Medio Ambiente

El testimonio lo ha levantado la organización civil Dala la Cara al Atoyac: claro que ganan el negro y el azul.

"Lo que más alarma a la población – dijo Verónica Mastreta al diario Milenio-- es la frecuencia con la que las aguas del río se tiñen de colores por las noches y fines de semana, cuando no hay inspecciones de las autoridades a desagües y plantas de tratamiento."

La imagen de inicio ilustra la descarga de agua localizada a unos metros de la autopista que entronca la México-Puebla con el Arco Norte, a unos metros de la colonia La Luz, en Villa Alta, Tlaxcala. Para ser más exactos, en San Martín Texmelucan, en la zona de las fábricas ahí asentadas y que derivan sus descargas residuales a los arroyos que van a dar al Atoyac: la petroquímica Independencia, Remimex, Rassini Frenos (antes Automanufacturas), Industrial Quetzalcóatl, Tavex Corp, Porcelanite Lamosa Keramica.

Alguien ha declarado al día 22 de marzo como el Día Internacional del Agua. Ahí están las fotos que dan cuenta del hecho simple: treinta años después de las denuncias civiles contra la contaminación del río a su paso por Texmelucan hacia su confluencia con el Zahuapan en los límites de Puebla y Tlaxcala, en la ciudad de Puebla, las fábricas siguen descargando sin freno los contaminantes químicos una y otra vez denunciados.



Valga el testimonio de una acción civil como la de Dale la Cara al Atoyac para comprender que la movilización social será la única manera de transformar esta realidad.

La descarga al Atoyac en Texmelucan documentada por Dale la Cara al Atoyac. A.C. el pasado 18 de marzo.



19°17'17.1"N 98°24'35.6"W

https://goo.gl/maps/SzS7tM14srJ2

Descarga en Panzacola,Tlaxcala.

El río Atoyac en Panzacola, Tlaxcala.

El colorido de un río muerto.

La moda y las marcas están detrás de la contaminación de los ríos.

Mundo Nuestro. Las fábricas de Texmelucan contaminan sin misericordia el río Atoyac. Para documentarlo están los testimonios y fotografías que recientemente ha recogido la organización Dale la Cara al Atoyac, A.C. En noviembre de 1988, en una acción inusitada entonces –y ni qué decir que hoy--, el gobierno federal clausuró la empresa fabricante de frenos para la industria automotriz Automanufacturas, que a la fecha funciona en Texmelucan, Puebla, con la razón social de Rassini, S.A.B. de C.V., conocida como Rassini antes SANLUIS Rassini. Es una empresa del sector automotor que diseña y produce muelles, resortes, discos y tambores utilizados en diferentes plataformas de vehículos; dice de ella Wikipedia: “La corporación cuenta con plantas en Estados Unidos, México, y Brasil; y con un Centro de Desarrollo Tecnológico en Plymouth, Míchigan. Sus oficinas centrales se ubican en la Ciudad de México. En total emplea a casi 5.000 personas en el continente americano.” Ese año ocurrió un hecho extraordinario, sobre todo porque dejó de producirse después: una acción de Estado en contra de la contaminación de las aguas por desechos industriales en la cuenca alta del río Atoyac. Presentamos aquí, en dos partes, la crónica escrita por Sergio Mastretta para el periódico Cambio en ese mes de noviembre de 1988.

El cierre en Automanufacturas (Rassini Frenos, en el 2016)



Miércoles 9 de noviembre de 1988. Llevaba una hora de papeleos con los funcionarios de la SEDUE. En mangas de camisa, con la corbata floja, el licenciado Salvador González, Gerente de Relaciones Industriales de Automanufacturas no dejaba de sonreír. Del otro lado del escritorio sin inmutarse, el ingeniero Pablo Loreto y el biólogo Luis Enrique Fernández levantaban el acta de inspección realizada en la planta. El calorón de las 3 de la tarde estrechaba más la oficina, llena de ingenieros asesores de González y de campesinos testigos de la inspección.

