Lunes, 31 Julio 2017 00:00

El desgobierno de las pequeñas cosas

Día con día

I



Dice muy bien Luis Rubio en su artículo de ayer (http://bit.ly/2vOu31X) que son las pequeñas cosas y no las grandes reformas las que moldean la opinión que los ciudadanos se hacen de sus gobiernos.

Luis Rubio se refiere a las pequeñas terribles cosas que les suceden, individualmente, a millones de personas cada día.

Por ejemplo, dice Luis, el infierno del transporte público de Ciudad de México que toma dos y hasta tres horas diarias del tiempo de quienes van de su casa al trabajo y de regreso. O la terrible experiencia del enfermo al que le dan turno para su consulta en un hospital público para dentro de un mes.

En mi columna del viernes pasado, cedí la voz a un padre de familia de Zapopan que refería sus dificultades para inscribir a su hijo en una escuela pública primaria.



Hace tres semanas, mi refrigerador dejó de hacer cubitos de hielo. Vinieron a arreglarlo unos pillos especializados que lo acabaron de descomponer. Luego de la compostura, el aparato, que solo había dejado de hacer cubitos de hielo, dejó simplemente de enfriar.

Una diligente sobrina que cree en las instituciones fue a poner su queja a la Procuraduría Federal del Consumidor. La atendieron más que amablemente, pero le dieron como fecha para una junta de conciliación con los pillos ¡el 14 de octubre!

Todos los días millones de mexicanos se topan con alguna forma ofensiva de gobierno ineficaz y malos servicios públicos. Cuando no, con golpes irreversibles a sus personas o a su patrimonio por la inseguridad.



Me divierte todavía la sorpresa de mi cuñado Carlos cuando supo, hace 40 años, que el muchacho texano que estaba de intercambio en su casa no sabía lo que era “un apagón”: una interrupción brusca de la luz eléctrica.

Las pequeñas cosas son el último eslabón de las grandes, el verdadero escaparate de qué es lo que funciona y lo que no funciona en una sociedad.

El estado de las banquetas, por ejemplo, es un síntoma elocuente de la calidad del gobierno local. Y la manera como manejan los automovilistas, una expresión de su cultura cívica.

Todo esto, para decir que Luis Rubio tiene razón: al final de cada día, las pequeñas cosas son las verdaderamente grandes.

II

Si los gobernantes quieren saber realmente de dónde viene el rechazo o la aceptación que reciben de los ciudadanos, quizá les sea útil hacer cada semana por sí mismos un trámite o un viaje en transporte público, como los ciudadanos de a pie.

En las pequeñas cosas descubrirán probablemente quizá por qué no funcionan las grandes. O por qué no pueden convencer con las grandes.

México ha tenido en estos cuatro años un ciclo de grandes reformas y su gobierno es el más impopular de la historia reciente.

Acaso porque las reformas, como sabe hoy Macron en Francia, desafían lo existente en grados irritantes, y la sociedad real, bien prendida a sus hábitos y a sus intereses, se vuelve contra el reformador.

Las grandes reformas o los grandes propósitos asumidos por gobiernos ineficaces pueden empeorar notoriamente las pequeñas grandes cosas de la vida pública, hasta volver a los gobiernos insoportables.

Piénsese en el lugar de inseguridad y violencia a que nos ha llevado la gran decisión radical de sangre y fuego al narcotráfico.

Un gobierno eficaz con un mal proyecto de reformas puede ser mejor gobierno y más deseable que un gobierno ineficaz con el proyecto adecuado.

El reformador, dice en algún pasaje Turguénev, debe levantar la mirada por encima del horizonte de sus contemporáneos, pero mantener los pies puestos en el mismo piso que ellos.

Es justamente célebre el pasaje de Maquiavelo sobre el profeta desarmado: quien quiera cambiar un orden político encontrará que tiene en contra los intereses que quiere cambiar y la adhesión tibia de los intereses que su reforma creará.

El profeta armado puede cumplir su propósito de cambiar el orden, porque puede imponerlo. El profeta desarmado acaba quemado en la plaza pública, como Savonarola, o perseguido implacablemente y ejecutado en la derrota, como Trotski.

El acento terminal de estos ejemplos parece impertinente para órdenes políticos fundados en la democracia y en la gradualidad de los cambios inherentes a ella.

Pero su dimensión extrema habla con elocuencia de la dificultad de cambiar que tienen las sociedades y los gobiernos pese a que la esencia misma de su curso sea el cambio.

III

Hay un genuino espacio para sorprenderse por la baja calidad de nuestros gobiernos. Nunca han tenido más dinero público, nunca han tenido tantos instrumentos de administración y planeación más refinados, rápidos y baratos como tienen hoy.

Y quizá nunca hayan tenido un rechazo y una molestia mayor de parte de los ciudadanos.

Es verdad que sus equivocaciones nunca habían estado tan desnudas y tan visibles ante los mil ojos digitales de la ciudadanía y la ubicuidad de los medios.

Lo cierto, pese a todo, es que nuestros gobiernos actúan todavía sobre una masa ciudadana desorganizada y aguantadora.

La invocada sociedad civil es de altas calidades pero de bajos números en México. No hay organizaciones horizontales de consumidores, capaces de poner su experiencia diaria de estafas y sobreprecios en la agenda de los grandes abusos nacionales.

Las pequeñas cosas que afrentan el bolsillo y el humor de millones de consumidores es una cadena invisible, y por lo tanto impune, de millones de desfalcos cotidianos.

Algo similar sucede con el trabajo. Nadie pelea ahí por derechos y garantías de los que trabajan. Los tribunales laborales son parciales al trabajador que litiga, pero, salvo en los grandes cascarones del viejo sindicalismo mexicano y las grandes empresas, los trabajadores de México no tienen representación ni asociación que los defienda, por ejemplo, del escándalo de sus bajos salarios, de la baja calidad de sus pensiones y seguros, de la baja calidad de los servicios públicos a que están obligados por sus ingresos.

Es un hecho notorio: nuestra economía produce millonarios de clase mundial pero no salarios decentes para millones de trabajadores.

Nadie pelea organizadamente contra estos enormes desgobiernos de las pequeñas cosas, que son al final las verdaderamente grandes, las que definen en última instancia de qué sustancia está hecha una sociedad.

