Lunes, 30 Octubre 2017 00:00

Reino de España vs República catalana

Mundo Nuestro. Los sucesos en Cataluña han tocado puntos extremos. Lo que pueda ocurrir no deja de lado la alternativa de la violencia. Y lo que confirman es la profunda crisis que vive el régimen del Estado español surgido con la constitución de 1978. Presentamos aquí la postura de los editores de la revista Sin Permiso, que permite contemplar la gravedad del conflicto en España.

Lo que unas horas antes parecía descartado, lo que muchos dieron por juego de distracción y humo de paja ya hace años, finalmente sucedió: el 27 de octubre, el Parlament de Catalunya votó la proclamación de la República catalana. Lo hizo por una mayoría de 70 votos, frente a dos papeletas en blanco, 10 votos en contra (de Catalunya Sí que es Pot que, por cierto, tuvo unas intervenciones previas a la votación de distintos miembros en las que expresaron posiciones completamente diferentes, como por otra parte ya se sabía que mantenían) y 53 ausencias (de Ciudadanos, PSC y el PP). Es decir, votaron el 60,7% de los diputados y diputadas, y se consiguió una mayoría de “sí” sobre el total de 135 miembros del 51,8%.

Poco después, el Senado del Reino de España, en un frente PP-PSOE-Ciudadanos, votaba a su vez la intervención de la Generalitat mediante la aplicación del art. 155 de la Constitución española de 1978. Y a continuación el gobierno Rajoy anunciaba las medidas adoptadas en consejo de ministros para “restablecer la legalidad” que, como han apuntado distintos juristas desbordan el Estatut que se quiere restablecer y la propia Constitución de 1978.

Estamos, por lo tanto, ante dos legalidades que surgen y se legitiman en soberanías distintas. Y que son incompatibles. No es un “doble poder”. La desproporción es simplemente asimétrica en lo que se refiere a los atributos del estado. Pero una simplemente niega un derecho democrático como el de autodeterminación, y la otra intenta ejercerlo.



Desde hace bastante tiempo, pero muy especialmente en los dos últimos meses, Sin Permiso ha analizado el desarrollo de la situación política catalana y sus consecuencias en el Reino de España. El tiempo dirá hasta que punto estos análisis se ajustaron más o menos a la realidad. Pero queda por añadir el escenario final, que sin duda abre una nueva etapa política. No ha finalizado nada, pero el escenario será a partir de ahora de todo punto distinto.

El President Puigdemont propuso que el Parlament catalán votase la proclamación de independencia, de acuerdo con la Ley de referéndum y la Ley de Transitoriedad catalanas (declaradas ilegales por el Tribunal Constitucional español), cuando no obtuvo las mínimas garantías de que la convocatoria de elecciones autonómicas permitiría su celebración en condiciones democráticas, es decir, sin la aplicación del art. 155.

Parece muy difícil negar tres hechos: 1) que la segunda respuesta de Puigdemont al requerimiento del gobierno explicitaba textualmente que no se había proclamado la independencia, porque el Parlament no la había votado (lo que hizo el 27 de octubre); 2) que el gobierno Rajoy decidió la aplicación del art. 155 no ya para “restituir la legalidad” (que el Tribunal Constitucional había “restablecido” al declarar nulos la Ley de referéndum y la Ley de Transitoriedad y, por tanto, los resultados y efectos del referéndum del 1 de Octubre), sino para “prevenir” que se violase; y 3) que el gobierno Rajoy rechazó los intentos de mediación del Lehendakari Urkullu, del exPresident Montilla y de otros que transmitieron la posición de Puigdemont (apoyada por sectores de su Govern, el PDdCAT y ERC) de convocar elecciones autonómicas –en el ejercicio de la legalidad constitucional de 1978- si el gobierno Rajoy no intervenía la Generalitat. La secuencia final de proclamación de la República y de la votación del art. 155 no oculta que la iniciativa política la ha tenido el gobierno español con su decisión de intervenir la Generalitat en cualquier caso.

El gobierno Rajoy decidió que era ahora, independientemente de la decisión de Puigdemont, cuando le resultaba más rentable políticamente aplicar el art. 155, intervenir la Generalitat, destituir a su President y al Govern y descabezar la administración autonómica catalana, situando a su frente, con poderes delegados del propio Rajoy, a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Y convocar él las elecciones autonómicas el 21 de diciembre en esta situación política excepcional, mientras los tribunales actúan, dirigidos por la fiscalía, contra el movimiento catalán por la autodeterminación y la independencia.

Las acusaciones y críticas de parcialidad del gobierno Rajoy a un proceso electoral legal convocado por la Generalitat, se vuelven ahora en su contra, con más razón si cabe. Se descarta así paradójicamente desde el propio gobierno español de forma implícita el terreno electoral como medio para la resolución del conflicto político. Y se da paso a la fuerza para resolver el choque de legitimidades, en una polarización que niega espacio para expresar cualquier otra opción política.



La decisión final del gobierno Rajoy ha sido posible por las cesiones sin fisuras de la dirección de PSOE de Pedro Sánchez, de la misma manera que la abstención de la gestora del PSOE fue lo que permitió la formación del gobierno minoritario del PP. Como expresaba en una entrevista que reproducimos en este mismo Sin Permiso Jaume Asens: “El PSOE hizo a Rajoy presidente de España y ahora de Catalunya”. En ambos casos alegando el “interés supremo” del estado. Un récord imbatible. La posición defendida públicamente por los socialistas de que la convocatoria de elecciones por el President de la Generalitat debería bloquear la aplicación del art. 155 fue arrollada por la determinación del gobierno Rajoy de humillar a la Generalitat, pero también al PSOE de Pedro Sánchez. La decisión de Montilla de no participar en la votación del art. 155 fue la prueba de ello.

Naufraga así, por si alguien podía tener la más mínima vacilación, antes de haber arrancado sus trabajos, la comisión de estudio para la reforma territorial que era la gran propuesta de Pedro Sánchez. Pedro Sánchez ha dejado claro lo que puede entender su partido por “España plurinacional”: cualquier cosa menos el reconocimiento del derecho a la autodeterminación. Cambiando las palabras, la realidad no se cambia. Sin nacionalistas vascos y catalanes, con la Generalitat intervenida, con el sistema financiero autonómico catalán secuestrado por Montoro y con las resoluciones de la Conferencia de Presidentes autonómicos convertidas en almoneda en las negociaciones presupuestarias de 2017, ¿qué discusión sobre el federalismo será esa con partidos como el PP o Ciudadanos? Un federalismo que, se entiende de forma muy diferente a la que nuestro recientemente fallecido amigo Antoni Domènech declaraba sin la menor ambigüedad cuando Jiménez Villarejo (hoy también sin la menor ambigüedad a favor de la intervención del Estado en Catalunya) le pidió a finales de 2012 firmar un manifiesto “federalista” en Catalunya: “Gracias, amigo C. Ya lo había recibido por otros lados. Pero yo no puedo suscribir un manifiesto pretendidamente federal que no reconoce claramente de entrada, sin reservas, el derecho de autodeterminación de los pueblos de España, referéndum incluido. No es ni política ni intelectualmente creíble un ‘federalismo’ así, y estoy convencido de que no hará sino cargar de razón democrática a los independentistas.” Poco que añadir.

Ante la proclamación de la República catalana se puede argüir en su contra sobre la legitimidad o la oportunidad, como han hecho personas enemigas del derecho de autodeterminación pero también partidarias de este derecho sin el menor adarme de duda. En el primer caso se han apuntado las insuficiencias jurídicas y de procedimiento parlamentario que acompañaron la adopción de las leyes de referéndum y de transitoriedad catalanas, que el Tribunal Constitucional anuló en defensa de la Constitución de 1978 y de los derechos parlamentarios de las minorías del Parlament. En el segundo, las razones de oportunidad apuntan a su utilidad o su eficacia. Se han esgrimido razones contrarias a la proclamación republicana desde posiciones que en ningún caso podríamos englobar en el constitucionalismo dinástico sin más. Pero cuando un sujeto político pretende constituirse y otro lo niega mediante el monopolio de la fuerza, ello no implica que esta sea legítima ni legal y del propio ejercicio de los derechos cívicos surge un derecho de resistencia. Y a veces no se dispone de muchas posibilidades.

Hay quien piensa (notablemente La Vanguardia, así como distintos partidos políticos contrarios al derecho a la autodeterminación, así como una parte del propio PdCat) que la convocatoria de elecciones era otra posibilidad. Parecía que podía ser una salida para que la movilización fuera parcialmente desactivada, para unos, y muy diferentemente para una cierta acumulación de fuerzas y de mayor legitimidad, para otros. Y había argumentos que sustentaban estas posiciones. Sin duda.

En todo caso, se ha alegado que la reforma del Estatut exige 90 votos, es decir el 66%. En realidad, como se demostró en 2010 bastaba con la mayoría del Tribunal Constitucional, no la mayoría popular ni parlamentaria. Eso parece no incomodar al bloque PP-PSC-Ciudadanos. Pero en cualquier caso, es no comprender la legitimidad política surgida del ejercicio del derecho de voto de 2,3 millones de ciudadanos en el referéndum del 1 de Octubre bajo la represión policial. La represión policial fue un factor de legitimación para mucha gente. Puede ser discutible, pero muchos centenares de miles de personas tuvieron la convicción no de que simplemente habían votado, sino que habían conseguido hacerlo con sangre y lágrimas. Solo un punto de diferencia en la participación separa al referéndum del Estatut de 2006 -que nadie reprimió y que el Tribunal Constitucional anuló tras ser “cepillado” en el Congreso-, y el referéndum de independencia de 2017. La represión del derecho de voto, no de sus consecuencias legales, ha sido para la mayoría independentista parlamentaria el punto de arranque de la soberanía en la que se apoya la proclamación de la República catalana.

La legitimidad de esa soberanía no engloba a toda la ciudadanía de Catalunya. Y se ha esgrimido que la nación (aunque algunos no utilicen estos términos que solamente reservan para España) se ha fracturado. Si está fracturada porque una parte importante de la ciudadanía no concede legitimidad a la proclamación de la República, convendremos que también lo estaría en caso de que no se hubiera proclamado. Si una sociedad está fracturada porque una parte no está de acuerdo con determinadas decisiones, también lo está porque la otra parte no estará de acuerdo que no se tomen las decisiones anteriores. En todo caso, toda sociedad está dividida en clases y, en algunos casos como en la nación catalana, por distintas opciones nacionales. La “fractura” social es esgrimida en muchos casos como simple pretexto para favorecer que las cosas no cambien. Pero eso tiene tanto que ver con el intento de superar la “fractura” social como, por poner un mero ejemplo, la homeopatía con la ciencia: nada.

Las manifestaciones a favor del mantenimiento del status quo monárquico o, para ser más precisos, de la aplicación represiva del 155 y de la actuación “proporcionada” de la policía y la Guardia Civil el 1 de Octubre, la última de las cuales en Barcelona el 29 de octubre contó con la asistencia, según la Guardia Urbana, de 300.000 personas, forman parte de la reacción habitual cuando una parte muy importante de la sociedad se moviliza en sentido contrario. Eso no es “fractura social” como lo entiende el gobierno Rajoy, sino la expresión de las diferencias políticas, ideológicas y sociales de toda sociedad moderna. Cuando las convulsiones sociales son muy fuertes pueden observarse anomalías (¿o quizás no lo son tanto?) como esas.

El gobierno Rajoy pretende superar esta fractura con la aplicación del art. 155 y la persecución judicial. Y celebrar elecciones en “caliente”, en dos meses. De entrada, tiene que conseguir una participación superior al 47% del referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional e intentar acercarse al listón del 77,4% de las elecciones autonómicas de 2015 que eligieron al Parlament que ha declarado la República catalana. De no conseguirlo – y parece difícil, cuanto menos- Rajoy y su gobierno serán considerados responsables del doble fracaso de no haber impedido la proclamación de la República catalana y de no haber sabido reconstruir una legitimidad superior en el proceso de “restitución de la legalidad” en Catalunya. Y los “poderes fácticos” que ahora intenta cabalgar, le desbordarán. Ya están amenazando con aplicar el art. 155 a Castilla-La Mancha por mantener una coalición PSOE-Podemos, a Valencia por tener otra PSOE-Compromís, apoyada por Podemos y a Euskadi… de forma preventiva.

Es en ese momento cuando entrará en juego el escenario más amplio de la crisis del régimen del 78 en el conjunto del Reino de España. Porque las consecuencias de la “fractura catalana” se extenderán más allá del Ebro. Rajoy no puede contar ya con el PNV para aprobar los presupuestos de 2018, que le exige –como antes los del 2017- la Comisión europea, que ha advertido de las consecuencias para el déficit acordado con ella de la actual situación política española. Justo cuando Draghi y el BCE anuncian la reducción progresiva de su programa de flexibilización cuantitativa, de la que depende la financiación de la deuda soberana y de las comunidades autónomas.

En este escenario el PP solo puede contar con el PSOE de Pedro Sánchez, además de Ciudadanos, que está presionando al PP por la derecha. Pero el apoyo del PSOE a los presupuestos del PP de 2018 supondría el fin de sus aspiraciones de construir una alternancia de izquierdas al propio régimen del 78. Sería la confirmación de ese “frente constitucionalista” monárquico. Tras su apoyo sin matices a Rajoy en la aplicación del art. 155, el PSOE profundizaría la pérdida de votantes habida en cada elección desde 2011.

El régimen del 78 se encuentra en un callejón sin salida, por muy largo que este pueda ser, mientras se erosiona su legitimidad social, económica, política y territorial. La cuestión catalana está lejos de resolverse el 21 de diciembre. Una vez más ahí también existe una “fractura”, ¿o no? La situación se enquistará con la actual doble legitimidad que enfrenta al Reino de España con la República catalana. La salida de la crisis social sigue siendo un campo de disputa político. Como continúa el desenmarañamiento judicial de la trama de corrupción del PP, de la que los tribunales afirman que “se ha beneficiado”. Si las distintas crisis que recorren el régimen del 78 no han confluido, del 15-M de 2010 al 1-O de 2017, es por la ambigüedad de las izquierdas, cuando no una clara hostilidad, entre otras cosas, ante la defensa del derecho de autodeterminación de Catalunya. Y ello impide la construcción de una alternativa política que, inevitablemente, pondría en cuestión el régimen del 78. Hasta que la situación se haga de verdad insoportable, no solo en Catalunya –donde se cuestiona republicanamente-, sino en el conjunto del Reino de España.

