Jueves, 06 Julio 2017 00:00

Revista Elementos 107

Mundo Nuestro. Presentamos la edición número 107 de la revista Elementos, ilustrada en esta ocasión con obra del pintor poblano Antonio álvarez Morán y su trabajo reciente se ha enfocado en el estudio y reinterpretación el arte colonial mexicano. Para entender su trabajo, la revista presenta además de ejemplos de la serie Engaño Colorido, una semblanza del artista escrita por Maria Villatora, Cada cosa es sagrada: una historia de monjas.



Crónicas del Antropoceno:
el Arrecife Osborne
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Gabriela A. Vázquez Rodríguez

3
¿Cuál Apocalipsis?
Un análisis crítico sobre teorías del abandono de Cholula
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Geoffrey G. McCafferty y Jolene Debert

9
Ciencia y vocación territorial en Chile
Entrevista a Guido Girardi
[PDF] Versión en HTML
Leopoldo Noyola

17
Quimiogenética basada en receptores acoplados a proteínas G, una plataforma para las neurociencias
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Catalina Valdés Baizabal

29
Los ojos del maíz como guía de la visión chamánica
[PDF] Versión en HTML
Antonella Fagetti

37
Cada cosa es sagrada:
una historia de monjas

[PDF] Versión en HTML
María Villatoro, la Textoservidora

46
La medicina homeopática en el siglo XXI
[PDF] Versión en HTML
Thomas Scior y Héctor H. Pérez Ramírez

53
Ciencia a tiempo
[PDF] Versión en HTML
61
Libros
[PDF]
Versión en HTML
63
Jueves, 06 Julio 2017 00:00

Vida y muerte del agua: el desgobierno

Mundo Nuestro. Este texto de Verónica Mastretta forma parte del conjunto de artículos y crónicas publicadas este mes de julio en la revista Nexos bajo el titulo "Vida y muerte del agua". en colaboración con la asociación civil Dale la Cara al Atoyac en la ciudad de Puebla. Se reproduce con autorización de la revista Nexos.

En el Plan Nacional de Desarrollo 2012-2018 se declaró materia de seguridad nacional todo lo relacionado con el abasto, aprovechamiento, cuidado y utilización del agua. Sin embargo, dicha declaratoria no ha tenido un acompañamiento presupuestal del tamaño del problema, ni desde los egresos que etiqueta la Cámara de Diputados federal ni desde la mayoría de los Congresos locales, en los que el tema del agua es la última de las prioridades. Los Congresos locales no se preocupan de tener una armonización equivalente con los presupuestos destinados a la gestión hídrica integral, incluyendo lo que se etiqueta para la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la única instancia que apoya la regeneración y conservación con criterios de sustentabilidad de bosques, selvas y vegetación de las cuencas hídricas, las llamadas coloquialmente “fábricas de agua”, sobre las que peligrosa e inadecuadamente se ha extendido una frontera agrícola depredadora e inviable.

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Ilustraciones: Kathia Recio

México tiene una disponibilidad de agua de más de tres mil 400 metros cúbicos por habitante al año, cifra que aún no es considerada como de alto estrés hídrico. El problema es que la disponibilidad en el territorio no está distribuida así. En el sureste mexicano la disponibilidad de agua es siete veces mayor que en el resto del país. Y hay zonas críticas, como la del Valle de México, donde viven 29 millones de personas y la disponibilidad del agua es la más baja del país, tan sólo de 183 metros cúbicos por habitante al año.1

La disponibilidad del agua no significa que cada mexicano pueda acceder a ella con facilidad. 75% del país se abastece de aguas subterráneas, el 25% restante se toma del agua superficial de ríos y arroyos, de los cuales más de 75%, según la página de Conagua, están contaminados en algún grado. El Consejo Mundial del Agua indica que de las aguas superficiales no debe de tocarse más de 40% para consumo y servicios, pues el 60% restante es indispensable para el equilibrio y la supervivencia de los ecosistemas del mundo.



El desequilibrio en la disponibilidad del agua en el país, su poco cuidado, su aprovechamiento y explotación erróneos, han puesto el tema del agua en los focos rojos de la seguridad nacional. Prácticamente no existe una gran cuenca en México sin algún grado de contaminación, aunque los grados de la misma varían. Y no hay una cuenca en la que hasta la última gota de agua, aunque esté contaminada con bacterias y metales pesados, no tenga a alguien que la espera y necesita, alguien dispuesto a pelear o hasta matar por ella.

Las leyes del agua en México no facilitan su gobernanza, entendiendo ésta como la eficaz interacción de gobernantes y gobernados, la que permita generar oportunidades y soluciones a los problemas de los ciudadanos, construyendo mejores instituciones y normas para generar esos cambios. Hoy el marco jurídico y las instituciones no permiten la participación activa de los diferentes sectores de la sociedad en la toma de decisiones como lo indican los criterios modernos de abordaje de la gestión hídrica integral. Ni siquiera se logra la gobernabilidad, es decir, que las instituciones gubernamentales de los tres niveles de gobierno funcionen armoniosa y coordinadamente. La federación tiene sólo una parte de la rectoría del Estado sobre la gestión hídrica. Ley de Aguas Nacionales promulgada el 1 de diciembre de 1992 y sus reformas de 2004, ratifican a la Conagua como el órgano desconcentrado superior de carácter técnico, normativo y consultivo de la federación en materia de gestión integrada de los recursos hídricos, incluyendo la administración, regulación, control y protección del dominio público hídrico, adscrito a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Una de sus atribuciones es autorizar y regular el uso y los aprovechamientos de aguas superficiales y subterráneas, así como evitar que aguas residuales vayan a dar a ríos, mares, lagunas y lagos sin cumplir con las normas oficiales de calidad del agua. Les toca la complicada inspección y vigilancia de estos dos temas. A los gobiernos de los estados corresponde la atribución de ser enlaces mediante comisiones estatales entre las autoridades federales, los organismos operadores regionales o locales y los ayuntamientos. Por último, de acuerdo al artículo 115 de la Constitución, fracción III, los ayuntamientos tienen la obligación de otorgar a sus ciudadanos los servicios de agua potable, alcantarillado y conducción de aguas pluviales, así como del saneamiento de las aguas residuales domiciliarias y asimilables a las mismas. Ninguno de los tres niveles de gobierno cumple a cabalidad con sus mandatos, entre otras cosas por la falta de presupuesto asignado para lograr los mínimos de funcionalidad.

Los gobiernos y los Congresos de los estados suelen ser muy caprichosos y negligentes con respecto a las atribuciones que les tocan en esta materia. Los Congresos porque suelen bailar al son que les van tocando los gobernadores y porque los partidos representados en las Cámaras carecen de una agenda propia para la gestión hídrica y por lo tanto no etiquetan ni priorizan los presupuestos puntuales para lograr por la gobernabilidad del agua. Los gobernadores no toman en cuenta que hay criterios mundiales de inversión para lograr la sustentabilidad hídrica a largo plazo y por lo tanto no lo cabildean con sus Congresos ni lo armonizan con el presupuesto federal. El largo plazo es un término que muy pocos gobernantes mexicanos entienden y honran. No están en la silla para cosechar dividendos políticos a futuro, ni les interesa abonar a triunfos que consideran ajenos. Los políticos viven en el hoy, son casi filósofos involuntarios.



En cuanto al saneamiento de aguas domiciliarias la responsabilidad constitucional es de los ayuntamientos, pero casi ninguno lo hace y de todas las plantas del país casi ninguna funciona por diferentes motivos técnicos o financieros. En la cuenca alta del Balsas en la parte que corresponde a Puebla, de las 23 plantas de tratamiento instaladas 11 no funcionan, ocho cumplen con la norma de 1996 y ninguna con la norma vigente de la Declaratoria del Atoyac Xochiac2 (ver imagen 1). Muchas veces se entregan plantas de tratamiento a municipios que ni siquiera tienen un padrón de usuarios que permita mantenerlas y operarlas. Las plantas de tratamiento se construyen con dinero que etiqueta la federación desde la Conagua, pero son los estados mediante sus organismos los que deciden a qué municipios equipar con una planta tratadora, aunque hay casos de excepción en que los ayuntamientos gestionan los recursos directamente con la federación. En general son las autoridades estatales quienes escogen a las empresas que construyen las plantas.

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En lo que respecta al saneamiento del agua, es cercano sólo al 20% de las aguas residuales.3De todas las plantas construidas en el país casi ninguna funciona por las razones señaladas. No hay políticas públicas que apoyen las energías renovables o cuotas preferenciales de luz para los ayuntamientos. Las autoridades de Conagua están rebasadas en materia de inspección de descargas directas hacia cuerpos de agua, sean municipales o industriales. Conagua puede sancionar a los municipios cuando incumplen con las normas en materia de agua. Pueden multarlos pero por motivos sanitarios la ley les impide clausurar los drenajes municipales, en muchos de los cuales se esconden descargas agresivas de las empresas. Las descargas domiciliarias también llevan una carga excesiva de fosfatos y químicos provenientes de los detergentes y limpiadores que se usan en los hogares, que mezclados con la materia orgánica y los residuos industriales forman alianzas feroces que destruyen la vida en los ríos y cuerpos de agua.4 Las plantas de tratamiento en México se atragantan y congestionan con la mezcla de aguas industriales que no debieran entrar sin tratamiento a los colectores municipales, ni mucho menos descargar directamente en los ríos. Las industrias se han colgado de los municipios para ocultar sus descargas y no toman en cuenta en sus costos de producción el tratamiento del agua que utilizan. Un empresario que fabrica pantalones de mezclilla deslavados y rotos dice que el costo del saneamiento del agua es de 0.50 centavos por prenda. Produce cerca de 600 mil pantalones al mes.5 No cumple porque las instancias inspectoras son débiles en los tres niveles de gobierno y porque en el corredor industrial en donde está ubicado ni los municipios ni las demás empresas cumplen. El eslabón más débil en la gobernanza del agua es el municipal. Su capacidad de cobro del servicio de agua y su saneamiento es insuficiente o de plano no existe. Incluso los padrones de usuarios de las grandes ciudades son incompletos y poco confiables. Cientos de ayuntamientos e industrias contaminan ríos, lagos y mares sin que la autoridad pueda construir un mínimo orden y concierto en la gestión integral del agua.

Los ejemplos son buenos para entender esta fractura de la gobernanza y la gobernabilidad del agua. En Puebla está el caso de una planta de tratamiento de agua rehabilitada en 2014 en una junta auxiliar del municipio de Huejotzingo. El gobierno federal autorizo la inversión de 40 millones de pesos. Las autoridades estatales no observaron que el nivel del drenaje de aguas negras estaba por debajo del nivel de la planta, así que había que bombear el agua negra hacia arriba, un primer gasto enorme de luz. Las autoridades estatales tampoco tuvieron el cuidado de verificar que el ayuntamiento de Huejotzingo tuviera un padrón de usuarios que con sus pagos hiciera costeable la operación de la planta. Ninguna autoridad checó que las industrias que existen en la zona, mayoritariamente textiles, procesadoras de alimentos, rastros e industrias metal mecánicas, tuvieran plantas de tratamiento y trataran sus aguas antes de permitirles conectarse a los drenajes municipales. La planta fue reinaugurada con mucha ceremonia a finales de 2014. En 2015 un grupo de técnicos y ciudadanos visitamos la planta para tomar unas muestras de la calidad del agua. La puerta de las instalaciones la abrió un niño. Su tío abuelo, encargado de la planta, había ido a hacer unos mandados. La planta estaba parada. Adentro de la laguna de oxidación había varios perros ahogados. Parte de la geomembrana de la laguna de oxidación ya había sido robada. En los terrenos de la planta pastaban tranquilamente unos chivos. Nos informaron que la operación de la planta se paró dos o tres meses después de inaugurada por falta de dinero para su operación. Hoy luce inservible.6

El otro caso interesante es el de la planta de tratamiento de San Martín Texmelucan. Esa planta fue promovida en 1995 durante el gobierno de Manuel Bartlett (1993-1999). Se suponía que sería una planta modelo, y entre otras razones para su urgente construcción estaba que las aguas contaminadísimas de San Martín Texmelucan y todo su corredor industrial, junto con parte de las aguas residuales procedentes de Huejotzingo, iban a dar por gravedad a los campos de cultivo de hortalizas del vecino estado de Tlaxcala, pues ambos estados pertenecen a la misma cuenca, la del Alto Balsas Atoyac Xochiac, una de las 393 grandes cuencas del país. En el diseño de la planta participaron varias universidades y los tres niveles de gobierno. Al municipio de San Martín le tocó aportar el terreno y garantizar el costo de la operación. El presidente municipal gestionó una permuta con particulares para conseguir los terrenos en el lugar técnicamente adecuado para la planta. A cambio se les entregarían otros terrenos dentro del municipio de San Martín. Se hizo la permuta y se inició la construcción en marcha de la planta.

