Vida y milagros

Después de 3 años, dos meses y siete días, el Congreso de Puebla decidió inhabilitar y multar al ex alcalde panista Eduardo Rivera Pérez por observaciones a la cuenta pública de 2013 cercanas a los 400 millones de pesos. No quiere decir que falten 400 millones, sino que el monto "observado" originalmente fue de esa cifra. Podrían haber observado mil, dos mil o las estrellas. Observaron justo el monto necesario para sacarlo de la vida política 12 años.

No está mal que un congreso local decida revisar con lupa las cuentas de una administración municipal. Deberían hacerlo con todas. No está mal que exista la rendición de cuentas en otras instancias que no sean las internas de cada gobierno municipal o estatal, desde congresos neutrales y al servicio de la verdad contable y de la comunidad a la que sirven. No está mal que se sancionen los desvíos. Lo que está fatal es que dichas revisiones se utilicen desde hace muchos años como moneda de cambio y de presión para actores políticos incómodos para los poderes en turno y que se hagan sin respetar los tiempos que la razón y la ley indican.



¿Por qué el Congreso aprobó el último año de Rafael Moreno Valle en menos de una hora y cuentas del municipio de Puebla de 2015 y 2016 de manera rápida y no pudieron aprobar o reprobar hasta ahora la cuenta del 2013 de Eduardo Rivera? ¿Era una cuenta tan particularmente complicada y enredada que por eso se tardaron 3 años, dos meses y siete días? Eduardo Rivera dice que directamente le dijeron que se desapareciera del mapa político o se atuviera a las consecuencias con respecto a sus cuentas. Muy edificante. Para nadie en nuestro estado es un secreto que Eduardo y Rafael Moreno Valle chocaron muy temprano desde que ambos llegaron a sus cargos. Por eso aquí el punto importante es si lo observado tiene fundamentos matemáticos y contables duros y no solo motivos políticos. Desde lejanos tiempos los científicos saben que las matemáticas son idénticas aquí y en China. Los chinos y los rusos, los gringos y los mexicanos aprendemos que dos y dos son cuatro. No hay ideologías que cambien esa suma. Pitágoras y los mayas, los egipcios y los romanos, todos trabajaron con reglas idénticas. En la guerra fría, los rusos y los gringos tenían ideologías opuestas, pero usaron las mismas reglas matemáticas para tratar de llegar a la luna.

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Una sanción del tamaño de lo acordado el viernes pasado sólo debe basarse en reglas y argumentos matemáticos y contables. Y aquí lo que sorprende son las formas y el discurso de quienes reprobaron la cuenta. Suponiendo sin conceder que las observaciones ameritaran la inhabilitación de Eduardo Rivera por 12 años para ejercer un cargo público y una multa de 25.5 millones de pesos, las actuaciones de dos diputados claves en el caso apuntan para otro lado. Cualquier lector imparcial con un mínimo de lógica en la cabeza se da cuenta de que las matemáticas no fueron el factor decisivo de la sanción .Basta leer las declaraciones de Silvia Tanús Osorio, coordinadora de los priístas en el congreso poblano o las del Presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, el panista Jorge Aguilar para darse cuenta de esto.



A la hora de hacer cuentas uno no puede decir que por ser priísta va a tener que aceptar que dos y dos son 19, o si se es panista, que dos y dos son 300, más doce de la inhabilitación nos dan 25.5 millones excepto si se rigen por las reglas matemáticas partidistas.

"No quedamos en rículo", dijo la priista Silvia Tanús.

El jueves, Jorge Estefan Chidiac del PRI dijo que irían en contra de la inhabilitación de Rivera porque era una persecución política que no iban a avalar. Para el viernes los diputados cambiaron de opinión y votaron unánimemente a favor; la diputada Tanús declaró lo siguiente en entrevista para e-consulta: "que su partido cambió de postura respecto al caso de Rivera Pérez pues los diputados locales de esta fracción llegaron a la conclusión de que no debían respaldar a un ex edil de extracción panista. No podemos defender como priístas a un panista. El señor no está manco y ya impugnó". ¡Dios mío de mi vida! ¿No se trataba de verificar números y cuentas y en caso de no estar bien y en orden, proceder a sancionar? ¿ De jueves a viernes hubo cambios sustanciales en una cuenta que llevaba en revisión tres años, dos meses y siete días? Las matemáticas se fueron al demonio y privó la lógica partidista.

Aguilar Chedraui, el hacedor de cuentas...

En las declaraciones que encuentro de Aguilar Chedrahui con respecto a las cuentas en diferentes notas periodísticas, él señala que al final se hicieron observaciones sobre 300 millones de pesos, de los cuales encontraron un daño patrimonial de seis millones por unas obras que no reunieron el espesor suficiente en carpetas asfálticas, o sea, por enflaquecer el pavimento, y otros seis de los que no he encontrado explicación. La multa impuesta es por lo que se encontró de daño patrimonial y otro tanto de castigo. Por la forma en que se manejaron las notas en los últimos meses, todo parecía indicar que el desvío era de 400 millones, pero no, esa cifra era únicamente la que revisaban ; de esa se bajó a 300 millones y de esa sacaron la conclusión de un desvío de 12 millones 898 mil 508 pesos. La exactitud de los ocho pesos nos demuestra el celo con el que se documentó hasta el último peso del desfalco. Los ocho pesos me dejan un montón de dudas. ¿Cómo llegaron hasta los ocho pesos? ¿Hay algún funcionario implicado en el desvío de los 12 millones o son directa y únicamente imputables al alcalde? ¿Él directamente cargó con los bultos de cemento y arena que enflacaron el pavimento o tienen algún otro sospechoso que quedará impune? Y no es que doce millones no sean muchos, ¿pero por qué arrancaron en 400 para morir en doce? Todo es muy raro, que diría Gil Gamés.

La diputada del PRD, Socorro Quezada Tiempo, identificada con el grupo de Miguel Barbosa y una de los tres diputados que votaron en contra, declaró que era lamentable que el legislativo poblano actuara por consigna para allanar el camino al proyecto político morenovallista hacia el 2018, en referencia a que Eduardo Rivera es un obstáculo para dicho proyecto pues tiene una buena imagen en Puebla. Las razones políticas que esgrime suenan a verdad, pero sería muy interesante que nos explicara los números hasta llegar a la exactitud de los ocho pesos y el porqué de los argumentos contables para haber votado en contra. Seguramente los tiene y sería de gran utilidad que los mencionara. Las razones políticas son múltiples, las reglas matemáticas son solo unas. Las matemáticas no fallan, y aquí las matemáticas son lo último que nos explican para entender si la votación del viernes fue justa o no. Al final es lo único que debiera importarnos.

