Este es un paseo por la República Espectacular, la que crearon los diputados del congreso estatal encabezados por Eukid Castañón en el 2014.

Este es un paseo para comprobar cómo un grupo de civiles amparados en los gobiernos de Rafael Moreno Valle y Tony Gali se han despachado con el cuchillo de los pedestales y se han robado la vía pública para embromar los sueños de los ciudadanos incautos a los que se les venden autos, gobiernos, departamentos, músculos y lo que se les ocurra a los infatigables creativos de los publicistas.

Este es un paseo que empieza por la declaración de Eukid Castañón cuando justificó que a la brava le quitaran al gobierno municipal de la ciudad de Puebla su capacidad de control sobre las vías públicas: se trataba de salvar a la ciudad de la contaminación visual.

"La iniciativa no le retira la facultad a los ayuntamientos para emitir licencias para la construcción de estructura y colocación del material publicitario, y sólo otorga a la dependencia estatal la autorización en las carreteras estatales, las zonas adyacentes a estas en un perímetro de 100 metros y los inmuebles (...) Las reformas no invaden el ámbito municipal, pero ante la “discrecionalidad” con la que los ayuntamientos valoraban el tema de contaminación visual, era necesario una intervención del gobierno para reglamentar la instalación de los anuncios (...)



Y así remató la iniciativa del gobierno de Moreno Valle para hacerse de la vía pública municipal: "Con la aprobación de la iniciativa se adicionó la fracción XXVI dentro del artículo 5 de la Ley para la Protección del Ambiente, apartado que establece: “Proteger la imagen del entorno ambiental, respecto a las vialidades de jurisdicción estatal y los bienes inmuebles propiedad del Estado.”

Y antes de salir al paseo, una idea de la clase de negocio que estos dos gobiernos (Moreno Valle y Gali) han hecho con nuestra perspectiva y con la vía pública:



Y una de las empresas que venden los espacios tranquilamente, tan fácil como responder al teléfono 249 11 11:



Y entonces, ya se puede iniciar este viaje a la República Espectacular:

Avenida Las Torres en crucero con Atlixcáyotl.

Entronque desde Las Torres hacia Atlixcáyotl frente a Museo Internacional Barroco.

Mismo entronque, detalle frente a Hotel Sheraton.

Puente peatonal frente a Tec de Monterrey.

Puente peatonal frente a Complejo Cultural Universitario.

Avenida Atilxcáyotl en crucero con Cúmulo de Virgo.

Avenida Atlixcáyotl, camellón Central a la altura de Home Depot.

Avenida Atlixcáyotl en crucero con Blvd. Kepler, puente peatonal y espectacular sobre camellón frente a la agencia Toyota.

Avenida Atlixcáyotl y Blvd. del Niño Poblano, puente peatonal y salida a Plaza Palmas y 11 Sur.

Avenida Atlixcáyotl y puente Blvd. Niño Poblano.

Entronque a Blvd. Niño Poblano.

Puente sobre avenida Atlixcáyotl en Blvd. Niño Poblano.

Blvd. Niño Poblano y salida a avenida Atlixcáyotl sur.

Blvd. Niño Poblano, puente peatonal frente a Centro Comercial Angelópolis.

Blvd. Niño Poblano, a la altura del Parque Lineal y Jardín del Arte.

Blvd. Niño Poblano y puente Parque Lineal, frente a la Ibero y Jardín del Arte.

Blvd. Niño Poblano frente a Parque del Arte y la Ibero Puebla.

Blvd. Niño Poblano, puente peatonal a la altura del Hospital del Niño Poblano.

Blvd. Niño Poblano en crucero con Blvd. Atlixco, puente peatonal.

Blvd. Niño Poblano en crucero con Blvd. Atlixco.

Crucero Blvd. Atlixco y Avenida Zavaleta, espectacular sobre isleta de desvío.

De regreso, pensar en el hecho: la autoridad estatal, con el argumento de regular el tema de los espectaculares desde la perspectiva de la contaminación visual que provocan los espectaculares y la incapacidad de los gobiernos municipales de proteger el paisaje, reforma la ley en el 2014 y se hace de las avenidas que por su propia decisión llama estatales. Cuatro años después, los funcionarios que trabajan en la Secretaría de Desarrollo Rural, Sustentabilidad y Ordenamiento Territorial --hoy al mando de Rodrigo Riestra--, han pelado todo el campo libre en camellones, tréboles, isletas y puentes peatonales en un negocio sin regulación alguna.

El ejemplo más visible, este espectacular en el crucero de Atlixcáyotl y Cúmulo de Virgo; y los que le siguen por esa última avenida hasta la 11 Sur.

Muy poco se sabe de los empresarios que operan estos permisos. En la prensa se manejaron en el 2017 algunos nombres de beneficiados por nuevos permisos, pero el propio ayuntamiento negó esta semana tener información sobre el empresario que montó sin su conocimiento y autorización el espectacular en Cúmulo de Virgo y la 11 Sur.

