Cuba: kaleidoscopio en la Habana/Segunda parte Destacado

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Cuba: kaleidoscopio en la Habana/Segunda Parte



Por Dick Keis/En movimiento

De todos los lugares que he visitado en Cuba, es la Habana la que me roba el corazón. Una ciudad llena de historia, y su música, su cultura, el colorido de su gente. Es tan maravillosamente fotogénica que mi cámara salta de mi bolsa y sin previo aviso comienza a disparar de distancia. He decidido hacer de esta entrada más un ensayo fotográfico porque, como dice el viejo refrán una foto vale más que… Por favor, perdonen el formato, pues es una pesadilla lograr algo desde este sitio.

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Una ráfaga de viento

Una ráfaga de viento


Este mesero trabaja en el bar Neptuno. Cuando caminábamos por la calle Neptuno oí una voz que llamaba: "Tenemos los mejores mojitos de todo la Habana, y los más baratos también." Y sí que lo fueron. El barman hizo el mío y él mismo lo trajo a mi mesa. ¡No dudé en pedir otro…!

Las calles de La Habana están llenas de escenas de colores y sorpresas inesperadas. Los viejos balcones miran a la ciudad abajo, están deteriorados y vivos al mismo tiempo. Los edificios parecen abandonados pero ahí están sus inquilinos. Y si no ves a nadie, ahí están las marcas de su presencia.

Mujer con cigarro y flores.

La gente vive en la calle. La vida en buena parte ocurre al aire libre. El ajedrez se juega en los umbrales, el dominó en mesas improvisadas a media calle y el aire se llena con el tableteo de las fichas en la madera.

Al caminar por las calles de la Habana Vieja la música te invita desde el más pequeño de los bares con música digna de los grandes lugares. Es como si cada barrio tuviera su propio "Buena Vista Social Club", interpretando un concierto privado para los transeúntes.

Alga Marina & Osvaldo

Y gracias a mis nuevos amigos, Alga Marina y Osvaldo, la Habana ha adquirido un toque personal. Nos invitaron a su casa, compartieron su mesa con nosotros, y me permitieron algunas sesiones de fotos con ellos. Se convirtieron en una ventana a la verdadera Cuba: la manera de vivir, sus alegrías, sus frustraciones, sus vidas diarias. Estoy eternamente agradecido a ellos para la apertura de su casa y su vida para mí.

Doña Graciela Pérez Ríos.


Conocí a gente en la calle que también abrió sus vidas para mí. Como Doña Graciela Pérez Ríos, una vieja artista de noventa y un años que trabaja con materiales reciclados; ella nos invitó a su casa y así conocimos su trabajo: muñecos hechos con envases de leche, botellas de plástico, etc. Esa muñeca que sostiene en la foto es un autorretrato a sus 80 años, ¡ella parece más joven!

Alberto Pays

Alberto Pays es un retratista que trabaja en el Parque Central de La Habana con una cámara de caja del año 1913. Cobra dos dólares para un retrato que se revela en el interior de su cámara. Cuando le pregunté por lo que yo podría ofrecerle por nuestra entrevista me pidió un poco de papel fotográfico, pues es muy difícil conseguirlo en la Habana. Se lo traeré cuando vuelva el próximo año

Marta Aguila

Y en nuestro camino al Callejón de Hamet para escuchar Rumba afrocubana nos encontramos con Marta Aguila. Entablamos una conversación y ella nos invitó a su casa para compartir un poco de su vida con nosotros. Ella es algo así como una mediim, y está muy involucrada con la santería. Ella también lee las cartas. Ella es una hermosa mujer que no dudó ni por un momento en abrir su corazón a un par de extranjeros que caminaban por su vecindario.

Raúl Corrales con Fidel

Estoy considerando seriamente volver a la Habana el próximo invierno para fotografiar. Gracias a Alga Marina y Osvaldo, que tienen una conexión maravillosa con Norma Corrales, la hija de Raúl Corrales, uno de fotógrafo personales de Fidel, me ha ofrecido un lugar para alojarme en su casa en Cojimar, un viejo lugar de reunión de Hemingway. Es una muy tentadora oferta.

Escolares en la Preparatoria Rumba


Ojalá también que que la infraestructura de Cuba puede enfrentar con éxito la enorme afluencia de turismo estadounidense por venir sin que se pierda su integridad y su encanto. Me temo que este es un peligro real. ¡Que las cosas buenas que salieron de la revolución permanezcan intactas, y el cambio y el crecimiento que puede venir sean para el mejor interés de Cuba.

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  • Crónica gráfica de una marcha gringa en Oaxaca por las mujeres y contra Trump





    The election of Donald Trump as president of the United States has had serious repercussions around the globe. On Saturday, January 21st, women around the world (and men as well), took to the streets to show their indignation and disdain for the man who will hold the reigns of the United States for the next four years.

    Thousands upon thousands of people saying “NO” to his proposed plans of hatred and fascism.

