Medio Ambiente

Mundo Nuestro. Esta crónica escrita por el señor Mateo Montiel León, ganó el primer lugar en el concurso organizado por los realizadores del Archivo Vivo: Las lluvias de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla (Revista 105-INAH-BUAP, México,2003). El texto da cuenta de lo realizado por las cuadrillas de trabajadores y soldados para la reparación del sistema de agua potable en la población de Teteles, en la región de Teziutlán. Del esfuerzo extraordinario que supuso esta tarea ante la dimensión del desastre. Refleja también las limitaciones de los gobiernos municipales y la natural corrupción de sus funcionarios.

Mateo Montiel León



En Teteles de Ávila Camacho, Puebla, escribo esta crónica en el mes de abril del año 2003.

Recuerdo la furia de uno de los elementos de la naturaleza, el AGUA. A mis cuarenta y dos años de vida, por primera vez fui testigo de su poder destructor en aquellos primeros días del mes de octubre del 99.

Mi nombre es Mateo Montiel León, originario de Tételes de Ávila Castillo, Puebla, radico en el mismo lugar y soy padre de tres hijos; dos están conmigo y uno fuera de la población.

Recuerdo cómo el lunes 4 de octubre, mis hijos tenían que trasladarse a la ciudad cercana de Teziutlán, Pue. Porque uno de ellos, llamado Mauriac Montiel Baltazar, trabajaba en una maquila de confección de ropa, y el otro, llamado Isnardo Montiel Baltazar, estudiaba la carrera de Técnico en Informática en el Plantel CONALEP de Teziutlán; y aun así tuvieron que partir, pero ese día ya llovía bastante fuerte y por la tard, empezando a oscurecer, se detectaban derrumbes sobre la carretera Teziutlán-Tlatlauquí y eso preocupaba en casa el regreso de mis hijos.

Al amanecer del martes 5 de octubre, la lluvia era bastante intensa y en algunas de las casas a orillas de la carretera empezaba a penetrar el agua; la avenida Maximino Ávila Camacho (carretera Nacional) se había convertido en un río, así como varias calles más de la población. A las 6:30 AM. aproximadamente, por la radio se empezó a dar aviso de que varias escuelas suspendían clases para no poner en riesgo a los alumnos.



Para la tarde de ese día la lluvia era ya bastante fuerte y la circulación en la carretera nacional se comenzaba a suspender, porque en varias partes era sumamente peligroso el paso vehicular debido al desgajamiento del terreno.

Amaneció el 6 de octubre, miércoles; en muchas partes el agua ya había destruido viviendas, carreteras sin circulación estaban dañadas y se escuchaba por la radio de muchos damnificados en la región. Ese día aquí en Teteles por la mañana, ya no se tenía agua potable, porque en varias partes de los ríos se habían llevado la tubería. Ya tampoco se tenía luz eléctrica y no podía uno salir a comprar alimentos porque las calles eran verdaderos ríos. Yo vivo en la avenida 5 de mayo 164, colonia Zitalapa, y ese día frente a mi casa no podíamos cruzar la calle porque el agua que pasaba tenía una altura como de 15 cm. Por 5 m. de ancho de la calle.

Al amanecer del jueves 7 de octubre se tiene por costumbre celebrar la feria del pueblo, pues se festeja a la Virgen del Rosario cada año, pero con todos estos acontecimientos sólo se pensaba en sobrevivir; así como empezaba a aminorar la lluvia ese día se planearon brigadas para limpiar la carretera del lodo, grava, arena y basura, y también las calles del pueblo. Fue necesario acarrear algunas ayudas de agua y alimentos al hombro por caminos lodosos como primera acción.



El viernes 8 de octubre, como a eso de las ocho de la mañana, acudió a mi casa el suplente del regidor de salubridad, el señor Eloy Rojas Lemini, a solicitar mi ayuda para levantar un reporte de daños a las redes de agua potable del pueblo. Aunque no tengo suficientes estudios, conozco mucho en reparaciones y cuento con herramienta apropiada para estos casos.

Aquí en la población existen tres redes de abastecimiento, y acordamos con el regidor empezar por la red llamada Chalahuico-Zitalapa y al dirigirnos hacia la ruta. ¡Cual sería nuestra sorpresa!, que no podíamos pasar un pequeño arroyuelo de 40 cm. de ancho y como 20 cm. de hondo, pero en ese momento medía como cuatro metros de ancho y de un hondo un metro; así que tuvimos que derribar un encino como de 7 m. de alto para poder cruzarlo; fue así como montados en él atravesamos el río.