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Ninguna autoridad checó el padrón de usuarios de San Martín Texmelucan, ni las descargas de las industrias en los colectores de San Martín y de sus juntas auxiliares, manejadas por comités que lo permiten todo y que hoy en día funcionan aunque ya están prohibidos por la Ley Estatal de Agua del Estado de Puebla. Ninguna autoridad federal o estatal verificó que el municipio tuviera la certidumbre jurídica sobre los derechos de los terrenos. Se le acabó el tiempo al presidente municipal de San Martín y se fue sin entregar los terrenos en pago a los particulares, quienes en el año 2000 iniciaron un juicio para recuperar los terrenos donde se encontraba la planta. La planta dejó de operar por falta de certidumbre jurídica y por falta de dinero para su operación. Han pasado 17 años y apenas este año se resolvió el juicio que iniciaron los dueños originales del terreno para obtener el pago desde 1996. Por fin se les pagó en 2017.7 La planta está abandonada y todas las aguas altamente contaminadas provenientes de Huejotzingo y San Martín aún corren hacia Tlaxcala por un canal de riego; la conducción del agua fue diseñada para que una vez tratada ésta siguiera su rumbo hacia los terrenos de hortalizas del estado vecino. Todas las aguas sin tratamiento siguen llegando a los terrenos de cultivo.8 Un colectivo de Tlaxcala presentó una denuncia en 2011 ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en la que incluyeron datos duros acerca de la negligencia de las autoridades de los tres niveles de gobierno por vulnerar los derechos a la salud de los habitantes de seis comunidades de Tlaxcala. La CNDH emitió una recomendación contundente a diferentes autoridades en marzo de 2017.9 Aunque la planta está parada, el municipio de San Martín cobra el saneamiento en sus recibos y paga multas a Conagua desde hace muchos años.

San Martín es uno de los municipios del país en donde ha habido más alternancia política. Lo han gobernado por lo menos ocho partidos o coaliciones distintas en los últimos 25 años. No es cuestión de alternancia. Es cuestión de hacer un ajuste serio en las leyes federales y estatales que norman la gestión hídrica para que permitan la participación con voz y voto de los sectores sociales en la toma de decisiones sobre la gestión del agua. Es cuestión de redirigir el barco y ajustar la brújula de acuerdo a los criterios de manejo del agua por regiones y cuencas hídricas y no por criterios de divisiones políticas. En la Unión Europea hay países que comparten cuencas y las manejan por medio de organismos que incluyen a sectores públicos y sociales de ambos países. En el mundo esos son los criterios que hoy se siguen.10

En cuanto a lo financiero, según el Consejo Mundial del Agua el país que pretenda lograr una gestión hídrica sustentable debe etiquetar presupuestos del 5% del PIB, incluir la participación social en los organismos de gestión integral hídrica e incluir en sus políticas públicas los criterios de manejo de cuenca como lo marca la Red Internacional de Organismos de Cuenca (RIOC),11 que México preside actualmente.

Sin embargo, los recortes al rubro de gestión hídrica integral, a Conagua y a Conafor en el presupuesto de 2017, fueron brutales. El Poder Ejecutivo propuso y el Legislativo federal autorizó un recorte de más de 70% a ambas dependencias que no alcanzan ni 1% del PIB.12El recorte al rubro de inspección y vigilancia de Conagua ha dejado en extrema vulnerabilidad al sector.

Es difícil entender estos recortes ya que nuestro país ha comprometido su nombre al firmar los acuerdos de París de 2015 para combatir el cambio climático. De nada sirve firmar acuerdos que no están respaldados en un presupuesto federal adecuado. A su vez, gobiernos como el de Puebla le destinan menos de 0.01% a ese tema13 y su Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS), el órgano que de acuerdo a la ley estatal lleva la rectoría del tema,14 está disminuido para enfrentar sus atribuciones pues ha estado más orientado a las áreas de obra pública y gestión de drenajes y colectores que a la gestión hídrica integral.

No sólo es necesaria sino indispensable la modernización de la Ley de Aguas Nacionales que data de 1992. Es un tema que los partidos políticos han ido posponiendo. Ningún partido tiene el valor de entrarle al tema con decisión y voluntad o con criterios que no sean simplemente clientelares o demagógicos. Desde los gobiernos de los estados se hacen modificaciones quirúrgicas a las leyes locales del agua para evitar que sean inconstitucionales, pero no acaban de ser leyes modernas, que incluyan los criterios de armonización presupuestal por lo menos equiparables a los presupuestos federales. No incluyen los criterios de cuenca, tampoco los del Consejo Mundial del Agua o de la RIOC y no admiten la participación con voz y voto de los sectores sociales. Se han logrado de manera silenciosa privatizaciones en muchas ciudades del país como las ocurridas en Quintana Roo, Coahuila y Puebla mediante concesiones opacas. Es difícil saber qué tanto serán una solución a los problemas precisamente debido a esa opacidad.15 Si algo debiera ser transparente y público es la gestión del agua, porque es un derecho humano, porque requiere de obligaciones que acompañen ese derecho y porque es un tema de seguridad nacional.

Otra pieza suelta en el rompecabezas de la gobernanza del agua es el caos producido por la falta de ordenamiento del territorio con criterios de sustentabilidad. Sobre el país reina el caos producto del inadecuado ordenamiento territorial. A nivel federal, estatal y municipal el rezago es inmenso. Sólo en el estado de Puebla existen problemas limítrofes en 215 de los 217 municipios. Sin límites claros no puede abordarse un ordenamiento territorial ni programas de desarrollo con usos y destinos del suelo eficaces. Tampoco pueden otorgarse factibilidades de agua realistas y posibles. Las industrias se instalan en municipios o en juntas auxiliares en donde no existe ningún programa de ordenamiento del territorio. Perforan sus propios pozos con autorizaciones de Conagua pero se conectan a las incipientes redes y colectores de los municipios. Desde una presidencia municipal se dan licencias de funcionamiento a industrias grandes, medianas o pequeñas, licencias que incluyen autorizaciones para descargar en drenajes que van a dar directamente a los ríos. Grandes desarrollos de interés social se autorizan lejos de todos los servicios y con factibilidades de agua sin ningún sustento en la realidad. La falta de ordenamiento territorial y de políticas públicas que apuesten a la sustentabilidad ya han pasado la factura y las consecuencias están a la vista. Una escuela junto a un taller, una empresa inmensa en medio de terrenos rurales y junto a un campo de cultivo. Un pozo agrícola que abastece a una empresa. Aguas industriales y domiciliarias mezcladas en el mismo drenaje sin saneamiento. A todo se aúna la falta de agua en la época de secas y los deslaves, derrumbes y desastres durante la época de lluvias. Una pieza más del rompecabezas de la crisis del agua que debe abordarse como un todo.

El ciclo del agua en nuestro país está hundido en un círculo vicioso que sólo puede romperse con planeación, paciencia y presupuestos bien construidos a largo plazo, mediante consejos de cuenca que tengan sus propios fideicomisos, el dinero amarrado y la vigilancia y contraloría social garantizadas (ver imagen 2). Si el mismo Congreso de la Unión tiene catalogado este tema como de seguridad nacional, los diputados y senadores deberían de corregir y mejorar todo el marco jurídico de la gestión hídrica y el tema debería de estar en las agendas de todos los partidos de manera prioritaria. Podría lograrse aún en este último tramo legislativo, pero no soy optimista al respecto ni puedo entender esta ceguera. Muchos problemas pueden posponerse, pero la falta de agua no. Cada vez somos más los convencidos de la importancia de actuar ya, pero ignoro si somos suficientes para hacernos oír.

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El mundo requeriría invertir 53 mil millones de dólares anuales adicionales durante cinco años consecutivos para revertir la contaminación del agua y su escasez a nivel mundial, así como para redirigir las políticas de agua y tener los tres mil 800 metros cúbicos por segundo que los humanos consumimos diariamente.16

México necesitaría invertir 700 millones de dólares anuales para tener una gestión hídrica sostenible. Es una buena noticia saber que la crisis del agua es más un problema de gobernanza que de disponibilidad y eso me parece esperanzador. Sin embargo, el saber que no estamos dando los pasos necesarios para resolver el problema sí es para asustar. El secretario de Hacienda, José Antonio Meade, ha dicho que debemos gastar de manera responsable y que el país no puede vivir de prestado, pero mucho menos podremos vivir sin agua. Por eso es importante reconsiderar el presupuesto del sector ambiental de una manera estratégica, porque la asfixia de recursos acabará costando más caro. Una cosa es invertir sensatamente y otra gastar a lo tonto. Hay un dato que me parece clave: el Consejo Mundial del Agua estima que por cada dólar invertido en gestión hídrica un país ahorrará a mediano plazo siete dólares y a largo plazo 20, entendiendo el mediano plazo como cinco años y el largo a 20.17 La inversión adecuada generará ahorros inmediatos en servicios de salud, en ahorros de electricidad para la obtención y conducción del agua hacia comunidades que se mueren de sed, en los costos que provoca para la agricultura el estrés hídrico y en el desastre, costo y daño social que significa llevar el agua que falta a las grandes ciudades, en particular las ubicadas en el Valle de México. No hacer esa inversión nos significará morirnos de sed, de enfermedades o de hambre. Es cosa de priorizar a dónde se manda el dinero. El gasto estimado anual en comunicación social del gobierno federal y los gobiernos estatales se estima en mucho más de 700 millones de dólares. El dinero destinado a subsidiar partidos políticos que debieran mantenerse solos será este año de más de cinco mil millones de pesos, cerca de 300 millones de dólares.

En septiembre se iniciará un nuevo periodo de sesiones tanto en los Congresos locales como en el Congreso de la Unión. ¿Habrá que esperar a que lleguen y se generalicen las guerras del agua para priorizar su atención en el gasto público y en la pronta actualización del marco jurídico en materia de agua? ¿Hasta entonces habrá voluntad política para tomar en serio un tema que compromete la seguridad nacional?

Los lujos del siglo XXI serán cinco: aire limpio, agua suficiente y potable, el silencio, el espacio y la privacidad. Sin aire podemos vivir escasos tres minutos. Sin agua, quizás tres días. Perder más de 20% del agua del cuerpo significa la muerte. Priorizar el tema del agua en la agenda legislativa común es indispensable. Ojalá que como país no estemos llegando demasiado tarde o que una vez más a los legisladores, al presidente y a los gobernadores les parezca que esa agenda eficaz puede sacrificarse en el altar de la inmediatez.

