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3 de mayo



La violencia extrema es tan cotidiana ya que las noticias hace tiempo que no son asimilables. Todo es ya un periódico de ayer.

Hoy es miércoles y ya hay nuevos asuntos que se llevan a la “opinión pública” con su tolvanera a otra parte.

Pero el dolor por la muerte está repegado a la piel de mucha gente en este arranque de mayo. Escribir una vez más de nuestro abismo, del que ya no vemos el cerco. Contar tres historias para que no sea tan profundo nuestro olvido.



29 de abril por la noche en una avenida de la ciudad de Puebla

En el abismo se cae cuando vas a buscar a contracorriente a tu hijo una noche cualquiera, para encontrarlo muerto en el piso de una micro.

La noche del sábado 29 de abril un joven profesionista es asesinado en un micro por una banda de asaltantes. Erik tiene 23 años, y trabaja en la radio por internet Puebla Prioridad; tiene muchos planes, y tal vez piensa en ellos cuando escucha las voces de mando de los rateros que han subido a la micro 7 de la ruta 27A que lo lleva a su casa. La crónica afirma que intenta defender a una joven madre agredida por uno de los hampones. Recibe tres disparos, el primero en la cien, otro en el cuello, y ya caído, el último para rematarlo, en el pecho. Tres disparos. No más sueños. La novia espera el mensaje en el celular. Sus padres aguardan en casa. Nadie llama. Cerca de la media noche se deciden a tomar el camino inverso al de su hijo. Pronto aparecen intermitentes, azules, rojas, amarillas, deslumbrantes, las luces de las patrullas junto a la unidad de transporte. No es una película. El corazón se les quiebra para siempre.

Entonces pienso que es insondable este abismo nuestro.

Madrugada del domingo 30 en San Pedro Acoquiaco

A la misma hora un barrio se incendia en Tehuacán: en la esquina de la 9 Norte y la 8 Oriente los vecinos se ha decidido a hacer justicia por su mano y atacan las viviendas de la banda conocida como los Acevedos. El asedio a sus casas empieza a media tarde del sábado. No es un estallido espontáneo, llevan tiempo los vecinos urdiendo de coraje e impotencia la venganza. Las denuncias, una y otra y otra, se van por la coladera por la que jueces y ministerios públicos echan las órdenes de aprensión. Pero el secuestro y la violación de una joven a media semana han prendido la mecha. Han circulado panfletos contra la impunidad, claras señas de que el hartazgo tocó fondo. El Grifo es un hombre descamisado en el calor tehuacanero, y un video tomado desde la azotea de los Acevedos, va de avanzada hasta el número 620 de la 9 Norte: no se sabe nada de él, sólo que es un vecino, pero ahí está para patear la reja de los burlones Acevedos, y a la vista de dos policías municipales. Pronto el barrio lo hace fuerte, tanto que a pedradas ataca la primera de las casas de la banda, cuyos hombres resisten parapetados en la azotea. Nada de celulares, nada de registro de rostros. Es la hora del linchamiento. Hay niños… no importa que haya niños; y viejos, no importa que haya viejos; y mujeres, la primera que se aparece será la primera madreada. Pero van por los cuatro Acevedos. la noche cae entre piedras y disparos al aire. La policía interviene, y alrededor de la media noche logra rescatar a doce niños –ocho de ellos menores de cinco años-- y a un anciano de 110 años. Los hombres Acevedos siguen atrincherados en una azotea, tiran balazos al aire, devuelven las piedras. La turba logra tomar la planta baja, que arde de inmediato, y quema seis o siete carros en el solar trasero, logra prender con una molotov a uno de los delincuentes, y lo remata a patadas en la calle, cuando la tea y los gritos caen de la azotea. Jorge Luis N, dirá una crónica que se llama. Es el infierno el que ha caído en ese barrio de San Pedro Acoquiaco, a cinco cuadras largas del centro de la ciudad. Cuatro Acevedos rescatados por los granaderos van a dar con quemaduras al hospital, ya bajo custodia pues las autoridades hacen valer finalmente las órdenes de aprensión. Sus mujeres anuncian que irán a la comisión de derechos humanos a reclamar la apatía de la fuerza pública a la hora de salvar a sus maridos, sus hermanos, sus hijos. Del bando linchador también se llevan a varios presos.

Hace rato ha amanecido el domingo 30, ya no vuelan más piedras, ya no hay cargas granaderas contra la turba, y las autoridades –así se llaman a sí mismas--, levantan el campo y arrojan sus declaraciones: “El trabajo coordinado de la fuerza pública mantiene la gobernabilidad en Tehuacán, por eso las cosas no pasaron a mayores.” Eso declara Jesús Morales Rodríguez, del clan incombustible de los Melquiades y Chuchos Morales Flores. Para la presidenta Ernestina este es tan solo uno más de sus innumerables problemas. Para la ciudad de Tehuacán la memoria ingrata de su propio abismo en una de sus tantas bandas que florecen en la impunidad. El mayor de los Acevedo no pasa de los 24 años. En esa madrugada de la masa enfurecida no han visto llegar su hora.

Entonces pienso que el estallido de la masa es el abismo absoluto.

Madrugada del martes 2 en la autopista México-Puebla

La noticia llega el diario español El País en internet. La desgracia nuestra alcanza primera plana internacional.