Apenas el lunes 24 la diputación morenista echó para atrás la reforma que metió Eukid Castañón. La medida no impidió que a pesar de la intervención municipal y los sellos de clausura. se instalara un nuevo espectacular en el cruce de la 11 Sur con Cúmulo de Virgo.

Manejo de regreso al arranque de este paseo sobre esta república espectacular, la de la tierra robada a la ciudad por funcionarios del gobierno estatal y empresarios asociados.

Ayer la vista tenía al nuevo espectacular clausurado por el Ayuntamiento sin anuncio alguno. Pero cerró el domingo con la nueva violación de la clausura y la instalación del anuncio automotriz.

Puebla no es tierra de nadie. Es tierra de funcionarios y empresarios que a la vista de todos se roban la vía pública.

Mundo Nuestro. Sellos de clausura del espectacular en Cúmulo de Virgo y 11 Sur fueron dos veces violados por la empresa responsable de su instalación sobre la vía pública. Primero para levantar el pedestal sobre la base de concreto y después para instalar por segunda vez el anuncio publicitario.

Apenas el lunes el nuevo congreso del estado echó para abajo las reformas que desde el 2014 le dieron a Moreno Valle el control de la instalación de espectaculares y de avenidas estratégicas como Atlixcáyotl, Boulevard del Niño Poblano y Cúmulo de Virgo. Pero como el periódico oficial del estado lo controla el gobierno de Tony Gali, hasta la fecha no han publicado nada de lo decidido por los diputados. Así que se apuraron a instalar el último de sus espectaculares.

Quienes han hecho esto se saben impunes. Funcionarios públicos y empresarios asociados están desatados en el más vulgar y criminal de los años de Hidalgo que como periodistas nos ha tocado ver.

El domingo por la tarde esta es la vista que ofrece el crucero:



Y este es el sello impuesto por la autoridad municipal el viernes pasado, luego de que por la noche se construyera el pedestal, violando a su vez el sello de clausura que empleados del ayuntamiento habían dejado sobre la base de concreto.



La historia empezó al amanecer del viernes, cuando los vecinos de Mayorazgo descubren que contra la medida de resguardo por el Ayuntamiento que, al no presentar la empresa constructora los permisos oficiales, clausuró la obra, por la madrugada y con el uso de maquinaria pesada el pedestal de 25 metros fue instalado en la isla que existe en ese lugar y que separa el tráfico que corre por Cúmulo de Virgo hacia Margaritas y el que discurre hacia el sur de la ciudad por la 11 Sur. Muy temprano se instaló un gran cartel que con el tema del próximo informe de gobierno del rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Alfonso Esparza Ortiz, inauguraba el uso del nuevo espectacular. Fue la propia institución universitaria la que ordenó se quitara ese cartel, luego de que comprobara la ilegalidad del proceso de instalación del pedestal. Así transcurrieron los días viernes y sábado, pero el domingo de nueva cuenta se plantó un anuncio, ahora de una empresa automotriz.



El pedestal, con el anuncio colgado arriba y el sello de clausura en la columna metálica.

El viernes así contamos en Facebook lo sucedido ese día:

¡Nos la hicieron!

¡Actuó la autoridad municipal!

Pelear por el entorno inmediato

Jueves, 27 Septiembre 2018 00:00

2 de Octubre. Mi calle se llamaba "Libertad"

Para muchos es tarde, para otros muy temprano. Yo en el insomnio no percibo ninguna hora, solo recuerdo ahora aquél tanque. Voy con mi hermano pequeño dando la vuelta en la esquina y nos encontramos con aquel tanque impresionante, fascinante que avanza hacia nosotros. Infantes que vamos llenos de vida y energía para nuestro encuentro de fin de semana al conocido como " Plan Sexenal" nuestro campo deportivo en el que jugamos fútbol, básquet, carreras, beis, etc. Es nuestro lugar para practicar deportes, jugar y convivir con nuestros compañeros de escuela.
Todos los sábados nos encontramos y jugamos, tambien a veces peleamos o competimos como todos los niños.
Hoy no es igual que siempre. Hay tanques del ejército en las calles y uno de ellos es el que avanza hacia nosotros. Corrimos con miedo y llegamos al parque. Recuerdo que en esos dias mi padre se reunia con otros de sus amigos y vecinos y preparaban comida y otras cosas " como cuando vamos a huelga decían". Mi hermano mayor, yo sabía estaba por ahí, tal vez en algún lugar de la "Normal para maestros" de la que se habla poco. Recuerdo coqueteos en los jardines de la normal, areas verdes abrigando jóvenes. Era una epoca hermosa, pubertad, adolescencia, lo mejor de la humanidad!!! Yo era sólo una adolescente que iba con su balón de basquet para el partido. Era una calle por donde todos los sábados caminábamos para llegar a nuestro parque y de pronto en la esquina aparece un tanque que avanza hacia nosotros como si no existieramos. Corrimos y desde entonces jamás dejamos de correr ante la infamia que se dio en esos días. Era Nuestro parque, lugar de juegos y deportes. Eramos jóvenes pubertos y niños jugando y nos robaron la inocencia, la justicia. Nos quitaron el suelo y la tierra. Nos arrebataron la paz. Era nuestro parque, era nuestro Octubre de lunas blancas y brillantes. Era nuestro Octubre...
Es nuestro octubre y no lo olvidamos...nunca.

