Ciudad

20 de Noviembre, así se llamará la colonia si su paracaidismo tiene éxito.

Una más en esta historia irrefrenable del desorden urbano y la precariedad humana. Una más a la cuenta larga de lo que llamamos gobierno en una ciudad que se ha comido sin pudor alguno la reserva de tierra campesina en los últimos cuarenta años para dar lugar a este territorio del caos que llamamos ingenuamente Angelópolis.

Puedo entender esta historia desde las dos bebés de uno y dos años que juguetean en una carretilla bajo la sombra que su abuela y su madre, una muchacha de no más de veinte años, han dispuesta afuera del cuartito de dos por uno y medio metros armado con maderas y cobijas. Hoy no pasarán la noche en el cuarto de renta en la colonia Valle del Paraíso, a la orilla del río Atoyac 1.7 kilómetros avenida abajo. Aquí pasaran la noche, y puedo imaginar el sonrojo quebradizo de sus mejillas en la madrugada y las preguntas que guardarán para el futuro. Mientras, la abuela me dice que busque yo a un joven de camisa roja, él es el representante, el que anda apuntando a la gente.

O desde el joven con camisola roja y libreta en mano que me dice que no sabe quién es el representante de los nuevos colonos, que no están aquí, que andan con los abogados del bufete que ya está atendiendo a los defraudados.



O desde la mujer a la que el viento que le vuela el sombrero de paja le descubre un cabello pintado a rayos dorados con esmero, y quien me dice que cómo creo que con la inseguridad que existe va a tener aquí en la mano el recibo del enganche de mil pesos que le dio el ingeniero representante de la empresa que le vendió su lotecito.

O desde el muchacho que subraya con tono profesional que esto de ninguna manera es una invasión, que aquí lo que ya se tipifica es un fraude cometido contra compradores de buena fe.

O desde el señor que recuerda por mi apellido a la estación de radio La Radiante 105, lo que le genera la confianza para contarme que está ahí a ver si aparece el muchacho de la libreta para apuntarlo en la cola de más de cien que están a la espera de que les asignen un lotecito. Y que él no es nuevo en esto, ya lo han echado los granaderos de otras invasiones y en otro tiempo, el más reciente en el predio que ahora ocupa hoy la Bodega Aurrerá en la 11 Sur.

O desde ese vendedor de nombre “ingeniero Fernando Moreno López, representante de la empresa AMCO, SA” que se ha embolsado unos buenos pesos a cambio de un recibo a un centenar de familias y un “a mí nunca me volverán a ver…”



Lunes 20 de noviembre de 2017. Ese día espera a los paracaidistas un tal ingeniero Fernando Moreno López, quien a nombre de una empresa llamada AMCO SA en el último mes ha desplegado lonas y carteles en esquinas y postes en las calles polvorientas del sur de la ciudad. La gente ha respondido: ahí están desde la mañana temprano los que ya le han pagado 500, 1000, 1,500 y hasta 5,000 pesos de enganche por un lote de 7 por 15 metros en el descampado de cuatro hectáreas al borde de lo que será la avenida de Las Carmelitas que construye el gobierno de la ciudad en la región de Castillotla.

50 mil pesos es lo que tendrán que pagar en los próximos años por sus 105 metros cuadrados si logran quedarse en este predio de cuatro hectáreas al que llegan desde ese lunes decenas de personas en búsqueda de que les asignen un lotecito. Pero por lo pronto, no menos de cien mil pesos ya se ha metido en la bolsa este ingeniero, fiel representante del mecanismo tradicional de acceso a la tierra que tienen los pobres en Puebla: la venta de lotes sin ningún tipo de soporte legal de la propiedad que se vende, y sin servicio alguno.

Pero el metro se ofrece a 476 pesos a quien quiera dar su enganche. Y las rentas que pagan en las colonias cercanas al río rondan los 800, los mil, los mil 500 pesos. Así que mejor darlos de enganche a unos vivales. Ya después averiguaremos.

Es el sur de la ciudad de siempre, la tierra abierta desde 1980 para las invasiones y la conquista de un espacio de tierra para vivir. Así se han hecho decenas y decenas de colonias al sur del Periférico en un territorio de 3500 hectáreas cercado al poniente y al sur por la ribera del río Atoyac y el lago de Valsequillo. Esta, la 20 de Noviembre, como le llaman los nuevos colonos, es simplemente una más en la cuenta.

Por la foto satelital la vista en detalle del predio del asentamiento 20 de Noviembre.

Al predio en Las Carmelitas se llega por la prolongación de la 11 Sur hasta la entrada a la colonia San Isidro Castillotla. Una calle de ida y vuelta de 20 metros de ancho en la que en sus primeros 600 metros no se cuenta un árbol. Un kilómetro más allá aparece la que será la primera avenida con trazo norte-sur construida en la región en los últimos treinta años. La 11 Sur y la 3 Sur ya existían antes de 1990. Suena increíble, pero así ha sido: en toda esta cuadrícula de calles y avenidas angostas y desarboladas, una sola avenida no ha sido trazada por los ingenieros de los gobiernos de la ciudad. Sólo la muy anunciada Las Carmelitas, que por ahora es una calle pavimentada a la mitad y que corre entre fraccionamientos de interés social y caseríos de autoconstrucción sobre el antiguo trazo de las torres de alta tensión que partían desde las plantas de generación de energía eléctrica La Carmela y La Carmelita construidas en 1910-11 hasta la fábrica Atoyac Textil en Mayorazgo. Obra, por cierto, edificada bajo la directriz del ingeniero italiano Carlo Mastretta Magnani, mi abuelo, la razón de su llegada a Puebla en 1906 y la explicación de la existencia de mi familia en Puebla. Fuera de la 11 Sur –el antiguo camino al pueblo de Azumiatla—y de la calle 3 Sur que remata en el lago de Valsequillo en la colonia Balcones del Sur, Las Carmelitas es el único trazo sur-norte en esta enorme región de las colonias proletarias del sur de la ciudad de Puebla. Si se mira el mapa, la explicación de esta obra tardía se encuentra en la necesidad imperiosa de conseguirle una salida alternativa al vecindario vecino al otro lado del río, Cascatta de Lomas de Angelópolis, cada vez más atascado en la avenida Atlixcáyotl.

Un hombre mayor aparece en una callejuela. Se llama Manuel J., y a sus 89 años deambula a la espera de su sombra, pues anda rápido. Me enteraré por él que la invasión está aquí a la vueltecita. Él ya los ha ido a ver, qué hay que hacer si no. Y mire, me dice, este jaleo es por las elecciones que vienen, eso aprovechan los que mandan esto, a ver quién se atreve a echarles a los granaderos. Y algo sabe de esto, afirma luego de subir a mi vehículo pues se ha ofrecido de guía: “Mire, yo fui militante de la 28 de Octubre hace muchos años…”

El predio, efectivamente, está a la vuelta de su casa.

El caserío de los paracaidistas. Al fondo, la colonia La Galaxia.

25 de noviembre del 2017. Observo el nacimiento de una nueva colonia en la ciudad de Puebla. A mediodía del sábado la actividad está a todo tren en ese descampado en el que con la sabiduría ancestral del paracaidismo se levantan casitas de cartón, de sarapes, de plásticos montados en postes y maderas plantados en la tierra. Cada quien su cuadro. Y de aquí pa’lla tú, y de aquí pa’lla yo, y cada mecate sumado va cercando la calle. Cuento cerca de 30 lotes hacia el fondo del predio. Y una, dos y tres calles en medio y a todo lo largo. A ojo de buen cubero unos 250 lotes, no menos, de a 50 mil pesos cada uno, 12.5 millones de pesos.

Eso vale la tierra para los pobres en Puebla.

“Esto no es una invasión –me dice José Luis Sánchez, un joven que se presenta como colono y que afirma que no es dirigente ni representante de los colonos--, aquí nos vendió un ingeniero a nombre de una empresa. Lo que ya hay es un fraude, pues cada uno de los que aquí estamos le pagó quinientos, mil y hasta cinco mil pesos. El tipo vino el lunes 20 y aquí les dio posesión a los primeros que le pagaron…”

Y señala a la hilera de casas a todo lo largo de la línea al norte del predio.

Y sí, ya vinieron los del Ayuntamiento. Vieron y se fueron.

Un ingeniero de nombre Fernando Moreno López ha ofrecido a través de lonas y carteles lotes en la avenida de Las Carmelitas. Y no lo ha hecho a su nombre, sino al de una empresa denominada AMCO, SA de CV. Ha pedido enganches, los ha recibido. Y para mediodía del lunes 20 de noviembre, ha desaparecido.

Desde el lunes, y a todas horas, han ido llegando las familias. Alguien con una libreta les asigna un lote, y de inmediato a plantar palitos y plásticos y cobijas. Y si aparece un reportero con una libreta como yo, le caerán esperanzados aquellos que aún no tienen lote.

“Oiga, ¿usted es el que anda apuntando a la gente?”

Tres veces me preguntarán en mi visita que si yo apunto, que si les puedo asignar un lote.

El mecanismo está a la vista: se dice que no es invasión porque se trata de una venta de un particular a personas necesitadas de un espacio para vivir. Pero es un fraude, el vendedor desaparece el mismo día de la invasión. Los compradores buscan a unos licenciados que ya tienen los recibos que prueban que le pagaron a ese vendedor el enganche. Lo que sigue es cuestión de que algún remoto día un juez decida al respecto. Por lo pronto, al día 25 de noviembre, ya se cuentan unas 200 casitas de palo y plástico plantadas sobre los lotecitos.

