceros cubrieron la necesidad de contenedores de barro de españoles de bajos ingresos, probablemente artesanos y agricultores, y de sus descendientes nacidos en Puebla, y también de los peninsulares adinerados y sus herederos, ya que dicha loza, básicamente “escudillas” y platos, era la que mejor se adaptaba a sus costumbres alimenticias.

La comunidad inicial de loceros

La siguiente circunstancia del florecimiento de la loza estannífera en Puebla es la formación y expansión de una comunidad de loceros, a finales del siglo XVI, cuando algunos de los miembros de esa comunidad y sus descendientes pasan a constituir el gremio de loceros. A la comunidad original y sus sucesores correspondió la enseñanza inicial de la técnica y su consolidación. Esta etapa abarcó prácticamente un siglo, con loceros provenientes de la zona de Toledo en España, como de la hoy Italia, en particular de Génova, asentados previamente en Sevilla. La permanencia de loceros de la región toledana se inicia en 1550 en que se registra Juan de Talavera y continúa hasta 1653 con la firma de las ordenanzas por Andrés de Haro; por su parte, los oriundos de Génova asentados en Sevilla, aparecen por primera vez en 1569 con la presencia del genovés Juan Bautista Conrrado y se mantiene hasta la llegada a Puebla del también genovés Juan Pizón, registrado en la ciudad de 1646 a 1658.



Desde mi punto de vista, la loza estannífera poblana tiene dos cimientos en el mismo nivel de importancia: de la región toledana en España y de los genoveses vía Sevilla. Aunque solo los primeros y sus descendientes serán quienes firmen las ordenanzas en 1653.

Esto contribuye a aclarar el equívoco de que los primeros artesanos fueron frailes mandados traer por los dominicos, como indica Barber. El libro del norteamericano Edwin Atlee Barber The Maiolica of Mexico, publicado en 1908, 1 es la primera investigación académica sobre la historia de la loza estannífera en Puebla. Segúnél, con base en las afirmaciones del cónsul norteamericano en la ciudad de México A. M. Gott Scchalk de 1908, los primeros loceros llegaron a Puebla en 1526, y lo explica así:

En los primeros días de la historia de Puebla los frailes dominicos, impactados por la actitud de sus colegas aztecas en la producción de la alfarería nativa y deseosos de obtener azulejos para el monasterio y la iglesia que construían, pidieron al establecimiento dominico en Talavera de la Reina, provincia de Toledo en España, los servicios de cinco o seis de sus hermanos conocedores del proceso español de la alfarería. De esa manera un grupo de dominicos familiarizados con el proceso de trabajo de la “talavera”, fueron asignados a la casa de la orden en Puebla y bajo su mando se entrenó a una generación de trabajadores, quienes por los siguientes exitosos años produjeron excelentes piezas.2

Esta afirmación es cuestionada en 1922 por Carlos Hoffman en su artículo “Verdades y errores de la Talavera Poblana”. El autor considera que no existía hasta el momento ningún documento que demostrara tal afirmación, además que desde su punto de vista los azulejos de la iglesia de Santo Domingo en Puebla y de la Capilla del Rosario, no correspondían a ese estilo decorativo.3 Esta crí- tica es retomada en 1939 por Enrique A. Cervantes en su libro Loza blanca y azulejo de Puebla.

Barber señala que “por cerca de tres siglos la ciudad de Puebla continuó como el único centro de mayólica del hemisferio occidental”, lo cual también es rebatido en su momento por Hoffman, quien demuestra la presencia de mayólica colonial en la Nueva España durante los siglos XVII y XVIII en Oaxaca, Guanajuato y Michoacán.4 Afirmación que desde luego ha quedado superada por las investigaciones arqueológicas de Goggin, Lister y Fournier, entre otras.