Así llegamos justo al lugar del nacimiento de agua y encontramos bastantes árboles tirados, unos encima de otros; también sobre el tanque de captación y almacenamiento. En ese momento nos invadió la tristeza y pensamos que todo había sido destruido, pues lo que veía era solo una planada arenosa sin ningún vestigio de que ahí había existido algo, todo estaba asolvado y lleno de arena por tanto derrumbe.

Desilusionados por no encontrar nada, empezamos a levantar el reporte de daños de la tubería y en una parte encontramos 24 metros destruidos por rocas que chocaron con la red de conducción de un peso entre de dos a tres toneladas aproximadamente, y me llamo la atención porque en ese lugar no había piedras de ese peso y tamaño. Lo más que había serían de menos 80 kilogramos.

Seguimos caminando y encontramos otros 24 metros aproximados destruidos porque el río se metió a tierra firme como seis metros y arrancó la tubería; en ese tramo hubo que buscar otra ruta alterna más alejada del lecho del arroyuelo, previendo quizá que esto se repita en algún tiempo, tramo que resultó ser de 60 metros lineales aproximados. Siguiendo la ruta de conducción encontramos otro desperfecto de 12 metros en tubería galvanizada de tres pulgadas de diámetro los cuales al derrumbarse una parte de terreno demasiado pendiente se fue hacia abajo la tubería. Enseguida en un tramo cercano otros 12 metros. se tenían que renova la tubería por habérsele caído encima dos encinos como de 12 metros de alto. Todos estos árboles tuvimos que trozarlos con moto sierras para poder reparar esta línea de conducción.

Más adelante otro derrumbe dañó un tubo galvanizado de seis metros de largo que también reparamos. Siguiendo la línea encontramos destrozado un tramo que había sigo un pequeño paso de tubería sobre el arroyuelo, éste último de entre 50 y 60 cm. de ancho y unos 20 cm. De profundidad, pero en ese momento era una verdadera playa como de 8 metros de ancho en la cual no existía nada de tubería, había sido arrastrada junto con una válvula metálica de dos pulgadas. Y el tramo tuvo que ser reparado en forma aérea para evitar su destrucción posterior.

Regresamos con el reporte efectuado ese día viernes por la tarde. Dialogamos con un enviado de CNA (Comisión Nacional del Agua), quien tomó nota del material que se necesitaba para reparación, para él a su vez comunicárselo al gobierno del estado para su pronta ayuda.

El día sábado, 9 de octubre, empezamos por reconstruir una línea de conducción llamada Texcalaco para esa misma comunidad, tarea que constó de tres tubos galvanizados de tres pulgadas de diámetro por 18 metros de largo, ya que anteriormente el arroyuelo por el que pasaba era como de 30 cm. de ancho y 20 cm. de altura y que con la inundación fue como de 2 metros de ancho y como por un metro de alto, la cual reparamos en dos días entre el suplente de regidor, Eloy Rojas Lemini, Clemente Montiel León y su ayudante Mario Méndez Galicia, algunos cuantos vecinos del lugar y yo. Al terminar, pasamos a reparar la línea de conducción llamada Coacalco-Teteles, que es la que abastece el centro de la población y que consta de seis pulgadas de diámetro y fue destruida en seis partes.

Empezamos por levantar el reporte de daños y de los materiales se necesitaban para su reparación. A media semana próxima fuimos dotados de tubería metálica de fierro negro de ocho pulgadas de diámetro y 6 metros de largo, la cual tuvimos que adaptar a la de seis pulgadas que es de asbesto. Así que empezamos a bajar esa tubería de fierro pero era bastante pesados y como era cuesta abajo tuvimos que ayudarnos con reatas para irlos deteniendo y otros con estacas para que no nos ganara su peso; pero como al as dos horas de empezar, llegó el Ejercito Mexicano con aproximados 90 soldados y esto se puso bueno entre 20 soldados se cargaron un tubo de 6 metros de largo por ocho pulgadas de grueso, cruzando brazo con brazo caminaron una distancia como de 400 metros, pero el problema era lo empinado del terreno.