Y ya con la vista del satélite busco un parque público en todo este territorio al sur del periférico y al poniente de la 11 Sur, con el cerco del río y la vecindad de Lomas de Angelópolis hacia los volcanes. No hay uno solo. Son 816 hectáreas de colonias y fraccionamientos construidos a lo largo de los últimos treinta años. Y no hay uno solo parque público.

816 hectáreas al poniente de la 11 Sur. Y no hay un solo parque público.

De salida, observo al fondo los edificios de Sonata, río Atoyac de por medio.

Es la ciudad de Puebla. Un capítulo más en la triste historia d su precariedad urbana.

Vida y milagros

Al poner este título me gustaría escribir sobre la vida de un poeta o poetisa irreverente, de un artista que inventa una técnica para pintar solo con pinceles de luz, de viajeros audaces sin horario y sin ruta, de marineros en busca de lo ignoto. Pero no. Solo voy a escribir sobre mi ciudad, o más bien nuestras ciudades. Ciudades que carecen de planos, de límites, de orden y concierto. Ciudades que no saben en dónde empiezan ni dónde es que terminan, que se enciman unas con otras y que ya no saben ni cómo se llaman. Ciudades que se devoran a sí mismas, que se tragan los paisajes hermosos, que tapan la belleza con espectaculares o con edificios que no respetan ningún orden ni alturas acordadas, pegados uno junto al otro sin la más mínima armonía, como la boca de un chimuelo, aunque lo que tapen sea la belleza y lo irrepetible de un volcán en erupción. Ciudades que matan sus lagunas, sus ríos. Ciudades que no se acuerdan de los árboles cuando extienden sus calles grises hasta perderse en el infinito. Ciudades que no son dueñas de ninguna reserva para construir los parques y los espacios que necesitan los niños que hoy son niños o los que ni siquiera han nacido aún, los niños del futuro. Ciudades que parecen trazadas por la casualidad y el caos y no por el orden que debiera regirlas.

Toda la tierra del país tiene dueños. Dueños para hacer con ella lo que se les pegue la gana. El estado mexicano y sus ciudades no tuvieron líderes con imaginación para guardar reservas territoriales para el futuro, para cuando se volvieran grandes y ya nadie cupiera en ellas. Para que de los edificios pudieran bajar los niños a jugar y los viejos a pasear. Hubo presidentes como Cárdenas que crearon parques nacionales por medio de decretos, todo fuera como imprimir decretos, decretos sobre bosques destinados a morir, porque inmediatamente después de decretarlos, sobre esos parques nacionales se hicieron dotaciones de tierras ejidales. Total, si parecía que sobraba la tierra y faltaban personas. Así están los parques del Izta Popo, y los de la Malinche. Así están los bosques de los que depende la generación de agua para las ciudades sedientas construidas en los valles que los rodean; hasta ahí han llegado ya las ciudades y su desorden, a lamerles las faldas a los bosques que ya no existen más que en papel. En los años treintas y cuarentas del siglo XX se repartió la tierra como arroz, cuando éramos menos, cuando éramos poquitos, diez o doce millones y no ciento veinte millones como ahora. Cuando se creía que México alcanzaba para todo.



Nada guardó el estado mexicano para ordenar el futuro.

Los parques nacionales, las reservas de la biósfera, todo tiene dueño. Todo lo que rodea a las ciudades tiene dueños. Nada guardó el país para lo indispensable. Y mucho menos las ciudades, siempre acosadas por la precariedad y la inmediatez del día a día, del cambio de políticos cada tres años. Ni siquiera guardaron sus contornos. La ciudad de Puebla colinda con 17 municipios y solo con uno tiene sus límites claros. Casas ubicadas en Cuatlancingo pagan predial en Coronango y el agua en Puebla. Personas que compran en San Pedro Cholula sacan permisos de construcción en San Andrés Cholula, y San Andrés cobra agua y drenaje cuando el poco servicio lo da la empresa que tiene la concesión de Puebla. San Andrés cobra drenaje y agua a los que tienen norias y fosas sépticas. Entre todos contaminan el agua de todos. El puro desorden. Los permisos para conectarse a los drenajes se expiden en blanco a las industrias en la mayoría de los 17 municipios conurbados en el valle de Puebla, para que contaminen a gusto. Están creando empleos, ¿no? Ay Puebla, qué desmadre. Y digo Puebla como podría decir Toluca o Veracruz.

El desorden, que no el orden, sobre lo que va quedando dentro de los polígonos de las ciudades lo ponen los desarrolladores y los ejidatarios y los que los buscan para hacerlos socios, o los grandes desarrolladores nacionales que pueden comprar mucha tierra entendidos siempre con los grupos políticos sexenales, o los de movimientos como el antorchista. Todos ellos tienen más tiempo y poder que un presidente municipal. Y Puebla ya va llegando a Pénjamo. Y cada gran ciudad del país va llegando de manera desordenada a donde no debe. Los tiempos de los presidentes municipales son demasiado cortos y los gobiernos estatales no han suplido la ausencia del ordenamiento que los ayuntamientos no pueden construir porque no tienen ni dinero ni tiempo. Y las dependencias estatales que ostentan en su nombre o en su organigrama las palabras "ordenamiento del territorio" lo único que tienen es el nombre. El título. Ningún diputado etiqueta un centavo para ese rubro. Ningún gobernador le ha dado la menor importancia a dicho tema. Nada hay de presupuesto del estado de Puebla para el ordenamiento del territorio. Ni un peso. Ni hace siete años, ni seis, ni el año pasado. Ni un peso. Este año tampoco. Como no lo hubo en la ciudad de México que en menos de un siglo se comió a todos los pueblos que la rodeaban. Todo, con una voracidad y un desorden que le copiamos todas las ciudades del país.

Las ciudades nunca tienen dinero ni tiempo para marcar y ordenar su territorio.



Los diputados tendrían que resolver los conflictos limítrofes y de ordenamiento de cada estado, es parte de su trabajo. Pero los diputados locales lo han dejado claro durante muchos años: no se mandan solos o les gusta obedecer. Escoja usted. Como viene el presupuesto así lo palomean. Y los gobernadores lo ponen en sus programas de desarrollo, hasta ahí le invierten, en un poco de tinta para hablar del tema.

Dice alguien que sabe bien de lo que habla, que todo el territorio del estado de Puebla debiera ordenarse en base a la disponibilidad de agua. Sobre esa disponibilidad tendría que planearse el futuro y reconstruirse los mapas de las ciudades. Creo que todo el país debiera ordenarse y crear sus reservas territoriales tomando como punto de partida la disponibilidad del agua. Nada de eso está sucediendo ni en Puebla ni en el país. En ninguna agenda de pensadores o políticos veo que al tema se le dé la menor importancia. ¿Ordenar el territorio? Que se sigan encimando pueblos y ciudades, para que no sepan ni en qué ciudad viven las personas, para que no perdamos nuestra fama de surrealistas. Decía José Alfredo Jiménez en una canción que "las ciudades apartan las personas, las ciudades destruyen las costumbres". No son las ciudades. Somos las personas las que estamos acabando con todo sin saber ni cómo remediarlo. Ordenar el territorio.

Mundo Nuestro. Este texto fue elaborado por Rubén Sarabia Sánchez, Simitrio, y presentado como carta de denuncia el 13 de noviembre del 2013 al Jurado de la Audiencia Transversal del Tribunal Permanente de los Pueblos, Capítulo México. En ella el dirigente describe su detención en julio de 1989 y las condiciones en las que vivió durante los años de encarcelamiento en los penales de Puebla, Puente Grande y Alomoloya hasta el año 2001, cuando se otorgó la libertad condicional con la prohibición anticonstitucional de no regresar a Puebla.

El documento completo puede leerse en la siguiente liga: http://es.slideshare.net/simit-rita/seores-del-jurado

La foto de portadilla fue tomada del periódico digital Central.



El día 4 de julio de 1989 en la ciudad de México, Distrito Federal, un grupo de más de treinta agentes de la Policía Judicial del Estado de Puebla sin orden de aprehensión me detuvieron e inmediatamente me trasladaron a la ciudad de Puebla donde me encerraron en una celda clandestina que tenían en el mismo edificio de la Procuraduría General de Justicia del Estado. Ahí me tuvieron sentado y vendado de los ojos durante casi ocho horas durante las cuales me tuvieron permanentemente vigilado por dos agentes que alternativamente cortaban cartucho de sus rifles vaciando sus cargadores a fin de causarme temor y angustia.

Alrededor de las nueve de la noche de ése mismo día me trasladaron de regreso a la ciudad de México. En el trayecto por lo menos en tres ocasiones, además de estar vendado de los ojos, me pusieron una bolsa de polietileno en la cabeza cerrándola a la altura del cuello causándome asfixia. En el D.F. en una de las instalaciones de la Procuraduría del D.F. me entregaron a la policía judicial del D.F. En este lugar primero me pusieron en una galera en la que estaban presuntamente detenidos algunos ex agentes de la desaparecida Dirección de Investigaciones Políticas a los que reiteradamente golpeaban en mi presencia. Ya en la madrugada del día 5 de julio me reubicaron en una celda en la que me dejaron solo recomendándome “no te vayas a colgar”.

En la mañana del mismo 5 de julio fui trasladado a una de las instalaciones de la Procuraduría General de la República donde me ubicaron en una galera, solo, que colindaba con otra que presuntamente usaban como sala de tortura física, digo “presuntamente” porque se escuchaban gritos y “ayes” de dolor con expresiones de “ya, por favor, ya no me sigan golpeando”, etc.

