Viaje al fin de la selva II La selva campesina

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Publicado originalmente en su primera parte en la revista Nexos en febrero del 2015, este reportaje de largo aliento se presentó completo en Mundo Nuestro en esos mismos días. Lo recuperamos aquí con el ánimo de iniciar esta nueva etapa de la revista digital con una mirada a la realidad ambiental de nuestro país y los retos enormes que se nos presentan a los mexicanos.

Viaje al fin de la Selva II La Selva Campesina



Sergio Mastretta

Junio de 2014. Llevo una semana en la selva. En los pueblos de la Selva Lacandona al sur del río Lacantún y desde la boca de los ríos Jataté y Jabalí hasta su confluencia con el río Salinas y un poco más allá, cuando arranca el Usumacinta y pasa por Yaxchilán a la altura del poblado chol Frontera Corozal. Cerca de 215 kilómetros de ribera. De un lado, al norte, la Reserva de la Biósfera Montes Azules, en una media luna de Poniente a Oriente, la colonización campesina que como una ola irresistible y a todo lo largo de los últimos cincuenta años batió los montes a golpe de cayuco y hacha, avioneta y motosierra. Es un viaje a un mundo perdido, el de un desierto verde que fue, circulado por animales milenarios en senderos invisibles, y que hoy es un enredo de aldeas cuadriculadas con esmero ochenta por ochenta, cien por cien, enlazadas por brechas interminables que cruzan plantaciones y potreros entre manchones densos del monte sobreviviente.

La selva perdida. La selva posible.



Yo no me fui a la selva

Para comprender el largo plazo de los campesinos en México. Armando Mariano tiene 22 años. No necesité ir a la selva para encontrarlo. Vende chicles en la esquina de mi casa en Puebla. Y con él está su mujer, con su falda y su blusa tzotzil de Mitontic, en los Altos chiapanecos. No quiso bajar con sus parientes en las Cañadas, en el pueblo de El Sumidero a donde emigraron hace treinta años. No había nacido. Mejor tomó el rumbo del altiplano. Y se puede comunicar conmigo en el español que ha aprendido en estas calles. Nadie habla español en Mitontic, me dice, su mujer tampoco. Ella pasa con la bolsa de plástico que guarda los chicles.

“No tengo papás, se murieron muchos años, se le hinchó el pie de él. Mi papá se iba al café, finca Monte Grande y Finca Prusia, yo fui con él de cuando llevo seis años, después ya no. Murió. Poco tengo, por eso vine, solo un pedacito, como de aquí al poste (unos treinta metros) para la casa. No hay tierra para sembrar, pero la prestan por un año para el maíz, un señor de allá, muchos terrenos los presta, cobra cien pesos una tarea, para cinco costales de maíz en olote, diez tareas siembro mi suegro y yo. Él está allá, dos cosechas, ora apenas la siembra del día de muertos… También él aquí, cuando no está en el maíz. Allá 50 pesos el día cuando le dan trabajo, por eso también mi hermano dice que va venir aquí, no hay chamba allá. Aquí 80, cien pesos el día, la bolsa de chicles 250 pesos, la saco en un día, le gano 70. Cuando no llueve limpio el carro, cuando llueve, los chicles…”



Lacandona 2014. El manchón verde sobreviviente es Montes Azules. En el extremo derecho, abajo, fronteriza con Guatemala, Marqués de Comillas y Benemérito de la Américas, la región abierta a la colonización campesina en los años setenta. Al centro, hacia la izquierda, la región de Las Cañadas, el territorio de la rebelión zapatista.

Felipe

Pero no voy solo. Felipe llegó aquí hace 35 años, hoy tiene 49. Sus ojos entrenados miran los campos pelados y recuerdan decisiones que explican de un jalón lo ocurrido en la selva. “Ese gobernador Juan Sabines Gutiérrez inventó un programa de tecnificación para los ejidos --dice--, una motosierra para cada uno, una lancha si por ai pasaba cerca el río, una mula donde no había más que camino de herradura, y pa los de Benemérito de las Américas que ya tenían la terracería que bajaba desde Palenque, una camioneta. Así de sencillo, el gobierno estatal fue el principal promotor de la ganadería.”

