Viaje al fin de la selva III Memoria campesina

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Publicado originalmente en su primera parte en la revista Nexos en febrero del 2015, este reportaje de largo aliento se presentó completo en Mundo Nuestro en esos mismos días. Lo recuperamos aquí con el ánimo de iniciar esta nueva etapa de la revista digital con una mirada a la realidad ambiental de nuestro país y los retos enormes que se nos presentan a los mexicanos.



Viaje al fin de la selva III Memoria campesina

Sergio Mastretta

La selva campesina es la selva de la migración. Ellos no han perdido el sendero que recorrieron. Han hecho su vida en la selva. Es su memoria la que reconstruye ese tránsito de sobrevivencia que hoy los lleva a preguntarse por el futuro del territorio que los acogió: la Selva Lacandona.

Juan Marroquín, campesino de La Galaxia: El ingeniero Gracia, así se apellida, vino y nos dijo, ‘que nadie diga que yo vengo a entregar tierras, porque si lo dicen, alguien va a llevar el informe equivocado, y no se les van a dar. Digan que yo vine a tomar muestras, nada más.’ Consiguieron un cayuco prestado y trajeron al ingeniero, que puso señas, de aquí pa cá, y de aquí pa’llá van a fincar el pueblo. Midió 500 metros hacia dentro, y 12 kilómetros de río… Ya cuando vinieron empezaron a trazar el poblado, ya para diciembre, cuando querían hacer sus casas, vino el río y lo inundó todo. Se tuvieron que ir dos kilómetros arriba, encontraron un arroyo, y volvieron a trazar. En octubre de 75 yo andaba de paso aquí, en ese mes salí, y el río volvió a llegar ahí donde estaba el nuevo poblado. Ya estaban aquí los Valdovinos, habían hecho sus casitas, y les llegó el río y la angustia, así que se fueron más arriba, a donde ahora es Chajul, ellos lo fundaron. Y nuestras familias, don Abel, don Miguel, Fausto, los Marroquín y los Pérez, también se movieron, finalmente encontraron este lugar, estamos a tres y medio kilómetros del río, pero aquí si ya está más alto, ya no hubo angustia. Ellos fundaron este pueblo.



Arminda Hernández, campesina de Playón de la Gloria: Vine de Las Choapas, en Veracruz. Tengo trece hermanos. Mis hermanas están en Mexicali, Tapachula, Cárdenas. Pero sí somos muchas. Pero en el transcurso del tiempo mi papá tuvo que salir porque no encontraba tierra para trabajar y eso, la misma necesidad que nos hizo venir para acá… Entramos en lancha, había carretera, entramos en la lancha de Pico de Oro cinco horas, hasta Playón. El río estaba tremendo, que daba miedo. Alrededor, tupida, mucha selva No, ahorita ya hay mucha tumbazón. Aquí conocí los changos, aquí conocí la guacamaya. Se oía muy feo los changos, estaba uno durmiendo y pensaba ese animal qué será, será grandote, será chiquito, cómo será… Primero vino mi hermano, le dieron tierra. Si, a él sí, por él fue que conocimos primerito aquí, él se hizo ejidatario aquí. Entonces, con esa experiencia, mi papá se vino a ver si era cierto. Voy a trabajar dijo. Y ya mi hermano le prestó tierra a mi papá para que él la trabajara. Mi papá trabajó un buen tiempo en terreno de él, que le prestaba, y al transcurso del tiempo ya mi papá compró tierra propia.

Teódulo Lombera, campesino de Boca de Chajul: Yo crecí en Guerrero, pero cuando me acuerdo ya no había selva. Mis tíos de mi papá nos decían, mucha gente nos decía: no se vayan, se van a ir a morir allá, hay hasta gusanos que se le meten a la gente, hay muchos zancudos, por qué creen que ahí está solo, porque no es para la gente, no se puede vivir ahí. Decía mi abuelita: pero tú ya te vas para allá porque aquí ya no hay donde trabajar. Y cuando estés allá y haya mucha gente, vivan donde no haiga selva. No sabíamos del cayuco, pues, es que nosotros veníamos donde no había agua más que para tomar, íbamos caminando, jalando el cayuco desde la orilla. El remo era nada más para pasar de una playa a otra, de una orilla a otra, donde se podía caminar. Eso fue al principio, ya cuando pasaron dos o tres años, entonces sí ya llegábamos en un día.

