Medio Ambiente

Sergio Aburto, campesino de la Sierra Norte convertido en piscicultor, señala el tanque de los alevines y me dice con la mirada de quien ve perder un sueño:

“Este año ya no sembré, ya no me la juego, si no se resuelve la autorización con el gobierno, mejor cierro la granja.”



Sergio Aburto: en sus manos la que debiera ser una actividad económica estratégica para el desarrollo de la economía y la conservación de la naturaleza en las serranías calientes del norte de Puebla.

Su granja “El Piñal”, en la que su familia ha invertido en la última década alrededor de medio millón de pesos, tiene seis estanques construidos en su propiedad ejidal a la vera de un arroyo cristalino que entra en lo que la Federación denomina “aguas nacionales”; en ellos produce al año cerca de tonelada y media de tilapia para el mercado local en el municipio de Hueytamalco.



Una granja que fue resultado de un programa gubernamental pensado como alternativa a la producción agropecuaria tradicional –maíz, un tiempo el café y ahora los cítricos y el ganado—que ha acabado con las selvas tropicales en los lomeríos que bajan a la costa desde el enredo de montes de la Sierra Norte de Puebla. Granjas que, sin embargo, no cuentan con las concesiones de agua reglamentarias ni pasaron nunca por la más mínima consideración del impacto ambiental que pueden generar sobre la fauna nativa de los arroyos y ríos serranos.

La suya es una de las más de setecientas granjas piscícolas en el estado --productoras sobre todo de trucha y tilapia, ambas especies introducidas—que en las últimas décadas se han desarrollado en Puebla y que no acaban de consolidar un proceso económico generador de empleos y riqueza colectiva en armonía con la naturaleza.

Granjas a las que finalmente ha llegado el otro brazo del gobierno, el que representa el cuidado del medio ambiente y que por siglas lleva SEMARNAT, y que por brazo regulador tiene a la PROFEPA, que de cuando en cuando llega con sus sellos y sus cintas amarillas de clausura.

Rafael Tepancal vio llegar un día a los inspectores de PROFEPA. Le dejaron los sellos y la promesa de una multa.

Yo contemplo los sellos de clausura impuestos por PROFEPA en la granja de El Saltillo, propiedad del campesino Rafael Tepancal Romano, y pienso en las soluciones que los mexicanos hemos buscado para salir de la pobreza campesina desde programas de gobierno soñadores pero fallidos en su operación, empantanados como éste, el de las granjas acuícolas atoradas en su desarrollo por la carencia de una estructura organizativa que las pensara estratégicas para lo que políticos y especialistas llaman desarrollo social.

Lindo pescadito, déjame soñar…

Sergio Aburto me lleva entre los estanques de El Piñal y me explica el funcionamiento de su granja:

La historia de Sergio Aburto y Rafael Tepancal, la que los llevó a soñar por mejores condiciones económicas para sus familias, contiene en su simpleza la complejidad de las contradicciones de la sociedad mexicana.

Es una historia que revela el ánimo por salir de la pobreza; que perfila las posibilidades y ventajas del trabajo colectivo; la que alumbra una economía campesina en armonía con el agua y la naturaleza.

Pero es una historia que también expone la gravedad de la problemática ambiental de México por la debilidad sistémica de lo que llamamos programas de gobierno: las contradicciones entre políticas de desarrollo y normatividad ambiental que acaban por entrampar proyectos de toda índole; la ausencia de políticas estratégicas para la recuperación y preservación del medio ambiente fundadas y construidas desde las comunidades campesinas.

De los cítricos a las tilapias… Rafael Tepancal las alista para el asado al mojo de ajo.

Es una historia simple: Sergio y Rafael creyeron y se animaron con la propuesta de gobierno que los convertiría en acuicultores sin dejar de ser campesinos, sin tener que irse al norte al corte de la uva en Baja California, sin tener que cruzar la frontera dentro del ejército de ilegales que se lleva la fuerza de trabajo mexicana a Estados Unidos, sin ver a sus hijas salir en la madrugada en una combi hacia las maquiladoras de Teziutlán.

Vivir en Hueytamalco

El mapa de Hueytamalco, en la Sierra Nororiental.

La cabecera municipal. Apenas rebasa los 5,500 habitantes, Un gran resto, más de 21 mil personas, vive en localidades con menos de dos mil habitantes.

Una vista de la plaza con el templo al fondo.

Madaí Millán es hija de Herlindo Millán, un hombre que también creyó en su momento en la posibilidad de desarrollar una pequeña empresa piscícola. Y la tiene en la Y griega de la carretera que baja de Hueytamalco a Tenampulco, y que te permite tomar el rumbo de San José Acateno. Se llama “Los Laureles”. Ella todos los sábados sube a Teziutlán a la universidad. Y todos los sábados en la madrugada ve el paso siniestro de las camionetas Lobo negras y polarizadas, sin placas, que suben y bajan por la carretera que viene de San José Acateno. Y las conversaciones por radio entre los choferes de las combis, que se avisan de los operativos del ejército y que abiertamente hablan del tráfico de armas en los carros de transporte público. “Ellos mueven todo”, dice. Pero Madaí no duda en perfilar como problema principal en Hueytamalco el de la economía y la falta de empleo.

A esa pregunta –cuál es el problema más grave en Hueytamalco-- sus compañeros productores Sergio Aburto, Rafael Tepancal y José Lobato la responden sin dudar: la inseguridad. Sí hay extorsiones, pero sobre todo hay asaltos y robos todos los días. Para no ir más lejos, apenas asaltaron la gasolinera del expresidente municipal. Y también están las motocicletas que no paran de dar vueltas por las granjas en las madrugadas.

Pero Madaí vuelve a la realidad económica. “En mayo –dice--, en un solo día salieron para el norte todos los señores de mi comunidad.”

Entonces la secundan los otros: se van al corte de la uva, todos los años en esta temporada. Bajo contrato, en camiones directos a Sonora, a Baja California. Luego hacen memoria: José Lobato tiene cinco parientes cercanos en Estados Unidos; y Rafael Tepancal tres hermanos en Nueva York, todos indocumentados. Y Madaí dos tíos.

“No es nuevo –dice Lobato--, se van con contrato y luego desertan y allá se quedan.”

Por eso es mayoría la de las mujeres en las maquiladoras de Teziutlán. O en Confecciones de la Rosa, la maquila que está instalada en la cabecera de Hueytamalco. Es el único trabajo que se puede encontrar que no tenga que ver con el campo, los cítricos, con sus jornales de 120 pesos.

En una orilla de la cabecera, la maquiladora Confecciones de la Rosa. “Ahí hacen de todo”. Sobreviviente del boom y colapso de la industria de la confección maquiladora de los años noventa.

Y los cítricos, como este limonero cercano a la comunidad de Limontitán Grande, rodeado de sobrevivientes manchones de selva. Los que desplazaron al café luego de la nevada que se los llevó en 1989, justo cuando quebró el pozo sin fondo de la corrupción de dinero federal que conocíamos como INMECAFÉ, al que por supuesto acabaron de matar los gobiernos neoliberales.

Un vestigio de la selva alta que desapareció en la sierra que baja a la costa veracruzana.

Y de la fuerza de las corrientes que todavía descargan por ella.

La búsqueda de los peces perdidos

La perspectiva de la Sierra Norte de Puebla lleva a pensar en montañas, cañadas profundas y barrancos por los que se precipitan sus ríos agrestes. Por ejemplo, la cañada del río Zempoala, en el centro de la sierra:

Como una culebra oscura serpea el río, y ese cañón da una idea de la fuerza geológica del agua. Pero a la vista también las montañas peladas por la deforestación campesina, por la tala ilegal, por la ausencia de una visión de Estado que piense de una manera distinta a esa fuente de agua inmensa que es la Sierra de Puebla.