La nuestra, hay que decirlo, es una sociedad menos presentable en sus pequeñas cosas que en sus grandes, aunque podría hacerse un elogio largo de las pequeñas cosas de México que lo salvan como país.

Primero que ninguna: la resistencia de su gente, y a resultas y a pesar de ella, la cordialidad, su cauta forma de la alegría.

IV

El desgobierno de las pequeñas cosas alude al gobierno, pero el mundo privado no canta mal sus rancheras kafkianas.

El martes pasado, como a las 2 de la tarde, di de alta una cuenta electrónica en el sitio de mi banco de los últimos años, “El banco fuerte de México”.

Para activar una cuenta ahí, hay que entrar dando el nombre de usuario, la contraseña y el número que aparece en un maravilloso aparatito llamado token, que cambia algorítmicamente sus cifras y no repite nunca un número.

Hecho esto, hay que poner los datos de la cuenta que se quiere activar (número, propietario y un alias) y escribir de nuevo la contraseña propia y el número que hay en el token.

Luego, hay que esperar media hora a que llegue un correo del banco con un código de seguridad para activar con él la cuenta. Luego, hay que esperar hora y media para que la cuenta se active de verdad.

A las 9 de la noche de ese martes, ya con la cuenta activada, traté de hacer el depósito que me urgía. Puse los datos de usuario, mi contraseña y el token, pero el sistema del banco rechazó cinco veces mi contraseña, la que yo he usado y el sistema aceptado todos estos años.

Al quinto rechazo, me informaron que mi token había sido bloqueado y que debía llamar a un número 1 800. Una voz grabada me remitió a otro número, donde esperé varios minutos a que hubiera un ejecutivo disponible.

El ejecutivo disponible me dijo que él no podía reactivar el token, sino un compañero especializado en eso. El compañero especializado le dijo al disponible que tampoco él podía, porque tenía caído el sistema. Que llamara yo a las 11. Llamé a las 11 y una voz grabada me dijo que las horas de ventanilla se habían vencido a las 10.

Pasé parte de la mañana del miércoles tratando de hablar con otro ejecutivo, hasta que llegué a la ejecutiva correcta como a las 2 de la tarde, hora en que mi token quedó felizmente reactivado y yo con material para esta columna escarmentada sobre el desgobierno de las pequeñas cosas.

V

Decía Carlos Castillo Peraza que los gobiernos podían medirse por la cantidad de tiempo que robaban de sus ciudadanos. Y que la política podía ser pensada como el arte de no quitarles tiempo a los ciudadanos.

Un gobernador mexicano del siglo pasado declaró convincentemente a sus gobernados que no podía prometerles hacer nada de lo que esperaban de su gobierno pero que haría su mejor esfuerzo para no estorbarles.

Las burocracias torpes son especialistas en robar el tiempo de los ciudadanos y en inventar formas de perderlo ellas.

Hace algunos meses fui invitado a participar en una obra notable: Cien años. Cien ensayos, para conmemorar el centenario de la Constitución de 1917.

La obra, convocada desde el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, está circulando hace meses.

A mí me llegó a principios de junio un pequeño pliego de instrucciones sobre cómo cobrar mis honorarios correspondientes. El mensaje dice así:

De acuerdo con lo establecido por la Secretaría Administrativa del IIJ, sería necesaria la expedición de un CFDI (antes recibo de honorarios) con fecha de junio 2017 para proceder al pago de los honorarios correspondientes a esta obra.

Antes de que se pueda proceder a la elaboración del contrato, es necesario que nos haga llegar por este medio los siguientes documentos:

  • Constancia de inscripción al RFC (donde aparece tanto el RFC con homoclave como la dirección fiscal).
  • CURP
  • Fotocopia del comprobante del último grado de estudios obtenido (i.e.: título de doctorado).
  • Comprobante de domicilio (con antigüedad no mayor a tres meses).
  • Fotocopia de la credencial para votar expedida por el INE (antes IFE)
  • CV resumido (semblanza curricular).
  • Fotocopia del acta de nacimiento (reducción a tamaño carta)
  • Permiso de trabajo expedido por la Segob (*en caso de no ser mexicano/a).

Por lo pronto, le solicitaría me confirmara por este medio su nombre completo, a efectos de elaborar la orden de pago y pasarla a firma de los coordinadores.

Si reunir estos documentos llevara una hora, los colaboradores de la obra deberían gastar en cobrar cien horas de trabajo: cien horas de costo por el desgobierno de tan pequeñas y fundamentales cosas como cobrar una colaboración.

Lunes, 31 Julio 2017 00:00

2018: a ciegas

Vida y milagros

Si mañana fueran las elecciones de 2018 y tuviera que elegir por cual partido votar en base a lo que los partidos divulgan de sí mismos, me encontraría a ciegas para tomar una decisión. Lo que los dirigentes o ya sabidos candidatos presidenciables dicen en los cientos de miles de anuncios de radio y televisión que las leyes electorales les regalaron, no permiten tener una idea ni remotamente clara de hacia dónde y cómo pretenden conducir al país, ni cómo y con quién construirán acuerdos para lograr sus objetivos. Los anuncios son huecos, vacíos de información.

Si usted lee los estatutos y programas que aparecen en las páginas o documentos de los partidos y les tapa las siglas que los identifican, tampoco podría tomar una buena decisión basada en información certera y dura acerca del rumbo que seguirían, ya que las propuestas de todos son un manifiesto de buenas intenciones con las que no puede uno no estar de acuerdo: educación, salud, empleo, seguridad, justicia, sustentabilidad. Por escrito y sin siglas todos se parecen bastante. Todos proponen cosas deseables aunque no explican cómo las harán ni cómo las priorizarán.



¿Cómo podría tomarse hoy una decisión de por quién votar? ¿Por los hechos y frutos del actuar de los partidos cuando ya han ejercido el poder ejecutivo estatal o federal? ¿Por la forma en que se han comportado en los últimos años sus representantes en las cámaras de diputados y senadores?¿Por la probada solidez de sus convicciones? ¿Por la calidad intelectual y moral de algunas de sus figuras más emblemáticas? ¿Por su actuar en lo local? ¿En lo nacional? ¿Por su pasado? ¿Ha visto usted un cambio radical en el lugar donde usted vive cuando ha habido alternancia? ¿Los diputados locales han tenido agendas propias claras, novedosas e independientes del poder ejecutivo? ¿En su estado la seguridad ha mejorado? ¿Si existiera revocación de mandato usted hubiera votado en alguna ocasión por quitar a alguno de sus gobernantes? ¿Usted aprecia y valora a algún partido porque sus miembros se han distinguido por su coherencia entre lo que dicen y hacen cuando gobiernan?

