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Mundo Nuestro. Esta es la petición presentada en Change por los grupos civiles CADENA Consejo Ciclista Poblano

"Queremos que el Ayuntamiento poblano le de concreción a la ciclovía en la 9sur/Av. Nacional para proteger a las personas que usan la bicicleta para trabajar o trasladarse a sus empleos y escuelas y para que más también se animen a pedalear.

Más de 60mil personas ya usamos la bici diariamente en Puebla y es hora de ver por nuestra seguridad.

Puebla es la entidad del país con más ciclistas muertos. Sabemos que la construcción de ciclovías elevadas y costosas como en Hermanos Serdán y en la Vía Atlixcáyotl no abonan a su seguridad, pues en ellas hay asaltos y pocos accesos, pero otros casos de ciclovías al nivel de la calle, modestas y mucho más baratas, sí pueden hacer una diferencia para la seguridad y para el desarrollo económico de las colonias y barrios. Vamos juntos a hacer ciudad."



FIRMA LA PETICIÓN

Mundo Nuestro. La justicia federal concedió la suspensión del proyecto "Barrio Smart" en Tonanztintla, a demanda del grupo de mujeres que han encabezado el rechazo a una obra impuesta por el gobierno estatal y por el alcalde Leoncio Paisano en San Andrés cholula. Debe seguir en este proceso la restitución del daño generado por los impulsores de Smart City. Y el reconocimiento del derecho del pueblo de Santa María Tonantzintla a decidir sobre el destino, imagen y uso de sus espacios comunicatios.

Presentamos el video de la rueda de prensa dada por la Comisión de Ciudadanos de Santa María Tonantzintla. Además, el texto entregado ese día a los medios de comunicación.



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Campesinos con permisos precarios.

Las dos mujeres se sientan al borde del tajo abierto en lo que fueron campos de labor desde los tiempos zapatistas de sus abuelos. Se las han rentado a la Comisión Nacional del Agua por generaciones para el maíz, las calabazas y los quelites. Ahora escuchan la narración que sus compañeros hacen de la afectación producida por la empresa Proyecta, “la de ese señor que le dicen Posada, al que nunca se le ve por aquí”, me dice una de ellas, que ha construido un colector de 4.2 kilómetros de largo para descargar en él las aguas residuales de su Lomas de Angelópolis.

De fondo, las montoneras de tierra y el barranco que ha dejado la maquinaria. Es el paraje Chichac, justo en el extremo oriente del vallecito de Malacatepec que se cierra sobre el arranque del lago de Valsequillo, cuando el arroyo que baja dando vueltas desde Santa Clara Ocoyucan forma una vega que una veintena de familias campesinas han cultivado desde hace más de cien años.

Las imágenes que contrastan: el ríoal inicio de la intervención de Grupo Proyecta:



Y lo que ahora se encuentra en lo que fuera el arroyo Chichac:



No son propietarios de la tierra. La vega forma parte de los terrenos nacionales cercanos a las riberas de los ríos y arroyos en México. Como en el caso de la vega del Chichac, la Comisión Nacional del Agua dio en tiempos pasados a campesinos que lo solicitaban “permisos precarios de arrendamiento”, una figura legal que se revisaba anualmente. Según los funcionarios de la dependencia federal en Puebla, esas autorizaciones han dejado de darse desde hace varios años.

Ese es un hecho que aceptan los campesinos: los papeles que me muestran tienen fechas que se remontan a 1953, 1961, pero no más allá del 2010.

Son doce hectáreas las que han trabajado en la vega del Chichac. La obra del colector de Grupo Proyecta en el arroyo Chichac ha afectado cinco de ellas en ambos lados de la ribera.

Este grupo de campesinos, sin embargo, no deja de afirmar que las han sembrado desde hace décadas y que tienen derecho a una indemnización. Su número varía en su narración: son 27 las familias que han trabajado esta vega, de los cuales tres han aceptado una indemnización por parte del Grupo Proyecta, y son unos 19 los que buscan ahora el respaldo del gobierno municipal de Santa Clara Ocoyucan.

Ya no sembrarán en esta temporada de lluvias del 2018. Los maizales y alfalfares no encontrarán espacio contra la voracidad del torbellino inmobiliario que ha arrasado los campos cholultecas y de Ocoyucan con avenidas de nombres pomposos que la mercadotecnia ha creado: Boulevard La Reserva, de los Lagos, de los Volcanes. El ejido de Santa Clara ha vendido al menos 300 hectáreas para los clústers de Angelópolis; Santa María Malacatepec ha visto como Proyecta se ha apoderado por la vía de la compra al menos 800 hectáreas.

Lomas de Angelópolis y su desplazamiento hacia Santa Clara Ocoyucan. Sobre el ejido de Santa María Malacatepec, en donde ya ha comprado más de 800 hectáreas, se propone desarrollar Lomas 5, Lomas 6 y Lomas 7. Eso afirman funcionarios del Ayuntamiento de Ocoyucan que les dicen los desarrolladores cuando se sientan a negociar la relación entre el gobierno municipal y la empresa Grupo Proyecta.

“Hasta de nombre le cambiaron al arroyo Chichac –me dice una de ellas--, hora lo mentan los de Proyecta como la barranca de la Mora, ¿desde cuándo?”

Se han reunido esta mañana del 30 de abril para plantar sus reclamos en mi libreta de reportero. Pelean una indemnización decorosa por parte de Proyecta.

“Nos han engañado –afirman--, hicieron todo esto sin permiso de nadie, como si fuera de ellos…”

Manuel Varela, uno de los campesinos cuya familia ha arrendado las tierras a la Comisión Nacional del Agua desde hace décadas, y que reclama una indemnización por la afectación provocada por la construcción del colector en el arroyo Chichac por Proyecta.