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Los hexágonos que ha dispuesto la CONABIO sobre el mapa serrano da una idea del valor que tienen los arroyos y ríos que corren hacia el mar: en ellos vive la biodiversidad y la cultura de una región que demanda de la sociedad poblana, de sus grupos civiles organizados y de sus gobiernos, una visión estratégica que asegure su sustentabilidad en el largo plazo. Es ahí donde debemos entender la problemática específica de un programa como el de las granjas piscícolas.

Pero la mirada larga debe devolvernos al detalle. Y a los interrogantes: ¿por qué no tenemos en Puebla, con esa capacidad de escurrimiento que todavía tiene la Sierra de Puebla –y por no hablar de otras regiones en el estado, por decir la Sierra Negra o la Mixteca, además de las largas laderas de las montañas nevadas--, una industria acuícola próspera como los distintos gobiernos se lo han propuesto desde hace décadas?

Regreso a la historia de Sergio y Rafael. Y de José Lobato, de la granja “El Mirador”, y Madaí Millán, de la granja “Los laureles”. Los cuatro son productores de tilapia en pequeñas empresas que están en predicamento por la incapacidad de solventar de buena manera la burocracia de las reglamentaciones ambientales que penden sobre la cabeza de sus peces. Platico con ellos en la palapa de la granja El Saltillo. Y hago un resumen de sus lamentaciones:

Los peces fueron la alternativa a la crisis de los cítricos. Ahora parece que tendrán que volver a las mandarinas. Sus granjas son pequeñas, no son explotaciones industriales. Comercio local, restaurantes pequeños, como el de la palapa de El saltillo. No esperaban la clausura. El argumento no fue el de que manejan la tilapia, que es una especie invasiva, sino que construyeron en zona federal y no cuentan con los permisos. Pero ellos tenían que hacer el trámite ante PROFEPA si es que querían regularizar sus granjas. Ellos ya habían iniciado un trámite con un licenciado –un tal Fredy, que venía muy recomendado por el subjefe de distrito de la SAGARPA en Teziutlán--, que les sacó a cada uno 4,500 pesos, pero cambiaron a la subdelegada de Pesca y se quedaron en el aire, no volvieron a ver al abogadillo. Pero tenían un resolutivo de la SDRSOT (Secretaría de Desarrollo Rural y Ordenamiento Territorial del gobierno del estado de Puebla) con el que les dijeron que ya podían trabajar y acceder a los proyectos. Entonces llegó PROFEPA y les echó para abajo todo con los sellos de clausura. Ahora tienen que pagar las multas, presentar un estudio de daños y elaborar entonces una manifestación de impacto ambiental. Y ya hicieron cuentas, la cifra alcanza los 70 mil pesos por cabeza.

“Yo ya decidí cerrar”, dice José Lobato.

“Yo ya paré, hasta ver en qué acaba esto”, me confirma Sergio Aburto.

“A mí ya se me pasó la fecha de siembra –dice Rafael--, la granja va a quedar abandonada. Con ella me ayudaba con los cítricos, empleaba peones, ahora ya no podré hacerlo. Pero ya invertí mucho en esto, intentaré sacar la MIA, pero no sé si solo pueda.”

“Nosotros moveremos los papeles –dice Madaí--, trataremos de regularizar la granja, y si no, la cerraremos.”

El que ofrece los peces y luego los quita…

Lo sucedido con estas granjas lo explica con cuidado el veterinario Gabriel Cruz, promotor de la producción piscícola en el estado, él mismo productor en la región de Zacatlán:

Los productores necesitan obtener apoyos por la vía de los programas gubernamentales; cuando se acercan a las ventanillas de SAGARPA se encuentran con que se les exigen documentos que la ley exige y que ellos no tienen como la concesión federal del derecho de agua y la manifestación de impacto ambiental; la primera no la pueden obtener sin la segunda, pero SEMARNAT no puede autorizar una MIA dado que los productores ya construyeron y ya operan sus granjas sin los permisos correspondientes, así que tienen que empezar por reparar el daño. Y para hacerlo tienen que ser inspeccionados y multados por la PROFEPA. Hasta este momento este es el único camino que ellos tienen para regularizar la operación de sus negocios.

Luego vienen los detalles. Dice Gabriel Cruz:

“El gobierno, a través de SAGARPA, fue el que promovió las granjas con programas que otorgaron recursos económicos y capacitación técnica. El gobierno impulsó en su momento la producción de tilapia –la que introdujo hace más de cincuenta años en la presa Miguel Alemán en Oaxaca y que distribuyó alegremente por todo el país--, y la que les otorgó los permisos de funcionamiento. Si la tilapia es una especie introducida invasiva que puede afectar a la fauna nativa, el daño ya está hecho. Ahora es el mismo gobierno el que llega para exigir los permisos ambientales cuyos costos no pueden solventar los productores. Eso va a provocar el cierre de muchísimas granjas.”

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Leo lo escrito en el 2009 en tiempos de Mario Marín, cuyo gobierno impulsó este programa, hoy en buena medida abandonado por el régimen de Moreno Valle:

“La nueva Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables (LGPAS) en México en donde se otorga un importante papel a los Estados, pero también les hace responsables en mayor medida del desarrollo sostenible de la industria, en el Estado de Puebla deben iniciarse esfuerzos por generar una Ley Estatal de Acuacultura y su Reglamento, además de documentos normativos y de ordenamiento, así como planes de manejo de los diferentes embalses, requeridos por Ley… Es necesario diseñar una política para que el Gobierno del Estado impulse un programa acuícola en la entidad, estableciendo como prioridad la creación de una nueva industria, que aproveche recursos naturales, tecnología y capital que genere nuevas fuentes de empleo bien remuneradas para los campesinos y productores de la entidad, cuyas demandas insatisfechas provocan el fenómeno de la migración y la intranquilidad social y política en la población rural y que proporcionen una opción económica de alta rentabilidad a los inversionistas nacionales.” Los recursos acuícolas en el Estado de Puebla, 2009

Y para dejar sentado que los autores de esa investigación pensaban en el largo plazo y tenían una visión sistémica, reproduzco aquí este recuadro con los objetivos que da idea de ello:

Objetivo 1. Elevar el nivel de desarrollo humano y patrimonial de los mexicanos que viven en las zonas rurales y costeras.

Objetivo 2. Abastecer el mercado interno con alimentos de calidad, sanos y accesibles provenientes de nuestros campos y mares.

Objetivo 3. Mejorar los ingresos de los productores incrementando nuestra presencia en los mercados globales, promoviendo los procesos de agregación de valor y la producción de bioenergéticos.

Objetivo 4. Revertir el deterioro de los ecosistemas, a través de acciones para preservar el agua, el suelo y la biodiversidad.

Objetivo 5. Conducir el desarrollo armónico del medio rural mediante acciones concertadas, tomando acuerdos con todos los actores de la sociedad rural, además de promover acciones que propicien la certidumbre legal en el medio rural

Qué ilusos.

Desde entonces, reflexiona Fidel Glockner Rossains, miembro del CESAPUE (Comité De Sanidad Acuícola del Estado de Puebla A.C.) y reconocido como uno de los más importantes especialistas en la industria acuícola mexicana, seguimos sin ley estatal, ni reglamento de la LGPAS federal, ni plan de manejo. En definitiva, no hay una política de estado que impulse un programa acuícola.

