Lunes, 22 Mayo 2017 00:00

Para qué enseñar la historia

Mundo Nuestro. La pregunta alrededor de la historia se formula siempre que necesitamos de ella. Historia para qué, decimos, cuando los acontecimientos ya nos han rebasado y no entendemos nada. O simplemente confirmamos que cumplimos la condena de repetirla. O que no se le encuentra ningún sentido a la pregunta elemental del sentido de la existencia. Enrique Florescano, en este texto tomado de la revista Nexos (Mayo 1999), apunta a uno de nuestros grandes desastres: el del sistema educativo nacional. Dos décadas después no es difícil pensar que esta historia no ha cambiado: el país sin rumbo, a la deriva de una violencia sin freno, sin acuerdos que desde la política proyecten un futuro colectivo democrático y justo.

Si damos un salto desde los tiempos remotos hasta los días actuales, advertimos que los motivos que hoy nos mueven a enseñar la historia no difieren sustancialmente de los fines que animaron a nuestros antepasados indígenas. Enseñamos a nuestros descendientes la historia propia y la de otros pueblos para hacerlos conscientes de que son parte de la gran corriente de la historia humana, de un proceso que se inició hace miles de años y por el que han transitado pueblos y civilizaciones distintos a los nuestros.

Enseñamos el pasado porque somos conscientes de que el “pasado fue el modelo para el presente y el futuro”. En cierta manera, el conocimiento del pasado es la clave del “código genético por el cual cada generación reproduce sus sucesores y ordena sus relaciones. De ahí la significación de lo viejo, que representa la sabiduría no sólo en términos de una larga experiencia acumulada, sino la memoria de cómo eran las cosas, cómo fueron hechas y, por lo tanto, de cómo deberían hacerse”.1



Enseñar el desarrollo histórico de los pueblos equivale entonces a ser conscientes, en primer lugar, de nuestra temporalidad, a situarnos en nuestra propia circunstancia histórica.

La primera lección del conocimiento histórico es hacernos conscientes de nuestra historicidad. “La vida humana se desarrolla en el tiempo, es en el tiempo donde ocurren los acontecimientos y (…) es en el transcurso del tiempo que los hombres escriben la historia”.2 Los individuos, así como los grupos y las generaciones humanas, requieren situarse en su tiempo, en el inescapable presente que irremediablemente forjará su propia perspectiva del pasado y sus expectativas del futuro. La dimensión histórica, con su ineludible juego entre el presente, el pasado y el futuro, es el ámbito donde los seres humanos adquieren conciencia de la temporalidad y de las distintas formas en que ésta se manifiesta en los individuos y en los grupos con los que éste se vincula.

La conciencia de que nuestras vidas se realizan en el tiempo y se modifican con el transcurrir temporal la adquirimos primeramente en el seno de la vida familiar y en el propio entorno social. La primera noción de que el ser humano está vinculado con sus antecesores en una suerte de cadena temporal se adquiere con los padres y los ascendientes de los que éstos provienen. En el seno de la familia el niño adquiere por primera vez conciencia de que es un eslabón temporal de un grupo social cuyos orígenes se sitúan en un pasado remoto. Es en el seno de la familia donde se percata de las diferencias de edad y donde adquiere noción de los cambios que el paso del tiempo induce en la vida humana. Más tarde esta percepción individual de la temporalidad se convierte en percepción social cuando el joven o el adulto entran a formar parte de generaciones, grupos y clases sociales. La apreciación de que el grupo, la tribu o la nación también cambian con el transcurso del tiempo aparece cuando el individuo se inserta en la vida social de su momento histórico.

El proceso histórico, además de verificarse en el tiempo, ocurre en el espacio. Tiempo y espacio son los dos ejes del acontecer histórico. Los hechos históricos, una vez situados en el tiempo, requieren ser ubicados en el lugar donde ocurren, deben ser registrados en una geografía precisa. Cualquier persona que se acerca al pasado, y con más razón el historiador, está obligada a conocer el lugar exacto donde ocurrieron los hechos y a dar cuenta de las características de ese espacio.

Por estos rasgos del conocimiento histórico en muchos países la historia marcha emparejada con la geografía. No puede haber conocimiento fidedigno de los acontecimientos sin el registro pormenorizado del territorio donde éstos ocurrieron. Sin caer en las aberraciones que proclamaron que el lugar o el clima determinaban la naturaleza de los acontecimientos históricos, es un hecho que el medio geográfico impone su huella sobre las obras humanas. El historiador, como el géografo, está entonces obligado a conocer el ámbito ecológico que rodea la vida social para explicar el peso del medio natural en el desenvolvimiento de los seres humanos.



Por otra parte, el conocimiento histórico, al reparar en las circunstancias que promueven el desarrollo de los individuos, las familias, los grupos o las naciones, nos lleva a percibir la singularidad de esos grupos, nos hace percatarnos de sus rasgos propios y de los lazos de identidad que los unen. El conocimiento histórico enseña que desde los tiempos más remotos los seres humanos se organizaron en grupos, tribus, pueblos y naciones dotados de un profundo sentimiento de solidaridad e identidad. Al mismo tiempo que el conocimiento histórico destaca la naturaleza social de los seres humanos, nos acerca a los artefactos que contribuyeron a soldar los lazos sociales: la lengua, los rasgos étnicos, el territorio, las relaciones familiares, la organización política…

Por las razones anteriores se puede afirmar que el conocimiento histórico es indispensable para preparar a los niños y los jóvenes a vivir en sociedad: proporciona un conocimiento global del desarrollo de los seres humanos y del mundo que los rodea. El conocimiento histórico es, ante todo, conocimiento del ser humano viviendo en sociedad. Si las nuevas generaciones están obligadas a conocer el presente, es conveniente que lo hagan a partir del pasado que ha construido ese presente. Es necesario que cada generación sepa actuar en el presente fundada en el conocimiento que le proporciona el análisis de la experiencia pasada.

Desde el inicio de la vida civilizada el conocimiento histórico ha sido el mejor instrumento para difundir los valores de la cultura nacional y para comprender el sentido de la civilización humana. La historia, al recoger y ordenar el conocimiento del pasado, se convierte en el almacén de la memoria colectiva, en la salvaguarda de la nación. La historia es el saber que da cuenta de las raíces profundas que sostienen las sociedades, las naciones y las culturas y, asimismo, es la disciplina que esclarece el pasado de los individuos: es el saber que desvela las raíces sociales del ser humano.



Para que la historia pueda cumplir sus funciones culturales, sociales, nacionales y educativas es preciso que satisfaga los siguientes requisitos:

1. Ofrecer a los niños conocimientos básicos sobre la historia y la geografía de México, con el fin de familiarizarlos con los fundamentos de la cultura nacional. Enseñar a los alumnos la historia y la geografía equivale a darles una visión del mundo y una memoria.