--¡Oiga --dijo el gerente, más ligero que el aire del ventilador asfixiado en el rincón-- ¿Y ese librito que traía usté el otro día?

--¡Ah, pues es la ley, licenciado! --respondió Carlos Mayr, el tercer representante de la Secretaría-



--Muy interesante –dijo González--, realmente, hay que leerla...

Ni quién lo dude. Desde las 12 del día, y en un recorrido por la planta los inspectores de la SEDUE comprobaron que en Automanufacturas, pomposa y pujante empresa de la División Industrial del Grupo ICA, los ingenieros, los ingenieros diseñadores. Trajeron el progreso a estas tierras campesinas; y trabajo, 1479 puestos obreros para ser exactos. Ahí están los planos, que despliegan una y otra vez en el escritorio de González; cuatro grandes naves, dos para hornos y dos para maquinado; toda esa chatarra que levanta el imán como alfileres y que amontona frente a los accesos de Fundición, se convertirá en pulidísimos rotores y tambores que irán a parar a los Shadow y Taurus que circulan del otro lado y de este.

Pero Bueno, son altísimas inversiones –piensan los técnicos de la SEDUE--, no alcanzó para la cañería que evite que las aguas negras del comedor descarguen en el canal que riega los campos de San Baltazar, ni para construir extractores de polvos eficaces que impidan que esa fina capa negra que brota de Fundición cubra los pinos y los eucaliptos para construir una verdadera planta de tratamiento de aguas residuales que no sólo capte aguas sanitarias sino solubles contaminantes que chorrean de los tornos en Maquinado y que, hasta la fecha, nadie sabe a dónde arroja Automanufacturas. Lo demás quedó en el acta 1848 metros cúbicos al mes de polvos y los dos contaminantes que diligentemente el Ayuntamiento de Texmelucan recoge para sus tiraderos; descargas de aceites y grasas vía cañería al canal de San Baltazar, incumplimiento prácticamente total del convenio notarial de julio de 1987 por lo que la empresa se comprometió en once puntos concretos a terminar con la afectación del aire, agua y suelos de la región.

--No hacen caso, señor –dice un representante del Frente Revolucionario de Juntas Auxiliares--, así como trataron al licenciado de la SEDUE el viernes que vino, que no lo dejaron ver nada y que le mandaron a un empleadito a decirle que ni modo, que no estaban los gerentes, así tratan estas gentes al campesino.

Y quedo escrito el reclamo campesino. El 29 de septiembre en un restaurant de la ciudad, representantes de las Juntas de Moyotzingo, San Baltazar y San Jerónimo se reunieron con funcionarios de algunas industrias de San Martín. Hasta de Pemex fueron. Ahí circuló un Manifiesto con membrete del PRI, y por abajo del agua le leyeron la cartilla a don Antonio Montes, imperecedero dirigente de la CNC local: no están dispuestos a que los canales sirvan de caño de industrias omnipotentes como Pemex y Automanufacturas, o de empresas piratas como las cartoneras, ni de unidades para ingenieros como la de la Petroquímica. Y don Antonio se alinea o definitivamente no tendrá a quién acarrear para las próximas municipales.

Y don Antonio estuvo presente el viernes cuando ningunearon a la comitiva de Francisco Castillo Montemayor, y el lunes en el recorrido por la planta y toda la tarde el solazo en la oficina de González, con el apuro y el papeleo de los ingenieros.

