Medio Ambiente

En el día mundial de la tierra sostengo que de lo mejor de la ciudadanía en Puebla en los tiempos recientes está en la lucha ambientalista contra los proyectos industriales de muerte y por la regeneración de las cuencas hidrológicas, particularmente la del Alto Atoyac.

No hay nada más alejado por el momento de la preocupación electoral en la que están trenzados partidos y dirigentes que en Puebla se disputan el poder político.

Describir la realidad lo mejor posible, comprenderla en su complejidad y contradicciones, contribuir así en la construcción de alternativas. No entiendo de otra manera el periodismo. Y por eso no puedo verlo desligado de la dimensión estratégica que tiene para la sobrevivencia de nuestro planeta y las sociedades que alberga las consecuencias que la acción humana tiene para ella.

Y tengo a la vista procesos sociales como el encabezado por el movimiento popular Tetela hacia el Futuro en el 2012-2014, el Comité de Ordenamiento Territorial integral de Cuetzalan y la organización civil Dale la Cara al Atoyac en la ciudad de Pueble. Son procesos que han involucrado dinámicas de poder guardadas en los nombres Grupo Carso/Carlos Slim, Comisión Federal de Electricidad/Gobierno Federal y autoridades federales, estatales y municipales en el Estado de Puebla.



La imagen puede contener: texto

Así arranco mi participación en el evento de este domingo realizado en el Mercado Hidalgo por convocatoria de un conjunto de organizaciones sociales vinculadas a la defensa del territorio. Y lo planteo desde mi posición de periodista que entiende que el periodismo tiene sentido si describe bien la realidad, la investiga mejor y contribuye a construir alternativas democráticas construidas colectivamente.



En el evento se reseñan dos procesos recientes exitosos que dan idea de este planteamiento sobre lucha ambiental y construcción de ciudadanía: el cierre del relleno sanitario intermunicipal en Cuetzalan y la clausura del tiradero de residuos industriales impulsado por la cementera Cruz Azul en la localidad de Ballavista, en el municipio de Palmar de Bravo. Difícil de creer, pero son dos buenas noticias.

Así lo documenta Erwin Slim este mismo día:



No hay texto alternativo automático disponible.No hay texto alternativo automático disponible.No hay texto alternativo automático disponible.

“Acta de Cabildo Municipal donde se hace oficial el Cierre Definitivo del basurero a cielo abierto de Cuetzalan, mal llamado relleno sanitario. Por lo que todos los materiales no reciclables (previa separacion) de Cuetzalan será enviados al Relleno Sanitario de Cuyoaco, que cuenta con certificaciones en el manejo de residuos. El reto en Cuetzalan es que la población, así como los grupos, comites, escuelas, organizaciones, prestadores de servicios e instituciones de gobierno, tengamos la responsabilidad de reducir el consumo y separar de la mejor manera los residuos y materiales reciclables. Construiremos desde la población una intensa campaña para este objetivo. Está la propuesta de una composta colectiva que manejen grupos de productores y organizaciones para beneficio de las parcelas. Habrá dos foros (Ciudad de Puebla y Cuetzalan) amplios, de Inclusión de propuestas para el manejo de residuos solidos y saneamiento de Cuetzalan, que convocará Miocup CNPA MN, además de otros grupos y organizaciones. Con el objetivo de crear un modelo integral en el manejo de la basura en el municipio, así como un órgano ciudadano de vigilancia que le dé seguimiento al modelo que sea apoyado por la población, técnicos, académicos y expertos en el tema.”

Lo que se celebra este domingo (#DíaInternacionalDeLaMadreTierra) y que ha dado pie a este evento auspiciado por la organización popular 28 de Octubre provoca reuniones similares en todo el mundo a cargo de centenares de organizaciones civiles, en una inercia que afortunadamente no se ve ya que tenga fin. Un ejemplo, Gabriela Méndez Cota en su En busca del quelite perdido da cuenta de un Fondo Semilla que celebra este día con la memoria de un encuentro en Cuetzalan en el mes de diciembre que se resume en este video con el tema Encuentro Internacional Género, tierras y territorios: sostenibilidad de nuestra vida comunitaria

Movimiento de resistencia y organización de la sociedad civil

¿Qué trama es esta que nos ofrece una creciente movilización desde la sociedad civil?

La historia en Puebla –digo en el evento de la 28 de Octubre, y para entender esta trama que se construye poco a poco desde las luchas de resistencia y defensa del medio ambiente--, obliga a valorar de fondo las derrotas históricas de la tierra nuestra, todas provocadas por una idea de progreso entendido desde el proyecto de desarrollo capitalista que ha llevado a nuestro país a esta situación de catástrofe socio-ambiental en la que vive nuestra sociedad.

Presento un listado breve de lo ocurrido en los últimos cien años y de norte a sur en nuestro estado: el uso industrial energético de los ríos serranos con la construcción de presas hidroeléctricas en Necaxa y Tlatlauquitepec; la cuenca petrolera de Xicontepec en su paso por Puebla, en la región de la Mesa de Metlaltoyuca y Venustiano Carranza, con la amenaza del fracking promovido desde la reforma energética; la cuenca del feldespato en la región de Zacatlán y Ahuacatlán para la industria cerámica; la deforestación histórica de los bosques templados y subtropicales en las sierras Norte y Negra y en las montañas altas Popo, Izta, Malinche y Citláltépetl; los monocultivos cafetalero en la Sierra Norte y azucarero en la región de Matamoros; la degradación total de las cuencas hidrológicas de los ríos Atoyac y Nexapa, en el centro sur del estado; la cuenca agropecuaria capitalista en Tecamachalco y Tehuacán; la urbanización irracional, caótica en su modelo de ciudad, reproducido igual en la zona metropolitana de la ciudad de Puebla, pero también en Tehuacán, Teziutlán y San Martín Texmelucan.

La cuenta puede seguir a detalle. Pero alcanza para entender los movimientos sociales ocurridos en los últimos diez años en el territorio poblano: la lucha contra la instalación de proyectos mineros y energéticos en las montañas y ríos de la Sierra Norte de Puebla y en la Sierra Negra; la resistencia contra la instalación del Gasoducto Morelos a su paso por la Sierra Norte, el Valle de Puebla y la región de Atlixco; la oposición a los rellenos sanitarios e industriales en las zonas rurales de Huejotzingo, Palmar de Bravo y Cuetzalan; y la movilización civil para la regeneración de la cuenca del Alto Atoyac.

Este rueda de prenda organizada para este lunes 23 por Dale la Cara Al Atoyac da muy buena cuenta del alcance que puede llegar a tener la movilización de la sociedad civil vinculada a los movimientos ambientales: una agenda del agua construída desde la acción civil, no desde el gobierno y, ni mucho menos, los partidos políticos.

En todos estos casos se han dado en mayor o menor proporción un conjunto de elementos que explican una compleja dinámica que nos conviene entender: la vinculación entre los movimientos sociales y los grupos organizados de la sociedad civil. En Tetela hacia el Futuro, el COTIC y en Dale la Cara los encontramos: la acción directa que se impulsa desde el rechazo espontáneo del impacto ambiental provocado por los procesos y proyectos ambientales y la contaminación; la investigación socio-ambiental desarrollada por especialistas vinculados al movimiento, la acción legal fundada en la ley y sus instrumentos de defensa ambiental, administrativa y de derechos humanos y plasmada en juicios de amparo y denuncias civiles y penales ante las autoridades correspondientes; la generación de alianzas con grupos organizados externos, centros universitarios de investigación y medios de comunicación; y el desarrollo de perspectivas estratégicas que le den al movimiento de defensa ambiental la dimensión política sin las que se verán sin duda reducido al fracaso.