La noche sigue aquí. Y yo buscando si todavía existe "El Plan Sexenal" sólo por curiosidad. Recuerdo que estaba cerca del Colegio Militar que en ese entonces estaba cerca de la estación del metro "Popotla". Ya han pasado tantos años que mi memoria se cuatrapea, y esa sí está llena de imágenes. Y sensaciones
En ese entonces yo vivía mi adolescencia en la colonia San Alvaro (entre Claveria y Tacuba. En el Df. Y qué paradoja: mi calle se llamaba "Libertad".

Finalmente, y tras un litigio de año y medio, el gobierno del estado de Puebla, por la vía del SOAPAP , entregó al juez el título de concesión por el que se privatizó el agua potable en Puebla. Obligado por el juez, y tras múltiples obstáculos legales interpuestos, el gobierno entregó una información que debió ser pública desde el 26 de diciembre del 2013. El litigio sostenido por la organización civil Dale la Cara al Atoyac prueba, de entrada, que al final la justicia obliga.

Ayer martes 25 de septiembre, por juicio 303/2017 promovido por Dale la Cara y la Alianza para la Defensa Ambiental, A.C., el juzgado Tercero Administrativo en Materia Administrativa en la Ciudad de México recibió la documentación referida a este estratégico asunto. Las implicaciones que para la zona metropolitana de la ciudad de Puebla tiene el contenido de la concesión, los términos y condiciones de operación y los convenios establecidos con los ayuntamientos involucrados (Puebla, Amozoc, Cuatlancingo, San Pedro Cholula y San Andrés Cholula, pero también, en lo que corresponde al saneamiento de las aguas residuales, los municipios de Tlaltenango, Xoxtla, Juan C. Bonilla, Coronango y Santa Clara Ocoyucan) son vitales en esta etapa de transición por el cambio de gobiernos estatal y municipales.

Es mucho el tiempo perdido por esta obcecación gubernamental de negar la información estratégica y obligadamente pública. Las consecuencias ya las sufre la ciudad.

Dale la Cara ofrecerá una conferencia de prensa el próximo lunes, ya con la copia certificada de la documentación entregada por el juez.



Mundo Nuestro. Emma Yanes Rizo , Doctora en Historia del Arte por la UNAM y colaboradora de esta revista, escribió este texto unas semanas después del crimen de Estado en Iguala, un ejercicio de memoria e historia social y colectiva.

“Superemos Ayotzinapa”, dijo el presidente de la República Enrique Peña Nieto, a unas cuantas semanas de la desaparición forzada de los 43 jóvenes estudiantes normalistas, presumiblemente asesinados, quemados vivos en Iguala, Guerrero. Lo dijo sin que hasta la fecha sepamos, a ciencia cierta, cuatro meses después de lo ocurrido, dónde están: ya sean las cenizas, los cadáveres o la posibilidad de los jóvenes vivos. Una muela de uno de los muchachos, que no fue encontrada en Cocula, ni se ha informado de dónde provino, es lo único que tenemos. De ese tamaño es el horror. Sin cuerpos, al parecer, no hay culpables, no hay delito, mejor el olvido.

Lo que sí sabemos es que a partir de entonces han crecido las protestas sociales, la detención arbitraria una y otra vez de jóvenes estudiantes y la falta de claridad en la respuesta del Estado ante la interrogante del posible vínculo del ejército, por omisión en su actuar o por participación activa junto con el narcotráfico, en la desaparición-asesinato de los jóvenes. De igual manera ha quedado abierta la interrogante de hasta dónde está involucrada la clase política, de abajo hacia arriba, con el narcotráfico en la zona. Según el periodista Héctor Mauleón, Iguala ocupa el primer lugar en el país en la producción de amapola, un equivalente a 17 millones de dólares al año. Increíble creer que esa cantidad de dinero y de producción desfile por el país sin el conocimiento y el consentimiento de los gobernantes y del ejército. Entonces para qué están.



“Superemos Ayotzinapa”, pero sin culpables claros y sin justicia, porque los procesos legales se llevan su tiempo, parece ser hasta ahora el mensaje presidencial, mientras tanto superémoslo. Y con ello pone el dedo en la llaga de la función medular de la historia: la memoria y el olvido.