La explicación contable de Pablo Montiel, único panista que votó en contra y la del diputado Julián Peña, diputado independiente, también debieran comunicarse puntualmente. Pablo Montiel sí señaló algo interesante: revisaron recursos que no le correspondía al congreso revisar pues una parte es de origen federal, estaban ya revisados y por lo tanto fuera de las competencias de la Auditoría Superior del Estado. Las diputadas del Verde Ecologista y del PT se abstuvieron. Ojalá explicaran sus motivos contables o dijeran si de plano no tuvieron tiempo para estudiar las cuentas.

Solo como dato raro o curiosos cuento lo siguiente: El primer alcalde de alternancia en el municipio de Puebla, Gabriel Hinojosa Rivero, invitado por el PAN a competir contra las huestes de Manuel Bartlett cuando era gobernador poblano por el PRI y y el PAN daba por perdido una vez más el municipio, no solo ganó inesperadamente y por sus méritos la presidencia municipal, sino que acabó distanciado de los panistas, entre otras cosas porque solían jalar más con Bartlett que con Hinojosa Rivero a la hora de gobernar. Luis Paredes, segundo alcalde de auténtica cepa panista fue expulsado al terminar su gobierno por el PAN que entonces presidía Eduardo Rivera. Recuperó mediante un juicio sus derechos partidistas y echó abajo la inhabilitación que le propinara un congreso mayoritariamente priísta en la administración de Melquiades Morales. Eduardo Rivera, militante del PAN desde los 18 años, ha sido inhabilitado por sus compañeros de partido con una abrumadora mayoría en el Congreso. Los enemigos más peligrosos sí suelen ser los correligionarios.

Hace siete años en Puebla los votantes elegimos una alternancia que no iba centrada en el proyecto de una persona, sino en el valor y el valer de los contrapesos al poder ejecutivo. Lejos estamos aún de lograr esos contrapesos tan sanos. Eduardo Rivera ha elegido el camino judicial y el juicio de amparo para dirimir el controvertido fallo del viernes 7 de Abril de 2017. La única manera de fortalecer a las instituciones es usándolas. Esperamos que el ábaco de los jueces del poder judicial federal sea universal.

No todo está perdido en México.

Hay un pueblo justo del otro lado de la Malinche, San Juan Ixtenco, en la falda al nororiente de la antigua montaña tlaxcalteca. Es un pueblo 0tomí en pleno altiplano, tal vez el más retirado de la sierra poblana con ese origen. Si llegas temprano un domingo de ramos, encontrarás que todavía guardan la tradición de las palmas y el canto bendito, bendito, bendito sea dios, y verás el atrio repleto de santos y estandartes que han llegado de los barrios con las campanas del templo al vuelo.

Si fuera el día de la Candelaria se les vería dirigirse después a sus campos, a sembrar el alberjón con la seguridad de que las humedades de diciembre algo dejaron para ayudar a que brote esa maravilla que nos comeremos en tlacoyos unos meses después.

Pero hoy es domingo de ramos, el día de la fiesta del maíz.



La carpa amarilla en las calles que bordean la plaza por el lado de la presidencia municipal te da idea de que el jolgorio tras el rezo se llevará el resto del día. Hoy es la fiesta de los campesinos maiceros: cada año arman un festejo dedicado al maíz criollo de Ixtenco, un pueblo decidido a rescatar la más antigua y fuerte de nuestras raíces culturales.

Hasta San Juan hemos ido a dar en este domingo de ramos Emma y yo para encontrar a Alicia y su grupo de animosas biólogas de la CONABIO, muy metidas como están en la genética de los montes templados y en el propósito de recuperar con los campesinos el maíz criollo del altiplano de México.

Y en eso son expertos los ixtencos: identifican por su nombre al menos 22 variedades cultivadas por ellos. Y todo lo muestran en puestos atiborrados de mazorcas y artesanías. El color y los sabores se te vienen encima como discurren los pájaros que bajan del cerro para alumbrar los campos una mañana de primavera, ni pa dónde hacerse en el tumulto. Y los nombres, de tan sinceros, están para reconstruir el idioma: sangre de cristo, blanco, negro, azul, coral, crema, rosa, cacahuazintle, cola colorada, azul cola roja, ajo, gorrioncillo, gato. Y la comida, moles y tlacoyos. Y los aretes de elotitos, y los collares de pepitas. Pura ilusión campesina de un país en el que no todo está perdido. Entretenido el domingo. Muy lejos de los desastres y violencias que nos acompañan día a día en las noticias. En la útima fotografía, el botín maicero, calabaza y todo.





Viernes, 07 Abril 2017 00:00

La miseria de la política en Puebla

La miseria de la política de Puebla en algunas frases.

La última me estremece. Es la de un padre que ve que se le muere un hijo a sus nueve añitos de leucemia. Y se siente traicionado por un político.

“Moreno Valle es una basura”, me dijo.



Hay frases, entonces, que se pegan a la pluma.

Las recuerdo luego de la noticia que da cuenta de que la mayoría de diputados de Moreno Valle en el congreso estatal inhabilitará este viernes al ex presidente municipal Eduardo Rivera. Siete años llevan estos diputados de turno, esta mezcla nada extraña de prianismo con el que el ex gobernador sometió a los partidos políticos locales para, como no lo habíamos visto nunca –casi diría que ni con Maximino— ponerlos a su servicio.

La primera, la encuentro en un mensaje en el teléfono, y expresa la desazón que deja la vileza del Congreso que trabaja para las furias de MV: “Los morenovallistas a Mario Marín lo dejaron ir sin tocarle un pelo, sin quitarle un peso y sin una sola sanción.”

Y sí, por ahí andará muy campante el último de los gobernadores priistas, muy metido en la construcción de rascacielos y mirando muy entretenido el desastre de lo que queda de su partido en Puebla.

La segunda me la dice un campesino de Jolalpan justo en la fachada del Congreso en la 5 Poniente, y tras más de treinta días de plantón para exigir la destitución del presidente municipal al que acusan de corrupción: “Lo que más enoja es el desprecio, la indiferencia, para estos diputados no existimos…”



Y ahí siguen, día y noche, con la calle cerrada, pero ahora con la amenaza de que se crucificarán ahí mismo la semana próxima para estar a tono con la temporada.

La tercera es la que se pega a la pluma, y forma parte de una conversación que este mediodía de jueves sostengo con un campesino de las faldas del Citlaltépetl, convertido a sus 62 años en viene viene del Mega en Angelópolis. Me ha llamado la atención la desolación de un edificio abandonado en un extremo del estacionamiento que hace muy poco albergaba un restaurante italiano.