Felipe trabaja como promotor de la CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento de la Biodiversidad) en el programa “Corredor Mesoamericano”. No hay ejido que atravesemos que no conozca, y para cada uno tiene un dicho: “Ixcán fue de los primeros, aquí pusieron pista y la gente llegaba en avioneta, pero no creció, sus dirigentes son muy maleantes, egoístas”; “los de Salto del Agua llegaron desde Tabasco, de un pueblo del mismo nombre, ya ve, aquí no tenemos imaginación, nomás le ponemos ‘nuevo’ y ya quedó”; “así como miras este Ejido Guadalupe Miramar, la gente está jodida, pero parejo, no hay diferencias, no hay un rico que sobresalga, como ya pasa en cualquier ejido ganadero en Marqués o Benemérito”; “a Zamora Pico de Oro apenas llegó un diputado del PRI y compró 200 hectáreas y lo primero que hizo fue tumbar la selva y ni siquiera aprovechó la madera”; “el ejido El Pirul lo fundaron cinco familias de chilangos, a uno de ellos le decían el Triste y a otro el Lacandon, nomás por la cara que tenían, pero no duraron, ni uno se quedó, mejor llegaron unos oaxaqueños de delante de Río Grande bajando por la sierra a la costa chica, con ellos se llenó el ejido”; “aquí en Nueva Unión han plantado hule por todos lados, deja más dinero que la palma africana, se lleva menos jornales, pero el problema es que tarda más para que te deje dinero, pero sí conviene, permite que plantes cardamomo y palma xate”.

Al llegar por la Fronteriza a Nuevo Orizaba encuentras el Campo Militar 38 C 8va C.I.N.E. Mero enfrente está el bar “El Centenario”. También tiene un dicho Felipe: “Las chicas ahí te cobran 200 pesos por el servicio”.

4 La Reserva ded la Biósfera Montes Azules. Foto de Natura Mexicana.

El puente colgante

La camioneta da tumbos por la terracería con rumbo de los pueblos al sur de la laguna de Miramar. Llueve, pero no a torrentes. Nos adentramos en las cañadas de los ríos Jabalí y Jataté, los principales afluentes del Lacantún con las aguas de todas las cañadas abiertas por los pueblos en Ocosingo, Las Margaritas y Maravilla Tenejapa. Es la frontera suroeste de la reserva de Montes Azules. La cañadas es estrecha, lo que ha permitido la sobrevivencia de la selva en las colinas alrededor de Maravilla Tenejapa, pero cuando la brecha encuentra a la izquierda al Jabalí, el lomerío se achaparra y aparecen de inmediato los potreros. En los caseríos que atravesamos se ven tinacos para captar agua con el logo de la cruzada contra el hambre; vemos huertas de café y cacao, algunos platanares y por aquí y por allá, aburridas vacas que rumian y braman.

Zenaido camina por el puente colgante de 150 metros de largo que une a la comunidad de Niños héroes con la ribera oriente del río Jabalí, a no más de cuatro kilómetros de su confluencia con el Jataté, justo en Amatitlán. Tiene tiempo, por supuesto conversamos. Me señala el pueblo colgado en la loma que se levanta sesenta metros sobre el río, no son más de 15 manzanas que guardan las casas de 39 ejidatarios y veinte avecindados. Arriba, no puedo verlas, están la mayoría de las 830 hectáreas ganadas en su totalidad por la ganadería. La comunidad permanece incomunicada los largos meses de lluvia, así que mide el tiempo a su manera, el que les lleva abrir una por una las hectáreas que tienen de selva. Les quedan treinta, en lo demás se entretiene un ganado que por mucho venderán a 22 pesos el kilo. Hace tiempo que abandonaron por improductivos los cafetales. No hay dinero para pagar ni siquiera los 60 pesos que cobra un jornalero por chapear las huertas.

Zenaido llegó desde Las Tablas, una tierra fría, donde se da la papa, las habas, el licor, dice a pie de puente colgante. “Todo el monte se botaron allá, sólo quedaron pinos en las partes más altas y papá tenía poco terreno y éramos bastantes, siete varones y cinco mujeres, ¿dónde íbamos a trabajar? Papá quedó allá, tres venimos para acá.”

Entonces probó como ganadero: “En el 95 empecé a comprar ganado, tengo siete hectáreas de pastizal ahorita, pero después del 95 tuve como seis años haciéndole al ganado, pero después lo vendí todo, ahorita no tengo nada de ganado, pero tengo los pastizales, nomás los rento. Vi que no tengo suerte pal ganado, lo que me desmoralizó y más me dediqué al café.

