Mundo Nuestro. Una vez una ciudadanía decidida a impedir por la vía de la movilización pacífica salió a la Avenida Hermanos Serdán, esta vez en bicicleta, a levantar la voz racional contra la más absurda y disparatada idea que ha tenido el gobernador Moreno Valle contra la ciudad de Puebla, a la que trata como si de su propiedad fuera. Y a la que impone proyectos sin tomar en cuenta al gobierno municipal de turno, consciente de que los que por ahí han circulado como alcaldes en los últimos tiempos están para obedecerle.

No es posible imaginar mayor tontería. No hay otra palabra que sirva, aunque a la mano tenemos la del negocio que como método se asocia a los proyectos de obra púbilica en nuestro país. Igual para los pequeños gobiernos que para los estatales y de la república. La vieja frase priista en el Distrito Federal: "Haz obra, que algo sobra..."

Un proyecto absurdo en una ciudad que no acaba de resolver problemas antiguos, que están en el estómago de sus ciudadanos, y que arroja como resultado reyertas entre policías y comerciantes en el cetro histórico que por verdadero azar no dejaron una estela de muertos.



¿En qué idioma habrá que dirigirse a las autoridades para exigirles que reconsideren este proyecto de ciclovía recreativa que se llevará, en el mejor de los casos --pues por ahí dejaron ver la posibilidad de que cambien el trazo hacia el centro de la avenida-- los centenares de cipreses que tuvieron a bien plantar en otro tiempo alcaldes menos pretensiosos?

Lo ha hecho en los términos legales el regidor priista Iván Galindo Castillejos en carta formal dirigida al alcalde Luis Bank.

Ya lo hemos hecho muchísimos en la plataforma change.org



¿Qué idioma hablan que no sea el de la ceguera y el negocio?

Mundo Nuestro. La fotografía del fotógrafo poblano Raúl Gil obliga a pensar en esos puntos extremos de la vida nuestra que en todo momento se tocan. Vida y muerte, amor y desamor. Aguila y serpiente. Luz y sombra. Sobre esta fotografía del vuelo de los estorninos en la laguna de Loma Roja, en San José Chiapa, en ese territorio del esplendor del altiplano mexicano a donde hoy se ha impuesto una industrialización extrema, vuelan todavía los pájaros negros contra el último resquicio del sol. Y frente a ella la reflexión del artista que aquí les presentamos.

Entre risas y lágrimas

entre blanco y negro



el águila y la serpiente

alegrías y tristezas

el bien y el mal

el cielo y el infierno

los amigos y los que no



la salud y la enfermedad

el amor y la soledad

compasión y desdén

buenos e inmorales`

aves y ratas

ballenas y cucarachas

poderosos y debiles

vecinos buenos y dementes paranoicos

benditos y malditos

médicos de corazón y hienas vestidas de blanco

altruistas y sinvergüenzas

caras de ángel y enmascarados

mi familia y los chacales

benditos y criminales

la fotografía y la impunidad

las estrellas y los abismos

el día y la noche

las cimas y los barrancos

los ángeles y los demonios

los de siempre y los de nunca

la libertad y el encierro

los verdaderos y los cobardes

entre sabios y patanes

el elixir y el veneno

mis amigos y los hipócritas

los agradecidos y los ojetes

sinceros y ladrones

amables y bastardos

valiosos y negligentes

los que vuelan y los que se arrastran

los amores de verdad y las putas

sueños y pesadillas

fe y desesperanza

la armonía y las tragedias

buenaventura y rencor

la calma y las tormentas

de gloria y tristeza

oceanos y desiertos

viajes y accidentes

los santos y las brujas

la vida y la muerte

el alma y el vacío

Cristos, Budas y Judas, Pilatos

brillantes y mediocres

honestos y desgraciados

gentiles y barbajanes

el alfa y el omega

el bien y el mal.

Lunes, 25 Julio 2016 00:00

Bajo el cielo de Chihuahua

Vida y milagros.

Un grupo de amigas nos fuimos de vacaciones al norte a recorrer en tren la ruta Chihuahua- Los Mochis que cruza toda la Barranca del Cobre. A las 6.30 a.m. salimos de la estación de la ciudad de Chihuahua con destino a Creel, Bahochivo, Urique, Cerocahui y otras pequeñas comunidades en un recorrido que duraría cinco días. Nuestros ojos asombrados miraban todo; en el carro- bar del tren desayunamos y más tarde nos bebimos los mejores cocteles margarita del mundo mientras nos adentrábamos a las montañas y los profundos abismos de la sierra Tarahumara, la Barranca del Cobre, un sistema de cañones dos veces más grande y profundo que el Gran Cañón del Colorado. Los siete cañones que la forman miden 60 mil kilómetros cuadrados y están cubiertos de ríos, lagos, presas, cascadas, despeñaderos y puentes que desafían la gravedad cruzando precipicios de 1900 metros de profundidad, bosques tupidos de encinos y pinos y cielos impolutos, mientras a ratos el silbido del tren va rompiendo el silencio.



Todo aparece lentamente detrás de la ventana de un tren que va sin prisa. ¡El tren! ¿Por qué perdimos el tren? Un saldo negro de la revolución mexicana fue la pérdida del tren como medio de transporte nacional. Toda esa red vial construida en el porfiriato se perdió en la guerra iniciada en 1910 y como país fuimos incapaces de reconstruirla y recuperarla. Romper es fácil, construir, muy difícil. Precisamente en el tren llamado Chepe, el Chihuahua Pacífico, iba leyendo la extraordinaria novela "Pobre Patria Mía" que escribió Pedro Ángel Palou sobre Porfirio Díaz. En esa novela aparece un dato que me obligó a cerrar el libro y los ojos para imaginar lo perdido: Porfirio Díaz recibió el país con 600 kilómetros de red ferroviaria. El día que dimitió en 1911, el país tenía más de 26 mil kilómetros de vías. Por eso, ir a Chihuahua y hacer el recorrido de los seiscientos kilómetros que comunican a la ciudad de Chihuahua con Los Mochis hasta el Mar de Cortés cruzando toda la Barranca del Cobre y el mundo de los Tarahumara es una experiencia excepcional. Ese tramo de tren lo amplió y reconstruyó López Mateos en 1961, recuperando y usando muchos de los viejos puentes del porfiriato. Cruza 86 túneles cortos y largos y 37 puentes sobre ríos y acantilados. López Mateos fue uno de los pocos presidentes que intentó voltear la mirada de nuevo hacia el tren. Qué bueno que se recuperó este recorrido, porque en medio de este paisaje el tren y Chihuahua son uno para el otro.



Impone el bravío norte, con gente excepcionalmente amable, trabajadora, luchona, digna. Los medios de comunicación se han encargado de hacernos creer que al entrar al estado de Chihuahua las balas pasaran volando sobre nuestras cabezas. Chihuahua es inmenso y es muchísimo más que la guerra que se libra en parte de su territorio contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, fruto envenenado de una absurda prohibición que no ha mermado un ápice la demanda y el consumo en nuestro vecino país del norte. Guerra cruel y estúpida, donde todos pierden como en toda guerra.

Texto relacionado:

"¡Ya basta!"/El grito de un sacerdote jesuita contra la violencia criminal del Estado en Chihuahua La voz de alerta de Javier Avila SJ

El lento recorrido del tren que sale de Chihuahua al amanecer y llega hasta los Mochis a las nueve de la noche es uno de los recorridos más hermosos de México. Paco Nadal, el periodista español del diario "El País" especializado en recorrer y describir el mundo así lo atestigua en sus crónicas de viaje. Una cadena de pequeños hoteles apoya el recorrido del tren. Hoteles impecables, serenos, albeando, cómodos, austeros, ubicados en diferentes pueblos de las Barrancas del Cobre. Todo está marcado por la cultura y el sino del pueblo indígena de los rarámuris, los tarahumaras, con una población de cien mil personas diseminadas en las enormes e inexpugnables barrancas en las que se refugiaron cuando los conquistadores españoles los sacaron de sus tierras más fértiles y planas; huir fue la manera de evitar el trabajo casi esclavo en sus minas o en sus haciendas.

Mundo Nuestro: Un país pobre, de leña y tierra. La foto de Bob Schalkwijk es de 1974, y retrata un México que fue, pero que se mantiene por el hecho simple de que la injusticia sigue ahí, plasmada en el programa Piso Firme, uno de los más importantes en el palabrerío gubernamental del mal llamado combate contra la pobreza. Niña y su madre preparan la comida. Familia/VIVIENDA. Bob Schalkwijk, 1974.

Tuvimos muy buenos guías, sensibles al entorno y buenos conocedores de la forma de ser del pueblo tarahumara. Nos explican de qué manera tan honda ellos viven en el hoy y no sobreviven sin libertad física; no soportan la opresión, ni el estar amontonados, menos aún hubieran sobrevivido lejos de sus familias o sujetos a la esclavitud. Por eso prefirieron huir a un ambiente tan inhóspito. Las aves que nacen en libertad y son enjauladas rara vez sobreviven, ellos tampoco. Sus poblados de veinte o treinta casas siempre tienen una enorme distancia entre una y otra. Necesitan su espacio, su cielo, su libertad. Nosotros, los "extranjeros", nos sorprendemos de que los niños tengan que caminar una hora para llegar a una escuela. Los niños del DF, de Monterrey o Puebla, lo hacen pero encerrados en camiones o coches, sin poderse mover, entre ruido y hacinamiento. No idealizo nada, solo trato de imaginar cómo nos ven ellos a nosotros. El pueblo tarahumara ha sobrevivido en condiciones extremas de frío y calor y lo han logrado gracias a su valor y su mentalidad para enfrentar la vida. Su flagelo han sido las hambrunas cíclicas, y aunque llegan los programas sociales y ya hay pequeñas clínicas de salud, su desconfianza hacia lo diverso y diferente a ellos hace muy complejo resolver lo fundamental. Tienen costumbres y valores que nos son difíciles de entender, opuestos a la forma de vivir en las ciudades. Están integrados absolutamente a la naturaleza, no hay obesidad, sus cuerpos son ágiles y hermosos, sus niños, vestidos de colores llamativos, aparecen en grupos, jugando, corriendo riesgos, en libertad, pero siempre regidos por las implacables leyes de la naturaleza, donde el débil no sobrevive. Están en contacto con la tierra, se ensucian, se mojan, no son esclavos de las modas y el consumismo y respiran el aire más limpio de México, pero su vida es todo menos fácil. Creo que muy pocos habitantes de las ciudades podríamos sobrevivir ahí. Ellos tampoco en nuestras agresivas ciudades de cemento, ruido, peloteras y asfalto.