Entonces optaron por arrastrarlos con Jeeps militares como 250 metros, y de allí, como los soldados traen unas cuerdas colgando de su hombro izquierdo, las desenrollaron y amarraron los tubos para poder ir deteniéndolos en los más empinado; en ese primer lugar se bajaron cinco tubos y una planta grande para soldar de gasolina. Allí se trabajaron tres días; enseguida acudí a otro lugar con el ejército llamado Huixta, para bajar otros tres tubos de la misma medida. Este movimiento fue un poco más fácil, puesto que había camino, aunque un poco destruido y muy resbaloso, pero a una distancia como de 300 metros nos encontramos con el río llamado Tzoncoyotl que había crecido como 2 metros de alto por 18. de ancho, destruyendo la línea de conducción.

Al día siguiente llegaron los soldados que habían contratado la dependencia estatal de SOAPAP; todo ese día unieron los tubos y sus adaptaciones. A la mañana siguiente con los mismos soldados nos aprestamos a colocar ese tubo de 18 metros por 8 pulgadas de ancho, para eso participaron como ocho soldados cruzando brazo con brazo para juntar los hombros y poder así soportar su peso. Ya estando listos se me pidió que me metiera al río como conocedor del lugar y caminara al frente del ejército; pero como a los nueve metros de haber caminado me encontró con un hueco en el fondo del río y me sumergí de pronto y el río me golpeó la cara porque tenía todavía bastante fuerza de arrastre y me regresó como a tres metros estando a punto de ahogarme puesto que no podía levantarme, solamente me detuve de algunas piedras que encontré, si no, el río me hubiera llevado muy lejos. A los soldados tras de mí no los arrastraba por el mismo peso del tubo, y por ser muchos se afianzaban más fácilmente, aunque el agua les cubría hasta la cintura. Finalmente, con mucho esfuerzo, logramos atravesarlo, puesto que nos ganaba la potencia del agua. El cauce normal de este río es como de 30 cm. De alto por dos metros de ancho.

Aquí sucedió algo curioso y determinante, pues al reportar con un radio de comunicación del cual había sido dotado y que en ese momento se averió, el presidente municipal se enfureció diciéndome que mejor lo hubiera dejado guardado en algún lugar seguro donde no se mojara; a lo cual yo le contesté: “¿Y qué hubiese pasado si yo me hubiera muerto?”, y también le dije que si ese era el problema yo se lo pagaría, nada más me diera tiempo para juntar el dinero del costo del aparato, porque como soy una persona de muy escasos recursos económicos, me iba a ser difícil pagarlo. En ese momento ya me había hecho enojar po que mi ropa estaba mojada y temblaba de frío, además de que apestaba muy feo por el agua lodosa. Después, más calmado reaccionó, y me dijo que se me ayudaría económicamente más adelante, resultando que después solo me dieron un pago, un solo pago de 260 pesos por 16 días de trabajo. A lo cual tenía yo ganas de dejarlo allí sobre el escritorio, por ue esto era para mí una burla; pero era tanta mi necesidad puesto que había conseguido prestado como 800 pesos y tuve que tomarlos.

Este dinero era del llamado empleo temporal que el gobierno del estado había entregado al presidente municipal y del cual mucha gente se quejó de que nunca les pagaron.

En esto quedé bastante contrariado, y aquí esta lo determinante, puesto que el presidente municipal nunca supo resolver este problema del agua; y cada vez que visitaban este lugar SOAPAP, CNA y CEASPUE, yo era el que tenía que hacer las solicitudes de materiales ante estas dependencias las cuales nos surtieron del material por triplicado, así que ordené que e almacenaran en el Auditorio Municipal; y después resultó que mucho material desapareció porque solo ellos abrían y cerraban el lugar.

Así me he dado cuenta de que el gobierno a veces da la ayuda necesaria, pero que por tener ediles que no tiene la suficiente capacidad para administrar una presidencia, como ha sucedido en las dos administraciones pasadas y la actual, las obras no se hacen con el 100% de calidad y responsabilidad.