En la noche del día seis madrugada del siete de julio me trasladaron de regreso a Puebla donde en el CE.RE.SO de “San Miguel” me esperaba un enorme contingente de agentes judiciales y policías estatales –incluyendo granaderos- fuertemente armados con armas de alto poder, muchos de ellos parapetados en las bardas, la puerta de acceso a la aduana de vehículos, el patio interior (estacionamiento), etc. Hasta la mañana del día siete el gobierno del estado hizo oficialmente pública mi detención y encarcelamiento en el CE.RE.SO. Es de señalar que durante éste tiempo ante mis familiares, compañeros y amigos estuve en calidad de DESAPARECIDO toda vez que las autoridades estatales y federales negaban tenerme detenido y hasta se “comprometían” a ayudar a localizarme.



Se me instruyeron ocho procesos penales: dos del fuero federal (3/989, Juzgado cuarto de Distrito en materia penal y 135/989, Juzgado quinto de Distrito en materia penal) y seis del fuero común (337/985, juzgado 1° de Defensa Social, 507/986 Juzgado Segundo, 156/989 Juzgado Séptimo, 141/988 Juzgado Octavo, 249/989 Juzgado sexto, y 113/989 Juzgado Quinto) como presunto responsable de la comisión de delitos como posesión de arma de fuego de uso exclusivo de las fuerzas armadas, acopio de armas, rebelión, incitación a la rebelión, posesión de mariguana, secuestro, despojo, daño en propiedad ajena, robo, robo de vehículo, lesiones, y de otros delitos más, nada más faltó que me acusaran de violación.

La autoridad ejecutora sumo todas y cada una de las sentencias dictadas por los jueces y ratificadas o modificadas por los magistrados de segunda instancia y los jueces de amparo, imponiéndome una sentencia en total de 121 (ciento veintiún) años y 4 (cuatro) meses de prisión.

En la compurgación de tal sentencia me tuvieron confinado en la celda N°2 del área de visita íntima a cuya puerta, además del cerrojo normal, le pusieron tres candados más, un custodio durante las 24 horas del día en la puerta, a la única ventana que había la tapiaron con una placa de metal, no me permitieron ver el sol, y durante las visitas de mis familiares y mis abogados defensores siempre había un custodio en medio de nosotros apuntando todo cuanto hablábamos. Además cada vez que mis compañeras y compañeros de organización hacían una manifestación o alguna declaración pública contra la represión y exigiendo mi libertad, me castigaban hasta por ocho días quitándome la ropa de la cama, suspendiéndome el paso de los alimentos (a mis familiares sí se los recibían, pero me los entregaban varios días después y ya descompuestos), el agua para bañarme y del sanitario también me la quitaban. De julio de 1989 a principios de 1993 no me permitían el acceso a libros, periódicos ni revistas. Tan es cierto que todo esto y más era verdad que la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió la RECOMENDACIÓN 7/91 señalando que la situación en que me tenía el gobierno es (era) una especie de tortura, pero el gobierno no hizo caso a dicha recomendación sino hasta febrero de 1993.

No recuerdo si fue en 1991 o 1992 pero el caso es que en una hoja que tenía impresa la fotografía de una persona muerta (derivada de los incidentes ocurridos en las instalaciones del diario La Jornada) escribieron con máquina la leyenda de “CUANDO VEAS LAS BARBAS DE TU VECINO CORTAR, ÉCHA LAS TUYAS A REMOJAR”.

En la tarde del día 10 de diciembre la policía federal me trasladó al DF de donde en avión me trasladaron al aeropuerto de Tampico, Tamaulipas, para recoger a varios presos comunes. En el viaje en más de una ocasión amenazaron con arrojarme del avión (hicieron los movimientos correspondientes) porque según los federales ésas eran las órdenes que les dieron sus superiores. De Tampico nos llevaron al aeropuerto de Guadalajara, Jalisco, y de ahí al CE.FE.RE.SO N°2 de Alta Seguridad de Puente Grande, Jalisco. Ahí se me ubicó en el módulo 1, que estaba destinado a los cabecillas de organizaciones y bandas delincuenciales. Todos los módulos (ocho en total) tienen dos secciones, A y B; en el módulo 1 habíamos tres presos, los dos estaban en la sección A y yo en la celda del fondo de la sección B, se me prohibió cantar, empecé a silbar las canciones, pero también me prohibieron silbar, me daban la comida con gusanos y hasta cucarachas vivas, lo cual reporté a los custodios, a los comandantes del módulo y hasta mostré en las cámaras de vigilancia al centro de control, no se me hizo caso por lo que mis familiares y compañeros presentaron la queja ante la Secretaría de Gobernación del gobierno federal, pero en lugar de resolver el asunto, la directora (Celina Oceguera) del CE.FE.RE.SO un día de visita se metió al cubículo de visita familiar a reclamarme por la queja y a decirme que ella comía los mismos alimentos que yo. En la noche de ese día me reubicaron al módulo cuatro, en el que estaban los internos farmacodependientes y/o con problemas mentales y emocionales, uno de ellos trató de agredirme diciéndome “tú no eres como nosotros”, después de casi un año me reubicaron al módulo 8.

El 27 de octubre de 1997 me trasladaron al CE.FE.RE.SO N°1 de Alta Seguridad en Almoloya, Estado de México, entonces conocido como “Almolóya”, luego como “La Palma” y ahora como “Del Altiplano”, de donde fui excarcelado el día 11 de abril de 2001.

Para sacarme de la cárcel el gobierno del estado de Puebla (porque el gobierno federal dio por compurgadas las sentencias del fuero federal) me impuso condiciones preliberacionales (avaladas por el gobierno federal, y que yo les llamo “extracarcelarias”) que vencen en febrero de 2015 y que violan las garantías y los derechos humanos consagrados en la Constitución, por ejemplo: se me impuso la ciudad de México como ciudad de residencia, no se me permite reincorporarme con mi familia, que vive en Puebla, no se me permite viajar sin permiso por el país (para que se me dé permiso tengo la obligación de informar sobre el día y la hora, la línea de autobuses, el número de autobús y hasta el número de asiento en que voy a viajar además del lugar al que voy), etc., debo aclarar que ahora se me permite hacer muchas de las cosas que se me prohíben en las condiciones, pero ello sin que hayan cancelado dichas condiciones sino como un favor del gobernante en turno y como una muestra de que “respeta los derechos humanos”.

Como dije, las condiciones vencen en febrero de 2015, o sea dentro de 14 meses, pero el gobierno ya está tomando previsiones para no otorgarme la libertad plena e incondicional: me está instruyendo proceso penal (108/2013, Juzgado Segundo de lo Penal, Distrito Judicial de Guridi y Alcocer) en el Estado de Tlaxcala por el delito de despojo de unas tierras que no conozco ni se dónde están ubicadas, propiedad de personas que tampoco conozco, y por medio de una toma de tierras hecha por un grupo de personas que entonces no conocía. A pesar de que las personas que hicieron la toma han declarado pública y procesalmente que nada tengo que ver, a pesar de que las personas que me inculpan no han comparecido a ratificar la denuncia ni a aportar las pruebas correspondientes, a pesar de ello el juez mantiene abierto el proceso. Por cierto, es importante denunciar que el gobierno usó al TRAIDOR HÉCTOR JOSEPH CID como encargado de hacer que los presuntos propietarios me denunciaran penalmente, digo que es traidor porque él fue uno de los activistas de la UPVA pero por no resistir la presión de la persecución de que, junto con otros dos activistas, fue objeto desde 1989, en 1995 se vendió al gobierno entregándole el control de la colonia popular Barranca Honda, fundada en 1987 por la UPVA “28 de Octubre” bajo mi dirección, además delató y personalmente señaló a varios compañeros que luego fueron encarcelados. A cambio el gobierno le regaló el título de médico, le posibilitó hacer negocios de venta de material de construcción, y le ha permitido –y ayudado a- acaparar y traficar con la venta de lotes de terreno para vivienda, algunos terrenos son de los que se apodera de la tierra desecada de la laguna que está en la entrada de Tlaxcala, y otros terrenos son de los que despoja a sus legítimos propietarios con el apoyo de las autoridades judiciales y gubernamentales (algunos ejemplos: a.- le pide al propietario que le venda su terreno, el propietario se niega, Héctor hace que una joven denuncie al propietario por violación o violación en grado de tentativa, el propietario es apresado, Héctor ofrece ayudarlo para que la muchacha le otorgue el perdón, pero a cambio el propietario debe firmar la cesión de los derechos de su tierra; b.- le pide al propietario que le venda su tierra, éste acepta, hacen un trato con pago a plazos, Héctor regresa diciéndole al propietario que puede liquidarle en un solo pago porque le van a dar un crédito o préstamo, pero para ello necesita una escritura, que él no tiene, así que le pide al propietario que le dé su escritura firmada para presentarla y así pagarle de una vez, el propietario cede, pero Héctor ya no regresa y cuando el propietario reclama el pago o la escritura Héctor responde que no debe nada, que tan es así que con su puño y letra el propietario firmó la escritura, y además lo amenaza con meterlo a la cárcel). En pago por hacer que los presuntos propietarios me inculparan, el gobierno le regaló la candidatura por el PANAL a diputado local en Tlaxcala, candidatura que fue respaldada por los líderes charros de la gobiernista sección XXXI del SNTE, la oportuna denuncia de este maridaje impidió que se encumbrara como diputado local. El gobernador de Puebla es panista, el de Tlaxcala es priísta, pero ocurre que en Puebla y Tlaxcala el PANAL es aliado electoral del PAN, pero sobre todo no debe perderse de vista que el PRI y el PAN son los principales partidos con los que la clase dominante ha estado y está imponiendo las medidas con las que está entregando nuestro país al imperialismo estadounidense, y eso, como sabemos, está causando enorme y creciente descontento entre el pueblo y lo está lanzando a la lucha, cosa que al gobierno no le conviene por lo que el gobierno trata a toda costa de impedir que el pueblo se organice y luche, de someter y controlar a las organizaciones de lucha ya existentes, y sobre todo busca destruir a las organizaciones que no pueda someter o que cuya destrucción sirva de ejemplo a las demás sobre lo que les pasará si no se calman. De ahí que el propósito es condenarme culpable, no tanto para encarcelarme por ése delito pues en Tlaxcala no es un delito grave y se puede pagar con fianza o caución, sino para tener el pretexto de que supuestamente violé las condiciones preliberacionales y, por ello, justificar que me regresen a la cárcel a compurgar la sentencia acumulada anterior. Todo con el fin de seguir teniéndome en calidad de rehén hasta que muera o me asesinen.