Según los documentos hasta ahora localizados, la comunidad de loceros de origen europeo asentados en Puebla se formó a partir de 1570 en torno al clan de los talaveranos Encinas-Gaytán, pero no eran frailes dominicos. Anteriormente ya hay registro de loceros de otras regiones de España. Hoy sabemos, gracias al documento de embarque de la esposa e hijos del locero Gaspar de Encinas, fechado en 1597, que localicé en el Archivo General de Indias de Sevilla, que Encinas y su esposa María Gaytán eran originarios de Talavera de la Reina y estaban casados; los vecinos de Talavera afirmaron que ambos eran viejos cristianos. Con ello se despeja la duda señalada por Enrique A. Cervantes sobre el origen de dicho artesano y las suposiciones al respecto de otros investigadores, como Margaret Connors, de su posible origen sevillano.5

En ese sentido, me parece que el término “talavera” para la loza estannífera poblana sí tiene fundamento histórico, pero es impreciso, ya que el apelativo en sí mismo parece excluir a los loceros sevillanos y los oriundos de Génova, también precursores de esa técnica en Puebla. DesE mm a Yanes Rizo de mi punto de vista los catálogos arqueológicos o de piezas de museo deben tomar en cuenta esta circunstancia y denominar a dicha técnica, por lo menos para el periodo de 1550 a 1650, simplemente loza estannífera de Puebla o loza blanca, como era denominada en el período colonial, y solo como elemento didáctico agregar el apelativo o “talavera” con sus especificaciones respectivas en forma y ornamentación.

La producción de loza estannífera, según se deduce de documentos de archivo y de hallazgos arqueológicos recientes, descartan la hipótesis de Lister sobre el arribo inicial de los loceros europeos a Puebla hasta después de la inundación de la ciudad de México de 1629. Lo que parece haber ocurrido es una producción de loza paralela en ambos sitios, con la especialización en Puebla de la loza fina.

Los talleres iniciales se establecen cerca del Convento de Santo Domingo. Varios de los alfareros pertenecen a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, incluido Gaspar de Encinas, que será mayordomo, y de su hermano Gabriel, quien ya en Puebla, se convertirá en clérigo dominico. Otras cofradías fueron la del Santo Nombre de Jesús, de la Santa Veracruz, de Jesús de Nazareno y de la Santa Caridad.

Ubicación de los talleres

La zona inicial de localización de los talleres de loza en Puebla, entre 1550 y 1650 aproximadamente, estuvo determinada por la cercanía de los loceros al río de San Francisco, al abastecimiento de la materia prima y el acceso a la fuerza de trabajo indígena en la región circundante, un área además con gran potencial comercial. Y también por el vínculo de los alfareros con el convento de Santo Domingo, al que abastecen de loza y del que son cofrades.

El rectángulo quedaba a solo una manzana del río de San Francisco, al oriente, de donde se abastecían de barro y agua; en una zona cercana a los barrios indígenas de Analco y Xonaca, ubicados en la ribera opuesta del río; y sobre las tres primeras calles del camino de Veracruz a la ciudad de México, ya dentro de la ciudad de Puebla. Al sur, los loceros se instalan sobre la calle de los Mercaderes, rumbo a la plaza principal, donde se encontraba el edificio del Ayuntamiento y la Catedral, es decir, la zona de mayor prestigio de la ciudad. Al poniente, las locerías rodeaban el convento de Santo Domingo, junto a las cañerías y las cajas de agua que lo alimentaban. Al norte los talleres colindaban con el camino que llevaba al volcán La Malinche, de donde se abastecían de leña. Al nororiente estaban cerca del barrio de Xanenetla en el cerro de Belén, donde adquirían el barro rojo. Al sureste, por último, estaba, como en la actualidad, el poblado de Totimehuacán, de donde se extraía el barro calizo.

Lo anterior modifica la hipótesis de Hugo Leicht y los Lister, respecto a la ubicación de los talleres en el lado norponiente de la ciudad para aprovechar los vientos favorables y no molestar a los vecinos, aseveración solo válida a partir de 1650, con el crecimiento de nuevos talleres cerámicos y dada la gran densidad poblacional e industrial en la anterior zona, cercana del río de San Francisco.