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“No es competencia de la Comisión Nacional del Agua –me dice en su oficina el Subdirector Técnico de la dependencia federal Juan Jaime Montemayor Dávila--. Estas personas no tienen derechos sobre estas tierras, así que nosotros no podemos intervenir. Además, esto es como la hidra, primero aparecen tres, y ahora ya son más de veinte, pero no, la Comisión no ha dado permisos, ellos son usuarios de hecho, y eso es algo que se repite en miles de casos de zonas federales invadidas, nada más en Puebla hay más de diez mil invasiones. En el caso de esta vega no hay competencia de la CNA para tratar el tema de estas personas, en todo caso es un asunto entre particulares, por eso se les ha dicho que lleguen a un acuerdo con la empresa, pero no más.”

Los campesinos afirman que un funcionario de la Comisión Nacional del Agua, de apellido Herman, les ha dicho que deben buscar un arreglo con Grupo Proyecta. Ellos lo han intentado, aseguran, pero la postura de la empresa ahora es de una negativa a cualquier negociación económica.

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Florenciano Pantaleón Antillano y la posibilidad de un amparo colectivo.

Me dice Florenciano Pantaleón Antillano, el Secretario General del Ayuntamiento de Santa Clara Ocoyucan sobre el problema de los campesinos:

“Tenían permisos precarios. Ellos dejaron pasar mucho tiempo sin renovar los permisos, que datan de los años setenta. Los que reclaman hoy son hijos y nietos de quienes arrendaron la tierra al gobierno federal. Es casi imposible respaldarlos. Sin embargo, nosotros estamos apoyándolos, y estamos demandando que sea la Comisión Nacional del Agua la que indemnice. ¿Por qué me va a mandar con la empresa? Yo no tengo trato con la empresa, y estas personas no le han rentado a ninguna empresa, se los rentaba la Comisión Nacional del Agua. Si la Comisión hizo acuerdos por debajo del agua con la empresa para que se hiciera esa construcción que afectó a los campesinos es un problema de la Comisión Nacional del Agua y tiene que responder por esa situación.”

“Pero los campesinos no pueden salir volando”, afirma contundente. Para ello se proponen interponer un amparo colectivo con la fundamentación del interés legitimo en el que pueden sostener un juicio.

Y luego hace una denuncia directa contra la CNA: “La Comisión sí otorgó los permisos para la obra, y lo podrán negar, y no tengo un documento que lo pruebe, pero sí lo podemos conseguir. Ellos niegan que haya impacto ambiental. Está cancelada la obra, pero no por la Comisión Nacional del Agua, sino por PROFEFA.”

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La obra de Proyecta en el arroyo Chichac está parada. El grupo de mujeres y hombres enlista sus apellidos para que el reportaje al menos sirva para documentar que van a pelear una indemnización justa a la empresa. Alrededor de cinco hectáreas de la vega que hasta el año pasado han sembrado a lo largo de la ribera han sido totalmente devastadas para el tajo. En un primer momento de la vida del ejido de Santa Clara Ocoyucan la vega formó parte del conjunto de parcelas repartidas a los campesinos; con el tiempo, y con el registro de las inundaciones periódicas, el gobierno resolvió tomarlas como terrenos nacionales pero permitió que se siguieran sembrando en arrendamiento.

Hasta que llegó Proyecta con sus palas mecánicas.

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El grupo de campesinos se asegura de que sus nombres queden perfectamente anotados en mi libreta. Algunos me dicen la extensión de su terreno. Otros no me lo dicen. Me presentan convenios de arrendamiento con las oficinas de terrenos nacionales que datan de los años cincuenta y sesenta, aunque otros son más recientes. Se lee en ellos las palabras “permiso precario”, el arrendamiento con lo que la entonces conocida como Secretaría de Agricultura y Recursos avalaba el uso agrícola de la vega.

Los permisionarios, y sus permisos precarios, como se les reconocía en los convenios con la oficina federal del agua.

Los campesinos elaboran para mí la lista de quienes pelean una indemnización por Grupo Proyecta:

Casimiro Flores Fragoso, media hectárea. Gumaro Morales Romero, media hectárea. Griselda Ocotoxtle Tlácuatl, un tercio de hectárea. Roberto Hernández Morale, una hectárea y media. Isaac Hernández Cuatle, una hectárea y media. Jacinto Mirón Becerril. Lucina chantes, un cuarto de hectárea. Armando Mirón Flores, 750 metros cuadrados. Martín Mirón Jólotl, una hectárea y media. Manuel Varela Gómez, 3,800 metros cuadrados. Imelda Varela Gómez, 3,800 metros cuadrados. Clemente Zacahua Varela. Florinda Zacahua Varela. Edith Zacahua Varela. Amador Marín Ocotoxtle. Ezequiel Mirón Páez, media hectárea. Calixto González Marín, 3,200 metros cuadrados. Josafat Flores Cabrera. Galdina Varela Mirón, un cuarto de hectárea.

Luego me explican lo que ha ocurrido en su trato con Proyecta: la maquinaria entró antes de semana santa, sin aviso y arrancó con la construcción del tajo; pronto aparecieron funcionarios de CONAGUA para servir como intermediarios con la empresa, “arréglense para que les dé una indemnización”, les dijo un hombre de apellido Herman que dos veces ha ido para buscar un arreglo entre ellos y la empresa. Tres personas sí se arreglaron: Evelio Mirón Juárez, Bruno Mirón Morales y Verónica Varela Gómez; que les dieron 40 mil pesos a cada uno, pero no hay forma de probarlo. A los demás les ofrecieron tres mil pesos, que rechazaron; luego llegaron a ofrecerles hasta 20 mil, pero últimamente la empresa les dijo que desde el 6 de abril ya tiene los permisos para seguir con el tajo y que por lo tanto ya no les darán nada.

Permiso, por cierto, inexistente, dado que la SEMARNAT no ha recibido Manifestación de Impacto Ambiental alguna, un hecho que corrobora el propio Germán Castañon, Gerente de Administración y Proyectos del Grupo Proyecta.

