Medio Ambiente

Los océanos del mundo necesitan ser salvados de la sobrepesca y la contaminación y según un informe reciente de la Comisión del Océano Global (GDC) es necesario tomar medidas urgentes en los próximos cinco años.

La Comisión del Océano Global (GDC), un grupo de políticos de alto nivel formado en 2013, subraya que las medidas de rescate deben incluir la restricción de la pesca industrial y el establecimiento de regulaciones más estrictas para la exploración y explotación de petróleo y gas en alta mar.

"Los océanos están en estado fallido", ha declarado a Reuters David Miliband, ex ministro de Exteriores británico y co-presidente de la Comisión. "Un área previamente virgen del planeta se ha convertido en una zona de saqueo”.



La zona de alta mar es el área fuera de las zonas costeras nacionales y cubre casi la mitad del globo. Es ahí donde los peces están bajo la presión de las capturas ilegales y no reguladas, de acuerdo con el informe.

Cada año se capturan en alta mar alrededor de 10 millones de toneladas de pescado por valor de 16 mil millones de dólares, de atún a moluscos, en alta mar, fuera de las cuotas de captura mundial de pescado de 80 millones de toneladas, según el informe. Según la Comisión si no se implementa eficazmente su plan de cinco años, la comunidad internacional debería considerar convertir la alta mar en una "zona de regeneración", donde las poblaciones de peces pudieran recuperarse.

El cierre de estas regiones saqueadas puede tener un impacto económico - costaría a cada persona en el planeta unos 2 dólares, informa Reuters - pero a la larga permitiría un aumento de 4 dólares en la captura de peces en las regiones costeras, según los consultores McKinsey and Co..

Sólo 10 países tienen capacidad real de pesca de altura, por lo que la medida sólo afectaría a Estados Unidos, la Unión Europea, China y Japón.

Como parte de los esfuerzos mundiales para proteger los mares, el presidente Barack Obama anunció la semana pasada sus planes para crear la mayor reserva marina del mundo, una iniciativa que protegerá una gran parte del Océano Pacífico de la sobrepesca, la exploración de hidrocarburos y la contaminación.



"El océano proporciona el 50 por ciento de nuestro oxígeno y fija el 25 por ciento de las emisiones globales de carbono. Nuestra cadena alimentaria comienza en ese 70 por ciento del planeta ", señaló José María Figueres, co-presidente de la Comisión, en un comunicado de prensa de la Comisión.

La Comisión cree imprescindible un nuevo acuerdo internacional, que se negociaría en el marco del Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Tal acuerdo haría de los océanos una prioridad, protegería las áreas protegidas marinas de alta mar, prevendría el despilfarro de recursos marinos en la explotación pesquera, así como permitiría a los gobiernos salvaguardar el 64 por ciento de los océanos que se encuentra fuera de las jurisdicciones nacionales. Jenna Lacurci

El texto completo del informe en inglés puede consultarse aquí.

Para el resumen ejecutivo en español en PDF, seguir leyendo aquí.

GDC, comisión de estudio de alto nivel compuesto por personalidades políticas, co-presidido por José Maria Figueres, Trevor Manuel y David Miliband, que busca soluciones a la crisis de sostenibilidad de los océanos.

Mundo Nuestro. Nuevamente la Sierra. Una vez más una tormenta tropical que llega sin aviso y descarga sin misericordia toda el agua imaginable en un día. Ahora fue en la región de Huauchinango, y los nombres de los pueblos serranos saltan por los noticieros con la suma de los muertos: veinte en Xaltepec, cinco en Huauchinango tres en el municipio de Tlaola y siete entre las demarcaciones de Naupan y Pahuatlán. (e-consulta).

Y la cifra subirá en la medida en que pasen los días. Y la visión de la nueva catástrofe.

Es una historia recurrente. Una tragedia en los ojos, como escribimos en octubre de 1999, y que visualizó entonces una región inerme ante una tormenta que le dejó más de 250 muertos. Pero el papel del Estado entonces, rebasado por la extraordinaria respuesta de la sociedad civil, dejó interrogantes que hoy todavía se sostienen.



Y la pregunta fundamental: ¿cuando tendremos como sociedad organizada, una verdadera visión estratégica para este territorio biocultural extraordinario?

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Las tormentas de octubre sobre la Sierra Norte de Puebla pusieron una terrible paradoja al descubierto, algo que hace aún más difícil reconstruir la infraestructura perdida: la región indígena-mestiza cuenta con altos niveles de producción agrícola e industrial pero se encuentra amarrada de manos por estructuras políticas y económicas extremadamente arcaicas.

Los ríos desbordados, una vez más las preguntas sobre la vocación natural de la Sierra Norte de Puebla

Ironía mexicana: el azote del cielo trae la Sierra Norte de Puebla a la historia moderna del país. Ni las guerras civiles del siglo XIX provocaron una movilización social como la que se vive desde la primera semana de octubre. Más allá de los muertos -tal vez cerca de 500- y la destrucción de la economía y los servicios en un territorio al que el Estado con sus instituciones nunca acabó de llegar, sesenta horas de lluvias activaron el detonador de un cambio estructural en esta densa región de pueblos indios nahuas y totonacos sumidos en la marginación y la pobreza propias de los rasgos más arcaicos de México. Si a la inteligencia se suma una buena política, tal vez de la catástrofe resulte una nueva sierra.

Pocas regiones indígenas y mestizas tan complicadas como la Sierra Norte: por su diversidad ecológica en riesgo -ganado, cafetales y cítricos y agricultura maicera han deforestado serranías que van desde los 400 hasta los 2,500 metros sobre el nivel del mar-; por su densidad y dispersión demográfica -1,000,000 de habitantes en más de 2,000 pueblos y tan sólo 7 ciudades con más de 20,000 habitantes; por su economía de autoconsumo entreverada con nudos de capitalismo salvaje en la tala forestal, la producción intensiva de café para la exportación y la explosión de las maquiladoras para la confección. Todo ha sido puesto en jaque por sesenta horas de diluvio sobre 15,000 kilómetros cuadrados de territorio marginal a dos horas en auto de la ciudad de México.

Algunas imágenes para entender el entorno social de la Sierra Norte.

