Mundo Nuestro. Flaubert, Kafka.Borges, Thomas Mann, Harold Pinter, Claudio Magris, Nabokov, Kundera, Le Clezio, Miguel de Unamuno, Azorin y muchos autores más se refieren al Quijote en esta recuperación que para la revista Nexos ha realizado la escritora y editora Kathya Millares.

Cervantes y el Quijote en fragmentos



Kathya Millares/Revista Nexos

El 22 de abril de 1616, en la casa ubicada en calle del León esquina con Francos (hoy Cervantes), en la ciudad de Madrid, España, nadie pensaba en otra cosa más que en la muerte. El cuerpo de Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) estaba tendido, cubierto con el hábito de San Francisco y la cara al aire. La segunda parte del Quijote había salido cuatro meses antes de la imprenta. Los lectores primero se habían despedido en papel de don Quijote y ahora tendrían que hacerlo de su creador, un hombre de 69 años, que en los últimos meses caminaba con los hombros encogidos y una mueca extraña en la boca delineada por las seis piezas que le quedaban en la dentadura.

Cervantes había dejado este mundo, pero el Quijote cabalgaba sin saberlo hacia la eternidad. La luz de la novela moderna se había encendido; una legión de escritores se ha alumbrado con ella. Algunos confiesan sus orígenes en este libro. Otros siguen alimentando las conversaciones ficticias con don Quijote y Sancho Panza. Unos más toman la verdad de la vida apropiándose de la filosofía quijotesca. De eso se tratan estos fragmentos personales y literarios: escritores hablando de Cervantes y del Quijote, las dos partes de un mito que ha arrastrado a la ficción por un caudal inagotable.



Sigue en Revista Nexos: Cervantes y el Quijote en fragmentos

México está en el principio de un Estado totalitario: Fernando del Paso al recibir el Cervantes

Mundo Nuestro



Lo dijo nada más empezar su discurso de recepción del más importante galardón de las letras españolas, el Cervantes.

“Las cosas no han cambiado en México sino para empeorar, continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, lo abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo. Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza. Pues bien, me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el Estado de México de la bautizada como Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tanto públicos como de las personas. Subrayo: es a criterio de la autoridad, no necesariamente presente, que se permite tal medida extrema. Esto pareciera tan solo el principio de un estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso sí que me daría aún más vergüenza.”

Discurso completo de Fernando del Paso al recibir el Premio Cervantes.



© Víctor Blanco. Panorámica del Valle de Cholula al amanecer, Puebla, 2009



Montañas de cielo, montañas de la tierra: La gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado

Elementos/BUAP No. 102

Geoffrey McCafferty/Texto

John O'LearyVíctor Blanco/Fotografía



Mundo Nuestro. Cielo y tierra en Cholula. La investigación arqueológica como arma fundamental para la resistencia civil que enfrenta la imposición del poder autoritario que atenta contra patrimonio. La fotografía que recompone este mundo de conflictos en una estética del territorio extraordinaria y bella.

Cuatro miradas: Anamaría Ashwell, Geoffrey McCafferty, John O’Leary y Víctor Blanco.

La revista Elementos, editada por la BUAP, ha dedicado en su número 102 que recién ha salido al público. Presentamos la introducción de un texto monumental del más reconocido arqueólogo en la Pirámide de Cholula, el investigador canadiense Geoffrey McCafferty:

Montañas del Cielo, montañas de la Tierra: la gran pirámide de Cholula como paisaje sagrado

Relacionada:

45 años de abandono de la Pirámide de Cholula por el INAH: conversación con el arqueólogo Geoffrey McCafferty

Portada de la revista Elementos 102, con fotografía de John O'Leary

Las culturas precolombinas de Mesoamérica practicaban cierta forma de geomancia; los elementos del medio ambiente natural se cargaban de significados sobrenaturales y estos se utilizaban para estructurar el paisaje cultural. Así las cuevas, los manantiales, montañas y otras formaciones naturales se transformaban en “símbolos cosmo-mágicos” (P. Wheatly, 1971) relacionados con creencias mítico-religiosas. Las cuevas y los manantiales servían como puertas al inframundo, mientras que las cimas de las montañas comunicaban con los múltiples niveles del cielo (D. Heyden, 1981). Incorporar estos fenómenos sobrenaturales en el paisaje cultural servía para legitimar la autoridad del grupo dominante, al mismo tiempo que se cosechaba el poder simbólico de lo sobrenatural. La creación de un centro ceremonial que atraía las fuerzas cosmológicas lograba concentrar el poder sobrenatural en ese recinto sagrado convirtiéndolo en un axis mundi, o eje de las dimensiones del mundo, alrededor del cual giraba toda la creación (P. Wheatly, 1971).