    La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha tenido serias repercusiones en todo el mundo. El sábado 21 de enero, mujeres de todo el mundo (y también hombres) salieron a las calles para mostrar su indignación y desdén por el hombre al mando de los Estados Unidos durante los próximos cuatro años. Miles y miles de personas que dicen "NO" a sus planes de odio y fascismo.









    I was in Oaxaca on that Saturday morning. There was a march that reflected the solidarity that was being felt worldwide in resistance to Donald Trump. It was a predominantly “gringo” crowd who were searching for a way to express our disbelief and disapproval of what was taking place in the US. It was our attempt to show the Mexicans, who are our neighbors, that we do not share the views of the man who has vowed to deport their family members and build a wall to separate us.

    It was our way of letting our Mexican neighbors know that we are not one with him, that our ties and respect for the Mexican people remains in tact. As one sign in the march stated: “Keep the migrants; deport Trump.” If only that were possible.

    Estuve en Oaxaca el sábado por la mañana. También ahí hubo una marcha que reflejó la solidaridad manifiesta en todo el mundo que resiste a Donald Trump. Una gran mayoría éramos "gringos", y así expresamos nuestra incredulidad y desaprobación con lo que ocurre en los Estados Unidos. Fue nuestra manera de mostrar a nuestros vecinos mexicanos, que no compartimos las opiniones del hombre que ha prometido deportar a sus familiares y construir un muro para separarnos. Así les hicimos saber que no estamos con él, y que nuestros lazos y nuestro respeto están con el pueblo de México. Como lo expresó una consigna en la marcha: “Que los migrantes se queden, deportemos aTrump”. Si eso fuera posible…

    But in the resistance, there is hope. And what happens in the US deeply affects Mexico. May we continue in solidarity and friendship as global neighbors who both have to fight for our rights in our home countries. A march is only a march, unless it continues and grows into something bigger and more powerful. I hope January 21st was just the tip of the iceberg, that much bigger and better things will follow. It has to be.

    Pero en la resistencia hay esperanza. Y lo que sucede en Estados Unidos afecta profundamente a México. Mantengamos nuestra solidaridad y amistad como vecinos globales y luchemos por nuestros derechos en nuestros países de origen. Una marcha es sólo una marcha, a menos que se sostenga y se convierta en algo más grande y poderoso. Espero que el 21 de enero sea sólo la punta del iceberg, que seguirán cosas mucho más grandes y mejores.

    Así tiene que ser.

  • El tiempo y su pueblo brillan en las manos del relojero juchiteco

    He pasado frente a La Esmeralda Relojería numerosas veces en los últimos dos años en mi camino a la Casa de la Cultura en Juchitán. Siempre me llama la atención, me recuerda los escaparates en La Habana o el Puerto de Veracruz. Con la cortina metálica levantada se pueden ver los mostradores de cristal llenos de joyas y relojes, y siempre hay alguien sentado en la entrada, a menudo un anciano de pelo gris platicando con algún amigo. Muchas veces he querido pedirles permiso de tomar una fotografía, pero la pena y el temor al rechazo me lo han impedido. Pero esta vez estoy decidido, “¿por qué no?, en todo caso no pasará de que me digan que no.”

    ¡Pero no lo han dicho!





    Saludo al viejo de pelo gris sentado en la entrada y me acerco al hombre que trabaja en un reloj en el mostrador. Se llama José. Le platico de mi proyecto de libro sobre "oficios" y le muestro el folleto 5 x 7 que siempre llevo conmigo con fotos que he tomado de otras personas haciendo su trabajo. Pronto él reconoce a algunos de los Juchitecos en el folleto y me dice que le parece bien que lo fotografíe trabajando, pero me pide que le tome también algunas fotos a su padre, Vicente, el hombre de pelo gris en la entrada. Estoy de acuerdo y le digo que volveré para para la entrevista y las fotografías un poco más tarde.

    Así ha empezado este relato de Vicente el relojero.





    En la tarde José me muestra el salón detrás del taller y me dice que llamará a su padre. Caigo así en la cuenta de que esta entrevista no será con él, sino con su padre Vicente, el creador de La Esmeralda.





    Don Vicente tiene ochenta y nueve años y se ha retirado recientemente de su profesión como joyero y relojero… ya los ojos le fallan y sus manos tiemblan. Pero aunque sus ojos y sus manos no lo sean, su mente es segura y aguda, así que no tiene problema para mirar hacia las ocho décadas y media de su vida.

    Como muchas de las personas que he entrevistado para el proyecto de los oficios, en cuanto Vicente terminó la escuela primaria se inició en el oficio de joyero. Trabajó con su cuñado en una tienda que fabricaba joyas de oro y vendía relojes suizos de precisión. Después de un tiempo, Vicente decidió que quería aprender a montar y reparar los relojes que vendían. Así que dejó a su esposa y a sus dos hijos en Juchitán y se fue a la ciudad de México. Allá encontró un relojero que lo aceptó como aprendiz para enseñarle el arte de montar y reparar relojes suizos. Al cabo de un año, cuando terminó su aprendizaje, regresó a su familia en Juchitán y continuó trabajando con su cuñado en La Esmeralda.