Los extremos cafetaleros: en la zona de Xicotepec miles de hectáreas de plantíos a sol abierto y con el uso de agroquímicos producen intensivamente para la exportación a Alemania; los empresarios capitalistas recorren en helicóptero las plantaciones que, al cabo de cuatro o cinco años de explotación, venden a pequeños productores sin capital y tecnologías para repetir la experiencia; la productividad baja y con el tiempo las laderas reproducen el ciclo maicero de erosión y pobreza. En Cuetzalan, una región de pequeños productores, un cortador de café recibe 50 centavos por kilo en la cosecha para lograr si tiene suerte alrededor de 25 pesos diarios. En Huehuetla, luego de las lluvias, los acaparadores lo compran a 30 centavos contra el riesgo de que se pudra en el suelo.

  • AI fin en la economía global, el boom de la industria de muebles rústicos para la exportación en la ciudad de Puebla ha multiplicado en los últimos cinco años la tala legal y clandestina con decenas de aserraderos entre Chignahuapan y Huauchinango.

  • Teziutlán, en el otro extremo de la economía, ha desarrollado en cinco años una actividad maquilera con 32,000 empleos directos en la confección textil. La migración genera hacinamiento urbano sin consecuencias para bien de las comunidades que aportan la fuerza de trabajo. La ciudad media reproduce los errores de los centros industriales de Puebla y el Distrito Federal.

  • Un sábado de plaza en Zacapoaxtla arroja la realidad sin cifras del autoconsumo indígena y la relación desigual y expoliadora de las cabeceras comerciales y las comunidades: huacales de frutas son ofrecidos a las nueve de la mañana a quince pesos; son comprados a ocho al final del día.

  • Tepetzintla es un municipio que en 1975 no había visto rodar por sus veredas ni siquiera una carretera. Mulas de carga y hombres caminaban seis horas para llegar a Zacatlán. Ni luz, ni escuela, ni drenajes, sólo chozas alrededor de un quisco-pozo, una presidencia, un templo franciscano y un curato en el que los tatas veían de cuando en cuando un código del siglo XVI. Dos mil comunidades estaban así ese año. El esfuerzo del Estado y los pobladores revirtió esta situación con escuelas, luz eléctrica, terracerías y centros de salud. Sin embargo, para 1995 el 90% de los municipios comprobaba índices de marginación alta o muy alta.

  • A fines de los ochenta los indios de San Juan Tahitic, a tres horas y media de camino a pie de Zacapoaxtla, tomaron de un cacique sus tierras ancestrales. La policía de inmediato reprimió la invasión y recuperó los predios. Siguieron años de plantones y escritorios sin éxito en la ciudad de Puebla. Un día de 1993 el hijo del ranchero fue ejecutado sin más a balazos a las puertas de su casa.

Comunicada por tres rutas -la petrolera de Huauchinango- Poza Rica; la indígena de Zacapoaxtla-Cuetzalan; y la ferrocarrilera de la decimonónica minera y comercial Teziutlán, la Sierra tiene presencia institucional añeja, pero delimitada en puntos estratégicos: la iglesia católica, con sus misioneros desde el siglo XVI y sus templos en cada una de las comunidades; el Estado con sus gobernadores y presidentes, sus jueces de paz y sus cárceles, la economía con sus presas de Necaxa y la Soledad, para energía eléctrica del Distrito Federal. El Estado también de las últimas décadas, con su Interserrana y sus terracerías, con sus escuelas bilingües y sus tecnológicos, pero con la carencia de una estrategia de inversión pública para el desarrollo en el largo plazo de la economía serrana.

Las tormentas de octubre arrojaron con su fuerza hechos que quiebran esta inercia de siempre en la Sierra Norte.

  • Cortes de agua como misiles destrozan en infinidad de puntos los 4,000 kilómetros de carreteras y terracerías y dejan incomunicados por más de dos semanas a centenares de pueblos y ciudades, provocando la mayor emergencia alimenticia en la historia reciente del país. Un sistema de protección civil de caricatura nunca imaginó el escenario de una carretera interserrana quebrada en cincuenta puntos. Se produce una hambruna temporal y la movilización de miles de personas en búsqueda de víveres sin alternativas mayores que las cadenas humanas entre las cabeceras y las comunidades y los vuelos de helicópteros cuando lo permite la niebla.

  • Además de los destrozos carreteros, es incalculable la pérdida de infraestructura, comunidad por comunidad, en la economía de autoconsumo y en los servicios públicos como adoquinados, redes de agua potable y drenaje, escuelas y edificios públicos. Más de 8,000 viviendas y una decena de comunidades arrasadas dan idea de la magnitud de la tragedia.

  • La respuesta del Estado es agresiva y bien intencionada para resolver la hambruna provocada por los cortes de la carretera interserrana entre Chignahuapan-Tetela, Zacatlán-Ahuacatlán, Zacapoaxtla-Cuetzalan y Tlatlauqui y Teziutlán. El gobierno de Melquiades Morales traslada secretarías de Estado a las cabeceras serranas afectadas y organiza de urgencia un abasto de alimentos que por no estar fundado en un plan de emergencia estratégico es lento o sometido muchas veces a la voluntad de presidentes municipales, y a la veracidad de la información otorgada a veces sí y a veces no por sus representantes.

  • La movilización hormiga, organizada desde los pueblos, de miles de hombres y mujeres desde las comunidades en busca de alimentos y en la reapertura urgente de sus brechas, encuentra respaldo en la red espontánea pero orgánica pica de grupos muy diversos de la sociedad civil: iglesias, empresas, escuelas y universidades públicas y privadas, medios de comunicación. Este es el hecho político más importante en la historia reciente de la sociedad poblana y puede generar cambios profundos en la equivocada e injusta relación social que llamamos Sierra Norte.

En conclusión, la tormenta genera la necesidad de replantear la relación de fondo de una región indígena-mestiza de importante producción agrícola e industrial pero sustentada en esquemas económicos y políticos arcaicos incapaces de reconstruir la infraestructura perdida y de proponer nuevas estrategias de desarrollo. Existe un consenso social por la Sierra. Se requiere una acción estratégica de Estado. A la vista está que toda dinámica estratégica que resulte tendrá que reconocer la importancia del campo y el autoconsumo para una solución de largo plazo, así como de su organización por fuera de los esquemas paternalistas, corporativos o de caridad que el Estado y las iglesias reproducen.

Mundo Nuestro. Este texto fue tomado de la sección La brújula. El blog de la metropoli, en la revista Nexos. Su autor, Gerardo Velarde, estudió Ciencias Políticas y Administración Pública en la BUAP, y cursa la maestría en Planeación y Políticas Metropolitanas en la UAM. Sus líneas de investigación son movilidad y modelos de gobernanza.