Domingo Martínez, campesino de Flor de Marqués: Vio la gente que había mucho zancudo, estaba muy espesa la selva, mucho colmoyote, un gusano que como larva se te mete por la piel, y eso fue lo que a la gente no le gustó, se fueron, se regresaron, de las familias que venimos aquí a tomar, de ese grupo de cincuenta y uno, nada más estamos nosotros con mi papá. Mi papá es el único que se quedó y nosotros como hijos. Lo que ocurrió es que nosotros vendíamos ahí el terrenito que teníamos en Frontera Comalapa, mi papá de una vez acabó con todo. Entonces como decía él, si quieren tener algo aguantemos.

Francisca Ramírez, campesina de Boca de Chajul: Soy de Guerrero. Nací en 1950 en el Juste, pero yo no conocí ahí, yo ya me crié en otro lado. Yo me crié… ¿cómo se llama?, Santa Lucía. De Santa Lucía nos íbamos al otro pueblito que se llama el Guayabal. Era ese mero, el Guayabal es que ahí se nace la guayaba sola, ahí radicamos ocho años, ahí tenía mi papá una hectárea de tierra, ahí dilató, ahí crecimos hasta la edad de nueve años, de nueve años nos bajamos a otro poblado, cerca de San Luis. Ya rumbo al Plan del Tigre, todo pa´allá, ahí nace sola la guayaba, es como decir donde nace el tabaco solo, también por allá. Ahí ya nos crecimos, ahí en los otros poblados, ¿cómo se llama ahí? Tiene tantos años que me salí de ahí.

Juan Marroquín, campesino de La Galaxia: Sólo mirábamos azul arriba y verde a los lados. No había caminos, no había lanchas, no había nada. Fue difícil. Aguantamos porque buscábamos el porvenir de nuestros hijos, pero no había caminos, no había escuelas, no teníamos lanchas. Todo caminando hasta encontrar el carro para ir a Comitán en Amparo Aguatinta, era la única forma. En el 81, 82 se dio a conocer que había gente viviendo en la selva, cuando se formó esa unión de ejidos, ya el gobierno lo reconoció. Entonces empezó a transitar la gente por el río. La brecha fue hasta el 94, cuando se levantaron los zapatistas. Nosotros luchábamos para que hubiese camino. Decía el gobierno ‘si se abre el camino se va a acabar la selva’. Y nosotros, ‘si la selva ya está repartida, ya está llena de poblados Marqués de Comillas, sus más de 200 mil hectáreas’. Pero fue hasta que se levantó Marcos que el gobierno abrió la brecha, no sé si se espantó el gobierno.

Domingo Martínez, campesino de Flor de Marqués: Pura selva, corríamos debajo de la selva allá era nuestra casita, pura selva alta, había unos arbolones grandísimos. Cuando nosotros venimos sembramos allá atrás, había un pedacito que encontró mi papá que no tenía monte alto, y eso sembramos, entre todos botamos y lo sembramos, la picamos bien picadito y sembramos maicito. Pero después tumbamos, aquí se pudrió la madera, ahí se pudrió, lo quemamos y todo se quedó ahí, ningún provecho, namás para leña, para hacer fuego, uno jalaba lo que había, había bastante y se acabó, se tuvo que ir quemando.

Baltasar Lombera, campesino de Boca de Chajul: Ellos en Guerrero y, me imagino, que también en Michoacán, decidían que una palma o un cerro estaba bueno, y agarraban diez personas y hacían su trabajo juntos, tumbaban diez, veinte, treinta hectáreas todos, porque ahí el ganado andaba suelto. Cada quien su pedazo, pero juntos, quemaban, sembraban y a veces guamiliaban, o sea, volvían a trabajar el siguiente año ahí, una segunda tierra en el mismo terreno. Entonces es un ciclo, es una tradición si tú quieres, de siembra y deforestación. Entonces era año tras año. Cuando llegan aquí a Chiapas, pues ¿qué sabían hacer? Eso: tumbar el monte.

Floridalma Pérez, campesina de Cuarto Pueblo, Guatemala: Yo tenía seis años, porque tantito me acuerdo, nací en el 71, entonces en el 77 llegamos al Ixcán, en las montañas de Quiché. No, los Cuchumatanes está pal desierto y nosotros estamos pa’ca. Es zona de selva, así como aquí. Como la selva Lacandona, selva, selva, grandes árboles, grandes arroyos, todo selva; no había ni a dónde ir, nada. Llegamos a la comunidad que se estaba formando. Ya mi papá fue el último que llegó porque ya era una última parcela, ya era como un área digamos lo que quedaba era una parte como del pueblo pero eso lo dividieron y todo y fue el último que llegó mi papá. No pagó nada, en ese tiempo no se pagaba nada, y no lo dio el gobierno, fue el sacerdote Guillermo Woods.