Vuelvo al escenario de estar decidiendo por qué partido votar la víspera de la elección del 2018. Insisto, si fuera hoy, con la información de hoy, estaría de verdad a ciegas.



Resultado de imagen para marihuana quema de plantíos

Lo único distinto que quisiera oír, que ningún partido ha dicho y creo que ninguno dirá, es que despenalizarán y regularizarán la producción, distribución y consumo de mariguana, amapola y sus derivados y que sacaran al país y al ejército de la guerra absurda del combate a las drogas . Me gustaría oír que el dinero y el esfuerzo gastado en esa guerra se destinará a combatir los delitos del fuero común, a mejorar la educación y ahondar su reforma, a fortalecer el poder judicial y a apoyar financieramente al sistema anticorrupción, para que sea el más poderoso que se pueda imaginar y también el más independiente y libre de los caprichos e intereses de los gobernantes y legisladores.



Yo votaría por el partido que abierta y claramente propusiera eso.

Cuando leo que en Las Vegas ya hay boutiques para vender mariguana con la variedad y presentación de las mezclas de una elegante tienda de tabaco de calidad mundial, y al mismo tiempo leo que en México fue detenida por el ejército una camioneta con una tonelada de mariguana, sus conductores presos y su carga quemada, pienso en lo absurdo y contradictorio que es el estúpido callejón sin aparente salida en el que estamos metidos.

Pienso en Elliot Ness el día en que se abolió la prohibición del alcohol en Estados Unidos: entró a un bar y se puso hasta el cepillo. Se murió de borracho, muy su gusto, pero a nadie se volvió a matar en su país por transportar alcohol. De todos modos el que quiere meterse por la nariz un piano encontrara la manera de hacerlo con o sin permiso.

Es hora de cambiar la ley y detener el gasto y el desgaste de la guerra al narco, es hora de obligar a todos los partidos a fijar sus posiciones, tan celosamente guardadas y escondidas. Ya que reciben tanto dinero público, de manera obligada nos deben una postura pública al respecto.

Sin guerra, con seguridad y sin corrupción creo que todo lo demás, las pequeñas y grandes agendas de México, las podemos seguir construyendo entre todos, funcionarios y ciudadanos, sin importar mucho las siglas de los partidos que gobiernen. La verdad es que todos son muy parecidos, y la prueba es que con relativa facilidad muchos de sus militantes se cambian de casa y de partido sin el menor rubor. No es que tengan un epifanía de valores cuando se mudan, simplemente las mudanzas suceden de acuerdo a sus intereses y dúctiles principios.

2018. Ni idea de por quién votar. A ciegas.

Lunes, 31 Julio 2017 00:00

El Papa jesuita

Francisco sabe todo lo que pasa en la Iglesia y no ha dejado su gobierno en manos de su secretario de Estado como lo hizo el papa Benedicto XVI, con el cardenal Bertone, y antes el papa Juan Pablo II, con el cardenal Sodano, que operaban por la vía de los hechos como vice papas, afirma el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid.

Que el papa Francisco sea jesuita, para los vaticanólogos es un dato importante que explica la manera de ejercer su responsabilidad. Atribuyen a la formación de los jesuitas el saber actuar tanto en las fronteras como en los centros de poder. Los jesuitas en su vida cotidiana combinan una espiritualidad profunda y una vocación a la acción. San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús en 1540, propuso que los jesuitas debían ser contemplativos en la acción.

Los vaticanólogos aseguran que éstos tienen una sólida formación intelectual y fomentan la interculturalidad. Los jesuitas están entrenados para abrir caminos y establecer cabezas de puente. Una vez que conquistan esas posiciones las ceden a otros, para ellos saltar a la siguiente misión. El fundador de los jesuitas decía que la Compañía de Jesús debería asumirse como una “caballería ligera” y estar siempre en la línea de frontera.

Los jesuitas son la única de las cinco órdenes que tiene la Iglesia que hacen voto especial de obediencia al papa. En los años del gobierno conservador de Juan Pablo II, la Compañía de Jesús fue intervenida por el Vaticano y no fueron buenos tiempos para los jesuitas .Resistieron en silencio el trato injusto, a veces incluso persecutorio, por parte del papa. Hoy uno de los suyos es el sucesor de san Pedro.

El periodista y sacerdote Antonio Pelayo, corresponsal en Roma desde hace 30 años, sostiene que “Francisco es, ante todo jesuita. Y como papa, cuenta con dos elementos a su favor: una sólida formación teológica detrás de su campechanía, y que es un hombre de gobierno: era provincial de los jesuitas con 37 años, obispo con 46 y con 59 presidente de la agitada Conferencia Episcopal Argentina. Sabe mandar. No se deja hacer. No se achanta. Es un hombre práctico, organizador y de jerarquía”.

Y añade que “como buen jesuita, le gusta generar debates. Está de acuerdo en suscitar críticas, pero odia las intrigas de sacristía. Repite en privado que lo único que consiguen esas sucias maniobras es animarle a seguir adelante. No va a parar”. Estudiosos de la administración de empresas señalan que la Iglesia católica es la multinacional más antigua del mundo. Y que el papa ha emprendido una reforma de la institución que se define como “gestión del cambio” y recuerdan que universidades de los jesuitas tienen algunos de los MBA más reconocidos del mundo.

En cuatro años de gestión el papa jesuita ha dado un giro a una institución que recibió en crisis marcada por escándalos(Vatileaks), desprestigio (abusos sexuales), corrupción (manejo del Banco Vaticano) y una mala política de comunicación. Su conducción de la Iglesia ha permitido que ésta recupere prestigio y vuelva a convertirse en un actor relevante a nivel mundial. El hijo de san Ignacio de Loyola sabe que debe garantizar una buena sucesión, para que continúe el proceso de transformación institucional.

