Literatura

33 revoluciones

33 revoluciones/Canek Sánchez Guevara. Editorial Alfaguara.México, 2016.pp. 257

Es obra póstuma del escritor que muere en 2015, a los 40 años en la Ciudad de México, y se integra de siete relatos: 33 revoluciones, La espiral de Guacarnaco, Los supervivientes, Confesiones de un artista ensangrentado, El misterio del dedo ausente, La casa gana, La llamada de Cristo, La veintidós y Los Frikis. En buena medida son textos de carácter autobiográfico.



La mayor parte tratan sobre la vida cotidiana en la Cuba socialista. El autor, nieto del Che Guevara, hace una crítica ácida y mordaz a la manera en cómo la gente vive en la Isla y en la forma que la nomenklatura del Partido Comunista, que goza de múltiples privilegios, gobierna el país. Son relatos que muestran la frustración de la gente en la lucha del día a día por sobrevivir en medio de grandes carencias.

Los otros relatos hablan de sus vivencias y viajes por México y Centroamérica. Recogen experiencias y recuerdos. Hay descripciones del ambiente y sus personajes, él mismo, se mueven en espacios marginales. En todo los casos hay una referencia al habla y los modismos del lugar. El libro incluye un Glosario de ocho páginas, que resulta clave para poder entender los textos.



En la Introducción, el padre del autor, afirma que “33 revoluciones fue el texto más acabado: dedicó varios años a esculpir cada imagen, cada sensación de todos los hombres que se juegan la vida por la vida”. El texto que da nombre la obra es una narración lúcida de la lucha cotidiana por la sobrevivencia de los cubanos en el régimen de la Revolución.

Este relato, sin duda el más acabado y el de mayor fuerza, cuenta la vida, día a día, de un burócrata de bajo nivel en la Cuba de hoy. El común denominador de los 33 pequeños relatos es el “disco rayado” de los discursos de los burócratas de la alta jerarquía que aseguran que todo está bien y también el “disco rayado” de la gente que siempre dice lo mismo.

El personaje vive en la inercia cotidiana y sabe como sobrellevar la situación, que tiene certeza no va a cambiar. En un largo proceso toma distancia de aquello que lo rodea y decide, como cientos de miles de otros cubanos, buscar una salida a la vida cotidiana que no tiene ninguna perspectiva. Lo que sigue es arriesgar la vida en un bote que lo saque de la Isla en busca de un nuevo futuro.

Jon Lee Anderson, el periodista y escritor, dice que “Canek Sánchez Guevara fue un escritor brillante y apasionado que murió demasiado joven. Esta imborrable novela póstuma es un rechazo visceral al patrimonio político que le tocó por ser el nieto del Che, y también un grito de socorro personal” y Jacoba Casier, editora de los Países Bajos, que 33 revoluciones “tiene un ritmo perfecto, una musicalidad y una poesía que te atrapa como lector. Deja entrever sin que sobre ni una sola palabra el día a día cubano y a la vez tiene una sabiduría sobre la vida por lo general y una profundidad que asombra. Es una novela redonda que deja sin aliento y empuja en cada página a reflexionar. Hace mucho tiempo que no había tropezado con un texto de tal nivel”.

Concuerdo con que 33 revoluciones es un gran texto. Es la crítica demoledora a un régimen como sólo lo puede hacer la literatura. Los demás textos son difíciles de leer, algunos por la abundancia de modismos, y también por un rebuscado lenguaje que en ocasiones resulta un ejercicio que calificaría de culterano o incluso vanidoso.

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Canek Sánchez Guevara. Nació en La Habana, en 1974, y murió en la Ciudad de México, en 2015. Nieto del mítico “Che” Guevara, ejerció diversas disciplinas como la escritura, la música, la fotografía y el diseño gráfico. Durante cuatro años, escribió en la revista Milenio Semanal sus columnas “Diario sin motocicleta” –compiladas en el volumen del mismo título (Pepitas de Calabaza, 2016)–. En México publicó el libro de poesía Diario de Yo y en Barcelona hizo una investigación de la que resultó el libro Diario de Bolivia. Ernesto Che Guevara, edición comentada por Canek y Radamés Molina. En Francia, publicó junto con Jorge Masetti –hijo de un compañero de lucha del “Che”– el libro Les héritiers du Che (2007) donde ambos hacían un recuento de su adolescencia en Cuba, país al que Canek volvió después de haber vivido durante años en Italia, España y México y desde donde comenzará a relatar el permanente choque de una juventud, briosa y creativa, frente al dominio del Partido, cuyas actitudes dogmáticas y policiales le permitirán reconstruir los ambientes y personajes de 33 revoluciones.

Mundo Nuestro. En días pasados se presentó en el edificio de la Aduana Vieja el libro Solón Argüello, Antología poética, elaborado para el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP por la novelista e investigadora Beatriz Gutiérrez Müller. Recuperamos de ese evento el texto escrito por la poeta poblana Valeria Guzmán (Ciudad de Puebla, 1990), quien nos ayuda a comprender la profundidad de uno de los personajes trágicos de la revolución mexicana, el poeta de origen nicaragüense Solón Argüello asesinado en 1913 por soldados del régimen huertista.

La antología elaborada por Beatriz Gutiérrz Müller es un compendio de poemas que pertenecieron a los tres libros publicados por Argüello en México: El grito de las islas (1905), El libro de los símbolos e islas frágiles (1909) y Cosas crueles, además de una veintena de piezas inéditas que fueron rescatadas de periódicos y revistas por la investigadora del ICSyH.

El poema Y prosiguió su signo con el que Valeria presenta su valoración de la poesía de Solón Argüello es de una fuerza estremecedora.



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Y prosiguió su signo

Pasó lleno de polvo

su traje asaz roído,



con sus viejas sandalias que conocen

cien valles, cien desiertos, mil caminos.

Pasó, con su melena

que desgreñaba el austro,

con su triste mirada pensativa,

que escruta, siempre fija en el arcano.

Pasó, como una sombra,

callado, obscuro, solo,

con sus laxos camellos de tristeza

doloridos. Pasó lleno de polvo...

Miró hacia atrás en busca

del ya lejano predio

y aun oyó reproches que venían

traídos por la parva de los vientos.

Y se bebió sus lágrimas

y prosiguió, en su signo,

con sus viejas sandalias que conocen

cien valles, cien desiertos, mil caminos.