Daniel Raventós/Editor de Sin Permiso

Gustavo Buster /Editor de Sin Permiso

Lunes, 30 Octubre 2017 00:00

Eliminar un universo entero

Vida y milagros

No sabemos qué efectos causará en el cerebro humano el montón de estímulos e información que recibe constantemente y que apenas hace un siglo eran impensables. Para la historia del cerebro humano cien años no son nada. No sé si fuimos diseñados para recibir el universo entero cada día. ¿Qué fortalece nuestro cerebro y qué lo daña? ¿Funciona más y mejor nuestro cerebro que hace cien años? ¿El cerebro de una persona informada está empleado a fondo como el cerebro del escritor, científico y poeta Goethe, que en su casa no solo tenía, sino comprendía y dominaba todas las tecnologías disponibles al principio del siglo XIX? ¿En lo individual sabemos más que él dos siglos después? ¿Razonamos mejor, somos más hábiles para sobrevivir en medio del alud de información?



He tenido que pasar casi un mes sin salir en la quietud de un cuarto, mientras el cuerpo trabaja en regresar a su lugar un disco columnar. Ahora sí, como dice el clásico, he tenido que serenar la mente voluntariamente a fuerza. He ido dejando lejos la tiranía del ruido que todo lo invade en la vía pública , saliendo de las turbinas de un avión que cruza el cielo, del claxon de corneta de un camión, del motor de una moto, de las bocinas de las farmacias a donde uno va en busca de un remedio. Todo el espacio público está regido por el ruido. Los mercados, el súper, las salas de espera de los hospitales, los colegios, las iglesias. Ya ni de las iglesias puede uno esperar cierta cordura, ya llaman a misa con bocinas que imitan con pésima calidad pero altos decibeles el sonido de las campanas. En general las ciudades se han vuelto escandalosas y nuestras vidas cotidianas se han ido acostumbrando a ese tremor, aceptándolo como definitivo.

El otro tremor es que de todo lo grave o considerado importante que sucede en el mundo, nos enteramos casi en tiempo real.

--¡Qué bueno que ya no oigo bien! --decía mi padre--, para lo que hay que oír.

Eso decía pero no dejaba un solo rincón del Excélsior sin leer, ni ningún edicto ni esquela de El Sol de Puebla sin revisar. Todo devoraban sus ojos y oían sus oídos curiosos en el radio y la tele del siglo XX. Era un adicto muy serio a la información, pero ni en sueños se imaginó que llegaríamos a tener el teléfono en la bolsa y el mundo entero en él. Desde ahí nos siguen no solo nuestros lazos amistosos y familiares, sino todos los fenómenos públicos del país y del mundo. Difícil sustraerse a ellos, pero enfermizo vivir pendientes de ellos. Vivimos llenos de información inútil, pero no nos conocemos a nosotros mismos. Ya poco usamos y ponemos a prueba las potencias del alma, las llamadas memoria, entendimiento y voluntad.



Bioinformatics. Ilustración de Ticatla, 2013.

Tenemos derecho a que no nos perturben de tiempo completo los sucesos del mundo, pero no lo ejercemos. Horror. De verdad. Tenemos colonizado por completo el disco duro del cerebro. Ya no dejamos lugar para guardar la memoria de un cielo de octubre, o la luz tímida de una luna menguante, o el brillo deslumbrante de la llena. Ya no hay lugar para guardar los sonidos admirables de una casa, esos que solo se oyen cuando nos quedamos a solas. Las casas no son silenciosas del todo. Tienen sus propios ruidos, sus horarios, sus propios quejidos, su lenguaje secreto. Solo hay que darse el tiempo de escucharlas. Descubrimos qué ruido produce una rama que roza un cristal, o cómo rechina una puerta aunque sea idéntica a la otra. Cómo suenan las pisadas de un niño que llega, o de un perrito. Tic, tic, tic, tic. Esa es la perrita vieja. Tacatan tacatán tacatán tan tan... esa es la joven. A las seis de la tarde, en medio de una última escandalera, se retiran a dormir los gorriones. Puedo oír los ruidos de la casa porque he dejado fuera al mundo estrepitoso por un rato. Y todas sus noticias.

Las noticias del mundo. De repente me asomo y meto la cabeza de nuevo del puro espanto. En particular las de los díscolos partidos. Qué pesados están todos. Ni a cuál irle de mal portados, gastalones y groseros. Qué barbaridad. Que feos son y qué mal se llevan. Tendrían que castigarlos como nos castigaba mi mamá de niños cuando nos daba por pelear entre hermanos. Nos sentaba frente a frente a los peleoneros un buen rato y nos dejaba pensando. Nada de hablar ni de volver a las manos porque nos recetaba otra media hora de muda contemplación. Hasta que acababas viendo al enemigo como amigo y cómplice, hasta que regresara la concordia y la risa.

--Si son hermanos, no villanos -nos decía--. Están groseros por no gastar energía y por estar viendo tanta televisión, por estar de ociosos. ¿Tanta televisión? Si solo nos dejaban verla los viernes y sábados y un ratito el domingo.

--Tanta televisión hace daño. Váyanse a hacer algo de provecho o pónganse a jugar. Ordenen sus cajones.

Los partidos están de ociosos porque son unos mantenidos. Sí. Unos mantenidos.

Trabajar para ganarse el sustento, eso es lo que tendrían que hacer los partidos. Y ordenar por completo sus cajones de ideas. Pensar menos en la televisión y en andar de lucidos y en hacer algo de provecho, como por ejemplo mantenerse a sí mismos. Imposible. Ni a cuál irle. Ya son tan parecidos que mejor debería haber elecciones por sorteo. El resultado sería muy parecido a lo que seguramente quedará después del mentidero de promesas incumplibles de parte de todos.

Estoy pensando en el Clan del Oso Cavernario. Hace 30 mil años nadie sabía si un tigre dientes de sable o un mamut era el que había dado cuenta final del jefe de un clan. No había periodistas cavernarios. No se sabía de cuál papá eran los hijos, solo que todos eran de la misma tribu. Si había eventos catastróficos, solo te enterabas si te pasaba a tí. No había países. No creo que existieran las lágrimas sentimentales. ¿Cuándo se empezaría a llorar de una emoción? La historia de las lágrimas... no había pensado en eso. Nadie supo nunca cuándo es que se extinguió el mamut. Ni que hubo dinosaurios. Sabían solo lo útil y necesario para sobrevivir, y ese conocimiento era muchísimo. Y hubo quien se hizo un hueco para mirar la belleza del mundo para luego plasmarlo en la pared de una cueva con líneas sencillas, audaces y elegantes. Hoy, si se murieran todos y solo quedaran dos adultos y algunos niños, seguramente regresaríamos a la edad anterior a la edad de las cavernas, a bien morir de manera inmediata. Los que vivimos en las ciudades no sabemos nada, no controlamos nada. Dependemos de todo. Solo sabemos puras ociosidades.

Escribir es una ociosidad y hace tres semanas que no escribo porque estoy de ociosa. El círculo vicioso o virtuoso perfecto.

Hace mucho bien eliminar el universo entero por un rato, vivir por unos días una orgía de silencio. Al final es todo lo que nos quedará. Nuestro silencio y su universo entero.

Mundo Nuestro. Mirar la muerte del Che Guevara en el aniversario cincuenta de su muerte trágica. Y hacerlo desde los ojos ancianos de Moisés Abraham Baptista, el médico que recibió su cuerpo yerto en el hospital de Valle Grande.

Entender las posibilidades del relato literario desde la memoria alucinada de un viejo en su casa de Puebla que recrea un capítulo fundamental para la historia mágica y realista de América Latina, concentrada en la figura mítica del revolucionario muerto en la montaña boliviana en aquel octubre de 1967.

Periodismo y literatura, en esa encrucijada se maneja la escritora mexicana Beatriz Meyer para contar esta abigarrada trama por la que se despliega la memoria de Moisés Abraham, convertido en personaje de su propia novela.



A principios de 2015 recibí una llamada de una persona cercana a mí, amiga del doctor Moisés Abraham, oncólogo famoso de Puebla. Mi conocida me explicó que el doctor quería apoyo para escribir sus memorias. En ese momento me imaginé una historia llena de encuentros con células malignizadas, mastectomías y vidas salvadas gracias a la oportuna intervención del especialista. Nunca imaginé que la trama que me narraría el fundador del área de oncología del Hospital Universitario de la Universidad Autónoma de Puebla sería la parte final de un epopeya que empezó en 1967 en Jesús y Montes Claros de los Caballeros del Valle Grande, o simplemente Valle Grande, una pequeña ciudad situada en el departamento de Santa Cruz, al sureste de Bolivia.

La primera impresión que me dio el doctor Abraham fue de total desánimo. Un accidente cerebro-vascular lo había dejado con algunas secuelas; su lento y cuidadoso desplazamiento por los espacios abarrotados del comedor donde había instalado su oficina de médico retirado reflejaba las largas horas de rehabilitación y cuidados en aras de un mejoramiento de su calidad de vida. De pronto vislumbré el tipo de “trabajo” para el cual me había recomendado mi amiga: ayudar al doctor a reordenar documentos, fotografías, recuerdos. Tras media hora de charla, sin embargo, se hizo patente que el galeno deseaba una pluma solidaria para la redacción de sólo una parte de su biografía. Antes de mí, otras personas habían llegado a revisar los documentos y a organizar un primer borrador de esa historia. Así que no se trataba tampoco de convertirme en su ghost writer. En sucesivas visitas llegué a la conclusión de que en realidad el doctor había arribado a la edad en que se ve claramente la otra orilla y, por lo tanto, deseaba desvelar –frente al público– un secreto que lo había atosigado a lo largo de casi 50 años: la verdad sobre su participación en la muerte de Ernesto “Che” Guevara.



Personal médico y enfermeras del Hospital Nuestro Señor de Malta de Vallegrande en 1967. Foto del archivo personal del doctor Moisés Abraham.

Conocer detalles de ese episodio tan controvertido de la historia de Latinoamérica me entusiasmó, y ya sin reparo alguno puse manos a la obra en la revisión de todo el material: incontables revistas, libros, biografías, fotografías tomadas por el mismo Moisés Abraham en el lugar de los hechos, apuntes previos. También, por supuesto, lancé pregunta tras pregunta a un hombre que –supuse en primera instancia– se encontraba limitado, por su condición, a responder poco y mal hilado. Los médicos, ya se sabe, son proclives a hacer diagnósticos sobre la gente aun sin venir al caso. Creí que su actitud reticente y cortante en muchas ocasiones se debía a la falta de confianza en mi persona y en el delicado asunto que fuimos desbrozando en largas tardes de charlas sin orden ni concierto. Tratando de encontrar un sentido de rumbo, en una de las sesiones le pregunté si había un tema dominante en ese mar de datos, un recuerdo obsesivo, doloroso. Él me contestó con toda certeza que había, sí, algo más que un recuerdo: una prenda del Che, la camisa que llevaba puesta en el momento de su fusilamiento. ¿Usted la tiene, doctor?, pregunté a sabiendas de que podía ser un juego de su mente maltratada por el deterioro neuronal. Sí, afirmó de manera categórica, sin titubeos, como sin titubeos me expresó en varias ocasiones su deseo de entregarla a quien se interesara por ella, a cambio, claro está, de un precio satisfactorio para ambas partes. La camisa, me dijo, se encontraba a buen resguardo en una caja fuerte, pero me la podía mostrar en ese momento. Barajó entonces un mazo de fotografías y me exhibió una instantánea de algo que parecía una prenda de ropa arrugada y sucia que alguien, de buena voluntad, quiso extender sobre una mesa para que recuperara su forma original. Una camisa, se podría decir, más ennegrecida que ensangrentada.

El cadáver del Che Guevara sale de la escuela de la Higuera hacia el helicóptero que lo trasladará a Vallegrande. Foto tomada de internet.

La autopsia

Tan enfáticamente como me informó lo de la camisa del Che, el doctor Abraham me explicó –sin que yo se lo preguntara– que él no le había practicado la autopsia al cuerpo del guerrillero argentino. Que sólo había realizado un reconocimiento visual del cadáver, así como un reporte de las heridas de bala. Por supuesto, los militares le habían ordenado que dicho reporte reflejara una situación distinta a la que marcaban las heridas. Querían que el certificado médico avalara la muerte “en combate”, y no por fusilamiento sin previo juicio. Deseaban borrar el asesinato, pues. Y él no participaría de ese engaño, punto. Tampoco había participado del corte de las manos. Ese tema tan delicado nos llevó algunas sesiones después de las cuales deduje, con toda convicción, que el doctor Moisés Abraham sólo había indicado el lugar donde debía hacerse el corte en las muñecas del cadáver. Pero él no participó, insistía. De hecho, se había negado a que también se cortara la cabeza del guerrillero. “Para identificación basta con las manos”, recordaba haber argumentado. Muchos años después, la mutilación del cadáver del argentino tuvo consecuencias funestas: Monika Ertl, “la vengadora del Che”, una alemana perteneciente al Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (creado por el mismo Che Guevara en 1966), asesinó al hombre que ordenó tamaña salvajada: el cónsul boliviano en Hamburgo, Roberto Quintanilla Pérez, “Toto Quintanilla”, quien en 1967 era coronel del ejército boliviano.

Doctor Moisés Abraham (izquierda) , director en 1967 del Hospital de Valle Grande, Bolivia. Foto: Archivo personal del doctor Abraham.

La maldición del Che

Como es bien sabido, una especie de estigma cayó sobre aquellos que participaron de manera directa en la captura y asesinato del Che: muchos murieron de manera trágica, uno, dicen, se volvió loco y otro cayó en una silla de ruedas. La gente empezó a llamar a la retahíla de accidentes y asesinatos “la maldición del Che”, ya que estaba aún muy fresco lo acontecido en La Higuera y Valle Grande. La amputación de las manos del guerrillero, por otra parte, así como la sustracción de sus objetos personales, entraron en esa extraña sucesión de accidentes y muertes aparatosas debido al misterio que envolvió el viaje de las manos, navegando en un frasco de formol, hacia la URSS; no sin antes reposar la infamia de que fueron objeto en un lugar secreto dentro de la casa de un miembro del PC boliviano.

René Barrientos, presidente de Bolivia, por ejemplo, murió en un accidente de avión en 1969. Honorato Rojas, campesino que delató al grupo guerrillero y lo llevó a una emboscada en la que perdieron la vida varios miembros de ese grupo, fue ejecutado por supuestos seguidores del Che. Roberto Quintanilla, coronel del ejército que, como menciono líneas más arriba, ordenó cortar las manos al guerrillero más icónico de la historia de Latinoamérica, fue asesinado por una mujer de nacionalidad alemana. La anécdota de cómo la joven se logró colar hasta el mismo despacho del ya entonces cónsul de Bolivia en Hamburgo, así como su posterior huida, es mucho más interesante que el disparo con el que acabó la vida del sanguinario “Toto” Quintanilla. Andrés Selich, colérico y sangriento coronel del ejército boliviano, murió apaleado por miembros de su mismo ejército en 1973. Juan José Torres, Jefe del Estado Mayor, quien recibió la orden de preparar el fusilamiento del Che y que en 1970 asumió la presidencia de Bolivia, fue asesinado por paramilitares argentinos, en 1976, por órdenes del dictador Videla. Joaquín Zenteno Anaya, abogado con el grado de coronel en ese entonces, quien se robó el fusil M-1 del guerrillero, fue asesinado en París en 1976. Gary Prado, capitán del ejército boliviano que comandó la patrulla que fusiló al Che, quedó paralítico de por vida.