    Y con su testimonio entiendo al fin la importancia de la joyería entre los juchitecos.

    He podido asistir al rito de las Velas en San Blas, un pueblo indígena cercano a Juchitán, con un fotógrafo mexicano amigo que me invitó a acompañarlo en 1998. Me quedé muy impresionado por las mujeres Juchitecas que estaban adornadas con increíble orfebrería de oro. ¡Incluso algunos de sus dientes tenían incrustaciones de oro! Descubrí que no eran de plata chapeada las que portaban, sino de oro puro. Me dijeron que era una forma de mostrar su estatus social en el Istmo.

    Vicente ha sido por mucho tiempo uno de los joyeros que hacen esos aretes, brazaletes y collares de oro puro. Me explica que cuando era más joven, el oro era mucho más barato. Lo que costaba entonces diez pesos ahora cuesta cuatrocientos. Solía ​​hacer cadenas y pulseras de monedas de oro puro que pesaban 100 gramos (3.5 oz). Pero además de expresar un estatus social, la joyería era una muy importante manera de contar con capital para financiar las siembras y cosechas en la temporada de lluvias. Juchitán y los pueblos circundantes tienen una economía basada en el oro. El oro es empeñado para cubrir los costos de la cosecha, y cuando se termina, la mujer compra de nuevo sus joyas de oro. El mismo proceso continúa hasta el día de hoy.

    Lamentablemente, los tiempos han cambiado. El crimen organizado se ha trasladado al área de Juchitán y ya no es seguro usar la joyería de oro en público. En su lugar, se almacena en cajas de seguridad y se saca sólo cuando se cambia por dinero en efectivo para la cosecha.

    Unos días antes de mi partida de Juchitán, Vicente envía a su nieto, Diego, a buscarme en la Casa de la Cultura. Como agradecimiento por sus fotos me regala una pila de totopos frescos (tostadas de maíz tradicionales de Juchitán) y un trozo de queso seco (tipo parmesano) para el viaje de regreso a casa. ¡Es un hombre con corazón de oro!

    Vicente ha perdido a tres de sus hermanas durante el último año. Todas tenían más de ochenta años. A medida que se acerca a los noventa años, todavía está muy alerta y lleno de vida. Pero sabe que el reloj está corriendo. Por suerte, es un maestro relojero y sabe muy bien cómo lidiar con el tiempo. Podría estar con nosotros por muchos años todavía. Eso espero.

  • Con los maestros de Oaxaca: poemas de resistencia y actos de amor

    Mundo Nuestro. No es fácil hablar de los sucesos de Oaxaca con el conocimiento de primera mano. Dick Keis, profesor norteamericano, escritor y viajero, pasa seis meses todos los años en esa región. La conoce y la fotografía. La vive desde los ojos de sus amigos artesanos y maestros. De él hemos publicado su crónica

    Oaxaca: una ráfaga de viento/Dick Keis, febrero 2013

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    Y antes, sobre Oaxaca, entre otros textos:

    Los muertos de Cholula, los rostros de Oaxaca

    Un dibujo de Marie con motive del aniversario de la Revolución Mexicana





    Los tristes acontecimientos ocurridos en Oaxaca y otras partes del mundo me han llevado a pensar en la resistencia y la voluntad que tiene la gente para enfrentar la cárcel o la muerte en defensa de sus creencias y valores. Vivo seis meses al año en Oaxaca, así que mi experiencia es de primera mano. He trabajado con algunos de estos maestros que recientemente fueron atacados en Oaxaca, y sus historias personales me ayudan a poner la situación en perspectiva para mí.





    Centro de capacitación de maestros en Nochixtlán.

    En marzo del 2015 fui invitado a impartir un taller de edición de libros a un grupo de profesores en el Centro de Maestros de Nochixtlán, a una hora y media de Oaxaca, el poblado donde se produjo el reciente ataque y la muerte de nueve personas. ¡El grupo de treinta profesores devoró todo lo que yo tenía que ofrecerles y pidió más! Son personas extraordinariamente dedicadas que trabajan muchas más horas de las que se les paga, y muchos de ellos lo hacen en situaciones extremadamente difíciles en comunidades muy aisladas. Pero ellos están decididos a proporcionar a los niños la mejor educación posible. Es más que un trabajo, para ellos es una misión.

    El cartel en la pared de la foto se lee: "La educación es un acto de amor, un acto de valor, es una práctica en la libertad dirigida hacia la realidad que no conoce el miedo, sino que busca transformar a través de la solidaridad y espíritu fraterno. (Paulo Freire)

    Río de palabras.

    Uno de esos días en Nochixtlán, temprano, fui con uno de los maestros a impartir un taller en su pequeña escuela rural en un pueblo cercano. Era una muy cuidada y tranquila escuela con una pequeña biblioteca por la que los profesores estaban muy orgullosos. En la inscripción en la pared exterior se lee: "La educación no cambia el mundo, cambia a las personas, y ellas son las que cambian el mundo". Los niños también devoraron el proyecto de elaboración de libros, tal como lo hicieron sus maestros. Fueron atentos aprendices con maestros muy dedicados. Fue un honor haber sido invitado a trabajar con ellos.

