Mundo Nuestro. Mirar a un país desde sus raíces históricas. O mirarlo en una noche de éxtasis por el paso al mundial de Rusia 2018. Todo esto en una crónica de viaje de una historiadora en búsqueda de los azulejos sevillanos del siglo XVII en los conventos carmelitas en México y el Perú. Todo encuentra sentido en la noche antigua de los incas. La montaña, el misteriio, el futbol.

4 de noviembre



La plaza mayor de Lima está cubierta de flores rojas y blancas, son los colores de la bandera del Perú y también los del uniforme de la selección de futbol que en estos días tendrá que pelear su paso al mundial contra Nueva Zelanda o quedarse en casa, como les ha ocurrido desde hace 36 años. En cada mirada hay un sueño inconcluso, un deseo transmitido de padres a hijos. El cielo está nublado y las palomas que merodean el lugar le dan a la tarde un tono nostálgico, hasta que un grupo de jóvenes luciendo la camiseta número 9 y al grito de “Viva Paolo Guerrero,” “Paolo te amamos”, toma la explanada.

Paolo es el capitán del equipo, además de su delantero goleador, el amigo que sacó a Farfán, la otra estrella, del camino del vicio para reincorporarlo al equipo y darle un lugar en la selección rumbo al mundial. Pero Paolo, se dijo hace apenas unos días, no pasó la prueba por dopaje y la gente se ha lanzado a las calles en su apoyo. Fue por un medicamento contra la gripa, se dice en la prensa, en los taxis, en los restaurantes, en las escuelas, se dice que eso no es posible. Su madre llora en una entrevista televisiva y quienes la ven desde la fonda levantan las servilletas y las giran en muestra de apoyo. La pantalla chica documenta entrevista tras entrevista el apoyo a su capitán, incluso pasaron a un batallón del ejército brincando rifles en mano y gritando Ánimo Paolo, muy sorprendente para nosotros. Pero lo cierto es que el héroe no jugará contra Nueva Zelanda y salvo que nuevas pruebas descarten el dopaje tampoco irá al mundial en caso de que su equipo gane.

10 de Noviembre



Después de varios días de trabajo en Lima recorriendo el convento Franciscano, el de Santo Domingo, la Catedral y el palacio Episcopal de Cusco para mi estudio sobre los azulejos sevillanos, nos trasladamos al poblado de Aguascalientes, para subir mañana a Machu Picchu, la legendaria ciudad inca. Pero el turismo también está contagiado de la euforia futbolera, hoy por la noche será el primer partido en Nueva Zelanda, si Perú gana será una noche de júbilo, si no habrá que esperar el otro partido, ahora en Lima. Lucen la camiseta con el número 9 los meseros, los guías, los niños, el turista alemán, el norteamericano, la africana y la francesa, palidece la venta de las artesanías tradicionales contra los globos rojos y blancos, las cintillas, los llaveros, los carteles, las camisetas. “Fuerza Machu Picchu”, “Perú al mundial”, se lee en una lona enorme, junto a una pantalla hechiza más grande que la pequeña iglesia del pueblo. Todos estamos ahí esperando que den las diez de la noche, como si ese fuera el motivo de nuestra estancia y no la subida a la montaña.

Pero a pesar de algunos tiros en el travesaño en el primer tiempo el gol no llega. El empate cae en el respetable como un balde de agua fría. Poco a poco, en silencio, se vacía la plaza.



11 de noviembre

Somos de las pocas personas en subir temprano a la maravillosa ciudad Inca, tan cerca del cielo con su trazo perfecto, tan incomprensible en su abandono ante la probable invasión de los españoles. Recorremos también la montaña en un pequeño camino al borde del precipicio hasta llegar al Puente Inca, a media hora caminando de Machu Picchu, ante un paisaje irreal. Regresamos a Cusco en un tren zigzagueante que cruza los Andes y te deja sin habla.

12 de noviembre.

Vamos a conocer el área de experimentación agrícola de los Incas, una montaña en desniveles en cada uno de los cuales hay un microclima, una tierra particular y una siembra específica. De todo, papas un gran parte de las más de sesenta variedades, y maíz, yuca, camote, ají. Y ahí de nuevo, con las montañas como fondo, dos muchachas extienden la bandera de Perú, se toman la foto, lucen la camiseta del capitán.

Después conocemos las salinas, ese enigmático lugar de sabores y de luces al pie de los Andes.

El 14 de noviembre regresamos a Lima. Y al futbol.

14 de noviembre.

Noticias de última hora: el camión de Nueva Zelanda se atora al intentar ingresar al estadio ante la rechifla de los locales. La vidente que pronósticó la salida de Chile del mundial, originalmente había dado el triunfo a Nueva Zelanda, pero la alineación de los astros cambia y Perú ganará en penales, dice. El delantero estrella de Nueva Zelanda confiesa tener tatarabuelo peruano y hoy intentará buscar la casa de sus orígenes, a pesar de que su lealtad familiar es vista con desánimo por sus compañeros de equipo.

A las tres de la mañana suenan los cohetes frente al hotel Marriott donde se hospeda el equipo invitado, para no dejarlos dormir. Los responsables huyen dejando como evidencia un gorro rojiblanco. El presidente municipal de Lima pide disculpas. Surgen amenazas de no dejar entrar al estadio ni banderas con palos, ni instrumentos musicales, y todo peruano, como en un aeropuerto será revisado previo al ingreso. La polémica deriva en manifestación multitudinaria frente al palacio al grito de viva Guerrero, muera el mal gobierno. El municipio cede y llama a la cordura ciudadana. La reventa por su parte subd el boleto de 100 soles a 200 a las 12 del día, a las tres de la tarde ya está en 1000 soles. Las gorras tradicionales han pasado de 5 soles a las ocho de la mañana a 25 soles a las tres de la tarde.

En el almuerzo, a las dos de la tarde, vemos a un hombre solitario en una esquina, me acerco y observo que trae puesta la camiseta de Nueva Zelanda. “Que valiente”, le comento. “No me quieren atender”, me dice. “Vienes con el equipo?”, pregunto. “No – responde--, estoy casado con una peruana y mis hijos nacieron aquí. Quién lo hubiera imaginado, nunca pensé que sucedería esto, menudo lío, me puse la camiseta y ni comida en casa, la agarraron contra mí, lo que nunca había pasado. No creo que ganemos los de Nueva Zelanda, pronóstico dos ceros favor Perú, pero la patria es la patria, por eso me puse la camiseta y me vine al bar.” Un amigo suyo con la camiseta del Perú lo llama a su mesa, al fin le consiguió una cerveza.

15 de Noviembre.

Desde medio día empezó a llenarse el parque de los gatos, el Kennedy para los turistas, en espera de la transmisión del partido a las nueve de la noche, en la pantalla gigante. Y ahí nos instalamos desde las ocho de la noche. Ya no hay lugar en la explanada, la ocupan jóvenes y mujeres de edad, niños, adultos; los cantos de “Perú venceremos a todo rival e iremos al mundial”, están a todo lo que da. Una niña envuelta en la bandera espera el silbatazo de arranque. Dos novios se besan. No sabemos dónde colocarnos porque somos pequeñas y el entusiasmo peruano nos tapa. Al fin logramos colocarnos sobre un montículo colectivo, gracias a un joven que nos abrió espacio. La sombra de un árbol nos tapa pero algo logramos ver, pequeñas figuritas a los lejos. El joven que nos abrió el espacio forma parte de un grupo de seis gays y dos lesbianas jubilosas, ellas sirven lo que parece aguardiente o tequila y la botella se acaba antes de que empiece el encuentro. Una pareja está subida en el único árbol útil para trepar en él. Y empieza el partido. Pero no vemos del todo, acaso manchones rojiblancos que se alejan y se acercan. Así estamos todos. Entonces los del árbol se convierten en locutores espontáneos y nos van narrando al partido, que a su vez nosotros narramos a los de más abajo. Una mujer en silla de ruedas a mi lado es la que pone más atención, pero mejor se va acompañada por su nieto. Y nosotras también, mejor verlo en algún bar.

Ahí en la popular calle de las pizzas, todo está saturado. Hasta el gorro. Nos aposentamos afuera de alguno, como tantos otros, de cualquier manera estamos más cerca de la pantalla. El policía que impide el acceso lleva la camiseta puesta, está nervioso, comenta cada movimiento, aplaude, sufre, no se fija mucho en nosotros. “Manuel, una oscura”, pide alguien desde atrás y Manuel, un guapo mesero, moreno y alto, hace pasar la cerveza. Luego van otra y otra para los que están en el parque, van las cervezas y el dinero regresa en una cadena sin fin, como en los camiones de antes. Hasta que cae el gol de Farfán, que le dedica a Guerrero, al amigo de la infancia, al que lo hizo volver a entrar en razón después de un año de tropiezos, al capitán acusado de falso dopaje; ahí está el gol y la camiseta de Guerrero recorre el estadio, la gente llora de emoción en el parque y en la calle. En la euforia alguien me abraza y me levanta: ¡gol ¡, me dice, ¡gol ¡, y me deja de nuevo en el piso. Pero todavía no se gana el partido, hay nerviosismo.

Casi anota Nueva Zelanda, que susto. Acaba el primer tiempo. Pareció eterno el receso. Mejor vamos al hotel si queremos ver el segundo tiempo. Ahora sí logramos ver a los jugadores con el detalle que amerita el partido. Ingresa Wood de Nueva Zelanda y pone a Perú contra las cuerdas en uno y otro ataque. Pero los anfitriones se recomponen poco a poco con los pases de Renato Tapia, Miguel Trauco, Edisón Flores y el propio Farfán que recuperan el ritmo del partido. Así a los sesenta y cinco minutos de la contienda Christian Cueva sacó un tiro de esquina directo al área. El balón se deslizó entre la defensa rival y pasó entre las piernas de su capitán Wiston Reid hasta llegar a los pies de Christan Ramos, el defensa veterano ahora de delantero, que logra conectar el segundo gol. Un grito de júbilo recorre el edificio, la plaza, el país entero. Se ganó el partido, increíble.

Perú el último pasajero, el pasajero número 32 al mundial. Lima se vuelca a las calles, “estamos en el mundial”, dicen, “viva Gareca”, el hoy entrenador de la selección peruana que sin embargo como jugador argentino había eliminado a Perú para el mundial de 1986 (el equipo que ganará el campeonato con Maradona. al que sin embargo él no sería convocado por diferencias con el entrenador); Gareca el más odiado entonces por los peruanos, luego se convertiría en su entrenador y hoy les da el triunfo. “Viva Gareca”, es un murmullo que recorre las calles. El sonido de los clacsons, al que son tan aficionados los limeños, nos acompaña hasta el amanecer.

Las crónicas matutinas más que narrar el partido, hablan de un día de gloria, dirá el comentarista Angelo Torres: “Escribo desde la luna porque en la tierra no cabe la felicidad. Igual puedo verte abrazándote con tu papá, cargando a tu hija que no entiende la sonrisa tatuada o mirando al cielo recordando esa promesa inconclusa. Besando al televisor con la camiseta impregnada, orgullo de tus colores. Estamos borrachos de gloria, intoxicados de gratitud. Somos el último pasajero, el más especial. El que esperaba el resto para sellar esta fiesta selecta donde van los treinta y tres mejores. Ahora se puede dejar volar la imaginación, ya no hay escalas.”

16 de noviembre

Día feriado para algunos, como prometió el gobierno si ganaba Perú, para gran parte del transporte público por ejemplo, pero para otros no. Y es que el municipio decretó día feriado sin medir las consecuencias. Dos horas de cola en para tomar el metropolitano, les descontarán el día si no llegan a tiempo dicen. Y los sindicatos opinan, proponen paro laboral si hay represalias. Mejor que caiga el gobierno, comentan furiosos los que están en la cola, son corruptos y no respetan al pueblo. Y que vivan Farfán, Guerrero y Ramos, el defensa que metió el segundo gol.