2. Despertar la curiosidad de los niños y los jóvenes por su pasado. Fomentar, mediante el uso de diversos métodos activos y complementarios, el estudio de los orígenes familiares y sociales, así como los de la región y la nación. Esta enseñanza es la base de su patrimonio cultural, concebido como una herencia del pasado a los seres humanos contemporáneos, que permite a cada uno encontrar su identidad. La identidad del ciudadano se basa en esta apropiación del patrimonio cultural heredado.

3. Hacer sentir a los niños y a los jóvenes que los conocimientos históricos no son adquisiciones definitivas, sino saberes sujetos a revisión constante. Lo que hoy conocemos puede ser modificado por el conocimiento de mañana, o puede ser puesto en duda por nuevos descubrimientos. El estudio de la historia debe fomentar la idea de que el conocimiento es un proceso en constante renovación, y estimular el sentido crítico y el espíritu de observación.

4. El estudio de la historia debe asimismo estimular las facultades que el humanismo propone desarrollar: “la capacidad crítica de análisis, la curiosidad que no respeta dogmas ni ocultamientos, el sentido del razonamiento lógico, la sensibilidad para apreciar las más altas realizaciones del espíritu humano, la visión de conjunto ante el panorama del saber, etcétera”.3 Enseñar a los alumnos a leer e identificar, es decir, a reconocer y nombrar, y más tarde a construir algunas frases para darle sentido a las cosas así reunidas, ejercita el juicio crítico y el razonamiento.

5. Rebasar el campo de la historia de México para hacer comprender a los jóvenes la importancia de la civilización y de la historia de otros pueblos. El conocimiento de otras culturas y tradiciones es la mejor manera de estimular la comprensión y el espíritu de tolerancia entre los jóvenes.

6. Utilizar los ejemplos históricos para enseñar cómo funciona la vida y la sociedad, y cómo pueden los jóvenes conocer los derechos y los deberes de los seres humanos, cómo se forjaron los valores que sostienen y alimentan al conjunto social, y cómo se reconocieron y aceptaron esos valores en el desarrollo histórico de los pueblos. Comprender el mundo contemporáneo y actuar sobre él como persona libre y responsable, exigen el conocimiento del mundo en su diversidad y en su desarrollo histórico.

7. Reafirmar la idea de que educar “es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores. memorias, hechos…) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”.4

Aun cuando desde los inicios de nuestro sistema educativo la historia fue considerada una asignatura importante, sus contenidos, los modos de enseñarla, la formación de los profesores, los métodos que la difunden y sus resultados poco han contribuido a formar mejores ciudadanos y mexicanos. Casi no hay estudios sistemáticos que registren el desempeño pormenorizado de la enseñanza de la historia en las escuelas mexicanas. Pero los escasos que existen confirman la exactitud del diagnóstico hecho por un libro dedicado a examinar la realidad educativa del país: una catástrofe silenciosa recorre los diferentes ámbitos del sistema educativo nacional.5 Veamos, con mayor precisión, dónde se ubican estas catástrofes y cuáles son sus características.

Los contenidos. Supuestamente la enseñanza de la historia debería ofrecer a los niños y jóvenes una idea general sobre la formación de su país, sobre los principales procesos históricos que intervinieron en su desarrollo y sobre la diversidad de su población. Asimismo, la enseñanza de la historia debería ser un apoyo de la formación cívica de los estudiantes, debería capacitarlos para comprender la realidad social y el mundo que los rodea, y ofrecerles instrumentos básicos para actuar en el mundo exterior. Supuestamente la enseñanza de la historia, como la enseñanza en general, debería preparar a los niños a pensar bien, a reflexionar con propiedad y a manejar el conocimiento aprendido, de tal manera que pudieran transitar de la vida escolar a la vida productiva como individuos activos, participativos y creativos.

Sin embargo, en la realidad, los contenidos de los libros de texto y de los programas escolares se dedican a formar en las mentes de los niños una concepción estrecha del desarrollo histórico del país, dominada por la idea de una identidad nacional uniforme. No hay congruencia entre los propósitos declarados de la enseñanza de la historia y los métodos adoptados para transmitirla, que están regidos por la memorización y las prácticas obsoletas. El problema mayor que presentan los libros de texto es que su contenido carece de un propósito definido desde el punto de vista histórico y pedagógico. No está claro qué se quiere enseñar de la historia de México, ni para qué ni cómo. Los libros de texto tampoco enseñan a pensar y explicar los procesos históricos. A veces hay una contradicción flagrante entre los temas seleccionados y los métodos adoptados para explicarlos. Los materiales didácticos se reducen al libro de texto, que es utilizado como única fuente de información y de consulta. En fin, según los expertos, la educación básica padece las siguientes deficiencias:

Al igual que en la primaria, el plan de estudios de la educación secundaria continúa basado en una pedagogía abstracta, de información, irrelevante para la vida real de los estudiantes; se transmiten contenidos desvinculados del entorno social específico en donde se realiza la práctica educativa y, por esta vía, se garantiza el divorcio entre el conocimiento escolar y las demandas efectivas de la sociedad.6

Por lo general, las horas dedicadas a la enseñanza de la historia resultan insuficientes para cubrir el número de las materias. La disparidad entre los propósitos de los programas escolares y la realidad de la enseñanza se manifiesta en múltiples renglones. La contradicción entre el número de horas realmente disponibles y las materias que deberían enseñarse hace imposible cumplir el programa anual, lo cual deriva en frustración tanto para los profesores como para los alumnos.

Los métodos de enseñanza. Sabemos que entre la población mexicana una de las lecturas más frecuentadas es la de los libros de historia; pero en las escuelas los niños unánimemente tienen esta materia como la más aburrida y la consideran un verdadero suplicio. Según algunas encuestas los niños y jóvenes rechazan las clases de historia porque están basadas en la memorización y en procedimientos tradicionales. Son clases en las que están ausentes las técnicas que han renovado la impartición de conocimientos. Los profesores no fomentan el trabajo colectivo o las prácticas de grupo, y también están en contra de los métodos experimentales, las innovaciones pedagógicas y las visitas a museos o a los lugares históricos. En general, se manifiestan en contra de las técnicas que ponen en relación directa al alumno con los temas de estudio, y con las prácticas que los hacen pensar y actuar como individuos racionales. En todos estos casos el estudiante no es considerado un sujeto activo, sino un paciente sometido a la tutela del educador.7