En la concepción del mundo mesoamericano que reconocía un quincux, o un universo con cinco direcciones, este eje incluía dimensiones tanto verticales como horizontales que se unían en un centro (J. Carlson, 1981).

Para los aztecas del altiplano a finales del Posclásico esta concepción del universo se ilustraba a través del mítico Coatepec, un portal de enlace entre lo espacial, lo temporal y la distancia sobrenatural (K. Reese-Taylor; R. Koontz, 2001). Susan Gillespie (1989) describe el coatepetl, o cerro serpentino como:

[...] una Torre de Babel azteca cuya base estaba en la tierra y en su cima se conectaba la tierra con el cielo. Enlazaba a las personas sobre la superficie terrestre con los dioses del cielo y más allá [...] Coatepec representa un punto de continuidad entre las esferas terrestres y las celestiales. Finalmente, por el hecho que era un cerro “serpiente” demostraba así también sus cualidades mediadoras; porque las serpientes eran el enlace de las capas verticales del cosmos en toda Mesoamérica.

Los aztecas aterrizaron este concepto mitológico en el mundo real decorando sus pirámides, notablemente el Templo Mayor de Tenochtitlán, con imágenes serpentinas. Coatepec, el cerro sobre el cual el dios patrono Huitzilopochtli nació y donde fue derrotado por las fuerzas cósmicas de la luna (Coyolxauhqui) y las estrellas, era el axis mundi del cosmos azteca.

Sigue en Elementos No. 102

© Víctor Blanco. Atardecer, volcán Popocatépetl, Cholula, Puebla, 2005.



Vivas nos queremos/Marcha nacional.

Este domingo 24 de abril diversas organizaciones convocan a la movilización nacional contra las violencias machistas bajo el lema #VivasNosQueremos.



Esta es la invitación que ha aparecido en redes sociales:

"Hacemos un llamado URGENTE a todas las mujeres que nos leen, a todas ustedes con las que hemos ido de fiesta, bailado, llorado, acompañado, a TO-DAS, feministas o no, bisexuales o no, lesbianas o no, peludas o no, abortistas o no, madres o no, solteras, casadas, viudas, niñas, jóvenes indígenas, negras, blancas, a ¡¡TODAS!!!!
Mujeres de todos los estados nos convocamos a la movilización del 24 de abril con el objetivo de encontrarnos, apropiarnos de los espacios que se nos han negado toda nuestra vida, para luchar, gritar juntas, porque estamos hartas y rabiosas de tanta violencia contra nosotras, ésta movilización es una advertencia al Estado, a todos aquellos que nos oprimen, y pasan por encima de nosotras todos los días; a quienes nos asesinan.

Este llamado es para que nos unamos y juntas defendamos nuestras vidas. Levantémonos y luchemos, somos muchas y seremos más.

* Si está interesada en participar, ubique a su amiga feminista más cercana.
* La movilización será a nivel nacional. repito, NACIONALl!!!"


#PorqueNosQueremosVivasYFelices
#PorqueLaRevoluciónSeráFeministaONoSerá
#24A
#VivasNosQueremos
#ElMiedoCambioDeBando
#SomosManada

Viernes, 22 Abril 2016 00:00

Memoria y patrimonio biocultural

Importante rescatar la memoria para la

preservación biocultural



*La memoria permite que nuestros antepasados nos dejen un aprendizaje y nos hace comprender que somos finitos, ésta nos da un sentido de pertenencia y una dimensión de comunidad, es algo que compartimos, nuestra historia, nuestra experiencia.

El Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias en Medio Ambiente Xabier Gorostiaga S.J. (I3MA) de la Universidad Iberoamericana Puebla presentó a la Dra. Aline Vieira de Carvalho, arqueóloga y coordinadora del Núcleo de Pesquisas en Medio Ambiente Universidad de Campinas Brasil (NEPAM), quien impartió la conferencia El patrimonio biocultural de Brasil.

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Mundo Nuestro. El siguiente testimonio llega de un hermoso pueblo en la Sierra de Puebla, suspendido en la montaña al borde de la barranca del rio Zempoala. Ahí se ha detenido el tiempo. (Agradecemos a Weyi Alepetaj Taipixkej por el testimonio recabado y las fotografías que lo ilustran.)



En la Sierra Norte de Puebla la naturaleza se manifiesta en formas sorprendentes y exóticas. En sus pueblos se encuentra una gran riqueza de costumbres y tradiciones que nos hablan de nuestras raíces y de un pasado grandioso de cultura.