"Uh, ese quebró hace semanas", me dice el hombre. ¿Y eso?, se veía bien ubicado. Su respuesta es el arranque de la plática entre un periodista curioso de las desgracias mercantiles y un hombre que todavía mantiene su cultivo de maíz en la región de Serdán, a pesar de sus más de cuarenta años de vivir en la ciudad de Puebla, y que ve pasar la mañana entre silbatazos y monedas escurridas de las manos de los marchantes que salen de la plaza.



"Les cobraban cien mil pesos mensuales de renta."

Cien mil pesos. Hace sus cuentas, no son más de cuatrocientos metros cuadrados, y mire qué inversión hicieron, imposible pagar eso, ni que llenaran el restaurante todo el tiempo. Cien mil pesos la renta de la tierra que alguna vez fue campesina, la que expropió el gobierno a 4 pesos, a 7, a no más de 21. "Fue ese Piña Olaya, pero luego el Bartlett, y el otro, Melquiades... ¿A dónde quedó el campesino en esta tierra?"

"¿Pero usté cree que a nosotros también nos cobran?"

Veinte pesos al día tienen que pagar a un tipo que regentea la operación viene viene y que se entiende con "el dueño del edificio", me dice, porque la Mega también paga renta a quien los cuida coches identifican como "un gringo".

“Millones, señor”, me dice.

Lo escucho y confirmo que es un viene viene muy enterado. Me cuenta de él: “Venimos a estudiar a la UAP mis hermanos y yo, ellos sí se hicieron licenciados, yo no, no estuve firme, no terminé Derecho. Me casé ya grande, así que todavía veo por la escuela de mis hijos, ai están en la uap, y ai la llevan. Tuve otro hijo en medio, pero ese, señor, se me murió. De leucemia. Cuatro años peleó la vida, al quinto se fue, aunque lo intentamos todo, ahí en el hospital La Paz. Mis hermanos profesionistas dijeron 'por el niño veremos todos', pero no se pudo. Y vendimos todo. Por eso me da coraje, señor, fui con los diputados, del pri, del prd, me mandaban de una oficina a otra. Hasta que caí con ese Moreno Valle, era senador, me dijeron, y fui a pedirle ayuda. Dijo, 'no puedo ayudarte'. Está bien, le dije, no puede, pero al menos ayúdeme con un poco de dinero, no más pa llevarles hoy de comer a mis hijos, mire que ya perdimos todo con la enfermedad del niño."

Cuánto debe costar para un hombre pedir ayuda para dar de comer a sus hijos.

Entonces vino la frase:

"Me enojé, señor, mi niño se estaba muriendo, y ese Moreno valle ahí, diciendo, no puedo ayudarte. Me enojé señor, y le dije, 'eres una basura, todos ustedes del gobierno son una basura'.”

Lo dejé ahí, con los rayones al aire de su silbato. Con la memoria de su niño muerto. Y tan lejos de la miseria de la política.

Mundo Nuestro. Esta crónica de Enrique Soto Eguíbar ilustra lo que el número 106 de la revista Elementos editada por la BUAP presenta en una inigualable crónica gráfica del horror al que los seres humanos sometemos a los animales que nos comemos. Un dilema, dice el fotógrafo y escritor, cuyas consecuencias morales simplemente dejamos de lado.

Fotografía de Enrique Soto Eguíbar. Elementos 106



En el año 2008 viajábamos en un gris atardecer rumbo a Tlacotalpan, al paso por la carretera tuve una desagradable experiencia olfativa, un olor nauseabundo e inescapable invadió el automóvil y ahí estaba ese rancho –Santa Rita– un rancho ganadero de donde provenía el olor repugnante. Apenas lo podíamos creer. Amainé la velocidad a pesar de lo fétido y fue así como pude percatarme de lo que ahí sucedía: enormes corrales con vallas de metal que se perdían en la lejanía y en los que había cientos de animales que esperaban a ser embarcados en camiones rumbo al matadero. Olor a miedo. El escenario me pareció dantesco.

Me detuve a tomar fotos, pero el olor imperante me produjo náusea y un estallido de arcadas; logré con dificultad contener el vómito, no pude hacer más que unas cuantas fotos, regresé al automóvil, cerré las ventanas e hice una fotos adicionales. Eso era un campo de exterminio; no pude dejar de pensar en los campos nazi. Este era uno de los muchos campos de exterminio de vacas, la industrialización de la vida y la muerte.

Divisé desde el auto algo como un toro que se aproximaba a una valla sobre la cual se había posado un ave blanca (del tipo de las que abundan por esos rumbos y que frecuentemente acompañan al ganado). El toro se acercó lentamente y lamió las patas del ave, la miró con la languidez típica de los vacunos tristes; imaginé que le decía cuánto envidiaba su libertad y cómo le gustaría ser un toro volador. La escena me impactó profundamente y me prometí usar la fotografía para contribuir a concientizarnos sobre el enorme dolor que infligimos a los animales con los que nos alimentamos. Decidí frecuentar algunos mercados de animales y apuntar mi cámara a los sitios y circunstancias en las que pudiera ver a un animal rumbo al matadero. A partir de entonces he visitado diversos mercados de animales y retratado a los animales en diversas condiciones que creo relacionadas con su crianza, transporte y venta para el consumo humano. No se necesita mucha inteligencia para darse cuenta del enorme daño y dolor que los humanos hemos causado en este mundo. Hemos matado a más de dos terceras partes de todos los animales existentes en el mundo, hemos llevado a la extinción a uno o dos cientos de especies. Animales que jamás volverán a existir, perdidos para siempre en la historia del tiempo. Hemos infligido un dolor inenarrable a los cerdos, gallinas y vacas entre otros muchos de los animales que gustamos de comer; en el caso de los cerdos, el cuadrúpedo más avanzado en la evolución, bastante más inteligente que los perros, el daño y el sufrimiento que les hacemos padecer es inenarrable. No me cabe duda: estamos en la cima evolutiva de los grandes depredadores, nada se escapa de nuestras bocas, desde los insectos hasta los grandes mamíferos, pasando por todo tipo de especies. Solo se escapan, y no siempre, animales cuyo metabolismo los hace de sabor desagradable, aunque eso del sabor frecuentemente se puede remediar con un buen guiso.