Estos cinco elementos no se dan fácilmente un proceso de lucha socio-ambiental. Se construyen con mayor o menor éxito. Los encuentro sin duda en los procesos señalados arriba (Tetela hacia el Futuro) COTIC Y Dale la Cara al Atoyac, y que intentamos documentar a fondo en esta revista digital Mundo Nuestro. En ellos se han dado con nitidez la acción directa, la investigación técnico-científica, la defensa legal, la generación de alianzas y la construcción de una visión estratégica.

La existencia de organizaciones civiles como Puebla Verde, Africam, Tiyat Tlali, Tosepan Titananizke, CESDER, Alternativas, Cupreder, Ibero Puebla, etc, explica en buena medida la consecución de victorias concretas.

La ausencia de estos elementos en su conjunto explica también los riesgos que enfrentan en conflictos similares como los que hoy se producen en regiones particulares del estado: la amenaza del fracking en la Sierra Norte, la instalación de la minera canadiense Almaden Minerals en Ixtacamaxtitlán y la construcción de las hidroeléctricas en los ríos Ajajalpan, Zempoala y Apulco en la Sierra Norte y Coyolapa en la Sierra Negra por consorcios mineros como Grupo México y Grupo Ferrominero.

La ausencia de estos elementos ayuda a entender igualmente el aislamiento en el que los movimientos pueden caer. Su falta de visión estratégica puede provocar la caída en posiciones sectarias que lo aíslan más todavía y le impiden construir alianzas vitales.

Yo recupero la vista que hemos dado en Mundo Nuestro sobre la realidad de las montañas poblanas y el acoso que sufren por las corporaciones mexicanas y trasnacionales para la instalacción de proyectos industriales energéticos y mineros. Es una memoria de la tierra desde la resistencia de los grupos organizados en la Sierra Norte de Puebla:

Hidroeléctricas en los ríos de la Sierra

Hidroeléctricas en los ríos de la Sierra

Conflicto minero en Tetela

Conflicto minero en Tetela

Conflicto minero en Zautla

Conflicto minero en Zautla

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán

Desde pequeñ@s nos han enseñado a respetar, cuidar y temerle al agua. El agua nos ve, nos escucha y constantemente se comunica con nosotros. A medio día, dicen los abuel@s, no debemos acercarnos al pozo o manantial, porque es la hora en que los dueños del agua se reúnen con los dioses truenos y planean el trabajo que han de realizar durante los días posteriores. Si nos acercamos los interrumpimos y por ello nos pueden castigar y llevarnos a trabajar junto con los truenos, por eso nos enfermamos, nos sentimos débiles y mareados. Nosotros no estamos acostumbrados a andar en el cielo, tal como los jilinin o truenos. Cuando nos enfermemos por esta causa el agua mismo nos puede curar a través de baños, rezos y otras prácticas de la medicina tradicional. También nos han enseñado a quererla y no tenerle asco, porque si eso hacemos se puede enojar con nosotros y nos podemos enfermar, por eso hay que beberla mientras caminamos en alguna vereda . El agua siente y escucha nuestras súplicas. Cuando por un lapso prolongado de tiempo no ha llovido es necesario llevar al santo patrono o patrona del pueblo con un cántaro al manantial o río para que abogue por nosotros y hable con los dueños del agua para evitar que la sequía destruya nuestra siembra. Desde la fundación de nuestros pueblos el agua ha jugado un papel muy importante, por eso hay lugares que en su nombre llevan implícita la palabra agua, por ejemplo: Putlunichuchut, que significa agua con lodo, kuwikchuchut que significa cascada de agua, Paxnichuchut que quiere decir agua cerdo, Skgatachuchut que quiere decir agua bebé, Sekgnachuchut que significa agua con plátano, Kukuchuchut que es agua con arena o Spupukuchuchut que significa agua azul. Todas estas palabras compuestas explican el orígen del nombre de esas localidades, manantiales o rancherías, porque detrás hay muchas historias que algún día habremos de contar.

Texto sobre el agua desde la visión totonaca en el marco del Día Mundial del Agua.
@ Manuel Espinosa Sainos, poeta, locutor y traductor totonaco.

Dos asambleas en la Sierra. Acudo a ellas en un fin de semana de lluvia y sol en los extremos de un río, el Apulco, acosado por los proyectos industriales que llegan a su ribera de la mano del gobierno federal --las secretarías de Economía y Energía y la Comisión Federal de Electricidad, por ejemplo, pero ya también la PGR--y las empresas mineras nacionales y extranjeras como la canadiense Almaden Minerals y la mexicana Grupo Ferrominero y su subsidiaria Minera Autlán. En Ixtacamaxtitlán, en el sur reseco, llueve con fuerza a mediodía; en Tlatlauquitepec, en el norte húmedo, el calor cuece la plancha de una plaza frente al templo del Perpetuo Socorro. Dos días, entonces, para contemplar un territorio vasto rigurosamente asediado por un sistema económico decidido a reproducirse en su capital a costa del agua y las entrañas de sus montañas milenarias. Y la historia y la cultura de sus pueblos originarios.

Cómo mirar ese lomerío en la cuenca alta del río Apulco. En su entraña de oro, medida en onzas y metros y barrenos, dinamita y toneladas de piedras molidas en agua y cianuro, en lingotes refulgentes en bóvedas nunca a prueba del fondo monetario internacional, en circuitos electrónicos en celulares y automóniles, en collares y pulseras para la reproducción de las castas en la India. O en su versión de tierra agreste, de sabinos, magueyes y palmas, de mapaches y zorras y hormigas, de tiempo detendido en las veredas que llevan a aldeas silenciosas en el sopor del mediodía.... Al centro de la fotografía, con la tierra yerma blanquecina en el filo de su cima, el cerro de oro consecionado por el Estado mexicano a la canadiense Almaden Minerals.



1

Ser mexicana, ser indígena, ser campesina. Empezar por ahí esta historia: ¿desde dónde se construye una acción de defensa del territorio de los pueblos originarios?

En el portal junto a la plaza en la que mal resuena un altavoz María Helena me explica cómo siembra las habas que su marido ha extraido para pesar con una báscula de mano las que pienso llevarme para sembrar en Puebla. Es una mujer expresiva, si te dice que primero ahujeras con la pala y despues de echar la semilla la tapas con el pie ella todo lo escenifica en el suelo; y si tienes que dejar medio paso, ya lo dio ahí enfrente de uno.



Claro que ella piensa que es broma. Le he dicho que la empresa canadiense afirma que en Ixtacamaxtitlán ya nadie habla mexicano. María Helena sonríe y luego se enoja. Ha permitido que la grave y así me contesta:



Ha prometido cantar y me lo cumple. Es una canción infantil, aprendida en el catecismo tal vez. Se la cantará a sus nietos también con esos movimientos sencillos, con el pasito adelante, con las manos juntas para dormir.

María Helena se queda en el portal. Yo me llevo a la asamblea su voz dulce y el interrogante sobre la trampa que el diablo le pone a esta tierra. El diablo, ese rostro mal imaginado que piensa llevarse la fortuna y las tortugas en nombre de la palabra progreso que arrastra el metálico desvarío del capital.

2

Las dos asambleas me sirven para marcar el territorio de la lucha ambiental. Las dos para tomar el pulso de los conflictos asociados a los proyectos industriales petroleros, mineros e hidroeléctricos que se le vienen encima a los pueblos cada vez más desde la criminalización de las acciones de quienes se les oponen. Las dos para constatar el avance de los movimientos de resistencia y las palabras con las que construyen ciudadanía desde la defensa de sus montañas y sus pueblos.

El sábado en Ixtacamaxtitlán, para demandar al presidente municipal la creación de un municipio libre de minería frente a la cada vez más grande presión de la empresa Almaden Minerals para lograr del gobierno el permiso de explotación en los cerros de Santa María Zotoltepec.