También sembró café, como muchos que por acá llegaron. ¿Qué paso? A los tres años empezó a rendir, y les fue muy bien, les daba para sacar la producción en avioneta. Pero ya por el 97 empezó la plaga, y para el 2000 las huertas estaban arrasadas.

¿Y qué pasó? Lo que ve señor, lo hicimos todo potrero.

Foto de Natura Mexicana




Foto de Natura Mexicana

Memoria campesina

Estamos en la comunidad de Amatitlán con los representantes ejidales de tres de los 28 ejidos del municipio de Maravilla Tenejapa. Una conversación larga, que recupero en sus puntos medulares.



Foto de Panoramio, por Ubilio García

Obdulio Gutiérrez Gutiérrez vive en Amatitlán, tiene 40 años, está casado y tiene dos hijos. Llegó de La Concordia en 1981. Ociel Mateo Francisco vive en Nuevo Rodulfo. 43 años, casado, siete hijos. Llegó de El Zapotal, en el municipio de Las Trinitarias, en 1990. Gerardo Vázquez Alfaro vive en Nuevo Rodulfo. 42 años, casado, seis hijos. Llegó de Nuevo San Antonio, en Las Margaritas, en 1985. Zenaido González Zacarías. Vive en Niños Héroes. Ejidatario con 20 hectáreas. 51 años, casado, seis hijos. Llegó de Las Tablas, en la región de Frontera Comapala, en 1983. Armando Marroquín Santizo vive en Amatitlán. 57 años, casado. Llegó desde Independencia, un ejido de la sierra, cerca de Motozintla, en 1984. Éramos muchos, y había poca tierra.

¿Por qué se vinieron a la selva?

Armando: Nos venimos porque ya era una comunidad muy grande y el terreno era poco, no era suficiente el terreno y por eso nos vinimos a vivir para acá, que hay buenos terrenos. Allá era un ejido grande como de 400 hectáreas. Ya no había monte, ya nomás puro plano, ahí en algunas partecitas montaña pero muy poca, lo botaron el monte por la mucha abundancia, allá se crían los borregos, ganado, había ocote, por allá se da la papa, el frijol, el grano, es tierra fría. Muchos jóvenes y mucha gente. Se iban a trabajar por la costa, por la zona de Huixtla, por Cancún, ya después se supo que muchos se fueron para los Estados Unidos en busca de empleo porque no había mucho terreno. Fue por eso que nos venimos, por la necesidad y por buscar de tierras.

Zenaido: Mi origen es de Las Tablas. Mi papá tenía poco de terreno y éramos bastantes, son siete varones y cinco mujeres, entonces no había de dónde trabajar, algunos tenían como ocho hectáreas, diez hectáreas, los demás tres o cuatro y así. Yo mi otro hermano, somos tres los que venimos para acá. Ahora somos mestizos, pero allá antes prevalecía lo que es el mam, el pueblo mam, los viejitos hablaban ese idioma y de ahí descendemos nosotros, los abuelos eran del pueblo mam.

Gerardo: Yo vengo de una comunidad muy pequeña, de San Antonio, pero las tierras son pocas para cultivo, para el café, es poco terreno. El pedazo que teníamos nosotros, como anteriormente no estaban tan legales las tierras, en las comunidades nomás llegaban a vivir porque les gustaba la tierra, pues no lo legalizaban. Eran tierras nacionales, y nuestros terrenos que teníamos, no teníamos mucho, como seis hectáreas de terreno. Luego llegaron los de San Juan Chamula, como teníamos más tiempo, se fueron a vivir a una parte más alta que se llama Linda Vista, ahí se fueron a vivir y tuvieron que hacer los trámites y las mediciones del terreno. Teníamos dos cafetales y dos hectáreas. Luego abarcó San Juan Chamula su ampliación de comunidad y ya quedó enterrada la de nosotros, en esa ampliación. Nos invadieron y ya nos quedamos nada más con tres hectáreas de terreno. Sí, se pedía que nos dieran la preferencia de pasar a vivir en esa comunidad pero no lo permitían, nomás compraron las partes del terreno los de San Juan Chamula y se les quedó las tierras.

