Ambulantes: la lucha de los pobres de Puebla Destacado

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Mundo Nuestro. El autor, escritor, antropólogo y comunicador, tiene entre otras especialidades la del género testimonial. Es autor de los libros Los barrios de Puebla, a través de historias orales. Ayto. Puebla/Ed. ACD. Puebla, 2002; Memorias magisteriales, SEP, Puebla, 2003; “La Raza de la Hebra”, Historia del Telégrafo Morse en México, BUAP, agosto del 2004; 2ª edición, Syscom, 2005 y Cien años de recuerdos poblanos, BUAP, 2010; además de La Munda, novela de ciencia ficción por entregas en La Jornada de Oriente, 1998. Desde el 2013 encabeza en Puebla el portal La Cultura en Puebla)

La palabra ambulante describe a una persona que se mueve de un sitio a otro y que carece de un lugar fijo para su actividad, que en México relacionamos con el comercio. El ambulante es el que vende algo en la calle, aunque la palabra puede referirse, simplemente, al que anda por la vida.

Ambulantes aquí se refiere a un comerciante no establecido que vende sus productos en las calles de la ciudad; su ambulantismo es relativo, pues aunque es un vendedor ambulante en realidad pasa temporadas e incluso años en una ubicación específica, una esquina, un camellón o un rumbo. Ganar o perder ese sitio es esencial para la conservación de su actividad. Y bueno, en el caso concreto de Puebla, su ambulantaje concluyó en numerosos casos cuando se construyeron, a mediados de los ochenta, una decena de mercados diseminados por todos los rumbos de la ciudad y a donde fueron recluidos un número importante de ambulantes. Pero llegaron más.



Durante meses estuve inmerso en la comprensión de esta actividad tan importante en las economías urbanas de todo el mundo y especialmente de países que, como el nuestro, transitan (flotan, navegan) fatigosamente en modelos económicos parchados e inacabados que se manejan sin equidad ni democracia y muy frecuentemente sin inteligencia. Me acerqué a los ambulantes con algunas ideas preconcebidas que ayudaron poco a su comprensión. Trataba de entender si los comerciantes ambulantes ofrecen a los consumidores opciones de venta minorista conveniente y accesible o simplemente nos hacen víctimas de un engañoso intercambio que nos provee de artículos defectuosos, fraudulentos, de procedencia ilícita o de ínfima calidad. Pronto comprendí que estos supuestos en realidad eran prejuicios de los que debía deshacerme lo más pronto posible para penetrar las primeras capas de una actividad comercial muy compleja y amplia, que concentra todas las virtudes y defectos del sistema capitalista que padecemos, que contempla no solo los riesgos a favor y en contra que he mencionado, sino otra cantidad de posibilidades y de productos que transitan por una gama imaginable de calidades y cualidades, de productos chinos de nula calidad hasta productos frescos, saludables y a precios increíbles como es el caso de muchos de los productos de un mercado como el Hidalgo. Estos comerciantes componen la fuerza humana que mueve el comercio popular de una metrópoli que aglutina 18 municipios. Excepto los jóvenes, todos los adultos fueron aquellos vendedores ambulantes que toreaban en las calles de la ciudad en torno al Mercado La Victoria a principios de los años setenta; en los cruceros y banquetas de la 11 sur, entre la 12 y la 18 poniente.

Buscando ayudar a la preservación histórica de esa memoria me acerqué a la UPVA a recoger algunos testimonios sobre el antes y el después de la organización. Lo que encontré fueron mujeres y hombres con capacidades y sabidurías particulares que conocen sus productos con la precisión de un científico, o la psicología humana que les permite comerciar productos imprevistos en cualquier lista de compras; climatólogos, expertos de mercado que llevan a nuestras manos desde fruta fresca hasta cuentos chinos; de inocuas artesanías hasta peligrosos cohetones… chinos también. Comparto con ustedes hoy, “día de la 28”, algunos fragmentos testimoniales sobre el antes y el después de la fatídica noche del 28 de octubre de 1973.

Los claveles de la 11

Pues yo me inicié allá en la 11, allí empezamos a laborar con el negocio que tenemos, que viene siendo el mismo que ahí, negocio de flores; por decir gladiola, nardo, crisantemos, claveles, pura flor, fina pero de manojo. Estuvimos ahí en la 11 como diez años, soy de San Gregorio Atzompa, del lado de Cholula. Yo no cultivo las flores, yo las compro hace casi cincuenta años y ya las vengo a vender aquí. (Antonia García Méndez, Mercado Hidalgo)



Nos cobraban tres pesos

Comencé a vender por ahí caminando con mi carrito, así anduve un tiempo; pasó el tiempo, entonces me vi con los líderes que me andaban empujando para allá y para acá y todo eso. Mejor me vine a vender en un mercadito de la 13 que se llama Santa Anita, allí me puse a vender en una esquinita, en la banquetita, allí me puse a vender. Pero ya después empiezan a haber los brotes de represión en contra de los vendedores de parte del gobierno. Cobraban, el ayuntamiento nos cobraba tres pesos diarios, pero ahí comienza la represión, empieza el revoloteo en contra de los vendedores con el argumento de que ya tenían pensado hacer mercados. En ese tiempo todavía no existía ni el Bulevar Norte ni el bulevar 5 de Mayo, nada, era la pura terracería de allá. La única vialidad que se veía en ese momento era la Diagonal, que antiguamente era puro paso de ferrocarril, en la 10 poniente con la 21 norte. Ahí pasaba un trenecito que le llamaban La Rana, cargaba piedra de allá de cementos hacia acá, al centro, pura piedra para cal y cemento. (Antonio Heras López, Mercado Hidalgo)