En el mundo contemporáneo el por qué y el para qué de la historia resulta un asunto de vital importancia para los grupos dominantes y el Estado que busca con su interpretación de los hechos justificar su régimen y permanecer en el poder, pero desde luego también lo es para los grupos sociales marginados y oprimidos que buscan en su propia memoria la fuerza para resistir y cambiar su situación, para conservar sus tradiciones y costumbres o para pedir justicia. Qué conservar del presente como memoria histórica y qué eliminar es entonces un asunto de vital importancia. Porque un crimen no aclarado o no castigado desde luego se repite y no se puede opacar con la inauguración de obras públicas, una tras otra, por importante que estás sean. “La memoria, se dice, es perecedera, lo realmente duradero es el olvido”. En ese sentido, la memoria nos da identidad en la medida en que es selectiva, en la medida en que nos ayuda a estar en el presente y nos abre la posibilidad de crear un nuevo futuro colectivo, más democrático, como un sueño posible. Por ello, en el caso de Ayotzinapa, por doloroso que sea, no debemos apostarle al olvido.

Como bien indica Beatriz Cano, “La memoria individual no es la expresión de una realidad interior sino una construcción eminentemente social. La reminiscencia individual es social, pues lo que recoge son episodios de una vida en colectivo, que se desarrolla en escenarios sociales. Las diferentes versiones de la memoria manifiestan conflictos, que adquieren expresión en el momento presente.” Así, el proceso de la memoria forma parte de una realidad social, son los grupos sociales y el Estado los que determinan lo qué se debe y cómo se debe recordar. De igual modo, la imposición de determinadas interpretaciones del presente y del pasado inmediato, es lo que crea la memoria y construye la identidad nacional. Finalmente, el control de la memoria y del olvido es un factor determinante de legitimación del individuo, del grupo social y del Estado.

En el acto de hablar y recordar, nace la identidad cultural de los individuos y de los pueblos.

Por ello, a partir de esta primera colaboración, más allá del análisis político de lo que sucedió en Ayotzinapa y de lo que ocurre en México, que requiere un esfuerzo de análisis interdisciplinario, buscaré tan sólo recordar para la memoria colectiva, quiénes eran esos muchachos hasta hoy desaparecidos-asesinados, jóvenes de carne y hueso, como lo son nuestros propios hijos. Retomaré en ese sentido las ilustraciones sobre los 43 normalistas desaparecidos, del colectivo de artistas que los han inmortalizado en sus dibujos y de la escasa información de cada uno de ellos, hasta ahora publicada.





Ilustración de Víctor Maldonado http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/

“El frijol”, Carlos Lorenzo Hernández Muñoz.

Carlos Lorenzo es originario de la Costa Chica de Guerrero, hijo de padres campesinos. Alumno de primer grado de la normal. Según su padre, su anhelo era “ser alguien en la vida”, tener una opción distinta de la de “trabajar en el campo de sol a sol.” Por ello quería ser maestro y entró a la Normal. Era alegre, bromista, jugaba futbol. “El frijol”, le apodaban sus compañeros de juego por su color de piel tostado. “Era tranquilo, no fumaba, ni bebía.” Sus compañeros recuerdan que tan sólo unas semanas antes de su desaparición o muerte había donado sangre a un enfermo en la región de Tixtla. Al parecer ya no está con nosotros. Pero los dibujantes Víctor Maldonado y Luciana Gallegos mantienen viva su imagen.



Ilustración de Laila Cohen/ http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/



Miércoles, 26 Septiembre 2018 00:00

La Ley y la Justicia, Ayotzinapa: Memoria y olvido

Mundo Nuestro.La historiadora Emma Yanes reflexiona en torno a estas dos palabras extremas: memoria y olvido. Escrito para esta revista en enero del 2015, lo publicamos en el marco del cuarto aniversario del crimen con el que identificamos la quiebra histórica del Estado mexicano moderno.

Amo mi patria. Los volcanes espléndidos cuando amanezco. Un parque florido. Andar en bicicleta en el Parque lineal, hasta sentir que alcanzo la copa de los árboles. Amo a aquéllos que trabajan por un río Atoyac limpio. A las mujeres de la Sierra Norte de Puebla que bordan a mano las blusas de chaquira y a las que hacen del barro su oficio. La piñata que tuve por árbol navideño. La fuente iluminada de Nochebuenas. El colibrí de aleteo infinito frente a mi ventana. Una niña ya adolescente que se mece dichosa en una cuerda. El maguey que es una diosa y que ofrece esplendida el aguamiel. El muchacho que convirtió una tasa de baño en un jardín. El artesano que todavía hace balones de futbol de cuero. El maíz en sus variables rojo, amarillo y azul y las historias que de él se cuentan. La bendición de una tortilla. Amo las comidas en el jardín y el sol radiante, un poco de sombra bajo el pino. Y el mar: las mantarrayas que brincan entre las olas sin saber porqué, los delfines a un lado de la lancha, una gaviota que se posa en el lomo de una tortuga en medio del océano. Cuántos besos en esta tierra he tenido.

