"Esperando sea de su agrado..." La jornada laboral de un joven guitarrero

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Levántate temprano. Desayuna. Guarda la botella de agua. Afina tu guitarra y cuélgatela. Sal a la calle. Lo primero es establecer una ruta de acuerdo a tus necesidades. Ubica los puntos importantes. Yo ya tengo la mía: empiezo en el Boulevard Norte, por el antiguo hospital San Alejandro. A las diez de la mañana debo estar en la parada del camión para no perder tiempo y que todo cuaje. Cargo la guitarra, la funda de tela y el agua. Debo tomar la ruta 10 o el Libertad Cuauhtémoc que van hacia la 31 poniente. Suena mucho más planeado de lo que en realidad es, no te espantes. Llego a este lugar porque aquí se detienen los camiones por el alto o para subir pasaje, aparte vienen con gente porque ya pasaron la CAPU. Siento el humo que sacan los camiones, bueno pa’l frío. ¿Lo sientes?

¿Me da chance? Dijo que no. Ni modo. Los choferes a veces no te dejan. Están en su derecho: a veces se sube cada cabrón a cantar que… Bueno, pero ese no es el tema. Para pedir chance cuando no te oyes hay que alzar la guitarra. Así. Ellos ya saben qué pedo. Ahí viene otro. Tienes que subirte rápido, pasar hacia atrás para recargarte y comenzar.

Muy buenos días, vengo a interpretarles unas canciones, esperando sean de su agrado.



Que se quede el infinito sin estrellas

O que pierda el ancho mar su inmensidad

Pero el negro de tus ojos que no muera…

Dos canciones. A veces hay que tocar una más. Son aproximadamente seis minutos y no molestas mucho a la gente.

Bueno, espero que estas canciones hayan sido de su agrado y, si gustan colaborar con una moneda que no afecte a su economía, se los agradeceré mucho. Muchas gracias y hasta la próxima, que tengan buena tarde.



Ese es mi discurso, prefiero no mentir, la verdad. Y ya vas pasando a cada uno de los asientos.

¿Gusta colaborar? Gracias. Gracias. Muchas gracias.

Me caen muy bien los choferes, ¿sabes? Casi siempre son empáticos contigo. ¿Cómo va, eh? Bien, bien. Apenas empecé, pero ahí va. Vientos. Oye, ¿tienes cambio? Si traigo, se los doy. Anota esto: procura que tu pantalón traiga bolsas grandes, nunca sabes cuándo te pescará la suerte. Además, como estoy todo flaco los pantalones se me caen con la morralla. Listo. Gracias, Don, ahí la vemos.

Hay que tratar de bajarse en una parada donde haya gente por dos razones: 1) si no hay semáforos cerca, los camiones se detendrán para subir pasaje. O sea: una oportunidad. Y 2) Siempre es bueno que la gente te escuche, sobre todo en esta chamba.

-¿Qué toca, joven?

- Pues ya ve, de todo. ¿A usted qué le gusta?

- Tssss… pues de todo, la verdad. Los boleros me gustan mucho.

-Perdón, vida de mi vida…

-Perdón, si es que te he faltado…

-Perdón…

-Cariñito amado…

-Ángel adorado…

-Dame tu perdón. Esa es muy buena, eh.

- Sí, muy buena. Ahí viene uno, a ver si me da chance.

- Sale, joven, que le vaya bien.

Muy buenas tardes, vengo a interpretarles unas canciones esperando sean de su agrado.

Vete ya.

Si no encuentras motivos

Para seguir conmigo

¿Para qué continuar?

Hay que saber de música. No ser estudiado, sino lo que se siente escuchar y tocar. Porque si una canción te hace sentir algo seguro lo transmites al tocarla. ¿Que si toco lo que a la gente le gusta? Pues sí, pero me concentro en sentirme mejor, aunque es porque yo no vivo de esto…

Ya casi es la una. Llevamos… setenta pesos. En total hemos tomado como cuatro o cinco camiones, pero ahorita viene lo bueno. Lo chido de una ciudad como Puebla es que siempre hay turistas. ¿Sabes qué les encanta? Probar comida nueva ¿Y qué cosa es lo que más prueban? Cemitas. El Carmen es la mejor para ir a botear. Sí, así se dice: botear. Bueno pues hay al menos dos locales donde se puede tocar.

¿Ya viste? Está lleno. A huevo. Aquí, en medio, para que toda la gente te escuche. Fuerte.

Muy buenas tardes, vengo a interpretarles unas canciones, esperando sean de su agrado.

¿Qué más quieres de mí

Si ya todo te di?

Te di mi cariño

Te di mi confianza

Te de mi calor

-Joven, ¿se sabe El Andariego?

-Claro.

-¿De a cómo la canción?

-De a veinte pesitos.

-Venga, pues.

Yo que fui del amor ave de paso…

Ya no pasamos al otro. ¿Viste al tipo que me saludó? Pues ese iba a tocar al local de al lado. Se llama Arturo. Yo lo conocí cuando empecé a tocar en los camiones, a los catorce años. Yo iba en la secundaria, quería ir al D.F. a ver a Caifanes y en ese entonces recién había dejado un trabajo que tenía en un café internet. Así empezó todo.

En los molotes es más sencillo, pero siempre hay que pedir chance. Hay mucha gente porque están cerca de catedral y en el centro siempre hay turistas. Es con esa señora que despacha. ¿Me da chance? Gracias.

Muy buenas tardes vengo…

A ver. En total, sacamos $170 pesos y son las tres de la tarde. Por hoy, el día ha terminado. Aquí acaba. Si hace falta, te regresas tocando a tu casa o vas a otras fondas, restaurantes o hasta las plazas. Pero hoy fue un buen día y no es necesario. Hay que moverse, tomar agua, cuidarse. Como yo no vivo de esto, ya puedo volver a la casa. Tomo la ruta 3. Cien pesos son para mi madre y el resto es para mí. Cuando llegue, debo ayudarla con el puesto de molotes. También debo hacer la tarea. Y leer. También debo descansar un poco.

Bueno, esto ha sido todo. Y si estas canciones han sido de su agrado…

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Sobre el autor

Antonio Miguel Muñoz Ortiz

Antonio Miguel Muñoz Ortiz es estudiante del Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica en Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. Forma parte del Seminario de Crónica que dirige el Doctor Marco Antonio Cerdio Roussell.