Al terminar la reparación de la línea de conducción Coacalco-Teteles, vuelvo nuevamente a la línea de conducción Chalahuico-Zitalapa y con el ejército el día domingo 17 de octubre empezamos a rastrear y nos dimos cuenta que corrían un pequeño hilillo de agua como de media pulgada y siguiendo su ruta encontramos que salía de una respiradero del tanque de captación que estaba bajo un árbol caído, y con un machete quitamos algunas ramas y efectivamente así era; empezaron a quitar la arena con pala y como a 40 cm. de profundidad hallamos la punta de la respiradera, ese descubrimiento nos confirmó que el tanque sí existía y los nacimientos también y que estaban repletos de agua; se hicieron grupos de cuatro soldados para remover la arena en el primer manantial por turnos de 5 minutos para poder quitar todo lo posible, sin embargo volvía a derrumbarse, pero aun así logramos encontrar la tapa metálica que la cubría.

Entonces ordené que así se quedara para posteriormente regresar con personal para trabajar. Pero como a los cinco minutos de nuevo estaba como cuando llegamos, pues volvía acomodarse la arena. El ejército se fue al día siguiente a brindar su ayuda a otro lado. Al jueves siguiente, 21 de octubre, llegue con 17 trabajadores bajo mis órdenes para limpiar el lugar, y en dos semanas habíamos quitado aproximadamente como 23 camionadas de volteo, porque al quitar la arena parecía demasiada agua y era difícil llenar las carretillas de arena por lo pesado y por tener que subir una cuesta como de 12 metros de largo para trasladar la arena a otro lugar alejado; mientras que algunos cortaban los árboles caídos con machetes, hachas y motosierras, pero era algo difícil porque había ramas enterradas como a un metro de profundidad y las palas casi no penetraban.

Estuve al frente de la gente del 21 de octubre hasta los primeros días del mes de enero del año 2000, porque mi gente y yo estábamos aburridos de que el fin de semana no se nos pagaba a tiempo, a veces se nos pagaba hasta el domingo o lunes y para eso había que andar buscando al presidente municipal y todavía se enojaba; así que el personal optó por abandonar el trabajo. Lo continuó una empresa privada hasta el final.

Tengo mucho material que podría hacer sobre este trabajo, pero como no tengo cámara de video, ni cámara fotográfica para reflejaren imagen la destrucción causada por este fenómeno y esto por la limitación económica.

Por la atención prestada a esta crónica, les reitero mis más sinceras gracias.

Anexo a esto, una copia del reporte de daños entrada a la CNA estatal y requerimientos para reparación, eso es todo.

Mundo Nuestro. La respuesta de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fue extraordinaria ante la catástrofe ambiental y social provocada por un tormenta tropical estacionada sobre la Sierra Norte de Puebla los primeros días del mes de octubre de 1999. Sus equipos recorrieron el territorio devastado y registraron en fotoografía y video las acciones de solidaridad de la institución universitaria. Esta serie fue publicada en el Archivo vivo: Las lluvias de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla, Revista 105-INAH-BUAP, 2003.



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Ahuacatlán, Parroquía
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Ahuacatlán
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Ahuacatlán
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Ahucatlán, Parroquía
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Ahuacatlán
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Interserrana, entre Ahuacatlán y Zacatlán
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Ahuatamimilol
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Ahuatamimilol
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Ahuatomimilulco
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Ahuatomimilio
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Amixtlán
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Amixtlán
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Amixtlán
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Amixtlán
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Amixtlán
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Amixtlán
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Arroyo Zarco
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Arroyo Zarco
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Arroyo Zarco