Mundo Nuestro: La vida es el juego rijibara retratado por Bob Schalkwijk en 1974. Y es un misterio revelado en esa carrera montada en el viento de la Sierra Tarahumara. En tres movimientos el tiempo de estos muchachos rarámuris: el destino, la concentración, el arrojo. Niños rarámuri juegan rijibara en Carichí, Chihuahua. JUEGO. Bob Schalkwijk, 1974.

Un dato que me sorprendió fue que los jesuitas, la orden religiosa que llegó hasta la Tarahumara hace más de doscientos años, no pudieron imponer en la idiosincrasia tarahumara el concepto de infierno y cielo. En la mentalidad de los tarahumaras uno no se porta bien por el premio o el castigo de "después". Viven de acuerdo a lo que creen porque eso es lo que toca y no hay lugar para el cielo ni el infierno. No puede haber concepto más bello. Viven como un árbol o un águila, integrados a la naturaleza, todos iguales. No hay premio ni castigo por ser roca, árbol, ave o persona, solo se es. En la fachada de una pequeña iglesia de una misión jesuita no hay santos: solo una luna inmensa de piedra blanca del lado derecho, y del izquierdo, un gran sol de piedra roja. Arriba, simulando una estrella, una figura de la planta sagrada, el peyote. Adentro de la iglesia no hay bancas. No hacen falta. Los tarahumaras viven de pie.

Misión Jesuita en el poblado de Sisoguichi en foto de los años 50. Tomada del portal Jesuitas Tarahumara.

En el punto más alto y profundo de la sierra, desde el balcón de un pequeño hotel construido en 1970 sobre una enorme roca que se asoma al abismo, el paisaje es un mar infinito de montañas que desaparecen al meterse el sol, sumidas en la obscuridad y el silencio. Sin teléfono ni televisiones, contemplando el borde de una barranca de dos mil metros de profundidad y un cielo en el que no cabe una estrella más, oyendo los sonidos del canto de las chicharras y los grillos, bajo el cielo de Chihuahua, sin dios y sin diablo, uno vuelve a ser feliz.

A noventa y tres años del asesinato de Francisco Villa (20 de julio de 1923), expondremos aquí a grandes rasgos cuál era el proyecto social de dicho caudillo, mismo que finalmente lo llevó a la muerte.

La Revolución Mexicana en el estado de Chihuahua fue la revolución del general Francisco Villa, distinta de la de Francisco I. Madero, la de Emiliano Zapata en el sur y de la del propio Venustiano Carranza en el norte. Se pueden poner como ejemplo de la revolución carrancista a los estados de Sonora y de Coahuila donde la propia burocracia estatal organizó el movimiento constitucionalista y lo tuvo bajo su control con hombres como el general José María Maytorena e Ignacio L. Pesqueira, ambos gobernadores de Sonora hacia 1913 ( el segundo en sustitución del primero).

Pero en Chihuahua las cosas fueron distintas; al caer Francisco I. Madero grandes sectores de la burocracia y del Congreso se habían unido al levantamiento de Pascual Orozco en 1912 y apoyado a Victoriano Huerta en 1913. Por eso en Chihuahua desde el gobierno no se podía respaldar la revolución, el levantamiento popular encontró entonces en Francisco Villa a su dirigente. En 1913 Chihuahua había sufrido más que ningún otro estado del norte por los combates, la destrucción y la carestía; los grandes terratenientes estaban identificados con Orozco y Huerta; sin embargo Francisco Villa y sus dorados tenían una extracción social diferente a la de Venustiano Carranza y su ejército. Villa había sido mediero en una hacienda y posteriormente se convirtió en una especie de bandido justiciero, sus compañeros de armas eran gente de todas partes, generalmente vaqueros y peones, personas acostumbradas a andar sin rumbo que encontraron en el idealista Madero una figura a la cual seguir y en Francisco Villa un líder a quien obedecer.



De Doroteo Arango a Pancho Villa

El verdadero nombre de Francisco Villa era Doroteo Arango, hijo de Agustín Arango quien a su vez lo fue de Jesús Villa. Nació en el Municipio de San Juan del Río, Durango en 1878. Su padre murió joven y dejó sin recursos a su mujer y a sus cinco hijos, el menor de ellos era Doroteo. El muchacho nunca pudo ir a la escuela y con su trabajo en el rancho El Gorgojito propiedad de los hacendados López Negrete, se convirtió en el sostén de la familia. Posteriormente, harto de ello, se convirtió en célebre bandido local, hasta 1910 en que conoce a Francisco I. Madero y decide abrazar su causa. Sin embargo, no concuerda del todo con Madero a quien llegó a amenazar de muerte, aunque terminó pidiéndole perdón; luego su determinación y su fuerza atemorizarían tanto a Huerta como a Carranza. El primero estuvo a punto de fusilarlo acusándolo de robarse un caballo, Madero intervino y la pena se le cambió por cárcel; en la cárcel conoció al zapatista Gildardo Magaña quien le enseñó a leer y le habló del Plan de Ayala. Entonces fue trasladado a la prisión de Santiago Tlatelolco, ahí Bernardo Reyes quien se encontraba también preso, le enseñó un poco de historia patria y de civismo. Huyó de la cárcel en 1912, con ayuda de Carlos Jáuregui, escribiente del juzgado de la cárcel. En su huida llegó hasta El Paso, Texas. Doroteo Arango, al enterarse de la muerte de Madero, se acercó a Adolfo de la Huerta y a José María Maytorena quienes lo ayudaron en su rebelión. En septiembre integra la División del Norte del Ejército Constitucionalista y en noviembre de ese mismo año en rápidas y deslumbrantes acciones cae sobre Ciudad Juárez donde sorprende totalmente a los federales.



A ciudad Juárez le sigue la toma de Ojinaga, quedando Villa de esa manera con el control total de la zona noreste del estado. A finales de noviembre de ese mismo 1913, los asombrados norteamericanos encabezan sus periódicos con la leyenda: “Pancho Villa cabalga hacia la victoria”. Es el tiempo en que la fama de Villa había crecido hasta convertirlo en un héroe mítico, al que los norteamericanos filman sin ocultar su admiración. Villa por su parte respeta las propiedades y a los ciudadanos norteamericanos y se complace con la admiración que les despierta. Por esas fechas dos hombres comparten el afecto y la confianza del general, Rodolfo Fierro y Felipe Ángeles, cruel el primero hasta merecer el nombre del “Carnicero”. Educado e idealista el otro y magnífico artillero. En tanto se agudizan sus malas relaciones con Venustiano Carranza, con quien tiene una desastrosa entrevista a raíz del asesinato por Rodolfo Fierro del terrateniente inglés William Benton, propietario de la hacienda Los Remedios en Durango. En junio de 1914 Villa desobedece las órdenes de Carranza y toma la ciudad de Zacatecas. Villa deseaba desde ahí continuar su trayecto hasta la capital, pero Carranza le teme al fuerte y determinante Villa y manda bloquear el carbón para los trenes de su ejército. Lo anterior permitió que fuera el Ejército del Noroeste al mando del general Álvaro Obregón el que finalmente entrara triunfal a la ciudad de México el 14 de agosto de 1914.

Posteriormente Obregón fue enviado por Carranza para proponer a Villa que participara en la Convención Nacional y expusiera ahí sus demandas y propuestas.

El país de los campesinos que no pudo ser.

La guerra civil

Del 10 de octubre al 9 de noviembre de 1914 se realizó la Convención de Aguascalientes. El día 10 Villa concentró sus fuerzas en la cercana estación ferroviaria de Guadalupe, se presentó sorpresivamente en la Convención y se reconcilió con Obregón; regresó después a la estación referida. La mesa directiva de la Junta fue presidida por Antonio J. Villareal inclinado hacia Carranza y dos vice presidentes villistas; José I. Robles y Pánfilo Natera. En la Convención se manifestaron tres grupos; el carrancista bastante dividido y sin la representación oficial del Presidente; el del a Junta Permanente de Pacificación que encabezó Obregón; y el villista con Felipe Ángeles a la cabeza. Todos declararon soberana a la Convención y estamparon sus nombres en la bandera nacional; los zapatistas lograron que se aprobara el Plan de Ayala aun cuando no iban con representación oficial. Pero ahí Álvaro Obregón propuso el cese como Presidente de Venustiano Carranza y también el de Villa como jefe de la División del Norte, lo cual fue aprobado. Se nombró al maderista Eulalio Gutiérrez Presidente de la República y se nombraron dos comisiones para notificar a Villa y a Carranza las decisiones tomadas en la Convención. Villa dijo sarcásticamente que aceptaba los acuerdos y que estaba dispuesto a ser fusilado. Sin embargo el 2 de noviembre de ese mismo año tomó la ciudad de Aguascalientes. Eulalio Gutiérrez lo nombró entonces Jefe de Operaciones para combatir a Carranza que no había aceptado la propuesta del cese. El tres de diciembre de ese 1914 las fuerzas unidas de Francisco Villa y Emiliano Zapata rodearon la ciudad de México y el 6 de diciembre entraron triunfantes a la capital. A partir de ese momento, aunque impusieron a Gutiérrez en la presidencia se inició la derrota de ambos jefes. Ni Villa ni Zapata querían en realidad gobernar el conjunto del país. A Zapata lo que le interesaba era la realización del Plan de Ayala y Villa no se sentía capaz de ser Presidente. Ambos abandonaron la ciudad de México. Eulalio Gutiérrez por su parte fue incapaz de mantenerse en el poder. Más tarde Villa y Zapata se separaron, el pacto que habían firmado en Xochimilco quedó roto.