Mario Terán Salazar, el soldado que ejecutó al Che, ha negado siempre su papel en el fusilamiento; sin embargo, ha sufrido toda su vida el acoso de periodistas e interesados en saber la verdad. Muchos afirman que todavía escucha, en momentos de delirio, las ráfagas de metralleta con las que liquidó la vida del Che, en cumplimiento de la orden: “Saluden a papá”.

Ernesto “Toto” Quintanilla, primer oficial a la izquierda. Foto de Marc Hutten, publicada en la revista LIFE.

Quizá demasiado consciente de dicha maldición, el doctor Abraham Bautista negó siempre su participación directa y voluntaria en la desacralización del cuerpo del guerrillero argentino. Él, como militar, aseguraba, debía cumplir las órdenes que le daban sus mandos superiores. Y ahí justo me empecé a preguntar muchas cosas que a lo largo de todo un año no acabaron de resolverse debido a que –según me parecía a mí- el doctor se centraba en un punto que me rebotaba en la conciencia: vender la camisa a quien diera más por ella. El relato de cómo la había obtenido me parecía fascinante, tal vez por su planteamiento novelesco, muy alejado del que ahora leemos en la versión de dos periodistas poblanos que, de seguro, no compraron la camisa, pero sí consiguieron la verdad, es decir, la versión final de una historia que nunca salió por completo a la luz porque tenía un precio al que nunca le llegaron ni las presiones de Paco Ignacio Taibo II cuando entrevistó al doctor para su extensa biografía del Che, ni las cámaras de Televisa que llegaron hasta su casa en Puebla para hacerle una entrevista francamente mala. Las preguntas de la entrevistadora recibían respuestas evasivas, silencios. La tensión entre el entrevistado y la entrevistadora era evidente. Ella quería saber, preguntaba y el médico omitía datos que podrían ser oro. El reputado oncólogo sabía mejor que nadie lo valioso de su información, y por eso prefirió irse por las ramas.

Esa tarde en que sus familiares me invitaron a ver la grabación en VHS de dicha entrevista en la sala-comedor de la casa, fue la última de mis sesiones de trabajo con el doctor Moisés Abraham. Luego de presenciar esa lamentable pieza de trabajo periodístico, supe que la obsesión del doctor era vender la camisa, y la información, a un buen comprador. Eso era lo único claro de mi experiencia como amanuense de una épica que llegaba a su fin. O eso creí. Porque lo que sí supe durante mis visitas a la casa de la familia Abraham –y por otras informaciones periodísticas y personales– fue que el doctor realmente no guardó, en relación a su intervención en la muerte de Ernesto Guevara, el esmerado silencio que pretendía. Lo hace constar así el interesante artículo de Mary Carmen Sánchez Ambriz, publicado recientemente en la revista Nexos, que nos proporciona, desde una visión inteligente, datos puntuales y poco conocidos sobre los hechos ocurridos luego de la captura del Che, y nos revela que el doctor Abraham de vez en cuando ha estado tentado de expresar esa parte de su biografía que tanto lo compromete con esos hechos. Y no sólo ha contado a periodistas ciertos detalles de su papel al frente del hospital al que llevaron en helicóptero el cadáver del Che, también sus alumnos de la facultad de Medicina de la BUAP, o los que lo conocieron como director del ahora HU, fueron depositarios de pequeñas o grandes, completas o parciales confidencias de su actuación aquel 10 de octubre de 1967. Entre varios de ellos, una de sus alumnas, sólo unos cuantos años después de los sucesos de Valle Grande, en los primeros años de la década de los 70, que conoció de labios de su profesor su versión (la de ese entonces) de los hechos y de su implicación en ellos. Años después, ella convertiría esa confidencia en un cuento.

Pero reticente o generoso con reporteras audaces, alumnos interesados o escritoras dispuestas a empeñar su pluma en el intento de registrar sus diferentes versiones de los hechos, lo cierto es que el galeno boliviano supo identificar a quienes pretendían obtener su testimonio para una difusión mayor a la que él estaba dispuesto. Siempre que se enfrentó con algún ambicioso buscador de verdades inéditas sobre el Che preguntaba: “¿Y cuánto me vas a pagar?”

En lo particular, yo nunca supe si el encargo para el cual me habían recomendado implicaba siquiera el pago de mis gastos de transporte. Quizá el tamaño de la encomienda debía ser suficiente remuneración, es decir, contribuir con mi pluma a consagrar por escrito la odisea personal de un hombre que estuvo en el momento exacto y en el lugar preciso en que nació una leyenda. Pero los escritores también comemos y tuve que dejar las visitas para más adelante.

El cadáver del Che con la camisa y el cinturón todavía puestos. Foto de Marc Hutten.

La nueva versión

El tiempo de reemprender mis conversaciones con el doctor nunca llegó. Ahora la historia cobra una rutilante corporeidad en el libro aún inédito que Leticia Montagner García y Raúl Torres Salmerón escribieron sobre la verdadera participación del oncólogo en la muerte del guerrillero Ernesto (“Che”) Guevara. Según el avance que aparece en la edición especial No. 55 de Proceso, un muy lúcido y memorioso Moisés Abraham Baptista afirma que sí, que efectivamente él realizó la autopsia al cadáver del Che, así como la máscara mortuoria que, según me dijo, arrancó parte de la barba, las cejas y las pestañas al cadáver, debido a que la habían improvisado con pasta para hacer placas dentales y cera de velas. En mis apuntes no aparece que se hubiera desfigurado la cara del difunto, como afirma la versión que el doctor relató a los periodistas poblanos.

Cadáver de Tania La Guerrillera, hallado en el Río Grande una semana después de su muerte. Foto del archivo personal del doctor Moisés Abraham

La novela

En su momento, y debido a la delicada sustancia de la historia, yo le sugerí al doctor que hiciéramos una novela. De esa forma, aseguré, siempre habría margen para la reivindicación, la justicia poética. Muchos de los datos que me proporcionó el médico de manera voluntaria los fui vaciando en un borrador inicial que pretendía seguir la visión que de sí mismo y de su misión tenía el testigo protagonista de esta historia.

En los meses en que trabajé la novela con el doctor Abraham, me propuse convertir al protagonista menor de un hecho histórico sin precedentes en un personaje heroico. Mostrarlo como un hombre convencido de la injusticia que se cometía con el médico, el idealista, el guerrillero, el padre de familia, el icono de su generación y símbolo de las ansias de libertad de todo un continente, el comandante Ernesto “Che” Guevara de la Serna. Para ese propósito me sería muy útil la anécdota de la camisa ensangrentada que viajó de Bolivia a México y aquí se instaló en cajas de seguridad. Así, fui tomando notas, apuntes biográficos, comentarios hechos al vuelo por el doctor. Poco a poco fui leyendo al médico mis avances, los meandros donde confluían la realidad con la ficción. Por supuesto, no es sencillo convencer, a quien fue protagonista de un hecho verídico, de transformar por completo las situaciones y personajes de una historia que ya anidó en sus recuerdos hasta convertirse en el propósito de su vida.

El borrador de la novela empezaba así:

“Las faldas de la camisa asomaron bajo la pesada tela del abrigo. Alcancé a ver los cantos negruzcos justo antes de cerrar mi sobretodo de un golpe. El agente aduanal pareció no fijarse en el angustioso movimiento. Sentí el sudor escurriéndome por la cara. En esa época no había perros especializados en oler rastros de cadaverina en los aeropuertos, de otra forma, algún oficial me hubiera obligado a quitarme el abrigo debajo del cual continuaba su lenta descomposición la camisa ensangrentada del Che. El oficial selló mi pasaporte. Entré a la ciudad de México con poco equipaje y un secreto tan grande que me impediría volver a Bolivia, mi país natal. Si vuelves te matan, me había dicho mi hermano. Ahora eres un desertor del ejército bolivariano, no el médico que recibió del cielo el cuerpo de Ernesto “Che” Guevara, que bajó como dios a la tierra para reinar por siempre en la esperanza de los pobres. Vete y no se te ocurra volver, me dijo. Hasta ahora lo he cumplido. Sólo regreso cuando miro las fotografías de la vieja, de mis hermanos, del hospital y sus monjas de hábitos impecables. El cadáver de Tania la Guerrillera, comida por los peces del Río Grande, en una foto en blanco y negro. Las fotos de sus compañeros muertos montados sobre mulas. La ropa del Che en un rincón de la lavandería, donde las enfermeras arrojaron los harapos llenos de sangre y mierda cuando se los quitaron para lavar su cadáver.

Cadáveres de los guerrilleros, compañeros del Che, que cayeron el 31 de agosto en una emboscada, mientras intentaban cruzar el Río Grande hacia las montañas. Fueron inhumados bajo la pista de aterrizaje donde supuestamente también se enterró al Che y que estuvo oculta por 30 años. Foto del archivo personal del doctor Abraham.

Recuerdo muy bien la camisa tirada lejos de las otras prendas que contribuían con su hedor al vértigo de la formalina, y el humo de las velas que combatían la oscuridad de la primera noche que el mundo dormía sin el Che. Sucedió de pronto: la vi, sin pensarlo más la recogí y la hice bolita para esconderla debajo de una pileta. El fino cinturón, por su parte, sería botín de Martínez: se lo había ganado entre trago y trago, costumbre que lo apartaba del horror y la culpa pero lo ponía de frente contra los mohines y los regaños de las monjas. Pobre hombre, repetía el médico mientras se movía de un lado al otro del recinto para comprobar que lo seguían los ojos del muerto, y el aguardiente resbalaba por su curtido gañote con más velocidad que un ratón perseguido por la escoba de la enfermera jovencita, la Adela, no esa Susana estirada y displicente que corrió a todos cuando desnudó al guerrillero, casi un Cristo con su mirada de juicio final.

Esa noche del 9 de octubre de 1967 Martínez y yo sacamos nuestros trofeos antes de que los soldados limpiaran el lugar y se llevaran el resto de la ropa que la enfermera y las monjas habían arrojado a un rincón de la lavandería, asqueadas por la mugre añeja y sacrílega, cuando ungieron con agua y rezos el cadáver recién llegado a la morgue improvisada dentro de la lavandería del Hospital Nuestro Señor de Malta de Valle Grande.”

Enfermeras, personal médico (el doctor Abraham con tapabocas) reciben los cadáveres de los guerrilleros ultimados por el ejército boliviano. Foto del archivo personal del doctor Moisés Abraham.

El último cabo suelto

Hoy veo que mis apuntes parecen haber estado siempre del lado de la ficción. La novela biográfica, si alguna vez la termino, quizá ya no pueda ofrecer ninguna justicia poética que contrarreste la maldición del Che. Cuando aparezca el libro de los periodistas poblanos con sus revelaciones, el doctor Moisés Abraham, el oncólogo por antonomasia de Puebla, tendrá que asumir las consecuencias de ser el último cabo suelto de una historia que involucra a una de las figuras más emblemáticas del tormentoso siglo XX latinoamericano. Asumir, también, la manera en la que lo veremos, lo verán sus colegas, sus compatriotas, sus pacientes, sus alumnos y, sobre todo, cómo se verá él mismo de ahora en adelante: el cirujano que sí practicó la autopsia al cadáver del Che, el médico que sí cumplió la ominosa tarea de cortarle las manos, el custodio de su camisa ensangrentada.

Soldados y personal militar posan para la foto frente a la escuela del poblado La Higuera. En uno de sus salones, el suboficial Mario Terán Salazar asesinó al Che por órdenes de la CIA. Foto del archivo personal del doctor Moisés Abraham.

Domingo, 29 Octubre 2017 00:00

La extraña historia de las manos del Che

Mundo Nuestro. Este texto fue publicado en la revista Nexos el 10 de octubre del 2017.

En 2001, hace 16 años, fui a Puebla a localizar a Moisés Abraham Baptista, el doctor boliviano que aparece en varias biografías como el responsable de haber realizado la autopsia y de cortarle las manos al cadáver del Che Guevara.

Óscar Hinojosa, entonces editor de la revista semanal Bucareli 8, me encomendó esa tarea: “Vaya y localice en Puebla al doctor Abraham Baptista, es oncólogo.” El nombre de Moisés Abraham Baptista empezó a cobrar relevancia por dos razones: estaban por cumplirse 35 años de la muerte del Che Guevara y porque Gary Prado, implicado en la captura del guerrillero argentino, había sido designado embajador de Bolivia en México.



Un par de meses antes de mi visita a Puebla tuvo lugar un incidente: en un evento diplomático alguien de izquierda identificó a Prado y, ante la vista de todos, le arrojó vino en la cara y le gritó “asesino”. Este hecho marcó el inicio de una serie de comentarios y acaloradas polémicas que suscitó el nombramiento del representante de Bolivia en México. Muchos sabían que el 8 de octubre de 1967, el comandante Gary Prado fue quien capturó al Che Guevara en una cuesta de la Quebrada del Yuro. Él nunca imaginó que iba toparse con el guerrillero, pero gracias a una cicatriz en la mano izquierda lo pudo identificar.

Cuando el ex comandante se vio descubierto por el entorno diplomático, se limitó a decir que él solo cumplía con su labor: “De haber deseado la muerte del Che, hubiera permanecido abajo y habría seguido luchando, pero estaba intentando salir. Lo hallamos decaído; sin embargo, cuando vio que lo tratábamos correctamente y que intentábamos hablar con él su ánimo mejoró”.

Orden presidente Fernando 700

Se sabe que horas después de la captura del Che Guevara, Prado entregó al prisionero al coronel Zenteno Anaya, quien esa misma noche recibió un mensaje en clave morse: “Orden presidente Fernando 700”. A través de ese comunicado cifrado se marcó el destino del guerrillero.



Hinojosa no me contó quién le pasó el dato sobre el doctor boliviano que vivía en Puebla. Le tenía respeto a Hinojosa, conocía su trayectoria periodística, y estaba conforme con su manera de trabajar y de recibir propuestas de sus colaboradores. Como sabía que podía contar conmigo para hurgar en varios libros y comprobar lo que se decía del médico, me dio la encomienda.

Y, efectivamente, el nombre de Moisés Abraham Baptista estaba en varios títulos sobre el Che.