Ya en el aeropuerto de regreso a México, coincidimos con los jugadores de Nueva Zelanda. Son enormes, los peruanos los siguen, los rodean cual hobits. El portero, con su rostro hermoso y triste, permite una y otra vez la foto, intenta sonreír con un aire nostálgico ante la joven que lo toma del brazo y aprieta el celular. Casi no puede avanzar rumbo a la sala de espera, lo logra al fin y se queda brevemente dormido en la butaca con su espléndido cuerpo relajado al fin.

El Congreso de Estados Unidos está elaborando una reforma fiscal que afectará no sólo a sus compatriotas sino a todo el mundo y en particular a México. Hace apenas una semana, la Cámara de Representantes votó mayoritariamente a favor una serie de cambios legislativos que recorta los impuestos y el gasto del gobierno, mismos que el semanario The Nation calificó, en un artículo firmado por Robert Borosage, como “ridículos, insultantes y criminales”. La líder demócrata de esa instancia legislativa, Nancy Pelosi, aseguró que se trataba de un “chanchullo”. Las razones son las siguientes:

  • Estados Unidos tiene actualmente una desigualdad enorme, sólo comparable a la que existió en los años previos a la crisis de 1929. La mitad de los recortes tributarios está destinada al 1%, los más ricos del país, que ya concentran el 38.6 % del ingreso total del país frente al 33.7% que detentaban hace unas décadas.
  • Las ganancias de las corporaciones están en los niveles más altos de los últimos años y sus contribuciones están declinando como parte del ingreso federal total. Aun así, los republicanos intentan recortarles impuestos por alrededor de 1.5 billones de dólares (trillones en la terminología usada en EU): el gravamen a las empresas bajaría del 35 al 20%, beneficiando sobre todo a los grandes negocios.
  • La propuesta votada aumentará las contribuciones que pagan las familias trabajadoras y de clase media.
  • Grandes consorcios como Citibank, Wells Fargo, Apple y Pfizer y muchos otros han evadido el pago de sus obligaciones durante muchos años por una cantidad aproximada de 2.6 billones de dólares mediante los llamados paraísos fiscales. Con la reforma aprobada se les premiará por esta conducta y se dará una rebaja adicional a las multinacionales que obtienen lucros fuera de Estados Unidos.
  • El costo de las colegiaturas universitarias ha provocado una crisis nacional pues el monto de la deuda de los estudiantes excede ya el de los tarjetahabientes, pero los republicanos decidieron aumentar en 71 mil millones de dólares el costo de las cuotas durante la próxima década. Doce millones de estudiantes deudores tendrán que pagar más.
  • Los veteranos de guerras discapacitados y los desempleados de largo plazo se verán también afectados pues se eliminarán los créditos fiscales que se otorgan a las empresas para contratarlos.
  • Se propone eliminar los impuestos estatales, sobre todo aquellos que se aplican a las fortunas mayores de 5.4 millones de dólares.
  • Se mantiene las exenciones impositivas a los magnates de bienes inmobiliarios como Donald Trump, pero se eliminan los créditos fiscales para quienes inviertan en comunidades pobres urbanas y rurales.
  • Se planea recortar 25 mil millones de dólares al programa Medicare (que provee atención médica a todas las personas mayores de 65 años, o más jóvenes consideradas discapacitadas debido a graves problemas de salud, como cáncer o insuficiencia renal).
  • El gasto del gobierno sufrirá seguramente otros ajustes, principalmente en aquellos renglones destinados al bienestar social.

Todo esto representa un daño terrible a la economía norteamericana, asegura Robert Reich, un especialista muy reconocido. La creación de empleos señala, depende de la demanda interna de bienes y servicios, pero ésta disminuirá si se aprueba la reforma pues las familias de muy altos ingresos gastan muy poco de lo que reciben por los recortes de impuestos y en cambio invierten su dinero en valores financieros o propiedades inmobiliarias. Mientras tanto, la clase media y los más pobres han visto reducir su poder de compra en las últimas décadas ya que sus salarios se han estancado, lo que se agravará con esta transferencia de riqueza hacia las personas más acaudaladas.

Aprobada por los representantes, el proyecto tendrá ahora un segundo episodio en el Senado. Lo malo es que los republicanos comparten en ambas cámaras el mismo objetivo: bajar los impuestos a los super ricos y a las corporaciones empresariales. Las intenciones del partido mayoritario pueden fracasar sólo si se dividen. Esta última posibilidad es difícil pero no imposible pues en la votación ocurrida en días pasados, un grupo de 13 republicanos se pasó al bando de los demócratas y rechazaron el proyecto. En el Senado, su mayoría es más apretada (52-48) y bastarían más de dos votos republicanos perdidos para que la propuesta fuera rechazada. Hay además varias diferencias, algunas de fondo, entre ambas legislaturas, a pesar de estar dominadas por los republicanos. De hecho, los senadores aprobarán una iniciativa distinta y luego un comité bicameral tratará de buscar arreglar las diferencias y lo que de ahí surja se votará posteriormente para su aceptación (o rechazo) definitivo.



Aunque las propuestas de los republicanos se basan en la creencia neoliberal de que la inversión y con ello el crecimiento y los empleos se van a disparar si se rebajan los impuestos, sus razones son fundamentalmente políticas. Quieren satisfacer las peticiones de sus donantes, los grandes magnates, para seguir recibiendo su patrocinio en las próximas campañas electorales. En segundo lugar, el partido mayoritario busca una victoria política que los fortalezca a ellos y al presidente Trump, después de tantas fallas, descrédito y desorden del gobierno que inició sus funciones en enero de este año. Y finalmente, desean aparentar que trabajan en favor del pueblo estadounidense pensando que el panorama económico, que en efecto ha mejorado en el último año, se dispare en el corto plazo, por lo menos hasta las elecciones noviembre de 2018.

Si se impone la reforma, habrá graves consecuencias para los estadounidenses y para el resto del mundo debido al muy probable aumento de las tasas de interés ya que se incrementará explosivamente la deuda pública de Estados Unidos para cubrir la rebaja de sus ingresos tributarios y su inevitable consecuencia, el déficit presupuestario. Ello tendrá efectos negativos en primer lugar para los deudores de aquel país que tienen una hipoteca o piensan adquirirla, y para los que usan sus tarjetas de crédito para cubrir los faltantes de sus quincenas. Pero, además, en muchas partes del mundo, los bancos centrales se verán tentados a aumentar también el costo del dinero para evitar que los flujos de inversión se fuguen hacia la potencia norteamericana, y así evitar problemas monetarios e inestabilidad financiera.

En el caso de México, además, la rebaja de impuestos en EU presionará para que aquí también haya una quita a los gravámenes sobre las ganancias de las empresas, con el pretexto de que los capitales se irán si no se les otorga un trato similar al de allá. Ello llevaría también a nuevos ajustes del gasto público y a un menor crecimiento. Si a todo esto agregamos la incertidumbre y los posibles daños inmediatos que puede producir la ruptura del TLCAN, la posible victoria de la enmienda de los republicanos aumentaría la fuga de capitales y las presiones de los grandes empresarios para ahondar las reformas “estructurales” regresivas que los han beneficiado. México pude entrar así en una espiral tóxica: altas tasas de interés-menores ingresos públicos-fuga de capitales y devaluaciones.

Trump y su partido están demostrando a quién realmente sirven y cuáles son sus verdaderos intereses. Su pretendido nacionalismo, sus compromisos anunciados para beneficiar a los trabajadores, y todas sus promesas de campaña para “engrandecer” a EU se revelan ahora como pura demagogia. El problema es que los efectos de estas medidas tan abierta y abrumadoramente favorables al poderoso 1% y a sus grandes consorcios serán pagados no sólo por la mayoría de los estadounidenses sino también por millones de habitantes de este planeta y, en particular, por sus vecinos al sur de la frontera.

Nada está escrito aún, pero ello depende por ahora de un pequeño grupo de políticos ambiciosos e irresponsables. Esperemos que el pueblo norteamericano los haga retroceder.



Twitter: #saulescoba



Efectos de la contaminación de la cuenca del río Atoyac en la Salud Humana. Ahora son los médicos los que levantan la voz desde la experiencia clínica, a la vista de los niños que se atienden en los hospitales víctimas de las diarreas mortales provocadas por el agua contaminada.

"Se trata de caca líquida --dice el Doctor Sergio Assís, Jefe de la División de Pediatría del Hospital Ángeles--, de eso es de lo que hablamos cuando medimos los coleiformes en el río Atoyac. Este foro tiene ese propósito de conjuntar lo que la investigación científica ha logrado establecer sobre la contaminación y los efectos que tiene sobre la salud de todos nosotros." Sergio Assís será el moderador del foro organizado por varias instituciones en coordinación con Dale la Cara al Río, el grupo civil que no deja de denunciar la gravedad de este problema estratégico para la viabilidad de la sociedad poblana.

Así presentaron en rueda de prensa este martes 21 el evento que se llevará a cabo el sábado 25 en el propio Hospital Ángeles:

"El río Atoyac es el tercer afluente más contaminados del país y el incremento de los volúmenes de descargas urbanas, industriales y agrícolas vertidas, directa o indirectamente a los cuerpos de agua superficiales ubicados en la cuenca, han generado una preocupación ciudadana sobre el riesgo en la salud. El contacto con el agua, la inhalación de partículas en el aire y la ingesta de alimentos y agua contaminada, son algunas de las principales causas de exposición impactando en forma importante la salud humana. Este foro por ende, representará una gran oportunidad de aprendizaje y divulgación del conocimiento para la comunidad interesada y en ser partícipe del primer encuentro que tratará sobre un tema en el que poco se ha incursionado y lo fundamental de conocer la vulnerabilidad a la que estamos expuestos, derivados de la contaminación del agua de la cuenca. Su descripción y conocimiento por parte de panelistas expertos nos hará más conscientes de las causas, su fisiopatología y lo más importante la prevención y las posibles soluciones para mitigar o evitar esos efectos."

"Para entender lo que pasa con el río --ha dicho Dale la Cara al Río en la rueda de prensa-- hay que entender qué pasa con las autoridades de todos los órdenes. Y en particular hay qué preguntar a los diputados porqué no asignan recursos para el ordenamiento de la maraña institucional en torno al río Atoyac.



Martes, 21 Noviembre 2017 00:00

200 años de bicicletas/Revista Nexos

Mundo Nuestro. Hay invenciones que dignifican la vida de la humanidad. Esta, vital y divertida, apenas tiene 200 años, y fue producto de la erupción de un volcán furioso en Indonesia. Como la mariposa que rompe el vuelo y provoca un huracán en el otro lado del mundo.

Esta crónica se refiere a ese desvarío que se contiene en el equilibrio sobre dos ruedas fantásticas. Es de Héctor Abad Faciolince , escritor colombiano (sus obras más recientes son El olvido que seremos y El amanecer de un marido), y la publica este noviembre la revista Nexos.



Es curioso que la rueda haya sido inventada hace más de cuatro mil 500 años y que en cambio la bicicleta esté cumpliendo apenas dos siglos. Se celebran tantos aniversarios tontos y en cambio casi nadie ha celebrado los 200 años de esta máquina mágica, la más económica en términos de gasto energético, velocidad espacio recorrido, y el medio de transporte más ecológico y saludable para un planeta enfermo de fiebre. Pero al mismo tiempo es normal que a nadie se le hubiera ocurrido inventar por tanto tiempo la bicicleta, ya que pocas cosas resultan más contraintuitivas que el milagro del equilibrio sobre dos ruedas.

Apenas 200 años de este vehículo prodigioso. Un supuesto dibujo de Leonardo da Vinci del prototipo de una bicicleta, es un falso demostrado (un charlatán añadió radios, cuadro y manubrio a dos círculos dibujados por Da Vinci en uno de sus cuadernos). Pero ¿por qué diablos a nadie, ni siquiera al genio Leonardo, se le había ocurrido poner dos ruedas en línea, unirlas de algún modo, montarse encima y empujarse con las piernas? Como muchos otros hallazgos del ingenio humano este invento fue fruto de la necesidad. Todo se debió al mal tiempo. Paradójicamente, la bicicleta se inventó para contrarrestar los efectos de un cambio climático repentino, pero opuesto al que hoy estamos sufriendo. Durante varios meses de 1815 ocurrió la erupción más grande de que se tenga noticia. El volcán Tambora, en Indonesia, arrojó tal cantidad de materia que pasó de tener cuatro mil 300 metros de altitud, antes de la explosión, a dos mil 850, después de derramar piedras, lava, fuego, y de arrojar en la atmósfera millones de toneladas de polvo y ceniza.