En abril de 1915 Obregón y Villa se enfrentan en Celaya. Villa no escuchó los consejos de Felipe Ángeles y perdió al emplear su táctica de agresividad abierta; a pesar que los primeros encuentros lo favorecieron. Obregón lo derrota de nuevo en León y en Aguascalientes; muchos de los suyos lo abandonan; el dinero que había ideado Villa, los bilimbiques, se desplomó y la inflación y la carestía azotaron los territorios que el caudillo todavía conservaba. Felipe Ángeles se separó de Villa el 11 septiembre y Rodolfo Fierro murió ahogado en la laguna de Casas Grandes. En octubre sus antiguos admiradores norteamericanos reconocen al gobierno de Venustiano Carranza. Las acciones de Villa se vuelven desesperadas, sin sentido y son cada vez más sangrientas.

"México, febrero 16, dejó Carranza pasar americanos, diez mil soldados trescientos airoplanos, buscando a Villa queriéndolo matar..."

De la guerrilla a la paz y al ajusticiamiento

A finales de 1915 peleó contra Plutarco Elías Calles en Agua Prieta, Sonora y pierde; lo mismo le sucede en Hermosillo contra Maytorena. Obregón tomó los bastiones villistas de Ciudad Juárez y Chihuahua en marzo de 1916. El perseguido Francisco Villa realizó entonces un acto desesperado, de venganza contra lo que sentía traición del gobierno de norteamericano que había reconocido a Carranza: ataca la población fronteriza de Columbus. Después del asalto es herido en un encuentro con el general Bertani; se ocultó durante meses en una cueva de Coscomate. La expedición Punitiva de los americanos al mando de John J. Pershing no logró encontrarlo. En diciembre de 1918 Felipe Ángeles vuelve a unirse al ejército villista y permanece con él hasta que es detenido y condenado a muerte.

Villa por su parte todavía pudo asaltar la ciudad de Sabinas en Coahuila. Posteriormente aceptó el pacto que le propuso Adolfo de la Huerta, en julio de 1920, siendo de la Huerta ya presidente provisional (primero de junio) después del asesinato de Carranza (21 de mayo). El pacto se realizó a través del general Eugenio Martínez. Los 759 villistas que quedaban acordaron entonces deponer las armas; se les premió con un año de haberes y a Francisco Villa se le otorgó la Hacienda de Canutillo; el 28 de julio de 1920 se rindieron Villa y sus dorados. Poco tiempo vivió Villa en su hacienda, el 20 de julio de 1923 fue víctima de una celada en la ciudad de Parral, murió acribillado a balazos sin poder defenderse. A su entierro acudió el pueblo y lo lloró.

El cadáver del general Villa.

Sepelio de Francisco Villa.

Pancho Villa, el agrarista

La concepción del reparto agrario de Villa fue diferente al propuesto por Emiliano Zapata en el Plan de Ayala. Zapata se proponía restituir tierras a los campesinos. Francisco Villa quería expropiar las grandes propiedades del los terratenientes y dotar con tierras a los soldados que hubieran combatido por la Revolución. Su proyecto se basaba en el ejemplo de las antiguas colonias militares que habían existido en Chihuahua, centros militares que combatían a los apaches y que a veces se aliaban con algunos hacendados considerados como “buenos”. El Estado entregaría tierras a los veteranos de la Revolución que las cultivarían sin dejar las armas ni abandonar su entrenamiento militar. Los soldados recibirían instrucción al igual que sus hijos. Cuarteles, granjas y escuelas serían los componentes de esas colonias militares que Villa proyectaba. En la práctica también se distinguió de Zapata. Los seguidores de Emiliano eran campesinos deseosos de recuperar su tierra; los de Villa eran vaqueros menos aferrados a la tierra; y los propios colonos militares que esperaban ser los primeros beneficiados con el reparto futuro. Villa expropia las haciendas por el momento no para repartirlas sino para administrarlas, de ellas obtiene el alimento que se necesita en las poblaciones, atiende fundamentalmente a los orfelinatos y a los niños y abarata los precios de los artículos de primera necesidad. Su idea de las colonias militares tiene su raíz en la forma de organización tradicional del campesino de Chihuahua. Villa había tenido vínculos estrechos con los habitantes de esas colonias y principalmente con los de San Andrés que lo apoyaron para iniciar el proceso revolucionario. Los campesinos de Chihuahua estaban hechos para combatir por su tierra; se ganaban el derecho a ella con las armas en la mano. Silvestre Terrazas y Federico Gonzáles Garza los intelectuales villistas contribuyeron a desarrollar las ideas sociales de Villa, que si bien se apoyaron en la expropiación agraria no se limitaron al campo, para Villa fue fundamental la ayuda a los pobres de la ciudad a través de los recursos que obtenía de las haciendas. Por ello creó la Administración General de Bienes Confiscados que confió a Silvestre Terrazas.

La rendición de Villa en Tlahualillo.

La Hacienda de Canutillo, en Durango.

Con uno de sus hijos en Canutillo.

Uno de los talleres creados por Villa.

El guerrillero también ponía la muestra en la herrería.

Maquinaria agrícola habilitada en la colonia militar de Villa.

Las mujeres en la familia de Pancho Villa.

Villa y Trillo. Los dos morirían ajusticiados en Parral el 20 de julio de 1923.

La vida de Villa en la hacienda de Canutillo no estuvo muy alejada del ideal de las colonias militares que un día confiara al periodista John Reed:

Cuando se cree la nueva república obligaremos al ejército a trabajar. En otras partes de la república fundaremos colonias militares compuestas de los veteranos de la revolución. El Estado les dará tierras y creará grandes empresas industriales que les proporcionarán empleo. Trabajarán tres días a la semana y trabajarán duro, porque el trabajo honrado es más importante que la lucha armada y sólo el trabajo honrado hace ciudadanos honrados. Los otros tres días de la semana recibirán entrenamiento militar y enseñarán a la gente a pelear. Así cuando el país se ve amenazado, bastará con una llamada telefónica desde el palacio de gobierno en México y en medio día todo el pueblo mexicano se levantará en sus campos y en sus fábricas, completamente armado y bien organizado a defender a sus hijos y a sus hogares.
Mi ambición es vivir mi vida en una de esas colonias militares, entre mis compañeros a quienes quiero y que han sufrido tanto y tan hondo conmigo.

Villa pasó en efecto los últimos años de su vida al lado de sus compañeros más fieles; pero no en la paz que deseaba sino temeroso de una emboscada que al final fue lo que terminó con su vida. Las colonias militares no habían de fructificar en México.

Bibliografía

Adolfo Arrioja Vizcaino, La muerte de Pancho Villa y los Tratados de Bucareli. Ed. Océano. México. 2015.

Armando Ruiz Aguilar Armando Ruiz Aguilar, Nosotros los hombre ignorantes que hacemos la guerra. Correspondencia entre Francisco Villa y Emiliano Zapata, Ed. CONACULTA. México. 2010.

Enrique Krauze, Entre el ángel y el fierro, Francisco Villa, Ed. Fondo de Cultura Económica, México. 1987.

Francisco Villa, El ejército constitucionalista división del norte: manifiesto del General Francisco Villa a la Nación. Ed. Porrúa. México. 2007.

Friedrich Katz, La guerra secreta de México, Ediciones, Era. México. 1986.

John Reed, México insurgente, México, Porrúa, 1968.

Viernes, 22 Julio 2016 00:00

Pose: Fotografía de moda México hoy

Mundo Nuestro. Rubén Aguilar, comunicador y politólogo, un tiempo jesuita, ha sido impulsor de de una veintena de organizaciones de la sociedad civil, entre ellas el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMFI), FunSalud y consejero del Instituto Nacional de Nutrición Dr. Salvador Zubirán. Fue consejero de empresas como Grupo Carso, Grupo Alfa y Cinépolis.Licenciado en Filosofía (1969-1972), y un tiempo participó como vocero del gobierno de Vicente Fox. Es Maestro en Sociología (1975-1978), y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana (1985-1987). Con este texto inauguramos en nuestro portal su participación como colaborador. Bienvenido.



Pose, la exposición que presenta el Foto Museo Cuatro Caminos, en Naucalpan, reúne 120 imágenes en gran formato, de 17 fotógrafos y colectivo que están a la vanguardia en el trabajo que se hace para las revistas de moda en México y el mundo. Está curada por Gustavo Prado y Melissa Valenzuela. Se exponen trabajos de: Alex Córdova, Anairam, Krom Mag, Donovan Quiroz, Dorian López, Germán Nájera, Iván Flores, Iván Aguirre, Juan Hernández, Karla Lisker, Marcelo Chávira, Salvador Hernández, Santiago & Mauricio, Tony Solís, Giancarlo Cruz y colectivo Dementes.

Los curadores plantean que “esta exposición no define territorios, muestra una fotografía de moda en México hoy: conscientes de lo que pasa afuera y que sale de los terrenos manoseados de un mundo editorial- moda demasiado conservador. Una foto sexy, que en atisbos intuye otros tipos de belleza y juego un poco con géneros e identidades pero tiene la importancia del AHORA. Algunos de estos autores son la punta de lanza de la creatividad desde México, para el mundo, han lanzado revistas independientes, desarrollan proyectos fuera del circuito del gran arte que renuevan los lenguajes desde una perspectiva juvenil”.



Y añaden que “la fotografía moda no pretende tener el criterio de verdad del documentalismo, ni la profundidad psicológica de la fotografía construida. Es por eso que resulta más lúdica, ligera y experimental, es el laboratorio de nuevas definiciones de género y el espejo del cambio social. En ella los motivos son la belleza, el estilo y la esencia de la moda. Ahora, en el ocaso del editorial impreso, este tipo de fotografía es tan libre como su manifestación instagramera y capaz de convocar a un público que likea sin parar, compartiéndola y haciéndola suya”.