En La vida en rojo Jorge G Castañeda cuenta que existía una preocupación para el ejército boliviano, y es que en Bolivia no hay pena de muerte y tampoco una cárcel de seguridad que hubiera podido tener preso al Che; también le incomodaba la idea de que se le hiciera un juicio a Ernesto Guevara. Eso rondaba en la cabeza de tres hombres en particular: el presidente de Bolivia, René Barrientos; al general Alfredo Ovando y a Juan José Torres, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

El suboficial Mario Terán solicitó que le permitieran matar al Che. Y accedieron a su petición: la ráfaga de una metralleta alcanzó al líder argentino-cubano. Nueve tiros entraron por su cuerpo. Terán contó con otros voluntarios que buscaban saldar cuentas pendientes con el Che. Más tarde trasladaron el cadáver en un helicóptero al Hospital San José de Malta, en Vallegrande, en donde lo recibió el doctor Abraham Baptista.

Necesito una consulta médica

El nombre de Moisés Abraham Baptista empezó a figurar tanto en libros como en informes de carácter oficial y datos hemerográficos. No obstante, hace 16 años ninguno de los que se ocuparon en describir la vida del Che había buscado al doctor boliviano, quien residía en Puebla.

Al doctor lo ubiqué en la Central Gineco-Obstétrica de Puebla, localizada en 13 sur 1905. En ese lugar se encontraba su consultorio. Llamé varias veces para tener una entrevista con él y su secretaria o asistente me decía que el doctor estaba ocupado y no podía atender a mi solicitud.

Así hubiera seguido sin conseguir ninguna declaración del oncólogo boliviano hasta que tuve que pedir una cita: “Necesito una consulta médica con el doctor. A nombre de la señora Ambriz. Con z, por favor, correcto. Ojalá sea pronto porque me lo han recomendado mucho, vivo en el DF”.

El fotógrafo Ulises Ruiz, quien esa ocasión era mi compañero en mi entrevista asignada en Puebla, estaba atento a cualquier movimiento que hiciera el doctor. Habíamos contemplado varios escenarios factibles para poder obtener unas declaraciones y las fotos del boliviano: que accediera a hablar el tiempo que él considerara necesario o que llamara a seguridad por haberme hecho pasar por una de sus pacientes y que tanto a mí como a mi esposo falso —Ulises Ruiz— nos sacara del hospital. Teníamos previstas esas dos posibilidades y ambos estábamos nerviosos. En ese entonces me dedicaba a hacer entrevistas con escritores, y la mayoría de ellos posa junto a sus libros, ofrece sus mejores ángulos, sonríe y algunos casi modelan.

Esta vez era distinto. El marido falso y yo estábamos en la sala de espera. Él llevaba escondida su cámara en una mochila naranja que siempre cargaba al hombro y, a pesar de que lo delataba una risa nerviosa, decía que estaba preparado para todo.

Antes de pasar a la consulta recordé los fragmentos de héroes que acompañan a la historia. Las manos del Che son célebres como la pierna de Santa Anna, el brazo de Obregón o la cabeza de Pancho Villa.

¡En qué historia me involucró Hinojosa esta vez! Yo tenía claro que el 10 de octubre de 1967, el doctor Abraham Baptista recibió en el Hospital San José de Malta el cuerpo del Che Guevara. Durante esa época, él era director del nosocomio y también se desempeñaba como médico del batallón Pando. En la autopsia que realizó también participó el internista José Martínez Casso. En el acta de defunción se lee: “Su fallecimiento se debió a múltiples heridas de bala en tórax y en las extremidades”. Y dicho documento estaba firmado por el doctor que estaba a punto de atenderme.

La enfermera anunció que mi cita era la siguiente, me hizo llenar un formulario con antecedentes familiares de cáncer en mi familia, el motivo de mi visita y demás referencias. Era el formato habitual para iniciar un expediente médico. Recuerdo que inventé que mi cuerpo albergaba una bolita en el hombro, y no sabía si era de grasa o podría ser otra cosa. El asunto era llegar con el doctor y ya que se hubiera ido la enfermera, decirle el verdadero motivo de nuestra visita.

El oncólogo leyó primero lo que escribí y luego me miró. En ese momento revelé la razón de nuestra presencia. Hizo una mueca de incomodidad y dijo que iba a contestar algunas cosas en 15 minutos, no más.

“Antes de que pregunte cualquier cosa, déjeme aclararle que no es verdad lo que se cuenta en los libros, yo no le corté las manos al Che, fueron otros”, enfatizó.

—¿Quién o quiénes?

El doctor guardó silencio y fue inevitable no pasar por alto el águila disecada que tenía en un consultorio. Mirarle las garras al animal es lo que menos hubiéramos esperado de aquella cita.

“El cuerpo del Che tenía mucha personalidad, no se trataba de cualquier cadáver”, acotó el médico.

Tras la autopsia, el cadáver del guerrillero permaneció un par de horas en la morgue. Tiempo después no se supo en qué lugar fue enterrado. Según el oncólogo, pocos conocían realmente el sitio en donde fueron depositados los restos del Che y duda que sean los que se encuentran en Cuba.

Sabía que nuestra presencia era incómoda para el doctor. No obstante, tenía que cumplir con ese trabajo y todavía no veía que llegaran los elementos de seguridad por nosotros. Pero no dejaba que le hiciera preguntas, emitía aseveraciones: “No tengo nada que ocultar”.

Aclaró que nunca tuvo en su poder el reloj que le pertenecía al Che, como se sugiere en los libros. No tardó en reconocer que se trataba de otra deformación de los hechos y que si él hubiera deseado algún objeto del guerrillero, en todo caso hubiera elegido un vademecumque el argentino utilizaba para sus consultas médicas. “Les pedí que me dieran ese libro, les expliqué que a mí como médico me podía servir, pero se lo quedó un agente de la CIA. Y si el Che traía un reloj, se lo quitó otra persona. Cuando el cadáver llegó al hospital ya no traía ningún reloj”.

Lección de anatomía

Si se revisan las fotografías de Freddy Alborta, las últimas imágenes que le tomaron al Che, se tiene la impresión de que su cuerpo descansa plácidamente sobre una cama de enfermo. El trabajo de Alborta, a quien se le conoce como el “partero de la eternidad de Guevara”, ha sido comparado con dos cuadros de la pintura universal: La lección de anatomía del doctor Tulp, de Rembrandt; y Lamentación sobre Cristo muerto de Mantegna. Recuerda el doctor Moisés Abraham: “El cuerpo tenía varios impactos de bala, había una herida ancha y profunda en la espalda, parecía que no era de proyectil pero sí lo era”.

—¿Después de practicarle la autopsia le cortaron las manos?

—No, fue antes.

—¿Es verdad que estaban indecisos si cercenarle la cabeza o las manos?

—Sí, eso es cierto.

—¿Es cierto que el agente de la CIA, Félix Rodríguez, hizo notar que con un solo dedo bastaba para identificar al guerrillero?

—No, le cortaron las manos completas.

—¿Usted le cortó las manos al Che?

—No, yo no se las corté. A mí no me interesaba si se las cortaban o no; se trataba de gente que quería tener una identificación de él y, claro, lo lograron.

—¿Otros médicos participaron?

—Ni siquiera fueron médicos.

—¿Recibieron la orden del general Ovando?

—No, tampoco. Estaban Zenteno Anaya y otros militares.

—¿Del general Toto Quintanilla?

—Sí tuvo que ver con todo lo relacionado con el Che, antes y después de la autopsia. Yo no sabía que Toto Quintanilla era agente del ejército de Bolivia y, al mismo tiempo, pertenecía a la CIA. Eso lo supe más tarde.

En Ernesto Guevara, también conocido como El Che, Paco Ignacio Taibo II recoge el testimonio de un periodista de la agencia UPI: “La transparencia, levemente acuosa de unos ojos verdes expresivos, además de una especie de sonrisa enigmática que levemente se dibujaba en el rostro, daban la impresión de que aquel cuerpo estaba con vida. Pienso que más de uno, de la veintena de periodistas que fuimos a Vallegrande, aquel 10 de octubre de 1967, solo esperáramos que Ernesto Che Guevara nos hablara.”

El Che y Tania

Durante la autopsia al Che Guevara le hicieron una mascarilla para conservar su rostro. El oncólogo asegura que su cara nunca se desfiguró, como se ha dicho: “Yo les había pedido unas mascarilla del Che, quería conservarla, pero no me dieron nada”, indica.

A Abraham Baptista también le tocó reconocer el cadáver de Tania, la guerrillera que viajaba con el Che. Desmiente que ella estuviera embarazada y que esperara un hijo del guerrillero: “La verdad es que Tania no murió en un enfrentamiento; se ahogó en un río, se hundió por todo el peso que llevaba. A los ocho días se rescató el cuerpo y prácticamente no tenía cabello, estaba irreconocible. Su rostro era muy impresionante”.

Jorge G. Castañeda describe así a Tania: “Ella encarnaba a una especie de groupie revolucionaria, lógicamente fascinada por el embrujante personaje que conoció en Berlín seis años atrás”.

Errores de estrategia

—¿Cuál fue el error del Che?, ¿subestimar al ejército boliviano?

—Lo que pasa es que el Che no supo dónde hacer una lucha armada. Bolivia, en apariencia, es un lugar idóneo para ese movimiento porque hay mucha miseria, problemas sociales y económicos. Lamentablemente el Che murió ahí, abandonado por la gente que lo envió: no tenía medicamentos, estaba prácticamente incomunicado y no había posibilidades de que pudiera subsistir. Vallegrande, en aquellos días, tenía una carretera en muy malas condiciones y el terreno era difícil de explorar. La captura del Che no fue propiamente obra del ejército bolivariano sino de la gente del campo que dio aviso de su ubicación.

El de Ernesto Che Guevara es un nombre sin reposo. En Vallegrande, Bolivia, donde llevaron sus restos tras ser ejecutado, los campesinos siguen en la misma miseria y abandono. “Che, vivo como nunca te quisieron”, está escrito en una pared de adobe. Al menos ha dejado un resquicio de esperanza. A pesar del tiempo, aún hay líneas que anexar a esta parte de la historia.

En el prólogo al Diario del Che en Bolivia, Fidel Castro apunta: “Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables enemigos tuvieron que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba”.

El símbolo de la lucha revolucionaria, visto como un santo o un demonio, cuenta con un expediente posterior a su muerte poco explorado. Si no fue Moisés Abraham Baptista, ¿entonces quién de la milicia le cercenó las manos que libraron una incansable lucha en aras de una insurrección?

El oncólogo no dijo más. Abruptamente dio por terminada la entrevista que nunca fue una cita médica. Su boca es una tumba.

Los recuerdos lo vencieron por minutos, luego se dejó vencer por el silencio. De esta lucha entre la palabra y el mutismo, escapa de nueva cuenta una frase: “Yo no le corté las manos al Che. Ya déjeme en paz.”

Epílogo

Tuvieron que pasar 50 años de la muerte del Che para que el doctor boliviano, residente en Puebla, ampliara su versión de lo ocurrido.

El doctor indica que obtuvo la nacionalidad mexicana desde 1974, cuando contrajo matrimonio con una mujer mexicana, siete años después de la muerte del Che.

El médico dice que solo dos veces ha conversado con periodistas: en los treinta años de la muerte del Che con Guillermo Ochoa y ahora que ya pasó medio siglo del fallecimiento del guerrillero, durante una entrevista que supuestamente tuvo con Leticia Montagner y Raúl Torres Salmerón y que estos últimos difundieron en Proceso.

Moisés Abraham Baptista, al parecer, omite decir que ya había hablado sobre la muerte del Che en otros medios de comunicación.

Parece que el doctor ahora se puso de acuerdo con los periodistas para contar su versión y que no fuera interrumpido con preguntas incómodas porque, a fin de cuentas, se trata de su verdad. En la presunta conversación con Montagner y Torres Salmerón se anuncia que próximamente se publicará un libro titulado Yo hice la autopsia al Che Guevara.

Lo central en esta entrevista es lo siguiente:

*Reconoce que mintió a la prensa internacional al declarar que el Che murió a causa de un enfrentamiento con varios disparos en el cuerpo (nueve). Fue ejecutado con un tiro en el corazón. Debían hacer creer que había terminado sus días en combate.

*Toto Quintanilla apuntó que la CIA quería cortarle la cabeza al cadáver del Che, como una prueba inequívoca de su muerte, pero el doctor Abraham los convenció de que eso no era ético, por eso sugirió que fueran las manos.

*Las manos del Che fueron colocadas en formol y luego sobre un periódico para tomarle una foto y tenerla como una prueba o trofeo.

*La mascarilla que se hizo del rostro del Che se realizó sin el material adecuado, con velas que encendían en la noche porque no había alumbrado eléctrico. Al quitarle la mascarilla se adhirieron pedazos de piel, pelo, cejas y pestañas. “La cara del Che era impresionante”, puntualiza el oncólogo.

*Toto Quintanilla le cortó las manos al cadáver del guerrillero, dirigido por el doctor Moisés Abraham. En esa habitación solo había tres personas: Toto Quintanilla, Gustavo Villoldo y el doctor.

*El doctor se quedó con un recuerdo del Che, a manera de suvenir: una camisa color caqui, llena de sangre. La prenda ha estado en cajas de seguridad de bancos.

*La camisa, según Abraham Baptista, tiene dos funciones básicas: revelar cómo murió realmente el Che y, con ayuda de esa tela, comprobar si los restos que están en Cuba, en donde dicen que descansa el cuerpo del guerrillero, corresponden o no a Ernesto Guevara.

***

La intención del doctor Moisés Abraham Baptista recuerda una escena de la película Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock, en donde el personaje de Scottie (James Stewart) le dice a Judy (Kim Novak): “No se pueden guardar recuerdos de un crimen. No debiste… no debiste… ser tan sentimental”.

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, periodista y editora.

Mínima Moralia

Carta Abierta a Antonio Gali Fayad/Gobernador del Estado de Puebla



No puede imaginar cuan cara se paga la falta de contemporaneidad. K Brandys

Pero (además voy a) pedir a organizaciones, a consejos ciudadanos, que vayamos de la mano. Y el que no cumpla también que tenga una sanción. Porque es muy fácil desde un aula o desde una rectoría criticar, pero yo pregunto, y estoy hablando en general ¿eh?, a ese colegio, esa prepa, esa secundaria, esa universidad, ¿dónde están tus cursos de prevención a delitos contra las mujeres?, ¿dónde están las pláticas que estás realizando? No las veo. Gobenador de Puebla Tony Gali

Gobernador Gali, la tarea de la universidad consiste en generar conocimientos, opinión pública, reflexiones, sobre distintos ámbitos de la condición humana. A la par de ello, la tarea de las universidades es promover la investigación y la difusión de las culturas; desde luego, incentivar ciencia aplicada, en el entendido de que ésta no puede reducirse a la de un instrumento al servicio de nadie y mucho menos suplir las tareas que el Estado ha incumplido en distintas áreas.

Sí, gobernador, generar conocimientos.