Verónica Mastretta
Licenciada en Relaciones Internacionales. Es fundadora del Patronato Puebla Verde A.C., activo hasta la fecha y consejera fundadora de la asociación civil Dale la Cara al Atoyac A.C. Colabora en Milenio Puebla.


1 World Water Council, www.worldwatercouncil.org

2 Informe a la Comisión de la cuenca Atoyac Xochiac, gerencia Conagua Puebla, enero de 2017.

3 www.conagua.gob.mx, www.dalelacara.org

4 Monitoreo de cuatro puntos de la cuenca Atoyac Xochiac, diciembre de 2015, www.dalelacara.org, Revista H2O, abril de 2016.

5 Entrevista a un empresario de la industria textil de la mezclilla, abril de 2017, www.dalelacara.org

6 www.dalelacara.org, visita con autoridades de Conagua Puebla a la planta de tratamiento de agua de Huejotzingo, junta auxiliar de Santa Ana Xalmimilulco para toma de muestras, marzo de 2016.

7 Entrevista SOAPATEX, mayo de 2017, Verónica Mastretta.

8 www.dalelacara.org revista AGUA, abril de 2016, “Análisis físico químico del río Atoyac basado en cuatro muestras de diferentes puntos. Incluye la muestra del canal de salida del colector de aguas negras de San Martín Texmelucan hacia Tlaxcala”.

9 CNDH/6/2011/9437/Q/ Recomendación 2017.

10 RIOC, www.siagua.org

11 World Water Council www.worldwatercouncil.org

12 Presupuesto de Egresos de la Federación de 2017.

13 Ley de Egresos del Estado de Puebla. Ejercicio fiscal de 2017.

14 Ley de Agua y Saneamiento del Estado de Puebla, 31 de diciembre de 2012.

15 El contrato de concesión que opera en gran parte de la ciudad de Puebla fue otorgado en 2014 al Grupo Agua de México. Mediante cesión de derechos, el título lo detenta hoy la empresa Concesiones Integrales, S.A. de C.V., ahora llamada Agua de Puebla para Todos. La concesión abarca parte de la zona de cobertura de la ciudad de Puebla que operaba desde 1987 el organismo estatal SOAPAP, Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla. El contrato no está disponible en la página de transparencia del gobierno del estado de Puebla, ITAIP, Instituto de Transparencia y Acceso a la Información. La información está clasificada como “reservada” y la ITAIP ha interpuesto y ganado dos recursos de amparo para conservarla como tal. www.itaipuebla.org.mx

16 World Water Council, www.worldwatercouncil.org

17 Ídem.

Jueves, 06 Julio 2017 00:00

La violencia: el enigma

Día con día

México llegó en el mes de marzo de este año a una cifra de ejecuciones mayor que la más alta reportada desde el inicio de la guerra contra las drogas de 2007.



Como se recordará, en una espiral vertiginosa, a partir de la declaratoria de guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico, México pasó de una tasa de 8 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2007, a una de 23 por cada 100 mil en 2011. En abril de 2011, registró la cifra más alta de ejecuciones atribuibles al crimen organizado: mil 626, un promedio de 54 por día.

A partir de 2011, la tasa de homicidios empezó a bajar, hasta alcanzar un rango de 16 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2014. En agosto de ese año hubo 366 ejecuciones atribuibles al crimen organizado: unas 10 por día, contra las 54 de tres años antes.

A partir de 2014, sin embargo, la marea volvió a subir, suavemente en 2015, y con rapidez en 2016, hasta llegar en marzo de este año a la cifra récord de mil 651 ejecuciones atribuibles al crimen organizado. (Las cifras de ejecuciones son de Eduardo Guerrero: www.lantiaconsultores.com)

Parece que el sexenio de Peña Nieto entregará unas cuentas de sangre considerablemente mayores que las del sexenio de Felipe Calderón, ya de suyo desorbitadas.

¿Qué pasó? ¿Por qué la caída a partir del 2011, el nuevo ascenso a partir de 2014 y el desbordamiento de 2016-2017?



Me temo que nadie tiene una explicación puntual para este fenómeno, amenazante y resistente como ninguno, pues en los mismos años de su propagación se han empeñado en su combate miles de millones de pesos y el esfuerzo de cientos de miles de policías locales, federales, soldados y marinos. Hay unos 450 mil policías municipales y estatales en México, unos 50 mil policías federales, unos 260 mil soldados y 54 mil marinos.

¿Cuánto dinero y cuantos efectivos más hacen falta para contener la marejada? Nadie lo sabe, pero se afianza la sospecha de que la estrategia seguida hasta hoy no es la consecuencia inevitable, sino la causa eficiente de la violencia que quiere combatir.

El PRD llamó, hace unos días, el 25 de junio, a la formación de un Frente Amplio Democrático (FAD) para las elecciones de 2018. Según el documento aprobado por la mayoría de su Comité Ejecutivo Nacional (CEN), se trata de hacer posible la unidad para ganar con amplia mayoría las elecciones del próximo año. Puntualiza que el competidor a vencer es la coalición de partidos que se proponen la continuidad del modelo actual de gobierno, es decir, “el PRI y sus aliados estratégicos”. Pretende también “integrar organizaciones civiles, sindicatos, asociaciones empresariales, líderes de opinión, partidos progresistas y democráticos”, con un programa y una ruta común para designar a los candidatos “idóneos” de este Frente.

Bajo la idea de que “la agenda neoliberal se ha agotado” y de que “el Estado se ha debilitado en grado extremo y es vulnerable ante los intereses más ilegítimos”, por lo que hay una constante violación a los derechos humanos y campea la impunidad y la corrupción en los diversos órdenes de gobierno, se propone edificar una Nueva República, construir un Estado Social y Democrático de Derecho, un crecimiento económico sostenido y una distribución equitativa de la riqueza. En resumen, “una salida democrática a la crisis y superar el modelo neoliberal y su corrupto sistema político presidencialista”

Desde la izquierda, la idea de crear un frente se ha adoptado muchas veces con la intención de construir una organización que encabece una causa, un objetivo o un programa, y al mismo tiempo unifique a diversos sujetos sociales o políticos. Aunque no es un patrimonio exclusivo de las izquierdas, pues la derecha también ha recurrido a este nombre (como el Frente Nacional de Francia), es más común hablar de un frente para oponerse a una situación de injusticia o de opresión y para impulsar causas progresistas.



En México ha habido y existen actualmente varios frentes, casi todos con causas sociales, como el FASU, Frente Amplio Social Unitario, que agrupa a sindicatos y organizaciones campesinas. Pero hay muchos otros. En cambio, los frentes políticos se crean casi siempre con fines electorales mediante una coalición de partidos, la cual normalmente subsiste hasta el día de los comicios.

Hago estas breves consideraciones para analizar la propuesta del PRD, porque en el documento hay varias incongruencias y confusiones que deben aclararse. La primera reside en la discrepancia entre sus objetivos programáticos y la composición de sus posibles participantes. Por un lado, se plantea buscar superar el modelo neoliberal (es decir reemplazarlo por otro) y edificar una Nueva República, pero al mismo tiempo se convoca a todos los partidos, sin importar sus trayectorias programáticas y políticas.

Es evidente que los objetivos señalados no son compartidos por la mayoría de los invitados al FAD. Algunos, destacadamente el PAN, ha reiterado su oposición a esta línea programática, particularmente en lo que se refiere a la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo. Además, la corrupción, el debilitamiento del Estado “en todos sus niveles” y su vulnerabilidad ante los llamados intereses ilegítimos que suponemos provienen de los poderes fácticos del dinero y el crimen organizado, afecta a todos los partidos incluyendo el PRD, pero también y sobre todo a aquellos que se han beneficiado de estas perversiones desde los más altos niveles del poder del estado. Es el caso no sólo el PAN sino también de los aliados del PRI a los cuales, de manera inexplicable, se les invita al FAD y, al mismo tiempo se les califica como parte de los contendientes a los que hay que vencer en las elecciones de 2018.

No parece necesario hablar mucho del principal aliado potencial del Frente, el PAN, el cual representa la continuidad de las políticas públicas impuestas desde hace varias décadas y ha sido uno de los protagonistas centrales de la destrucción de las instituciones, de la corrupción, y de la penetración de los llamados intereses ilegítimos en la política. Basta revisar la lista de sus precandidatos a la presidencia de la república para comprobarlo.

Si se fuera consecuente con los objetivos del Frente, las organizaciones y personalidades de la sociedad civil deberían ser los principales protagonistas convocados. Y ello debería llevar también a una autocrítica del propio PRD y a su reestructuración interna para dar paso a una nueva orientación de su política electoral y de la estrategia para el 2018.



Pero todo parece indicar que, lo que se busca en realidad es, simplemente, una coalición electoral de partidos. En este caso, los objetivos programáticos se vuelven secundarios pues lo importante es la construcción de una mayoría electoral. Bajo este esquema, que, en efecto se ha puesto en práctica en algunas entidades del país y en otras partes del mundo, lo importante no es la agenda del cambio, sino la gobernabilidad, como dice el propio documento del CEN del PRD. En una coalición como ésta, resulta indiferente si los candidatos son de un partido, de otro, o se proclaman “independientes”.

Lo anterior se confirma cuando el documento señala que se perfilan tres grandes tendencias electorales. Una que impulsa el extremismo y la polarización social y política del país. Otra, la del PRI que representa la continuidad. Y la tercera que plantea la construcción de una nueva mayoría política y social que represente la pluralidad democrática de México. Y también cuando se precisa que la agenda común del FAD deberá ser progresista, democrática y liberal (contradiciendo el propósito antes expuesto de “superar el modelo neoliberal”)

Pluralidad democrática y agenda liberal, pueden ser en efecto, la base de una coalición de partidos diversa que se proponga un gobierno estable. Pero no es la de un Frente que aspira a la transformación del país y la creación de una Nueva República. Según los postulados del propio documento, si vivimos en un Estado que sufre una profunda crisis institucional, la gobernabilidad ya está fracturada y la polarización social y política también es una realidad existente. Una coalición de partidos amplia y flexible, preocupada sobre todo por administrar la estabilidad política y sin voluntad para resolver los problemas del país no sería entonces la solución sino la garantía de la continuidad de la crisis. Ése ha sido precisamente el error de los gobiernos del PRI y el PAN en los últimos sexenios.



Los cambios que requiere México pasan por una trasformación no solo del régimen político presidencialista sino también y principalmente de las instituciones del Estado para liberarlo de las pandillas y sus intereses ilegítimos, y para cambiar el curso del desarrollo neoliberal. Por ello, la construcción de esa mayoría política y social requiere de un frente mayoritariamente ciudadano que conduzca y sostenga la ruta de ese cambio.

El desastre que vive el país desde hace más de 10 años no se reduce a una crisis del régimen presidencialista, ni ha sido producto de la torpeza e ineficiencias del presidente Peña y su gobierno como dice el documento del PRD. Para que el cambio sea posible, de manera pacífica y dentro de los cauces democráticos, la solución no se encuentra en una coalición de partidos diversos, en la que el programa es lo de menos y la gobernabilidad es lo importante. Se requiere de una amplia participación social organizada en un frente distinto al que en realidad se está proponiendo.

Si el PRD cree que un gobierno de coalición es la respuesta a la crisis del país, su agenda programática se convierte en una mera ficha de cambio para acceder a un reparto de posiciones políticas. No significa una posibilidad de transformar realmente la situación del país.

Quizás valdría la pena que el partido volviera a discutir el asunto y nos propusiera una cosa distinta. Un proyecto de Frente en el que sus participantes manifiesten realmente su voluntad de construir una agenda para el cambio, y en donde el principal interlocutor sea esa mayoría social a la que se alude lateralmente en el proyecto del FAD.