Amo mi patria. Y sin embargo, nos faltan 43. Cuarenta y tres jóvenes desaparecidos, presumiblemente asesinados, quemados vivos, hace cuatro meses, este 26 de enero del 2015. A un año también del fallecimiento del poeta y amigo José Emilio Pacheco, genial y apocalíptico. Pero no sabíamos, en aquél triste día de su muerte, que estábamos en efecto en las puertas del infierno. Inimaginable para él, ni para nadie, el asesinato colectivo. Quizás, me imagino, no lo hubiera resistido.

Ayotzinapa, memoria y olvido. La pelea por la historia.



–La verdad histórica --dirá el procurador de la república Jesús Murillo Karam--, es que los estudiantes están muertos, asesinados por un grupo de narcotraficantes, los Guerreros Unidos, que los confundieron como miembros de otro grupo. Fue un caso atípico.

El hecho histórico, dirán los padres de familia, es que los jóvenes están desaparecidos y que las declaraciones de algunos de los asesinos no pueden ser concluyentes. Más aún cuando no se ha querido seguir la línea de investigación sobre la participación en los acontecimientos de la policía municipal, el presidente municipal y su esposa, así como del gobernador e incluso del propio ejército, que cerró caminos y amenazó a algunos de los estudiantes que lograron escapar. El celular de uno de los jóvenes sonó después del presumible asesinato de los muchachos, dentro de las instalaciones del 27 batallón del ejército. Y no es un caso atípico, dijeron, en México hay miles de desaparecidos. E irán en febrero los padres de familia, campesinos pobres la mayor parte de ellos, a demandar al gobierno de México en las instancias internacionales por la desaparición forzada de los muchachos.

En mi opinión, el hecho histórico es que éstos jóvenes y sus padres no buscaban protagonismo alguno en la historia nacional. Sólo querían ir a un mitin y mejoras para su normal. Nadie hasta ahora duda de su inocencia. Su desaparición, muy probablemente su muerte, destapó sin embargo el gran drama del país: el posible involucramiento del Estado, por lo menos de algunos sectores del mismo, con el narcotráfico. Un sistema de justicia que se tambalea: sin juicios penales contra policías y políticos involucrados en el caso Ayotzinapa y con la impunidad ante los ojos de todos de un Raúl Salinas de Gortari que se pasea en un BMW, para recordarnos quién manda ahora. Pareciera que la imagen certera de la justicia en México, en aquél mural de José Clemente Orozco en la Escuela Nacional Preparatoria, con la balanza de la Ley prostituida, vuelve a repetirse. Porque no es posible que el negocio de la amapola en Iguala, de miles de millones de pesos, desfile por México, sin el conocimiento e incluso contubernio de las autoridades, por lo menos locales.



José Clemente Orozco (1833-1949) La ley y la justicia, 1923-1924 Fresco. Escuela Nacional Preparatoria (Antiguo Colegio de San Idelfonso)



Crimen que no se aclara y se castiga debidamente, se repite, dije en mi artículo anterior. Y sí, ahí tenemos de nuevo al periodista veracruzano Moisés Sánchez asesinado por órdenes del director de la policía municipal de Medellín, Martín López Meneses y por instrucciones del presidente municipal del PAN, Omar Cruz Reyes. Y a los policías del estado de Tlaxcala, dirigiendo a las bandas de secuestradores.

De actuar con justicia en el caso Atoyzinapa, el presidente Enrique Peña Nieto (quizás con minúsculas) puede convertirse en un líder moral, que lo ayudaría incluso a la aplicación de sus reformas, a las que apuesta su popularidad. De lo contrario Peña Nieto pasará a la historia con un pie en la ignominia. Pero no parece importarle, preso en su propio espejo que no lo deja verse a sí mismo, salvo en las declaraciones de sus allegados.

Foto de Emma Yanes Rizo



Amo mi patria. La marcha en la ciudad de México de miles y miles de compatriotas este 26 de enero (a pesar de que estaban cerradas las estaciones aledañas al zócalo y Reforma del Metro y Metrobus), sin mayor objetivo que negarse al horror. Son muy jóvenes las muchachas que una a una, llevan a la altura del pecho colgada a su vez la foto de cada uno de los 43 jóvenes. Y no hay mejor pancarta que aquélla de una figura que busca abrazar un cuerpo inexistente. ¿Dónde están?, las cenizas, las ropas, las mochilas, los teléfonos, algo más que un diente.

Memoria y olvido. Y aquéllos que nunca pensaron entrar en la historia nacional, seguirán vivos. Tal vez como los protagonistas de la rebelión de Tomochic, durante el porfiriato, que inmortalizó el escritor Heriberto Frías. Y un nuevo mural quizás se dedique a su vez a la atrocidad del Estado.

Memoria y olvido. Siempre podremos elegir recordar día a día a los 43 muchachos desaparecidos y a nuestro gran literato José Emilio Pacheco.

(En nuestra siguiente colaboración volveremos a contar la historia de cada uno de éstos jóvenes).

David Alfaro Siqueiros, detalle.