Oziel: Yo vine con mi papá, es el mismo problema, mi ejido así fue Y como como que se enojaron y por eso vinieron a buscar si hubiera aquí dónde, y sí había. Ambos se inquietaron y se vinieron para acá, así fue. Si allá venían caminando, ¿cuánto hubieran tardado en venir caminando acá?, entonces vino a ver, se inquietaron y ambos se vinieron, nos trajeron. Como yo estaba recién casado pues tuve que venir atrás de ellos y sí me gustó el lugar acá, está buenísima la tierra, de calidad. Vino también mi esposa, le dije “piensa dos cosas: o te quedas o te vas”. Así entró la ley, o te quedas o me sigues, decídete, yo me voy porque me voy, tuve que venir, hay que caminar como dos, tres días a pie para llegar acá.

Obdulio: Yo la verdad vine pequeño, mis papás son los que vinieron a buscar las tierras. Allá sí tenían terreno, lo que pasa es que era un lugar donde sólo se producía el maíz, el frijol y la ganadería también, es un terreno muy pedregoso, no hay mucha agua, estaba lejos la presa La angostura, sí, y pues no se podía producir más que el maicito y escucharon que en estas partes había terreno, unos compañeros les dijeron del lugar y se vinieron a ver. Les gustó mucho el lugar, una selva muy bonita y todo, aquí se produce todo, en lo pedregoso nomás se podía producir maíz y frijol y la ganadería pero costaba mucho porque había que llevar el agua hasta el potrero. El agua hasta para lavar no había, hasta para tomar estaba bien medido, tenían norias, que le llamaban ahí en el pueblo. Por eso decidió que aquí había suficiente agua y todo.

¿Es suficiente la tierra? ¿Sus hijos se irán sobre lo que queda de selva?

Gerardo: No, aquí todavía no ha ocurrido levantarse un grupo de jóvenes a solicitar tierra o algo. Pero eso es lo que van a querer, ellos sí ya se van a organizar. Es la pregunta que queremos hacer, ¿qué va a pasar con ellos?

Zenaido: Ahorita la respuesta que les damos a ellos es darles las tierras de dónde van a trabajar nuestros hijos, pero ya los hijos de ellos pues no da.

Armando: Se divide hasta dos, pero ya tres ya no.

Obdulio: En mi caso yo sólo tengo dos hijos, me da para dar hasta tres veces.

La desgracia cafetalera

Amando: Cuando llegamos sembramos café. Maíz y café. Era lo que sabíamos hacer. Nuestros abuelos porque iban a trabajar en las fincas.

Zenaido: Sí, era la forma de sobrevivir.

Obdulio: En mi caso, mis papás sembraron mucho café, siete hectáreas de cafetales. En los primeros años nos fue muy bien, a los tres años empezó a producir, pero el único transporte eran las avionetas. Sí nos fue bien, lamentablemente ya como en el 97 al 2000 vino la plaga y arrasó.

Gerardo: Sí, se perdió todo el café.

Zenaido: Algunos siguen, cambiaron la variedad del café. Yo en mi caso también traté de ver la variedad pero ya no quiso, lo que hice fue hacerlo potrero.

SM: ¿Cuál fue la causa de la plaga?, ¿se ha investigado qué pasó?

Armando: Según dice unos fue por la moscamed que ponían los aviones fumigando, era como un pegamento o una miel que pasaban los helicópteros fumigando. Primero acabó con las plantas de la sobra de cafetal, se emplagó con mucho gusano, se secó la sombra y vino acabando hasta con las plantas de café, se fue secando y se murieron las plantas.

Obdulio: Veíamos que el gobierno estaba metiendo eso contra la mosca mediterránea, dijeron que la iban a combatir y nosotros tranquilos.

Oziel: Según afectó a los frutos, naranja y todo, pero nosotros no veíamos, antes que lo fumigaran no había plaga. Toda nuestra cosecha venía sana, pero después, cuando fumigaron, ahí entró la plaga para el café. No fue sólo mosca, sino algo en las hojas, como de plátano, que ponen así que se empiezan a secar y se caen, el fruto en vez de que de grande viene muy chiquito. Y antes no, un racimo de 40, 50 kilos, buenos racimos, pero ahorita con eso desde el 97 al 2000 estuvo muy fuerte las fumigaciones, desde ahí puro plagas y plagas y plagas.

Los puercos

Gerardo: En ese tiempo donde la gente vio que ya no se iba a sembrar el café, muchos tumbaron cafetales y echaron maíz, otros empezaron a tumbar la montaña.