Recorrido: En la vista que hice todas los trabajos me provocaron y llamaron la atención. De manera particular: Una fotografía de la Serie Collapse P1, 2015, de Juan Fernández; una fotagorafía de la Serie Wage, 2015, y de la Serie Serventies, 2015, de Dónovan Quiroz; la fotografía Ferpection, 2015, de Tony Solís; una fotografía de la Serie No Future, 2014, de la Serie Avant, 2013, y de la Serie Religión, 2013, de Iván Aguirre. También me impactaron fotografías de Karla Lisker, Germán Nájera-Iván Flores; Santiago & Mauricio; Dorian López y Krom Magazine.

Comentario: La fotografías expuestas, como lo dicen los curadores, “multiplican la promesa de un trinomio moda-editorial-imagen que busca consolidarse. Traen aire fresco a la fotografía desde otro punto de vista y a su vez sólo aquellos fotógrafos que escapen de las imágenes soft de los medios convencionales, serán los que puedan retar al tiempo y convertirse en nombres legendarios. Serán parte de un imaginario mayor, en el que como siempre van de la mano foto y vestido, provocando sueños y aspiraciones en la imaginación del espectador”. Las imágenes me impresionaron mucho. Me sentí frente algo fresco y distinto. Algunas de las fotografías me provocaron e inquietaron. Me plantearon preguntas sobre el propósito de los autores y también sobre quiénes son los modelos, cómo viven y qué piensan. Hay una manera nueva de proponer los cánones de belleza y también de enfrentar el retrato. Hago mía las palabras de los curadores cuando plantean que “en el amplio mundo de la fotográfico, la fotografía de moda es la que ha roto esquemas y ha expandido las fronteras de la imagen. En otros siglos, la pintura por medio del retrato, abusaba de ´la pose´ como medio para exhibir la grandeza de los personajes y subrayar el rostro de la belleza desafiando al tiempo”. La exposición esta muy bien montada. Las fotos de gran formato con una gran calidad de resolución. Las paredes de colores. Los espejos, entre las fotografías, donde uno se puede ver. Lo videos y la pasarela. Las fichas técnicas que dan cuenta de lo complejo de cada fotografía donde intervienen muchas personas (maquillistas, peluqueros, modistas, productores). Visité la exposición el día de la inauguración. El museo estaba lleno de jóvenes, como los fotógrafos y los modelos. Muchos de los asistentes podían ser también los modelos. Un tipo de belleza y de vestir. Un estilo y una moda. El ambiente era de fiesta. La música de un DJ, los visitantes que con celulares tomaban foto de las fotos o posando junto a las fotos, la conversación animada sobre lo que veían. Pedro Meyer, el alma del magnífico proyecto del Foto Museo de Cuatro Caminos, a través de su fundación y del impulso al equipo que lo gestiona, me ampliaba el horizonte y me proponía claves para comprender mejor lo que estaba viendo. Una generación de fotógrafos jóvenes con una alto nivel de calidad técnica y plástica, con una gran imaginación, que se han abierto espacio en el mundo de la fotografía de la moda en el mundo. Algunos trabajan en Milán, París o Nueva York. Es una gran exposición. Digna de cualquier gran museo de arte contemporáneo en el mundo. La disfruté y me dijo mucho. Pude felicitar a sus curadores. La exposición va a estar hasta finales de agosto.

48 de cada cien personas en Guatemala tiene menos de 18 años. “Veo un país con mucha delincuencia y bastante pobreza, no podemos hacer nada para salir de ese problema”, afirma Blanca Estela Julajuj Bocel, estudiante de primero básico, de la aldea El Tablón, Sololá, dentro de un conjunto de testimonios de jóvenes publicado por Prensa Libre en ese país. “¿Por qué los jóvenes no hacemos algo contra la violencia? ¿Por qué no escuchamos? ¿Por qué no nos damos cuenta de que estamos llorando todos en silencio?”, se pregunta el joven Julio Barrutia, director de la organización cultural “Ixtab Alob”. Su pregunta igual vale para nuestro país, pues pareciera también que aquí tampoco vale la memoria.

Al igual que en México, no es fácil ser joven en Guatemala. La falta de trabajo y la violencia son endémicas. En buena medida, las familias dependen de las remesas que envían más de millón y medio de migrantes en Estados Unidos. Entre el crimen organizado, la delincuencia juvenil y la añeja “limpieza social” que practican militares y policías muchos jóvenes pierden la vida en un país acostumbrado a muerte violenta. Cuánto se parece a México.

Recordamos aquí la voz de Pedro Estuardo García, joven guatemalteco, estudiante de derecho en la Universidad de San Carlos, que llegó a la ciudad de México huyendo del horror en su país en 1983, año en que lo entrevisté. Sirva su memoria para tratar de entender que los países guardan una historia compleja que se pierde con el paso del tiempo. Sólo se escucha de maras y mafias y poco se dice de la perspectiva histórica que explica los derroteros de una realidad que nos parece incomprensible. Cuánto nos parecemos a Guatemala.



(Foto de portadilla tomada de http://www.mdgfund.org/es)

Mirá vos, recién llegué a México, aquí al Distrito y me sorprendí. Esta ciudad no se acaba nunca. Por donde sea hay luz, anuncios comerciales con lucecitas que se mueven y esas cosas. De eso, hay poco por allá, en Guatemala. Bien a bien, sólo tenemos dos ciudades, Guatemala, la capital y Quetzaltenango. Yo soy de allá, de la capital del barrio La Betania. Me vine de jalón hasta acá, no sé ni cómo pasé la frontera. Antes los muchachos se iban a Estados Unidos de debajo del agua, sin papeles y pasaban desde Chiapas a Tijuana a puro jalón, tranquilamente. En estos tiempos ya no, hay mucha vigilancia. Peor bueno, llegué. Me vine después del ocho de agosto, cuando subió al poder el general Mejía Víctores (gobernó del 8 de agosto de 1983 al 14 de enero de 1986). Él formó una cosa que le llaman el Broe, son fuerzas militares. Hacen redadas en los barrios, pasan a ametrallar, te bajan de los camiones y te piden identificación, si no la traes te meten a la cárcel o te quiebran allí mismo. A eso le llaman Operación Pulpo. Uno de esos días de agosto, andaba yo con la mara (la bola, la pandilla) en la parada del camión, comiéndose un rellenito (frijoles envueltos en masa de plátano macho, frito), cuando llegaron los de la Operación Pulpo y nos subieron a todos. Yo sí traía mis papeles, ero por ser estudiante de la Universidad, de derecho, me golpearon y me amenazaron, por eso mejor jalé para acá.

Desde mediados de los años setenta, en poquito tiempo, todo empezó a cambiar en los barrios. Allá en la capital, en los alrededores, hay muchos barrios pobres. Allí van a dar los pobladores, que vienen del campo a buscar chance, a ir al brete, o los que ya tienen chance en la capital, aunque sea de vendedores en la calle. Los barrios más conocidos son La Betania, Las Galeras, la 4 de Febrero. Mirá vos, allá en mi barrio, la cosa era bonita antes de tanto chafarete (nombre despectivo dado a los militares). Los jóvenes estábamos organizados en grupos juveniles que impulsaba la Iglesia. Otros en organizaciones estudiantiles –pero esos eran los menos--. Había antipatía por la política, era una cosa sucia donde más valía no meterse. Más bien, los jóvenes hacíamos mara en las esquinas, la cotorreábamos. La colonia se divide en sectores, los de la X, los de la doble R. Y había, mirá vos, como dos sectores en la colonia; los que estaban más arriba, por lo menos tenían centavos para mandar a sus hijos al a escuela, los de abajo, más bien no. Allí, claro, también había pandillas de ladrones, como la del Toto, pero nunca se metían con la gente del barrio. El Toto había sido encarcelado varias veces, lo respetaban mucho por su experiencia. Todos los de su pandilla se drogaban sólo con pegamento, de ese de zapatero, no les alcanzaba ni par la mariguana. Eso sí, nunca les robaban a los del barrio, había respeto. Una vez, me gana la risa, me agarraron por ahí los del Toto y pensé que me iban a robar; pero no, nomás me pidieron que les ayudara a cargar lo que se habían robado de quién sabe dónde. Y es que hay mucha miseria en Guatemala, mucha injusticia. Entre las pandillas, si había pleitos, pero no muy gruesos. Cuando se ponía buena la cosa era en el futbol. Jugábamos en una terracería, puro barro, la cancha era inclinada y estaba a la orilla de un barranco. Cuando se iba la bola el que la alcanzara de nuevo era el que sacaba; había que echarse una buena carrerita. Más o menos en 1976, los campeones eran los del equipo de los Cremas y el de la Esfera. Esos chavos sí tenían tiempo para entrenar. No que los de Sacol, por ejemplo, que era el equipo de una aldea indígena, en las orillas del municipio de Guatemala, siempre perdían. Llevaban los trabajos más pesados y mal pagados en la capital. Los de Sacol, hasta hablaban en su lengua, el Kakchiquel, apenas les entendíamos su español. Los mejores jugadores eran El Chano, y el Robanales, el primero era el estudiante, el Robanales no, ese sí trabajaba.

Entre semana, la mara se reunía en la Parada, y jalábamos en algún purrum, a algún toque (fiesta con música). Por entonces había buenos conjuntos rocanroleros. A la mara, al a bola, no le gustaba mucho bailar con marimba. Mejor otro tipo de música. Ya luego los conjuntos fueron desplazados por los sonidos y empezó la onda de la música disco. Ya para entonces pedían identificación para entrar al baile y donde quiera había vigilancia.