Mundo Nuestro. Publicada en esta revista en febrero del 2015, la reflexión del filósofo poblano Juan Carlos Canales nos ayuda a pensar en la responsabilidad del Estado en la tragedia mexicana.

La memoria no consiste tanto en recordar el pasado en cuanto pasado como en reivindicar esa historia "passionis" como parte de la realidad. Dejar hablar al sufrimiento es el principio de toda verdad. La memoria tiene una una pretensión de verdad, es decir, es una forma de razón que pretende llegar al núcleo oculto de realidad inaccesible a la razón. T.W. Adorno



Más allá de su circunspección a un tiempo y espacio, lo que el caso de la Normal Isidro Burgos nos ha dejado ver es la dimensión más siniestra de la sociedad mexicana, en el sentido que Freud dio al concepto "unheimlich", como aquello que creemos como lo más distante y se revela lo más próximo a nosotros. Por suerte, no toda la sociedad mexicana puede reducirse a esa condición siniestra. Sin embargo, hay que reconocer la multitud de elementos que incidieron para que el 26 de septiembre secuestraran y asesinaran a los normalistas de Ayotzinapa: el matrimonio perverso entre instituciones del Estado con los poderes invisibles de México, la omisión o frivolidad del Gobierno Federal, los modos de operación de los partidos políticos, y las propias condiciones de los normalistas y el Magisterio mexicano. Y también, la falta de confianza de la sociedad mexicana hacia sus autoridades. Sí, sobre todo falta de confianza, entendida ésta como la capacidad de un Estado para disminuir o refuncionalizar los elementos que amenazan el equilibrio social .Como lo señaló Alejandro Guillén en un programa del Territorio del nómada, " lo que Ayotzinapa nos ha dejado ver es que la corrupción mata." ¿Abremos aprendido la lección? No lo sé.

Estoy convencido de que esos muchachos están muertos; acaso, lo que haya que investigar ahora es si todos fueron asesinados por el narco en las condiciones que se han establecido oficialmente, o bien, pudieron haber sido masacrados en días posteriores a la trifulca de Iguala y en otros lugares distintos al basurero de Cocula, e incluso, si participaron directamente en los hechos fuerzas federales, o por lo menos los toleraron. Abrir estas líneas de investigación permitiría esclarecer la situación, demanda principal de la sociedad mexicana.

Lo que es inadmisible es que desde el Poder Ejecutivo se declare el caso como cerrado, igual que lo hiciera en su momento el gobernador Moreno Valle respecto al asesinato de Karla López Albert en Puebla, aunque por supuesto, no se pueden confundir ninguno de los dos hechos en una sola lógica.

Si bien el caso Ayotzinapa no es propiamente un crimen de Estado, tampoco se puede aliviar el peso moral que recae sobre él, al menos como garante último de la seguridad de los ciudadanos.



Amén del pragmatismo político que revelan, las declaraciones tanto del presidente Peña Nieto como del procurador Murillo Karam parecen sustentarse en el fundamento biopolítico del poder, imperante en el mundo contemporáneo, y cuya característica principal es la de reducir la vida del sujeto a su pura condición biológica. De suerte que, sin posibilidad de encontrar las pistas materiales de las víctimas, éstas deben desaparecer, también, del horizonte político. Desde una perspectiva jurídica, a muchos les parecerá obvio y necesario dar por concluido el caso ante los resultados infructuosos de la investigación, pero no así desde una perspectiva ética, lo que a su vez nos plantea la inmensa fractura entre el orden jurídico y el orden ético; el límite de las pesquisas técnicas no agota ni resuelve la dimensión moral del caso. La mayor falla del Estado mexicano no estriba en la competencia técnico- jurídica, sino en su competencia comunicativa: tardar, la Presidencia de la República. casi tres semanas en enfrentar el problema es la mejor muestra de ello.

La demanda " vivos se los llevaron, vivos los queremos" sólo puede ser entendida como una exigencia moral y una metáfora en su dimensión simbólica e imaginaria, gracias a la cuales se reclama el lugar de esas vidas, cortadas de tajo, en el espacio público y en el orden de la memoria, al tiempo que el reclamo por su aparición es la reivindicación misma del espacio político. “Aparecer” según H. Arendt es la condición sine qua non del de la vida política y, desde una perspectiva antropológica, permitirá a los deudos cerrar el circuito de esas vidas, ofreciéndoles una sepultura. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” no encierra otra cosa que el reclamo ciudadano por la rendición de cuentas de sus autoridades; hacer verdaderamente transparente nuestra vida pública.