Parece existir un acuerdo académico internacional sobre las políticas necesarias para llevar a cabo una transición hacia el transporte verde, para reducir la congestión vehicular, las emisiones de gases efecto invernadero y en última instancia elevar la calidad de vida de los habitantes de las ciudades. Durante los últimos años hemos escuchado o leído en distintos medios la importancia y los beneficios de promover la movilidad en bicicleta dentro de una ciudad; existen estudios y manuales en internet, al alcance de cualquiera, que explican la adecuada manera de cómo fomentar la movilidad en bicicleta y la adecuada construcción de infraestructura ciclista.



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En ninguno de los estudios o manuales de los que tenga conocimiento se recomienda construir ciclovías elevadas. De hecho, Mikael Colville-Andersen, diseñador urbano y experto en movilidad, ha criticado la idea de ciclovías elevadas en Londres, declarando que éstas “matan la ciudad”. ¿Por qué entonces, el gobierno estatal de Puebla en México, decide ignorar esto y se empeña en construir ciclovías elevadas? Por ejemplo, la ciclovía elevada en Avenida Atlixcáyotl de 3.5 km de longitud, que fue inaugurada en el 2014 por el gobernador Rafael Moreno Valle. Obra que tuvo un costo de 62 millones 465 mil pesos, casi 18 millones de pesos por km, precio que la convierte hasta el día de hoy, en la ciclovía construida más cara del país.

Ciclovía elevada en la Avenida Atlixcáyotl, Puebla, Puebla

Ilustracion 1

Fuente: Foto del autor.



Citando a Aguilar Villanueva (1992), la ciencia política latinoamericana ha estudiado prácticamente todo, “menos la manera como el gobierno construye y desarrolla sus decisiones”. Aunque no lo pareciera a primera vista, el diseño político institucional de un gobierno se encuentra muy ligado al diseño urbano de la ciudad. El modo en que está estructurada la planeación y la toma de decisiones en la ciudad define en muchos casos a la misma ciudad. La política y el urbanismo van de la mano.

Recientemente, el gobierno del estado empezó la construcción de otra ciclovía elevada, esta vez, en el Bulevar Hermanos Serdán. Dicha construcción de 7.6 km de longitud tendrá un costo de 271 millones de pesos, aproximadamente 35 millones 657 mil 894 pesos por km. Aunado a esto, la construcción implica retirar de la avenida 323 árboles que “estorbarían” a la ciclovía elevada.

Proyecto de ciclovía en el Bulevar Hermanos Serdán

Ilustración 2

Fuente: Nota de Periódico Central.

A pesar de que la ciudad no cuenta con un Plan de Movilidad integral, la ciudad sí cuenta con un plan de transporte no motorizado, elaborado por los tres órdenes de gobierno con recursos del Banco Mundial.

Este plan incluye un diagnóstico de la movilidad ciclista en la ciudad, en Puebla se realizan más de 60 mil viajes diarios en bicicleta, el 1.9% del total de los viajes. El plan, a su vez, realizó su propia encuesta a ciclistas para conocer a fondo los trayectos diarios realizados por los ciclistas en la ciudad. El plan concluye con un apartado de líneas estratégicas y una propuesta de una red ciclista metropolitana de 134.5 km. En la propuesta, se puede encontrar la construcción de una ciclopista en el Bulevar Hermanos Serdán.

Propuesta de ciclovía en Hermanos Serdán

Ciclovia 3

Fuente: Plan de transporte no motorizado en Puebla.

Sin embargo, en ninguna parte del plan se contempla la construcción de ciclovías elevadas; todas las ciclovías propuestas son a nivel de piso. Entonces, ¿Por qué el gobierno pretende construir una ciclovía elevada no contemplada en ningún plan? ¿Por qué gastar 271 millones de pesos en siete km de ciclovía? Tomando en cuenta que la ciclovía a nivel de piso en Paseo de la Reforma, Ciudad de México, costó alrededor de 12 millones de pesos, y mide 6.8 km de longitud, el precio aproximado por km de ciclovía fue de un millón 764 mil pesos, 20 veces más barata que la planteada por el gobierno de Puebla. Teniendo eso en consideración, con el dinero invertido en la obra actual, se podrían construir 153 km de ciclovía a nivel de piso.

La ONU varias veces ha comunicado su preocupación por la opacidad que existe en los procesos de planeación e implementación de políticas en América Latina. La misma ONU nos menciona ocho características que toda política pública debería contener: ser participativa, que el consenso este orientado, que rinda cuentas, transparente, eficaz y eficiente, equitativa e inclusiva, receptiva y que esté apegada el estado de derecho. Estas características aseguran que la corrupción sea minimizada, los puntos de vista de las minorías sean tomados en cuenta y que las voces de los más vulnerables en la sociedad sean escuchadas en el proceso de decidir y hacer políticas.

Ninguna de las ocho características anteriores encontramos en la ciclovía elevada que el gobierno de Puebla quiere construir. Nos encontramos ante una crisis del modelo de gobernanza: el proyecto no es participativo, no rinde cuentas, no toma en cuenta la opinión de la ciudadanía, no es eficaz ni eficiente y, en última instancia, no está apegado al estado de derecho al no encontrarse la construcción de esta ciclovía dentro de ningún plan de movilidad.

Si queremos movilidad sustentable dentro de nuestras ciudades, si queremos ciclovías accesibles, si queremos una transformación urbana real, debemos empezar por reformar los modelos de gobierno. Las políticas públicas no pueden seguirse realizando con opacidad, sin rendición de cuentas y sin tener en cuenta la opinión de la ciudadanía.

Actualmente el uso de la bicicleta se ha convertido en un gusto, una necesidad y un asunto de consciencia ecológica para las clases medias y altas, además del ya conocido transporte popular, de ahí el interés por las famosas ciclo vías, asunto digno de celebrar. Sin embargo, desde mi punto de vista, en el diseño de las mismas, y si realmente queremos pensar en la movilidad urbana, tenemos que poner atención y recordar a los que cotidianamente han usado ese medio de transporte desde siempre y entonces veremos que en México las bicicletas no son un transporte individual sino colectivo e incluyen adaptaciones para quienes se mueven y al mismo tiempo ejercen un oficio.