Anoche soñé que me disparaban en la pierna. Sabía que no debía moverme aunque no sentía ningún dolor, ni siquiera angustia. A otra mujer le disparaban en el vientre frente a mí, y eso me preocupaba más; sabía, por sus gestos, que a ella sí le dolía.

En la carrera de Letras te enseñan a desligarte de la empatía pues ése es el grado más básico de la lectura, identificarse con un personaje, con una situación. No sé si por eso casi dejé de leer narrativa. Para la poesía no hay otra alternativa más que el involucramiento. La poeta santianesa Olvido García Valdés escribió una biografía de Santa Teresa en la que explica su corazón. El corazón del poeta místico es como una cúspide, como el punto de una montaña que se alcanza después de muchos trances, hasta llegar al de la unión real. Para mí, el poeta debería buscar siempre su propio corazón.

Cuando Miguel me dio el libro de Solón Argüello no sabía quién era él, sólo sabía que yo estaba triste. Sentí que él también había estado triste. Todo el tiempo habla de la​ ​isla​. Leo que Justo Sierra le facilitó a Argüello dar clases en Ensenada. Yo fui por primera vez el año pasado. Me sorprendió ese O​cénao Pacífico que se puede ver desde las rocas, y la lejanía que desde ahí se siente con el mar​. No vivir en el mar, no ser del mar, causa un distanciamiento del cual no se tiene consciencia sino hasta que se convive mucho con alguien que sí viene de una ciudad marítima o, me hace pensar Solón, hasta que se llega a vivir a una ciudad con playa.

Además las playas de Baja California no son tan alegres, tienen algo de nostalgia. Quizá porque el sol no te invade como en las céntricas. Las islas del poeta son metafóricas, pero esa insistencia en el símbolo quizá no es tan común en alguien que no está en diálogo constante con el agua.

Dice Jules Michelet en su libro sobre el mar:

“¡Qué triste es ver, al caer de la tarde, el sol, alegría del mundo y padre de todo lo criado, ir desapareciendo, eclipsarse entre las ondas! Es el cotidiano duelo del Universo, particularmente del Oeste. En vano es que todos los días presenciemos el mismo espectáculo; siempre ejerce en nosotros igual influjo, idéntico efecto melancólico.”

En efecto, no hay manera de estar al lado de la playa a la hora del arrebol (que en el norte aparece casi diario) sin sentir que perdemos algo. Me imagino que esta sensación se intensifica cuando se tiene la rutina de vivir junto a ese fenómeno diario.

Creo que la tristeza de Argüello lo llevó a buscar cosas. La primera cosa es el amor romántico, la que está más al alcance. El amor es una posibilidad de llenar el vacío propio de estar vivos. Bataille asegura que el hombre nace y muere en soledad (tengamos en cuenta, sin embargo, que era un filósofo occidental). Pero la relación amorosa se acaba, el poeta se queda solito en su isla. Es tristísimo ver cómo el otro se aleja, y quedarse con el propio corazón que late y late y late. Parece que no hay una escapatoria de eso. Sí la hay. Es lenta, es igual o más complicada. Se puede llenar el vacío que deja un amor romántico con la búsqueda de profundidad del ser. El ser está solo pero, al mismo tiempo, está acompañado del todo y él mismo es el todo. Una trascendencia que ​buscan las grandes doctrinas místicas.

Dice Nietzsche que cuando el ser llega a este verdadero encuentro del corazón, el artista se despersonifica. Escribir de esto es complicado, el lenguaje se vuelve simbólico. Para Solón Argüello, se vuelve fantástico. Hay bosques que acechan y criaturas maravillosas que aparecen, corporeizando lo trascendental​. También están entre estos paisajes los santos y los dioses. En la poesía de Marosa di Giorgio sucede igual: en medio de una realidad fantástica, aparecen entidades sagradas.


Podría parecer contradictorio que un poeta místico, como definitvamente considero a Solón Argüello, haya dejado de escribir para luchar por una causa política. Pero creo que es una entrega con disciplina que distingue a las personas que se entregan a una idea, sea religios a o no. Hay algo que podríamos llamar “romántico” ahí, o sólo propio de un ser lleno de pasión trascendental.

(La fotografía que ilustra la pordatilla de este texto pertenece al Sistema Nacional de Fototecas del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Cortesía de la editora Beatriz Gutiérrez Mueller.)

Era una friega transitar cientos de kilómetros en el desierto de la meseta central, pero era mandatorio al menos una vez al año. Los abuelos paternos, además de ser menos frecuentados que los maternos, tenían esta propiedad gigantesca. Incluía un corral, no para ganado sino para los camiones de mi abuelo que era concesionario de refresqueras y cerveceras. Además era el dueño del único teléfono público. Esto no es poca cosa. Tenía su centralita de madera, manivelas y este sistema de cables y luces y auricular separado del parlante con forma de copa negra invertida. También tenían una posada alrededor de un frondoso patio español y una tienda de abarrotes. El abuelo tenía también un proyector y hacía funciones de cine callejeras.

Todo esto fue el anclaje a la vida que mis abuelos necesitaron para dejar atrás el caos que la revolución les impuso. Es la historia de mis abuelos y la de los abuelos de muchos más, que vivieron la desolación de las armas, el fuego y el desarraigo. Y ahí, en Galeana, Nuevo León, acabaron sus días. Las visitas a esta pacífica Villa de Labradores, como era descrita en la cédula virreinal de su fundación, son un hato de recuerdos que huelen a cocina, tierra y provincia.

Ese hato se desmorona con facilidad y los recuerdos caen a diestra y siniestra. Los abuelos decidieron comprar un burro para pasear a los nietos en el pueblo. En su lomo cabíamos los seis primos mayores. Lo atestigua una foto y el recuerdo del tacto tieso y polvoso de su pelambre.



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Ciudad de México: la vida guardada en La Lagunilla



El pueblo está en al pie de un cerro que no cabía en el azul intensísimo del horizonte. Se respiraba una aridez interplanetaria. En uno de tantos paseos en el cerro, mi papá encontró un fósil de alguna criatura acuática. Nos dijo que en alguna época aquel paraje era el fondo de un océano y eso bastó para crear una obsesión que sobrevive hoy en día con las piedras, los fósiles, las gemas, los cristales, joyas inanimadas que los milenios legan.