“Pero lo que se les ha venido encima a los productores son las excesivas regulaciones ambientales”, me dice.

Excesivas regulaciones para los pequeños productores de peces en la Sierra Norte: Fidel Glockner

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Daniela Migoya es la delegada de la SEMARNAT en el estado de Puebla. La perspectiva que tiene permite pensar en que el gobierno federal es consciente del estrangulamiento en el que están los productores y que se debe encontrar una alternativa que permita su sobrevivencia y desarrollo. De entrada deja claro que en este conflicto las dos partes, productores y gobierno, intervienen:

“PROFEPA hizo inspecciones porque alguien les dijo que era la única manera de iniciar la regularización –dice--. No puedes presentar una MIA si ya tienes una obra civil, antes tienes que pasar por el proceso de sanción por haber construido sin autorización. Hubo un frenesí, visítame, le dijeron a PROFEPA. No hay tal capacidad en la institución. Por eso hay que hacer esta caracterización, para que proceda PROFEPA, pero sólo los que lo requieran.”

Por un lado, entonces, el gobierno promueve las granjas y por otro las estrangula, le digo.

“En muchos de los casos PROFEPA acudió porque los productores pidieron que se les regularizara, dado que quieren acceder a los apoyos gubernamentales –explica--. Cuando ellos llegan a solicitar ser beneficiarios de los programas les piden su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), y por lo tanto la concesión del agua, y como no lo tienen, son rechazados. Y si van a CONAGUA, también ahí les piden la manifestación de impacto ambiental.”

¿Entonces la alternativa es el cierre?

“Es un monstruo de siete cabezas, requiere de muchísimo trabajo esta regularización. Existe un padrón de al menos 700 granjas –dice--. Lo primero, entonces, es identificar quiénes necesitan la regularización federal y quiénes no. Por un lado se promueve para el consumo local, como medio de subsistencia alimentaria propia y pequeño negocio local, de traspatio. Por otro están las que ya son más grandes, que toman el agua de un cuerpo de agua federal, y ahí la ley requiere un permiso. Y si se manejan exóticos, reglas para que no se afecten las especies locales.”

Como quien dice, empezar de cero.

“Lo que se necesita es un censo, saber de qué estamos hablando. Se trata de poner orden, de tener control. Entendemos que las manifestaciones de impacto ambiental --que la más barata cuesta 39 mil pesos, y nada más de pagos de derechos--, no la puede pagar un productor mediano.”

¿Qué hacer entonces?, le pregunto a la delegada Migoya:

“La propuesta es agrupar a los productores por tipo de granja con soluciones para cada una por región. MIA presentadas en conjunto. Ya hubo cuatro reuniones con CONAPESCA y gobierno del estado. Ya compartimos la información, ya se están comparando los padrones. Ellos van a hacer la clasificación. Tiene que ocurrir pronto.”

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En las semanas que vienen los funcionarios públicos ligados a la problemática que enfrentan los productores como Sergio, José, Rafael y Madaí, en Hueytamalco, finalmente tendrán en la mesa un censo que permita partir de la realidad, como lo propone Daniela Migoya. Ya se verá. Ojalá unos y otros piensen en el largo plazo y su perspectiva sea estratégica. Mirar la Sierra Norte de Puebla desde sus pequeños arroyos, desde la fronda de sus bosques, a la sombra de los cedros y ceibas que todavía sobreviven entre naranjales y cafetales. Guardar en los programas de gobierno los sueños campesinos de los cultivadores de la tilapia.

Mundo Nuestro. La experiencia de Ayoxuxtla de Zapata narrada por Verónica Mastretta hoy en su columna Vida y Milagros va de la mano con la propuesta impulsada desde hace años por el grupo Alternativas en Tehuacán, con el programa Agua para siempre. La sociedad poblana debe exigir del Congreso y de los políticos un verdadero cambio en las acciones del Estado para enfrentar el cada vez más grave problema del agua, su carencia y su contaminación. No habrá viabilidad posible para una sociedad como la nuestra si no modificamos de fondo las políticas públicas en torno al medio ambiente.

Este texto fue presentado por sus autores en 10a. Conferencia de Desarrollo Rural de la OCDE “Prosperidad Nacional a través de Políticas Rurales Modernas”, llevada a cabo en Menphis, Tennesse, este mes de mayo del 2015. El Doctor Raúl Hernández Garciadiego y la Maestra en Ciencias Gisela Herrerías Guerra encabezan desde 1980 uno de las más importantes experiencias de organización social impulsadas desde la sociedad civil en México: Alternativas y Procesos de Participación Social A.C.



Relacionada:

Ayoxuxtla de Zapata: ¿quién da un peso por mis sueños?

Estrategia de Agua para Siempre y Grupo Cooperativo Quali: experiencia moderna de Desarrollo Regional Sostenible en México



En 1980 inició un proceso de desarrollo regional sostenible en la semiárida región Mixteca – Popoloca de Puebla y Oaxaca, en el sur de México.

Video en el que el Doctor Hernández Garcíadiego explica el alcance del programa Agua para Siempre y el grupo cooperativo Qualli.

https://www.youtube.com/watch?v=EO-bnZBXZFk

A continuación queremos compartir los principales componentes estratégicos y los valores que lo han animado y orientado, que buscan elevar su nivel de seguridad hídrica, alimentaria, económica y ecológica:

1) el punto de partida es la opción ética personal realizada en favor de la población que sufre pobreza, marginación inequidad e injusticia; opción ética orientada por los dos poderes morales, que son la capacidad de reconocer el bien y la justicia;

2) inicia con la inserción en la región y la permanencia hacia el largo plazo, como condición de posibilidad para el desarrollo de un proceso de investigación- acción dialógica y participativa, asumiendo el punto de vista de los más pobres -como lo señalan los principios de la ética política- para conocer su realidad e identificar el problema-eje en torno al cual se articula la problemática: en este caso, la escasez de agua; en torno al agua giran los problemas de salud, producción, generación de empleo e ingreso, que son valores vitales e imprescindibles para una vida digna, por lo que se entabla la lucha para encontrar soluciones adecuadas;

3) avanza planteando la organización social como medio para superar las debilidades individuales, incorporando en ella la actuación permanente de un equipo interdisciplinario con alto compromiso social;

4) asume la perspectiva de cuencas y logra la recuperación de la visión hidroagroecológica y de las tecnologías apropiadas de los pueblos indígenas para el manejo de los recursos naturales del territorio: suelo agua y vegetación; una organización de la sociedad civil puede superar los límites político-administrativos que restringen la gestión gubernamental;

5) impulsa la recuperación de la alimentación balanceada en torno a los alimentos que constituyen el policultivo maravilloso llamado milpa, en el que se siembra la tríada vital de maíz, frijol y amaranto, complementada con calabaza, chile, tomate y otros cultivos; juntos, estos alimentos proveen una alimentación balanceada a la población.

6) integra una cadena agroindustrial operada por el Grupo Cooperativo Quali, que elabora alimentos altamente nutritivos y de inocuidad garantizada, creando valor agregado para generar empleos formales, y combatiendo la comida chatarra;

7) fortalece los procesos con conocimientos y capacidades aportados por la ciencia y las tecnologías disponibles en la actualidad, generando un proceso de innovación tecnológica continua, aplicado desde la regeneración ecológica para enriquecer los suelos para la producción agrícola, como a la transformación agroindustrial y comercialización de alimentos; en todo este proceso se aplica un incansable compromiso con la calidad y la inocuidad; el Grupo Quali es la única empresa en México que ha obtenido en tres ocasiones el Premio Nacional Agroalimentario.