En la madrugada del lunes 1 a la altura de Moyotzingo, sobre la autopista México-Puebla, en las inmediaciones de la Petroquímica Independencia, una familia es asaltada por una banda. Una versión refiere que el padre de familia ha detenido su vehículo para orinar; otra simplemente afirma que los asaltantes le cierran el paso en dos camionetas –una nissan blanca, una pick up roja, y que son ocho, nada más sabremos de ellos-- y lo obligan a detenerse. Lo que sigue es un nuevo infierno: uno de los hampones dispara y mata a un niño de dos años de edad. Los demás violan a las mujeres. Al padre de familia simplemente lo obligan a ser testigo. Después huyen con la camioneta robada por un escape que ellos saben existe por un puente peatonal. A medio día ya están las declaraciones de los funcionarios: “La autopista es federal, le compete su vigilancia a la policía federal”, dice Carrancá, el también incombustible fiscal poblano. "Lo que se tiene que hacer en este tipo de casos es hacer investigación adecuada, poder llegar a los culpables (...) sí, es federal, lo investiga la Procuraduría –General de la República–, pero lo vamos a hacer en colaboración, eso es mucho más eficiente…", dice en la ciudad de México el procurador Raúl Cervantes Andrade. Y da a entender que esta violencia inaudita puede tener que ver con una venganza del crimen organizado, esa tablita en la que los políticos en México salvan esta violencia sin sentido.

Mientras, tal vez ayer martes, en Quecholac han enterrado a un niño de dos años.

El miércoles 3 por la tarde.

Nuestro abismo está ahí, infinito en la brevedad de la fosa de un niño de dos años muerto de un disparo una madrugada cualquiera.

Miércoles, 03 Mayo 2017 00:00

Aceptar mi tiempo

(Fotografía de portadilla, Günter Petrak)

Sentado en el umbral de la vejez, al que he llegado sin morir, viviendo, miro hacia adelante, hacia atrás, y cuento las canas, los años, las pecas en mis manos. No quiero hacer la lista de mis amigos muertos, de las oportunidades perdidas, de los sueños derrotados, pero me afligen los huesos de ese pasado desolado, desierto pantano de recuerdos… No quiero, no quiero… escribir la lista de mis domicilios pretéritos, de los gestos amables de olvidados nombres, de inolvidables rostros. No hay álbum que pueda guardar las mudanzas, las maletas, la lluvia en la ventana, el pan enmohecido. Quiero ese amor que nunca fue, ese amor de siempre, el que escogí como último, el que se desvaneció en el tiempo, quiero, solamente, simplemente quiero, aceptar mi Tiempo.



La imagen puede contener: cielo, árbol, naturaleza y exterior

A Senna, óleo sobre tela 70x 60., óleo del pintor poblano José María Gavito.



(El cuadro que ilustra la portada de este texto, Cabalgata en Silverstone. Óleo sobre tela 110 x 80, de José María Gavito, refiere el histórico aventón de Nigel Mansell a Ayrton Senna en el GP de Silverstone de 1991. Atrás, el profesor Alan Prost, cuando corría para Ferrari.)

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¿Ayrton Senna es realmente el mejor Piloto de todos los tiempos?

Siempre he sido un convencido de que en todas las actividades a las que se puede dedicar un ser humano, en especial en aquellas que son de competencia, no se puede, ni se podrá, definir al mejor de la historia en forma absoluta. Puede ser el mejor en un evento, en un momento, en una época, pero nunca de la historia entera de una actividad cualquiera.

Siempre intervendrán factores y variables distintas derivadas de los tiempos en que los hechos ocurren.



Cuando en 1984 un joven brasileño debutó en la F1 con un equipo nuevo de nombre Toleman, inmediatamente comenzó a sobresalir su manejo, en especial en el GP de Mónaco de ese año, cuando en condiciones de lluvia y arrancando en treceavo, alcanzó al líder de la carrera, que era Alan Prost, pero la Dirección de Carrera sacó la bandera roja en la vuelta 32 y suspendió la competencia una vuelta antes de que el brasileño rebasara al francés, por lo que terminó segundo. Ahí se vio que la F1 recibía a un piloto que haría historia en los años que vendrían.

En 1985 pasó a Lotus, en 1988 a McLaren y en 1994 a Williams, época en la que obtuvo tres Campeonatos, ganó 41 GP's y consiguió 65 Poles. Esa historía se puede leer y repasar en mil lugares, hasta en la película que se hizo en su memoria (Senna, documental, 2010), pero éste no es el tema de éste escrito.

Fui Seguidor de él desde que apareció en la F1, lo soy todavía, y lo recordaré siempre como uno de los más grandes de está categoría. Considerarlo el mejor de la historia es faltarle el respeto a grandes pilotos como Fangio, Clark, Stewart, Lauda, Prost y Schumacher, a quienes considero junto con Senna y desde mi muy personal punto de vista, los Fuera de Serie de la F1.


¿Entonces porque muchos aficionados y expertos de la F1 lo consideran el mejor de la historia? Pues porque su carrera tuvo muchos elementos adicionales a su enorme habilidad para conducir.

Yo distinguiría en especial y entre muchos, los siguientes:

1.- Su rivalidad con Alan Prost. Aquí sí, sin duda y sin discusión, en términos absolutos la más grande de todos los tiempos. Dos fuera de serie peleando en el mismo equipo, con el mejor y más poderoso auto de la época, no se ha repetido.

