La ciencia de la milpa en México/Revista OIKOS

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Mundo Nuestro. "La milpa es un espejo de la diversidad biológica y cultural de México", se afirma en el arranque de la

Para entender la historia larga de México hay que ir a sus milpas. Ahora mismo en septiembre, con los elotes a punto o ya en la ruta de la mazorca. O en los ayocotes y los quelites que se enzarzan en ese enredo de insectos y espinas que tienen atrapadas a las cañas del maíz. Y en el maíz que oculta sus colores azul y rojo y blanco y amarillo. O en el máiz de dientes multicolores, en el juego de adivinanzas que ha volado en el polen y en las alas de las abejas y los frailes que le chupan y le roban el dulce. Pensar en ello mientras se leen los artículos de la revista Oikos (Instituto de Ecología, UNAM, marzo de 2017), y se admiran las suertes de los científicos mexicanos decididos a recupera la trama milenaria del sembradío que explica nuestra civilización. Reproducimos aquí la introducción del texto "La milpa en México", que resume la investigación que lleva adelante un grupo de investigadores asociados al Instituto de Ecología y a CONABIO (Mahelet Lozada-Aranda, Idalia Rojas Barrera, Alicia Mastretta Yanes, Alejandro Ponce-Mendoza, Caroline Burgeff, M. Andrea Orjuela-R. y Oswaldo Oliveros Galindo)

El texto --se explica en la introducción del número de OIKOS-- analiza "los diferentes productos que se van obteniendo de nuestras milpas a lo largo del año, la diversidad de ambientes en los que se desarrollan, y los procesos evolutivos y antropogénicos que actualmente siguen modelando su diversidad vegetal. No descuidan la descripción de los distintos componentes de estos complejos ecosistemas, especialmente de sus polinizadores. El corazón de la milpa son los diferentes tipos, razas y variedades del maíz, y éste ha sido uno de los logros más importantes de los antiguos mexicanos: ¿cómo fue que modificaron al teosinte, un pasto anual que no se parece en nada al maíz actual, y que además no sirve de alimento porque produce semillas duras y pequeñas, convirtiéndolo en el maíz que todos conocemos? El teosinte no sólo es diferente morfológica y alimenticiamente, sino que toda su arquitectura, fenología (ciclo biológico) y adaptación al clima, se ha modificado por la selección artificial que hicieron los antiguos mexicanos. El teosinte ha sido motivo de cuidadosos estudios, y Jonás Aguirre Liguori, alumno de doctorado de nuestro Instituto, nos platica sobre el trabajo que está realizando para entender su biología evolutiva y adaptación. Este será el primer paso para comprender finamente el proceso de domesticación y adaptación del maíz, y será además una herramienta fundamental para conservar mejor nuestros recursos genéticos. Jonás expone los avances e ideas que se han generado recientemente, utilizando modernos estudios genéticos y genómicos que permiten entender el proceso de domesticación del maíz. También menciona algunos resultados sobre la adaptación local en el teosinte, y cómo esta información puede contribuir en el futuro al mejoramiento del maíz cultivado, especialmente frente a escenarios de cambio climático."

La imagen de la portadilla es de Diego Rodrigo Ortega Díaz con imagen de Anat Zelligawski.



Productos de la milpa de Oaxaca. Fotografía: Mahelet Lozada- Revista Oikos, Marzo 2017.

La milpa en México



México es el centro de domesticación y diversificación de muchas plantas que son importantes en todo el mundo. Este proceso se ha desarrollado en diversos sistemas agrícolas tradicionales, y uno de los más conocidos es la milpa, cuyo nombre proviene del náhuatl milpan, compuesto a su vez por los vocablos náhuatl milli que significa “parcela sembrada” y pan “encima de”.

Milpa cercana al Nevado de Toluca, con maíz, frijol ayocote y calabazas. Fotografía: Alicia Mastretta.