En el barrio, las cosas empezaron a cambiar, yo creo que en el ´76, cuando lo del terremoto. Hubo mil muertos. Sólo se cayeron las casas de adobe, las de los pobres. Allí en La Betania, los jóvenes empezaron a formar brigadas; para sacar a los heridos, para levantar las casas, para ayudar a la gente. Hubo mucha solidaridad. Los del barrio de arriba ayudaron a los de abajo y por unos días todo mundo se olvidó de todo. El gobierno formó un Comité de Emergencia Nacional. Estaba compuesto por militares. Ayudaban y vigilaban, eso es lo que hacían. Luego las cosas, la vida en el barrio, volvió más o menos a la normalidad. Pero en el ´78, otra vez se puso fea la cosa. Fue cuando el gobierno incrementó cien por ciento el precio del pasaje suburbano. La gente empezó a quemar los buses, a enfrentarse a pedradas contra la policía. Había mucho descontento y hubo varios muertos. Pero todos los jóvenes le entraron. Allí en mi barrio, a pura pedrada, mantuvimos a raya a los militares tres días. Y en la mera capital, estudiantes, pandillas, grupos juveniles, todo el mundo se fue a quemar los “pollos camperos”, que son como los vips de acá. Había mucha hambre. A puro frijol, arroz y tortilla vive la gente. Total que volvieron a bajar el precio del pasaje. Se terminó el coraje y ya, todo a la normalidad, dizque. Porque ese mismo año, en 1978, se desató la represión; asesinaron a líderes estudiantiles, a chavos de barrio, a profesionistas, a sacerdotes. Fue cuando se creó el Escuadrón de la Muerte y el Ejército Secreto Anticomunista. Empezó el terror. La gente cerraba temprano las ventanas de su casa. En 1980, el Escuadrón se metía a los barrios a ametrallar al a mara de la parada, a los chavos de las pandillas. A las siete u ocho de la noche llegaban camiones llenos de policías a hacer redadas. Después ya lo hacían en domingo y hasta las 11 de la mañana. Todo el mundo se encerró con llave en sus casas. Luego, cuando subió Ríos Montt, en el ´82, fue peor. Puso el Estado de Sitio. La reunión de tres gentes, sin autorización estaba prohibida. Desaparecieron las pandillas de las esquinas.

Había que pedir permiso para hacer una fiesta. Los toques, son los sonidos, estaban casi vacíos. Empezó la vigilancia de día y de noche. A los chafaretes (militares) se les veía por todos lados. No podías ir a dar la vuelta con tu traída (chava), ni siquiera cantinear (ligar, coquetear), en la calle. Yo creo que por eso, los de la barriada empezaron a admirar a la guerrilla. Desde 1978 hasta finales del año pasado, 1983, estuvo presente en la capital. Secuestraban a algún ricachón, y como recompensa pedían que se publicara un campo pegado (desplegado), y que se tuviera acceso a la radio y la televisión. Y sí, allí los de la guerrilla explicaban los actos que había hecho el fulano contra el pueblo. Y hablaban de sus objetivos: la organización del pueblo, la lucha por mejores condiciones de vida, por una Guatemala democrática y libre, y por la unidad de indígenas y ladinos. Esos son algunos de los puntos de los que me acuerdo. Pero la gente tiene mucho miedo, fíjate ya todos desconfían de todos. A cada rato hay redadas militares y Operación Pulpo. Casi en cada esquina te bajan del camión para revisarte, para pedirte los papeles. Casi siempre agarran a muchos y se los llevan.

Yo ni siquiera le pude avisar a mi traída (novia) que me iba a venir como fuera, para México. Dejé a la mitad la carrera. Sólo mis papás saben que jalé para acá. Y es que, para qué se queda uno, todos los días te amenazan de muerte. Se acabó la vida del barrio. Sólo siguen algunos partiditos de fut, pero están controlados por el ejército. Tienen fichados a los jugadores, todo el tiempo en la mira, y ya casi no hay equipos por cuadra, de los de la X, la doble RR, los equipos de la barriada. Y mira vos, si extraño a mi barrio, a La Betania y a los amigos. Pero ya qué, se acabó la vida en el barrio.

Hace cuarenta años, en las primeras horas del 16 de julio de 1976, el Ejército tomaba las instalaciones de la Compañía Federal de Electricidad y del INEN (Instituto Nacional de Energía Nuclear) donde laboraban los trabajadores afiliados a la Tendencia Democrática del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (TD-SUTERM) para impedir el estallamiento de una huelga acordada por el Consejo Nacional de esa agrupación obrera. El paro de labores había sido una medida extrema que se tomó después de más de cinco años de una lucha constante por conseguir el reconocimiento de una dirección legítima para el gremio electricista.



El conflicto se había originado años antes. En 1960, el Presidente López Mateos había decretado la nacionalización de la industria eléctrica, poniendo fin a la operación de las últimas compañías extranjeras que prestaban el servicio en el país. Así nació el STERM (Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana). Pero no era el único. Otros dos sindicatos importantes también afiliaban a un número considerable de electricistas: el SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) y el Sindicato Nacional de Electricistas, afiliado a la CTM. Entre este último y los dos primeros, había una diferencia muy importante. El Nacional era un sindicato charro, sin democracia interna y con una directiva completamente doblegada a los intereses del gobierno. Por su parte, el STERM y el SME, mantenían un margen de democracia mucho más amplio y una vida interna más intensa. Había voces disidentes del gobierno que se proponían una reestructuración de la industria eléctrica bajo una perspectiva nacionalista y menos plagada de corrupción. Una de esas voces era la de Rafael Galván secretario general del STERM. No fue extraño entonces que el sindicato afiliado a la CTM, el Nacional, comenzara muy pronto una violenta campaña para tratar de hacerse del contrato colectivo de la industria eléctrica, excluyendo a los otros dos sindicatos. El problema hizo crisis en 1971 cuando un grupo de pistoleros de este sindicato agredieron a los del STERM. Encabezados por Galván, los trabajadores democráticos desataron una gran movilización a nivel nacional para defender a su organización. En más de cuarenta ciudades del país se llevaron a cabo diversos actos de protesta. Al año siguiente, el gobierno convocó a un Pacto de Unidad entre el STERM y el Nacional que dio lugar al SUTERM (Sindicato único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana). Pero la unidad duró poco tiempo pues traicionando el Pacto, los dirigentes del Nacional decidieron expulsar en 1975 a todas los representantes del antiguo STERM incluyendo a Galván. Los electricistas democráticos volvieron otra vez a las calles y formaron la Tendencia Democrática del SUTERM. El gobierno decidió combatirlos y reprimirlos y dar todo su apoyo y reconocimiento a la dirección espuria del Nacional. Acosados por una violencia cada vez mayor, la Tendencia Democrática decidió la huelga.



A pesar de que la resistencia siguió varios meses, miles de trabajadores fueron despedidos, otros jubilados por la fuerza y el movimiento fue liquidado.

La lucha del STERM y de la Tendencia Democrática tuvo una gran importancia histórica. Junto a los electricistas, la década de los setentas atestiguó un incremento significativo de los conflictos obreros, dando lugar a lo que se conoció como el período de la insurgencia sindical. Cientos de organizaciones y miles de trabajadores se levantaron por la democracia y la independencia de sus sindicatos y por nuevas conquistas para la clase obrera.

La insurgencia sindical abarcó a muy distintos gremios: electricistas, ferrocarrileros, mineros – metalúrgicos, textiles, automotriz, universitarios, telefonistas, de la construcción, de la industria farmacéutica, del calzado, refresquera, etc. Abarcaron casi toda la geografía del país. Incluyeron a empresas de la pequeña y mediana industria, pero también a los grandes establecimientos y conglomerados industriales de la industria privada y púbica. Dieron lugar, también, al surgimiento de nuevas tendencias sindicales y formas de organización obrera. Junto a otros sectores populares y campesinos, surgieron frentes amplios de luchas regionales y nacionales. En 1975 se creó el Frente Nacional de Acción Popular (FNAP).

De esas batallas, no todos los sindicatos independientes fueron liquidados. El Sindicato de Trabajadores Telefonistas de la República Mexicana (STRM) logró consolidar una dirección democrática en 1976. Los trabajadores de la industria nuclear también lograron consolidar su sindicato, el SUTIN, a pesar de haber pertenecido a la Tendencia Democrática. Luego, los trabajadores universitarios se fueron a la huelga en 1977 y fueron reprimidos, pero lograron crear el STUNAM y el reconocimiento y la firma de su contrato colectivo. Y, de manera significativa, a finales de esa década, otra fuerza resurgió en el panorama sindical para ya no abandonarla: el movimiento magisterial.

En 1979, la protesta de los maestros se inició en Chiapas y unos meses después se unieron los maestros de Oaxaca, Guerrero, Hidalgo y del Valle de México y las secciones del Distrito Federal. A partir de entonces, el movimiento magisterial agrupado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la educación (CNTE) se convertiría en un protagonista destacado de los movimientos de resistencia y protesta contra el neoliberalismo y por la democracia sindical.

La Tendencia Democrática también tiene un lugar destacado en la historia por sus aportaciones programáticas. En abril de 1975 dio a conocer un amplio programa de transformaciones políticas, sociales y económicas del país. El documento, conocido como la “Declaración de Guadalajara”, es un documento de gran importancia que, de alguna manera, puede considerarse como el antecedente político y programático de otra tendencia democrática, la que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.

Para rescatar la memoria de esas jornadas, el sábado 16 de julio pasado, un amplio grupo de trabajadores, convocados por el SUTIN y el Instituto de Estudios Obreros Rafael Galván, entre los cuales estuvieron algunos dirigentes y activistas sindicales que vivieron aquellas jornadas, se reunieron precisamente en la que fue la sede principal del STERM y de la Tendencia, y centro principal de apoyo de la insurgencia sindical de los setentas, hoy Casa de la Cultura Galván administrada por la UAM.

En dicho evento, se recordó que la lucha de la TD del SUTERM abrió muchos caminos. No fue solo un antecedente histórico de movimientos y organizaciones como la CNTE o la UNT, o de otros esfuerzos políticos por la democracia en México. Fue también una ruptura ideológica y política de una parte importante del movimiento obrero mexicano con el Estado. A partir de entonces la independencia y la democracia sindical se convirtieron en sus bases programáticas.

Rafael Galván en un dibujo de 1980 realizado por Naranjo.

