Historia obrera: las fábricas San José y La Soledad Vista Hermosa en Etla, Oaxaca

Por Emma Yanes



Este ensayo está basado en información historiográfica y en los testimonios de padres e hijos compilados en los años ochenta del siglo XX, por Sergio Mastretta y una servidora, en torno a dos fábrica textiles emblemáticas de Oaxaca, San José Etla y La Soledad Vista Hermosa, mismas que cerraron sus puertas en definitiva en los años ochenta del siglo XX, para posteriormente convertirse en el año 2000 en el Centro de Artes San Agustín Etla o CaSa, por iniciativa del pintor Francisco Toledo, con financiamiento de CONACULTA, el gobierno del estado de Oaxaca e instituciones privadas. Un envidiable espacio industrial afortunadamente recuperado.

Tratamos con la publicación del presente texto de recrear el mundo del trabajo fabril de finales del siglo XIX a las últimas décadas del XX en dichas fábricas, sin el que no hubiera podido existir el hoy importante Centro de Artes San Agustín Etla. Una disciplina, la de la historia obrera, que al parecer ha perdido interés entre los investigadores actuales, desorientados ante el marasmo del neoliberalismo que poco a poco ha terminado con las conquistas sindicales y también con ello, al parecer, con la voluntad académica hacia el estudio del mundo laboral.

(Este texto se ilustra con fotografías históricas de la fábrica de la Soledad Vista Hermosa, y fueron tomadas del blog “Proceso de restauración del templo de la Soledad Vista Hermosa”)



Diciembre 1984

Los patrones se han ido. Las fábricas San José y Vista Hermosa enfrentan el futuro cada una por su cuenta; ganadas en juicio a los dueños que querían cerrar, hoy tienen una administración obrera por cooperativa. Las dos luchan por su subsistencia con salarios abajo del mínimo. En San José, según nos comentan los trabajadores, los aprendices ganan 45 pesos la hora y los oficiales 80; el trabajo a destajo y la jornada son medidos por el metro de tela y el hilo producido. San José produce manta para costales que el comprador les paga a 40 pesos el metro; Vista Hermosa produce franela. Ambas fábricas tienen su abastecedor de algodón y su comprador: Convertidora Mexicana, empresa de Distrito Federal, para Vista Hermosa; Antonio Fernández, fabricante de telas en San Juan del Río, para San José. Esta última se endeudó recientemente por más de cinco millones de pesos en la compra de maquinaria que data de los años treinta. Las industrias sobreviven gracias a la decisión de los trabajadores, que combinan el trabajo agrícola y el textil, así como a la calidad de la ingeniería industrial del siglo XIX, elaborada para durar a largo plazo.

Este delantal es nuestro

“Ah qué gentes -dice Agustín, el trabajador que controla la producción y el buen funcionamiento de la maquinaria en La Soledad Vista Hermosa--. Lo oyera y no lo creyera… Así que quieren tomar en cuenta a estas ruinas. Miren, en esa casa vivieron los que aquí fincaron. Al fondo, en esos paredones caídos, estaban las casas de su gente de confianza. Más alto que una paca de algodón sería el libro que escribieran de las cosas de aquí. Los patrones fueron poderosos en Oaxaca, pero los acabó la revolución. Ya ven, nosotros quedamos. Vinieron más dueños, hasta el gobierno estuvo, pero todos la abandonaron cuando ya no rindió, cuando ya la habían explotado, cuando ya le habían sacado todo a las máquinas, cuando ya sólo quedamos nosotros.”

El 16 de diciembre de 1884, el gobernador de Oaxaca, Luis Mier y Terán, celebró un contrato con los señores José Zorrilla y Jacobo Grablisson, propietarios de las fábricas de San José Etla. El gobierno de Oaxaca concedería exenciones fiscales para el establecimiento de las fábricas de hilados, tejidos y estampados en la región de Etla, adecuada por su caudal de agua y la humedad de su ambiente. Los industriales extranjeros montarían en contraparte un motor hidráulico de sesenta caballos de fuerza para la electrificación de la ciudad de Oaxaca, y se verían obligados a portar a su costa la línea eléctrica entre la planta y la ciudad. Además se comprometieron al sostenimiento y educación de trescientos jóvenes del estado, con sueldo de veinticinco centavos diarios.

Según las crónicas, el poder de los Zorrilla se equiparaba al de los grandes hacendados del país. La fábrica de San José contaba, años antes del establecimiento de Río Blanco en Orizaba, Metepec en Puebla y San Antonio Abad en México con más de diez mil husos y trescientos telares, y su producción rebasaba las siete toneladas de manta al mes.

La popelina de mi patrón

La casa de los ex patrones está tomada actualmente por la maleza y la herrumbre. La utilizan como bodega. Las escaleras se encuentran derruidas, las barandillas están atadas involuntariamente por una enredadera, los pasamanos se ven oxidados, las habitaciones, polvosas y oscuras, yacen cruzadas por rompecabezas de tróciles; en el baño el agujero del excusado se encuentra tapado como si por ahí se hubiera escurrido toda la grandeza de la fábrica. Sólo las dos estatuillas plateadas casi tragadas por los matorrales al frente de la casa, como si fueran dos mujeres inaccesibles traídas por el sueño de prosperidad de los Zorrilla, recuerdan el ingreso a su casona con sus amplios salones, cuadros y madera tallada, quizás también con manteles bordados y platería en el comedor. Las esculturas parecen recordar ellas mismas los marcos dorados de los espejos y los plateados reflejos de las cabelleras de los señores, con sus manos y sus ojos que vienen de las cuentas y de las órdenes a los cabos y a los maestros en los talleres; sólo ellas escuchan las conversaciones a los devotos industriales en un domingo cualquiera después de la misa hablando de la cotización del mercado del algodón, con el silencio respetuoso de los telares en el descanso dominical.

Pero el casco sigue aquí, con el mismo rumor metálico de hace cien años. El mismo rumor que tejió las sedas y la ropa suntuosa de aquellas mujeres que encarnaron el esplendor industrial porfiriano. A la entrada un hombre viejo, con su delantal de manta y el pelo adornado con una pelusa de algodón, se entretiene leyendo una novelita vaquera. A mano izquierda, colgada de la pared, hay una imagen guadalupana con sus veladoras. Se llama Agustín, es el mismo que antes nos había hablado ya de los Zorrilla, por un momento deja el libro, comenta:

“Nuestra fábrica tiene historia. Cuentan los más viejos que más o menos en 1907 fue la primera huelga, que iban a correr a unos obreros y los demás se opusieron. Cuentan que fue la primera huelga de Oaxaca.”

Yo soy el corazón de la fábrica

Pegados al techo, tendidos de flechas cruzan de un extremo a otro las naves en la fábrica de San José; las poleas cuelgan y hacen temblar la maquinaria. En el cuarto de máquinas, una banda de 5 metros por 40 centímetros sale del fondo del socavón que guarda la turbina grande, voluminosa. Una bomba de tiempo. Por las escaleras terregosas aparece el cuerpo pequeño y regordete del obrero que controla el funcionamiento de las turbina. Con el torso denudo y el pantalón arremangado, Alonso Ruiz Rivera trabaja ocho horas y media en el turno de la tarde y gana 80 pesos la hora. Entró de aprendiz en 1955, en el departamento de hilados; en 1979 lo llamaron a la turbina.

