Domingo, 02 Septiembre 2018 00:00

Noche Mexicana en El Mendrugo

Mundo Nuestro. Con autorización de los autores, tomamos este texto del portal electrónico Descubra a los Nikkei, especializado en la vida de los migrantes japoneses en México.

El cacahuate japonés que nos legó la familia Nakatani

El llamado “cacahuate japonés” es una de las golosinas más populares y preferidas de los mexicanos. Este producto -hecho a base de harina tostada de trigo y soya que cubre el cacahuate- no es originario del Japón. La golosina en realidad fue elaborada por Yoshigei Nakatani, un inmigrante japonés que arribó a México en el año de 1932.



Registro de inmigración de Yoshigei Nakatani (Archivo general de la Nación)

Nakatani buscaba en México un lugar donde trabajar y progresar como los cientos de miles de emigrantes de ese país que atravesaron el Pacífico. Al salir de Japón se despidió de su madre diciéndole: “Espero triunfar y regresar, si no, no podría volver”. A sus 22 años de edad, Yoshigei arribó al puerto de Manzanillo contratado por Heijiro Kato, un rico y próspero empresario que tenía una de las más importantes tiendas departamentales: El Nuevo Japón. Este almacén competía con los más prestigiados como El Palacio de Hierro y Liverpool. Kato además era dueño de una fábrica de botones de concha nácar, empresa a la que se integró Nakatani junto con un numeroso grupo de emigrantes procedentes de la ciudad de Osaka.

Emma y Yoshigei Nakatani (colección familia Nakatani)

La mayoría de los inmigrantes que llegaron a trabajar a las empresas de Kato, se radicaron en el centro de la ciudad, en el barrio de La Merced. Fue en este lugar donde Yoshigei se enamoró de una joven mexicana, Emma Ávila, con la que se casó en el año de 1935.



Nakatani ya casado formó una familia rápidamente y se fue integrando poco a poco a la sociedad mexicana; sin embargo, la guerra que se desató entre Japón y los Estados Unidos en diciembre de 1941 trajo severas consecuencias para los inmigrantes japoneses y sus familias que vivían en México. Aquellos que radicaban en provincia fueron concentrados por órdenes del gobierno mexicano en las ciudades de México y Guadalajara, dejando sus trabajos y pueblos donde se agrupaban extensas comunidades con descendientes nacidos en México.

Para los inmigrantes que tuvieron la fortuna de vivir en estas dos ciudades el desarraigo no fue tan severo, pero muchos de los establecimientos donde trabajaban tuvieron que cerrar. Particularmente los negocios de Kato debido a que éste era considerado como un espía al servicio del imperio japonés. En el mes de julio de 1942, el empresario y todos los diplomáticos japoneses fueron canjeados por ciudadanos norteamericanos y mexicanos que radicaban en Japón.

Ante el desempleo, la situación que enfrentó Nakatani fue delicada debido a que tenía que mantener a su esposa y a cincopequeños hijos. En el año de 1943, Yoshigei tuvo que hacer gala del oficio de aprendiz que años atrás había ejercido en una dulcería de Sumoto, su pueblo natal en la prefectura de Hyogo. Junto con su esposa Emma, en un pequeño cuarto de la vecindad donde vivía, el matrimonio elaboró un dulce tradicional mexicano: el muégano. El dulce lo empezaron a comercializar con tal éxito de ventas que el matrimonio se animó a elaborar una pequeña fritura alargada de trigo, aderezada con sal al que le pusieron el nombre de “oranda”, que se vendió igualmente con gran éxito por todo el barrio.



Yoshigei Nakatani, ante estos buenos resultados, intentó elaborar otra golosina a base de cacahuate, harina de arroz y soya que le recordaba su infancia en Japón. Sin embargo, ante la ausencia en México de toda la materia prima que necesitaba, adaptó la receta y la elaboró con harina de trigo. Al igual que el muégano y la oranda, el cacahuate fue muy bien aceptado por los clientes que ya tenían en las dulcerías cercanas al mercado de La Merced. En poco tiempo, los pedidos de este cacahuate fueron creciendo por lo que el matrimonio se vio en la necesidad de aumentar la producción con pequeñas máquinas caseras que fueron fabricadas por los herreros del barrio.

Según recuerdan los hijos de los Nakatani, la producción creció con tal rapidez que tuvieron que organizarla a lo largo de la semana para poder atender la demanda: un día lo dedicaban a preparar el muégano, otro la oranda y otro el cacahuate. En la vecindad donde vivían se hacían largas filas de consumidores y vendedores que iban expresamente a comprar los productos de la familia Nakatani. Los clientes que llegaban a la vecindad a comprar “los cacahuates del japonés”, fueron los que terminaron por llamar al producto “cacahuate japonés”, tal como hoy es conocido en México.

“Cacahuates japoneses” a granel (Colección familia Nakatani)

Poco a poco el pequeño negocio fue creciendo por lo que el matrimonio decidió rentar un cuarto más en la misma vecindad que habitaban en la Calle de Carretones con el objetivo de dedicarlo exclusivamente a la producción de las golosinas. Toda la familia llegó a participar en el negocio: Carlos, el hijo mayor, ayudaba a su padre a la preparación de la masa; Alicia, la segunda, cumplía con las funciones del hogar al hacer la comida, lavar la ropa y cuidar de sus hermanos más pequeños; Graciela y Elvia, las mujeres menores, ayudaban en pequeñas tareas del taller como meter los cacahuates en pequeñas bolsas de celofán. Yoshigei y Emma eran los encargados de las tareas más complicadas y pesadas, incluida la venta del producto en las calles aledañas.

Los paquetes del cacahuate japonés de la Nipon (Colección familia Nakatani)

En la década de 1950, Yoshigei Nakatani decidió ponerle un nombre a su pequeño negocio, el que le pareció más adecuado fue el de Nipon, en recuerdo de su país. La proporción que ya había alcanzado el taller familiar daba ahora para diseñar sus propias bolsas de celofán con el nombre del producto. Nakatani le encomendó a su cuarta hija, Elvia, que dibujara una pequeña geisha para identificar al producto. Fue así como nació la imagen del negocio que años más tarde se convertiría en una reconocida industria en la Ciudad de México.

A pesar de los problemas que la familia y el taller de dulces enfrentaron en aquellos primeros años, Nakatani siempre reconoció la nobleza de aquél producto que le ayudó a sostener y a sacar adelante a su familia compuesta ya de seis hijos. A principios de 1960, la familia Nakatani empezó a disfrutar de los resultados de largos años de esfuerzo y trabajo. Aún en contra de la voluntad de su padre, los hijos de Nakatani lo convencieron de dejar la vecindad en la calle de Carretones y mudarse a un departamento en la misma zona de La Merced y, años después, adquirir su propia casa en un barrio de clase media.