No hay fórmula para el olvido o el perdón. Nadie puede decretar el tiempo y la validez de un duelo. A nadie se le puede pedir “caminar hacia adelante” cuando todos los caminos se han cerrado; a nadie se le puede pedir “superar el dolor” cuando no hay instrumentos para paliarlo. Nada más misterioso que el modo en que las sociedades se recomponen de los escarnios sufridos. Seguramente hay resentimiento en muchas de las reacciones que el caso de los estudiantes desaparecidos ha provocado, solamente hay que recordar que el resentimiento es consecuencia de un sinfín de afrentas no tramitadas ni resueltas. Max Scheler, en su clásico El resentimiento en la moral definió a éste como una autointoxicación psíquica con causas y consecuencias bien definidas. Es una actitud psíquica permanente, que surge al reprimir sistemáticamente la descarga de ciertas emociones y afectos, los cuales son en sí normales y pertenecen al fondo de la naturaleza humana. (El subrayado es mío).

Ahora lo que está en juego es otra forma de justicia que no es la retributiva; nada devolverá a esos muchachos a la vida; no hay equivalente material que pague esas mismas vidas. La justicia se desplaza, entonces, a un parámetro simbólico, el del reconocimiento de responsabilidades, ni siquiera, quizá, al del castigo por esas responsabilidades, porque en el ámbito de la justicia no siempre sirven las equivalencias. Está en juego hacer transparente nuestra vida pública, hacer visible los poderes opáceos que la atraviesan debilitando todavía más nuestra ya endeble condición democrática. Y sobre todo, reconocer que cada uno de esos muchachos tuvo una vida irrepetible, inalienable, y su muerte no puede reducirse a una estadística, ni a la categoría de "daño colateral". Dar por terminado el caso sólo puede tener la pretensión de ocultar una parte esencial de nuestra historia. No será cerrando los ojos ante la realidad como podamos recomponerla. La autocomplacencia y la falta de autocrítica acaban por convertirse en dos de los males que más amenazan la vida política.

Yo no soy Ayotzinapa. No necesito mimetizarme con el otro para reconocer su dolor, para saber que, en otras condiciones, soy igualmente susceptible ante los poderes de facto que imperan en este país. Reivindico la diferencia, sólo desde ella es que puedo reconocer al otro como otro y trazar- por difícil que sea- un puente hacia él.

Vivos se los llevaron, vivos los queremos.

En algún lugar de Puebla, a 26 de enero del 2015.

(Foto de portadilla tomada de http://www.proyectodiez.mx/)

Mundo Nuestro. Volver a escribir, como en aquel septiembre de 2014, cómo duele esta violencia en México:

¿De dónde esta violencia inaudita? Se vive una guerra civil a fogonazos, y no queremos verla. Hace mucho que el país se levantó en armas, y no para la revolución imaginada en los sesenta, allá mismo en Guerrero, aniquilada sin vacilación por un Estado mexicano implacable y cruel. Cuarenta años después despertamos para comprender que las guerras civiles no necesitan causa. Cómo duele esta noche México.

Ayotzinapa en el archivo de Mundo Nuestro.



Para entender la violencia en México, Ayotzinapa en Mundo Nuestro

Memorias de un poblano en Ayotzinapa

Vida y milagros

(La ilustración de la portadilla es de Víctor Solis, y fue tomada de la revista Nexos para ilustrar el excelente texto La austeridad y la podadora, que aborda el tema tratado aquí por Verónica Mastretta)

Una secretaría de estado pequeña, como lo es la SEMARNAT, lleva a cabo cerca de cien mil trámites anuales. El 70% de dichos trámites se ejecuta en las delegaciones. Esos trámites no incluyen los trámites del área más grande y estratégica del sector, que es la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), responsable de toda la gestión del agua del país. La ley permite que algunos de los trámites de SEMARNAT se hagan por vía electrónica, pero incluso esos, en algún momento tienen que cotejarse con los documentos originales. Hay impactos ambientales que llegan a tener cerca de 5 mil hojas. Los recortes que se han hecho en muchas áreas estratégicas de las delegaciones las tienen ya hoy en el límite de su capacidad operativa. La Comisión Nacional del Agua ha sufrido recortes de personal de tal tamaño, que toda la gestión del agua del país está ya en jaque. Donde antes hubo 40 inspectores, ahora quedan solo tres o cuatro. Ser eficaces era ya casi imposible. A eso habrá que sumarle el nuevo recorte del 70% del personal de confianza, que son los que llevan la carga de las delegaciones y la responsiva de las firmas.



Se supone que a partir del primero de diciembre las delegaciones estatales desaparecerán y que el nuevo gobierno intentará concentrar todos los trámites en una sola oficina central a la mayor brevedad posible. De momento esas sedes están en la ciudad de México, pero luego serán trasladadas a otros estados con todo y los trámites pendientes que llegarán de cada estado. En ese tramo, ¿Qué y quiénes quedarán en los estados? ¿En qué tiempo desaparecerán las oficinas? ¿A dónde y cuándo se mudará el personal? ¿Físicamente qué pasará con la documentación? Eso deben de estarse preguntando ahora los responsables de recibir las secretarías de estado. Me imagino que ya estarán lo suficientemente preocupados. Lo que se les pide es una tarea que a mí me parece casi imposible. De todos modos, en caso de lograr una mudanza rápida, arrancarán la nueva gestión gubernamental con una desventaja enorme en personal y herramientas para poder concentrar y gobernar a distancia, que es de hecho lo que se estará esperando de ellos. Gobernar a distancia implicaría una enorme y rápida modernización digital del gobierno, y eso no podrá hacerse si en los próximos años ya se ha anunciado que no se invertirá ni en equipos de cómputo ni en los sistemas cibernéticos necesarios para la organización y administración del país.

