Solón Argüello: el poeta en búsqueda de su propio corazón

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Mundo Nuestro. En días pasados se presentó en el edificio de la Aduana Vieja el libro Solón Argüello, Antología poética, elaborado para el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP por la novelista e investigadora Beatriz Gutiérrez Müller. Recuperamos de ese evento el texto escrito por la poeta poblana Valeria Guzmán (Ciudad de Puebla, 1990), quien nos ayuda a comprender la profundidad de uno de los personajes trágicos de la revolución mexicana, el poeta de origen nicaragüense Solón Argüello asesinado en 1913 por soldados del régimen huertista.

La antología elaborada por Beatriz Gutiérrz Müller es un compendio de poemas que pertenecieron a los tres libros publicados por Argüello en México: El grito de las islas (1905), El libro de los símbolos e islas frágiles (1909) y Cosas crueles, además de una veintena de piezas inéditas que fueron rescatadas de periódicos y revistas por la investigadora del ICSyH.

El poema Y prosiguió su signo con el que Valeria presenta su valoración de la poesía de Solón Argüello es de una fuerza estremecedora.



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Y prosiguió su signo

Pasó lleno de polvo

su traje asaz roído,



con sus viejas sandalias que conocen

cien valles, cien desiertos, mil caminos.

Pasó, con su melena

que desgreñaba el austro,

con su triste mirada pensativa,

que escruta, siempre fija en el arcano.

Pasó, como una sombra,

callado, obscuro, solo,

con sus laxos camellos de tristeza

doloridos. Pasó lleno de polvo...

Miró hacia atrás en busca

del ya lejano predio

y aun oyó reproches que venían

traídos por la parva de los vientos.

Y se bebió sus lágrimas

y prosiguió, en su signo,

con sus viejas sandalias que conocen

cien valles, cien desiertos, mil caminos.

Anoche soñé que me disparaban en la pierna. Sabía que no debía moverme aunque no sentía ningún dolor, ni siquiera angustia. A otra mujer le disparaban en el vientre frente a mí, y eso me preocupaba más; sabía, por sus gestos, que a ella sí le dolía.

En la carrera de Letras te enseñan a desligarte de la empatía pues ése es el grado más básico de la lectura, identificarse con un personaje, con una situación. No sé si por eso casi dejé de leer narrativa. Para la poesía no hay otra alternativa más que el involucramiento. La poeta santianesa Olvido García Valdés escribió una biografía de Santa Teresa en la que explica su corazón. El corazón del poeta místico es como una cúspide, como el punto de una montaña que se alcanza después de muchos trances, hasta llegar al de la unión real. Para mí, el poeta debería buscar siempre su propio corazón.

Cuando Miguel me dio el libro de Solón Argüello no sabía quién era él, sólo sabía que yo estaba triste. Sentí que él también había estado triste. Todo el tiempo habla de la​ ​isla​. Leo que Justo Sierra le facilitó a Argüello dar clases en Ensenada. Yo fui por primera vez el año pasado. Me sorprendió ese O​cénao Pacífico que se puede ver desde las rocas, y la lejanía que desde ahí se siente con el mar​. No vivir en el mar, no ser del mar, causa un distanciamiento del cual no se tiene consciencia sino hasta que se convive mucho con alguien que sí viene de una ciudad marítima o, me hace pensar Solón, hasta que se llega a vivir a una ciudad con playa.

Además las playas de Baja California no son tan alegres, tienen algo de nostalgia. Quizá porque el sol no te invade como en las céntricas. Las islas del poeta son metafóricas, pero esa insistencia en el símbolo quizá no es tan común en alguien que no está en diálogo constante con el agua.

Dice Jules Michelet en su libro sobre el mar:

“¡Qué triste es ver, al caer de la tarde, el sol, alegría del mundo y padre de todo lo criado, ir desapareciendo, eclipsarse entre las ondas! Es el cotidiano duelo del Universo, particularmente del Oeste. En vano es que todos los días presenciemos el mismo espectáculo; siempre ejerce en nosotros igual influjo, idéntico efecto melancólico.”

En efecto, no hay manera de estar al lado de la playa a la hora del arrebol (que en el norte aparece casi diario) sin sentir que perdemos algo. Me imagino que esta sensación se intensifica cuando se tiene la rutina de vivir junto a ese fenómeno diario.

Creo que la tristeza de Argüello lo llevó a buscar cosas. La primera cosa es el amor romántico, la que está más al alcance. El amor es una posibilidad de llenar el vacío propio de estar vivos. Bataille asegura que el hombre nace y muere en soledad (tengamos en cuenta, sin embargo, que era un filósofo occidental). Pero la relación amorosa se acaba, el poeta se queda solito en su isla. Es tristísimo ver cómo el otro se aleja, y quedarse con el propio corazón que late y late y late. Parece que no hay una escapatoria de eso. Sí la hay. Es lenta, es igual o más complicada. Se puede llenar el vacío que deja un amor romántico con la búsqueda de profundidad del ser. El ser está solo pero, al mismo tiempo, está acompañado del todo y él mismo es el todo. Una trascendencia que ​buscan las grandes doctrinas místicas.

Dice Nietzsche que cuando el ser llega a este verdadero encuentro del corazón, el artista se despersonifica. Escribir de esto es complicado, el lenguaje se vuelve simbólico. Para Solón Argüello, se vuelve fantástico. Hay bosques que acechan y criaturas maravillosas que aparecen, corporeizando lo trascendental​. También están entre estos paisajes los santos y los dioses. En la poesía de Marosa di Giorgio sucede igual: en medio de una realidad fantástica, aparecen entidades sagradas.


Podría parecer contradictorio que un poeta místico, como definitvamente considero a Solón Argüello, haya dejado de escribir para luchar por una causa política. Pero creo que es una entrega con disciplina que distingue a las personas que se entregan a una idea, sea religios a o no. Hay algo que podríamos llamar “romántico” ahí, o sólo propio de un ser lleno de pasión trascendental.

(La fotografía que ilustra la pordatilla de este texto pertenece al Sistema Nacional de Fototecas del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Cortesía de la editora Beatriz Gutiérrez Mueller.)

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Sobre el autor

Valeria Guzmán

Valeria Guzmán (Puebla, Puebla, 1990). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Trabaja en el departamento de Publicaciones en el Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información de la UNAM. Ha publicado en medios como Sin Embargo, Unidiversidad, Revista Registro, La Otra y Tierra Adentro. En 2015 obtuvo la beca Interfaz por escritura de poesía.