2.- Su personalidad. Mediático, carismático, polémico y de fuerte carácter. El único piloto que se ha enfrentado abiertamente a un presidente de la FIA, Jean Marie Balestre, a costa de terminar su exitosa carrera deportiva.

3.- Su muerte. Hoy hace 23 años, en el GP De San Marino, en el Circuito de Imola, en la curva Tamburello, con la rotura de la barra de la dirección de su Williams FW16, perdió el control de su bólido y fue a estrellarse contra el muro de cemento a 218 Km/hr. Se convirtió en leyenda y en un Mito.

Hasta ahí llegó la vida de un Grande, de un superdotado, de un gladiador incontenible, de un ganador irreductible, pero...

No el mejor de la historia de la F1, sólo uno de los mejores.

Escrito por un sennista que lo será por siempre.

Mundo Nuestro. Con esta crónica de su viaje al sur americano, abrimos en esta revista la participación del escritor, periodista, antropólogo, guionista, radiodifusor, artista plástico Leopoldo Noyola Rocha con su blog Mitos sin sustancia. Y nos felicitamos por ello. Viaje al sur: se publicará por partes. Aqui el segundo capíitulo, Lleulleu.




El lago Lleulleu es enorme y tiene la forma de un corredor humano sin cabeza, es decir, un tronco de donde salen dos brazos y dos piernas extendidas, cuyo espejo de agua se explaya por 4,300 hectáreas en las faldas de la cordillera de Nahulebuta. Nuestro campamento queda ubicado en el “hombro” derecho desde donde se nos permite ver un fragmento del “brazo” y la profunda extensión de su “pecho”. Esta forma la vi después en Google Earth, por el momento era imposible percibir nada excepto su grandeza. El Lleulleu se dice que es el poseedor de las aguas más vírgenes de Chile y presumiblemente el lago más limpio de América Latina. Y sí, pudimos constatarlo.

En el camping fuimos recibidos por su joven propietario Felipe Meñaco, hijo del activista mapuche Domingo Meñaco, que estuvo preso en el fragor de alguna de las numerosas luchas que este pueblo ha entablado con toda clase de invasores, desde los españoles del siglo XVI. A la luz y el calor de nuestra fogata Felipe nos platica que el camping es “territorio recuperado” por el pueblo mapuche y que es mantenido por su familia en trabajo Mingako, que es trabajo comunitario; eltequio de ellos. El enorme lago está circundado por caseríos cuyas lucecitas vemos a lo lejos, que a veces llegan a formar incipientes aldeas, la mayoría dedicadas a servicios turísticos.



En la noche tuvimos la primera prueba de la resistencia al frío de parte de nuestros amigos chilenos, pues mientras nosotros tiritábamos abrigados con nuestra chamarritas, ellos andaban con camisetas y shorts. Y algunos de los muchachos descalzos. Estuvimos tres apacibles días con sus noches en el Lleulleu, es difícil describir tanta quietud debajo de un enorme sauce llorón, al borde de un lago apacible que solo en las noches desataba cierta actividad de olas y el ruido de su hipnótico vaivén. Uno de esos días lo aprovechamos para ir a la ciudad de Tirúa a entrevistar, gracias a las gestiones de Cris, a su alcalde mapuche, el primer munícipe indígena de los 15 que hoy tiene la república presidencialista (llamada así porque no existen regiones o estados autónomos, sino que la presidencia designa gobernadores, llamados intendentes, que gobiernan y aplican los recursos de las 15 regiones que componen el país). En el camino tuvimos que pasar por Quidico, una bonita playa atiborrada de paseantes en donde las olas advertían de un mar muy picado, vacío de bañistas que permanecían reunidos en la arena. No sé en realidad si se trataba de arena, vimos la playa de lejos, porque nunca vi arena en mi contacto con el mar del sur chileno. Son playas y lagos de piedras, de piedritas, millones de piezas alisadas por la erosión del viento y el agua por las que en ocasiones es difícil caminar. Y claro, la tentación de recoger piedritas es enorme, de forma tal que caminar sobre ellas es un asunto sumamente dilatado. Cruzamos el puente del río Tirúa para entrar a la ciudad, una municipalidad costera con calles amplias medio vacías en un mediodía de viento frío y sol opaco.



El alcalde Adolfo Millabur Ñancuil, de unos 45 años, nos recibió en su despacho. Me interesaba conocer su versión sobre algunas inquietantes noticias que había leído sobre los pueblos mapuches en el Chile de hoy. En concreto, la aplicación de la ley antiterrorista casi exclusivamente para ellos y la situación de la Machi Francisca Linconao, autoridad mapuche, que fue acusada junto con 10 comuneros mapuche de un ataque incendiario que originó la muerte del matrimonio Luchsinger-Mackay en 2013, y que este año de 2017 se puso en huelga de hambre contra la acusación de terrorismo que a sus 81 años es evidentemente insostenible. El caso de la Machi Linconao volvió a poner en el banquillo a la Ley Antiterrorista creada por Pinochet para encarcelar opositores e inexplicablemente mantenida por la democracia, entre sus efectos perniciosos dobla las penas en casos de incendio, homicidio y secuestro; permite el uso de testigos protegidos y extiende los períodos de prisión preventiva.