Los educadores. En nuestro país, el “elemento constitutivo central de la educación es el maestro”.8 Sin embargo, los profesores son, sin duda alguna, uno de los puntos más débiles del actual sistema educativo. Las encuestas realizadas en el área de historia señalan que están mal pagados y carecen de motivaciones sociales e intelectuales para cumplir con su cometido, males que comparten con los demás profesores del sistema. Las encuestas revelan que en la mayoría de los casos no tienen una preparación especializada en los temas históricos. Los datos disponibles informan que gran parte de los profesores que imparten estas materias se formaron en otras especialidades. Esas mismas encuestas indican que los programas de actualización no han servido para remediar las deficiencias iniciales en la preparación de los maestros. Es decir, por su propia formación deficiente los profesores son los primeros en reproducir en el salón de clases los conocimientos obsoletos, las pedagogías inapropiadas y la frustración entre los alumnos. Son también los primeros en evadir el análisis y la autocrítica, pues atribuyen los fracasos de su enseñanza al exceso de materias, la falta de programas didácticos y de materiales de trabajo adecuados, o a las autoridades de la escuela.9

Otro de los problemas que afecta la enseñanza de la historia es la desvinculación entre el profesor de la materia, las autoridades de la escuela y los padres de los alumnos. En general, los directores de la escuela y los Jefes de Enseñanza desconocen los enfoques, las pedagogías y las necesidades del programa de historia, por lo cual no prestan oídos a los planteamientos que hacen los docentes, o toman una posición contraria a sus demandas.10 El sentimiento de frustración que crea esta relación se agudiza porque los docentes no están organizados académicamente para hacer valer sus críticas y propuestas. Estas deformaciones se han profundizado porque los padres de familia que las perciben no tienen voz ni voto en la educación que se imparte a sus hijos. Están completamente marginados del sistema escolar.

En resumen, entre los retos que enfrenta el sistema educativo está el de “desarrollar su capacidad para atender integralmente al docente, desde su formación inicial hasta su actualización, procurar el mejoramiento de sus condiciones de trabajo y de salario, y reconocer su valorización social”.11

Los alumnos. En la lista de catástrofes que agobian al sistema educativo mexicano uno de los sectores más agraviados es el de los alumnos. El primer agravio proviene de la frustración que experimenta el niño que va a la escuela a aprender la historia de su patria y recibe en cambio una retahíla de nombres, fechas y acontecimientos que antes que comprender tiene que memorizar. El segundo agravio lo reciente cuando en lugar de que la escuela establezca una relación de mutuo aprendizaje entre él y sus profesores, propicia una relación gobernada por el autoritarismo, la no comunicación y la represión. El tercer y más resentido de los agravios es la carga de aburrimiento, apatía, rechazo y nulo aprovechamiento que inunda al alumno en las clases de historia; una carga que ahoga cualquier estímulo para estudiar, comprender o investigar.12

Es decir, la enseñanza de la historia es contraria a los ideales básicos del sistema educativo. En lugar de enseñar inocula deficiencias en la formación de los alumnos y malquista al estudiante con la educación, los profesores y la escuela. Antes que estimular a los alumnos a ejercitar la crítica y abrirse al entendimiento de nuevos problemas, los encierra en la memorización insustancial y la apatía. Estas deformaciones de la enseñanza de la historia se localizan en la enseñanza básica y se prolongan en la media y superior. Es decir, hay una crisis general de la enseñanza de la historia en el sistema educativo mexicano.

No nos engañemos: la imagen que tenemos de otros pueblos, y hasta de nosotros mismos, está asociada a la Historia tal como se nos contó cuando éramos niños. Ella deja su huella en nosotros para toda la existencia. Sobre esta imagen, que para cada quien es un descubrimiento del mundo y del pasado de las sociedades, se incorporan de inmediato ideas fugitivas o duraderas (…) al tiempo que permanecen, indelebles, las huellas de nuestras primeras curiosidades y de nuestras primeras emociones. Marc Ferro13

Si esta aseveración de Marc Ferro es cierta, como lo creo, entonces los mexicanos estamos obligados a emprender una reforma radical de la enseñanza de la historia, porque la historia que hasta ahora hemos enseñado en nuestras escuelas está plagada de deficiencias y se enseña terriblemente mal. No soy experto en asuntos educativos ni en materias pedagógicas, dos aspectos clave en cualquier programa de reforma educativa. Sin embargo, pienso que la reforma que necesitamos debe sustentarse en una estrategia que aspire a alcanzar los siguientes objetivos.

Primero. Promover una encuesta exhaustiva de la situación actual del sistema educativo. Como dije antes, en México son escasas las encuestas rigurosas sobre un fenómeno tan cambiante y sujeto a transformaciones profundas como la educación. Los países avanzados hacen periódicamente este tipo de ejercicios de evaluación y anualmente revisan las variables más sensibles a los cambios. Es evidente que para emprender una reforma rigurosa del sistema educativo se requiere una encuesta exhaustiva, amplia y sistemática, que permita elaborar un diagnóstico realista de los problemas que hoy afectan a las tareas educativas. Y es asimismo necesario que esa acción se encomiende, como se hace regularmente en Francia y otros países, a las personas más capacitadas y comprometidas con los desafíos educativos de su país.14

Segundo. Elaboración de un programa de reformas basado en los resultados de la encuesta anterior. Es imprescindible que la propuesta de reformas a los métodos de enseñanza y al sistema educativo sea elaborada por una comisión integrada por un equipo de profesores, pedagogos, historiadores, padres de familia, escolares y expertos altamente calificados y comprometidos con el buen desarrollo del sistema educativo. Quiero decir que deberá ser una comisión independiente del sistema corporativo que hoy impide que la educación sea un asunto de interés público y una responsabilidad nacional.

Tercero. El programa de reformas debe estar integrado por acciones inmediatas, seguidas por otras de mediano y largo plazo, y las tres deberán ser objeto de evaluaciones periódicas que habrán de darse a conocer a la opinión pública.

La reforma de la enseñanza de la historia y del sistema educativo no puede olvidar que la enseñanza “nunca es una mera transmisión de conocimientos o destrezas prácticas, sino que se acompaña de un ideal de vida y de un proyecto de sociedad”.15 La nueva propuesta educativa debe ser coherente con el proyecto de sociedad democrática que están construyendo los mexicanos, y debe rechazar los ideales de educación negativos. Como dice Savater, el proyecto democrático y universalista de educación debe rechazar “el servicio a una divinidad celosa cuyos mandamientos han de guiar a los humanos, la integración en el espíritu de una nación o de una étnia como forma de plenitud personal, la adopción de un modelo sociopolítico único capaz de responder a todas las perplejidades humanas, sea desde la abolición colectivista de la propiedad privada o desde la potenciación de ésta en una maximización de acumulación y consumo que se compromete con la bienaventuranza”.16

Por último, para alcanzar estos objetivos, habría que retomar las propuestas sociales del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (1992). El mensaje de este documento decía que la “magnitud y trascendencia de la obra educativa que reclama el futuro de México entraña la participación de cuantos intervienen en los procesos educativos”, por lo que es indispensable fortalecer la capacidad de organización y participación en la base del sistema: la escuela misma, los maestros, los padres de familia y los alumnos. Se trataba de “desplegar la energía social para un decidido enriquecimiento de la educación”, fundado en “una amplia participación social en la educación”.17

Enrique Florescano
Historiador. Entre sus libros, Memoria mexicana y La bandera mexicana: Breve historia de su formación y simbolismo.