“El que está en la mañana –dice-- trabaja los dos turnos pero se cansaba mucho; por eso me pidieron a mí que aprendiera. Él ya es un señor grande; era el único que sabía escuchar a la turbina, porque haga de cuenta de que ella como que nos habla. Un mes me pasé con él en las mañanas, hasta que una tarde me quedé solo con la máquina.”

Una cadena larga sube desde la turbina hasta el volante que maneja Alonso. Con este domina la entrada de agua en la turbina y la fuerza de la banda que mueve toda la maquinaria. Mientras mueve la cadena sigue:

“Aquí, como quien dice, yo soy el corazón de la fábrica. De la turbina depende el funcionamiento de las poleas; los telares, las cardas y los tróciles, y hasta el esmeril y los tornos del taller mecánico, trabajan con bandas. Antes tenías que estar siempre en el socavón pegado a la turbina; había muchos accidentes. Pero el maestro Palacios ideó el sistema de la cadena. Aquí arriba no tenemos manómetro, por eso uso esto tres cordoncitos amarrados a la cadena, con ellos cálculo qué tanto necesito abrir la válvula para darle mayor o menor fuerza a la banda. La manejo a puro oído, ya me acostumbré al sonido de la banda, sé cuándo hay que disminuir la velocidad porque ya se apagaron algunos telares o cuándo tengo que aumentar porque ya están adelantando otros.”

Es así como el señor Alfonso regula el motor de la fábrica de San José y controla el ritmo de trabajo de sus 150 compañeros. En diciembre de 1984, según el decreto del gobernador Mier y Terán, la fábrica cumplió el siglo de vida. El mérito es de los trabajadores que cuentan la historia de la fábrica como su propia historia.

Principios del siglo XX. San Agustín Etla, Barrio de Vista Hermosa, Oaxaca.

La urdimbre de la telaraña

Como en el siglo pasado, del departamento de batientes salen los rollos de algodón que pasan a las cardas. En un viejo galerón de madera te topas con esas máquinas. Hay once funcionando: llevan la marca Dobson and Barlow Bolton, England, 1900. Están apretujadas en un espacio de diez por diez; las maneja un solo operador. Por un lado entran los rollos de algodón como gruesísimas sábanas; por otro sale un hilo grueso, un chorizo blanco, una línea que se envuelve interminablemente en los botes. Dos grandes rodillos son miles de puntas desgarran la mancha blanca.

Pelusas, cientos, miles, infinitas pelusas en el aire. Soplas y te rehúyen, aspiras y te acometen. Son como copos de nieve que nunca terminan de caer, pero ya tienen blanco el piso. Los hombres con sus delantales no atienden ni a la pelusa, ni al ruido. Sus ojos siguen las cuentas de hilo en los estiradores. Diría el señor Cresencio Ramos de 75 años, recordando sus primeros días de trabajo:

“El algodón va cayendo como una cascada, como un chorro de agua. Luego se va estirando, pasa el algodón como un velito, como un velo de mujer se va adelgazando, adelgazando.”

En un extremo de las estiradoras se distingue la marca Curtis & Sons. Manchester,1883. En el mismo departamento de batientes hay seis largos tróciles que son manejados por trabajadores jóvenes. De sus máquinas el hilo pasa a las coneras, para desenredarse después en el urdidor, donde una verdadera telaraña de hilos enrolla un gran carrete. Estratégicamente un muchacho no despega la vista de los hilos; tan sólo uno de éstos roto se notaría de inmediato en los telares. Más allá en un cuarto oscuro, se encuentra el engomado: para lograrlo, un inmenso tonel calentado a vapor hace girar e impregna el almidón y la grasa a los hilos del carrete, así les da más consistencia y elasticidad. A unos cuantos metros, trabaja el señor José Ramos. Está sentado junto a un bastidor de madera. A él le entregan los carretes que salen del engomado y es el responsable de anudar los hilos en grupos para pasarlos a los telares. Sus manos los enredan, cuidan que se crucen. Sólo sus manos se mueven.

Los telares son la última parte del proceso. Se apiñan unos con otros en el galerón. El ruido se mete por los poros y rebota contra el techo, apenas logra escaparse por lo agujeros de los vidrios. Cada trabajador, cada nuevo aprendiz atiende sólo a sus telares. Lo que pasa más allá de su territorio individual no es su ruido, no es su tela que se arma o se rasga, no es su hilo que se enreda o que corre liso, no es su manta defectuosa. El pago a destajo vuelve al trabajador indiferente hacia la labor del otro.

La estampa de la modernidad

Un hombre pequeño, delgado y muy abrigado en pleno día, camina con dificultad en la afueras de la fábrica. Es el señor Manuel González, el mecánico más antiguo de la fábrica. Recuerda con nostalgia al primer propietario después de la revolución. Se llamaba Mateo Solana, fue según él dice, quién llevó la fábrica a la modernidad de los años veinte.

“Don Mateo era también el dueño de un ingenio en Huahuapan, nos comenta, allí yo trabajaba de mecánico. Un día llegó Don Mateo y me dijo: ‘Manuel, se viene usté conmigo a trabajar la manta.’ Le contesté: ‘Como usté diga patrón, pero yo no sé de telas, nomás sé de fierros.’ Y me respondió: ‘Pues por eso mismo se viene conmigo.’ Entré como mecánico. Cuando llegamos la fábrica estaba en ruinas. La abandonaron unos Zorrilla. Llegamos en 1924 y el patrón trajo maquinaria importada de Inglaterra. La trajeron de la estación del tren en carretera. Recuerdo que don Mateo no cabía en sí del gusto. Hasta acariciaba a las cardas. Quién sabe qué tanto pensaría. Antes en el socavón, sólo había una escalera de palo; hasta el fondo fueron a encontrar la turbina, toda llena de tierra. Estaba como triste, se veía muy vieja y ya no quería jalar. Pero don Mateo se compadeció de ella, la arregló y la turbina quiso de nuevo echar a andar la fábrica.”

El viejo mecánico continúa su relato.

“Junto conmigo entró a trabajar al taller el maestro Alberto Palacios. Antes, para hacer los cambios había que meter las manos; nosotros arreglamos los coples a la medida de las flechas para poder meter los cloches. Para hacer los cambios tenías que utilizar escaleras. Ahora nomás lo desacoplas y se arregla. Todo eso lo fuimos haciendo en el taller. Todo lo fuimos arreglando. Fueron los tiempos de la modernidad. Se hacía la mejor manta. Pero don Mateo quiso vender. Se cansó, yo digo. Don Mateo era español, era muy favorecido, buena gente. Era explotador, era el diablo como todos los patrones, pero así tiene que ser para que saliera el trabajo. Y nosotros éramos los diablitos. A finales de los años treinta se acabó la modernidad. Don Mateo le vendió la fábrica a un tal Manuel Seco. Ese ya no nos quiso.”

Luego de tan amena plática el señor Manuel se despide de nosotros, dice que a sus años le molesta el sol y ya le cuesta trabajo respirar.

Durante el período revolucionario la situación de la rama textil fue apremiante. En 1910, los 145 establecimientos que había en el país disminuyeron a 118. En 1913 ya sólo estaban funcionando 90 fábricas. Las dos de Oaxaca, San José y La Soledad, cerraron. En 1921 empezó a darse cierta recuperación en la rama y es a mediados de los años veinte cuando se inician nuevas inversiones. En 1924, las tres cuartas partes de los telares con los que funcionaba la industria textil del país, habían sido instalados entre 1898 y 1910. Para mantener un buen margen de ganancia que les permitiera sobrevivir en el mercado, los empresarios optaron entonces por intensificar el trabajo de sus obreros y reducir los salarios lo más posible. Lamentablemente si aumentaban los salarios, las empresas quebraban, es decir que resultaban incosteables para el capital. Ese fue el gran problema de las fábricas de Oaxaca. Después de los años de la modernización, no se volvió a invertir en maquinaria. Y los obreros, por su parte, exigían con razón constantemente aumento salarial. Sin embargo su propio derecho fue su condena.