Twitter: #saulescoba

Mundo Nuestro. Este video realizado por ciudadanos de San Andrés Cholula expresa el rechazo a la política de privatización del agua potable en esta población-



Lunes, 03 Julio 2017 00:00

Testigo de la bondad

Mientras copiaba en Internet los requisitos para la reposición de la credencial del INE, entró la pequeña tromba llamada Teo a las 10:40 de la noche para decir: - ¡abuelo, abuelo, encontraron tu credencial! Detrás mi hijo abriendo sus grandes ojos remató, - ¡Y con todo y cartera!

Casi me caigo de mi silla.

La central de abastos de Cuautla hervía de gente hacia las ocho de la noche y ya empezaban a cerrar. Iba con mi lista de compras y jalaba una bolsa con ruedas hacia unos jitomates rebosantes de rojo en un puesto que no era el acostumbrado, son de invernadero dijo la marchanta y compré además la cebolla y los tomates verdes. En la lista sólo faltaban unas calabazas. Dos o tres filas de puestos más adelante las encontré, muy guapas, como esperándome y al intentar pagar que no encuentro mi cartera. Un frío se instaló en el corazón.



Según el libro De animales a Dioses es probable que en el origen el homo sapiens devastó a otros homínidos surgidos en Asia (Erectus), en Europa (Neandertal) y en otras partes del mundo. Algo se me atora en la garganta pues hacia futuro se habla del Antropoceno, una edad de la tierra dominada por el arrasamiento humano de la vida misma. ¿Qué es el homo sapiens? Un virus, se decía en Matrix, capaz de demoler todo, hasta a sí mismo. Origen y destino se abrazan. En un mundo que hicimos áspero, el mono violento sin confianza ni piedad se caza a sí mismo. Cierre de un círculo.

Busqué entre mis cosas con el susto agarrando carrera, una isla solitaria en el mar de gente que se movía haciendo sus compras. No estaba en ningún lado, regresé sobre mis pasos revisando puestos, pisos y pasillos. Nada. Hice memoria y encontré cada puesto visitado, menos el de los jitomates, que ya había cerrado. Traía el dinero del abasto, pero sobre todo una cosecha de tarjetas: desde las de dinero y crédito y las identificaciones. El corazón corría a todo galope.

Seguí a Teo hacia el portón, él aseguraba que tenía un oído de superhéroe pues escuchó el débil tañer de la campana desde su cuarto y con los audífonos puestos. Una pareja joven con su moto encendida, sus chamarras de plástico y sus cascos a la mano apenas se distinguían en el arco de luz del portón. El joven dijo: --Venimos a molestarlo pues me pidieron mis papás que le entregáramos esto--, y me enseña el bulto de la cartera. Revíselo, para que vea si trae todo. Somos maestros, llegamos a casa y mis papás estaban preocupados y como nos ha pasado lo mismo, pues venimos, aunque ya sea noche a molestar, así mañana ya no cancela sus tarjetas. No quise decir que ya había cancelado todo lo relacionado con el dinero, sólo susurré ¿y quiénes son sus papás? Bueno, ellos venden jitomate.

Mi vida, ya larga y buena, ha sido posible por muchos actos de gente bienhechora. Imagino un capítulo faltante para las Ciudades Invisibles de Calvino, donde ese muestrario de ciudades imaginadas que Marco Polo le platicaba al Gran Kan, incluyera una pequeñísima con gestos y actos reiterados propios de una Ciudad de la Buona Gente. O una vitrina modesta en el Museo de los Esfuerzos Inútiles de Cristina Peri Rossi que representara a dos jóvenes regresando su cartera a domicilio a un viejo, ya con la noche encima, en el segundo país más violento del mundo.

En el círculo cerrado hay grietas, muchas.



La ponencia "Las locerías y los centros históricos en Puebla, la ciudad de México, Sevilla y Talavera de la Reina, siglos XVI-XVII " fue presentada por la Doctora Emma Yanes Rizo en el reciente Coloquio Internacional Itinerario de Saberes, Arte y Cultura organizado por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP.

Puebla



Desde mi punto de vista, una de principales razones que facilitaron el asentamiento de los loceros ibéricos en la ciudad de Puebla, fue la existencia de las materias primas necesarias cerca de la ciudad (agua, barro, leña y tequesquite), así como la ubicación de la Angelópolis como centro comercial; además del crecimiento de la urbe y el establecimiento de grandes conventos que requerían forzosamente del servicio de la loza. De ahí que desde mi tesis doctoral la localización geográfica de todo lo anterior se haya vuelto para mí una tarea primordial. Lamentablemente no existe ningún plano de Puebla que abarque la época del asentamiento de los primeros loceros, entre 1550 y 1653. Por ello, para localizar tanto los talleres, como los bancos de materias primas dentro o cercanos a la ciudad de Puebla, recurrí al hasta hoy conocido como el plano más antiguo de la Angelópolis: Planta de la ciudad de los Ángeles de la Nueva España: 1698, de Cristóbal de Guadalajara. Su autor fue un importante sacerdote, matemático, investigador, historiador, geógrafo y cartógrafo mexicano, con residencia en la ciudad de Puebla, [i] y fue colega en su momento de Carlos de Sigüenza y Góngora.



El plano de 1698 se encuentra en el Archivo General de Indias (Sevilla), existe una copia en el Archivo del Ayuntamiento de Puebla. Se publica por primera vez en España en 1952[ii] y en 1995 por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.[iii] En el plano el este señala hacia arriba, el oeste hacia abajo, el norte está situado a la izquierda y el sur a la derecha, por lo que el lado oriente de la ciudad aparece en la parte superior con el observador ubicado por el rumbo del cerro de San Juan.[iv]



A pesar de que la orientación de la Planta de la ciudad no corresponde a la tradicional orientación meridional de los planos y a que carece de escala,[v] la ubicación de solares, la distribución de la tierra, los edificios y caminos que corresponden a los siglos XVI y XVII usando como referencia dicho plano, ha sido considerada como válida y confiable por destacados investigadores como Eloy Méndez Sáinz, quien indica que el perímetro del área ocupada en el plano, es el mismo que el de un siglo antes.[vi]

De igual manera Francisco Vélez Pliego en su artículo “Puebla de Zaragoza, antigua ciudad de los Ángeles, patrimonio cultural de la humanidad”,[vii] compara con base a las actas de cabildo del siglo XVI a mediados del XVII y las crónicas de la época, lo establecido en el plano de 1698, para determinar la pertinencia de uso como fuente documental gráfica para el análisis territorial del siglo XVI.

El estudio de la localización de los talleres de los loceros en Puebla, creo yo, permite entender al menos en parte, las razones geográficas y sociales de su instalación, con elementos de análisis hasta ahora no considerados por otros investigadores.[viii] Tanto el historiador Hugo Leicht, como Lister and Lister, partiendo de la información existente cuando realizaron sus trabajos, ubican los talleres de los loceros de los siglos XVI al XVIII, dentro de la traza española, en el lado norponiente de la ciudad, a partir de la iglesia de San Marcos, hacia el norte, para aprovechar los vientos favorables y evitar el daño a los vecinos por el humo, así como para abastecerse de agua de un escurrimiento sobre la hoy once norte (escurrimiento en realidad bastante escaso). Dichas opiniones y la posible formación de un barrio de alfareros en esa zona, fueron retomadas posteriormente por Efraín Castro Morales y Margaret E. Connors.[ix] Sin embargo, como se verá a continuación, esa afirmación sólo es válida a partir básicamente de 1650, para algunos de los talleres de los loceros que forman el gremio unos años después y no para los alfares de los primeros loceros, de los que tenemos definida su localización a partir de 1695 y hasta 1653.

En el plano mencionado, separamos la ubicación de los talleres en dos espacios: I. La comunidad original de los primeros loceros (1595-1653), formada básicamente por artesanos ibéricos y II. Los loceros que integran a partir de 1653 el gremio de loceros y cuyos maestros en este caso ya son criollos y mestizos.

La primera referencia que tenemos de un alfar establecido data de 1595. Los primeros loceros se instalaron en un área estratégica, en la zona nororiente dentro de la traza española de la ciudad. Al oriente: a sólo una manzana, aproximadamente ciento cincuenta metros, del río de San Francisco, para el abastecimiento de barro y agua; en una zona cercana, más o menos medio kilómetro, de los barrios indígenas de Analco y Xonaca ubicados en la ribera opuesta del río; y sobre las tres primeras calles del camino de Veracruz rumbo a la ciudad de México, ya dentro de la ciudad de Puebla. Al sur: sobre la calle de los Mercaderes, zona comercial, a no más de doscientos metros la plaza principal, donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento y la Catedral, es decir, la zona de mayor prestigio de la ciudad. Al poniente: las locerías rodean el convento de Santo Domingo paralelamente a las cañerías y cajas de agua del mismo. Al norte: a una distancia no mayor de medio kilómetro, cerca del camino que lleva al volcán La Malinche donde se abastecen de leña. Al nororiente: a unos dos kilómetros del barrio de Xanenetla en el cerro de Belén, donde los loceros adquieren el barro rojo. Al sureste, por último, aproximadamente a 22 kilómetros, está el poblado de Totimehuacán de donde se extrae el barro calizo.

Es decir, más allá del argumento del establecimiento de las locerías en una zona con vientos favorables, para evitar las molestias a los vecinos, en una etapa de construcción de la ciudad, mediados del siglo XVI, en la que en realidad había todavía muy pocas casas en Puebla, la zona inicial de localización de los talleres está regida por la cercanía de los loceros al río de San Francisco y al abastecimiento de la materia prima; así como por el acceso a la fuerza de trabajo indígena en la región circundante; en un área además con gran potencial comercial. Y también por el vínculo de los alfareros con el convento de Santo Domingo, al que abastecen de loza y del que eran cofrades.

Los talleres de los primeros loceros se encuentran dentro de un polígono rectangular de cinco manzanas por lado. Cada una medía 150 metros de largo en lo que se refiere al eje oriente-poniente y cien metros de ancho, partiendo del eje norte-sur. Según la traza original, ya desde mediados del siglo XVI cada manzana se divide en seis solares, que a su vez se fraccionaron. En la demarcación actual este perímetro corresponde: al norte la 12 Oriente-Poniente, al sur la 2 Oriente-Poniente, al este la 6 Norte y al oeste la 5 Norte.

En el periodo colonial el perímetro señalado integra las siguientes calles, que hemos coloreado de distintos colores para una mayor comprensión de las colindancias: amarillo, Cerrada de Santo Domingo (6 Oriente-Poniente); verde oscuro, calle de Santo Domingo (4 Oriente-Poniente); verde claro, de los Mesones (8 Oriente-Poniente); rojo, de los Mercaderes (2 Norte-Sur); café, del Puente de San Francisco hacia San Pablo (10 Oriente-Poniente); morado, de San Miguel hacia el Molino (12 Oriente-Poniente). En cada una de las líneas respectivas incorporamos el nombre del locero y su taller en un círculo numerado; así como la fuente documental de donde se obtuvo la información.[x]

Sólo están fuera del rectángulo dos loceros que a la vez son comerciantes, Antonio de Arteaga, que vende loza, en la de los Herreros (3 Poniente- Oriente), que marcamos con azul; y Cristóbal Sánchez en la Calle hacia los Descalzos (16 de Septiembre), indicado con color rosa.

Si estudiamos el plano, podemos afirmar que la ubicación de las locerías en esa zona no fue un hecho casual, está determinada por las ventajas geográficas, comerciales, sociales y humanas que el área ofrece para los loceros.

1) Geográficas. El área es estratégica para el aprovechamiento de los elementos naturales circundantes a los talleres: agua, barro, leña y vientos favorables. Y está ubicada muy cerca del camino de la ciudad de México a Veracruz, para el abastecimiento de las materias primas necesarias para la elaboración del esmalte y de los colores: tequesquite, vidrio, plomo, cobre, hierro, estaño, cobalto, entre otros.