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Mundo Nuestro. En días pasados se presentó en el edificio de la Aduana Vieja el libro Solón Argüello, Antología poética, elaborado para el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP por la novelista e investigadora Beatriz Gutiérrez Müller. Recuperamos de ese evento el texto escrito por la poeta poblana Valeria Guzmán (Ciudad de Puebla, 1990), quien nos ayuda a comprender la profundidad de uno de los personajes trágicos de la revolución mexicana, el poeta de origen nicaragüense Solón Argüello asesinado en 1913 por soldados del régimen huertista.

La antología elaborada por Beatriz Gutiérrz Müller es un compendio de poemas que pertenecieron a los tres libros publicados por Argüello en México: El grito de las islas (1905), El libro de los símbolos e islas frágiles (1909) y Cosas crueles, además de una veintena de piezas inéditas que fueron rescatadas de periódicos y revistas por la investigadora del ICSyH.

El poema Y prosiguió su signo con el que Valeria presenta su valoración de la poesía de Solón Argüello es de una fuerza estremecedora.



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Y prosiguió su signo

Pasó lleno de polvo

su traje asaz roído,



con sus viejas sandalias que conocen

cien valles, cien desiertos, mil caminos.



Pasó, con su melena

que desgreñaba el austro,

con su triste mirada pensativa,

que escruta, siempre fija en el arcano.

Pasó, como una sombra,

callado, obscuro, solo,

con sus laxos camellos de tristeza

doloridos. Pasó lleno de polvo...

Miró hacia atrás en busca

del ya lejano predio

y aun oyó reproches que venían

traídos por la parva de los vientos.

Y se bebió sus lágrimas

y prosiguió, en su signo,

con sus viejas sandalias que conocen

cien valles, cien desiertos, mil caminos.

Anoche soñé que me disparaban en la pierna. Sabía que no debía moverme aunque no sentía ningún dolor, ni siquiera angustia. A otra mujer le disparaban en el vientre frente a mí, y eso me preocupaba más; sabía, por sus gestos, que a ella sí le dolía.

En la carrera de Letras te enseñan a desligarte de la empatía pues ése es el grado más básico de la lectura, identificarse con un personaje, con una situación. No sé si por eso casi dejé de leer narrativa. Para la poesía no hay otra alternativa más que el involucramiento. La poeta santianesa Olvido García Valdés escribió una biografía de Santa Teresa en la que explica su corazón. El corazón del poeta místico es como una cúspide, como el punto de una montaña que se alcanza después de muchos trances, hasta llegar al de la unión real. Para mí, el poeta debería buscar siempre su propio corazón.

Cuando Miguel me dio el libro de Solón Argüello no sabía quién era él, sólo sabía que yo estaba triste. Sentí que él también había estado triste. Todo el tiempo habla de la​ ​isla​. Leo que Justo Sierra le facilitó a Argüello dar clases en Ensenada. Yo fui por primera vez el año pasado. Me sorprendió ese O​cénao Pacífico que se puede ver desde las rocas, y la lejanía que desde ahí se siente con el mar​. No vivir en el mar, no ser del mar, causa un distanciamiento del cual no se tiene consciencia sino hasta que se convive mucho con alguien que sí viene de una ciudad marítima o, me hace pensar Solón, hasta que se llega a vivir a una ciudad con playa.

Además las playas de Baja California no son tan alegres, tienen algo de nostalgia. Quizá porque el sol no te invade como en las céntricas. Las islas del poeta son metafóricas, pero esa insistencia en el símbolo quizá no es tan común en alguien que no está en diálogo constante con el agua.

Dice Jules Michelet en su libro sobre el mar:

“¡Qué triste es ver, al caer de la tarde, el sol, alegría del mundo y padre de todo lo criado, ir desapareciendo, eclipsarse entre las ondas! Es el cotidiano duelo del Universo, particularmente del Oeste. En vano es que todos los días presenciemos el mismo espectáculo; siempre ejerce en nosotros igual influjo, idéntico efecto melancólico.”

En efecto, no hay manera de estar al lado de la playa a la hora del arrebol (que en el norte aparece casi diario) sin sentir que perdemos algo. Me imagino que esta sensación se intensifica cuando se tiene la rutina de vivir junto a ese fenómeno diario.

Creo que la tristeza de Argüello lo llevó a buscar cosas. La primera cosa es el amor romántico, la que está más al alcance. El amor es una posibilidad de llenar el vacío propio de estar vivos. Bataille asegura que el hombre nace y muere en soledad (tengamos en cuenta, sin embargo, que era un filósofo occidental). Pero la relación amorosa se acaba, el poeta se queda solito en su isla. Es tristísimo ver cómo el otro se aleja, y quedarse con el propio corazón que late y late y late. Parece que no hay una escapatoria de eso. Sí la hay. Es lenta, es igual o más complicada. Se puede llenar el vacío que deja un amor romántico con la búsqueda de profundidad del ser. El ser está solo pero, al mismo tiempo, está acompañado del todo y él mismo es el todo. Una trascendencia que ​buscan las grandes doctrinas místicas.

Dice Nietzsche que cuando el ser llega a este verdadero encuentro del corazón, el artista se despersonifica. Escribir de esto es complicado, el lenguaje se vuelve simbólico. Para Solón Argüello, se vuelve fantástico. Hay bosques que acechan y criaturas maravillosas que aparecen, corporeizando lo trascendental​. También están entre estos paisajes los santos y los dioses. En la poesía de Marosa di Giorgio sucede igual: en medio de una realidad fantástica, aparecen entidades sagradas.


Podría parecer contradictorio que un poeta místico, como definitvamente considero a Solón Argüello, haya dejado de escribir para luchar por una causa política. Pero creo que es una entrega con disciplina que distingue a las personas que se entregan a una idea, sea religios a o no. Hay algo que podríamos llamar “romántico” ahí, o sólo propio de un ser lleno de pasión trascendental.

(La fotografía que ilustra la pordatilla de este texto pertenece al Sistema Nacional de Fototecas del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Cortesía de la editora Beatriz Gutiérrez Mueller.)

Mundo Nuestro. Martín Bermúdez, campeón mundial de marcha en 1979, viajó a Moscú con el equipo olímpico mexicano comandado por el entrenador polaco Jerzy Hausleber, apenas unos meses antes de las olimpiadas de 1980 en la capital de la moribunda Rusia Soviética.

Son los años de mayor gloria para el deporte de nuestro país, con figuras hoy míticas en los nombres de Daniel Bautista, Raúl González, Ernesto Canto, y más allá, del carismático Sargento Pedraza, aquel de los gestos de coraje al no poder arrebatarle el oro a un soviético en las olimpiadas de 1968 en la ciudad de México. Los mexicanos, entonces, imponían el ritmo y la ley en la competencia mundial, dice Martín al describir la fotografía que da cuenta de la lucha cuerpo a cuerpo entre Daniel Bautista, un competidor gringo y él mismo.

En este viaje Martín Bermúdez es el novato del equipo, pero ya lleva enfundada la intuición del escritor, y los ojos abiertos y sensibles a ese mundo radicalmente distinto que tiene la oportunidad de conocer. Son los años finales del imperio soviético fundado con la revolución bolchevique de 1917.



Tavarish, Sovieski Zayúz, sigvognie savaristavagnie, Zamolot, Mockba

Algo así oímos en ruso dentro del avión, en el aeropuerto de Varsovia, cuando nos anunciaba la azafata que el vuelo de la línea aérea de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, salía con destino a Moscú. Después lo dijo en un inglés siberiano rústico y de mala gana. Dio unas cuantas recomendaciones señalando las puertas de emergencia y terminó diciendo: da, da, spaziva; luego caminó unos pasos y fue a sentarse con sus otras compañeras en la zona de tripulación. Ahí quedaron, frente a los pasajeros. Nosotros estábamos en las filas donde dice “Niet pali” y nuestro entrenador polaco, de 20 y 50 kilómetros de marcha olímpica, Jerzy Hausleber, como siempre, ocupaba los últimos asientos del avión. Esta vez no era la excepción, así que se fue al área de fumar, donde no estaban los letreros de “Niet pali”. En seguida llegó el aroma a tabaco de su pipa, mezclándose con los olores a sebo y ajo del avión entero.

A los pocos minutos, el avión soviético despegó haciendo estruendosos ruidos. Unas rejillas y compuertas se abrieron y de ellas salieron rebotando unas cebollas, jitomates y pepinillos que rodaron por los pasillos hasta los últimos asientos, mientras íbamos tomando más y más altura. A los pocos minutos cruzamos las nubes y después, volábamos sobre ellas.

Mis nueve compañeros me decían “Novato”. No supe en qué momento se fueron quedando dormidos, ni se despertaron cuando las azafatas pasaron dando unas cajas de plástico. Dentro había carnes frías con trozos de cebollas, jitomatitos y galletas. La mayoría de los pasajeros las regresó, estaban rancias. Minutos después las sobrecargos pasaron arrastrando unas bolsas negras de plástico y recogieron las cajitas. Volvieron a sus asientos y sentadas en hilera frente a los pasajeros abrieron algunas cajitas y empezaron a comer en trocitos las galletas rancias, masticaban lentamente, viendo al techo del fuselaje sin parpadear, como viendo al cielo a través de la nada.



Aquello quedó en silencio, giré el cuerpo hacia atrás para ver dónde estaba el entrenador polaco. Allá, cerca de la ventanilla observaba el vacío…a su Polonia, a pesar de que ya no se veían más que las espaldas de las nubes.

Recordé una semana antes, cuando nos llevó a la ciudad vieja de Varsovia. “A Polonia la han cagado hasta los perros, todos le pasaron por encima” y dijo unas groserías en alemán y ruso. Al entrar a la ciudad vieja vimos muchas bardas caídas, otras con perforaciones de balas, las casas con boquetes en las paredes “Éstas son las ruinas de la guerra. Eso ha quedado así para que no se nos olvide” (a mí me pareció que aquel lugar aún olía a pólvora y gasolina). “Ustedes, como mexicanos, no han sufrido más que en las telenovelas”, nos dijo. Tal vez por eso al día siguiente, cuando terminamos los entrenamientos, le ordenó al chofer que se adentrara al bosque sobre una brecha de tierra.

Acomodados en los asientos traseros de la furgoneta, un poco apretados, solo veíamos las hileras de pinos al pasar. El profesor iba al lado del chofer hablando en polaco, mientras nosotros, tal vez por el entrenamiento fuerte o por el arrullo del motor, nos quedamos dormidos.



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“Bájense que ya llegamos”. La voz nos despertó. Bajamos, caminamos y entramos. Vimos unas barracas y galerones en hileras, una cerca de alambres con púas que se interconectaban. En el fondo, el bosque rodeando.

Entramos a la primera galera: las suelas de los zapatitos quemados. Los huesos y esqueletos incompletos, carbonizados, formados en cerros; los hornos como abriendo la boca con hollín. Tal vez íbamos a la mitad del recorrido cuando sentí que se me bajó la presión y empecé a vomitar. El profesor Jerzy nos retiró del lugar. El regreso a la ciudad fue distinto. Todos teníamos la vista fija en los árboles del bosque, no hubo palabras, se podían escuchar las hojas y las puntas de agujas de pino que arrastraba la furgoneta. Sentíamos que nos faltaba el aire a pesar de estar en el bosque. Me perseguían las imágenes que dejamos atrás, junto con el letrero, en trazos grandes, que decían: Auschwitz.

Esa noche, el entrenador Jerzy cenó rápido y regresó al dormitorio. Saltó por la ventana trasera, cruzó entre el bosque para esperar a que pasaran por él. Lo llevaron a una cabaña, donde se reuniría con un grupo de obreros, encabezados por Lech Walesa. Todos ellos, dispuestos a defender a Polonia contra el poder Soviético.