Loreto pregunta una y otra vez: por los planos de edificios y la zona de tiraderos, por los permisos de ampliación de las nuevas naves, por las condiciones particulares de descarga, por el análisis de polvos, por la capacidad de la planta de tratamiento, por lugar donde se tiran los solubles, por su contenido, por el acta notarial, etc. Las respuestas se traban, los ingenieros se arrebatan: ¿Dónde quedó ese expediente, licenciado? ¿Será este? Creo que está en trámite. O si no, lo tienen de seguro en México los del jurídico, sí eso debe ser. ¿Cuántos camiones salen al diario con ese hollín? Eso seguro lo tenemos, eso está en Contabilidad, caray, igual que el capital social... Sí se lo hemos dicho al contratista, que no ha dado resultado la planta, y usté puede ver que hicimos una gran inversión en ello... No. fíjese, análisis de los corazones de desecho tampoco lo tenemos... Sí, es cierto, se puede ver materia flotante en las aguas de la planta... Pero el licenciado González lo toma con humor todavía: “Cuántos papeles tenemos de SEDUE –dice sobre un altero de expedientes--. Son pergaminos los que tenemos aquí...”.

La planta se cierra, señores…

Cuando los funcionarios de SEDUE terminaron el acta la dieron a leer al Gerente y sus testigos, el Lic. Raúl Ortega y el técnico Armando Baldamis –el empleado se negó a que el delegado de la Secretaría inspeccionara la planta de tratamiento de aguas residuales el viernes-. Leían una hoja y la firmaban; así una tras otra. Hasta la última, que concluye con la decisión de clausura, sustentada en 65 artículos de la Ley General del Equilibrio Ecológico, el “librito interesante”, según el señor González. Tal vez no leyó la palabra clausura, tal vez pensó bueno, ya se van, ya se tomaron un refresco, ya terminó este engorro. Quién sabe, el caso es que firmó y para él ya sólo quedaba despedirse de mano. El veinte le cayó cuando los inspectores se levantaron de sus asientos.

--Bueno, vamos a proceder, quisiéramos que usted y sus testigos nos acompañaran, vamos a empezar por el comedor.

--¿Proceder a qué? –y por primera vez frunció el ceño el Gerente.

--Está asentado en el acta.

--¿Dijo usted cerrar el comedor? ¡Cómo vamos a dejar de dar de comer al personal!

--No es problema de la SEDUE, ustedes están fuera de la ley, no han cumplido ni siquiera con uno de los once puntos a que se comprometieron el año pasado.

--No estoy de acuerdo –alcanzó a balbucear el Gerente, y uno podía leer en su rostro el derrumbe de una estructura imantada por los principios del poder, remachada por los sellos de infinidad de funcionarios como González en una carrera de obstáculos insalvables pero finalmente inexistentes y que acumulados terminan como certezas en los informes presidenciales: ¿Quién puede objetar el promisorio futuro de San Martín Texmelucan, recién bautizado como polo de desarrollo, modelo tecnocrático de la descentralización?

--No puedo permitirlo –siguió casi como una descarga estomacal--. Para ustedes es muy fácil... cuando usted cierre HYLSA estaré de acuerdo, a ver, cierre Pemex. Ellos si que contaminan... Pero no, a ustedes no les interesa, ustedes cierran y sanseacabó... Pero ya sé, hay una consigna contra Automanufacturas... Estamos trabajando, ya se los demostramos... Ni siquiera nos quieren dar una prórroga de 24 horas, sí, atrás de eso hay otra cosa, yo lo sé...

También los ingenieros se colapsan. Para cuando los tres funcionarios de la SEDUE, acompañados de una aparato policiaco espectacular –tres personas: Un viejo gendarme con un fusil, una mujer con macana y un muchacho con una ametralladora que vaya usted a saber si ha disparado algún día-- habían clausurado el comedor y desalojado una de las naves de Maquinado–bajando fusibles bajo la indicación del personal de supervisión que en ningún momento se opuso a la acción de los inspectores-, los ejecutivos de la empresa eran un hervidero. Cuadros menores seguían a los inspectores, se les acercaban --¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?... Hermano, debe haber una forma de arreglar esto...--; cuadros mayores se acercaban a los galerones de producción, se mezclaban con los grupos de obreros que esperaban en las afueras, en una verdadera democracia fabril: ejecutivos y obreros departiendo el espacio fuera de calendario, fuera de festejo o visita oficial. Pero no cruzaban palabra. Ellos, los ejecutivos, impecables en sus trajes no pierden jerarquía, y uno puede seguir por la vestimenta las líneas de sangres de la división del trabajo industrial. Las hormigas medias se mueven, escuchan a los jefes, dan línea a los supervisores, expanden el sentir de la dirección. La clausura no puede seguir.