La guía espiritual cumplió nueve meses en prisión preventiva en medio de un gran debate nacional, en enero fue trasladada al Hospital Intercultural de Nueva Imperial y entre muchas protestas publicó un video dirigido a la presidenta Bachelet en el que le expresaba estas palabras:

"Le exijo que venga a verme, yo tomé la huelga de hambre, estoy sufriendo y usted entenderá, como mujer y doctora. Usted tiene que apoyar a la mujer, soy inocente del caso Luchsinger-Mackay, injustamente llevo encarcelada nueve meses, usted tiene que hacer algo."

La presión de diversos organismos de derechos humanos y parlamentarios provocó que la Machi dejará atrás los nueve meses de encierro y los 14 días de huelga de hambre para un arresto domiciliario mientras se resuelve el caso.1

El alcalde Millabur, que es un político formado, me respondió con inusitada sinceridad todas mis preguntas. El conflicto mapuche no tiene similitud con el fenómeno étnico de nuestro país, donde los pueblos originarios han sido doblegados en prácticamente todos los casos; allá los mapuche siguen en pie de guerra, no se reconocen como chilenos “más que formalmente” y tienen claro que su lucha es por recuperar lo que alguna vez fue suyo y que les ha sido arrancado por los españoles, chilenos, alemanes, italianos y cuanto extranjero ambicioso ha pisado su territorio. Sobre nuestro campamento, nos platicó:

“Cuando yo era niño pasaron cosas muy terribles, desde que tomaban a la gente, la subían a un helicóptero y los metían en botes en el lago LLeulleu, los amarraban y los metían al lago para que dijeran quiénes eran los que estaban ahí dirigiendo y quiénes estaban contra de gobierno.”

La entrevista se publicará por ahí, seguramente el blog “de antropología mexicana” lo pondrá a tu disposición. De regreso al Lleulleu vimos en la carretera dos mensajes: “Territorio río Mapuche” en una madera y “No a la minera” en la pared exterior de una parada de bus, por cierto ampliamente utilizadas para esos efectos.

A los tres días, adiós Bío Bío, partimos de la Región de La Araucanía para sumergirnos más al sur, con vistas espectaculares como la que se aprecia del mar desde Marihuen. Comenzamos a circular por tramos más o menos largos de terracerías en buen estado, pues ha sido larga la sequía, atravesando hermosos e impresionantes ríos como el Imperial, de al menos 150 metros de ancho; polvosas serranías pobladas de tupidos arbustos y, de pronto, el océano Pacífico, como nos ocurrió antes de llegar a Hueñalihuen. Las paradas de los autobús (“buses”) en la carretera son pequeñas y graciosas cabañas de 4 X 2.5 metros cuadrados.

Nos detuvimos a comer en Carahue, un pueblo grande de viejas casas de madera que mezclan lo mejor de las culturas huilliche, la rama austral del pueblo mapuche, y española, revestidas de tejuela. Una farmacia del Dr. Simi en una céntrica esquina (sin consultorio, por cierto) y una amplia plaza central con un pequeño mercado de puestos de artesanías. Comimos en el “Restaurante Histórico”, así se llama, contra esquina de la plaza, merluza con papas a la francesa y una salsa de chile (aquí “ají”, por favor) muy cocinada y sabrosa.

Al salir de Carahue atravesamos sus barrios de madera. Llama mi atención una pequeña parabólica en una casa marca “Telmex” y una serie de anuncios pulcramente elaborados por alguna autoridad que hacían indicaciones en lenguaje inusual para ese mexicano extraviado: “No virar izquierda” o “Arriendo sitio”. Y en alguna pared, con ignorante autoridad: “No botar vasura”, la primera falta ortográfica de muchas que me habría de encontrar en el trayecto, pues percibí que en este renglón los chilenos no son muy fijados.

Pasamos por la histórica Nueva Imperial, donde se firmó el Pacto de Negrete (Paz de Quilín) en 1641. Y en Temuco, pueblo arbolado, volvimos a tener una muestra de la arquitectura maderosa en agraciadas casas con techos de dos aguas y multifamiliares del mismo material, muy distintos, diversos y bonitos, construidos para seres humanos y no para palomas, como los de acá.

En esta zona de carreteras principales se multiplicaron los viajeros “a dedo”, es decir, mochileros, como también les llaman. En Osorno nos despedimos del territorio mapuche para entrar a una suerte de Sajonia chilena. A esta región llegaron sucesivas migraciones de alemanes desde finales del siglo XIX con infinidad de implicaciones para la flora, la fauna y el paisaje circundante. Hoy es la zona ganadera con los mejores pastos de Chile y rápidamente reconocí el fino ganado “cara blanca” pastando en la llanura, que proporcionan las mejores carnes y los mejores quesos con su leche selecta.

- Debe haber buena leche aquí –le dije a Frank, que manejaba extasiado.

- ¿Leche?, aquí está toda la leche de Chile –respondió.

Íbamos veloces, la idea era llegar al lago Rupanco antes de que cayera la noche.


Las fotos, cortesía de Malú Méndez Lavielle.

Cita:

1 El Mostrador, por Catalina Barrios, 7 enero 2017

Mundo Nuestro. Esta breve crónica forma parte del texto 1973, ¿la historia es nuestra?, publicado en esta revista en su primera época el 10 de septiembre del 2013. Las fotos de la galería fueron tomadas del diario El Heraldo de Puebla en sus ediciones de esos aciagos días.