Al respecto denuncio que además de la amenaza de muerte de que fui objeto por medio del panfleto dejado en la celda del CE.RE.SO de San Miguel en Puebla, también he recibido al menos otras cuatro amenazas de muerte: la primera fue hecha a fines de 1992 por el entonces sub secretario de gobernación Mario Marín Torres diciéndole a mi esposa y compañeras y compañeros de la comisión negociadora “el gobierno está muy preocupado porque con motivo de las fiestas decembrinas podría haber un motín en el penal durante el cual los internos asesinen a Simitrio, o al entrar a controlar el motín la misma policía podría matarlo ‘sin querer’”; la segunda tuvo lugar unos días después de que fui excarcelado en abril de 2001, en la instalaciones de la Secretaría de Gobernación Federal, por el sub secretario de asuntos políticos al decirle a las compañeras y los compañeros de la Comisión Negociadora, que había acudido a demandar la cancelación de las condiciones, que “ustedes saben que en las luchas sociales hay represión y que durante ella hay encarcelados y lesionados y hasta podría haber muertos, así que recomiéndenle a Simitrio que mejor se dedique a estudiar y a trabajar”; la tercera fue hecha en la Secretaría de Gobernación del Gobierno del Estado de Puebla por medio de la sub secretaria B al decir “hay mucha gente descontenta conque Simitrio haya salido de la cárcel y cualquiera de esa gente descontenta podría ‘venadearlo’ y el gobierno no podría garantizar su seguridad, así que es mejor que se quede en el D.F.”; y la cuarta se hizo por medio de una llamada a mi teléfono celular en la que una voz de varón me dijo “te va a llevar la chingada, te va a cargar la verga”. Hasta ahora el gobierno, en el nivel federal ni en el estatal, ha desmentido tales amenazas de muerte ni se ha deslindado de ellas, por lo que verdaderamente existe el peligro de que en cualquier momento y con cualquier pretexto, bajo cualquier disfraz, cumplan las amenazas de muerte. Por respeto a la compañera Mesinos, dirigente de la Organización Campesina Sierra del Sur, en el Estado de Guerrero, no está bien decirlo, pero ahí está su caso: ella fue amenazada de muerte en 1994 y apenas hace unas semanas la compañera fue asesinada.

Es preciso denunciar que todo lo anterior no se debe nada más ni principalmente al hecho de que soy dirigente social sino fundamentalmente a que todo eso es parte importante de un proceso iniciado desde el mismo 2001 por el gobierno para DESTRUIR A LA UPVA “28 DE OCTUBRE” CON LA REPRESIÓN Y LA DIVISIÓN TRAICIÓN pues el gobierno sabe que siendo uno de los más importantes factores de unidad y soporte de la organización, tan pronto como yo sea eliminado (ya sea por medio del reencarcelamiento o del asesinato) casi en automático la organización en su conjunto se desplomará y se fracturará desatándose una despiadada lucha fratricida por ver quién se queda con la mayor cantidad de pedazos o con los pedazos más grandes o con los mejores pedazos, puesto que el gobierno ha estado ocupado, además de en el hostigamiento, la intimidación y el amago con la represión a través del ejército, las policías federal, estatal, ministerial, y municipal, además de eso el gobierno ha estado ocupado en fomentar el individualismo y el grupismo egoísta, avaro, envidioso, ambicioso, convenenciero y oportunista (que son la base de la división y la traición); pues quienes caen en poner por delante sus intereses individualistas y grupistas promueven chismes, rumores, intrigas, infundios y otros ataques perversos contra las masas, los activistas y los dirigentes generando desconfianza, desmoralización, desmovilización y división en las filas de las y los integrantes de la organización, todo con el fin de justificar el hecho de que los más destacados individualistas y grupistas asumen y manejan al área o centro de trabajo en que venden como si fuera “su” territorio particular, “su” negocio particular y hasta como “su” organización particular dentro de la UPVA “28 de Octubre” pero con una política diferente y hasta contraria a ella. Esto tiene su origen en el hecho de que cada vendedor o vendedora es propietario o responsable del lugar, puesto o local en que vende; en que, por lo mismo, solo les importa o les importa principalmente que en su lugar haya las mejores ventas posibles y no les importa, o les importa poco, si en los demás lugares hay o no ventas; para lograr mejores ventas algunos caen en la actitud de invadir pasos y pasillos, bloquear la visibilidad, elevar el volumen de sus aparatos electrónicos (tv, video, etc.), etc., y, peor aún, hay quienes con tal de vender sólo ellos, atacan a los demás vendedores, sobre todo a los que consideran su competencia. Así pues, sobre la base de hostigar, intimidar y amagar con la represión, el gobierno fomenta la división y la traición por medio de alentar al individualismo y el grupismo, de modo que se trata de un ataque convergente: desde afuera con la represión, desde adentro con la división traición, para converger en LA DESTRUCCIÓN DE LA UPVA “28 de OCTUBRE” COMO INSTRUMENTO DE LUCHA DE LOS VENDEDORES Y AL SERVICIO DEL PUEBLO EN LUCHA POR LAS DEMANDAS EN FUNCIÓN DEL PODER. Este tipo de operaciones es parte de la guerra de baja intensidad contra el pueblo, por lo que la destrucción de la UPVA tendría repercusiones latamente negativas para el movimiento social nacional.

Mundo Nuestro. La memoria histórica debería empezar por lo inmediato. Por ejemplo, por lo que ocurrió una noche en las calles que rodean el edificio del Mercado de la Victoria. 1973, 28 de Octubre, el nombre que guarda en 41 años la historia de resistencia de los pobres de la ciudad de Puebla. La historia contenida en estos testimonios revela por principio nuestra ignorancia. Una ciudad que no mira para atrás está condenada a sufrir gobiernos insensibles que cometen las mismas acciones criminales. Estos tres testimonios dan cuenta de una sociedad dividida. Y de una ciudad que, cuatro décadas después, comete los mismos errores.

Polo Noyola, antropólogo, ensayista y comunicador, es director del portal La Cultura en Puebla (http://www.laculturaenpuebla.org/). Las fotos que ilustran este texto fueron tomadas del portal de facebook Puebla Antigua (https://www.facebook.com/groups/puebla.antigua/)



A principios del 2014 la UPVA “28 de Octubre” de la ciudad de Puebla hizo un esfuerzo particular por recuperar y preservar un fragmento representativo de su presencia en el movimiento social urbano de la capital del estado, ayudada por un servidor, de lo que resultó un libro testimonial que esperamos que algún día vea la luz y se incorpore formalmente al acervo memorioso de los poblanos. Por ahora quisiera compartir un fragmento relativo a la noche del 28 de octubre de 1973 cuando el presidente municipal Luis Vázquez Lapuente (1972-1975) extendió su orden criminal de “limpiar” unas calles del centro de la ciudad, con un saldo indeterminado de víctimas.

A principios de los años 70 encontramos a la actividad ambulante convenientemente asentada en el centro de la ciudad, alrededor de La Victoria y en la 11 sur, entre la 12 y la 18 poniente, controlada por centrales priístas, líderes freelance y hasta por el Partido Comunista, cuando el activismo social partía sin ninguna ambigüedad de las preparatorias y algunas facultades de la Universidad Autónoma de Puebla. Una ciudad que cumplía una década cruzada por marchas estudiantiles que enfrentaban el autoritarismo disfrazado de religiosidad y de falsa moral; de un Primero de Mayo de 1973 signado por la violencia, el incendio y la muerte del dirigente Alfonso Calderón y otros jóvenes que se encontraban en el edificio Carolino y sus alrededores; un 28 de octubre donde, como veremos en los testimonios de doña Martha, doña Irma y don Rubén, no se midió la fuerza, el aparato represor cruzó las calles del centro destruyendo todo a su paso, triturando, incendiando, desapareciendo.