Fotografía de Rafael Bonilla

Cualquiera ha visto en los barrios populares de Puebla y desde luego en Cholula a una familia en una sola bici: la señora en la parrilla trasera con las piernas de lado, un asiento en el travesaño para el niño, alguno más en los diablitos y hasta alguna adaptación en el volante; ni qué decir del panadero con la canasta en la cabeza, el afilador o el vendedor de tamales con su digna carga para la dicha estomacal. Ahora imaginemos la escena de cualquiera de ellos subiendo las empinadas ciclo vías proyectadas en la avenida Hermanos Serdán y sin sombra alguna por la decisión, al parecer ya reversible, de además quitar los árboles, fresnos y palmas entre otros, mismos que no sólo hermosean la avenida y nos dan oxígeno, como una grata bienvenida a quienes ingresan de la ciudad de México a Puebla, también proporcionan la adecuada sombra tan necesaria para el peatón y el ciclista. Quien diseñó sobre la Hermanos Serdán la mentada ciclo vía, no parece conocer Puebla, ya no digamos que alguna vez haya transitado a pie por esa avenida o moviendo el pedal. En hora buena entonces el movimiento ciudadano que ha logrado al parecer revertir al menos en parte, esa decisión.

En gratitud a los del pedal y a quienes aman los árboles, básicamente porque además de hermosos son fundamentales para la vida humana, va está selección de carteles ciclistas publicados en 1972: 100 Years Bicycle Posters. La edición buscó en su momento celebrar tanto el avance de la litografía que en 1872 hizo posible los posters pictóricos a color; como ese mismo año la adaptación por la compañía Smith & Sterley, de las dos llantas de la misma dimensión en las bicicletas, lo que permitió a su vez la proliferación de lo que se conoce como la bicicleta moderna.



Mundo Nuestro. Una vez una ciudadanía decidida a impedir por la vía de la movilización pacífica salió a la Avenida Hermanos Serdán, esta vez en bicicleta, a levantar la voz racional contra la más absurda y disparatada idea que ha tenido el gobernador Moreno Valle contra la ciudad de Puebla, a la que trata como si de su propiedad fuera. Y a la que impone proyectos sin tomar en cuenta al gobierno municipal de turno, consciente de que los que por ahí han circulado como alcaldes en los últimos tiempos están para obedecerle.

No es posible imaginar mayor tontería. No hay otra palabra que sirva, aunque a la mano tenemos la del negocio que como método se asocia a los proyectos de obra púbilica en nuestro país. Igual para los pequeños gobiernos que para los estatales y de la república. La vieja frase priista en el Distrito Federal: "Haz obra, que algo sobra..."

Un proyecto absurdo en una ciudad que no acaba de resolver problemas antiguos, que están en el estómago de sus ciudadanos, y que arroja como resultado reyertas entre policías y comerciantes en el cetro histórico que por verdadero azar no dejaron una estela de muertos.



¿En qué idioma habrá que dirigirse a las autoridades para exigirles que reconsideren este proyecto de ciclovía recreativa que se llevará, en el mejor de los casos --pues por ahí dejaron ver la posibilidad de que cambien el trazo hacia el centro de la avenida-- los centenares de cipreses que tuvieron a bien plantar en otro tiempo alcaldes menos pretensiosos?

Lo ha hecho en los términos legales el regidor priista Iván Galindo Castillejos en carta formal dirigida al alcalde Luis Bank.

Ya lo hemos hecho muchísimos en la plataforma change.org



¿Qué idioma hablan que no sea el de la ceguera y el negocio?

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Una mirada más abierta en el mapa ayuda a entender el difícil trance que vive esta estratégica región productora de agua y biodiversidad, desde los bosques templados en los límites del altiplano, pasando por las cañadas de bosque mesófilo en el territorio totonaca, hasta las selvas tropicales cercanas a la sabana de la costa veracruzana. Un enredo de ríos y barrancas que van a dar al mar luego de atravesar en caída libre los pueblos serranos desde Huauchinango hasta Teziutlán. Los ríos Pantepec, Necaxa, Ajajalpán, Zempoala y Apulco, alimentados por infinidad de afluentes e iluminados por innumerables aldeas y pueblos colgados de barrancas o asentados en sus vegas. Ahí está la Sierra Norte de Puebla, con su compleja urdimbre de diversidad biológica y pueblos originarios, un territorio que no resuelve sus añejos problemas de pobreza y marginación y de la que penden riesgos ambientales provocados por proyectos industriales impuestos por una lógica capitalista implacable: los que ya sufrió por la explotación histórica del café y el ganado que devastó la selva tropical; y los que sufre ahora por la explotación minera del feldespato en la región de Zacatlán y el ilusorio boom petrolero en la mesa de Metlaltoyuca en los municipios de Francisco Z. Mena y Venustiano Carranza.



La Sierra Norte de Puebla: compleja urdimbre de biodiversidad y pueblos originarios. Se señala la región de Hueytamalco, muy cercana ya a la región costera de Veracruz.

Con un acercamiento a sus riesgos y conflictos ambientales



La economía de subsistencia, añeja, inextinguible, la del maíz. En esta vista los campos de cultivo en las cañadas de Tepetzintla.

Las plantaciones de café como expresión del monocultivo agroindustrial. A la vista, Monte de Chila, en el municipio de Jopala, uno de los de más alta marginación en el país.

Como el boom de la explotación petrolera en la Mesa de Metlaltoyuca y la amenaza latente por el uso del fracking como técnica de extracción. Los cuadritos blancos son justo los pozos petroleros perforados entre el 2010 y el 2012 por compañías extranjeras contratadas por PEMEX.

Y la explotación de feldespato para la industria de vidrio y cerámica en las cañadas de la región de Zacatlán-Ahuacatlán.

O los proyectos hidroeléctricos en los ríos Ajajalpan, Zempoala y Apulco. En la gráfica, el propuesto por el Grupo México en el primero de los ríos mencionados.

VER: HIDROELÉCTRICAS EN LOS RÍOS DE LA SIERRA

Y los proyectos mineros en Tetela, Ixtacamaxtitlán y Zautla, como el actualmente detenido en Tetela y promovido por el Grupo Carso del empresario Carlos Slim, que abriría un agujero de dos kilómetros y medio a lo largo por la explotación a cielo abierto y el uso del cianuro para la producción de oro y plata.

VER: CONFLICTO MINERO EN TETELA

CONFLICTO MINERO EN ZAUTLA

CONFLICTO MINERO EN IXTACAMAXTITLÁN

Riesgos y conflictos existentes y por venir que contrastan con la valoración de la biodiversidad realizada por los científicos de la CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento y Conservación de la Biodiversidad en México), el organismo federal creado precisamente para fundar las políticas de conservación ambiental que demanda nuestro país, y que bien se ejemplifican en su necesidad si se atiende a regiones como la de la Sierra Norte de Puebla. Las gráficas siguientes documentan lo mucho que ya sabemos en México de regiones como la que involucran proyectos de desarrollo económico como el de la acuicultura, que podrían sostenerse mucho más desde el marco de una política estratégica para la conservación ambiental y el desarrollo social.