--Bajen esa cortina-- demanda un inspector de la SEDUE.

--No esa cortina no se baja-- grita un hombre de traje y lo escuchan todos, y debe haber cien obreros observando.

--Sí. Esa cortina no baja --grita un ingeniero--, no sirve, está descompuesta.

Por eso no siguió la clausura. Habían dado línea. En Nave 4, ya con la producción parada y el personal obrero fuera del edificio, cuando Pablo Loreto se disponía a cerrar el acceso norte, un hombre regordete gritó decidido, alcanzando la comitiva de los inspectores:

--Esa puerta no se cierra, estoy dispuesto a que me maten, y aquí puede haber un zafarrancho si ustedes paran esta nave.

La comitiva se detiene. Ya había un acuerdo de no separarse. “Sí agarran a uno solo lo vayan a secuestrar”, dice don Antonio Montes. El hombre –el contador Rubén Sánchez, según un policía de la planta-- increpa a Loreto desde una pila de rotores terminados. Loreto sigue su marcha, intenta cerrar el portón. Un policía de la empresa lo impide, vuelve a abrirlo, el hombre regordete, que se niega a identificarse lo ayuda; el licenciado González aparece también en la escena. Loreto pide a la fuerza pública que detengan a quién se oponga a la clausura. La situación es tensa. En un momento las luces se encienden nuevamente, las máquinas arrancan ese murmullo agudo y espiral de los motores eléctricos.

Es indudable: la empresa no piensa parar la Nave 4.

Los inspectores dialogan con ellos. No vale la pena un enfrentamiento, se asentará en el acta que Automanufacturas impidió abiertamente el cierre dispuesto por la autoridad. Abandonan la nave. Los obreros obedecen la orden de los superiores de regresar al trabajo. Tampoco se cierra Fundición: Los inspectores dan 24 horas a la empresa para que apague los hornos. Cerca de las 7 de la noche, sin embargo, los sellos de clausurado se pegan en el portón principal de Automanufacturas.

Lo que sigue serán los telefonazos, las antesalas, la lectura de cartillas para los funcionarios estatales de la Secretaría. Y probablemente la negociación material y la reapertura.

Mundo Nuestro. El Doctor Raúl Hernández Garciadiego –junto con la Maestra en Ciencias Gisela Herrerías Guerra—encabeza desde 1980 uno de las más importantes experiencias de organización social impulsadas desde la sociedad civil en México: Alternativas y Procesos de Participación Social A.C.

Relacionada:



Agua para Siempre y Alternativas: una política estratégica desde la sociedad civil

escribí a Pedro Ferriz de Con: ¡Qué sorpresa escuchar tu declaración de hoy del minuto 11 cuando dices "he estudiado a profundidad a los transgénicos y no los veo mal"!

La lucha por defender a los maíces nativos mexicanos en contra del riesgo de contaminación con maíces transgénicos es una batalla con impactos en muchos niveles:



1) por el derecho a un ambiente sano, libre de transgénicos y de los agrotóxicos como el glifosato, vinculado en todas las solicitudes de siembra de maíz transgénico en México que se encuentran en el expediente judicial, el cual fue declarado como probablemente cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud;

2) por el derecho a una alimentación sana y nutritiva de los consumidores, liberándolos del riesgo de contaminación transgénica, la cual ha sido denunciada por el eminente Dr Schubert;

3) La exigencia de mantener la propiedad común del patrimonio alimentario creado y enriquecido por los pueblos indígenas y campesinos desde hace ocho mil años y que han regalado al mundo, así como por el libre intercambio de las semillas entre ellos;