Los talleres y la transferencia de técnicas cerámicas

Ni las condiciones materiales, ni la existencia de una comunidad artesana hubieran sido suficientes para el establecimiento de la técnica de la loza estannífera en Puebla, sin la capacidad de los alfareros foráneos para adaptar dicha técnica a las condiciones locales, estableciendo una forma específica de organización del trabajo y de transmisión empírica de sus conocimientos. Para ello supieron aprovechar el medio físico de la región de Puebla a las necesidades de su técnica; y adecuar el saber cerámico previamente existente de los indígenas; así como adaptar las distintas formas de trabajo de ciertas regiones de España y Génova a los talleres poblanos. Siendo esta, entonces, la otra gran circunstancia que permitió el asentamiento de los alfares. Esa transferencia de técnicas implicó: a) la mezcla de dos tipos de barro y su decantación con el sistema de piletas; b) el uso de tornos, moldes y “terrajas” para elaboración de las piezas; c) la preparación del esmalte estanní- fero y el uso de molinos mecánicos para tal efecto; d) la elaboración de los colores con base en el sistema de pesos y medidas y la manufactura de los pínceles de pelo animal; e) el horno de “padilla” para la preparación del esmalte y el horno de doble cámara para la quema de las piezas; f) la forma de estibar el horno y el control de la temperatura, con base en el sistema de “cobijas”, “espigas” y “trípodes”.

Se trató entonces de una transferencia de conocimientos técnicos y no de maquinaria, dado que las máquinas-herramientas, hornos, molinos y demás instrumentos necesarios para la elaboración de la loza se construyeron en la propia ciudad de Puebla. El desarrollo de la industria manufacturera en Puebla, entre otras de hierro, madera, cobre y ladrillo, permitió a su vez la construcción de tornos, moldes, “terrajas”, hornos y molinos, para los que se usaron también materiales locales como la piedra volcánica, el barro refractario para recubrir los hornos y la “piedra mexicana” para los molinos. Por su parte, el uso ordinario del cobre permitió la elaboración del color verde; las letras de imprenta que contienen óxido de antimonio facilitaron la preparación del color amarillo; estaño y plomo estaban a la mano en algunos objetos litúrgicos; el azul cobalto fue adquirido de Inglaterra y oriente y solo ocasionalmente de minas locales.

Se trató entonces de la transferencia y adecuación local de un complejo tecnológico, es decir, de una relación de técnicas y saberes artesanales desarrollados para la obtención de un objetivo común: la pieza estannífera y su ornamentación, que obedece a su vez a la nueva necesidad social de las costumbres de mesa o de lo que Alois Riegel considera “voluntad de arte”, y no solo al uso en la Nueva España del torno y el horno de doble cabina, como han sugerido otros autores.

La organización del trabajo

La organización laboral con base al sistema de trabajo maestro-oficial-aprendiz y la jerarquía étnica también tuvo sus particularidades. La mayoría de los loceros de la región toledana, a pesar de pertenecer a familias ceramistas, no arribaron a Puebla como maestros, al contrario de los genoveses. Fue en la Angelópolis donde los primeros ascendieron a maestros con base en la práctica laboral y sus propios criterios técnicos. E incluso contrataron en su alfar a loceros que sí ostentaban el tí- tulo de maestros. Además, la transmisión de conocimientos de maestro-oficial-aprendiz no fue lineal en lo que se refiere a la relación de padres e hijos, ya que en varias ocasiones un maestro locero puso a su hijo de aprendiz con otro maestro. En general los oficiales eran contratados por un tiempo determinado, por lo que no permanecían estáticos en un solo taller. Casi siempre los maestros eran españoles, genoveses o criollos; los oficiales mestizos y el trabajo más pesado recaía sobre indígenas y esclavos, ya fueran chinos o negros. Sin embargo, la jerarquía laboral no se mantuvo estática. Hubo esclavos con categoría de oficiales; e indí- genas, mulatos y esclavos chinos responsables de la ornamentación, así como maestros criollos con aprendices españoles.

A partir de 1653 se establece que los maestros loceros solo pueden ser españoles, entendido como tales también a los loceros nacidos en Puebla de padres peninsulares, ya que los 60 maestros registrados, desde ese año hasta 1690, tienen esa ascendencia. Los oficiales, por su parte, fueron en su mayoría criollos y mestizos, en tanto que los aprendices, eran casi siempre muchachos huérfanos nacidos en la ciudad de Puebla.