  1. P.F.V. la Cuenca Hidrográfica del Rio Necaxa. Es Zona de Protección Forestal Vedada.

http://regiongolfodemexico.conanp.gob.mx/rionecaxa.php#.V5ELIM6cHMO

Región terrestre prioritaria. Bosques Mesófilos de la Sierra Madre Oriental.

http://www.conabio.gob.mx/conocimiento/regionalizacion/doctos/rtp_102.pdf

Sitios terrestres considerados prioritarios por la CONABIO.

http://www.biodiversidad.gob.mx/publicaciones/versiones_digitales/Planeacion2011.pdf

Me detengo en el tema Sitios prioritarios acuáticos epicontinentales. Dice CONBIO: “Las aguas epicontinentales de México poseen una amplia variedad de ecosistemas, los cuales sustentan una diversidad de especies nativas de flora y fauna, que necesitan ser preservados por su importancia económica actual y potencial. La crisis del agua tiene repercusiones graves en la estructura, composición y funcionamiento de los ambientes acuáticos. Ante esta perspectiva, la identificación de sitios prioritarios para la conservación es una herramienta útil para dirigir los esfuerzos de rehabilitación y manejo sustentable.” Fuente. CONABIO-CONANP, 2010.

Y más en detalle, para la CONABIO la región de Hueytamalco está entre las Áreas de importancia para la conservación de las aves: “El objetivo primordial de las AICAS es identificar las áreas que son excepcionalmente importantes para la conservación de las aves, con la finalidad de proteger diversas especies al mismo tiempo. La delimitación de las Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves (AICAS) se basó en la experiencia de alrededor de 40 especialistas, que propusieron de manera definitiva 218 áreas a nivel nacional. Fuente.” CIPAMEX-CONABIO. 1999.

¿En qué medida todo este conocimiento podría estar asociado a las organizaciones sociales y de gobierno que actúan en las regiones como Hueytamalco? ¿En qué medida los programas acuícolas, que tienen su sustento en el buen manejo de los recursos hidráulicos, podrían formar parte de políticas públicas de conservación ambiental y recuperación forestal con una visión estratégica de verdadero largo plazo?

Sobre regulación a la Acuacultura de aguas interiores

Hace 25 años que me dedico a la acuacultura. A principios de los 90’s tuve la oportunidad de trabajar en un centro acuícola productor de trucha en la Sierra Norte del estado de Puebla. En aquél tiempo los Centros Acuícolas de la entonces Secretaría de Pesca tenían como una de sus funciones distribuir gratuita y masivamente, entre los productores, las crías que los Centros Acuícolas producían en todo el país. De este modo se obsequiaban sobre todo especies como la Trucha, la Tilapia y el Bagre, entre otras, cuyo consumo y producción se proponía fomentar para poblar embalses de todo tipo, desde pequeños hasta lagos, lagunas y ríos.



Toda esta actividad realizada a nivel nacional, reitero, fue promovida por las dependencias gubernamentales. Las regulaciones por parte del Gobierno eran mínimas, así como los apoyos, sin embargo, tuve oportunidad de ver como se instalaron muchas pequeñas granjas acuícolas, de las cuales varias de ellas siguen produciendo y han sido fuente de empleos, han generado arraigo en las pequeñas localidades (muchas de ellas de alta y muy alta marginación) y he visto como en no pocos casos han dejado de dedicarse a la tala de árboles para ser acuacultores y cuidar el agua.

Cuando después de un proceso de titubeos e indecisiones, finalmente la Acuacultura y Pesca llegan a la SAGARPA, con esto entran a las “grandes ligas” de los apoyos gubernamentales, pero conjuntamente también a las grandes y excesivas regulaciones. Actualmente el sector acuícola es el más regulado de todos aquellos que se dedican a las actividades de producción primaria, y pienso que estas regulaciones, tanto ambientales como de otro tipo, obedecen a que hubo un enorme crecimiento de las Granjas Camaroneras del noroeste del país y nunca pensaron en el pequeño productor rural de aguas interiores, por lo que ellos, que producen alimentos con proteínas de excelente calidad en localidades marginadas, que generan una cantidad importante de empleos directos e indirectos, que promueven el turismo local. A esos pequeños productores se les está aplicando todo el “rigor de la ley” y son acosados con el argumento de que “contaminan” y causan daños al medio ambiente”.



Es indignante ver como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente PROFEPA está imponiendo multas a pequeños productores de Tilapia en la Sierra Nororiental del Estado de Puebla, en específico del Municipio de Hueytamalco (entre otros), para exigirles que, después del pago de una multa, la cual puede ascender de 100 a 3000 salarios mínimos (dependiendo del criterio y hasta del humor de quien califique esta multa), presenten un estudio de “daños”, y luego una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que cuesta de $20,000 a $30,000.00 con el respectivo pago de Derechos, que asciende a casi $40,000.00, para que pueda trabajar en una actividad lícita y en un terreno de su propiedad. Me parece una incongruencia y una injusticia que una persona de escasos recursos tenga que desembolsar casi 70 mil pesos para poder trabajar honestamente.

Los argumentos de los funcionarios que han diseñado y ejecutado estos planes son más o menos los siguientes: en el caso de la Tilapia dicen que es “una especie exótica e invasora”, cuando desde los años sesenta el Gobierno de la República fue quien la introdujo en la Presa El Temazcal en el Estado de Oaxaca y de ahí se distribuyó por todo el País. Si aplicáramos estrictamente la lógica de este argumento no podríamos comprar chivos ni borregos ni vacas ni caballos, pues estrictamente hablando todas ellas serían “especies exóticas”. La PROFEPA debería ir a revisar, también en la Sierra Nororiente, específicamente en Teziutlán, la actividad altamente contaminante de las maquiladoras de ropa que vierten sus desechos químicos en los ríos, tantos y tan tóxicos que cambian el color de las aguas; debería supervisar a todos los Municipios que tiran sus desechos al agua sin plantas de tratamiento… o si las tienen están descompuestas. En fin, hay mucho trabajo que realizar en beneficio del medio ambiente, pero éste se debe realizar con inteligencia y honestidad, sin corruptelas que desvíen la atención hacia pequeños productores realmente inofensivos que se esfuerzan, ellos sí honradamente, en mantener una actividad que tiene un impacto benéfico a nivel local. Necesitan apoyo, no requisitos que los estrangulen y los conduzcan a cerrar sus pequeños negocios.