    Aprender a hacer un libro.

    Unas semanas más tarde fui invitado a Juchitán de Zaragoza por mi amiga Ana Matías, editora de la Revista Sinfin, para participar en la presentación del libro Los 43: Poetas por Ayotzinapa. Juchitán es una ciudad indígena con una larga historia de lucha política. Hay mucha preocupación por la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes en el estado de Guerrero. La lectura se llevó a cabo en la Biblioteca Víctor Yodo, una pequeña biblioteca de barrio creada en honor a Víctor Yodo, un activista zapoteca que fue "desaparecido" hace más de treinta y cinco años por su actividad como organizador social.

    La lectura de los poemas a los 43.

    Irma, la hija de Víctor, una reconocida poeta zapoteca, leyó un poema sobre la fuerza y ​​el valor de su madre desde que su marido fue secuestrado por el ejército. En su poema Cándida, Irma pregunta: "¿Con qué palabras explicamos a un niño lo que es una persona desaparecida? ¿Cómo se mide la ausencia, los días de oscuridad, las cartas sin contestar a los funcionarios del gobierno?" Desafortunadamente, muchas personas en México han planteado esas mismas preguntas sin respuesta. La represión es fuerte, especialmente si eres indígena. Se necesita mucho coraje y convicción para defender lo que se cree que es correcto y justo. La madre de Irma, sentada sola, escuchó reflexivamente las palabras de su hija, recordando muy bien lo que le había sucedido a su marido. Ella es muy activa en el sindicato de maestros y es una firme defensora del rechazo a la reforma educativa que impulsa el gobierno. Ella no tiene miedo. Varios otros poetas también leyeron sus poemas. Fue un momento muy emotivo, un testimonio de la resistencia mostrada por muchos mexicanos contra un gobierno que intenta, sin éxito, reprimirlos. Mil doscientos ejemplares del libro Los 43 han sido impresos y distribuidos gratuitamente en una serie lecturas a lo largo de México para rendir homenaje a los estudiantes desaparecidos.

    Un squetch de Marie Le Glatin, la artista plástica francesa compañera de Dick Keiss, fallecida el año 2011.

    Me pregunto cómo habría reaccionado mi esposa Marie ante los recientes acontecimientos. Ella era muy sensible y consciente de las injusticias que ocurrían a su alrededor. Varios de sus dibujos en sus cuadernos trataron las injusticias que percibía en su estancia mexicana. Eran sus poemas de resistencia, sus actos de amor.

    Creo que la resistencia perdurará y me temo que la represión va a continuar. Rezo para que no haya más violencia y derramamiento de sangre, pero eso no es lo evidente. Mientras escribo este texto, el gobierno está amenazando con atacar a los profesores nuevamente. La crisis en Oaxaca está dividiendo a las comunidades: muchas personas apoyan a los maestros, pero otras se oponen fuertemente a las tácticas que utilizan en su resistencia. Se han perdido vidas, las empresas se ven obligadas a cerrar, y los amigos se enfrentan entre sí sobre cómo resolver la situación.

    No pretendo que todos los maestros sean tan dedicados y capaces como aquellos que conocí en Nochixtlán. Hay algunos que no debería estar en las aulas. La corrupción es un fenómeno generalizado en México y el sindicato de maestros no ha escapado de sus garras. Pero sí creo firmemente que la gran mayoría de los maestros son seres humanos que se esfuerzan todo lo posible para ayudar a los niños en su educación. Están mal pagados, carecen de materiales esenciales para cumplir con sus actividades y tienen que superar enormes dificultades para realizar su trabajo. Esta crisis es mucho más que una mera reforma educativa, pero no estoy capacitado para exponer eso. Sólo puedo decir que he conocido y trabajado con maestros de los que yo estaría orgulloso de llamar colegas. Tienen algunas muy legítimas demandas que deben enfrentarse. Espero sinceramente que el diálogo entre los maestros y el gobierno puede resolver los problemas pronto.

    Pero estoy seguro de que las balas y el incendio no lo harán.

  • Cuba: kaleidoscopio en la Habana/Primera Parte

    kaleidoscopio en la Habana

    Mundo Nuestro. Dick Keis escribe desde hace un tiempo sus crónicas de viaje En movimiento. Así lo presentamos la primera vez en Mundo Nuestro:

    La vida de una pareja no termina con la muerte de la mujer amada, con la ausencia del hombre que se ha ido. El dolor lo enfrentamos con la memoria. Así, poco a poco, construimos un territorio nuevo en el que la figura ausente resplandece.

    Dick Keis, académico estadounidense, ha iniciado esta crónica de viaje (Moving on, diario de mi tiempo y mis viajes en Francia y México http://dick-keis.blogspot.mx/) en homenaje a Marie su esposa, quien muriera a principios del 2011.