Partiendo de la composición humana en los talleres, podemos afirmar que la manufactura de la loza estannífera poblana de mediados del siglo XVI a finales del siglo XVII fue multiétnica y multicultural, no solo por la presencia de trabajadores indígenas, también por la contribución de los esclavos negros y chinos, que incluso llegaron a ser oficiales o dedicarse a la ornamentación. Por ello considero que la común reivindicación de la loza o “talavera” de Puebla como un elemento de identidad, que incluye la participación del indígena, debe considerar también la participación de los esclavos negros y chinos, fundamentales para la economía novohispana.

La división del trabajo

En lo que se refiere a la división del trabajo, a diferencia de lo estipulado para los alfares de Sevilla, Talavera de la Reina, Manises y Valencia, Puebla no tuvo, al parecer, a lo largo de los siglos XVI y XVII, una rigurosa especialización de funciones laborales. Los contratos de aprendices previos a las ordenanzas y los posteriores especifican, por ejemplo, la dedicación a “loza blanca” o “amarilla”, “pintura” o “rueda”, pero también al conjunto de esas actividades. Cabe aclarar que desde la publicación de las ordenanzas de 1653 por Edwin Barber a la actualidad ha existido confusión o mala interpretación de los historiadores, incluyendo a Manuel Toussaint, en torno a una de sus cláusulas de dichas ordenanzas, la quinta,6 que a la letra dice:

/a. –Ítem: Que hayan de tener separación los tres géneros de loza fina, común y amarilla, que se entiende ollas y cazuelas y otros vasos, jarros, colorados, no puedan hacer loza fina, ni común, menos que habiéndose examinado para ello de forma que cada uno ha de labrar, sólo el género de que se examinare, y no otro ninguno, si no es que se comprende todo en su examen. 7

Si se lee con cuidado la cláusula se observará que especifica que para el ejercicio del oficio y la presentación de los exámenes debían existir tres tipos de especialización en el trabajo de la loza: fina, común, y “amarilla”. Pero en ningún momento se estipula, como se ha llegado a interpretar, que dentro de un mismo alfar, no pudieran existir maestros con la especialidad en los distintos tipos de loza o que un solo maestro contara con la especialidad en cada cual “si es que se comprende todo en su examen.”

La confusión anterior llevó a los historiadores a considerar que en la etapa colonial los loceros peninsulares solo tenían autorizado producir loza estannífera y los indígenas y mestizos solo loza vidriada o “amarilla”. Los primeros dentro de la traza española, los segundos en los barrios indígenas del otro lado del río. Sin embargo, analizando las ordenanzas, revisando ciertos expedientes y partiendo de algunas evidencias arqueológicas, se puede afirmar que desde mediados del siglo XVI, e incluso después de las ordenanzas de 1653, los loceros produjeron tanto cañerías de barro y loza vidriada como loza estannífera. Lo cual no era contrario a las ordenanzas. Y probablemente, de mediados del siglo XVI a principios del XVII, los ingresos obtenidos por dicha producción fue, al menos en parte, lo que les permitió a los loceros acumular capital para invertir en los talleres de loza estannífera.

De igual manera, a juzgar por el hallazgo de algunos tiestos de loza estannífera sin vidriar o jahuete en el área correspondiente a los barrios indígenas, cercana a los hornos de San Francisco, es probable que en los talleres de indígenas y mestizos se hicieran también piezas de loza fina y se realizara la primera quema. En ese sentido, podemos sugerir una nueva hipótesis de investigación según la cual en los talleres del otro lado del río se realizaba ocasionalmente, para los loceros de loza fina, la parte más pesada del proceso laboral.

La producción

Como ya señalé, el inicio de la producción de loza estannífera poblana ha sido una gran interrogante para los historiadores y arqueólogos de la cerámica a lo largo del siglo XX (Barber, Goggin, Cervantes, Lister, etc), que solo ha empezado a despejarse recientemente gracias a los nuevos descubrimientos arqueológicos y a los estudios científicos de análisis de materiales encabezados entre otros por Patricia Fournier y José Luis Ruvalcaba, gracias a lo cual hoy se sabe cuáles de los tipos cerámicos de los siglos XVI y XVII, encontrados originalmente por los Lister en la ciudad de México y atribuidos a producción española, fueron en realidad manufacturados en Puebla y la ciudad de México. De igual modo, Fournier documenta cómo otros tiestos arqueológicos para el mismo periodo, atribuidos por Lister solo a la producción de la ciudad de México, son también de manufactura poblana.