Los nudos del hilado

A unas cuantas cuadras del zócalo de Oaxaca, el edificio de la Central de Trabajadores de México (CTM) rompe el estilo arquitectónico de la ciudad. Pasamos al despacho del señor Guadalupe Santiago, Secretario de la Federación Estatal de la CTM; en el muro lucen las fotografías de Fidel Velázquez y del Presidente Miguel de la Madrid. Y a un lado, las fotos del propio Guadalupe Santiago en su campaña sindical. Nos comenta mientras se mece en su escritorio:

“Yo también trabajé en San José --nos cuenta con prisa, fríamente--. De chamaco me ocuparon ahí y me gustaba mucho. No tenía ni dos faltas al año. Era de los primeros en surtirme de trama. Tuve varias veces el primer lugar en producción. Mucho tiempo fui tejedor. Me salí de la empresa en 1972 porque quería superarme. La fábrica ya no tiene remedio. Sólo sobrevive porque los obreros ya se encariñaron, no les importa ganar menos del mínimo, no tener prestaciones. Trabajan en la fábrica y en el campo, se agotan.”

Y agrega:

“De la historia de la fábrica sí les puedo comentar que en 1939 fueron despedidos los primeros obreros que intentaron sindicalizarse. Les llamaban Los separados. Exigían siete horas de trabajo y contratación colectiva. Los corrieron, duraron tres años estuvieron fuera de la fábrica. En 1942 consiguieron su reinstalación a través de un laudo. Y entonces se constituyeron en la sección 36 del Sindicato de la Industria Textil y Similares de la República Mexicana, afiliados a la CTM. Como parte de la sección 36 logran una serie de prestaciones: ingreso al Contrato Colectivo de la Industria Textil, pago de los salarios caídos y Seguro Social. Ellos fueron nuestros pioneros.”

“Ya es hora de cerrar el local”, comenta la secretaria. El ex tejedor nos dice al despedirse: “El Seguro Social fue para los obreros como una bendición. El trabajo en la fábrica era muy pesado y no había ninguna protección. El algodón produce un polvo que se absorbe y va a dar directamente a los pulmones. Algunos trabajadores terminaron tuberculosos, tísicos. En el pueblo sólo atendían los curanderos. El primer médico fue Rafael Carballido, en 1943. Ese año llegó a la fábrica el Seguro Social.”

Los primeros sindicalistas, conocidos por los obreros como los separados, son recordados por los trabajadores en casi todas las pláticas.

De calzón de manta, pistola y huarache

Un hombre moreno, de traje, como de 55 años, se baja de un carro Ford LTD frente a la fábrica de La Soledad. Lleva un portafolio, saluda a todos los que encuentra en su camino. Su aliento, su “qué tal paisano”, denuncian las copas que lleva encima. Se acerca a la puerta, le da un abrazo al portero. Los obreros que lo ven llegar lo saludan, algunos con timidez, casi a fuerzas, otros contentos. Es día de raya, pareciera que se trata del secretario de finanzas. Pero no, él sólo viene de paso, a saludar a sus paisanos. Nos dice que él también trabajó en la hilatura hace años. Regresa ahora con su coche, su traje, su corbata, su aire benevolente. “Mire usté –comenta--, yo de aquí me fui sin nada. Yo le conozco a usté de chivos y de huaraches, yo fui huarachudo. Pero quise superarme y me salí de la fábrica, me superé. No que mire usté a estos pobrecitos. Le mienten si dicen que ganan más de dos mil pesos, de dónde lo van a sacar. Lo que usted me pregunta, lo del sindicato, se lo voy a contar…”

Sí, nos damos tiempo. El hombre recuerda: “En los años cuarenta los separados consiguen el sindicato. Si no me traiciona la memoria porque bien que lo he leído fueron Esteban Rojas, Juan León, Bartolo Ramos, Juan Ángel, Leopoldo Cruz, Fidencio Pérez, Guadalupe Lázaro, Norberto García y muchos otros, de aquí y de San José. Los separados…ah! También estaba Julio Romero. Los separados, ya le digo… ganaban creo 75 centavos al día… sería. Bueno, pues ellos pidieron de inicio el sindicato y los corrieron. Pedían las ocho horas, algo así. El patrón no quería. Yo lo vi; el ejército tomo la fábrica, hubo heridos, encarcelados… qué sé yo qué tanto hubo. Pero Los separados le metieron pleito al gobierno, se unieron con Fidel Velázquez, ganaron el pleito.”

El hombre lleva prisa por entrar a la fábrica, por saludar desde su grandeza a sus paisanos. Nos muestra su credencial: Capitán Antonio Rojas. Luego otra de Regidor del Ayuntamiento de Tonalá, Jalisco. “Yo quiero ayudar a mi gente”, dice.

Por la tarde quedamos de encontrarnos de nuevo con él en el zócalo de Oaxaca, en el Bar Jardín, en los portales de la casona que según dice este ex trabajador fuera en otro tiempo de don Mateo Solana, el dueño de la fábrica. Las cervezas vacías, los vasos de tequila, las colillas en el cenicero son el paisaje de la mesa que compartimos con el capitán Antonio Rojas, ya ahora sí hasta atrás. No quiso hablar más de la fábrica. Era mucha la nostalgia. “Cuentan que aquí en la plaza de Oaxaca se vendía la manta. Antes ni soñar con el Bar Jardín y el Hotel Señorial, esto no era pa’los de huarache. Y ora aquí estoy. Miren allí frente a la iglesia, en 1947 había un soldado anotando a los que querían entrar al ejército, y yo alcé la mano, me enrolé. Hace de pronto una confesión inexplicable: “Yo soy el Capitán Antonio Rojas. El mismo que bajó en 1968 la bandera de la huelga de los estudiantes en el Zócalo, para subir la bandera nacional, así fue. Iba vestido de civil y me subí a la tarima y les dije a los muchachos vende patrias. Después, se los digo de corazón, me dio vergüenza y me fui a un pueblo inhóspito.”

La plática termina de tajo: “Así es que qué --dice por último, ante el asombro del mesero--: ¿otra ronda de chelas?, ¿o mejor un mezcalito?”

El círculo de la rueca

En 1950, la fábrica pasó a ser propiedad de Manuel Gómez Portillo. En 1958 la empresa les pidió a los obreros que renunciaran al incremento salarial del 10% que había decretado el gobierno, para que el dueño pudiera mecanizar la fábrica. Los trabajadores, claro, no aceptaron.

El señor Fernando Ramos, aceitador, recuerda:

“Gómez Portillo nos dijo que quería modernizar la fábrica. El gobierno habría decretado un aumento al salario mínimo y él nos dijo: ‘Muchachos vamos a deshacernos de la chatarra, no les doy el aumento pero traigo nueva maquinaria’. Nosotros no aceptamos. Entonces don Manuel prefirió vender la fábrica. Al despedirse nos dijo: ‘Se van a arrepentir muchachos. Eso que hicieron conmigo lo van a sufrir toda la vida’. Y así fue cuando empezó la antigüedad; ya los nuevos patrones no cambiaron nunca más las máquinas y nos dejaron a los trabajadores a nuestra propia suerte.”