Armando: También, sí, otra metodología de que se sembraba el maíz y no se sacaba en granos sino que se sacaba en bulto para los puercos, abundaba mucho puerco. La gente aquí, como el maíz se concentraba mucho ya se le daba a los puercos, de ahí ya venía una persona a comprar puercos y se lo llevaba, ya salía así caminando.

Oziel: Al principio toda la gente tenía puerquitos. No sé cómo le hicieron para conseguir la semilla pero fueron pasando en casi todos los ejidos. Unos 20 o 15 puercos de inicio, ya después cuando vino el cafetal desaparecieron los puercos y ya.Lo que pasa es que se necesitaba ya sembrar maíz, y como el café necesita más trabajo pues ya no se podían atender dos cosas. El café rendía más y por eso se cambió. Cuando vino la plaga se volvió a cambiar.

Gerardo: Cuando llegamos se quería sembrar café, pero el café estaba pequeño pues, hasta los tres o cuatro años da. Un puerco ya se puede vender a los seis meses, ya salen bien y el café tarda. Ahora ya no hay puercos. Lo que pasa es que aquí antes estaban sueltos los puercos, los traían del campo. Cada quien los suyos cada marranito sabía dónde le daban de comer.

Oziel: Ya cuando lo iban a vender pues no se podía vender algo que se quería robar uno, no se podía. Hasta que venía un comprador recogiendo toda la marranada, ya se lo llevaba caminando. Y hasta eso, se los llevaban caminando hasta salir a carretera. De a 200, los cucheros los llaman, y traían perros, ai se iban por las vereditas.

Por los zapatistas llegó el gobierno

Obdulio: La carretera es de cuando los zapatistas, en el 92. Fue una propuesta que hizo el finado Colosio, una ampliación de Comitán, prometió hacer el camino para la selva, se comprometió. Esa propuesta ya entró el otro gobierno y lo retomó.

Armando: Aquí llegamos caminando. Yo tuve que cargar la maleta caminando a Jerusalén, ahí hay un río que le dicen el caliente, el río grande, cuando venimos estaba seco, estaba chiquito el agua, podíamos pasar cargando la maleta, los niñitos arriba y unos cargando, toda la familia, tres niños, uno venía cargando, ahí traía mi maletón y otro venía cargado, estaba duro ese tiempo.

Gerardo: Yo caminé desde Nuevo San Juan Chamula, y ahí nos quedamos, salimos tempranito y venimos hasta la tardecita aquí. Había terracería, la brecha. Estaba esta compañía que le decían la ica, la que estaba construyendo.

Oziel: Para Comitán había que salir a las cuatro de la mañana, caminar de aquí a alcanzar el carro de las once, a las 11:15 salía el carro que iba a Comitán, tenía uno que alcanzar ese carro, uy a las once, doce, una, ya como a las dos de la tarde llegaba.

Zenaido: Apenas estaba empezando a abrir la brecha, ya cuando salimos ya habían avionetas y pistas, unos salieron a chambear, trabajar con las gentes de la finca para traer un poco de dinero porque aquí no había con quién trabajar, todos estaban en la misma situación.

Armando: Sierra para arriba, iban a trabajar. Ya después se iban para Guadalupe los Santos que había mucho trabajo. El café, mi abuelo y mi papá también, por sus recursos para poder sobrevivir mientras alcanzaban la cosecha. Los primeros dos años fueron los más duros.

Obdulio: Lo de los zapatistas ayudó en los servicios sociales, ya que antes del movimiento zapatista aquí estaba muy incomunicado, no había los servicios que ahorita hay: transporte, luz eléctrica, las escuelas, eso no había. Mucha gente estaba a favor de los zapatistas, muchos decían que los zapatistas están haciendo bien y así, estaba dividido. Supongamos que aquí en Amatitlán había como diez familias zapatistas y la mayoría simpatizaba, pero ya ahorita algunos se salieron, ya no sigue la lucha.

Gerardo: Pues nos hizo caso el gobierno, empezaron a venir, el famoso centro de atención social para ver las necesidades que había en cada comunidad, así fue como vinieron ya nuevos apoyos. Llegó poquito la ayuday la gente se sintió muy contenta.

Oziel:Llegó la carretera y la luz eléctrica. De ahí el agua potable. Sí, los techos, algunas viviendas. Los hizo la gente, fue poquito lo de un programa que había de techo seguro, te ponían nomás el techo y el piso.