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Jueves, 06 Abril 2017 00:00

Revista Elementos/Abril-Junio 2017

Sobre la memoria
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Raúl Dorra

3
El plomo en la alfarería poblana
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Leopoldo Noyola

11
Drogas del siglo XXI:
ketamina, drogas recreativas y dinámicas moleculares
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Ángel A. Islas, Christian Jorgensen y Eduardo Salinas Stefanon

21
Obesidad y sistema inmune
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Saúl Ramírez De los Santos, Edgar Iván López Pulido y Juan Manuel Guzmán Flores

27
Los animales:
cuando alimentarse se convierte en un dilema
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Enrique Soto

33
La enseñanza de las margaritas:
manejando la complejidad en un mundo egoísta

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Daniel Iván Garduño Ruíz

37
Gestión integrada de cuencas:
una aproximación al desarrollo social

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Natali Danahe Santiago Amezcua

45
¿Qué semillas come la hormiga roja?
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Ivonne Lucía Ramírez Lucas, Héctor Octavio Godínez-Álvarez y Leticia Ríos-Casanova

51
Espejo retrovisor interior:
altar pagano

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Fabio Germán Cupul-Magaña

57
Ciencia a tiempo
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61
Libros
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¿Para qué hacer un libro? Los libros son objetos solitarios, sólo se cumplen si otro los abre, sólo existen si hay quien esté dispuesto a perderse en ellos. Como la filantropía. Como este quehacer de ustedes, en el que hay que perderse para encontrar a los demás.

Los que hacemos libros nunca estamos seguros de que habrá quien le dé sentido a nuestro quehacer. Escribimos un día aterrados y otro, dichosos, como quien camina por el borde de un abismo. ¿A quién le importará todo esto?, nos preguntamos, mucho más egoístas que quienes dedican una parte de su tiempo, o su tiempo todo, a la filantropía.

¿Para qué hacer una novela? ¿A quién le importará?, nos decimos a veces.



En cambio ustedes, quienes dan por dar, los filántropos, no parecen tener esta duda. Sin embargo, sé que la tienen. Quienes practican el raro arte de dar porque sí, porque así están hechos, porque para eso viven, también dudan. ¿Valdrá la pena? ¿Por qué dedicar horas a los demás?

A veces los escritores gastamos tiempo en dudar. ¿Qué será mejor? Escribir fuego o escribir lumbre, escribir mar o escribir deseo, escribir deseo o escribir anhelo, afán, absoluto, capricho, pasión, sed, vehemencia, antojo, luna, luciérnagas.

Escribir filantropía o escribir egoísmo, ustedes no se lo preguntan.

Menos certeros que los físicos, más empeñados en la magia que los médicos, los escritores trabajamos para soñar con otros, para mejorar nuestro destino y, si fuera posible, para mejorar, siquiera a ratos, la vida de alguien.

Lo que yo hago cuando escribo no es filantropía, pero es también un afán de apego a los otros. Por eso, con toda humildad, sé lo lejos que estoy de quienes, como muchos de ustedes, dedican sus vidas, cabal y resueltamente a compartir y mejorar la vida de otros. Al mismo tiempo, sé lo que procura, lo que da, esa pasión.



Los escritores cumplimos con el deber de inventar cada mañana un mundo y escribimos para sentir que en algo mejora nuestra realidad si podemos invocar otras, crear y creer en otros. Los filántropos, tanto como los escritores, saben que la vida tiene su barbarie y sus dificultades, pero ellos quieren, tratan y muchas veces consiguen cambiarla con más que las puras palabras. Por eso resulta fascinante conocer y acompañar su trabajo. Admirarlos.

Yo muchas veces creo que la vida está regida por el azar y que poco puedo hacer para contradecir sus leyes. En cambio ustedes, los aquí reunidos, ese otro tipo de soñadores, sin duda más útiles que quienes sólo cambiamos el mundo al recontarlo, prueban para bien de muchos, que se puede lidiar con lo que parece un destino inevitable y trastocar su ley. Creen que las cosas tienen remedio. Y, para sorpresa de muchos, van probando que así es.

Que la injusticia deje de ser natural y aceptada requiere de un arte difícil de practicar. Un arte que no es ficción y que antes se llamaba caridad, que acompaña al generoso, aunque desgastado, verbo amar. Ya no está bien visto usar “caridad” como sinónimo de “filantropía”. Pero vistas las dos cosas, desde afuera, por más que una tenga más orden que la otra, son parientes cercanas.



Imposible hacer filantropía sin asirse al amor. Más difícil aún, sin acudir a la compasión que ahora no vamos a equiparar con la piedad, sino con ese otro arte que es el de compartir pasiones. Con-pasión. O el de padecer con otros. Con-padecer.

Sé, ustedes lo han oído unos de otros cuando se reúnen a pensar en su trabajo, que se encuentran dichas y abismos extraordinarios en el arte de dar. Se encuentra un regocijo que no es equiparable con otros. Hay gente que dedica su vida a los niños en situación de calle, --raro modo de llamar a los antes indescifrables niños pobres-. Quienes esto hacen cuentan su experiencia con un entusiasmo que da envidia. Entendido por envidia no la definición del diccionario: pesar por el bien ajeno, sino el sentido que le hemos dado a la palabra, acompañándola. Decimos: “envidia de la buena”. Gozo por el bien ajeno. Los filántropos me provocan esta envidia, me provocan y deberían provocar en todo el mundo, el deseo de compartir su pasión. El bien de quienes lo hacen y el de quienes al recibirlo encuentran bienes. Lo veo de cerca muchas veces, quiero pensar ahora en mi valiente amiga Leonor Ortiz Monasterio, directora de APAC, Asociación, Pro Personas con Parálisis Cerebral.

Tantas cosas arduas e incomprensibles suceden bajo las estrellas, entre nuestra gente, en nuestro país, que es un crimen no saber mirarlas, no querer detenerse a comprenderlas y buscarles remedio. No sólo a temer su sin remedio, sino, fundamentalmente a intentar remediarlas. Esto que de nadie, sino de nosotros, depende.

Elegimos modos extraños de convocar y asumir el mundo que nos rodea. Los filántropos eligen el mejor, muchas veces el que parece más arduo, creo que siempre, el que más compensa.

Yo escribo además de por el gozo y las penas de hacerlo, para contar mi certeza de que estos tiempos tienen remedio. Creo que los filántropos son también escritores. De donde no se deriva que los escritores seamos filántropos, pero sí que podemos serlo, como puede serlo cualquiera.

Yo tengo epilepsia. Lo digo, porque aún ahora es difícil oírlo. Más difícil oírlo que vivir sabiéndolo. Lo digo porque la epilepsia me ha hecho vulnerable y porque siéndolo, sé que todos somos, en algo, vulnerables. Todos, por eso, necesitamos de la filantropía de otros.

Con la epilepsia hay quien ve luces o fantasmas o sueños. Yo no. Yo, antes de perder la conciencia, escucho ruidos como luciérnagas, siento una música que parece un sueño, el sonido excepcional de un clarinete imaginado por Mozart. No dudo en afirmar que algo así les sucede a los filántropos. Yo he querido ver la epilepsia como un desafío. Como ven los filántropos la pobreza, el desamor, la violencia, al tiempo en que saben verlas con la certidumbre que en las noches oscuras nos dice despacio: habrá de amanecer.