Jueves 27 por la mañana. El galerón gimnasio de Educación Física en Ciudad Universitaria cumple su función de centro de inscripción. A la derecha alguien señala un punto fijo fuera de nuestra mirada, como si el destino al que hoy abren una puerta los nuevos estudiantes pudiera ser así de definido. Al centro, una muchacha contempla sus papeles en la mesa de registro y tal vez se pregunte si le falta alguna copia, porque la vida siempre será una copia permanente de sí misma, y en todo momento nos preguntaremos si lo que nos ocurre pasa porque así lo decidimos o sólo somos expresión de un retrato que no es el nuestro. A la izquierda un joven nos mira de frente, bien entallado en su sudadera con marca gringa, con paso decidido. A eso se viene hoy: a fijar en un número de inscripción que su vida tiene sentido.

Los sueños de los jóvenes, ¿quién los conoce? ¿Qué país imaginan como aquel en el que se cumplirán? Y lo que encuentran en su vida cotidiana, ¿cómo lo entienden? La violencia que nos rodea no la crearon ellos, y sin embargo las estadísticas son insobornables y los tiene como a las principales víctimas. ¿Se miran con ánimo de transformar ese mundo fallido que reciben? ¿Lo miran así, como el mundo en el que fracasaron los viejos? ¿Y ese futuro distinto y mejor que imaginan en qué medida lo construirán con las herramientas y conocimientos que encontrarán en la universidad? ¿Qué tienen que ver sus sueños con la universidad que los recibe? ¿Y con la sociedad que los ha llevado hasta ese momento de inscripción afortunada en una realidad que deja de lado a miles y miles de su misma edad y con los mismos sueños pero que no alcanzaron un lugar en la universidad pública?

Sociedad, universidad y futuro. Las tres palabras van de la mano. Y el suyo no es un vínculo cualquiera: seremos lo que estos jóvenes reciban y continúen, cuestionen y derriben, apuntalen y regeneren.



En todo esto pienso cuando miro las fotografías que mi hija Ana me envía de su mañana de inscripción a la escuela de Artes Plásticas de la Benemérita.

Contra las fotos planto mis interrogantes estratégicos elementales, por ejemplo el empleo: ¿qué será de una sociedad poblana que ha apostado su futuro en una industria, la automotriz, del siglo XX?; ¿el negocio de los jettas y los audis seguirá dentro de diez años?, ¿lograrán los alemanes de quienes dependen miles de empleos recientes sostener al automóvil propio como concepto frente a una realidad que día a día repele más y más el uso individual del transporte público? Y los políticos que se han jugado el presupuesto por venir de treinta años a la los autos, ¿tiene idea del derrotero que tomará el mundo? ¿Y los directivos universitarios piensan en ello? ¿A dónde vamos?

Universidad, pensamiento estratégico, futuro. ¿Alguien tiene idea de lo que será de nosotros en diez años?

Ahora, por lo pronto, en esta mañana de un verano de un año cualquiera, este nuestro 2017, miles de jóvenes han hecho fila en las ventanillas y se plantan para sumarse al esfuerzo por construir mejores respuestas.

Y yo me quedo en silencio, sin la seguridad de que estemos siquiera planteando las interrogantes correctas.



Luisa Ruiz Moreno

Luisa Ruiz Moreno, antigua colaboradora de Elementos, es doctora en Historia del Arte y miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias. Su línea de investigación es la Semiótica General, Semiótica visual y del espacio, Semiótica y Estética, como se ha evidenciado en sus decenas de artículos sobre la inmanencia y el significante, así como en sus libros, entre los que destacamos Santa María Tonantzintla. El relato en imagen (1993); Las más bellas biblias (1998); El árbol dorado de la ciencia. Procesos de figuración en Santa Cruz, Tlaxcala (2003); Tríptico en tono menor y De la visualité. Théorie sémiotique et exercices d’analyse, de reciente hechura.



¿Cómo bautizar monstruos? [PDF]

En el paraíso perdido [PDF]



La ciudad como extensión, como lugar y como espacio [PDF]

El observador observado [PDF]



Mundo Nuestro. Hay artistas que de tan cercanos sus creaciones se convierten cono el paso de los días en una emoción absoluta, como el paisaje que nos envuelve. Simplemente están ahí.

Algo así me pasa con Malú Méndez Lavielle. La veo aquí casi a diario, en su sitio Visos opuestos, con sus autorretratos y sus mujeres de ojos grandes y ojerosas como ella misma. Malú ha desarrollado como pocos pintores en Puebla la plástica digital, y ello nos ha permitido acceder a su obra todavía con mayos facilidad. Están ahí sus parejas, sus triples y cuádruples rostros perfilados como en espejos fieles que nos distorsionan en sus miradas repetidas, a veces tristes, a veces divertidas. Solitarias, pensativas. Una y todas sus mujeres son Malú y todas las mujeres que sus ojos miran.

Pero en un instante descubres que Malú Méndez Lavielle es mucha más que sus mujeres múltiples. Es retrato puntilloso, es paisaje barrido, es figuración estricta y geometría punzante. Es conmoción por la belleza original. Una fortuna tenerla desde ya siempre en Puebla.



Semblanza



Malú Méndez Lavielle pertenece a una antigua familia de ingenieros de la Ciudad de México del lado paterno, en tanto que del materno su familia proviene de Veracruz y anteriormente de la isla de Cuba, a donde llegó su bisabuelo de origen francés.


Hija del ingeniero Luis Méndez Izquierdo, que construyó los primeros grandes puentes y carreteras que unen el centro del país con el sureste maya mexicano, y de la pintora veracruzana Guadalupe Lavielle Rueda, de quienes heredó la perseverancia y el talento artístico que la ha distinguido desde niña.



Malú Méndez Lavielle nació en la Ciudad de México el 28 de Diciembre en los 60's, donde realizó sus estudios elementales. En 1980 realiza una estancia en Barcelona en la que estudia arte, de regreso a México establece su residencia en el estado de Veracruz, donde estudia piano y flauta transversa en el Conservatorio de Xalapa, posteriormente hace estudios de pintura en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana, así como en la UVYD de la Ciudad de México en 1986, donde participa en el Taller de papel maché con maestros de Alburquerque, EU en agosto de 1987.