Agua

La hidrografía de la ciudad de Puebla está determinada por la presencia del río Atoyac que cruza de noroeste al sureste, contribuyendo a su caudal sus afluentes: el Alseseca, el Xonaca y el San Francisco también llamado de Almoloya. Existen además manantiales de agua dulce y aguas termales sulfurosas, producto de la actividad volcánica. El terreno de Puebla tiene así dos zonas que la surten de dos clases de agua: la oriental que la abastece de agua dulce potable y la occidental que son aguas sulfurosas. Al norte están los principales manantiales que derivaron en la toma de agua potable para las fuentes públicas y particulares de las casas, al igual que del propio río San Francisco.[xi] Los talleres se ubican muy cerca del río de San Francisco, que los abasteció de agua dulce potable.

Los loceros también tuvieron acceso al agua potable a través de las fuentes públicas ubicadas en los extremos del convento de Santo Domingo y del convento de la Merced; así como de la “Fuente de Carrasco” ubicada en la 5 Norte, la calle donde posteriormente se ubica el taller de Diego Salvador Carreto. En el plano el río San Francisco aparece al oriente. Al norte, marcamos en línea azul claro las cajas de agua que bajan del volcán La Malinche hacia Puebla; y en cuadros azul claro, las tomas de agua pública, en las esquinas del convento de Santo Domingo.

En 1535, fue el convento de San Francisco el primero en contar con merced de agua y fuente pública; la concesión le fue renovada en 1558 y 1591. El líquido para el convento proviene, como se ve en el plano, desde el cerro de “las Canteras”, hoy conocido como de Loreto y Guadalupe y llega al mismo a través de la cañería de barro y cajas de agua.[xii] Posteriormente, en 1556-57, el agua potable llega a la plaza pública, para ello pasa por un arco sobre el río de San Francisco y “por la calle del cinco de mayo, llamada entonces de Santo Domingo”, rumbo al zócalo.[xiii] Como puede verse en el plano, el trayecto del agua potable del convento de San Francisco rumbo a la plaza pública, coincide justamente con la zona donde están ubicadas las primeras locerías.

Por su parte, luego del convento de San Francisco, el de Santo Domingo es de los primeros en contar con agua potable, de acceso también para los vecinos, cuya merced de agua data de 1549.[xiv] En 1551, el Ayuntamiento y el convento de Santo Domingo establecen un acuerdo para que dicho convento otorgue al público tres derrames o fuentes de agua, dos a costa del mismo y otra pagada por el Ayuntamiento. Los derrames se pusieron en las esquinas respectivas de Santo Domingo.[xv] Y la calle 5 Norte, límite del asentamiento de loceros de 1595 a 1653, donde se establece el taller del maestro criollo Diego Salvador Carreto, se ve beneficiada por el paso de las cajas de agua, cañería y alcantarillas de agua dulce. Al convento de la Merced, sobre dicha calle, se le otorga la concesión de agua en 1598.[xvi] En 1608, la calle 5 Norte 200, es conocida como “de la Fuente de Carrasco”, cuya familia hace la pila para beneficiar el consumo del público.[xvii]

Así, creo que la facilidad de abastecimiento de agua en esa zona para los talleres, fue una razón importante para su ubicación.[xviii]

Barro

Los primeros loceros consideraron también prioritaria la localización de sus talleres cerca del abastecimiento de la arcilla. El barro, ya fuera rojo o negro, lo obtienen de diversos bancos. El primero, del propio río de San Francisco, cuyas arenas son útiles para la industria cerámica. El segundo, del barrio de Xanenetla, del otro lado del río de San Francisco, donde están las canteras de Xenene o barro de grano grueso.[xix] El tercero del poblado de Tepetlalpan, hoy conocido como el barrio de Analco, de donde se obtienen el barro rojo para los trastes de uso común; y el cuarto, del cerro de Guadalupe al nororiente. El poblado indígena de Acajete, sobre la Malinche, de tradición alfarera desde la época colonial, también posee bancos de barro usados para la “loza amarilla” o de esmalte con plomo.

Por su parte, el barro blanco o rozado permite por su composición química que la loza resista una mayor temperatura,[xx] se obtuvo según algunas fuentes documentales inicialmente del cerro de Perote, ubicado en el trayecto del camino de la ciudad de Puebla a Veracruz y posteriormente se extrajo del poblado de San Martín Totimehuacán y de la laguna de San Baltazar, al sur de las locerías y ya fuera de la traza.

En el plano, los distintos bancos de barro se señalan con un triángulo café.

Leña

La leña se obtuvo de la cercana sierra nevada de Tlaxcala o Malitzin. El camino a la Malitzin, se distingue en el plano al lado norte de las primeras locerías. De igual manera, el “borujo” (hojarasca utilizada para prender más fácilmente el horno) se adquiría en las huertas de los conventos. La zona de leña está señalada en el plano con un triángulo negro.

Vientos favorables

En la ciudad de Puebla, los vientos dominantes corren de sureste a noreste. Y la ciudad está protegida de los vientos desfavorables del norte por los cerros de Loreto y Guadalupe. La ubicación de las locerías en el rectángulo indicado, permite también, como en el caso posterior de la ubicación de las locerías en la zona norponiente, que el efecto del humo desprendido de los hornos circule de manera natural hacia el norte.[xxi] Los vientos dominantes están marcados en el plano con las flechas respectivas de sureste a noreste.

El abastecimiento de materias primas

El esmalte de la loza estannífera está formado por determinado porcentaje de plomo y estaño y requiere de la sosa o tequesquite para su fundición. Los colores básicos se elaboran por su parte, con base en los óxidos de hierro, que corresponden a los colores negro y café; el óxido de manganeso también para el café; el óxido de cobre para el verde, el óxido de antimonio para el amarillo y el de cobalto para la preparación del azul.

Barrilla y tequesquite

La planta de la “barrilla” y el tequesquite o sosa natural, que proviene del sedimento de las lagunas, existe en la época en abundancia tanto en el lago de Texcoco, como en la laguna de Totolcingo en Oriental.[xxii] Por lo tanto, la ubicación de los loceros en el camino de Puebla a Veracruz, rumbo al cofre de Perote, también resulta óptima para el abastecimiento de ese material, además de que el mismo se vende en la propia ciudad de Puebla, en los talleres de vidrio y jabón. La zona de tequesquite está ubicada en un triángulo naranja.

Estaño y plomo

El plomo y el estaño, provenían tanto de España, como del Galeón de Manila, así como de la producción minera de la propia Nueva España e incluso del obispado de Puebla. Para su adquisición fue imprescindible por lo tanto la existencia del camino de Veracruz a la ciudad de México y viceversa. Además, los loceros utilizaron material de desperdicio de otras industrias u objetos que existían en la ciudad, como las vajillas de peltre, herramientas, los tubos de los órganos eclesiásticos, objetos litúrgicos, etc. En el plano, plomo y estaño aparecen en un triángulo gris.

Vidrio

En 1542, se hizo merced de dos solares a espaldas de la huerta del convento de Santo Domingo al primer vidriero: Rodrigo de Espinoza, quien ubicó su taller en la hoy calle 5 Norte 400, que corresponde al perímetro donde están ubicadas las locerías iniciales. En 1543, el cabildo prohíbe a Espinosa cortar leña a menos de dos leguas de la ciudad, porque “gastaba mucho para su oficio”. Según Veytia, citado por Hugo Leicht, a pesar de esa prohibición el taller, sigue funcionado hasta principios del siglo XVIII.[xxiii] En el plano el taller de vidrio de Rodrigo de Espinoza aparece con un triángulo verde claro.

Los colores

En 1565 estaba establecido en la ciudad de Puebla, un “molino de pastel junto al hospital de San Pedro y San Pablo”, en la hoy 2 Oriente-Poniente.[xxiv] Es decir, dentro del área de los loceros. En este, indican los especialistas: “No se fabricaba pan, ni harina, ni ningún derivado de trigo, se trataba de una unidad donde se producían los colores que se empleaban en las distintas actividades productivas y artísticas de la ciudad”.[xxv]

El hierro por su parte, para la obtención del negro pudo extraerse de la escoria de las herrerías, en la calle justamente de los Herreros hoy 3 Poniente, a sólo trescientos metros de las locerías. El cobre, como ya comentamos proviene del desecho de otras industrias o de la compra de “alcaparrosa,” mineral que tenía cobre. Y el amarillo, de las propias letras de imprenta, elaboradas con plomo y antimonio; recordemos que en esa época las imprentas en Puebla están en los portales, frente a la plaza principal, muy cerca de los talleres. El cobalto, por su parte, se obtiene a través del comercio con España y Manila; y probablemente también de minas en la región de Tepozotlán.

2) Comerciales. Ubicación de las tiendas gremiales

Desde el punto de vista comercial las locerías están ubicadas en un lugar privilegiado: las calles del camino de Veracruz a la ciudad de México y también de Puebla rumbo a Oaxaca, llamada de los Mesones y en la calle de los Mercaderes, colindante justamente con la plaza pública o zócalo, así como en la calle de San Marcos, hoy avenida Reforma y también rumbo a la Plaza Mayor. Desde 1537 la plaza pública sirve de mercado para toda la ciudad, ya que está reglamentado que “sólo se hiciera tianguis en la plaza pública y los días lunes”.[xxvi] Incluso en 1577 se nombra alhóndiga para la venta de trigo y semillas: “a la plaza pública y portales de ella, con las calles que desembocan a ésta”.[xxvii] Por su parte en 1588, se autoriza también el establecimiento del tianguis de la ciudad los días miércoles, en la calle de los Herreros frente al convento de San Agustín.[xxviii]

La cercanía de los talleres a los principales caminos y plazas públicas tuvo varios beneficios: 1) La facilidad de transporte de la loza a los principales centros comerciales (dentro y fuera de la ciudad de Puebla) y por lo tanto menor riesgo de ruptura de la mercancía; 2) La venta directa de la loza en los talleres, estipulada más tarde en las ordenanzas de 1653, ya que los clientes potenciales tienen que pasar forzosamente por esas calles, rumbo a la plaza de Puebla o hacia la ciudad de México y viceversa; 3) La venta de nuevos contenedores de barro en sustitución de los rotos en el trayecto de la Península hacia la Nueva España.

Esta ubicación comercial marca una diferencia con los loceros de Talavera de la Reina, ya que para ellos la salida de sus productos en esa época es un problema recurrente, que resuelven, en cierta medida, trasladándose ellos mismos y sus talleres a ciudades comerciales como el puerto de Sevilla.[xxix] O en nuestro caso incluso con el viaje trasatlántico de los loceros a la propia Puebla de los Ángeles en la Nueva España.

3) La fuerza de trabajo

De los documentos encontrados en los archivos, he logrado concluir que fueron los indígenas la fuerza de trabajo básica de las locerías. A partir de 1561-62, se establece en la ciudad de Puebla fuera de la traza española, a los nativos provenientes de Cholula, Tepeaca, Totimehuacán, Tochimilco, Huejotzingo y Calpan, mismos que se ubican en siete barrios: Analco, Santiago, San Francisco, San Pablo de los Naturales, San Miguel, San Sebastián y dos arrabales: Xonacatepec y Xanenetla.[xxx] Como se puede observar, algunos de esos barrios están muy cerca de los talleres, por lo que los loceros contaron con suficiente fuerza de trabajo indígena e incluso con trabajadores especializados en el arte de la cerámica, como eran los tlaxcaltecas, huejotzingos y cholultecas.