La milpa es un agroecosistema que surgió en Mesoamérica y posteriormente se expandió al resto de México y Sudamérica, se caracteriza por ser un policultivo, en el que además de la siembra de maíz, se asocian otras especies domesticadas como los frijoles, las calabazas, los chiles, los tomates, y otras tantas semi-domesticadas, como los quelites, los cuales crecen dentro del sistema de forma natural y el ser humano los ha manejado y protegido con esta forma de sembrado. La diversidad de cultivos dentro de la milpa depende de cada región, no sólo por el clima, pendiente y suelo, sino por el grupo humano asociado a ella, que de acuerdo a sus necesidades, saberes y tradiciones, le ha impreso un sello distintivo. Es decir, la composición y estructura de las milpas en la península de Yucatán, es diferente a las presentes en la Sierra Tarahumara en Chihuahua o a las del Centro de México. Por lo anterior, se puede decir con seguridad que en México no existe una sola milpa, sino muchas milpas. Durante varios meses al año se producen alimentos en la milpa (Figura 2). Poco tiempo después de ser sembrada, las flores masculinas de la calabaza estarán disponibles para consumir, así como diferentes tipos de quelites, posteriormente están listos los elotes y frijoles tiernos, y finalmente los granos maduros de frijol y maíz. En el sureste mexicano, en ocasiones, cuando se supondría que la milpa se encuentra en descanso, ésta sigue produciendo recursos como tubérculos (camotes, yuca) que son rescatados para complementar la alimentación. Dependiendo de la región, también existen milpas con árboles frutales, como el aguacate, la papaya o la guayaba. Desde la época prehispánica, el uso de la milpa se ha extendido en todo México y Sudamérica, el agroecosistema fue adaptándose a diferentes condiciones ambientales, que van desde el nivel del mar hasta más de 3,000 metros de altitud. Las plantas que se cultivaron se adecuaron a dichas condiciones gracias al trabajo recurrente de los agricultores, que durante años han seleccionado semillas y experimentado con ellas durante cada ciclo. Esta selección se basa no sólo en términos de producción, sino también de crecimiento de la planta, su capacidad de adaptación, el uso que se le da a los diferentes productos, en la preparación de alimentos que las utilizan, su empleo en las festividades, entre otros; es decir, en aquellos atributos que el grupo étnico considera importantes para ellos.

Los agricultores, tanto hombres como mujeres, participan en la dispersión de las semillas a nuevos sitios, pues intercambiar semillas entre distintos grupos humanos es una práctica común. El intercambio puede darse dentro de la misma comunidad a pocos kilómetros, o traspasar grandes regiones, como puede ser el caso de jornaleros campesinos, que viajan de un estado a otro transportando semillas. Muchas especies cultivadas en la milpa tienen parientes silvestres con los que se pueden cruzar, y por ende desarrollar “formas intermedias” derivadas de estas cruzas, con las cuales el agricultor puede continuar seleccionando las características que le son favorables. Esta acción permite que el proceso de domesticación se mantenga vigente aún en nuestros días. Es decir, que la evolución de los cultivos bajo domesticación sigue ocurriendo de manera continua en las milpas de México y Mesoamérica. La riqueza de la milpa va más allá de los recursos que nos ofrecen, pues también son relevantes las interacciones que ocurren entre todos sus componentes. De estas interacciones, por ejemplo, el papel de los insectos benéficos ha sido subestimado y poco estudiado, quizá porque concebimos a los insectos como seres de aspecto poco agraciado y asociados a la destrucción de los alimentos. Sin embargo, estos habitantes o visitantes de la milpa brindan servicios como la polinización y el control de plagas (Figura 3), pues cuando una planta de maíz es atacada por un insecto, ésta es capaz de producir compuestos que se esparcen con el viento y que atraen a los predadores naturales de las plagas. La milpa a su vez, al ser un policultivo, brinda alimento (polen y néctar) y refugio que no siempre están presentes en los sistemas intensivos de siembra (monocultivos). En este contexto, la resistencia a plagas del maíz y demás plantas comestibles, no depende únicamente de mecanismos individuales, sino de las interacciones que ocurren entre los miembros de la milpa. Sin embargo, estos mecanismos son menos eficientes o no ocurren en los monocultivos, y por ende el riesgo de que se establezca un grupo de insectos que se convierta en plaga, es mayor.

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