El domingo en Tlatlauquitepec, con la representación de decenas de comunidades de 45 municipios de Puebla Y Veracruz, cerca de dos mil personas dan idea de la importancia que los movimientos de resistencia en la Sierra de Puebla tienen ya en el escenario nacional.

La primera asamblea ocurre en el escenario extremo que representa una empresa canadiense decidida a dejar de lado la consulta indígena para presentar sin ese obstáculo ante la SEMARNAT la manifestación de impacto ambiental de su proyecto de producción de oro y plata por la vía de la explotación a cielo abierto.

La segunda se mueve en dos planos: uno, el de la lucha concreta manifiesta en la exigencia de contar para los municipios de Tlatlauquitepec, Yaonahuac y Hueyapan con un programa de ordenamiento territorial como instrumento de defensa contra los proyectos industriales en la cuenca baja del río Apulco que cruza este territorio; otro, el político, con la conciencia de la gravedad de los riesgos y la importancia de lograr una estrategia de defensa con perspectiva nacional.

3

Traen por la calle la consigna que le dio fama a Tetela: la tierra nos se vende, se ama y se defiende... Son de Tlatlauquitepec. Y sus líderes traen en la mira lo que más le duele a los gobiernos en México, la idea del ordenamiento territorial.

CONTINUARÁ...

Mundo Nuestro. Esta denuncia nos desnuda a todos. A las autoridades del municipio, qué desvergüenza; a las autoridades del estado, finalmente las responsables de la disposicion de los dedechos sólidos, qué fracaso el suyo; a todos nosotros, en cualquier ciudad o pueblo, indolentes y eso sí muy capaces de arrojar los desperdicios en un cesto y allá el gobierno que se encargue. Está visto que eso ocurre en Cuetzalan, por cierto el único municipio en Puebla con ordenamiento territorial, que ya se ve que ante esta desgracia nada puede.
Los únicos felices, mexicanísimos, los zopilotes.

Pero la población de Cohuatichan ha decidido poner un alto por la vía, de entrada, en una movilización en la cabecera municipal.

La denuncia la ha presentado en Facobookel el grupo Salud Niocup Cnpa MN. Esta realidad la detalla Erwin Slim ese mismo sitio:

"Desgraciadamente es un tema que no se ha atendido como debiera--dice--, cuando estuve coordinando el ordenamiento territorial, se diseñó un modelo de relleno sanitario ecológico con la más alta tecnología y que planteaba una propuesta modelo para otros lugares, porque el predio donde está el tiradero tiene varias hectáreas y en sí mismo tiene potencial de reserva ecológica... La contaminación por lixiviados es alarmante, desde que en el periodo de Arturo Baez quitaron la geomembrana que tenía y abrieron el cuenco a derrame abierto, la derrama de líquidos con alto nivel contaminante, se infiltra en cantidad exponencial al interior de la microcuenca Cohuatichan (en donde en una cueva se resume el agua del río Cohuatichan arriba del "relleno sanitario"), pero seguramente sale a otro lado que no se ha podido detectar por falta de estudios, pero que pudiera ser entre la zona de Tepetzintan,Tepetzalan o quizá hasta otro municipio causando estragos a la salud pública."



Un desastre, entonces, que da idea de una realidad que se repite a lo largo del estado de Puebla en la mayor parte de los llamados "rellenos sanitarios".



La imagen puede contener: 3 personas, personas de pie, multitud y exterior

La imagen puede contener: árbol, planta y exterior



La imagen puede contener: árbol, planta, cielo, exterior, naturaleza y agua

La imagen puede contener: planta, árbol, exterior y naturaleza

La imagen puede contener: cielo, árbol, exterior y naturaleza

Cuando los europeos descubrieron para sí el “Nuevo Mundo”, se preguntaron con insistencia si sus pobladores tenían alma. Como su primer impulso fue responder con una negativa, el papa Pablo III tuvo que dictar en 1537 la bula Sublimis Deus para que la naturaleza racional de los indios fuera oficialmente reconocida. Esto significaba reconocer tanto su capacidad como la necesidad de ser cristianizados y, en consecuencia, su derecho a ser respetados como seres libres y con facultades para ejercer el dominio sobre sus propiedades. Por esta razón los indios fueron declarados vasallos libres de la Corona y sujetos al pago de tributos. En forma paralela a este proceso se desarrollaba una intensa explotación del trabajo indígena en todos los órdenes de la economía, particularmente en la explotación minera para obtener oro y plata. Los mineros españoles, con la técnica del socavón, extrajeron 191mil 835 kilos de oro, casi 200 toneladas, entre 1521 y 1830. En cambio, en tan sólo en 10 años, entre el 2000 y el 2010, las empresas modernas, con métodos devastadores de la naturaleza como la técnica del tajo abierto, han extraído más de 400 toneladas: 419 mil, 097 kilogramos de oro[1].

Durante el periodo colonial, dice Lidia Gómez García[2], con el establecimiento de la República de Indios, la figura jurídica del cabildo de indios, que ejercía funciones de gobierno bajo la supervisión de un corregidor o alcalde mayor, le dio al concepto de “indio” un sustento legal, formalmente establecido durante los primeros años del virreinato. Después de largas discusiones sobre los derechos que debía otorgarse a los nativos de América, se decidió considerar jurídicamente al indio como menor de edad, definición que le concedió el derecho a ser protegido por la Corona Española frente a los abusos de los españoles colonizadores. La definición de indio, en consecuencia, no correspondía a una clasificación racial, sino a un estado jurídico y su reconocimiento como “sujeto de derecho”, aunque, en realidad, las diferencias con los pueblos indios no se asumieron como una diferencia cultural sino racial, lo que implicaba una discriminación mayor pues se les prohibió el trato con los españoles, no podían usar la vestimenta europea, ni tener caballos con silla y freno y tampoco armas. Es decir, el indio novohispano fue, sobre todo, una construcción racista de los europeos. En México, desde la conquista se convirtió en el nombre del habitante que antes y siempre había vivido en este continente porque el concepto no provenía, dice Carlos Montemayor[3], del sujeto mismo a quien se aplicaba, sino de la sociedad que lo conquistaba. A partir del siglo XVII, cuando la palabra indio aparece en los diccionarios europeos, ya está impregnada de una serie de significados despectivos forjados en la imaginación de los colonialistas: bárbaro, cruel, grosero, ignorante, inhumano, aborigen, antropófago, natural y salvaje. El primer Diccionario de la Real Academia Española, publicado en 1726, agregó otros calificativos despectivos: tonto y crédulo.

En 1798 el Diccionario de la Academia Francesa introdujo una importante modificación al emplear la palabra indígena, que comenzó a utilizarse para nombrar a quienes nacen en una región específica. Si utilizáramos esta palabra en un sentido amplio, indígena sería tanto un parisino nacido en París, como un iztacamaxtitleco nacido en Iztacamaxtitlán, en la Sierra Norte de Puebla. Esta acepción la conserva el Diccionario de la Real Academia Española en la actualidad. Estrictamente hablando, entonces, son comunidades indígenas las comunidades campesinas asentadas desde hace siglos en la región de Iztacamaxtitlán. Como el significado del término indígena es tan amplio, se ha optado últimamente por emplear el concepto de “pueblos originarios” para referirnos a los descendientes de las antiguas culturas que ocupan ancestralmente un territorio.