Xochitlán se asoma a la barranca del río Zempoala, y tiene el privilegio de sus atractivos naturales que son un encanto, pero posee una historia tan importante que muy pocos municipios de la región pueden igualar; sus pobladores a través del tiempo han forjado, con mucho trabajo y sacrificio, el perfil que ahora disfrutamos y que debemos valorar y conservar porque es parte de la herencia que nos legaron. Es lamentable que mucha gente no tenga idea de ello.

Pero hubo un tiempo en que no teníamos reloj.

Tal vez ayude para entenderlo esta historia simple que narro como si ocurriera hoy:

A media tarde de un día cualquiera del año 1951. Un grupo de Xochitecos entre los que se encuentran don José María R. Gómez y don Jesús Ramírez Nolasco departen en un despacho grande ubicado en La Palanca del Comercio. De momento, Jesús Ramírez, sale a la puerta y se queda viendo la torre de la iglesia y dice:

“¡Qué bien se vería el campanario con un reloj!”

A lo que don José María contesta:

“Pues manos a la obra, yo pongo tanto…”

Y esa fue la primera cooperación para la compra del reloj público de Xochitlán de Vicente Suérez. Los dos hombre pronto formaron un comité para recabar fondos, y en él estuvieron don Gonzalo Cabrera Jiménez, Adaucto Vázquez , José María R. Gómez, Jesús Ramírez Nolasco, y otros más, todos Xochitecos muy caracterizados en la comunidad que dejaron huella. Cuando reunieron una cantidad considerable se fueron a Zacatlán, derecho a la empresa EL CENTENARIO, y ahí compraron el reloj que de inmediato vinieron a instalar. Era el último año de la presidencia de don Anacleto Vázquez Sosa, 1951. Hubo una celebración muy suntuosa para el estreno del cronómetro, y lo vino a inaugurar el entonces Gobernador del Estado Ing. Carlos I. Betancourt. Entró al poblado en carro, lo que fue parte de la novedad, además de gran mérito, ya que no teníamos más que un camino estrecho hasta llegar a la Cumbre.

En un principio su maquinaria se movía con contrapesos que colgaban en la parte exterior. Don Filemón Vázquez Monroy lo mantenía en movimiento, y posteriormente fue don Ausencio Ramírez López, quien durante más de 15 años desempeñó esa función, pero fue don Jesús del Carmen Ramírez Vázquez quien durante su estancia en la Presidencia Municipal cambió el sistema de contrapesos por el motor. Los comisionados en hacer los cambios y reparaciones fueron Joaquín Chacón Pineda y Hugo Sánchez. Así tuvimos reloj público hasta la Administración Municipal de Alejandro Gómez Moreno.

A partir de esa fecha, 1951, tuvimos reloj, durante 63 años se escucharon sus campanas y armonías, hasta el año 2014, cuando dejó de funcionar. Hoy ya no existe tampoco esa tienda, La Palanca del Comercio.

El tiempo ha pasado, pero ya no lo cuenta el viejo reloj, ya no escuchamos las campanitas de ese emblemático y añorado aparato. El reloj enmudeció y el pueblo con él, es un adorno nada más, testigo de un pasado que estuvo pletórico de felicidad y tranquilidad. Quizás a algunos no les haga falta o tal vez midan su tiempo con los movimientos del sol o el canto de las aves, como en tiempos remotos. Pero si tenemos un poco de sentido común no deberíamos dejar de darle la importancia que merece al trabajo y esfuerzo que costó a quienes nos antecedieron, que se distinguieron por su amor al terruño. Así iremos perdiendo otras cosas.

¡Cómo añoramos a las personas de hace décadas! Aquellos que sin egoísmos, paranoia, resentimientos y deseos de venganza, solo pensaron en mejorar la imagen de la población y lograron muchos avances con bastante esfuerzo, sacrificio que hoy miramos con indiferencia, apatía.

Pero los tiempos cambian… ¿habrá que resignarse?

Dejo al pueblo mi última pregunta… ¿hasta cuándo volverá a sonar nuestro reloj?...

Xochitlán de V. S. Pue. Marzo 2016.

Mundo Nuestro. Este texto de la antropóloga Anamaría Ashwell fue leído en el Coloquio La Plaza principal, su entorno y su historia: diálogo entre ciudades, y fue el marco de la presentación de la ponencia “Relaciones hegemónicas internacionales de la ciudad sagrada de Cholula: perspectivas de su frontera sur”, del arqueólogo canadiense Geoffrey McCafferty, con toda seguridad el más reconocido investigador de la zona arqueológica de la Pirámide cholulteca.