La noche del 28 de octubre de 1973

“Era un día de fiesta, se presentaba un día de Todos Santos y salíamos a vender, a trabajar allí en las calles, nos acomodaban como podían de a pedacitos de lugares, de un metro, de dos metros, a trabajar ahí; la gente humilde, la gente pobre, la gente necesitada. Entonces nos teníamos que quedar a cuidar nuestros pedacitos de lugares para ganar un sustento y llevarlo a la casa, pero ¿qué se suscita?, que en la noche nos mandan a los granaderos a golpearnos. Metieron maquinaria pesada, había muchos puestecitos, no había muebles ni cosas de valor, lo único de valor que había éramos los vendedores que estábamos ahí durmiendo. Yo estaba en la 3 norte, entre 14 y 3 norte, en ese momento nos tocaba dar un rondín para estar viendo qué pasaba, entonces llegaron con la maquinaria pesada y ahí, sobre el trozo de la 10 poniente, sobre la 3 norte y la 8 poniente, llegaron y aplastaron todo sin ver que ahí había quien estaba durmiendo; aplastaron todos los puestos, después rociaron gasolina y le dieron fuego a todo, le prendieron fuego. Debajo de estos puestos había niños y personas inocentes que fueron aplastados, atropellados y quemados ahí. Yo digo ¿por qué nos trata así el gobierno?, somos gente de trabajo, no somos gente mala, como siempre se nos ha achacado, somos vendedores que trabajamos para comer, para llevar un sostén a la casa. Eso pasó ese día. Era yo una niña de trece años. Si uno está ahí, uno lo vivió, uno lo pasó ahí. Lo que tú vives se te queda en la mente, o sea, no es tan fácil borrar lo que te pasa. Pero yo sí me acuerdo de la masacre que hubo ahí en la 8 poniente y la 3 norte, pues yo siento que estoy consciente de lo que estoy diciendo.” (Mercado Zaragoza)






No salí hasta que terminó

“Esa noche yo estaba a un ladito, porque vendía casi en la esquina de la 14 y me arrinconaba en un puesto que vendía periódicos. Cuando oímos el griterío y todo eso porque ya venían encima de toda la gente. Serían como la una o dos de la mañana. Yo estaba acompañada de tres de mis niños, de los diez que tuve, ya tenía tres niños; fue horrible, había de todo. Nos trataron no como seres humanos, como si fuéramos animales, así fuimos tratados. Yo corrí para la esquina contraria, donde había un zaguancito, que hasta la fecha está la casa, y ahí nos metimos. Ya no salí hasta que terminó. Duró horas. Como a las 4 de la mañana terminó, porque echaron lumbre, echaron gasolina y prendían. Mis hijos lloraban, oíamos gritos, vidrios quebrados. Le damos gracias a Dios que no perdimos a ningún familiar, pero vimos todo. Nos espantaban las lumbres que se veían. A la mañana siguiente era un desastre, dejaron el tiradero, no les importó, dejaron el tiradero, los difuntos estaban en la 8 poniente. Mucha gente que estaba dormida y que no sintió la llegada. Yo me imagino que unos quince muertos, por lo menos.” (Mercado Zaragoza)

Se llevaban a sus muertos

“Una represión brutal, se van sobre los puestos, sobre los vendedores, en camionetas bastante grandes de los inspectores y la policía, que en esa época les llamaban “las julias”; atrás de ellas vienen los granaderos golpeando a los vendedores con palos y demás; atrás de ellos o a los lados los policías judiciales y de los servicios especiales, que era una corporación ilegal, deteniendo a los que no lograban escapar, y golpeándolos; atrás de estos venía el Departamento de Limpia recogiendo escombros, barriendo. Y hasta atrás los bomberos barriendo con agua a fuerte presión, de manera tal que quedó totalmente limpio. Hubo ahí varios compañeros muertos, no se supo de la cantidad, nos llegaron el día después de ese 28 versiones de que había gente que agarraba a sus hijos muertos y se los llevaban; otros que llegaban a tener una camioneta o un coche, ahí se llevaban a sus muertos, en la idea de huir de la represión, porque la memoria histórica en Puebla, en ese aspecto, era en términos de que desaparecía el muerto y a veces la familia también ¿no? Tiene que ver un poco con los antecedentes de Maximino Ávila Camacho. Eso fue lo que ocurrió.” (Mercado Hidalgo)

Mundo Nuestro. Este texto fue originalmente publicado en Mundo Nuestro el 15 de enero de 2015.

“¡Avanzar, avanzar, al gobierno aplastar!”

La consigna proviene de una mujer muy joven, con un vozarrón que avasalla todos los demás gritos.

Es de Verduras, me dice una señora en sus cincuentas, muy orgullosa de la potencia de los pulmones de la muchacha. Y por un instante la imagino en alguno de los pasillos del Mercado Hidalgo ofertando sus jitomates. Sigo su voz decidida y contemplo en ella la historia de una ciudad que por más que expone en puentes, rascacielos y centros comerciales su modernidad a fuerza de espectaculares en inglés looking for de best amenities para la breve punta de la clase media alta, no puede hacer a un lado la lucha de clases.



La escena se ha repetido decenas de veces en los últimos cuarenta años. Muchas de las mujeres que veo entrar al zócalo el martes 13 a mediodía eran niñas cuando Simitrio encabezaba los plantones frente al palacio municipal en los años setenta. Es la 28 de Octubre, la única organización popular independiente de todo partido político que ha sobrevivido a la decisión del Estado de Puebla representado por siete gobernadores de desaparecer todo ánimo opositor ni organización de masas fuera de las siglas del PRI.

Ahí está el 28, como le decían en sus primeros años, en masculino, alertando de su raíz indígena originaria, una vez más, protestando. En femenino, el griterío: las marchantas, las verduleras, las vendedoras de flores, marchan en filas largas que alargan la columna, con un orden añejo, anterior a los recurrentes cambios de pavimentos y luminarias en la Reforma. ¿Qué ciudad es esta que nada más no las entiende? ¿Qué gobernantes tenemos que nada más logran sacarlas a la calle a mentarles la madre?

“¡Esta marcha va a llegar al Distrito Federal!”

Y allá irán el miércoles en caravana, decenas de camiones paralizarán la caseta de Texmelucan, y estarán en Bucareli en plantón a la misma hora que Moreno Valle nos cuente su historia.

“¡Presos políticos libertad!”.



Y allá denunciarán un sistema de justicia que en Puebla en estos últimos ochenta años no es más que un instrumento al servicio del gobernador en turno.

La historia de siempre con los ruidos propios. Y en el principio y en el final, Simitrio, hoy de 56 --tenía 15 en 1973, cuando los granaderos expulsaron una noche a los ambulantes de ese enredo campesino-mercantil que mantenía inundado de puestos el perímetro del Mercado de La Victoria--, detenido a la mala en diciembre, amenazado en enero con encadenarle cuarenta años más a su sentencia que cumpliría este 15 de enero, justo el día que los gobernadores eligieron hace tiempo para mirarse entera y colectivamente a sí mismos en el espejo de la seguridad que da su poder autoritario y soñarse eternos e iluminados.


Foto de Joel Merino.

Ahí estoy en el zócalo, admirado de la resistencia de estas mujeres que se hacen viejas en sus puestos, hechas a los modos inescrutables de sus líderes. Cuarenta años tengo de verlas. Cuarenta años de contar los modos irreparables de los políticos poblanos. El pueblo --ese abigarrado territorio organizado a pesar de todos los esfuerzos por exterminarlo y que resume tianguis y machete, altoparlantes y asambleas en los galerones de un mercado semiconstruído, semidestruido, pero irremediablente vivo-- contra el poder que toma cuerpo cada sexenio y que se reinventa a sí mismo con nombres propios: Moreno Valle, Bautista O’farril, Toxqui, Jiménez Morales, Piña Olaya, Bartlett, Melquiades, Marín, Moreno Valle.

En 1973, el desalojo y el arranque de un combate que duraría más de diez años hasta que Jiménez Morales construye los mercados Hidalgo, Morelos, Zapata, Independencia, Zaragoza, la patria en andadores verduleros, la única gran inversión pública para el aliento de la economía proletaria. La única y la última.

En 1989, con Mariano Piña Olaya, la represión gubernamental que aprovecha los errores y excesos de la organización que encabeza Simitrio (los taxistas golpeadores, las vecindades tomadas, por ejemplo), y encarcela al dirigente con acusaciones armadas exprofeso (narcotráfico, armamento exclusivo del ejército, etc) y le suman más 150 años de sentencia que se reducen a 12 y al paso por penales de alta seguridad, en los mismos penales que no retuvieron al Chapo Guzmán en el 2001.

En 1995, con Mario Marín Secretario de Gobernación de Manuel Bartlett y el asalto granadero al mercado Hidalgo, balaceras de por medio y pedrizas de una masa encabronada contra la cristalería del Palacio Municipal.

En el 2001 la liberación de Simitrio con Melquiades Morales, con el beneficio de libertad preparatoria --y aquí transcribo lo escrito por el abogado Samuel Porras en e-consulta (http://e-consulta.com/opinion/2015-01-14/simitrio-el-derecho-al-revesi) “respecto a la sanción de VEINTICINCO AÑOS CON SEIS MESES de prisión, que le impuso el Juez Quinto de Defensa Social de los de esta Capital, dentro del proceso número 113/89…, concedido por acuerdo del Titular del Ejecutivo del Estado. Desde esa fecha permaneció, en cuanto a su libertad personal, a disposición del poder ejecutivo que le impuso, entre otras obligaciones, la de: 9.- Observar una conducta intachable en forma permanente. Apercibiéndole que en caso de incumplimiento de alguna de estas obligaciones, será motivo suficiente para la revocación de su libertad y su reinternamiento al Centro de Readaptación Social que se designe por la autoridad competente.”

Un cuchillo en el cuello y la prohibición de poner un pie en la ciudad en los siguientes cinco años. Simitrio regreso en el 2006, llevó una vida dirigente tras bamabalinas. Hasta el año pasado, en noviembre, cuando encabezó por primera vez en treinta años una manifestación a este zócalo. El contexto: Chalchihuapan, Cholula, Canoa, y más complejo aún, Ayotzinapa y la rebelión nacional contra Peña Nieto. Tuvo los días contados, hasta el 19 de diciembre, con la decisión de una jueza (aquí una vez más, Samuel Porras):

“Dieciocho de Diciembre del año 2014 dos mil catorce, la Secretaria da cuenta a la Jueza, con el escrito de la Agente del Ministerio Público de la adscripción; a fin de dictar el acuerdo correspondiente. CONSTE”; y, una resolución: “…a 18 dieciocho de diciembre del año 2014 dos mil catorce…se resuelve: “PRIMERO.- Se REVOCA LA LIBERTAD derivada de la quinta fase del tratamiento preliberacional otorgada por el entonces Secretario de Gobernación, por acuerdo del Gobernador del Estado, con fecha 05 cinco de abril del año 2001 dos mil uno. SEGUNDO.- Se libra orden de DETENCIÓN en contra del sentenciado RUBEN SARABIA SÁNCHEZ y/o SIMITRIO ZEMPOASQUELLO ZITLA, para tal efecto gírese oficio al Procurador de Justicia del Estado, para que ordene a quien corresponda de cumplimiento a la presente orden detención, y lograda que sea, lo internen en el Centro de Reinserción Social de esta Ciudad, debiendo informar a esta autoridad de manera inmediata el cumplimiento de dicha orden, a fin de hacerle saber el motivo de la revocación de libertad preliberatoria

Cuarenta años de ver esta historia. Un líder popular independiente en la cárcel. Y no tengo ninguna certeza. Qué Estado tenemos, qué ciudadanía hemos construido.