    Ese primer relato (Oaxaca, un ráfaga de viento) lo publicamos en febrero de 2013. Y de él hemos publicado varios textos más. Continuamos En movimiento, ahora desde La Habana.

    Cienfuegos: Revolution forever.





    Justo antes de partir para Cuba recibí un correo de mi amiga Alma Flor, que es cubana. Ella escribió: "Tu viaje estará lleno de sorpresas de toda clase. Estoy segura de que serás capaz de ver las muchas formas y colores de este caleidoscopio, y, ah, sus contradicciones.". ¡Cuánta razón tenía! ¡Un caleidoscopio de verdad! Confieso de antemano que todo lo que aquí escriba sobre Cuba siempre será una perspectiva muy limitad. Los colores, las formas, las contradicciones no alcanzan a valorarse ni en tres semanas ni con tres años de estancia. Así que tengan eso en mente cuando lean estas líneas.





    Mis días en Cuba los pasé con Lena y Lenita, dos amigas a las que conozco desde hace cerca de cuarenta años. Recorrimos La Habana, Cienfuegos, Trinidad y Viñales, y en ese viaje disfrutamos de los mojitos, las langostas, el cerdo asado y de la mutua compañía. ¡Qué pena que Marie no haya estado físicamente con nosotros, cómo hubiera gozado de la langosta y de la compañía¡ Pero estuvo con nosotros en todo lo que hicimos.

    En la Habana fuimos al Museo de la Revolución, y me sorprendió saber que tres presidentes de Estados Unidos sonhonrados oficialmente: Ronald Reagan, George Bush padre, y el bueno de "W". Junto a la imagen de cada dignatario hay una placa conmemorativa de su contribución única a la Revolución. Salí de ahí orgulloso de ser un "americano". ¡Espero sinceramente que Donald Trump no tenga la oportunidad de ser añadido a la pared!

    Como era el cumpleaños de Lena, ella quiso que Lenita y yo la acompañáramos en un largo tour de ¡una hora de duración en taxi por La Habana! Durante el recorrido, nuestro conductor, Hansel, nos explicó por qué hay tantos viejos coches americanos increíblemente conservados por los cubanos. Después de la revolución en 1959, por decreto se estableció que no habría en adelante ningún coche nuevo más disponible para su compra en la isla. Esa ley no se levantó hasta 2011. Por lo tanto, vejestorios de cincuenta y cinco años de edad parecían haber salido ayer de la línea de montaje gracias al ingenio cubano.

    Street Parade – Cienfuegos

    Además de La Habana, fue Cienfuegos la ciudad que más me gustó de la isla. Mucho menos turística que Trinidad y Viñales. Me sentí más “invisible” en ella, conocí a los cubanos en su vida diaria, normal, fuera de la “turismanía” de las otras ciudades. Es una ciudad plena de historia y cultura, con una gran influencia francesa. Es un lugar al que seguramente regresaría.

    Marisol and her son

    A pesar de la belleza colonial de Trinidad, no logré conectar con ella, había demasiado turismo. Y puesto que la gente necesita dinero para seguir adelante en la vida, todo el mundo trata de sacar raja del dólar o el euro. Me gustó mucho más caminar por la periferia de la ciudad, en los barrios más alejados. Fue por ahí que Lena y yo nos encontramos con Marisol y sus hijos. Ella estaba limpiando el arroz en el portal de su casa cuando pasamos. "¿Tienen algo de jabón?", nos preguntó. Yo le dije que sí, que podría traerlo de nuestra habitación al día siguiente, y así lo hice. Marisol es una madre soltera de 38 años con dos hijos. Su hijo de trece años tiene leucemia. Sus ojos se llenaron de de lágrimas cuando nos narró los episodios de dolor intenso que el niño ha sufrido. Ella nos dijo que los médicos ven su condición como terminal. La casa de Marisol es de una habitación, pero es de su propiedad. Ella trabaja en el aseo de las casas que rentan los turistas, y gana cuarenta dólares mensuales. Pero en todo el tiempo de la enfermedad de su hijo no ha tenido que gastar un peso en doctores o medicinas. Así que está increíblemente agradecida por ello. ¿Podemos los americanos aprender algo aquí respecto del cuidado de nuestra gente? ¿Acerca del acceso a los cuidados de salud sin que importe tu situación socioeconómica? ¿O eso es “socialismo”? ¡Hmmmm!

    Con los anteojos de Lena.

    Nuestra estancia en Viñales fue tranquila, sin incidente alguno. Yo estaba listo para volver al Vedado, la zona de la Habana donde estábamos alojados. Yo estaba listo para escapar de la marca fluorescente de "turista". Tenía ya buenos contactos en la Habana para la fotografía y estaba preparado para comenzar. Así que me relajé, tomé un par de mojitos y di las gracias al universo por permitirme estar allí.