Y lo subrayo, conocimientos, siempre y cuando éstos se problematicen, se indague en sus condiciones de posibilidad en relación a la historia y la política, tanto en el vasto mundo de las ideas como de las creencias; después de todo, no hay conocimiento neutral; existe un vínculo incuestionable entre saber y poder y, al respecto, la universidad tendría la tarea de formar hombres y mujeres con un verdadero compromiso ético; hombres y mujeres que día a día luchen por construir un país menos desigual, más justo, más democrático. Hombres y mujeres verdaderamente críticos que sean capaces de cuestionar y cambiar las condiciones de vida que un régimen económico y político como el nuestro les ha impuesto y nos ha impuesto a todos los habitantes de este país, desgarrado por la violencia, la corrupción, la impunidad.

La tarea de una universidad es mucho más grande que la de garantizar mano de obra al sistema productivo; mucho más que la de formar consumidores pasivos tanto de ofertas económicas como políticas. Resulta una contradicción que acuse a las instituciones educativas de corresponsabilidad respecto a la situación de inseguridad que priva en Puebla y al mismo tiempo descalifique a un conjunto de académicos que ofrecimos un diagnóstico objetivo y preciso, así como algunas vías alternativas de solución, al problema de la inseguridad en Puebla, por la única razón de cuestionar la política de Estado en la materia, cuando ésta demostró su absoluto fracaso y no sólo por razones de incapacidad técnica, sino porque abajo del problema de la violencia e inseguridad en el Estado se extiende un lecho de corrupción e impunidad que usted no se ha atrevido a tocar hasta sus últimas consecuencias, y que, a contrapelo de lo que usted indica, no empieza en su periodo de gobierno, sino se remonta a muchos otros, particularmente al de Rafael Moreno Valle, lapso en el cual la violencia e inseguridad en Puebla crecieron exponencialmente. De suerte, pareciera que usted intenta descargar la responsabilidad de su antecesor y endosársela enteramente a usted mismo. Pero no es así. En último caso, gobernador, lo que le hace falta es investigar, hasta sus últimas consecuencias, la responsabilidad de la clase política de la situación que priva en la entidad.

El señalamiento que hace de modo particular a las universidades privadas destaca, a la vez, el lamentable desdibujamiento de nuestra universidad pública de los grandes debates contemporáneos; desdibujamiento que obedece a la imposición de un modelo educativo que, en aras de la eficiencia, sólo ha hecho privar la competencia, la promoción del éxito individual, la simulación, el espectáculo, un ejercicio eminentemente patrimonial del poder. Entonces, ¿cómo exigir a los educandos una mayor participación en la vida pública cuando lo que verdaderamente se premia es todo lo contrario, cuando la universidad ha perdido un margen de verdadera autonomía que le permitiera mantener una posición crítica frente a distintos poderes? ¿No es un derecho inalienable en una sociedad democrática la protesta social?, entonces, ¿por qué defenestrar a los rectores que la han encabezado, apoyados en la calidad moral que todavía tienen algunas universidades en México? Lo reprochable, en último caso, es la ausencia de la Universidad Pública en un asunto que ha lastimado tanto a la sociedad poblana.

El intelectual, dice Edward Said, siempre tiene la posibilidad de escoger, o bien poniéndose de parte de los más débiles, los peor representados, los olvidados e ignorados, o bien alineándose con los más poderosos. El intelectual, continúa Said, no es un pacificador ni un fabricante de consenso, sino más bien alguien que ha apostado con todo su ser en favor del sentido crítico, y que por lo tanto se niega a aceptar fórmulas fáciles, o clisés estereotipados, o las confirmaciones tranquilizadoras y acomodaticias de lo que tiene que decir el poderoso o convencional, así como lo que éstos hacen. No se trata sólo de negarse pasivamente, sino de la actitud positiva de querer afirmar eso mismo en público. Y esos rectores ya han elegido de qué lado están, amén de visibilizar la condición siniestra que viven muchos ciudadanos en Puebla.

Lo grave de sus declaraciones, gobernador, es que muestra su talante antidemocrático y su intolerancia a la crítica y al disenso. Responsabilizar a algunas instituciones del aumento de violencia en Puebla debido a que no han ofrecido los suficientes cursos para prevenirla es una verdad a medias y producto de la miopía, porque nuestra tarea, repito, no es la que corresponde a una academia de policía. Al menos que su solicitud remita al carácter policial y predictivo con el que nacieron la psiquiatría y otras ciencias en su cruce con los aparatos jurídicos durante los siglos XVIII y XIX y que ya bastante bien estudió M. Foucault.

Por otra parte, hay que rechazar cualquier discurso, provenga de donde provenga, que pretenda legitimar la menor restricción del ámbito privado de los ciudadanos en general y, en particular, de las mujeres, si no queremos avalar una posición eminentemente conservadora y peligrosamente autoritaria. No es restringiendo la libertad de los individuos como volveremos a una supuesta normalidad. La tarea del Estado no es la de acotar las libertades y los derechos ciudadanos o incidir en su vida privada, sino garantizar esas mismas libertades y derechos.

Al último, pensar que penalizar el acoso callejero disminuirá en algo la violencia contra las mujeres no sólo pasa por una mala ocurrencia: descarga al Estado de su responsabilidad para garantizar la seguridad y libertad de las mismas; por experiencia histórica, sabemos que la creación de fiscalías para la investigación de delitos particulares no ha arrojado ningún resultado positivo y sí en cambio lo único que ha conseguido es engrosar el aparato burocrático a costa del erario público; no es necesario seguir generando instancias paralelas a las ya reconocidas constitucionalmente, sino conseguir que éstas desempeñen integralmente su cometido.

Nosotros sí estamos cumpliendo " desde el aula" con la responsabilidad de formar seres humanos pensantes y críticos. Pero, usted, gobernador, no ha podido acatar una de las tarea para la cual fue electo: garantizar la más elemental seguridad de los ciudadanos.

En Puebla, a 28 de Octubre del 2017

Juan Carlos Canales F.

Jueves, 26 Octubre 2017 00:00

Relato de un líder social en la cárcel

Mundo Nuestro. Este texto fue elaborado por Rubén Sarabia Sánchez, Simitrio, y presentado como carta de denuncia el 13 de noviembre del 2013 al Jurado de la Audiencia Transversal del Tribunal Permanente de los Pueblos, Capítulo México. En ella el dirigente describe su detención en julio de 1989 y las condiciones en las que vivió durante los años de encarcelamiento en los penales de Puebla, Puente Grande y Alomoloya hasta el año 2001, cuando se otorgó la libertad condicional con la prohibición anticonstitucional de no regresar a Puebla.

El documento completo puede leerse en la siguiente liga: http://es.slideshare.net/simit-rita/seores-del-jurado

La foto de portadilla fue tomada del periódico digital Central.



El día 4 de julio de 1989 en la ciudad de México, Distrito Federal, un grupo de más de treinta agentes de la Policía Judicial del Estado de Puebla sin orden de aprehensión me detuvieron e inmediatamente me trasladaron a la ciudad de Puebla donde me encerraron en una celda clandestina que tenían en el mismo edificio de la Procuraduría General de Justicia del Estado. Ahí me tuvieron sentado y vendado de los ojos durante casi ocho horas durante las cuales me tuvieron permanentemente vigilado por dos agentes que alternativamente cortaban cartucho de sus rifles vaciando sus cargadores a fin de causarme temor y angustia.

Alrededor de las nueve de la noche de ése mismo día me trasladaron de regreso a la ciudad de México. En el trayecto por lo menos en tres ocasiones, además de estar vendado de los ojos, me pusieron una bolsa de polietileno en la cabeza cerrándola a la altura del cuello causándome asfixia. En el D.F. en una de las instalaciones de la Procuraduría del D.F. me entregaron a la policía judicial del D.F. En este lugar primero me pusieron en una galera en la que estaban presuntamente detenidos algunos ex agentes de la desaparecida Dirección de Investigaciones Políticas a los que reiteradamente golpeaban en mi presencia. Ya en la madrugada del día 5 de julio me reubicaron en una celda en la que me dejaron solo recomendándome “no te vayas a colgar”.

En la mañana del mismo 5 de julio fui trasladado a una de las instalaciones de la Procuraduría General de la República donde me ubicaron en una galera, solo, que colindaba con otra que presuntamente usaban como sala de tortura física, digo “presuntamente” porque se escuchaban gritos y “ayes” de dolor con expresiones de “ya, por favor, ya no me sigan golpeando”, etc.

En la noche del día seis madrugada del siete de julio me trasladaron de regreso a Puebla donde en el CE.RE.SO de “San Miguel” me esperaba un enorme contingente de agentes judiciales y policías estatales –incluyendo granaderos- fuertemente armados con armas de alto poder, muchos de ellos parapetados en las bardas, la puerta de acceso a la aduana de vehículos, el patio interior (estacionamiento), etc. Hasta la mañana del día siete el gobierno del estado hizo oficialmente pública mi detención y encarcelamiento en el CE.RE.SO. Es de señalar que durante éste tiempo ante mis familiares, compañeros y amigos estuve en calidad de DESAPARECIDO toda vez que las autoridades estatales y federales negaban tenerme detenido y hasta se “comprometían” a ayudar a localizarme.



Se me instruyeron ocho procesos penales: dos del fuero federal (3/989, Juzgado cuarto de Distrito en materia penal y 135/989, Juzgado quinto de Distrito en materia penal) y seis del fuero común (337/985, juzgado 1° de Defensa Social, 507/986 Juzgado Segundo, 156/989 Juzgado Séptimo, 141/988 Juzgado Octavo, 249/989 Juzgado sexto, y 113/989 Juzgado Quinto) como presunto responsable de la comisión de delitos como posesión de arma de fuego de uso exclusivo de las fuerzas armadas, acopio de armas, rebelión, incitación a la rebelión, posesión de mariguana, secuestro, despojo, daño en propiedad ajena, robo, robo de vehículo, lesiones, y de otros delitos más, nada más faltó que me acusaran de violación.

La autoridad ejecutora sumo todas y cada una de las sentencias dictadas por los jueces y ratificadas o modificadas por los magistrados de segunda instancia y los jueces de amparo, imponiéndome una sentencia en total de 121 (ciento veintiún) años y 4 (cuatro) meses de prisión.

En la compurgación de tal sentencia me tuvieron confinado en la celda N°2 del área de visita íntima a cuya puerta, además del cerrojo normal, le pusieron tres candados más, un custodio durante las 24 horas del día en la puerta, a la única ventana que había la tapiaron con una placa de metal, no me permitieron ver el sol, y durante las visitas de mis familiares y mis abogados defensores siempre había un custodio en medio de nosotros apuntando todo cuanto hablábamos. Además cada vez que mis compañeras y compañeros de organización hacían una manifestación o alguna declaración pública contra la represión y exigiendo mi libertad, me castigaban hasta por ocho días quitándome la ropa de la cama, suspendiéndome el paso de los alimentos (a mis familiares sí se los recibían, pero me los entregaban varios días después y ya descompuestos), el agua para bañarme y del sanitario también me la quitaban. De julio de 1989 a principios de 1993 no me permitían el acceso a libros, periódicos ni revistas. Tan es cierto que todo esto y más era verdad que la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió la RECOMENDACIÓN 7/91 señalando que la situación en que me tenía el gobierno es (era) una especie de tortura, pero el gobierno no hizo caso a dicha recomendación sino hasta febrero de 1993.

No recuerdo si fue en 1991 o 1992 pero el caso es que en una hoja que tenía impresa la fotografía de una persona muerta (derivada de los incidentes ocurridos en las instalaciones del diario La Jornada) escribieron con máquina la leyenda de “CUANDO VEAS LAS BARBAS DE TU VECINO CORTAR, ÉCHA LAS TUYAS A REMOJAR”.

En la tarde del día 10 de diciembre la policía federal me trasladó al DF de donde en avión me trasladaron al aeropuerto de Tampico, Tamaulipas, para recoger a varios presos comunes. En el viaje en más de una ocasión amenazaron con arrojarme del avión (hicieron los movimientos correspondientes) porque según los federales ésas eran las órdenes que les dieron sus superiores. De Tampico nos llevaron al aeropuerto de Guadalajara, Jalisco, y de ahí al CE.FE.RE.SO N°2 de Alta Seguridad de Puente Grande, Jalisco. Ahí se me ubicó en el módulo 1, que estaba destinado a los cabecillas de organizaciones y bandas delincuenciales. Todos los módulos (ocho en total) tienen dos secciones, A y B; en el módulo 1 habíamos tres presos, los dos estaban en la sección A y yo en la celda del fondo de la sección B, se me prohibió cantar, empecé a silbar las canciones, pero también me prohibieron silbar, me daban la comida con gusanos y hasta cucarachas vivas, lo cual reporté a los custodios, a los comandantes del módulo y hasta mostré en las cámaras de vigilancia al centro de control, no se me hizo caso por lo que mis familiares y compañeros presentaron la queja ante la Secretaría de Gobernación del gobierno federal, pero en lugar de resolver el asunto, la directora (Celina Oceguera) del CE.FE.RE.SO un día de visita se metió al cubículo de visita familiar a reclamarme por la queja y a decirme que ella comía los mismos alimentos que yo. En la noche de ese día me reubicaron al módulo cuatro, en el que estaban los internos farmacodependientes y/o con problemas mentales y emocionales, uno de ellos trató de agredirme diciéndome “tú no eres como nosotros”, después de casi un año me reubicaron al módulo 8.

El 27 de octubre de 1997 me trasladaron al CE.FE.RE.SO N°1 de Alta Seguridad en Almoloya, Estado de México, entonces conocido como “Almolóya”, luego como “La Palma” y ahora como “Del Altiplano”, de donde fui excarcelado el día 11 de abril de 2001.

Para sacarme de la cárcel el gobierno del estado de Puebla (porque el gobierno federal dio por compurgadas las sentencias del fuero federal) me impuso condiciones preliberacionales (avaladas por el gobierno federal, y que yo les llamo “extracarcelarias”) que vencen en febrero de 2015 y que violan las garantías y los derechos humanos consagrados en la Constitución, por ejemplo: se me impuso la ciudad de México como ciudad de residencia, no se me permite reincorporarme con mi familia, que vive en Puebla, no se me permite viajar sin permiso por el país (para que se me dé permiso tengo la obligación de informar sobre el día y la hora, la línea de autobuses, el número de autobús y hasta el número de asiento en que voy a viajar además del lugar al que voy), etc., debo aclarar que ahora se me permite hacer muchas de las cosas que se me prohíben en las condiciones, pero ello sin que hayan cancelado dichas condiciones sino como un favor del gobernante en turno y como una muestra de que “respeta los derechos humanos”.