Familia Nakatani

En 1970, la empresa Nipon inició una nueva etapa expansiva. Uno de los hijos que se había graduado como administrador tuvo la visión de industrializar la producción del muégano y del cacahuate japonés. Para 1972, el negocio dejó el lugar que lo había visto nacer y crecer en las calles del barrio de La Merced, mudándose a una moderna planta industrial donde se introdujo una nueva línea de cacahuate salado y enchilado, productos que también identificaron a la marca por años. En esta nueva etapa, el negocio amplió su mercado a toda la Ciudad de México.

La década de 1980 estuvo marcada por una profunda crisis económica que afectó de manera directa a la industria nacional, pero además Productos Nipon enfrentó una desigual competencia de nuevas empresas, algunas con capital transnacional, dedicadas también a la producción de cacahuate japonés. La empresa fundada por Yoshigei Nakatani logró sin embargo enfrentar el reto al mando de sus hijos Armando y Graciela y dos de sus nietas a través de la creación de nuevos productos como el caramelo de chamoy. En 2017 la marca fue adquirida por un gran consorcio alimentario, La Costeña, dando pie a la fundación de una nueva empresa familiar llamada Dulces Komiru.

Yoshigei logró realizar su sueño y regresar por primera vez a su pueblo natal en 1970. Sin poder ver viva a su madre, la visitó en su tumba con la palabra cumplida. Yoshigei Nakatani murió el 9 de septiembre de 1992; Emma, dos años más tarde. La invención del cacahuate japonés representa sin duda un legado de los Nakatani a la cultura popular mexicana.

© 2018 Sergio Hernández Galindo and Emma Nakatani Sánchez

Domingo, 02 Septiembre 2018 00:00

Nicaragua ahora/Revista Nexos

Mundo Nuestro. La revista Nexos ofrece en este mes de septiembre el expediente Nicaragua ahora. Así lo presenta:

El pasado 18 de abril la sociedad nicaragüense se enfrentó por primera vez a la brutal represión que el presidente Daniel Ortega tuvo como única respuesta al clamor del respeto a la democracia. El recuerdo de la revolución sandinista cumple 40 años y los jóvenes que lucharon en aquella época por dejar vacías las manos de Anastasio Somoza, ahora observan con estupor cómo uno de sus compañeros de batalla pisotea la vida y las libertades de una nueva generación. Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Carlos Fernando Chamorro y José Luis Rocha nos entregan relatos personales y sobre la agonía que vive hoy Nicaragua.

Arqueología de Daniel Ortega

Sergio Ramírez

Cuarenta años después

Gioconda Belli

El ADN del autócrata

Carlos F. Chamorro

El juicio de la historia

José Luis Rocha



Después de la tragedia intentar mirar al sur.

Ahí está la plaza en el poblado de San Vicente Boquerón. Del pueblo nada sabíamos hasta el miércoles en la trágica tarde en la que convertido en turba le arrebató la vida a dos hombres. En la memoria sus pobladores cargarán con la conciencia del criminal arrebato. Yo intento mirar en la fotografía del charrito, con la figura escuálida del árbol seco, la profundidad de este sur mixteco al que no entendemos. Violencia y olvido. Dos palabras particulares, asociadas ahora en esta tragedia. La violencia de la turba. La violencia del crimen organizado con la banda de Los Rojos convertida en ley en todo este territorio. La violencia del Estado ausente, fallido en su obligación de impedir que los ciudadanos hagan justicia por su propia, quebrado en su capacidad de construir una armonía social fundada en procesos económicos sólidos y sustentables. La violencia estructural entonces.

El verdadero olvido en México. El que queda de lado en la prensa, incapaz de pensar una región mas allá de sus páginas rojas encendidas, la que deja de lado todos estos pasados que permanecen y nos ahogan.



Mirar al sur, entonces.

El sur como ámbito geográfico, histórico, sociopolítico no se reduce fácilmente. Al contrario del norte mexicano, asimilado en la amplitud de sus montañas y desiertos a una menor variación de sus imágenes –por ejemplo, el número limitado de ciudades o las rutas que apuntan invariablemente a la frontera, al cruce, al tránsito a lo que está del otro lado--, el sur es un encierro de diversidades y abismos naturales e históricos que lo presentan inalcanzable para la visión del conjunto e inasible para el impulso analítico. Por ejemplo sus pueblos, demasiados y pulverizados, infranqueables a la pregunta original: ¿por dónde empezar a contar su historia?, o ¿qué historia merece contarse?, ¿la que necesita escuchar quién? ¿Y con qué recursos narrativos? ¿Con qué medios?

Pulverización



Pienso así en la región de Acatlán de Osorio. Su característica principal es la pulverización de las localidades rurales. Del total de 44 municipios que se cuentan en el distrito político, sólo seis de ellos tienen una población urbana superior al 50 por ciento. En el otro extremo, San Martín Ixitlán no tiene más de 300 habitantes.

Y en esa pulverización, la de la tierra. sirve para entenderlo la gráfica de las parcelas en el ejido de San Vicente Boquerón, en el municipio de Acatlán.



Marginación

Contra lo que pudiera pensarse a primera vista, la región de Acatlán no es la de la mayor marginación en Puebla. Teopantlán y Huehuetlán el Grande, en la región de la Serranía del Tentzo, al sur de la ciudad de Puebla, mantienen índices de marginación Muy Altos. Pero el conjunto al centro sur del estado tiene un grado de marginación Alto. Y más al sur, en la región de Acatlán, el índice es medio.

Si se mide el grado de acceso a la alimentación, sin embargo, del conjunto de 44 municipios, sólo siete están por debajo del promedio nacional que es de 24 por ciento (Atexcal, Tlaltempa, Ahuehuetitla, Tehuitzingo, tecomatlán, Chila de la Sal y Tulcingo), y trece de ellos están más de 6 puntos arriba, con los extremos de Totoltepec (36.82), Zacapala (36.4) y Zicatlacoyan (40%). Acatlán y Tepexi, los municipios de mayor población y desarrollo económico, están diez puntos por encima de la media nacional.

Perspectiva

El centro sur del estado de Puebla, la que contiene gran parte del territorio del distrito político local de Acatlán, con 41 municipios y una muy alta dispersión demográfica en centenares de localidades con menos de 2,500 habitantes, no es una región homogénea, aunque lo pareciera.

Podemos visualizarla al menos en tres grandes regiones.

Al Norponiente, colindante con el municipio de Puebla, la serranía del Tentzo y la cañada del río Atoyac que le da la vuelta desde la reseca meseta de Zicatlacoyan y se extiende hacia el sur oriente hasta encerrarse en la serranía mixteca.

Al Nororiente, los llanos de Tepexi que se diluyen en los valles regados de Cuatro Rayas, Ixcaquixtla y Natívitas Cuautempan.

Y al Sur, en una cerrazón de montes bajos, propiamente la Sierra Mixteca Baja que forma un solo y enorme cuerpo de montañas entre Guerrero y Puebla, compacto en la región de los ríos Atoyac, Tlapaneco y Mixteco, en la frontera arbitraria de Puebla con Guerrero y Oaxaca, con los remotos Tulcingo, Chila y Tecomatlán, y menos densa hacia Acatlán, Petlalcingo y San Pablo Anicano, Guadalupe Santa Ana, ya contra ese apéndice oaxaqueño que corta la reserva de la biósfera Tehuacán-Cuicatlán, rumbo de Zapotitlán de las Salinas.