  • Para mirar mejor a México

    Mundo Nuestro. No es fácil mirar a México. Cuántos países se contienen en él. Y tan aislados. Ciudades y pueblos, todo conectado por el pavimento. El mundo urbano vive en su encierro. El mundo campesino sobrevive cercado por las montañas y los desiertos. Y mientras, vamos y venimos por carreteras que son fronteras que no cruzamos. El paisaje se paraliza en una postal. Así, difícilmente vemos a México.

    A menos que vayas en bicicleta. Desde la ciudad de Puebla, y por caminos rurales, hasta el albergue El Refugio a 4,260 metros de altura. Y que tu primer destino sea llegar a la cumbre del Pico de Orizaba, cerca de los 5,700 metros. Y que bajes después, en un solo tranco de cinco horas, 3.8 kilómetros de bicicleta desenfrenada. Y que duermas en un maizal. Y que en tres días recorras 100 kilómetros de brechas por barrancos insondables hasta llegar al río Antigua. Y que ahí regales las bicis a los lugareños y trepes a un bote inflable río abajo hasta llegar cuatro días después al mar veracruzano.





    Cuatro norteamericanos capacitados para el deporte extremo. Gringos, les decimos. Ellos lo hicieron. En bicicleta, en escalada, en kayacs. 360 kilómetros en dos semanas. Solos. Sin guía. Sin el menor asomo de miedo por el México profundo.

    Con la fuerza de sus piernas en los pedales, con sus manos como garras en los ramos.

    Cuerpos extremos para conocer mejor a México.

    Para mirar mejor a México





    El alucinante viaje a la playa de cuatro deportistas extremos

    Por Luc Mehl y Steve Fassbinder





    Desde la frontera extrema

    En enero de 1989, cuando tenía 11 años, la temperatura llegó a -60 º C. Me encanta Alaska, sus montañas agrestes y sin límites, ¡pero enero es un buen momento para las vacaciones!

    La idea de viajar a México se me ocurrió después de completar la travesía de las dos montañas más altas de América del Norte: Denali, en Alaska, y el Monte Logan, en Canadá. La tercera montaña más alta, el Pico de Orizaba, era el paso lógico.

    El estilo de estas travesías es el de viajar por nuestros propios medios, ´la tracción humana’: llevar nuestras provisiones y movernos tan rápidamente como sea posible. La travesía del Denali (320 km) requiere 25 días; y 30 días la de Monte Logan (600 km). Al Pico de Orizaba se puede acceder por carretera, pero queríamos “alcanzarlo” con nuestro propio esfuerzo. Planeamos ir en bicicleta 130 kilómetros hasta su falda; después de treparlo, bajar otros cien kilómetros en bici hasta el río Antigua; y de ahí, otros 130 kilómetros hasta el mar en Veracruz.

    Yo soy Luc Mehl, tengo 34 años y soy profesor de Ciencias Ambientales en la Alaska Pacific University-

    Tres amigos se sumaron al viaje: Steve Doom Fassbinder, de 38 años, trabaja en Alpacka Raft, la empresa que elabora los kayacs; Jim Harris, fotógrafo profesional de deporte extremo, de Salt Lake City, y Todd Tumolo, de 27 años, de Anchorage, guía de montaña en la la Alaska Mountaineering School.

    “Cuando recibí la invitación de Luc Mehl para unir fuerzas en un viaje al centro de México en una travesía al Pico de Orizaba (5,636 metros sobre el nivel del mar) y al mar de Veracruz en bicicletas baratas, a pie y en kayacs inflables, mi respuesta rotunda fue: ¡Sí! La propuesta básica era: comprar bicis de bajo costo --no más de cien dólares-- en Puebla. Cargar veinte kilos con el equipo indispensable, crampones, piolets, kayacs. Y la regalía de las aguas bravas. Iríamos en bici varios días hasta el albergue a 4,260 metro sobre el nivel del mar. De ahí escalaríamos hasta la cima del glaciar del Pico, el tercero más alto en América del Norte. Después, durante algunos días, de nuevo en bici, bajaríamos por las cañadas hasta alcanzar en el río Antigua, el cañón Barranca Grande; ahí dejaríamos las bicis, inflaríamos los botes y a lo largo de cuatro días de remo saldríamos al Golfo de México.” (Steve Fassbinder)

    Todos sabíamos que salir en bicicleta a través de la ciudad de México sería la parte más peligrosa de nuestro viaje, así que mejor cogimos el autobús directo a Puebla. No es un ciudad pequeña (la población del área metropolitana es de tres millones), pero como teníamos un contacto en Cholula yo estaba seguro de que podríamos encontrar bicicletas y la rutas para atravesarla. Nuestra amiga, la profesora Gabriela Ruiz Guevara, fue una ayuda increíble. Ella nos recogió en la estación de autobuses y nos llevó a las tiendas de bicicletas. No esperábamos una hospitalidad así, pero pronto entendimos que la generosidad nos esperaba en México.