Foto de Joel Merino.

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Observo dos escenas en este arranque del 2015, y las dos me dan el rostro de este Estado nuestro contradictorio y complejo, pero también elemental y definido.

Lunes 5 de enero en la 11 Sur los equipos de trabajo arremeten de última hora contra las estructuras por terminar en las estaciones del Metrobús; en Cúmulo de Virgo tres cuadrillas de CFE mueven dos postes rezagados en la esquina de la escuela Jalil Gibran; frente al club de golf otra parvada termina de plantar los nuevos semáforos. Los vecinos vemos el trajín y nos preguntamos si algún día alguien tendrá la amabilidad de explicarnos las nuevas mecánicas para entrar y salir de San José Mayorazgo, dar vuelta en Margaritas, encontrar la ruta para ir al centro sin tener que ir a dar hasta la 105 Poniente, si no es que hasta el Periférico. Nada. El gobierno construye con sus contratistas como si no existiéramos los ciudadanos. Y sin embargo, tengo a la vista una acción de gobierno que nada más lleva de retraso veinte años.

Martes 6 de enero en las afueras del CERESO de San Miguel. Es mediodía, el sol calcina como le place en invierno. Es día de visita, así que ahí están las madres esposas hijas hermanas de los reos que se apuran para entrar con sus cargas de alimentos y sus niños de la mano de sus juguetes recién traídos por los Reyes. Un grupo de periodistas observamos a los cinco diputados federales del PRD plantados en la rampa de entrada al penal a la espera de la autorización por el alcaide para su ingreso como observadores de la condición carcelaria de los presos políticos que el gobierno de Rafael Moreno Valle mantiene desde hace varias semanas: los presidentes auxiliares de Chalchihuapan, La Resurrección y Canoa; los campesinos de Chalchihuapan detenidos en un asalto de madrugada por granaderos y judiciales sin orden de aprensión alguna; Rubén Sarabia, Simitrio, y su hijo Atl Tonatiuh, encarcelados a finales de diciembre también luego de una detención abiertamente ilegal --el primero al salir de una reunión-trampa orquestada por un funcionario municipal y el segundo en la ciudad de México, tras una movilización de protesta por la detención de su padre--. Rita Amador ha entrado unos minutos antes a ver a su marido Simitrio. Los diputados perredistas no tienen respuesta para el interrogante sobre el respaldo que su partido ha dado desde el propio proceso electoral que llevó a Moreno Valle a la gubernatura en el 2010. Parece que eso no les preocupa mayormente, casi como si fueran de otro partido y no de uno que cogobierna con el de los panistas. A la entrada de la cárcel pienso en este gobierno que ha optado sin tapujos por la criminalización de la protesta social y en las contradicciones de esta izquierda mexicana que se posesionó de curules y acuerdos de traspatio con la derecha partidaria.

En esas dos escenas está el Estado, me digo, fiel a sí mismo.

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Intento resumir las maneras de este gobierno poblano que perfila el rostro más público de este Estado nuestro, y lo hago sin dejar de ver el Estado que nos propone Moreno Valle, el de “las grandes obras que modernizan a Puebla”, el “las acciones que lo transforman”, y veo el Metrobús, el puente de la 31, la rehabilitación del desastre creado por el presidente Municipal Luis Paredes en el túnel de la Juárez, o la reconstrucción de la caricatura de periférico ecológico en los cruces de la recta a Cholula y la antigua Federal a México. Es el Estado que han perfilado los últimos seis gobernadores y que se resume en las palabras Angelópolis y pluscalía, la ciudad capitalista fundada en la expropiación originaria de la tierra campesina.

- Es un Estado endeudado, con un gobierno constructor de obra pública con empresas privadas y con recursos provenientes en lo fundamental del mecanismo de endeudamiento conocido como Proyectos de Participación Social (PPS), que para septiembre de 2014 significan ya 15,490 millones de pesos (Investigación de Eudixio Morales y Alejandro Chávez Palma, BUAP. Ver La Jornada de Oriente http://tinyurl.com/m8xmckz), para proyectos como el Museo Internacional Barroco (7,280 mdp, a 23 años, La Peninsular Cia. Constructora, de Carlos Hank Ron), el Centro Integral de Servicios (3,800 mdp, a 24 años, Grupo Técnico Constructor), Parque Paseo del Teleférico (190.2 mdp, sin tiempo especificado, a Ay PP Construcciones CEMS), la Plataforma Audi (2,000 mdp, a 25 años, Construcciones y Desarrollos Inmobiliarios Santa Fe), Procuraduría General de Justicia (158 mdp, a 20 años, a Edificaciones y Desarrollo de Ingeniería), Autopista Cuapiaxtla-Cuacnopalan (1,662 mdp, a 30 años, a Edificaciones y Desarrollo de Ingeniería, Osa-Edificadora y Oceanografía), Estrella de Puebla (400 mdp, a 25 años, a Maurer Germán Wheels).

Este esquema de endeudamiento aprobado por el Congreso local en el 2012 se suma a la deuda acumulada por el estado que alcanza los 5,763 millones de pesos, más la deuda municipal (1,004 mdp), la deuda contingente (2,263 mdp), la deuda municipal a fondo perdido (682 mdp) y las deudas con bancos y proveedores (721 mdp), lo cual arroja una deuda total a ese mes de septiembre de 26,023 millones de pesos. Este endeudamiento contrasta con la disminución porcentual del gasto en inversión pública respecto del PIB estatal, pues cayó del 6.3% en el 2011 al 4.2 en el 2013.

A la vista también, la concentración de la inversión pública federal y estatal en la ciudad de Puebla, con las obras del Metrobús, los llamados viaductos en la 21 Poniente y en la recta a Cholula, las pavimentaciones con concreto hidráulico, la conexión del periférico Oriente con la autopista y el propio Segundo Piso en esa vialidad.

- Es un Estado disminuido, con un gobierno que poco a poco desmantela la actividad como proveedor de servicios públicos, con la privatización del sistema de agua potable, y su entrega amañada a una empresa de Hank Rohn, como el ejemplo emblemático de lo que ocurre en México.

- Es un Estado antidemocrático, con un poder ejecutivo que ha logrado controlar las estructuras republicanas que configuran la democracia: los partidos y el Congreso (ejemplo concreto: la desastrosa reforma a la ley orgánica municipal que desaparece las juntas auxiliares); los órganos ciudadanos electorales, transparencia y derechos humanos (basta analizar el proceso por el que se nombra a los responsables de esos organismos, con el caso muy reciente del CAIP); el nivel de gobierno municipal, su soberanía constitucional; y el poder judicial, que en decisiones como las que ha tomado en conflictos sociales como Cholula y Chalchihuapan , Canoa, Resurrección 28 octubre confirma su sometimiento.

- Es un Estado autoritario, con un gobierno que ha criminalizado la protesta social y ha violado abiertamente la ley con detenciones ilegales (inexistencia de órdenes de aprensión, ocultamiento de los detenidos por varias horas antes de ser presentados en un juzgado, acusaciones sin sustento).

- Es el Estado de la planeación antidemocrática y de la imposición de un modelo de desarrollo oligárquico, con un gobierno que en sus proyectos deja de lado a las instituciones de conocimiento (las universidades y sus centros de investigación) y cede su diseño y operación a empresas particulares. Los casos abundan: los proyectos industriales (AUDI) en San José Chiapa; los proyectos mineros e hidroeléctricos en la Sierra Norte; de transporte (metrobús, puentes, segundos pisos) los proyectos turísticos (rueda de la fortuna, teleférico, plaza de las 7 culturas) y culturales (museo barroco). En ningún caso los proyectos y obras se han hecho de conocimiento público para su análisis, discusión y enriquecimiento colectivo.

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Ese Estado tenemos. Y qué ciudadanía hemos construido. ¿La representan las verduleras de la 28 de Octubre. ¿Cómo ha resistido una organización mil veces dividida por la acción de gobierno?

No es fácil entenderlo. Se lo pregunto a Rita Amador.

--¿Cómo estás, Rita? --le pregunto ahí mismo entre el borlote de los discursos incendiarios y las consignas. La pregunta le desconcierta.

--Estoy… No sé cómo estoy. El acoso sobre mi familia, sobre Simi, sobre mis hijos, todo me mueve el tapete.

--¿Te arrepientes de todo esto que has vivido?

--No me arrepiento, tengo ánimos. Yo no soy protagonista, Simitrio ha defendido su ideología, yo lo apoyo como esposa. Peleamos por la gente, por defender sus espacios de trabajo. No, no me arrepiento.

--Por qué crees que volvieron a detener a Simitrio?