En 1960 apareció el nuevo propietario, según recuerdan los trabajadores, un señor de apellido Hernández. Este dueño, a falta de mercado para lo que se producía entonces, se vio obligado a la manufactura de manta más ancha con aviadora de alambre. Y en lugar de ocho, diez, o quince metros por telar, bajó la producción a tres metros. Al bajar la producción, lógicamente bajaron también los salarios a destajo. Posteriormente el dueño dejó de comprar materia prima y de pagarles a los obreros el destajo por día. En 1962 los 354 trabajadores que laboraban en la fábrica se quedaron sin salario cuatro semanas. Entonces vía el Sindicato decidieron demandar al propietario e iniciaron un juicio legal que derivó en el cierre parcial de la factoría. Diez años después, en 1972, se consiguió que las escrituras de la fábrica quedaran a favor de los trabajadores. Se formó entonces la cooperativa que nunca logró la renovación tecnológica y el incremento salarial tan anhelado.

La manta sin trama

De los últimos años, comenta Alonso Ruiz Rivera:

“Aquí acaba todo, en estos telares viejos, amontonados, en estas bandas que salen del piso y quisieran tragarnos. Ganamos el sueldo más barato de Oaxaca, y si estoy aquí es por la edad, no aprendí a hacer nada más que a tejer en estos armatostes y estos ya no los hay donde quiera. Uno se ayuda del campo, pero no se crea, poco es lo que se hace aquí y allá con tanto cansancio. Será que ya estamos acostumbrados, uno es pobre, pero andamos en nuestro propio pueblo, no tenemos que andar bien vestidos, andamos con huaraches y no pagamos vivienda, no es tanta la exigencia.”

Sobre la posibilidad de que protesten o pidan ayuda al gobierno reflexiona un momento y nos dice:

“No, señor, contra quién protestamos. De aquí corrió el último dueño. Un tal Baltazar Cruz, que era finquero pero no sabía de telas y se topó con que nosotros ya sabíamos de sindicato. Por eso nosotros ya no desfilamos el 1º de mayo, tenemos la cooperativa. Los demás obreros van a protestar porque tienen patrón, pero nosotros ya no, ya desfilamos mucho tiempo, ya nos estamos en paz. La lucha de clases, como dicen, está duro, los precios, sí señor…. Tal vez venga una revolución de nosotros los pobres, pero ¿contra quién?...”

Para bien o para mal, en diciembre de 1984, las fábricas cumplieron cien años. Un siglo. Para responder porqué siguieron funcionando hay muchas posibles razones: por la buena calidad de la maquinaria del siglo XIX, por la tradición de los obreros, por la combinación del trabajo agrícola e industrial, por los bajos salarios. Sin embargo, tal vez ninguna sea la respuesta.

Alonso Ruiz Rivera, deja por un momento de controlar las turbinas, nos mira y cierra el relato:

“Las mujeres del pueblo cuentan que la fábrica está hechizada. Que por eso las maquinas siguen andando y los trabajadores nos presentamos a la labor todos los días. Dicen que las máquinas nos atarantan y que luego ya no podemos dejarlas. Que soñamos con ellas, que estamos encariñados como con los animalitos del campo. Yo no sé, eso es lo que dice la gente. Yo sigo trabajando, porque ya finqué aquí y de aquí soy originario. Yo soy el corazón de la fábrica.”

Memoria y museo

Así hasta el año 2000, en que como ya comentamos, la factoría fue rescatada para constituir el Centro de Arte San Agustín, Etla, el primer centro de arte ecológico de Latinoamérica. Ahí están sus muros renovados. Sus galerones limpios que guardan lo mejor del arte moderno de Oaxaca. Los ventanales abiertos a la serranía de Etla, la tierra de los obreros que le dieron vida a este centenario edificio textilero.

GLOSARIO DE TÉRMINOS.

Abridor: la fibra se recibe con una serie de motas y botones que es necesario abrir y auditar para poder realizar con posterioridad un trabajo perfecto. Es la primera operación del proceso de trabajo, abrir el algodón.

Batiente : hay de dos tipos,

Batiente cortador, que mejora la mezcla recibida del paso anterior.

Batiente afinador, que puede ser de diferentes pulgadas según tipo y marca de las máquinas y es la máquina que limpia todas la impurezas que contiene el algodón.

Carda: La napa que se obtiene en los batientes pasa a alimentar las cardas, lo cuales hacían tres trabajos:

  1. Disgregación a fondo de las fibras;
  2. Eliminar cualquier material extraño de las fibras;
  3. Y, obtener un velo que a base de torsión del algodón que forme una mecha continua.

Este último paso es decisivo para la obtención de un acabado fino del hilado, pues su funcionamiento influye directamente en la calidad de los mismos; en esta parte del proceso es donde puede corregirse el producto de fases anteriores. La idea que proviene de Inglaterra que dice que “cardar bien es hilar bien”, se debe a que en todas las cardas es posible corregir defectos en las operaciones de las máquinas anteriores, en cambio una mala calidad no puede cambiarse.

Así, la obligación de los carderos era cuidar las cardas: aceitarlas, limpiarlas e inclusive llevar los rollos de los batientes a las máquinas y a sus departamentos correspondientes. En esta sección había un botero cuya función era cambiar los botes llevándolos al estirador y traerlos vacíos.

Conera: La función de las coneras es devenar el hilo de las bobinas del trócil para formar una sola unidad con la mayor cantidad de hilo posible, así como limpiar al mismo de las partes gruesas y de los empalmes mal hechos.

Estirador: Paso siguiente de las cardas. El estirador se encarga de crear una mecha regular y obtener las mejores fibras a base de doblajes y estirajes sucesivos.

Peinadoras: El uso de las peinadoras es requerido cuando se produce hilo fino. Su trabajo consiste en darle un mayor grado de paralización a las fibras y en eliminar las de otra longitud que no permita la producción de hilos de calidad. Se ubican por lo regular entre las cardas y los estiradores.

Telar: Máquina para tejer construida de madera o metal, en la que se colocan unos hilos paralelos, denominados urdimbres, que deben sujetarse con algún peso. Los hilos se devanan en la industria textil de manera mecánica para formar la carda que permite posteriormente pasar a la trama.

Trama: Grupo de hilos que combinados y enlazados entre sí dan forma finalmente a la tela.

Trócil: Máquina en la que se hace el último proceso del hilado. Es decir que en n el trócil se obtiene hilo final. Las obligaciones de los trocileros, es la limpieza de las tablas y la limpieza de los husos, cada vez que sea necesario desenredar la hilaza, a fin de evitar desperdicios.

Veloz o pabilador: en este se produce el primer hilo grueso o pabilo. Este procedimiento se lleva a cabo a través de cuatro funciones simultáneas: doblar y tirar la cinta; torcerla convirtiéndola en pabilo y, finalmente enrollar ese pabilo en una bobina que habría de alimentar el trócil. En el número de éstas con las que cuenta el trócil intervienen diferentes tipos de veloces: grueso, intermedio, fino y superfino. El trabajador de veloz o velocero respetará el ritmo impuesto por la fábrica.