La obra pictórica de Malú Méndez Lavielle está sustentada en la técnica de óleo, que ha trabajado profusamente tanto en papel como en lienzo; en los últimos años destaca una prolífica producción de pintura digital y, en menor medida, escultura en arcilla cruda. Reacia a las exposiciones, ha debido aceptar tres muestras individuales donde ha podido exhibir un muestra representativa de su obra: Familias a color, en las Galerías del Palacio Municipal de la ciudad Puebla, diciembre de 2001; Caras vemos, en la sala de exposiciones de la Secretaría de Finanzas del Estado de Puebla, Diciembre de 2001 e Indagaciones paralelas, en la galería Casa Nueve de Cholula, Puebla, diciembre de 2012.

Actualmente sus retratos y pinturas se hallan en colecciones particulares de Australia, Texas, Chile, Francia y Alemania, así como el Distrito Federal, Cuernavaca, Jalapa, Cancún, Chihuahua y Puebla.

Lunes, 24 Julio 2017 00:00

Todos mienten... ¿Pero por qué?

Vida y milagros

Todos mienten. Esa es la premisa filosófica del detective Sherlock Holmes, el personaje creado por el escritor inglés Sir Arthur Conan Doyle para su serie de novelas de asesinato, en las cuales el protagonista central es un genial y excéntrico investigador privado adicto a la morfina y consultor de Scottland Yard para casos aparentemente imposibles de resolver.



En el siglo XXI, la serie de televisión Dr. House presentó a un antihéroe desafiante y complejo en la figura de Gregory House, inspirado en parte en el personaje del investigador Holmes, quien como él, también tiene un amigo y contraparte entrañable de apellido Watson. Mientras que Holmes busca asesinos humanos, en la serie de Dr. House el asesino es una enfermedad que hay que descubrir antes de que mate al paciente. La premisa de la que parten House y Holmes es la misma: todos mienten.

Mienten los enfermos, mienten los parientes y amigos de los enfermos, mienten las aparentemente amorosas parejas de los enfermos, mienten los médicos, mienten las personas catalogadas como normales e inofensivas. Y mientras todos mienten, la enfermedad y la verdad permanecen ocultas. House es, filosóficamente, un cínico; él no juzga, solo sabe y acepta que todos mienten, incluso él, quien utiliza la mentira como herramienta para extraer información que le lleve a descubrir la verdad necesaria para atacar y matar a los virus o causas de la enfermedad. Con su técnica, House ataca y enfrenta también a las enfermedades del espíritu de sus pacientes, que a veces son las raíces ocultas y sombrías de sus males.

El genial Dr. House, adicto también a la morfina, es un personaje compuesto con retazos de Holmes pero también con fundamentos filosóficos que van desde Aristóteles hasta Nietzsche y las filosofías taoísta o zen. Detrás de los guionistas de la serie no solo hubo un brillante equipo de científicos y médicos, sino un equipo de filósofos muy interesante. Ninguna frase es casualidad y tienen la finalidad de hacernos pensar. House, al igual que Holmes, además de ser adicto, está afectado por el don y defecto de la curiosidad extrema. Detrás de este genio aparentemente engreído e inadaptado hay un espíritu dispuesto a hacer lo que sea para llegar a la verdad. En él la mentira no es defecto porque asume que existe y la usa como herramienta de manera consciente.



--Todos mienten --dice é, pero lo interesante ahora es saber porqué. Quitemos de esta reflexión a los casos extremos de mentirosos patológicos y a los criminales. Vamos con las personas "normales" y aceptemos la premisa de "todos mienten" para descubrir el porqué y lo que proyecta de nosotros.



¿Qué nos mueve a mentir? Muchos motivos: para protegernos a nosotros mismos, para proteger a otros, para lograr lo que queremos, porque no nos gusta lo que somos, porque lo que somos nos gusta pero puede no gustar a los demás, para evitar que nos abandonen, para lograr que nos quieran, porque tenemos miedo, para ocultar nuestras debilidades o para poder ser fieles a nosotros mismos sin que otros nos lo impidan.

La otra pregunta sería el porqué aceptamos las mentiras de otros. El asunto parece más complejo, pero acaba siendo parecido: para protegernos a nosotros mismos, para evitar que nos abandonen, para evitar herir a quienes queremos, para contribuir al autoengaño de otros, porque es a veces más fácil aceptar una mentira que enfrentar la verdad, porque no sabemos cuál es la verdad y en su lugar tomamos las mentiras como un sustituto, o porque estamos perdidos de nosotros mismos, porque la verdad nos obligaría a tomar decisiones para las que aún no estamos listos, porque tenemos miedo, porque reconocemos en los motivos de otros nuestros propios motivos de mentir. ¿Mentimos, nos mienten y aceptamos las mentiras casi por las mismas razones? ¿Por qué razones mentirías y por cuáles aceptas que te mientan?

Mundo Nuestro. Manuel Espinosa Sainos y su poesía totonaca. El poeta serrano escribe contra la ausencia de la lengua escrita. Nos obliga a mirar los vocablos largos, a probar su sonido en nuestra voz. El poeta nos lanza al abismo de un mundo extraordinario, como el que se abre a la vista en las cañadas serranas. El poeta nos invita a sumergirnos en los sonidos de su identidad antigua. Nos pone a prueba. Luego, en su versión en español, las palabras desenredan ámbitos universales; una jauría de perros como imagen absoluta del poder que ha borrado por siglos los pueblos indígenas. Pero también el horizonte insondable o el rumor del río. O el deseo. Los cuerpos desnudos. El amor, por el que también hablan los muertos.

Más de 200 mil personas en México hablan totonaco. Y sin embargo, es una de las lenguas madres en riesgo de desaparición. La poesía y la narrativa de Manuel Espinosa Sainos alumbran el camino de su recuperación.

Aquí su voz en el poema: Los muertos hablan de amor



Presentamos entonces, primero en totonaco y después en su traducción al español por mano del propio poeta, uno por uno, esta selección de poemas de una de las voces de nuestra literatura poblana más importantes.

Literatura totonaca.



Aya minkgoyacha chichí’



Aya minkgoyacha chichí’,

lakgtsakgatilhakgó lukut,

luxa tsinksnín tasiyakgó.