En buena medida las políticas indigenistas de los siglos XIX, XX y lo que va del XXI son una continuación de las políticas coloniales de los Austrias, los Borbones y las Cortes de Cádiz, con las modificaciones que cada época fue implementando. Pero en el centro de las políticas del Estado (sea la Corona Española, la República Independiente o el Estado moderno) siempre ha estado la relación de los indígenas con su tierra y su territorio, que ha sido concebido desde los remotos tiempos precolombinos como un ser vivo, como un ámbito sagrado habitado por los hombres al que debe retribuírsele ritualmente de diversas maneras porque de él se obtienen los mantenimientos indispensables para gozar del bienestar que un ambiente saludable ofrece. Pero ha sido siempre esta reciprocidad con la tierra, el cielo y el inframundo lo que ha causado la incomprensión de los conquistadores, que han visto en ello desde actos demoniacos hasta costumbres reprobables por estar sustentadas en una supuesta ignorancia. La relación con el mundo natural ha sido vista por los conquistadores, desde Cristóbal Colón y Hernán Cortés hasta Monsanto y las mineras modernas, como un recurso susceptible de ser explotado al máximo, cuente lo que cueste, por que promete jugosas ganancias para los inversionistas. De manera que, a los ojos de los empresarios, cuya lógica responde exclusivamente al incremento de una ganancia, un territorio y su población consiste únicamente en un espacio que debe ser sometido a la mercantilización de la naturaleza y a la cosificación de los humanos. No hay plantas, ni animales, ni agua y aire puros, ni tierra que produzca alimentos saludables, ni vida apacible y digna de las comunidades que importe, todo ello debe someterse a la implacable ley del capital.

Aunque el equipo de GMIC no ha informado aún cuál fue el procedimiento de su investigación, algo que esperamos den conocer pronto, se les puede juzgar si atendemos a sus conclusiones. Parodiando un precepto bíblico podríamos decir: “Por sus conclusiones los conoceréis”. La conclusión a la que ha llegado el equipo de la consultora GMI Consulting, contratada por la minera canadiense Almaden Minerals, es insólita por su cinismo, pero explicable por la trayectoria ideológica a la que se debe. La conclusión a la que ha llegado este equipo es que las comunidades indígenas no existen en el entorno donde se desempeñarían las actividades de extracción de oro a cielo abierto, y, en consecuencia, no hay a quién consultar, como obliga el marco internacional y la ley constitucional. Y obliga a una consulta “libre e informada”, no a una simulación de consulta, como se pretende hacer ahora, induciendo la voluntad de la gente con obsequios, engaños y promesas, visitas guiadas a otras minas para mostrar que son inocuas y demás ardides para lograr su objetivo.

Lo que ha hecho la empresa GMIC con una supuesta metodología científica (que en realidad es la aplicación de un método que intenta una especie de etnocidio cultural al desconocer deliberadamente usos y costumbres que responden a una tradición indígena) es colocar a la compañía minera en una situación ideal para justificar que el Estado no realizó la consulta a la población que se vería afectada con la devastación de la naturaleza que implica la extracción de oro mediante métodos que envenenan la tierra y el agua y destruyen no sólo la belleza natural del lugar, que merece un mejor futuro, sino que impactan negativamente en la flora, la fauna y la vida humana saludable, como lo demuestra puntualmente el libro de Paul Hersch al analizar la perniciosa implementación de estos métodos en Carrizalillo, Guerrero y en el cerro de San Pedro, en San Luis Potosí por la minera San Xavier, que sacaba del manto freático 16 millones de litros de agua al día, para mezclarlos con 16 toneladas de cianuro. Esta compañía utilizaba 25 toneladas de explosivos diarios creando ya un cráter de 67 hectáreas.

Desaparecer “metodológicamente” a las comunidades indígenas en Iztacamaxtitlán es la versión actual de un ideal liberal del siglo XIX personificado por el doctor José María Luis Mora cuando propuso al Congreso de la Unión, en 1824, que sólo se reconocieran en la sociedad las diferencias económicas y que desapareciera la palabra indio del lenguaje oficial, es decir, que se declarara, por ley, la inexistencia de los indios. Quienes comulgaban con esta estupidez comenzaron a llamar a los pueblos originarios “los antes llamados indios”. Es sabido que el pensamiento liberal se opuso frontalmente a la orientación comunal de la propiedad. La consecuencia de esta política fue el apoderamiento privado de las tierras de estos pueblos lanzando millones de hectáreas al mercado, de donde surgieron los inmensos latifundios y el trabajo semifeudal de los peones acasillados en las haciendas del porfiriato. ¿Debo recordar que esta situación provocó la violenta irrupción de la revolución mexicana y la restitución a lo largo de varias décadas de las tierras comunales, vía el ejido, a los pueblos originarios que las demandaban?

En febrero de 2017 se publicó un minucioso informe titulado: Minería canadiense en Puebla y su impacto en los derechos humanos. Por la vida y el futuro de Ixtacamaxtitlán y la Cuenca del Río Apulco. Sus autores, Alejandro González, Tamar Hayrikyan, Patricia Legarreta, Mayeli Sánchez, Julieta Lamerti, Oscar Pineda, Silvia Villaseñor, Alejandro Marreros y Esmeralda García forman parte de las organizaciones IMDEC, PODER, CESDER y la Unión de Ejidos y Comunidades en Defensa de la Tierra, al Agua y la Vida, ATCOLHUA. Se trata de una investigación cuidadosa y muy bien sustentada que pinta de cuerpo entero a la minera Almaden Minerals como perniciosa en sus procedimientos administrativos y en sus afectaciones ambientales, que ha impactado negativamente en los derechos humanos en México y otros países. Tengo la certeza de que la minera canadiense recurrió a la empresa GMI Consulting para contrarrestar la demoledora crítica que llevaron a cabo estos colegas.



En las próximas semanas instalaremos en el auditorio de Iztacamaxtitlán la exposición itinerante que han organizado los antropólogos del INAH-Morelos, que muestra los daños que la minería a cielo abierto para extraer oro causa al medio ambiente y a la salud humana. Es un buen espacio para tener también un debate con el equipo de investigación de GMI Consulting. Están cordialmente invitados a participar en una mesa redonda donde analicemos tanto la existencia de comunidades indígenas en la región, como los perjuicios irreversibles que puede causar la minería. Si aceptan debatir con nosotros háganlo saber por este medio para ponernos de acuerdo en los términos de la discusión.

[1] Hersch Paul, El oro o la vida. Patrimonio cultural y megaminería: Un reto múltiple, INAH, 2015.



[2] Gómez García Lidia, La construcción del Estado Nacional desde la perspectiva de los pueblos indios en Puebla, Educación y Cultura-BUAP, México, 2010.

[3] Montemayor, Carlos, Los pueblos indios de México hoy, Planeta, México, 2001.

Todo el trabajo de GMI Consulting se realiza de conformidad con las mejores prácticas internacionales en materia de Gestión Social y Evaluación de Impacto Social, atendiendo en todo momento al respeto irrestricto a los derechos humanos y particularmente de los pueblos indígenas, garantizando la participación voluntaria de la población, cumpliendo con los protocolos señalados en los Principios de Ecuador y las Normas de Desempeño sobre Sostenibilidad Ambiental y Social emitidos por la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial; las Guías de la OECD sobre gestión social de las empresas, los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas; los Protocolos de Actuación del Banco Interamericano de Desarrollo, y los principios aplicables del Convenio 169 de la OIT, entre otros.