El desierto es un paraje íntimo. Nada que ver con la apacible montaña, la ensoñación acuática o el histérico bosque tropical. Eran las ocho horas más largas, eras las rectas más rectas, eran las yucas y sahuaros más tristes. La llegada al pueblo se anunciaba con una hondonada surcada por un antiguo lecho que la mayor parte del año estaba seco. A la vera del camino, los manzanos eran el paseo alternativo al cerro. En uno de esos paseos, mi hermano comentó que las manzanas en el D.F. se encontraban en el súper no en los árboles.

Las vacaciones eran en verano o navidad. La navidad me gustaban más porque mi papá buscaba la forma de brincarnos a San Antonio para visitar a los parientes chicanos. La familia Luna, naturales de Monterrey emigrados hace tres generaciones a Texas, primos segundos de mis parientes Villarreal nacidos en San Antonio y emigrados a México hace tres generaciones.

Una de esas navidad fue especial. No por lo regalos, ni la reunión extraordinaria de todos los primos. Hacía mucho frío y jugábamos el patio. Ingeniándonos en convertir la caja vacía de un camión en un patio de juegos, donde trepar, brincar y colgarse.

Recuerdo mirar desde abajo a mi hermano colgado de un tubo. Su silueta a contraluz rodeada de una pelusa extraña. Se soltó y cayó delante de mí. Nuestras miradas, fijas en las cabelleras de uno y de otro, descubrieron la entropía suspendida de la nieve. Posando su blancura con elegancia, en las manos, en el aire y en el suelo curtido y aferrado del norte de México.

Del absurdo cotidiano

El blog de Ángeles Mastretta en la Revista Nexos

Los conversadores nos descubrimos hasta por teléfono. Yo sé de una mujer que en busca de una clase marcó un número equivocado y dio con una conversación en caída libre que empezó más o menos como sigue:
–¿Es ahí donde dan clases de gimnasia?–le dijo al hombre que levantó el auricular al otro lado de la línea.
–¿Usted quiere tomar clases de gimnasia?–le contestó una voz de animal fino.
–¿Por qué me lo pregunta como si lo dudara?–dijo la mujer.
–Porque cuando uno quiere tomar clases de gimnasia marca el número del lugar donde dan clases de gimnasia.
–¿Entonces no es ahí?
–¿Donde damos clases de gimnasia? No. Pero ¿usted por qué quiere tomar clases de gimnasia?
–Porque me están engordando las caderas.
–¿De verdad?
–Aunque usted no me lo crea.
–¿De dónde saca que yo no se lo creo?
–De que ustedes los hombres nunca nos creen a las mujeres cuando decimos que nos están engordando las caderas.
–Yo a las mujeres les creo todo lo que dicen.
–¿Es usted gay?
–No, pero podría yo ser.
–Se atreve a decirlo. ¿De qué planeta viene?
–Del único que usted y todos los demás tenemos la fortuna y el infortunio de conocer.
–Es bonita la Tierra ¿verdad?
–Menos cuando se vuelve horrible.
–Sí. A veces se vuelve horrible.
–¿A usted lo han asaltado?
–Todavía no. Pero ha de ser cosa de tiempo. Ya ve que últimamente el que no viene de un asalto va a un asalto. No se puede ni hablar de otra cosa.
–Hay quien habla de política–dijo la mujer.
–O de horrores. De lo que ya no habla mucho la gente es de amor. ¿No se ha fijado que hasta las telenovelas están abandonando el amor como tema central?
–No veo telenovelas–presumió la mujer.
–¿No ve telenovelas? ¿Cómo es que le han crecido las caderas?
–Me gusta demasiado lo dulce. Le pongo tres de azúcar al café. Me fascinan los tlacoyos de haba, las papas a la francesa, el pollo empanizado, los gusanos de maguey, la leche sin descremar, los quesos fuertes, el pan del que me pongan enfrente.
–Son una delicia los panes y el azúcar.
–¿Le parece? Dicen que esas cosas nos gustan más a las mujeres ¿Está seguro de que no es gay?
–Nunca hay que estar seguro de eso. Hay ratos en que me comería a besos a un hombre. Aunque siguen siendo más frecuentes las veces en que me comería a besos a una mujer.
–¿Por qué es más fácil?
–Nada es fácil con ustedes las mujeres.
–Vendernos cosas es fácil.
–Viera que no. Se lo digo yo que soy vendedor.
–¿Qué vende usted?
–Departamentos en condominio.
–De verdad. Yo me quisiera comprar uno.
–Tengo uno de ciento veinte mil dólares.
–Por eso le dije: quisiera.
–¿Cuánto tiene usted?
–Nada. Qué importa.
–Importa donde lo dice en ese tono.
–No me hable usted como mi papá.
–Que más quisiera yo que hablarle a una mujer como su papá.
–Pues usted habla como mi papá.
–Y usted habla idéntico a una novia que me quitó el sueño durante todos los años de carrera.
–¿Se casó con ella?
–No.
–¿La extraña?
–Sí.
–Dice una amiga mía que el amor de nuestra vida siempre es con el que no nos casamos. Yo digo que es porque en lugar de pedirle al cielo que nos calláramos se fue a otra parte para no oírnos. Siempre es más agradecible. ¿No cree?
–No sé bien qué creo.
–¿Me cree si le cuento un prodigio? Mi vecino dió con una mujer de la que estuvo enamorado cuando tenía quince años y a la que aún no podía olvidar a los cuarenta.
–Ya sé. Y cuando la vió se preguntó cómo era posible que hubiera estado perdiendo su tiempo en recordar a alguien que estaba así de gorda y arrugada.
–No. Ahí es donde aparece el prodigio. La vio y todo en él la quiso con más fuerzas que nunca.
–Y cada uno fue con su pareja y le dijo: encontré al amor de mi vida y ya me voy.
–No. Tú si que has visto telenovelas. Cada uno se quedó casado con quien estaba casado. Sólo se encuentran cada mes un lugar distinto.
–Eso es como de película francesa.
–Es mejor. Porque aquí hay sol y todo pasa más rápido.
–¿Ni siquiera han tenido el mal gusto de poner un departamento?
–Créeme que ni eso.
–Con razón no vendo condominios. ¿Me hablaste de tú?
–Es que hablas como mi papá.
–¿Cómo hablaba tu papá?
–Así–dijo mi amiga–con la seguridad de que todo lo importante ya estaba dicho. De modo que uno podía hablar sin tregua ni recato de todo lo trivial como si fuera muy importante. Me tengo que ir. Van a venir por mí.
–¿Cuál es tu teléfono?
–Uno que siempre está ocupado.
–¿Lo podrías usar para volver a llamarme?
–No sé qué número marqué.
–El de la gimnasia.
–¿No dijiste que ahí no dan clases de gimnasia?
–Ya no dan, pero dieron. Ahora estoy adatando el lugar para que sea oficina.
–¿Oficina para vender condominios?
–¿Qué quieres que haga? Estudié ingeniería y me gustaba la literatura. He tenido que acabar trabajando en algo más cercano a los sueños que a los cálculos. ¿Tú en qué trabajas?
–Otro día te digo.
–¿Me llamarás?
–Cuando tenga para el condominio.
–Puedo buscarte uno a plazos.
–Quieres decir, de plazos hasta siempre. No me interesa.
–Tonta. No hay como las cosas a largo plazo.
–Adiós.
–Si me llamas mañana te cuento una historia–dijo el hombre con una sonrisa que ella casi pudo ver.
Por supuesto, mi amiga quiso llamar. Ahora, se hablan a diario para contarse cosas entre las cinco y las seis de la tarde. Se conocen mejor uno al otro de los que los conocen sus parejas, sus hijos, sus padres, su fantasía de sí mismos o su espejo.