4) El espacio social

En la Puebla colonial, la organización del espacio por parroquias para administrar y oficiar la misa, fue un mecanismo común de la Iglesia para recabar los ingresos fiscales y organizar a su vez las tareas concernientes al adoctrinamiento y administración de los sacramentos. Con base en ello, la Iglesia subdivide los barrios y los pueblos de su jurisdicción en secciones parroquiales.[xxxi] La red de iglesias se vuelve así primordial para el diseño de la ciudad y el sentido de pertenencia de sus ciudadanos. La parroquia central o principal, está constituida por el Sagrario de la catedral y abarcaba precisamente la Plaza Mayor y todas las manzanas adyacentes a ésta y a la catedral, es decir el área céntrica y “lo principal de su población”.[xxxii]

La parroquia del Sagrario comprende por tradición “las casas de los vecinos más ricos” o en su caso de los avecindados españoles con prestigio social. Por su ubicación, a dicha parroquia pertenecen los primeros loceros ibéricos asentados en Puebla. El recorrido de una de las procesiones más importantes de la Puebla colonial, la de Corpus Christi, pasa por algunas de las calles de nuestros loceros: Mercaderes, Santo Domingo, Horno de Vidrio y Herreros, para regresar de nuevo a la plaza pública y la catedral.[xxxiii] La parroquia del Sagrario cuenta también con parroquias auxiliares, como la de San José, que incluye entre otros a los barrios de Xanenetla y de el Alto, barrios indígenas alfareros. Ya la iglesia de San Marcos, sobre la calle de Herreros, sede posteriormente del gremio de loceros. Habrá que agregar, por último, la pertenencia de una de las primeras familias de loceros, los Encinas-Gaytán a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, en el convento de Santo Domingo, una de las más antiguas y prestigiadas de la ciudad.[xxxiv]

La permanencia de los talleres de los alfareros dentro de la traza española, a pesar de su posterior expansión, es también una característica distinta de los loceros de Talavera de la Reina, Sevilla y de la propia ciudad de México, quienes desde el siglo XVI se ven obligados a mover sus locerías “extramuros”, por la contaminación de los hornos.[xxxv] Los loceros poblanos se establecieron siempre dentro de la traza española y pertenecen a lo largo del periodo colonial a la parroquia del Sagrario. Sólo los talleres de indígenas y mestizos, de “loza amarilla” o de plomo se asientan fuera de la traza, del otro lado del río de San Francisco. Algunos de los cuales, con sus variables, permanecen hasta la actualidad.

Así, desde el punto de vista del uso del espacio, los primeros loceros, logran establecerse en un lugar estratégico no sólo desde el punto de vista de acceso a las materias primas, la fuerza de trabajo y el comercio, también dentro de un espacio social digno de la ascendencia española de dichos alfareros.

Lamentablemente para la ubicación de estos primeros talleres contamos con referencias documentales, pero no arquitectónicas. Aunque sabemos por los vestigios de algunos tiestos arqueológicos y ciertas piezas en qué consistió la producción inicial de la hoy conocida como talavera.

Posteriormente, a partir básicamente de 1653, la comunidad integrada por los primeros loceros, creció y se expandió a través de diversos mecanismos: los enlaces matrimoniales, la dote, la herencia, el sistema de trabajo maestro-oficial-aprendiz, la participación en las cofradías y la ubicación de los talleres esta vez en torno al convento de la Merced y la iglesia de San Marcos. Ubicación que ahora sí corresponde a lo indicado por Lister, es decir en la zona norponiente de la ciudad, en la que existen aún en la actualidad tres locerías del siglo XVIII en completo estado de abandono. Se trata de la Antigua locería de Cabezas, en la actual 12 Poniente 708, La antigua locería de Zayas, en la 10 poniente 710 y la antigua locería de Alfaro, en la 8 Poniente 713.

Locería de Zayas. 10 poniente 710.

Locería de Cabezas, 12 poniente 708.

Locería de Alfaro, 8 Poniente 713.

Ciudad de México

En el caso de la ciudad de México, de igual manera, los loceros se asentaron a partir básicamente de mediados del siglo XVI, en lo que entonces correspondía a las afueras de la plaza principal de la ciudad, en lo que hoy se conoce como la Alameda y tenían como sus santas patronas, al igual que en Sevilla a Santa Julia y a Santa Rufina. Según indica Patricia Fournier, en los censos levantados en la ciudad de México entre 1753 y 1811 (AGN, Padrones), aparecen registrados un número considerable de loceros y alfareros. La distribución espacial de los talleres era al poniente del conglomerado urbano de la época, emplazamiento, indica Fournier, que corresponde al parecer a la ubicación original de los primeros talleres y que era fuera de la traza principal; lo cual resultó de la necesidad de mantener las humaredas de los hornos lejos de las residencias de los españoles y criollos que vivían en el primer cuadro. En dicha zona se han encontrado tanto restos de hornos cerámicos de doble cabina propios de la loza estannífera, como tiestos arqueológicos que corresponden por su tipología desde los siglos XVI al XVIII. Según comenta Fournier, los talleres se encontraban además en las inmediaciones del hospital de San Juan de Dios y de la Santa Veracruz; al norte, al oeste y este de la Calzada de Santa María llegando hasta La Lagunilla; por el rumbo de San Antonio Abad; cerca del mercado de San Juan y las proximidades del Colegio de Vizcaínas; otro grupo se encontraba al oriente, hacia el puente de San Lázaro y cerca de Mixcalco; por Peralvillo también existían talleres y unos cuantos hacia Santiago Tlalelolco además de, atípicamente, los que se encontraban en el centro mismo de la ciudad, vecinos de la iglesia de Regina Coeli. Esta distribución perduró hasta el siglo XIX según el directorio comercial de Eugenio Maillefert de 1897.

En el siguiente levantamiento de la ciudad de México de 1793, adaptado por Cortés Delgado, pueden apreciarse los señalamientos referidos por Patricia Fournier y sus colaboradores. En el número 1 se distingue claramente lo que consideraba el primer cuadro en el siglo XVI; en el 2, el ya mencionado barrio colindante de los alfareros y del 3 al 7, los distintos bancos de barro para los alfareros, tanto rojo como negro.

Está ubicación les permitía por un lado estar cerca del principal centro comercial de la ciudad de México que era la plaza mayor, no molestar con el humo a los vecinos y por el otro lado abastecerse de los dos tipos de barro de los bancos del mismo circundantes.

Plano 1. La ciudad de México en 1793 (adaptado de Cortés Delgado y González Aragón 2003, 31). 1. Catedral Metropolitana; 2. el Barrio de los Alfareros; 3. banco de Nonoalco ; 4. banco de la hacienda de Los Morales; 5. banco de la hacienda de Teja; 6. banco del ejido de La Piedad; 7. banco de la Acordada.

Por otra parte, para entrar en detalle, en el siguiente mapa puede apreciarse con claridad la traza original de la urbe (1) y cómo el barrio de alfareros se estableció en su colindancia (2); de igual manera se distingue cómo fue expandiéndose la ciudad en el siglo XVIII; así como el establecimiento de ladrilleras en las afueras de la ciudad colindando con el Lago.

Plano 2.La ciudad de México en el siglo XVIII, nótese la línea gruesa que demarca la traza original de la urbe. 1. Catedral Metropolitana; 2. Santa María la Ribera; 3. Santa Veracruz; 4. Tlatelolco; 5. Santa Catalina (taller de Diego de Vargas Piña); 6. San Juan; 7. Regina Coeli; 8. San Lázaro; 9. ladrilleras; 10. San Antonio Abad.

Fuente: La loza blanca novohispana: Tecnohistoria de la mayólica en México. Patricia Fournier, Karime Castillo, Ronald L. Bishop y M. James Blackman.

Sevilla

Veamos ahora el caso del asentamiento de los loceros de lo fino o esmalte estannífero en Sevilla.

A diferencia de Puebla de los Ángeles, ciudad recién fundada en 1521 conforme a los cánones del Renacimiento, Sevilla era una ciudad medieval y como tal contaba con una gran muralla. En ésta, tanto bajo el dominio islámico o tras la posterior reconquista de la ciudad por las tropas castellanas, las ollerías y alfares de la ciudad estuvieron asentados en dos zonas:

Una intramuros, en torno a los barrios de san Pedro, san Vicente y san Marcos. Y otra extramuros en los arrabales de Triana y San Telmo, es decir, en la orilla izquierda del río Guadalquivir del que los loceros se dotaban de agua y barro.

En el siglo XVI, a diferencia de en Puebla, en Sevilla se produjo un movimiento radial que desplazó a los alfares y ollerías desde el interior de la ciudad hacia los arrabales, básicamente, según indica José María Sánchez, por dos motivos:

  1. Por la insalubridad e incomodidad que la industria ocasionaba a la vecindad, ante la gran cantidad de humo que los hornos generaban. Siendo Sevilla, a diferencia de Puebla, una ciudad altamente poblada en el siglo XVI.
  2. Por los inconvenientes que a los propios alfares ocasionaba tanto el abastecimiento del barro al interior de la ciudad, dificultado por el trazo laberíntico de la propia urbe medieval, como así mismo por la dificultad del abastecimiento de agua.

Los alfares intramuros, se localizaban en el barrio de san Vicente, conocido como de los Humeros, en clara alusión a la gran cantidad de humo generada por dicha industria. Su ubicación en la zona, con loceros de reconocido prestigio, se debía a su cercanía con la Puerta de Goles, una de las entradas a la ciudad. Es decir era de carácter estrictamente comercial.

Por su parte, durante el ya mencionado siglo XVI, los talleres establecidos en el barrio de Triana, en el margen izquierdo del río Guadalquivir, ocupaban el 80% de los alfares, constituyéndose por lo tanto en el barrio alfarero por excelencia. Triana se convirtió en el lugar idóneo para la instalación de los talleres, debido a:

  1. Estaba lejos de la ciudad para evitar al vecindario las ya comentadas molestias. Y al mismo tiempo bien comunicado con la ciudad por el puente de barcas.
  2. Su cercanía con el río, como hemos comentado ya en el caso de la ciudad de Puebla, suponía una fácil adquisición de las materias primas, como el barro y suponía también contar con agua en abundancia. Ambos aspectos además ahorraban costos de transporte.
  3. Existía a su vez en la zona de Triana, un amplio territorio, necesario para la expansión de los alfares, que requieren para su buen funcionamiento de solares amplios. Las parcelas de mayor dimensión difícilmente podían obtenerse intramuros por la densidad de la población.

Habrá que agregar por último que existían en Sevilla talleres itinerantes, es decir que se montaban en el lugar donde se producía la demanda, se trataba desde luego de grandes obras arquitectónicas que requerían de muchas piezas, tanto de loza como de azulejos. En esos casos el ceramista trabajaba al pie de la obra y el contratante se ahorraba el costo del transporte.

Haciendo una valoración entonces entre la ubicación de los talleres de Puebla y los de Sevilla, podemos determinar que los loceros poblanos del siglo XVI, ubicados en el perímetro ya señalado en las cercanías del río de San Francisco, lograron cumplir tanto con el objetivo del abastecimiento de las materias primas, como con el asentamiento en un área comercial. De igual manera se pueden distinguir talleres en contra esquina o muy cerca de la construcción de los conventos en expansión a lo largo del siglo XVI y XVII. El inconveniente del humo para los vecinos sólo sería un factor a considerarse posteriormente, conforme la ciudad fue creciendo. Y aun así no implicó la salida de los talleres de lo que se conoce como la traza española.

Afortunadamente en Sevilla se han logrado rescatar los hornos del siglo XVI al XX, de la que fue locería de Antonio Gómez a finales del siglo XIX, hoy Museo de Cerámica de Triana.

Talavera de la Reina.