8) privilegia el combate a la desnutrición infantil que padece el 50% de los niños indígenas, para superar esta que es una de las causas clave de la transmisión intergeneracional de injusticia; entre 2007 y 2013 se realizó una investigación científica midiendo el peso y talla en relación a la edad y aportando 25 gramos de amaranto durante 9 a 12 meses, como complemento a la dieta tradicional, logrando la recuperación total del 54% de los niños, mejorando el nivel nutricional del 78% y acabando con el 100% de la desnutrición severa, gracias al balance de los aminoácidos que se logra con esta dieta.

El modelo coloca en el centro de atención a las familias indígenas y campesinas que padecen pobreza, marginación e injusticia. Plantea la necesidad de reconocer la dinámica del medio ambiente para buscar un manejo sostenible de recursos naturales en el territorio de la cuenca tributaria -conjunto de microcuencas- como ámbito privilegiado en el que se integran el espacio natural del territorio y el horizonte cultural de los pueblos; acelera la inversión de recursos económicos y materiales para favorecer la relación sinérgica entre suelo, agua y vegetación, para enriquecer la base de recursos naturales y el incremento de la biodiversidad.

Con esto se han fortalecido dos dinámicas: 1) el proceso de regeneración ecológica de cuencas que plantea el manejo adecuado de los escurrimientos del agua de lluvia para la recarga de los acuíferos y el manejo óptimo del agua, junto con la conservación de los suelos, y 2) el proceso de organización social para la producción agroindustrial –integrada en el Grupo Cooperativo Quali- que opera una cadena productiva de alimentos nutritivos de amaranto de la más alta calidad, que eslabona la producción agrícola orgánica, la transformación agroindustrial y sistemas de comercialización con equidad.

Al cierre del 2014, el programa Agua para Siempre había ejecutado 2,868 proyectos, construyendo 10,965 obras de regeneración hidroagroecológica, que benefician a 258 mil personas que viven en 225 pueblos participantes de 67 municipios ubicados en 35 cuencas tributarias de los estados de Puebla y Oaxaca en un territorio de 8,000 km2, atrayendo una inversión de alrededor de 38 millones de dólares.

El programa de amaranto del Grupo Cooperativo Quali ha capacitado a 2,600 sembradores – obteniendo 478 de ellos un certificado oficial de la SEP por sus conocimientos en producción y consumo de amaranto; al cierre del 2014 1,100 familias están organizadas en 88 cooperativas de 60 pueblos y 400 de ellas obtuvieron ya la certificación orgánica de 868 ha, cuidando la salud de los suelos, la pureza del agua y la salud de la población que los produce y de quienes los consumen; su agroindustria cuenta con tecnología propia y opera bajo el exigente sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, para asegurar la inocuidad de los alimentos. La cadena agroindustrial genera 77 empleos formales. Quali ha logrado una tasa de crecimiento del 24.7% anual entre 1998 y 2014, casi catorce veces más elevada que el 1.8% de crecimiento promedio anual de la agricultura en México.

Por el enfoque educativo de la metodología, en 1999 se fundó el Museo del Agua, “Agua para Siempre”, ubicado sobre la autopista que une a Tehuacán con Oaxaca, el cual al cierre de 2014 había recibido 118,600 visitantes, impartiendo capacitación a más de 186 mil personas en 1,396 actividades educativas.

Esta metodología integra las cuatro dimensiones de la sostenibilidad, al ser regeneradora de la naturaleza, promotora de la equidad social, económicamente viable y favorecedora de la riqueza de la diversidad cultural, lo cual la coloca en una posición de avanzada nacional e internacional, por lo que ha recibido diversos reconocimientos nacionales e internacionales.

La acción sinérgica de Agua para Siempre y el Grupo Cooperativo Quali impulsados por Alternativas y Procesos de Participación Social A. C. ha mostrado que aún en condiciones de extrema escasez de recursos naturales, muy bajo nivel económico y escolaridad limitada, se pueden alcanzar niveles de excelencia en un modelo de desarrollo regional sostenible.

El desafío ahora es expandirlo para incorporar a un creciente número de personas.

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Vida gris, ciudad gris, gobierno gris. Y ciudadanos sometidos.

¿Tiene que ser así?

Fui el sábado a caminar por la avenida Hermanos Serdán para cuestionar, con muchos otros, el proyecto más absurdo que haya pasado por la cabeza de gobernante alguno en la ciudad de Puebla, y porque pienso que la vida pública puede tener otro semblante, inteligente y creativo, capaz de construir mejores caminos para lograr el anhelo simple de una ciudad digna para todos.



Me pregunto si tiene que ser así la vida nuestra –sometida y gris-- frente a un fresno adulto que bien podría tener la mitad de mis 61 años de edad.

Es un fresno de unos quince metros de alto, y es uno entre más de setencientos que el gobierno del estado de Puebla pretende desaparecer para una ciclovía elevada cuyo costo rebasará los 270 millones de pesos. No lo sabe él, dado que en nuestro país los árboles no tienen derechos. Son, en voz de los constructores del proyecto de bicis rampantes, “individuos arbóreos” que pueden ser removidos sin más aviso que lo que los técnicos que aprobarán tal crimen llaman “manifestación de impacto ambiental”.



Ahí está, muy tranquilo, entretenido con el frenesí de los automóviles por la que fuera la moderna entrada a la vieja ciudad de Puebla de los años sesenta del siglo pasado. Voy a la botánica: el fresno es de la familia de las oleáceas, del género Fraxinus y de la especie uhdei, y por ahora me basta saber que es nativo de México y Guatemala y sienta sus reales en las plazas y avenidas de centenares de ciudades y pueblos de al menos 14 estados de la república. Pero este ahora corre el riesgo de no calificar para un nuevo centenario.

Lo miro entre los cipreses que ya despuntan en el camellón, en algún punto de la avenida a medio kilómetro del crucero de la 15 de Mayo. Es uno de tantos árboles amenazados de trasplante por el contratista del gobierno estatal que tuvo la ocurrencia que ha provocado entre otras emociones una muy elemental pesadumbre:

¿Cómo es posible que un gobernante pueda disponer así de una ciudad como Puebla?

Y una afrenta más compleja: ¿qué sociedad ha producido estos políticos que consideran a la ciudad como si fuera su propiedad y a sus ciudadanos como unos niños que no tienen más que callar y obedecer?

Porque a la caminata fuimos personas con emociones simples, que creemos que la vida puede ser distinta, a pie de tierra, y que le puede decir al gobernante que el suyo no es el único camino, que no hay “proyectos aprobados que no se puedan cambiar”, ni mucho menos éste que una vez más no ha pasado ni por asomo por la valoración de la opinión pública. Un proyecto cuestionado por el urbanismo más elemental, el que afirma que una ciclovía no requiere fierros ni rampas ni vuelos rampantes, sino una ruta clara y bien dispuesta que le da su lugar entre peatones y automóviles y que aprovecha la sombra de centenares de árboles que contra todo pronóstico han logrado llegar a los treinta y cuarenta años de existencia.

Van aquí dos ejemplos de ciudadanía informada y crítica que exige de las autoridades reconsiderar absolutamente este aberrante proyecto de ciclovía elevada.

NO al derribo de 700 árboles ubicados en el boulevar Hnos. Serdán, en Puebla, Puebla.

Y queda el interrogante sobre si las autoridades estatal y municipal se decidirán por no cometer este crimen.