Vida y milagros

Una tarde en que cambié de planes acabé entrando al cine sin más compañía que mi suéter. Tuve la suerte de encontrar una película inglesa titulada El Rechazo. En los créditos ví que la película estaba dirigida por una mujer, Martha Fiennes, quien basó su guion en la novela del venerado escritor ruso Alexander Pushkin titulada Eugenio Oneguin. La historia fue escrita en verso entre 1824 y 1831 y Pushkin la envió por entregas a los periódicos de la época; se volvió muy popular pues su rima accesible facilitaba memorizar las partes más emocionantes. Imagino a los lectores esperando el siguiente capítulo con la misma avidez y curiosidad con la que ahora esperamos la continuación de una serie.



Había oído la música de la ópera que Thaikovsky compuso inspirado en la obra, pero no conocía la trama, así que la película me atrapó porque gira alrededor del rechazo y el desencuentro amoroso. Dos personas que para el espectador son una pareja evidente no lograrán estar juntos.

Tatiana, una joven de 17 años perteneciente a la nobleza rural rusa, se enamora de Eugenio, un hombre de 27 años que visita la provincia para hacerse cargo de la finca de un tío que también era dueño de una extraordinaria biblioteca. El difunto tío solía prestar libros a Tatiana y ella conocerá y hablará por primera vez con Eugenio cuando lo visita para devolverle los libros. Eugenio es un hombre de mundo, engreído y hastiado de todo, procedente de las élites de Moscú. Tatiana es una joven inteligente y sensible pero ingenua, inexperta y fantasiosa, con demasiada influencia de las novelas francesas que han modelado su educación sentimental. Ella queda cautivada por la personalidad y la conversación de Eugenio, quien también es un apasionado lector. Volverán a verse varias veces con el pretexto de los libros y poco a poco se va trenzando una relación interesantísima pero ambigua, mucho más intensa de lo que Oneguin está dispuesto a aceptar. Aburrido de todos los placeres, porque los ha tenido todos, no es capaz de valorar a esa joven a la que considera una provinciana de poco lustre.

Una noche Tatiana decide escribirle una larga y apasionada carta diciéndole todo lo que siente por él. La carta es preciosa. La madrugada la sorprenderá con los ojos febriles y las manos y el camisón blanco cubiertos de tinta. Ella se atreve a enviar la carta, una acción inusual y audaz para una joven de la Rusia de 1820. Al día siguiente los dos se encontrarán en una fiesta en la casa de Tatiana, pues un amigo cercanísimo de Eugenio es el prometido de la hermana mayor de ella. En esa fiesta, cuando Eugenio se encuentra con Tatiana a solas en el jardín, no hará ninguna alusión a la carta y actuará como si no la hubiera recibido, pero indirectamente le responde y la rechaza con palabras crueles pronunciadas con el tono de superioridad propio de quien se cree por encima de quien lo ama. Como parte de su desvarío se dirigirá al salón e invitará a bailar a la hermana, a quien decide cortejar de manera descarada e impertinente, a tal grado que su amigo lo reta a duelo al amanecer del día siguiente. El orgullo impide a Eugenio disculparse y evitar un duelo absurdo en el que acabará matando a su amigo. Ese mismo día abandona la finca para no volver.



Tatiana se hunde durante meses en un mutismo inexplicable, pues nadie sabe lo sucedido entre ella y Oneguin. Preocupada por su futuro, su madre decide llevarla a Moscú con una influyente tía, famosa por sus habilidades como casamentera. La tía la revisa como quien estudia a una yegua que se pondrá a la venta. Poco después le presentará a un poderosísimo y rico general que quedará rendido ante Tatiana.

La siguiente escena sucede siete años después en otro baile al que asistirá Eugenio, aún soltero, quien se ha dedicado a recorrer Rusia intentando acallar su tedio existencial. Ahí quedará intrigado por la belleza y personalidad de una mujer de rojo a la que admira desde lejos. El anfitrión de la fiesta es el general, quien es primo de Eugenio. A él le preguntará quien es la enigmática mujer de rojo y él le dirá alegre y orgulloso que es su esposa. Al acercarse, Eugenio reconoce en esa mujer a Tatiana, que lo mira con un desprecio helado y fulminante. Él, en cambio, la mirará asombrado. La naturalidad e inteligencia de ella provocarán en Eugenio un hondo arrepentimiento, quien comenzará un asedio hacia la mujer que un día lo adoró.

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Desde ese momento él lo intentará todo para poder hablar con ella a solas. Adivina sus pasos, averigua su vida y su rutina, le envía cartas y se aparece en los lugares que ella frecuenta para verla de lejos o de cerca. En cada encuentro la pasión de él crece al parejo de la mirada de furia y hielo de los ojos de ella. Finalmente él consigue que ella acepte recibirlo en su casa cuando sabe que su primo estará de viaje.