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Arroyo Zarco
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Arroyo Zarco
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Atempan entre Tlatlauqui y Teziutlán
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BUAP. Brigadas de la BUAP y UNAM para el estudio del agua del río Tacolutla.
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BUAP
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BUAP, valoración del agua
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BUAP
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Ayotoxco, Buenavista
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Buenavista, llegada de ayuda universitaria.
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Buenavista
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Buenavista, Traslado de ayuda por el río Apulco rumbo a Cuetzalan
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Benavista, Traslado de ayuda por el río Apulco rumbo a Cuetzalan
25_buenavista Buenavista 26_buenavista
Puente Buenavista destruido
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Buenavista, fractura del puente
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Buenavista, niño en espera de ayuda.
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Buenavista
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El Chacal, Mpo. de Tenampulco
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El Chacal, Mpo. de Tenampulco
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Chicontla, Mpo. Jopala
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Chicontla, Mpio. Jopala
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Hueytamalco, llegada de ayuda vía área.
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Hueytamalco
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San Miguel del Progreso hundimiento de cerro
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Mazatepec
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Mazatepec
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Mazatepec
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Albergue de la comunidad de Mixu, prácticamente desaparecida.
51_mixun Mixu, Pantepec, construcción de nuevas viviendas. 48_mazatepec
Carretera de Tlatlauquitepec a Mazatepec
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Mazatepec - Tlatlauquitepec
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Carretera a Mazatepec
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Nanacatlán, Cañada de Zempoala
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Derrumbe del cerro que afectó a Nanacatlán
54_manacatlan
Nanacatlán
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Deslave en el cerro de Pitzaya, del Mpo. de Zapotitlán de Méndez
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Tapayula
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Tapayula (Mpo. de Camocuautla), iglesia del siglo XVI destruida.
55_pepexta
Tepextla
57_tlatlauqui
Tlatlauquitepec, transporte de víveres
49_tlatlauqui Tlatlauqitepec, obra en proceso 61_tenampulco
Albergue Tenanpulco
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De Zapotitlán hacía San Miguel del Progreso
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Cañon del Zempoala entre San Miguel del Progreso y Zapotitlán
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Cañon del Zempoala entre San Miguel del Progreso y Zapotilán
65_zapotitlan
Zapotitlán, faena
66_zapotitlan
Zapotitlán, construcción de viviendas
67_zapotitlan
Zapotitlán, viviendas destruidas
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Zapotitlán, la fuerza del río
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Zapotitlán, las casas perdidas

Mundo Nuestro. Rafael García Otero, fotógrafo de La Jornada de Oriente, realizó un trabajo extraordinario como reportero gráfico de la catástrofe de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla. Sus fotografías formaron parte del Archivo vivo: Las lluvias de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla, publicado por Revista 105-INAH-BUAP en el año 2003.




Albergue en Teziutlán

Zacapoaxtla, reparto de víveres

Albergue cercano a Pantepec

Colonia La Aurora, Teziutlán. Rescate de cadáveres

Colonia La Aurora, Teziutlán. La primera victima

Colonia La Aurora, Teziutlán. Rescate de victimas

Colonias de Hidalgo, muchacho posando sobre la parte superior de su vivenda

Colonias de Hidalgo, rumbo al entierro

Familia con víveres rumbo a Tapayula

Colonia La Aurora, Teziutlán. Restos de las casas que se llevo el río

Teziutlán, casas afectadas de las colonias de las afueras

Teziutlán, casas afectadas de las colonias de las afueras

Puente Coyoaco

Carretera de Coyoaco a Zaragoza

Mixu, Pantepec. Traslado de un niño de la esuela primaria desaparecida

Almacen rural La Ceiba, rescate de víveres

Rescate de víveres en el almacén rural La Ceiba

Reparo de víveres en Cuetzalan

Tenango de las Flores. Presa de Nueva Necaxa

Presa de Nueva Necaxa

Tenango de las Flores. Presa Nueva Necaxa

Albergue cercano a Pantepec

Camino a Camocuatla con víveres

Zacapoaxtla reparto de laminas y víveres

Participación del ejercito en labores de reconstrucción

Albergue cercano a Pantepec

Zacapoaxtla , reparto de víveres

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Mundo Nuestro. El CESDER, una de las instituciones educativas mas importantes y verdaderamente alternativas en Puebla, realizó para el Archivo Vivo: las lluvias de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla este ejercicio de memoria histórica sobre lo ocurrido en el municipio de Zautla, en la cuenta alta del río Apulco.

Mundo Nuestro. Lauro Moreno tomó su cámara apenas despertó a la tormenta que azotaba Cuetzalan aquel lunes 4 de octubre de 1999. Su registro es invaluable para contemplar la dimensión de la catástrofe que cayó sobre la Sierra Norte de Puebla.



Mundo Nuestro. Un niño dibuja la catástrofe. Jaime Carreón Torohuito ganó con estos dibujos el primer lugar del concurso infantil organizado por los realizadores del Archivo Vivo, las lluvias de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla.



Mundo Nuestro. Se cumplen en este arranque del mes de octubre veinte años de la catástrofe ambiental que desgajó las montañas de la Sierra Norte de Puebla y se llevó la vida de al menos 256 personas --ese fue el número oficial reconocido por las autoridades entonces--. Entre el 4 y el 6 de octubre de 1999 una tormenta tropical azotó de lado a lado y sin perdonar una sola barranca. Al desastre le siguió la movilización civil en solidaridad con las miles de familias serranas dammificadas por la catástrofe. Este video da cuenta de uno de tantos esfuerzos realizados en todo el país para responder a la brutal emergencia.