--Cuando pasó en diciembre, yo no entendía por qué. Este 15 de enero se terminaba de purgar en libertad la sentencia. Luego entendí que no sólo es el gobierno de Puebla, es el Estado mexicano, el que mantiene en la pobreza a la gente, el que tiene temor de Simitrio por su calidad de líder. Pero Simi no generó esta inestabilidad que vivimos, a pesar de que siempre nos han querido ligar con grupos extremistas. No es así.

--¿Y la detención de su hijo Atl Tonatiuh? --le pregunto en el contexto de la acusación de narcomenudeo en el Mercado Hidalgo.

--Eso lo planteó desde febrero pasado el secretario de Gobernación --responde Rita--, y que el hijo de Simi estaba involucrado. Simi les dijo, investiguen. No es nuevo, y desde hace mucho que les dijimos que es en el Mercado Unión donde se dan esas cosas, ahí no venden básicos ni perecederos, sólo usados, y es ahí donde asaltan. En el 2006 lo clausuró el gobierno, desde siempre se le conoce como el hoyo negro. Ellos, con los enemigos de la 28, lo crearon, y desde entonces lo tienen los corridos como Vélez junto con Carlos Talavera. Lo que pasa es que los dos hijos de Simi, Atl y Xihuel son los que han estado al frente de la organización, ellos están en las comisiones Administrativa y Negociadora. Por eso en diciembre se metieron a su casa y sacaron la acusación de tráfico de drogas.

Es Rita Amador, la segunda esposa de Simitrio. ¿De qué vives?, le pregunto. Tiene dos puestos en el área de rodamiento, uno lo renta y en el otro vende ropa; dice que hoy mismo le renunció la empleada, pues ya no aguantó la presión sobre la familia de Simitrio; además tienen tres locales en el mercado, son de sus hijos, dos están en renta, y en otro, el negocio de Rita, la venta de disfraces.

--Mira a la gente --me dice Rita--, está tranquila, pero está muy enojada. Hubo mucho debate estos días, muchos quieren tomar las casetas, cerrar las carreteras, pero la organización ha madurado, hay una dirección colectiva, hay mucho debate. Lo importante es que Simitrio apareció vivo unas horas después de su detención. Tenemos que hacer un plan de acción, porque ellos, el gobierno, están a la ofensiva.Yo he pensado mucho en lo que sigue, sé que no será fácil que salga de la cárcel, que a lo mejor tendremos que esperar a que salga este gobernador, aunque su grupo se puede quedar hasta el 2018.

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Jueves 15 por la mañana. Termino de escribir antes del informe de Moreno Valle. Hace más de quince años que no asisto a uno de estos eventos iluminados para obra y gracia del poder poblano.

Y no dejo de pensar en esta compleja relación que nos explica: Estado y ciudadanía.



Foto de Joel Merino.

Mundo Nuestro. El autor, escritor, antropólogo y comunicador, tiene entre otras especialidades la del género testimonial. Es autor de los libros Los barrios de Puebla, a través de historias orales. Ayto. Puebla/Ed. ACD. Puebla, 2002; Memorias magisteriales, SEP, Puebla, 2003; “La Raza de la Hebra”, Historia del Telégrafo Morse en México, BUAP, agosto del 2004; 2ª edición, Syscom, 2005 y Cien años de recuerdos poblanos, BUAP, 2010; además de La Munda, novela de ciencia ficción por entregas en La Jornada de Oriente, 1998. Desde el 2013 encabeza en Puebla el portal La Cultura en Puebla)

La palabra ambulante describe a una persona que se mueve de un sitio a otro y que carece de un lugar fijo para su actividad, que en México relacionamos con el comercio. El ambulante es el que vende algo en la calle, aunque la palabra puede referirse, simplemente, al que anda por la vida.

Ambulantes aquí se refiere a un comerciante no establecido que vende sus productos en las calles de la ciudad; su ambulantismo es relativo, pues aunque es un vendedor ambulante en realidad pasa temporadas e incluso años en una ubicación específica, una esquina, un camellón o un rumbo. Ganar o perder ese sitio es esencial para la conservación de su actividad. Y bueno, en el caso concreto de Puebla, su ambulantaje concluyó en numerosos casos cuando se construyeron, a mediados de los ochenta, una decena de mercados diseminados por todos los rumbos de la ciudad y a donde fueron recluidos un número importante de ambulantes. Pero llegaron más.



Durante meses estuve inmerso en la comprensión de esta actividad tan importante en las economías urbanas de todo el mundo y especialmente de países que, como el nuestro, transitan (flotan, navegan) fatigosamente en modelos económicos parchados e inacabados que se manejan sin equidad ni democracia y muy frecuentemente sin inteligencia. Me acerqué a los ambulantes con algunas ideas preconcebidas que ayudaron poco a su comprensión. Trataba de entender si los comerciantes ambulantes ofrecen a los consumidores opciones de venta minorista conveniente y accesible o simplemente nos hacen víctimas de un engañoso intercambio que nos provee de artículos defectuosos, fraudulentos, de procedencia ilícita o de ínfima calidad. Pronto comprendí que estos supuestos en realidad eran prejuicios de los que debía deshacerme lo más pronto posible para penetrar las primeras capas de una actividad comercial muy compleja y amplia, que concentra todas las virtudes y defectos del sistema capitalista que padecemos, que contempla no solo los riesgos a favor y en contra que he mencionado, sino otra cantidad de posibilidades y de productos que transitan por una gama imaginable de calidades y cualidades, de productos chinos de nula calidad hasta productos frescos, saludables y a precios increíbles como es el caso de muchos de los productos de un mercado como el Hidalgo. Estos comerciantes componen la fuerza humana que mueve el comercio popular de una metrópoli que aglutina 18 municipios. Excepto los jóvenes, todos los adultos fueron aquellos vendedores ambulantes que toreaban en las calles de la ciudad en torno al Mercado La Victoria a principios de los años setenta; en los cruceros y banquetas de la 11 sur, entre la 12 y la 18 poniente.

Buscando ayudar a la preservación histórica de esa memoria me acerqué a la UPVA a recoger algunos testimonios sobre el antes y el después de la organización. Lo que encontré fueron mujeres y hombres con capacidades y sabidurías particulares que conocen sus productos con la precisión de un científico, o la psicología humana que les permite comerciar productos imprevistos en cualquier lista de compras; climatólogos, expertos de mercado que llevan a nuestras manos desde fruta fresca hasta cuentos chinos; de inocuas artesanías hasta peligrosos cohetones… chinos también. Comparto con ustedes hoy, “día de la 28”, algunos fragmentos testimoniales sobre el antes y el después de la fatídica noche del 28 de octubre de 1973.

Los claveles de la 11

Pues yo me inicié allá en la 11, allí empezamos a laborar con el negocio que tenemos, que viene siendo el mismo que ahí, negocio de flores; por decir gladiola, nardo, crisantemos, claveles, pura flor, fina pero de manojo. Estuvimos ahí en la 11 como diez años, soy de San Gregorio Atzompa, del lado de Cholula. Yo no cultivo las flores, yo las compro hace casi cincuenta años y ya las vengo a vender aquí. (Antonia García Méndez, Mercado Hidalgo)



Nos cobraban tres pesos

Comencé a vender por ahí caminando con mi carrito, así anduve un tiempo; pasó el tiempo, entonces me vi con los líderes que me andaban empujando para allá y para acá y todo eso. Mejor me vine a vender en un mercadito de la 13 que se llama Santa Anita, allí me puse a vender en una esquinita, en la banquetita, allí me puse a vender. Pero ya después empiezan a haber los brotes de represión en contra de los vendedores de parte del gobierno. Cobraban, el ayuntamiento nos cobraba tres pesos diarios, pero ahí comienza la represión, empieza el revoloteo en contra de los vendedores con el argumento de que ya tenían pensado hacer mercados. En ese tiempo todavía no existía ni el Bulevar Norte ni el bulevar 5 de Mayo, nada, era la pura terracería de allá. La única vialidad que se veía en ese momento era la Diagonal, que antiguamente era puro paso de ferrocarril, en la 10 poniente con la 21 norte. Ahí pasaba un trenecito que le llamaban La Rana, cargaba piedra de allá de cementos hacia acá, al centro, pura piedra para cal y cemento. (Antonio Heras López, Mercado Hidalgo)

La noche del 28 de octubre de 1973

Era un día de fiesta, se presentaba un día de Todos Santos y salíamos a vender, a trabajar allí en las calles, nos acomodaban como podían de a pedacitos de lugares, de un metro, de dos metros, a trabajar ahí; la gente humilde, la gente pobre, la gente necesitada. La noche del 28 de octubre de 1973 llegaron y aplastaron todo sin ver que ahí había quien estaba durmiendo; aplastaron todos los puestos, después rociaron gasolina y le dieron fuego a todo, le prendieron fuego. Debajo de estos puestos había niños y personas inocentes que fueron aplastados, atropellados y quemados ahí. Yo digo ¿por qué nos trata así el gobierno?, somos gente de trabajo, no somos gente mala, como siempre se nos ha achacado, somos vendedores que trabajamos para comer, para llevar un sostén a la casa. Eso pasó ese día. (Martha Ortega, Mercado Zaragoza)

¿Y ahora qué hacemos?