En mi tesis doctoral, con base en los últimos rescates arqueológicos del INAH Puebla, básicamente en “contextos sellados” y a nuestro propio análisis de materiales con el método PIXE, coincido con el análisis de Fournier, al que puedo agregar las siguientes consideraciones y nuevas hipótesis.

El barro

En rasgos generales, de mediados del siglo XVI a mediados del siglo XVII se produjo en Puebla tanto loza común como fina. Para ambos tipos de loza se usó la mezcla de dos clases de barro, pero con mayor proporción de barro rojo, dada la presencia del hierro. Como punto de comparación en la muestra de tiestos se observó mayor cantidad de calcio, producto de una mezcla más homogénea de ambos barros. Así, al parecer hubo una paulatina adecuación en la mezcla de los barros para conseguir una mayor estabilidad de las formas cerámicas. Además, la loza común contó con barros menos depurados y granulados, al contrario de la loza fina en la que la pureza del barro es visible por la falta de arenillas. De ahí la insistencia, creo yo, de la primera ordenanza de 1653, que estipula para los dos géneros de loza que el barro “haya de ser colado y bien apurado, para que salga con el cocimiento y perfección que requiere conforme al arte para su duración”.8

Las formas

Tanto en la producción de loza común como en la fina, las principales formas cerámicas fueron “escudillas” o tazones hondos y platos extendidos con ala y cierta profundidad, así como, en menor medida, jarras y especieros. Se trata de un sencillo servicio de mesa o vajilla al que ocasionalmente se agregó un platón o fuente. En general, se busca uniformar el tamaño de las “escudillas” y platos para una mayor facilidad de la producción y la estiba en el horno. De ahí que las medidas respectivas sean posteriormente estipuladas en las ordenanzas de 1653.

El esmalte

En lo que al esmalte se refiere, entre 1550 y 1650 se consolidó el uso de la cubierta estannífera como lienzo, o sea el control de la base blanca. Hasta antes de 1650 la diferencia entre la loza común y la fina era poco o clara, porque no se había regulado la proporción del estaño para cada cual. Además, en algunos casos, piezas cuyas formas correspondían a la loza “amarilla” o vidriada se hacían pasar por estanníferas al aplicar una decoración propia de la loza, pero sin esmalte en el reverso. Según los análisis de PIXE hubo una gran variabilidad en la proporción plomo-estaño que tendió a uniformarse en ese periodo. Sin embargo, desde mediados del siglo XVI ya existen en Puebla piezas con los estándares de calidad establecidos por las ordenanzas de 1653 respecto a la proporción de plomo y estaño: para la loza fina una arroba de plomo y seis libras de estaño, y para la loza común una arroba de plomo y dos libras de estaño. Así, desde mi punto de vista, es posible que la necesidad de diferenciar en las ordenanzas de 1653 la existencia de tres tipos loza, según el tipo de esmalte, provenga entonces de una práctica laboral previa que requería de una regulación óptima.

Los colores

De mediados del siglo XVI a las primeras décadas del XVII el primer color en ser aplicado sobre la base estannífera fue un azul tenue, acompañado ocasionalmente con naranja, amarillo y verde como colores apenas insinuados, que pueden corresponder a la etapa talaverana bicolor y tricolor. El azul referido, según el análisis de PIXE, tuvo desde un principio como base el óxido de cobalto, a diferencia del azul de la ciudad de México del mismo periodo, que se formó de óxido de cobre y zinc en sustitución del cobalto. El naranja, por su parte, pudo obtenerse de la “piedra de riñón” guanajuatense, con un alto contenido de hierro y rubidio. Ocasionalmente se usó también para algunos detalles el amarillo, formado con óxido de antimonio. En esta etapa hay pocos registros del uso del verde, a diferencia de en la ciudad de México donde se usó en la loza común por un largo periodo de tiempo.