En el mes de abril pasado, dos granjas productoras de Tilapia de la Sierra Nororiental, del Municipio de Hueytamalco, Puebla, las cuales por cierto tienen más de 5 años de tener un reconocimiento en Buenas Prácticas de Producción Acuícola, es decir son un ejemplo a seguir por otros productores, cierran sus operaciones debido a las multas y regulaciones ambientales: ¡¡Felicidades señores funcionarios por este logro!! Su calidad como “Servidores Públicos” es inigualable, sigan así, cerrando y terminando con fuentes de empleo, sigan adelante pensando que con estas acciones combaten la contaminación.

Fidel Glockner correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Sergio Aburto, campesino de la Sierra Norte convertido en piscicultor, señala el tanque de los alevines y me dice con la mirada de quien ve perder un sueño:

“Este año ya no sembré, ya no me la juego, si no se resuelve la autorización con el gobierno, mejor cierro la granja.”



Sergio Aburto: en sus manos la que debiera ser una actividad económica estratégica para el desarrollo de la economía y la conservación de la naturaleza en las serranías calientes del norte de Puebla.

Su granja “El Piñal”, en la que su familia ha invertido en la última década alrededor de medio millón de pesos, tiene seis estanques construidos en su propiedad ejidal a la vera de un arroyo cristalino que entra en lo que la Federación denomina “aguas nacionales”; en ellos produce al año cerca de tonelada y media de tilapia para el mercado local en el municipio de Hueytamalco.



Una granja que fue resultado de un programa gubernamental pensado como alternativa a la producción agropecuaria tradicional –maíz, un tiempo el café y ahora los cítricos y el ganado—que ha acabado con las selvas tropicales en los lomeríos que bajan a la costa desde el enredo de montes de la Sierra Norte de Puebla. Granjas que, sin embargo, no cuentan con las concesiones de agua reglamentarias ni pasaron nunca por la más mínima consideración del impacto ambiental que pueden generar sobre la fauna nativa de los arroyos y ríos serranos.

La suya es una de las más de setecientas granjas piscícolas en el estado --productoras sobre todo de trucha y tilapia, ambas especies introducidas—que en las últimas décadas se han desarrollado en Puebla y que no acaban de consolidar un proceso económico generador de empleos y riqueza colectiva en armonía con la naturaleza.

Granjas a las que finalmente ha llegado el otro brazo del gobierno, el que representa el cuidado del medio ambiente y que por siglas lleva SEMARNAT, y que por brazo regulador tiene a la PROFEPA, que de cuando en cuando llega con sus sellos y sus cintas amarillas de clausura.

Rafael Tepancal vio llegar un día a los inspectores de PROFEPA. Le dejaron los sellos y la promesa de una multa.

Yo contemplo los sellos de clausura impuestos por PROFEPA en la granja de El Saltillo, propiedad del campesino Rafael Tepancal Romano, y pienso en las soluciones que los mexicanos hemos buscado para salir de la pobreza campesina desde programas de gobierno soñadores pero fallidos en su operación, empantanados como éste, el de las granjas acuícolas atoradas en su desarrollo por la carencia de una estructura organizativa que las pensara estratégicas para lo que políticos y especialistas llaman desarrollo social.

Lindo pescadito, déjame soñar…

Sergio Aburto me lleva entre los estanques de El Piñal y me explica el funcionamiento de su granja:

La historia de Sergio Aburto y Rafael Tepancal, la que los llevó a soñar por mejores condiciones económicas para sus familias, contiene en su simpleza la complejidad de las contradicciones de la sociedad mexicana.

Es una historia que revela el ánimo por salir de la pobreza; que perfila las posibilidades y ventajas del trabajo colectivo; la que alumbra una economía campesina en armonía con el agua y la naturaleza.

Pero es una historia que también expone la gravedad de la problemática ambiental de México por la debilidad sistémica de lo que llamamos programas de gobierno: las contradicciones entre políticas de desarrollo y normatividad ambiental que acaban por entrampar proyectos de toda índole; la ausencia de políticas estratégicas para la recuperación y preservación del medio ambiente fundadas y construidas desde las comunidades campesinas.

De los cítricos a las tilapias… Rafael Tepancal las alista para el asado al mojo de ajo.

Es una historia simple: Sergio y Rafael creyeron y se animaron con la propuesta de gobierno que los convertiría en acuicultores sin dejar de ser campesinos, sin tener que irse al norte al corte de la uva en Baja California, sin tener que cruzar la frontera dentro del ejército de ilegales que se lleva la fuerza de trabajo mexicana a Estados Unidos, sin ver a sus hijas salir en la madrugada en una combi hacia las maquiladoras de Teziutlán.

Vivir en Hueytamalco

El mapa de Hueytamalco, en la Sierra Nororiental.

La cabecera municipal. Apenas rebasa los 5,500 habitantes, Un gran resto, más de 21 mil personas, vive en localidades con menos de dos mil habitantes.

Una vista de la plaza con el templo al fondo.

Madaí Millán es hija de Herlindo Millán, un hombre que también creyó en su momento en la posibilidad de desarrollar una pequeña empresa piscícola. Y la tiene en la Y griega de la carretera que baja de Hueytamalco a Tenampulco, y que te permite tomar el rumbo de San José Acateno. Se llama “Los Laureles”. Ella todos los sábados sube a Teziutlán a la universidad. Y todos los sábados en la madrugada ve el paso siniestro de las camionetas Lobo negras y polarizadas, sin placas, que suben y bajan por la carretera que viene de San José Acateno. Y las conversaciones por radio entre los choferes de las combis, que se avisan de los operativos del ejército y que abiertamente hablan del tráfico de armas en los carros de transporte público. “Ellos mueven todo”, dice. Pero Madaí no duda en perfilar como problema principal en Hueytamalco el de la economía y la falta de empleo.

A esa pregunta –cuál es el problema más grave en Hueytamalco-- sus compañeros productores Sergio Aburto, Rafael Tepancal y José Lobato la responden sin dudar: la inseguridad. Sí hay extorsiones, pero sobre todo hay asaltos y robos todos los días. Para no ir más lejos, apenas asaltaron la gasolinera del expresidente municipal. Y también están las motocicletas que no paran de dar vueltas por las granjas en las madrugadas.