Es una tierra dominada por el sol y la selva baja, y por las sequías apocalípticas y la piedra viva y el resplandor enceguecedor. Y por las vegas de sus ríos y sus pueblos pertinaces, fundamentales, originarios.

Es la tierra de la economía campesina y la pobreza y la expulsión migratoria.

Es la tierra de la piedra como única ambición de las empresas capitalistas.

Es la tierra de la biodiversidad magnífica de los desiertos mexicanos.

Pero ha sido también la tierra del Estado ausente.

El Estado ausente

Caminos del sur

Ell recuento es breve:

Una primera carretera pavimentada, la Panamericana, que por Atlixco bajó a Matamoros y por Acatlán comunicó a Oaxaca allá por los cuarenta del siglo pasado.

Una más, cincuenta años después, que finalmente enlazó a Acatlán por Tepexi a la carretera federal Puebla-Tehuacán.

Una última, apenas en los años noventa, que cruzó la mixteca desde Matamoros y también por Tepexi hasta Tehuacán.

En algún momento la liga a Guerrero por Tecomatlán y Tulcingo, y a lo largo de la cañada del río Tlapaneco, hasta Tlapa, la capital de la Montaña.

Son los caminos del Sur. La más importante inversión del Estado mexicano en el sur poblano.

De ahí, no hay mucho más que contar, más allá del enorme esfuerzo de México por llevar la luz eléctrica y las primarias y secundarias y las redes de agua potable y drenaje.

Boqueroncito en Tehuitzingo y presa en Tecomatlán

Pero no hay más infraestructura, salvo estas dos presas, la de Boquerón, en las proximidades de Tehuitzingo, y la cercana a Progreso, en Tecomatlán, con las que se riegan unas decenas de hectáreas, el único ánimo constructor de presas para riego en todo el reseco campo mixteco:

La presa de Boqueroncito

El problema del agua y la insolvencia de las instituciones

La gravedad del problema del agua en la mixteca no es asimilada por la sociedad y sus instituciones por lo que no se vislumbran programas de carácter estratégico capaces de generar alternativas.

Una idea del problema del agua en la región centro sur del estado de Puebla la encontramos en este diagnóstico de lo sucedido a mediados de la primera década del siglo en san Juan Ixcaquixtla:

“Ixcaquixtla, pionero en el estado de puebla al llevar acabo un evento de esta magnitud sobre el problema del agua; vive en carne propia la escasez de agua: durante 20 Años, un pozo con 17 mts de profundidad abasteció constantemente a la cabecera municipal, sin embargo en abril de 2006 se agotó. El Ayuntamiento de inmediato se dio a la tarea de perforar otro a una profundidad de 110 mts y que dio un gasto de 21 lts por segundo, desgraciadamente ese pozo solo dio servicio de septiembre de 2006 a marzo de 2007, agotándose de nuevo. Nuevamente se perforó otro, ahora a 200 mts, y en días pasados el aforo arrojo una producción de 7 lts por segundo, cantidad insuficiente para las necesidades de la población. Mientras a la población se le ha estado abasteciendo con pipas, pero racionada y con altos costos a cargo del Ayuntamiento. Mientras se explora otro sitio y se realiza otra perforación, se implementará una solución alterna, pero temporal que es la conexión de un pozo de riego agrícola de la Comunidad de San Juan Nepomuceno, quien ante un gesto de solidaridad ha dado su anuencia.” 

La economía mixteca

Empezar por la agricultura temporalera en la Mixteca. Son miles las hectáreas cultivadas en la región, la mayor parte de temporal, con campos abiertos en las lomas planas de los cerros y en las vegas de los arroyos que caen hacia los ríos principales Atoyac y Mixteco.

Es una agricultura de subsistencia, en buena medida para el autoconsumo y en suelos poco propicios para la agricultura, suelos pobres, son secos y semi secos y muchos con fuertes pendientes; sin tecnología, todavía fundada en la roza, tumba y quema, con la finalidad de preparar la tierra a cultivar y proceder después al uso de la yunta y la coa, y con una histórica tendencia a la sobreexplotación y al bajo rendimiento.

En el largo plazo, esta economía de subsistencia es la que ha fundado la enorme expulsión migratoria hacia los Estados Unidos desde la Mixteca Baja de Puebla. Pero es también la que ha preservado la raíz cultural de los pueblos del sur.

Ejemplos gráficos de la agricultura de temporal en la Mixteca:

La agricultura seca

Los cerros temporaleros en Zacapala y Tepexi:

Los llanos de Zicatlacoyan:


Los llanos de Huatlatlauca:

Las regiones verdes

Con una extensión muy menor, sin embargo, en algunas zonas del centro del estado se han abierto al cultivo de riego ligadas claramente al mercado capitalista de las hortalizas y otros productos que involucran tecnologías de invernadero, como es el caso de la cuenca del Atoyac en su paso por el municipio de Coatzingo, y otras vegas como la que aprovechan en la localidad de Rosario Xochitiapan, en Zacacpala. En otras regiones han reproducido esquemas de riego con agua de pozos, tal como ocurre en la región de San Juan Ixcaquixtla y Cuatro Rayas.

Coatzingo en el Atoyac

El Rosario Xochitiapan, municipio de Zacapala

San Juan Ixcaquixtla y Cuatro Rayas

Agricultura y empresas

Naturales Campo Real/San Juan Ixcaquixtla

Remesas de migrantes

Según las mediciones hechas públicas por Anuario de migración y remesas México 2016 que elaboraron el Consejo Nacional de Población (Conapo) y la Fundación BBVA Bancomer con cifras del Banco de México, a las regiones de de Atlixco y la Mixteca han entrado en los últimos tres años alrededor de 1,366 millones de dólares, equivalentes a pesos mexicanos a cerca de 26 mil millones de pesos. La cifra es contundente, y más si se le mira municipio por municipio. O si se ve la foto aérea del pueblo de Guadalupe Santa Ana, en la frontera con Guerrero, y se piensa en lo que para esas familias campesinas significan los ingresos conjuntos por 16.5 millones de dólares.

Guadalupe Santa Ana, asentado en una vega del río Mixteco.

Remesas de migrantes registradas para la región Mixteca 2013-2016:

Atlixco: 393.1

Izúcar de Matamoros: 274.7

Acatlán de Osorio: 176.4

Tulcingo de Valle: 105.9

Chiautla de Tapia: 69.8

Tehuitzingo: 64.2

Tepexi: 63.6

Piaxtla: 22.6

Huaquechula: 16.3

Guadalupe Santa Ana: 16.5

Tecomatlán: 12.6

Petlalcingo: 9.4

Atzitzihuacán: 9.0

San Juan Ixcaquyixtla: 6.2

Chila: 4.9

Tlapanalá: 4.6

San Pedro Yeloixtlahuaca: 4.1

Ixcamilpa: 2.6

Epatlán: 2.3

Santa Inés Ahuatempan: 1.6

Industria extractiva

Explotación de canteras de mármol en Tepexi de Rodríguez

Puebla aporta 20% de la producción total del país, al fabricar 500,000 metros cuadrados de mármol mensualmente, con lo cual se coloca en segundo lugar a nivel nacional, sólo detrás de Coahuila.