La aplicación en la loza estannífera poblana de la decoración policroma de los que hoy se conocen como los colores tradicionales de dicha técnica, es decir, el azul, verde, amarillo, naranja, café y negro, en una variedad de diseños o del azul sobre blanco en relieve, fue un proceso paulatino que logró consolidarse, entre otros factores, gracias al adecuado control de la temperatura en el horno, ya que cada color funde a una temperatura diferente.

Es alrededor de la segunda mitad del siglo XVII cuando se expande la policromía poblana en una variedad de formas cerámicas y propuestas decorativas, en la que el dominio de los colores verde y amarillo en una diversidad de tonalidades toma particular importancia, quizás por la facilidad de su obtención local. Desde mi punto de vista, el uso del verde y el amarillo/naranja, para abarcar en su decoración la totalidad de la pieza, es una E mm a Yanes Rizo característica peculiar de la loza poblana, distinta de la de Talavera, Sevilla y Génova, como puede observarse en los tipos cerámicos que arrancan a mediados del siglo XVII, denominados San Luis policromo, Aucilla, Santa María y Puebla policromo. Sin embargo, esa policromía puede tener como influencia original la escuela italiana incluso vía Sevilla y Talavera.

Por su parte, alrededor de 1620 empieza a usarse en la decoración el azul fuerte en relieve, que derivará a partir de 1650 en una de las principales características de la loza poblana, que se conoce como la loza de “influencia oriental”. El azul oscuro está formado, según el análisis de PIXE, por óxido de cobalto, al que se le agregó óxido de manganeso.

Ornamentación

De mediados del siglo XVI a mediados del siglo XVII hemos podido detectar en los tipos cerámicos sugeridos por los arqueólogos elementos reconocibles en su ornamentación de versiones novohispanas de Talavera de la Reina, Italia y Sevilla, como es el caso de las series talaveranas de loza fina “tricolor” y “punteada” y el “Sevilla blanco”. Pero al mismo tiempo, esta ornamentación no siempre corresponde a las formas cerámicas de las ciudades respectivas o su tipo de estiba. Por ejemplo, hay en Puebla piezas de loza fina con ornamentación talaverana, que se quemaron con el método de estiba propio de Italia y Sevilla que era con “espigas” y fueron comunes también la producción de formas sevillanas, como el bernegal e italianas, como los albarelos, que fueron decoradas a la manera de talaverana.

Por ello, a reserva de continuar con esta propuesta de investigación, creo que entre estos siglos hubo en Puebla un periodo de encuentros entre las técnicas cerámicas de Talavera, Sevilla y Génova, en el que se pasó de “la colaboración y la competencia”, indicado por Alfonso Pleguezuelo para el caso de España, al trabajo en común, lo cual se puede detectar no solo por la composición humana de los talleres y su forma de trabajo, también en las piezas mismas.

Esta fusión de técnicas requirió de años de experiencia e intencionalidad y derivó en una loza estannífera diferente, no solo por sus formas cerámicas, preparación del esmalte y de los colores, así como de la estiba y el control del horno; también por una diversa aplicación de los motivos ornamentales y de la paleta policroma. Este conjunto de saberes artesanales logró concretarse, al menos en parte, a lo largo de dicho siglo, por la transmisión de conocimientos técnicos de manera oral y visual, y también al ser estipulado por escrito en rasgos generales en las ordenanzas de 1653. Ese salto cualitativo permitirá consolidar el desarrollo posterior de la técnica de la loza estannífera hasta el presente, ya que independientemente del grado en que las ordenanzas se cumplieron o no por el conjunto de los alfareros, estas se volvieron un punto de referencia imprescindible.

Por ello considero que la historia de la loza estannífera poblana en el periodo referido puede interpretarse como el siglo de los encuentros y de la adaptación tecnológica. El siglo de la búsqueda del control de la técnica y de la estabilidad de las formas, que hará posible posteriormente el dominio de la paleta policroma para satisfacer al cada vez más exigente gusto novohispano.