La revista Elementos de la BUAP reúne en su última edición cuatro textos del arqueólogo G. McCafferty traducidos al español; abordan la centralidad de las Cholulas en la reconstrucción de la historia mesoamericana. En este número de Elementos dedicado a Cholula, al cual pueden acceder gratuitamente por Internet, participó también el antropólogo y fotógrafo Víctor Blanco, uno entre los diez ciudadanos cholultecas que fueron perseguidos con una orden de aprehensión por defender la zona ceremonial.

Y se incluyó un ensayo mío, dedicado a Adán y Paul Xicale que sufrieron un año y dos meses de cárcel por la misma razón.

Ese ensayo lo concluyo con dos preguntas que dejo abiertas: a la luz de la investigación arqueológica y cultural sobre Mesoamerica, ¿cómo es posible que gobernantes estatales solo vean en las Cholulas un parque comercial para el entretenimiento de turistas? Así como ¿qué sucedió en el INAH para que desde 1970 hayan abandonado, en los hechos, la tutela y la investigación del patrimonio cultural que resguarda esta zona?

No voy a repetirme ahora. Pero quisiera exponer ante Uds un argumento más en torno a por qué considero que la investigación en las Cholulas no es solo urgente en lo que se refiere a su patrimonio mesoamericano sino que debe abordar toda su cultura actual.



Cholula es la única ciudad del clásico mesoamericano con habitación hasta el presente; una suerte de territorio humanizado que narra toda la historia continua- o discontinua- de México. Aquí, donde vivimos, toda la historia de México ha dejado una huella, a veces nefasta, a veces luminosa, en su devenir. Y nuestra vecindad es una de distintos tiempos, en el sentido de R. Bartra: un territorio compartido entre “no contemporáneos” y cada uno respondiendo a dilemas y problemas desde épocas y mundos muy diferentes[1].

Lo que sorprende de las Cholulas, y no se puede percibir desde afuera, es que aquí no se advierte un agotamiento de las estructuras significantes de una habitación altamente territorializada ; aunque la modernidad tensiona y busca fracturar o fractura en importantes aspectos este territorio.

Investigar cuales son las raíces que arraigan y las ramas que crecen como dice el poema de T.S Elliot (al que Bartra también hace referencia) me parece una tarea urgente. Pongo como ejemplo el tema del agua.

Raíces y ramas, en el “espejo del pasado”[2], en Cholula se pueden reconstruir siguiéndole sus rastros; desde sus significaciones arquetípicas y sagradas que inciden en su arquitectura mesoamericana y atraviesan todo su tiempo colonial de Republica de Indios, hasta el presente cuando el agua se convirtió en H2O y -como dijo Illich- reinterpretó las ciudades circulando como una mercancía y saliendo de ésta como un desperdicio.

O la religiosidad popular. En Cholula la religiosidad es central a todas sus manifestaciones digamos cívicas o políticas y arquitectónicas y desde su tiempo mesoamericano. Y en esa religiosidad están las ramas que cohesionan el territorio cultural de las Cholulas como una suerte de enjambre colectivo que también alimentó engordando con poder y representación a las élites políticas y religiosas que en tiempos mesoamericanos se fundían y después de la colonia se aliaron. Buscar las raíces de ese enjambre implica conocer y reflexionar sobre eso que Illich llama la “piedad popular” y que es de un ámbito distinto al estudio de las religiones: los rituales, las bendiciones, las canciones y las múltiples fiestas patronales, los cargos religiosos que en las Cholulas cargan con supersticiones y magia y tensan muchas a veces vínculos con los curas o funcionarios de la Iglesia. Desde la arqueología tenemos pendiente aún calificar lo que algunos sugirieron hace muchos años: que Cholula heredó la tradición de ciudad sagrada después del abandono de Teotihuacan; pero eso hay que ver cómo se tradujo después del bautismo y reordenamiento espacial y religioso que la orden franciscana impuso a los cholultecas en el Siglo XVI construyendo la cultura religiosa actual en sus barrios. Y hay que ver qué significa pasar de “ciudad sagrada” a un “pueblo mágico” en el presente.