La realidad como un desafío y el desafío como algo que nos enriquece, nos enseña la pasión y la compasión. La vida como una dádiva inevitable que uno no debe guardar sólo para sí. La vida como el deber de crear.

“Hay más cosas bajo el cielo de las que sueña tu imaginación”, dice un personaje de Shakespeare. Y claro: hay las cosas que sueña la imaginación de otros. Y con esas y con las que sueña nuestra imaginación, es posible enmendar cualquier espanto.

Porque es cierto que a diario nos espanta el espanto.

¿Y qué hacemos? Casi siempre, temer.

¿No podemos dar con algo más noble que el temor?

Vemos en los periódicos y la televisión las sombras del espanto. Amenazan con adueñarse de nuestras noches. Nos entristecen, nos asustan.

Y ni modo de no verlos, ni modo de negarse al mundo que nos tiene en vilo.

Este nuestro país se rompe a diario y según casi toda la información no parece tener remedio, pero los filántropos creen que sí. Por eso son tan valiosos. Por eso se reúenen, para reconocerse y apoyarse.

Tantos de nosotros asustados, discurriendo juicios inútiles, quejas, desesperanza. Tantos pensando que ya no existe un lugar desde el cual puedan verse las estrellas. A ratos inseguros de que existan unas estrellas que no alumbren el cielo de eso que nos espanta. Presos dentro de nuestra impávida libertad. Sin remediar nada. Mirando.

Se nos olvida con tanto temer, con tanto discurrir en vano, darles valor a encuentros como el de hoy.

Atestiguar la esperanza y el trabajo de quienes en vez de asirse al miedo lo exorcizan con su diario quehacer y su certeza de que el mundo no se enmienda de golpe.

El mundo se va cuidando, se zurce, se le acompaña y, sobre todo, se ama porque es el único que tenemos.

¿Se puede imaginar un quehacer más noble?

Yo no. Ni más arduo ni más noble que combatir el temor, desafiándolo.

Contra el miedo y la desesperanza, el trabajo en lo urgente.

Es una alegría y un privilegio estar aquí. Saber que ustedes, los que tienen esperanza, los que trabajan en construirla y promoverla, me cuentan en su haber.

No hay sin remedio entre la gente que hoy se reúne aquí. Sé que ustedes acuden todos los días a la aceptación de que éste es el mundo que los necesita, éste el tiempo que les llama, éste el lugar desde el que pueden verse las estrellas, al que a veces es necesario bajar, para encontrarlas.

Quién sabe si el mundo tiene remedio, pero para remediar nuestra vida tenemos que mantener con nosotros la certeza de que sí lo tiene.

La certeza de quienes cada día son capaces de recobrar el valor y llevarlo a donde sea necesario. Personas dispuestas y puestas en hacer el bien, en recuperar lo que se desmorona, en mantener a salvo lo que parece que no tiene remedio y rescatar lo que no estuvo a salvo.

Según los ojos, el testimonio y el ejemplo de ustedes, los miembros de la Junta de Asistencia Privada, nuestra vida y nuestro mundo tienen un mejor destino del que imaginan tantos.

Y vale la pena, y la existencia, buscarlo. Y no es fácil, pero compensa.

No hay temor que se alivie, que encuentre consuelo, que reciba ayuda, sin devolver a cambio algo crucial. Quienes esto saben encuentran primero esperanza, y luego paz. Quienes esto saben, se llaman filántropos.

Sí podemos encontrar algo más noble que el temor. Sí hay un exorcismo contra el espanto, un remedio más callado y sencillo, pero sin duda más elocuente que la inútil diatriba o la queja sin destino: hay el gusto, la filiación, por los demás.

Quienes saben esta verdad escriben la novela más digna de elogio y compañía, el libro que desafía el espanto con la vocación de compartir el bien y las estrellas. Hagamos nuestro este libro, escribamos junto una novela urgente: que sean verdad el bien y las estrellas.

Paulina Mastretta: “Creo que todo el tiempo estamos tomando decisiones en la vida, entonces en los videojuegos también te pones a tomar decisiones, que quizá resultaron que no eran las correctas y puedes regresar. En los videojuegos sí puedes regresar si te equivocaste. Me gusta ese tipo de juegos.”



Marzo de 2017



Hablar de piratas es hablar de la imaginación. Odiseo viajó 20 años en redondo para regresar a Ítaca. Leopold Bloom viaja un día entero por Dublín para regresar a su Ítaca personal. Shinta, Maya y Leiya, los protagonistas de Las aventuras de la audaz navegante, primera novela de Paulina Mastretta, se embarcan en un viaje para encontrar al padre de uno de los chicos sin saber que en la travesía se encontrarán con ellos mismos. Lo que nos va a confirmar que perderse es la mejor forma de encontrarse.

Paulina trabajó esta novela desde que tenía 15 años en distintos talleres literarios. Su familia tiene como costumbre un viaje por Islas Galápagos como viaje iniciático, y es ahí donde comienza esta entrevista.

La literatura es un enorme viaje alrededor de la imaginación. Sherezada nos invita a disfrutar un viaje en Las mil y una noches, Gregorio Samsa se despierta en un sueño que parece un viaje recién comenzado por el sonido del reloj checador. Las aventuras de la audaz navegante es una novela que abona a la construcción de mundos distintos. Hemingway, otro audaz navegante, decía que las novelas deben de ser universos que contienen sus propias leyes físicas, su propia flora y su propia fauna. Y así lo consigue Paulina Mastretta quien nos toma de la mano y nos lleva del faro de una isla hasta otra habitada por hombres mono, o nos sumerge en una historia al interior de la novela en donde las náyades, mejor conocidas como sirenas, son las protagonistas.



La nave de Las aventuras de la audaz navegante está lista para zarpar, de ustedes depende si lo hacen con un plato de sopa picosa o con el cuchillo entre los dientes.

Óscar Alarcón. La idea que se plantea sobre el viaje en la novela, y aunque no es un tema nuevo, nos remonta hasta Ulises quien regresa a Ítaca, pero también lo hacen los personajes de Las aventuras de la audaz navegante, ellos regresan a casa, a la isla. ¿Cuál es el significado que tiene para ti el viaje?

Paulina Mastretta. He viajado mucho con mi familia a lugares remotos de México o de Europa. No todos los viajes los he vivido, sino que tengo amigos que también han viajado, han salido del país a estudiar.