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La historia de la mayólica en Puebla/Emma Yanes Rizo

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El método PIXE

El método PIXE, Particle Iinduced X-ray Emission (Partículas Inducidas por Emisión de Rayos X), es una técnica basada en aceleradores de partículas para el análisis de materiales con rayos X. No afecta al objeto de estudio y por lo tanto es particularmente útil para analizar obras de arte. Según el físico Javier Miranda: “En ella se hace chocar un rayo o haz de partículas producido por un acelerador (protones o núcleos de helio, por ejemplo), sobre la muestra que se desea estudiar. Como producto de esos choques, los átomos de la muestra emiten radiación en forma de rayos X. La energía de estos es característica de cada elemento químico, es decir, como su huella digital. El número de rayos X indica además qué cantidad de dichos elementos hay en la muestra”.9

El PIXE, a su vez, otorga información sobre muchos elementos químicos al mismo tiempo y no es invasivo de la muestra estudiada, de ahí que resulte de suma utilidad para el estudio de los materiales que conforman las piezas de arte y, en particular, en lo que se refiere a la mayólica para el análisis de pastas, esmalte y colores. México cuenta con tres aparatos o aceleradores de partículas, dos de ellos en el Instituto Nacional de Investigación Nuclear y uno en el Instituto de Física de la UNAM denominado Tanden Pelletron, con un grado de confiabilidad en su información de 90 %, mismo que se utilizó para la tesis doctoral, bajo la asesoría y colaboración del doctor José Luis Ruvalcaba, especialista en la materia.10

Archivos consultados

Archivo General Municipal de Puebla (AGMP). Archivo General de Indias, Sevilla (AGI). Archivo General de la Nación, México (AGN) Archivo General de la Notarías del estado de Puebla (AGNP). Archivo Histórico Judicial del INAH, Puebla (AHJP). Archivo Histórico Municipal de Puebla (ARHIMP). Archivo del Registro Público de la Propiedad y del comercio del estado de Puebla (ARPP Y CP). Archivo del Sagrario Metropolitano de Puebla (ASMP). Centro de Estudios de Historia de México, grupo Carso (CEHMCARSO). Portal de Archivos Españoles (PARES).

Notas

1 Edwin Atlee, Barber, The Maiolica of Mexico, Filadelfia, Pensilvania Museum, 1908. El estadunidense Edwin A. Barber (1851-1916) es a principios del siglo XX un experto en cerámica primitiva y director del Pennsylvania Museum and school of industrial art. Continuando con el tema de la mayólica Barber publica en 1911 el Catalogue of Mexican Maiolica Belonging to Mrs Robert W De Forest: Exhibite by The Hispanic Society of Americ, The Hispanic Society of America, 1911. Y en 1915: Mexican Maiolica in the Collection of the Hispanic Society of America, The Hispanic Society of America. Entre otras de sus publicaciones sobre ceramica destacan: Marks of American Potrees, Patterson and White Company, 1904; Salt Glazed Stoneware Germany Fladers England and the United State, Doubleday, Page and Company, 1907; Tin enamelled Pottery: Maiolica, Delft, and Other Stamiferros Faience, Doubleday, Page and Company, 1907; Lead Glazed Pottery, Doubleday, Page and Company, 1907.

2 Edwin A. Barber, op. cit., p. 50. Traducción de Sergio Mastretta.

3 Carlos Hoffman, op. cit., p. 622. Carlos C. Hoffman (1876-1942) fue un naturalista alemán que se dedicó en México fundamentalmente al estudio de los artrópodos. Fue catedrático de la UNAM e investigador del Instituto de Biología de la misma universidad. Su interés en la “talavera poblana” fue el de documentar la falta de “rigor científico” en el análisis de Edwin A. Barber.

4 Carlos Hoffmann, op. cit., pp. 627 y 628.

5 Loza poblana: the emergence of a mexican ceramic tradition, by Margaret E. Connors McQuade. A dissertation submitted to the Graduate Faculty in Art History in partial fulfillment of the requirements for the degree of Doctor of Philosophy, The City University of New York, 2005., p. 56.

