Dos asambleas en la Sierra de Puebla para mirar su verdadera entraña/Primera parte

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Dos asambleas en la Sierra. Acudo a ellas en un fin de semana de lluvia y sol en los extremos de un río, el Apulco, acosado por los proyectos industriales que llegan a su ribera de la mano del gobierno federal --las secretarías de Economía y Energía y la Comisión Federal de Electricidad, por ejemplo, pero ya también la PGR--y las empresas mineras nacionales y extranjeras como la canadiense Almaden Minerals y la mexicana Grupo Ferrominero y su subsidiaria Minera Autlán. En Ixtacamaxtitlán, en el sur reseco, llueve con fuerza a mediodía; en Tlatlauquitepec, en el norte húmedo, el calor cuece la plancha de una plaza frente al templo del Perpetuo Socorro. Dos días, entonces, para contemplar un territorio vasto rigurosamente asediado por un sistema económico decidido a reproducirse en su capital a costa del agua y las entrañas de sus montañas milenarias. Y la historia y la cultura de sus pueblos originarios.

Cómo mirar ese lomerío en la cuenca alta del río Apulco. En su entraña de oro, medida en onzas y metros y barrenos, dinamita y toneladas de piedras molidas en agua y cianuro, en lingotes refulgentes en bóvedas nunca a prueba del fondo monetario internacional, en circuitos electrónicos en celulares y automóniles, en collares y pulseras para la reproducción de las castas en la India. O en su versión de tierra agreste, de sabinos, magueyes y palmas, de mapaches y zorras y hormigas, de tiempo detendido en las veredas que llevan a aldeas silenciosas en el sopor del mediodía.... Al centro de la fotografía, con la tierra yerma blanquecina en el filo de su cima, el cerro de oro consecionado por el Estado mexicano a la canadiense Almaden Minerals.



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Ser mexicana, ser indígena, ser campesina. Empezar por ahí esta historia: ¿desde dónde se construye una acción de defensa del territorio de los pueblos originarios?

En el portal junto a la plaza en la que mal resuena un altavoz María Helena me explica cómo siembra las habas que su marido ha extraido para pesar con una báscula de mano las que pienso llevarme para sembrar en Puebla. Es una mujer expresiva, si te dice que primero ahujeras con la pala y despues de echar la semilla la tapas con el pie ella todo lo escenifica en el suelo; y si tienes que dejar medio paso, ya lo dio ahí enfrente de uno.



Claro que ella piensa que es broma. Le he dicho que la empresa canadiense afirma que en Ixtacamaxtitlán ya nadie habla mexicano. María Helena sonríe y luego se enoja. Ha permitido que la grave y así me contesta:

Ha prometido cantar y me lo cumple. Es una canción infantil, aprendida en el catecismo tal vez. Se la cantará a sus nietos también con esos movimientos sencillos, con el pasito adelante, con las manos juntas para dormir.

María Helena se queda en el portal. Yo me llevo a la asamblea su voz dulce y el interrogante sobre la trampa que el diablo le pone a esta tierra. El diablo, ese rostro mal imaginado que piensa llevarse la fortuna y las tortugas en nombre de la palabra progreso que arrastra el metálico desvarío del capital.

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Las dos asambleas me sirven para marcar el territorio de la lucha ambiental. Las dos para tomar el pulso de los conflictos asociados a los proyectos industriales petroleros, mineros e hidroeléctricos que se le vienen encima a los pueblos cada vez más desde la criminalización de las acciones de quienes se les oponen. Las dos para constatar el avance de los movimientos de resistencia y las palabras con las que construyen ciudadanía desde la defensa de sus montañas y sus pueblos.

El sábado en Ixtacamaxtitlán, para demandar al presidente municipal la creación de un municipio libre de minería frente a la cada vez más grande presión de la empresa Almaden Minerals para lograr del gobierno el permiso de explotación en los cerros de Santa María Zotoltepec.

El domingo en Tlatlauquitepec, con la representación de decenas de comunidades de 45 municipios de Puebla Y Veracruz, cerca de dos mil personas dan idea de la importancia que los movimientos de resistencia en la Sierra de Puebla tienen ya en el escenario nacional.

La primera asamblea ocurre en el escenario extremo que representa una empresa canadiense decidida a dejar de lado la consulta indígena para presentar sin ese obstáculo ante la SEMARNAT la manifestación de impacto ambiental de su proyecto de producción de oro y plata por la vía de la explotación a cielo abierto.

La segunda se mueve en dos planos: uno, el de la lucha concreta manifiesta en la exigencia de contar para los municipios de Tlatlauquitepec, Yaonahuac y Hueyapan con un programa de ordenamiento territorial como instrumento de defensa contra los proyectos industriales en la cuenca baja del río Apulco que cruza este territorio; otro, el político, con la conciencia de la gravedad de los riesgos y la importancia de lograr una estrategia de defensa con perspectiva nacional.

3

Traen por la calle la consigna que le dio fama a Tetela: la tierra nos se vende, se ama y se defiende... Son de Tlatlauquitepec. Y sus líderes traen en la mira lo que más le duele a los gobiernos en México, la idea del ordenamiento territorial.

CONTINUARÁ...

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...