La industria poblana de mármol está integrada por unas 70 empresas.

El sistema más utilizado por las empresas marmoleras es el de la renta de la tierra a campesinos por plazos que pueden llegar a los treinta años.

Por ejemplo, Misael Martínez Solís, productor de mármol, originario de Veracruz, en Tepexi de Rodríguez ha encontrado el mineral suficiente para trabajar, por lo cual pagó 82 millones de pesos a campesinos para que le rentaran sus tierras por 30 años.

Empresas como Gravas y Mármoles La Estrella han invertido 292 millones de pesos en distintas poblaciones de la Sierra Mixteca para extraer el material de las canteras.

Perspectiva del gobierno federal:

“De acuerdo con el gobierno federal, las principales regiones productoras en la República Mexicana se localizan a lo largo de la vertiente norte del eje volcánico. La enorme extensión territorial que abarca esa área refleja el alto potencial productivo de México y la llamada Zona 1 que comprende la región de La Laguna y se ubica en el límite de los estados de Durango, Coahuila y Zacatecas, en tanto que la Zona 2, comprende gran parte del estado de Puebla, figurando mayormente esta población de Tepexi de Rodríguez, así como Tecali de Herrera.”

Tepexi de Rodríguez

“A Tepexi la industria del mármol lo convierte en el productor número uno, principalmente del mármol travertino por arriba de la zona de la Laguna en Torreón”.

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Mirar al sur entonces. Aprender a mirarlo más allá de la violencia con la que aparece en los medios. Tratar de entenderla.

Construir desde ella una sociedad igualitaria y justa, capaz de revertir la realidad de un Estado ausente.

Mundo Nuestro. Después de la tragedia intentar mirar al sur.

Un día después queda el reclamo de una mujer que ha visto morir a su hijo linchado a las afueras de la cárcel municipal de Acatlán de Osorio.

“Él es mi hijo no le hagan daño por favor, él no es ningún secuestrador él es de Tianguistengo junto con su tío, ingratos por qué quemaron su camioneta si ellos no son secuestradores soy madre, tiéntense el corazón por favor. Él es mi hijo, no le hagan daño por favor son de Tianguistengo.” La señora Charo Rodríguez alcanzó a pedir en facebook que no le mataran a su hijo.

Un día después los dos féretros en la vivienda de la familia Rodríguez nos recuerdan que la tragedia mexicana tiene el rostro de una turba enfurecida que no conoce más freno que el del humo con el que se le va la vida a los cuerpos de las personas que ha linchado.



Acudo a la crónica del libro Contigo al Norte, Guadalupe, para intentar una mirada histórica a una región entrañable para la vida nuestra en Puebla. El sur mixteco.

El sur profundo



Zacapala, en el arranque de la depresión del Balsas, guarda una historia que enlaza al viejo sur con el ánimo nacional. 10 de marzo de 1911, los mexicanos han soltado al tigre: la rebelión de los pueblos cunde por todo Morelos con la conciencia de la tierra y la libertad en las carabinas alzadas contra el régimen porfiriano y las haciendas. Emiliano Zapata, hijo de Gabriel Zapata y Josefina Salazar, nacido en 1879 en Anenecuilco, del otro lado del río, en los campos yermos, fuera del verdor de los cañaverales regados con esas aguas por los españoles propietarios de la hacienda de El Hospital, y educado para entender, como decía su padre, “que para comer en casa hay que sudar en el surco y en el cerro, pero no en las tierras de las haciendas”, se va a la guerra para marcar la historia trágica de una nación. Punto de quiebre: Chema Zapata, hermano de Emiliano, acusado de asesinato por los hacendados, huye de Morelos al estallido de la revolución y se refugia en Zacapala, tierra de matones a orillas del río Atoyac, en el olvido mixteco, 50 kilómetros al sur de la ciudad de Puebla. Salvo la memoria que de él guardan sus nietos, poco se sabe de quien fuera uno de los nueve hermanos que tuvo Emiliano. De Eufemio, que le acompañó en la insurrección campesina, sabemos más, por ejemplo que fue quien calificó de “tierno” para ser el caudillo de la revolución a Madero, justo en 1912, cuando los porfiristas conspiraban contra el prócer y mandaron al general Huerta a Morelos a exterminar a los zapatistas. Eufemio firmó el Plan de Ayala en las montañas poblanas. Pero de Chema, nada, no llegan tan lejos las biografías de Zapata. Sólo la memoria de Zacapala, de que un día llegó a ese vallecito, regado por el río en medio de la aridez de la mixteca baja, para fundar descendencia.

Cualquier día de 1983. En Houston, Texas, Eulogio Huesca Zapata, sobrino nieto del general Zapata, recibe a un grupo más de paisanos de Zacapala que han cruzado la frontera en Texas para trabajar en la limpieza de tiendas y escuelas en esa ciudad petrolera. Eulogio salió veinte años antes, arrojado por la pobreza de la tierra que repartió la revolución que no ganó su tío abuelo, pero en dos décadas ha logrado levantar un negocio indispensable en el trasiego de los ilegales mexicanos a los Estados Unidos: presta los dólares para el viaje; les da cobijo a los mojados mientras arreglan acomodo en un trabajo; después, cobra disciplinadamente quincena tras quincena su capital y sus intereses. Poco a poco, y desde lejos, se convierte en el nuevo cacique de su pueblo. Punto de quiebre: dos catástrofes se ciernen sobre los campesinos de la región de Zacapala: La sequía de 1982 arrecia en los campos del sur de Puebla, el hambre y la muerte azota las familias, en un hecho histórico que no forma parte de los anales de la historia de Puebla. Y llega a su término el régimen del presidente de la república José López Portillo, por lo que los matones contratados por el jefe de su Estado Mayor, el general Godínez, nativo de Zacapala, y contratados por él para servir a la república, regresan al pueblo. Es una historia larga la del pistolerismo en el sur de Puebla, se remonta por lo menos al XIX, con la banda de los Platones azolando al régimen de don Porfirio. Pero en 1982 los matones encuentran un pueblo en guerra, con los bandos partidos y en refriega, todos escudados con charolas de soldados y judiciales. Es una guerra absurda, pero los campesinos mueren. Matanzas y hambre. El éxodo. Don Eulogio Huesca Zapata, allá en Houston, prospera.