En un Manifiesto publicado por la Tendencia Democrática y redactado por Galván en 1976, recogido en un libro coordinado por Raúl Trejo donde se compendian varios textos del dirigente electricista, se encuentra este párrafo:

“De la experiencia adquirida y de la profunda convicción programática derivan nuestra energía, nuestra tenacidad, nuestro coraje, nuestra profunda fe en la victoria final del proletariado… aunque lo que hoy se llama tendencia democrática de los trabajadores electricistas tengan que pagar en nuestra tierra, en México, el precio que suele cobrarse a quienes se obstinan en batir el tambor del alba cuando la noche aún no se retira”

Estas mismas palabras podrían ser pronunciadas hoy por el movimiento magisterial y muchas otras luchas de resistencia popular que se dan en toda la geografía mexicana. No sabemos qué tan larga será todavía este período de tinieblas, pero esos trabajadores siguen siendo obstinados, enérgicos y corajudos para lograr un país más justo y más democrático.

Twitter: #saulescoba

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Una mirada más abierta en el mapa ayuda a entender el difícil trance que vive esta estratégica región productora de agua y biodiversidad, desde los bosques templados en los límites del altiplano, pasando por las cañadas de bosque mesófilo en el territorio totonaca, hasta las selvas tropicales cercanas a la sabana de la costa veracruzana. Un enredo de ríos y barrancas que van a dar al mar luego de atravesar en caída libre los pueblos serranos desde Huauchinango hasta Teziutlán. Los ríos Pantepec, Necaxa, Ajajalpán, Zempoala y Apulco, alimentados por infinidad de afluentes e iluminados por innumerables aldeas y pueblos colgados de barrancas o asentados en sus vegas. Ahí está la Sierra Norte de Puebla, con su compleja urdimbre de diversidad biológica y pueblos originarios, un territorio que no resuelve sus añejos problemas de pobreza y marginación y de la que penden riesgos ambientales provocados por proyectos industriales impuestos por una lógica capitalista implacable: los que ya sufrió por la explotación histórica del café y el ganado que devastó la selva tropical; y los que sufre ahora por la explotación minera del feldespato en la región de Zacatlán y el ilusorio boom petrolero en la mesa de Metlaltoyuca en los municipios de Francisco Z. Mena y Venustiano Carranza.



La Sierra Norte de Puebla: compleja urdimbre de biodiversidad y pueblos originarios. Se señala la región de Hueytamalco, muy cercana ya a la región costera de Veracruz.

Con un acercamiento a sus riesgos y conflictos ambientales



La economía de subsistencia, añeja, inextinguible, la del maíz. En esta vista los campos de cultivo en las cañadas de Tepetzintla.

Las plantaciones de café como expresión del monocultivo agroindustrial. A la vista, Monte de Chila, en el municipio de Jopala, uno de los de más alta marginación en el país.

Como el boom de la explotación petrolera en la Mesa de Metlaltoyuca y la amenaza latente por el uso del fracking como técnica de extracción. Los cuadritos blancos son justo los pozos petroleros perforados entre el 2010 y el 2012 por compañías extranjeras contratadas por PEMEX.

Y la explotación de feldespato para la industria de vidrio y cerámica en las cañadas de la región de Zacatlán-Ahuacatlán.

O los proyectos hidroeléctricos en los ríos Ajajalpan, Zempoala y Apulco. En la gráfica, el propuesto por el Grupo México en el primero de los ríos mencionados.

VER: HIDROELÉCTRICAS EN LOS RÍOS DE LA SIERRA

Y los proyectos mineros en Tetela, Ixtacamaxtitlán y Zautla, como el actualmente detenido en Tetela y promovido por el Grupo Carso del empresario Carlos Slim, que abriría un agujero de dos kilómetros y medio a lo largo por la explotación a cielo abierto y el uso del cianuro para la producción de oro y plata.

VER: CONFLICTO MINERO EN TETELA

CONFLICTO MINERO EN ZAUTLA

CONFLICTO MINERO EN IXTACAMAXTITLÁN

Riesgos y conflictos existentes y por venir que contrastan con la valoración de la biodiversidad realizada por los científicos de la CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento y Conservación de la Biodiversidad en México), el organismo federal creado precisamente para fundar las políticas de conservación ambiental que demanda nuestro país, y que bien se ejemplifican en su necesidad si se atiende a regiones como la de la Sierra Norte de Puebla. Las gráficas siguientes documentan lo mucho que ya sabemos en México de regiones como la que involucran proyectos de desarrollo económico como el de la acuicultura, que podrían sostenerse mucho más desde el marco de una política estratégica para la conservación ambiental y el desarrollo social.

  1. P.F.V. la Cuenca Hidrográfica del Rio Necaxa. Es Zona de Protección Forestal Vedada.

http://regiongolfodemexico.conanp.gob.mx/rionecaxa.php#.V5ELIM6cHMO

Región terrestre prioritaria. Bosques Mesófilos de la Sierra Madre Oriental.

http://www.conabio.gob.mx/conocimiento/regionalizacion/doctos/rtp_102.pdf

Sitios terrestres considerados prioritarios por la CONABIO.

http://www.biodiversidad.gob.mx/publicaciones/versiones_digitales/Planeacion2011.pdf

Me detengo en el tema Sitios prioritarios acuáticos epicontinentales. Dice CONBIO: “Las aguas epicontinentales de México poseen una amplia variedad de ecosistemas, los cuales sustentan una diversidad de especies nativas de flora y fauna, que necesitan ser preservados por su importancia económica actual y potencial. La crisis del agua tiene repercusiones graves en la estructura, composición y funcionamiento de los ambientes acuáticos. Ante esta perspectiva, la identificación de sitios prioritarios para la conservación es una herramienta útil para dirigir los esfuerzos de rehabilitación y manejo sustentable.” Fuente. CONABIO-CONANP, 2010.

Y más en detalle, para la CONABIO la región de Hueytamalco está entre las Áreas de importancia para la conservación de las aves: “El objetivo primordial de las AICAS es identificar las áreas que son excepcionalmente importantes para la conservación de las aves, con la finalidad de proteger diversas especies al mismo tiempo. La delimitación de las Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves (AICAS) se basó en la experiencia de alrededor de 40 especialistas, que propusieron de manera definitiva 218 áreas a nivel nacional. Fuente.” CIPAMEX-CONABIO. 1999.

¿En qué medida todo este conocimiento podría estar asociado a las organizaciones sociales y de gobierno que actúan en las regiones como Hueytamalco? ¿En qué medida los programas acuícolas, que tienen su sustento en el buen manejo de los recursos hidráulicos, podrían formar parte de políticas públicas de conservación ambiental y recuperación forestal con una visión estratégica de verdadero largo plazo?

Sobre regulación a la Acuacultura de aguas interiores

Hace 25 años que me dedico a la acuacultura. A principios de los 90’s tuve la oportunidad de trabajar en un centro acuícola productor de trucha en la Sierra Norte del estado de Puebla. En aquél tiempo los Centros Acuícolas de la entonces Secretaría de Pesca tenían como una de sus funciones distribuir gratuita y masivamente, entre los productores, las crías que los Centros Acuícolas producían en todo el país. De este modo se obsequiaban sobre todo especies como la Trucha, la Tilapia y el Bagre, entre otras, cuyo consumo y producción se proponía fomentar para poblar embalses de todo tipo, desde pequeños hasta lagos, lagunas y ríos.



Toda esta actividad realizada a nivel nacional, reitero, fue promovida por las dependencias gubernamentales. Las regulaciones por parte del Gobierno eran mínimas, así como los apoyos, sin embargo, tuve oportunidad de ver como se instalaron muchas pequeñas granjas acuícolas, de las cuales varias de ellas siguen produciendo y han sido fuente de empleos, han generado arraigo en las pequeñas localidades (muchas de ellas de alta y muy alta marginación) y he visto como en no pocos casos han dejado de dedicarse a la tala de árboles para ser acuacultores y cuidar el agua.

Cuando después de un proceso de titubeos e indecisiones, finalmente la Acuacultura y Pesca llegan a la SAGARPA, con esto entran a las “grandes ligas” de los apoyos gubernamentales, pero conjuntamente también a las grandes y excesivas regulaciones. Actualmente el sector acuícola es el más regulado de todos aquellos que se dedican a las actividades de producción primaria, y pienso que estas regulaciones, tanto ambientales como de otro tipo, obedecen a que hubo un enorme crecimiento de las Granjas Camaroneras del noroeste del país y nunca pensaron en el pequeño productor rural de aguas interiores, por lo que ellos, que producen alimentos con proteínas de excelente calidad en localidades marginadas, que generan una cantidad importante de empleos directos e indirectos, que promueven el turismo local. A esos pequeños productores se les está aplicando todo el “rigor de la ley” y son acosados con el argumento de que “contaminan” y causan daños al medio ambiente”.



Es indignante ver como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente PROFEPA está imponiendo multas a pequeños productores de Tilapia en la Sierra Nororiental del Estado de Puebla, en específico del Municipio de Hueytamalco (entre otros), para exigirles que, después del pago de una multa, la cual puede ascender de 100 a 3000 salarios mínimos (dependiendo del criterio y hasta del humor de quien califique esta multa), presenten un estudio de “daños”, y luego una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que cuesta de $20,000 a $30,000.00 con el respectivo pago de Derechos, que asciende a casi $40,000.00, para que pueda trabajar en una actividad lícita y en un terreno de su propiedad. Me parece una incongruencia y una injusticia que una persona de escasos recursos tenga que desembolsar casi 70 mil pesos para poder trabajar honestamente.