Vida y Milagros

Ayoxuxtla de Zapata es una pequeña comunidad perteneciente al municipio de Huehuetlán el Chico, en el estado de Puebla. Está enclavada en la mixteca profunda, muy cerca de Guerrero. Su clima y su vegetación son agrestes y áridos, y sin embargo fueron generosos con esa comunidad rodeada de cerros durante muchísimos años. En la cima de sus montes cubiertos de lo que a nuestros ojos ignorantes es maleza, brotaban manantiales que daban agua al pueblo. El pastoreo, la tala para leña y el no llevar un manejo sustentable del entorno que repusiera lo talado, acabó secando los manantiales. La pequeña comunidad de un poco más de 600 personas empezó a sobrevivir con pipas de agua que pagaban entre todos. Cada familia gastaba al año 10 mil pesos para tener acceso a 200 litros de agua potable semanales; el resto del agua lo tenían que acarrear de muy lejos.





Según datos de la ONU, cada peso invertido en el ciclo completo de la gestión del agua te ahorra a mediano plazo siete pesos, y a la larga, 20. Parece una fumarada de opio o un sueño, pero no lo es.

Hace poco más de tres años el gobierno federal entró en contacto con las autoridades de Ayoxuxtla y por medio de los programas que maneja la SEMARNAT con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), la comunidad empezó a trabajar en la recuperación y regeneración de sus suelos devastados, haciendo zanjas que retienen el agua y evitan la erosión, así como resembrando los cerros pelones con las especies propias de la zona. Tres años después de haber iniciado los trabajos, la comunidad ya no necesita de las pipas en las que gastaba 600 mil pesos anuales. La inversión total de CONAFOR en lo que se llama coloquialmente "fábricas de agua" fue de 600 mil pesos; el dinero se destinó a salarios de empleo temporal, aportación de las plantas y árboles adecuados para la zona, supervisión técnica y seguimiento del proceso. Poco tiempo después el manantial brotó como si fuera un milagro; renació en un cerro a sesenta metros por encima del nivel de la comunidad. Hoy de ahí baja el agua que surte al pueblo y en cada esquina hay una toma para que la gente la lleve a sus casas. Se hizo un acuerdo para que no toda el agua del manantial se la llevara el pueblo; se construyeron aguajes para la fauna silvestre a lo largo de la bajada. Hoy otros pequeños manantiales resurgen también. Así de generosa es la naturaleza. Todo esto no nos lo contaron. Un grupo de Dale la Cara al Atoyac ya visitó la comunidad la semana pasada y pudo constatarlo. Los datos de la ONU son conservadores si se comparan con estos resultados.

Desde 2011 a 2016, CONAFOR ha manejado en el estado de Puebla un programa de Restauración de Cuencas Hidrográficas prioritarias, con especial énfasis en la cuenca del Izta Popo, la fábrica de agua más imponentes de nuestro país. Sin embargo este programa no ha tenido una contra parte presupuestal de parte del congreso local poblano, ahí no han sido prioridad las políticas ambientales. De la preservación de los bosques y suelos de esas montañas depende la viabilidad del agua de muchos municipios y de millones de personas que vivimos cerca de ellas. La superficie total de esa cuenca abarca 264 mil hectáreas, 61% del estado de Puebla, 34 por ciento del Estado de México, 4% de Tlaxcala y 1% de Morelos.

En el estado de Puebla hay 23 micro cuencas en el Izta Popo y 112 mil hectáreas son elegibles para el programa de restauración y reforestación de suelos similar al pequeño ejemplo de 300 hectáreas que ha devuelto el agua a Ayoxuxtla de Zapata.

De 2011 al 2016 la Federación ha asignado 111 millones de pesos a la cuenca del Atoyac y se han recuperado 4,600 hectáreas.

278 millones de pesos van a costar la ciclovía de la Avenida Hermanos Serdán en la ciudad de Puebla. Estoy totalmente a favor de políticas públicas que favorezcan la movilidad en bicicleta. No a favor de esos costos tan altos que además, por el diseño de la vía, sacrificarán 370 árboles sanos y adultos, más el derribo llamado "sustitución" de otros 330 por razones que desconozco. Un árbol adulto produce el oxígeno anual que consumen cuatro personas.

Con los 278 millones de la nueva ciclovía se podrían rescatar 11,600 hectáreas de la cuenca del Río Atoyac en un año. Si esa inversión se mantuviera anualmente durante 10 años, se restaurarían las 112 mil hectáreas de la cuenca de la cual dependemos para tener agua.

No sé cuánto le destinará la federación el próximo año a este programa, pero en los últimos cinco años nuestro estado no le ha destinado nada. Este tipo de inversiones se hacen una vez, pero producen agua sustentable, empleos temporales y luego empleos estables si los bosques de la cuenca se manejan adecuadamente, además de que se frenaría la frontera agrícola en una tierra cuya vocación natural es silvícola. La riqueza que dejan los bosques sustentables sería enorme para las comunidades.

Mi pregunta es: ¿Ni un peso a la restauración forestal en cuencas hidrográficas y 278 millones a siete kilómetros de ciclovía en una Puebla capital con demasiados adornos? Todo es cuestión de prioridades. Creo que están absolutamente de cabeza.

Los constructores de la ciclovía en la avenida Hermanos Serdán han solicitado al Ayuntamiento de Puebla la autorización para remover 378 árboles adultos.

Pretenden transplantarlos a donde la autoridad les encuentre un sitio con características similares a los de su avenida de origen.

Unas autoridades que ahora tienen en sus manos el oficio de solicitud y que saben que estos constructores tienen el respaldo de Rafael Moreno Valle, el gobernador que una vez más ha impuesto un proyecto a la ciudad sin el menor ánimo de someterlo a una discusión pública seria sobre su necesidad y conveniencia. Llevándose, por cierto, entre las patas de la arbitrariedad, a las maravillosas bicicletas.



Pero ahí está el oficio y el absurdo número.

Así, redondo el número: 378 árboles que están en riesgo de muerte por las enormes dificultades que una tarea como esa supone. ¿Con qué condiciones el trasplante? ¿Con qué tecnología? ¿Con qué costo?

Y ahora, justo en plenas lluvias de verano, cuando los árboles están en crecimiento y sus hojas y flores demandan una gran cantidad de agua. ¿Alguien les ha dicho a estos constructores que los especialistas recomiendan por lo menos dos años de preparación para el transplante de un árbol adulto?

Nada de eso responde el oficio del 8 de julio pasado y que he encontrado en las redes sociales.

Pero ahí está la solicitud en el oficio BETA/070716-14 que han dirigido los constructores a Gabriel Navarro Guerrero, Secretario de Desarrollo Urbano y Sustentabilidad en el gobierno municipal. Ahí está la firma de un tal Abraham Valdespino Buenfil, representante común de las empresas Proyecciones en Obra Civil y Carreteras Beta, S.A. de C.V. y FATPAD Proyectos, S.A. de C.V. Ahí está también el número con el que se identifica uno de los proyectos más absurdos del gobernador Moreno Valle en esta ciudad de Puebla que sigue concentrando de manera brutal recursos públicos estatales millonarios que, por cierto, no se aplicaron nunca en este sexenio a la reforestación.



OP/LPN00/SIT-20160074

Y en él la solicitud de muerte escrita llanamente por los constructores:

Trasplante de 378 individuos arbóreos, se solicita su autorización y la indicación de las áreas destinadas que cuenten con características similares al sitio donde serán retiradas a fin de garantizar la supervivencia de los mismos.

Autorización y criterios para la poda de 59 ejemplares arbóreos.

Unificación de criterios para la conservación de 25 individuos arbóreos.