Mi hermana Alicia estuvo mucho tiempo en el exterior estudiando. Tengo muchos primos que han estudiado en el extranjero. Yo he salido pero no me he quedado mucho tiempo fuera. Me gusta viajar pero regresar de nuevo al origen y no estar mucho tiempo en un mismo lugar. Me gusta mucho observar, conocer y aprender, regresar al país. Todos los conocimientos que tengo de fuera, los tengo acá.

Por ejemplo, pude darme cuenta de que en algunos lugares el limón es carísimo o el aguacate, que para nosotros es tan común, para otros es muy caro.

ÓA. ¿Por qué escribir un libro sobre viajes?

PM. Estaba en las Islas Galápagos y para llegar de una isla a otra, tenías que tomar un barquito —viajábamos en crucero— para poder conectarte entre ellas. A veces te quedabas un día o dos. A diferencia de lo que ocurre al interior del continente en donde tienes que moverte en tren o avión o coche, ahí era en barco.

En la época en la que está ubicada la novela, específicamente se transportan en barco, además de otros medios mágicos. A veces se mueven más rápido y otras más lento pero todo el tiempo se están moviendo en barco entre las islas.

ÓA. Las islas se convierten en una ficción geográfica.

PM. Pensé mucho en las Islas Galápagos. Por cuestiones geográficas y de medio ambiente se comunican de esta manera —a la fauna no le tienen miedo porque ya están acostumbrados—. La mayoría de las islas son recorridas a pie pero para llegar a ellas se transportan en barco, hay permisos para entrar para que no haya algo ilegal.

Cuando comencé a escribir la novela así la pensé: un viaje entre islas en un barco pero fui sumándole otras historias porque la mayoría de los personajes se mueven caminando.

ÓA. Shinta se mete a un bosque en el que incluso le dicen que no debe de ir por ahí pero logra atravesarlo gracias a su valentía, ¿el bosque es afrontar los miedos?

PM. Un poco. Para alguno de los personajes… A veces llegan a diversas situaciones. Por ejemplo llegan a un cementerio de barcos, que representan la muerte, las almas que no pueden descansar en paz. O en otra ocasión ocurre que chocan contra una isla literalmente, y entonces se preguntan “¿qué puede empeorar?” ¡Y desaparece una de las protagonistas!

Ahí ocurre que se meten a la selva no porque quieren enfrentar su miedo sino porque tienen que encontrar a su amiga desaparecida. En el transcurso por distintas cosas, terminan separándose todos. De cierta forma es un viaje de autodescubrimiento de cada personaje, cada uno de ellos se va encontrando.

Eso que mencionas le ocurre a Shinta, pero algo similar le pasa a los personajes que lo rodean: Maya y Lune tienen una serie de aventuras. Gira se encuentra a alguien que la saca de sus casillas.

Los árboles están llenos de seres vivos y esa selva termina volviéndose otro viaje para descubrirse, por eso la canción que aparece y dice: “las almas se descubren, las almas se encuentran y al final nada queda”.

ÓA. Noto una constante en tus personajes: la ausencia de las figuras paternas. Están escondidas pero muchos de los personajes añoran la presencia del padre.

PM. Me di cuenta de algo al inicio de las novelas de aventuras: siempre faltaba algo. En el caso del personaje de Maya, tiene a sus papás pero decide acompañar a su amigo en el viaje. Maya tiene el conflicto de dejar a su familia desprotegida, de estar en el círculo familiar y cómo salir de ahí para enfrentar a los peligros… Y decide salir.

El resto de los personajes están buscando ese conflicto y ella decide dejarlos atrás para que su vida pudiese avanzar. Tal vez regrese más tarde y cuente todo lo que vivió. Es todo un fragmento de la novela en donde su decisión está entre el “me voy o no me voy, ¿qué hago?”

Shinta, está en la búsqueda del padre —la ausencia de la madre es porque falleció— y acaba descubriendo cosas nuevas para reconciliarse. Encuentra a su padre y alcanza su objetivo pero en realidad quería salir porque quería tener una aventura, siguiendo la idea de que su padre también vivió una para explorar el mundo, no sólo dentro de su isla. Sí busca al padre pero en el proceso vive todas sus aventuras: “¡ah, puedo hacer otras cosas!” A veces es un poco egoísta porque sus amigos salen de la isla para ayudarle a buscar sus recuerdos.

ÓA. Tus personajes deambulan entre lo bueno y lo malo, no están extrapolados, por ejemplo Ojo Negro, resulta que comienza haciendo fechorías y después se transforma y después vuelve a ser malo.

PM. Un pirata se convierte en eso por una necesidad. Necesita dinero y crece en un ambiente de violencia. Ojo Negro es un personaje especial, es un doble cara: puede ser un villano y también puede ser tu amigo. Aunque por ejemplo a Shinta le dice que lo va a proteger y en el barco lo deja abandonado en la cocina.

Es ese tipo de personajes que si ve su vida en riesgo y te puede dejar atrás, lo va a hacer. Se mueve según le conviene pero también apoya a ciertos personajes. Pero no pone en riesgo su vida para salvar a alguien aunque termina haciendo cosas que lo contradicen. No es predecible. Es un personaje que te sorprende, como también lo hace Sombra Muerta, a quien lo lees en un principio y después al final te quedas pensando “espera, todo el tiempo estuvo con ellos pero nadie se había dado cuenta”.

ÓA. ¿Cómo construiste a tus villanos?, te lo pregunto por lo que acabas de mencionar de Sombra Muerta. Estamos tan acostumbrados, por ejemplo a los personajes de Disney de la década de los 50, en donde los villanos para ser malos deben de parecer malos, ¿cómo construiste a tus villanos porque algunos no parecen villanos?

PM. Tengo muchas referencias de series, de animes, de videojuegos, de cosas así, en donde se rompen los moldes donde el feo es el malo y el bonito es el bueno. Rompí con eso y me di cuenta de que el pirata también puede tener doble cara.

O por ejemplo Gira —una de las protagonistas—, que es de aquellas que preferiría no cruzarme en la calle con ella. Realmente hay muchos personajes que tienen doble cara, sólo bueno y sólo malo no existen para mí. Todos pueden tener distintas caras: la que les convenza en su entorno.

Son personajes como Peña Nieto, que puede estar feliz y todo el país cayéndose en pedazos, pasa lo mismo con uno de los personajes de esta historia: “no soy ni bueno ni malo, simplemente soy así porque me divierte”; puede llegar a secuestrarte porque quiere divertirse y entonces lo hace. En la mayoría de los casos le divierte fregar al otro. Es un tipo de conveniencia.