Patsatilhakgó kkatalimaxkgat,

liwat antaní nitu anán,

tli’iki minkgoyachá’,

makgawanitilhakgó xakgtsiskán.

Akgsananantilhakgó,

lu aya tlajanampatankgó,

na’ankgo kikgó kpulilhuwa

wantu niláy tatamaway.

Aya minkgoyachá nchichí’,

mamitilhakgó xkgalhxtajatkan,

kgankgawanantilhakgó

xliwat limaxkganiya kachikín.

Nitu wampatan xatamanín

ka paks chichinín likatsikgó,

lixkanit kaxkatilhakgó.

Winti lapekwa nkaknikgó,

skintilhakgó xatapixnu xanat,

kaxkatilhakgó chichinín,

lu malanampatankgó kkachikín.

Wanti natamastay

nalakgamakglhtikán xchu,

naankgó kkalimaxkganiya kachikín,

mitsi mitsi natawantayakgoyachá’.

Aya minkgoyacha chichí’,

kinkamapakawatilhakoyan,

lu aya makaxkapatankgokan

wantí tawanankgo makgpalha’.

Ahí vienen los perros

Ahí vienen,

ladrando tras el hueso,

no tienen llenadera.

Buscan en la miseria,

en la esperanza mutilada,

en manada vienen

sacudiéndose las pulgas.

Con la mentira enredada

entre los dientes,

irán a las plazas públicas

a comprar lo incomprable.

Ahí vienen,

babeando por las calles,

olfateando

la comida del pueblo.

El color no importa

siguen siendo perros

y van tras el mismo hueso.

Como en una procesión,

esperan collares de flores,

vienen ladrando los perros

hambrientos de poder.

Le quitarán la tortilla

al primero que se deje,

irán a las casas más humildes,

estarán echados en la puerta.

Ahí vienen

ladrando nuestros nombres,

dispuestos a morder la mano

de quien les da de comer.

Lilakgastán

(inédito)

Lhputut klakawan akxní klhatá,

klilakgastanán kintamanixni’.

Lulakatsú tasiyú katukawá,

lustlan tasiyú katukawá’,

lustlan maní kintamanixní’

katukawá lilakgastán.

Tasiyú lantla tlawan kgalhtuchokgo,

tasiyú lantla aknú kintankgaxekg,

takgaxmata xtatlín kataxawat,

paks antá talhkatawalá kkintamanixni’.

Lustlan tliy kintamanixni kkakiwín,

max xkilhtamakujá xanat ukú’.

Paisajes

(inédito)

Duermo con los ojos abiertos

para contemplar mi sueño.

Nada queda lejos,

todo lo contemplo,

y en el silencio blanco

mi sueño pinta paisajes.

El tránsito libre de los ríos,

las raíces profundas,

los cantares de la tierra,

todo queda plasmado.

Ha llegado la primavera,

mi sueño canta en el bosque.

Tamakglhtastín

(inédito)

Kkilatamalh kxkachikín lawan pala niksmanilh,


xaklhakgapatan klhakgat lawan luspupulu kimakgkatsika,


kiaktalamilh xtachiwin lawan akxní xaklichiwinampatán.

Xakmaxanatlipatán kintalakapstakni tsalakgolh tachiwín,

xkixapakanitá akxní kpatsalh kilatamat kxlikgalhtawakga lawan
chu akxní kpatsalh kinklilhtsukut naxmasipanikanitá’.

Como ellos

(inédito)

Quise vivir en su pueblo y me sentí ausente,

quise usar su ropaje y me sentí desnudo,

quise hablar su lengua y su lengua me lapidó,

Quise escribir poemas y las palabras huyeron,


abrí su libro para buscarme y me sentí borrado,


busqué mi identidad y mi identidad sangraba.

Takgalhkgalhín

(inédito)

Wa imá tlanka jaka

akgtlakgwantayalhá’,

kgalhkgalhimakú mpatokgtokg

ti katsisa tsik tsik tsik

litliy min takuwaní’,

nipaxawana takgamanan

La espera

(inédito)

Aquel árbol de mamey

aun espera el pájaro

que en las mañanas

tsik tsik tsik canta tu nombre,

impaciente,

juega a pelotazos con su sombra.

Ka xaleemakgat

(inédito)

Kaslipi kintsikit, kaslipi’,

kalitlawa minchujut,

makglhuwa nkaslipi’,

kmakgkatsipatan kkimakni

xtawakat mintamakgaxtakgni’,

kilistiputlawa xlisakgsi',

kaslipipala nkintsikit, kintuksti’,

nitu tlawaá maski ni unu wala’,

akglhakgwa kinkilhtsukti’,

kgachakgx kaxkat nkinkilhpín

maski tani staknan chiwix lapat,

liya liya kintuksti’, kintuksti’,

kixama maski kamilh kinkgalhni’,

kilikilhtlawa minchujut,

katalakgxtamiw, kintsukti’,

maski ni unu lapat.

A Distancia

(inédito)

Cubre mis pezones

con la saliva de tu ausencia,

lámelos una y otra vez,

quiero sentir en mi piel

el fruto de tu abandono,

vierte su néctar en mi espalda,

lámeme otra vez,

bésame bruscamente

con los labios de la soledad,

muerde mi boca desde allá

donde las piedras despiertan,

acaríciame todo,

hasta sangrar mi cuerpo,

hazme el amor

con toda la rudeza de la distancia.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

lilakgastakgwanankgoy kiwi,

nachiwinankgo likaxtlawan kgalhpuxum

tipalhuwa tachiwín lichiwinankgó.

Lantla lamakgolh ti katsekg lapaxkikgó,

lantla mastay xtapaxkín kgalhtuchokgo,

lata chan kpupuná’.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

niakxnikú niy xnakukán,

jalhanankgoy kxpulakni kataxawat,

makgawanikgoy xaspinini kgalhni’,

xlakata wa lapaxkit xaxlipán.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

lapulakgoy makgwananín,

likankalay talakgxtamit putaknún,

tachayaway latsukat kkakapeni’,

kkapuxkgán, kkasekgnán,

tachayaway latsukat.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín,

lalipaxkikgó xasasti tapaxkín

antani likaxtlawanankanit kgalhpuxum.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín,

mapixnukgó xanat xtalakapastakanikán,

nilinipatankgóy lantla

xakstukán taakgxtakgtamakgonít.

