Cómo estar peor: pensar en la responsabilidad del Estado

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Pensar en la responsabilidad del Estado: 2 de Octubre

¿Qué es el Estado? El conjunto de instituciones encargadas de tomar e implementar las decisiones públicas. El Estado mexicano va, de acuerdo con esta definición, desde el presidente de la República hasta el más modesto policía municipal. De manera que, si alguien es extorsionado por un agente de tránsito para quitarle algún dinero, bien pude decir que el autor de esa extorsión "fue el Estado".

Lo anterior tiene su lógica, pero suena, y es ridículo. Cuando pensamos en una acción del Estado pensamos en otra cosa: una decisión tomada desde las alturas del poder por algún actor "racional unitario", como dice la teoría: racional, porque fija con claridad sus fines y los medios que considera adecuados para lograrlos, y "unitario" porque se trataría de una acción unificada, bien de una persona, bien de un conjunto de individuos que se pusieron de acuerdo. Los hechos del 2 de octubre de 1968, y los muy distintos de Ayotzinapa en 2014, muestran que esta visión es reduccionista, y por tanto falsa.



Nadie puede dudar que la matanza del 2 de octubre fue una acción de agentes estatales. El ejército, claramente. También es claro que no se trató de una decisión unitaria. No fue una sola persona (el presidente, o el secretario de gobernación) o un conjunto de personas (el gabinete presidencial o un sector del mismo) quienes tomaron la decisión.

Prácticamente todas las narraciones de los hechos coinciden en que el ejército fue provocado por tiradores que se encontraban en los edificios que rodean la plaza. No está claro quiénes eran esos tiradores, pero todo apunta a que eran parte "del Estado", que respondían a algún grupo o dependencia política. ¿El Estado contra el Estado? Sí, porque no se trata de un actor unitario, sino de un conjunto de organizaciones, grupos, individuos, con perspectivas e intereses distintos, a veces encontrados.

El claro que el movimiento estudiantil de 1968 nació, creció y terminó debido al autoritarismo del régimen. Sus demandas hoy son triviales. Estamos muy lejos de ese contexto autoritario, en el que realizar una mancha que llegara al Zócalo de la capital era una profanación. Pero además de ese autoritarismo, todo indica que hubo interés en manipular al movimiento, en hacerlo crecer para que se convirtiera en un problema político. Lo que tiene su lógica si vemos que en esos meses estaba por decidirse la sucesión presidencial, es decir, quién sería el próximo presidente de México.

¿El Estado contra el Estado? Intrigas al interior del aparato de Estado en las búsqueda de hacerse del poder presidencial. Ese es uno de los factores que explica el crecimiento del movimiento y su trágico fin.

¿Y Ayotzinapa? No hay duda de que el "Estado mexicano", en lo que se refiere al ayuntamiento de Iguala, tuvo una participación directa en el secuestro y asesinato de los estudiantes. Parece claro también que el gobierno del estado de Guerrero participó, quizá por omisión, en los hechos. Y lo mismo de algunas autoridades federales.



De lo que no hay duda tampoco es que la autoridad federal encargada de aclarar el caso, la Procuraduría General de la República, no lo hizo. Su "verdad histórica" no convence a nadie. Le costó el cargo a su titular, y desprestigió fatalmente, junto con otros hechos, al presidente de la República y al PRI. Vinculada esta falta de la PGR está la mayor derrota electoral en la historia del priismo, la de 2018.

¿Fue el Estado quien asesinó a los normalistas de Ayotzinapa? En cierto sentido sí: diversas instancias del Estado están implicadas, de manera muy distinta. Pero creo que considerar que el Estado, como actor racional unitario, tomó la decisión de asesinar a los estudiantes y de desaparecer sus cuerpos. No hay que olvidar que una instancia de la autoridad estatal, la federal, encarceló al titular de otra, el presidente municipal de Igual. El caso muestra que el comportamiento de lo que llamamos Estado es más complejo de lo que generalmente suponemos.