Como dije, las condiciones vencen en febrero de 2015, o sea dentro de 14 meses, pero el gobierno ya está tomando previsiones para no otorgarme la libertad plena e incondicional: me está instruyendo proceso penal (108/2013, Juzgado Segundo de lo Penal, Distrito Judicial de Guridi y Alcocer) en el Estado de Tlaxcala por el delito de despojo de unas tierras que no conozco ni se dónde están ubicadas, propiedad de personas que tampoco conozco, y por medio de una toma de tierras hecha por un grupo de personas que entonces no conocía. A pesar de que las personas que hicieron la toma han declarado pública y procesalmente que nada tengo que ver, a pesar de que las personas que me inculpan no han comparecido a ratificar la denuncia ni a aportar las pruebas correspondientes, a pesar de ello el juez mantiene abierto el proceso. Por cierto, es importante denunciar que el gobierno usó al TRAIDOR HÉCTOR JOSEPH CID como encargado de hacer que los presuntos propietarios me denunciaran penalmente, digo que es traidor porque él fue uno de los activistas de la UPVA pero por no resistir la presión de la persecución de que, junto con otros dos activistas, fue objeto desde 1989, en 1995 se vendió al gobierno entregándole el control de la colonia popular Barranca Honda, fundada en 1987 por la UPVA “28 de Octubre” bajo mi dirección, además delató y personalmente señaló a varios compañeros que luego fueron encarcelados. A cambio el gobierno le regaló el título de médico, le posibilitó hacer negocios de venta de material de construcción, y le ha permitido –y ayudado a- acaparar y traficar con la venta de lotes de terreno para vivienda, algunos terrenos son de los que se apodera de la tierra desecada de la laguna que está en la entrada de Tlaxcala, y otros terrenos son de los que despoja a sus legítimos propietarios con el apoyo de las autoridades judiciales y gubernamentales (algunos ejemplos: a.- le pide al propietario que le venda su terreno, el propietario se niega, Héctor hace que una joven denuncie al propietario por violación o violación en grado de tentativa, el propietario es apresado, Héctor ofrece ayudarlo para que la muchacha le otorgue el perdón, pero a cambio el propietario debe firmar la cesión de los derechos de su tierra; b.- le pide al propietario que le venda su tierra, éste acepta, hacen un trato con pago a plazos, Héctor regresa diciéndole al propietario que puede liquidarle en un solo pago porque le van a dar un crédito o préstamo, pero para ello necesita una escritura, que él no tiene, así que le pide al propietario que le dé su escritura firmada para presentarla y así pagarle de una vez, el propietario cede, pero Héctor ya no regresa y cuando el propietario reclama el pago o la escritura Héctor responde que no debe nada, que tan es así que con su puño y letra el propietario firmó la escritura, y además lo amenaza con meterlo a la cárcel). En pago por hacer que los presuntos propietarios me inculparan, el gobierno le regaló la candidatura por el PANAL a diputado local en Tlaxcala, candidatura que fue respaldada por los líderes charros de la gobiernista sección XXXI del SNTE, la oportuna denuncia de este maridaje impidió que se encumbrara como diputado local. El gobernador de Puebla es panista, el de Tlaxcala es priísta, pero ocurre que en Puebla y Tlaxcala el PANAL es aliado electoral del PAN, pero sobre todo no debe perderse de vista que el PRI y el PAN son los principales partidos con los que la clase dominante ha estado y está imponiendo las medidas con las que está entregando nuestro país al imperialismo estadounidense, y eso, como sabemos, está causando enorme y creciente descontento entre el pueblo y lo está lanzando a la lucha, cosa que al gobierno no le conviene por lo que el gobierno trata a toda costa de impedir que el pueblo se organice y luche, de someter y controlar a las organizaciones de lucha ya existentes, y sobre todo busca destruir a las organizaciones que no pueda someter o que cuya destrucción sirva de ejemplo a las demás sobre lo que les pasará si no se calman. De ahí que el propósito es condenarme culpable, no tanto para encarcelarme por ése delito pues en Tlaxcala no es un delito grave y se puede pagar con fianza o caución, sino para tener el pretexto de que supuestamente violé las condiciones preliberacionales y, por ello, justificar que me regresen a la cárcel a compurgar la sentencia acumulada anterior. Todo con el fin de seguir teniéndome en calidad de rehén hasta que muera o me asesinen.

Al respecto denuncio que además de la amenaza de muerte de que fui objeto por medio del panfleto dejado en la celda del CE.RE.SO de San Miguel en Puebla, también he recibido al menos otras cuatro amenazas de muerte: la primera fue hecha a fines de 1992 por el entonces sub secretario de gobernación Mario Marín Torres diciéndole a mi esposa y compañeras y compañeros de la comisión negociadora “el gobierno está muy preocupado porque con motivo de las fiestas decembrinas podría haber un motín en el penal durante el cual los internos asesinen a Simitrio, o al entrar a controlar el motín la misma policía podría matarlo ‘sin querer’”; la segunda tuvo lugar unos días después de que fui excarcelado en abril de 2001, en la instalaciones de la Secretaría de Gobernación Federal, por el sub secretario de asuntos políticos al decirle a las compañeras y los compañeros de la Comisión Negociadora, que había acudido a demandar la cancelación de las condiciones, que “ustedes saben que en las luchas sociales hay represión y que durante ella hay encarcelados y lesionados y hasta podría haber muertos, así que recomiéndenle a Simitrio que mejor se dedique a estudiar y a trabajar”; la tercera fue hecha en la Secretaría de Gobernación del Gobierno del Estado de Puebla por medio de la sub secretaria B al decir “hay mucha gente descontenta conque Simitrio haya salido de la cárcel y cualquiera de esa gente descontenta podría ‘venadearlo’ y el gobierno no podría garantizar su seguridad, así que es mejor que se quede en el D.F.”; y la cuarta se hizo por medio de una llamada a mi teléfono celular en la que una voz de varón me dijo “te va a llevar la chingada, te va a cargar la verga”. Hasta ahora el gobierno, en el nivel federal ni en el estatal, ha desmentido tales amenazas de muerte ni se ha deslindado de ellas, por lo que verdaderamente existe el peligro de que en cualquier momento y con cualquier pretexto, bajo cualquier disfraz, cumplan las amenazas de muerte. Por respeto a la compañera Mesinos, dirigente de la Organización Campesina Sierra del Sur, en el Estado de Guerrero, no está bien decirlo, pero ahí está su caso: ella fue amenazada de muerte en 1994 y apenas hace unas semanas la compañera fue asesinada.

Es preciso denunciar que todo lo anterior no se debe nada más ni principalmente al hecho de que soy dirigente social sino fundamentalmente a que todo eso es parte importante de un proceso iniciado desde el mismo 2001 por el gobierno para DESTRUIR A LA UPVA “28 DE OCTUBRE” CON LA REPRESIÓN Y LA DIVISIÓN TRAICIÓN pues el gobierno sabe que siendo uno de los más importantes factores de unidad y soporte de la organización, tan pronto como yo sea eliminado (ya sea por medio del reencarcelamiento o del asesinato) casi en automático la organización en su conjunto se desplomará y se fracturará desatándose una despiadada lucha fratricida por ver quién se queda con la mayor cantidad de pedazos o con los pedazos más grandes o con los mejores pedazos, puesto que el gobierno ha estado ocupado, además de en el hostigamiento, la intimidación y el amago con la represión a través del ejército, las policías federal, estatal, ministerial, y municipal, además de eso el gobierno ha estado ocupado en fomentar el individualismo y el grupismo egoísta, avaro, envidioso, ambicioso, convenenciero y oportunista (que son la base de la división y la traición); pues quienes caen en poner por delante sus intereses individualistas y grupistas promueven chismes, rumores, intrigas, infundios y otros ataques perversos contra las masas, los activistas y los dirigentes generando desconfianza, desmoralización, desmovilización y división en las filas de las y los integrantes de la organización, todo con el fin de justificar el hecho de que los más destacados individualistas y grupistas asumen y manejan al área o centro de trabajo en que venden como si fuera “su” territorio particular, “su” negocio particular y hasta como “su” organización particular dentro de la UPVA “28 de Octubre” pero con una política diferente y hasta contraria a ella. Esto tiene su origen en el hecho de que cada vendedor o vendedora es propietario o responsable del lugar, puesto o local en que vende; en que, por lo mismo, solo les importa o les importa principalmente que en su lugar haya las mejores ventas posibles y no les importa, o les importa poco, si en los demás lugares hay o no ventas; para lograr mejores ventas algunos caen en la actitud de invadir pasos y pasillos, bloquear la visibilidad, elevar el volumen de sus aparatos electrónicos (tv, video, etc.), etc., y, peor aún, hay quienes con tal de vender sólo ellos, atacan a los demás vendedores, sobre todo a los que consideran su competencia. Así pues, sobre la base de hostigar, intimidar y amagar con la represión, el gobierno fomenta la división y la traición por medio de alentar al individualismo y el grupismo, de modo que se trata de un ataque convergente: desde afuera con la represión, desde adentro con la división traición, para converger en LA DESTRUCCIÓN DE LA UPVA “28 de OCTUBRE” COMO INSTRUMENTO DE LUCHA DE LOS VENDEDORES Y AL SERVICIO DEL PUEBLO EN LUCHA POR LAS DEMANDAS EN FUNCIÓN DEL PODER. Este tipo de operaciones es parte de la guerra de baja intensidad contra el pueblo, por lo que la destrucción de la UPVA tendría repercusiones latamente negativas para el movimiento social nacional.

Jueves, 26 Octubre 2017 00:00

La noche del 28 de octubre de 1973

Mundo Nuestro. La memoria histórica debería empezar por lo inmediato. Por ejemplo, por lo que ocurrió una noche en las calles que rodean el edificio del Mercado de la Victoria. 1973, 28 de Octubre, el nombre que guarda en 41 años la historia de resistencia de los pobres de la ciudad de Puebla. La historia contenida en estos testimonios revela por principio nuestra ignorancia. Una ciudad que no mira para atrás está condenada a sufrir gobiernos insensibles que cometen las mismas acciones criminales. Estos tres testimonios dan cuenta de una sociedad dividida. Y de una ciudad que, cuatro décadas después, comete los mismos errores.

Polo Noyola, antropólogo, ensayista y comunicador, es director del portal La Cultura en Puebla (http://www.laculturaenpuebla.org/). Las fotos que ilustran este texto fueron tomadas del portal de facebook Puebla Antigua (https://www.facebook.com/groups/puebla.antigua/)



A principios del 2014 la UPVA “28 de Octubre” de la ciudad de Puebla hizo un esfuerzo particular por recuperar y preservar un fragmento representativo de su presencia en el movimiento social urbano de la capital del estado, ayudada por un servidor, de lo que resultó un libro testimonial que esperamos que algún día vea la luz y se incorpore formalmente al acervo memorioso de los poblanos. Por ahora quisiera compartir un fragmento relativo a la noche del 28 de octubre de 1973 cuando el presidente municipal Luis Vázquez Lapuente (1972-1975) extendió su orden criminal de “limpiar” unas calles del centro de la ciudad, con un saldo indeterminado de víctimas.

A principios de los años 70 encontramos a la actividad ambulante convenientemente asentada en el centro de la ciudad, alrededor de La Victoria y en la 11 sur, entre la 12 y la 18 poniente, controlada por centrales priístas, líderes freelance y hasta por el Partido Comunista, cuando el activismo social partía sin ninguna ambigüedad de las preparatorias y algunas facultades de la Universidad Autónoma de Puebla. Una ciudad que cumplía una década cruzada por marchas estudiantiles que enfrentaban el autoritarismo disfrazado de religiosidad y de falsa moral; de un Primero de Mayo de 1973 signado por la violencia, el incendio y la muerte del dirigente Alfonso Calderón y otros jóvenes que se encontraban en el edificio Carolino y sus alrededores; un 28 de octubre donde, como veremos en los testimonios de doña Martha, doña Irma y don Rubén, no se midió la fuerza, el aparato represor cruzó las calles del centro destruyendo todo a su paso, triturando, incendiando, desapareciendo.

La noche del 28 de octubre de 1973

“Era un día de fiesta, se presentaba un día de Todos Santos y salíamos a vender, a trabajar allí en las calles, nos acomodaban como podían de a pedacitos de lugares, de un metro, de dos metros, a trabajar ahí; la gente humilde, la gente pobre, la gente necesitada. Entonces nos teníamos que quedar a cuidar nuestros pedacitos de lugares para ganar un sustento y llevarlo a la casa, pero ¿qué se suscita?, que en la noche nos mandan a los granaderos a golpearnos. Metieron maquinaria pesada, había muchos puestecitos, no había muebles ni cosas de valor, lo único de valor que había éramos los vendedores que estábamos ahí durmiendo. Yo estaba en la 3 norte, entre 14 y 3 norte, en ese momento nos tocaba dar un rondín para estar viendo qué pasaba, entonces llegaron con la maquinaria pesada y ahí, sobre el trozo de la 10 poniente, sobre la 3 norte y la 8 poniente, llegaron y aplastaron todo sin ver que ahí había quien estaba durmiendo; aplastaron todos los puestos, después rociaron gasolina y le dieron fuego a todo, le prendieron fuego. Debajo de estos puestos había niños y personas inocentes que fueron aplastados, atropellados y quemados ahí. Yo digo ¿por qué nos trata así el gobierno?, somos gente de trabajo, no somos gente mala, como siempre se nos ha achacado, somos vendedores que trabajamos para comer, para llevar un sostén a la casa. Eso pasó ese día. Era yo una niña de trece años. Si uno está ahí, uno lo vivió, uno lo pasó ahí. Lo que tú vives se te queda en la mente, o sea, no es tan fácil borrar lo que te pasa. Pero yo sí me acuerdo de la masacre que hubo ahí en la 8 poniente y la 3 norte, pues yo siento que estoy consciente de lo que estoy diciendo.” (Mercado Zaragoza)






No salí hasta que terminó

“Esa noche yo estaba a un ladito, porque vendía casi en la esquina de la 14 y me arrinconaba en un puesto que vendía periódicos. Cuando oímos el griterío y todo eso porque ya venían encima de toda la gente. Serían como la una o dos de la mañana. Yo estaba acompañada de tres de mis niños, de los diez que tuve, ya tenía tres niños; fue horrible, había de todo. Nos trataron no como seres humanos, como si fuéramos animales, así fuimos tratados. Yo corrí para la esquina contraria, donde había un zaguancito, que hasta la fecha está la casa, y ahí nos metimos. Ya no salí hasta que terminó. Duró horas. Como a las 4 de la mañana terminó, porque echaron lumbre, echaron gasolina y prendían. Mis hijos lloraban, oíamos gritos, vidrios quebrados. Le damos gracias a Dios que no perdimos a ningún familiar, pero vimos todo. Nos espantaban las lumbres que se veían. A la mañana siguiente era un desastre, dejaron el tiradero, no les importó, dejaron el tiradero, los difuntos estaban en la 8 poniente. Mucha gente que estaba dormida y que no sintió la llegada. Yo me imagino que unos quince muertos, por lo menos.” (Mercado Zaragoza)

Se llevaban a sus muertos

“Una represión brutal, se van sobre los puestos, sobre los vendedores, en camionetas bastante grandes de los inspectores y la policía, que en esa época les llamaban “las julias”; atrás de ellas vienen los granaderos golpeando a los vendedores con palos y demás; atrás de ellos o a los lados los policías judiciales y de los servicios especiales, que era una corporación ilegal, deteniendo a los que no lograban escapar, y golpeándolos; atrás de estos venía el Departamento de Limpia recogiendo escombros, barriendo. Y hasta atrás los bomberos barriendo con agua a fuerte presión, de manera tal que quedó totalmente limpio. Hubo ahí varios compañeros muertos, no se supo de la cantidad, nos llegaron el día después de ese 28 versiones de que había gente que agarraba a sus hijos muertos y se los llevaban; otros que llegaban a tener una camioneta o un coche, ahí se llevaban a sus muertos, en la idea de huir de la represión, porque la memoria histórica en Puebla, en ese aspecto, era en términos de que desaparecía el muerto y a veces la familia también ¿no? Tiene que ver un poco con los antecedentes de Maximino Ávila Camacho. Eso fue lo que ocurrió.” (Mercado Hidalgo)

Mundo Nuestro. Este texto fue originalmente publicado en Mundo Nuestro el 15 de enero de 2015.