¿Y ahora qué hacemos? Había permiso, no sé cómo se le fue la mano al gobierno municipal, porque fue el gobierno municipal. Entonces yo estaba ahí con toda la gente y había una persona que la hacía de merolico en la 3 norte y 8 poniente, en la mera esquina, ahí tenía su sonidito. Era al que más reconocían porque tenía facilidad de palabra ¿y ahora qué hacemos?, ya no nos dejan vender. Y él dijo que fuéramos al Carolino a ver al ingeniero Terrazas a ver qué nos decía. Fuimos un grupo como de unos veinte, entramos y nos dice, no, yo no les puedo apoyar porque es tanto como decir que el rector de la universidad está apoyando a los ambulantes, lo que sí es que pueden ir a las aulas, que les dé permiso el maestro de interrumpir la clase para invitar a la comunidad. Pues fuimos, le pedíamos permiso al maestro y nos decía, bueno, pues díganles a los estudiantes. Todavía estaba fresco lo del 68. El compañero, que se apellidaba Zavaleta, les dijo, saben qué, nos pasó esto y eso y esto y queremos, solicitamos de ustedes que nos apoyen para retomar la calle y vender. Y nos dijeron que sí, que para cuándo. Para ya. De ahí nos dijeron, no se preocupen, vamos hablar con los demás compañeros y mañana los apoyamos. Al otro día sí, estaba la policía, rápido nos hicimos de palabras y, junto con los estudiantes, ya hicimos bola y entre todos los sacamos. Bueno, ya nos instalamos, ya nos pagamos, y como que nos crecimos. Y bueno, pues gracias a los estudiantes, no nos dejaron, a partir de ahora los vamos a apoyar. (Miguel Alonso Gómez, Mercado Hidalgo)

Venimos a pedir su ayuda

Yo sé de la 28 dos días después del suceso del 28 de octubre de 1973, cuando llegaron unos compañeros a la preparatoria Emiliano Zapata a invitarnos a participar y a entrar en conocimiento de lo que estaba sucediendo en las calles, en la 3 norte; llega un compañero al salón de clases a señalarnos que dos días antes habían sido reprimidos y que posiblemente había desaparecidos o muertos. Es lo que recuerdo. (Raúl Netzahualcóyotzi, activista estudiantil)

Nos empezamos a juntar

Nosotros éramos comerciantes, nos empezamos a juntar o a unir porque empezaron a decir los compañeros en las calles que hay que organizarnos, que el gobierno no nos quiere en las calles. No teníamos organización, se empezó por una organización ahí, a partir de la masacre que hicieron el 28 de octubre, cuando aplastaron a los niños y les rociaron gasolina. De ahí se formó la organización 28 de Octubre. Entonces, con esa organización fuimos trabajando, creciendo, creciendo, y mucha gente se ha afiliado a la 28 de Octubre porque ha prestado ayuda a toda la gente necesitada, toda la clase humilde; no ha venido una sola gente a decir tengo hambre que no se le ayude, aunque sea con cooperaciones que les damos, se les regala un plato de comida, se les regala una fruta, porque es gente que lo necesita. (Martha Ortega, Mercado Zaragoza)

La Unión Popular de Vendedores y Ambulantes, UPVA “28 de Octubre”, origen o estación de tránsito de todos los ambulantes modernos de la ciudad, cuenta actualmente con unos tres mil miembros activos que se desempeñan en una treintena de lugares en la urbe poblana.

Este es un tributo a su lucha.

Vida y milagros
Una persona que compra o tiene un terreno para construir una casa en una zona con uso de suelo habitacional, la construye o adquiere pensando que tendrá como vecinos a otras familias y un orden predecible a futuro. Por lo menos esa básica certidumbre debiera tener quien invierte su patrimonio en lo que es una de los temas cruciales para un ser humano: el sitio en dónde va a vivir. Colonias que tuvieron como acta fundacional el rubro de "fraccionamiento para vivienda" con sus respectivas áreas de donación para equipamiento como mercado, escuelas y parques, al cabo de los años van cayendo en el desorden provocado por la incorrecta aplicación o la ausencia de un PDU (Programa de Desarrollo Urbano) o por los cambios inesperados de uso de suelo que se hacen a dichos programas. Así, el uso de suelo de un parque puede cambiarse a cancha deportiva y de la noche a la mañana los deportistas rebotan un balón en las paredes de las casas. Otro descubre que la casa que recientemente vendió su vecino ha sido convertida en restaurante bar, en donde han instalado bocinas que harán ruido desde las once de la mañana o hasta altas horas de la noche. También puede suceder que en una colonia se decrete corredor de "uso mixto" a una avenida , por lo que una casa puede quedar junto a otra casa que ha sido convertida en preparatoria , sin los accesos viales ni la infraestructura para recibir a 200 o 300 estudiantes. El caos llega a la calle y sus habitantes se tendrán que aguantar.
En muchísimos casos las colonias se fundan sin permisos en zonas de riesgo o sobre ejidos a los que llegan las manchas urbanas. Todo se vende sin preservar los mínimos espacios para uso público. Quienes llegan a vivir ahí obligados por la necesidad, no sabrán nunca a qué atenerse, aún cuando es obligación de los municipios y el estado el generar un ordenamiento previo a una urbanización, algo que quizás nunca llegará.
Vivimos en ciudades y comunidades en las que no existe certidumbre jurídica sobre lo que tenemos o compramos, en las que de la noche a la mañana los usos de suelo son modificados sin que las autoridades estatales y municipales tengan la capacidad para comunicar y consultar con sus ciudadanos los cambios que los afectarán o el orden que debiera regirlos.
En la ciudad de Mexico cada delegación trae su orden o su desorden, y en la mayoría de las ciudades y municipios del país, incluídas las grandes capitales, domina el caos aún cuando cuenten con PDU, pues estos programas, por la forma en que se hacen, suelen quedar sujetos a una enorme discrecionalidad. También sucede que la ciudadanía prefiere irse por la libre y no pedir permisos, sino perdón, apostando a que cuando la autoridad aparezca ellos ya habrán consumado sus cambios y que estos serán irreversibles. Es muy raro que una autoridad decrete el derribo de algo que violenta un PDU. No conozco ningún caso. Normalmente todo se resuelve con multas pero no con el derribo de algo que contravenga un ordenamiento vigente.
Aunque hay municipios que ya tienen ordenamientos desde hace muchos años y aún cuando nada impediría tener un registro catastral cruzado cibernéticamente con el PDU, esa herramienta no es ni accesible ni facil de entender. Este necesario cruce involucraría de manera efectiva a los ciudadanos en el control de lo que sucede en su colonia , barrio o calle.
Saber qué se puede y qué no se puede en un predio es muy complicado. He sabido de casos tan aberrantes como el que alguien compró tres casas pegadas y las pretendió derribar para hacer un centrito comercial dentro de una privada . Los promoventes ya tenían los permisos otorgados, aún cuando faltaba el estudio de vialidad, clave para autorizar un centro comercial en una calle tan angosta. Los vecinos se ampararon y ganaron. Hubo otro caso en que un empresario rentó cuatro casas, las tiró con el permiso de los dueños formando un solo lote y construyó una gasolinera porque en esa específica calle, en una modificación parcial del PDU se había cambiado el uso de suelo de residencial a "corredor de uso mixto". No hubo manera de evitarlo. Otro caso aún peor fue el de una casa habitación en la junta auxiliar Zaragoza en la ciudad de Puebla , convertida primero en "restaurante familiar con venta de alcohol" , usando para eso el espacio del estacionamiento; en unos meses toda la casa había derivado en un burdel que operaba prácticamente todo el día. Los vecinos fueron tenaces y lograron hacer valer sus derechos para invalidar la licencia para que una casa habitación cambiara tan radicalmente de uso de suelo, pero estos casos de éxito cívico son muy raros.
¿Qué es "uso mixto"? Casi todo lo que a alguien se le ocurra, desde un espacio para instalar una antena de radio telefonía, hasta antro, cantina, colegio, unidad de consultorios, estacionamiento, taller, gasolinera, carpintería, talachería, pequeña industria, kinder o los centritos comerciales con gimnasio y el consecuente ruido continuo que todos estos lugares generan. Casi todo uso mixto va acompañado de ruido, o lo que algunos entienden como "música". En las iglesias, que caen dentro del rubro de "uso mixto", los sacerdotes o pastores han caido en la fes costumbre de hacer ruido y dirigir el culto con micrófonos y bocinas hacia la calle, un claro signo de estos tiempos. Y eso que el estado es laico. Ajá.
Los espacios mixtos y los aumentos de densidad se marcan en el programa, pero dejan margen a una gran discrecionalidad. La discrecionalidad suele derivar en desorden. Nada debería dejarse a la discrecionalidad en un Programa de Desarrollo Urbano. Si bien las ciudades no son estáticas y requieren modificaciones, también es cierto que las ciudades se reinventan en los programas de manera periódica, dejando a sus habitantes en plena incertidumbre e indefensión acerca del lugar en el que viven.
Quienes quieren hacer todo bien y en orden, se tardan meses en conseguir permisos para construir algo correcto, sustentable y permitido, ya que no hay un sistema catastral estatal completo, público y sencillo que nos permita acceder a la información necesaria para saber qué se puede y qué no dentro del municipio en que vivimos. Y todo se complica más porque tampoco se sabe con certeza dónde empieza y dónde termina un municipio. De los 217 municipios del estado de Puebla, 215 tienen problemas limítrofes. A ningún gobernador le ha importado priorizar el tema del ordenamiento del territorio y tampoco ha sido un tema central para los partidos y sus diputados. El presupuesto para eso es practicanente nulo.
Puebla Capital tiene problemas de limites con casi todos los 17 ayuntamientos que lo rodean , excepto con San Andrés, resuelto apenas hace tres años. Por años esa enorme franja fue territorio de corsarios inmobiliarios. Los drenajes y descargas de los municipios están conurbados también , generando un desorden espectacular en la gestión del agua.
Sin rectoría estatal y con los cortísimos periodos de los gobiernos municipales, cercados por la inmediatez del día a día, no es posible planear y actuar a largo plazo. El resultado es el caos y el desorden que hoy impera en el territorio del Estado de Puebla. Por desgracia no somos la excepción. La mayoría de nuestro país está así, desordenado, caótico e impredecible.