Mientras pensaba en lo sucedido por esos días, el avión entró en zona de turbulencia, después se quedó quieto, como si estuviera suspendido en el aire. Quise dejar de pensar por un momento en esas imágenes. Esas imágenes feas de los días pasados, pero volvían a aparecer: La ciudad vieja de Varsovia y el campo de Auschwitz. Además, ahora había un aroma en mi nariz, un aromilla extraño y pegajoso, era muy similar al de otros países del bloque comunista, como Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Alemania del Este, donde habíamos estado compitiendo.

La pregunta que me hacía es ¿Por qué estos países huelen casi a lo mismo? Estas tierras tienen su propio aroma y color. “¡Qué chistoso!”, pensé, ¿Cómo puede oler un país? Alemania del Este, huele como a sótano abandonado y flores olvidadas en un panteón. Y es que el problema no es que el Muro de Berlín sea tan alto, sino las torretas con militares y sus armas largas, listos para disparar a quien se acerque. Yo no sé, pero para mí éstos países huelen como a miedo y olvido, pero ¿acaso eso tiene aroma? ¡Qué cosas pienso, Dios mío! Pero claro que hay colores marchitos, desde el cielo se da uno cuenta cuál país es comunista y el que no lo es, yo me di cuenta cuando cruzamos por avión las Alemanias: hay multicolores en la Alemania Federal, colores y más colores. En cambio, la Alemania del Este tiene un solo color: cemento militar. Se ve triste. En eso iba pensando cuando escuché la voz del capitán hablando en ruso y luego en inglés. Unos minutos después, el avión empezó a descender.

Al llegar al aeropuerto de Moscú el avión aterrizó sin problemas. Cuando dio la vuelta y se paró cerca de los hangares, un grupo de militares nos rodeó y nos condujeron a un camión largo, unos se colocaron en las puertas, otros entre los pasajeros. En la parte exterior del aeropuerto colgaba La Hoz y el Martillo en color rojo. Al entrar a la sala de migración, otros militares nos formaron en varias filas y ordenaron declarar y escribir en libretas cada moneda, joyas, ropa de vestir, libros o revistas que trajéramos. Después, a cada uno nos fueron pasando a una cabina de inspección, había en el techo un espejo y otro en la pared de atrás; el militar podía verte por todos lados, se te quedaba mirando fijamente, sin parpadear; volvía a ver el pasaporte y te volvía a fijar la vista.

Al profesor Jerzy lo interrogaron aparte por más de cuatro horas, le preguntaron por qué traía tantos dólares, marcos alemanes, francos, coronas noruegas, suecas y pesos mexicanos. Les mostró el documento oficial donde el gobierno soviético nos invitaba a participar en los Campeonatos Nacionales de 20 y 50 kilómetros de marcha. Les explicó que él era el entrenador en jefe del equipo mexicano y que ahí estaban los campeones del mundo y el campeón olímpico de Montreal ‘76, lo que al oficial militar le molestó mucho y más que se lo dijera un polaco y en polaco.

“Ahora está en territorio ruso, los polacos aquí hablan ruso, no lo olvide. Usted lo aprendió muy bien” le reclamó el militar, alzando la voz como para que se oyera, no solo en toda la sala, sino en todo el aeropuerto (en el momento no entendíamos nada, pero al día siguiente el profesor nos detalló el suceso). Ordenaron que metiéramos en bolsas tipo militar cosas como revistas, perfumes y jeans nuevos. Nos recogieron hasta una Virgen de Guadalupe que llevábamos, “cuando salgan del territorio, se las regresamos” dijeron.

Pero el profesor Jerzy traía tres imágenes en miniatura: la Virgen de Chestojova, San Charbel y la Virgencita de Guadalupe que no detectó el militar. Por último, le ordenaron que debía cambiar los dólares por rublos ahí mismo, pues si lo hacía en la calle, en el mercado negro, iría a la cárcel. Él obedeció de inmediato.

Al salir del aeropuerto, se acercó un hombre quien dijo llamarse Dorovski, “yo soy el traductor, Profesor, voy a trabajar éstos quince días con ustedes”.

Hablaba un español rasposo. “Allá está el autocar” señaló al frente, tomó una maleta y la sopesó como descubriendo qué contenía. Otro hombre fornido como un oso, pero de pie, aguardaba bajo una farola rústica, usaba una chamarra color caqui y un gorro típico ruso; un bigote mal recortado, como de foca. Al exhalar le salía vaho, eran los primeros días de abril, él también hablaba español, pero con acento cubano. En cuanto subimos las maletas, se colocó al volante y aceleró al centro de Moscú. Entró a una avenida asfaltada, después por varias calles angostas y empedradas, a los lados unas unidades habitacionales amarillentas y pálidas. La noche cayó sin que lo advirtiéramos. Tras varias vueltas llegamos al centro, rodeamos la Plaza Roja y cruzamos un puente sobre el Río Volga y desembocamos al hotel más grande del mundo: el Hotel Rocía, con más de cinco mil habitaciones, según el traductor Dorovski.

Para entrar nos formaron de nuevo en una sola fila, con pasaporte en mano, pasamos de uno en uno; cuando terminó el registro, nos dijeron como debíamos comportarnos dentro del hotel: no hacer ruido, no gritar, no correr; cuando salgan, deben llevar su pasaporte en mano. Las comidas las haremos en grupo y en éstos y éstos horarios. Al principio nos dio risa. Al día siguiente, a la hora del desayuno, bajamos por un elevador, caminamos por unos pasillos estrechos, bajamos por unas escaleras de hierro reforzado y de madera desgastada, llegamos a un sótano y dimos vuelta a la derecha como rodeando el edificio, para tomar otro pasillo largo y entramos al comedor. Dos mujeres y tres hombres, meseros, esperaban. La mesa era rectangular y de fierro, nos sirvieron té negro en vasos delgados de cristal, pensé que podían explotar de lo caliente del agua. En seguida en platos grandes pusieron trozos de mantequilla, carnes frías, pan negro, mermelada, unos jitomates, cebollas y una especie de remolacha. Cada movimiento de platos y cucharas, parecía retumbar en todo el salón. Entre ellos solo señalaban las cosas y alguien ejecutaba la acción (yo sentía que nos observaban entre las gruesas paredes de concreto frío).

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Todos los días nos quedábamos con hambre. Habían dicho algunos turistas que en los almacenes frente a la Plaza Roja podíamos conseguir de todo. Así que salimos para allá, burlando al traductor Dorovski. Descendimos por unas escaleras traseras, abrimos una puerta, al parecer, de una bodega de carga. Al salir, nos conectó a las escaleras que desembocan al Río Volga, cruzamos el puente y subimos a la Plaza Roja. Vi que había una fila enorme de gente formada que daba vuelta hasta atrás del Kremlin. Nosotros seguimos derecho hasta los almacenes. Recorrimos cuatro pisos y en todos había lo mismo: artesanías y más artesanías, cucharas de todos tamaños. Uno de los compañeros, que hablaba inglés, le preguntó a un turista que dónde podíamos comprar comida “en las tiendas para turistas: las Beriozkas, ahí puede ser. Sólo te aceptan dólares”, dijo.

Al entrar a la tienda nos pidieron los pasaportes. Había ropa francesa, rusa, holandesa, alemana; relojes suizos, diamantes de Holanda y artesanías rusas. Pero para comer, solo había caviar, refrescos, galletas y chocolates. Solamente compramos chocolates, refrescos y galletas. Salimos de ahí, cada uno cargaba su bolsa, destapamos unos refrescos y empezamos a beber. Al pasar por la Plaza Roja, volví a ver la fila de gente formada y me pregunté para qué sería. El que hablaba inglés le preguntó a una persona y dijo que era para ver la Tumba de Lenin. “Él está momificado allá en aquél lugar”. “¿Quieren que nos formemos para verlo?”, preguntó nuestro compañero. Para mí, el solo hecho de imaginar un animal disecado, me daba miedo, ahora ver a una persona, me puso los pelos de punta, así que les dije que yo no quería formarme.

--¿Saben que nos están siguiendo?

No nos percatamos que unos jóvenes nos aguardaban. Caminamos aprisa pero cada vez nos iban recortando la distancia. Cruzamos el puente y al pasar cerca del Kino (un cine que proyectaba solo películas del bloque comunistas en blanco y negro), nos dieron alcance. Nos rodearon. Señalaban arriba y abajo mientras hablaban unas palabras en ruso e inglés. No sabíamos lo que querían hasta que uno de nuestros compañeros, que entendía algo, nos dijo: “dicen que en cuánto les vendemos los pantalones y las chamarras”.

--Los pantalones? --casi lo dijimos en coro.

--Sí, los pantalones y chamarras…

Los jóvenes sacaron de una bolsa unos ositos Misha, era el símbolo de los Juegos de Moscú 80. Decían unas palabras y volteaban para todos lados. También ofrecieron pagar con las monedas conmemorativas de esos Juegos. Acordamos encontrarnos en el Estadio Lenin al día siguiente, ya que los entrenamientos estaban programados por la mañana y sería más fácil llevar la ropa deportiva y los pantalones que ellos querían. Nos preguntaron si podíamos regalarles las latas de aluminio de refrescos, las querían guardar como colección. Les regalamos unos refrescos llenos, las empezaron a beber rápido y ya vacías las ocultaron.

El más joven preguntó: ¿Han probado las naranjas?

--Sí, sí las hemos comido.

--¿Pero las naranjas de América? Las de Florida.

--En México hay mucha naranja.

--¿Pero han comido las de Florida?

--Creo que sí.

- ¿A qué saben?

Todos nos volteamos a ver. El mayor de ellos dijo unas palabras. En seguida se dieron la vuelta y caminaron aprisa por la orilla del Rio Volga.

Al llegar al hotel, pusimos las cosas en la cama. La camarera entró para hacer el aseo, volteaba y volteaba para observar las galletas y chocolates que habíamos traído. Un poco después entró el profesor Jerzy para decirnos que nos tocaba sesión de entrenamiento. La recamarera se sintió con más confianza al ver al profesor, pues sabía que él era polaco y por lo tanto hablaba muy bien el ruso. Como todo un caballero, el profesor vio a la señora de nombre Lena y le regaló unas galletas y chocolates. Ella los guardó de inmediato y dijo “no me las voy a comer, se las voy a llevar a mis hijos, ellos nunca han probado algo como esto”. Todos nos quedamos impávidos con la traducción del Profesor, la señora Lena le pidió al profesor si le podíamos conseguir para su hija un paquete de toallas femeninas y maquillaje en la tienda para turistas. Que ella podía pagarnos con un osito Misha y monedas conmemorativas de los Juegos.

Al día siguiente desayunamos lo mismo. Solo esperamos un poco y salimos al Estadio Lenin, siempre acompañados de Dorovski. En la entrada principal del Estadio colgaban los símbolos de la Hoz y el Martillo; adentro, gente lavando las escaleras y pintando. En el centro del campo empastado, un oso enorme: el Misha inflado. Cuando terminamos el entrenamiento, entraron los jóvenes, se acercaron para intercambiar la ropa. Les dimos los pantalones de mezclilla, chamarras y ropa deportiva. Ellos estaban felices. No nos percatamos que el traductor Dorovski apareció de la nada, les habló fuerte e hizo una señal y en seguida llegaron tres autos negros y un camión tipo militar. Subieron a los jóvenes y todo quedó en silencio. Salimos rápido del Estadio Lenin.

Tomamos la avenida del otro lado del Río Volga para regresar al hotel. De nueva cuenta reinaba el silencio. Dorovski hacía como que no pasaba nada. Al pasar cerca de la Plaza Roja, volví a ver la fila ante la Tumba de Lenin. Al llegar al cuarto del hotel, el profesor nos dijo que Dorovski era militar y que pertenecía a la KGB, “no vuelvan hablar tonterías frente a él”, hasta ese momento me di cuenta que hacia más de una semana que ya no reíamos, mis compañeros y yo ya no éramos los mismos de antes.