Tatiana lo recibe en una estancia fría donde no habrá lugar para la intimidad porque ella se ha encargado de dejar junto a la puerta de cristal a un sirviente que todo el tiempo pueda verla, aunque no pueda escuchar lo que hablará con Eugenio. Intocada debe de quedar la reputación de su marido al que le es absolutamente leal en sus actos, aunque en algún lugar oculto de su cerebro aún reine Eugenio Oneguin. Los papeles se han invertido. Él ahora es sensible y vulnerable y ella ha aprendido a controlar sus emociones. Con los mismos argumentos y tono condescendiente con los que él la rechazó años atrás, ella lo rechazará sin piedad. Él cree llevar un as bajo la manga: como valiosa prueba de amor le entregará a Tatiana la apasionada carta que ella le escribiera cuando tenía 17 años y que él ha conservado todos esos años. De nada servirá. El rechazo de ella es tajante e irrefutable y se separarán para no volverse a ver nunca.

Martha Fiennes logró transportar la novela al cine de manera conmovedora. La película tiene una banda sonora divina y magistral y una composición novedosa hecha por Magnus Fiennes, quien mezcla su composición con música de la época de Pushkin.

Dos rechazos, dos desencuentros y la imposibilidad de coincidir de dos personas que en otras circunstancias hubieran podido ser felices en el corto o largo rato que dura el amor.

¿Son muy distintos los mecanismos del desencuentro y el rechazo dos siglos después? Si recuerdo esta película ahora es porque creo que no. Lo difícil sigue siendo coincidir.

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Leonardo Da Vinci - La batalla de Anghiari (detalle) 1503-05

A mi modo de ver, el ser más genial, maravilloso, extraño y; por supuesto, extraordinario que haya podido producir la especie humana se llamó Leonardo di ser Piero da Vinci o, sencillamente, Leonardo (Vinci, 15 de abril de 1452 – Ambroise, 2 de mayo de 1519). Fue pintor, escultor, arquitecto, paleontólogo, botánico, científico, escritor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, lutier, poeta, urbanista, cocinero y etcétera. Leonardo; quien pintaba los rostros más sublimes de ángeles y madonas, y salía al mercado a comprar pájaros cautivos para luego liberarlos, asistía también a las ejecuciones públicas para captar las expresiones de los rostros de los moribundos y recorría las calles para retratar los monstruos humanos que encontraba. Leonardo; el humanista, el vegetariano, escribe una carta de presentación, un curriculum vitae para Ludovico il Moro, Duque de Milán, que por momentos parece redactada por ese pequeño gran monstruo de Piccolino, el demoníaco enano protagonista de la novela homónima de Pär Lagerkvist, que odia al género humano y solo desea y busca su exterminio.

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Una carta de presentación que seguramente objetarán pacifistas a ultranza y aplicados practicantes de las posiciones y actitudes “políticamente correctas”. Aquí va:

A Ludovico Sforza, regente de Milán.

Ilustrísimo Señor mío, después de ver y considerar suficientemente las pruebas de todos aquellos que se dicen maestros en el arte de inventar instrumentos bélicos, y toda vez que la invención y operación de dichos instrumentos no difieren de las conocidas, me animo, sin deseo de perjudicar a nadie, a solicitar a Vuestra Excelencia una entrevista para llevar a efecto y demostrar cuando lo estime oportuno aquellas cosas que en parte brevemente se anotan a continuación:



  1. Puedo construir puentes muy livianos, fuertes y portátiles, con los cuales es posible perseguir y derrotar al enemigo; y otros más sólidos que resisten el fuego o el asalto y sin embargo son fáciles de colocar en el lugar adecuado; y también puedo quemar y destruir los del enemigo.
  2. En caso de sitio puedo cortar el agua de las trincheras y hacer pontones y escalas, así como otras invenciones similares.
  3. Si, debido a su elevación o a la fuerza de su posición no es posible bombardear un sitio determinado, puedo demoler cualquier fortaleza, siempre que sus cimientos no estén asentados sobre piedra.
  4. Puedo también construir cierto cañón que es liviano y fácil de transportar, y con el cual se pueden arrojar piedrecillas como graniza y cuyo humo causa gran terror al enemigo, por lo cual no solo sufren grandes bajas, sino que se sienten confundidos.
  5. Puedo construir en cualquier lugar determinado y en el mayor silencio, pasajes subterráneos ya sean rectos o tortuosos, y si resultan necesarios, bajo las trincheras y bajo los ríos.
  6. Puedo construir carros acorazados para llevar artillería, los cuales podrán irrumpir entre las filas del enemigo abriendo paso a la infantería.
  7. la ocasión se presenta, puedo construir cañones, morteros y artillería liviana de forma y utilidad diferente a la que se usa generalmente.
  8. Cuando resulta imposible emplear cañones, puedo suplantarlos por catapultas, trabucas y otros instrumentos de eficacia admirable y poco usados. En una palabra, cuando así lo requiere la ocasión puedo proveer infinidad de medios de ataque y de defensa.
  9. Y si la lucha se desarrollara sobre el mar, puedo construir máquinas que pueden servir tanto para el ataque como para la defensa y buques que pueden resistir el fuego del cañón más pesado y de la pólvora u otras armas.
  10. En tiempos de, creo poder daros tan completa satisfacción como cualquier otro en la construcción de edificios públicos o privados, y en la conducción del agua de un lado a otro. Puedo también, esculpir en mármol, bronce y yeso, y respecto a la pintura, me es posible competir con cualquiera, sea quien sea.
  1. Además podría encargarme de la ejecución del caballo de bronce que asumirá con gloria inmortal y eterno honor la auspiciosa memoria de vuestro padre y la ilustre casa de Sforza.

Y si alguna de las cosas mencionadas le pareciesen a alguien imposibles o no factibles, me declaro dispuesto a hacerle una demostración en su parque o el lugar que prefiera. Vuestra Excelencia,

NOTA: Leonardo obtuvo el trabajo que deseaba, y durante 16 años sirvió a Ludovico Sforza.

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ÑAPA 1:

Me parece asimismo que la palabra más grosera, la carta más grosera son mejores, son más educadas que el silencio. A quienes callan les faltan casi siempre finura y gentileza de corazón” F. Nietzsche; Ecce homo, pág 29, Alianza Editorial,

ÑAPA 2

A todas las artes, oficios y “profesiones arriba mencionados, Leonardo hizo trascendentales aportes. Por ejemplo; como cocinero, luego de que Ludovico el Moro le nombrara maestro de festejos y banquetes de la corte, Leonardo elabora una lista con las principales necesidades que se tenían. A continuación, algunas de estas necesidades y sus geniales y a veces extravagantes soluciones:

"En primer lugar, es necesaria una fuente de fuego constante. Además una provisión constante de agua hirviendo. Después un suelo limpio. También aparatos para limpiar, moler, rebanar, pelar y cortar. Además, un ingenio para apartar de la cocina los tufos y hedores y ennoblecerla así con un ambiente dulce y fragante. Y también con música, pues los hombres trabajan mejor y más alegremente allí donde hay música. Y, por último, un ingenio para eliminar las ranas de los barriles del agua de beber."