378 árboles como estos que encuentro en google Street en el arranque de la avenida Hermanos Serdán en su ruta hacia la autopista. La ya vieja salida a México, con sus cipreses en el camellón plantados en los noventa y con sus truenos, fresnos y jacarandas que bordean sus laterales.

Ahí está el número con el que se suman los “individuos arbóreos”, como los llaman estos modernizadores del lenguaje que cobrarán 271 millones de pesos por un proyecto que atenta contra las más elementales dinámicas de construcción de una ciudad sustentable en el mundo. Una ciclovía que no está pensada para una verdadera transformación del tráfico para favorecer al transporte público.

Encuentro los árboles en la avenida. Las palmas al frente.

Palmas para nuestra estupidez soberana.

Voy a hablar de la presentación de un libro que conozco bien, y sin haber logrado tenerlo en mis manos. Al menos lo creo así porque me tocó vivir una parte, unas páginas de sus capítulos. Fui a la presentación buscando conseguirlo, pero los ejemplares que llevaron al lugar se agotaron. El título: Conservación y desarrollo sustentable en la Selva Lacandona: 25 años de actividades y experiencias, coordinado por Julia Carabias, Javier de la Maza y Rosaura Cadena. La presentación fue el pasado 25 de mayo, en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Lo presentaron Rosaura Ruiz, Jorge Meave, Víctor Cordero y Enrique Provencio. El libro trata de la Selva Lacandona, del trabajo de un grupo de biólogos y biólogas en la región y de las Áreas Naturales Protegidas (ANPs) que conservan buena parte de esta selva.

Las Áreas Naturales Protegidas de nuestro país, y del mundo, no son un lujo deseado como un jardín que ver desde la ventana. Son tan necesarias para nuestra supervivencia y calidad de vida como lo son los servicios ambientales que proveen ¿O quién puede vivir sin aire? ¿Qué sería de las pesquerías del Golfo de México sin los nutrientes que bajan de la Selva Lacandona por el Usumacinta? ¿Tendríamos agua hoy en la CDMX sin los bosques de volcanes como el Izta-Popo y el Nevado de Toluca?



Meandro del Usumacinta en el Monumento Natural Yaxchilán. Fotografía Javier de la Maza.



Los volcanes del Valle de México obtuvieron su estatus de ANPs en 1936, cuando Miguel Ángel de Quevedo convenció a Cárdenas de proteger la parte alta de las cuencas del centro del país. Otras ANPs se crearon después. La Reserva de la Biosfera de Montes Azules (RBMA), en la Selva Lacandona, en 1978. De entonces a la fecha quedan poco más de un millón de hectáreas de selva de los 10 millones de hectáreas que había en México. Lo que queda está mitad en los Chimalapas y mitad en la Selva Lacandona, buena parte dentro de la RBMA. ¿Qué pasó con el resto de las selvas de México? Una enorme parte se convirtió en potreros para una ganadería ineficiente o en tierras agrícolas cuya fertilidad desapareció en pocos años (en los trópicos, sin hongos y árboles que reciclen los nutrientes las lluvias literalmente lavan y se llevan la fertilidad de la tierra). Asómense a Tabasco para comprobarlo. Y ya en el ejercicio, pregúntense también qué hizo ese modelo de “desarrollo” respecto a la pobreza de los habitantes de la región y su capacidad de resistir inundaciones.

Mapa de las principales ANPs de la Selva Lacandona. Tomado del libro Conservación y desarrollo sustentable en la Selva Lacandona: 25 años de actividades y experiencias.

Jorge Meave es ecólogo, fue uno de los primeros biólogos en realizar su tesis en la Selva Lacandona y fue uno de los presentadores del libro del que trato de escribir. Él vio la Selva Lacandona en su magnitud original y le tocó atestiguar el principio de su deforestación: estuvo sentado en uno de los camiones que llevaban gente y tambos de víveres a colonizar forzadamente la frontera sur, familias con la promesa de tierra propia que fueron abandonadas a su suerte en un territorio no apto ni para la ganadería ni para la agricultura que ellos sabían hacer.

Ni esas familias, ni el Estado y quizá ni el propio Jorge Meave dimensionaron que los kilómetros de selva eran finitos y que pocas décadas después su deforestación desmedida nos afectaría tanto. ¿Podría haber sido distinta la historia? ¿Qué sintió Jorge Meave al presentar este libro habiendo visto la selva que fue?

Presente. ¿Qué pasa con lo que queda de las selvas hoy, en la Selva Lacandona? Fuera del territorio de ANPs como la RBMA, más o menos la misma historia: deforestación para agricultura y ganadería con la promesa de desarrollo que no más no llega, nueva deforestación cuando la fertilidad de la tierra ya abierta se agota. Bajo este contexto las ANPs están bajo contaste acoso, son vistas como reservas territoriales, en vez de áreas de ecosistemas naturales que no deben desmontarse. Este modelo obedece a la idea de que los ecosistemas naturales son ociosos y requieren ser convertidos en terrenos que sean productivos económicamente, como la ganadería. Sin embargo, y particularmente en ecosistemas como la selva, esto ha probado producir una espiral de pobreza y degradación del medio ambiente.

Lo dijo mejor durante la presentación del libro el ecónomo Enrique Provencio: “[Esto es] algo que quizá no ha aprendido bien el desarrollo economicista mexicano, que sigue acosando a las ANPs con minería, con infraestructura, con un supuesto desarrollo que a la hora de la hora ni conserva ni desarrolla.”

¿Cómo podemos cambiar el rumbo? ¿Cómo generar alternativas económicas para los habitantes de la región que no impliquen desmontar la selva, sino conservarla? ¿Qué conservamos al conservar la selva? ¿Por qué conservar la Selva Lacandona debe ser una prioridad nacional? Ese es el contenido del libro: responder las preguntas anteriores. Lo que logra, en palabras de Victor Cordero, mastozoólogo y director del Instituto de Biología de la UNAM, a través de brindar una “visión integral en tres temas fundamentales: la conectividad biológica, la importancia de las ANPs como áreas de resiliencia (capacidad de minimizar y reponerse de los efectos nocivos) ante el cambio climático y el vínculo entre la conservación y el desarrollo sustentable.”

Experiencias como las publicadas en este libro rara vez se cuentan y recopilan porque quienes están involucrados en ellas con trabajo sobrellevan el bomberazo diario. Sin embargo se trata de información valiosísima. “Hay recuadros que valen una tesis”, dijo Provencio.

Esta información no existiría de forma sistematizada si el equipo de Natura y Ecosistemas Mexicanos (la ONG dirigida por Javier de la Maza que impulsó el libro y que lleva años trabajando en la selva) no hubieran decidido reunir a 60 (o por ahí) investigadores/as de diferentes universidades para compilar décadas de trabajo bajo una sola portada.

El mérito de un trabajo como este es científico, pero con profundas raíces en el ámbito social. Durante la presentación, Rosaura Ruiz, directora de la Facultad de Ciencias dijo: “Este libro nos devela un intento por guiar el trabajo científico dando respuesta a las preocupaciones medioambientales”, y yo aplaudí mentalmente esas palabras, porque creo que ese es el tipo de ciencia que debe hacerse: en sinapsis con la realidad, en vez de aislado en el aula y al servicio de lo que la publicación en revistas científicas de mayor prestigio demande. El trabajo científico detrás de este libro es la ciencia que debiéramos impulsar y reconocer, por eso da gusto que este libro se presentara y aplaudiera desde la propia facultad que ayudó a engendrarlo.

Mono saraguato (Alouatta pigra), una de las especies emblemáticas de la Selva Lacandona. Fotografía de Javier de la Maza.