Esta es la crónica en video y fotografía realizada por Ramón Lozano, director de la empresa RYC Alimentos, que da cuenta del viaje con recursos materiales para los pueblos de Chicontla y Patla, en la ribera del río Necaxa.







Mundo Nuestro. Lo ocurrido en loa últimos años en México, con las imágenes contundentes de los innumerables deslaves en las montañas de Puebla en 1999 y Guerrero en el 2013, recuerda la urgente necesidad de replantear los proyectos de desarrollo industrial minero. No hay escenario imaginado por las empresas mineras que soporte la realidad de las montañas desgarradas por la fuerza de la naturaleza y la precariedad de los sistemas ambientales que han sufrido la intervención humana.

Este texto, escrito por la bióloga mexicana Alicia Mastretta Yanes, proporciona elementos de análisis que no pueden dejarse de lado. Los grupos civiles organizados debemos exigir a las autoridades en turno y de todos los niveles de gobierno tomar en cuenta esta información. Concesiones y permisos deben ser rigurosamente revisados a la vista del público y con criterios de sustentabilidad ambiental que determinen todo proyecto de desarrollo económico desde su propia concepción. Son demasiados avisos, ha dicho la bióloga Julia Carabias. ¿Necesitamos más precedentes para asegurar la catástrofe total? ¿Cuál es la postura del gobierno federal hacia la explotación minera a cielo abierto y el uso de cianuro en sus beneficios?

Tetela de Ocampo, un municipio sumergido en la Sierra Norte de Puebla, ha enfrentado la posibilidad de que se funde en su territorio una mina de oro a cielo abierto. Lo mismo ocurre en Ixtacamaxtitlán, en la cuenca alta del río Apulco, con una minera canadiense decidida a plantar ahí una explotación de oro y plata a cielo abierto.



Mina a cielo abierto significa quitar el bosque y procesar la roca de una amplia extensión de terreno. Significa también cianuro para lavar la roca y extraer el oro. El cianuro es una sustancia muy tóxica.

Me puse a leer sobre minas de este tipo y la legislación en Europa, un poco por saber qué está pasando en otras partes del mundo, un poco porque el azar me llevó a estar viviendo en tales latitudes y un poco porque corría el rumor de que este tipo de minas están prohibidas en Europa. Me encantaría decir que la minería a cielo abierto y el uso de cianuro están prohibidos, tal como da la impresión si una lo googlea y abre un par de links de entradas de blog y noticias latinoamericanos que así lo sustentan. Sin embargo, por más que me gustaría que fuera cierto, me parece que es una malinterpretación de algo que sí sucedió: el 05 de Mayo del 2010 el Partamento Europeo decidió pedir a la Comisión Europea la prohibición del uso de tecnologías mineras a base e cianuro. La resolución (i.e. el pedir que esta actividad se prohíba, ojo, el texto es confuso) fue aceptada con rotundos 488 votos a favor, 48 en contra y 57 abstenciones. Sin embargo, la Comisión decidió no prohibir el uso de cianuro, en lo que me parece una muestra del enorme conflicto de intereses que presenta este método extractivo en todas partes.

Aunque la petición que hizo el Parlamento no fue exitosa y el uso de cianuro involucrado en las minas a cielo abierto no están prohibidas en Europa, creo que vale la pena comentar algunos de los detalles del texto original de la resolución (P7_TA(2010)0145).



Primero, en total se expusieron 15 consideraciones principales por los que este método extractivo debería ser prohibido. Quisiera destacar estos cuatro:



B. Considerando que el cianuro es una sustancia química altamente tóxica utilizada en la minería del oro y que, en el Anexo VIII de la Directiva marco sobre política de aguas, está clasificado como uno de los principales contaminantes y puede tener un impacto catastrófico e irreversible en la salud humana y el medio ambiente y, por ende, en la diversidad biológica,

E. Considerando que en los últimos 25 años se han registrado más de 30 accidentes importantes relacionados con el vertido de cianuro, en particular hace 10 años, cuando se vertieron más de 100 000 metros cúbicos de agua contaminada con cianuro desde el embalse de una mina de oro al sistema fluvial Tisza-Danubio, lo que causó el mayor desastre ecológico de esa época en la Europa Central, y que no existe ninguna garantía real de que no se vuelva a producir un accidente semejante, especialmente teniendo en cuenta el incremento de las condiciones metereológicas extremas, por ejemplo, fuertes y frecuentes precipitaciones, como se prevé en el Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático,