Los argumentos de los funcionarios que han diseñado y ejecutado estos planes son más o menos los siguientes: en el caso de la Tilapia dicen que es “una especie exótica e invasora”, cuando desde los años sesenta el Gobierno de la República fue quien la introdujo en la Presa El Temazcal en el Estado de Oaxaca y de ahí se distribuyó por todo el País. Si aplicáramos estrictamente la lógica de este argumento no podríamos comprar chivos ni borregos ni vacas ni caballos, pues estrictamente hablando todas ellas serían “especies exóticas”. La PROFEPA debería ir a revisar, también en la Sierra Nororiente, específicamente en Teziutlán, la actividad altamente contaminante de las maquiladoras de ropa que vierten sus desechos químicos en los ríos, tantos y tan tóxicos que cambian el color de las aguas; debería supervisar a todos los Municipios que tiran sus desechos al agua sin plantas de tratamiento… o si las tienen están descompuestas. En fin, hay mucho trabajo que realizar en beneficio del medio ambiente, pero éste se debe realizar con inteligencia y honestidad, sin corruptelas que desvíen la atención hacia pequeños productores realmente inofensivos que se esfuerzan, ellos sí honradamente, en mantener una actividad que tiene un impacto benéfico a nivel local. Necesitan apoyo, no requisitos que los estrangulen y los conduzcan a cerrar sus pequeños negocios.

En el mes de abril pasado, dos granjas productoras de Tilapia de la Sierra Nororiental, del Municipio de Hueytamalco, Puebla, las cuales por cierto tienen más de 5 años de tener un reconocimiento en Buenas Prácticas de Producción Acuícola, es decir son un ejemplo a seguir por otros productores, cierran sus operaciones debido a las multas y regulaciones ambientales: ¡¡Felicidades señores funcionarios por este logro!! Su calidad como “Servidores Públicos” es inigualable, sigan así, cerrando y terminando con fuentes de empleo, sigan adelante pensando que con estas acciones combaten la contaminación.

Fidel Glockner correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Sergio Aburto, campesino de la Sierra Norte convertido en piscicultor, señala el tanque de los alevines y me dice con la mirada de quien ve perder un sueño:

“Este año ya no sembré, ya no me la juego, si no se resuelve la autorización con el gobierno, mejor cierro la granja.”



Sergio Aburto: en sus manos la que debiera ser una actividad económica estratégica para el desarrollo de la economía y la conservación de la naturaleza en las serranías calientes del norte de Puebla.

Su granja “El Piñal”, en la que su familia ha invertido en la última década alrededor de medio millón de pesos, tiene seis estanques construidos en su propiedad ejidal a la vera de un arroyo cristalino que entra en lo que la Federación denomina “aguas nacionales”; en ellos produce al año cerca de tonelada y media de tilapia para el mercado local en el municipio de Hueytamalco.



Una granja que fue resultado de un programa gubernamental pensado como alternativa a la producción agropecuaria tradicional –maíz, un tiempo el café y ahora los cítricos y el ganado—que ha acabado con las selvas tropicales en los lomeríos que bajan a la costa desde el enredo de montes de la Sierra Norte de Puebla. Granjas que, sin embargo, no cuentan con las concesiones de agua reglamentarias ni pasaron nunca por la más mínima consideración del impacto ambiental que pueden generar sobre la fauna nativa de los arroyos y ríos serranos.

La suya es una de las más de setecientas granjas piscícolas en el estado --productoras sobre todo de trucha y tilapia, ambas especies introducidas—que en las últimas décadas se han desarrollado en Puebla y que no acaban de consolidar un proceso económico generador de empleos y riqueza colectiva en armonía con la naturaleza.

Granjas a las que finalmente ha llegado el otro brazo del gobierno, el que representa el cuidado del medio ambiente y que por siglas lleva SEMARNAT, y que por brazo regulador tiene a la PROFEPA, que de cuando en cuando llega con sus sellos y sus cintas amarillas de clausura.

Rafael Tepancal vio llegar un día a los inspectores de PROFEPA. Le dejaron los sellos y la promesa de una multa.

Yo contemplo los sellos de clausura impuestos por PROFEPA en la granja de El Saltillo, propiedad del campesino Rafael Tepancal Romano, y pienso en las soluciones que los mexicanos hemos buscado para salir de la pobreza campesina desde programas de gobierno soñadores pero fallidos en su operación, empantanados como éste, el de las granjas acuícolas atoradas en su desarrollo por la carencia de una estructura organizativa que las pensara estratégicas para lo que políticos y especialistas llaman desarrollo social.

Lindo pescadito, déjame soñar…

Sergio Aburto me lleva entre los estanques de El Piñal y me explica el funcionamiento de su granja:

La historia de Sergio Aburto y Rafael Tepancal, la que los llevó a soñar por mejores condiciones económicas para sus familias, contiene en su simpleza la complejidad de las contradicciones de la sociedad mexicana.

Es una historia que revela el ánimo por salir de la pobreza; que perfila las posibilidades y ventajas del trabajo colectivo; la que alumbra una economía campesina en armonía con el agua y la naturaleza.

Pero es una historia que también expone la gravedad de la problemática ambiental de México por la debilidad sistémica de lo que llamamos programas de gobierno: las contradicciones entre políticas de desarrollo y normatividad ambiental que acaban por entrampar proyectos de toda índole; la ausencia de políticas estratégicas para la recuperación y preservación del medio ambiente fundadas y construidas desde las comunidades campesinas.

De los cítricos a las tilapias… Rafael Tepancal las alista para el asado al mojo de ajo.

Es una historia simple: Sergio y Rafael creyeron y se animaron con la propuesta de gobierno que los convertiría en acuicultores sin dejar de ser campesinos, sin tener que irse al norte al corte de la uva en Baja California, sin tener que cruzar la frontera dentro del ejército de ilegales que se lleva la fuerza de trabajo mexicana a Estados Unidos, sin ver a sus hijas salir en la madrugada en una combi hacia las maquiladoras de Teziutlán.

Vivir en Hueytamalco

El mapa de Hueytamalco, en la Sierra Nororiental.

La cabecera municipal. Apenas rebasa los 5,500 habitantes, Un gran resto, más de 21 mil personas, vive en localidades con menos de dos mil habitantes.

Una vista de la plaza con el templo al fondo.

Madaí Millán es hija de Herlindo Millán, un hombre que también creyó en su momento en la posibilidad de desarrollar una pequeña empresa piscícola. Y la tiene en la Y griega de la carretera que baja de Hueytamalco a Tenampulco, y que te permite tomar el rumbo de San José Acateno. Se llama “Los Laureles”. Ella todos los sábados sube a Teziutlán a la universidad. Y todos los sábados en la madrugada ve el paso siniestro de las camionetas Lobo negras y polarizadas, sin placas, que suben y bajan por la carretera que viene de San José Acateno. Y las conversaciones por radio entre los choferes de las combis, que se avisan de los operativos del ejército y que abiertamente hablan del tráfico de armas en los carros de transporte público. “Ellos mueven todo”, dice. Pero Madaí no duda en perfilar como problema principal en Hueytamalco el de la economía y la falta de empleo.

A esa pregunta –cuál es el problema más grave en Hueytamalco-- sus compañeros productores Sergio Aburto, Rafael Tepancal y José Lobato la responden sin dudar: la inseguridad. Sí hay extorsiones, pero sobre todo hay asaltos y robos todos los días. Para no ir más lejos, apenas asaltaron la gasolinera del expresidente municipal. Y también están las motocicletas que no paran de dar vueltas por las granjas en las madrugadas.

Pero Madaí vuelve a la realidad económica. “En mayo –dice--, en un solo día salieron para el norte todos los señores de mi comunidad.”

Entonces la secundan los otros: se van al corte de la uva, todos los años en esta temporada. Bajo contrato, en camiones directos a Sonora, a Baja California. Luego hacen memoria: José Lobato tiene cinco parientes cercanos en Estados Unidos; y Rafael Tepancal tres hermanos en Nueva York, todos indocumentados. Y Madaí dos tíos.

“No es nuevo –dice Lobato--, se van con contrato y luego desertan y allá se quedan.”

Por eso es mayoría la de las mujeres en las maquiladoras de Teziutlán. O en Confecciones de la Rosa, la maquila que está instalada en la cabecera de Hueytamalco. Es el único trabajo que se puede encontrar que no tenga que ver con el campo, los cítricos, con sus jornales de 120 pesos.

En una orilla de la cabecera, la maquiladora Confecciones de la Rosa. “Ahí hacen de todo”. Sobreviviente del boom y colapso de la industria de la confección maquiladora de los años noventa.

Y los cítricos, como este limonero cercano a la comunidad de Limontitán Grande, rodeado de sobrevivientes manchones de selva. Los que desplazaron al café luego de la nevada que se los llevó en 1989, justo cuando quebró el pozo sin fondo de la corrupción de dinero federal que conocíamos como INMECAFÉ, al que por supuesto acabaron de matar los gobiernos neoliberales.

Un vestigio de la selva alta que desapareció en la sierra que baja a la costa veracruzana.

Y de la fuerza de las corrientes que todavía descargan por ella.

La búsqueda de los peces perdidos

La perspectiva de la Sierra Norte de Puebla lleva a pensar en montañas, cañadas profundas y barrancos por los que se precipitan sus ríos agrestes. Por ejemplo, la cañada del río Zempoala, en el centro de la sierra:

Como una culebra oscura serpea el río, y ese cañón da una idea de la fuerza geológica del agua. Pero a la vista también las montañas peladas por la deforestación campesina, por la tala ilegal, por la ausencia de una visión de Estado que piense de una manera distinta a esa fuente de agua inmensa que es la Sierra de Puebla.

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Los hexágonos que ha dispuesto la CONABIO sobre el mapa serrano da una idea del valor que tienen los arroyos y ríos que corren hacia el mar: en ellos vive la biodiversidad y la cultura de una región que demanda de la sociedad poblana, de sus grupos civiles organizados y de sus gobiernos, una visión estratégica que asegure su sustentabilidad en el largo plazo. Es ahí donde debemos entender la problemática específica de un programa como el de las granjas piscícolas.

Pero la mirada larga debe devolvernos al detalle. Y a los interrogantes: ¿por qué no tenemos en Puebla, con esa capacidad de escurrimiento que todavía tiene la Sierra de Puebla –y por no hablar de otras regiones en el estado, por decir la Sierra Negra o la Mixteca, además de las largas laderas de las montañas nevadas--, una industria acuícola próspera como los distintos gobiernos se lo han propuesto desde hace décadas?