1 Eric Hobsbawm: On History. Weidenfeld and Nicholson. Londres, 1997, p. 28.

2 Charles Samaran (comp.): L’histoire et ses méthodes. Bibliothèque de la Pleiade, Gallimard, Paris, 1961. p. 37.

3 Fernando Savater: El valor de educar. Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, México. 1997. p. 125. Véase también el manual francés Histoire-Geographie, Education Civique. Centre National de Documentación Pedagogique. París, 1998.

4 Ibid. pp. 23-24.

5 Gilberto Guevara Niebla (comp.): La catástrofe silenciosa. Fondo de Cultura Económica. México, 1992. Véase también Felipe Martínez Rizo: “La planeación y la evaluación de la educación” en Pablo Latapí Sarre (comp.): Un siglo de educación en México. Fondo de Cultura Económica. México, 1998,I, pp. 288-318.

6 Gilberto Guevara: Ibid., pp. 45-46; véase también Victoria Lerner Sigal: “El manejo de los contenidos en la enseñanza de la historia: el factor tiempo y el factor espacio” en La enseñanza de Clío, UNAM-CISE- Instituto Mora, México, 1990, pp. 209-230; Raúl Vargas Segura: Del pensamiento histórico a su aprendizaje, Mecanoescrito, 1999.

7 Raúl Vargas Segura: Ibid., pp. 3-4.

8 Silvia Schmelkes: “La educación básica” en Pablo Latapí Sarre (comp.): Op. cit., p. 185.

9 Raúl Vargas Segura: Op. cit.. pp. 8-10; Schmelkes: Op. cit., pp. 186- 187.

10 Silvia Schmelkes: Ibid., pp. 189 y ss.

11 Silvia Schmelkes: Ibid., p. 191. Véase también María de Ibarrola: “La formación de los profesores de educación básica en el siglo XX” en Pablo Latapí Sarre (comp.): Op. cit., pp. 230-275.

12 Raúl Vargas: Op. cit., p. 4. Véanse tPara qué estudiar y enseñar la historiaambién los artículos que tratan estos temas en la obra de Victoria Lerner: Op. cit.

13 Marc Ferro: Cómo se cuenta la historia a los niños en el mundo entero. Fondo de Cultura Económica, México, 1995, p. 9.

14 Un modelo de este tipo de encuestas es el ya citado de René Girault: L’historié et la géographie en question, Ministère de l’éducation nationale, Paris, 1983.

15 Fernando Savater: Op. cit., p. 155.

16 Ibid. pp. 163-164.

17 Pablo Latapí Sarre: “Perspectivas hacia el siglo XXI” en Op. cit., pp. 422-423.

Aquí puedes escuchar la calidad de este músico mexicano.



Mundo Nuestro. Con esta crónica de su viaje al sur americano, abrimos en esta revista la participación del escritor, periodista, antropólogo, guionista, radiodifusor, artista plástico Leopoldo Noyola Rocha con su blog Mitos sin sustancia. Y nos felicitamos por ello. Viaje al sur: se publicará por partes. Aqui el cuarto capítulo: Hornopirén



Un afortunado implemento de las carreteras del sur chileno son las contenciones de las curvas hechas íntegramente de madera, con troncos cortados longitudinalmente por la mitad y enfilados a lo largo de la curva. Asimismo, las casetas debuses que en ciertas comunas son verdaderas cabañitas, confortables y térmicas en invierno.

Al final del estero de Reloncaví, desde un acantilado en caleta Puelche, es posible ver el mar abierto del seno de Reloncaví. En Contao (“Pueblo, libre de hidroeléctricas”, dice en un puente) penetramos en una larga carretera de tierra que atraviesa una suerte de península hacia Hornopirén, nuestro siguiente destino. Domina un viento torrencial que estremece la tupida vegetación y levanta el polvo de la terracería.



Hornopirén ("horno de nieve" en mapudungun) es un hermoso pueblito luminoso y frío, muy amplio, rodeado de montañas nevadas frente a un alargado golfo o estero con dos enormes islas que ocupan casi todo su espacio: la isla de Los Ciervos y la isla Llancahue. Todo dentro del territorio del Golfo de Ancud, que separa el continente de la isla de Chiloé. Nos es imposible conseguir transporte marítimo hacia Chaitén, que era el plan original. Ajuste al itinerario, nos quedamos en Hornopirén.

Para ir al centro desde la cabaña en la que nos alojamos dentro de la ciudad, hay que atravesar el puente del Río Cuchildeo, caudaloso aunque pequeño, donde lo que resalta es su limpieza. Y el color oscuro de su agua que denota una bajísima temperatura.



Una planta de hortensias me recuerda a mi mamá, por cómo hubiera disfrutado ella de su cuidada cursilería natural, al grado de parecer un ramo de novia de metro y medio de alto y ancho. Claro, una novia gigante. En la plaza, una escultura en un tocón de caoba de un metro de diámetro y unos dos metros y medio de alto, muestra el rostro enorme de un chamán y en el otro costado una familia mapuche. Aquí tenemos la primera visión de las enormes hojas de nalca (después sabremos que su nombre es pangue), que son utilizadas para el curanto, una suerte de barbacoa de hoyo con mariscos y carne, que por desgracia no vemos por aquí. Lo que sí vemos es una planta salmonera con enormes depósitos cubiertos por lonas negras y pulcras; en el estero veríamos también instalaciones de las granjas salmoneras con bodegas flotantes.

“Cerrado por duelo”, dice un cartel en el centro comunitario, un hermoso edificio completamente construido de madera, con altos techos de duela y locales de artesanía y cafeterías. Me llama la atención un anuncio que indica que el sábado anterior ocurrió un “Encuentro cannábico” con charlas, comida, cocteles cannábicos y “free smoke”, 200 pesos la “adhesión”, que explicaba en parte la cantidad de jóvenes de facha rastosa que pululaban por el pueblo, seguramente “adheridos” a la idea de seguir la fiesta. También, en otro poster, una “tertulia de boxeo”, llamativa la fragante palabra de tertulia para un espectáculo de trancazos. Por radio mensajes con un lenguaje ceremonioso y muy formal: “lo invitan a la celebración de la kermesse…”

Uno de los días penetramos una larga terracería para visitar el camino que bordea el Parque Nacional Hornopirén, que inicia muy poco después del pueblo con el sorprendente río Blanco, una corriente que no desmerece su nombre al ser sus aguas blancas como si estuvieran combinadas con leche en partes iguales.