Son tres funcionarios de Proyecta los que les han dado la cara: un ingeniero o abogado de apellido Garduño: Germán Castañón, según los campesinos la persona que dio el dinero a las tres afectados que aceptaron el arreglo por 40 mil pesos; y un tal Fidel del que no saben su apellido pero que se presenta como jefe de seguridad en Lomas de Angelópolis y que llevó a la policía cuando los afectados cerraron el paso al terreno aledaño al punto más extremo al que ha llegado el tajo.

“La verdad es que nos han mareado –me dicen--: nos ofrecieron arreglo económico para dejarlos trabajar, pero nada, entonces les paramos las máquinas y nos volvieron a ofrecer dinero y les volvimos a dejar que trabajaran, y nada. Cuando vimos, ya habían arrasado con todo.”

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Tal vez con aquellos viejos permisos --y si les cumple el Ayuntamiento la promesa de respaldarlos en su querella.. los campesinos puedan mostrar ante un juez su interés legítimo.

Mientras, todo indica, Grupo Proyecta mira para otro lado.

Pero la realidad es otra ante el modelo de ciudad global, de la oferta y la demanda, es decir, se conforma la ciudad del “laissez faire”, del “todo se vale” mientras haya un cliente dispuesto a adquirir ese producto. (Noam Chomsky)



Para entender a la ciudad de la exclusión hay que tener la mirada larga.

Y asimilar lo que los cambios a la Constitución de la república y el uso patrimonial de la figura legal del dominio pleno arrastran para el futuro irreversible de una ciudad.

La ciudad de Puebla ha crecido en los últimos treinta años a costa de los ejidos de los pueblos originarios de los municipios de San Pedro Cholula (Momoxpan), San Andrés Cholula (Tonantzintla, Tlaxcalancingo y Cacalotepec) y Santa Clara Ocoyucan (Santa Clara Ocoyucan y Santa María Malacatepec). Igual por la vía de la expropiación directa por causa de utilidad pública --la Vía Atlixcáyotl y el Programa Regional de Ordenamiento Territorial de Angelópolis se llevaron en 1993 de un tajo más de 1,100 hectáreas--, que por la vía de la compra de la propiedad ejidal por las empresas desarrolladoras de La Vista y Lomas de Angelópolis bajo los términos de la reforma del artículo 27 Constitucional que desde 1992 ha permitido la privatización de los ejidos. Para el 2018 los pueblos ya han perdido alrededor 2,000 hectáreas, una gran parte de ellas ya cercadas por las bardas de la exclusión social.

Sumadas, entre compras y expropiaciones, los pueblos campesinos al poniente y sur de la ciudad de Puebla han perdido al menos 3000 hectáreas ejidales. Un número que se dice fácil, pero que corresponde a una enorme porción del centro de la metrópoli poblana.



Ello ha supuesto la pérdida casi total de la reserva agraria al sur-poniente de la ciudad de Puebla, en la ribera cholulteca del río Atoyac. Apenas somos conscientes de las consecuencias ambientales y sociales que acarrea la avanzada irrefrenable del desarrollo inmobiliario impuesto por las empresas que han encabezado este proceso ya irreversible –en La Vista el apellido Peralta y en Lomas de Angelópolis los apellidos Posada-Aspe Armella--, siempre de la mano de un Estado ausente por no decir fallido en su función reguladora del crecimiento de la zona metropolitana de la capital poblana. Los gobiernos estatales de Piña Olaya, Manuel Bartlett, Melquiades Morales, Mario Marín, Rafael Moreno Valle y Antonio Gali han sido autores materiales, y tendré que decir, e intelectuales, de un proceso marcado por el fracaso de los propósitos de planificación contemplados en el Programa Regional de Ordenamiento Territorial de Angelópolis.

Para entender con una mirada larga (1985-2015) este fracaso del Estado en su propósito planificador del espacio público nos ayudamos del análisis del urbanista Víctor Hugo Hofmann Aguirre en su texto Angelópolis, Puebla y Santa Fe, ciudad de México, ¿centralidades detonadoras de desarrollo o de exclusión?

"La planeación urbana y su ejecución en México han tenido numerosas limitaciones por muy diversas razones, entre ellas destacan: la falta de voluntad política por parte de las autoridades responsables; la carencia de instrumentos de gestión en muchos planes y programas de desarrollo urbano que incentiven su ejecución; la falta de promoción y conocimiento sobre los instrumentos de gestión que existen para implementar los planes y programas urbanos; ausencia de un marco jurídico que genere la obligatoriedad por parte de las autoridades, de implementar los planes y programas de desarrollo urbano; y circunstancias de ilegalidad ante algunas autoridades, basadas, por lo general, en la corrupción y generadas por presiones e intereses económicos y políticos."

La Mirada larga

El avance de Lomas de Angelópolis entre el 2003 y el 2018. Del ejido de Santa María Malacatepec, Grupo Proyecta ha comprado al menos 800 hectáreas sobre un total de 2,900 de la dotación original del ejido fundado en 1926, según informa Florenciano Pantalén Antillano, Secretario General del ayuntamiento de Santa Clara Ocoyucan.

La fotografía aérea no miente. Y la secuencia de los últimos treinta y tres años marca la quiebra de la frontera natural que la ciudad de Puebla tuvo en el río Atoyac hasta 1985. Es el asalto a las tierras campesinas y la derrota histórica de los pueblos originarios.

El sur poniente de la ciudad de puebla en 1985

El sur poniente y la línea del río que serpea y todavía contiene a la ciudad en la ribera oriente. Las colonias del sur son apenas un aviso del irracional crecimiento que se le venía al sur. En amarillo las palabras La Vista, Lomas 1, Sonatta, Cascatta, Azul, Gran Reserva, Lomas 3, todavía sobre campos de labor y pastoreo de los pueblos de San Andrés Cholula Tonantzintla, Tlaxcalancingo y Cacalotepec.