    El altiplano en bici, a la vista el Pico

    En Cholula compramos las bicicletas más baratas que encontramos, a 1200 pesos, y pasamos la tarde ajustando nuestros equipo y aparejos. Cada uno de nosotros cargaría 20 kilogramos de equipo. Nuestros botes inflables (de tres kilos) fueron atados al manillar de la bicicleta; piolets, crampones, ropa de abrigo se montaron en su cuadro. Para salvar peso dejé el sleeping bag y la almohada, lo que claramente demostró ser un error.

    Salimos de Cholula temprano en la mañana para evitar el tráfico. Ir en bicicleta por la ciudad fue una locura. Lo único que me acuerdo es que un pedal de la bici de Jim golpeó una camioneta cuando se cambió de carril en una avenida. Yo estaba ansioso por llegar al campo.

    Con largos días sobre las bicis hicimos grandes progresos. Algunas secciones de la carretera tenían los acotamientos muy estrechos, pero tomamos las docenas de perros muertos como prueba de que sería más seguro pedalear por ellos.

    “Cuando viajo en bici siempre me gusta acampar en la cima de un paso, si es posible. Así, normalmente, lo bueno supera a lo malo. Al amanecer ves el sol, al atardecer lo ves irse. Puedes mirar cuesta abajo y mirar lejos, y puedes empezar el día con el pie derecho… En contra de esta perspectiva, los fuertes vientos y las mañanas frías. Pero descubrí un punto negativo inesperado en México, por lo menos en esta ruta: ¡el tráfico nocturno en la carretera, con los camioneros que frenan con el motor y usan el claxon sin el menor escrúpulo! Tengo el sueño pesado, pero las noches fueron largas.” (Steve Fassbinder)

    La escalada

    En Tlachichuca, a unos 100 kilómetros de la ciudad de Puebla, muy cerca ya de El Pico de Orizaba, compramos suministros para acampar. Y cuando se terminó el pavimento, empujamos las bicicletas. El tiempo era perfecto y fue muy gratificante empezar a subir la falda de la montaña, elevarse por encima de los campos y ver las aldeas que habíamos dejado atrás.

    “Empujamos nuestras bicicletas en la luz mortecina, sacando el máximo provecho de tiempo en nuestro lento avance. Listos para simplemente dejarnos caer en cualquier lugar del bosque y ahí fue cuando conocimos a estas jóvenes doctoras. Tuvimos una pequeña fiesta. Al parecer, les cayeron bien unos montañistas realmente sucios, cansados, y barbudos llegados desde Alaska. Vaya usted a saber… afortunadamente, sólo quedaba una cerveza, que los cuatro compartimos.” Este enlace dice todo http ://vimeo.com/58764997 (Steve Fassbinder)

    Piedra Grande, el refugio alpino a los 4260 metros sobre el nivel del mar, estaba vacío cuando llegamos; ahí pasamos un día para aclimatarnos, ordenar equipos, arreglar las bicicletas y explorar los alrededores. Al día siguiente partimos del albergue a las 4 de la mañana, alcanzamos el glaciar antes del amanecer y descubrimos al sol esperándonos en la cumbre. Como no llevábamos botas de escalada, atamos los crampones a los tenis y utilizamos cubre botas hechos con chamarras de niño usadas.

    La vista desde la cumbre fue impresionante, sobre todo por el contraste entre el árido campo al oeste y los cañones de exuberante selva al este.

    Amigos en la cima

    Esfuerzo coronado

    “Cuando íbamos a descender aparecieron ellos, unos niños en un grupo nada tradicional de escaladores. Y sus cámaras, que nos hicieron sentir mejor con nuestras cámaras gringas. Y su vestimenta, nada convencional para la montaña. Treparon a la cumbre por la menos utilizada ruta del suroeste. Era un grupo de veteranos y jóvenes, flacos y gordos, ¡todos extasiados por haber alcanzado la cima juntos! Qué colección de montañeros sin pretensiones con la que compartimos la cumbre. Tanto como quería continuar en mi viaje hacia el mar, me hubiera gustado seguir hasta el corazón de la patria mexicana a este grupo, y averiguar cómo había llegado hasta el Pico que ha dado sombra desde siempre a sus vidas.” (Steve Fassbinder)

    En caída libre al río

    Después de relajarnos en la cumbre regresamos al albergue, empacamos nuestras bicicletas, y comenzamos el descenso más increíble de nuestras vidas. No estábamos seguros de lo que nos esperaba. Yo había elegido una ruta basado en mediocres imágenes satelitales, y no sabíamos qué tan empinadas estarían las carreteras y si las bicicletas aguantarían.

    Las brechas eran sensacionales. Volamos hacia abajo, levantando "colas de gallo" de polvo. Los primeros pueblitos que pasamos eran increíbles, a diferencia de lo que habíamos visto en el lado oeste. Los niños, con rostros tan sucios como los nuestros, corrían a nosotros como el agua de los campos y las casas.

    Nos detuvimos con frecuencia para apretar tornillos y renovar los frenos, pero aun así, bajamos 3,800 metros en un día. Todd, nuestro ciclista menos experimentado, manejó con abandono imprudente, pues claramente no entendió qué tan cerca estaban las bicicletas de una falla catastrófica, y que una caída a esas velocidades significaría equipo roto, o peor aún, huesos.