Éxodo

Gustavo Rodríguez es un sacerdote marcado por la tierra campesina, uno de esos casos que la jerarquía de la iglesia católica quisiera guardar en el desván al que ha arrojado ese anatema hiriente de la teología de la liberación. Pero ahí está él, encargado de la Antorcha Guadalupana en la región poblana, dando cuenta de una movilización social que rebasa fácilmente la burocrática repuesta de curas y párrocos al ánimo de los migrantes organizados en Nueva York. Es un hombre corpulento que sobresale por su estatura y la sotana blanca que cubre su voluminoso cuerpo. Su mirada serena contempla el bullicio armado en el atrio de la iglesia de Guadalupe, en Tepexi de Rodríguez, ante un tendido de fotos de la carrera del 2003 a su paso por la región. No llega a los 55 años, con casi treinta como cura de pueblo, primero en Zacapala, por donde a mediodía pasarán los corredores, después en Santa Clara Ocuyucan, en las inmediaciones de la ciudad de Puebla, y desde hace unos siete años en la parroquia de Momoxpan, ese pueblo cholulteca arrasado por el crecimiento disparatado de la capital poblana, de la mano de la desquiciada y criminal ambición de los políticos y funcionarios que en los últimos quince años han expropiado y ordenado el desarrollo de la Angelópolis. Con su morral de convicciones y la paciencia de un hombre de fe, Gustavo relata en una conversación igual la historia de uno de tantos pueblos de migrantes en la mixteca –y la de un campesino convertido en magnate en Houston--, que la tozudez de los curas que, como él, sostienen la posibilidad de un iglesia católica comprometida con lo pobres del mundo, o la trayectoria de su amigo, también párroco, Marcos Sotomayor, principal organizador de la Antorcha Guadalupana en México, fallecido en el 2003. Gustavo mira al país y a la iglesia católica con los ojos inteligentes y amorosos que esa institución pareciera haber perdido hace mucho tiempo. No revela otro México, lo ilumina, te obliga a mirarlo; pero sí perfila otra práctica cristiana, la que se funda en la solidaridad y la compasión por el dolor de los otros.

Zacapala, atado a la depresión del Atoyac, entre Tepexi y Matamoros, su parroquia entre 1982 y 1987, justo cuando el pueblo se metió de lleno en una pequeña guerra civil, como las que vivieron en esos mismos años los pueblos de Calmecac, Coyuca, aquí en el sur, y Huitzilan en la sierra norte, es el punto de arranque de una conversación serena sobre el México profundo.

--De entrada, ¿qué pasó en Zacapala a principios de los ochenta –le pregunto.

--Mucha matanza –responde en corto--, muertes, masacres.

Y es que hay respuestas cortas y largas. Empieza por la historia remota:

--La historia de la violencia en Zacapala es muy antigua, viene del siglo XIX, 1840, 1860, cuando el pueblo se convirtió en guarida de unos asaltantes llamados “los plateados”. El pueblo era una guarida de malhechores. Y hubo pleitos de familia, entre los descendientes. Y de ahí, tres acontecimientos históricos para el pueblo, uno cuando la revolución, el segundo en los años cincuenta, y dos justo en la coyuntura de 1982. Primero la historia de los Zapata.

--En 1911 –cuenta--, el hermano de Emiliano Zapata, Chema Zapata, asesinó a alguien allá en Morelos, y vino a esconderse a Zacapala, de ahí salen las nuevas generaciones de Zapatas, de ahí viene Alfonso Huesca Zapata, que con el tiempo se convirtió en uno de los empresarios mexicanos más importantes en Houston.

Pero vamos poco a poco. Antes un hecho increíble, que explica como comportamiento natural del poder en México, y sus ligas con las profundidades violentas: en 1976, un poblano fue nombrado jefe del Estado Mayor Presidencial por el presidente López Portillo, era el general Godínez, que se llevó a varios pistoleros de Zacapala con él, gente que era buena pal tiro, cada uno con dos o tres asesinados en su cuenta. Cuando termina de presidente López Portillo, toda esa gente queda desempleada. Y por supuesto, regresan a Zacapala.

--Es cuando llego a la parroquia –sigue Gustavo--, me toca coincidir con ellos. Creo que gran parte de las masacres fueron una competencia de pistoleros desempleados, gente de varios mandos, protegidos algunos por el ejército y otros por la procuraduría estatal. No era un asunto de cacicazgos o de pleitos por la tierra, eran simples pleitos de familia, pleitos de que me viste feo, da machismo puro. Aquí dice un refrán que la pistola se saca para matar, no para asustar. En Zacapala la gente era agresiva, sin más. Por ejemplo, mis catequistas, todas llevaban pistola, y eran buenas para el tiro. Una vez vine por aquí a un ranchito, preparaba una primera comunión, catorce niños de once, doce, catorce años, todos cargaban pistola. Esa era la realidad en 1982, ibas por los caminos y te encontrabas a la gente con metralleta por el campo, como si en esa misma época te estuvieras en Nicaragua o en El Salvador.

--¿Y cómo te trataban a ti, un sacerdote?¨

--Hay respeto por el sacerdote, y más si está cerca de ellos. Indistintamente, sean asaltantes, gatilleros, judiciales. Yo estaba con ellos en sus ranchos, en sus cerros. Cuando llegó Antorcha Campesina a la región, trató de matarme, pero los que encomendaron dijeron: “A ese padre no lo toquen, ese padre es del pueblo, no lo toquen”.

Son historias que escucha un cura en confesión. El mando de su propia muerte y el gatillero que le confiesa el encargo que no cumplirá. Pleito de un cura con la organización política Antorcha Campesina, cuando se proyectaba para convertirse en una de las principales organizaciones políticas del México rural. No era un cacicazgo, dice Gustavo, era la búsqueda del control de la región, y en Zacapala las pandillas, las bandas de asaltantes, no se dejaban. Tampoco de Antorcha Campesina.

--Empecé a investigar las raíces históricas de la violencia –sigue--, y luego la coyuntura, me di cuenta de que había tráfico de drogas, de armas, de fayuca. Aquí, en estas lomas, bajaban las avionetas. Y había proteccionismo, del ejército y de la judicial, por ejemplo para una banda llamada de “Los Gatos”. Así de simple, Zacapala vivía en el pistolerismo. Hice una estadística, familia por familia, todas tenían un asesinado.

--Y alguien en la cárcel…

--No había ni cárcel, por más que se quisiera hacer justicia, nunca había ministerio público. Se levantaba al muerto: murió de muerte natural, se decía. Y si se intentaba acusar a alguien, nada, no había escrito. Tuvieron que ocurrir muchas muertes, hasta que el pueblo dijo ya basta, y finalmente también la justicia apoyó, empezó a meter a los asesinos a la cárcel, fue cuando se acabaron los asesinatos.

Era 1982, tiempo para el tercer acontecimiento histórico: el hambre. La desbandada por el hambre.