El camino bordea el Canal Cholgo y cruza unos acantilados con increíbles paisajes de los cerros y el mar del estero con sus dos grandes islas, hasta Caleta Cholgo, donde existen enormes cultivos de balsas-jaulas y secciones de modernas casas para los salmoneros. “Cholgo, lugar de cholgas”, aclara un modesto cartel. “Se vende chicha”, dice otro. Las cholgas son una especie de mejillones. Otros moluscos, llamados picorocos, crecen en las piedras, a las que colonizan en grupo hasta que maduran y se independizan. Cuando tienen el tamaño de un huevo, son hervidos y extraídos de su caparazón para consumirlos. La chicha, por su parte, que nos recuerda aquella vieja canción de Víctor Jara (“usté no es ná, ni chacha, ni limoná”), es una sidra.

Llegamos hasta Caleta Pichanco, frente a la isla de Llancahue, un embarcadero solitario que es el fin del camino que recorre el parque nacional. Eucaliptos aislados y, por supuesto, abejas, circundando los impertérritos ulmos. Arrayanes con sus troncos café-rojizos recorridos por el chucao, un pájaro de una palma de tamaño con un bello canto gorgojeante, que además no vuela. Helechos, muchos helechos de todos tamaños. Y claro, moras, zarzamoras, introducidas por los alemanes a principios del XX, es ahora una deliciosa plaga que está en todos lados, de Santiago a la Patagonia.

Vamos de regreso, cansados, hambrientos, nostálgicos y asoleados, escuchando rock inglés en silencio y observando los helechos blanqueados por el polvo de la terracería. “Estos caminos los construye el ejército chileno -me informa Frank-, pues no hay empresas privadas interesadas en hacerlos”. En ese momento no me importa, lo que quiero es comer.

En Hornopirén vamos al mercado de comida del centro del pueblo. Muy grande, decenas de puestos. Nos acomodamos en la fonda “El buen amigo”, con un menú que contempla paila marina, un caldo con mejillones, piure, ostras, ostiones y locos-, patache, congrito frío, curanto, pichangas y merluza, además de cerdo y pollo.

Si hubiera que elegir un lugar favorito en este viaje muy probablemente sería Hornopirén, donde estuvimos tres días deliciosos, apacibles y fríos, paseando a las 12 de la noche por el malecón, con decenas de bandas de jóvenes noctámbulos en perfecta armonía. Buenas noches, tíos. Sí, buenas noches.

"Los estudiantes tienen que ensuciarse las manos", me dice José Morales Osorio, un ingeniero poblano experto en diseño automotríz, quien luego de trabajar el día entero en la planta Volkswagen inicia su clase a las 7 de la noche en alguno de los talleres del IDIT en la Ibero Puebla.

Pienso en esa imagen ahora que veo a los jóvenes ingenieros que presentan ante maestros y familiares su trabajo de tesis con el que cierran su ciclo de estudiantes de ingeniería. Embutidos en sus trajes y ahorcados por sus corbatas, se ve que les sentarán mejor el overol y el casco y el aire polvoso de los talleres industriales. Y las ingenieras, visten como para una boda. En realidad, el evento es en el buen sentido, una fiesta: los jóvenes exponen ante sus familiares porqué se merecen el mote de ingeniero que les acompañará toda la vida.

Y todos cumplen en sus exposiciones con la formalidad del proceso metodológico de la investigación: planteamiento del problema, justificación (orgánica, técnica, financiera, mercado, social), alcances y limitaciones del proyecto, marco teórico, metodología, diseño, desarrollo, análisis de resultados, proyección financiera, conclusiones. De principio a fin, igual un gato mecánico que un telar, una pierna artificial o una placa para construcción elaborada con elote, una bicicleta plegable con plan de negocio, un programa de mantenimiento industrial, un vino a base de miel de abeja y hasta una aplicación móvil para el sistema RUTA.



El método



Son los ingenieros que salen de las universidades mexicanas decididos a las técnicas y las mecánicas del mundo que les toca vivir. Al menos estos cuyos proyectos conozco hoy, en la Ibero Puebla.

Por ejemplo la exposición de los jóvenes Luis Maximiliano Chong Altúzar y Juan Carlos Atzin Andrade, que han ideado un banco de pruebas para un sistema de visualización de señales automotrices: su comparación de los sentidos entre un auto y una persona, cuánto pueden parecerse y cómo se puede entender su necesidad desde un banco de pruebas con sensores de nombres como siglas de partido político (CKP, MAP, TPS, etc) y programas de cómputo libre como el Lab View, y su espítiru innovador. "Conocer para poder hacer", dice Maximiliano.

O la propuesta de Franco Robredo Bretón para la construcción del prototipo de telar digital y su sueño de verlo producido en serie, con una patente mexicana, facilitando la vida de los diseñadores textiles.



Entiendo por estos jóvenes ingenieros porqué el ingeniero Morales Osorio ve más allá: "La innovación tecnológica tiene que ver con el impacto que puede tener en la gente."

"Ingenieros para transformar el mundo", dirá después en el evento de despedida con las familias de los egresados alguno de los educadores de la universidad jesuita.

Supongo que ese perfil de la tecnología tiene que ver con el espacio universitario que envuelve el Foro de Proyectos del Área de Síntesis y Evaluación III con la que cierra este semestre en la Universidad Iberoamericana Puebla.

El IDIT

Las dos frases del ingeniero Morales Osorio me las suelta el lunes 15 de mayo al salir de uno de los salones de clase en el que los estudiantes que este 2017 egresan de algunas de las carreras de ingeniería que en universidad jesuita se imparten en el Departamento de Ciencias e Ingeniería. Y son 52.

He estado en uno de esos salones y soy testigo de la presentación de seis proyectos: a cargo de nueve alumnos.

El desarrollo de un prototipo de telar digital de bajo costo. La implementación de un módulo de luz de freno inteligente capaz de comunicar la urgencia de frenado. Una prótesis mecánica de miembro inferior. Un gato eléctrico para el auto Jetta. Un sistema didáctico de caja de engranes de caja manual. Un sistema de visualización de señales automotrices. El ingeniero de la Volkswagen es el asesor de Maximiliano y Juan Carlos con su banco de pruebas.

Son proyectos estudiantiles con los que terminan el ciclo de su formación.

Puedo entender con ellos el esfuerzo de la universidad jesuita por involucrar a sus estudiantes con la vida real, con las necesidades concretas de empresas e instituciones. Valoro entonces más fácilmente la existencia del Instituto de Diseño e Innovación Tecnológica, el IDIT, con sus talleres y el ir y venir de muchachas y muchachos con cara de estar en algún recinto industrial y sometidos a la vigilancia de señudos supervisores. En este mismo mes de mayo se han presentado dos proyectos específicos de esta vinculación: un exoesqueleto para la producción de vehículos en Volkswagen y un electroestimulador para cirugías colorrectales para el Hospital del Niño Poblano. Y ya son más de 40 las empresas poblanas las que esperan resultados del trabajo de investigación de los estudiantes de la Ibero Puebla. Apenas el 25 de mayo se exponen proyectos que tienen que ver con procesos industriales en áreas de alimentos, diseño e interacción digital, ingeniería especializada y diseño industrial, con avances específicos, por ejemplo, en pruebas de durabilidad de llaves electrónicas para automóviles, de resistencia a piezas mecánicas del ramo automotriz, desarrollo de aceites, dispositivos para personas invidentes, entre otros.