Nos avisaron que la salida a la provincia para asistir al Campeonato Nacional Soviético la haríamos por la noche y en tren. Al llegar a la estación no se escuchaban los silbidos de los trenes como se oyen en otras ciudades, solo se escuchaban los rechinidos de los rieles en seco. Los militares rondaban los andenes. Entramos a un vagón. Dorovski habló con otros militares que estaban dentro. Nos sentaron juntos en asientos de fierro, las ventanas no se podían abrir, era como si estuvieran de adorno solamente. Tal vez eran cerca de las diez de la noche cuando el tren salió. Nunca supimos si entramos al bosque, pues la visibilidad de la ventana no era clara, la luz dentro era tenue. Solo se escuchaban las botas que golpeaban el piso cuando los militares hacían el rondín. “Aquí no hay sueño, se fue a otro vagón”, dijo un compañero.

El tren hizo la entrada al pueblo. Era sábado, pero parecía como un día inexistente. Al día siguiente sería la competencia.

Nos despertamos a las cuatro y media de la mañana para desayunar; había lo mismo de siempre, pero solo comimos pan y mermelada con té negro, pues la competencia arrancaría a las siete de la mañana.

En la zona de salida nos esperaban más de dos mil marchistas soviéticos. El comité organizador, en vez de poner vallas metálicas en el circuito de dos kilómetros, mandó colocar una línea de militares. Estaban intercalados uno y uno: uno veía al centro y el otro veía hacia fuera. Es decir, un arma apuntaba al competidor y otra al espectador. Además, habían colocado unas tribunas kilométricas de fierro y tablones de madera para sentar a decenas de soldados. En el centro había una carpa, donde estaban los oficiales. Ahí pendía, en letras rojas, un estandarte con la Hoz y el Martillo.

El disparo de salida de la prueba de 20 kilómetros no lo hizo el juez de salida, sino un militar, y disparó un cañón de verdad. ¡El arranque fue explosivo! Los marchistas soviéticos salieron entonando un himno al unísono. El plan era derrotar, a como diera lugar, al mexicano campeón del mundo y campeón olímpico. Él tenía 5 años sin perder una competencia. Durante 15 kilómetros hicieron una especie de relevos para “tronarlo”, pero lo único que lograron fue que aumentara tanto la velocidad que rompió la marca del mundo. El resultado sería un golpe duro al sistema soviético del deporte. Los primeros lugares los ocupó el equipo mexicano, tanto en los 20 como en los 50 kilómetros. La derrota había sido una ofensa a los mandos militares. Algunos competidores locales, del esfuerzo, terminaron en hospitales. Los que eran militares, fueron arrestados. El enojo fue tanto que esa misma noche nos regresaron a Moscú, de nuevo, en tren. Y así fue.

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Llegamos a la pequeña estación del pueblo, el tren parecía ser el mismo que nos había llevado. Dorovski estaba serio y ahora se hacía acompañar con dos elementos más. Volvimos a sentarnos juntos. Nos fuimos hundiendo en la noche, las horas iban pasando. Empezamos a sentir sed, el agua se había acabado. Dorovski les habló a sus asistentes y enseguida aparecieron con las bolsas de plástico con carnes frías, jitomates y cebollas, pero el bote de aluminio donde traían el agua estaba vacío. Tratamos de dormir, pero la deshidratación y el esfuerzo de la competencia, nos trajo como insomnio. Nos dieron calambres, teníamos que pararnos para estirar las piernas. Ya en la madrugada traté de dormir y cerré los ojos. Así permanecí por no sé cuánto tiempo. Sentí el cuerpo hirviendo en fiebre...y me vi a un lado del Rio Volga. El tren iba en sentido contrario al del agua, a gran velocidad. Yo me dije, “sería capaz de beber de esa agua, aunque sea un poquito”, pero el agua del río estaba turbia. Sentí algo sobre mi cabeza, me espanté y abrí los ojos. Vi la mano de uno de mis compañeros que me decía “ya despierta, despierta”. Me contaron lo mucho que se divirtieron al verme con pesadillas.

“Tengo mucha sed y hambre”, les dije, y uno de ellos respondió “ah, qué Novato este. Así queda uno después de terminar los 50 kilómetros, medio loco. Ya te acostumbrarás, ya lo verás”. Todos rieron, “no te preocupes” dijo otro compañero, “hoy nos vamos a Holanda, ahí si te vas a atragantar” y volvieron a reír todos.

El profesor nos calló, Dorovski estaba parado en el estribo del tren. Era un lunes y tal vez serían como las siete de mañana.

Al fin nos iremos, pensé. Así fue. Nos esperaba la furgoneta que nos llevaría al aeropuerto, pero haríamos una escala en el hotel Rocia para recoger el equipaje. Cuando íbamos sobre el bulevar de cuatro carriles a un lado del Río Volga quise ver la fila de gente que siempre estaba formada, no había nada. Le pregunté a Dorovski y nos dijo que los lunes, los miércoles y jueves, el Mausoleo estaba cerrado.

En el aeropuerto nos regresaron lo que nos habían quitado. Salimos rumbo a México, vía Amsterdam.

+++++

Trece años después regresé a Moscú. Tres meses antes habían derribado el Muro de Berlín. Fui acompañando a un grupo de jóvenes marchistas.

Nos hospedaron en las orillas de Moscú, en un hotel remodelado. Ahora nos habían puesto un traductor más joven que hablaba un español con acento madrileño. A la hora de la cena sugirió ir a un lugar especial.

--¿Tenéis dólares? --preguntó.

--Sí.

--Anda, pues vamos de cena.

Caminamos unas cuadras y entramos a un edificio con poca luz. Pasamos unas puertas secretas, pues debía dar unas contraseñas, y por fin se abrió una puerta, adentro había un gran alboroto. En cuanto nos sentamos apareció una rusa, sobre la mesa puso un menú lleno de fotos a colores: langosta, hueva de esturión, cervezas alemanas y holandesas. Ella giraba su cuerpo de un lado a otro, con sus labios bien pintados, uñas largas y rojas, cejas depiladas, pestañas rizadas. El traductor nos presentó diciendo que éramos mexicanos muy deportistas. Ella dijo:

--¿Dolarus?

--Da --asentó con la cabeza el traductor.

--¿American Dolarus?

--Da. Americanski dolarus.

--Very good --dijo.

Ella se acercó a mí, tomó mi mano suavemente, me puse de pie, se quedó fijamente viendo mi rostro, fue bajando la vista hacia mi mentón y pectorales. El traductor le sonrió y ella también, al tiempo que terminó su recorrido visual. Levantó su brazo izquierdo y lo doblo dejando el codo apoyado por su cintura, mientras la muñeca doblada apuntaba hacia abajo. Después se llevó la mano a su boca y con el dedo índice tocó sus labios, sopló un beso y dijo: I am Moshinska Nazareva.

El Traductor pasó de la sonrisa a las carcajadas, pegaba en la mesa con sus manos como un niño, con su acento español, dijo: “Sí parece mujer este chico. Es bastante majo ¿A poco en México no tenéis de estos Tíos?”

Moshinska Nazareva, dio la vuelta y se perdió entre los comensales y el humo de cigarro.

Fue un viernes al mediodía cuando salimos rumbo al aeropuerto. Al pasar sobre la avenida del Río Volga, volví a ver aquella fila de antes, solo que ahora no estaban formados uno tras otro, había más de diez hileras de personas. Más y más se formaban desde el Río Volga. El gentío subía y pasaba cerca del adoquinado de la Plaza Roja y daba vuelta por los almacenes que están frente al Kremlin.

Yo pregunté: ¿Ahora hay más gente formada para ver la Tumba de Lenin?

--No, no es para eso. Es para comer... hoy Inauguran el primer restaurante...

En ese instante estábamos cruzando a un lado de la Iglesia de San Basilio que nos impedía seguir con detalle la fila de gente. La furgoneta seguía a velocidad media. Cruzamos debajo de un puente y más adelante entramos a un túnel. Al salir, frente a nosotros quedó a la vista el “espectacular” con el anuncio del restaurante: arriba, en la estructura metálica se leía el nombre, con la primera letra “M” más alta que las otras. Abajo, dentro del ovalo del cartel, el logo con la imagen, con su cara, con su sonrisa, ahí él, completo, como viendo la cúpula del Kremlin: El payaso Ronald, cerca del Río Volga.

FIN

Martín Bermúdez

A mis compañeros:

A un lado del Río Volga, en los Juegos de Moscú ‘80, fue descalificado el campeón olímpico Daniel Bautista, cuando ganaba la medalla de oro. Estaba por entrar al Estadio Lenin y al pasar bajo el túnel desapareció de las imágenes de la televisión oficial. Al día siguiente salió de Moscú. En el aeropuerto de México fue un desconocido entre los desconocidos. De ahí mismo se fue al lugar del que salió 10 años antes: Monterrey. Nunca más volvería a competir.

También el subcampeón del mundo, Domingo Colín, fue descalificado en el kilómetro 12, cuando luchaba hombro a hombro por la medalla de plata.

En entrenador de origen polaco vivió cerca de 50 años en México. Con su método evolucionó la técnica de la marcha olímpica. En el año 2000 acompañó a Lech Walesa a una misa en la Basílica de Guadalupe. Recibió y convivió con el Papa Juan Pablo II, durante sus visitas a México. Jerzy Hausleber murió lleno de promesas incumplidas del Gobierno de la República.

Sábado, 18 Noviembre 2017 00:00

La tolerancia hacia la intolerancia en la BUAP

Viernes 17 de noviembre de 2017. Algunos profesores y estudiantes del Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, asistimos a la presentación del libro “El engaño populista” de la propagandista guatemalteca ultraderechista Gloria Álvarez. El evento había sido convocado por la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Después nos enteramos que en realidad dicha Vicerrectoría había rentado el Salón Paraninfo de nuestra casa de estudios a una empresa privada que fue la que ha organizado la visita de la referida señora Álvarez. No obstante ello, dicha dependencia universitaria anunció el evento en su página de Facebook aun cuando horas después hizo desaparecer dicho anuncio.

Como era previsible para mí, la presentación de la señora no fue sino su repetición usual de los lugares comunes neoliberales y anticomunistas ajenos a cualquier rigor académico. A esto hay que agregar que terminó su disertación con ataques a Andrés Manuel López Obrador y a Morena. Con un estilo mordaz que exacerbaba los ánimos de sus fans, en su discurso López Obrador fue convertido en un exponente más de lo que ella llamó “el odio a la libertad”, “la obsesión por el igualitarismo” y la “idolatría del estado”. En suma en alguien semejante a Hugo Chávez y todo los demás personajes que en su imaginación son exponentes del autoritario populismo.

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Gloria Álvarez Cross según Wikipedia: "Nació el 9 de marzo de 1985 en Ciudad de Guatemala, realizó estudios de relaciones internacionales y ciencia política en la Universidad Francisco Marroquín de la capital guatemalteca, posteriormente cursó una maestría en Desarrollo Internacional en la Universidad Sapienza de Roma.2​ Autodefine su doctrina como libertaria y ha criticado a políticos latinoamericanos pertenecientes al Socialismo del siglo XXI, calificándolos como populistas, enemigos de la libertad y dictadores."