Lo que habría que aclarar es por qué el nivel federal del Estado, la PGR, no aclaró el problema suficientemente. Supuestamente no estaba implicada directamente con los grupos delincuenciales de la zona, como sí fue el caso del ayuntamiento de Iguala. El Ejecutivo Federal dañó así su propia legitimidad y dejó la impresión de complicidad. Pero no puede plantearse que el Estado mexicano actuó como actor unitario.



Estar peor: 1 de Julio

En las elecciones poblanas de este año hay cuestiones no claras y otras clarísimas. Entre las últimas: que los logros electorales en el país no son definitivos, que son frágiles y se pueden revertir. En 2010 se festejó la primera alternancia en el estado. Ocho años después tenemos las elecciones más cuestionadas, quizá, desde los tiempos de Maximino Ávila Camacho (1936-1940).

Ciertamente el contexto actual es muy distinto. En aquellos tiempos la oposición estaba totalmente inerme. Ahora tiene la presidencia de la república y la mayoría en el Congreso de la Unión. Ahora hay diversas instancias de la autoridad electoral (OPLE, tribunal del estado, INE, tribunal federal). Ahora el contexto internacional no legitima autoritarismos como en los tiempos del auge de los fascismos o de la guerra fría.

Los gobiernos de los estados han sido probablemente el talón de Aquiles de la transición mexicana. ¿Cuántos exgobernadores están en la cárcel o prófugos de la justicia? ¿Cuántos quedaron impunes de sus tropelías? Apenas el año pasado las elecciones en el estado de México y Coahuila dejaron mucho que desear. Se respetó el resultado oficial, después de agotar las diversas instancias legales, pero quedaron dudas sobre la legitimidad de origen de los gobernadores electos.

El caso de Puebla parece ser más grave que los de Coahuila y el estado de México. En las elecciones poblanas hubo una violencia en las urnas que no se había visto en otros lados, en varias décadas. Estas elecciones se parecen a las que predominaron en algunos sitios del país en los años setenta y ochenta: irregularidades en las zonas urbanas, inconsistencias en los resultados, el "voto verde" (de las zonas rurales) desproporcionadamente favorable al partido en el poder. Lo curioso es que los papeles se cambiaron: en aquellas épocas la víctima era el PAN (y más tarde el PRD), ahora el PAN es el victimario.

Lamentablemente la autoridad que finalmente decidirá, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, no goza de gran legitimidad. Dejó la impresión en dos importantes decisiones, la aceptación de la candidatura de El Bronco y la negativa a multar a Morena, que primero tomó una decisión política, y luego le dio forma jurídica. Lamentable, porque decida lo que decida en el caso poblano se va a sospechar que la decisión fue más política que jurídica.

Es cierto que no siempre hay un límite claro entre política y aplicación de la ley. En ocasiones, quien decide jurídicamente tiene un margen de interpretación en el que puede y debe moverse. Por eso hay abogados. Por eso es muy frecuente que jurados colegiados tomen decisiones divididas, sin unanimidad. Pero ha habido decisiones de la autoridad electoral con muy poca razón jurídica, y mucho interés político.

Resulte lo que resulte en el caso poblano, va a dejar dudas e insatisfacciones. Por sería más sano repetir la elección. Empezar de cero lo que, es claro para todos, tiene diversas y serias anomalías. Si quien ganó tiene la certeza de triunfo, no tendrá problema en repetirlo. La ley es rigurosa para dar lugar a la anulación de una elección. Antes, existía la "causal abstracta". Norma jurídica de curioso nombre, para la que, aunque no hubiera una causa concreta para anular la elección, si la diversidad de irregularidades así lo ameritaba, era legal anularla.

La idea era que, aunque no hubiera un hecho específico señalado en la ley como causa de anulación, una diversidad de hechos mostraban que la elección no se había realizado de acuerdo a los principios que nuestras leyes establecen para los procesos electorales. Los abogados dirán si hay este puede ser un argumento legal. Suena a que está bien basado en la lógica y en el sentido común.

Hay una lección más de fondo en la elección comentada: ningún logro humano, social o político, es definitivo. Siempre se puede perder lo logrado. Siempre podemos estar peor.

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Sobre el autor

Víctor Reynoso

Víctor Reynoso es profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.