El sur poniente de la ciudad de puebla en 1995

La expropiación por el Programa Regional Angelópolis ya ha ocurrido y la explota el gobierno de Manuel Bartlett. Ya se construye el Periférico Ecológico –esa broma de modernidad asfaltada que ese gobernador inaugurara con el grupo Bronco el domingo anterior a la elección municipal que ganaría para el PAN Gabriel Hinojosa. La Vista ya es un proyecto en construcción sobre los terrenos que fueran del ejido de Santa María Tonantzintla.

El sur poniente de la ciudad de Puebla en el 2006

Para el 2006 ya Lomas de Angelópolis va a todo tren en su primera etapa. Cargan sus aguas residuales a la planta de tratamiento Atoyac Sur a través de ductos que cruzan el río y conectan con el colector que el gobierno de Bartlett construyó como parte del Programa Regional de Desarrollo Angelópolis. Las colonias del sur llenan ya el conjunto de llanos y lomeríos en la ribera oriente; el ejido de San Bernabé Temoxtitla sucumbe en los asentamientos irregulares de Castillotla y San Isidro Castillotla entre el río y la 11 Sur.

El sur poniente de la ciudad de Puebla en el 2015

Lomas de Angelópolis ha tomado toda la ribera poniente del río Atoyac desde el Periférico hasta los campos de cultivo de Santa María Malacatepec. El ejido de Santa Clara ha perdido más de 300 de sus hectáreas para la zona de Cascatta y Gran Reserva. Del ejido de Malacatepec tomarán para el 2018 cerca de 1,100 hectáreas de sus 1564 hectáreas incluidas en la dotación original.

La mirada en detalle al territorio ejidal perdido

La Vista/Santa María Tonantzintla

Polígono del ejido

Dominio pleno. El ejido ha sido totalmente privatizado.

Lomas de Angelópolis/San Antonio Cacalotepec

Polígono del ejido

Dominio pleno. El ejido ha sido totalmente privatizado

Lomas de Angelópolis/Santa Clara Ocoyucan

Polígono del ejido

Dominio pleno. La etapa de Lomas que involucra a Cascatta y Gran Reserva prácticamente está privatizada. Todavía algunas parcelas mantienen la figura ejidal sin dominio pleno.

Lomas de Angelópolis/Santa María Malacatepec

Polígono del ejido

Dominio pleno. En este ejido, donde se desarrollo lo que se conoce como Lomas 3, están ya a la venta clústers conocidos como Novara y Natura. Sin embargo, un gran número de hectáreas compradas ya por el Grupo Proyecta, según afirman representantes del Ayuntamiento de Santa clara Ocoyucan, más de 800 hectáreas, permanecen bajo la figura ejidal sin dominio pleno.

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El final de esta historia tiene la marca de la frontera entre los municipios de Santa Clara Ocoyucan y Atlixco. Los desarrolladores, en una especie de fiesta interminable, tal vez imaginen ya Lomas 5, Lomas 6 y Lomas 7, con nombres y latinazgos que rimen con Sonatta y Cascatta. A fin de cuentas, viven ellos en el reino de los desarrolladores inmobiliarios, un gobierno de facto en Puebla.

Isa va a su trabajo en Mayorazgo a las 6.50 de la mañana. Ha tomado el Bicentenario en Ciudad Universitaria luego de dejar a su hija en Psicología. Amanece apenas y todavía se siente el fresco que ha dejado el rocío de la madrugada. El camión tiene que tomar el atajo al que obliga la obra de repavimentación en Margaritas, que ya lleva seis meses insufribles para ese vecindario. El camión se detiene en la esquina de la prolongación de la 5 Sur para que suban cuatro muchachos, ninguno pasa de los 17 años. Los cuatro sacan pistolas, pequeñitas. Isa piensa por un momento que son de juguete. Pero ella es a la primera que le arrebatan la bolsa, ni tiempo tiene de aferrarse a ella. No hay sonidos en un momento así, sólo unas voces frías que dan órdenes que no necesitan escucharse. Los asaltantes van por los celulares, las carteras, los bolsos estudiantiles. La mayor parte del pasaje es de jóvenes rumbo al Complejo Cultural Universitario, van en la prepa Lázaro Cárdenas a la que el terremoto ha desalojado de su vieja casona en la 4 Oriente. “Ya te vi que tiraste el celular”, grita el ratero que limpia de pertenencias a los pasajeros.

Los asaltantes bajan en la esquina siguiente. Tan tranquilos. Tres nuevos pasajeros no se cuestionan porqué los cuatro muchachos pegan la carrera en sentido contrario. Suben y pagan su boleto. Isa alcanza a observar que al único que no le quitaron sus pertenencias ni el dinero del pasaje es al chofer del Bicentenario.

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El 29 de abril en un barrio de Iztapalapa, a las 9 de la noche, un grupo de sicarios acribilla a mansalva a cuatro jóvenes que platican en una esquina. Es un pleito por el control del narco en el sur de la ciudad de México, los del Cártel de Tlahuac y Los Rodolfos, dirá la policía. El video que lo documenta lo dice todo: la vida no vale nada. José Miguel “N”, de 31 años, Hugo Ascencio “N”m de 24, Enrique “N”, de 23 y Gabriel “N”, también de 23. A todos les dan el tiro de gracia. Los matones logran huir.



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Busco en internet la respuesta a la frase “Porcentaje de jóvenes muertos por la violencia en México”. En el 2015 la cifra ya era aterradora:

Con 95.6 muertes por cada 100 mil adolescentes de 15 a 19 años de edad, México se convirtió este año en el país con la tasa más alta de mortalidad infantil y adolescente, de acuerdo con el Mapa da Violencia 2015 que el sociólogo y educador Julio Jacobo Waiselfisz produce desde 1998.Con tasas de 55.8 y de 54.9 muertes por cada 100 adolescentes, El Salvador y Brasil ocuparon, respectivamente, el segundo y tercer casillero de un comparativo de 85 países contenido en este estudio editado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Entre los países industrializados y de mayores ingresos, Austria, Japón, Reino Unido y Bélgica reportaron una tasa de 0.2 muertes por 100 mil adolescentes de 15 a 19 años, dice el estudio http://www.mapadaviolencia.org.br/pdf2015/mapaViolencia2015_adolescentes..