    “El día era joven, así que empacamos nuestros equipos y agarramos camino. Yo esperaba que este descenso en bicicleta estuviera en el escalón más alto de los descensos históricos, pero mis estimaciones se quedaron cortas. A las 2 de la tarde abandonamos el albergue y empezamos a bajar 2,400 metros de brechas mexicanas en las siguientes cinco horas. Al final del día, ya en la penumbra, acampamos en un maizal a la orilla de un abismo en la más grande bajada que alguna vez pudiera imaginar. Alrededor de cuatro mil metros de descenso en un solo día. Lo más chistoso fue que al día siguiente despertamos para bajar otros ochocientos metros en caída vertical. Todo esto tuvo un precio, como todas las buenas montañas lo cobran: ¿cuántas pastillas de frenos? Ayudó la creatividad mecánica, pero al final todos estábamos desconcertados por el hecho de que las bicicletas siguieran rodando.” (Steve Fassbinder)

    Los días siguientes no fueron tan fáciles: cruzamos tres cañones tremendos, con bajadas emocionantes seguidas de subidas brutales. La amplitud de estas gargantas era nueva y exótica para mí. Las paredes estaban cubiertas de plantas con hojas verdes que nunca había visto o imaginado.

    Descanso

    “El viaje desde el Refugio hasta la Barranca Grande, en el río Antigua, nos llevó tres días. Hablo por todos al decir que estábamos sorprendidos de que no tuviéramos un percance mecánico mayor, como un cuadro o una clavícula rotos, por ejemplo. El descenso inicial fue increíble, mis ojos literalmente se quemaban de lo rápido que bajábamos, y por tanto tiempo.” (Steve Fassbinder)

    Barranca Grande

    Llegamos a Rio Antigua emocionados por el agua clara y limpia. Regalamos las bicicletas a unas confundidas pero agradecidas personas, y compramos algunos suministros críticos: cerveza y jabón de baño. La cerveza era cerveza, pero el jabón de baño resultó ser jabón de lavandería, pero aun así eliminó la semana de polvo y sudor de nuestros cuerpos.

    Resistencia de las bicis hasta el final

    A la mañana siguiente inflamos los botes y comenzamos el recorrido de 130 km al mar. El primer día fue en el impresionante cañón Barranca Grande. Las paredes del cañón eran exuberantes con afloramientos de rocas escarpadas y los zopilotes apenas visibles en las alturas. Los rápidos no eran técnicos, pero eran suficientemente fluidos para mantener nuestra atención. Naranjas flotaba en el agua. Los siguientes días en el río no fueron tan emocionantes, pero estábamos satisfechos con nuestro avance.

    “Barranca Grande ha sido descrita en las guías turísticas como ‘una aventura impresionante y hermosa a lo largo de 32 kilómetros de lo mejor que México puede ofrecer’ (…) ¡Como sea, es la mejor carrera que tenido el privilegio de realizar!” (Steve Fassbinder)

    En cayac hasta el mar

    De regreso al mundo: la basura, el mar

    Empezamos a notar que caía ceniza negra del cielo. Tomó un tiempo darnos cuenta de que la ceniza era descendente. Veíamos botellas de plástico en cada remolino. Fue triste observar este tipo de contaminación en lo que era por lo demás un paisaje impresionante. También fue triste reconocer que estábamos contribuyendo con el problema: bebíamos agua embotellada todo el viaje.

    Las aves marinas, pelícanos y garzas, fueron las señales de bienvenida, habíamos alcanzado nuestro objetivo. Fue impactante la primera visión de las olas rompiendo en la costa. Pusimos nuestras tiendas en la playa, entre nopales y retazos de madera, y mantuvimos una hoguera encendida hasta altas horas de la noche.

    Los cuatro viajeros reflexionamos sobre nuestro viaje de dos semanas a través de México: el paisaje, los nuevos amigos, la comida deliciosa, el sol al amanecer a 5,636 metros de altura, gallinas felices, perros muertos, bicicletas como sonajas. Cuando empezó a llover nos trasladamos a las tiendas, cansados, realizados, y aún sin estar listos para el regreso y los compromisos que nos esperaban en el norte.

    Texto Luc Mehl

    (http://thingstolucat.com/orizaba-traverse/)

    (Blog de Luc Mehl: http://thingstolucat.com/)

    Texto Steve Doom Fassbinder

    Parte 1: http://therepublicofdoom.blogspot.mx/2013/02/vamos-la-playa-part-1.html

    Parte 2: http://therepublicofdoom.blogspot.mx/2013/02/vamos-la-playa-part-2.html

    Parte 3: http://therepublicofdoom.blogspot.mx/2013/02/vamos-la-playa-part-3.html

Sobre el autor

Dick Keis

Profesor y fotógrafo norteamericano. Desde hace años viajero por América latina, se ha especializado en el testimonio y el retrato.