Botar la montaña

Zenaido: Sí, inmediatamente, cuando llegaron los compañeros tiraron, tuvieron que botar la montaña para donde construir sus casas, y después para llenar una hectárea, otra hectárea de milpa.

Gerardo: Sí, pero por el café se dejaban los árboles grandes para la sombra.No, no fue una gran deforestación. Namás que el maíz sí se tenía que tirar todo, quemarlo y luego sembrar. Tres, cuatro años quemando para que sirviera. Una hectárea para el café y siete para el cafetal. Lo demás se quedó de monte.

Obdulio: Nosotros abrimos dos hectáreas para el maíz, como dos hectáreas de café. Como la milpa se siembra en abril y el frijol lo sembramos en diciembre, ya está ese espacio para que crezca la milpa y luego en marzo sale el frijol, y ya en abril otra vez la milpa. Sí, con nosotros como no había ese hábito de conservar, entonces cada año necesitábamos una hectárea de montaña, íbamos botando.

Zenaido: Yo me dediqué también al maíz, y yo como vine soltero, llegué con mi hermano y ya él tenía años de casado, su esposa es de Comalapa, con ellos estaba yo. Sembrábamos hectárea y media de cafetales y con eso era suficiente, como nada más nos dedicamos al maíz para consumo, ya nos dedicamos nomás al maíz para consumo y al café, tuvimos que botar un poco la montaña y dejar para la sombra.Sí, pero al siguiente año tumbábamos otra hectárea de montaña.

Armando: Yo tumbé primero dos hectáreas para café y tres para maíz, trabajaba dos años, después tumbaba otra parte para volver a sembrar maíz, igual. Casi no quedó monte, sí quedó un poco pero ahorita se está recuperando.

Gerardo: Luego cambió la gente la metodología del trabajo, entró el ganado como en el 96, 95. En ese tiempo no había preocupación, ya después cuando empezaron a pasar de lo que es el calentamiento global, empezaron a venir instituciones como es la CONAFOR, la CONANP, ya nos empezaron a apoyar, a decir que ya era mucho la tala que se estaba haciendo.

Oziel: No se sabía nada, los ministros decían que era ya el fin del mundo. En 2008, ahí se refrenó un poco la tala, tanto en las selvas naturales y en los bosques, ahí se detuvo la gente porque se metió la reserva por el pago.

Armando: Por las vacas se estuvo tumbando hectáreas de café y más montaña. Sí. Fue también por la plaga y por el precio del producto del café, que apenas pagaban dos, tres pesos en el 91, 92. Ya después cuando fue el 94, no sé si fue porque los zapatistas levantaron el gobierno o qué, no sé si por eso subió el precio, pero en ese tiempo fue que ya tenía más precio, llegó hasta veinte pesos el kilo de café.

Zenaido: Sí, ya después como ya fue bajando el precio otra vez del café pues ya la gente mejor se fue al ganado, tiraron las montañas y donde había café también iban botando y sembrando pasto.

Gerardo: Según decían que era por Brasil, que cuando tenía buena producción Brasil bajaba aquí el precio. Ahora sí que si les iba mal, aquí subía, pero si se mantenía un buen precio daba para el sustento de la familia. Pero ya después, como en el 94 es donde bajó y vinieron también las avionetas a fumigar y fue acabando las plantas de café, el precio, y dijo la gente “para qué vamos a estar manteniendo algo que no sale” y mejor decidieron y fue entrando también proyectos ganaderos. El INI dio proyectos para grupos ganaderos.

Armando: Sí, promovió la ganadería, me acuerdo muy bien que en esta comunidad unos grupos hicieron una sociedad de ganaderos pero en el 94 vino el conflicto armado y quedaron los potreros así sin ganado. Ya después del 97, 98 el café no recuperó, se quedó estancado y mejor se siguieron con el ganado. Fueron a traer ganado otra vez, lo fueron comprando particularmente. Aquí la gente vive del ganado-

Obdulio: Muy barato lo pagan, pero ahorita se volvió a disparar el precio, ahorita está en 33 pesos el kilo de becerro. Un becerro sale como a unos 7mil y cacho. Cuando antes valía 2mil o mil ochocientos, pero como no había otro quehacer ahí estábamos.