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A esta época se le atribuyen variados inventos relacionados con la gastronomía:

La máquina para formatear spaguetti (a la que llamó spago mangiabile o"soga comestible")

Una máquina de cortar berros y, posiblemente, el sándwich o emparedado.

En este último caso, él escribió que "la rebanada de carrillo de buey debe ir entre sendos pedazos de pan y no al revés (...) Se podrá disponer toda suerte de cosa entre los panes: ubres, testículos, orejas, rabos, hígados. Los comensales no podrán ver el contenido al atacarlo con sus cuchillos. Lo llamaré, por esto, pan con sorpresa."

Cuentan que cuando aceptó pintar "La Última Cena" para el Priorato de Santa María delle Grazie, Leonardo se tomó su tiempo de inspiración, durante el cual colocó sobre la mesa los mejores manjares del priorato en busca de la expresión de los comensales que deseaba pintar, al mismo tiempo que registraba por escrito todo lo que acontecía.

Y todo lo que anotó- "comentarios acerca de los modales, inventos y recetas"- se convirtió en el "Códice Romanoff" (descubierto en 1981) y correspondería a los quince años que Leonardo estuvo bajo el mecenazgo de Sforza, en Milán.

También se le atribuye la invención de la servilleta y el haber logrado otro diente al tenedor de entonces.

Narran las historias que Leonardo decía que "la costumbre de mi señor Ludovico de amarrar conejos a las sillas de los convidados a su mesa, de manera que puedan limpiarse las manos impregnadas de grasa sobre los lomos de las bestias, se me antoja impropia (..) He ideado que a cada comensal se le dé su propio paño". Por ello, inventa una secadora de tambor giratorio, de unos 6 m de alto y que necesitaba ser manejada por seis miembros del servicio de cocina. Le obsesionaba descubrir la manera de mantenerlas limpias, junto con los manteles.

Más invenciones:

Diseña un asador automático para que el personal no estuviera todo el día dándole vueltas al espetón sobre el fuego, inventando algo tan ingenioso como el introducir en la chimenea una hélice que dará vueltas impulsada por la corriente de aire ascendente y esta a su vez movería el espetón, haciendo que gire lento o rápido dependiendo de la cantidad de fuego que se tenga.

Buscaba la manera de simplificar las tareas en la cocina y muchas veces consiguió todo lo contrario. Pero sus ingenios sirvieron para posteriores diseños y algunos de ellos se han mantenido en el tiempo:


Ideó un prensador de ajos, que también servía para triturar perejil. El diseño que Leonardo hizo apenas ha sufrido variaciones hasta la fecha y se sigue empleando en las cocinas italianas con el nombre de "el Leonardo".


Inventa una cinta transportadora de troncos para llevar al fuego, una vez cortados por una sierra circular, de ese modo ya no se necesitaba una persona encargada de mantener el fuego en la cocina (olvida que son necesarios ocho caballos y cuatro hombres para hacer funcionar la sierra fuera de la cocina).


Diseña un calentador de agua alimentado con carbón, aunque no está seguro de que sea más útil y eficaz que la vieja mujer que mantenía los pucheros hirviendo sobre el fuego, hasta ese momento.


El suelo de la cocina se mantendría limpio gracias a dos bueyes enganchados a un cepillo giratorio de un metro y medio de diámetro y dos metros y medio de ancho, con una pala detrás que recoge lo reunido por el cepillo. Todo ello ocupa más espacio y es más complicado que el viejo encargado de esta labor con una escoba.


Para sustituir a la mano y el mortero tradicional ideó una "pala mezcladora" accionada por un mecanismo de ruedas dentadas. No se aplicó mientras vivió, pero años después de su muerte se utilizó un ingenio similar en una fábrica de salchichas milanesa.

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Su invento más descomunal es una picadora de vacas que precisa un ejército de hombres para funcionar. Al parecer cuenta con una serie de accesorios muy similares a los de las máquinas mezcladoras y picadoras de carne, de la actualidad.
No le faltó tampoco una máquina rebanadora de pan accionada con aire, que corta las rebanadas y las envasa en largas cañas.


Para la música que creía que debía estar presente en la cocina pretende emplear unos tambores mecánicos con manivelas de mano que ya había inventado, acompañados por 3 músicos.


Y para terminar con los malos olores recurre a unos grandes fuelles fijados al techo y que se mueven con un mecanismo de martillos conectados a una manivela movida por un caballo.


El problema de las ranas en los barriles de agua lo soluciona con una trampa de muelle que, al saltar la rana, descarga en su cabeza unos martillazos hasta que la rana queda inconsciente y por tanto no accede al interior del barril.


Otro de sus revolucionarios inventos es el de un sistema de lluvia artificial que empaparía todo en caso de incendio.


Diseñó un molinillo de pimienta inspirado en el gran faro de Spezia.


Dado que él era zurdo, ideó un sacacorchos para zurdos. A continuación se puso a trabajar en la forma de introducir tapones de corcho en las botellas (hasta entonces se sellaban con cera).


Uno de sus primeros diseños fue una máquina para transformar la lasaña en largos y delgados espaguetis. El resultado no fue el esperado porque la lasaña se partía en cuanto se sometía a tensión.

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Mundo Nuestro. Manuel Espinosa Sainos y su poesía totonaca. El poeta serrano escribe contra la ausencia de la lengua escrita. Nos obliga a mirar los vocablos largos, a probar su sonido en nuestra voz. El poeta nos lanza al abismo de un mundo extraordinario, como el que se abre a la vista en las cañadas serranas. El poeta nos invita a sumergirnos en los sonidos de su identidad antigua. Nos pone a prueba. Luego, en su versión en español, las palabras desenredan ámbitos universales; una jauría de perros como imagen absoluta del poder que ha borrado por siglos los pueblos indígenas. Pero también el horizonte insondable o el rumor del río. O el deseo. Los cuerpos desnudos. El amor, por el que también hablan los muertos.

Más de 200 mil personas en México hablan totonaco. Y sin embargo, es una de las lenguas madres en riesgo de desaparición. La poesía y la narrativa de Manuel Espinosa Sainos alumbran el camino de su recuperación.