Regreso a la historia de Sergio y Rafael. Y de José Lobato, de la granja “El Mirador”, y Madaí Millán, de la granja “Los laureles”. Los cuatro son productores de tilapia en pequeñas empresas que están en predicamento por la incapacidad de solventar de buena manera la burocracia de las reglamentaciones ambientales que penden sobre la cabeza de sus peces. Platico con ellos en la palapa de la granja El Saltillo. Y hago un resumen de sus lamentaciones:

Los peces fueron la alternativa a la crisis de los cítricos. Ahora parece que tendrán que volver a las mandarinas. Sus granjas son pequeñas, no son explotaciones industriales. Comercio local, restaurantes pequeños, como el de la palapa de El saltillo. No esperaban la clausura. El argumento no fue el de que manejan la tilapia, que es una especie invasiva, sino que construyeron en zona federal y no cuentan con los permisos. Pero ellos tenían que hacer el trámite ante PROFEPA si es que querían regularizar sus granjas. Ellos ya habían iniciado un trámite con un licenciado –un tal Fredy, que venía muy recomendado por el subjefe de distrito de la SAGARPA en Teziutlán--, que les sacó a cada uno 4,500 pesos, pero cambiaron a la subdelegada de Pesca y se quedaron en el aire, no volvieron a ver al abogadillo. Pero tenían un resolutivo de la SDRSOT (Secretaría de Desarrollo Rural y Ordenamiento Territorial del gobierno del estado de Puebla) con el que les dijeron que ya podían trabajar y acceder a los proyectos. Entonces llegó PROFEPA y les echó para abajo todo con los sellos de clausura. Ahora tienen que pagar las multas, presentar un estudio de daños y elaborar entonces una manifestación de impacto ambiental. Y ya hicieron cuentas, la cifra alcanza los 70 mil pesos por cabeza.

“Yo ya decidí cerrar”, dice José Lobato.

“Yo ya paré, hasta ver en qué acaba esto”, me confirma Sergio Aburto.

“A mí ya se me pasó la fecha de siembra –dice Rafael--, la granja va a quedar abandonada. Con ella me ayudaba con los cítricos, empleaba peones, ahora ya no podré hacerlo. Pero ya invertí mucho en esto, intentaré sacar la MIA, pero no sé si solo pueda.”

“Nosotros moveremos los papeles –dice Madaí--, trataremos de regularizar la granja, y si no, la cerraremos.”

El que ofrece los peces y luego los quita…

Lo sucedido con estas granjas lo explica con cuidado el veterinario Gabriel Cruz, promotor de la producción piscícola en el estado, él mismo productor en la región de Zacatlán:

Los productores necesitan obtener apoyos por la vía de los programas gubernamentales; cuando se acercan a las ventanillas de SAGARPA se encuentran con que se les exigen documentos que la ley exige y que ellos no tienen como la concesión federal del derecho de agua y la manifestación de impacto ambiental; la primera no la pueden obtener sin la segunda, pero SEMARNAT no puede autorizar una MIA dado que los productores ya construyeron y ya operan sus granjas sin los permisos correspondientes, así que tienen que empezar por reparar el daño. Y para hacerlo tienen que ser inspeccionados y multados por la PROFEPA. Hasta este momento este es el único camino que ellos tienen para regularizar la operación de sus negocios.

Luego vienen los detalles. Dice Gabriel Cruz:

“El gobierno, a través de SAGARPA, fue el que promovió las granjas con programas que otorgaron recursos económicos y capacitación técnica. El gobierno impulsó en su momento la producción de tilapia –la que introdujo hace más de cincuenta años en la presa Miguel Alemán en Oaxaca y que distribuyó alegremente por todo el país--, y la que les otorgó los permisos de funcionamiento. Si la tilapia es una especie introducida invasiva que puede afectar a la fauna nativa, el daño ya está hecho. Ahora es el mismo gobierno el que llega para exigir los permisos ambientales cuyos costos no pueden solventar los productores. Eso va a provocar el cierre de muchísimas granjas.”

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Leo lo escrito en el 2009 en tiempos de Mario Marín, cuyo gobierno impulsó este programa, hoy en buena medida abandonado por el régimen de Moreno Valle:

“La nueva Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables (LGPAS) en México en donde se otorga un importante papel a los Estados, pero también les hace responsables en mayor medida del desarrollo sostenible de la industria, en el Estado de Puebla deben iniciarse esfuerzos por generar una Ley Estatal de Acuacultura y su Reglamento, además de documentos normativos y de ordenamiento, así como planes de manejo de los diferentes embalses, requeridos por Ley… Es necesario diseñar una política para que el Gobierno del Estado impulse un programa acuícola en la entidad, estableciendo como prioridad la creación de una nueva industria, que aproveche recursos naturales, tecnología y capital que genere nuevas fuentes de empleo bien remuneradas para los campesinos y productores de la entidad, cuyas demandas insatisfechas provocan el fenómeno de la migración y la intranquilidad social y política en la población rural y que proporcionen una opción económica de alta rentabilidad a los inversionistas nacionales.” Los recursos acuícolas en el Estado de Puebla, 2009

Y para dejar sentado que los autores de esa investigación pensaban en el largo plazo y tenían una visión sistémica, reproduzco aquí este recuadro con los objetivos que da idea de ello:

Objetivo 1. Elevar el nivel de desarrollo humano y patrimonial de los mexicanos que viven en las zonas rurales y costeras.

Objetivo 2. Abastecer el mercado interno con alimentos de calidad, sanos y accesibles provenientes de nuestros campos y mares.

Objetivo 3. Mejorar los ingresos de los productores incrementando nuestra presencia en los mercados globales, promoviendo los procesos de agregación de valor y la producción de bioenergéticos.

Objetivo 4. Revertir el deterioro de los ecosistemas, a través de acciones para preservar el agua, el suelo y la biodiversidad.

Objetivo 5. Conducir el desarrollo armónico del medio rural mediante acciones concertadas, tomando acuerdos con todos los actores de la sociedad rural, además de promover acciones que propicien la certidumbre legal en el medio rural

Qué ilusos.

Desde entonces, reflexiona Fidel Glockner Rossains, miembro del CESAPUE (Comité De Sanidad Acuícola del Estado de Puebla A.C.) y reconocido como uno de los más importantes especialistas en la industria acuícola mexicana, seguimos sin ley estatal, ni reglamento de la LGPAS federal, ni plan de manejo. En definitiva, no hay una política de estado que impulse un programa acuícola.

“Pero lo que se les ha venido encima a los productores son las excesivas regulaciones ambientales”, me dice.

Excesivas regulaciones para los pequeños productores de peces en la Sierra Norte: Fidel Glockner

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Daniela Migoya es la delegada de la SEMARNAT en el estado de Puebla. La perspectiva que tiene permite pensar en que el gobierno federal es consciente del estrangulamiento en el que están los productores y que se debe encontrar una alternativa que permita su sobrevivencia y desarrollo. De entrada deja claro que en este conflicto las dos partes, productores y gobierno, intervienen:

“PROFEPA hizo inspecciones porque alguien les dijo que era la única manera de iniciar la regularización –dice--. No puedes presentar una MIA si ya tienes una obra civil, antes tienes que pasar por el proceso de sanción por haber construido sin autorización. Hubo un frenesí, visítame, le dijeron a PROFEPA. No hay tal capacidad en la institución. Por eso hay que hacer esta caracterización, para que proceda PROFEPA, pero sólo los que lo requieran.”

Por un lado, entonces, el gobierno promueve las granjas y por otro las estrangula, le digo.

“En muchos de los casos PROFEPA acudió porque los productores pidieron que se les regularizara, dado que quieren acceder a los apoyos gubernamentales –explica--. Cuando ellos llegan a solicitar ser beneficiarios de los programas les piden su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), y por lo tanto la concesión del agua, y como no lo tienen, son rechazados. Y si van a CONAGUA, también ahí les piden la manifestación de impacto ambiental.”

¿Entonces la alternativa es el cierre?

“Es un monstruo de siete cabezas, requiere de muchísimo trabajo esta regularización. Existe un padrón de al menos 700 granjas –dice--. Lo primero, entonces, es identificar quiénes necesitan la regularización federal y quiénes no. Por un lado se promueve para el consumo local, como medio de subsistencia alimentaria propia y pequeño negocio local, de traspatio. Por otro están las que ya son más grandes, que toman el agua de un cuerpo de agua federal, y ahí la ley requiere un permiso. Y si se manejan exóticos, reglas para que no se afecten las especies locales.”

Como quien dice, empezar de cero.

“Lo que se necesita es un censo, saber de qué estamos hablando. Se trata de poner orden, de tener control. Entendemos que las manifestaciones de impacto ambiental --que la más barata cuesta 39 mil pesos, y nada más de pagos de derechos--, no la puede pagar un productor mediano.”

¿Qué hacer entonces?, le pregunto a la delegada Migoya:

“La propuesta es agrupar a los productores por tipo de granja con soluciones para cada una por región. MIA presentadas en conjunto. Ya hubo cuatro reuniones con CONAPESCA y gobierno del estado. Ya compartimos la información, ya se están comparando los padrones. Ellos van a hacer la clasificación. Tiene que ocurrir pronto.”

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En las semanas que vienen los funcionarios públicos ligados a la problemática que enfrentan los productores como Sergio, José, Rafael y Madaí, en Hueytamalco, finalmente tendrán en la mesa un censo que permita partir de la realidad, como lo propone Daniela Migoya. Ya se verá. Ojalá unos y otros piensen en el largo plazo y su perspectiva sea estratégica. Mirar la Sierra Norte de Puebla desde sus pequeños arroyos, desde la fronda de sus bosques, a la sombra de los cedros y ceibas que todavía sobreviven entre naranjales y cafetales. Guardar en los programas de gobierno los sueños campesinos de los cultivadores de la tilapia.

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