Martes 1 de mayo, balacera en el centro de la ciudad con saldo de cuatro estudiantes muertos por la policía local. Cuando por primera vez en tu vida entiendes que la ciudad también tiene modos extremos en manos de un poder fanático.






Ver: Galería fotográfica.

La balacera la escuchamos después del mediodía. Primero de Mayo de 1973. No hay clases, y sí desfile obrero oficial que el gobierno ha decidido que marche por la 25 Oriente-Poniente. Pero este no será un día festivo cualquiera.

A la distancia se escuchan claramente los balazos. Trepo a la azotea de la casa de la 15 Sur en el barrio de Santiago, a unas cuantas cuadras del Paseo Bravo. Escucho y no tengo idea de lo que ocurre. Y no tengo la costumbre de prender el radio. Y tengo la seguridad de que en el radio no se informa nada. Y estoy ahí, adivinando entre tinacos y tendederos, por entre las copas de fresnos y jacarandas, con la mira en las torres de catedral, y me encabrona no saber nada, con un vocabulario breve que no da más que para decir “hay un movimiento estudiantil”, “van a correr a los FUAS de la universidad” , “son los mochos de comunismo no, cristianismo sí”, “son los estudiantes que dicen que hay que darle en madre a la burguesía”.



Todo pasa fuera de mí: mi ciudad está con otros, viviendo plenamente su pequeña guerra civil, totalmente desocupada de mí. Los obreros desfilan y echan porras al gobierno y le agradecen la vida al señor presidente. El gobernador, que no le ha dicho a nadie que ha armado con rifles de alto poder a sus judiciales, cumple con su papel de principal en la tribuna, y en la fila los líderes charros. Los estudiantes recorren muy temprano las avanzadas obreras para repartir propaganda contra el charrismo sindical, esa categoría analítica que todavía forma parte del lenguaje común entre los obreros, en la conciencia de su sometimiento. La policía detiene a unos de los muchachos. La voz corre rápido por la 2 Sur hasta el Carolino. De inmediato se llama a mitin en la Plaza de la Democracia, ahí frente a la iglesia de la Compañía, y la llaman así desde tiempos de Madero, pero todavía los coches circulan por la 4, y solo hay un pedacito de plaza, suficiente para organizarse, y desde ahí están apostados, y hay estudiantes, y hay pueblo y abundan los sombreros, y no es que haya mucho más sol, es que México todavía se guarda en la sombra de paja campesina, y ahí están todos, en el centro del centro, en el Carolino y la Compañía, y por eso ya no hay manera de que desfile alguien y le eche porras a quien le digan sus líderes. Ni te acerques gobierno, porque habrá chingadazos. Y la patrulla incendiada sobre la Maximino, y los Garitas Panteón cruzados en la esquina de la 2 y el zócalo, y los judiciales francotiradores que encuentran sus atalayas con los M1 cargados y el semblante dispuesto, y el gobernador que ve pasar los puños altivos de los electricistas y las matracas sumisas de los ferrocarrileros, y un asistente que le dice que ya hay un buen jaleo en el centro.



El recuento de la balacera al día siguiente es de cuatro estudiantes muertos y un número no determinado de heridos. El gobernador Bautista O’farril declara que “si nos reciben a tiros, contestaremos a tiros”. No durará mucho, luego de su declaración y la que le sigue: “En la actualidad la policía local está debidamente armada y tiene la habilidad necesaria para imponer el orden… La policía tiene órdenes para matar de un tiro al que atente contra la paz pública.” Pero por unos días todavía será el gobernador y el baluarte principal contra la universidad tomada por los comunistas.

Un enorme funeral-manifestación recorre las calles el día 3, camina de día hasta el Panteón Francés y regresa de noche al centro de la ciudad. Y yo estoy ahí, en la azotea, asomado a una ciudad que es mía pero que se mueve ajena, como las copas de los fresnos y jacarandas que el viento mece, despreocupados en absoluto por mi destino.

Trabajar en Puebla, 2014

Yo nací en Santa María Coatepec, allá por El Seco. Estudio literatura en la ciudad de Puebla. Pero sé lo que significa trabajar la tierra.



La vida del campesino nos remite a los orígenes del sedentarismo en el ser humano, a una población rural que cultiva sus propios alimentos. La cosecha se convierte en el único medio de subsistencia. Los granos de maíz como el más valioso tesoro de la tierra.

Casi esclavos, aún en pleno siglo XXI. Entrega total a los terrenos de cultivo, un sector económico que sólo les genera pocas ganancias, pero grandes beneficios. Estos son algunos testimonios del trabajo campesino en Puebla.

“Los hijos hicieron su vida por otro lado, abandonaron la tierra…”



Ignacio Flores Valerio es propietario de cinco terrenos, tiene 75 años, es casado y con cuatro hijos; de escasa educación --apenas llegó al tercer grado de primaria--, se integró muy pronto al mundo laboral de sus generaciones pasadas: la de sus bisabuelos y abuelos, la de sus padres. La herencia de ellos, es la tierra.

Ignacio siembra maíz blanco y negro, entre otras semillas, como la calabaza, el haba y el frijol. Vive únicamente de los ingresos que le proveen sus terrenos, pues aparte de contar con cinco tierras, o hectáreas, como se les conoce, él renta cinco terrenos más, para cultivar el maíz, principal fuente de la economía del campesino.