Conviene poner en antecedentes a los lectores y lectoras que no conocen a Gloria Álvarez sobre quién es. Se trata de una joven politóloga guatemalteca que ha adquirido relevancia mediática no solamente porque es una activa propagandista neoliberal y anticomunista sino porque ha cometido lapsus que han contribuido a su fama. Alguna vez difundió un twitter en el que decía lo siguiente: “Cuando los españoles llegaron aquí, los mayas tenían siglos de haberse extinto (sic)”. Haciendo a un lado el mal uso del español que evidencia el mensaje, es obvio que el mismo exhibía una gran ignorancia con respecto a la historia de los pueblos mayas: éstos nunca se extinguieron sino simplemente se ramificaron. Hoy sus descendientes han deplorado las formas anteriores de denominarlos y reivindican que se les llame “pueblos mayas” con lo cual reivindican su presencia actual. Lo contrario a todos aquellos que postulan, como Gloria Álvarez, que se extinguieron. Producto de un lapsus inconsciente, Álvarez llamó a la extinción simbólica de lo maya cuando lo proclamó extinto desde hace siglos. Realizó en el plano verbal lo que el neoliberalismo hace en los hechos con sus políticas etnocidas. Podemos percatarnos entonces, que detrás de la bella comunicadora no hay más que la reacción neoliberal. No era primera vez que la referida politóloga hacía el ridículo con su ignorancia. En 2015 respondiendo a una solicitud de un seguidor de su twitter sobre una recomendación de lectura, le expresó que debería leer “La patria del criollo” de Francisco Pérez de Antón (un respetable escritor de derecha). Con todo respeto se puede decir que un cientista social guatemalteco que no sepa que dicho libro fue escrito por mi maestro y amigo Severo Martínez Peláez, evidencia graves fallas en su formación académica. Por cierto Severo terminó sus días en Puebla y en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP.

Álvarez se volvió una figura mediática desde que se difundió en 2014 un video en el que pronunciaba un discurso contra el “populismo” en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud en Zaragoza, España. Desde entonces ha realizado giras por Hispanoamérica denunciándolo. Detrás del bello rostro de una mujer atractiva, en realidad no se encuentra mucha sustancia. Álvarez en su discurso se limita a difundir el uso neoliberal de la categoría de populismo, equiparando dicha forma estatal y social a gasto irresponsable del erario público, promesas imposibles que aprovechan la miseria de la gente y con ello lograr imponer dictaduras. El populismo según ella atenta contra la vida, la libertad y la propiedad privada. En la presentación de su libro en el Salón Paraninfo dijo desenfadadamente que el populismo no era una ideología ni una forma de gobierno sino “un mecanismo de manipulación psicológica”.

De la misma manera en que en la época de la guerra fría, el “comunismo” se volvió la bestia negra con la que se estigmatizó a la protesta social y a la lucha por la democracia, hoy el uso neoliberal de la categoría populismo realiza la misma vieja operación: construye un enemigo y en nombre de la libertad y la democracia llama a destruirlo. De la misma manera en que antaño el anticomunismo vio comunistas en los que lo eran, pero también en demócrata cristianos, socialdemócratas, nacionalistas y procedió a eliminarlos, hoy Álvarez advierte que el “populismo” ha infiltrado a todas las ideologías. Y llama a su “eliminación tecnológica”. Hay en este discurso un atavismo anticomunista que solamente sustituye la denominación “comunismo” por “populismo” y se convierte más que en ciencia social en mera ideología reaccionaria. En la presentación de su libro realizó la consabida operación neoliberal de volver a la categoría de populismo en una suerte de cajón de sastre en el que se encuentran tanto Lula, Néstor Kirchner, Pablo Iglesias, Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales como Fidel Castro y Donald J. Trump… Y es que para ella, el populismo no fue sino la máscara que se inventó el comunismo (Fidel Castro) después del derrumbe soviético.

En sustancia el discurso supuestamente académico de Gloria Álvarez no es sino una mezcla de fanatismo de mercado (al gobierno hay que reducirlo a seguridad y justicia) y recomendaciones dulzarronas de superación personal (la solución está en cada uno de nosotros). Su contenido reaccionario se evidencia en dos síntomas inconfundibles: 1. Convierte lo que es social en natural (pobreza, desigualdad y maldad humana son para ella condiciones naturales del ser humano). 2. Postula que la derecha y la izquierda no existen. Sobre esto último siempre recuerdo lo que le escuché alguna vez a Ludolfo Paramio, el ideólogo socialdemócrata español: “cada vez que escucho que alguien dice que no existen ni la derecha ni la izquierda, pienso que ese alguien es de derecha”.



Así las cosas, siguiendo los usos y costumbres académicos, un grupo de estudiantes del doctorado de sociología, el Dr. Giuseppe Lo Brutto y yo dispusimos asistir a la presentación del referido libro de Gloria Álvarez. Y acostumbrados como estamos a lo que se estila en la BUAP, después de la conferencia el Dr. Lo Brutto y yo hicimos uso de la palabra para rebatir las superficialidades de la expositora. La mayor parte del público eran estudiantes de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) que no habían podido escuchar a la señora Álvarez porque un retraso en su movilización desde la ciudad de México le había impedido llegar a la conferencia que tenía planeada en dicha universidad a las 13 horas. También pudimos identificar personas vinculadas a grupos ultraderechistas así como a ciudadanos y ciudadanas venezolanas. En suma, un grupo de personas fanatizadas a los cuales les resultó irritante el que expusiéramos ideas distintas a las de la expositora. Cuando hicimos uso de la palabra fuimos vejados e insultados a gritos por ese público que se transformó en una turba que nos acusaba violentamente de chavistas mientras hicimos uso de la palabra. Gritaban consignas contra lo que llamaban la dictadura de Chávez y Maduro y de manera rabiosa nos pidieron que nos calláramos. Al expresarles que respetaran el recinto y nuestra casa de estudios respondieron a gritos que para ellos ese lugar no significaba nada y que era igual a un bar. El incidente fue registrado en un video difundido por la propia Gloria Álvarez, aunque dos horas después le habían suprimido la parte en la que Giuseppe y yo fuimos agredidos. Al final tuvimos que retirarnos del auditorio escoltados por personal de la Dirección de Apoyo y Seguridad Universitaria (DASU) porque temimos por nuestra integridad física. En suma, vivimos hoy una repetición de un fanatismo que nos recordó las virulentas acciones de los golpeadores del Frente Universitario Anticomunista (FUA) en las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado.

La BUAP hace bien en ser un espacio que cobije a todas las ideologías. Pero resulta sumamente discutible que rente sus espacios emblemáticos a disertantes de muy bajo nivel académico y a grupos intolerantes que además nos insultan en nuestra propia casa. Resulta ultrajante que rente espacios como el Salón Paraninfo que son simbólicos representativos de nuestra casa de estudios. Pero todavía resulta más ultrajante que los rente en nombre de una supuesta tolerancia, a grupos de fanáticos que pregonan de manera violenta la intolerancia.



Mundo Nuestro. Los poderes fácticos en Puebla. La toma del espacio público por grupos particulares y la indefensión de los ciudadanos comunes. El Estado fallido. La realidad de una sociedad que mantiene a la palabra ordenamiento arrinconada por las mil formas que se han desarrollado en México para darle la vuelta a la ley. La República del abuso legal y el caos.

Iniciamos con este ensayo una lectura que quiere ser de largo plazo y a fondo sobre los grupos de poder en Puebla en todos sus órdenes. Y lo hacemos con una valoración de dos dinámicas extremas: una empresa representativa del capital inmobiliario, estrella de la modernización de la ciudad de Puebla desde los parámetros del Real State, Grupo Proyecta, y Antorcha Campesina o Movimiento Antorchista, una organización social y política que es ya, sobre todo, una empresa inmobiliaria para la gestión de la pobreza en paralelo a las instituciones del Estado.

Los extremos del caos que corre parejo sobre la ribera sur-poniente del río Atoyac. Por el que se tocan y se dan la mano.





Preámbulo: Milagro en Puebla

-¿Quién es toda esta gente?

-Pobres.



-¿Y qué hacen aquí?

-Qué se yo, pero los echamos cuando queramos.

-¿Usted cree?

-Fácil, si zapatea escapan enseguida.

-No me parece fácil echarlos.

-Dice que no es fácil echarlos, ¡Por favor!

(De la película Milagro en Milán, de Vittorio de Sica. 1951)

Posadas y Aquiles

Dos personajes se dan la mano en la ciudad de Puebla. Ya no se miran uno al otro nada más de orilla a orilla del río Atoyac. Vienen de mundos extremos, pero hoy ambos reinan en el territorio del caos en el que hemos convertido igual el territorio que la política en Puebla. Y de ellos dependen miles de personas en un asunto vital: el de la casa que habitan, la que han construido, la que están pagando, la de sus ilusiones, la que traduce sus sueños, la que les confirma que tienen un lugar en el mundo.

Dos personajes para hablar de Proyecta y Antorcha Campesina. Y de poderes fácticos y ausencia de Estado. O de Estado fallido. O de corrupción impulsada desde el Estado. Rafael Posada Cueto y Aquiles Córdova Morán. Las antípodas, diremos. Uno es ejemplo fiel de la burguesía poblana, industrial molinero reconvertido en la estrella del Real Estate tras veinte vertiginosos años con su Lomas de Angelópolis; su trayectoria da una idea del proceso de subordinación del capital local ligado a la industria textil y alimentaria respecto del capital foráneo nacional y extranjero en la segunda mitad del siglo XX, pero también alumbra a la enorme capital que puede acumular un empresario con el dinero y las relaciones políticas en el momento justo del estallido de la especulación inmobiliaria compulsiva impulsada desde las instituciones de gobierno del Estado.

El otro, a sus 76 años, patriarca del Movimiento Antorchista, como le gusta llamar a su veterana Antorcha Campesina, la más importante maquinaria de movilización de masas de ciudadanos pobres en el país, una compleja y controvertida corporación económica y política especializada en la administración de las demandas básicas de vida (vivienda, educación, salud, trabajo) de los sectores marginados para los que el Estado mexicano no ofrece alternativas, y que en los últimos veinticinco años de sus 43 de existencia ha ocupado el papel para el que no están hechos los partidos –ni siquiera los de la izquierda—y ha logrado conjuntar una clientela de más de 1.2 millones de personas.

Dos de los poderes fácticos con mayor fuerza en la vida pública de Puebla.

El otro, tal vez el más catastrófico por las consecuencias para la construcción social que tenemos en la ciudad de Puebla, es el de la figura autocrática de los gobernadores poblanos que en los últimos treinta años en fila han convertido Casa Puebla en oficina de agentes inmobiliarios, a la que entenderemos mejor si analizamos estos dos fenómenos del nuevo siglo en Puebla. Figura, la del déspota, que explicaremos aquí en lo posible.

En esto pienso cuando descubro sentados en una mesa para desayunar en el restaurante Fonda Margarita de la 5 Poniente a Gabriel Posada Cueto y Soraya Córdova Morán. Uno representa a Proyecta, la empresa desarrolladora de Lomas de Angelópolis, que una vez que acabaron con la tierra de San Andrés Cholula han extendido sus clústeres sobre la ribera del río en territorio de Santa Clara Ocoyucan, en donde han comprado con distintos trucos más de 400 hectáreas de terrenos a los ejidatarios del pueblo de Malacatepec. La mujer, hermana del patriarca Aquiles Córdova Morán, representa a una organización que ha sentado sus reales en al menos 57 colonias del sur de la ciudad –o 97 si atendemos a los comités vecinales que reclaman el control de las negociaciones por el agua potable con el SOAPAP, al otro lado del río, pero que gobierna el ayuntamiento de Santa Clara Ocoyucan, el municipio con la última reserva agraria disponible al sur de la ciudad de Puebla.

Los veo muy sonrientes en una mañana de agosto de 2017 que sólo puede ofrecer buena ventura para los dos grupos sociales sentados en esa mesa de desayuno. A su manera, cada una de estas máquinas inmobiliarias marcan el ritmo y el rumbo del crecimiento de una metrópoli en el que las instituciones hace tiempo que perdieron la iniciativa para –desde la aplicación de la ley—definir el qué, quiénes y cómo de la vivienda en la ciudad de Puebla. Y las clases sociales que representan les dan la mano.

“Mi casa en Lomas, que pagaré en veinte años si no se colapsa la proveedora de tanques de gasolina para la planta Volkswagen en donde trabajo como ingeniero…”

“Mi terrenito en la Cuitláhuac, que pago en cuotas de 200 pesos semanales a la organización si la empresa para la que chambeo como albañil en el clúster Oaxaca en Lomas me sigue dando chamba…”

Poderes fácticos I

Para decirlo llanamente, Proyecta y el Movimiento Antorchista son dos organizaciones que ocupan el vacío provocado por la ausencia de un Estado responsable del más elemental ordenamiento territorial.