Lo que argumento ahora, aunque de manera muy limitada, es que las Cholulas evolucionaron (un poco contra Bartra esta vez) como un territorio de la otredad. Las raíces hay que buscarlas en el pasado: hace 40 años M.Nolasco que había estudiado Cholula integrada al proyecto de la Fundación Alemana para la Investigación Científica concluía que aquí no encontró una identidad cultural “indígena” expresada en oposición a una occidental; los pueblos cholultecas no son ni fueron en tiempos mesoamericanos culturalmente homogéneos; pero durante la conquista la relación colonial o más bien el discurso del ordenamiento espacial colonial clasificó a este territorio como de “indios”, agrupándolos con ese solo referente racial y social e impulsando o configurando identidades en base a ese territorio, digamos, concedido o subordinado. La modernidad fractura ese territorio en la actualizad y de esa amenaza surgen no solo exaltaciones excluyentes de algunos que se reclaman ser más cholultecas que otros sino una defensa colectiva del territorio amenazado. Lo señalo a grandes rasgos porque solo las investigaciones antropológicas podrían profundizarlo, abordando parentesco, residencias, ordenamientos espaciales a través del tiempo (por ejemplo el ordenamiento residencial que la colonia impone al calpulli mesoamericano en el Siglo XVI) y migraciones y migrantes no solo actuales sino a lo largo de la historia. La investigación antropológica, desde las Cholulas, pondría sobre la mesa de reflexión la de-construcción de conceptos como “sincretismo”, “mestizaje” “indios reales o imaginarios” y otros que son centrales para entender históricamente y culturalmente lo que Gómez Izquierdo y Sánchez Díaz de Rivera describen de un México actual donde la discriminación y una “identidad colectiva de rasgos clasistas” reinan libres [3] .

Lo considero urgente además porque desde comienzos del Siglo XX, sistemáticamente, los ordenamientos urbanos, programas de desarrollo urbano, proyectos de inversiones para vialidades y obras públicas del Gobierno del Estado, referencian a las Cholulas como una “sub región” o “zona metropolitana ampliada”, o como reserva territorial para la expansión demográfica de la ciudad de Puebla. En todos los planes de desarrollo urbano de gobiernos estatales, por lo menos desde el año 2000, las Cholulas solo alcanzan el estatuto de zonas conurbadas. Puebla pareciera cabecera y las Cholulas pueblos sujetos casi como en tiempos de la colonia. No reconocen a las Cholulas modernas como territorios de arraigo con culturas propias ni con derecho a tierras y agua. En esta visión los tantos Méxicos que existen en los pueblos cholultecas solo tienen futuro como pueblitos bajopuentes viales, atravesados por carreteras incluso en sus centros históricos y como son “folclóricos” y “mágicos” reinterpretados como mercancía para turistas.

Y hay que destacar que presidentes municipales, pongo a Leoncio Paisano como ejemplo, como nuevos conversos fácilmente caen en el fanatismo por dar pruebas de su fe modernista.

Nuestra resistencia de la zona arqueológica cholulteca protegida por ley desde 1993 tiene sus ramas en todo un territorio acosado por la misma modernidad que quiere reinterpretar la zona arqueológica como centro comercial ocultando su historia mesoamericana. Y esa resistencia ha sido la que no permitió que el gobernador inaugurara allí hoteles y restaurantes, espejos de agua con fuentes saltarinas, casetas y comercios con planchas de estacionamientos para coches como fue su proyecto original. Y esa resistencia, creo yo, es la que volvió visible este territorio de la otredad que la clase de políticos comerciantes que nos gobiernan no se esperaban confrontar.

Pero fueron muchos los intereses económicos y políticos que no se iban a detener de intervenir la zona; y los que resistimos somos solo una ciudadanía desde una “fe débil” por decirlo así. En varias hectáreas del polígono protegido en la parte sureste y en el entorno del exJuanino, sobre el edificio piramidal, al final RMV logró imponer su proyecto aunque en versión light: una estética paisajista con lajas de cemento, pastos de plástico, luminarias y macetas y amplias vialidades para que suban al edificio piramidal los coches.

Para ello excavó la pirámide; hubo empalmes y aplanados con maquinaria pesada de adobes de la gran pirámide así como de plataformas aledañas. Expropió terrenos, encarceló y persiguió a vecinos cholultecas, nos descalificó y amenazó como “esos que siempre se oponen a todo” refiriéndose a antropólogos, historiadores, arqueólogos y urbanistas que cuestionábamos sus construcciones comerciales en la zona.

Y lo más grave: sometió al INAH.

La institución a la cual recurrimos y que debió ser una más en nuestra comunidad de resistencia ante destrucciones a un patrimonio cultural que es de la nación.

Lo digo sin ligereza y con pesar:

Mientras denunciábamos en la prensa, con publicaciones y en foros lo que estaba sucediendo en Cholula otros procedieron a recopilar la documentación oficial- a través de solicitudes al INAI- de todos los dictámenes e informes de investigaciones arqueológicas así como la correspondencia interna y externa que involucró a la delegación INAH-Puebla desde que en 2013 el gobernador RMV decidió construir en la zona, primero un puente vial innecesario y después su parque comercial.