Pero Madaí vuelve a la realidad económica. “En mayo –dice--, en un solo día salieron para el norte todos los señores de mi comunidad.”

Entonces la secundan los otros: se van al corte de la uva, todos los años en esta temporada. Bajo contrato, en camiones directos a Sonora, a Baja California. Luego hacen memoria: José Lobato tiene cinco parientes cercanos en Estados Unidos; y Rafael Tepancal tres hermanos en Nueva York, todos indocumentados. Y Madaí dos tíos.

“No es nuevo –dice Lobato--, se van con contrato y luego desertan y allá se quedan.”

Por eso es mayoría la de las mujeres en las maquiladoras de Teziutlán. O en Confecciones de la Rosa, la maquila que está instalada en la cabecera de Hueytamalco. Es el único trabajo que se puede encontrar que no tenga que ver con el campo, los cítricos, con sus jornales de 120 pesos.

En una orilla de la cabecera, la maquiladora Confecciones de la Rosa. “Ahí hacen de todo”. Sobreviviente del boom y colapso de la industria de la confección maquiladora de los años noventa.

Y los cítricos, como este limonero cercano a la comunidad de Limontitán Grande, rodeado de sobrevivientes manchones de selva. Los que desplazaron al café luego de la nevada que se los llevó en 1989, justo cuando quebró el pozo sin fondo de la corrupción de dinero federal que conocíamos como INMECAFÉ, al que por supuesto acabaron de matar los gobiernos neoliberales.

Un vestigio de la selva alta que desapareció en la sierra que baja a la costa veracruzana.

Y de la fuerza de las corrientes que todavía descargan por ella.

La búsqueda de los peces perdidos

La perspectiva de la Sierra Norte de Puebla lleva a pensar en montañas, cañadas profundas y barrancos por los que se precipitan sus ríos agrestes. Por ejemplo, la cañada del río Zempoala, en el centro de la sierra:

Como una culebra oscura serpea el río, y ese cañón da una idea de la fuerza geológica del agua. Pero a la vista también las montañas peladas por la deforestación campesina, por la tala ilegal, por la ausencia de una visión de Estado que piense de una manera distinta a esa fuente de agua inmensa que es la Sierra de Puebla.

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Los hexágonos que ha dispuesto la CONABIO sobre el mapa serrano da una idea del valor que tienen los arroyos y ríos que corren hacia el mar: en ellos vive la biodiversidad y la cultura de una región que demanda de la sociedad poblana, de sus grupos civiles organizados y de sus gobiernos, una visión estratégica que asegure su sustentabilidad en el largo plazo. Es ahí donde debemos entender la problemática específica de un programa como el de las granjas piscícolas.

Pero la mirada larga debe devolvernos al detalle. Y a los interrogantes: ¿por qué no tenemos en Puebla, con esa capacidad de escurrimiento que todavía tiene la Sierra de Puebla –y por no hablar de otras regiones en el estado, por decir la Sierra Negra o la Mixteca, además de las largas laderas de las montañas nevadas--, una industria acuícola próspera como los distintos gobiernos se lo han propuesto desde hace décadas?

Regreso a la historia de Sergio y Rafael. Y de José Lobato, de la granja “El Mirador”, y Madaí Millán, de la granja “Los laureles”. Los cuatro son productores de tilapia en pequeñas empresas que están en predicamento por la incapacidad de solventar de buena manera la burocracia de las reglamentaciones ambientales que penden sobre la cabeza de sus peces. Platico con ellos en la palapa de la granja El Saltillo. Y hago un resumen de sus lamentaciones:

Los peces fueron la alternativa a la crisis de los cítricos. Ahora parece que tendrán que volver a las mandarinas. Sus granjas son pequeñas, no son explotaciones industriales. Comercio local, restaurantes pequeños, como el de la palapa de El saltillo. No esperaban la clausura. El argumento no fue el de que manejan la tilapia, que es una especie invasiva, sino que construyeron en zona federal y no cuentan con los permisos. Pero ellos tenían que hacer el trámite ante PROFEPA si es que querían regularizar sus granjas. Ellos ya habían iniciado un trámite con un licenciado –un tal Fredy, que venía muy recomendado por el subjefe de distrito de la SAGARPA en Teziutlán--, que les sacó a cada uno 4,500 pesos, pero cambiaron a la subdelegada de Pesca y se quedaron en el aire, no volvieron a ver al abogadillo. Pero tenían un resolutivo de la SDRSOT (Secretaría de Desarrollo Rural y Ordenamiento Territorial del gobierno del estado de Puebla) con el que les dijeron que ya podían trabajar y acceder a los proyectos. Entonces llegó PROFEPA y les echó para abajo todo con los sellos de clausura. Ahora tienen que pagar las multas, presentar un estudio de daños y elaborar entonces una manifestación de impacto ambiental. Y ya hicieron cuentas, la cifra alcanza los 70 mil pesos por cabeza.

“Yo ya decidí cerrar”, dice José Lobato.

“Yo ya paré, hasta ver en qué acaba esto”, me confirma Sergio Aburto.

“A mí ya se me pasó la fecha de siembra –dice Rafael--, la granja va a quedar abandonada. Con ella me ayudaba con los cítricos, empleaba peones, ahora ya no podré hacerlo. Pero ya invertí mucho en esto, intentaré sacar la MIA, pero no sé si solo pueda.”

“Nosotros moveremos los papeles –dice Madaí--, trataremos de regularizar la granja, y si no, la cerraremos.”

El que ofrece los peces y luego los quita…

Lo sucedido con estas granjas lo explica con cuidado el veterinario Gabriel Cruz, promotor de la producción piscícola en el estado, él mismo productor en la región de Zacatlán:

Los productores necesitan obtener apoyos por la vía de los programas gubernamentales; cuando se acercan a las ventanillas de SAGARPA se encuentran con que se les exigen documentos que la ley exige y que ellos no tienen como la concesión federal del derecho de agua y la manifestación de impacto ambiental; la primera no la pueden obtener sin la segunda, pero SEMARNAT no puede autorizar una MIA dado que los productores ya construyeron y ya operan sus granjas sin los permisos correspondientes, así que tienen que empezar por reparar el daño. Y para hacerlo tienen que ser inspeccionados y multados por la PROFEPA. Hasta este momento este es el único camino que ellos tienen para regularizar la operación de sus negocios.

