Vida gris, ciudad gris, gobierno gris:¿tiene que ser así? semana clave para los árboles de la Hermanos Serdán

Compartir

Vida gris, ciudad gris, gobierno gris. Y ciudadanos sometidos.

¿Tiene que ser así?

Fui el sábado a caminar por la avenida Hermanos Serdán para cuestionar, con muchos otros, el proyecto más absurdo que haya pasado por la cabeza de gobernante alguno en la ciudad de Puebla, y porque pienso que la vida pública puede tener otro semblante, inteligente y creativo, capaz de construir mejores caminos para lograr el anhelo simple de una ciudad digna para todos.



Me pregunto si tiene que ser así la vida nuestra –sometida y gris-- frente a un fresno adulto que bien podría tener la mitad de mis 61 años de edad.

Es un fresno de unos quince metros de alto, y es uno entre más de setencientos que el gobierno del estado de Puebla pretende desaparecer para una ciclovía elevada cuyo costo rebasará los 270 millones de pesos. No lo sabe él, dado que en nuestro país los árboles no tienen derechos. Son, en voz de los constructores del proyecto de bicis rampantes, “individuos arbóreos” que pueden ser removidos sin más aviso que lo que los técnicos que aprobarán tal crimen llaman “manifestación de impacto ambiental”.



Ahí está, muy tranquilo, entretenido con el frenesí de los automóviles por la que fuera la moderna entrada a la vieja ciudad de Puebla de los años sesenta del siglo pasado. Voy a la botánica: el fresno es de la familia de las oleáceas, del género Fraxinus y de la especie uhdei, y por ahora me basta saber que es nativo de México y Guatemala y sienta sus reales en las plazas y avenidas de centenares de ciudades y pueblos de al menos 14 estados de la república. Pero este ahora corre el riesgo de no calificar para un nuevo centenario.

Lo miro entre los cipreses que ya despuntan en el camellón, en algún punto de la avenida a medio kilómetro del crucero de la 15 de Mayo. Es uno de tantos árboles amenazados de trasplante por el contratista del gobierno estatal que tuvo la ocurrencia que ha provocado entre otras emociones una muy elemental pesadumbre:

¿Cómo es posible que un gobernante pueda disponer así de una ciudad como Puebla?

Y una afrenta más compleja: ¿qué sociedad ha producido estos políticos que consideran a la ciudad como si fuera su propiedad y a sus ciudadanos como unos niños que no tienen más que callar y obedecer?

Porque a la caminata fuimos personas con emociones simples, que creemos que la vida puede ser distinta, a pie de tierra, y que le puede decir al gobernante que el suyo no es el único camino, que no hay “proyectos aprobados que no se puedan cambiar”, ni mucho menos éste que una vez más no ha pasado ni por asomo por la valoración de la opinión pública. Un proyecto cuestionado por el urbanismo más elemental, el que afirma que una ciclovía no requiere fierros ni rampas ni vuelos rampantes, sino una ruta clara y bien dispuesta que le da su lugar entre peatones y automóviles y que aprovecha la sombra de centenares de árboles que contra todo pronóstico han logrado llegar a los treinta y cuarenta años de existencia.

Van aquí dos ejemplos de ciudadanía informada y crítica que exige de las autoridades reconsiderar absolutamente este aberrante proyecto de ciclovía elevada.

NO al derribo de 700 árboles ubicados en el boulevar Hnos. Serdán, en Puebla, Puebla.

Y queda el interrogante sobre si las autoridades estatal y municipal se decidirán por no cometer este crimen.

Compartir

Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...