Todo el tiempo estuve construyendo así a los personajes. Es una doble personalidad de quien menos te esperas y resulta que tiene a alguien adentro, quizá sea su consciencia que termina deshaciéndolo. No es que fuese bueno y después termina siendo malo sino es el juego que se está llevando a cabo todo el tiempo. Es un poco lo que le ocurre a Sombra Muerta.

Leiya es distinta, trata de que sus dualidades se mantengan en armonía. Se tiene que proteger de ella. Es muy solidaria aunque antes que cualquiera siempre está ella. A veces martiriza a las personas que se aman y acaba destruyendo a los personajes que la querían mucho.

Volko, el maestro de los personajes, es una figura paterna. Lune lo toma como padre porque tiene conflicto con su verdadero padre. Gira está enojada con su padre y cada vez que va descubriendo más cosas de éste se enoja más, porque siente que huyó como cobarde en lugar de quedarse a protegerlos.

ÓA. Aunque es una novela de piratas, se destaca mucho la amistad, ¿qué significa la amistad dentro de tu novela?

PM. La novela es sobre una tripulación que debe avanzar, para que puedan hacerlo tiene que haber un espíritu de unidad y compañerismo, el cual existe entre los personajes. Obviamente habrá cosas que los distingan pero si hay pleitos, la tripulación terminará mal entre sí o todo el desmadre que vemos luego.

Muchas tripulaciones terminan mal por no organizarse, las sociedades en general, si no hay por lo menos un espíritu de cooperación, todo mundo termina peleado y no hay avances. Quise hablar de compañerismo y de tolerancia porque aunque Maya no soporta a Gira, tratan de llevarse como pueden porque hay algo que termina uniéndolas de cierta forma: tal vez no seas mi mejor amigo pero tolero lo que haces y respeto tus preferencias y todo eso.

Siento que lo que desgasta a la sociedad en general es la no tolerancia, el no respeto. Lo que demuestra la historia es que sí puede haber respeto y tolerancia aunque los personajes sean muy distintos, hay algunos que se parecen un poco pero combaten entre ellos y a pesar de las circunstancias conviven y no les queda de otra. Va avanzando la historia y una va a aprendiendo de la otra.

Rimú es un personaje muy especial, porque tiene una parte de él que termina diciendo que sí… no puede decir que no, termina haciendo las cosas que no le sean problemáticas. Es muy tranquilo. Aunque termina haciendo cosas más desgarradoras.

ÓA. El aspecto físico de tus personajes también es importante, por ejemplo el cabello azul de los personajes misteriosos, ¿cómo fue que decidiste dotar de estas características físicas para hacerlos notorios?

PM. Hay una razón específica que tiene que ver con la forma de ser de cada personaje, no vas a ver en toda la novela a otro personaje con el cabello azul, a lo mejor ves a uno con el cabello negro o rojo pero los personajes de cabello azul es porque tiene que ver con su raza. Los demás tienen relación pero no tanto.

Quería decir que Lune tenía el cabello blanco y que eso tenía relación con algo pero me faltó. En general es que sean distintos. Cuando veía a los personajes veía todos sus aspectos, hasta cómo se vestían para definirlos. En la familia de Maya —la única familia completa— todos son distintos entre ellos y tienen rasgos muy similares. Algunos se visten de forma misteriosa y otros no.

Los habitantes de Naufra tuvieron conflicto con el gobernador, algunos son ricos y se visten distinto de los demás. En esa parte es una pequeña referencia a lo que ocurrió con Mario Marín, en ese tiempo estuve escuchando mucho esa noticia: siempre había conflicto con el gobernador y acabé recreando eso.

ÓA. ¿Crees en las etiquetas “literatura infantil” o “literatura juvenil”

PM. No del todo. Sobre todo porque conozco muchas series o caricaturas que vi en la infancia y que aún sigo disfrutando. Me gustan las películas de Pixar aunque digan que son para toda la familia o para niños en específico. Creo que depende de cada quien.

Pensé que la novela podría leerla quien sea, para quien le llegase. Los personajes están en la juventud pero no del todo. Gira, Naira y un par más están por mi edad: 20-25, aunque tienen actitudes que parecen estar más debajo de la edad. Los tres protagonistas tienen más o menos la misma edad: 15-16 años.

ÓA. Vemos cómo Shinta se va a llorar como un niño y Gira le dice “llorando no vas a solucionar nada”, podemos ver la diferencia de edades.

PM. Ahí no del todo porque Shinta podría tener 27 años y aun así habría llorado. Es el caso en específico de ese personaje con el que quise romper ese tabú de que los hombres no pueden llorar y de que deben de ser muy fuertes. Shinta no reprime las emociones, es muy abierto, todo el tiempo dice lo que piensa. Cuando regresa a su casa, su tía está en un trance y no lo reconoce y él no sabe cómo solucionar un problema. Es muy intenso y muy lindo.

Incluso Leiya lo ve muy enojado, al grado de querer matar a alguien y ella le dice “tú no eres así, no te conviertas en algo que no eres, no te traiciones”.

ÓA. ¿Te gustaría que tu libro se convirtiera en un videojuego?

PM. Sí, estaría padre. Aunque no sé cómo se le podría hacer.

Otra cosa que me comentaron, y a mí me cuesta mucho trabajo, es ver mi libro como una película con actores reales. Veo a mis personajes de forma más gráfica y por ello me los imagino más como un anime o un videojuego o una caricatura.

ÓA. A mí me sucedió lo mismo, los vería más gráficos y por eso pensé en un videojuego.

PM. Un videojuego o un anime. Veo todo el ambiente más gráfico: un cómic puede ser. Me cuesta mucho trabajo imaginármelos en una película con personas de carne y hueso. Siento que mis personajes son demasiado gráficos. Y me pasa con cualquier libro: cuando me presentan la película digo “pues sí pero no del todo”.

Siento que cuando ves una película con personajes actuados, realmente no estás viendo al personaje como tal sino que estás viendo la interpretación del personaje que está haciendo el actor, y aunque es algo muy padre me cuesta mucho trabajo imaginarme a un actor interpretando a un personaje de novela.

A lo mejor resulta que me equivoco y encuentro que queda demasiado bien pero siento que estaría mucho más sencillo representarlos de manera gráfica y digital.

ÓA. Además de la literatura, ¿cuáles son las otras expresiones que te interesan como forma de narración?

PM. La novela gráfica, el cómic, el manga, el anime, los videojuegos me gustan mucho porque puedes estar dentro de una montaña en la que puedes caminar, por ejemplo.

En específico me gustan mucho los RPG por todo el contexto en el que se desarrollan, son como una novela de fantasía, con todos sus personajes, con todas sus historias y cómo se van desarrollando entre ellos: tú decides —dependiendo del juego— hasta qué punto tienes que llegar. Puedes regresar al punto anterior, descubrir más secretos. Es algo que me gusta mucho de los videojuegos.