Sobre esta documentación están trabajando con medios periodísticos unos cholultecas; pero puedo adelantarles que el Consejo de Arqueología nunca autorizó las construcciones que actualmente se encuentran en la zona sureste del gran edificio; y expresamente prohibió excavaciones sobre la pirámide y zonas aledañas como los llevado a cabo por el pasante Arnulfo Allende con número de contrato CAPCEE 074/2015 en el entorno del antiguo hospital de los Juaninos; así también el Consejo de Arqueología no avaló excavaciones en el edificio ni colados de cemento que afectan gravemente la permeabilidad del sitio; obras que el gobernador y CAPCEE, mintiendo al público, describían como adecuaciones a banquetas y jardineras. Y en la tarde del 5 de febrero de 2016 finalmente el INAH decretó la suspensión de las obras. Estrictamente todo lo que se concluyó y se aprestan a inaugurar Rafael Moreno Valle y Leoncio Paisano con sus cuates en el polígono protegido de la gran pirámide cholulteca en la parte sur este, esa explanada de cemento que estas fotos muestran, viola la ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas Artísticos e Históricos y tiene sanciones según el Capítulo VI de esa ley en su artículo 47[4].

Pero corresponde al INAH iniciar el proceso legal por destrucción patrimonial y el 20 de enero, en una reunión a la cual acudimos unos diez cholultecas con la plana mayor de Teresa Franco supimos que eso no iba a suceder. Nos pidieron ese día “ver hacia delante”. Como diciéndonos “ni modo”, avanzaron pero “solo” hasta aquí.

Pero hay más: permisos preliminares de la sección de Monumentos del INAH sirvieron como facilitadores a CAPCEE y al gobernador para intervenir el acervo arqueológico cholulteca y todo lo que actualmente se sigue construyendo y excavando sobre la pirámide dentro de los altos muros con puertas cerradas en el antiguo Juanino.

Y el INAH finalmente detuvo las obras sobre la pirámide en “la tarde del 5 de febrero de 2016” solo cuando el parque de cemento y plástico del gobernador RMV ya estaba concluido.

Ese 20 de enero le hicimos otra petición expresa a esa plana mayor del INAH: habíamos concluido colectivamente que era urgente arrancar la investigación arqueológica, también rescates y reconstrucciones en partes muy dañadas de la pirámide y con un laboratorio arqueológico abierto al público; así se podría, (insisto en ese condicionante podría) detener o al menos amortiguar la especulación inmobiliaria que obras del gobierno municipal de San Andrés y del Estado promueven actualmente en la zona.

Y el INAH, en vez de una institución sometida a poderes de facto que imponen proyectos para comercializar la zona, se dignificaría con ello como el garante legal y ético de que la destrucción evidente e inaceptable de edificios y cultura mesoamericana en la zona no continuaría.

Hicimos entonces referencia a proyectos de investigación de Sergio Suarez y G. McCafferty que desde el año 2009 están congelados en el INAH. Y trajimos desde Calgary a Geoffrey para que explique a los cholultecas todo lo que está pendiente de conocerse y que la arqueología puede ayudar a interpretar de su historia.

De mi parte, aquí me detengo y les dejo con Geoffrey McCafferty descubriendo cholultecas en ¡Nicaragua!

Notas:

[1] Pag.27 R. Bartra La sombra del futuro. CFE. 2012 y Territorios del Terror y la Otredad. Pretextos 2007.

2 Illich, Ivan “En el Espejo del Pasado” Obras Reunidas. FCE. Tomo II.2008.

3 Me parece de importancia sobre este tema el libro de Jorge Gómez Izquierdo y Ma. Eugenia Sánchez Días de Rivera La Ideología Mestizante, el Guadalupismo y sus repercusiones sociales. Ibero- ICSyH.2011.

4 ARTICULO 47.- Al que realice trabajos materiales de exploración arqueológica, por excavación, remoción o por cualquier otro medio, en monumentos arqueológicos inmuebles, o en zonas de monumentos arqueológicos, sin la autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia, se le impondrá prisión de tres a diez años y de mil a tres mil días multa (...) Al que ordene, induzca, dirija, organice o financie las conductas descritas en el presente artículo, se les incrementará hasta por una mitad las penas antes señaladas.

[1] Pag.27 R. Bartra La sombra del futuro. CFE. 2012 y Territorios del Terror y la Otredad. Pretextos 2007.

[2] Illich, Ivan “En el Espejo del Pasado” Obras Reunidas. FCE. Tomo II.2008.