Y luego las estadísticas frías de los asesinatos en el 2017, el año más violento en las últimas décadas de la vida en México. Al cierre del año, México sumó 29.168 homicidios intencionales.

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¿Cómo pudo pasarnos esto? Tarde o temprano los mexicanos acabamos preguntándonoslo. No es fácil encontrar una respuesta.

Me entero en esta mañana de los albañiles mexicanos que la escritora Alma Guillermo Prieto ha recibido en España el premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades 2018. La revista Nexos lo celebra con un recuento de crónicas publicadas por ella en la revista en los últimos treinta años. Leo su magnífica crónica Morir en Medellín, escrita en 1991 y que narra la vida cotidiana en la ciudad colombiana que se ganó con rigor el apelativo de la capital mundial de la droga, una ciudad que en 1980 tuvo 730 muertes violentas y en 1990 contó 5,300 asesinatos. “¿Cómo pudo pasarnos esto?”, se preguntaban entonces los antioqueños. Alma fue a los cerros habitados por los paisas, 800 mil personas asomadas a una ciudad moderna que simplemente los ignoraba. Encuentro en el relato de Alma la visión de un muchacho hermano de un sicario muerto por otros muchachos sicarios en las empinadas calles de los barrios pobres del Medellín del capo Pablo Escobar Gaviria, hijo de una mujer llamada Violeta con la que ha recorrido el vecindario.

Platiqué un poco con el hijo que les queda, un jovencito taciturno llamado Jorge Mario, que fuma cantidades de mariguana pero que evita el basuco (*). Era apenas mediodía, pero parecía ya tan drogado como los muchachos que estaban enfrente de la casa del chofer, quienes jugaban con sus carrujos entre los dedos mientras esperaban ver el milagro. Le pregunté a Jorge Mario qué quería hacer con su vida “Yo soy un vago”, contestó. “¿De qué le sirve a uno hacer planes si, igual, nada le resulta? A todos los pelados de por aquí los están matando. Nos vamos a morir todos. No hay caso”. Luego se fue a sentar en una piedra, a contemplar la ciudad a sus pies.

Resultado de imagen para Rodrigo D: No futuro

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Isa baja en la esquina de la 11 Sur y Cúmulo de Virgo. Ha perdido con el bolso robado 40 pesos, medio kilo de carne para unas chalupas que freirá en la mañana y su tarjeta del Metrobús. La vida sigue en la ciudad de Puebla con la parsimonia con la que el camión Bicentenario se aleja del sitio del asalto. La encuentro minutos más tarde. Miro en sus ojos la pregunta: ¿Cómo fue que llegamos a esto?

Mundo Nuestro. Carlos Iñaki Gutiérrez, comunicador y tecnólogo, director del portal TODOPUEBLA.com, cuestiona en este texto lo publicado por Sergio Mastretta en este portal sobre la problemática en el sur de la ciudad por la construcción de un colector en el río Chichac por la empresa Proyecta en la región de Malacatepec en donde se construyen nuevos clústeres de Lomas de Angelópolis.

Mirar las campañas desde un poder fáctico en Puebla: Grupo Proyecta y el reino de los gobernadores inmobiliarios)

Estimado Sergio, leí tu artículo como casi siempre y ahora sí la regaste en varios puntos:

1. me parece que debemos buscar que más zonas de México tengan un ordenamiento como el de Lomas, es casi imposible encontrar en cualquier pueblo de México algo bien hecho, ¿la razón? Las pésimas leyes que hacen imposible por las buenas ordenar el territorio. No dudo que haya abusos pero no hay forma de ordenar el territorio bien en este país.

2. En Lomas hay una planta de tratamiento hecha por Proyecta junto al parque de los deportes y ahora han estado poniendo un canal con piedra y concreto para canalizar únicamente agua de lluvia que antes causó inundaciones (esto es lo que se hace en el primer mundo). Justo al lado del canal van los tubos de unos 50 cm de diámetro que canalizan el drenaje de los clusters. En lugar de criticar algo bien hecho ¿porque no hablas de todos todos todos los alcaldes de Puebla y Tlaxcala que toleran fraccionamientos sin permisos, desordenados, sin plantas de tratamiento, sin canales bien construidos? Me parece que aquí te falta ver como lo veo a diario el trabajo ordenando por separar agua de lluvia VS drenaje, operar una planta de tratamiento, evitar inundaciones, etc.



3. Quisiera que al menos el 1, el 3, el 5% de la superficie de este país tuviera el orden que tiene Lomas, quisiera tener un marco legal que haga de esto la norma en cualquier municipio no los chiqueros de desorden que abundan por doquiera. Por cierto conozco bien Malacatepec y nunca la gente ha vivido mejor que ahora, camino hasta Atlixco varias veces pasando por ahí y como nunca veo que ya es casi imposible ver pobreza extrema, abundan casas nuevas y construcciones de los que ahí viven (desordenadas como es de esperarse, sin permisos y sin ordenamiento pues el gobierno es como todos los de este país), pero hay trabajo y buena parte es gracias a Lomas.

4. Urge denunciar eso sí el agua que nos envenena poco a poco regando todos los cultivos de Atlixco que pasan desde hace décadas desviados del Atoyac por Lomas y canalizados debajo de Malacatepec rumbo a los valles de Atlixco, ¡eso es un crimen del que nadie habla!