“¡Avanzar, avanzar, al gobierno aplastar!”

La consigna proviene de una mujer muy joven, con un vozarrón que avasalla todos los demás gritos.

Es de Verduras, me dice una señora en sus cincuentas, muy orgullosa de la potencia de los pulmones de la muchacha. Y por un instante la imagino en alguno de los pasillos del Mercado Hidalgo ofertando sus jitomates. Sigo su voz decidida y contemplo en ella la historia de una ciudad que por más que expone en puentes, rascacielos y centros comerciales su modernidad a fuerza de espectaculares en inglés looking for de best amenities para la breve punta de la clase media alta, no puede hacer a un lado la lucha de clases.



La escena se ha repetido decenas de veces en los últimos cuarenta años. Muchas de las mujeres que veo entrar al zócalo el martes 13 a mediodía eran niñas cuando Simitrio encabezaba los plantones frente al palacio municipal en los años setenta. Es la 28 de Octubre, la única organización popular independiente de todo partido político que ha sobrevivido a la decisión del Estado de Puebla representado por siete gobernadores de desaparecer todo ánimo opositor ni organización de masas fuera de las siglas del PRI.

Ahí está el 28, como le decían en sus primeros años, en masculino, alertando de su raíz indígena originaria, una vez más, protestando. En femenino, el griterío: las marchantas, las verduleras, las vendedoras de flores, marchan en filas largas que alargan la columna, con un orden añejo, anterior a los recurrentes cambios de pavimentos y luminarias en la Reforma. ¿Qué ciudad es esta que nada más no las entiende? ¿Qué gobernantes tenemos que nada más logran sacarlas a la calle a mentarles la madre?

“¡Esta marcha va a llegar al Distrito Federal!”

Y allá irán el miércoles en caravana, decenas de camiones paralizarán la caseta de Texmelucan, y estarán en Bucareli en plantón a la misma hora que Moreno Valle nos cuente su historia.

“¡Presos políticos libertad!”.



Y allá denunciarán un sistema de justicia que en Puebla en estos últimos ochenta años no es más que un instrumento al servicio del gobernador en turno.

La historia de siempre con los ruidos propios. Y en el principio y en el final, Simitrio, hoy de 56 --tenía 15 en 1973, cuando los granaderos expulsaron una noche a los ambulantes de ese enredo campesino-mercantil que mantenía inundado de puestos el perímetro del Mercado de La Victoria--, detenido a la mala en diciembre, amenazado en enero con encadenarle cuarenta años más a su sentencia que cumpliría este 15 de enero, justo el día que los gobernadores eligieron hace tiempo para mirarse entera y colectivamente a sí mismos en el espejo de la seguridad que da su poder autoritario y soñarse eternos e iluminados.


Foto de Joel Merino.

Ahí estoy en el zócalo, admirado de la resistencia de estas mujeres que se hacen viejas en sus puestos, hechas a los modos inescrutables de sus líderes. Cuarenta años tengo de verlas. Cuarenta años de contar los modos irreparables de los políticos poblanos. El pueblo --ese abigarrado territorio organizado a pesar de todos los esfuerzos por exterminarlo y que resume tianguis y machete, altoparlantes y asambleas en los galerones de un mercado semiconstruído, semidestruido, pero irremediablente vivo-- contra el poder que toma cuerpo cada sexenio y que se reinventa a sí mismo con nombres propios: Moreno Valle, Bautista O’farril, Toxqui, Jiménez Morales, Piña Olaya, Bartlett, Melquiades, Marín, Moreno Valle.

En 1973, el desalojo y el arranque de un combate que duraría más de diez años hasta que Jiménez Morales construye los mercados Hidalgo, Morelos, Zapata, Independencia, Zaragoza, la patria en andadores verduleros, la única gran inversión pública para el aliento de la economía proletaria. La única y la última.

En 1989, con Mariano Piña Olaya, la represión gubernamental que aprovecha los errores y excesos de la organización que encabeza Simitrio (los taxistas golpeadores, las vecindades tomadas, por ejemplo), y encarcela al dirigente con acusaciones armadas exprofeso (narcotráfico, armamento exclusivo del ejército, etc) y le suman más 150 años de sentencia que se reducen a 12 y al paso por penales de alta seguridad, en los mismos penales que no retuvieron al Chapo Guzmán en el 2001.

En 1995, con Mario Marín Secretario de Gobernación de Manuel Bartlett y el asalto granadero al mercado Hidalgo, balaceras de por medio y pedrizas de una masa encabronada contra la cristalería del Palacio Municipal.

En el 2001 la liberación de Simitrio con Melquiades Morales, con el beneficio de libertad preparatoria --y aquí transcribo lo escrito por el abogado Samuel Porras en e-consulta (http://e-consulta.com/opinion/2015-01-14/simitrio-el-derecho-al-revesi) “respecto a la sanción de VEINTICINCO AÑOS CON SEIS MESES de prisión, que le impuso el Juez Quinto de Defensa Social de los de esta Capital, dentro del proceso número 113/89…, concedido por acuerdo del Titular del Ejecutivo del Estado. Desde esa fecha permaneció, en cuanto a su libertad personal, a disposición del poder ejecutivo que le impuso, entre otras obligaciones, la de: 9.- Observar una conducta intachable en forma permanente. Apercibiéndole que en caso de incumplimiento de alguna de estas obligaciones, será motivo suficiente para la revocación de su libertad y su reinternamiento al Centro de Readaptación Social que se designe por la autoridad competente.”

Un cuchillo en el cuello y la prohibición de poner un pie en la ciudad en los siguientes cinco años. Simitrio regreso en el 2006, llevó una vida dirigente tras bamabalinas. Hasta el año pasado, en noviembre, cuando encabezó por primera vez en treinta años una manifestación a este zócalo. El contexto: Chalchihuapan, Cholula, Canoa, y más complejo aún, Ayotzinapa y la rebelión nacional contra Peña Nieto. Tuvo los días contados, hasta el 19 de diciembre, con la decisión de una jueza (aquí una vez más, Samuel Porras):

“Dieciocho de Diciembre del año 2014 dos mil catorce, la Secretaria da cuenta a la Jueza, con el escrito de la Agente del Ministerio Público de la adscripción; a fin de dictar el acuerdo correspondiente. CONSTE”; y, una resolución: “…a 18 dieciocho de diciembre del año 2014 dos mil catorce…se resuelve: “PRIMERO.- Se REVOCA LA LIBERTAD derivada de la quinta fase del tratamiento preliberacional otorgada por el entonces Secretario de Gobernación, por acuerdo del Gobernador del Estado, con fecha 05 cinco de abril del año 2001 dos mil uno. SEGUNDO.- Se libra orden de DETENCIÓN en contra del sentenciado RUBEN SARABIA SÁNCHEZ y/o SIMITRIO ZEMPOASQUELLO ZITLA, para tal efecto gírese oficio al Procurador de Justicia del Estado, para que ordene a quien corresponda de cumplimiento a la presente orden detención, y lograda que sea, lo internen en el Centro de Reinserción Social de esta Ciudad, debiendo informar a esta autoridad de manera inmediata el cumplimiento de dicha orden, a fin de hacerle saber el motivo de la revocación de libertad preliberatoria

Cuarenta años de ver esta historia. Un líder popular independiente en la cárcel. Y no tengo ninguna certeza. Qué Estado tenemos, qué ciudadanía hemos construido.



Foto de Joel Merino.

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Observo dos escenas en este arranque del 2015, y las dos me dan el rostro de este Estado nuestro contradictorio y complejo, pero también elemental y definido.

Lunes 5 de enero en la 11 Sur los equipos de trabajo arremeten de última hora contra las estructuras por terminar en las estaciones del Metrobús; en Cúmulo de Virgo tres cuadrillas de CFE mueven dos postes rezagados en la esquina de la escuela Jalil Gibran; frente al club de golf otra parvada termina de plantar los nuevos semáforos. Los vecinos vemos el trajín y nos preguntamos si algún día alguien tendrá la amabilidad de explicarnos las nuevas mecánicas para entrar y salir de San José Mayorazgo, dar vuelta en Margaritas, encontrar la ruta para ir al centro sin tener que ir a dar hasta la 105 Poniente, si no es que hasta el Periférico. Nada. El gobierno construye con sus contratistas como si no existiéramos los ciudadanos. Y sin embargo, tengo a la vista una acción de gobierno que nada más lleva de retraso veinte años.

Martes 6 de enero en las afueras del CERESO de San Miguel. Es mediodía, el sol calcina como le place en invierno. Es día de visita, así que ahí están las madres esposas hijas hermanas de los reos que se apuran para entrar con sus cargas de alimentos y sus niños de la mano de sus juguetes recién traídos por los Reyes. Un grupo de periodistas observamos a los cinco diputados federales del PRD plantados en la rampa de entrada al penal a la espera de la autorización por el alcaide para su ingreso como observadores de la condición carcelaria de los presos políticos que el gobierno de Rafael Moreno Valle mantiene desde hace varias semanas: los presidentes auxiliares de Chalchihuapan, La Resurrección y Canoa; los campesinos de Chalchihuapan detenidos en un asalto de madrugada por granaderos y judiciales sin orden de aprensión alguna; Rubén Sarabia, Simitrio, y su hijo Atl Tonatiuh, encarcelados a finales de diciembre también luego de una detención abiertamente ilegal --el primero al salir de una reunión-trampa orquestada por un funcionario municipal y el segundo en la ciudad de México, tras una movilización de protesta por la detención de su padre--. Rita Amador ha entrado unos minutos antes a ver a su marido Simitrio. Los diputados perredistas no tienen respuesta para el interrogante sobre el respaldo que su partido ha dado desde el propio proceso electoral que llevó a Moreno Valle a la gubernatura en el 2010. Parece que eso no les preocupa mayormente, casi como si fueran de otro partido y no de uno que cogobierna con el de los panistas. A la entrada de la cárcel pienso en este gobierno que ha optado sin tapujos por la criminalización de la protesta social y en las contradicciones de esta izquierda mexicana que se posesionó de curules y acuerdos de traspatio con la derecha partidaria.

En esas dos escenas está el Estado, me digo, fiel a sí mismo.

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Intento resumir las maneras de este gobierno poblano que perfila el rostro más público de este Estado nuestro, y lo hago sin dejar de ver el Estado que nos propone Moreno Valle, el de “las grandes obras que modernizan a Puebla”, el “las acciones que lo transforman”, y veo el Metrobús, el puente de la 31, la rehabilitación del desastre creado por el presidente Municipal Luis Paredes en el túnel de la Juárez, o la reconstrucción de la caricatura de periférico ecológico en los cruces de la recta a Cholula y la antigua Federal a México. Es el Estado que han perfilado los últimos seis gobernadores y que se resume en las palabras Angelópolis y pluscalía, la ciudad capitalista fundada en la expropiación originaria de la tierra campesina.

- Es un Estado endeudado, con un gobierno constructor de obra pública con empresas privadas y con recursos provenientes en lo fundamental del mecanismo de endeudamiento conocido como Proyectos de Participación Social (PPS), que para septiembre de 2014 significan ya 15,490 millones de pesos (Investigación de Eudixio Morales y Alejandro Chávez Palma, BUAP. Ver La Jornada de Oriente http://tinyurl.com/m8xmckz), para proyectos como el Museo Internacional Barroco (7,280 mdp, a 23 años, La Peninsular Cia. Constructora, de Carlos Hank Ron), el Centro Integral de Servicios (3,800 mdp, a 24 años, Grupo Técnico Constructor), Parque Paseo del Teleférico (190.2 mdp, sin tiempo especificado, a Ay PP Construcciones CEMS), la Plataforma Audi (2,000 mdp, a 25 años, Construcciones y Desarrollos Inmobiliarios Santa Fe), Procuraduría General de Justicia (158 mdp, a 20 años, a Edificaciones y Desarrollo de Ingeniería), Autopista Cuapiaxtla-Cuacnopalan (1,662 mdp, a 30 años, a Edificaciones y Desarrollo de Ingeniería, Osa-Edificadora y Oceanografía), Estrella de Puebla (400 mdp, a 25 años, a Maurer Germán Wheels).

Este esquema de endeudamiento aprobado por el Congreso local en el 2012 se suma a la deuda acumulada por el estado que alcanza los 5,763 millones de pesos, más la deuda municipal (1,004 mdp), la deuda contingente (2,263 mdp), la deuda municipal a fondo perdido (682 mdp) y las deudas con bancos y proveedores (721 mdp), lo cual arroja una deuda total a ese mes de septiembre de 26,023 millones de pesos. Este endeudamiento contrasta con la disminución porcentual del gasto en inversión pública respecto del PIB estatal, pues cayó del 6.3% en el 2011 al 4.2 en el 2013.

A la vista también, la concentración de la inversión pública federal y estatal en la ciudad de Puebla, con las obras del Metrobús, los llamados viaductos en la 21 Poniente y en la recta a Cholula, las pavimentaciones con concreto hidráulico, la conexión del periférico Oriente con la autopista y el propio Segundo Piso en esa vialidad.

- Es un Estado disminuido, con un gobierno que poco a poco desmantela la actividad como proveedor de servicios públicos, con la privatización del sistema de agua potable, y su entrega amañada a una empresa de Hank Rohn, como el ejemplo emblemático de lo que ocurre en México.

- Es un Estado antidemocrático, con un poder ejecutivo que ha logrado controlar las estructuras republicanas que configuran la democracia: los partidos y el Congreso (ejemplo concreto: la desastrosa reforma a la ley orgánica municipal que desaparece las juntas auxiliares); los órganos ciudadanos electorales, transparencia y derechos humanos (basta analizar el proceso por el que se nombra a los responsables de esos organismos, con el caso muy reciente del CAIP); el nivel de gobierno municipal, su soberanía constitucional; y el poder judicial, que en decisiones como las que ha tomado en conflictos sociales como Cholula y Chalchihuapan , Canoa, Resurrección 28 octubre confirma su sometimiento.