GMI Consulting llevó a cabo la primera parte de la Evaluación de Impacto Social del proyecto de exploración minera “Ixtaca”, el primer estudio de estas características realizado en el país por una empresa minera, de conformidad con las mejores prácticas internacionales señaladas anteriormente, y en estricto apego a los derechos humanos:

  • El trabajo de campo se realizó durante un periodo de 4 semanas en los meses de septiembre y octubre de 2017 por un grupo interdisciplinario de 9 antropólogos, etnólogos y sociólogos egresados de diversas universidades, quienes vivieron al interior de las localidades del área de influencia del proyecto con el objeto de realizar una inmersión etnográfica a profundidad, y conocer sus costumbres y forma de vida. La recolección de información procedió de fuentes primarias vía herramientas de tipo cualitativo.
  • El trabajo de investigación se enmarcó bajo las directrices de una Metodología Participativa, y se promovió la participación amplia, informada, pertinente y voluntaria de diversos grupos de población. Se llevaron a cabo más de 200 entrevistas a profundidad con diversos pobladores de todas las comunidades.
  • La metodología utilizada incorporó un enfoque de derechos humanos, desarrollo sustentable y perspectiva de género conciliables con lo establecido en los Principios de Ecuador, las Normas de Desempeño sobre Sostenibilidad Social y Ambiental, y la Guía de la OCDE de debida diligencia para la participación significativa de las partes interesadas del sector extractivo. En lo que respecta a grupos vulnerables, se incluyó la participación de mujeres, personas de la tercera edad, niños y niñas.
  • Durante el trabajo de campo no se identificaron comunidades indígenas ni el habla de lenguas originarias dentro del área influencia de proyecto. Tampoco se identificaron autoridades tradicionales. Ninguno de los entrevistados mencionó tener autoadscripción indígena, ni conocer a pobladores de las localidades del área de influencia que la tuvieran. Únicamente se identificó a una mujer adulta mayor en la localidad de Zacatepec, quien aun a pesar de conocer la lengua náhuatl, ya no la practica, y considera no tener autoadscripción a ninguna etnia indígena.

Aclaramos que sólo el Estado Mexicano puede señalar legalmente la existencia o no de una comunidad indígena como sujeto de consulta, no los particulares, y es el propio Estado mexicano quien debe garantizar y realizar procesos de Consulta Previa Libre e Informada a pueblos y comunidades indígenas de conformidad con los diversos instrumentos internacionales firmados por el Estado Mexicano. No es atribución de los particulares realizar procesos de Consulta Previa Libre e Informada.

Hacemos un fuerte extrañamiento de los comentarios vertidos sobre nuestro Director Jurídico, el Dr. Juan Pablo Gudiño Gual, por el Señor Julio Glockner en su artículo intitulado “Ixtacamaxtitlán: ¿indígenas inexistentes? Eso dicen los antropólogos de Almaden Minerals” publicado el 28 de febrero en el medio electrónico “Contra Línea” y retomado por medios como “La Jornada de Oriente” y “Mundo Nuestro” en el que se descalifica a su persona y a la Universidad Marista de la cual procede, desacreditando sus principios éticos, su calidad moral y académica, y expresando únicamente argumentos ad hominempara demostrar sus dichos, con un total desconocimiento del trabajo realizado por esta empresa. Por lo que por este conducto lo instamos a que nos haga saber cuál fue la metodología aplicada durante sus visitas a la región, cómo delimitó el área de influencia del proyecto minero, cuántos son “muchos” habitantes con los que ha hablado, cómo se integró su equipo de trabajo, en qué fechas realizó el trabajo de campo, y si éste fue realizado conforme a las mejores prácticas internacionales en la materia. Recordándole ante todo que de la época de la evangelización de nuestro país a la fecha median alrededor de quinientos años, durante los cuales cualquier antropólogo o sociólogo de primer semestre sabe que en un periodo de tal magnitud se dan cambios sustantivos en la sociedad.

Lic. María de las Nieves García-Manzano
Directora General



Mundo Nuestro. Este texto de Julio Glockner abre una ventana al complejo proceso que enfrentan las comunidades campesinas que sufren el acoso de los proyectos industriales, particularmente en la Sierra Norte de Puebla. La empresa canadiense Almaden Minerals dio a conocer en diciembre que la empresa mexicana GMI Consulting realizó un estudio de Evaluación de Impacto Social que concluye que en Ixtacamaxtitlán no hay pueblos indígenas, y que por lo tanto no es necesaria la consulta indígena a la que obliga el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmado por el gobierno mexicano.

El texto de Julio Gloxkner debemos leerlo también desde la coyuntura que se vive en el proceso legal del juicio de amparo interpuesto por el ejido de Tecoltemic con la resolución dictada por el Segundo Tribunal Colegiado del Sexto Circuito con sede en Puebla, dentro del Recurso de Queja 184/2017, queda firme la orden de suspensión de las actividades de la minera en sus concesiones Cerrón Grande y Cerrón Grande II, además de que el juez Cuarto de Distrito tendrá que pronunciarse sobre la inconstitucionalidad de la Ley Minera, hecha valer por los pobladores.

Reitera juez suspensión a proyectos mineros en Ixtacamaxtitlán

La minera canadiense Almaden Minerals contrató los servicios de una empresa denominada GMI Consulting que tiene como director jurídico al señor c, quien ostenta el título de doctor en derecho constitucional por la Universidad Marista. Esta universidad sustenta su filosofía en los principios de los “Hermanos Maristas” y pretende formar “profesionales con valores integrales y adecuados a la sociedad”, siempre bajo el lema: SER PARA SERVIR.



Haciendo a un lado los testimonios de las decenas de víctimas de abuso sexual que involucraron a decenas de sacerdotes y que configuraron uno de los casos más grandes de abusos eclesiásticos a nivel mundial, casos que ya la Congregación Marista ha reconocido, pedido perdón y financiado el tratamiento psicológico correspondiente, pasemos a examinar los valores con los que la Universidad Marista forma a sus muchachos y a cotejar si el doctor en derecho Gudiño Gual los cumple cabalmente, pues estamos hablando de un “humanismo cristiano” y una formación cívica que, se supone, son los ingredientes esenciales de la educación marista, empeñada en formar “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos".

No está por demás, antes de pasar a examinar el comportamiento ético y profesional del doctor Gudiño, mencionar al lector los valores que deben guíar a los profesionistas egresados de esta universidad:



“Valores: Convencidos de la dignidad de la persona, tenemos el humanismo cristiano, como principio rector; sustentamos como valores fundamentales la justicia, la paz, la libertad, la apertura y la fraternidad. Que se expresan en servicio, trabajo, responsabilidad individual y social, respeto, honestidad, sensibilidad a la expresión personal, trascendencia, pluralismo y apertura a la unidad armónica, dignidad de todo ser humano y búsqueda permanente de la verdad; todos ellos englobados en la integridad. Somos congruentes con nuestros orígenes y con la filosofía expresada en nuestros Principios, Fines y Objetivos. Como institución, nuestra Universidad, fiel al mensaje evangélico; se reconoce pluralista y busca la verdad permanente”.

Ahora veamos de cerca al doctor Gudiño Gual en acción:

Según sus propias palabras, aplicó una “metodología cualitativa con inmersiones sociológicas y antropológicas”, para ver si las comunidades aledañas al proyecto minero son comunidades indígenas, puesto que, de ser así, la minera canadiense tendría un serio obstáculo para destrozar las montañas en busca de oro y plata, ya que los territorios de los pueblos indígenas están protegidos por convenios internacionales, que son ley constitucional. El resultado de sus “inmersiones antropológicas” fue que: “no existen comunidades indígenas en ninguna de las áreas de influencia, ni en la zona directa ni en la indirecta”.



Leer esta declaración del doctor Gudiño me sorprendió enormemente, puesto que yo he estado en la región y he hablado con muchos habitantes de las comunidades indígenas que serían afectadas por la minera. Conozco la historia de la región y sé que ha habido asentamientos desde la época prehispánica, algunos importantes hallazgos arqueológicos se encuentran en el museo de sitio de Iztacamaxtitlán y la crónica de Bernal Díaz del Castillo y la segunda carta de Hernán Cortés a Carlos V lo confirman. Asimismo, está documentada la visita que hizo el siglo pasado el antropólogo francés Jaques Soustelle, quien relató su estancia en 1934 en el municipio en un libro que le recomiendo leer al doctor Gudiño: “México, tierra india”, publicado por la SEP, donde aparece una fotografía sumamente interesante del dios Tezcatlipoca, tomado justamente en la cima de una de las montañas de la hermosa sierra que la compañía Almaden Minerals pretende destruir.