Un año más de nuestra vieja ciudad. Me pasé la tarde buscando en el portal de transparencia el permiso de construcción que le dió el Ayuntamiento a la empresa que sobre las piedras de la demolida fábrica de Atoyac en Mayorazgo va construir 804 departamentos. Qué horror. Y le llaman pomposamente "Central Park". Por supuesto que no encontré nada.

Muy pronto 500 años. Tendré entonces, si la vida se presta, 76 años. En estos últimos cuánto desvarío. Y crimen, como el que se llevó la vida hoy en plena mañana en la 12 Poniente a un ajusticiado más de la inenarrable violencia que nos envuelve.

Destrucción absurda de nuestro patrimonio histórico en Mayorazgo por un proyecto más de la especulación inmobiliaria que arrebata todo propósito de crecimiento armónico. Degradación de la vida en los barrios viejos y nuevos en balaceras impunes que ocurren en cualquier instante.

Desvarío.



No, no cierro este aniversario de mi ciudad vieja con una mirada alegre sobre nuestro futuro.

Traté el tema de Atoyac Textil como memoria de tantas cosas perdidas en esta ciudad cercana a sus 500 años. Este texto publicado en 2016 en Mundo Nuestro (http://mundonuestro.mx) forma parte de esta crónica sobre el desgraciado fin de la fábrica de Mayorazgo, fundada en 1839, en cuyos terrenos se asentarán con la venia municipal 804 departamentos.



"Mi abuelo Carlo Manstretta, italiano llegado a México en 1901, encabezó como ingeniero la construcción para El Mayorazgo el sistema hidráulico para la generación de energía eléctrica con las presas La Carmela y la Carmelita, entre 1906 y 1909. Él trabajaría por más de treinta años para la familia Rivero Quijano, propietaria de la fábrica desde los años sesenta del XIX. El terreno en donde vivo lo heredó mi padre del abuelo en el año 1950. Aquí vivimos desde 1980. Hemos sido vecinos de una fábrica ya para entonces muy vieja, y metida en una huelga provocada por los patrones en 1988, y a la que se dejó morir en 1993. Por más de tres años los vecinos de Mayorazgo vimos a los obreros resistir un paro larguísimo con el bote en las manos, solicitando en las esquinas la solidaridad de los automovilistas. Fue una huelga nacional. El propietario de la fábrica de Mayorazgo, Roberto Real de la Mora, era presidente de la Cámara Textil en México. Su planta, como todas en el país, había sufrido la decisión del gobierno de abrir las fronteras a los productos textiles. Las consecuencias para una industria protegida como la textil mexicana fueron brutales: en 1980 había más de 50 mil obreros en la industria textil poblana; para 1993 no quedaban más de 14 mil. Entre ellos se fueron los de El Mayorazgo, del grupo Atoyac Textil. La empresa llevó la huelga hasta el extremo del cierre. En 1995 tronó la economía mexicana, y la suerte de la fábrica quedó echada. Un larguísimo conflicto laboral terminó en el vacío: la fábrica cerrada; el patrón en el paraíso; ; los líderes sindicales vaporizados; la maquinaria rematada al mejor postor; los trabajadores en el olvido.

"Y el casco industrial intacto y con su caldera y su silbato vivos para llamar al día Mayorazgo todos los días a las seis de la mañana."

http://mundonuestro.mx/…/264-atoyac-textil-la-destruccion-i…

Atoyac Textil. La destrucción impune de la historia industrial de Puebla.

Llevo toda la mañana dándole vueltas al tema del llamado "Central Park" y sus 804 departamentos que ofrecerán al mercado residencial en la ciudad de Puebla. La Carta Urbana del 2016 les permite hacerlo pues en ella le dieron uso de suelo de alta densidad de vivienda a la zona de Mayorazgo. No he podido conseguir el permiso de construcción, pero en esas estoy, pues de él deben desprenderse una larga lista de requisitos cumplidos, como por ejemplo la licencia de uso de suelo o los dictámenes de impacto vial e integración vial, y de impacto ambiental y una larga cadena de supuestos que les deben haber permitido la destrucción del antiguo casco fabril y el inicio de operaciones con ese mamotreto metálico que ya puede verse en la esquina de Cúmulo de Virgo. El INAH, alertado una vez más por mí ayer por la tarde, supongo que llegará al predio a recontar las piedras y a empolvar más la memoria estrecha de la burocracia mexicana.
Yo he recurrido a la historia de El Mayorazgo una vez más para recordar lo que hemos dejado perder en esta suma de cinismo e irracionalidad que prevalece en nuestra ciudad:

Para entender lo que Puebla ha perdido con la destrucción de  Atoyac Textil: la historia de la Planta Carmela

La planta Carmela en el río Atoyac
Mundo Nuestro. Este texto escrito por Jesús Rivero Quijano, industrial poblano cuya familia fue la propietaria de la fábrica San José El Mayorazgo, como la conocían en el siglo XIX, entre 1864 y 1946. Es el relato del proceso de construcción del sistema hidroeléctrico que le dio vida a la fábrica a lo largo de buena parte del siglo XX. Tomado del libro "Memoria y acantilado", lo presentamos nuevamente en Mundo Nuestro para valorar en su profundidad el significado de la destrucción de una fábrica en operación desde el año de 1842, en cuyos terrenos se edificará un conjunto residencial más en esta etapa de la voracidad inmobiliaria que caracteriza a la ciudad de Puebla.

Atoyac 1906-1909

El Ingeniero Carlos Mastretta Magnani llegó a Puebla en 1906, luego de la exitosa construcción de la planta para la Compañía Hidroeléctrica Queretana, contratado por los señores Rivero Quijano, propietarios del complejo textil de Atoyac, para la construcción de un sistema hidráulico para la generación de energía eléctrica con la fuerza de las aguas del río Atoyac. Esta historia quedó registrada por Jesús Rivero Quijano en el libro La revolución industrial y la Industria Textil en México, publicado por la Editorial Porrúa en 1990, del cual presentamos un extracto relativo a la construcción de la llamada “Planta Carmela”. Carlos Mastretta Magnani se establecería así en Puebla, para convertirse finalmente en el apoderado de las empresas de la familia Quijano hasta su retiro en 1945.