Mundo Nuestro. Este texto del filósofo poblano Juan Carlos Canales fue leído por su autor en el homenaje que la BUAP le rindió al pensador argentino Raúl Dorra, miembro ya de la Academia Mexicana de la Lengua. , Avecindado en Puebla luego del golpe de estado del 25 de marzo de 1976 que sumió a aquella entrañable república en el horror de la dictadura militar es Dorra un pensador en el exilio que encontró su lugar en Puebla. Y desde nuestra universidad pública ha construido un pensamiento original y profundo alrededor del lenguaje poético, la semiótica y la literatura.



Esta es simplemente una carta escrita desde la urgencia que exige la admiración

Ningún homenaje, ningún premio, ningún reconocimiento puede darnos cabal cuenta de la magnitud de una obra y, en nuestro caso, de la magnitud de la obra de Raúl Dorra. Y al hablar de magnitud, no sólo me refiero a la cantidad de libros publicados por él, sino, fundamentalmente, al radio, la densidad y la voz de esa obra.

Radio que abarca desde los estudios medievales, el Martín Fierro, el tango, la poesía de Gloria Gervitz, el fenómeno de la lectura en el mundo contemporáneo o el verbo chingar. Pareciera que nada humano le fuera ajeno a Raúl.



Densidad, por la cantidad de líneas interpretativas que esa obra articula y resume para ofrecérnoslas con una luz renovada y lejos de cualquier ortodoxia, a la vez que es una apuesta por la inteligencia del lector en el espacio común y polifónico del texto donde dos subjetividades se encuentran y desde ese encuentro amparado por el azar y la necesidad, por la voz y el silencio se reinventan.

Y sobre todo la voz, gracias a la que, un discurso, sea cual sea, se hace único, singular, irrepetible

Cierto, ya se ha dicho muchas veces, aunque nunca sobre repetirlo: Raúl Dorra es uno de los más importantes escritores hispanoamericanos vivos. Junto a ello, afirmo, sin temor a equivocarme, que Raúl es, también, uno de los más singulares pensadores de nuestro continente. Si el ensayo continúa siendo un género relativamente marginal respecto a otros, Raúl Dorra ha dignificado como pocos esa tradición que arranca con Montaigne, pasa por Ezequiel Martínez Estrada o una figura más próxima a nosotros, como Roger Bartra, devolviéndole el lugar que merece en la literatura.

Cierto también, en el caso de Raúl Dorra es inútil pretender separar los puentes que unen --y separan-- la obra propiamente creativa con la ensayística, convirtiéndose, la primera en una permanente indagación sobre las posibilidades y límites del lenguaje, al mismo tiempo que de las posibilidades y límites de la construcción narrativa. En tanto el ensayo es la más clara impronta de la pasión. Raúl Dorra es una de esas extrañas aves del mundo intelectual, capaz de mezclar la más puntual erudición y rigor académicos con la propuesta de una aventura por vastos e insospechados territorios.

Con motivo de este encuentro, de esta celebración que es también nuestra celebración porque Raúl de muchas formas ya nos pertenece, he vuelto a uno de sus más fascinantes trabajos: La casa y el caracol, publicado en 2005. No me detendré en los detalles del libro; la más escueta reseña nos obligaría a permanecer aquí varías horas para desentrañar su riqueza, pero a lo largo de su lectura --lectura que es siempre una interrogación y no sólo un don-- me he preguntado una y otra vez qué es lo que permite a Raúl Dorra sumar en un solo texto, como el referido, un complejísimo mundo teórico que va de la lingüística a la antropología y el psicoanálisis para alumbrar la relación entre la voz y el cuerpo, al tiempo que la observancia enamorada, morosa, de un molusco como el caracol. Y me respondo que esa erudición, ese espíritu aristotélico que posee Raúl, sólo pueden estar alimentados por una fuente de carácter eminentemente ético: el asombro, Thamazein, que los modernos hemos olvidado por las exigencias de un mundo dominado por la técnica, el éxito, la eficiencia y la prisa. Asombro de estar en el mundo y frente al mundo, porque los hombres no sólo estamos en él sino frente al a él, confrontados con él y con nosotros mismos, lo que nos permite ser siempre otros, definirnos como una otredad radical, una diferencia, un resto que escapa y escurre de nuestra mismisidad, de nuestro ensimismamiento. Entonces es el cuerpo lo que verdaderamente nos apertura al mundo y permite una posición determinada frente a él. En este sentido, habría que rastrear en la obra el intento de Raúl por dar un paso más allá de, al menos, la fenomenología husserliana, cuyo edificio descansa en el yo y la conciencia. Al mismo tiempo, si el cuerpo es un discurso y el discurso un cuerpo, los lazos que los unen y que nos unen a ellos son los del habla y la escucha por las cuales el mundo es un acontecimiento polisémico y polifónico, no una fijeza, y el texto, una mandala de ese mundo definido por la diferencia, y por la producción infinita de otros acontecimientos.

A la par de su tarea como autor, tarea que implica un distanciamiento y a veces un diálogo con los muertos, hay que destacar la importante labor que Raúl Dorra ha desarrollado como profesor y difusor de la literatura. Señalo apenas su aporte en el aula para profundizar en los estudios de nuestra tradición hispánica o ampliar el horizonte de lo que suele llamarse “ciencias del lenguaje”. Si es cierto que a finales de los 70s --con lo que se ha llamado, no sé si con precisión, generación de la ruptura-- Puebla vivió una importante transformación en el modo de entender y hacer literatura, se lo debemos, en gran parte a Raúl Dorra; otra parte, no menos importante, a Miguel Donoso Pareja, recientemente fallecido.

El próximo 24, se cumplirán 40 años del golpe de Estado en Argentina. Nuestra universidad recibió una parte importante de exilio argentino, particularmente el proveniente de Córdoba. Figuras como Oscar del Barco, Raúl Dorra, Juan Carlos Grosso, Rodolfo Santander, Alberto Sladogna y Oscar Terán, entre otros, vinieron a cambiar el perfil humanístico de nuestra institución. Hoy, como un gesto de gratitud, los universitarios poblanos deberíamos extender el homenaje a Raúl Dorra hasta el de los múltiples exilios con los que nuestra universidad se ha visto beneficiada a lo largo del siglo XX. Nuestra mayor riqueza debería continuar siendo la pluralidad y el reconocimiento de la diferencia: no el lugar que ocupemos en las estadísticas educativas nacionales sobre eficiencia y eficacia. En un mundo dominado por la lógica del capital, el pragmatismo, la homegeneidad, la intolerancia, los odios raciales, la brutal violencia como la que se ha desatado en México en general, y en Puebla en particular, y la pauperización de la vida política e intelectual, debemos recoger el testamento del exilio, el de los exilios, y el de Raúl Dorra, de modo singular, para repensar nuestro lugar como universitarios de cara a ese mundo que parece deshacérsenos entre las manos, luego de la crisis de la utopías.

Mundo Nuestro. Raúl Dorra nació en 1937 en San Pedro de Jujuy, Argentina. Es uno de los muchos exilados argentinos que llegaron a Puebla tras el golpe de Estado del 25 de marzo de 1976. Aquella tragedia nos legó a uno de los más importantes pensadores sobre la lengua y la literatura en el mundo.

En el marco de su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en agosto pasado presentamos este texto que forma parte de su discurso de aceptación, y que bien revela la ruta mexicana que siguió la construcción de su pensamiento por el análisis del lenguaje poético.