Luego vienen los detalles. Dice Gabriel Cruz:

“El gobierno, a través de SAGARPA, fue el que promovió las granjas con programas que otorgaron recursos económicos y capacitación técnica. El gobierno impulsó en su momento la producción de tilapia –la que introdujo hace más de cincuenta años en la presa Miguel Alemán en Oaxaca y que distribuyó alegremente por todo el país--, y la que les otorgó los permisos de funcionamiento. Si la tilapia es una especie introducida invasiva que puede afectar a la fauna nativa, el daño ya está hecho. Ahora es el mismo gobierno el que llega para exigir los permisos ambientales cuyos costos no pueden solventar los productores. Eso va a provocar el cierre de muchísimas granjas.”

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Leo lo escrito en el 2009 en tiempos de Mario Marín, cuyo gobierno impulsó este programa, hoy en buena medida abandonado por el régimen de Moreno Valle:

“La nueva Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables (LGPAS) en México en donde se otorga un importante papel a los Estados, pero también les hace responsables en mayor medida del desarrollo sostenible de la industria, en el Estado de Puebla deben iniciarse esfuerzos por generar una Ley Estatal de Acuacultura y su Reglamento, además de documentos normativos y de ordenamiento, así como planes de manejo de los diferentes embalses, requeridos por Ley… Es necesario diseñar una política para que el Gobierno del Estado impulse un programa acuícola en la entidad, estableciendo como prioridad la creación de una nueva industria, que aproveche recursos naturales, tecnología y capital que genere nuevas fuentes de empleo bien remuneradas para los campesinos y productores de la entidad, cuyas demandas insatisfechas provocan el fenómeno de la migración y la intranquilidad social y política en la población rural y que proporcionen una opción económica de alta rentabilidad a los inversionistas nacionales.” Los recursos acuícolas en el Estado de Puebla, 2009

Y para dejar sentado que los autores de esa investigación pensaban en el largo plazo y tenían una visión sistémica, reproduzco aquí este recuadro con los objetivos que da idea de ello:

Objetivo 1. Elevar el nivel de desarrollo humano y patrimonial de los mexicanos que viven en las zonas rurales y costeras.

Objetivo 2. Abastecer el mercado interno con alimentos de calidad, sanos y accesibles provenientes de nuestros campos y mares.

Objetivo 3. Mejorar los ingresos de los productores incrementando nuestra presencia en los mercados globales, promoviendo los procesos de agregación de valor y la producción de bioenergéticos.

Objetivo 4. Revertir el deterioro de los ecosistemas, a través de acciones para preservar el agua, el suelo y la biodiversidad.

Objetivo 5. Conducir el desarrollo armónico del medio rural mediante acciones concertadas, tomando acuerdos con todos los actores de la sociedad rural, además de promover acciones que propicien la certidumbre legal en el medio rural

Qué ilusos.

Desde entonces, reflexiona Fidel Glockner Rossains, miembro del CESAPUE (Comité De Sanidad Acuícola del Estado de Puebla A.C.) y reconocido como uno de los más importantes especialistas en la industria acuícola mexicana, seguimos sin ley estatal, ni reglamento de la LGPAS federal, ni plan de manejo. En definitiva, no hay una política de estado que impulse un programa acuícola.

“Pero lo que se les ha venido encima a los productores son las excesivas regulaciones ambientales”, me dice.

Excesivas regulaciones para los pequeños productores de peces en la Sierra Norte: Fidel Glockner

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Daniela Migoya es la delegada de la SEMARNAT en el estado de Puebla. La perspectiva que tiene permite pensar en que el gobierno federal es consciente del estrangulamiento en el que están los productores y que se debe encontrar una alternativa que permita su sobrevivencia y desarrollo. De entrada deja claro que en este conflicto las dos partes, productores y gobierno, intervienen:

“PROFEPA hizo inspecciones porque alguien les dijo que era la única manera de iniciar la regularización –dice--. No puedes presentar una MIA si ya tienes una obra civil, antes tienes que pasar por el proceso de sanción por haber construido sin autorización. Hubo un frenesí, visítame, le dijeron a PROFEPA. No hay tal capacidad en la institución. Por eso hay que hacer esta caracterización, para que proceda PROFEPA, pero sólo los que lo requieran.”

Por un lado, entonces, el gobierno promueve las granjas y por otro las estrangula, le digo.

“En muchos de los casos PROFEPA acudió porque los productores pidieron que se les regularizara, dado que quieren acceder a los apoyos gubernamentales –explica--. Cuando ellos llegan a solicitar ser beneficiarios de los programas les piden su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), y por lo tanto la concesión del agua, y como no lo tienen, son rechazados. Y si van a CONAGUA, también ahí les piden la manifestación de impacto ambiental.”

¿Entonces la alternativa es el cierre?

“Es un monstruo de siete cabezas, requiere de muchísimo trabajo esta regularización. Existe un padrón de al menos 700 granjas –dice--. Lo primero, entonces, es identificar quiénes necesitan la regularización federal y quiénes no. Por un lado se promueve para el consumo local, como medio de subsistencia alimentaria propia y pequeño negocio local, de traspatio. Por otro están las que ya son más grandes, que toman el agua de un cuerpo de agua federal, y ahí la ley requiere un permiso. Y si se manejan exóticos, reglas para que no se afecten las especies locales.”

Como quien dice, empezar de cero.

“Lo que se necesita es un censo, saber de qué estamos hablando. Se trata de poner orden, de tener control. Entendemos que las manifestaciones de impacto ambiental --que la más barata cuesta 39 mil pesos, y nada más de pagos de derechos--, no la puede pagar un productor mediano.”

¿Qué hacer entonces?, le pregunto a la delegada Migoya:

“La propuesta es agrupar a los productores por tipo de granja con soluciones para cada una por región. MIA presentadas en conjunto. Ya hubo cuatro reuniones con CONAPESCA y gobierno del estado. Ya compartimos la información, ya se están comparando los padrones. Ellos van a hacer la clasificación. Tiene que ocurrir pronto.”

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En las semanas que vienen los funcionarios públicos ligados a la problemática que enfrentan los productores como Sergio, José, Rafael y Madaí, en Hueytamalco, finalmente tendrán en la mesa un censo que permita partir de la realidad, como lo propone Daniela Migoya. Ya se verá. Ojalá unos y otros piensen en el largo plazo y su perspectiva sea estratégica. Mirar la Sierra Norte de Puebla desde sus pequeños arroyos, desde la fronda de sus bosques, a la sombra de los cedros y ceibas que todavía sobreviven entre naranjales y cafetales. Guardar en los programas de gobierno los sueños campesinos de los cultivadores de la tilapia.