I. Considerando que sigue sin disponerse de reglas prudenciales y de garantías financieras adecuadas, y que la aplicación de la legislación vigente en relación con el uso de cianuro en la minería también depende de las competencias de los poderes ejecutivos de cada Estado miembro, por lo que la posibilidad de que ocurra un accidente es solo cuestión de tiempo y de negligencia humana,

K. Considerando que el uso de cianuro en minería crea poco empleo y solo por un periodo de entre ocho y dieciséis años, pero puede provocar enormes daños ecológicos transfronterizos que, por lo general, no son reparados por las empresas explotadoras responsables, que suelen desaparecer o declararse en quiebra, sino por el Estado correspondiente, es decir, por los contribuyentes,

“M. Considerando que es necesario extraer una tonelada de menas de baja calidad para producir dos gramos de oro, lo que genera una enorme cantidad de residuos mineros en las zonas de extracción, mientras que entre un 25 y un 50 % del oro se queda finalmente en la pila de residuos; considerando, además, que los proyectos mineros de gran escala que emplean cianuro utilizan varios millones de kilogramos de cianuro de sodio al año, y que un fallo en su transporte y almacenamiento puede tener consecuencias catastróficas,”

Leo estas consideraciones con el caso de las minas que se pretenden abrir en la Sierra Norte de Puebla y de inmediato pienso en las Lluvias del 99. En cerros enteros que se desgajaron y se llevaron consigo por igual carreteras que pueblos enteros. Quién no se acuerde de la magnitud del suceso que se asome a la cañada de Cuetzalan, -la que se mira majestuosa desde los restaurantes a orilla de la carretera- y que se fije en cómo trece años después aún se nota el nivel a dónde llegó el río, que se fije cómo puede distinguirse todavía dónde laderas enteras se colapsaron en una grandísima avalancha de lodo; que piense que las carreteras quedaron destruidas y varios pueblos incomunicados hasta el punto de que hubo serios problemas de hambruna y salud (Mastretta, 1999). Quién quiera evidencia y explicaciones geológicas que recurra a las publicaciones científicas que se hicieron al estudiar la catástrofe (algunos ejemplos Britán 2000; Lugo-Hubp et al 2001; Vázquez-Conde et al 2001; Capra et al. 2003a; 2003b; Alcántara-Ayala 2004; Borja-Baeza 2003; Dávila-Hernández 2003; López-Mendoza 2003; Marcos-López 2003; Ochoa-Tejeda 2004; Lugo-Hubp et al 2005).

¿Cómo pudo suceder algo así? En un artículo publicado en la Revista Mexicana de Ciencias Geológicas Lugo-Hubp y colaboradores (2005) explican que en cuatro días llovió el 50-60% de lo que normalmente llueve en un año sobre un relieve muy pronunciado, rico en tipos de rocas propensas a la erosión y que además se encuentra deforestado y modificado por la construcción de carreteras. Todo esto causó un proceso de remoción en masa (es decir miles de procesos de caída, deslizamiento y flujo de enormes cantidades de tierra, roca y agua) con las consecuencias que conocemos.

No había precedentes de algo así en el siglo XX. ¿Volverá a pasar? El estudio mencionado sugiere que este tipo de fenómenos son de hecho parte de la historia que ha formado el relieve de la Sierra durante al menos los últimos diez mil años. ¿Es parte de la historia de la región y nunca habíamos visto algo así? De hecho sí, lluvias semejantes ocurrieron en septiembre de 1944 y durante huracanes como Hilda en 1955, Beulah en 1967, Fifí en 1974, Diana en 1990 y Gert en 1993 (Biltrán, 2000). Una diferencia importante es que en el 99 la deforestación y la construcción de carreteras incrementaron la magnitud del fenómeno. Esto se debe a que la pérdida de la vegetación desestabiliza el suelo y no permite la absorción de agua, y además la construcción de carreteras rompe el equilibrio natural del talud (Lugo-Hubp et al 2005)



¿Volverá a pasar? Cito un párrafo de las conclusiones de Lugo-Hubp y colaboradores (2005): “Es natural que en el futuro, a corto o largo plazo, estos fenómenos se volverán a presentar. En el pasado, tan sólo hace 40 años, la situación era otra, ya que las poblaciones eran más pequeñas, la deforestación no alcanzaba los niveles actuales, y era menor la modificación al relieve por la construcción de vías de comunicación, cultivos en laderas empinadas y pastoreo.”