Suena bien esto. Se recupera el ánimo por construir un mejor país.

El telar digital de Franco Robredo Bretón

Y por ello voy al detalle del telar de Franco Robredo Bretón, quien sale de Ingeniería Mecánica con el desarrollo de un prototipo en el que el propósito de bajo costo de la máquina que ha inventado sea fundamental. Tan va en serio que ya está en el proceso de lograr la patente con el respaldo del programa FAB-LAB del IDIT.

"Me propuse --afirma Franco ante los sinodales-- desarrollar un prototipo de telar digital de bajo costo que facilite la elaboración de tejidos “boceto”, aumente la diversidad de diseños y disminuya el tiempo de trabajo, costo, consumo energético y cantidad de material utilizado." Y por ahí se le ha ido el último año: imaginar el telar digital, convertir su idea en un diseño, construirlo y probarlo. Ya lo ha hecho, pero no puede mostrarlo porque está en proceso la patente. Pero igual nos habla de sus alcances: puede producir un patrón simple, de bajo costo en dinero y energía, además de que puede replicarse y por tanto ser accesible para diseñadores de moda, para artistas plasticos, por ejemplo. Y sus limitaciones: no puede producir patrones complejos, y requiere del desarrollo de un software con la programación para los propósitos textileros. Esa es tarea de otros ingenieros.

Y en esas están en el IDIT. Porque esta es una tesis. Y Franco, como el resto de sus compañeros, ve venir ya la vida laboral con el arranque de una nueva etapa de su vida. Pero mientras nos enteramos del mundo tras el telar digital: los electroimanes y las fórmulas para el campo magnético, y el corte laser en la industria y su aplicación para los materiales del prototipo, y los números binarios y los casos análogos que ya se encuentran en el mercado. Y los procesos que tuvo que seguir, como el análisis del módulo de electroválvulas, el rediseño de procesos como el del sistema de bloqueo o los llamados actuadores, el corte láser, la fabricación de los actuadores, el ensamblaje del nuevo telar ya con sus sistemas electrónicos y eléctricos, todo eso hasta tener en el taller un primer prototipo. Y pruebas, y pruebas, hasta que pudo decir ya puedo presentarlo ante los sinodales.

El país que construyen estos jóvenes ingenieros

Al final del evento platico con Maximiliano Chong y Franco Robredo Bretón. Los he visto defender con propiedad sus proyectos. Y en sus ojos descubro fácilmente la ilusión por el tiempo que se les viene, el mejor de sus vidas. Me hablan entonces de su país y el futuro que vislumbran. Dos preguntas simples: ¿Te preocupa la situación social del País? ¿Cómo ves tu futuro como ingeniero en México?

Así lo ve Maximiliano:

El futuro para los ingeniero es bastante alentador, posibilidades de trabajar hay muchísimas; me ha quedado claro ahora que me encuentro en esa posición, la de buscar un trabajo. Pero creo que los problemas que aquejan a nuestro país son un pretexto más para no hacer lo que tenemos que hacer cada quien desde su posición, me explico:

Creo que los mexicanos (y no quiero generalizar) se nos hace más fácil culpar al gobierno, a la escuela, a la familia, al narco o al PRI, que admitir que no hacemos lo que tenemos que hacer para llegar a donde queremos. Esto Implica cambiarse de estado para trabajar (muchas nuevas fábricas buscan ingenieros), admitir que no estamos lo suficientemente listos para acceder a altos puestos desde el inicio. Es una opinión muy personal, y la comparto porque me gustaría que más personas al menos se lo preguntaran.

No quiero decir que las situaciones sociales, económicas o políticas de nuestro país no sean una limitante; pero creo que hay mexicanos que nos han demostrado que cuando le restamos importancia a eso y nos enfocamos en realmente lo importante, lo trascendente se puede poner el nombre de nuestro país en alto.

Me encanta mi país, me encanta su gente y creo que somos muy capaces, vaya unos chingones, pero también creo que debemos de tomar la responsabilidad en lo que hemos dejado de hacer por cualquier motivo y buscar los medios para realizar lo que queremos hacer.

Creo que el mexicano no se expone intelectualmente a nuevas ideas (libros, artículos, conferencias), y esto sin duda te deja sin herramientas intelectuales y emocionales para afrontar lo que sucede en nuestro país. Y digo estono desde la silla del que viene de una familia con dinero, todo lo contrario, con el esfuerzo de mis padres estoy donde ahora, pero he tomado la responsabilidad de “cambiar el chip” y espero en algún momento lograr que más personas lo hagan.

Y esto me dice Franco:

Veo un futuro muy prometedor en México para mí como ingeniero, pero también para todos los jóvenes con visión en el desarrollo tecnológico local. En los últimos años se ha formado una creciente necesidad de cambio en nuestro estilo de vida. Los efectos sociales, económicos y ambientales de nuestro sistema económico y de nuestras prácticas de consumo son terribles. Sin embargo, se logra ver que en la juventud mexicana existe el hambre por la justicia y la equidad.

Como ingeniero mecánico veo una oportunidad idónea, un país que tiene por delante años para desarrollarse, ya sea en transporte, comunicación, medicina, educación, medio ambiente etc. en donde las posibilidades para un ingeniero no faltan, en realidad nos sobran.

Sí, estoy esperanzado aunque nuestro futuro es incierto, tengo esperanza, me da orgullo pertenecer a esta generación, porque contamos con las herramientas necesarias y tenemos la fuerza para mantenernos firmes ante la adversidad, ojalá podamos probar el sabor del cambio y lograr hacer de nuestro país y del planeta un mejor lugar para todos.

Sí, se podrá pensar que un ingeniero busca un empleo en una empresa o una fábrica para poder tener un buen salario y poder mantener un buen estilo de vida. Pues yo les puedo asegurar de primera mano que la mayoría de los jóvenes universitarios (y no sólo los ingenieros) tienen aspiraciones mucho más grandes que sólo un buen salario, queremos un cambio para la sociedad de este país y estamos más que dispuestos a lograrlo.

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Por allá se van a sus fiestas particulares los jóvenes ingenieros. Pienso en Maximiliano y Franco. Se merecen un mejor país. Pero ese futuro construido también pasa por sus manos.