¿Qué clase de “inmersión antropológica” hizo este doctor que evidentemente ignora, no sólo la historia cultural de la región, sino la existencia misma de los descendientes del pueblo nahua que la han poblado ininterrumpidamente durante siglos y hasta nuestros días?

¿No sabe acaso el doctor de la importancia de la evangelización franciscana en la región desde el siglo XVI y de los santuarios del Señor de la Salud y el Señor de la Buena Muerte?, dos Cristos cuyos templos están ubicados en sendos macizos montañosos, conformando una geografía sagrada que es la sincrética continuación de los ritos mesoamericanos dedicados a la fertilidad, la abundancia, la salud y el bienestar de los habitantes de ayer y hoy. Todo parece indicar que nuestro doctor no ha hecho una inmersión, sino más bien una inversión en intereses ajenos a las comunidades indígenas. Algo que comienza a ser sospechoso y absolutamente ajeno a los principios éticos de su Alma Mater, pues parece poco preocupado por la búsqueda de la verdad.

Sabemos de la ambición desmedida de la compañía minera y sus filiales en México, “Gavilán” y “Gorrión”, capaces de mentir a los habitantes de las regiones donde operan haciéndoles imaginar un mundo de prosperidad y bienestar, cuando lo que les espera, de operar la minera, es la contaminación del agua y la tierra, la destrucción de la belleza natural, el fin de la tranquilidad en los pueblos, del aire limpio, de un ambiente sano, de enfermedades dermatológicas y respiratorias. Esto debía saberlo el doctor Gudiño, pues está ampliamente documentado en otras zonas del país, también debía saber de la Encíclica del Papa Francisco en defensa de los territorios indígenas y el medio ambiente, denominada Laudato Si, del 24 mayo de 2015 y promulgada a propósito del “cuidado de la casa común del paneta”, y también debería conocer los términos del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo que protegen los territorios de los pueblos originarios y condicionan cualquier intervención externa en ellos a una CONSULTA INFORMADA y CONVENIDA CON ELLOS antes de tomar cualquier decisión.

¿Por qué el doctor en derecho insiste en que los indígenas no existen en la región y que él sólo encontró a una mujer indígena de 70 años, “a la que ya se le olvidó la lengua”, como le dijo a la reportera de Contralínea, Nancy Flores? A quien le responde con una lógica que quisiera indiscutible: “Si no hay comunidades indígenas, no hay consulta.” Aquí comienza a aparecer claramente su educación doctoral: se trata de evadir las leyes constitucionales y los convenios internacionales, como el 169 de la OIT, negando que hay comunidades indígenas. ¡Ahora vamos entendiendo mejor sus estudios en derecho constitucional! “Ser para servir” ¿A quién? Evidentemente a quien paga sus honorarios, aunque tenga que desaparecen de sus informes a las comunidades indígenas del mapa.

Por si fuera poco, otro abogado salta a la palestra de la violación de los derechos reconocidos a los pueblos indígenas, el licenciado Alberto Vázquez, apoderado legal de la Minera Gorrión quien, ufano, dice a la reportera:

“Tenemos oficios confirmando la inexistencia de comunidades indígenas. No es algo que nosotros hayamos determinado porque, independientemente de la consulta a un experto en la materia, hemos procurado hacer las cosas en forma correcta y tenemos respuesta de las autoridades respecto de la no existencia de comunidades indígenas en el municipio de Ixtacamaxtitlán, que es donde se ubica el Proyecto Ixtaca”.

Pero la reportera comenta a sus lectores:

“Esos supuestos oficios chocarían no sólo contra la evaluación de la Semarnat, sino también contra datos oficiales del Inegi, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali). Además, el Catálogo de las lenguas indígenas nacionales: variantes lingüísticas de México con sus autodenominaciones y referencias geoestadísticas del Inali, también contrasta con la versión de la empresa. Este documento señala que en Ixtacamaxtitlán son 63 las comunidades hablantes del Náhuatl, entre las que incluye a Santa María Zotoltepec.” En esta última localidad opera actualmente la minera.

Durante siglos enteros los pueblos y comunidades indígenas han padecido la imposición de proyectos de todo tipo sin ser tomados en cuenta. Se ha diseñado una y otra vez el destino de estos pueblos sin considerar su opinión. Justamente el Convenio 169 pone fin a esta práctica autoritaria y discriminatoria. Los pueblos y comunidades indígenas deben hacer valer el que se les reconozca como sujetos colectivos de derecho. Se trata de algo muy simple: el derecho a tener un destino propio. El derecho a ser informados de las consecuencias que traerán los proyectos que se les proponen, a tomar decisiones colectivas y a beneficiarse con las políticas de desarrollo que se realicen en los territorios que han habitado ancestralmente. Quisiera recordarle al señor Gudiño Gual algunos artículos del Convenio 169 que deliberadamente se niega a respetar, desapareciendo en su cabeza y en sus papeles una milenaria presencia de las comunidades indígenas en la región:

El artículo 1 establece a quienes se aplica el convenio, diciendo que se aplica “A los pueblos en países independientes, considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país… en la época de la conquista o la colonización… y que cualquiera que sea su situación jurídica, conservan sus instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.

  1. 2 Los gobiernos deberán asumir la responsabilidad de desarrollar, con la participación de los pueblos interesados, una acción coordinada y sistemática, con miras a proteger los derechos de esos pueblos y a garantizar el respeto de su integridad.
  2. 6 Los gobiernos deberán consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente.
  3. 7 Los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sobre sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que este afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar, en la medida de los posible, su propio desarrollo económico, social y cultural. Además, dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación y evaluación de los planes y programas de desarrollo nacional y regional susceptibles de afectarles directamente.
  4. 14

1.- Deberá reconocerse a los pueblos interesados el derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan. Además, en los casos apropiados, deberán tomarse medidas para salvaguardar el derecho de los pueblos interesados a utilizar tierras que no estén exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de subsistencia.

2.- Los gobiernos deberán tomar las medidas que sean necesarias para determinar las tierras que los pueblos interesados ocupan tradicionalmente y garantizar la protección efectiva de sus derechos de propiedad y posesión.

Estos artículos tienen la cualidad del rango constitucional y están vigentes desde el año de 1991. Todo consiste en conocerlos y hacerlos valer. La ley está del lado de los pueblos que se protegen a sí mismos y que protegen su medio ambiente.

Finalmente, citando al doctor Jorge Sánchez Cordero, especialista en derecho patrimonial y comunitario, digo que existen otros acuerdos internacionales, suscritos por el gobierno de la república en fechas más o menos recientes. Me refiero a la Declaración Americana sobre Derechos de los Pueblos Indígenas (DADPI) aprobada por la Organización de Estados Americanos el mes de junio del 2016 y cuyas disposiciones obligan a los Estados firmantes a proporcionar diversos tipos de reparación por medio de mecanismos eficaces, establecidos conjuntamente con los pueblos indígenas, que podrán incluir la restitución de bienes culturales, religiosos y espirituales de los que hayan sido privados sin su consentimiento libre, previo e informado o en violación a sus leyes, tradiciones y costumbres (Artículo XIII, fracción 2)

Más aún, estos pueblos tienen derecho a participar de manera plena y efectiva en la adopción de decisiones en las iniciativas que afecten sus derechos y se relacionen con la elaboración y ejecución de leyes, políticas públicas, programas, planes y acciones inherentes a los asuntos indígenas.