Francisca Ramírez, campesina de Boca de Chajul: Me casé a los 13 años. Mi marido me llevó a Oaxaca, pura selva. Ahí viví hasta que él murió. Las tierras, mi papá vendió su pedacito. Las de mi esposo las vendió también, cuando estaba bueno todavía vendió. Ahí nos quedamos a vivir en la misma comunidad. Ya estaba cansado. Yo creo que sí. Compró otra parcelita aparte de la que vendió, más cerquita y ahí se quedaron cuando mis hijos crecieron, pues mi mamá salió con que vamos a vender y, bueno, me dijo, no se puede sembrar nada, mira el limón se murió, solamente pa´pasto sirve, ¿y la persona que lo va a comprar?, pus pa eso lo quieren.

Floridalma Pérez, campesina de Cuarto Pueblo, Guatemala: El cardamomo es una planta saborizante, incluso el Té Chai tiene cardamomo. Sí, lo sembramos. También café pero más era el cardamomo en ese tiempo. Y casi no se tumbó selva, yo veía unos arbolotes y siempre debajo de la montaña cuando nos llevaban a cortar cardamomo. Nomás como que tumbaban los más grandes pero dejaban siempre selva. El cardamomo es una planta que da muchos tallos con hojas largas y abajo echa unos ramilletes con bastante fruta

Baltasar Lombera, campesino de Boca de Chajul: Cuando llegan aquí 300 personas y deforestan y viven y hay esfuerzo para comer, siembran y van haciendo ganadería, si tú quieres paso a pasito. Entonces, cuando llega toda esa gente, seis mil personas, cuando llega ese gentío tenían que sembrar, tenían que comer. ¿Del 82 a cuatro años después que se los llevaron? Entonces mucha gente sacó provecho, tampoco creas que somos… Mucha gente en el ejido les dijo: yo te doy para que siembres pero después me siembras pasto. Entonces el guatemalteco tumbaba, sembraba milpa, y después sembraba pasto. Pero eran mil peones de mano de obra regalada, que además tenían que comer. Ellos sólo trabajaban en sembrar para comer. Entonces no, amigo. Tú ve una imagen de satélite del 80 y ve una imagen de satélite del 83, y verás. Pero ¡en grande! No, no, se tumbaron mil hectáreas, si quieres, en tres-cinco años. O sea, rozas masivas. Porque lo difícil en aquel entonces era tumbar, no había motosierra, era trabajarle un día a un árbol. Y esa gente venía acostumbrada porque venían también del campo, sabían echar mecapal y echar hacha muy bien. Entonces ahí fue el punto de deforestación de este ejido. Porque fue en Puerto Rico y Chaul donde hubo más refugiados.

Floridalma Pérez, campesina de Cuarto Pueblo, Guatemala: En Cuarto Pueblo queda muy poca selva, la gente está tumbando mucho para potrero, están metiendo mucho ganado. Allá también está lo de pago por servicio ambiental pero la gente se mete muy poco porque allá la oficina, yo fui y pregunté porque yo quería meter el terreno de mi papá, como él no la ha trabajado, su parcela casi la tiene entera, porque él ya está bastante grande, ha de tener como setenta y está muy lejos, yo quería que él metiera su parcela así al servicio ambiental. Pero le ponen muchos requisitos y aparte de eso que tienes que tenerlo bien limpias las orillas y que si tantito alguien se mete y saca un árbol, entonces ya no te dan ese pago por servicio ambiental. Ya no les dan nada.

Juan Marroquín, campesino de La Galaxia: Cuando llegaron tumbaron una parte de selva para su consumo, nada más, porque a dónde iban a sacar algo. Maíz, frijol. La familia Marroquín trabajábamos en común. La explotación del bosque se dio cuando salió el permiso en agosto del 96. Nosotros lo solicitamos, un aprovechamiento forestal maderable a nivel ejido, en ese entonces, de las 2,600 hectáreas teníamos 2,047 de selva; en veinte años no se abrieron más de 500 hectáreas; en la década de los ochenta entraron los programas de chile y cacao, cambió la gente, pero no dejó dinero el chile, un año, dos, no más, el precio abajo, valía un peso el kilo, eso cuando producía, y toda los pueblos sembraron el chile, se llegaron a sembrar en Marqués entre dos mil y dos mil 500 hectáreas.

Francisca Ramírez, campesina de Boca de Chajul: Pero entonces todo estaba verde, verde, todo. Nooo, ahurita ya tumbaron todo. Todavía no se veían los pastizales pal ganado. Era muy poco, era muy poco lo que se miraba de pastizales. Un poco era selva Oaxaca, sí, pero no así de bonita como acá, allá pus ya se seca mucho en tiempo de secas, no sigue verde como aquí, el problema es que aquí, lo que si da miedito es la culebra, y no tanto porque también allá hay víboras, es lo mismo, nomás hay que tener cuidado de donde va a andar uno.