Planta Carmelita

Ese mismo año se empezó a construir la presa y la planta que se llamó Carmelita a cinco kilómetros río abajo de la presa (5,600 Mts.) de El Mayorazgo, para aprovechar los 10,000 litros por segundo en una caída de 10.5 metros para producir 430 (Kilo­Volt-Amperes) K.V.A. en cada una de las 2 turbinas que se pidieron al efecto, o sea 860 K.V.A. igual a 1,100 Caballos.

Pero, ¿traería el Río Atoyac regularmente los 20,000 litros por segundo de la concesión?

En un estudio que hizo cuando ya la energía de las plantas no se destinaba exclusivamente para la fábrica El Mayorazgo sino que se extendía a las otras fábricas de la empresa como se explicará después, se dice, a propósito de la irregularidad del caudal del Río Atoyac lo siguiente:

"La falta de reglamentación del río, la protección política a los agraristas quienes, río arriba, cortaban o interceptaban las aguas del río para riegos o enla­mes, la despoblación de los bosques de las faldas de los volcanes y de la sierra donde nacen el río Atoyac y sus afluencias, y, por último, la actividad del volcán Popocatépetl y de la exagerada irregularidad en el fluir de las aguas del río, lo cual hacía con frecuencia saltar nuestros interruptores automáticos en las plantas y fábricas e interrumpían, con grave daño de la producción, nuestros trabajos".



Es evidente que hablaba el industrial dolido por los trastornos y mermas en su producción.

Planta Carmela

Pero volvamos a la planta Carmela que fue la unidad mayor y de la que se esperaba el equilibrio permanente entre la generación de la energía y el consumo en las unidades industriales que continua­ban creciendo.

Se había extendido la red de transmisión llevando el fluido eléctrico; sobre postes de hierro hasta la garita de Puebla en donde, con transformadores y aparta-rayos y mutas, se cambió en línea subterrá­nea con cables altamente protegidos que cruzaron por debajo de las banquetas la ciudad de Puebla de sur a norte, hasta llegar a las fábricas de La Esperan­za (de estampados y acabados) y San Juan de Amandi así como también hasta la planta Balbucar para sincronizar con aquella planta Diesel que actua­ba de reguladora en toda la red eléctrica de la em­presa. Se extendía también al edificio de las oficinas centrales y residencia, calle Independencia 10. Tra­bajo fue este arduo y costoso pero también el único medio de no detener la expansión industrial iniciada y librar a ésta de las irregularidades e intermitencias a que nos condenaban entonces los medios crudos e ineficientes, cuando no primitivos con que contá­bamos para progresar. Algo parecido le pasó a Henry Ford en sus humildes comienzos.

En la planta Carmela se aprovecharon 10,000 litros por segundo con una caída de 18.6 metros que entraban a través de una reja a la boca del túnel de 3 kilómetros de largo en varios tramos, con un claro de 4 metros de ancho por 3 de alto y un tanque final de distribución de 211 metros de largo por 7 de ancho. Con ello se movían 2 turbinas Voigt, tipo Francis, pero fabricadas en Alemania para 5000 litros por segundo cada una; con un rendimiento de 914 H.P. efectivos, 450 revoluciones por minuto, acopla­das a sendos generadores para convertir la fuerza hidráulica en eléctrica, de 845 KVA, 675 KV 60 ciclos con capacidad de 1,000 caballos cada una.



Vista general de la planta hidroeléctrica “La Carmelita”, donde se aprecia la casa

de máquinas adosada a la obra de toma, 1908. AHA, FDAS, Caja 4211, Exp. 56704, f. 126 (Fotografía tomada del texto de Luis Antonio Ibáñez González “Arquitectura del sector eléctrico en el valle de Puebla: las plantas hidroeléctricas Carmelita y Carmela (1906-1912)”


Cómo se hacían las plantas hidráulicas

¡Cuántos problemas para sojuzgar aquel río bronco y mutable para arrancarle los 3,000 caballos de fuerza que traía en su torrente, ¡Cuán escasos los medios para conseguirlo si los comparamos con los que hoy tenemos!.

Para construir la Presa se eligió una gran roca que, labrada cenvenientemente hasta fijar un punto en que corrieran las aristas, constituyó el punto de referencia para toda la obra. En tiempo de secas, pues la obra comenzó el 24 de Noviembre de 1906 para terminar el 10 de Marzo de 1909, se iniciaron las excavaciones en el lecho del Río que previamente había sido virado con un túnel de desviación. ¡Quien hubiera contado con estas palas mecánicas gigan­tescas! En su lugar, cientos de indios de los próxi­mos pueblos de Tlaxcalancingo, Santa Clara, San Baltasar y otros, distribuidos convenientemente, lle­vaban a cabo la obra. Cien de ellos en fila india circulante, tomando cada dos de ellos la parihuela, se la hacían llenar por lo que trabajaban con las palas en el lecho del río y marchaban a descargar de otro lado de la represa. Así hasta que llegaron las prime­ras avenidas que se llevaron la represa, pudimos cimentar con piedras los fundamentos de esa presa que 60 años después se yergue orgullosa detenien­do al río.

Dos humildes locomóviles que quemaban leña de los alrededores movían las bombas centrífugas que reducían las filtraciones para que la gente pu­diera trabajar convenientemente.

Por fin se logró, en la siguiente temporada de secas, cerrar el río con la cortina de la presa, y cuya parábola, así como toda ella, fue una obra de arte del Ingeniero Italiano Don Carlos Mastretta quién fue director de toda la obra.

Don Carlos, a cuyas órdenes trabajé yo, fue un interesante personaje en el desarrollo de la industria textil en México. La historia de su venida es románti­ca.