Acudo para comprender este vacío ocupado por grupos concretos de poder al decir de la politóloga María Amparo Casar:

“La transición mexicana logró democratizar la esfera de lo político en lo que se refiere al acceso a los cargos de elección popular y a la pluralidad de los órganos de gobierno, pero no tuvo el mismo éxito en reducir la posición e influencia de ciertos grupos de poder. Al respecto, hay que distinguir entre el poder político de jure y el poder político de facto. El primero es el que otorgan las instituciones políticas: la Constitución, las leyes, el sistema electoral. El poder de facto es el que surge de la acción colectiva y del despliegue de recursos privados, trátese de mecanismos como el cabildeo y la corrupción, o el simple uso de la fuerza.” (Poderes fácticos. Nexos, abril 2019)

Miro en su mesa de desayuno a Gabriel y Soraya.

Imagino al primero en gran plática con el presidente municipal de San Andrés Cholula en el acuerdo de liberación de los cambios de uso de suelo para las tierras de Cascatta –las de Sonata ocurrieron hace ya varios trienios--, y los clústeres aprobados, y sí ya se verá después qué hacer con el abasto de agua y lo que tenga que pasar con las aguas residuales, habrá tiempo de llegar a arreglos con Concesiones Integrales, sí, por supuesto, la vida como debe ser…

Imagino a la Doctora Soraya hablando por teléfono con el Secretario General del Ayuntamiento de Puebla –elija usted el que quiera y cuente el trienio que guste de los últimos cinco--, claro, usted bien que entiende licenciado, cómo quiere que quitemos el plantón si usté no nos cumple con lo comprometido para los compañeros, ¿o qué no su presidente bien que llegó a pedirnos el apoyo para la elección?

Lo último que ocurre en esas conversaciones es poner en la mesa el tema de la disponibilidad de agua. Ya de ello se preocupará el próximo alcalde, o mejor, la próxima generación de poblanos. La ciudad corre a la deriva en la derrota del ordenamiento territorial. A final de cuentas el caos está organizado. Es un sistema. Y si analizamos el fracaso histórico en la planeación urbana y el papel jugado por el Estado, este proceso está determinado por los intereses económicos y políticos de los grupos de poder. Privilegios que se corresponden con la ausencia del Estado y su pérdida de control del espacio público.

Desde ahí se puede entender mejor la existencia de dos grupos de poder en los extremos de la ciudad. O mejor, que se miran uno a otro cada uno desde su orilla del río.

El Estado en México lleva prendida en el alma de su fracaso el ánimo de la modernización. Como si achacara sus perfiles de autoritario, corrupto y fallido a los rezagos ancestrales de la sociedad mexicana.

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La modernización que se impone

Los proyectos de modernización han sido impuestos por la federación y los gobernadores en tres momentos de la historia reciente de la ciudad de Puebla. Con intervalos de 25 años los recursos federales han llegado envueltos en programas salvadores al rescate de la región en pena. En tantos generacionales y de la mano de sus implacables virreyes. 1960-75, 1992-97, 2011-2016.

En los 60 lo hizo Díaz Ordaz con Merino Fernández y la propuesta de desarrollo industrial a partir de la inversión de los alemanes con la Volkswagen en Puebla. La modernización impulsada por el Estado mexicano rompe la parálisis avilacamachista y subordina al capital local textilero y alimentario con sus anquilosadas estructuras de poder sindical cetemista en un proceso que durará hasta bien entrados los noventa, ya muerto Blas Chumacero y desaparecido el Banco de Oriente. Todo en paralelo de la insurrección de las clases populares y medias que se llevarían las cabezas de tres gobernadores en torno a los conflictos por el control de la universidad pública. Son justo los años de “Comunismo no, Cristianismo sí”, FUAS contra Carolinos y pedrizas al Colegio Benavente. Pero son también los años de aparición de una burocracia camaleónica que se reproduce en los sótanos de la Secretaría de Gobernación y en los despachos de las Notarías y que en el futuro llevará los nombres de Melquiades Morales y Mario Marín.

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La inversión en infraestructura entonces se aplica en la autopista México-Puebla, las expropiaciones de tierra, la renovación ferroviaria, los parques industriales, la petroquímica de Pemex, los estadios, los Fuertes y las vialidades Diagonal Defensores, Avenida Hermanos Serdán y Boulevard 5 de Mayo, con el entubamiento del río San Francisco como añadidura aberrante. Una enorme inversión pública con recursos federales, como no se volverá a ver en Puebla sino hasta 30 años después con otro gobernador impuesto desde la Federación para hablar de la grandeza de Puebla.

En los 90 lo hizo Salinas de Gortari con el altivo Manuel Bartlett y la reconversión hacia el capitalismo inmobiliario del Programa Regional Angelópolis. La ciudad viene de una detente controlada por los políticos aldeanos Toxqui y Jiménez Morales que no han gozado de la cartera abierta de la Federación.

La palanca de la modernización está en la figura draconiana de la expropiación por causa de utilidad pública y la figura etérea del fideicomiso, en el más puro de los sentidos de la expropiación originaria del análisis marxista. Cerca de tres mil hectáreas tomadas de la reserva agraria de Cholula, y de ahí también el agua que le arrancan al subsuelo de Nealtican.

El Programa de Desarrollo Regional Angelópolis, presentado en septiembre de 1993, para fines prácticos se sustenta en el decreto de expropiación de 1081 hectáreas originales del 4 de mayo de 1992, extensión equivalente entonces al 8 por ciento del área de la ciudad de Puebla.

La “recuperación de la grandeza de Puebla” la impuso Bartlett Díaz a golpe de cambios de uso del suelo por un Congreso a modo, notarios de la corte y jueces siempre dispuestos, a la par de toletes de granaderos y recursos públicos aplicados en infraestructura para la especulación inmobiliaria de los siguientes 25 años.

La lectura de este programa es francamente ilustrativa del abismo existente entre la planeación del desarrollo urbano y su concreción en la realidad. Y el seguimiento de los cambios al uso del suelo establecido en el decreto expropiatorio en tres sucesivos sexenios, con el extremo denunciado en el 2088 por organizaciones de la sociedad civil sobre las últimas treinta hectáreas de reserva ecológica en el decreto expropiatorio original a las que el gobierno de Mario Marín quería hincarles el diente. La denuncia motivó la intervención del gobierno federal, que tuvo que revertir la autorización dada por la SEDESOL al gobierno poblano. Toda esta historia la he contado con sus rasgos precisos en el reportaje Milagro en Puebla publicado en el periódico digital e-consulta y en esta propia revista digital Mundo Nuestro.

Territorio expropiado para la Reserva Territorial Atlixcáyotl-Quetzalcóatl.

Área aproximada considerada como reserva ecológica por el decreto expropiatorio.

En los 2 mil dieces Peña Nieto con el faraónico Moreno Valle y la mezcla de capitalismo de enclave industrial en Audi y Real State en Lomas de Angelópolis. Esta dualidad del proyecto morenovallista (inversión extranjera en industria automotriz y desarrollo inmobiliario con capital foráneo y/ligado a grupos políticos como Pedro Aspe y Hank González) se fundó, al contrario de lo ocurrido en los años sesentas y noventas, en la hipoteca de los ingresos públicos en el largo plazo, en un entramado que conocemos como Protego-Evercore, el mecanismo creado por el ex secretario de Hacienda del régimen de Carlos Salinas de Gortari por el que los gobernadores de varios estados de la república endeudaron a sus ciudadanos por los siguientes 25 años.

Ganancias que van del 242 al 348 por ciento. Empresarios ligados al grupo en el poder federal (se incluyen Concretos y Obra Civil del Pacífico –subsidiaria de Grupo Higa que encabeza Juan Armando Hinojosa Cantú, empresario consentido por el gobierno federal– La Peninsular y Promotora de Cultura Yaxché –ambas compañías de la familia Hank Rhon–, encargadas de edificar el MIB, quién logró el contrato más ventajoso pues obtendrá cuatro veces la inversión realizada, y que la obra se terminará de pagar en el año 2039, además de los viejos conocidos Abed -- los constructores del CIS, la primera obra que se licitó bajo el esquema de Proyectos de Prestación de Servicios en Puebla, la que tendrá el contrato más largo: 25 años-- y los grupos más gansteriles de la sobreviviente CTM, sobre quienes recayó la contratación de miles de camiones materialistas para la plataforma de AUDI, por cierto ligados a la trama huachicolera vinculada con funcionarios de seguridad pública del gobierno estatal.

El Museo Internacional Barroco, las constructoras ligadas a Hank Rohn.

Los proyectos PPS, Protego y la deuda oculta.

La Ciudad Nómada: modelos urbanos

Para comprender esta historia en su perspectiva histórica, vale la pena verla en estas vistas aéreas de la ciudad de Puebla. Y valorar entonces desde el análisis urbanístico este proceso que ha dado como resultado la existencia de esos dos grupos de poder fáctico, Proyecta y Antorcha.

¿Cuál es el currículum oculto existente en la planeación urbana? Esa pregunta se la hace el Doctor Oscar Soto Badillo, académico de la Ibero Puebla, ¿Cuáles son esos mecanismos que se conciertan en espacios alternos y que explican la importancia que han llegado a tener dos proyectos extremos, tan antagónicos que de hecho ya se dan la mano en la ribera sur del río Atoyac, en el municipio conurbado de Santa Clara Ocoyucan?

Ayuda entender antes la contención estructural de la ciudad de Puebla desde la perspectiva del análisis urbanístico.

En un primer momento, la ciudad contenida, persistente en su trama colonial hasta bien entrada la quinta década del siglo XX. Es el encierro avilacamachista, que sólo encuentra en la presa de Valsequillo y los distritos de riego de Tacamachalco y la región cañera de Atencingo la memoria de que la Federación piensa en el estado de Puebla. Es la ciudad contenida en su trama octogonal original, con límites claros en su vinculación con el entorno rural y en el uso histórico de los ríos Atoyac, San Francisco y Alseseca como generadores de fuerza motriz para la producción industrial.

La ciudad de Puebla en 1937.

En los años sesenta la ruptura del encierro caciquil y la aparición del Estado interventor con una inversión pública no vista desde la era porfiriana y que acoge la llegada de Volkswagen como punta de lanza del capital foráneo que subordinará al poder económico local. La ciudad industrial que resulta del milagro mexicano, la ciudad que ya apunta hacia su fragmentación pero que todavía es funcional en su crecimiento, en la continuidad de un modelo que se sabe homogéneo: aspira al pleno empleo, ofrece un marco regulatorio y créditos para la construcción de viviendas para trabajos formales de los obreros en fábricas estables. Para ellos La Margarita, Amalucan, San Bartolo.

Puebla en 1977

En los años noventa una nueva ruptura da lugar al crecimiento difuso. Contra el discurso conceptual de la ciudad planificada se impone la fragmentación y los desarrollos se convierten en metástasis (en torno al aeropuerto en Huejotzingo, Angelópolis, y en estos tiempos, la Ciudad Modelo, Lomas de Angelópolis). Si alguna vez la tuvo, la ciudad ha perdido su inteligencia y se desvanece la capacidad pública de ordenar su crecimiento. El estado confirma su vocación de promotor inmobiliario acotado por el capital neoliberal y la economía busca refugio en la informalidad. Nuevos actores crean mecanismos que se conciertan en espacios alternos.

El valle de Puebla en 1984

El Valle de puebla en el 2017

Las razones estructurales del fracaso del Estado

Entre 1940 y 1980 En Puebla prevalece un modelo tradicional desagregado en torno al desarrollo industrial. La economía formal se sustenta en un mercado de trabajo estable ligado a las industrias textil, metalmecánica, automotriz y alimentaria.