--El primer año no llovió en ninguna parte, no llovió ninguna tarde, ningún día. Entonces empezaron a morir los animales, las plantas, empezó a morirse la gente. Fue cuando yo llegué aquí, fue la desbandada por el hambre. Recuerdo a una señora, en una de las barrancas de por aquí, parecía tener 60 años, pero era de 30, rascaba el suelo con una pajita, succionaba la humedad, y la llevaba a una ollita. “¿Qué haces”, le pregunté. Dice: “Pus la voy a hervir con raíces de sábila, esa es la comida que tenemos que hacer, no tenemos otra comida”. Así descubrí el valor de la sábila, cómo curaba la úlcera del hambre.

Fue en 1983. Nadie entonces habló del hambre en la mixteca. Acababa de entrar Miguel de la Madrid, con la palabra modernización en la boca, con la llave del desmantelamiento del aparato económico del Estado y la puerta abierta al neoliberalismo del capital y las trasnacionales. Acababa de quebrar el Estado petrolero en 1982, acababa López Portillo de estatizar la banca. Fue el presidente que afirmó que defendería al peso como a un perro, que nadie volvería a saquear a México. Cuántas cosas puede decir tan tranquilamente un presidente en México. Pero nadie, entonces, habló de la desbandada por el hambre en la Mixteca, en el pozo profundo del sur de México.

--El coraje sigue siendo fuerte –sigue Gustavo--. Entonces la gente se organizó pasa comer. Trajimos gente valiosa, como un doctor de la ONU, Arturo Aldama, que se pasaba medio año en Ginebra, en la Organización Mundial de la Salud, y medio año aquí en la MIxteca, en el campo. Nos dio cursos de nutrición a base de soya y amaranto, de cacahuate. Y ya después la gente pasó a la cooperativa de ahorro y crédito, y de ahí a defender sus derechos humanos, y de ahí a luchar por sus autoridades y sus organizaciones. Se hicieron marchas en Houston, se participó en las parroquias, en los centros de atención a migrantes. Pero eso se empezó aquí mismo, en el pueblo…

Es la ruta del cuarto acontecimiento histórico que refiere la plática del padre Gustavo. El éxodo. Inició legal, con la contratación de braceros en los años cuarenta y cincuenta. Ahí arrancó el viaje mixteco a los Estados Unidos. Los mojados, como tales, siguieron cuando el programa bracero terminó. Justo en el momento que un sobrino nieto de Emiliano Zapata, nacido en Zacapala, se fue muy pobre, con deudas, con la responsabilidad de sus nueve hermanos más chicos a los que, con el tiempo, sacó adelante. Alfonso Huesca Zapata, con el parentesco como único patrimonio que le heredó la revolución que mató a su tío abuelo. Cuarenta años después de que abandonara su pueblo es hoy el hombre poderoso de Zacapala. Empezo poco a poco, como tantos otros migraos que supieron encontrar el eslabón clave de la cadena migratoria: el préstamo para el viaje. Y después el cobijo mientras se consigue trabajo. Y por qué no, la chamba misma, digamos casi como contratista, como administrador del trabajo de sus paisanos como limpiadores de tiendas, de cines, de lo que se pueda. Chamba no falta. Y después, a cobrar con disciplina y rigor en las quincenas, aunque que sean sus familiares o los hijos de sus compadres.

--Fue en Houston –dice Gustavo--, les pagaba los coyotes. Cuando llegaban los migrantes les daba de comer un mes. Ya cuando los tenía trabajando les iba quitando cada quincena la mitad.

--Hasta que recuperaba su parte…

--No, más, mucho más –Gustavo sonríe--, les quitaba mucho más.

--¿Han platicado ustedes de eso?

--Sí, él tiene un corazón bueno, pero una estructura negativa. Si quieres estar en Estados Unidos, sólo metiéndote en ese sistema capitalista puedes hacer algo, ¿no? Ahora él llega aquí, ayuda a los viejitos, a los enfermos, da dádivas para purificar su conciencia, pero lo fuerte fue la explotación. Algunos le han metido pleitos últimamente, y se los han ganado, y ha tenido que pagarles lo que les quitó, conservaban sus tiquets y lo demostraron. Los que los tiraron no pudieron demostrar el robo.

Gustavo termina con la historia de Marcos Sotomayor, un cura diez años más joven que él, a quien conocí como párroco del pueblo de San Juan Tianguismanalco, cercano a Atlixco. Marcos fue el sacerdote que inició el vínculo con los migrantes y, particularmente, con los organizados en la Asociación Tepeyac, en Nueva York.

--Trabajó conmigo desde que se ordenó –recuerda--, en la pastoral juvenil, se dedicó a crear grupos en mi parroquia. Después lo mandaron a Ixcamilpa de Guerrero, en el sur, ahí empezó a estar cerca de los migrantes. Él con la gente de Chila de la Sal e Ixcamilpa, yo con la gente de Zacapala, ahí empezamos este movimiento de migración. El vivió ahí en ese pueblo del sur lo mismo que yo, a él le tocaba con frecuencia levantar los cadáveres en Ixcamilpa.

Marcos murió en el 2003, luego de un tiempo de fuerte deterioro de su salud. Tuvo que dejar Tianguismanalco. Intentó involucrarse más con la gente de Nueva York, justo cuando ocurrieron los atentados a las torres gemelas, en el 2001. No tuvo más tiempo. Así lo vio Gustavo:

--Marcos murió en la desesperación de ver que no había respuestas oficiales, apoyos eclesiales. Murió en la soledad, entre los atentados, las muertes, los asesinatos, el hambre y la migración que deja sola a la gente…

Depresión

La noche mágica en la carretera Zacapala-Matamoros. Hemos dejado atrás la depresión del Atoyac, pero tenemos que imaginar la sombra de la laguna de Petatlán, hermosa en su cerco tropical hacia el territorio de la caña de azúcar. Los corredores apostados ven venir la antorcha deslumbrados y ya corren con ella en el sentido inmediato de sus vidas: cumplir, soñar, esperar, y de nuevo, correr. Subidas y bajadas, como en cualquier camino. Es el sur campesino. A final de cuentas la pregunta de si todavía es el México profundo. Es un hecho que es el México de las depresiones. Ahí va corriendo el Atoyac. Lo imagino en la noche. Viene de Puebla, desde las montañas del Ixtacihuatl, y forma parte de la enorme cuenca del Balsas. Territorio agreste, verde reseco, mármol escurrido en rajas en la montaña herida. Cactus sonámbulos, como en Coatzingo, flotantes en la penumbra, como si levitara el alma de la tierra. Pregunta esquiva en las sombras, ¿qué tanto ha cambiado México?, ¿lo revela esta tierra? A lo mejor este viaje intenta responder ese interrogante. Yo no lo sé. Venimos de Zacapala, un pueblo que vivió su guerra civil. Como muchos otros, como decenas de pueblos en el estado de Puebla en los últimos 30 años. Y el hambre. Y la desbandada. Sin duda, a sus pobladores les ha cambiado la vida el norte. Ya no sé si hablar del sur campesino y más bien del norte campesino. Del norte de Estados Unidos campesino que le transforma la vida poco a poco a éstas comunidades. Y al mismo tiempo sigue ocurriendo lo mismo. En Zacapala hay de alguna manera un cacicazgo en manos de un norteño. De un hombre que salió como muchos de ellos, con más que sueños, pero sin nada. Sin nada en las manos. La ilusión del norte. Y ahora, es de alguna forma acusado por una buena parte del pueblo de un nuevo cacicazgo. Son las sombras antiguas. ¿Qué tanto ha cambiado el México profundo? El territorio está aquí y es milenario. También el alma, el pensamiento y la ilusión. Y tal vez ahí el ánimo por la guadalupana. Porque ahí está el México profundo.