En los términos de la DADPI el Estado mexicano tiene la obligación de realizar consultas y cooperar de buena fe con los pueblos indígenas interesados antes de adoptar y aplicar medidas legislativas o administrativas que los afecten, a fin de obtener su consentimiento libre, previo e informado (Artículo XXIII, fracciones 1 y 2)

Estos son sólo algunos de los recursos legales que tenemos los mexicanos, y en particular los pueblos originarios, para defender sus derechos colectivos.

Mundo Nuestro. Del archivo de esta revista digital traemos esta primera parte de un reportaje sobre el proyecto minero a cielo abierto que la empresa de exploración minera canadiense Almaden Minerals Ltd quiere implantar en el municipio serrano de Ixtacamaxtitlán, en la cañada del río Apulco. Lo rescatamos aquí con el ánimo de recuperar una discusión pública inteligente sobre este conflicto estratégico en Puebla en la coyuntura del anuncio de la empresa de presentar en los próximos días la Manifestación de Impacto Ambiental que dé paso al proceso de explotación. No es un asunto cualquiera. Está en riesgo el futuro del territorio serrano, su vocación ambiental, su historia y cultura, la calidad de la vida de sus habitantes. Los gobiernos federal y estatal miran a otro lado como si nada de esto les concerniera. Los políticos y sus partidos simplemente callan. Ni qué decir de los candidatos al gobierno estatal.

No podemos, sin embargo, actuar como si nada ocurriera.

Aqui la seguna y tercera parte de esta investigación realizada en el año 2012.



Y aquí el conjunto de textos elaborados en los ultimos años sobre este conflicto seguido por Mundo Nuestro:

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán





Morgan Poliquin, en el reparto de 260 sillas de ruedas en Puebla, Oaxaca y Veracruz, en abril del 2012. (Foto del portal www.almadenminerals.com

“Usté será responsable si nos quedamos sin trabajo”

1.- Santa María Zotoltepec, al cierre de una asamblea informativa entre campesinos en el ensueño del empleo minero, geólogos del progreso y el realismo, madres de familia en la incertidumbre y activistas ambientales aves del mal agüero:

“Sé realista --me dice el joven geólogo Roosvelt, empleado de la minera canadiense Almaden Minerals, Ltd., y me lo dice fuerte para que lo escuche bien toda la comunidad presente en la asamblea--, la mina y el oro y los empleos y el desarrollo y el progreso y el futuro… o nada.”

Habla del oro guardado bajo la capa de ceniza volcánica que cubre el lomerío pelado que trepa a la montaña cerrada de nubes, arriba de los tres mil metros, la misma que del otro lado, en Tetela de Ocampo, cae para formar la cañada en la que la empresa Minera Frisco quiere poner su propia explotación a cielo abierto.

“Sé realista --vuelve decir--, ponlo en una balanza…”

Yo le he dicho antes que la empresa canadiense está obligada a informar de las consecuencias que tendrá la instalación de una mina a cielo abierto para la región: el tajo enorme, los riesgos del cianuro para la cuenca del río Apulco, el agotamiento del agua

Y luego viene su primera acusación: “Tu tienes un negocio con esto --me dice--, tú tienes una organización, una empresa de esto, tú ganas dinero con esto, tú tienes relación con Oxfam y de ahí sacas dinero.”

La mentira como un barreno. Es la primera noticia en mi vida de la existencia de Oxfam, me digo, y averiguaré al respecto. Pero no paran ahí los reclamos y acusaciones: en un momento me rodea el grupo de campesinos mineros. Uno de ellos, que podría tener mi edad, me dice: “Usté dijo que iba a hablar con la verdad, muy bien, dígale aquí al pueblo, con toda la verdad, ¿en cuánto va usté a vender este movimiento?” Así, sin más, segunda acusación. Y todo el grupo le aplaude. Y no para ahí, pues del grupo sale un hombre de bigote, sombrero, tirantes y faja de cargador. Sube y baja frente a mi cara su mano derecha con el índice extendido mientras habla y lanza la tercera acusación: “Mire señor, si esto se para, si no se hace la mina, yo le digo que usté va a ser responsable de que yo no tenga trabajo, porque usté no más viene a decir, pero usté no nos va a dar empleos. Así que yo no me voy a olvidar de usté.”

No será fácil olvidar su rostro de este campesino minero enojado.

2.- Domingo 29 de julio por la tarde en el auditorio de blocks y techo de lámina del pueblo de Santa María Zotoltepec, en la cañada del río Apulco, en Ixtacamaxtitlán. Las autoridades del pueblo han convocado a la empresa minera canadiense Almaden Minerals, que ellos conocen como Minera Gavilan o Minera Cerro Grouse, y al grupo civil Tetela hacia el Futuro, que trae su propio litigio del otro lado de la montaña que nos cobija esta tarde, a presentarle sus decires a esta comunidad campesina a la que por el oro se le vendrá el cielo abierto encima. Desde que el 7 de julio pasado el grupo civil Unitierra presentara un video sobre la realidad de una comunidad guatemalteca que ha sufrido las consecuencias de una explotación minera a cielo abierto propiedad de la empresa canadiense Goldcorp, la gente anda nerviosa, igual los campesinos reconvertidos en exploradores mineros, abiertamente favorables al trabajo de los geólogos y sus barrenos, que las mujeres que han visto las enfermedades que resultan de la contaminación de las aguas y los enormes agujeros que dejan los tajos en la tierra.

“Así que las dos partes tienen veinte minutos cada una para decir lo que tengan que decir --nos dice muy serio a los presentes el Inspector, acompañado por la Juez de Paz--, ya será el pueblo en asamblea el que decida”.

Hoy no será eso, pues no se ha reunido el pueblo entero, nos informa.

El escenario es un rústico auditorio de block gris y techo de lámina, sin ventanas y con un portón metálico al frente, un corralón amplio para que pueda tocar ahí cualquier súper original y tumbadora banda machos o cuisillos y la música apriete los cuerpos en este rincón remoto del mundo. La reseca cañada del Apulco. Aunque esta tarde llueve recio, y contra los goterones sobre el techo de zinc no queda sino el barullo atropellado de las palabras y su incapacidad para encausar una reflexión atinada y serena sobre la vocación de estas sierras y sus bosques generadores de agua, sus pueblos y caseríos dispersos y enraizados en su soledad originaria, sus estadísticas de pobreza y sobrevivencia agrícola, y los cantos ensoñadores y eternos del desarrollo económico y el empleo, esta vez anunciados por las tecnológicas puntas diamantinas de los barrenos y la paciencia también originaria de los mineros.

3.- Ixtacamaxtitlán quiere decirlo todo: cerca de la faja blanca o lugar del camaxtle blanco donde está el sol iniciador de las guerras y al que se ofrecen los corazones de los guerreros caídos. La historia está bien contada en el portal web del ayuntamiento (http://www.ixtacamaxtitlan.gob.mx/index.html). Primero los totonacas, que llegan según Torquemada en el 719, luego los chichimecas que los conquistan en 1173, al final los nahuas en 1464 con el guerrero Ahuítzol que para el tlatoani Moctezuma Ihuilcamina avasalla a todos menos a los de Tlaxcallan.