Gerardo: Todos lo hacemos, es muy poca la diferencia entre los pueblos. Según la cantidad de terreno del potrero que tenga el número de cabezas. Yo Tengo 35 en total, en 14 hectáreas.

Oziel: Yo tengo 27 en 14 hectáreas, pero nomás estoy usando 12, las otras dos para recorte.

Armando: Yo tengo 13 cabecitas y nomás tengo 10 hectáreas, ya una vez llegó a 20 pero no da el pasto y tengo que pagar. Como es poco terreno, 10 hectáreas nomás, cuando pones más no alcanza el pasto, como a 15 nomás puedes llegar.



Foto de Natura Mexicana.

Recuperar el monte

Obdulio: Ahora estamos con el programa silvopastoril con Corredor Mesoamericano. Consiste en ir reduciendo, en vez de ir quitando, reduciendo, ya de dos hectáreas de pasto para el corte, empezar a cortar y quitar pasto y mantener al ganado. Ya metemos galeras para que el ganado esté ahí y llegue a comer

Gerardo: Sí, porque antes de que entrara el programa del corredor nos dedicábamos a dejarlo pelón el potrero, nos gustaba que no se mirara ni un árbol en el potrero. Y allá en el 2008 nos vinieron a capacitar sobre cómo hay que tener el potrero, ahorita los potreros tenemos árboles y ya están creciendo. Estamos mejorando ya la producción.

Obdulio: Ahorita se está haciendo la división del potrero, mejorar la calidad del pasto, ya algunos eran pasto natural y ahora están metiendo pasto mejorado y haciendo sus divisiones, con eso ya comen menos y van cambiando de lugar lo demás. Queremos reducir el terreno de potrero, dejar el campo como acahual y que se recupere el monte, eso es la meta ahorita, estamos entrándole al proceso de trabajar en eso.

Armando: Como dicen aquí los compañeros, la silvopastoril es una metodología con la que se tiene fácil la extensión. En Amatitlán ya tenemos como 300 hectáreas en pago de servicios ambientales. Una parte son montañas y otra son acahuales de lo que va de nuestra generación, unos diez años, quince años. Y la decisión es dejar ya esa tierra de por vida, hasta ahorita el acuerdo está de que no puede tirar ya su acahual, lleva un contrato por cinco años.

Obdulio: Primero eran 190 hectáreas y ahorita ya aumentaron a 300, 100 eran de la ganadería.

Gerardo: En Nuevo Rodulfo son 466 hectáreas en pago de servicios, de esas como unas 50 hectáreas se le ganaron a la ganadería. Quedamos dos pagos, uno de 368 hectáreas de montaña y tenemos una creación donde la gente ya se detuvo de seguir tirando acahual, de hacer más potreros.

Zenaido: Niños Héroes no tiene nada, el terreno es poco, son como 30 hectáreas, somos 29 ejidatarios básicos con otros 10 que son avecindados y tienen poquito terreno, ya con eso ya contamos 49 hectáreas, pero no tenemos ese programa y ya no tenemos monte. Posiblemente se va a hacer pero sería poquito, a lo mucho habrá como unas 150 hectáreas que no se han botado, pero es poco. Yo hablaba con los ingenieros de Corredor que podríamos entrarle con 200 hectáreas, pero las gentes no quisieron porque es poco, ya se meterían en nuestro terreno de nosotros y no hay.

Gerardo: Es poquito el pago por servicios ambientales, viéndolo de otro lado mil pesos es poquito, pero si de un árbol de aguacate saco como mil pesos y ese beneficio es para mí, ya no estoy comprando la madera. Un árbol al campesino puede dar unos cinco mil pesos.

Obdulio: Se habló de subir el pago pero el gobierno no puede más. Lo que es el Pro Árbol salió ahorita y todavía no, antes se llamaba otra cosa, ya lo cambiaron y pago de servicios ambientales nomás está dando creo que 400 o 500 pesos. Lo que da mil pesos es la Lacandona, es el que da mil. Nosotros estamos en el programa especial.

Armando: No estamos conformes con lo que nos dan pero no se ha protestado, queremos más de lo que tenemos pero mucha gente lo ve mal a veces que esté uno hablando en contra del gobierno, la gente ya se acostumbró pues a que el gobierno nos está manejando, ya no nos dejan a nosotros hablar nuestro derecho. Si ya el gobierno ya decretó ya no se puede.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...