Nicolás López, campesino de Democracia: En tierra nacional vivimos, se llama Nuevo Linda Vista. Traía yo todos mis papeles firmados por las autoridades, porque no teníamos terrenos ahí. No me quedé ahí porqué también se metieron los zapatistas y nos obligaban a participar en la guerra y en las reuniones, lejos, pues, ese tiempo no había carreteras. No me gustó, me vine a buscar tierra ya más cerca la carretera. Ya me había yo casado en Nueva Linda Vista. Después del 94 ya me vine yo para acá y aquí ya estaba poblado. Yo tardé 14 años en llegar hasta aquí. Salí del pueblo de Savanilla en el año 1979 y me fui a Nueva Sabanilla, no me gustó y me fui a Nuevo Linda Vista, a un ladito de Nueva Sabanilla, tenía tierra allá pero como me salí me agarraron mi terreno y me quedé sin tierra. Aquí me vendieron a dos mil pesos la hectárea y compré 15 hectáreas. Tengo maguey, frijol, plátano.

Francisca Ramírez, campesina de Boca de Chajul: La vida de la mujer puro sufrir y sufrir y trabajar, sufre uno mucho pobreza, en tanto en pobreza como en modo de transportarse. Si siembra su cosecha no puede usted sacarla, no puede porque no hay modo de sacarla y se pierde, no hay transporte y sufre pobreza como quiera la mujer ahí, peor cuando le va mal con el esposo, maltrato, todo eso. En chajul, en Oaxaca, igual, igual les va. Hay mucho machismo, ah, eso llueve por donde quiera. No dejan que la hija estudie porque cómo va a estudiar, algunos papás dicen cómo se va a ir la niña lejos, porque si se va a estudiar, a trabajar, ya luego va a venir con una cría. Pero ya ahurita ya hay jóvenes que ya van a estudiar para superarnos, para que crezcan.

Nicolás López, campesino de Democracia: Después del zapatismo llegó el gobierno para organizar a los campesinos. Siembro de distintos tipos de frijol en la misma hectárea y me da siempre como 100 kilos cuando me va bien y es para el consumo de la familia y para vender. Tanto al maíz como el frijol me han dado recursos, de 300 pesos bulto de maíz llegando a vender de 15 a 20 bultos. En la temporada buena de venta puedo llegarle a sacar al maíz 6000 pesos de ingreso al año. Y el Frijol sale más, está un poco carito, vendido a 10 pesos el kilo, vendiendo diez bultos, una tonelada, como diez mil pesos. Yo no he necesitado chambear con la gente, pues recibo recursos también de la conservación de la selva.

Juan Marroquín, campesino de La Galaxia: Cuando yo valoro el caso de los ganaderos, hay una diferencia entre los que se dedican a la agricultura, al maíz y frijol, y el ganadero, porque aunque no hubiera caminos y estuviera barato, el ganadero disponía de sus bienes todo el año, sufría menos que el agricultor. Aunque se siembren dos veces al año, sólo dos veces dispone de dinero el agricultor, mientras que el ganadero, si tiene treinta cuarenta cabezas, la puede vender en cualquier momento. Por eso viven mejor los ganaderos. Nosotros aquí en Galaxia apenas la gente se está haciendo ganadera, cuando otros empezaron en la década de los ochenta, les dieron créditos. Hoy el ganadero vende su producto al mejor precio, 25 a 27 pesos el kilo de novillo, y el kilo de maíz apenas llegó a cuatro, y otros años a dos, tres. El gobierno le da 300 pesos por cabeza. Al agricultor 800 pesos.

Nicolás López, campesino de Democracia: En las huertas hay plátano guineo, zapotes, elotes, chaya, yuca, tepezte, ques una especie de camote que se cuece y se pela para consumir con raíces y zanahorias y su condimento, sale sabroso con caldo de pollo. Todo esto se da silvestre en los huertos y duran todo el año, pudiendo consumir todo cualquier día del año. También sale el coctel de fruta, naranja, mandarina, mango, limones, chicharos, ejotes, calabazas, lechugas, tomate, chile habanero, chile mirasol y chile mulato. Tenemos gallinas que nos dan huevos todo el año, guajolotes, patos y gansos, además se dan distintos tipos de hierbas como quelites, epazotes y cilantro. No me arrepiento de haber venido aquí, estamos contentos aquí por qué hay de qué comer, en cambio en otras partes es difícil trabajar y ganar la vida.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...