Ojalá que el gobierno entrante se tome su tiempo, aunque ya no le queda mucho, para analizar de manera correcta cómo es que van a aterrizar la concentración de poder y decisión que se proponen con el objetivo central de ahorrar. Un ahorro que a lo mejor acaba teniendo un costo social y administrativo mayor que el ahorro que se busca.

Y mientras, entre hoy y el 30 de noviembre seguirán ingresando trámites en todas las delegaciones del país, trámites que se sumarán a los miles de expedientes que ya están en proceso y que habrán de mudarse de manera obligada a partir de diciembre a un único y quizá muy lejano punto del país. ¿Cuándo y cómo los moverán? ¿A dónde los van a almacenar? ¿Qué hará la gente que pertenece a un sindicato y que trabaja hoy en las delegaciones? ¿Los ciudadanos de todos los estados tendrán que viajar hacia un solo punto para continuar con un trámite que debieran poder terminar o hacer de manera local?



El concentrar las decisiones y trámites de todas las delegaciones en las oficinas centrales de la ciudad de México y luego en las nuevas sedes a las que serán enviadas implica una centralización del poder y un recorte de personal que a mí me asusta. A lo mejor hay algo que no estoy entendiendo o no nos han explicado bien. O quizá yo hablo desde la experiencia de encogimiento de los servicios del estado que ya se llevó a cabo a nivel local en el estado de Puebla en los últimos ocho años. La justificación fue ahorrar dinero para hacer otras cosas más necesarias e importantes. Esa medida no fue exitosa en muchos aspectos y los resultados no fueron favorecedores para la mayoría de los habitantes del estado.



Hacer recortes tan drásticos al famoso capítulo mil, sueldos y salarios, involucra a las vidas de miles de personas que trabajan en el gobierno, pero también a la vida de millones de ciudadanos que tiene que tratar con las dependencias públicas y que padecen enormemente su ineficacia cuando ésta es por falta de personal o condiciones inadecuadas para trabajar. Un ejemplo de Puebla: se redujeron al mínimo los ministerios públicos. Se hicieron recortes y se centralizaron servicios de tal manera que lo han pagado los ciudadanos, en particular los que no viven en la zona metropolitana. Los puntos para poner una denuncia son lejanos o inoperantes para la mayoría de la población. Solo hay 59 Ministerios Públicos para todo el estado, con horarios de terror para los que trabajan ahí. El promedio para poner una denuncia, para quien se atreva y se anime, es de 8 horas. Las colas para denunciar son para salir corriendo. La posibilidad de que se resuelva el caso que denuncias es casi de cero. No conozco ninguno de primera mano. Hay ahorros que son de temer.

La excesiva centralización con el afán de ahorrar puede resultar contraproducente y peligrosa. Ojalá que los encargados de recibir las secretarías de estado sean realistas y francos y que a tiempo observen lo que puede resultar imposible de lograr.

Mundo Nuestro. Descrubrir un sábado el jardín botánico de la BUAP. No ha sido el simple azar. Acompañamos a nuestra hija bióloga que quiere darle el golpe a lo que los botánicos de la universidad han logrado construiir en los últimos años. Porque lo que encuentro no es un asunto de la semana pasada. Y contra la imagen que tenía de los descampados polvosos de ciudad universitaria a principios de los años setenta, lo que encuentro me confirma sin más el paso del tiempo. Los cedros, los fresnos, los pinos y los encinos han crecido ya lo suficiente para no confundir al visitante: cada conjunto logra el cometido de introducirte en el bosque que estos árboles son capaces de crear si simplemente se les deja crecer.

Ahí está el cielo de los cedros:



Y los magueyes como en un altar:



Y la posibilidad del trópico en un rincón de sombra fresca.



O esta blancura que puede encontrarse en las selvas bajas del sur mixteco:

Y siempre con el vecindario de la flor y los insectos:

Subo estas fotos simples desde el celular a facebook sin más proposito que el de animar a mi propio vecindario a conocer este lugar. Y se me ocurre añadir que este lugar es espectacular.

Y eso lo confirman los especialistas. Al jardín le acaban de dar este reconocimiento por algo que parececer elemental. Hay jardines botánicos, como el que me cobija este sábado, y jardines no-botánicos, incapaces de conservar las plantas.

Aprender que los sábados pueden ser distintos. Que el conocimiento descubre y construye entornos vitales, que le den a una ciudad una vista nueva. Que nos permita mirar de una manera grata el mundo.

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