Cuando Don Ignacio no cuenta con las semillas para la cosecha, las compra, elige “semillas mejoradas” que ofrece el gobierno para el sector agrario, semillas alteradas con productos químicos, las cuales dicen prometerle mejorías en la producción y la calidad del producto. Él como todo campesino, trabaja sus terrenos con barbecho, surcada, labor y segunda; invierte por terreno $350.00 por surcada, ya que el trabajo de la siembra y lo demás requieren de gastos variados según los peones que contrate o de su propia mano y la de su familia para ahorrar en gastos extras. Cada vez que contrata peones, les tiene que pagar $120.00 a cada uno, más los gastos que implica llevarles la comida y la bebida; generalmente los contrata cuando se recolecta el grano, para piscar, cargar los bultos de mazorca, y se ahorra los gastos del transporte porque cuenta con camioneta. Recibe apoyo de PROCAMPO, para comprar el fertilizante, cada tonelada le sale en $5,000.00 o hasta $10,000.00 según sea la efectividad o la calidad del producto, a veces él tiene que comprar hasta dos toneladas para que el producto alcance a cubrir el abasto, por lo general adquiere de los dos tipos de fertilizante, del mejorado (con calcio, vitaminas y minerales) y del sencillo (sulfato). En caso de plagas o exceso de hierba mala, los gastos de los fumigantes corren por su cuenta; sin embargo cuando el dinero no le alcanza prefiere desenyerbar con mano propia con el azadón, al labrar la tierra hace lo mismo, se apoya de este instrumento para no ocupar tractor o bestias para el trabajo, pero al contar con la ayuda de sus caballos y yeguas, no duda en hacerlo para evitarse el trabajo pesado.

La siembra por lo general se lleva a cabo en los meses de abril y mayo, surcan en inicios de abril para que a finales de este mes se elija la semilla y se siembre. Los campesinos son muy calculadores respecto al clima y las cabañuelas; que también son como las estaciones del año, sólo que éstas se refieren al calor, las precipitaciones repentinas y los vientos, por ello la gente del campo permanece vigilante de los días apropiados para sembrar y cultivar. Así, las semillas podrán crecer de una tierra fértil y duplicarán su producto o será de mejor calidad, si uno falla en los cálculos correctos, la cosecha se perderá o la sequía y las lluvias torrenciales arrasarán con todo. ¿Cómo es la vida del campesino en realidad? Don Ignacio nos cuenta un poco de ello:



Foto: Magui Santos; Don Ignacio, en la puerta de su casa.

“Uno tiene que vender sus semillas para sostenerse en la vida. La vida del campesino es muy trabajoso, vaya se sufre mucho, pues allí se va uno, allí a trabajar, pues hay veces que, se sufre sed, se sufre hambre y hasta que llega uno a la casa a veces, a veces llega uno, a veces no llega uno. Eso se sufre, porque no es tan fácil la vida, pero sí, poco más o menos para hacer ejercicio, para estar activo, porque si no hace uno nada, pues queda uno muy mal, como le dijiera, ya sin hacer nada, queda uno muy inútil, ya sin ganas de trabajar. Hasta ahora no he tenido ningún percance, procura uno estar más o menos sano y todo eso para ir, porque si se encuentra uno malo pos, mejor no va uno. Recolecto mi semilla cuando ya está lista la cosecha, mete uno los trabajadores y lo achacalan, cuando llegan al mes de diciembre, ya se pisca y se acarrea, ya lo trae uno a la casa. Y ya lo almacena uno y ve uno si ya está bueno para desgranar, pues lo desgrana uno con la desgranadora y ya lo guarda uno. Y ya busca uno a donde le alcanza uno la semilla, porque pues estos locales a veces no alcanzan, entonces busca uno recursos de casa para que se guarde. Entonces ahí se va uno y lo guarda uno, hay que buscar la forma en que guardarlos, porque si los deja uno al abandono, se termina, se acaba, se desecha. Como por ejemplo, hay tengo mi camioneta, la guardo en su garaje, como le nombra uno y ahí se cuida mejor. No rento mis tierras, saco todas mis semillas, y se va uno a venderlas y viene uno y guarda uno su vehículo y ahí está uno y todo tranquilo, todo que este bien en condiciones, porque si esta uno en mal condiciones pos para que se dispone uno a trabajar. Rentaba cuando estaba más joven, ahorita ya no, ya con lo poco que se quede uno ya. Rentaba unas tres o cuatro. Y había más producto, ahorita no más siembro como diez. Y con eso me da abundancia de todo lo que me dé: haba, cebada, maíz, todo eso. Cuando otras personas llegan y quieren semillas, pues se las vendo, como por ejemplo la cebada, y es que quieren para sus animales. Luego uno se mata trabajando en el campo, los terrenos, para que otro venga y los aproveché si uno se descuida o los descuida. Y ya los hijos ya ni las quieren trabajar, ahora prefieren irse a trabajar a otros lados pa’ que ganen mejor; así pasó con mis hijos, uno ya es abogado, otro contador, hicieron su vida por otro lado, todo lo que consigue uno para ellos y las tierras pos se quedarán allí, uno pos ya envejece, ya no sirve para trabajarlas y cuando nos muramos, se va a quedar todo, nadie se llevará nada a la otra vida, por eso pienso vender mis terrenos, en balde compré mi solarito grande, todo se va a quedar.”