Aquí una perspectiva de sus principales publicaciones:

Los extremos del lenguaje en la poesía tradicional española (1981), De la lengua escrita (1982), La literatura puesta en juego (1986), Hablar de literatura (1989), Profeta sin honra (1994), Entre la voz y la letra (1997), La retórica como arte de la mirada (2002), Con el afán de la página (2003), La casa y el caracol: para una semiótica del cuerpo (2005/2006), Aquí en este destierro, (1967), Sermón sobre la muerte (1977), Los trabajos y las horas de Damián (1979), La canción de Eleonora (1981), La tierra del profeta (1997), Ofelia desvaría (1999) y La canción de Eleonora (nueva versión 2002).

A mí, que llevo exactamente cuarenta años de vida en México, lo que nunca deja de sorprenderme es que esta suerte de continuo regodeo en la producción de giros idiomáticos y piruetas argumentativas esté tan extensamente repartido en su población y alcance prácticamente por igual a todas las clases sociales que la integran. Yo podría decir que casi no he encontrado mexicano o mexicana despojados de agudeza verbal, aunque muchas veces la posición social que ocupan, o la profesión en que se desempeñan, los obligue a una conducta retraída y un habla cautelosa o protocolar. Me explico mejor: en los medios en que me muevo he encontrado a menudo, y por causas diversas, a personas cuya comunicación se muestra afectada por la inhibición o la timidez. Y sin embargo, por los años que llevo de observar conductas y sobre todo modalidades de habla, yo estoy siempre seguro de que esa persona –funcionario, estudiante o prestador de servicios– en cuanto se encuentre en una situación en la que se sienta relajado, en cuanto se afloje la corbata o aun encorbatado se beba algunas copas, se convertirá en una fuente de dichos ingeniosos y argumentaciones invencibles…

Mundo Nuestro. El Doctor Raúl Hernández Garciadiego –junto con la Maestra en Ciencias Gisela Herrerías Guerra—encabeza desde 1980 uno de las más importantes experiencias de organización social impulsadas desde la sociedad civil en México: Alternativas y Procesos de Participación Social A.C.

Relacionada:



Agua para Siempre y Alternativas: una política estratégica desde la sociedad civil

escribí a Pedro Ferriz de Con: ¡Qué sorpresa escuchar tu declaración de hoy del minuto 11 cuando dices "he estudiado a profundidad a los transgénicos y no los veo mal"!

La lucha por defender a los maíces nativos mexicanos en contra del riesgo de contaminación con maíces transgénicos es una batalla con impactos en muchos niveles:



1) por el derecho a un ambiente sano, libre de transgénicos y de los agrotóxicos como el glifosato, vinculado en todas las solicitudes de siembra de maíz transgénico en México que se encuentran en el expediente judicial, el cual fue declarado como probablemente cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud;

2) por el derecho a una alimentación sana y nutritiva de los consumidores, liberándolos del riesgo de contaminación transgénica, la cual ha sido denunciada por el eminente Dr Schubert;

3) La exigencia de mantener la propiedad común del patrimonio alimentario creado y enriquecido por los pueblos indígenas y campesinos desde hace ocho mil años y que han regalado al mundo, así como por el libre intercambio de las semillas entre ellos;

4) La lucha por el derecho a la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria de los pueblos, evitando el despojo que sobrevendría tras la contaminación de las 59 razas de maíces mexicanos, apoyada por las patentes de los genes adulterados;

5) por el derecho a la alimentación de futuras generaciones, quienes podrán gozar del libre acceso a las semillas cultivadas y de sus pares silvestres, lo cual es especialmente valioso en este proceso de cambio climático;

6) La FAO acaba de declarar que los transgénicos no son necesarios, y un estudio oficial de España realizado durante seis años confirma que no aportan rendimientos mayores a los maíces híbridos convencionales y que al tener costos mayores producen una disminución de los beneficios a los agricultores que los producen;

7) El Segundo Tribunal Unitario en materias Civil y Administrativa, encabezado por el magistrado federal, Benjamín Soto Sánchez, notificó la sentencia de apelación por la que ordena a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, SAGARPA, abstenerse de otorgar permisos de liberación o siembra de maíz transgénico comercial, en virtud de que la Colectividad Demandante demostró con evidencias sólidas la presencia ilegal de maíz transgénico que ha contaminado los maíces nativos en México, que es su Centro de Origen y Diversificación permanente.

Así, que Pedro, te invito a estudiar el tema más a fondo y a que consultes con prestigiados científicos mexicanos de quienes con gusto te puedo dar sus referencias.

Mundo Nuestro. Lidia M. Gómez García es Profesora-investigadora del Colegio de Historia-Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Estudió Licenciatura en Estudios Religiosos en la Facultad de Teología, por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Maestría en Historia por la Universidad Simon Fraser, en Canadá. Actualmente candidata a doctora en historia por la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Sus líneas principales de investigación son: los indios en la región Puebla Tlaxcala durante el periodo virreinal. Coordina el Seminario Permanente de Náhuatl Luis Reyes García, cuyo principal objetico es el rescate de la historia y tradiciones de los pueblos de indígenas del Estado de Puebla.

Bélgica y México están tan lejos uno de otro. Ya casi ni recordamos a fray Pedro de Gante o los libros impresos en Amberes que nutrieron a nuestros intelectuales novohispanos. Hoy, en medio de la tragedia, debo decir que aquellos pueblo que convivieron bajo un imperio, pueden muy bien reconocerse en la tragedia.



Me ha tocado vivir el momento de la angustia y violencia paralizante, sorprendida de ver la calidad humana de quienes tenían que bajar del metro con motivo de las explosiones, o quienes corrían para salir del aeropuerto. Y lo que vi fue a personas con miedo en sus rostros pero que buscaron ayudar al que no podía andar, que vigilaron que nadie quedara atrás, que apoyaron a quienes no corrían tan rápido y que cuidaron a quienes iban delante.

Hace unos momentos, frente a la famosísima Biblioteca Central de Leuven (Lovaina), donde se resguardan verdaderas joyas del saber humano, vi reunirse a muchos jóvenes estudiantes belgas y de otras partes del mundo, para guardar un minuto de silencio. Me impresionó la organización sin organizadores, el respeto por el momento. Las campanas de la ciudad tocaron su lánguido sonido que anuncia duelo; todas las iglesias de la ciudad sonaban su dolor, mientras los jóvenes guardaban un silencio profundo. Recordé entonces que hace siglos compartimos ideas, imágenes, devociones y tradiciones. Me sentí tan reconocida en ese duelo, tan genuino y tan espontáneo, modulado por el sonido de un tañer que ilustraba cómo nos sentimos: tristes pero esperanzados.

La esperanza radica en esta Bélgica que ante la tragedia no se lanzó a declararle la guerra a nadie (como sucedió en ocasiones pasadas), quizás consciente de que su capacidad militar no da para tanto. Pero se centró en darnos una lección que conmueve: la solidaridad y el encuentro son la única manera de enfrentar a la violencia.

Me siento agradecida y bendecida de pensarme parte de esta esperanza. Si bien el dolor a veces consume, su propia naturaleza trae la semilla de la esperanza. Porque en la muerte hay vida, como suele afirmar el pensamiento mesoamericano.

Ojalá en México tuviéramos el tiempo para tañer campanas a duelo, y pensarnos más como una semilla de esperanza que como un fruto podrido. Si pudiéramos transformar el odio en solidaridad, tal vez entonces tendríamos un motivo de esperanza.