6 Manuel Toussaint, Arte Colonial en México, op. cit., pp. 280-81.

7 Enrique A. Cervantes, op. cit., tomo I, p. 23. 8 Enrique A. Cervantes, op. cit., tomo I, p. 22.

9 En www.física.unam.mx, acelerador de partículas, junio 2012.

10 Sobre la utilidad del método PIXE para el estudio de piezas arqueológicas y de arte, véanse los artículos de José Luis Ruvalcaba, “Los aceleradores de partículas y sus aplicaciones en arqueología e historia” en La experiencia mexicana en aceleradores de partículas, investigación y beneficios en la sociedad mexicana, Ma. De la Paz Ramos Lara (coord.), UNAM / Siglo XXI, México, 2004. “PIXE. Analysis of pre-Hispanic Items from ancient America en X-rays” en Archaeology, G. Demortior, I. Nakai (coord), Springer, 2005, Dordrecht. pp. 123-44. “Las técnicas de origen nuclear: PIXE y RBS” en La ciencia y el arte, M. A. Egido y T. Calderón (coord.), Instituto del Patrimonio Histórico Español, IPTE-CSIC, Madrid, 2008, pp., 151-172. Emma Yanes Rizo Dirección de Estudios Históricos Instituto Nacional de Antropología e Historia Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Domingo, 15 Abril 2018 00:00

Siria en la revista Nexos

Mundo Nuestro. Tres miradas sobre Siria en la revista Nexos.

Siria y el no futuro/Maruan Soto Antaki



03-siria

Es probable que una de las mayores tragedias del futuro sea su imposibilidad de construirse sin el presente. En árabe, la conjugación de porvenires no existe por sí misma. No se escribe un correré, comeré, jugaré o rezaré. El futuro depende de una estructura compuesta, de un complemento con intencionalidad que se sume al verbo para plantearse hacia adelante. El anhelo, la orden o la idea de que ocurrirá un hecho formulado en tiempo presente, marcará sus posibilidades. El tiempo es eso, posibilidades, salvo en Siria. El futuro, decía, en árabe, es una mera adecuación del presente. La imposibilidad de separarse del momento que se ve por doquier, en simultáneo, en cada pantalla, periódico o emisión informativa; quizá el más documentado del que tengo memoria, condena a algo que el resto del mundo ha solapado durante casi seis años de lo que un día fue la guerra civil siria y hoy es masacre y genocidio.

La pandora de Medio Oriente/ Gilberto Conde



02-oriente

El Medio Oriente vive una situación de caos, desatada en Iraq y Siria, que se está extendiendo aceleradamente a toda la región y a otras partes del mundo. Aunque sus raíces son más profundas, la geopolítica de potencias grandes y medianas hacia Iraq desde 2003 y hacia los movimientos sociales desde 2011 ha tenido una gran parte de responsabilidad en esta evolución.

La región ha sido objeto de muy complejos juegos geopolíticos desde inicios del siglo XX. Su importancia estratégica se confirmó durante la Guerra Fría por su ubicación y recursos fundamentales. En lo que va del siglo XXI la relevancia que le atribuyen las potencias grandes y medianas no deja de aumentar.

El horror sirio de cada día

03-siria

El conflicto en Siria bajo el reflector de medios, de conferencias en Ginebra, de encuentros en París, Nueva York o Moscú, de algunas discusiones académicas a la distancia, suelen centrar, como es requerido, la reflexión en elementos de geopolítica que explican las condiciones que llevaron al fortalecimiento de la dinastía Asad desde los años setenta. Aclaran por qué el poder de Bashar al-Asad se encumbra y no cede ni a la rebelión ni mucho menos a las críticas. Señalan por qué unos países sugieren intervenir, pero no lo hacen (aunque lo hubieran hecho en Libia recientemente), y por qué otros, como Rusia, que expresando un discurso opuesto al desorden generalizado, atacan en unos frentes, esperando atizar otros para su conveniencia, nutren otros (las armas, la compra de combustibles) e ignoran otros más. A la vez, nos hemos tratado de explicar cómo persiste la violencia, la discusión, la llovizna mediática tediosa y cruda; y, sobre todo, cómo, debajo de tantas variantes de la desgracia y el desastre, sobrevive la urgencia que dio origen al conflicto: la demanda de una vida más justa, más plena y más libre, sin un régimen autoritario, con derecho al trabajo, a la movilidad, la educación y la salud. Si sorprende que el régimen, con su fuerza, crueldad y sesgado apoyo o desidia de otras naciones, resista, resulta asombroso que la población siria se mantenga en pie, ideando formas furtivas, secretas y rudimentarias de experimentar esos derechos.

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