La noche del 28 de octubre de 1973

Era un día de fiesta, se presentaba un día de Todos Santos y salíamos a vender, a trabajar allí en las calles, nos acomodaban como podían de a pedacitos de lugares, de un metro, de dos metros, a trabajar ahí; la gente humilde, la gente pobre, la gente necesitada. La noche del 28 de octubre de 1973 llegaron y aplastaron todo sin ver que ahí había quien estaba durmiendo; aplastaron todos los puestos, después rociaron gasolina y le dieron fuego a todo, le prendieron fuego. Debajo de estos puestos había niños y personas inocentes que fueron aplastados, atropellados y quemados ahí. Yo digo ¿por qué nos trata así el gobierno?, somos gente de trabajo, no somos gente mala, como siempre se nos ha achacado, somos vendedores que trabajamos para comer, para llevar un sostén a la casa. Eso pasó ese día. (Martha Ortega, Mercado Zaragoza)

¿Y ahora qué hacemos?

¿Y ahora qué hacemos? Había permiso, no sé cómo se le fue la mano al gobierno municipal, porque fue el gobierno municipal. Entonces yo estaba ahí con toda la gente y había una persona que la hacía de merolico en la 3 norte y 8 poniente, en la mera esquina, ahí tenía su sonidito. Era al que más reconocían porque tenía facilidad de palabra ¿y ahora qué hacemos?, ya no nos dejan vender. Y él dijo que fuéramos al Carolino a ver al ingeniero Terrazas a ver qué nos decía. Fuimos un grupo como de unos veinte, entramos y nos dice, no, yo no les puedo apoyar porque es tanto como decir que el rector de la universidad está apoyando a los ambulantes, lo que sí es que pueden ir a las aulas, que les dé permiso el maestro de interrumpir la clase para invitar a la comunidad. Pues fuimos, le pedíamos permiso al maestro y nos decía, bueno, pues díganles a los estudiantes. Todavía estaba fresco lo del 68. El compañero, que se apellidaba Zavaleta, les dijo, saben qué, nos pasó esto y eso y esto y queremos, solicitamos de ustedes que nos apoyen para retomar la calle y vender. Y nos dijeron que sí, que para cuándo. Para ya. De ahí nos dijeron, no se preocupen, vamos hablar con los demás compañeros y mañana los apoyamos. Al otro día sí, estaba la policía, rápido nos hicimos de palabras y, junto con los estudiantes, ya hicimos bola y entre todos los sacamos. Bueno, ya nos instalamos, ya nos pagamos, y como que nos crecimos. Y bueno, pues gracias a los estudiantes, no nos dejaron, a partir de ahora los vamos a apoyar. (Miguel Alonso Gómez, Mercado Hidalgo)

Venimos a pedir su ayuda

Yo sé de la 28 dos días después del suceso del 28 de octubre de 1973, cuando llegaron unos compañeros a la preparatoria Emiliano Zapata a invitarnos a participar y a entrar en conocimiento de lo que estaba sucediendo en las calles, en la 3 norte; llega un compañero al salón de clases a señalarnos que dos días antes habían sido reprimidos y que posiblemente había desaparecidos o muertos. Es lo que recuerdo. (Raúl Netzahualcóyotzi, activista estudiantil)

Nos empezamos a juntar

Nosotros éramos comerciantes, nos empezamos a juntar o a unir porque empezaron a decir los compañeros en las calles que hay que organizarnos, que el gobierno no nos quiere en las calles. No teníamos organización, se empezó por una organización ahí, a partir de la masacre que hicieron el 28 de octubre, cuando aplastaron a los niños y les rociaron gasolina. De ahí se formó la organización 28 de Octubre. Entonces, con esa organización fuimos trabajando, creciendo, creciendo, y mucha gente se ha afiliado a la 28 de Octubre porque ha prestado ayuda a toda la gente necesitada, toda la clase humilde; no ha venido una sola gente a decir tengo hambre que no se le ayude, aunque sea con cooperaciones que les damos, se les regala un plato de comida, se les regala una fruta, porque es gente que lo necesita. (Martha Ortega, Mercado Zaragoza)

La Unión Popular de Vendedores y Ambulantes, UPVA “28 de Octubre”, origen o estación de tránsito de todos los ambulantes modernos de la ciudad, cuenta actualmente con unos tres mil miembros activos que se desempeñan en una treintena de lugares en la urbe poblana.

Este es un tributo a su lucha.

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Sobre el autor

Leopoldo Noyola Rocha

Leopoldo Noyola, escritor, antropólogo y comunicador, con una larga experiencia en la producción de radio y en la historia testimonial. Actualmente es editor en la revista elementos de la BUAP.