Del Blog de Alicia Mastretta Historias desde el biogalón



Llevo poco más de un año de vuelta en la CDMX. Dado mi historial de asma y sensibilidad a la contaminación pareciera que no podría haber escogido peor momento. Sin embargo aquí estoy, y creo que aquí seguiré. Primera necedad. Segunda: desde que regresé a la ciudad volví a montar mi vieja y pesada bicicleta, y con mi primer sueldo me compré otra más liviana con la que me transporto a diario. Escribo para contar los motivos detrás de esas dos necedades mías.

Nací en el DF 30 años antes de que fuera CDMX. Al edificio donde vivíamos (yo por 7 meses en la barriga de mi madre) hubo que derrumbarlo tras el terremoto del 85, gracias al azar ya con todos sanos y salvos. Mis primeros meses pasaron en casa de mis abuelos, pero al poco tiempo mi asma y la falta de un techo propio convencieron a mis papás de mudarse a Puebla. Ahí crecí, hasta que volví a los 18 años empedernida en estudiar en la UNAM.

Vivía cerca de la UNAM pero lejos de la Facultad de Ciencias. La solución innata me pareció irme en bici. Primero entraba por Cerro del Agua. El único punto temerario era el cruce de Eje 10 y las pocas cuadras antes de la puerta de CU. Después me mudé, pedaleaba un cacho minúsculo de Av. Universidad y entraba por la puerta peatonal de Economía. Una vez dentro de la UNAM me sentía el más libre de los espíritus y lograba hacer buena parte del recorrido soltando el manubrio. Durante la carrera mi mundo de ciclista urbana inició en CU y se expandió poco: a los Viveros de Coyoacán, donde asistía a un taller del INIFAP y a San Ángel, donde trabajé hacia el final de la carrera. A ambos sitios me iba por las calles menos transitadas y de plano caminando banquetas en el inevitable tramo de Av. Universidad y sus microbuseros abusivos.



Mientras pedaleaba mi pequeño circuito soñaba con una ciudad, esta ciudad, donde mi bici pudiera llevarme más lejos. En el 2006 fui por primera vez a Europa, en concreto a Alemania. En Berlín conocí lo que era una ciclovía y dije en voz alta que quisiera algo así para el DF. El primo con el que iba no tardó en meter mi comentario al oscurísimo cajón de lo imposible. No fue el único.

Pasaron los años y yo seguía siendo una chilanga nata para los poblanos y una provinciana irremediable para los chilangos. Para mí, yo era una ciudadana de Ciudad Universitaria, esa otra ciudad inmersa en el DF como el Vaticano en Italia. Hasta que llegó el primer ciclotón en el 2007. Al asistir esperaba la felicidad asociada a pedalear. Lo que no esperaba fue el sentimiento de pertenecer a aquí, de que esta era MI ciudad. La Ciudad de México era mi ciudad, sus calles eran mis calles. Solté el manubrio, extendí los brazos, iba sobre Reforma. Vi al Ángel, a las jacarandas ya sin flor, a los edificios altos, a los edificios históricos, a los colibríes que en realidad no veía pero que sabía estaban por ahí. Me pareció hermoso. Me pareció mío. Si eso no es despertar el sentido de pertenencia no sé qué cosa podría serlo.

Terminé la carrera en el 2009. Me fui a hacer mi doctorado en el 2010. Durante cuatro años viví en tres países distintos de Europa y me moví casi por completo en bicicleta. Durante mis dos años y medio en Inglaterra he de haber tomado el autobús a la universidad cuatro veces, sin exagerar. El resto fueron 20 minutos pedaleando y de vez en vez una caminata larga. Era una ciudad pequeña donde el ciclismo era lo más natural para los estudiantes, la profesora universitaria y cualquier humano promedio. Y así, supe, era también en ciudades grandes. Supe también que no había sido siempre así, pocas décadas antes los autos tenían la misma poderosa jerarquía que hoy tienen en nuestra ciudad.

Volví, título de doctorado en mano a finales del 2014. Yo soy de las que siempre quiso volver. El primer mundo no me funcionaría porque me parece prestado, porque siempre me sentí como una invitada que la pasa bien pero que tiene cosas que hacer en casa. Y en casa había oportunidades de oro para trabajar en la institución que dije que quería trabajar cuando tenía 14 años, de hacer el tipo de ciencia que me interesa hacer, de formar parte de los pocos equipos que estudian la diversidad genética en nuestro país, de incidir en la conservación de la biodiversidad mexicana. Estaba feliz de volver, pero fue difícil por motivos que no me esperaba.