Es muy dura la vida, pero que más se puede hacer, esa es la vida que le tocó a uno vivir…

María Ofelia Padua Fernández es una campesina arrendataria de 66 años de edad, casada, con nueve hijos, terminó sólo el segundo año de primaria y se dedicó al campo toda su vida:



Foto: Magui Santos; Aparece Doña María Ofelia, tras la entrevista en su casa.

“Yo rento terrenos, pero tengo tres propiedades, ahorita no más rento dos terrenos más. Me rentan un terreno en $1500.00 ó $1400.00. Existen acuerdos por parte de los que me rentan, pues que tenemos que trabajarlas, con barbechos, siembra, labor, segunda. No más es temporal y dura un año o lo que duré la cosecha. Compro semilla mejorada y a veces voy apartando. Acostumbro sembrar maíz y frijol, porque eso sí se da porque luego ya no quiere darse. Corro con todos los gastos del terreno y me quedo con toda la cosecha, pues si se renta ya es mía. La que se devuelve una parte al dueño ya sería a medias. Un trabajo por terreno me sale caro, por el barbecho más. Contrato cuatro peones y les pago 120 pesos a cada uno. Cuando hay que ir a trabajar, pues se tiene que trabajar, se siembra y luego se tiene que labrar, segundar y la desyerba, o con líquido o con el azadón. Cuando no contratamos peón, pos no más vamos mi hijo, mi esposo y yo. Dediqué toda mi vida al campo desde que me casé. Yo no pensaba venir al campo otra vez, pero me casé y ahora tengo que estar yendo, pensaba que mi marido lo iba a trabajar solo y me iba a mantener, pero no. Orita ya no me es difícil trabajar en el campo, pos ya me acostumbre. Pero sí se las ve uno negras en el campo, la vida allí es muy pesada, luego se tiene que trabajar en el calorón, en las tormentas, con el frío y hasta a veces con el vientazo y el tierrero. Se quema la piel bien feo, le arden a uno los ojos, la nariz pica. La calor a veces nos enferma, pero así se tiene que ir a trabajar a veces para no abandonar las tierras. Es muy dura la vida, pero que más se puede hacer, esa es la vida que le tocó a uno vivir y se tiene que aguantar. Por lo menos fui feliz y he vivido tranquila, a pesar de las borracheras de mi marido, orita ya se enfermó y pos no más yo me tengo que encargar del trabajo y mi hijo, porque ya las nueras no quieren trabajar la tierra, ya es otra vida, los tiempos cambian. Pero pos uno qué puede hacer, más que darle duro al trabajo mientras se puede, sino de qué se va a vivir, sino del campo. Uno pide a Dios que este bien, si no, enfermo, cómo va a trabajar las tierras, si no mejor que las siembre otro.”

El arduo trabajo campesino

Pienso en todo lo que me han dicho. Y en lo que veo en el pueblo. La vida en el campo no es un juego, el campesino es muy dedicado y constante en el trabajo en sus tierras para lograr que el producto de ellas les genere algo, si no ganancias, por lo menos alimento. Algunas personas, cuando tienen mucho de algo pero poco de otro, como por ejemplo, los granos de maíz o las mazorcas, el frijol, la cebada, entre otros granos, van a otros lugares a cambiarlos por otro tipo de productos, como son las verduras, las frutas, vegetales, instrumentos u objetos para el campo o la cocina; entre otros casos, prefieren vender su maíz y haba a los compradores del pueblo para obtener una ganancia; a veces les pagan el maíz a diferentes precios, el kilo por ejemplo de maíz blanco está a $1.30 el kilo y el maíz azul a $2.00. En cuanto al haba, o la cambian pelando kilo por kilo o la venden. El frijol sólo se produce para sustentar la alimentación, si alguien produce en mayoría, lo vende a las tiendas del pueblo o lo lleva a otras regiones, donde se lleva a cabo el trueque o la venta.

Muy aparte de los problemas que le surgen a la gente del campo con la siembra y la cosecha, están los problemas por ampliaciones de caminos, por invasiones de terrenos entre vecinos y otros pormenores que implican intercambio de palabras con los presidentes municipales y los jueces. Hasta la fecha, en 2014, muchos jueces empeoran los casos de deslindes porque no saben que existen linderos, y mucho menos saben dónde deben estar. A parte de que los otros servicios que ellos necesitan, como planos de precisión, sólo están disponibles como planos ilustrativos. Aunque esto se solucione aún quedará el pendiente de la lógica operativa. Y aquí es donde se preguntan si la justicia funciona, después de los agravios a propiedades y de las disputas entre vecinos, la solución es mantenerse al margen o salir apaleado o golpeado.

Los problemas del campesino al fin ni son tomados en cuenta por el gobierno, ni la justicia, ellos resuelven sus asuntos de la mejor manera posible, llegando a acuerdos o estableciendo sus propias reglas; pues a pesar de contar con “La Casa del Campesino”, que es para uso exclusivo para el sector agrario, no le dan suficiente uso, ya que el “Comisariado”, como le nombran al encargado de brindarles información, sólo se enfoca en los problemas financieros, no de problemas comunitarios respecto a problemas territoriales o del campo.

En Santa María Coatepec no sólo se vive de los granos, los campesinos también mantienen vivos los árboles frutales, los huertos que les proporcionan otra actividad económica. En los huertos también se siembra cualquier otro tipo de semillas. Por lo general, los árboles dan frutos en verano y los hay de todo tipo, el campesino entonces, también juega el papel de productor, no sólo de milpas, sino que ahora se convierte en manzanero, perero y más; en este segundo trabajo les cuesta injertar, sembrar otro árbol, mantenerlo libre de plaga, recolectar el fruto, venderlo, intercambiarlo o transformarlo: ya sea en jaleas, dulces o jugos, para su consumo.