Al final, en la noche, sólo queda el ruido de camiones y autos solitarios en la oscuridad de la carretera.

Mundo Nuestro. La revista Elementos ha sumado a sus innumerables secciones la herramienta del podcast, y con un nombre muy figurativo: Ciencia para tus oídos . Y para abrir boca, esta reseña de una de las más catastróficas desgracias que han acompañado a la humanidad en su historia: la peste.

Peste/PODCAST



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Mundo Nuestro. Julia Carabias es desde el lunes 27 de agosto miembro del Colegio Nacional. Su mensaje de presentación es el más inteligente reclamo por los derechos de la naturaleza en México y un llamado amoroso a construir una conciencia colectiva de los riesgos mortales para la vida en el planeta provocados por la acción humana.

Presentamos aquí el video completo de esta valiosa científica y activista mexicana. Al inicio, el discurso de presentación por el escritor Juan Villoro. Al final, la respuesta de José Sarukhan al discurso de ingreso de la Maestra Carabias .





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Sustentabilidad ambiental y calidad de vida

  • Es necesaria la búsqueda de opciones compatibles entre el desarrollo económico y social y la conservación de la naturaleza: Julia Carabias Lillo
  • Ecología y economía son indisolubles en el contexto social del desarrollo humano y representan problemas de gran complejidad: José Sarukhán

Ayer en la tarde tuvo lugar la lección inaugural de Julia Carabias Lillo con motivo de su ingreso como integrante de El Colegio Nacional (ECN). La ceremonia contó con las palabras de bienvenida del presidente en turno de la institución, Juan Villoro, y el discurso fue contestado por el biólogo José Sarukhán, también miembro de ECN.

Destacada bióloga y ecologista, la carrera de Julia Carabias Lillo ha seguido una trayectoria enfocada en la defensa del medio ambiente y los derechos humanos. Durante el Gobierno de Ernesto Zedillo (1994-2000), fue Presidenta del Instituto Nacional de Ecología y Secretaria de Medio Ambiente, Recursos y Pesca. Juan Villoro subrayó las decisivas transformaciones que logró Carabias durante este periodo para preservar la naturaleza. “Como investigadora y gestora de proyectos públicos, Julia Carabias ha trabajado para proteger un ecosistema arrasado por el vendaval que llamamos progreso” afirmó Villoro.

Ante la presencia de integrantes de El Colegio Nacional, como Ranulfo Romo, Ruy Pérez Tamayo, Linda Rosa Manzanilla, Concepción Company, Christopher Domínguez Michael, Pablo Rudomin, Vicente Quirarte, Mario Molina, Alejandro Frank, José Antonio de la Peña, Javier Garciadiego, Guillermo Soberón, José Ramón Cossío, María Elena Medina Mora y otras distinguidas personalidades, como Enrique Graue Wiechers, actual Rector de la UNAM, Carabias Lillo reflexionó acerca de los principales peligros de la crisis ambiental que afecta al planeta en la actualidad que, según especificó la científica, no tiene precedentes en la historia “por su magnitud, su velocidad y sus consecuencias”. En su lección inaugural titulada Sustentabilidad ambiental y bienestar social, la bióloga manifestó su preocupación por la sobrepoblación mundial —actualmente hay aproximadamente 7,700 millones de habitantes en el planeta— y advirtió que, aunque los humanos dependemos de la naturaleza para abastecernos, “no existe todavía una conciencia colectiva, y es aún escasa la individual, que reconozca esta dependencia y actúe en consecuencia”.

“Una buena calidad de vida es imposible si los sistemas biofísicoquímicos no se mantienen funcionando de manera sana”, reconoció Carabias Lillo, quien señaló que la producción de alimentos ha alterado y transformado casi la mitad de la superficie que ocupan los ecosistemas naturales terrestres que mantienen la estabilidad de la vida en el planeta.

La bióloga continuó explicando que los escenarios económicos ambientales señalan que, de seguir las tendencias actuales, la situación empeorará sustancialmente para el año 2030, dejando una situación muy comprometida para las generaciones venideras, quienes verán reducidas sus oportunidades y posibilidades de elección y, con ello, su libertad. “Es necesaria la búsqueda de opciones compatibles entre el desarrollo económico y social y la conservación de la naturaleza”, indicó la científica, “nos enfrentamos a contradicciones difíciles de salvar, las cuales al menos en el corto plazo, complican el logro de los objetivos loables”.

A lo largo de su discurso, Carabias Lillo definió que el modelo económico mexicano de crecimiento lento enfocado en la exportación ha tenido consecuencias sociales y económicas muy adversas en la población, y abogó por un modelo en el que primen los sistemas productivos sustentables, la conservación de la biodiversidad, las áreas naturales protegidas y el enfoque en los derechos humanos.

“Es necesario establecer puentes comunicantes, mecanismos innovadores deliberativos regulados y con enfoques incluyentes que deriven en nuevas formas de gobernancia sólidas para llegar a la construcción de acuerdos que influyan en la toma de decisiones sobre las políticas ambientales”, concluyó la científica.

En su respuesta, el colegiado José Sarukhán destacó la labor miliante de la nueva integrante de ECN, rememorando que gracias al trabajo de Carabias la UNAM tiene la reserva de vegetación natural más grande del mundo entero dentro de una zona metropolitana de las características de Ciudad de México.

Sarukhán describió la presencia de Carabias como “un gran enriquecimiento” para El Colegio Nacional, y al respecto de las reflexiones compartidas por la científica en su lección inaugural, el colegiado sopesó que “no hay forma de desligar el tema ambiental del económico: ecología y economía son indisolubles en el contexto social del desarrollo humano y representan problemas de gran complejidad”.

Mundo Nuestro. Río rojo. Así lleva varios días, dicen los vecinos. En el poblado de El Moral, en las inmediaciones de San Martín Texmelucan, el arroyo Cotzala ha corrido teñido de rojo en un recordatorio de la brutal contaminación del río Atoyac en todos sus afluentes. La industria textil y de la confección en la cuenca alta del río es una de sus derrotas más mortales.

No hay más que decir: pero la imagen ayuda a entender el cuestionamiento elemental a la decisión del gobierno del estado de Puebla de comprar tres "barquitos", como llamó el gobernador Gali a las embarcaciones que limpiarán el lago de Valsequillo, cuarenta kilómetros abajo de este escurridero químico que mata el río.

Mientras no se asuma que el problema es sistémico y que sólo puede enfrentarse desde la perspectiva de cuenca, el río correrá muerto con la suma de todos sus arroyos, teñido impunemente por la ceguera de los gobernantes.