Por su parte, la ciudad de Talavera muy cercana de Toledo, como Sevilla era también una ciudad antigua, de la época romana, con una enorme muralla para evitar la incursión de los bárbaros; fue recuperada por los reyes católicos del mundo árabe y dada la fertilidad de sus suelos y la habilidad de sus artesanos pronto fue considerada una ciudad favorita de la corona por lo que pasó a denominarse Talavera de la Reina, con la especialidad en la loza fina, de inspiración italiana. Ahí los talleres de los loceros se establecieron también extramuros, a orillas del caudaloso río Tajo, de donde los artesanos se abastecían de agua, barro y arena, lo que les permitía además estar en una zona donde no sólo no molestaban a los vecinos asentados en la ciudad desde mucho tiempo atrás. Sin embargo, una vez consumada la conquista de México y la apertura comercial del mundo americano, los loceros talaveranos quedaron lejos de la salida comercial al Atlántico, por lo que fue común que sus loceros que eran excelentes pintores, establecieran sus talleres ahora en Sevilla.

Es decir, que a diferencia de en la ciudad de Puebla, el problema del transporte y el acceso comercial para la venta de sus productos, no les favorecía.

Rescate de locerías y hornos.

En resumen creo que los loceros establecidos en la ciudad de México, priorizaron su cercanía al primer cuadro, es decir hacia sus consumidores, como el elemento fundamental para ubicar sus talleres; seguido de una relativa cercanía de los bancos de barro. Los loceros poblanos por su parte, en ventaja contra los artesanos tanto de Sevilla, como de Talavera de la Reina y de la propia ciudad de México, lograron establecerse dentro de lo que se conoce como la traza española, para garantizar el consumo de los ibéricos; y al mismo tiempo cerca del abastecimiento de las materias primas (barro y agua), de la fuerza de trabajo indígena y del camino de Veracruz rumbo a la ciudad de México.

Citas

[i] Elías Trabulse, Historia de la ciencia en México, siglo XVII, México, FCE, 1985, pp. 47-49. Cristóbal de Guadalajara es mencionado también como científico mexicano por Antonio García Cubas, en su Diccionario Geográfico, Histórico y Biográfico de los Estados Unidos Mexicanos, México, Antigua imprenta de Murguía, 1888, vol. 1, p. 159.

[ii] Fernando Chueca Goitia y Leopoldo Torres Balbas, Planos de ciudades iberoamericanas y Filipinas, existentes en el Archivo General de Indias, Madrid, 2ª ed., 1981, pp. 242 y 575.

[iii] Francisco M. Vélez Pliego y Ambrosio Álvarez Guzmán, Cartografía histórica de la ciudad de Puebla, carpeta, Puebla, coedición ICSYH/Gobierno del Estado de Puebla, 1995.

[iv] Dado su rescate hasta los años cincuenta del siglo XX, dicho plano no se cita en la obra de Hugo Leicht, Las calles de Puebla (1930). Tampoco hay referencias al mismo en las obras de Lister and Lister (cotejar bibliografía).

[v] Herbert J. Nickel, en su investigación Agrimensura y cartografía en México, 1720-1920, CD, México, UNAM/El Colegio de México, 2010, documenta la dificultad de ubicación precisa de la forma y tamaño de los terrenos y de la representación de instalaciones, caminos y tipos de explotación, en los planos de la Nueva España hasta antes del siglo XVIII en que se introdujo la técnica de la plancheta; de igual manera anota que el primer atlas topográfico con escala en México se realizó entre 1878 y 1915, op. cit., p.1. Por lo que consideramos que las probables impresiones en el plano de 1698 de Cristóbal de Guadalajara, deben de entenderse no tanto como errores propios del autor, sino como una limitación técnica de la época en que fue elaborado. La escala probable del plano considerada por Eloy Méndez es de un centímetro equivalente a 100 varas, ya que la medida del plano es de 43.2 x 31.2 cm.

[vi] Eloy Méndez Sáinz, Urbanismo y morfología de las ciudades novohispanas, El diseño de Puebla, México, UNAM / BUAP, 1988, p. 232.

[vii] Francisco Vélez Pliego, “Puebla de Zaragoza, antigua ciudad de los Ángeles, patrimonio cultural de la humanidad”, en: Revista electrónica Sociedad, Ciudad y Territorio, Puebla, BUAP/ICSyH, 2001, pp. 9-16.

[viii] Lister Florence y Robert Lister, Sixteenth Century Maiolica in the Valley of Mexico. Arizona: The Univ. of Arizona Press, Anthropological Papers, núm. 39, 1982, pp.145-48. Y de los mismos autores: “The Potter s Quarter of Colonial Puebla, México”, Historical Archaeology, vol 18, 1982, pp.88-91. Hugo Leicht, op. cit., pp.123-24

[ix] Véase Efraín Castro Morales, op. cit., p. 27. Margaret E. Connors Mc Quade, “Loza Poblana: the emergence of mexican ceramic tradiction”, Doctor of Philosophy, The City University of New York, 2005, pp. 76-79, 213.

[x] Para localizar los talleres partimos del grupo documental de 1595 a 1697 compilado por nosotros en su mayoría inédito. Cuando nos pareció pertinente, luego de cotejar nuestros documentos originales, agregamos información publicada por Cervantes. Después separamos los loceros que pertenecieron a la comunidad original, de aquellos que no lo fueron, con base en criterios ya manejados a lo largo de la investigación. Posteriormente cotejamos las direcciones, y ubicando calles y colindancias con base en el libro de Hugo Leicht ya citado. Más adelante ubicamos los talleres en el plano División parroquial de Puebla de los Ángeles, Nomenclatura de 1777, elaborado por la BUAP, con los nombres originales de las calles en la etapa Colonial, con base en este mismo trasladamos la información al plano de 1698.

[xi] Alberto Carabarín, Agua y confort en la vida de la antigua Puebla, Puebla, BUAP, 2000, p. 59.

[xii] Hugo Leicht, op. cit., p. 59.

[xiii] Ibidem, p. 46. Sobre la destreza técnica que se requirió para la elaboración de dichas obras ver Alberto Caravarín, op. cit., p. 71.

[xiv] El ayuntamiento de Puebla hizo merced al Convento de Santo Domingo de la mitad del agua de una fuente próxima al camino de Tlaxcala. Posteriormente, los dominicos hallaron no muy lejos de la misma otros manantiales: pidieron al Ayuntamiento le diera al Convento la mitad de esas aguas, a cambio de hacerla llegar a la ciudad, lo cual fue aprobado.

[xv] Hugo Leicht, op. cit., p. 437.

[xvi] Ibidem, p. 242.

[xvii] Ibidem, p. 161.

[xviii] Sobre la extensión de la red hidráulica de barro a lo largo y ancho de la ciudad en la etapa Colonial, así como a los vestigios de cañerías de barro rescatados por el departamento de arqueología del INAH, Puebla, nos detendremos en otro capítulo.

[xix] Hugo Leicht , op. cit., p. 374.

[xx] Enrique A. Cervantes, op. cit., t. 1, pp. 1- 2.

[xxi] Hugo Leicht, op. cit., p. 124. Eloy Méndez, op. cit., p. 155.

[xxii] Blas Román Castellón Huerta (coord.), Sal y salinas…, op. cit., p. 70. Alexander von Humboldt, Ensayo político…, op. cit., pp. 459-60.

[xxiii] Hugo Leicht, op. cit., pp. 188-89.

[xxiv] Ibid., p. 1

[xxv] “La Puebla de los Ángeles en el siglo XVI” en Actas de cabildo de la ciudad de Puebla, siglo XVI, Puebla, Archivo Histórico Municipal de Puebla, 1998, formato en CD, p. 509.

[xxvi] Véase Emma Yanes Rizo, Pasión y coleccionismo, El Museo de Arte José Luis Bello y González, México, INAH, 2005, p. 145

[xxvii] Idem.

[xxviii] Idem.

[xxix] Véase José María Sánchez Cortegana “El oficio del ollero en Sevilla en el siglo XVI”, Arte hispalense, Sevilla, Publicaciones de la Excma Diputación Provincial de Sevilla, 1994, núm. 65, p. 76.

[xxx] Eloy Méndez Sáinz, Urbanismo…, op. cit., p. 193

[xxxi] Ibidem, p. 198

[xxxii] Ibid., p. 211

[xxxiii] Emma Yanes, op. cit., pp. 159-60

[xxxiv] Fray Francisco R. de los Ríos, Arce, Puebla de los Ángeles. La orden dominicana, Puebla, Imprenta, Librería y Papelería “El escritorio”, 1910, 3 vols.

La Orden Dominicana, Puebla, Imprenta del Colegio Pío de Ciencias y Artes, 1910, t. II, p 118.

[xxxv] José María Sánchez Cortegana, op. cit., pp. 72-73.

Mundo Nuestro. Esta texto de Emma Yanes Rizo sobre el libro de Mario Vázquez Olivera y Fabián Campos Hernández México ante el conflicto centroamericano, Testimonio de una época (UNAM, CIALC, Artigas Editores, diciembre 2016), fue presentado la semana pasada en el Museo Nacional de las Intervenciones en la ciudad de México.

El libro México ante el conflicto centroamericano, coordinado por Mario Vázquez y Fabián Campos, reúne quince artículos que de manera crítica proponen al lector nuevas líneas de investigación para tratar de entender la complejidad de la relación de México con Centroamérica en las cuatro últimas décadas del siglo XX, es decir antes de la ruptura de la política exterior solidaria de México hacia esa región, alterada luego de la llegada del Partido Acción Nacional a la presidencia de la República (2000) y al establecimiento de la política neoliberal, que permanece hasta la actualidad.



Para entender el período que abarca de 1976 a 1996 desde una perspectiva histórica, el libro propone una lectura múltiple con base en fuentes originales antes de difícil acceso[1], además de una bibliografía actualizada e interesantes testimonios. Desde mi punto de vista puede realizarse una lectura temática del texto, abordando a grandes rasgos las aportaciones de los artículos en los siguientes temas: 1) La política del Estado mexicano hacia Centroamérica y su relación con los Estados Unidos; 2) La solidaridad de la izquierda mexicana hacia las luchas revolucionarias en la región e incluso la incorporación de mexicanos a la lucha armada en Nicaragua, Guatemala y El Salvador; 3) El papel de México como receptor de refugiados centroamericanos; y 4) Entrevistas o testimonios de vida de los diplomáticos mexicanos Gerardo Camacho Vaca (agregado cultural en Nicaragua), Hermilio López Bassols (embajador en el Salvador) y Carlos Plank Hinojosa (embajador en Panamá).

Sin dejar de lado los artículos que se refieren al comportamiento de la prensa mexicana en torno a los conflictos centroamericanos, en particular con la cobertura de la revolución nicaragüense por el fotógrafo Pedro Valtierra del periódico UNO más UNO; y el seguimiento al impacto de las revoluciones de la región mencionada en las tesis académicas mexicanas.

En el primer aspecto destaca el artículo de Mario Vázquez y Fabián Campos Las bases de una política de Estado, 1978-82, en el que los autores determinan la capacidad de México para actuar en el plano internacional a favor de Centroamérica, deteniéndose en tres momentos cruciales de la política nacional hacia la referida región: La ruptura de relaciones de México con el gobierno de Somoza en 1979, la Declaración Franco-Mexicana de 1981 y la Conformación del Grupo de Contadora en 1983. Esas tres estrategias geopolíticas estuvieron sustentadas en la búsqueda de legitimidad interna del régimen priísta, que acababa de decretar la Reforma Política, como respuesta al descontento social luego de los lamentables sucesos de 1968 y 1971 y al surgimiento de la guerrilla en el país; así como en el interés económico de México dado el auge petrolero, por expandir su mercado hacia Centroamérica. De igual manera, con su política nacionalista y solidaria, México ´realiza en esa época una abierta oposición a la política intervencionista de Estados Unidos en el área, que de no detenerse ponía a nuestro país en una frágil posición geopolítica. Sobre esos temas reflexionan de igual manera Mónica Toussaint y Mireya Tinoco.