4) La lucha por el derecho a la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria de los pueblos, evitando el despojo que sobrevendría tras la contaminación de las 59 razas de maíces mexicanos, apoyada por las patentes de los genes adulterados;

5) por el derecho a la alimentación de futuras generaciones, quienes podrán gozar del libre acceso a las semillas cultivadas y de sus pares silvestres, lo cual es especialmente valioso en este proceso de cambio climático;

6) La FAO acaba de declarar que los transgénicos no son necesarios, y un estudio oficial de España realizado durante seis años confirma que no aportan rendimientos mayores a los maíces híbridos convencionales y que al tener costos mayores producen una disminución de los beneficios a los agricultores que los producen;

7) El Segundo Tribunal Unitario en materias Civil y Administrativa, encabezado por el magistrado federal, Benjamín Soto Sánchez, notificó la sentencia de apelación por la que ordena a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, SAGARPA, abstenerse de otorgar permisos de liberación o siembra de maíz transgénico comercial, en virtud de que la Colectividad Demandante demostró con evidencias sólidas la presencia ilegal de maíz transgénico que ha contaminado los maíces nativos en México, que es su Centro de Origen y Diversificación permanente.

Así, que Pedro, te invito a estudiar el tema más a fondo y a que consultes con prestigiados científicos mexicanos de quienes con gusto te puedo dar sus referencias.

Mundo Nuestro. México se juega su futuro con la defensa del maíz mexicano contra la introducción del maíz transgénico. Y esa batalla no se ganará sin la participación decidida de las instituciones de gobierno responsables de la política ambiental cuyo fin último es el resguardo del patrimonio biocultural de la nación.

El acoso de las trasnacionales Monsanto, Sygenta y demás sobre el maíz mexicano con un campaña sistemática por la vía legal y por la vía de los hechos –y respaldada en gran medida por las dependencias federales SAGARPA Y SEMARNAT— tuvo esta semana un golpe importante desde la defensa constitucional que un conjunto de personas e instituciones de la sociedad civil han impulsado (En defensa del maíz en México: sentencia contra las trasnacionales y el gobierno).

Pero el Estado mexicano es una formación compleja, y en su cuerpo gubernamental alberga instituciones todavía definidas por su capacidad profesional y su compromiso histórico con el país, y tal es el caso de la CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad), organismo en gran medida sustentado en el trabajo científico de biólogos, geógrafos, físicos y matemáticos. Ejemplo de ello son estos dos documentos elaborados por esta dependencia creada en los noventa por la naturalista mexicana Julia Carabias –entonces Secretaria de Medio Ambiente—y hoy dirigida por José Sarukán, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Aquí un párrafo del primero de los documentos aquí presentados y que consideramos deben ser analizados con todo cuidado por quienes respaldamos esta defensa del maíz y de sus productores históricos, los pueblos originarios de México:



“Enfrentamos como país un problema serio sin solución evidente: el de introducir una nueva tecnología que involucra a seres vivos y que pretende imponerse, a pesar de no contar aún con evidencia clara de que su uso se lleve a cabo bajo condiciones de seguridad adecuadas que aseguren impactos mínimos al medio ambiente y la diversidad biológica, así como a la seguridad alimentaria. No existe información inequívoca respecto a los riesgos potenciales, los reales y la capacidad de México para manejar los mismos de manera adecuada. Es necesario responder las interrogantes de fondo y analizar si las construcciones genéticas disponibles realmente responden a lo que el país requiere.”

(La fotografía que ilustra este tema en portadilla fue tomada del portal de difusión del documental SUNU (MAÍZ), de la documentalista Teresa Camou Guerrero, de próxima aparición.)

Documento base sobre solicitudes de liberación comercial de maíz genéticamente modificado en México.



Elementos para la determinación de centros de origen y centros de diversidad genética para el caso de los maíces de México a partir de los resultados del proyecto “Recopilación, generación, actualización y análisis de información acerca de la diversidad genética de maíces nativos y sus parientes silvestres en México” (2006-2011)