De las novelas como Rayuela me gusta que no haya sólo una historia, sino que puedes ir armando tu propia historia. Juego mucho videojuegos de decisiones: “vete por la derecha o ahora vete por la izquierda” y te encuentras un monstruo gigante o te encuentras un tesoro. Hay decisiones en las que si te vas por el frente y tomas mal camino, acabas muerto.

Creo que todo el tiempo estamos tomando decisiones en la vida, entonces en los videojuegos también te pones a tomar decisiones, que quizá resultaron que no eran las correctas y puedes regresar. En los videojuegos sí puedes regresar si te equivocaste. Me gusta ese tipo de juegos.

Más específico en el arte, me gusta el teatro, el cine, la escultura. Eso es algo que me gustaría mucho de mis personajes: verlos cómo serían en escultura. Me gusta la danza, aunque no soy bailarina; me gusta mucho el movimiento de la danza.

Algo que me cuesta mucho trabajo es la escultura y la arquitectura, me gusta mucho verla, me digo “está bien pero ¿cómo escribo en el libro que esto es un arco?”, tengo que escribir que esto es un arco y que además tiene ladrillitos de colores y que además hay piedras. Trato de explicarlo, busco palabras.

Es una de las desventajas cuando creas un mundo ficticio como en la novela, adaptas palabras y no puedes decir cosas como “hablando del rey de Roma” porque Roma no existe en ese mundo. No puede hablar de que comían pasta o comida italiana. No puedes decir nombres de lugares reales porque no existen. Hay muchas palabras que no tendrían referente, como “el arco griego”, “¡no, espera, no es el arco griego!”.

ÓA. Uno de los personajes le riñe al otro y tu novela dice “le echó bronca”, pensé que si dentro del universo de la novela se entendía qué quería decir esa frase. Eso me agradó.

PM. Fui puliendo la novela. Había palabras como “quedarse en shock” para decir que se había quedado paralizado, que me parecía que no eran palabras que le quedaran. Aunque ya hay palabras del inglés que ya están muy usadas. Traté de meter palabras que fueran neutrales.

ÓA. ¿Cómo trataste de llevar el humor en tu novela? Los diálogos que se establecen entre los personajes hacen que te rías, hay muchos juegos entre ellos.

PM. Estamos en una situación muy fea pero podemos reírnos, aligerar la situación. Obviamente en los lugares que era necesario, no lo metía nada más porque sí.

Trataba de hacerle parodia a textos que me parecía podrían funcionar, no sé si rompiendo la cuarta pared —no tan fuerte— pero de repente alguno de ellos comenzaba a hablar con las aves, si fuese una persona real comenzaría a pensar “¿estoy loca?, ¿por qué estoy hablando con las aves?”, y otro personaje le decía “no, no es posible que hablen todas la aves”, “ah qué bueno porque no quiero escuchar los problemas de todas la aves”, ese era el juego.

Otra de las parodias tiene que ver sobre todo con Los piratas del Caribe, cuando llegan los piratas sangrientos y esqueléticos y empiezan a armar toda una bronca y un personaje le dice “ah, ¿me das un autógrafo?”

Trato de llevar el humor de manera tal que a los mismos personajes les parezca absurdo, como si dijeran “¿en serio tenemos que hacer esto?”

ÓA. Uno esperaría que en la taberna hubiese competencias de resistencia por ver quién toma más alcohol y en tu novela resulta que la competencia es por ver quién come más sopa picante.

PM. Eso es un poco la referencia a México, al chile. He visto gente que hace competencias por ver quién aguanta más picante.

Es una estrategia para alejar a los borrachos, en lugar de terminar a golpes. No tenía mucho sentido hacer otro tipo de competencia sino una de comida.

ÓA. Finalmente, una pregunta que no tiene tanto que ver con la novela sino con una experiencia tuya, ¿qué es el amor?

PM. Nunca me habían preguntado eso, además no es una pregunta que pueda responder tan fácilmente. Siento que el amor es estar con alguien o con algo que te gusta.

Hay distintos tipos pero tal vez sea un poco lo mismo. Por ejemplo, yo amo mucho leer y escribir y hay otro tipo de amores que llegan al extremo: lees, lees y lees y ahí te quedas, no sales al mundo, no sales de tu conchita. Todo el amor debe ser moderado y que no te afectes. Si te metes con alguien que está contaminándote entonces no es amor, no sé qué sea, quizá obsesión o dependencia.

He tenido muchas parejas a las que he visto así, y entonces me digo “esto no me va a llevar a ningún lado y entonces mejor lo corto antes de que llegue a extremos que no convienen”. El problema es darse cuenta de cuándo tu amor ya se volvió obsesión o está tranquilo.

Puede haber amor en la amistad y en la familia. O entre compañeros, que se cuiden bien, se protejan. Una persona que esté contigo, en el terreno romántico, tendría que cuidarte, que cuidarse mutuamente. No que siempre esté contigo pero que las cosas que los unen, lo hagan y no que se estén peleando porque la pasta de dientes faltó. Que haya un elemento mutuo. Creo que es un tema muy complejo.

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Paulina Mastretta. (Puebla, 1990). Narradora. En 2008 ganó un concurso de cuento de zona organizado por la Secretaría de Educación Pública a nivel preparatoria. Ese mismo año se inscribió en el taller de novela de Mónica Lavín. Posteriormente trabajó la novela en el taller de la SOGEM de Puebla bajo la dirección de Eve Gil. Es editora de las revistas anime.es y Mundo Nuestro. Las aventuras de la audaz navegante (2016) es su primera novela.

La instalación no se llevó muchos minutos. Sobre la banqueta de la 16 de Septiembre, contra el enrejado de Catedral. El retrato de Miroslava, los carteles con el nombre y la fotografía de algunos de los periodistas asesinados en los últimos tiempos en México, las veladoras y el tapete en blanco con la lista larga de los 81 reporteros muertos desde el año 2012. Lo hizo Rosa Borrás, la mujer de los bordados hermosos y solidarios. "No fui más lejos en el tiempo, pero mira esa lista larga..."

La miro. Contiene el horror de México.

Contemplo a las jóvenes reporteras que han promovido este homenaje. Velada, le han llamado. Y sí, ahí están las veladoras y el ánimo de alumbrar la catedral. Y ahi están ellas, han cantado el himno nacional. Sonríen, a pesar de todo.



Creo que en el evento soy el reportero más viejo. Por ai veo a Francisco Sánchez Nolasco, de mi época, pero más joven.

A golpe de pluma, luchar por rescatar la patria nuestra.

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