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Sin embargo atinadamente en el libro se analiza también como el apoyo del gobierno de México a las luchas centroamericanas, contra lo que se suele pensar, no fue uniforme. Según se específica en el interesante artículo de Fabián Campos La Dirección Federal de Seguridad y los revolucionarios guatemaltecos, 1947-85, México optó por una actitud beligerante contra la primera oleada de la guerrilla guatemalteca (1960-72), situación que con anterioridad a ese artículo no había sido considerada. Campos explica que en mayo de 1970 fueron asesinados en territorio mexicano los líderes chapines del MR 13, Marco Antonio Yon Sosa, Enrique Cacahueque Juárez y Fidel Raxcacu. De igual manera, el octubre del mismo año fue detenido en la ciudad de México en tránsito hacia Cuba el guerrillero guatemalteco Oscar Arturo Palencia, lo que obstaculizó el devenir de esa guerrilla.



Por su parte, respecto a la solidaridad de la izquierda mexicana con los movimientos centroamericanos, habrá que comentar el interesante artículo de Carlos Planck, que explica el internacionalismo mexicano tanto por razones internas como externas. Entre las primeras razones se encuentra la ya tradición mexicana de apoyo a las causas democráticas, en particular a partir del período cardenista; y en lo externo el éxito de la revolución cubana de 1959; así como la búsqueda para Centroamérica por parte de nuestro país de un camino revolucionario nacionalista y no comunista, para fortalecer la geopolítica del Estado mexicano. Fue en ese sentido, se señala, que la izquierda mexicana y el gobierno llegaron a converger en un objetivo común: la democracia en el área. Es una historia pendiente de cualquier manera, se indica, rescatar la historia de miles de mexicanos que formaron parte de las tareas de solidaridad con Centroamérica, antes y después por ejemplo del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua; y específicamente de aquéllos que se incorporaron a la lucha armada en las guerrillas de Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

A su vez, en relación al papel que ha jugado México como país receptor de refugiados centroamericanos, destacan los artículos de Mario Eduardo Valdez, Joel Pérez, Mercedes Olivera y Miguel Ángel Sandoval, que se refieren en particular a la complejidad de la solidaridad de México con Guatemala, país con el que comparte frontera, dado que la legislación mexicana sólo contemplaba en los años ochenta la figura de asilo político pero no de refugiados civiles, en este caso de campesinos pobres. Fue gracias a la presión que ejerció la sociedad civil hacia el gobierno de México que finalmente nuestro país estableció los campamentos de refugiados en Chiapas, no carentes de dificultades dada la ocasional incursión en la zona del ejército guatemalteco.

Por su parte, las entrevistas y testimonios de los diplomáticos mexicanos ya antes mencionados, en Nicaragua, El Salvador y Panamá, nos permite conocer de viva voz el nivel de involucramiento personal de los funcionarios nacionales contra las dictaduras centroamericanas, en busca de una nueva democracia regional.

Una lectura múltiple entonces la de este libro, que al mismo tiempo que rescata el otrora importante papel del Estado mexicano como líder político en Centroamérica, pone de igual manera el acento en la necesidad de revalorar las contradicciones de esa política, por ejemplo en el caso de la guerrilla guatemalteca. El libro señala también una tarea pendiente: la historia y testimonios de vida de nuestros connacionales que participaron voluntariamente en diversas facetas de la solidaridad de México con Centroamérica, sin dejar de lado aquéllos que incluso se incorporaron a la lucha armada, gran parte de los cuales permanecen en el olvido.

Tiendo a pensar, después de la lectura del libro, que el papel solidario del gobierno mexicano hacia Centroamérica en esos años no se hubiera consolidado como lo hizo sin la activa participación de la sociedad civil nacional a favor de las causas democráticas.

Un libro entonces que invita a una reflexión más amplia desde la perspectiva actual de casi parálisis social en torno a la exigencia del papel que debe retomar México para volver ocupar su otrora liderazgo regional hoy eclipsado tanto por una política represiva ante la oposición interna, como por la simpatía de los gobiernos neoliberales hacia los intereses de los Estados Unidos en el área; que va desde el conocido dicho “Comes y te vas”, del presidente Vicente Fox a Fidel Castro, como la intromisión de Viodegaray en los asuntos internos de Venezuela, pese a su fracaso en la OEA.

[1] Me refiero a los documentos de 1964 a 1982 agrupados en los archivos de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), integrada en el año 2000 y que puede consultarse en línea http://nsarchive.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB180.

Vida y milagros

En seguridad y justicia ¿Qué tanto hemos caído?



Solo en este año, muchas personas a las que conozco fueron víctimas de algún delito. Los casos que fueron denunciados nunca fueron bien investigados y mucho menos castigados. Desde delitos no tan graves a delitos gravísimos. Algunas víctimas han denunciado y otras no. Los delitos más comunes han sido el robo de coche, de bolsa, de cartera, asalto a sus oficinas o domicilios sin que hubiera nadie en el momento del asalto, hasta robo con violencia y a mano armada en la calle , en el negocio o en sus casas, con violencia física y amenazas. No hago mención de otros delitos aún más graves. De los casos no graves, la mitad no llegó a poner la denuncia porque temieron o se hartaron de hacer cola en el ministerio público. Los que si denunciaron aún esperan noticias sobre sus casos, y ninguno ha sido resuelto aún. Ningún policía ministerial se ha presentado a dar seguimiento a los hechos denunciados.

¿Por qué es así?

Vi las cifras de una asociación civil que apoya a víctimas del delito (Índice Global de impunidad 2016, UDLAP, Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia). Ellos tienen acceso a bases de datos nacionales que permiten comparar el trato que se le dio al rubro de impartición de justicia en el presupuesto de egresos 2015 y 2016 del estado de Puebla con respecto a otros estados. En 2017 nada ha cambiado y creo que empeorará pues el año pasado los señores diputados, en base a no sé qué criterios que les envió el poder ejecutivo y que ellos aprobaron, recortaron aún más el presupuesto de este año. Los datos que a continuación transcribo, nueve indicadores, nos ubican con respecto a otros estados y con respecto a la media nacional.



Al ver los datos usted entenderá por qué no hay buenos resultados en las investigaciones y también por qué estamos a ciegas con respecto a los verdaderos índices de los delitos cometidos. La dificultad y tardanza para denunciar desalientan o impiden las denuncias, y por lo tanto, el saber el verdadero número de delitos que se cometen. Las deficiencias presupuestales en toda la cadena de impartición de justicia son francamente alarmantes y por ende la presión a la que están sometidos todos los funcionarios de este sector.



Lo visto no es juzgado. Estos son los datos:

Personal en la Fiscalía General de Justicia por cada cien mil habitantes:

Colima, 164.4

Media Nacional, 75.7

Puebla 39.3

Presupuesto ejercido por la Fiscalía General de Justicia per cápita:

Chihuahua - 965.8 pesos

Media Nacional - 241 pesos

Puebla - 109.1 pesos

Agencias del ministerio público por cada 100 mil habitantes:

Durango - 12.1

Media nacional - 3.2

Puebla - 1.6

Personal del Ministerio Público por cada cien mil habitantes:

Baja California Sur - 114.6

Media nacional - 33.9

Puebla - 11.9

Peritos del Ministerio Público por cada mil delitos registrados:

Campeche - 34.10

Media nacional - 1.76

Puebla - 0.06

Presupuesto ejercido por el Tribunal Superior de Justicia y el Consejo de la Judicatura por cada 100 mil habitantes:

Ciudad de México - 533.4

Media Nacional - 206.5

Puebla - 80.5

Magistrados y jueces por cada 100 mil habitantes:

Campeche - 10.2

Media Nacional - 3.5

Puebla - 1.5

Personal total en el Tribunal Superior de Justicia por cada 100 mil habitantes:

Ciudad de México - 75.1

Media Nacional - 34.3

Puebla - 22.9

Policías Judiciales por cada 100 mil habitantes:

Baja California Sur - 46.5

Media nacional - 11.1

Puebla- menos de uno

El haber reducido tanto el presupuesto de la fiscalía estatal implica toda una odisea para presentar una demanda o hacer una diligencia. El tiempo promedio para presentar una denuncia en un ministerio público estatal se estima entre 8 y 18 horas promedio y depende mucho de si el denunciante vive en una cabecera municipal o en una junta auxiliar. Las enormes juntas auxiliares ya no tienen ministerios públicos. Además, los agentes de los ministerios públicos trabajan turnos de 24 horas por 24 de descanso. Eso no solo es muy injusto sino ineficiente. Acaban exhaustos los funcionarios y los ciudadanos. No es justo ni para ellos ni para quien denuncia. Por eso ha disminuido el número de delitos denunciados. Y lo no denunciado no existe en las estadísticas. No han bajado los delitos, han bajado las denuncias.

Los trámites no solo son lentos con respecto a denuncia de delitos. A 30 minutos de Puebla capital, un muchacho sufrió un accidente fatal al ser aplastado por un tractor a las 10.30 de la mañana en una junta auxiliar de San Andrés Cholula. Los familiares esperaron once horas y media junto al cadáver, sin poderlo mover, hasta que el ministerio público de San Andrés se presentó a las 10 de la noche a realizar el trámite. Hubo que ir por él y regresarlo porque no tenía viáticos. A solo 30 minutos de Angelópolis, del Museo Barroco, del Tec de Monterrey, de la Buap, del Centro Integral de Servicios, de la UDLA y del Club de Golf la Vista. A 30 minutos de la zona más próspera de Puebla.

En cuanto a resolución de conflictos en los juzgados, las cosas son igual de lentas e ineficientes, tanto por falta de jueces, secretarios y diligenciarios, como por falta de insumos para trabajar. A una amiga que es abogada le gustaba llevar a los empleados de los juzgados algún regalito, chocolates o dulces. Hace unos días, una empleada le dijo: no nos traiga galletas Lic, tráiganos tóner o papel si quiere que le imprimamos sus sentencias.

No hay dinero para impartición de justicia.

- Lic, tráiganos pal tóner...

¿Así o más patético?

Domingo, 02 Julio 2017 00:00

Vida y muerte del agua/Revista Nexos

Mundo Nuestro. Así presenta la revista Nexos en su edición del mes de julio de 2017 el tema central relativo a la realidad del agua en México, realizado en conjunto con la organización civil poblana Dale la Cara al Atoyac, y que incluye textos de Julia Carabaias, Verónica Mastretta, Alejandro de Coss y Sergio Mastretta.

A los mexicanos se les niega su derecho constitucional de acceso al agua y a un medio ambiente sano. Las autoridades escatiman recursos para la infraestructura de reuso que ponga fin al desequilibrio hídrico en que vive gran parte del país. No se hablaría de un futuro catastrófico del agua en México si el gobierno empezara a castigar a quienes contaminan ríos, lagos o mantos acuíferos y se sumaran a los esfuerzos que organizaciones y comunidades han puesto en marcha para cuidar, limpiar y usar su agua.




Agua para principiantes

Julia Carabias


Desgobierno del agua

Verónica Mastretta


La sed histórica de la Ciudad de México

Alejandro De Coss


Las aguas turbias de Chiapas

Sarelly Martínez Mendoza


Atoyac, un río clínicamente muerto

Sergio Mastretta


Verdades del agua

Nexos


¿Qué hacer con el agua subterránea?

Gonzalo Hatch Kuri • José Joel Carrillo Rivera


Un río que enferma

Gabriela Pérez-Castresana


El espejo de agua de Ayoxuxtla

Melanie Gabriel Camacho


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