Con esto en mente me parece evidente que instaurar en la Sierra Norte de Puebla la minas a cielo abierto con sus consecuentes enormes cantidades de desechos de cianuro sería una bomba de tiempo, una irresponsabilidad en verdad absurda. Vean la figuras y mapas en Lugo-Hubp et al 2005. ¿Cuáles son las medidas que una minera tomaría ante una situación como la de las Lluvias del 99? ¿Lo han considerado siquiera? ¿No se trataría de una crónica de una tragedia anunciada?

Vuelvo a la considreación K de la resolución que el Parlamento Europeo presentó a la Comisión Europea: “el uso de cianuro en minería crea poco empleo y solo por un periodo de entre ocho y dieciséis años, pero puede provocar enormes daños ecológicos […] que, por lo general, no son reparados por las empresas explotadoras responsables, que suelen desaparecer o declararse en quiebra […]”.

¿Se imaginan lo que pasaría con los contenedores de cianuro en la eventualidad de que un deslave ocurriera en la zona? ¿Se imaginan las lluvias del 99 si en tope de los miles de metros cúbicos de lodo que arrasaron por las cañadas hubiera también una concentración importante de veneno? ¿Cuáles serían las consecuencias para el medio ambiente y la salud humana en Tetela y en Veracruz a donde desembocan finalmente los ríos de la Sierra Norte?

El artículo 30 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente de México postula que para obtener autorización de realizar explotación minera los interesados deberán presentar una manifestación de impacto ambiental que incluya los posibles efectos en los ecosistemas así como las medidas preventivas, de mitigación y las demás necesarias para evitar y reducir al mínimo los efectos negativos sobre el ambiente.

En el Informe preventivo del proyecto de exploración minera “Espejeras” que Minera Espejeras S.A. de C. V. presentó a la SEMARNAT no hay mención alguna de cómo se actuaría en caso de un evento meteorológico extremo. El documento es el informe que debe presentarse para poder realizar la exploración, mas no atañe a la explotación en sí (que es la que generaría los desechos más tóxicos), lo que justifica porqué no se habla sobre el manejo de cianuro y otros desechos de la mina. El motivo porque el que comento este documento es entonces porque algunas de sus líneas implican que la empresa está consiente del tipo de deslaves característicos de la zona, o al menos eso me parece:

(El predio de estudio) “se caracteriza por estar ubicado en un suelo de origen cretácico […] (que) puede llegar a tener una alta susceptibilidad a la erosión.”

Con las actividades de excavación, compactación y nivelación se alterará la estabilidad de las pendientes de las laderas de los cerros donde se ubica el proyecto".

Los suelos friccionantes […] son susceptibles de erosión provocada por escurrimientos de agua, además presentan inestabilidad cuando la inclinación del talud es mayor que su ángulo de fricción interna. […] los suelos finos cohesivos limosos y arcillosos […] en estado seco pueden ser resistentes como un tabique, en cambio, si poseen altos contenidos de agua pueden fluir como líquido viscoso

En las zonas deforestadas, dicho rango (rango de escurrimiento) llega a ser de más de 30%. Esta situación provoca efectos negativos inmediatos, como son: la erosión del suelo, un más rápido ensolvamiento de los bordos y presas, así como el recrudecmiento de los efectos de las inundaciones durante los intensos períodos de lluvias, especialmente los relacionados con la presencia de huracanes.

Me parece que esta información y el antecedente de las lluvias de 1999 se tienen que tomar de forma seria. La construcción de una mina a cielo abierto y el consecuente uso de cianuro en medio de la Sierra Norte de Puebla tienen que plantearse dentro de la historia del relieve del área y su reacción ante eventos climatológicos extremos (mas relativamente frecuentes). La afectación al medio ambiente y a la salud humana van más allá de lo que pase en los límites inmediatos de la mina, sino en todo lo que puede pasar das las condiciones climáticas y geológicas del sitio. Por eso me parece sensato un párrafo en la página 24 del mencionado informe: "Minera Espejeras S. A de C. V., señala que si el daño ambiental es mayor que el beneficio, social, económico o ambiental de la región, el proyecto se declarará inviable, previo a su ejecución".

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