Lunes, 28 Marzo 2016 00:00

Para querer más a Cozumel

Antes de que empezaran las vacaciones de semana santa presentaron en el programa Fórmula Financiera una lista de las cinco playas turísticas más sucias del país, así como de las cinco más limpias.

De las más sucias una está en Acapulco, otra una en Campeche y tres en Cancún. De las cinco más limpias, las cinco están en Cozumel.



Playa Caletita.

Playa Chankanaab.



Playa Dzul Ha.

Playa Río Chen.

Playa de San Martín.

Esa alargada isla con su línea oriente casi desierta mirando al mar abierto y su costa poniente que ve caer el sol, suplieron en mi vida lo que en un tiempo ocuparon el aire, la luz y el mar de Acapulco, cuando aún se podía ver gran parte de la bahía desde el malecón, antes de que fuera secuestrada de manera cafre por los grandes hoteles que privatizaron el paisaje. Hay lugares que es mejor recordar con la magia y belleza indestructible que les otorga la memoria. No debe uno asomarse al abismo del desencanto que provoca la realidad a menos que sea inevitable.

Me encantó oír que las cinco playas más limpias de México estén en Cozumel. Es un síntoma de que la pequeña isla se defiende de los destrozos que están acabando con el paraíso que debiera ser Cancún y que paso a paso han ido derrotando a Acapulco.

Playa Caletilla, en Acapulco.

Playa Tlapanacocha, en Acapulco.

En 1803 Alexander Von Humboldt llegó a México y entró a nuestro país precisamente por el puerto de Acapulco. Apenas tenía 33 años y ya era entonces uno de los científicos más reconocidos del mundo. Tenía además la inteligencia emocional y las habilidades que nos permiten relacionarnos bien con los demás. Llegó a México acompañado por el médico y biólogo francés Aimé Bonpland y por el joven peruano Carlos de Montúfar, con quien mantenía entonces una relación íntima. Entraron por puerto Marqués, al que Humboldt nunca había visto pero conocía por las cartas geográficas de la época. A lo lejos ubicó visualmente a la Isla del Grifo o la Roqueta. El grupo se quedó callado de emoción al contemplar lo que el mismo Humboldt mencionó en sus crónicas como una de las bahías más hermosas del mundo, la célebre bahía del mar del sur, uno de los fondeaderos más admirables de la Tierra.

Acapulco en los tiempos de la Nao de China.

Puerto Marqués, en Acapulco.

De ella escribió Humboldt:

"El cataclismo geológico que dio lugar a esa ensenada dejó a flor de agua enormes rocas que simulan construcciones humanas. Las piedras que forman islotes se ven claramente y su peligro disminuye por su visibilidad. Un galeón de 50 cañones como lo es la Nao de China, no tiene problema para circular por la gigantesca bahía."

El que en sus crónicas ya mencione a Roqueta, a Caleta y Caletilla y a la playa de Hornos, llamada así porque ahí se fabricaba la cal con roca de madrépora sacada del fondo del mar, el reconocer esos nombres en sus textos, nos hace sentir todo el peso de la brevedad de nuestro paso por el mundo, pero también la capacidad destructiva del ser humano. Humboldt estaba en el verdadero paraíso, cuando entraron de lleno al centro de la bahía en el barco Orué. En el mismo paraíso y en el mismo cielo se volvería a morir si viera el desastre ya no digamos ambiental, sino visual en que se convirtió el entonces pequeño y espectacular puerto de Acapulco. El patrimonio visual del país está verdaderamente amenazado. Ni qué decir, si desde la hoy ciudad de México ya casi nadie puede ver los volcanes que fueron el símbolo de belleza de ese valle perdido.

Todo esto me vino a la cabeza mientras escuchaba el dato de que las cinco playas turísticas más limpias de México están en Cozumel. Y es que podemos tocar el paraíso sin destruirlo. Aunque en la parte poniente, la de la zona hotelera, interrumpieron la vista hacia el mar con un muelle horroroso, en general los habitantes de la isla están librando con energía la batalla por su conservación. En Cozumel han ido dándose cuenta de que puede ser un error cambiar el turismo de calidad por el turismo masivo, que puede ser bastante destructor. La experiencia les está ayudando a repensar la forma en que ofertan sus servicios turísticos. Algunas de las cosas que se han propuesto ya las lograron. Una muy sencilla me encanta: se propusieron acabar con los perros y gatos callejeros a base de una campaña de esterilización cuidadosa y sin crueldad. Los perros de Cozumel tienen dueños, están cuidados y sus dueños no permiten que se reproduzcan de manera irresponsable.

Campaña de limpia de playas en Cozumel.

Otra cosa que se han propuesto es tener limpia la isla. Saben que una isla limpia y cuidada es su mejor oferta y todo eso los mueve a trabajar por su entorno de manera comunitaria. En la medida de lo posible el gobierno y los ciudadanos dialogan, discuten, se llevan y se aguantan, y aunque a veces es difícil, esa relación es la que le puede seguir dando viabilidad turística y ambiental a Cozumel.

Hace muy poco pendía sobre la isla la amenaza de que se abriera a la urbanización la parte oriente, la que da a mar abierto, donde no hay agua potable. En ese lugar las tortugas de varias especies se están llegando a reproducir con éxito, así que biólogos, científicos y la comunidad trabajan y dan seguimiento a la acción de las autoridades locales y federales para hacer cumplir las leyes ambientales y los planes de ordenamiento que han ido construyendo para la isla.

La laguna de Colombia, otra maravilla de Cozumel, es un brazo de mar que entra en la isla y que acoge a una enorme cantidad de aves diversas además de ser un reservorio de lagartos; la laguna está perfectamente cuidada y protegida. Toda esa parte de la isla es una joya. Quizás les faltaría, como a casi todo México, normar los materiales y los estilos de las construcciones, de manera que exista variedad dentro de la unidad. El aluminio dorado y los vidrios polarizados son el enemigo a vencer en casi todos los rincones del país.

Una tarde soleada estaba en el mar con un visor y un snorkel viendo peces maravilloso cuando una de mis amigas me gritó: ¡Salte, tiburones! No eran tiburones, eran ocho delfines pasando tan cerca de la orilla que pude ver sus lomos brillantes casi al alcance de la mano.

Todo eso es lo que Cozumel puede seguir vendiendo a los mexicanos y a los extranjeros. Un turismo ecológico, pequeño, limpio, cálido. Eso y el orgullo de tener las cinco playas turísticas más limpias del país. Se dice fácil, pero no lo es.

Mundo Nuestro. México se juega su futuro con la defensa del maíz mexicano contra la introducción del maíz transgénico. Y esa batalla no se ganará sin la participación decidida de las instituciones de gobierno responsables de la política ambiental cuyo fin último es el resguardo del patrimonio biocultural de la nación.

El acoso de las trasnacionales Monsanto, Sygenta y demás sobre el maíz mexicano con un campaña sistemática por la vía legal y por la vía de los hechos –y respaldada en gran medida por las dependencias federales SAGARPA Y SEMARNAT— tuvo esta semana un golpe importante desde la defensa constitucional que un conjunto de personas e instituciones de la sociedad civil han impulsado (En defensa del maíz en México: sentencia contra las trasnacionales y el gobierno).