- Es un Estado autoritario, con un gobierno que ha criminalizado la protesta social y ha violado abiertamente la ley con detenciones ilegales (inexistencia de órdenes de aprensión, ocultamiento de los detenidos por varias horas antes de ser presentados en un juzgado, acusaciones sin sustento).

- Es el Estado de la planeación antidemocrática y de la imposición de un modelo de desarrollo oligárquico, con un gobierno que en sus proyectos deja de lado a las instituciones de conocimiento (las universidades y sus centros de investigación) y cede su diseño y operación a empresas particulares. Los casos abundan: los proyectos industriales (AUDI) en San José Chiapa; los proyectos mineros e hidroeléctricos en la Sierra Norte; de transporte (metrobús, puentes, segundos pisos) los proyectos turísticos (rueda de la fortuna, teleférico, plaza de las 7 culturas) y culturales (museo barroco). En ningún caso los proyectos y obras se han hecho de conocimiento público para su análisis, discusión y enriquecimiento colectivo.

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Ese Estado tenemos. Y qué ciudadanía hemos construido. ¿La representan las verduleras de la 28 de Octubre. ¿Cómo ha resistido una organización mil veces dividida por la acción de gobierno?

No es fácil entenderlo. Se lo pregunto a Rita Amador.

--¿Cómo estás, Rita? --le pregunto ahí mismo entre el borlote de los discursos incendiarios y las consignas. La pregunta le desconcierta.

--Estoy… No sé cómo estoy. El acoso sobre mi familia, sobre Simi, sobre mis hijos, todo me mueve el tapete.

--¿Te arrepientes de todo esto que has vivido?

--No me arrepiento, tengo ánimos. Yo no soy protagonista, Simitrio ha defendido su ideología, yo lo apoyo como esposa. Peleamos por la gente, por defender sus espacios de trabajo. No, no me arrepiento.

--Por qué crees que volvieron a detener a Simitrio?

--Cuando pasó en diciembre, yo no entendía por qué. Este 15 de enero se terminaba de purgar en libertad la sentencia. Luego entendí que no sólo es el gobierno de Puebla, es el Estado mexicano, el que mantiene en la pobreza a la gente, el que tiene temor de Simitrio por su calidad de líder. Pero Simi no generó esta inestabilidad que vivimos, a pesar de que siempre nos han querido ligar con grupos extremistas. No es así.

--¿Y la detención de su hijo Atl Tonatiuh? --le pregunto en el contexto de la acusación de narcomenudeo en el Mercado Hidalgo.

--Eso lo planteó desde febrero pasado el secretario de Gobernación --responde Rita--, y que el hijo de Simi estaba involucrado. Simi les dijo, investiguen. No es nuevo, y desde hace mucho que les dijimos que es en el Mercado Unión donde se dan esas cosas, ahí no venden básicos ni perecederos, sólo usados, y es ahí donde asaltan. En el 2006 lo clausuró el gobierno, desde siempre se le conoce como el hoyo negro. Ellos, con los enemigos de la 28, lo crearon, y desde entonces lo tienen los corridos como Vélez junto con Carlos Talavera. Lo que pasa es que los dos hijos de Simi, Atl y Xihuel son los que han estado al frente de la organización, ellos están en las comisiones Administrativa y Negociadora. Por eso en diciembre se metieron a su casa y sacaron la acusación de tráfico de drogas.

Es Rita Amador, la segunda esposa de Simitrio. ¿De qué vives?, le pregunto. Tiene dos puestos en el área de rodamiento, uno lo renta y en el otro vende ropa; dice que hoy mismo le renunció la empleada, pues ya no aguantó la presión sobre la familia de Simitrio; además tienen tres locales en el mercado, son de sus hijos, dos están en renta, y en otro, el negocio de Rita, la venta de disfraces.

--Mira a la gente --me dice Rita--, está tranquila, pero está muy enojada. Hubo mucho debate estos días, muchos quieren tomar las casetas, cerrar las carreteras, pero la organización ha madurado, hay una dirección colectiva, hay mucho debate. Lo importante es que Simitrio apareció vivo unas horas después de su detención. Tenemos que hacer un plan de acción, porque ellos, el gobierno, están a la ofensiva.Yo he pensado mucho en lo que sigue, sé que no será fácil que salga de la cárcel, que a lo mejor tendremos que esperar a que salga este gobernador, aunque su grupo se puede quedar hasta el 2018.

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Jueves 15 por la mañana. Termino de escribir antes del informe de Moreno Valle. Hace más de quince años que no asisto a uno de estos eventos iluminados para obra y gracia del poder poblano.

Y no dejo de pensar en esta compleja relación que nos explica: Estado y ciudadanía.



Foto de Joel Merino.

Mundo Nuestro. El autor, escritor, antropólogo y comunicador, tiene entre otras especialidades la del género testimonial. Es autor de los libros Los barrios de Puebla, a través de historias orales. Ayto. Puebla/Ed. ACD. Puebla, 2002; Memorias magisteriales, SEP, Puebla, 2003; “La Raza de la Hebra”, Historia del Telégrafo Morse en México, BUAP, agosto del 2004; 2ª edición, Syscom, 2005 y Cien años de recuerdos poblanos, BUAP, 2010; además de La Munda, novela de ciencia ficción por entregas en La Jornada de Oriente, 1998. Desde el 2013 encabeza en Puebla el portal La Cultura en Puebla)

La palabra ambulante describe a una persona que se mueve de un sitio a otro y que carece de un lugar fijo para su actividad, que en México relacionamos con el comercio. El ambulante es el que vende algo en la calle, aunque la palabra puede referirse, simplemente, al que anda por la vida.

Ambulantes aquí se refiere a un comerciante no establecido que vende sus productos en las calles de la ciudad; su ambulantismo es relativo, pues aunque es un vendedor ambulante en realidad pasa temporadas e incluso años en una ubicación específica, una esquina, un camellón o un rumbo. Ganar o perder ese sitio es esencial para la conservación de su actividad. Y bueno, en el caso concreto de Puebla, su ambulantaje concluyó en numerosos casos cuando se construyeron, a mediados de los ochenta, una decena de mercados diseminados por todos los rumbos de la ciudad y a donde fueron recluidos un número importante de ambulantes. Pero llegaron más.



Durante meses estuve inmerso en la comprensión de esta actividad tan importante en las economías urbanas de todo el mundo y especialmente de países que, como el nuestro, transitan (flotan, navegan) fatigosamente en modelos económicos parchados e inacabados que se manejan sin equidad ni democracia y muy frecuentemente sin inteligencia. Me acerqué a los ambulantes con algunas ideas preconcebidas que ayudaron poco a su comprensión. Trataba de entender si los comerciantes ambulantes ofrecen a los consumidores opciones de venta minorista conveniente y accesible o simplemente nos hacen víctimas de un engañoso intercambio que nos provee de artículos defectuosos, fraudulentos, de procedencia ilícita o de ínfima calidad. Pronto comprendí que estos supuestos en realidad eran prejuicios de los que debía deshacerme lo más pronto posible para penetrar las primeras capas de una actividad comercial muy compleja y amplia, que concentra todas las virtudes y defectos del sistema capitalista que padecemos, que contempla no solo los riesgos a favor y en contra que he mencionado, sino otra cantidad de posibilidades y de productos que transitan por una gama imaginable de calidades y cualidades, de productos chinos de nula calidad hasta productos frescos, saludables y a precios increíbles como es el caso de muchos de los productos de un mercado como el Hidalgo. Estos comerciantes componen la fuerza humana que mueve el comercio popular de una metrópoli que aglutina 18 municipios. Excepto los jóvenes, todos los adultos fueron aquellos vendedores ambulantes que toreaban en las calles de la ciudad en torno al Mercado La Victoria a principios de los años setenta; en los cruceros y banquetas de la 11 sur, entre la 12 y la 18 poniente.

Buscando ayudar a la preservación histórica de esa memoria me acerqué a la UPVA a recoger algunos testimonios sobre el antes y el después de la organización. Lo que encontré fueron mujeres y hombres con capacidades y sabidurías particulares que conocen sus productos con la precisión de un científico, o la psicología humana que les permite comerciar productos imprevistos en cualquier lista de compras; climatólogos, expertos de mercado que llevan a nuestras manos desde fruta fresca hasta cuentos chinos; de inocuas artesanías hasta peligrosos cohetones… chinos también. Comparto con ustedes hoy, “día de la 28”, algunos fragmentos testimoniales sobre el antes y el después de la fatídica noche del 28 de octubre de 1973.

Los claveles de la 11

Pues yo me inicié allá en la 11, allí empezamos a laborar con el negocio que tenemos, que viene siendo el mismo que ahí, negocio de flores; por decir gladiola, nardo, crisantemos, claveles, pura flor, fina pero de manojo. Estuvimos ahí en la 11 como diez años, soy de San Gregorio Atzompa, del lado de Cholula. Yo no cultivo las flores, yo las compro hace casi cincuenta años y ya las vengo a vender aquí. (Antonia García Méndez, Mercado Hidalgo)



Nos cobraban tres pesos

Comencé a vender por ahí caminando con mi carrito, así anduve un tiempo; pasó el tiempo, entonces me vi con los líderes que me andaban empujando para allá y para acá y todo eso. Mejor me vine a vender en un mercadito de la 13 que se llama Santa Anita, allí me puse a vender en una esquinita, en la banquetita, allí me puse a vender. Pero ya después empiezan a haber los brotes de represión en contra de los vendedores de parte del gobierno. Cobraban, el ayuntamiento nos cobraba tres pesos diarios, pero ahí comienza la represión, empieza el revoloteo en contra de los vendedores con el argumento de que ya tenían pensado hacer mercados. En ese tiempo todavía no existía ni el Bulevar Norte ni el bulevar 5 de Mayo, nada, era la pura terracería de allá. La única vialidad que se veía en ese momento era la Diagonal, que antiguamente era puro paso de ferrocarril, en la 10 poniente con la 21 norte. Ahí pasaba un trenecito que le llamaban La Rana, cargaba piedra de allá de cementos hacia acá, al centro, pura piedra para cal y cemento. (Antonio Heras López, Mercado Hidalgo)

La noche del 28 de octubre de 1973

Era un día de fiesta, se presentaba un día de Todos Santos y salíamos a vender, a trabajar allí en las calles, nos acomodaban como podían de a pedacitos de lugares, de un metro, de dos metros, a trabajar ahí; la gente humilde, la gente pobre, la gente necesitada. La noche del 28 de octubre de 1973 llegaron y aplastaron todo sin ver que ahí había quien estaba durmiendo; aplastaron todos los puestos, después rociaron gasolina y le dieron fuego a todo, le prendieron fuego. Debajo de estos puestos había niños y personas inocentes que fueron aplastados, atropellados y quemados ahí. Yo digo ¿por qué nos trata así el gobierno?, somos gente de trabajo, no somos gente mala, como siempre se nos ha achacado, somos vendedores que trabajamos para comer, para llevar un sostén a la casa. Eso pasó ese día. (Martha Ortega, Mercado Zaragoza)

¿Y ahora qué hacemos?

¿Y ahora qué hacemos? Había permiso, no sé cómo se le fue la mano al gobierno municipal, porque fue el gobierno municipal. Entonces yo estaba ahí con toda la gente y había una persona que la hacía de merolico en la 3 norte y 8 poniente, en la mera esquina, ahí tenía su sonidito. Era al que más reconocían porque tenía facilidad de palabra ¿y ahora qué hacemos?, ya no nos dejan vender. Y él dijo que fuéramos al Carolino a ver al ingeniero Terrazas a ver qué nos decía. Fuimos un grupo como de unos veinte, entramos y nos dice, no, yo no les puedo apoyar porque es tanto como decir que el rector de la universidad está apoyando a los ambulantes, lo que sí es que pueden ir a las aulas, que les dé permiso el maestro de interrumpir la clase para invitar a la comunidad. Pues fuimos, le pedíamos permiso al maestro y nos decía, bueno, pues díganles a los estudiantes. Todavía estaba fresco lo del 68. El compañero, que se apellidaba Zavaleta, les dijo, saben qué, nos pasó esto y eso y esto y queremos, solicitamos de ustedes que nos apoyen para retomar la calle y vender. Y nos dijeron que sí, que para cuándo. Para ya. De ahí nos dijeron, no se preocupen, vamos hablar con los demás compañeros y mañana los apoyamos. Al otro día sí, estaba la policía, rápido nos hicimos de palabras y, junto con los estudiantes, ya hicimos bola y entre todos los sacamos. Bueno, ya nos instalamos, ya nos pagamos, y como que nos crecimos. Y bueno, pues gracias a los estudiantes, no nos dejaron, a partir de ahora los vamos a apoyar. (Miguel Alonso Gómez, Mercado Hidalgo)

Venimos a pedir su ayuda

Yo sé de la 28 dos días después del suceso del 28 de octubre de 1973, cuando llegaron unos compañeros a la preparatoria Emiliano Zapata a invitarnos a participar y a entrar en conocimiento de lo que estaba sucediendo en las calles, en la 3 norte; llega un compañero al salón de clases a señalarnos que dos días antes habían sido reprimidos y que posiblemente había desaparecidos o muertos. Es lo que recuerdo. (Raúl Netzahualcóyotzi, activista estudiantil)

Nos empezamos a juntar

Nosotros éramos comerciantes, nos empezamos a juntar o a unir porque empezaron a decir los compañeros en las calles que hay que organizarnos, que el gobierno no nos quiere en las calles. No teníamos organización, se empezó por una organización ahí, a partir de la masacre que hicieron el 28 de octubre, cuando aplastaron a los niños y les rociaron gasolina. De ahí se formó la organización 28 de Octubre. Entonces, con esa organización fuimos trabajando, creciendo, creciendo, y mucha gente se ha afiliado a la 28 de Octubre porque ha prestado ayuda a toda la gente necesitada, toda la clase humilde; no ha venido una sola gente a decir tengo hambre que no se le ayude, aunque sea con cooperaciones que les damos, se les regala un plato de comida, se les regala una fruta, porque es gente que lo necesita. (Martha Ortega, Mercado Zaragoza)

La Unión Popular de Vendedores y Ambulantes, UPVA “28 de Octubre”, origen o estación de tránsito de todos los ambulantes modernos de la ciudad, cuenta actualmente con unos tres mil miembros activos que se desempeñan en una treintena de lugares en la urbe poblana.

Este es un tributo a su lucha.

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A ti que gustas del arte te esperamos el próximo viernes. Acompañamos a la develación de la obra "En busca de identidad" del artista plástico Miguel Howe. La cita a las 12 del medio día en la biblioteca central de C U.
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