Aquí su voz en el poema: Los muertos hablan de amor



Presentamos entonces, primero en totonaco y después en su traducción al español por mano del propio poeta, uno por uno, esta selección de poemas de una de las voces de nuestra literatura poblana más importantes.

Literatura totonaca.



Aya minkgoyacha chichí’

Aya minkgoyacha chichí’,

lakgtsakgatilhakgó lukut,

luxa tsinksnín tasiyakgó.

Patsatilhakgó kkatalimaxkgat,

liwat antaní nitu anán,

tli’iki minkgoyachá’,

makgawanitilhakgó xakgtsiskán.

Akgsananantilhakgó,

lu aya tlajanampatankgó,

na’ankgo kikgó kpulilhuwa

wantu niláy tatamaway.

Aya minkgoyachá nchichí’,

mamitilhakgó xkgalhxtajatkan,

kgankgawanantilhakgó

xliwat limaxkganiya kachikín.

Nitu wampatan xatamanín

ka paks chichinín likatsikgó,

lixkanit kaxkatilhakgó.

Winti lapekwa nkaknikgó,

skintilhakgó xatapixnu xanat,

kaxkatilhakgó chichinín,

lu malanampatankgó kkachikín.

Wanti natamastay

nalakgamakglhtikán xchu,

naankgó kkalimaxkganiya kachikín,

mitsi mitsi natawantayakgoyachá’.

Aya minkgoyacha chichí’,

kinkamapakawatilhakoyan,

lu aya makaxkapatankgokan

wantí tawanankgo makgpalha’.

Ahí vienen los perros

Ahí vienen,

ladrando tras el hueso,

no tienen llenadera.

Buscan en la miseria,

en la esperanza mutilada,

en manada vienen

sacudiéndose las pulgas.

Con la mentira enredada

entre los dientes,

irán a las plazas públicas

a comprar lo incomprable.

Ahí vienen,

babeando por las calles,

olfateando

la comida del pueblo.

El color no importa

siguen siendo perros

y van tras el mismo hueso.

Como en una procesión,

esperan collares de flores,

vienen ladrando los perros

hambrientos de poder.

Le quitarán la tortilla

al primero que se deje,

irán a las casas más humildes,

estarán echados en la puerta.

Ahí vienen

ladrando nuestros nombres,

dispuestos a morder la mano

de quien les da de comer.

Lilakgastán

(inédito)

Lhputut klakawan akxní klhatá,

klilakgastanán kintamanixni’.

Lulakatsú tasiyú katukawá,

lustlan tasiyú katukawá’,

lustlan maní kintamanixní’

katukawá lilakgastán.

Tasiyú lantla tlawan kgalhtuchokgo,

tasiyú lantla aknú kintankgaxekg,

takgaxmata xtatlín kataxawat,

paks antá talhkatawalá kkintamanixni’.

Lustlan tliy kintamanixni kkakiwín,

max xkilhtamakujá xanat ukú’.

Paisajes

(inédito)

Duermo con los ojos abiertos

para contemplar mi sueño.

Nada queda lejos,

todo lo contemplo,

y en el silencio blanco

mi sueño pinta paisajes.

El tránsito libre de los ríos,

las raíces profundas,

los cantares de la tierra,

todo queda plasmado.

Ha llegado la primavera,

mi sueño canta en el bosque.

Tamakglhtastín

(inédito)

Kkilatamalh kxkachikín lawan pala niksmanilh,


xaklhakgapatan klhakgat lawan luspupulu kimakgkatsika,


kiaktalamilh xtachiwin lawan akxní xaklichiwinampatán.

Xakmaxanatlipatán kintalakapstakni tsalakgolh tachiwín,

xkixapakanitá akxní kpatsalh kilatamat kxlikgalhtawakga lawan
chu akxní kpatsalh kinklilhtsukut naxmasipanikanitá’.

Como ellos

(inédito)

Quise vivir en su pueblo y me sentí ausente,

quise usar su ropaje y me sentí desnudo,

quise hablar su lengua y su lengua me lapidó,

Quise escribir poemas y las palabras huyeron,


abrí su libro para buscarme y me sentí borrado,


busqué mi identidad y mi identidad sangraba.

Takgalhkgalhín

(inédito)

Wa imá tlanka jaka

akgtlakgwantayalhá’,

kgalhkgalhimakú mpatokgtokg

ti katsisa tsik tsik tsik

litliy min takuwaní’,

nipaxawana takgamanan

La espera

(inédito)

Aquel árbol de mamey

aun espera el pájaro

que en las mañanas

tsik tsik tsik canta tu nombre,

impaciente,

juega a pelotazos con su sombra.

Ka xaleemakgat

(inédito)

Kaslipi kintsikit, kaslipi’,

kalitlawa minchujut,

makglhuwa nkaslipi’,

kmakgkatsipatan kkimakni

xtawakat mintamakgaxtakgni’,

kilistiputlawa xlisakgsi',

kaslipipala nkintsikit, kintuksti’,

nitu tlawaá maski ni unu wala’,

akglhakgwa kinkilhtsukti’,

kgachakgx kaxkat nkinkilhpín

maski tani staknan chiwix lapat,

liya liya kintuksti’, kintuksti’,

kixama maski kamilh kinkgalhni’,

kilikilhtlawa minchujut,

katalakgxtamiw, kintsukti’,

maski ni unu lapat.

A Distancia

(inédito)

Cubre mis pezones

con la saliva de tu ausencia,

lámelos una y otra vez,

quiero sentir en mi piel

el fruto de tu abandono,

vierte su néctar en mi espalda,

lámeme otra vez,

bésame bruscamente

con los labios de la soledad,

muerde mi boca desde allá

donde las piedras despiertan,

acaríciame todo,

hasta sangrar mi cuerpo,

hazme el amor

con toda la rudeza de la distancia.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

lilakgastakgwanankgoy kiwi,

nachiwinankgo likaxtlawan kgalhpuxum

tipalhuwa tachiwín lichiwinankgó.

Lantla lamakgolh ti katsekg lapaxkikgó,

lantla mastay xtapaxkín kgalhtuchokgo,

lata chan kpupuná’.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

niakxnikú niy xnakukán,

jalhanankgoy kxpulakni kataxawat,

makgawanikgoy xaspinini kgalhni’,

xlakata wa lapaxkit xaxlipán.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín

lapulakgoy makgwananín,

likankalay talakgxtamit putaknún,

tachayaway latsukat kkakapeni’,

kkapuxkgán, kkasekgnán,

tachayaway latsukat.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín,

lalipaxkikgó xasasti tapaxkín

antani likaxtlawanankanit kgalhpuxum.