La crisis de ese modelo de Estado lo lleva a la quiebra en los noventa. Su reconversión económica por la vía del Tratado de Libre Comercio en 1993 supone una desindustrialización relativa del centro del país y el traslado a la frontera maquiladora y a las costas turísticas. El estado pierde capacidad de gestión. Un actor principal, los sindicatos y sus obreros asociados a empresas pierden también fuerza económica y política. La incorporación al trabajo se produce por nuevas vías. El crecimiento irremediable de la informalización de la economía y el precarismo social, su consecuencia, sientan las bases para el crecimiento de organizaciones como Antorcha Campesina y la 28 de Octubre.

Así, el modelo de planeación y gestión social por el Estado no puede sostenerse más bajo las condiciones de desregulación y liberalización económica que provocan este crecimiento de la informalidad de la economía. El Estado mantiene el discurso de la planeación del crecimiento urbano pero está totalmente incapacitado para realizarla. No sólo no tiene ya los para normar la construcción de viviendas bajo un ordenamiento territorial sino que los actores que se apropian del mercado ya no se organizan en torno a él.

De un lado, corporaciones como Geo, Sadasi, Ara, etc, no producen viviendas para resolver necesidades sociales sino para producir dinero: las reglas del juego para ellas son las del suelo barato distante, bajos costos de producción y financiamiento con recursos del sector financiero privado. Y han aprovechado las condiciones creadas por el Estado a partir de la liberación de la reserva agraria fundada en la expropiación por causa de utilidad pública y la inversión millonaria en infraestructura vial que arrojó el Programa Regional Angelópolis. Sordo Madaleno y Liverpool en el cetro comercial Angelópolis son la punta de lanza de la modificación sustancial del uso del suelo establecido como reserva ecológica a todo lo largo y por más de doce kilómetros de la ribera poniente y sur del río Atoyac para el establecimiento de los fraccionamientos residenciales de La Vista, en los años 90, y Lomas de Angelópolis desde el 2003 a la fecha.

En el extremo, Lomas de Angelópolis del grupo Proyecta/Posada-Aspe, con una primera etapa de desarrollos que abarcan los complejos Cascatta y Lomas de Angelópolis secciones I y II, que suman suman, en total, 4.17 km2 o 417 hectáreas.

Del otro, y con las reformas al artículo 27 constitucional, la respuesta espontánea a la necesidad de vivienda popular por la vía del a la tierra ejidal en la reserva agraria del sur y norte de la ciudad, con la proliferación de invasiones y asentamientos con todo un sistema legal y paralegal de control y gestión con reglas no escritas pero reconocidas a través de gestores, promotores, funcionarios y políticos que opera en plazos largos pero que es funcional y eficiente en la solución de un asunto vital para miles de familias pobres. En el extremo, la conversión de una asociación de carácter rural en un movimiento social que hoy conocemos como Antorcha Campesina o Movimiento Antorchista, un organismo basado en un modelo de gestión clientelar que ha sabido negociar la protección política de sus intereses a golpe de movilizaciones y plantones en medio país, pero que sirve también como mecanismo del sistema político que tiene en la dosificación del proceso de regularización de la tenencia de la tierra y la producción de vivienda el más eficiente mecanismo de control del descontento social que ha definido al sistema político mexicano. Un proceso que no termina con la problemática de la vivienda y que se repite en los mecanismos de acceso a la salud, la educación, el transporte, el esparcimiento y la cultura.

Antes, a ese mecanismo, le llamábamos PRI. Hoy ellos se llaman “movimiento antorchista”.

Los poderes fácticos II

Posada y Antorcha, en los extremos de este desigual y abigarrado mundo mexicano, se dan la mano como suplentes de un Estado que abandonó su papel de gestor social --que además asumió la lógica neoliberal de desregulación del mercado de la vivienda--, y se convierten en los actores mercantiles que marcan los rumbos del desarrollo urbano.

Las mecánicas de operación. Es preciso investigarlas a fondo, trazar sus trayectorias que se describan a detalle. Presentamos aquí las líneas que un trabajo de investigación histórica debe seguir para cada una de las dos organizaciones.

Grupo Proyecta

El territorio de Lomas de Angelópolis. El polígono inferior corresponde a la tierra comprada al ejido de Malacatepec.

La expansión territorial. Al menos 850 hectáreas de los municipios de San Andrés Cholula y Santa Clara Ocoyucan.

La oportunidad del Programa Regional Angelópolis:

La demanda de vivienda residencial tras el crecimiento económico concentrado en la ciudad de Puebla.

La debilidad institucional.

Los ejidos liberados, la tierra de la especulación.

La tierra pobre: Azumiatla, Totimehuacán y Valsequillo.

La reserva Real State: San Andrés, Santa Clara Ocoyucan y Malacatepec.

Carencia de ordenamientos territoriales.

Desorden legal en lo regional: decreto 1962, sin instrumentación hasta el 2012.

Debilidad de la figura municipal, y la oportunidad de San Andrés Cholula.

La oportunidad empresarial:

La reconversión de los Posada: MASECA compra Harinera La Asunción.

El efecto Bartlett-Aspe. La vinculación del político y financiero Pedro Aspe Armella con los empresarios Posada Cueto.

La liga con los gobernadores inmobiliarios: Melquiades y Marín.

Las alianzas Real State nacional e internacional.

El mercado inmobiliario. La oferta de casas en noviembre de 2017.

Antorcha Campesina.

La expansión de la masa. La identificación de las colonias antorchistas en estas del norte y sur de la ciudad dan una idea del alcance masivo de la organización.

Maestro Aquiles: Antorcha, la ciudad y el partido que viene

Estadio Cuauhtemoc el pasado domingo 12 de noviembre. 43 años de la organización Antorcha Campesina.

Las condiciones estructurales de la precarización de la vivienda.

Los conflictos sociales de los años 80.

La 28 de Octubre.

La Unión de Amas de Casa.

La quiebra de la universidad de izquierda.

La oportunidad política.

1988-2006: la izquierda electoral en México y el abandono de la lucha social.

El crecimiento político de Antorcha en el Estado de México.

El desmantelamiento de la estructura corporativa del PRI.

La ruptura del PRI: Marín vs Melquiades-Moreno Valle.

Antorcha: gobiernos municipales y diputados.

La organización empresarial.

De organización campesina a organización popular.

De las tiendas Conasupo al complejo gasolinero.

Antorcha S.A. De gestionar obras a construirlas. Las empresas constructoras de Antorcha

De invasor a desarrollador inmobiliario.

Milagro en Puebla: el que llega, arrebata

Esta mirada a los poderes fácticos, dos de ellos visibles, Grupo Proyecta y Antorcha Campesina o Movimiento Antorchista, son el arranque de una mirada de conjunto a los procesos y conflictos sociales que se dirimen en la periferia del sistema legal en que se soporta el Estado en Puebla y que marcan el rumbo del desarrollo urbano de la ciudad de Puebla.

Retomo aquí para cerrar esta primera perspectiva lo escrito en el arranque del reportaje Milagro en Puebla sobre la manera en que desde los sucesivos gobiernos estatales entre 1989 y el 2008 se modificó el decreto en el que se fundó el Programa Regional Angelópolis de 1993 para favorecer la especulación inmobiliaria sobre los terrenos expropiados a los pueblos cholultecas.

En Puebla vivimos en la república del abuso legal: la apropiación del poder público por un grupo, por una persona, que con el sometimiento de los poderes legislativo y judicial, y el control y compadrazgo de los medios locales de comunicación, mantiene en indefensión a los ciudadanos. Lo público es aderezo de una variada gama de espacios vitales que explican la existencia misma del Estado: poder, derecho, propiedad, fuerza, seguridad, política, recursos, cuenta, proyectos, licitación, servicio, función, utilidad, escritorio, oficina, edificio, vía, alumbrado, drenaje, salud, educación, escuela, universidad, ejercicio, parque, playa, medios, comunicación, denuncia, etc. Frente a todos esos espacios de lo público nos definimos como sujetos de un Estado, ciudadanos de una nación. Suena bien luego de tantas décadas de autoritarismo priista, y cuidado que muchos hemos llegado a creer en ello. Pero la disputa por lo público en México se da en territorios, demarcaciones y potestades regidos por una indefinición jurídica ganada a pulso por un Estado que se especializa en dejar en la indefensión a sus ciudadanos. Sin importar el orden y la dimensión del problema, hay una calidad indefinida de lo público, un espacio enorme de vacío legal tallado desde el poder político, que igual permite contratos anticonstitucionales en Pemex como desconocimiento de convenios legalmente establecidos entre un gobierno y un grupo de ciudadanos. Y en la era de los omnipotentes gobernadores en estados como Puebla, todo se resume en el exceso del poder público.”

Esta es la crónica de una ciudad cortada a tajo por sus contradicciones y sus ríos, perfilada por el trazo estricto de sus calles y la armonía de sus casonas históricas y las convulsiones anárquicas de sus avenidas modernas y la monotonía universal de sus desarrollos comerciales capitalistas. Es la historia de los excesos del poder en su trama despiadada y fría contra la acción civil que le cuestiona y le sobrevive. La memoria de veinte años de una ciudad que ha sufrido siempre por la sinrazón de sus regentes, capaces de disimular la lógica de sus intereses personales y de grupo tras el velo de las políticas públicas de planificación y desarrollo urbano, con la ley de su lado y el garrote que la hace valer en la mano.

Pero también es la narración de un esfuerzo concreto de ciudadanos por el que se comprueba que en México, contra lo que se diga, existe la sociedad civil.

Miércoles, 15 Noviembre 2017 00:00

Los prisioneros en las cárceles de México


En todas las cárceles de México hay 210,991 internos y de éstos el 73.9% al ser apresados no tenían antecedentes y el 26.2% ya había estado recluido en otra ocasión, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (Enpol) 2016, que realiza el INEGI.

La mitad de los reos tiene entre 28 y 34 años, el 66.0% trabajaba en oficios de bajos ingresos, el 71.0% terminó la educación básica, el 42.0% dejó de estudiar porque empezó a trabajar y 20% porque no tenía dinero.

El 60.0% de los delitos son robos de diversos tipos, el 12.9% posesión de drogas, el 9.7% portación ilegal de armas, el 8.8% lesiones, el 5.4% homicidio, el 4.6% comercio de drogas, el 2.1% daños a la propiedad, el 1.5% violaciones, el 1.2% violencia familiar y el 1.2% secuestro/secuestro exprés.

Al momento de ser arrestadas, al 41.5% se les sustrajo de donde estaban sin que se presentara la orden de aprensión correspondiente, el 25.5% fue retenido después de cometer el presunto delito, el 13.1% con una orden de aprensión, el 13.0% durante la comisión del presunto delito y el 2.4% de otra forma.

El 60.0% de los presos al momento de ser detenido sufrieron agresiones físicas y psicológicas de parte de las autoridades. Las físicas más comunes son patadas y puñetazos (59.0%), golpes con objetos (39.0%), lesiones por aplastamiento (37.0%) y descargas eléctricas (19.4%). Las psicológicas son que las personas permanecen incomunicadas (58.3%), se les amenaza con levantarles cargos falsos (52.5%), se les desviste (46.0%) y se les amarra (40.2%).

El 62.6% rindió declaración en el Ministerio Público (MP) y la mitad de éstos fue presionada por las autoridades, para dar otra versión de los hechos y el 47.5% se declaró culpable por agresiones físicas, por presión y también por recomendación del propio MP o de sus abogados. Ya en la cárcel el 39.3% ha sido objeto de actos de corrupción.

Las prisiones de México no cumplen con la normativa internacional conocida como Reglas Mandela, que establecen un mínimo que se debe cumplir para dar un trato digno a los presos y lograr su readaptación social. El gobierno mexicano las ha adoptado de manera formal, pero el sistema penitenciario no las garantiza.

Las cuatro cárceles que tienen el mayor grado de incumplimiento son: Centro de Prevención y Readaptación Social de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Tlalnepantla en el Estado de México y el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente en la Ciudad de México.

Las prisiones de México están llenas de personas de bajos recursos que están ahí no por delitos violentos sino por robo perpetrado, en buena medida, para sobrevivir. Están en una situación de riesgo permanente y de manera sistemática se violan sus derechos humanos. Cada una de las cárceles y el sistema penitenciario todo es una bomba que siempre está a punto de estallar.

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