Cuántas cosas hacen los campesinos.

Muchas personas se aferran a la vida del campo a pesar de ser frustrante, pesada y laboriosa, porque es su única forma de subsistir. Es también la actividad que provee de alimento a las ciudades. Ellos no dejan morir la tierra ni lo que ella les otorga.

Domingo, 30 Abril 2017 00:00

Quiero jugar

(Texto tomado de la revista Nexos, publicado originalmente en octubre de 2009.)

Quiero jugar a las montañas, a los pájaros, a que soy un perro con una mosca en la oreja: trémulo y enojado: olvidadizo. Ya no se acuerda qué lo molestaba, ahora intenta salir a la calle y olisquear las orillas de los árboles, en busca de no sé qué aroma inolvidable.

Quiero jugar a que no pasa nada, no pienso nada, nada recuerdo, nada temo y todo me da risa.



Quiero jugar a que el tiempo no se ha ido como arena, a que voy al colegio, ando descalza, no son mentira las tardes en el río. Jugar a que no sé sino este canto, este lamento, esta gana de ser lo que sí soy.

Quiero jugar a que aprendí a coser, a que sé cómo se toca una sonata de Beethoven, cómo se escucha a Mozart, cómo se teme al mar, cómo se tatúa el viento, el sembradío de gladiolas, las noches junto al lago, el fuego en esa hoguera que prendimos cuando aún no hacía frío.

quiero

Quiero jugar a que no es mi cumpleaños, a que fue mi cumpleaños, a que mi madre me regaló un burro gris que rebuznaba al jalarle un resorte.

Quiero jugar a que íbamos donde vendían las luces de bengala, jugar a que un globo de papel prendía por fin su luz llena de abejas, y se iba para el cielo sin voltear hacia atrás.



Quiero jugar a que un día no sabré mi nombre. Ni el de mis más queridos. Quiero, como a ninguno, temerle a semejante juego. No quiero jugar al olvido, a ése le tengo miedo, a eso juega mi tía con casi noventa años, diciendo que, en su familia, nadie hace huesos viejos. Olvidando que tuvo dos hijas, muertas como verdades infalibles.

Quiero olvidar así, para no recordar lo que no quiero.

Quiero jugar a que vive mi padre y anda conmigo y mis hermanos esperando que su mujer traiga la sopa. Jugar a que no fue a la guerra, como sí fue Mambrú, el héroe con que dormí a mis hijos tantas noches. Quiero cantar: no sé cuándo vendrá. Quiero jugar al cine, a los seis años, a que forro los libros en quinto de primaria. Y quiero desnudarme y ser divina. Que me manden las rosas de los años sesenta, la música y el alma de aquel músico. Quiero jugar a que me arrastra el viento, me hunden las olas, me recobra un pez. Quiero dulce de coco y un volcán y tres noches, como tres carabelas. Quiero que vuelva el sueño en que soñó Mateo que yo era azul marina.



Quiero jugar a que si está nublado nos quedamos en cama viendo la tele, a que la diosa Cati se pone los anteojos en Los Ángeles para mirarnos desde allá, mirándola desde aquí.

Quiero jugar a que me quiso quien no me supo y saber que me quiere quien me sabe.

Quiero jugar a que no existe el mes, ni estoy para escribir nada cuando sólo quiero escribir: no sé, no entiendo.

Quiero jugar a que el mundo tiene alas, resuelve crucigramas, bendice los enigmas de quienes se preguntan qué hacer con sus finanzas y sus penas.

Quiero jugar a que sabía de rimas y poesía lo que sabe quien escribe sin firma en la página que antecede mi página. Quiero que un novelista me recuerde y que no haya en el mundo ni en mi patria, menos aquí en mi patria que en ninguna, una sola mujer capaz de concederle su elección a un señor. Y no quiero jugar a que no me da pena que existan estas hembras y estos hombres. Quiero, sí, irme de compras a la luna y encontrarme una tienda en la que vendan voluntad, síntesis, concentración, premura, certidumbres. Todo lo que no tengo para jugar a eso que juegan esos que sí tienen todo eso.

Quiero quedarme quieta, con el aliento en vilo, bajo la sombra de quienes me abrazan. Quiero jugar a que no es octubre, a que vivo viva, sin arrepentimiento y sin angustia. Como viven el sol y los cometas, como duermen los animales y las plantas, la espada de Damocles y los años que sigan a estos años.

Jueves, 27 Abril 2017 00:00

Mayo en Profética: libros y bicicletas

Los libros y las bicicletas siempre han andado al parejo en Profética, la Casa de la lectura.



A partir de este viernes 28 de abril, BiciPuebla (el sistema de bicis públicas que ya opera en la ciudad de Puebla) instalará un módulo de información y venta de membresías en la casona de la 3 sur 701.

El módulo estará en funciones todo el mes de mayo, de 10 a 17 horas todos los días.

Y Profética te invita con una gran promoción:

A quines compren en Profética su membresía de BiciPuebla se les incluirá un vale por $100.00, válido en la compra de un libro.



Mayo en Profética: libros y bicicletas

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