Los muertos hablan de amor

Los muertos hablan de amor

de sus carnes resucitan árboles

cuentan miles de historias

las cruces de zempoalxochitl.

De los amantes clandestinos,

de los ríos que penetran y se secan,

de los que se entregan al mar.

Los muertos hablan de amor

su corazón nunca muere

late en el vientre de la tierra,

bombea la sangre color ciruela

porque el amor es perenne.

Los muertos hablan de amor

deambulan los deseos,

los panteones huelen a sexo,

evaporan los besos

en la humedad de los cafetales,

en las barrancas, en los platanares.

Los muertos hablan de amor

inventan caricias nuevas

en el altar de sempoalxochitl.

Los muertos hablan de amor

le ponen collares de flores al recuerdo,

los muertos

se niegan a morir abandonados.

Tantliy mimakni’

Walapí lustlan tatsawí mi makani’

walapí machichiwí mintankilhni’palhka’,

walapí matantliniya mimakni akxní skitiya’

walapí aklhpipitawakaya kxwati’.

Walapí lakum laktsu spun tlikgoy mintsikit,

walapí limapasiya xlichich mimakni pumalhku

pus chu kit, kum mimakán kimalakatsikilh,

lakum stlan pakun chu kmakgkatsí kxkgonayán.

Tu cuerpo es la danza

Si todo tu cuerpo tiene ritmo,

si tus caderas calientan el comal,

si eres la danza cuando mueles,

y si tiemblas en la boca del metate.

Si son tus pechos pájaros cantores,

si lúbrico tu cuerpo enciende el fogón,

entonces, yo, nacido entre tus manos,

soy una rotilla que se esponja de ganas.

Kalamapaklhaw

(inédito)

Kum ni achin kilininkán, kintalapaxkin,

kalamapaklhaw,

kalalikilhtsukmiw kintalhtsikán kkasekgatni,

katatampiliw,

kalalikilhtsukmiw kisakgsitawakatkán,

skan kalalimaktlawaw

kintapaxkinkán.

Lakum xpipilekg kxakgan kiwi kin,

lakum sakgsi kxakgstán simakgat kin,

kalamapaklhaw, kintalapaxkín,

Kapulhtakikgolh xanat kkimaknikan,

kapulhtakikgolh xakiwi patokgtokg,

kalhuwalh nkintatlinkán,

kalamapaklhaw, kintalapaxkin,

Polinicémonos

(inédito)

Antes de que la muerte nos lleve, amor,

polinicémonos,

llenemos de polen nuestras bocas,

nuestros frutos,

que ni un poro de nuestro cuerpo

se quede sin polinizar.

Somos mariposas en la hoja,

dulce miel en la punta de la lengua,

por eso amor, polinicémonos, amor,

polinicémonos.

Que en cada parte de nuestro cuerpo

nazcan flores, árboles de pájaros,

que se fecunde nuestro canto,

polinicémonos, amor,

polinicémonos.

Lakampi namin sen

Kamakukani kstun kimpaxkatsikán

kamapixnu xaskakni xanat,

nakamakgkatsilh lantla kgalhputikgo lokgaxanat,

nakakilhskaklh kimpaxkatsikán.

Kalipi tani skaknit puchuchut,

ka ukxilh lantla kaskakma.

Kamatakgchokgonilh kstun kimpaxkatsikan

kamapixnu xa skakni xanat

kakimaxkgatni ktxutuna`

nakamakgkatsilh kgalhputit kimpaxkatsikán.

Para que llueva

Ponle un cántaro a la virgen

un collar de flores marchitas,

que sienta la sed de los alcatraces,

que se le sequen los labios.

Al pozo seco llévala,

que vea la tierra partida.

Ponle un cántaro en su espalda

un collar de flores marchitas

llévala a beber la última gota,

haz que llueva en sus ojos.

Pasma por su belleza la enorme cañada que entre cactáceas, nogales, huamúchiles, zapotes, plátanos y ciruelas baja a lo que se conoce como las grutas de Tolantongo, con su río azul celeste que nace en la montaña y cuyo caudal poza tras poza, llegará más tarde al Pánuco. La palabra, refieren algunos, proviene del náhuatl Tonaltonko, lugar donde se siente calor. La temperatura del río que se conserva todo el año es de 34C y dentro de la gruta en la montaña de 35c y 38c. Dejarse acariciar por su agua es como volver a nacer. Es sin embargo un espacio colectivo y grato de tan festivo, que sorprende por su limpieza y buena administración, labor que realiza el ejido de San Cristóbal.



El ejido pertenece al municipio de El Cardonal en el estado de Hidalgo. Está a 1.912 metros de altitud. Según datos del INEGI cuenta con 316 habitantes: 153 hombres y 163 mujeres. 7.28% proviene de fuera del estado. 7.5%de la población es analfabeta. 38.92% son indígenas. 16.14% sólo habla lengua indígena y el 50% su lengua y español. 32.28% de la población mayor de doce años está ocupada. Hay 66 viviendas, las cuales cuentan con 100% de electricidad, 60.32% con agua entubada, 98.41% con sanitario, 95.24% con radio, 98.41 con televisión, 98.41% con refrigerador, 82.54% con lavadora, 84.13% con automóvil, 28.5% con computadora personal, 7.94% con teléfono fijo, 60.32% con celular.

Pero el bienestar del ejido en comparación con otras comunidades del Valle del Mezquital no se debe a acciones de gobierno sino a la propia organización de los ejidatarios en torno al Parque Ecoturístico de las Grutas.



Los viejitos y la barranca.



Desde el hotel La huerta, cercano al río, una larga vereda sube a las fosas intermedias que captan el agua de la montaña, en el recorrido se pueden apreciar como soldados erectos, cactus de alrededor de 20 metros de altura conocidos como “viejitos” por la pelambre blanca que los cubre en su parte superior. Me detengo un momento en el trayecto a la sombra de un huamúchil para admirar a las bromelias de intensos colores que se ofrecen espléndidas. Un joven con su chaleco del ejido viene bajando, me pregunta con cortesía si se me ofrece algo. Me siento un poco ridícula frente a él tan solo en traje de baño y sin pareo alguno, pero ya estoy ahí y si quiero conocer la historia de este lugar tan limpio a pesar de que en período vacacional llega a recibir hasta cinco mil personas diarias. Es el responsable del Comité de Vigilancia, no le pregunto su nombre torpe como soy y lo que escribo lo recuerdo de memoria, no llevo libreta ni teléfono alguno, buscaba una fosa para nadar, no una entrevista.