Pero el Estado mexicano es una formación compleja, y en su cuerpo gubernamental alberga instituciones todavía definidas por su capacidad profesional y su compromiso histórico con el país, y tal es el caso de la CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad), organismo en gran medida sustentado en el trabajo científico de biólogos, geógrafos, físicos y matemáticos. Ejemplo de ello son estos dos documentos elaborados por esta dependencia creada en los noventa por la naturalista mexicana Julia Carabias –entonces Secretaria de Medio Ambiente—y hoy dirigida por José Sarukán, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Aquí un párrafo del primero de los documentos aquí presentados y que consideramos deben ser analizados con todo cuidado por quienes respaldamos esta defensa del maíz y de sus productores históricos, los pueblos originarios de México:



“Enfrentamos como país un problema serio sin solución evidente: el de introducir una nueva tecnología que involucra a seres vivos y que pretende imponerse, a pesar de no contar aún con evidencia clara de que su uso se lleve a cabo bajo condiciones de seguridad adecuadas que aseguren impactos mínimos al medio ambiente y la diversidad biológica, así como a la seguridad alimentaria. No existe información inequívoca respecto a los riesgos potenciales, los reales y la capacidad de México para manejar los mismos de manera adecuada. Es necesario responder las interrogantes de fondo y analizar si las construcciones genéticas disponibles realmente responden a lo que el país requiere.”

(La fotografía que ilustra este tema en portadilla fue tomada del portal de difusión del documental SUNU (MAÍZ), de la documentalista Teresa Camou Guerrero, de próxima aparición.)

Documento base sobre solicitudes de liberación comercial de maíz genéticamente modificado en México.



Elementos para la determinación de centros de origen y centros de diversidad genética para el caso de los maíces de México a partir de los resultados del proyecto “Recopilación, generación, actualización y análisis de información acerca de la diversidad genética de maíces nativos y sus parientes silvestres en México” (2006-2011)

Miércoles, 16 Marzo 2016 00:00

Las razones de Obama

El viernes 11 de marzo, el equipo de seguridad de Donald Trump decidió cancelar el evento en que el charlatán, intolerante y lépero candidato de moda se presentaría en la Universidad de Illinois, en el recinto Pavillion, con cupo para diez mil personas. Y digo lépero porque en uno de los últimos debates con sus contrincantes internos, Trump incluso llegó a hacer mención del gran tamaño de su sexo, como si ese fuera un atributo importante a la hora de gobernar. No por nada cada vez son más evidentes las fracturas al interior del partido republicano, preocupados por el mal bicho que dejaron crecer.

Volviendo a Chicago, es bueno recordar que es una de las ciudades americanas con más población de inmigrantes, además de ser una comunidad que se caracteriza por tener muchos grupos étnicos latinos, blancos, negros, bien organizados de diferentes maneras para defender la pluralidad y la tolerancia. Sin los votos de personas con ese perfil, es difícil que un candidato gane la presidencia de Estados Unidos.



El evento de Chicago pudo haberse cancelado por muchas razones, pero entre otras estuvo el inquietante ambiente que se empezó a formar alrededor del Pavillion antes del mitin. Hay quienes creen que muchos de los descontentos provienen de las mismas filas republicanas, preocupados por el clima hostil que Trump está generando con su intolerante discurso, el cual está dañando gravemente al partido por el que busca contender. Como el primitivo irredento que es, Trump no analizó mucho las causas de la suspensión del evento, simplemente hizo lo esperado, culpar al contrario, y nombró como responsables a "los simpatizantes de nuestro amigo comunista", refiriéndose a Bernie Sanders, que ese fin de semana también visitaría Chicago. Como remate a la suspensión del evento, Trump dijo que los manifestantes a los que no les parezca su persona, "que se vayan a su casa con mami, porque no son capaces de conseguirse ni un empleo ni aportan nada a la economía."

En otros países, jefes de gobierno tan conservadores como el Primer Ministro Inglés , o nuestros muy prudentes gobernantes mexicanos, ya empiezan a hacer abiertas críticas acerca del peligroso discurso de odio y locuras que Trump va rebuznando a diestra y siniestra. Son muchas las voces de líderes mundiales que abiertamente ya cuestionan el discurso de Trump.

De lo que he visto, me gustó mucho un corto y sereno discurso de Barack Obama. Del contenido y el tono de su voz emana una profunda creencia y confianza en que el pueblo americano en su conjunto tendrá la inteligencia de no engatusarse con los planteamientos de Trump.



Dice Obama:

"Sigo creyendo que Donald Trump no será presidente. La razón por la que creo esto es que tengo fe en la sensatez del pueblo americano y en que sabrán diferenciar a la hora de la verdad. Confío en que saben y reconocen que ser presidente es un trabajo serio, no un show de invitados a un programa de entrevistas ligeras, no es la diversión de un reality show, no es mercadotecnia, es algo duro y muy difícil y la gente lo sabe; mucha gente cuenta con el presidente para hacerlo bien; no es cuestión de hacer o decir lo que te hace parecer simpático, audaz y popular en las cabeceras de los periódicos o en los noticieros; tengo confianza en que la gente sabe que muchas veces tienes que hacer cosas que no son populares , pero si las correctas. Significa defender a personas que son vulnerables y que no tienen a quien los represente porque no tienen poder político alguno. Ser presidente significa tomar muchas decisiones impopulares, que a muchos no les gustarán, pero que son las que darán mejores resultados para la mayoría.

Ser presidente requiere estar preparado para trabajar con líderes de todo el mundo, de modo que se refleje la importancia y seriedad del cargo; requiere que conozcas a esos líderes y sus distintas realidades, los hechos que los preocupan, sus historias; esperan que conozcas sus nombres como ellos conocen el tuyo y que sepas dónde están sus países en el mapa . No esperan que te regodees y centres en tu propio país, ellos tienen sus propios problemas, igual que nosotros, y como líderes debemos tener el nivel de conocimientos que se requiere para resolver problemas juntos.

Al principio la gente participa y sigue a las elecciones primarias, y trata las noticias sobre ellas como si fueran entretenimiento superficial; pero conforme va avanzando la carrera, la realidad debe imponerse en las personas; y es en esas personas en las que también tengo fe, porque alguno de ellos estará donde yo estoy ahora, en una posición en la que tendrás los códigos de las armas nucleares, una posición en que tu decisión puede mandar a la guerra a muchachos de solo 20 años. Una posición que requiere tomar las medidas adecuadas para que el sistema financiero no se colapse. Una posición en que debes saber que a veces no solo somos responsables de nuestro país sino de otros países en problemas serios, que están a punto de desmoronarse y nos miran para que hagamos algo. Creo que el pueblo americano es inteligente, y que por eso, tomarán una decisión inteligente al final."

En las filas republicanas empiezan a aparecer algunas señales de la sensatez a la que Obama hace mención. Trump no tiene ninguna de las habilidades que se requieren para gobernar atinadamente un país tan complejo y con tanto peso en la política mundial. Ojalá que la percepción de Obama sea la correcta y que la sensatez e inteligencia que él percibe en su pueblo, al final prevalezcan.

(Foto de portadilla tomada de La Vanguardia.com)

Mundo Nuestro. El siguiente documento firmado por un conjunto de organizaciones académicas que forman parte del sistema Jesuita de instituciones de educación superior en el país y es, además de una severa crítica a la Ley General contra la Tortura que presentó en diciembre pasado al Congreso de la Unión el presidente Peña Nieto, una iniciativa que propone acciones concretas que reparen este esfuerzo nacional por la construcción de un sistema de justicia que respete plenamente los derechos humanos de la ciudadanín.

Por su importancia aquí lo reproducimos:


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