En esos cuatro años, a pesar de los inviernos feroces, las temperaturas bajo cero y la nieve, me enfermé muy poco de las vías respiratorias. Y nunca tan grave como para tomar antibióticos. En cambio en mis primeros ocho meses en la Ciudad de México tuve una infección de la garganta, tras una gripa y tras un cuídate que se te vuelve neumonía. Durar un mes sana se volvió mi objetivo. Me recetaron antibióticos en pocas semanas de diferencia. Me dio colitis (sí, sí, mi nerviosismo habitual… pero borrar el microbioma con antibióticos no ayuda). Total que soy una deportista mujer de 30 años que se la vive enferma.

Eso, y lo dicen mis doctores, es consecuencia de la contaminación. La contaminación hace reaccionar a tu cuerpo, se te inflaman la garganta y las vías respiratorias. Esto le facilita la entrada a las bacterias, lo que te llena de mocos verdes y si anda un virus por ahí lo pescas también. Pero si bien que te ha pasado siempre, me recuerda la memoria. De niña venir al DF era sinónimo de enfermarse. Pasé el primer semestre de la carrera con la nariz hinchada y dolor de garganta. Yo siempre he reaccionado así a la contaminación. Supongo que eso me convierte en el grupo de “personas extremadamente sensibles” que deben guardarse en sus casas según la app Aire de la CDMX. Si cuando hice la carrera no me fue tan mal fue porque la calidad del aire no estaba tan horrible como ahora y porque yo estaba un poco más acostumbrada (total, ni que Puebla no tuviera smog).

Una no puede andar en bici cuando la calidad del aire es mala y menos si una es sensible. Eso duele mucho. De verdad que a mí me cala en el alma. Es un Hoy No Circulas del que sí deberíamos quejarnos.

¿Qué hacer ante eso? ¿Sentarse a llorar? ¿Decirle al hombre que amas que necesitas irte? ¿Sentirse el canario de la mina? Tal vez eso sí, tal vez las personas sensibles a la contaminación somo los canarios de la CDMX. Tal vez la ciudad debería dejar de recomendarnos no hacer actividades al aire libre y alarmarse como un minero cuya vida está en peligro.

Paseo nocturno Noche de Primaera en 2015, 8 años después del primer ciclotón.

Con todo cada vez más me muevo en bici. Mi ruta es de unos 10 km para llegar al trabajo. Al sur de Churubusco no hay ciclovia alguna, así que he trazado mis propios caminos optimizados para mi seguridad aunque sean menos directos que tomar una avenida llena de microbuses. Me compré una mascarilla especial que hace una sustancial diferencia. Estoy en un tratamiento que me hace “menos sensible” a la contaminación y trato de combatir la inflamación de garganta antes de que se convierta en una infección que requiera antibióticos. Ahí voy.

Soy necia, vivo en la Ciudad de México y me muevo en bici. ¿Saben por qué? Porque andar en bici aquí me hace más feliz que pedalear cualquier ciudad europea. Porque ya hay ciclovías. Ya hay ecobicis. Ya existe lo que hace 10 años se figuraba imposible.

Feliz día mundial de la bicicleta.

Lecturas para este día mundial de la marihuana, en la semana en la que los políticos en la ONU seguramente dejarán una vez más las cosas como están desde 1961, cuando decidieron equiparar en su persecución a la yerba con la cocaína. México y Portugal, ejemplos extremos a considerar este día.

Con la manita de puerco de la opinión pública Peña Nieto cambió su discurso. Aceptó en la ONU el “uso terapéutico” de la marihuana. Al menos fue a Nueva York, tendremos que decir ante un mandatario que ofrece todos los signos de no encontrar un solo rumbo.



La severa crítica de Héctor Aguilar Camín: México renuncia a hacerse oir en la ONU



La noticia en Proceso: en la ONU Peña Nieto y su “para fines médicos”

Muy lejos estamos todavía de un cambio en la política pública en relación a las drogas y su legalización. En el mundo la discusión ha avanzado mucho más que lo que el gobierno mexicano está dispuesto a cambiar. Muy lejos, por ejemplo, de Portugal, el país que sin mucho ruido ha transformado su realidad a partir de uno conjunto de medidas tomadas en el año 2000.

Portugal: qué ha pasado desde que despenalizaron las drogas en el 2000

4/20 A gozar de la marihuana donde la permiten, pero también donde no

Mientras, en Estados Unidos, miles de personas celebran el 4/20, algo así como el día nacional de la marihuana, y en los estados en los que ya es legal, como en Colorado, Washington State, Colorado, en capital norteamericana, los festejos alcanzarán diremos que el éxtasis.

Mientras, nosotros en México continuamos desgarrados con las noticias del día a día:

Militares torturan a una mujer en Guerrero

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