Lichiwinankgoy lapaxkit ninín,

mapixnukgó xanat xtalakapastakanikán,

nilinipatankgóy lantla

xakstukán taakgxtakgtamakgonít.

Los muertos hablan de amor

Los muertos hablan de amor

de sus carnes resucitan árboles

cuentan miles de historias

las cruces de zempoalxochitl.

De los amantes clandestinos,

de los ríos que penetran y se secan,

de los que se entregan al mar.

Los muertos hablan de amor

su corazón nunca muere

late en el vientre de la tierra,

bombea la sangre color ciruela

porque el amor es perenne.

Los muertos hablan de amor

deambulan los deseos,

los panteones huelen a sexo,

evaporan los besos

en la humedad de los cafetales,

en las barrancas, en los platanares.

Los muertos hablan de amor

inventan caricias nuevas

en el altar de sempoalxochitl.

Los muertos hablan de amor

le ponen collares de flores al recuerdo,

los muertos

se niegan a morir abandonados.

Tantliy mimakni’

Walapí lustlan tatsawí mi makani’

walapí machichiwí mintankilhni’palhka’,

walapí matantliniya mimakni akxní skitiya’

walapí aklhpipitawakaya kxwati’.

Walapí lakum laktsu spun tlikgoy mintsikit,

walapí limapasiya xlichich mimakni pumalhku

pus chu kit, kum mimakán kimalakatsikilh,

lakum stlan pakun chu kmakgkatsí kxkgonayán.

Tu cuerpo es la danza

Si todo tu cuerpo tiene ritmo,

si tus caderas calientan el comal,

si eres la danza cuando mueles,

y si tiemblas en la boca del metate.

Si son tus pechos pájaros cantores,

si lúbrico tu cuerpo enciende el fogón,

entonces, yo, nacido entre tus manos,

soy una rotilla que se esponja de ganas.

Kalamapaklhaw

(inédito)

Kum ni achin kilininkán, kintalapaxkin,

kalamapaklhaw,

kalalikilhtsukmiw kintalhtsikán kkasekgatni,

katatampiliw,

kalalikilhtsukmiw kisakgsitawakatkán,

skan kalalimaktlawaw

kintapaxkinkán.

Lakum xpipilekg kxakgan kiwi kin,

lakum sakgsi kxakgstán simakgat kin,

kalamapaklhaw, kintalapaxkín,

Kapulhtakikgolh xanat kkimaknikan,

kapulhtakikgolh xakiwi patokgtokg,

kalhuwalh nkintatlinkán,

kalamapaklhaw, kintalapaxkin,

Polinicémonos

(inédito)

Antes de que la muerte nos lleve, amor,

polinicémonos,

llenemos de polen nuestras bocas,

nuestros frutos,

que ni un poro de nuestro cuerpo

se quede sin polinizar.

Somos mariposas en la hoja,

dulce miel en la punta de la lengua,

por eso amor, polinicémonos, amor,

polinicémonos.

Que en cada parte de nuestro cuerpo

nazcan flores, árboles de pájaros,

que se fecunde nuestro canto,

polinicémonos, amor,

polinicémonos.

Lakampi namin sen

Kamakukani kstun kimpaxkatsikán

kamapixnu xaskakni xanat,

nakamakgkatsilh lantla kgalhputikgo lokgaxanat,

nakakilhskaklh kimpaxkatsikán.

Kalipi tani skaknit puchuchut,

ka ukxilh lantla kaskakma.

Kamatakgchokgonilh kstun kimpaxkatsikan

kamapixnu xa skakni xanat

kakimaxkgatni ktxutuna`

nakamakgkatsilh kgalhputit kimpaxkatsikán.

Para que llueva

Ponle un cántaro a la virgen

un collar de flores marchitas,

que sienta la sed de los alcatraces,

que se le sequen los labios.

Al pozo seco llévala,

que vea la tierra partida.

Ponle un cántaro en su espalda

un collar de flores marchitas

llévala a beber la última gota,

haz que llueva en sus ojos.

Nuestros ancestros totonacos dicen que el agua tiene dueños, en nuestra lengua se llaman xmalananín chuchut. Ellos, junto con el viento y los truenos, así como el espíritu de las personas que se asustaron en el agua trabajan para hacer llover a lo largo y ancho de la tierra para que los cultivos puedan crecer de manera abundante.


A medio día, los dueños del agua se reúnen para platicar sobre su trabajo, sobre las actividades que habrán de realizar en los próximos días, por eso no es bueno acercarse a esa hora porque uno puede interrumpirlos y entonces pueden molestarse y capturarnos. Nuestras abuelas nos advierten:


--No vayas al agua a medio día, porque a esa hora están los malananín, los dueños del agua, si quieres ir ve temprano.




La sabiduría totonaca dice que nosotros no tenemos permitido interrumpir su conversación. A esa hora, los dueños del agua planean junto con el viento y los truenos los trabajos que van a realizar, nunca pueden estar quietos.


En la reunión convocada por los dueños del agua están también los que fueron llevados por el agua, es decir, los que no mostraron respeto y su espíritu fue detenido porque se acercaron a medio día. Los dueños también platican con esas personas y les dan a conocer la forma en que serán castigadas por haberles faltado el respeto. Generalmente el castigo consiste en trabajar para ellos.


Cuando los dueños del agua realizan su trabajo los espíritus de esas personas que se asustaron cerca del agua e interrumpieron la conversación, son llevados junto con el viento y con los truenos a diversos rincones del cielo para hacer llover. Pero como ellos no están acostumbrados a volar ni andar dando vueltas en lo alto como si fueran pájaros al poco rato se sienten mal y se marean.


Por eso cuando se nubla esas personas les duele todo el cuerpo, les da sueño y tienen nauseas, pero es porque andan allá en el cielo junto con los dueños del agua y el viento trabajando, por eso sudan, sienten como si no estuvieran en vida y hasta se quedan dormidos.


Pero no tienen permitido quedarse dormidos porque es la hora en que están trabajando junto con los dueños del agua, hasta que ellos se les olvide que alguna vez fueron interrumpidos y de esta manera ocasionado su enojo.



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