El otro motivo por el que tiene sentido que una obra así salga de la Facultad de Ciencias es porque sus estudiantes fuimos y son buena parte de la energía que mueve al proyecto. Según las cuentas que dio Meave en su presentación, sólo en los últimos años ha habido 54 estudiantes haciendo su servicio social, 250 en estancias cortas y 15 tesistas. Por eso: “[este proyecto] no está condenado a la extinción”. Lo que falta es mayor participación de las universidades locales, como bien recalcó de nuevo Meave. “Es su estado, hay que sacudir un poco a los chiapanecos --y alguien levantó la mano en el auditorio-- para que se integren más, se beneficien y puedan ser actores con más conocimiento y convicción.”

En realidad no es sólo a las universidades chiapanecas a las que hay que subir al barco, sino al país mismo. Lo que trato de decir está mejor explicado en las conclusiones de la síntesis del libro:

Si no se incorporan estas experiencias en una política nacional, transversal, planeada con criterios territoriales y de largo plazo y se construye una política de Estado en materia ambiental, estas experiencias, como muchas otras en el país, quedarán como ejemplos piloto que servirán a la población que se beneficia directamente de los proyectos, a las empresas donantes que mediante sus fundaciones cumplen con su responsabilidad social y ambiental, a los académicos que publican y a los estudiantes que se reciben de sus licenciaturas, maestrías o doctorados, pero no al país, no al patrimonio natural que cada día está más menguado y amenazado.

La Selva Lacandona es para México, aunque no acaben de reconocerlo plenamente el gobierno ni la sociedad, la porción de país más valiosa por su naturaleza; cuidarla y protegerla es una responsabilidad de los mexicanos, para con nosotros mismos, para con el mundo y para con los que aún no han llegado.

Video completo de la presentación el pasado 25 de mayo del 2016, en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

https://www.youtube.com/embed/4rQrdiqkxLw

Nota final: Quien quiera el libro puede conseguirlo gratuitamente en las oficinas de Natura y Ecosistemas Mexicanos, en Plaza San Jacinto 23-D, Col. San Ángel, CDMX. Tel. 5550 9634. La versión digital estará pronto disponible en línea.

Mundo Nuestro. Alguien ha decidido que 22 de abril es el Día de la Tierra. Bien por él.

Pero mejor por nosotros que tenemos en la fronterar de Puebla y Oaxaca la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, el territorio milenario de los cactus. Y los pájaros.

Capulinero, Grajo azulejo, Cenzontle, Cuitlacoche, Mosquero, Carpintero pechigris, Verdugo americano. Sus nombres resuenan como su canto en el arranque de la mañana, cuando los puedes ver posados en la punta de cactus, atentos al menor asomo de una lagartija nerviosa, de un mosco indeciso, de un semillero oculto entre las piedras. Son las aves del sur, los pájaros coloridos del desierto, las sombras vivas que al vuelo quiebran la resolana en el desierto poblano, con las alas extendidas alumbran la vida misma, la dimensión mágica del sol.



Alguien ha decidido que el 9 de mayo es el día internacional de las aves. Bien por él. Y mejor por nosotros que tenemos estas maravillosas aves del sur mexicano.

Karl Philips es un estudiante de doctorado en la Universidad de East Anglia, en Inglaterra, y se especializa en la ecología molecular. Karl es miembro de un laboratorio en esa institución que con el uso de las técnicas genéticas investiga la vida sexual y las migraciones de las tortugas marinas, y se puede ver el resultado de su trabajo en la publicación Molecular Ecology(http://www.bbc.co.uk/nature/21261584).

Nacido en el sur de Inglaterra en 1985, Karl forma parte de esa tradición del científico aventurero. El año pasado recorrió el sur del país, y por supuesto siguió la pista de las tortugas en las playas oaxaqueñas. De paso, dedicó una mañana a la observación de las aves en el territorio de los cactus en Zapotitlán de las Salinas. Dejó para Mundo Nuestro estas imágenes de las aves mexicanas, con un breve perfil de sus características.

Nombre en español: Capulinero negro / Jilguero negro



Nombre científico: Phainopepla nitens

Nombre en Inglés: Phainopepla





Phainopepla nitens (El Macho)

Plumaje negro brillante, una cola larga y una cresta prominente identifican al macho negro Capulinero, por lo que es difícil de confundirlo con cualquier otra ave en la maleza en el desierto seco a semi-desértico de los hábitats en los que se produce. Este plumaje brillante es el origen del nombre de la especie, su término científico, Phainopepla, se deriva del griego "túnica brillante". La hembra es menos notable, de color gris oscuro, pero tiene la misma silueta distintiva. Cuando se ven de cerca, ambos tienen los ojos de color rojo brillante.

En el área de Tehuacán-Cuicatlán esta ave es un visitante de invierno que migra para reproducirse en los estados del norte y el suroeste de los Estados Unidos. Se alimenta de frutas e insectos, y se especializa en las bayas de muérdago. En su molleja es capaz de remover la piel de las bayas, separándola de la carne, mejorando la eficiencia de la digestión; no hay otro pájaro conocido que sea capaz de hacer esto. Al igual que muchas especies de regiones secas en el mundo, el Capulinero Negro rara vez bebe agua, ya que obtiene la mayor parte de la humedad de los propios alimentos.

El Capulinero Negro también es un excelente imitador, es capaz de imitar las llamadas de numerosas especies de aves, incluyendo aves rapaces. Esta especie tiene una gran movilidad, y se desplaza a dondequiera encuentre alimento, por lo que su número puede variar sustancialmente en cualquier lugar entre un año y otro.

Actualmente no hay razones para preocuparse por el futuro de esta ave.


Nombre en español: Grajo azulejo / Chara azuleja

Nombre científico: Aphelocoma californica

Nombre en Inglés: Western scrub jay





Aphelocoma californica


Un vientre blanco y la ausencia de cresta distinguen este pájaro de casi todos los Grajos mexicanos. Se podría confundir con el Grajo mexicano / Chara pechigrís (A. ultramarina), pues su distribución se entrelaza, pero el Grajo azulejo tiene la garganta rayada, es mayor el contraste entre los colores de la parte superior y, si se mira bien, se aprecia una delgada ceja blanca. Asimismo, cuando las dos especies se superponen, el Grajo azulejo busca más los espacios abiertos que el bosque, preferido por el Grajo mexicano. En el paisaje de Tehuacán-Cuicatlán dominado por los cactus, será el Grajo azulejo que veremos.

Esta ave, al igual que muchas especies relacionadas, muestra un alto grado de inteligencia, lo que puede ayudarle a sobrevivir en ambientes desérticos difíciles. Esta especie tiene una memoria extraordinaria. Cuando las semillas, que constituyen una parte importante de la dieta del Grajo, son abundantes, el pájaro las almacenará entonces en numerosos lugares. Más tarde, cuando la comida escasee, recuperará con una precisión sorprendente gran parte de las semillas ocultas. Más aún, un ave puede ver a otra esconder su alimento en un punto, y a ese lugar volverá robar más tarde para robarlo; pero algunas aves lo saben, por lo que antes de ocultar su comida no dejan de mirar alrededor para detectar a los potenciales ladrones. Estas Aves llegan a robar la comida de los Carpinteros y pueden comer también las garrapatas de los ciervos.

Los Grajo azulejo puede ser aves muy ruidosas, y a menudo se les escucha antes de que se les vea. Sin embargo, sus llamados son interesantes por su complejidad, con cerca de veinte diferentes tipos identificados.