Historia vieja, para imaginar los vientos y los silencios de tiempos perdidos que resuenan todavía en las voces de sus caserios dispersos: Almonamique (33 habitantes), Tuligtic (240 habitantes), Cuahuigtic (285 habitantes), Capolicttic, (245 habitantes), Ocotla (157 habitantes), Escuinapa (29 habitantes), Cuapazola (345 habitantes).Y así tiene 114 Ixtacamaxtitlán. Hoy ese territorio da cuenta de la cañada del Apulco, que se desprende en las cimas de tres mil metros por las que se alza el arranque meridional de la Sierra de Puebla, desde el sur poniente en la frontera con Tlaxcala, Chignahuapan e Ixcaquixtla, y que corre por treinta kilómetros hasta quebrarse al norte y penetrar en Zautla, para correr otros 36 kilómetros hasta las cascadas de Apulco en Zacapoaxtla. Una cañada que hace quinientos años se entretenía con las guerras a hachazos entre Tlaxcallan e Ixtacamaxtitlán, que vio pasar en agosto de 1519 por ese Señorío a Cortés con sus caballos y arcabuces rumbo a conformar la alianza que conquistaría Tenochtitlan, y que se sumió en el aislamiento de los templos y conventos que levantaron los franciscanos con la misma piedra rosada que todavía hoy se extrae de las canteras y que los llevó en los años cincuenta de ese siglo XVI a la rebelión de los indios, según el historiador, “contra los españoles, particularmente contra la Iglesia católica y los curas que exigían de ellos pesadas cargas de tributos y de trabajos forzosos: huyeron a los bosques de los alrededores y establecieron allí sus casas”. Luego, a punta de fuego los devolvieron al yugo, pero no perdieron la costumbre de vivir en el monte.

Y ahí Santa María Zotoltepec, una aldea de 395 habitantes, a 2,200 metros sobre el nivel del mar, en la ribera norte del Apulco, cuando el río todavía no parte la barranca en quebradas y desfiladeros de más de trescientos metros, cuando casi es un arroyo bronco de verano, cuando hacia su cuenca la montaña se desgarra en arañazos a la tierra en cañadas y vallecitos que han perdido gran parte de sus bosques. No tiene más de diez casas en su centro, además del templo, la escuela y la cancha de básquet techada, pero cuento en google earth más de cien en un radio de 500 metros a la redonda. Como pocas veces he visto, Santa María es el reflejo más original de la vida campesina: el pueblo casi no está en el caserío, el pueblo está pegado a las milpas en los ranchos de teja, el pueblo vive desperdigado, entreveradas sus casas por brechas de barro cercadas por palmas y magueyes, sometido por una comarca sin horizonte, sin más vuelo a la vista que la montaña nublada y morena.

Ixtacamaxtitlán es el quinto municipio más grande del estado, con 568 kilómetros cuadrados (el 1.6 por ciento del territorio poblano), 25,326 habitantes desperdigados en 14 pueblos que no tienen más de dos mil personas y en 114 comunidades que no tienen más de quinientas. Y ya tan sólo 2,797 personas hablan náhuatl. Y viene entonces la fortaleza del discurso minero, la precaria existencia de los montañenses: 82 de cada cien hombres vive exclusivamente del trabajo en el campo; una de cada cuatro personas vive en pobreza extrema, ocho de cada diez tienen un ingreso inferior a la línea de bienestar, uno de cada cinco adultos es analfabeto, una de cada tres casas tiene piso de tierra, sólo el 0.3 por ciento de la población tiene internet en casa.

Desde esa dispersión y sobrevivencia campesina mira sus cañadas metálicas Santa María. El monte marcado por la palabra tajo desde el 9 de agosto del 2010, cuando los geólogos canadienses de Almaden Minerals, Ltd. --la exploradora minera especializada en localizar las vetas de oro y plata para venderlas como descubrimientos a las grandes corporaciones mineras, y que tan solo en este municipio tiene concesionadas 57 mil hectáreas--, seccionaron con sus barrenos 302.41 metros de 1.01gramos por tonelada de oro y 48 gramos por tonelada de plata, y 1.67 metros de 60.66 gramos/tonelada de oro y 2112 gramos/tonelada de plata, que bautizaron como Ixtaca Zone, su nuevo descubrimiento de oro en México y que promueven en los mercados de Toronto y Nueva York como un conjunto cien por ciento de su propiedad y calificado como un descubrimiento de alto riesgo por el portal 24hgold.com. Y desde entonces han realizado 143 barrenos en un área de un kilómetro cuadrado.

(Ver sitio web Almaden:

http://www.almadenminerals.com/Projects/Ixtaca/Ixtaca-drill-program.html

24hgold.com:

http://www.24hgold.com/english/project.aspx?id=79747730F8350

Diagramas de barrenos en Ixtaca Zone:

http://www.almadenminerals.com/Resources/Maps/Ixtaca/DRILL_SECTIONS/ALL_SECTIONS.pdf

4.- Los actores llegamos todos a tiempo:

Al muy gruñón ingeniero Morgan Norm Dirk, lo sacaron de Blanca Nieves. Le falta su gorro frigio. Algo de sordera ayuda a su mal carácter. Ya en los sesenta, no puede sino hablar a gritos. Abiertamente es el canadiense del equipo minero, aunque no tuve forma de corroborarlo, y bien podría ser un gringo experimentado en los desiertos de oro de Nevada. Claramente odia a todo aquel que le parezca “ambientalista”. Sí, como sacado de cuento de brujas, rondará por todos los corrillos formados bajo el ruidoso auditorio de Santa María.

Roosvelt, el joven de la balanza y el realismo, es un ingeniero geólogo enamorado del desarrollo minero, de la tecnología y de las empresas ‘socialmente responsables’. Le calculo unos 30 años, y vive justo la etapa del trabajo de campo, de las botas y el polvo que todo lo muerde. Es un cruzado metalúrgico. Es un modelo para un reportaje de alguna revista de ingeniería mexicana. A él le han encargado presentar el punto de vista de la empresa canadiense ante la comunidad de Santa Maria Zotoltepec. Trae en la mano un escrito que imaginará un barreno para desbaratar las mentiras de “los ambientalistas”.

La Ambientalista, le llamaremos. También en los cincuenta. Está en verano, el trabajo universitario en receso, así que puede ir y venir por los pueblos serranos en franco plan de levantamiento contra los proyectos hidrológicos y mineros que parecen desatarse como trombas en el horizonte de estas cañadas de piedra y agua. Hace dos semanas logró presentar en Santa María un video sobre el cianuro y el tajo abierto de las mina en Centro América, y ha logrado conmover a algunas mujeres de este pueblo prendido al trabajo de la exploradora minera.

El campesino reconvertido en minero. Él es todas las voces y ánimos campesinos que han encontrado una alternativa a la inanición de la milpa. Entre treinta y cuarenta años la mayoría. Empezaron acompañando a los geólogos en sus incursiones en el monte, como guías, como cargadores, como conversadores. Han aprendido de ellos que se puede mirar al fondo de la tierra como la imagina un ciego, adivinar sus dolencias --anomalías, les dicen los expertos, convulsiones geológicas que anuncian fortunas a los electrónicos gambusinos--, olvidarse del monte que la cubre, dejar de nombrar a las yerbas, los hongos y las lagartijas, y pensar en piedras a las que ahora rompe con su barreno, pues tal confianza le han dado ya los canadienses. Como el alumbre, tal vez imagine que dejará de ser jornalero agrícola.

La autoridad de Santa María. Él es un inspector adusto, bigotón de ojos fríos y palabras certeras que sabe que tiene el mando sobre la asamblea. Ella se llama Rocío, Jueza de Paz y con las llaves del auditorio rústico en el que se dirimen fiestas y matrimonios y futuros. Ambos han llamado a esta reunión, pues los dos han visto el video guatemalteco sobre las consecuencias para la salud y el medio ambiente en una comunidad maya en la que la canadiense Goldcorp explota a cielo abierto el oro.

Él es un reportero de 57 años. Viene a conocer este monte de la codicia metálica concesionado a los canadienses en cincuenta kilómetros cuadrados. Llega como periodista para averiguar de este espíritu explorador de la comunidad campesina de Santa María. Pero acaba por el ser el presentador de la perspectiva que los campesinos-mineros llaman “los ambientalistas”.