El Movimiento Agrario Indígena Zapatista-MAIZ, exige de manera inmediata la presentación con vida del compañero Sergio Rivera Hernández

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24 AGOSTO, 2018

A los medios de comunicación
A la opinión pública nacional e intencional
A las organizaciones de derechos humanos, sociales y en resistencia.
A los Pueblos Indígenas de Mexico y el Mundo.

secretaria de gobernación
y gobernador de puebla.



Nosotros el Movimiento Agrario Indígena Zapatista-MAIZ, exigimos de manera inmediata la presentación con vida de nuestro compañero Sergio Rivera Hernández, quien forma parte del movimiento de comunidades en resistencia contra el proyecto hidroeléctrico coyolapa-atlzalá, y miembro de nuestra organización, quien el día de ayer como a las seis de la tarde en la carretera que llega a la comunidad de Tepexilotla camino a su comunidad (Tepetolonzi) coyolapa Sierra Negra, que pertenece al municipio de San Pablo Zoquitlan, era perseguido, según testigos por una camioneta Nissan Blanca con caja seca, encontrando su motocicleta arrollada a la altura de la desviación a la comunidad de Zaragoza sin ninguna señal de él, nustros compañeros realizaron una búsqueda por la zona, sin ningún éxito, mientras hoy familiares, amigos y compañeros renovarán la búsqueda, hasta encontrarlo.

Sergio ha vivido en dos ocasiones agresiones de intento de asesinato y golpes, los hemos denunciado públicamente y ante la secretaria de gobernación, sin duda es uno de los defensores del la tierra y de territorio que a levantado la voz ante la Imposición y como defensor hà estado al frente en contra del proyecto que ha promovido la secretaría de energía para favorecer a Minera Autlán, está a su vez con la complicidad del crimen organizado, queriendo intimidar con pistoleros y amenazas a la población para poder aceptar la construcción de su proyecto que más ahora no pasará.

Antes estos hechos de violencia señalamos a Minera Autlán, promovida por sus testaferros Cirilo Trujillo y Fermin González Leon a quienes los hacemos responsable de lo que le pase a nuestro compañero, estos dos personajes Presidentes de Tlacotepec de Diaz y San Pablo Zoquitlan son quienes han provocado un clima de tensión y ruptura del tejido social, así como enfrentamientos entre los mismos pobladores y quienes se han arrastrado a las órdenes de la minera.



Queremos señalar que en el mes de junio en ese mismo lugar Paramilitares del PRD-PAN como son: Antonio Sandoval, Victorino Téllez carrillo miembro de la UNORCA y cafetería sierra negra en la ciudad de tehuacan es el promotor principal de la hidroeléctrica, Miguel Carrillo León, Sairé Montalvo Avendaño quienes montaron un retén ilegal y quienes iban armados con armas de alto poder, agredieron a nuestro compañero y a dos compañeros más cuando regresaban de una jornada de trabajo, amenazándolo de muerte, esto consta en una denuncia pública que presentó nuestro compañero Sergio ante la fiscalía, por lo que exigimos el actuar de las fiscalía.

Anunciamos acciones de movilización para exigir la la presentación con vida de nuestro hermano, no es la primera vez que nos agreden, en el mes de febrero después de regresar de una movilización donde exigimos a la SENER sacara las manos para querer imponer una consulta quemaron el autobús donde viajaban nuestros compañeros, anunciando este tipo de actos y amenazas que hoy se cumplen. Se eta manera.

Exigimos a la Secretaria de Gobernación actúe de manera pronta y atienda ya nuestra exigencia, así Como autoridades de Puebla la presentación con vida a Sergio Rivera Hernández los defensores de la tierra y de territorio y miembro del Movimiento Agrario Indígena Zapatista, la omisión y la incapacidad ante estos hechos es complicidad.

Ni un megaproyecto de Muerte en la Sierra Negra!

Presentación con vida de Sergio Ya!

Tehuacán Puebla 24 de Agosto 2018.

Mundo Nuestro. 2 de Agosto de 1821. Agustín de Iturbide sale de la Casa del Mendrugo que lo ha hospedado y cabalga rumbo al zócalo de la ciudad de Puebla. Ya la tropa mal vestida que lo acompaña se reconoce como "ejército trigarante". Los soldados españoles se han retirado a Veracruz para enclaustrarse en la fortaleza de San Juan de Ulúa hasta su expulsión final en 1829.



En algún momento del festejo por la nueva patria que está por fundar, este personaje, tal vez junto con Santa Anna el más contradictorio y malquerido de la historia mexicana, ha probado de las monjas lo que con el tiempo llamaremos chiles en nogada. ¿Se puede mirar la patria nuestra desde esa escena arrebatada en la que un general realista inaugura la que será la principal de las tradiciones culinarias de Puebla? La historia pasa por la mesa a la hora de construir una nueva nación, no sólo por los campos de batalla ni por los debates ideológicos en las gacetillas que los mozalbetes reparten por las calles.

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La catedral de Puebla. Su interior, pintado por José de Manzo.



Lejos están ya los días de las campañas militares de Morelos, fusilado finalmente en 1815. Más lejano queda el instante en el que el ejército indígena de Miguel Hidalgo se asome desde Tres Cruces a la vieja capital del virreinato, para desplazarse después hacia el desamparo del Puente de Calderón en las proximidades de Gudalajara. Perdida quedó la posibilidad de una victoria insurgente contra las fuerzas de la corona española. Pero ahora mismo, cuando la turba lo vitorea en su camino a la catedral de Puebla, Iturbide ya no es visto como el más implacable de los militares realistas que sofocaron la revolución insurgente, porque la historia ha dado un vuelco: una revuelta política en España obliga en 1820 al monarca Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz, hecho que provoca que -- como lo dice Enrique González Pedrero en su monumental biografía de Antonio López de Santa Anna-- "los factores reales de poder en la Nueva España --el alto clero, los terratenientes, los propietarios de minas, los altos jefes militares-- empiezan, por instinto de conservación, a maquinar (...) Su propósito es el de impedir que las corrientes transformadoras que inundan la metrópoli lleguen a las sensibles costas del territorio novohispano. Más vale que entre el liberalismo y la Nueva España discurra, definitivamente, el Océano."

Así, contra la modernidad ilustrada a la que se arrojaba el siglo XIX de los liberales del mundo, los criollos que derrotaron a la insurgencia mexicana prefieren declarar la independencia. Y han encontrado en Iturbide al personaje que permitirá que la nueva nación se construya mirando al pasado.

Las consecuencias para la nueva nación se sufrirán en los siguientes cincuenta años de continuas guerras. De por medio la pérdida de la mitad del territorio tras la invasión estadounidense y las mortales guerras civiles entre liberales y conservadores.



No lo saben entonces quienes en la ciudad de Puebla vitorean al espigado criollo que les ha dado con el Plan de Iguala y el abrazo de Acatempan con Guerrero, la independencia.

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