Mundo Nuestro. La hazaña de Lobos BUAP no tiene otro nombre. Ganar el campeonato de lo que antes llamábamos Segunda División en México es simplemente dificilísimo, y el mejor ejemplo para entenderlo es la suerte del rival que dejaron en el camino, Dorados de Sinaloa, veterano de los ascensos en México --y lamentablemente para sus seguidores, igualmente experto en el regreso a lo que también los antiguos llamaban "el infierno"--, y que ha visto perder una oportunidad única con el marcador 2 a 0 a su favor.

Lobos lo había anunciado ya en las anteriores temporadas. Ahora lo han cumplido de la mano de un entrenador joven, Rafael Puente, un equipo bien armado y un esfuerzo de la institución que lo cobija.

Bien para la ciudad este triunfo del equipo de la universidad pública poblana tras un amargo cuarto de siglo del equipo Puebla FC, el viejo equipo camotero que ha ahogado en la tristeza a sus aficionados, con años enteros de derrota y corrupción gansteril de propietarios varios y gobierno estatal de turno. Vale el festejo y se merecen el desfile los jugadores que ganaron el ascenso.



Ojalá que el festejo vaya mucho más allá que los abrazos de los políticos trepados al júbilo futbolero.

En el porvenir inmediato el interrogante por el significado de la victoria en un medio fubbolístico dominado por el negocio y el comercio de las pasiones deportivas. Un equipo que asciende a Primera requiere de recursos económicos que rondan los millones de dólares en inversión de jugadores, si se quiere sobrevivir un primer año durísimo, casi diseñado para echarlo de vuelta al infierno. Pero el equipo Lobos no es una SA cualquiera. Es el equipo de la institución Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es el equipo de la principal institución de educación superior en Puebla.

Un simple interrogante entonces: ¿Qué criterios normarán el manejo del equipo Lobos por la universidad pública?

Y a la vista una alternativa: la de un verdadero club deportivo con un proyecto social para la ciudad de Puebla.



Mundo Nuestro. El mitin fue el sábado 20 en la Puerta del Sol. Pablo Iglesias y un discurso estremecedor que trae desde España la proyección de otra política posible, la que busca el movimiento Podemos. En el horizonte nuestro el 2018 y su muy previsible campaña electoral en la que difícilmente se discutirán los proyectos nacionales, prevalecerán las manos negras de los grupos de poder y quien gane lo hará en medio de una rebatinga de los partidos que han malabaratado la política. El país se nos presentará en blanco y negro, y será más del nefasto proceso que nos distingue.

Le invitamos a mirar y escuchar este video. Cada quien se verá retratado en alguno de los muchos espejos que contiene la realidad de España para México.



Domingo, 21 Mayo 2017 00:00

2018: a elecciones sin Tarjeta Roja

Vida y milagros

2018: a elecciones sin Tarjeta Roja

Antes los ojos de todo el país aún se hacen múltiples trampas en las elecciones estatales y federales. Casi todos los candidatos intentan hacer trampas según sus posibilidades. Los candidatos calculan las violaciones al código electoral y miden bien el costo beneficio de sus tropelías. Hacen actos anticipados de campaña y gastan más de lo permitido aún antes de que arranquen las contiendas, ofendiendo la inteligencia del electorado y de las mismas autoridades del INE. Si así le hacen antes de empezar, ya en la contienda le dan la vuelta a la ley para ganar la elección superando con creces los topes del gasto permitido de acuerdo a cada cargo. En un país en el que los partidos tienen un enorme subsidio con dinero público y las pautas de radio y televisión son gratuitas para garantizar la equidad, las trampas deberían ser imperdonables y generar consecuencias para los probados tramposos. Las elecciones aún se ganan con dinero negro y trampas porque las malas conductas premian y casi nunca tienen consecuencias. Se dice que en la vida las travesuras cuestan. En las elecciones mexicanas las travesuras pagan.



En el año 2000 el árbitro de la contienda electoral fue el Consejo General del IFE presidido por José Woldenberg; ese consejo tuvo la enorme fortaleza de ser percibido como imparcial y confiable. Esa confianza permeó a los consejos estatales y distritales del país y los resultados de la elección fueron aceptados sin mayor resistencia por el PRI, el gran perdedor de esa elección. El PAN de Fox ganó por un buen porcentaje, pero hay que reconocer que el PRI fue un buen perdedor y que el arbitraje funcionó.

Hoy no son esas las condiciones con las que entraremos a la contienda del 2018, la primera elección presidencial en que el árbitro será uno y nacional, el INE, aunque en muchos consejos locales aún se sienta el peso y la mano de los gobernadores y en la elección del actual consejo general se dejó sentir la manota de los partidos y sus cuotas. La elección será inmensa y compleja pues no solo será para elegir presidente de la república, sino además la renovación del Congreso de la Unión, y en lo local, 9 gobernadores, congresos locales y cientos de presidentes municipales.



No recuerdo un ambiente electoral tan tóxico como el que estamos viviendo actualmente. Es un ambiente de auténtica guerra, y para desgracia de todos, el árbitro no solamente no tiene la fortaleza que se requiere, sino tampoco las reglas y elementos para poner orden en una cancha en el que el juego sucio prevalecerá por sobre todo lo demás. Ya lo estamos viendo en el estado de México. Me parece el colmo de la irresponsabilidad de todos los partidos y de los diputados federales el no haber hecho un esfuerzo para hacer las reformas mínimas para que esta elección por venir no se vuelva vitriólica. Es muy probable que quien gane la presidencia no tendrá ni siquiera una minoría fuerte en el Congreso para que lo apoye. Con las actuales reglas del juego el presidente será muy probablemente tan débil como lo fue Zedillo en la segunda mitad de su sexenio, y desde entonces a la fecha, Fox, Calderón y Peña Nieto.

La posibilidad de legislar una segunda vuelta entre los dos finalistas de 2018 que pudiera permitir formar gobiernos que incluyeran a las segundas y terceras fuerzas con una agenda consensuada es ya prácticamente imposible, a menos que sucediera un milagro de cordura dentro de los partido y sus líderes, incluyendo a MORENA. El tiempo para un periodo extraordinario de sesiones está por agotarse. No se les pegó la gana a los partidos darnos con calma esa reforma que hubiera sido indispensable no solo para la futura gobernabilidad del país, sino para su necesaria concordia.



Si aún hay quienes se apuesten por una mínima reforma electoral y si por falta de acuerdos ya no pueden incluir la segunda vuelta, por lo menos que incluyan la tarjeta roja para aquellos candidatos o partidos que violen el código electoral antes y durante la campaña. ¿Cómo sería un partido de futbol sin las tarjetas rojas? ¿Cómo una competencia olímpica sin la posibilidad de que un atleta pueda quedar descalificados antes faltas imperdonables? Un partido de futbol sin tarjetas sería como una elección a la mexicana: patea, roba, trampea, promuévete antes de tiempo, toma esteroides para inflar tu imagen, total, dinero como arroz para pagar las multas, que al fin y al cabo el dinero es de los contribuyentes, y si ganas, ya habrá oportunidad de recuperar los gastos excesivos desde el cargo. Un círculo vicioso perfecto.