Nombre en español: Cenzontle norteño

Nombre científico: Mimus polyglottus

Nombre en Inglés: Northern Mockingbird





Mimus polyglottus

Insignificante en su colorido, esta especie es mucho más conocida por su canto. Es un excelente imitador. Imita los cantos y las llamadas de muchas de las especies que se encuentra. Estas actuaciones suelen engañar a los observadores de aves, pero no tan a menudo está arremedando. Aprender a cantar es un proceso continuo, y los mejores cenzontles pueden llegar a tener un repertorio de 200 canciones que se acerca, y algunos han logrado imitar sonidos modernos, artificiales, como de de máquinas o alarmas de automóviles. Además, las aves muy a menudo cantan tanto de día como de noche. Estas excelentes habilidades de canto le han dado a este pájaro un lugar en la cultura popular, incluyendo el título de la novela de Harper Lee, Matar a un ruiseñor. Sin embargo, a lo largo del tiempo el canto ha sido costoso para estas aves: en algunas regiones de su distribución, particularmente en el este de los Estados Unidos, casi llegó a desaparecer debido a que la gente los capturaba para meterlos en jaulas. Afortunadamente, esto ya rara vez ocurre en la actualidad, y no hay inquietud por su conservación.

Esta es una especie de amplia distribución que ocupa una gran variedad de hábitats, desde bosques hasta desiertos achaparrados --en México es un ave de campo seco y abierto. En el sureste, aproximadamente en el Istmo de Tehuantepec, es reemplazado por el Cenzontle sureño, estrechamente relacionado, y de imagen muy similar.

Cuando el Cenzontle vuela es cuando más se le distingue el blanco de su ala superior.

Nombre en español: Cuitlacoche Común / Cuitlacoche piquicurvo

Nombre científico: Toxostoma curvirostre

Nombre en Inglés: Curve-billed thrasher



Toxostoma curvirostre

Un pájaro común en todas las zonas desérticas de México al oeste del Istmo de Tehuantepec, el Cuitlacoche común es difícil de confundir con cualquier otra ave parecida que se encuentren en su área de distribución mexicana. Con un pico curvo, de pecho ligeramente manchado y, cuando se ve bien, con un distintivo ojo anaranjado. Por lo general se le ve saltando en el suelo, buscando insectos entre las hojas secas. Por mucho son aves de tierra de cactus, y los utilizan para construir sus nidos y en ellos encuentran sitios seguros para pasar la noche.

El futuro de esta ave parece seguro en México, pero en Estados Unidos su número disminuye debido a la invasión de su hábitat por la expansión urbana.

Nombre en español: Mosquero cardenal / Mosquero cardinalito

Nombre científico: Pyrocephalus rubinus

Nombre en Inglés: Rubí



Pyrocephalus rubinus

Una especie que se reconoce al instante dondequiera que se le encuentre. ¡Pocas personas encariñadas con los pájaros querrán irse de México sin haber visto un Mosquero Cardinalito macho! Su plumaje llamativo es tan especial que ningún otro Mosquero siquiera se acerca o se le que empareja. La hembra es mucho menos espectacular en colorido, con la espalda gris-marrón, la parte inferior de color crema, y con algunas plumas de color rojo pálido en la parte inferior de la cola.

Esta especie tiene una distribución muy amplia, desde el centro de Argentina hasta el suroeste de Estados Unidos. Son aves comunes donde se les encuentra, regularmente en las riberas de los ríos que corren en las regiones desérticas, pero se les puede ver en parques y jardines de zonas urbanas.

En la época de apareamiento el macho llama la atención con un distintivo despliegue de apareamiento, volando a la altura del dosel, revoloteando y cantando todo el tiempo. Antes de aparearse con la hembra, él trae como regalo un gran insecto. Al igual que muchos mosqueros, la presa suele ser atrapada con un vuelo corto desde su palo favorito.

Con una amplia distribución y de gran número, no hay razones para preocuparse acerca de esta especie a escala global. Los cambios locales en el uso del agua han causado algunas bajas en los EE.UU., pero el riego también puede permitir que las especies se muevan a nuevas áreas. A diferencia de algunas otras aves de vivos colores, no ha sufrido la captura para el comercio de aves de jaula, probablemente porque los machos pierden su color brillante en cautiverio.

Nombre en español: Carpintero pechigrís / Carpintero del Balsas

Nombre científico: Melanerpes hypopolius

Nombre en Inglés: Grey-breasted pájaro carpintero / woodpecker Balsas





Melanerpes hypopolius

Endémico del suroeste de México, este Carpintero es en gran medida una especie del desierto, favorecido por los paisajes semiáridos, cubiertos de cactus. Aunque otros Carpinteros usan los cactus, sólo una especie mexicana, el Carpintero de Gila / Carpintero desértico (M. uropygialis), es también similar en su apariencia. Sin embargo, estas dos especies no ocurren al mismo tiempo en cualquier lugar: el Carpintero de Gila se limita a la zona que rodea el Golfo de California. El Carpintero pechigrís se distingue por tener una franja roja que corre verticalmente a través de sus ojos, pero esto puede ser difícil de ver desde la distancia.

Esta especie anida en agujeros que hace en grandes cactus. Cogen una gran cantidad de presas de insectos al vuelo, en lugar de capturarlos de los tallos de cactus y árboles, a diferencia de muchos otros Carpinteros. La fruta de los cactus, especialmente del cactus Opuntia, es también importante para su dieta.

Esta especie tiene una población grande y no preocupa su conservación. Sin embargo, es un ave única de esta región, y por lo tanto se tiene la obligación especial de garantizar que su población se mantenga saludable para las generaciones venideras.

Nombre en español: Verdugo americano / Lanio americano

Nombre científico: Lanius ludovicianus

Nombre en Inglés: Loggerhead Shrike



Lanius ludovicianus (Parado en la punta del cactus)

Este pájaro es el único Verdugo existente en México, y es uno de los dos únicos en el continente americano, pero tiene muchos parientes en África, Europa y Asia. Donde quiera que se produzcan, a menudo hay un nombre local que refleja sus hábitos de alimentación, tales como butcherbird en Inglés, Neuntöter ('nine-killer’) en alemán, y Fiskaal ('verdugo') en afrikaans. Todos estos nombres se refieren a la naturaleza depredadora de estas especies, y especialmente de su uso de la vegetación espinosa o alambre de púas para destazar y almacenar a sus presas.

El Verdugo americano se reproduce a lo largo de la mayor parte de México, así como los Estados Unidos y partes de Canadá. Las aves mexicanas son principalmente residentes, pero el número puede aumentar durante los meses de invierno debido a la llegada de inmigrantes procedentes del norte. A los Verdugos les favorece el campo abierto con arbustos dispersos, árboles y cactus. A menudo son fáciles de ver, encaramados en lo alto de la vegetación de altura, postes, o cables de teléfono, explorando el terreno para la presa. Para las especies más grandes de Verdugo, incluyendo el americano, las presas incluyen lagartijas, pequeños mamíferos y aves. Aunque los Verdugos son depredadores, no tienen las patas fuertes de la verdadera aves de presa para desgarrar la carne. En su lugar, ensartar a sus presas en la vegetación espinosa, incluyendo las espinas de cactus, y quitan las tiras de carne. A veces hay más comida que la que un pájaro puede comer en una sesión, en cuyo caso las espinas también sirven como almacén.

Este pájaro es fácil de reconocer cuando se le ve bien, con el dorso gris, el pecho y el vientre blancos, una máscara de rostro negro como un bandido, y un pico grande y ganchudo para matar y descuartizar la presa. Aunque algunas poblaciones están declinando en Canadá, esta ave no se considera en peligro global.