“Los primeros paseos a las grutas empezaron hace 40 años, me dice, se hacían en burro o a caballo y no se contaba con ningún servicio. Nuestros abuelos trabajaban la tierra la orilla del río y como llegaban algunas personas a acampar se les fue ocurriendo que si se unían las tierras de todos los propietarios en lugar de sembrar, que era muy dificultoso por el acceso, podían vivir del ecoturismo. Y empezaron de a poquito, nunca quisieron ayuda del gobierno, ni inversión del capital privado para no quedar a deber o ser empleados de otros: Y así fueron creciendo.”

Y cómo le han hecho para organizarse?, pregunto ya con el sol en la cara.

“Pues mire --me dice--, la organización es comunal, somos 136 socios, uno por cada familia del pueblo. Los puestos de responsabilidad se van rotando cada año: Vigilancia, hoteles, comedores, información, basura, alimentos, caminos. Todo lo que ingresa va a una misma cuenta y de ahí reinvertimos casi todo. Para los administradores nuestro salario es de 300 pesos a la semana, para los de menos responsabilidad es de 250 pesos. ”

¿Y el reparto de utilidades?, digo intrigada.

“No –contesta--, aquí de lo que se trata es que todo mundo trabaje, reinvertimos en el propio parque y en el pueblo, tenemos pavimento, centros deportivos y estamos terminando la iglesia. También a los que están muy viejitos les damos un dinero al mes como de jubilación.”

Pero sólo son 136 familias, comento y aquí veo trabajando un montón de gente.

“Sí claro, le damos chamba a personas de otras comunidades del valle del Mezquital y los hemos ido capacitando, se les pagan doscientos pesos diarios, más de lo que ganarían en el campo y si son productores también les compramos su cosecha para hacer las tortillas y otros productos a mejor precio que en Ixmiquilpan u otros mercados y les ahorramos el costo de transporte.”

Alguien lo llama por el radio y me deja ahí, realmente bastante admirada de esta organización ejidal además de la belleza del paisaje. Sigo el camino a trompicones hasta llegar a las pozas de agua cristalina con su espléndida vista a la montaña.

Turismo popular. Nada de corporaciones.

Las grutas pertenecen a la Sociedad Cooperativa Ejido de las Grutas de Tolantongo. Se formó hace 30 años por 112 familias del ejido de San Cristóbal. Cuenta con 5, 200 hectáreas, sólo están abiertas al público el 40 de ellas. El proyecto se inició en 1970 y fue creciendo poco a poco. Durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-94), la Semarnat buscó la incorporación de la zona como área protegida y le propusieron al ejido la inversión en la zona para hoteles y parque a los ejidatarios con inversión local, federal y de capital extranjero. Pero según Eliseo Ángeles y Víctor Ávalos, el ejido se opuso porque los ejidatarios consideraron que de ese modo los ejidatarios no serían los beneficiarios de sus propios recursos naturales. Y entonces empezaron a trabajar poco a poco.

Las pozas del Paraíso

Logro subir otros quinientos metros, a la sección de El Paraíso, una caída de agua espectacular, gran diversidad de fosas, un puente colgante de extremo a extremo de la montaña, un túnel como baño de vapor. Familias completas disfrutando y casas de campaña por doquier. Los cuerpos en su diversidad gozan del agua con desparpajo. Me percato que ya venció la hora de entregar el hotel. Lo más fácil para llegar a tiempo sería usar la tirolesa, 1,800 metros en cuatro tramos. Pero no, bajo con sigilo por donde vine agarrada de los árboles y de las rocas.

Ya de salida le pregunto al administrador del hotel qué hacen con la basura. Tienen en la parte superior, me contesta, un contenedor para el recicle de la basura inorgánica que venden, las botellas de agua luego de un proceso las vuelven a usar porque tienen ya su propia embotelladora; la basura orgánica va a una gran composta que sirve para generar abono que utilizan en sus propios cultivos y los de otras comunidades.

Otro beneficio paralelo de este parque ecoturístico, pienso, es la economía que genera en los alrededores: camiones turísticos y combis que bajan al lugar, pulque y sus derivados de venta en el camino, puestos de fruta, fondas y restaurantes, deliciosa barbacoa. Eso sí, para hospedarse, como no hay internet, los tres hoteles que existen se ocupan conforme las personas van llegando, no hay reservaciones y todo se paga en efectivo.

De regreso pasamos a conocer el pueblo de San Cristóbal. Las viviendas de dos pisos y bien puestas, están muy lejos unas de otras, respetando los otrora solares campesinos y el área de cultivo. Llama la atención la enorme iglesia de piedra todavía en construcción, dedicada justamente a San Cristóbal que lleva al niño Jesús cruzando el río. Cúpulas diversas y vitrales de muy buena manufactura la ambientan, en un estilo de buen gusto pero más bien indefinido. Destaca un gran auditorio, una cancha deportiva cubierta, una zona para carreras de caballo con las barandas de los tres colores de la bandera nacional. Son las tres de la tarde y no se ve nadie en el pueblo. Quizás están trabajando en las Grutas o simplemente resguardados del sol en sus casas.

Una tarde luminosa nos acompaña de regreso a la ciudad de México con la dicha en los ojos.

Foto tomada del portal El Fisgón Viajero

Para mayor información puede consultar:

Grutas Tolantongo: A model co-op, Answer to Globalization, By Betsy

Bowman and Bob Stone. Centro para la justicia Global, Investigación y aprendizaje para un Mundo mejor, empoderamiento de la Economía Solidaria, Dirección: Caldera Sosa.

Enrique Rivas Paniagua, “Lo que el viento nos dejó: hojas de terruño hindalguenses”.

Gerardo Carrión, “Grutas de Tolantongo, oasis entre barrancas”. Anales del Instituto de Biología, 1950. El artículo sugiere otro esquema de protección: áreas protegidas comunales.

Revista México Desconocido, “Las voz del agua en las grutas de Tolantongo”.

Página 59 de 109