Cuando un candidato haga trampas probadas durante la elección, viole el código electoral por más absurdo que le parezca, supere los topes de gastos, condicione programas, compre el voto, o no pueda probar la legal procedencia del dinero de su campaña, el castigo debe de ser que se le expulse de la contienda. Fuera, tarjeta roja. Si se le prueban trampas después de haber conseguido la constancia de ganador, que se le quite el cargo y se le prohíba de por vida volver a participar en una elección. En Colima el año antepasado se repitió la elección a gobernador entre dos tramposos que se acusaron de todo. ¡Y los dos tramposos volvieron a competir! Uno ganó y el otro se regresó a su cargo en el senado. ¡Literal! Se repite la elección con cargo al erario y los tramposos no sufren consecuencia alguna. Si una elección se repite por hacer trampas, el culpable no debe competir de nuevo. Mientras el castigo no sea ese, las trampas seguirán, porque las trampas premian y una vez en el cargo, el dinero para pagar las multas saldrá del ejercicio perverso de un cargo mal habido.

¿Qué partido puede oponerse a eso sin evidenciar que le apuestan a las trampas? Seguramente este año ya no veremos reforma electoral alguna, ni siquiera esta indispensable tarjeta roja que de manera contundente e inmediata castigue y saque de la contienda a los que le apuestan a pasarse de listos.

La relación entre medio y poder se pervierte, no puede ser de otra manera, cuando media el dinero a través de la relación comercial entre estos dos actores, incluso cuando es transparente, que es la excepción.


No puede haber una relación sana, siempre tiene que ser perversa, cuando uno cobra y el otro paga la cobertura noticiosa que se disfraza a través de la venta-compra de publicidad. En el actual mercado de los medios se vende y se compra todo a nivel nacional, pero sobre todo en los estados. Se pueden vender-comprar las primeras páginas de los periódicos y también los minutos estelares de la radio y la televisión.

Algunos gobiernos, empieza a ser común, en acuerdo con los medios, dan contratos a estos en otra actividad empresarial (constructoras, venta de productos ...), para esconder cuánto es lo que se gasta en publicidad.

La perversidad de la relación crece y no parece tener límites. El periodismo deja de ser tal, para convertirse en propaganda diseñada por el gobierno y ejecutada por los medios, algunos de manera más burda que otros. En el país, solo existe una forma de romper radicalmente esta lógica perversa. Y es que por ley se prohíba que los tres órdenes de gobierno se puedan anunciar y por lo mismo comprar publicidad.

En las democracias más avanzadas existe esta prohibición. El dinero público no es para que el político o el funcionario se promueva y tampoco para que anuncie las obras de su gobierno sino para que se invierta en las obras y en los servicios que está obligado a prestar.

La prohibición de que los gobiernos compren publicidad y los medios la vendan obliga a los dos a una nueva relación. El gobierno tiene que mejorar de manera radical su comunicación y los medios elevar la calidad de su trabajo, para realmente hacer periodismo.

En el país urge que un grupo de legisladores progresistas y con visión de futuro, pueden ser de derecha e izquierda, aprueben una propuesta de ley que prohíba la compra de publicidad oficial.

El día que pase vamos a ganar todos. La ciudadanía, porque las inmensas cantidades que hoy se destinen a los medios se van a invertir en carreteras, escuelas, hospitales y porque va a disponer de mejor información. El gobierno porque no va estar sujeto a la presión de los medios y va a poder canalizar más recursos a la obra pública. Los medios que desaparecen son los que sólo se sostienen a expensas del gobierno y van a verse obligados a hacer un mejor periodismo.

En 1915, José Dutriz, fundador de la Prensa Gráfica, un diario de El Salvador, que se sigue publicando, escribió: “La principal misión del periodista es decir al pueblo la verdad, y su más imperiosa necesidad es lograr ser independiente. El propietario de un periódico que necesita para sostenerlo de las subvenciones gubernativas o de ayuda de partidos políticos, ha fracasado en su alta misión defender lealmente a los intereses de la comunidad”.

No sé si hoy este periódico, que es muy conservador, reciba o no dinero del gobierno o de alguno de los dos grandes partidos que hay. Coincido con la posición de su fundador. Si para financiar a un medio interviene el dinero del gobierno o un partido político necesariamente se establece una relación perversa entre el poder y los medios.

Es ya histórica aquella frase del presidente José López Portillo (1976-1982): “No pago para que me peguen”. Los políticos pagan a los medios, para que los traten bien. Los medios cobran a los políticos para garantizar ese tratamiento. Siempre habrá excepciones que confirman la regla. En todo caso son contadas.

El periodismo que se hace en México, a nivel nacional y en los estados, en muy buena medida está condicionado por esta relación. Sin nuevos términos de la relación medios y poder, la democracia siempre estará en deuda.

Mundo Nuestro. Ahí están, todavía con la vista de la Iglesia de los Remedios en la Pirámide, los horticultores cholultecas. Y tienden la mano y proponen otro trato con la ciudad. Uno que deje de lado intermediarios y corporaciones y centros comerciales. Que recupere el sitio para la canasta del mandado. Y que permita entender a los urbanos que es posible recuperar el campo. Son los campesinos de San jerónimo Tecuanipan, en la comunidad de Los Reyes Tlanechicolpan, los que organizan la Primera Feria de las Legumbres y las Hortalizas de Puebla, los días 2, 27 y 28 de mayo.



Este video explica con sus voces lo que se proponen.

Mundo Nuestro. Ellas también juegan. Y este sábado en un partidazo: Topos Femenil contra Leonas Jalisco. . 1 a 0 ganan las poblanas.

La pelota suena, las chavas corren, gritan voy, voy, voy , y la pelota corre, los sonidos vuelan, los sentidos juegan y el tiempo por un instante se congela: la pierna acierta, el disparo va a gol...



El partido es en la Unidad Deportiva San Andrés en Tlaxcalancingo. La experiencia futbolera del club Topos Puebla se mantiene como uno de los procesos de organización civil más importantes en la historia reciente en nuestro estado. Una crónica en el periódico digital e-consulta recoge algunas frases de las participantes:

María de los Ángeles Ortiz: "Gracias a Dios encontré lo que es Topos Femenil y me cambió completamente la vida. Siempre me ha gustado el futbol y estando en casa piensas muchas cosas, pero hay que buscar algo para sobresalir."

Ellas también juegan, han dicho todos entonces. Ya no se acuerdan de que en un momento de su vida la conciencia fría les ha dicho: "ya no jugarás nunca más..."

La vida no para. Y se mueve en el balón de fútbol. Encontraron a Topos Puebla.





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