Ingeniero militar del ejército italiano llevaba a su cargo una sección de comunicaciones (telégrafos) en la batalla de Adua en que el Rey Menelik de Abisinia derrotó al general Italiano Barattieri en 1897. Quedó su sección corta del cuerpo del ejército y con órdenes de marchar hacia la costa a pedir auxilio a la flota italiana. Diezmada su tropa y por todo alimen­to, el que pudieron obtener sacrificando sus mulos lograron ser rescatados los supervivientes entre los que se hallaba D. Carlos. Al llegar a Italia fue recibido, entre otros por un tío suyo que era director de un periódico italiano. A él le refirió sus andanzas que el tío publicó por lo que exigieron las autoridades mili­tares responsabilidades a Don Carlos por haber revelado a la prensa detalles espantosos del fracaso militar.

Su tío hubo de tomar sobre sí la responsabilidad que le correspondía; pero Don Carlos para no verse envuelto en la campaña política que se desató, vino recomendado a Nueva York en donde le dieron un empleo en la construcción del Ferrocarril Nacional de México con asiento en Querétaro. Allí trabajó en la construcción del puente de Tequisquiapan y des­pués se encargó de la construcción de la planta Hidroeléctrica de Querétaro. De allí, ante el éxito de esa obra por su eficiencia y bajo costo, fue recomen­dado por Schondube y Neugebeuer a Don Manuel Rivero Collada para construir la presa y plantas Car­melita y Carmela con su túnel; terminados los cuales, entró como gerente en las unidades textiles de Ato­yac Textil, S.A. propietaria de las plantas.

El problema más difícil consistía en cerrar el túnel de desviación para que volviendo el río a su cauce se llenase la presa y el agua entrara por las bocato­mas a las turbinas. Una enorme plataforma se impro­visó con vigas de madera y rieles de hierro encima de la boca de entrada del citado túnel; sacos de arena y de cemento atados entre sí se colocaron encima. Se cortaron los amarres de la plataforma y ésta cayó en el canal, las cuadrillas y todos nosotros empezamos a arrojar ramas y piedras y más sacos de arena y cemento. En dos horas subió 3 metros el agua en la presa con una cola en el río que iba creciendo a medida que subía el agua, hasta derra­mar por la corona a la vez que formaba una laguna en la cuenca de unos 7 kilómetros. La presa se bendijo el día De San José 19 de Marzo de 1909 con una gran fiesta a la que concurrieron más de dos­cientos peones de los pueblos próximos, así como los rancheros vecinos y las autoridades y se sacrifi­caron más de cien borregos para la barbacoa que se irrigó por las gargantas con el sabroso neutle de la región, pulques curados y cervezas para los más catrines.

Ocioso es ponderar las dificultades para el trans­porte, en carros especiales con 12 mulas, de aque­llos tubos de dos metros de claro que conectarían las turbinas de la planta Carmela con el tanque de reposo que les abastecería de agua. Y aquellas pesadas y enormes piezas de maquinaria, turbinas, generadores, transformadores (que insistió la casa fabricante que deberíamos llevarlos y ya llenos de aceite) en fin, todo lo que supone esas plantas hi­droeléctricas desarmadas, que cuando las vemos trabajando parece que se levantaron solas.

Todo esto referido a las plantas de la Casa se repitió en todas aquellas cien fábricas que se mon­taron dispersas por la República; unas más cerca del mar y otras como la fábrica de Xía en la sierra de Oaxaca, que tuvo que transportar su maquinaria a lomo de mula; lamentamos no tener a la mano datos semejantes de otras fábricas textiles que pueden ostentar historias similares.

Ya hemos encarecido los problemas que nos producían aquellas violentas y torrenciales avenidas del Río Atoyac que arrastraban las tierras, piedras y árboles, animales y a las veces, gentes de las faldas de los volcanes y de las zonas limítrofes del Río y sus afluentes como el Zahuapan y otros. Impedir que las ramas y otros objetos tapasen las rejas con peligro de que se vecinaran y, ya sin estorbo, entraran en las turbinas, era la tarea de 2 rejeros que, particular­mente en tiempo de agua, les ofrecía bastante traba­jo. En un invierno, el trabajo era menos duro porque el agua era menos sucia. En la fiesta de San Baltasar pidieron permiso los dos rejeros y se fueron a la feria con sus respectivas mujeres, En la noche, y cuando el alcohol había hecho efecto pernicioso en las men­tes de estos pobres hombres, descubrieron llevar a cabo un trágico pacto: se trocarían las mujeres entre sí y el afortunado que recibiera la más joven indem­nizaría al otro con la suma de dos pesos. A la madru­gada llegaron las mujeres a contar esta historia epilogada por la riña entre ambos porque el benefi­ciario se negó a pagar la suma de los dos pesos por lo cual recibió feroz puñalada que no le impidió corresponderla el herido de suerte que la guardia rural encontró uno de los cadáveres a la entrada de una milpa y del otro a la salida. Con esta clase de gente teníamos que habérnoslas.

Pero en 1914, uno de nuestros albañiles se re­montó a la sierra y se unió al Zapatismo que asolaba aquellas regiones. Se llamaba Juan Ubera y nos dejó a su compadre, Atenógenes Sánchez a quien Don Carlos había adiestrado como capataz y el Ingeniero Froilich que nos había prestado la casa Siemens lo instruyó y capacitó para el mantenimiento de la ma­quinaria de la Planta.

La casa Siemens tenía dada una garantía de dos años en la operación de su maquinaria con la condi­ción de que ellos nos proporcionarían durante ese tiempo un ingeniero electricista que vigilara el man­tenimiento.

Vista de las ruinas de la planta La Carmela. Foto tomada del texto de Luis Antonio Ibáñez González “Arquitectura del sector eléctrico en el valle de Puebla: las plantas hidroeléctricas Carmelita y Carmela (1906-1912)” .